INSTITUTO PATRISTICO AUGUSTINIANUM
rtm iotrca DR AUTORES CRISTIANOS
BIBLIOTECA
[)E
AUTORES CRISTIANOS
Declarada de interés nacional
422
KSI'A COLECCIÓN SE PUBLICA BAJO LOS AUSPICIOS Y ALLA
DIRECCIÓN DE LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA
l.\ COMISIÓN DE DIGFK POVIIFKH\ ÜVIVER-
SIDM) EÑC\RG\D\ DE L\ IN\lLDI\r\ REL \-
t'ION CON L\ B\C ESr\ IMLGRM)\ EN EL
AÑO 1981 POR LOS SEÑORES SlGl'IENIES
PRESIDENTE:
Emmo. y Rvdino. Sr. Dr. VICENTE ENRIQUE
Y TARANCÓN, Cardenal Arzobispo de Madrid-Alcalá y Gran
Canciller de la Universidad Pontificia
VICEPRESIDENTE: limo. Sr. Dr. JUAN LUIS ACEBAL
LUJÁN, Rector Magnífico.
VOCALES: Dr. ALFONSO ORTEGA CARMONA, Vicerrector Aca-
démico; Dr. RICARDO BLÁZQUEz, Decano de la Facul-
tad de Derecho Canónico; Dr. MANUEL C APELO MARTÍNEZ,
Decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Soáología; Dr.
SATURNINO ALVAREZ TURIENZO, Decano de la Facultad de Fi-
losofía; Dr. JOSÉ Oroz Reta, Decano de la Facultad de Filología
Bíblica Trilingüe; Dr. JUAN ANTONIO CABEZAS SAN DO VAL,
Decano de la Facultad de Ciencias de la Educación; Dr. GE-
RARDO PASTOR RAMOS, Decano de la Facultad de Psicología;
Dr. ROMÁN SÁNCHEZ CHAMOSO, Secretario General de la Uni-
versidad Pontificia.
SECRETARIO: Director del Departamento de Publicaciones.
LA EDITORIAL CATOLICA, S. A. — Apartado 466
MADRID • MCMLXXXI
Patrología
m
La edad de oro de la literatura
patrística latina
POR PROFESORES DEL INSTITUTO PATR1ST1CO AUGUST1N1ANUM,
DE ROMA, BAJO LA DIRECCION DE
ANGELO DI BERARDINO
PRESENTACION DE
JOHANNES QUASTEN
BIBLIOTECA DE AUTORES CRISTIANOS
MADRID • MCMLXXXI
I itulo de la edición original PATROLOGIA Marietti
Fditon Ltd 1978 Casale-Roma-Tonno (Italia)
La traducción ha sido realizada directamente del italiano
por J M GuiRAU
<o de la edición italiana Manetti Editon Ltd 1978 Italia
o de la edición española Biblioteca de Autores Cristianos, de La Editorial
Católica S A Madrid 1981 Mateo Inurria, 15 Madrid (16)
Deposito Legal M 13 923 1981
ISBN 84 220 0419 4 obra completa
ISBN 84 220 0997 8 tomo 3
Impreso en España Pnnted m Spain
INDICE GENERAL
Pags
Presentación, de Johannes Quasten xiu
Advertencia a la edición española xiv
Siglas xv
CAPITULO I — El nuevo rumbo del siglo IV, por A
Hamman 3
El Occidente cristiano 3
Unidad y romanidad 8
La Iglesia y el Imperio en Occidente 10
Cultura clasica y cultura cristiana 17
Vida de la comunidad cristiana 24
El monarca occidental 30
CAPITULO II — Hilario de Poitiers y la crisis amana en
Occidente Polemistas y herejes, por M Simonetti 38
I Hilario de Poitiers y la crisis amana en Occidente 38
Introducción 38
Hilario 42
I Obras doctrinales 46
II Obras históricas 52
III Obras exegeticas 56
IV Himnos 61
V Obras perdidas y espurias 63
VI La teología de Hilario f 63
II Escritores antiarrianos 71
Osio 71
Eusebio de Vercelli 73
Lucífero y los luciferianos 76
Mano Victorino 81
1 Obras teológicas 82
2 Obras exegeticas 86
3 Doctrina teológica 88
Potamio de Lisboa 94
Febadio de Agen 97
Gregorio de Elvira 99
Faustino 104
Altercatio Heracham cum Germinio 106
VIII
Indice general
Pags
II l Literatura amana 10g
1 Wullili y ti arnanismo en Ihna 111
2 M.ixiinnio 113
} Obras c xigi titas 117
\ Obi is (loe irmales 122
A p¿ mi k c I m ratura gótica 131
IV llm/H v ¡xihmiMaí del stglo iv 131
I itt ruiui 1 donatista 132
I nonio I37
( )pi,iio d< Milt vi 141
A non di Vt ioiih 146
I ilaslno dt Itu si i!i 150
( 1 iuiIcih H) de Hrc si id I53
I* 11 Mtio ilc H.iut lona 15(3
l'nsiihano y los prise iliunistas I59
CAPI UH O III Ambrosio ele Milán, Ambrosiaster y Ni-
cetas, |ioi M (1 Mará 16(3
Ambrosio vU MtUn 16<S
1 Vida 166
2 Obras 176
A) Obras exige titas 176
H) Obras 11101 ales y astenias 192
( ) ( )bras dogmáticas 196
O) Dist 111 sos, tanas, himnos 202
Ambrosiastcr 211
1 Obras 214
2 Obras ele uitentii ul.ul dudosa 216
} Doctrina 218
Nieetas de Rcmesiana 223
Obras 224
CAPITULO IV — Las traducciones Jerónimo y Rufino, por
J Gnbomont 228
Las traducciones 228
1 Las traducciones de la Biblia 231
2 Los apócrifos 236
3 La exegesis 237
4 La hagiografía 239
5 La literatura monástica 241
6 Cañones y documentos eclesiásticos 243
7 Pastoral 243
8 Platonismo y alta cultura 245
9 El fenómeno en su conjunto 247
Indice general
IX
Pags
Jerónimo 249
I Vida 249
II Obras 257
A) Traducciones bíblicas 259
B) Traducciones de instrumentos de trabajo 266
C) Traducciones de Orígenes y de Didimo 269
D) Traducciones de compilaciones polémicas 271
E) Pachomiana 271
F) Comentarios bíblicos 272
G) Homilías 277
H) Los santos ermitaños 278
I) Obras polémicas 279
J) Epistolario 283
III Cultura y teología 284
Felipe el Presbítero 290
Rufino el Siró 291
Rufino de Aquileya 291
Obras 293
CAPITULO V — La poesía cristiana, por A di Berardino 301
Los orígenes de la poesía cristiana 301
Comodiano 306
Juvenco 314
Centones 318
Dámaso 323,
Ausomo 330
Prudencio 333
Obras 335
Paulino de Ñola 351
Obras 354
Apéndice 363
Claudiano 364
Licencio 367
Endelequio 369
Cipriano poeta 370
Espes 376
Aquiles 377
Claudio Mano Victono 378
Seduho 381
Orencio 387
Agrestio 390
Paulino de Pella 391
Merobaudes 393
Poemas anónimos 396
1 Laudes Domini 396
2 Carmen contra paganos 397
hiJne ^oii mi
Pags
S I parama Pauhni 398
1 < urnitn dt providentia 400
"> IV hgno trucis 402
(> Psalmus responsorius 403
\l>ll 1110 VI— San Agustín, por A Trape
1 Vid
406
1
Fuentes
406
2
Narración
410
1 1 La persona
41 S
III Obras
420
1
Fuentes
420
2
Libros
422
1 ) Autobiográficos
422
2) Filosóficos
422
3) Apologéticos
429
4) Dogmáticos
5) Morales y pastorales
447
6) Monásticos
ááA
7) Exegeticos
447
8) Polémicos
452
3
Cartas
470
4
Tratados
472
5
Obras dudosas
478
6
Obras no autenticas
479
IV Doctrina
481
1
Razón y fe
481
2
Filosofía
484
3
Teología
507
4
Doctrina espiritual
542
CAPITULO VH — La controversia pelagiana Adversarios y
discípulos de San Agustín, por V Grossi 554
Introducción 554
I Adversarios de Agustín 554
Pelagio 557
1 Vida 557
2 Escritos 560
1 Obras exegeticas 563
2 Obras teológicas 565
3 Obras ascetico-morales 569
3 Doctrina pelagiana 570
1 Antes del 41 1 De induratione cordis Pha-
raonis 570
Indice general
Pags
2 El pelagianismo en los años 411-418 571
3 Fl pelagianismo después del 418 578
Celestio 582
Juliano de Eclana 584
1 Obras 585
2 Doctrina
586
3 Obras atribuidas a Juliano 590
Amano 590
II Dtsctpulos de Agustín 591
(Paulo) Orosio 591
Mario Mercator 597
Quodvultdeus 600
CAPITULO VIII — Escritores de las Gallas y de la Penínsu-
la Ibérica, por A Hamman 604
I Escritores de las Gaitas 604
Euquerio de Lyon 605
Eutropio 609
Evagno 6 1 1
Flavinius Dynamius 612
Hilario de Arles 612
Honorato de Arles 614
Juan Casiano 615
León de Bourges 629
Leporio 630
Lupo de Troyes 631
Museo de Marsella 632
Polemio Silvio 633
Prospero de Aquitania 633
Rustico 642
Salomo de Ginebra 642
Salviano de Marsella 644
Sulpicio Severo 654
Valeriano de Cimiez 661
Vicente de Lenns 662
Obras 663
Doctrina y cultura del «Commonitonum» 666
Vicente de Lenns y la historia 667
Vicente, sacerdote en las Gallas 669
Victorio de Aquitania 669
Victncio de Rouen 670
Apéndice Itineranum Burdigalense Sortes Sangallenses 671
II Escritores de la Península Ibérica 672
Avito de Braga 673
Baquiano 674
xn Indice general
Pags
Calcidius 677
Consencio 677
Etena (Egeria) 678
Olimpio 682
Pastor 682
Severo ilc M¡ mi >i ■ i 683
Si.iKiio 685
'lonbio 686
ViiWiirtüo de C.hI.iIioi ra 686
(,AI'I I III 0 I V — liscritorts de Italia hasta San León Mag-
no, poi It Siiultr 688
I 1'unlam ile Italia (s IV-V) 688
himno Materno 688
Aponio 691
Aiiiobm ti Joven 693
hniim.u iano de Aquileya 696
( loniauo de Aquileya 697
Máximo de Tunn 699
Anónimos 704
II Romanos Pontífices de Struio a León Magno 705
Introducción 705
Las cartas de los Papas antes de Sincio 707
Sincio 708
Anastasio 710
Inocencio 1 710
Zosimo 714
Bonifacio 7 1 5
Celestino I 716
Sixto III 718
León Magno 719
1 Vida y personalidad 719
2 Obras 726
3 Doctrina 732
1 Características principales de la teología de
León Magno 732
2 El fundamento cristologico 735
3 La presencia de Cristo en la comunidad cris-
tiana 738
4 La presencia de Cristo en la iglesia de Roma 740
Indices
I Referencias bíblicas 749
II Autores modernos 752
III Indice analítico 777
PRESENTACION
L presente volumen es continuación de mi Patrología
publicada también en italiano *
La edad de oro de la literatura latina cristiana es tan am-
plia, que un solo autor no es capaz de abarcarla toda, actual-
mente, para citar un ejemplo, la bibliografía sobre San Agustín
ocupa libros enteros Por otra parte, mi prolongada enfermedad
me ha impedido completar mi obra
Por todo ello, manifestó mi agradecimiento a este grupo de
ocho profesores del Instituto Patrístico Augustimanum, de Roma,
por haber asumido la tarea de componer esta obra, que es la
continuación, para la parte latina, de mi libro La edad de oro
de la literatura patrística griega
JOHANNES QUASTEN
* Y español ed preparada por 1 Onatibia BAC 206 y 207
ADVERTENCIA A LA EDICION
ESPAÑOLA
TIL presente tolnmtn ohului al propósito de prestar un servi-
/> no a lo\ numtro\o\ lectores de la conocida Patrología de
Johannef Qna\ttn, o/ ritiéndoles la exposición de la literatura
imtiana latina disde el concilio de Nicea al de Calcedonia, que
i om l'lete il ¡dan que J Quasten había logrado realizar, con
mano maestra, para los siglos anteriores y para la literatura
grnga de este período Se juzgó necesaria la colaboración de va-
rios autores, todos ellos profesores del Instituto Patrístico Augus-
tinianum, de Roma, con el fin de acelerar la realización de la
obra y garantizar, al mismo tiempo, la seriedad y solidez de la
exposición, que quedaba de esta suerte confiada a la reconocida
competencia de cada uno di ellos en un sector leí amplísimo
horizonte de la literatura latina cristiana de este período
La distribución de la materia entre los colaboradores, que
gozaban de amplia libertad de elaboración, limitada sólo por la
común referencia al modelo de la obra de J Quasten, procuró
conjugar dos exigencias, por una parte, ofrecer una exposición
amplia y orgánica de las principales figuras y factores que do-
minan la literatura y la historia cristiana de este período, por
otra parte, no sacrificar las figuras menores o menos conocidas
al objetivo anterior De ahí el doble criterio, histórico y geográ-
fico, seguido en la organización del volumen
ha traducción española, que ha sido revisada por los colabo-
radores, ha permitido controlar, corregir donde era preciso y
completar las indicaciones bibliográficas, suplir algunas omi-
siones de la edición italiana y añadir otras noticias sobre auto-
res de la península Ibérica Son, pues, nuevos los parágrafos
dedicados a Felipe presbítero, Flavinius Dynamius, Polemio
Silvio, Avito de Braga, Baquiano, Calcidius, Consencto,
Olimpio, Pastor, Severo, Siagrio, Toribio, Valeriano de Calaho-
rra y Fortunaciano y Cromacio de Aquileya.
Angelo Di Berardino
SIGLAS
AAB Abhandlungen (Academia de Berlín Phil hist
Klasse)
AAM Abhandlungen (Academia de Munchen Phil -hist
Klasse)
AAST Attt della Accademia delle scienze di Tormo
AAWW Anzeiger der Akademie der Wissenschaften (Wien
Phil hist Klasse)
AB Analecta Bollandtana (Bruxelles)
AC F J DOLGER, Antike und Christentum (Munster
i W 1929-1950)
AC1 Antiqutte classtque (Louvain)
ACO Acta Concihorum Oecumenicorum, ed E Schwartz
(Berlín 1914ss)
ACW Ancient Christtan Wnters, ed J Quasten y
EJC Plumpe (Westminster [Md] y London)
AER American Ecclesiastical Review (Washington D C )
AGP Archtv fur Geschichte der Philosophie (Berlín)
AGWG Abhandlungen der Gesellschaft der Wissenschaften
(Gottingen)
AHD Archives d'htstotre doctrínale et litteratre du Moyen
Age (París)
AlPh Annuaire de l'lnstttut de phdologie et d'htstotre
orientales et slaves (Paris-Bruxelles)
AJA American Journal of Archaeology (Princeton)
AJPh American Journal of Phdology (Baltimore)
AKK Archtv fur kathohsches Kirchenrecht (Mainz)
AL Acta lingüistica (K^benhavn)
ALG Sankt Augusttnus, Lehrer der Gnade (Wurzburg
1955ss) (trad al de las obras antipelagianas de
San Agustín)
ALLG Archtv fur latetnische Lextcographte und Gramma-
tik (Leipzig)
ALMA Archivum latinitatts medti aevt Bulletin Du Can-
ge (Pans-Bruxelles)
ALW Archtv fur Liturgiewtssenschaft (Regensburg)
ANF Ante-Ntcene Fathers (Buffalo-New York)
Ang Angelicum (Roma)
ANL Ante-Ntcene Chrtsttan Ltbrary (Edinburgh)
Ant Antonianum (Roma)
AnThA Annee theologique augusttnienne (París)
XVI
APF
APh
AR
ARW
ASS
AST
AT
ATG
AThR
Aug
AugL
AugMag
AugS
AurAug
BA
BAB
BAC
BAGB
BALAC
BAPC
BBR
BEHE
Bess
BFC
BHL
Bibl
BICS
BiNJ
BiZ
BJ
BJR
BKV
BLE
BM
BNJ
Siglas
Archtv fur Papyrusforschung (Leipzig).
Archives de phtlosophte (París)
Archivum romanicum (Firenze)
Arcbiv fur Reltgionstutssenschaft (Berlín-Leipzig)
Acta sanctorum de la Société des Bollandtstes (An-
rwerp-Bruxelles)
Analecta Sacra Tarraconensia (Barcelona)
Annee théologtque (París)
Archivo Teológico Granadino (Granada)
Anghcan Theological Revtew (New York)
Augustinianum (Roma)
Augustiniana (Louvain)
Augustinus Magister Congres International au-
gustinien, París 21-24 sept 1954 (París 1955)
Augusttnian Studtes (Villanova)
Aurelias Augustinus Die Festschrift der Gorres-
Gesellschaft zum 1500 Todestage des hl Augusti-
nus (Koln 1930)
Btbltotheque augusttntenne Oeuvres de saint Augus-
ttn (París)
Bullettn de la Classe de lettres de lAcadémte Royale
de Belgique (Bruxelles)
Biblioteca de Autores Cristianos (Madrid)
Bullettn de l'Assoctation G Bud'e (París)
Bullettn d'ancienne littérature et d'archéologie chre-
tienne (París)
Bullettn of the Polish Academy (Krakow)
Bullettn de l'lnstitut htstorique Belge de Rome
Bullettn de l'Ecole des hautes etudes (París)
Bessarione (Roma)
Bollettino di filología classica (Tormo)
Bibliotheca hagiographica latina antiquae et mediae
aetatts Edd Socn Bollandiani (Bruxelles)
Bíblica (Roma)
Bullettn of the Institute of Classical Studies of the
University of hondón
Bijdragen van de phtlosophische en theologische Fa-
cultetten der Nederlandsche Jezuiten (Roermond-
Maastncht)
Biblische Zeitschnft (Paderborn-Freiburg)
Burstans Jahresbericht uber die Fortschntte der
klassische Altertumswtssenschaft (Leipzig)
Bullettn of the John Rylands Library (Manchester)
Bibliothek der Kirchenvater (Kempten-Munchen)
Bullettn de littérature ecclésiastique (Toulouse)
Benediktinische Monatschrift (Beuron)
Byzantinisch-Neugriechische Jahrbucher (Athen)
Siglas xvii
BTAM Bullettn de théologte ancienne et m'edt'evale (Louvain)
Byz Byzantion (Bruxelles)
BZ Byzantinische Zeitschnft (Munchen)
CBQ Cathohc Biblical Quarterly (Washington D C )
CC Civilta cattolica (Roma)
CCL Corpus chrtsttanorum, series latina (Turnhout)
CD La Ciudad de Dios (El Escorial)
CH Church History (Chicago)
ChQ The Church Quarterly Revtew (London)
CHR The Cathohc Histórica! Revtew (Washington D C )
CIL Corpus inscrtptionum lattnarum (Berlín 1863ss)
CP Corona Patrum (Tormo)
CPh Classical Phtlology (Chicago)
CPG M GEERARD, Clavis Patrum Graecorum (Turn-
hout 1974ss)
CPL E DEKKERS, Clavis Patrum Latmorum [SE 3]
(Brugge 1961)
CPS Corona Patrum Salestana (Tormo)
CPT Cambridge Patristic Text (Cambridge)
CQ Classical Quarterly (London-Oxford)
CRI Comptes-rendus de l'Académie des Inscrtpttons et
Belles Lettres (París)
CSCO Corpus senptorum chrtsttanorum orientaltum
(Louvain)
CSEL Corpus senptorum ecclesiasticorum latmorum
(Wien)
CT Codex Theodostanus
CTh Colkctanea theologica (Lwow)
DAL Dtctionnaire d'archéologte chréttenne et de hturgte
(París)
DCB Smith-Wace, A Dtctionary of Chnsttan Btography
(1877-1887)
DHEE Diccionario de historia eclesiástica de España
(Madrid)
DHG Dictionnatre d'histoire et de géographie ecclésiastique
(París)
Did Didaskaleion (Tormo)
DLZ Deutsche Literaturzeitung (Leipzig)
DR Downside Revtew, Downside Abbey (Bath)
DS H Denzinger- A Schonmetzer, Enchindion
symbolorum (Barcelona 1965)
DSp Dictionnatre de spintualit'e ascétique et mystique
(París)
DT Divus Thomas (Freiburg i d Schweiz)
DTC Dicttonnatre de théologte catholique (París)
DTP Divus Thomas (Piacenza)
XVIII Siglas
EB Fttudim Bíblicos (Madrid)
EC / m " lopedia Cattoltca (Roma)
EC1 / iludios Clasicos (Madrid)
FF / ¡ludios Eclesiásticos (Madrid)
FI* hphemendes Itturgicae (Roma)
l M Estudios Marianos (Madrid)
I < ) Echos d'Orient (París)
los Eos Commentaru Societatis phtlologicae Polonorum
(Lwow)
I i Eludes (París)
I iHyz Eludes Byzantines (París)
I i( Etudes classiques (Namur)
i | L Ephemerides theologicae Lovanienses (Louvain)
I x p Expositor (London)
Ixpt The Expoutory Times (Edinburgh)
FC Fatherí of the Church (Washington D C )
FF Forschungen und Forschritte (Berlín)
FKDG Forschungen zur Kirchen- und Dogmengeschichte
(Gottingen)
FLDG Forschungen zur christhchen Literatur- und Dog-
mengeschtchte (Paderborn)
Folia Folia Studtes in the Christian Perpetuation of the
Classics (New York)
FP Flortlegtum Patristicum (Bonn)
FS Franctscan Studtes (St Bonaventure N Y )
GCS Die grtechischen chnstlichen Schriftsteller (Leipzig-
Berlin)
GGA Gotttngtsche Gelehrte Anzeigen (Gottingen)
Gno Gnomon (Berlín)
Greg Gregorianum (Roma)
GTT Gereformeerd theologisch tudschrift (Aalten)
Hermanthena Hermán thena A Senes of Papers on Literature, Scien-
ce and Philosophy (Dublin London)
Hermes Hermes Zeitschnft fur klassische Philologu
(Berlín)
HispS Híspanla Sacra (Madrid)
HJ The Hibbert Journal (London)
HJ Historisches Jahrbuch der Gorres-Gesellschaft
(Koln)
HSCP Harvard Studtes m Classual Philology (Cambridge
Mass )
HThR Harvard Theologtcal Revtew (Cambridge, Mass )
Siglas
XIX
IFR The Irish Ecclesiastical Record (Dublin)
ILS H DESSAU, Inscripttones latinae selectae (Berlín
1892ss)
ILCV E DlEHL, Inscriptiones latmae christianae v éteres
(Berlín 1925ss)
1TQ The Irish Theologtcal Quarterly (Dubhn)
JAC Jahrbuch fur Antike und Christentum (Muns-
ter i W )
)BL Journal of Biblical Literature (New Haven)
)DA1 Jahrbuch des Deutschen archaologischen Instituís
(Berlín)
JEH Journal of Ecclesiastical History (London)
JL Jahrbuch fur Liturgiewissenschaft (Munster i W )
JLH Jahrbuch fur Liturgie und Hymnologie (Kassel)
JR Journal of Religión (Chicago)
JRS Journal of Román Studtes (London)
JThS Journal of Theologtcal Studtes (Oxford)
KGA Ktrchengeschichthche Abhandlungen (Breslau)
KT Kletne Texte fur Vorlesungen und Ubungen (Berlín)
Latomus Latomus Revue des etudes latines (Bruxelles)
LCC Library of Christtan Classics (London Philadel-
phia)
LCL Loeb Classical Library (London-New York)
LJ Liturgisches Jahrbuch (Munster i W )
LNPF A Select Library of the Nicene and Post Nicene Fa-
thers of the Christian Church ed Ph Schaff y
H Wace (Buffalo New York)
LQF Ltturgiegeschichtltche Quellen und Forschungen
(Munster i W )
LThK Lexikon fur Theologie und Kirche ( 2 Freiburg)
LThPh Laval tbeologique et phüosophtque (Quebec)
LZ Liturgische Zeitschnft (Regensburg)
LZB Literarisches Zentralblatt (Leipzig)
MAH Melanges darcheologie et d'histoire (Roma París)
Mansi J D MANSI, Sacrorum Conciliorum nova et am-
plissima collectio (Firenze 1759-1827)
MBTh Munsterische Beitrage zur Theologie (Muns-
ter i W )
MD La Maison Dieu (París)
MDAI Mitteilungen des Deutschen Archaologischen Insti-
tuís Romische Abtetlung (Heidelberg)
XXII
RHPR
RHR
RII
Rl M
RI'ARA
Kl'h
Rg
HQH
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SAM
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SAW
se
SCA
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Schol
SE
SIF
SJMS
SKGG
SM
SP
SPM
SPMed
SSR
ST
Siglas
Revue d'htstotre et de philosophie religieuse (Stras-
bourg)
Reiue d'htstotre des reltgions (París)
Rendtcontt dell'lstttuto Lombardo dt setenze e lettere
(Milano)
Revue hturgique et monasttque (Maredsous)
Rendtcontt della P Accademta Romana dt archeologta
(Roma)
Revue de phtlologte (París)
Romtsche Quartalschrtft (Freiburg i Br )
Revue des questtons hts tonques (París)
Ruerche reltgiose (Roma)
Rtvtsta di storta della Chtesa tn Italia (Roma)
Rivtsta dt studt filosofía e reltgtost (Roma)
Revue de synthese htstortque (París)
Rivtsta dt storta e letteratura religiosa (Firenze)
Revue des setences phtlosophtques et theologtques
(París)
Recberches de saence reltgteuse (París)
Rtcerche di storta religiosa (Roma)
Revue thomtste (París)
Recherches de theologte anctenne et medtevale
(Louvain)
Revue de theologte et de phtlosophie (Lausanne)
Revue de l'Untverstte d'Ottawa
Studta Anselmtana (Roma)
Sttzungsbertchte (Academia de Berlín)
Sttzungsberichte (Academia de Heidelberg)
Sttzungsbertchte (Academia de Munchen)
Sttzungsbertchte der Preusstschen Akademte der
Wtssenschaften zu Berlín
Sttzungsbertchte (Academie de Wien)
Scuola cattolica (Milano)
Studtes in Chrtstian Anttquittes (Washington)
Sources chrettennes (París)
Scholasttk (Freiburg i Br )
Sacrts erudtrt (Brugge)
Studt itahant di filología classtca (Firenze)
Speculum Journal of Medieval Studtes (Cambridge,
Mass )
Schrtften der Kontgsberger Gelehrtengesellschaft
Studta monástica (Montserrat)
Studta patrística (Berlín)
Stromata patrística et mediaevalta (Utrecht)
Studta patrística Medtolanensia (Milano)
Studt stortco-religtosi (Roma)
Studt e tes ti (Citta del Vaticano)
Siglas xxm
STh Studta theologica (Lund)
StP Studta Patavina (Padova)
ThBl Theologtsche Blatter (Leipzig)
ThGl Theologte und Glaube (Paderborn)
ThJ Theologtsche Jahrbucher (Leipzig)
ThLB T heologtsches Ltteraturblatt (Leipzig)
ThLZ Theologtsche Ltteraturzettung (Leipzig)
ThQ Theologtsche Quartalschrtft (Tubingen)
ThR Theologtsche Rundschau (Tubingen)
ThRv Theologtsche Revue (Munster i W )
ThStKr Theologtsche Studten und Krtttken (Gotha)
ThZ Theologtsche Zettschrtft (Basel)
TJHC Theology Journal of Historie Chrtsttanity (London)
TP Transad tons and Proceedtngs ofthe American Phtlo-
logtcal Assoctatton (Lancaster, Pa )
TPL Textus patrtstut et liturgia (Regensburg)
TS Theological Studtes (Baltimore)
TSt . Texts and Studtes (Cambridge)
TThZ Trterer theologtsche Zettschrtft (Trier)
TU Texte und Untersuchungen (Leipzig- Berlín)
UTQ Untverstty of Toronto Quarterly (Toronto)
VC Vigiltae christtanae (Amsterdam)
VD Verbum Domini (Roma)
VetChr Velera chrtstianorum (Barí)
VS La vte sptrituelle (París)
VT B FlSCHER, Verzeichnts der Stgelfur Ktrchenschrtft-
steller [Vetus latina I] (Freiburg i Br 2 1963)
WSt W tener Studten (Wien)
ZAM Zettschrtft fur Askese und Mysttk (Innsbruck-
Munchen)
ZAW Zettschrtft fur dte alttestamentltche Wissenschaft
(Berlín)
ZDMG Zettschrtft der Deutschen Morgenlandtschen Gesell-
schaft (Leipzig)
ZDPV Zettschrtft des Deutschen Palasttnavereins
(Leipzig)
ZKG Zettschrtft fur Ktrchengeschichte
ZkTh Zettschrtft fur katholtsche Theologte (Innsbruck)
xxiv Siglas
ZMR Zeitschrt für Missions- und Religionswissenschaft
(Münster i. W.).
ZNW Zeitschrift für die neutestamentlkhe Wissenschaft
und die Kunde der alteren Kirche (Berlín).
ZRG Zeitschrift für Religions- und Geistesgeschichte
(Marburg).
ZST Zeitschrift für systematische Theologie (Gütersloh).
ZTK Zeitschrift für Theologie und Kirche (Tubingen).
LA EDAD DE ORO DE LA LITERATURA
PATRISTICA LATINA
Capítulo i
EL NUEVO RUMBO DEL SIGLO IV.
MARCO POLITICO, GEOGRAFICO,
SOCIAL, ECLESIAL Y DOCTRINAL
Por Adalbert Hamman
El Occidente cristiano
El cristianismo, nacido en Oriente, se difunde, ante
todo, en el ámbito del Imperio romano, cuyas fronteras
apenas supera. Partiendo de Jerusalén, el mensaje evangé-
lico recorre, en sentido inverso, el itinerario de las legio-
nes y echa raíces en Roma, para irradiar desde aquí, sobre
el Occidente y el mundo entero, h Buena Nueva.
Al principio, la Iglesia es tratada como una extraña, e
incluso perseguida. El siglo IV se inaugura con la persecu-
ción de Diocleciano, una de las más sanguinarias, y se clau-
sura con la legislación de Teodosio, que desplaza la reli-
gión romana en favor de la cristiana. La reconciliación y
luego la alianza entre los dos poderes dominan toda la his-
toria de los siglos IV y V; quedan así uno y otro compro-
metidos en un destino común, y de forma aún más clara en
Occidente.
Los acontecimientos políticos de los años 325 al 451
constituyen la trama de fondo del desarrollo de una Iglesia
que poco a poco va adquiriendo rango oficial. La victoria
del puente Milvio confiere a Constantino el dominio de
Occidente. Doce años más tarde, el 324, con la victoria de
Adrianópolis, asienta su señorío sobre Oriente y Occiden-
te, y la fundación de Constantinopla, puente y bisagra en-
tre los dos mundos, simboliza y consagra su unidad.
Unidad ficticia y efímera, desgarrada ya a la muerte de
Constantino por la repartición del Imperio entre sus tres
hijos, restablecida luego por Constancio y más tarde por
Juliano el Apóstata. El primero, protector del arrianismo,
atenta contra la unidad de la Iglesia, mientras el segundo,
en un intento desesperado, trata de restablecer el paga-
4
El nuein rumbo del siglo IV
nismo declinante Pocos anos mas tarde, Teodosio confiere
,i la religión cristiana, «dada a los romanos por el apóstol
Pedro», el rango di icligión del Estado y proscribe el culto
pagano
Desde la abdicación de Diocleciano a la muerte de
Teodosio, el Imperio permaneció unido, bajo la autoridad
de un misino soberano, sólo veintidós años y algunos me-
ses. C un los hijos de Teodosio, las dos partes del Imperio
se sepaian y se enemistan La unidad será restablecida, sólo
• le forma provisoria y por cuatro meses, el año 423
hl destino común de Oriente y Occidente fue frágil y
precario, pues bajo él latían antagonismos demasiado pro-
fundos para que pudiera ser duradero En un principio sir-
vió a la expansión de la Iglesia y a su penetración en Occi-
dente, luego, la dislocación de las dos mitades del universo
cristiano durante el siglo IV, y, sobre todo, durante el si-
glo V, afectará profundamente a la Unam sanctam Oriente
y Occidente se diferencian y se diversifican, y ello justifica
el estudio por separado de los escritores griegos y latinos
en dos diversos volúmenes de la PATROLOGIA
En general, los Padres latinos se muestran más sensi-
bles a la simbiosis entre Iglesia y Estado que los griegos
En Jerónimo y Agustín, la caída de Roma asume propor-
ciones apocalípticas, mas uno y otro no son, ni con mucho,
toda la Iglesia, e incluso el mismo Agustín, aunque las dos
ciudades aparezcan mezcladas a sus ojos, en las mismas
desventuras de Roma percibe que son fundamentalmente
independientes
La paz inaugurada por Constantino permite a la Iglesia
no sólo abandonar la clandestinidad, sino, además, dar
forma a su organización y jerarquía, dedicarse a la educa-
ción del pueblo cristiano, siempre más numeroso y menos
homogéneo, formular y profundizar el patrimonio de la fe,
instaurar la vida monástica con formas diversas, supeditar a
Occidente una versión más fiel de la Biblia y tomar con-
ciencia de su identidad y autonomía
Todas estas ventajas pueden inducir a error Los favo-
res del emperador no siempre eran desinteresados, su mu-
nificencia comportaba el peligro de transformar a Cristo en
imperator, y los privilegios y exenciones, que comprome-
tían a la Iglesia con un Estado totalitario, podían aislarla de
su grey, oprimida por el sistema fiscal En corresponden-
cia, el poder espiritual se veía forzado a acomodarse a la
El Occidente cristiano
5
legislación romana y a orientar su disciplina en beneficio
del Estado
Los mismos jefes de la Iglesia, como Silvestre, Osio,
Atanasio o Donato, en vez de tutelar la autonomía de am-
bos poderes, solicitaban o toleraban las intervenciones del
emperador Los recursos al brazo secular de un Fírmico
Materno nos aturden por su intolerancia Las víctimas de
las intervenciones del poder secular no por eso ponen en
entredicho el principio de la intromisión del Estado Se
crea una confusión enojosa, de la que ambos poderes su-
frirán las consecuencias La Iglesia se encamina hacia una
prueba aún más terrible que las persecuciones la protec-
ción, a menudo gravosa, del Estado, y tanto la crisis dona-
tista como la historia del arrianismo permiten comprobar
la exactitud de esta constatación Los donatistas, arrollados
por sus turbas, recurren a las autoridades romanas en
busca de seguridad o de arbitraje entre los dos candidatos,
y las intromisiones del Estado se sucederán a lo largo de
todo el cisma africano
El 405, el emperador Honorio emana edictos que
proscriben la secta donatista y decreta penas o conmina el
exilio a los recalcitrantes Agustín, partidario en otro
tiempo de la tolerancia, se acomoda a la intervención di-
recta del Estado, cuya eficacia fue incontestable, aunque
no lo fuera igualmente el principio que la justificaba
El arrianismo penetra en Occidente sólo gracias a la
protección del emperador Si Constancio no hubiera inter-
venido, el conflicto, con toda probabilidad, no habría su-
perado los confines de Oriente Hilario, figura de primer
plano en la controversia, confiesa no haber oído hablar
nunca de la fe nicena antes de su exilio (De syn 91) En un
panfleto, este intrépido defensor de la ortodoxia no se li-
mita a censurar las fechorías de los arríanos y la complici-
dad del emperador, sino que denuncia, además, la intole-
rable intromisión del Estado en los asuntos de la Iglesia
«Tú asignas las sedes episcopales a tus partidarios y
sustituyes buenos obispos con malos pastores Encarcelas a
los sacerdotes, utilizas tus ejércitos para amilanar a la Igle-
sia, convocas concilios y fuerzas a la impiedad a los obispos
occidentales reunidos en Rímini, tras haberlos atemorizado
con amenazas, debilitado con el hambre, aniquilado con el
frío y desorientado con mentiras» (C. Const 7 PL
10,584)
Y era verdad Ya el concilio de Sárdica (343), por ín-
6
Fl nueio rumbo del uglo IV
flujo de Osio de Córdoba, había formulado el principio de
la no injerencia del emperador en los asuntos eclesiásticos,
y la fuerte personalidad de Ambrosio, reciente aún la de-
rrota del arrianismo, impone al emperador el respeto del
mismo principio Imperator intra Ecclestam non supra Eccle-
siam est (Ep 21,36 PL 16,1061)
Cuando Teodosio llega a Milán, el obispo le niega el
acceso al coro y lo acomoda en la nave del templo con los
fieles, según refiere Teodoreto El episodio, legendario o
auténtico, permite, en todo caso, medir el progresivo ale-
jamiento de Occidente, en el orden político, de la tradi-
ción bi/antina, frente a la que va ratificando su emancipa-
ción Ambrosio orienta sus esfuerzos a proteger a la Iglesia
de toda injerencia indiscreta del Estado y a imponer al po-
der civil el respeto de la ley moral, mas busca, asimismo,
entablar una estrecha colaboración entre ambos poderes
Rattone peuatt, el princeps debe observar la moral cristiana,
y, rattone peccati, Ambrosio impondrá a Teodosio la peni-
tencia publica tras la matanza de Tesalónica
San Agustín establece con más rigor que ningún otro
Padre la distinción entre las dos ciudades Su ideal es un
Estado cristiano, en el que la verdadera fe reine en la tran-
quilidad del orden, prenda de la felicidad de todos Los
acontecimientos le harán ver que este ideal trasciende los
reinos y las ciudades terrestres
La Iglesia intensifica su expansión y su progreso en Oc-
cidente durante los siglos IV y V El área cultural se am-
plía, crece en profundidad y en variedad La diferencia en-
tre el siglo III y los siguientes es sorprendente
El norte de Africa, latino en su expresión cristiana
desde el 180, despliega todo su esplendor en la figura in-
comparable del Obispo de Hipona La invasión de los ván-
dalos provoca el repliegue de los cristianos hacia el conti-
nente europeo, el monje Donato se establece en Arcavica
(Cuenca) con sus monjes y su biblioteca (ILDEFONSO, De
vms til 4 PL 96,200), los obispos africanos, obligados a
huir, se refugian en Cerdeña y Nápoles, poniendo a salvo
los archivos de sus iglesias y los manuscritos de Agustín
La iglesia de Roma se latiniza durante el siglo IV Italia
se impone con figuras como Ambrosio, sin olvidar a Euse-
bio de Vercelli, Lucífero de Caghan, Zenón de Verona,
Filastrio de Brescia, Rufino de Aquileya y Juliano de
Eclana, y, en la generación siguiente, Máximo de Turín y
Pedro Crisólogo de Rávena
El Oatdente cristiano
7
Las Galias hacen también su aparición en las letras cris-
tianas La oscura ciudad de Poitiers desempeña una fun-
ción de primer orden en la controversia amana gracias a su
obispo Hilario En el siglo V, las Gallas cristianas destacan
por sus creaciones literarias entre todas las antiguas pro-
vincias del Imperio teología y comentarios bíblicos, pro-
ducción homilética, litúrgica y hagiográfica, poesía e histo-
ria, con escritores de valor como Próspero, Juan Casiano,
Salviano y Vicente de Lérins, y una pléyade de poetas
Paulino, que se establece en Ñola, Ausomo, Claudio Ma-
no Victono, Paulino de Pella y Orencio Esta floración
continúa aun después del concilio de Calcedonia con
Fausto de Riez, Paulino de Périgueux, Sidonio Apolinar y
Elpidio Rústico
La Provenza se convierte en centro de enorme vitali-
dad gracias a sus fundaciones monásticas, su metrópolis,
Arles, sus concilios y personajes de primer orden, como
Juan Casiano e Hilario de Arles Lanza incluso una cabeza
ile puente en la Helvetta con Salomo, obispo de Gi-
nebra
La península Ibérica entra en escena y se organiza Las
sedes episcopales crecen en número y se convocan conci-
lios El célebre concilio de Elvira se reúne a principios del
siglo IV No escasean los escritores, como Osio de Cór-
doba, Potamio de Lisboa, Gregorio de Elvira, Paciano de
Barcelona, Orosio y Avito de Braga, y también Prisciliano,
seglar austero, luego disidente, y dos auténticos poetas,
Juvenco y Prudencio
Jerónimo es de origen dálmata, como su discípulo Fe-
lipe y el obispo Lorenzo el Melifluo, Nicetas de Reme-
siana nace en la Dacia mediterránea Los dos corifeos del
arnanismo, célebres en demasía, Ursacio y Valente, pro-
vienen de esas regiones danubianas, ensamblaje de
Oriente y Occidente y, desde el siglo IV, región predilecta
de comunidades cristianas heterodoxas Avanzadillas for-
madas por prisioneros de la Capadocia y de fe amana pe-
netran en las filas de los godos Wulfila, en cierto modo
primado de la Gothta, se encarga de su evangehzación y,
ton buen manejo del griego y del latín, traduce la Biblia a
la lengua de sus compatriotas, inventando su escritura y
alfabeto, empresa de enorme alcance profético y misionero
que emancipa al cristianismo de la dependencia de la cul-
tura griega y latina Hay aún que añadir lo que se ha sal-
vado de las obras de dos obispos arríanos Paladio de Ra-
8
El nuevo rumbo del siglo IV
tiaria, en la Dacia, y Maximino, que se medirá en público
debate con Agustín (PLS 1,691-728) Mas no existe pro-
porción alguna entre la evangelización en el interior del
Imperio y las avanzadillas más allá de sus fronteras (Arme-
nia, Persia y Etiopía)
Unidad y romanidad
En los primeros siglos, el cristianismo echa raíces, y se
mueve en los confines de la unidad política, económica y
cultural del Imperio, y en la cultura y lengua griegas en-
cuentra un factor de expresión, de unidad y de expansión
Los principales teólogos de Occidente, como Hilario, Am-
brosio y Jerónimo, pertenecen a una élite de espíritus que
maniobran sin dificultad en la cultura griega Elegido
obispo sin esperarlo, Ambrosio aprende su teología en los
maestros griegos, como Orígenes y Didimo el Ciego Je-
rónimo y Rufino importarán en Occidente la exégesis y la
teología griegas
Es un proceso que se verifica en una sola dirección,
pues en Oriente no se advierte igual curiosidad por los
productos occidentales, incluso cristianos La corte impe-
rial se establece en Constantinopla, pero, en vez de im-
plantar el latín, se hace griega Se traducen al griego sólo
los documentos oficiales o los libros de hagiografía, y el
mismo Agustín tendrá escasa resonancia en Oriente
Hasta el siglo IV, la lengua de la liturgia y del pensa-
miento en Roma es el griego Es la lengua de los filósofos
y de la cultura, de los mercaderes y de los esclavos que
vienen de Oriente Entre los siglos III y IV se constata una
fractura, y el latín comienza a abrirse camino en la liturgia
y en la pastoral Aunque los epitafios de los papas se escri-
ben aún en griego hasta Gayo (t 296), las dos lenguas han
podido coexistir por algún tiempo El papa Julio escribe
aún en griego dos cartas a Atanasio (JAFFE, 341 y 343) El
uso del latín en la liturgia parece ser un hecho consumado en
tiempos de Dámaso, mas no sin contrastes, como documenta
el Ambrosiáster. El Oriente sigue siendo cuna y matriz del
pensamiento y de la espiritualidad que fecunda al Occidente
Jerónimo se establece allí para realizar su obra exegética, mas
no se llega a entablar un intercambio Rufino traduce a
Orígenes, Egena, como tantos otros, viene en peregrinación
para beber en las fuentes, Juan Casiano adquiere aquí su
Unidad y romanidad
9
formación monástica La Vita Antonti se convierte en el
tademecum de la vida espiritual en Occidente y ejerce su
influjo en la conversión de Agustín
La latinización de la Iglesia de Roma crea obstáculos a
su entendimiento con Oriente No es fácil entenderse
cuando se hablan lenguas distintas Basilio se queja ya de
las intervenciones intempestivas de la autoridad romana y
de la escasa atención que el papa acuerda a sus informacio-
nes (Ep 239 y 214) Dámaso está mal informado de los
acontecimientos de Siria y Asia Menor En el siglo IV, los
obstáculos, no son todavía insuperables, pero crecerán en el
siglo siguiente
El 430, el papa Celestino I responde a Nestono, y se
excusa del retraso alegando la dificultad de encontrar un
clérigo capaz de traducir el texto griego (JAFFE, 374), sín-
toma de la brusca decadencia acarreada por las invasiones de
los barbaros y, no menos, de los orígenes modestos de la
clase clerical Los obispos de Oriente y Occidente no logran
ya entenderse en las reuniones conciliares, y ello no facilita la
solución de las controversias doctrinales El vocabulario tri-
nitario y cnstológico, formulado en latín, no siempre coin-
cide con el griego Por todo ello, el movimiento teológico de
Oriente no se sigue con facilidad en Occidente, donde las
doctrinas agustinianas detendrán el monopolio La latiniza-
ción acentúa, por otro lado, la importancia de las sedes
patriarcales de Oriente
Los acontecimientos políticos, la lengua y el vocabula-
rio, las diversas tradiciones intelectuales y teológicas, en-
sanchan el foso entre Oriente y Occidente Sin la intromi-
sión imperial, los occidentales acaso no hubieran conocido
el arnanismo, otro tanto cabe decir de las controversias
origenista, cristológicas y trinitarias Durante el siglo IV, y
sobre todo en el V, Oriente y Occidente cultivan intereses
diferentes, cada cual elabora sus propias crisis, sus propias
herejías, en estrecha relación con sus preocupaciones par-
ticulares El priscilianismo, el donatismo y el pelagianismo
son productos típicamente occidentales por los que en
Oriente nadie se apasiona Jerónimo, aunque resida en Be-
lén, no logrará movilizar a los orientales contra Celestio y
Juliano de Eclana, y el obispo de Jerusalén se limitará a
deferirlos al tribunal del patriarca de Roma
Hilario y Ambrosio elaboran una exégesis y una teolo-
gía que se nutren de la linfa griega, emparentadas con Orí-
genes, Atanasio y los Padres Capadocios, mas no así San
Patrología 3
2
10
El nuevo rumbo del siglo IV
Agustín, a quien no resulta fácil la lengua griega. Basta
comparar el De Spiritu sancto, de Ambrosio, con el De
Trinitate, de Agustín, para comprobar que el Obispo de
Hipona elabora ya una doctrina trinitaria de genuino cuño
occidental, que se distancia de la tradición griega. El Occi-
dente se compendia y alcanza su cénit en San Agustín y
por obra suya, y luego no producirá más que imitaciones o
repeticiones suyas. El Doctor de Hipona dominará la es-
cena occidental, hasta el punto de desplazar a Tertuliano e
Hilario de Poitiers.
Desde finales del siglo IV, y sobre todo en el V, la his-
toria de Occidente discurre por cauces paralelos, pero aje-
nos a los de la historia de Oriente, y la Unam sanctam se
resquebraja. Los dos bloques del mundo antiguo viven a la
sazón en climas de pensamiento y de preocupaciones teo-
lógicas diversos y se sienten cada vez más ajenos uno al
otro. Ambrosio mantiene aún correspondencia con Basilio,
mas no habrá ya ningún corresponsal oriental en el epistola-
rio de Agustín. En el siglo V, la osmosis entre la teología de
Oriente y Occidente toca a su fin. Focio conoce sólo una obra
de Agustín traducida al griego, y, por su parte, los latinos
leen la producción griega sólo en traducciones.
La Iglesia y el Imperio en Occidente
La separación se acentúa aún más con las grandes inva-
siones germánicas, asiáticas y eslavas. La Iliria, baluarte de
la romanidad y escenario de tantos concilios del siglo IV,
se desmorona. La línea de demarcación de ambos bloques
cede el 380 ante el ímpetu de los invasores. Mientras el
Oriente, en cierta medida, logra salir indemne, el Occiden-
te, más vulnerable por la decadencia de sus estructuras, es
la presa preferida de los invasores. El ejército es romano
sólo de nombre: las tropas están en su mayoría integradas
por contingentes de bárbaros que defienden el Imperio
contra otros bárbaros, y la corrupción y la venalidad circu-
lan libremente por todos los estamentos de la jerarquía. El
índice de natalidad es trágicamente negativo y la pobreza
es endémica.
El cuadro político y económico muestra el agotamiento
que paraliza al Occidente, mal defendido e inerme ante las
oleadas de las invasiones de los bárbaros, cuyas hordas se
La Iglesia y el Imperio en Occidente
11
suceden a lo largo de todo el siglo V: vándalos, visigodos,
irancos, alamanes y burgundios irrumpen en Occidente.
«Las Galias todas arden como una antorcha», escribirá un
contemporáneo (ORENCIO, Comm. 2,184).
Los visigodos saquean Roma el 410. Lo que parece ser
el fin del mundo, no pasa de ser el fin de un mundo, el fin
de una conquista. San Agustín meditará sobre este aconte-
cimiento en la Ciudad de Dios. Los vándalos atraviesan la
península Ibérica, se establecen en el Africa proconsular y
asedian Hipona, donde Agustín agoniza. El último empe-
rador de Occidente, Rómulo Augústulo, será depuesto el
•176.
La mayor parte de los invasores, visigodos y vándalos,
son arríanos. Nadie se pregunta por qué. Superada la des-
orientación inicial al verse atacada por la espalda por los
godos de Wulfila, la Iglesia de Occidente, vinculada a la
romanidad, más devota de la acción que de la especula-
ción, descubre en la evangelización una nueva senda y una
renovada expansión.
La mayor parte de los escritores cristianos occidentales
de esta época creen firmemente en la perennidad de la
Ciudad Eterna y celebran la Romanía, palabra que compa-
rece en Orosio en el momento en que la civilización romana
se sentía amenazada por todos los flancos. La gente de
provincias, como Jerónimo y Agustín, Orosio de España y,
con mayor razón, el romano Ambrosio, se sienten deslum-
hrados por el prestigio de Roma. El Obispo de Milán ad-
mira y celebra el Imperio, que ha alejado las guerras, ha
reunido los pueblos y ha favorecido la evangelización. La
función providencial de Roma en la obra de difusión del
Hvangelio es motivo conductor de toda la apologética del
siglo IV y resuena aún en León Magno.
Ambrosio no puede ni siquiera imaginar que Roma
pueda caer, incluso cuando la tempestad amenaza ya en el
horizonte. Su identificación de los godos con Gog adolece
de una cierta miopía; no favorece la reintegración de los
arríanos en la oikumene. Prudencio propina otra dosis y se
enfrenta al pesimismo de Símaco. No era fácil para nadie
disociar los destinos hermanados de la Iglesia y del Im-
perio.
La victoria de Alarico el 410 adquiere proporciones
apocalípticas. Quid salvum est si Roma perit? Roma, la ma-
dre de toda la civilización, la creadora del derecho, la se-
ñora de los pueblos, yace herida y profanada. Todos los '
12
El nuevo rumbo del uglo IV
enamorados de la Urbe sufren una psicosis de fin del
mundo
Jerónimo, conocida la noticia de la caída de Roma, in-
terrumpe su comentario de Ezequiel «Mi voz es débil, los
sollozos ahogan las palabras Roma, la ciudad que había
conquistado el mundo, ha sido conquistada»
La catástrofe que Jerónimo lamenta no es sólo el des-
moronamiento del mundo romano, sino la victoria de los
bárbaros, que serán en adelante los nuevos señores
Cristianos y paganos se interpelan y se acusan mutua-
mente Agustín refiere lo que se murmuraba en Africa
¿De qué ha servido a la Ciudad albergar el cuerpo de Pa-
blo, el cuerpo de Lorenzo, los restos de tantos mártires'
¿Qué ha sido de las memoriae apostolorum? (Serm 296,6 PL
38,1355) El acontecimiento nos ha deparado, sin em-
bargo, una de las obras más prestigiosas de Agustín, la que
la posteridad copiará con mayor fervor, y que no dejará de
comentar, sobre todo, en los momentos trágicos
Más grave que la estrechez de miras políticas de Pru-
dencio, que celebra «el mundo devuelto a la unidad de la
paz romana», y no percibe el clamor de los invasores, es el
desprecio que nutre por los bárbaros «Más distan de los
romanos — sostiene — que los cuadrúpedos de los bípe-
dos» Orosio, que admira no menos la Romanía, se mues-
tra menos severo con los bárbaros, que, en su opinión, son
susceptibles de mejora Aún más, cree llegada la ocasión
propicia para su evangelización
Un siglo después, Sidonio Apolinar, obispo de Cler-
mont-Ferrand, en una provincia que ha pasado ya a los vi-
sigodos, incapaz de leer en los acontecimientos, persiste en
cantar las alabanzas de la Roma eterna y se muestra alér-
gico a los burgundios, a los que reprocha su olor a ajos
Para todos estos nostálgicos, «el hedor que despiden los
bárbaros es el hedor mismo del infierno»
No todos los escritores cristianos comparten el mismo
parecer Ya los oráculos sibilinos y Tertuliano habían ma-
nifestado sus reservas Testigo de las invasiones, Arnobio
el Joven no cree en la perennidad de Roma Virulento y
lúcido, Salviano de Marsella se distancia del Imperio y cree
llegada la hora de la purificación Convencido de que
Roma no monopoliza los desvelos divinos, sostiene que la
llegada de los bárbaros es provindencial para la historia de
la salvación
Durante el siglo V se asiste a un cambio de rumbo la
La Iglesia y el Imperto en Occidente
13
evolución de los acontecimientos induce a disociar la Igle-
sia de la Romanía, a romper la solidaridad con un Imperio
,i la deriva y a orientarse hacia los nuevos horizontes que
Lis invasiones abren a la misión evangehzadora de la
Iglesia
La situación económica y social dependía, en gran
parte, de las evoluciones de la historia política del Imperio
lomano Las conquistas y su misma mole han devorado los
recursos del Estado, que yace ahora empobrecido demo-
gráfica y económicamente La regresión económica, que se
advierte ya en los siglos II y III, empeora en los siglos IV
y V y oprime de forma agobiadora a la clase obrera, urbana
y agraria En vez de buscarle remedio, la autoridad política
exacerba el sistema fiscal, que atenaza, sobre todo, a los
más débiles Los escritos de Salviano de Marsella, las cartas
y sermones de los Padres latinos y de los Padres Capado-
cios, permiten apreciar el espesor de la crisis económica y
social Las descripciones de Ambrosio se asemejan, de
forma sorprendente, a las de Basilio o Juan Cnsóstomo
En Antioquía como en Milán, las mismas causas producen
efectos idénticos Habría que tener en cuenta también los
matices, pues Africa no son las Gallas, mas los Padres son,
ante todo, moralistas y no pretenden confeccionar análisis
de economía política
Se crean fortunas que disponen de propiedades agra-
rias inmensas Recuérdese el caso de los circuncehones de
Africa Los darissimt residen en sus latifundios para sus-
traerse a compromisos dispendiosos, se construyen vilke,
en las que reina un lujo insolente y ofensivo para la mise-
ria Los mosaicos de las ricas mansiones de la península
Ibérica, de Sicilia, Africa y Aquitania son aún hoy buena
prueba de ello Ambrosio y Juan Cnsóstomo no se cansan
de denunciar y criticar la injusta distribución de las rique-
zas, que el Creador dio para bien de todos
Según Salviano, la recaudación de impuestos procede de
forma arbitraria. Los altos funcionarios — y con mayor ra-
zón los grandes terratenientes — se aprovechan de su posi-
ción para corromper a los agentes del fisco y no pagar im-
puestos Son, pues, los pobres los que deben pagar Si los
curiales y los senadores obtienen del emperador exencio-
nes fiscales, los ricos se las reparten y se olvidan de los
pobres (De gub V 34). nada nuevo bajo el sol
Si los grandes propietarios diesen, al menos, prueba de
humanitas tratando de atenuar los desniveles de la sitúa-
14
El nuevo rumbo del siglo IV
ción En cambio, se muestran a menudo ávidos e inhuma-
nos y se arrogan el derecho de juzgar, castigar o encarcelar
a sus colonos, que no pueden pagar las rentas
La administración se sirve de grupos reunidos en colle-
gia, obreros al servicio del Estado, empleados del fisco o
de la acuñación de moneda, mineros Cada obrero, mar-
cado por sus orígenes, permanece confinado en su oficio
de forma hereditaria La población, sin recursos, mal pa-
gada y peor alojada, sucumbe bajo el peso de los impues-
tos Los funcionarios tienen, al menos, la posibilidad de
resarcirse en los actos administrativos y recabar alguna ga-
nancia de la sportula
También el terrateniente utiliza colonos, vinculados
indisolublemente a la gleba de forma hereditaria y de la
que nunca podrán liberarse No está permitido vender la
tierra sin los colonos, ni los colonos sin la tierra La condi-
ción del colono es intermedia entre la del hombre libre y
la del esclavo y no tiene acceso a cargos públicos
Salviano distingue dos clases de colonos La primera
esta integrada por los que han perdido su haber para pagar
los impuestos atrasados, y, carentes de recursos y expulsa-
dos de su tierra, se refugian en la propiedad del vecino y
se convierten en aparceros de los ricos Desde ese mo-
mento quedan vinculados a esa propiedad, que no podrán
ya abandonar por haber erfajenado su libertad
Otros afrontan situaciones menos desesperadas, para
evitar verse un día forzados al expropio, se refugian bajo la
protección de los potenttores, pierden la sola propiedad de
sus bienes, mas conservan el usufructo, no tienen ya que
pagar el impuesto sobre la tierra, en cambio, deben pagar
al propietario una renta, y al Estado el impuesto de capita-
ción (De gub V 38-39) De una forma u otra, se llega al
mismo resultado la absorción de las pequeñas propiedades
por las grandes Los hijos de estos colonos se convierten,
en consecuencia, en siervos sujetos al régimen de corvée
(íbid , 45) Así se van poniendo las premisas del feuda-
lismo medieval El impuesto del chrysargyron, ordenado
por Constantino, que se paga cada cinco años, es una es-
pada de Damocles, para hacerle frente, los tenutores recu-
rren al usurero, que presta el dinero con intereses invero-
símiles Todos los escritores de esta época, cristianos o no,
condenan unánimemente este cáncer social de la usura
Una especulación sin escrúpulos se aprovecha de los años
de escasez y de la falta de bienes de consumo
La lejesta y el Imperto en Occidente
15
Los esclavos, en fin, cuyo número decrece, son cosas,
res No tienen derechos Su situación varía según sus capa-
cidades, su origen o el carácter del amo Pueden acumular
un pecuhum para comprarse la libertad La Iglesia no con-
dena la institución, pero se preocupa de mejorar su condi-
ción, de promover, sobre todo en el siglo V, su manumi-
sión y de hacer respetar su dignidad humana Los Padres
están demasiado impregnados del espíritu de la antigüedad
como para condenar una institución universal en su época
A fines del siglo IV, obreros y agricultores se refugian
en los bosques o eligen el exilio para escapar a su destino y
a los agentes del fisco Los explotados invocan la llegada de
los bárbaros, y los condenados ad metalla se suman a los
invasores, como en su tiempo los bagaudas Nada tienen
que perder Algunos de condición humilde buscan su
promoción social abrazando el estado eclesiástico Valenti-
niano I, el 365, lo prohibe a los panaderos (CT 14,3,11), y
en el 446, Valentiniano III expulsará de las filas del clero
a todos los obreros no diáconos
En el norte de Africa, los insurrectos por motivos so-
ciales, los esclavos, los obreros por temporadas, se suman
al cisma donatista Es difícil negar que el éxito duradero de
la secta no se deba achacar, en parte, a la explotación del
malestar social y al reclutamiento de adeptos entre la po-
blación indígena no romanizada, que se siente extraña a
una iglesia local demasiado vinculada a la romanidad, hasta
el punto de perecer con ella La situación social del Impe-
rio, que provoca, además, la rebelión de los indígenas afri-
canos y galos, favorece el despertar de nacionalismos y el
levantamiento contra la dominación romana
El evangelio de las bienaventuranzas inspira a ricos
propietarios como Paulino, dueño de una entera provincia,
la decisión de desprenderse de sus bienes para distribuirlos
a los pobres Ejemplo notable, porque no común Ausonio
mismo, menos sensible al ideal evangélico, no lo com-
prende El hidalgo Prudencio vive modestamente de la
renta de sus campos y no desdeña cultivarlos con sus
manos
En sus sermones y escritos, los Padres latinos, al igual
que los orientales, condenan, ante todo, la distribución in-
justa de los bienes, causada por la avaricia de los hombres
La pobreza es un insulto a la munificencia del Creador,
sostiene Ambrosio La propiedad es legítima, pero es parte
de la condición nacida del pecado El tratado De Nabuthe
16
El nuevo rumbo del siglo IV
demuestra una valentía no común El trabajo del hombre
vale más que las posesiones inmuebles, a menudo mal ad-
quiridas Todos condenan el lujo y la usura, la avaricia y el
apego a los bienes terrenos Lo superfluo debe servir para
asegurar lo necesario a los que viven en la miseria
La Iglesia se esfuerza por buscar remedios a la situación
social de la época A las declaraciones demagógicas pre-
fiere la acción, la educación de las conciencias, para provo-
car una evolución favorable de situaciones intolerables Ya
había tenido obispos de Roma que eran esclavos, ahora
recluta sus ministros, en número creciente, entre las clases
modestas, cuidando, sin embargo, de no dar entrada a los
que sólo pretenden escapar de su condición social. Las
comunidades disponen de rentas, no todas de igual ley La
liberalidad del Estado se exhibe en construcciones espec-
taculares y en exenciones de toda suerte, con peligro de ale-
jar al clero de su grey o de comprometerlo ante el pueblo
cristiano La Iglesia hereda bienes de sus fieles, que, acaso
con mejor acuerdo, hubieran debido, en vida, distribuirlos
entre los menesterosos
Los Padres y los concilios repiten que las donaciones
hechas a la Iglesia, restado lo necesario para el sustento
de sus ministros, son propiedad de los pobres Non sunt illa
riostra, sed pauperum, dice Agustín (Ep 185,35 PL 33,809)
Las propiedades de la Iglesia, que tienden a crecer, pro-
vocan las críticas de paganos como Amiano Marcelino,
y también de obispos, como Lucífero de Caghan, y de
sacerdotes, como Faustino y Marcelino, que propugnan
la vuelta a la pobreza (Coll. Avellana 3)
En realidad, el peso social de la comunidad recae sobre
las espaldas del obispo, y es una tarea agotadora Agustín
se queja de tener que ocuparse de la gestión de una ha-
cienda (ln lo 6,25) El patrimonio de la Iglesia crece, sus
necesidades aumentan y se diversifican Ante las carencias
del poder civil, el obispo debe ocuparse de la ciudad, de-
fender los intereses de los ciudadanos, intervenir ante la
justicia secular, mitigar el rigor de la ley, mejorar la condi-
ción de los presos e impetrar la reducción o el aplaza-
miento de los impuestos Todos los Padres hablan de esta
función de moderator, comparable al ombudsman sueco. La.
tuitio que ejercen no se limita a la población cristiana. Esta
posición social continuará creciendo en la época de las itu
vasiones Frente a fuerzas diversas, incoherentes y contra,
dictorias, la jerarquía con sus estructuras representa el or.
Cultura clasica y cultura cristiana
17
den y la continuidad, asistida además por el derecho de
hablar en nombre de Dios
La crisis económica y la situación social de Occidente,
amén de las continuas oleadas de invasores, imponen a los
obispos la tarea de organizar los socorros, distribuir el
trigo, acoger a los refugiados, velar por la ciudad como un
centinela, tratar con los invasores, e incluso, a veces, orga-
nizar la defensa, permanecer, como «padre del pueblo»,
en medio de su grey, como el Obispo de Hipona durante
el asedio de la ciudad, rescatar, como Severino, el apóstol
del Nórico, a sus compatriotas, apresados por los rugos y
los alamanes El 449, León I decide no asistir al concilio
de Efeso, que se inaugura el 1 ° de agosto, porque Roma
está amenazada (JAFFE, 425)
Cultura clásica y cultura cristiana
Durante el siglo IV sobreviven aún las estructuras clási-
cas de la educación Los cristianos frecuentan los profeso-
res paganos y encomiendan sus hijos a) grammaticus, que
se atiene todavía al programa clásico Los rétores que pa-
san al cristianismo se adaptan a un público heterogéneo,
como hace, v gr , Ausonio, cuyas obras han hecho, a veces,
dudar de su fe cristiana
La mitología y el ideal humanístico de las obras paganas
comienzan a plantear problemas y a herir la sensibilidad
cristiana ¿No será perjudicial y deletérea esa educación
clásica' ¿Es posible disociar cultura y paganismo, hasta
ahora hermanados' ¿Cómo admirar la hermosura de las
diosas sin que se turben los sentidos o se rinda homenaje a
la religión pagana'
¿Por qué, escribe Magnus, empañar el brillo de la Igle-
sia con las infamias paganas' Estas objeciones venían no
sólo de los simphciores, sino de los intelectuales converti-
dos al cristianismo Un concilio, aunque local, celebrado
en Cartago el 398, en tiempos de San Agustín, llegará a
prohibir formalmente a los fieles, y también a los obispos,
la lectura de los libros paganos, prohibición que no habrá
sido, sin duda, muy respetada, pero que será acogida por el
Decreto de Graciano. Esta postura, llevada a su extremo,
amenaza con poner en entredicho la herencia literaria y
destruir las obras clásicas, como los cruzados harán con los
templos griegos. La mayoría dará pruebas de moderación.
18
El nuevo rumbo del siglo IV
Los Padres latinos se muestran, en todo caso, más comedi-
dos que los Padres Capadocios Ninguno profesa el radica-
lismo de Orígenes o de Cipriano
Gregorio Nacianceno, que mantenía excelentes rela-
ciones con muchos rétores, teje el elogio de la cultura y de
la elocuencia clasicas Basilio aconseja a los jóvenes a gus-
tar la miel y dejar la hiél E Hilario, que viene de la filoso-
fía, le será fiel Ambrosio y Jerónimo, educados por maes-
tros paganos, ceden mas fácilmente a la seducción de la
cultura profana El De offiais, del Obispo de Milán, de-
nuncia ya en el título el influjo de Cicerón, y Jerónimo se
halla de tal forma impregnado de la literatura latina, que
Magnus le reprochará la abundancia de citas profanas
(Ep 70) Agustín y Paulino se muestran mas moderados
Los Padres establecen, como línea de demarcación, una
distinción fundamental Las disciplinas intelectuales, como
la gramática, la retórica y la dialéctica, afinan el ingenio,
facilitan el estudio de la Escritura y sirven para dar expre-
sión a la fe No así los temas y concepciones que profesan
una moral o un politeísmo condenados por el Evangelio
Se plantea así un problema de adaptación y discriminación
c Cómo afrontarlo > ¿A que escuela habrá que pedir tal
formación'' En Occidente no hay escuelas para los que de-
sean conocer más a fondo su fe, y la Iglesia misma no ha
pensado aún en poner en pie sistema alguno de formación
para los clérigos a su servicio Respecto de Oriente, las
iglesias de Occidente han quedado rezagadas Algunos la-
tinos de paso por Constantinopla se sorprenden al oír que
en Nisibis existían «escuelas regularmente instituidas,
donde se enseñaba la Sagrada Escritura según un programa
establecido, como se hacía en el Imperio romano con las
disciplinas profanas, la gramática y la retorica» El Occi-
dente percibe poco a poco su retraso
Los clérigos latinos aprenden su oficio ejercitándose en
la lectura del texto sagrado, en el canto de himnos y sal-
mos, en la iniciación practica a la liturgia y gracias a los
contactos con los sacerdotes y obispos, prácticos ya del
oficio El clero de Hipona es más afortunado Ambrosio
aprende lo esencial con el sacerdote Simpliciano, pero en
lo demás deberá, como dice él mismo, «enseñar antes de
aprender» (De off I 1,4)
Quien desea adentrarse por la exégesis o la teología,
sea seglar o clérigo, debe hacerlo por su cuenta y nesgo y
en la medida de sus posibilidades No encontrará ni escue-
Cultura clasica y cultura cristiana
19
las ni profesores Jerónimo debe su formación a las leccio-
nes de sus maestros de Oriente, pero Hilario, en Occiden-
te, no dispondrá de iguales medios
La formación de los Padres latinos se fragua al margen
de escuelas y directrices eclesiásticas, ello, sin duda, ha fa-
vorecido su libertad de pensamiento y expresión, sostenida
por una sólida formación clasica Pero no todos los obispos
se llamaban Hilario, Ambrosio o Agustín A medida que
las sedes episcopales crecen en número y sus titulares pro-
ceden de clases más modestas, se acusa mayormente el
bajo nivel cultural Agustín, que lo ha podido constatar en
los sínodos africanos, lo lamenta en su De catecbizandis ru-
dtbus
Ya en el siglo IV, y sobre todo en el V, la Iglesia em-
pieza a organizar comunidades que aseguren la formación
de sus futuros ministros en Vercelli, quizá en Tours, cier-
tamente en Hipona, donde Agustín funda un monasterium
deruorum, e invita al episcopado africano a seguir su ejem-
plo Otros Padres se suman Hilario de Arles, Próculo de
Marsella y Pedro Cnsólogo de Ravena
Un acontecimiento externo a la vida de la Iglesia ace-
lera el proceso El 17 de junio del 362, Juliano prohibe a
los cristianos, con un edicto, la enseñanza de las letras paga-
nas El emperador no quiere que enseñen «aquello en lo
que no creen» Este primer atentado contra la libertad de
enseñanza impresiona profundamente a los mismos paga-
nos, como Amiano Marcelino La medida adoptada por Ju-
liano, aunque de breve vigencia, ejerció un influjo dura-
dero gracias a ella se adquiere conciencia del significado mo-
ral de las obras paganas y se concibe el proyecto, en la
ultima parte del siglo IV, de una enseñanza y una cultura
de cuño cristiano
El historiador Sócrates refiere que, como consecuencia
del edicto de Juliano, los dos Apolinar, padre e hijo, uno
gramático y el otro obispo de Laodicea, compusieron, el
primero, una gramática «en armonía con la fe cristiana», y
el segundo, diálogos platónicos sobre «los evangelios y las
doctrinas de los apóstoles» Siguiendo este ejemplo, los
poetas latinos publican paráfrasis del Antiguo y del Nuevo
Testamento, que quedan, sin embargo, muy por debajo
del lirismo divino de la poesía bíblica
Las obras de Juvenco y el Heptateucus de Cipriano
muestran mas buena voluntad que inspiración Son empre-
sas laboriosas, de las que ni la fe ni la poesía sacan prove-
20 El nueio rumbo del siglo IV
cho alguno, en definitiva, son más apologética que lírica
La poesía latina se muestra, en cambio, original en los
himnos litúrgicos y en un género menor, como los epitafios
de Dámaso Nadie pone en duda la genuina inspiración de
Prudencio, que pretende con su obra fundir las dos cultu-
ras, y poco le faltó para lograrlo
Para la mayor parte de los Padres latinos, escribir es
una obligación, no una diversión, una misión que cumplir,
no una justa literaria Es su alma y no su arte la que se abre
camino, y su fe la que habla Su propósito era convencer,
no deleitar, y sus obras, prolongación del ministerio de la
palabra, y por ello parte de su misión episcopal
Y es preciso reconocer que este deber ha costado a
Agustín no sólo el sacrificio de su otium, sino, además, la
renuncia a la expresión y al lenguaje refinado, la renuncia a
la pirotecnia del rétor, con el riesgo de dejar indiferente a
su auditorio de Hipona Bien es verdad que se desquita
cuando le toca hablar en Cartago, entonces lima la forma y
trata de satisfacer el gusto refinado de su auditorio
Todos los Padres latinos saben utilizar y exhibir su cul-
tura clásica Hilario arriba a la fe navegando por la filoso-
fía Ya cristiano, echa mano de la retórica de Quintiliano
para defender la religión cristiana En él es normal sacar
partido de su bagaje de lecturas profanas para instruir al
pueblo Ambrosio no escribe como habla, y de ahí se ex-
plica, sin duda, la diferencia entre el De sacramentes y el De
mystems En el De offictis mintstrorum, el Obispo de Milán,
fiel en esto a la tradición de los primeros siglos cristianos,
saca partido de todo lo que la moral estoica le brinda de
aprovechable, sin oscurecer, en modo alguno, la originali-
dad del cristianismo
La literatura cristiana de la edad de oro de la patrística
manifiesta el mismo influjo en todos los campos en la
exégesis, en la teología, en las artes, en la apologética o en
la poesía En ningún campo se advierte solución alguna de
continuidad con la civilización antigua, que contribuye a
forjar la cultura cristiana El cristianismo poseía enorme
vitalidad, y los hombres de iglesia, una fe lo bastante ro-
busta e iluminada para poder seguir el consejo de Basilio
atesorar la miel y descartar la hiél
Sería preciso matizar el cuadro Ningún Padre latino
profesa el candor paradisíaco de un Gregorio Nacianceno,
en Hilario o Ambrosio no hay huellas de un conflicto pro-
fundo, cosa que no cabe decir de Jerónimo y Agustín, que
Cultura dastm y cultura cristiana
21
dan muestras de un cierto malestar que convendría exa-
mina más de cerca
El problema de la cultura en los Padres, en Paulino,
Jerónimo o Agustín, es inseparable de su peculiar aventura
espiritual Los más grandes entre los Padres, tanto griegos
tomo latinos, son convertidos Para Hilario, Jerónimo o
Agustín, la conversión suponía una elección y una
renuncia Recibían de la Iglesia un libro, la Biblia, que les
iransmitía la palabra de Dios
La conversión del espíritu y del corazón era, asimismo,
una conversión a la verdad, al culto y a la cultura bíblica,
tjue les descubría lo que no habían sido capaces de ofrecer-
les ni Virgilio ni Cicerón, a saber, una dimensión y una
visión nueva, diversa, del mundo Toda conversión era
también el descubrimiento de la Biblia
La fe de Hilario brota del estudio de la Escritura, que
se convierte en el libro de su vida Los sermones de Ambro-
sio suministran a Agustín el gusto por el texto sagrado, punto
de engarce de su conversión
Los latinos cultos, nutridos de Cicerón y Virgilio, se
sienten al principio disgustados por la pobreza literaria
y la tosquedad de la forma Es la experiencia de Arnobio y
1-actancio, de Jerónimo y Agustín Y ello es más comprensi-
ble si se tiene en cuenta que las traducciones latinas de la
Biblia anteriores a Jerónimo, nacidas del pueblo, eran obra
de traductores de mediocre pericia La misma experiencia se
tepetirá en el Renacimiento, cuando la cultura clásica co-
brará de nuevo auge
La correspondencia inventada en el siglo IV entre Sé-
neca y San Pablo pretendía, a su modo, dar ejemplo y de-
mostrar que el filósofo pagano había logrado adentrarse
hasta la esencia, mas alia de las formas Era el homenaje de un
icpresentante de la cultura profana a las letras cristianas
Paulino elige entre la Biblia y Cicerón, y en la primera
ncuentra su indispensable nutrimento Jerónimo es me-
ios decidido la Biblia irrita su espíritu, pero colma su co-
a/on, y se siente dividido entre el culto de la forma y la
osea palabra del Dios vivo El mismo escenifica el drama
|ue lo atormenta, una vez más, después de huir al de-
serto Una voz le pregunta qué es, y responde que es cns-
i. ino «No — replica la voz — , tú eres ciceroniano» Y el
tebraísta impenitente permanecerá fiel hasta el fin a los
ii. iestros de Roma que lo habían educado También Am-
>rosio, sobre todo en su ética cristiana, es tributario de
22
El nuevo rumbo del siglo IV
Cicerón Para el cristiano culto de la época, la cultura cris-
tiana consistía en el dominio de la Biblia, como el literato
dominaba su Homero o su Virgilio La erudición bíblica es
una de las notas mas destacadas de casi todos los escritores
latinos, que conocían de memoria incontables versículos y
pasajes, que afloran espontáneamente a su espíritu cuando
hablan o escribí n
A fucr/a de leer y encomendar a la memoria los textos
sagrados, los Padres adquieren un extraordinario virtuo-
sismo en c I manejo de las citas, ensartándolas como perlas
de un collar, hasta el punto de que ciertos textos de Jeró-
nimo, de Paulino o de Agustín no son más que centones
I ubi ii os La sutura es tan imperceptible, que resulta a veces
imposible discernir la modulación, y el pueblo mismo, para
entrenarse, embarcado en el juego, en Hipona como en
Antioquía, completa la cita comenzada por el orador
No es, pues, de extrañar que muchos seglares se ocu-
pen de exégesis o de teología en los siglos iv y V Baste
mencionar a Lactancio, Fírmico Materno, Victorino y Ti-
conio, Mario Mercator y Próspero de Aquitania Agustín
dedicó su De doctrina chrtstiana a clérigos y seglares, trazán-
doles un programa que era fruto de su experiencia personal
Para el cristiano, toda ciencia y toda cultura estriba en
la Biblia El estudio de la Biblia constituye el objeto pro-
pio de esta cultura, concepción que se mantendrá hasta la
Edad Media, cuando Abelardo presenta aún su quehacer
teológico como una «introducción a la Sagrada Escritura»
Cuando Agustín, ordenado sacerdote, pedía un plazo
de tiempo ad cognoscendas divinas scrtpturas, se proponía
asimilar la Biblia, con asidua lectura, desde el Génesis al
Apocalipsis Las citas bíblicas, escasas hasta entonces en
sus escritos, se multiplicarán en seguida, engarzadas con
arte consumada en el texto El códice Lagarde 34, de la
Universidad de Gottingen, como refiere H J Vogels,
cuenta hasta 13 276 citas del Antiguo y 29 450 del Nuevo
Testamento en las obras de Agustín (cf AurAug, p413)
Según Hilario de Poitiers, la fe debe poner de relieve
la pedagogía de Dios en la historia de la humanidad Para
descubrir las leyes de esta pedagogía, que gobierna las di-
versas etapas de la salvación, es indispensable una prolon-
gada familiaridad con los libros de uno y otro Testamento,
cuyos acontecimientos y protagonistas nos descubren los
designios divinos
El Antiguo Testamento conserva todo su valor y sirve
Cultura clasica y cultura cristiana
23
d( sostén a la alegoría y a la tipología El Nuevo Testa-
mento es estudiado en relación con el Antiguo La elección
de las lecturas litúrgicas ayuda a establecer el paralelismo,
l'ste procedimiento presenta el inconveniente de restrin-
gir, en cierto modo, la ley del progreso y descuidar las
diversas fases del desarrollo. Los Padres poseen el sentido
ile la historia, no siempre el sentido histórico, de ahí se
ixphca su comprensión algo intemporal de la Palabra de
Dios, que no siempre respeta la perspectiva histórica
Abrahán no es Moisés Lo que de esta suerte pierden en
Icitio humana, lo ganan en lectio divina
Cristo es la clave de toda la Escritura y el vínculo entre
los dos Testamentos Este cnstocentrismo gobierna el mé-
todo hermenéutico de los Padres Cristo es el centro de
u)hesión de la Escritura, cuya trama se organiza en torno a
l'l Las diversas partes convergen en la única revelación del
Verbo encarnado, aunque con ello pierdan algo de su es-
pesor temporal «Lee los libros de los profetas — escribe
Agustín — , y, si en ellos no hallas a Cristo, te resultarán
insípidos e insensatos, más, si descubres a Cristo, la pala-
bra te será sabrosa y embriagadora» Un lo 9,3) Y será
Agustín quien dictará la célebre frase ln vetere novum latet
¡i in novo vetus patet (Quaest. m Hept 2,73)
El alcance universal de la encarnación, que abraza ju-
díos y gentiles, estriba, según Hilario, en la realidad física
de Cristo, la cual, si de un lado excluye todo platonismo,
por otro exige la inclusión de toda la humanidad en la hu-
manidad de Cristo Sólo Cristo permite superar la corteza
y penetrar hasta el núcleo, leer el Espíritu en la letra, en la
que se esconde y de la que emerge por la fe
Lo dicho conviene de modo particular al Salterio, co-
mentado por Hilario, Ambrosio, Jerónimo y Agustín. El
Salterio, libro al que Cristo se refirió en su diálogo con los
discípulos de Emaús, es el libro de su oración, de su mi-
sión y de su oblación, y en él, por tanto, el Pueblo de Dios
imede encontrar a Cristo y a su Iglesia
Es una tipología común a todos los Padres griegos y
latinos, Jerónimo incluido, y, aunque pueda parecemos
sorprendente, constituía para los antiguos, en sentir de
H Smith, el único método verdaderamente científico Vanos
( studios de estos últimos años han contribuido a com-
prenderla mejor, mas, por no ser la tipología la clave de
iodo, hay que reconocer que la historia de la exégesis pa-
mstica está aún por escribir.
24
El nuevo rumbo del siglo IV
En todo caso, es evidente que los Padres latinos y grie-
gos proceden en dirección opuesta a la de los modernos.
Aquéllos parten de la percepción de la fe, y por ello pres-
cinden a veces del contenido literal y semántico y conce-
den menos importancia al esfuerzo exegético. Para ellos, la
Escritura no es un libro muerto, sino una realidad viva,
testigo de una historia vivida. Como escribe Claudel, el
texto respira. La Palabra de Dios, «la palabra viva y eficaz,
logra su cumplimiento real y su pleno significado sólo con
la transformación que induce en quien la recibe».
Habría además que matizar la posición propia de cada
Padre. Agustín no es Jerónimo e incluso entre los mismos
latinos existe una cierta tensión entre exégesis y teología.
Jerónimo, al principio admirador de Orígenes, recurre al
texto original griego o hebreo, y es un verdadero precursor.
Podría comparársele el misterioso autor que llamamos Am-
brosiáster.
Mas, una vez satisfechas las exigencias del sentido lite-
ral o, como diría Agustín, del sentido histórico, el Obispo
de Hipona se lanza con todo su ser en la interpretación
alegórica o mística del texto, en la que también es incom-
parable, buscando misterios incluso donde el texto está
claramente corrompido o mal traducido. La exégesis de los
Padres tiene sus límites y no responde a los criterios de
hoy. No se debe, pues, juzgar a los Padres por ciertas ex-
travagancias alegóricas o por ciertas aplicaciones forzadas;
sería confundir el tejido con los ribetes y arrojar al niño
con el agua del baño. La interpretación de los Padres lati-
nos, muy parecida a la de Orígenes y a la escuela de Ale-
jandría, está convencida de que el Espíritu mora en la Pa-
labra como en la Iglesia. El progreso de la exégesis acerca
la copa a nuestros labios, y la fe de los Padres nos permite
gustar la sobria ebrietas.
La vida de la comunidad cristiana
Con la paz religiosa, la Iglesia de Occidente perfeccio-
na su organización, multiplica sus diócesis y parroquias, se
difunde y se estructura sin detrimento de su unidad. «Si la
fe es una — proclama un concilio romano bajo la presiden-
cia de Dámaso — , una sola debe ser la tradición. Si la tradi-
ción es una, una sola debe ser la disciplina de la Iglesia»
(can. 5).
La vida de la comunidad cristiana
¿->
El concilio de Nicea había decretado el nombramiento
de un solo obispo en cada civitas. Las diócesis se multipli-
can en España y en las Galias a lo largo del siglo IV. En las
Galias, las sedes episcopales doblan su número, sin coinci-
dir siempre con las civitates; en tiempos de San Agustín, en
Africa son unas 400 (es el número, en su opinión, de las
donatistas). A finales del siglo se ha alcanzado un número
tan elevado, que se procede a agruparlas en metrópolis.
Hilario de Arles se emplea en ello, y se convierte en el
líder del episcopado galo.
Constantino y Teodosio procuran armonizar las estruc-
tura de la Iglesia con la del Estado. Por desgracia, el mo-
delo en que la Iglesia debía inspirarse es inestable. La pro-
vincia, que es la estructura más sólida, transportada a la
organización eclesiástica, constituye la metrópoli. La pre-
sencia del papado impide en Occidente el desarrollo de
grandes sedes al estilo oriental, con la sola excepción
de Cartago, que goza de un prestigio indiscutible.
Es preciso tener en cuenta, a partir del siglo IV, la im-
portancia que asumen los concilios en Africa, España y las
Galias. Los obispos se reúnen, toman acuerdos, dan leyes y
establecen las normas de la disciplina y de la vida litúrgica.
Este tipo de organización colegial sirve a la Iglesia de ba-
luarte contra las invasiones de los bárbaros y constituye un
elemento esencial de la vida eclesial de los siglos IV y v.
Los siglos IV y V hacen época y marcan un progreso en
la historia del papado. El poder romano robustece su auto-
ridad y su superioridad sobre las asambleas conciliares,
reivindica sus prerrogativas frente a Constantinopla y el
Oriente, y tutela por algún tiempo aún la unidad de la
Iglesia.
Roma, sin rival en Occidente, ejerce su autoridad en
las controversias donatista y pelagiana, refuerza su juris-
dicción en materia disciplinar, multiplicando sus interven-
ciones a pesar de las resistencias africanas. A partir del si-
glo V toma las riendas de la acción misionera: Celestino I
envía a Germán de Auxerre a Inglaterra para oponerse al
pelagianismo, y dos años después dará a Irlanda su primer
obispo (a.431).
Los Padres, por lo regular jefes de una comunidad,
son, ante todo, pastores, y, como responsables de una por-
ción del Pueblo de Dios, se sienten en el deber de velar
por la fe y la disciplina, por su progreso y su ortodoxia.
i^, «»rci/ jumi/o aei siglo IV
Esta es la actividad esencial a que consagraron sus vidas
personajes como Ambrosio o Agustín
La Iglesia y las iglesias son comunidades de fe que tie-
nen por fundamento a Cristo resucitado, al que, como
Pueblo de Dios, dan culto en espíritu y verdad La vida de
la Iglesia se organiza en torno a la eucaristía Si la Iglesia,
y, ante todo, su obispo, celebra la eucaristía, la eucaristía
construye la Iglesia ¿Cómo vivir — exclamaban los márti-
res de Africa — sin reunimos para celebrar la eucaristía' 1
Las domus ecclesiae son desplazadas por espaciosas basílicas
La palabra iglesia (= asamblea) se emplea también para
designar el lugar de reunión En Occidente como en
Oriente «se levantan desde los cimientos iglesias de gran
amplitud» (HE, VIII 1,5) La más grande de Africa, Da-
mous el Kanta, en Cartago, mide 65 metros de longitud
Las dimensiones dependen del numero de fieles de la loca-
lidad Las iglesias constantinianas adaptan la arquitectura
de las basílicas romanas a las necesidades del culto cris-
tiano El obispo preside desde su trono, en el ábside, y
desde allí se dirige a la asamblea
La arquitectura trata de encontrar volúmenes, formas y
símbolos para construir los bautisterios y los martyria, edi-
ficados sobre las tumbas de los mártires o para albergar sus
reliquias Frescos y mosaicos narran, para delicia de los
ojos y alimento de la fe, una biblia en imágenes, una catc-
quesis figurativa
La victoria de la ortodoxia repercute en la iconografía,
que procura dar expresión a un lenguaje teológico El pro-
greso del cristianismo se advierte, asimismo, en la creación
estética y en el arte triunfal, que exalta al Pantocrator
Cuando el Occidente se libera de la tutela griega, surge
la necesidad de encontrar fórmulas litúrgicas propias, que
asumen formas diversas, dentro de la unidad lingüística la-
tina, según las regiones el norte de Africa, Roma, Milán,
las Galias, etc Es difícil establecer en Occidente una clasi-
ficación análoga a la adoptada para Oriente Se puede dis-
tinguir, a lo mas, un rito romano, expresión de la impor-
tancia de la Sede Apostólica, y ritos no romanos, de los
cuales ya están constituidos algunos, como el galo y el visi-
godo, otros, en cambio, aún en gestación, como el de Mi-
lán y el norte de Italia
Los siglos IV y V son la edad de oro no sólo de la pa-
trística, sino también de la liturgia Los Padres son los li-
turgos de esta época, y con su genio fecundan las liturgias
La vida de la comunidad cristiana
27
de Occidente La patrística y la liturgia se dan cita en los
mismos textos y en los mismos escritores, y entre am-
bas vige un sistema de vasos comunicantes
A la libertad de improvisar y componer sustituyen re-
glas y textos que pretenden poner fin a la época «de los
charlatanes e incompetentes», como dice Agustín Al dos-
sier de libros litúrgicos cabe añadir los manuscritos bíblicos
empleados en el culto, y que desde este período contienen
indicios de uso litúrgico A finales del siglo IV o principios
del v existen en el norte de Africa libelh missarum
Genadio, por otro lado, refiere que Voconio de Caste-
llum, Museo de Marsella, Claudiano Mamerto en Vienne,
Pnscihano y Paulino de Ñola fueron autores de textos li-
túrgicos, y habla, asimismo, de Itbelh missarum, sacramento-
rum líber, homihanos y leccionarios de que se ha perdido
toda huella De toda esta literatura nos ha llegado el canon
romano que se lee en el De sacramentis y en el Líber ordt-
num visigodo, en uso en España desde el siglo v
Los siglos IV y V, en Occidente como en Oriente, son
la edad de oro de las catequesis bautismales y mistagógicas
No hay Padre que no haya aportado algo a esta literatura
Ambrosio y Agustín, Pedro Crisólogo y León Magno, sin
olvidar escritores más modestos, como Cromacio, Zenón,
Gaudencio, Nicetas y Máximo de Turín
Colecciones litúrgicas posteriores, los llamados homi-
hanos, nos han salvado o restituido gran numero de ser-
mones, han enriquecido el patrimonio de Agustín y nos
transmiten homilías de autores desconocidos A ellos se
debe uno de los descubrimientos más sensacionales de es-
tos últimos decenios el comentario de San Mateo, obra de
Cromacio de Aquileya, conservado a trozos en los homilía-
nos como lecturas patrísticas
La predicación es parte integrante de la liturgia, y es
una de las tareas fundamentales del obispo Ambrosio pre-
dica en Milán todos los domingos y fiestas y todos los días
de cuaresma, lo mismo se observa en Cartago o Hipona
En Roma, en cambio, los obispos parecen haber descui-
dado algo el ministerio de la Palabra, con la excepción de
Libeno, León Magno es el primero que cuenta con un cor-
pus de 96 sermones para las fiestas y tiempos litúrgicos
Esta literatura homilética es esencialmente bíblica y
vinculada al texto leído en la liturgia Los Padres latinos
dan la impresión de comentar menos que los griegos el
Antiguo Testamento, si se exceptúan el Génesis y el Salte-
El nueio rumbo del siglo IV
rio Este merece la consideración de todos, ya que es el
manual de la oración de la Iglesia y del itinerario hacia
Dios Ambrosio nos ha dejado semblanzas de personajes
del Antiguo Testamento, escritas después de ser predi-
cadas
Se conservan unos 3 000 sermones de los años 325 al
451, la mitad obra de Juan Cnsóstomo y Agustín Sin con-
tar los anónimos, de muchos Padres conocemos sólo un
sermón u homilía. Este patrimonio, sobre todo africano,
reunido en colecciones, enriquecido y ampliado, desem-
peñará una función muy importante gracias a dos centros
de difusión Ñapóles y Arles Agustín retiene el primer
puesto Por lo general, la predicación es fruto de la impro-
visación, parte del texto leído en la asamblea, y es recogida
de la viva voz del predicador por taquígrafos tanto en Mi-
lán como en Hipona A veces comenta los sucesos del día,
alude a una festividad pagana, o a un escándalo, o a la
amenaza de los bárbaros, y en Hipona al cisma donatista
Los expedientes retóricos empleados por los latinos
— con menor afición que los griegos — proceden del reper-
torio de la cultura clásica. La mayor parte de los Padres se
muestra más preocupada de la elocuencia genuina, al servi-
cio del Pueblo de Dios, que se rebaja el nivel de la gente
común y de su lengua, y menos de los refinamientos del
literato de oficio La sencillez de la forma no comporta un
empobrecimiento de la doctrina Agustín expone a su
grey, gente del puerto, la generación del Verbo y las pro-
cesiones trinitarias, y la introduce, con las Enarrationes tn
psalmos y con el comentario de San Juan, en el jardín ce-
rrado de su experiencia espiritual
Pasado el período heroico de las persecuciones, la pre-
dicación se propone sacudir la indolencia de un ambiente
que sigue siendo pagano y denunciar la complicidad no
confesada de los cristianos con un pasado no totalmente
olvidado Agustín se pronuncia, sobre todo, contra los es-
pectáculos, contra los juegos circenses y el teatro, «última
liturgia que atrae a la multitud», cuya violencia e inmorali-
dad constituían una provocación permanente Los concilios
africanos lo prohiben, mas, al parecer, en vano
La Iglesia se esfuerza por desplazar las fiestas paganas
con fiestas cristianas El domingo, día de la resurrección, es
jornada de fiesta y asueto ya desde Constantino El sanc-
tum triduum es la preparación de la Pascua, jornada de
ha vida de la comunidad cristiana
29
lirsta, que se prolonga aún quince días, en que los tribuna-
l< s no ejercen
Un período de cuarenta días sirve de preparación al
bautismo, de reconciliación para los penitentes animosos,
de ejercicios espirituales para todos Los tres últimos días
i ran los más solemnes En la noche del sábado al domingo
st ilumina toda la ciudad, los cirios alumbran las calles por
las que los fieles, antorcha en mano, se dirigen a la asam-
blea litúrgica Los cristianos escuchan con gran compostura
las elevadas paginas de la Biblia Los catecúmenos escu-
i lian, por última vez, las etapas principales de la historia de
la salvación, historia del Pueblo de Dios, que es desde
.iliora también su historia Al fin de la vigilia, el obispo,
i odeado de sus ministros, pronuncia la homilía (Cuántas
veces Ambrosio y Agustín habrán conmovido a su audito-
no con uno de estos discursos, que también nosotros te-
nemos la dicha de leer' Agustín, como Juan Crisóstomo en
Antioquia, recordaba aquella noche de Pascua en que reci-
bió en Milán el sacramento de la vida nueva
La Pascua era la fiesta de la fe cristiana En otros casos,
( 1 Occidente, en vez de combatir las fiestas paganas, dio
prueba de adaptación y flexibilidad tratando de cristianizar-
las, y así, el Natalis sohs tnvicti, préstamo de Oriente a
Roma desde el 274 y celebrado con gran pompa en todo el
Imperio durante el siglo IV, se convierte para los cristia-
nos en la fiesta de Navidad, y los Padres se complacen en
presentar a Cristo como luz verdadera del mundo sol tus-
litiae
El pueblo cristiano, amante de una religión concreta
que le hable al corazón, en tiempos de paz incrementa el
tulto de los mártires La celebración, antes clandestina, es
ahora pública y solemne, y atrae a la multitud Aniversa-
rios, invenciones o traslaciones, todas son ocasiones bue-
nas de fiesta y de predicación para los pastores — como
hacen Ambrosio y, sobre todo, Agustín — , de refrigerium,
una comida con libaciones y de danzas para el pueblo, que
vuelve así a respirar casi el ambiente de las fiestas paganas
1 1 paganismo es la hierba mala que brota sin cesar apenas
la Iglesia atenúa por un momento la vigilancia
El culto de los mártires ha nacido del culto de los
muertos, pero también de la memoria de Cristo mártir
Los cristianos, como los paganos, visitan las tumbas y con-
suman allí una comida, el refrigenum, costumbre que fá-
cilmente degenera La Iglesia, sobre todo en Roma, pro-
ti nuevo rumbo del siglo IV
cura darle una finalidad social a beneficio de los pobres La
generosidad de Pamaquio fue célebre En Milán, Ambro-
sio prohibe el refrigerium, y Mónica, la madre de Agustín,
que lo ignora, es advertida por el guardián En Africa se
tolera, pero, al crecer los abusos, la Iglesia se ve en la ne-
cesidad de proscribirlos en el sínodo de Hipona Agustín,
decidido a hacer respetar la decisión sinodal, encontrará
resistencias Los concilios de las Gahas los prohibirán va-
nas veces durante los siglos IV y V y es prueba de lo inve-
terado de la costumbre en el alma popular
En el siglo IV toma incremento otro tipo de piedad, a
menudo emparentada con el culto de los mártires y luego
con el de los santos las peregrinaciones Ademas de los
Santos Lugares, ya mencionados, Roma, con las tumbas de
Pedro y Pablo, atrae los peregrinos y luego las multitudes
La abundancia de reliquias le confiere el rango de ciudad
santa, y trata, a su modo, de equiparse poco a poco para
acogerlos Ambrosio describe una celebración en la Basí-
lica Apostolorum, construida en la vía Appia, sobre una me-
moria más antigua, por Constantino o Constancio «Masas
apretadas recorren las calles de una ciudad tan grande Se
diría que por ellas avanza el mundo entero»
Roma no es un caso único En Ñola se dan cita los devo-
tos del mártir Félix, Cartago celebra con orgullo la memoria
de San Cipriano, Zaragoza, la de su diácono Vicente, Tours,
la de uno de los santos más populares de las Gahas, San
Martín, que no fue mártir El hallazgo de los cuerpos de
Gervasio y Protasio el 385, en Milán, es motivo de grandes
celebraciones Paulino y Agustín emplean su genio tam-
bién en la exaltación de los santos y de los mártires
La liturgia inspira la composición de himnos, que son
una de las creaciones más originales de la época Hilario,
entusiasmado por lo que ha visto en Oriente, compone
poemas litúrgicos, que hacen de él «un auténtico poeta».
Ambrosio introduce en la liturgia el canto alternado de
salmos e himnos, y compuso algunos que se difundieron
rápidamente por todo Occidente La obra poética de Pru-
dencio de Calahorra penetra en el ámbito de la asamblea y
enriquece la liturgia latina
El monacato occidental
La vida monástica de Occidente, menos espectacular y
más esporádica que la de Oriente, cumple una función de
El monacato occidental
Di
pnmer orden en la vida religiosa de los siglos IV y V, en
i spera de poder rendir, a no tardar, servicios excepciona-
les a la cultura El influjo y la inspiración orientales son
innegables, hasta el punto de inducir a algunos occidenta-
les a establecerse en Belén o Jerusalén, no obstante,
Roma, el norte de Africa, las Gahas, España y Bretaña sa-
ben imprimir un estilo propio a la vida cenobítica, consa-
grada a la oración, a la lectio divina, al trabajo y a las prácti-
cas ascéticas
Los primeros monjes que vio el Occidente fueron los
i ompañeros de Atanasio durante su exilio Su presencia en
Roma, según refiere Jerónimo, dio origen a «todos esos
numerosos monasterios de vírgenes y a esa multitud incon-
table de monjes» que se veían por doquier en la Urbs y en
sus alrededores (Ep 127,8) El monasterio de Santa Inés
lúe fundado, quizás, a mediados del siglo IV, Sixto III
lunda una comunidad de monjes en San Sebastián ad cata-
i timbas
En Milán, a las puertas de la ciudad, había un monaste-
rio de hombres bajo la dirección de Ambrosio Por el
mismo tiempo, Cromacio es el alma de un círculo monás-
tico en Aquileya Hay noticias de un monasterio de mon-
jas en Bolonia y otro en Verona
En el norte de Africa se multiplican los monasterios
durante el siglo IV, y se convierten en viveros de obispos
Agustín funda una comunidad de clérigos que viven en ré-
gimen de pobreza común Sus directrices se pueden leer
en los sermones 355 y 356 y en el De opere monachorum
\jos monasterios africanos sirven de refugio durante la in-
vasión de los vándalos
En las Gahas del siglo IV, los ascetas tienden, al princi-
pio, a la perfección viviendo en el mundo sin reglas esta-
blecidas, buscando a Dios cada cual por sí mismo y según
su temperamento Hay ascetas de ambos sexos, vírgenes,
viudas, sobre todo en Tours y Rouen La soledad no es
extrema, el régimen alimenticio, apropiado al clima, el
primado corresponde a la oración más que al trabajo, a la
actividad apostólica más que a la beneficencia San Martín
es el prototipo de este monacato Juan Casiano, el último
de los Padres latinos familiarizado con la lengua y la cul-
tura griegas, por su origen, formación y prolongadas estan-
cias en Jerusalén y Egipto con los Padres del desierto sirve
ile anillo de conjunción entre Oriente y Occidente, y le-
gará a las Gahas su experiencia del monacato oriental
32
El nuevo rumbo del siglo IV
En el siglo IV, Marsella y Lérins son centros activos de
vida monástica y semilleros de grandes obispos Honorato,
Vicente, Euqueno e Hilario no ignoran ni combaten la cul-
tura clasica que los ha formado, sino que la cultivan y la
acrecientan, disponiendo, sin duda, de una rica biblioteca,
y la irradian por toda la Provenza y las Gahas
La península Ibérica conoce la vida monástica desde el
siglo IV, como lo prueba el concilio de Zaragoza del 380 y
una carta de Siricio a Himeno Por la misma época apro-
ximadamente, Baquiano es el precursor de los monjes iti-
nerantes
Mientras los ricos aspiran a una vida sobria y austera,
los pobres se las ingenian para esquivar los muñera fiscales
y económicos, unos y otros son tenidos por desertores
Los esclavos que quieren abrazar el monacato deben con-
tar con el beneplácito de su dueño Y no es raro que escla-
vos huidos y colonos ortgtnarit sean acogidos en los mo-
nasterios y se hagan monjes
No es fácil exagerar la importancia y la función de las
vírgenes y de las viudas, que renuncian a las segundas nup-
cias para consagrarse a la vida espiritual y llevar vida reti-
rada Todos los Padres se ocupan de ellas Escritos, cartas y
tratados a ellas destinados ocupan un lugar importante en
la literatura de la época Ambrosio es su maestro indiscuti-
ble Se le atribuye una carta ad vtrgtnem lapsam, que es, sin
duda, obra de Nicetas (PLS III 199)
Sin abrazar formas tan radicales, hay también cristianos
ricos o acomodados, como Ausonio, Paulino y Prudencio,
que llevan en sus posesiones vida semirreclusa Este otium
rusticum, homenaje a valores de otro tiempo, se concilla
con una vida confortable que no implica grandes renun-
cias Paulino renunciará después a sus posesiones en Aqui-
tania, mas lo que se reserva le permitirá mantener a sus
siervos y discípulos en Ñola, construir una basílica sun-
tuosa y distribuir limosnas hasta el fin de sus días
La Iglesia del bajo Imperio incrementa la evangehza-
ción en extensión y profundidad El progreso se realiza en
dos direcciones penetración más profunda en la clase ele-
vada y acción misionera en los ambientes rurales La no-
bleza senatorial y la población vinculada a la tierra eran las
categorías que hasta el momento habían opuesto mayor re-
sistencia al Evangelio
La aristocracia romana seguía siendo el baluarte de las
El monacato ocudental
33
tradiciones y del paganismo La conversión de personajes
iomo Mano Victorino, de la élite cultural, y de Ambrosio
y su familia, miembros del patriciado romano, son prueba
de un cambio que el austero Jerónimo propaga entre la
aristocracia Prudencio, dando la lista de las familias roma-
nas ya cristianas, escribe «Mirad la asamblea de los ancia-
nos Catones, que visten la blanca indumentaria de los cate-
cúmenos y deponen las insignias del pontificado» No falta
retorica en este poeta cristiano, al menos por lo que se
refiere a Roma El movimiento de conversión en los am-
bientes aristocráticos en torno a San Martín se intensifica a
lo largo del siglo IV, baste citar a Paulino de Aquitania,
1 uquerio, Honorato y Salviano de Marsella
En Occidente, el cristianismo es, por mucho tiempo,
una religión urbana que apenas roza, hasta el siglo IV, los
ambientes agrarios, agrupados en vici y vtllae El hombre
del campo ha sido siempre poco amigo de costumbres y
i itos nuevos Algunas resistencias, sobre todo en Africa, se
i (infundían con el malestar social Las relaciones entre se-
nores, incluso cristianos, y sus subordinados no solían dis-
( urnr por cauces espirituales
En el siglo IV se emprende una campaña misionera
Ambrosio, en los alrededores de Milán, y Agustín, en los
de Hipona, establecen polos de evangehzación orientados
hacia las zonas rurales El Obispo de Hipona se dio cuenta
al punto de la necesidad de disponer de sacerdotes que
hablasen púnico San Martín es el primer misionero de los
i ampesinos de las Gahas, y Gregorio de Tours citará cinco
parroquias creadas por él Por Paulino de Ñola conocemos
< I nombre de un discreto número de parroquias rurales de
las Gahas del siglo V, en un tiempo en que parroquia y dió-
cesis eran aun sinónimos Por la misma época, Italia y el
norte de Africa emprenden campañas afines
La tarea misionera que urge realizar en el siglo V es la
t vangehzación de los godos y de los bárbaros Al concilio
de Nicea asiste ya un cierto Teófilo, obispo de la Gothta,
donde el cristianismo había penetrado por obra de cristia-
nos apresados en Capadocia en el siglo III Wulfila des-
c icnde de ellos por parte de madre Forzados por Constan-
i ío, estos godos pasan al amanismo Con la emigración de
t sta población bárbara, el arrianismo de las provincias da-
nubianas inunda el Occidente Los visigodos contagian su
arnanismo a los ostrogodos, a los gépidas y a los vándalos,
luego, a rugios, alamanes y longobardos Frente a tales ín-
34
El nuevo rumbo del siglo IV
vasiones, la Iglesia, cogida de sorpresa, adopta una tímida
contraofensiva
Orosio descubre en las invasiones bárbaras una pro-
mesa de evangelización Sevenno emprende una misión en
el Nórico y en la Dacia La labor de Juan Crisóstomo, de
Teótimo de Tomi, de Nicetas de Remesiana y de sus ému-
los anónimos «entre los invasores de las provincias danu-
bianas no fueron inútiles» La aversión de los últimos ro-
manos y de toda la Romanía contra los bárbaros sofoca este
esfuerzo, y habrá que esperar hasta el siglo VI para ver una
acción de conjunto encaminada a la reintegración de los
godos en la unidad católica
El cisma y la herejía amenazan a la Iglesia desde den-
tro El Occidente no conoce ni la efervescencia teológica,
ni las grandes controversias trinitarias y cristológicas de
Oriente El arrianismo, contra el que Hilario emplea su
ingenio, fue siempre un producto exótico, y las escaramu-
zas de Ambrosio con los arríanos de Milán se desarrollan
más en el campo político que en el doctrinal Un asceta
español, Prisciliano, dará nombre a la primera controversia
occidental
El nombre de Agustín es inseparable de las grandes
controversias doctrinales de Occidente el donatismo y el
pelagianismo El primero es un producto exclusivamente
africano, no así el segundo Es significativo que el primer
gran debate doctrinal de Occidente tenga por tema no el
misterio trinitario, como en Oriente, sino el problema de
la libertad y de la gracia Aunque confinado en el mundo
latino, el pelagianismo arraiga profundamente en Occiden-
te a principios del siglo v El Obispo de Hipona debe me-
dirse con adversarios más temibles que un Fausto de Mi-
levi o un Cresconio Pelagio y Juliano de Eclana, dialécti-
cos consumados, lo ponen en aprieto, y lo fuerzan a perfi-
lar su pensamiento y a matizar sus argumentos Agustín
saldrá de la polémica convertido en el gran Doctor de la
Gracia
La controversia no es sólo cosa de clérigos, seglares la-
tinos, como en Oriente, se apasionan Mano Mercator,
Próspero de Aquitania, Hilario de Marsella y el conde Va-
lerio, de la corte de Rávena, se interesan por el debate y
mantienen correspondencia con Agustín
La primera controversia latina en sentido estricto de-
muestra, asimismo, la autonomía que el Occidente está co-
brando respecto de Oriente, autonomía que favorecerá la
El monacato occidental
35
lormación de una teología propia que dominará sin rivales
V creará complejos en la psique latina
La teología, obviamente, no es sólo controversia, ésta
no es más que el revés del tejido La teología de los Padres
si abre camino, sobre todo, en la exégesis theologia — dirá
I homassin hablando de los Padres — boc est Scripturarum
nudttatio La revelación es el objeto específico de la teolo-
gía Cultivar la teología significa ponerse a la escucha de la
Palabra de Dios, acogerla con la fe de la Iglesia y vivirla en
lomunión de vida con ella San Agustín escribe Intellige,
ii t credas, verbum meum, crede, ut tntelhgas, Verbum Det
tSirm 43,9 PL 38,358) No hay definición más concisa de
la ciencia y de la sabiduría, que son la misión del teólogo
Las épocas de crisis provocan obras polémicas «Pérfi-
dos herejes — exclama San Hilario — , que nos obligan a
poner las manos sobre el arca de la alianza» Calmada la
tempestad, es hora de sacar las conclusiones, y se empren-
den obras monumentales como los dos tratados De Trini-
tiite y De ctvttate Dei Cuando los Padres abandonan la con-
troversia para elaborar una teología — hecho excepcional e
inédito — , el monumento que erigen es una explotación
sistemática de la Biblia
La historia demuestra que las obras polémicas enveje-
cen rápidamente y de mala manera en sus argumentos e
incluso en su significado Para comprobarlo basta examinar
someramente la tradición manuscrita 6 manuscritos del
Contra Adtmantum, pero 233 del De Trinitate, 368 de las
hnarrattones y 394 del De ctvttate Det La pluma se mueve
por donde el corazón la guía
A lo largo de su historia, la Iglesia ha vuelto sin cesar a
los Padres, atraída por su significado existencial En los
Padres, la teología, lejos de reducirse a una dtsputatto, es
una verdad viva, una conquista existencial La inteligencia
de la fe responde al problema global del hombre, que en él
se halla comprometido con todo su ser Agustín se opone a
Pelagio en nombre de su experiencia espiritual Su teolo-
gía de la gracia es la historia de su vida
Los frutos del esfuerzo y del trabajo no maduran sin la
sabiduría, que tiene a Dios por principio y objeto y que es
expresión de una experiencia orando, et quaerendo et bene
ttvendo, dirá Agustín Es significativo, pero no sorpren-
dente, que los comentarios del Salterio que nos han legado
Hilario, Ambrosio, Jerónimo y Agustín nos descubran
huellas de su paso por la senda que los ha conducido hacia
36
El nueio rumbo del stglo IV
Dios, mientras que los tratados De Trmitate de Hilario y
Agustín culminan en una oración contemplativa
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Capítulo II
HILARIO DE POITIERS Y LA CRISIS
ARRIANA EN OCCIDENTE.
POLEMISTAS Y HEREJES
Por Manlio Simonetti
(Bibliografía de Sever Voicu y Angelo di Berardino)
I. Hilario de Poitiers y la crisis arriaría
en Occidente
Introducción
La Iglesia de Occidente empezó a ocuparse activa-
mente de la controversia arriana sólo tras la muerte de
Constantino (337). La división del Imperio entre Cons-
tante (Occidente) y Constancio (Oriente) facilitó a Julio,
obispo de Roma, y a los obispos occidentales la seguridad
y libertad de movimientos necesarias para apoyar a los de-
fensores del credo niceno en Oriente, acosados y hostiga-
dos de varias maneras por sus adversarios, encabezados
por Eusebio de Nicomedia, el protector de Arrio, y res-
paldados abiertamente por el emperador Constancio.
Para entender correctamente la situación de la Iglesia
de Oriente es preciso tener presente la oposición de gran
parte del episcopado oriental contra la profesión de fe im-
puesta en Nicea el año 325, texto de inspiración anti-
arriana, pero formulado en términos no exentos de resabios
monarquianos, y por ello expuesto a dejar insatisfechos y
perplejos a muchos representantes del episcopado oriental
ciertamente no arríanos, pero no menos enemigos de las
posiciones monarquianas. Eusebio de Cesárea y Eusebio
de Nicomedia aprovecharon este estado de ánimo para
emprender una campaña con el fin de aislar y poner en
entredicho a los más decididos sostenedores orientales de
la fe nicena y suscitar un vasto movimiento de opinión, un
verdadero frente de oposición antinicena, que reunió ele-
mentos de las más variadas tendencias doctrinales, desde
los arríanos moderados a los ortodoxos de tradición ale-
Introducción
39
¡andrina, que consideraban la fórmula nicena demasiado
expuesta al monarquianismo. Los principales defensores
de la fórmula nicena, Eustacio de Antioquía, Asclepio de
Gaza, Marcelo de Ancira y Atanasio de Alejandría, encau-
sados uno tras otro por motivos diversos, fueron depues-
tos y exiliados. Autorizados a volver a sus sedes tras la
muerte de Constantino, se vieron de nuevo obligados a
huir, y no pocos de ellos, como Atanasio y Marcelo, busca-
ron refugio en Roma.
La Iglesia de Occidente, encabezada por Julio de
Roma, se puso inmediatamente de parte de estos exiliados,
tachando, sin más, de arríanos a sus adversarios. La actitud
ile los occidentales se explica tanto por la presencia activa
de los exiliados, que simplificaban la complicada trama de
los debates de Oriente identificando, sin más, arríanos y
antinicenos, como por la menor susceptiblidad que el Oc-
cidente mostraba ante la doctrina monarquiana, de suerte
que las posturas monarquianas de un Marcelo de Ancira
no provocaban aquí el escándalo que habían desencadena-
do en Oriente. El conflicto no tardó en precipitar en una
serie de enfrentamientos, que culminaron en el fracaso del
concilio ecuménico de Sárdica (343), convocado por los
emperadores, y en la escisión de la cristiandad en dos blo-
ques contrapuestos. El acuerdo al que se llegó en el 346,
gracias al cual Atanasio obtuvo autorización para volver a
Alejandría, dejaba intactos los términos de la controversia
tanto en su vertiente política como doctrinal.
La situación religiosa cambió profundamente cuando,
tras la muerte violenta de Constante (350), Constancio, al
fin de una difícil campaña militar, logró adueñarse también
del Occidente, convirtiéndose en único emperador. Cons-
tancio se preocupó inmediatamente de hacer efectiva,
también en el campo religioso, la reunificación de las dos
partes del Imperio, alcanzada ya en el campo político, y en
este empeño favoreció a los antinicenos, que eran la fac-
ción dominante en Oriente. En un principio, el espisco-
pado occidental fue instado con fuerza, sobre todo en los
concilios de Arlés (353) y Milán (355), a prestar su adhe-
sión a la condenación que el ya lejano concilio de Tiro del
S^5 había emanado en Oriente contra Atanasio. Mientras
el obispo de Alejandría era, una vez más, alejado de su
sede y encontraba refugio entre los monjes del desierto
egipcio, los obispos occidentales, con pocas excepciones,
cedieron y suscribieron la condenación. Los pocos que
40 ' Hilario de Poitiers y la iritis amana
no cedieron fueron depuestos y exiliados a Oriente (Eusebio
de Vercelli, Lucífero de Caglian, Hilario de Poitiers y po-
cos mas) Posteriormente, un pequeño concilio de obispos
de acentuada filiación filoarriana reunido en Sirmio el 357,
sin llegar a proponer la doctrina amana en términos radica-
les, emanó una profesión de fe de signo netamente antini-
ceno (prohibición de usar el término homooustos = con-
sustancial, nota distintiva del credo niceno) y condescen-
diente con posiciones moderadamente amanas La publi-
cación del documento provocó reacciones en Occidente y
en Oriente, aquí, una vasta concentración de obispos, so-
bre todo asiáticos, contrarios tanto al amanismo como a la
fórmula nicena, emprendió una campaña en pro de la im-
plantación de una fórmula que declaraba al Hijo no ho-
mooustos, sino homoioustos del Padre, es decir, no de la
misma sustancia (término que en su acepción monar-
quiana podía identificar al Hijo con el Padre en sentido
unipersonal), sino de sustancia semejante Esta es la pos-
tura que asumirá durante bastantes años en Oriente la
oposición antiarriana
Se asiste entonces a una convulsa sucesión de acciones
y reacciones, en un primer momento, Basilio de Ancira,
corifeo de los homeoustanos (así llamaban los occidentales a
los fautores del homoioustos), con el apoyo de Constancio,
logró hacer triunfar su tesis en el concilio de Sirmio del
358, mas sus adversarios no tardaron en organizarse, abo-
gando por la fórmula que declaraba al Hijo semejante, sin
más aclaraciones, al Padre según las Escrituras (homoios,
por lo que damos el nombre de homeos a los fautores de
esta fórmula) La nueva fórmula, impuesta en el compro-
miso de Sirmio firmado el 22 de mayo del 359, salió triun-
fante del concilio de Rímini del 359 y fue confirmada en el
concilio de Constantinopla del 360 La mayor parte de los
400 obispos congregados en Rimini eran netamente anti-
arnanos, pero la minoría filoarnana, contando con el mani-
fiesto apoyo de Constancio, logró imponer la voluntad del
emperador
La muerte de Constancio (361) y la subida al poder de
Juliano el Apóstata, con su estudiada neutralidad frente a
la controversia, permitieron a las mayorías antiarrianas, de
fe homousiana en Occidente y de fe homeousiana en
Oriente, reorganizar sus filas En Oriente continuaron los
conflictos, y se complicaron aún más por motivos doctrina-
les y personales, provocando una situación confusa que
Introducción
41
consintió a la minoría amana moderada obtener ventaja,
sobre todo gracias al apoyo del emperador Valente (364-
}78), en perjuicio tanto de los arríanos radicales, activos
de nuevo a la sazón, como de la mayoría antiarnana, que
había logrado con fatiga el acercamiento recíproco de ho-
mousianos y homeousianos Mas con la subida al poder de
Teodosio (379), celoso defensor de la fe nicena, la fortuna
del arnanismo, sea moderado como radical, declinó rápi-
damente, y su derrota quedó sancionada en el concilio de
Constantinopla del 381, que significo, asimismo, el triunfo
de la orientación doctrinal de los Padres Capadocios Basi-
lio de Cesárea, Gregorio Nacianceno y Gregorio de Nisa
En Occidente, por el contrario, la mayoría homousiana,
mas compacta, se impuso rápidamente, guiada primero por
Hilario y luego por Ambrosio, con la activa participación
ile Liberio y Dámaso, obispos de Roma El arnanismo so-
brevivió en pocas sedes aisladas, entre ellas Milán, y sobre
todo en Ihna y Panonia, donde había conquistado posicio-
nes de cierta consideración Aquí resistieron tenazmente
algunos círculos, sostenidos, directa o indirectamente, por
la presencia, entre las tropas auxiliares del ejército, de un
cierto contingente de origen godo que había abrazado el
cristianismo amano, predicado por el godo amano Wul-
fila Estos grupos arríanos aseguraron la continuidad de la
herejía en Occidente hasta las grandes invasiones de los
germanos, que, en gran parte cristianos de fe amana, aca-
rrean la presencia nueva, pero diversa, del arrianismo en
muchas regiones de Occidente
En este contexto se encuadra la producción literaria an-
tiarnana y amana Por el momento será suficiente señalar
que, en general, el estudio seno y atento de los términos
teológicos de la controversia empieza en Occidente, sobre
todo en las Gahas y en España, sólo a partir del 350,
cuando Constancio trató de implantar una forma de larvado
arnanismo en esta parte del Imperio Entre el 356 y el 360
isistimos a una verdadera floración de la literatura doc-
trinal, con grandes figuras, como Hilario y Mario Victo-
rino, y, en su órbita, personajes menores, pero no ínsigni-
licatnes, como Febadio de Agen, Potamio de Lisboa y
Gregorio de Elvira Hacia el 380 se impone Ambrosio, sin
olvidar a Faustino La literatura amana recobra vida aún
mas tarde por obra de escritores de procedencia incierta,
godos o latinos, pero todos, sin duda, bajo la influencia de
Wulfila, directa o indirectamente
/' itrologia 3
HILARIO
Todo lo que sabemos de Hilario, obispo de Poitiers, se
refiere a la controversia amana y lo aprendemos en sus
obras, en las que también Jerónimo, que pudo utilizar es-
critos hoy perdidos, leyó las noticias que consigna en De
vir. ill 100 Se calcula que naciera a principios del siglo IV
y que ocupara la sede de Poitiers hacia el 350 Que nacie-
ra de familia pagana y que abrazara el cristianismo disgus-
tado de la perspectiva de una vida entregada a los placeres y
de las contradicciones de los filósofos, e iluminado por la
lectura de la Biblia, son noticias que se suelen deducir de
algunos pasajes de sus escritos, sobre todo del prologo delDí
Trinitate, pero no pasan de ser tópicos, carentes de valor
autobiográfico
Lo encontramos por primera vez el 356 en el concilio
de Béziers, convocado poco después del de Milán del 355,
en el que los obispos occidentales cedieron a la presión de
Constancio y de los corifeos arríanos de Occidente y fir-
maron la condenación de Atanasio Hilario se había sepa-
rado de la comunión de tales cabecillas, entre los que des-
tacaba, en las Galias, Saturnino de Arles, y fue por ello
encausado en Béziers junto con Rodanio de Tolosa, y al
persistir en su actitud antiarriana fue depuesto y exiliado a
Frigia Los años de exilio en Oriente fueron decisivos para
la formación cultural y doctrinal de Hilario Aquí pudo
conocer las obras de escritores cristianos de lengua griega,
en especial las de Orígenes, que ejercieron en él profunda
influencia, disipando los últimos resabios materialistas que
había contraído en Tertuliano y conviniéndolo al esplritua-
lismo platónico En su formación teológica, Hilario, antes
del exilio, y por explícita confesión suya, adolecía de es-
casa familiaridad con la complejidad de la controversia
amana En Frigia mantuvo contactos con los homeousia-
nos, netamente prevalentes en Asia Menor, y, gracias a es-
tos contactos, Hilario logró conocer a fondo la controver-
sia amana, y en particular se convenció 1) de que el co-
rrecto planteamiento del problema en sentido ortodoxo
exigía mantener las distancias no sólo respecto del arna-
nismo, sino también del peligro opuesto, es decir, del mo-
narquianismo sabehano, del que el Occidente escasamente
se apercibía, 2) de que la teología nicena, atrincherada en
el homoousion, no era la sola alternativa válida que podían
oponer los ortodoxos a los arríanos, habida cuenta, sobre
Hilario
43
todo, de la sospecha de sabelianismo que suscitaba el vo-
cablo en Oriente, por lo que la solución homeousiana en
su conjunto se presentaba aceptable Estos dos principios
fundamentales, prácticamente nuevos para los occidenta-
les, gobiernan las obras que Hilario compuso en el exilio
el De Trtnitate y el De synodis
Hilario intervino en el concilio de Seleucia con el
grupo homeousiano (septiembre del 359) Su presencia
sorprende por su condición de obispo depuesto y exiliado,
Sulpicio Severo (Chron II 42) refiere que los funcionarios
encargados de la convocación de los obispos de Asia Me-
nor, a falta de instrucciones precisas sobre el caso de Hila-
rio, lo incluyeron en la convocatoria general En todo caso,
es cierto, y otras noticias lo confirman, que Hilario du-
rante el exilio gozó de libertad de movimientos, negada,
en cambio, a otros occidentales que compartían su misma
suerte, como Eusebio de Vercelh y Lucífero de Caglian
Clausurado el concilio, representantes homeousianos y
arríanos marcharon a Constantinopla para comunicar a
Constancio los resultados, también Hilario viajó a Constan-
tinopla, y aquí a fines de año le llegó la noticia de la clau-
dicación, ante las presiones del emperador, de los obispos
occidentales reunidos en Rímini y de la aceptación de la
homónima fórmula, que se podía calificar de filoarriana.
Turbado por noticia tan inesperada como catastrófica, Hi-
lario pidió a Constancio licencia para sostener una discu-
sión pública con Saturnino de Arles, llegado a Constanti-
nopla procedente de Rímini, mas no consta que su peti-
ción fuese aceptada En cambio, poco después le fue con-
cedido volver a su patria sin tener que prestar adhesión a
la fórmula de fe filoarnana Según Sulpicio Severo (Chron
il 45), esta licencia, que no incluía la reintegración en su
sede episcopal, obedecía a que Hilario tenía fama de sem-
brar discordias y perturbar el Oriente
Cuando Hilario volvió a las Gallas, esta región había
pasado bajo Juliano el Apóstata, cuya neutralidad frente a
la controversia amana favorecía el recobro de los anti-
.irrianos, que eran allí, sin duda, los más fuertes Hilario fue
acogido triunfalmente, y fue el alma de un concilio cele-
brado en París el año 361, en el que logró que prevaleciera
una línea moderada en el orden doctrinal y disciplinar se
adoptó una postura dogmática compatible tanto con la
orientación homousiana como homeousiana y se resolvió
tondenar sólo a los cabecillas del arrianismo occidental,
44
Hilario de Poitiers y la trias amana
mostrando, en cambio, comprensión e indulgencia con los
no pocos obispos que en Rímini o en otros lugares habían
sido forzados a prestar su adhesión a la herejía De este
modo, las Gallas se vieron pronto libres de los restos del
arrianismo y se dio a los obispos de otras regiones un
ejemplo de equilibrio y moderación que se impuso rápi-
damente por doquier
Encontramos todavía a Hilario el 364 en Milán, junto a
Eusebio de Vercelli, intentando alejar al obispo amano
Auxencio de la importante sede milanesa, que ocupaba
desde el 355, mas no logró su intento, y recibió orden de
regresar a su sede Nada mas sabemos de Hilario, que,
según Jerónimo, falleció el año 367 (Chron , s a )
La actividad literaria de Hilario abarca obras doctrina-
les en apoyo de la acción política y obras exegéticas, no
desdeñando ejercitarse en la poesía Gran parte de su pro-
ducción ha llegado hasta nosotros
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46
Hilario de Pottiers y la irists amana
I. Obras doctrinales
1. «De Trinitate»
La principal de las obras doctrinales de Hilario es el De
Trinitate, en 12 libros. No sabemos si el título, que figura
a partir de Casiodoro (Inst.l 16) y Venancio Fortunato
(Vita Hil.14) y en los manuscritos más tardíos, sea origi-
nal. Jerónimo (De vir. til. 100) lo llama Adversas Arríanos
libri, otros lo titulan De fide, y en los manuscritos más an-
tiguos figura sin título. La obra fue compuesta durante los
años de exilio, como se deduce de una alusión clara
en X 4. En atención a lo ingente de la obra y la intensa
actividad desarrollada por su autor en Oriente, se ha sos-
pechado que Hilario la empezase a escribir en Occidente
antes del exilio; mas Hilario expone claramente desde el
principio su postura doctrinal, equidistante entre los
opuestos excesos arriano y sabeliano, y tal postura no le
pudo ser inspirada por ninguna fuente occidental antes de
su encuentro con los homeousianos durante su forzada es-
tancia en Frigia. La obra fue concluida antes de su vuelta
del exilio, como resulta de los capítulos finales del li-
bro XII (c. 5 5-56), que son una especie de apéndice añadido
al libro XII, sin nexo alguno con el argumento que trata en
precedencia, para confutar errores sobre el Espíritu Santo;
estos capítulos documentan las primeras escaramuzas de la
controversia sobre el Espíritu Santo, que empieza a agi-
tarse en Oriente hacia el 360; ahora bien, sólo en Oriente
pudo Hilario tener noticia de esta nueva cuestión, que lle-
garía a conocimiento de los occidentales con muchos años
de retraso.
El libro I es de carácter introductivo; tras un prólogo,
en el que el autor trata, en términos generales, de la in-
comprensibilidad del misterio divino y alude a su itinera-
rium ad Deum, sigue un sumario ordenado y detallado del
resto de la obra libro por libro. El tratado propiamente
dicho comprende los libros II-XII y se divide en tres par-
tes. La primera (libros II-III) es una exposición de con-
junto de la materia objeto entonces de controversia, es de-
cir, la relación entre el Padre y el Hijo y la condición di-
vina de éste. En el libro II define la posición católica por
oposición a las diversas herejías, y defiende la realidad y
eternidad de la generación divina del Hijo con alguna
perspectiva de carácter propiamente trinitario, es decir,
Hilario
47
con la inclusión del Espíritu Santo. Sigue el libro III, dedi-
cado, sobre todo, a la confutación de los argumentos arria-
nos en pro de la inferioridad del Hijo respecto del Padre,
que se concluye con una larga disquisición acerca de la in-
suficiencia y petulancia de la sabiduría humana.
La segunda parte comprende los libros IV- VII, y su
conexión con la primera es puramente exterior y superfi-
cial. Recordadas las tesis arrianas, Hilario reproduce por
entero, en traducción latina, la profesión de fe que Arrio
en su día envió a Alejandro de Alejandría, y que era un
documento fundamental de la secta, y pasa a continuación
a confutar el documento, citando la primera frase. La refu-
tación de la segunda espera al lector sólo al principio del
libro V. En realidad, Hilario se sirve del texto arriano
como apoyo externo para desarrollar una amplia argumen-
tación personal articulada en cuatro puntos. En el primero
(libro IV), con amplia documentación, recabada, sobre
todo, del Génesis (teofanías) y también de los libros profé-
ticos, Hilario demuestra que el Antiguo Testamento cono-
cía ya la presencia del Hijo, como Dios, junto al Padre. En
el segundo punto (libro V), volviendo sobre los mismos
textos del Antiguo Testamento, pero desde un punto de
vista diverso, Hilario demuestra que el Hijo es Dios y
verdadero Dios como el Padre, pero no es un segundo
Dios. El tercer punto (libro VI a partir del c.22) afronta el
mismo problema, examinado esta vez a la luz de la revela-
ción del Nuevo Testamento: Cristo es verdadero Hijo de
Dios. Con el cuarco punto (libro VII), Hilario concluye su
argumentación, demostrando, a base de textos del Nuevo
Testamento, que Cristo es verdadero Dios como el Padre
y es un solo Dios con él.
En esta argumentación tan bien articulada, los c. 1-23
del libro VI constituyen una especie de excursus: Hilario
reproduce, por segunda vez, y por entero, el texto de
Arrio a Alejandro, adjuntando una refutación concisa y
completa. Hilario no explica los motivos que le han indu-
cido a repetir por segunda vez el texto de Arrio, aun a
costa de introducir un vistoso factor de desorden y tras-
torno en la rigurosa estructura de los libros IV-VII.
La tercera parte del De Trinitate abraza los libros
VIII-XII, cuyo argumento Hilario enuncia al principio del
libro VIII: tras exponer en los libros IV-VII quae pia sunt,
es decir, la doctrina católica, Hilario se propone ahora re-
futar quae impia sunt, es decir, los principales argumentos
Hilario de Pottiers y la irisis amana
aducidos por los arríanos. En consecuencia, el libro VIII,
volviendo a la materia tratada al fin del libro VII, es decir,
la unidad del Padre y del Hijo, impugna en este punto la
doctrina arriana, que consideraba esa unión meramente
moral. Los libros IX, X y XI están dedicados a la refuta-
ción sistemática de los argumentos arríanos para demostrar
la inferioridad del Hijo respecto del Padre; en el libro IX,
Hilario examina algunos textos evangélicos en los que
Cristo habla, o parece hablar, de sí como inferior al Padre,
y los explica apelando a la oeconomia de la encarnación. El
libro X trata de la pasión y muerte de Cristo, que los
arríanos aducían como prueba del carácter imperfecto de
su divinidad, sospecha que Hilario disipa distinguiendo la
divinidad impasible de la humanidad que a sí ha unido. El
libro XI extiende análoga interpretación a la subiectio de
Cristo resucitado al Padre (1 Cor 15,26). El libro XII, en
fin, trata de Prov 8,22, texto clave de la doctrina arriana,
que Hilario interpreta en medio de largas consideracio-
nes sobre el tiempo y la eternidad. El libro termina con el
apéndice de los c.55-56, sobre el Espíritu Santo, de que
antes hablamos.
De la sumaria exposición que precede, se echa de ver
que la estructura del De Trinitate claudica en más de un
punto. Se añada que la disquisición que cierra el libro III
parece más la conclusión de una obra completa que la de
un solo libro, y, sobre todo, que manuscritos dignos de
crédito hacen referencia en V 3 y VI 4 a los libros IV y V
actuales como I y II de la obra. Concluimos, pues, que los
libros II y III del De Trinitate fueron compuestos por Hi-
lario en los primeros tiempos de su exilio como una obra
aparte; luego, los libros IV y V actuales como I y II de una
obra nueva y diversa. Más tarde, Hilario unió las dos
obras, y, dado que en IX 10 se refiere a un argumento
tratado en el libro I, cabe concluir que la fusión de las dos
obras se realizó en un momento, que no es posible deter-
minar, entre la redacción del libro VI y la del X. Comple-
tada la obra en su conjunto, Hilario añadió al prólogo ori-
ginal (I 1-19) el amplio sumario que comprende la parte
final del libro l.
En la composición de tan vasta obra, Hilario se ha ser-
vido de algunas fuentes; Novaciano está presente en mu-
chos de los argumentos aducidos en los libros IV y V a
propósito de las teofanías del Antiguo Testamento, y tam-
bién en otros pasajes. Es también manifiesto que Hilario
Hilarit
49
conoce bien el Adversus Praxean, de Tertuliano. Hemos
puesto de relieve más arriba la influencia de los homeou-
sianos, perceptible no sólo en la preocupación antisabe-
liana que atraviesa de un extremo a otro la obra, sino,
además, en diversos puntos particulares, que cabe cotejar
puntualmente con la documentación homeousiana que nos
lia llegado; sirva de ejemplo la evidente tendencia a evitar
c-I uso de imágenes, incluso tradicionales, al hablar de la
divinidad. Mas es preciso añadir que Hilario ha utilizado
sus fuentes con extrema libertad; algunas de ellas, como
Novaciano, son a menudo reelaboradas radicalmente; res-
pecto de los homeousianos, Hilario, asistido por el patri-
monio teológico de Occidente, atesoró las indicaciones
que le proporcionaban para elaborar una doctrina com-
pleta de la relación Padre-Hijo mucho más equilibrada y
orgánica que la profesada por aquéllos. En cambio, no pa-
rece que Hilario se haya servido directamente de Atanasio,
de cuya concepción trinitaria se aleja no poco.
El De Trinitate, como exposición genial y acabada del
tema, y también por la mole material del escrito, consti-
luyó una auténtica novedad en el campo de la literatura"
teológica de lengua latina, y ejerció por ello profunda in-
fluencia tanto en los escritores antiarrianos contemporá-
neos e inmediatamente sucesivos como en los siglos poste-
riores, y de ello es prueba el elevado número de manuscri-
tos que nos han conservado la obra.
Edición: PL 10,9-472; P. Smulders, CCL 62 (1979).
Traducciones: Alemana: A. ANTWEILER, Zwólf Biicber über die
Dreinigkeil (München 1933-34). — Francesa: A. BLAISE, S. Hilaire.
-De Trinitate» et ouvrages exégétiques (Namur 1964) (selección). —
Inglesa: W. Sanday, LNPF, 2nd series, IX (1898) 40-233;
S. McKENNA, The Trinity: FC 25 (1954).— Italiana: G. Tezzo,
llario. La Trinita (Tormo 1971).
Estudios: A. BECK, Die Trinitátslehre des hl, H. von P. (Mainz
1903); P. SMULDERS, La doctrine trinitaire de s. H. de P. (Roma
1944); ID., Remarks on the Manuscript Tradition ofthe «De Trini-
late» of s. H. of P.: SP III [TU 78] (Berlín 1961), p. 129-138;
I.. J. Daly, A IVth-cent. Textbook on the Trinity: AER 142 (1960)
10-21; J. DoiGNON, Lactance contre Sallaste dans le prologue du
«De Trinitate» de s. H.P: RELA 38(1960)116-121; P. LÓFFLER,
Pie Trinitátslehre des Bischofs H. zwischen Ost und West, Diss.
(Bonn 1958) (cf. ZKG 71[1960]26-36); M. SlMONETTl, llario e.
50
Hilario de Poitiers y la irisis amana
Novaziano, en Studi A Schiaffini (= RCCM 7[1965]) p 1034-
1047, ID , Note sulla struttura e la cronología del «De Trimtate»
dtl dtP Studi Urbinati 39(1965)274-300, J Moingt, La theo-
logie trmitatre de s H , en Hilaire et wn temps (París 1969) p 159-
173, P SMULDERS, Ensebe d'Emese comme source du «De Trimtate»
d'H de P ibid , p 175-212, W G RUSCH, Some Observattons on
H of P Christological Language in «De Trimtate» SP XII [TU
115] (Berlín 1975) p 261-264, C B Kaiser, The Development of
Johannine Motifs in Hilary's Doctrine of the Trinity Scottish
Journal ofTheology 29(1976)237-247, L F Ladaria, El Espíritu
Santo en San H de P (Madrid 1977), L LoNGOBARDO, Ricerche
sul linguaggio teológico di I di P La terminología negativa della
trascendenza divina, Diss Jstituto Patnstico Augustinianum
(Roma 1979)
2 «De synodts»
En los primeros meses del 359, mientras todavía her-
vían los preparativos de los próximos concilios de Rímini y
Seleucia, a cuyos resultados todas las partes en conflicto
reconocían importancia decisiva, Hilario, aunque atareado
con la redacción del De Trimtate, compuso su obra De sy-
nodts Por ese tiempo abrigaba ya la convicción de que la
actitud de los occidentales, que tachaban, sin más, de
arríanos a todos los que no aceptaban el homoouston niceno,
era demasiado expeditiva e inadecuada como principio
inspirador de una política antiarriana verdaderamente efi-
caz El encuentro con los homeousianos le había revelado
que muchos orientales eran, a la vez, antiarrianos y antini-
cenos, pues advertían en el homoouston el peligro del sabe-
hanismo Sin duda, a Hilario no escapaba la diferencia en-
tre afirmar que Cristo es de la misma substancia (homo-
ouston) del Padre y considerar a Cristo semejante al Padre
según la substancia (homotoustos), pero por encima de las
divergencias, entre los fautores de una y otra fórmula ad-
vertía convergencias fundamentales en la oposición de am-
bos a las principales tesis amanas. Por otra parte, Hilario
era, asimismo, del parecer que sólo el acuerdo entre los
antiarrianos de Oriente y Occidente lograría encauzar la
lucha contra los arríanos hacia una conclusión favorable
Por todo ello, y para contribuir al acercamiento de las dos
partes en la inminencia de los concilios, Hilario compuso
el De synodts, dirigiéndose a los obispos de las Gahas y
regiones cercanas, pero en la última parte tratando de ha-
Htlano
51
cerse entender, sobre todo, por los obispos de Oriente
La obra está dividida en dos partes, la primera
(c.1-65), con ocasión de la fórmula sirmiense del 357,
Hilario somete a examen las diversas profesiones de fe
publicadas por los orientales desde el 341 al 357, y que
los occidentales rechazaban en bloque por amanas Hila-
rio, en cambio, considera amana sólo la más extremista,
la blasphemta Strmiensts del 357, de las otras propone una
interpretación muy benévola sacando partido de la estu-
diada vaguedad de las fórmulas sobre los puntos cruciales
de la controversia y aduciendo la condenación, a menudo
en ellas repetida, de las tesis del arnanismo radical, Hi-
lario trata de demostrar su ortodoxia, incluso medida con
los postulados teológicos vigentes en Occidente En la se-
gunda parte (c 66-92) compara homooustos y homotoustos, y
entiende el concepto de semejante según la substancia como
equivalente a igual según la substancia No ignorando las
críticas que de bandos diversos llovían sobre una y otra
formula, Hilario muestra con habilidad que una y otra eran
susceptibles de interpretaciones ortodoxas y heterodoxas,
de suerte que en definitiva valían lo mismo, con tal que
fuesen entendidas correctamente No tenía, pues, razón
de ser una separación basada exclusivamente en la distin-
ción entre los dos términos
No es difícil denunciar arbitrios e interpretaciones for-
jadas, sobre todo en la primera parte de la obra, donde
Hilario trata de colocar en la misma línea la orientación de
la doctrina trinitaria de las diversas fórmulas orientales,
que gira principalmente en torno a la distinción de las hi-
póstasis (= personas) divinas, y la orientación preponde-
rante en Occidente, que ponía en primer plano la unidad
de la substancia divina Mas no hay que olvidar que el De
lynodts fue escrito para favorecer la unión de los antiama-
nos de Oriente y de Occidente, prescindiendo por el mo-
mento de las divergencias que los dividían, de ahí se ex-
plica que Hilario haya insistido en todo aquello que podía
acortar las distancias entre las dos facciones y haya tratado
de quitar importancia a los puntos de desacuerdo Obra de
inteligencia y penetración no común, el De synodts mués-*
tra, por vez primera en un occidental, un conocimientó
cabal de la compleja realidad religiosa de Oriente,^ un
ejemplo que no tuvo seguidores , »>
Una obra de este talante no podía resultar del agrldo
ile los extremistas, sobre todo de Occidente, entre losNquae,,
52
Hilario (k Poitiers y la crisis arriaría
se contaba Lucífero de Cagliari, que no ahorró críticas a la
obra de su colega. El De synodis, en la forma que nos ha
llegado, contiene un breve apéndice, en el que Hilario se
defiende de las acusaciones de Lucífero. Escrito tras el de-
sastroso epílogo del concilio de Rímini, Hilario hace algu-
nas concesiones a su interlocutor y admite que su defensa
del homoiousion obedecía, sobre todo, a razones tácticas,
mas no retracta la ecuación propuesta entre homoiousion y
homoousion.
Edición: PL 10,471-546.
Traducción: Inglesa: W. SANDAY: LNPF, 2nd series, IX
(1898) 4-29.
Estudios: P. COURCELLE, Fragments non identifiés de Fleury-sur-
Loire: RELA 32(1954)92-97; P. Galtier, S. H. trait d'union
entre l'Occident et l'Orient: X Greg 40(1959)609-623.
II. Obras históricas
1. «Líber ad Constantium»
Con el nombre de Liber I ad Constantium se ha desig-
nado por mucho tiempo el conjunto de dos escritos que
con toda probabilidad formaban parte de la colección co-
nocida con el nombre de Fragmenta histórica (cf. infra). El
primer texto es la carta enviada por los obispos occidenta-
les, reunidos en el concilio de Sárdica (343), al emperador
Constancio rogándole pusiese fin a las persecuciones de
que eran objeto los fautores del credo niceno. La segunda
parte del Liber es un texto narrativo de Hilario que expone
las irregularidades cometidas en la manera de proceder del
concilio de Milán del 355 contra Atanasio y Eusebio de
Vercelli. Fue escrito en el 356, poco después de los acon-
tecimientos que narra, y, por tanto, antes del exilio.
2. «Liber II ad Constantium»
El llamado Liber II ad Constantium se remonta, en
cambio, al 359. Hilario, que se había trasladado a Constan-
tinopla una vez terminado el concilio de Sárdica, eleva a
Constancio una súplica con el objeto de obtener autoriza-
Hilario
53
ción para mantener una discusión pública con Saturnino de
Arlés, que se encontraba a la sazón en la capital y que
había sido el principal responsable de la condenación ema-
nada contra Hilario en el concilio de Béziers. La súplica
contiene también la invitación a no seguir la nueva fórmula
de fe publicada en Rímini y a volver a la fe del bautismo
consagrada por el concilio de Nicea.
3. «Liber contra Constantium»
Obviamente, la petición de Hilario no fue tenida en
cuenta. No abrigando ya duda alguna sobre la fides ariana
del emperador e irritado por los sucesos de Rímini (359) y
Constantinopla (360), Hilario consignó por escrito con
toda claridad y detalle lo que pensaba de Constancio en un
libelo denominado Liber contra Constantium. En una viru-
lenta invectiva, el emperador es comparado con los más
nefastos emperadores perseguidores del cristianismo: Ne-
rón, Decio, Maximino, a los que aún supera en malicia,
pues no se declara abiertamente enemigo, como aquéllos
hicieron, sino que con engaños y halagos prefiere subyugar
en vez de irrogar público castigo. Las acusaciones de rigor
contra los arríanos son documentadas con particulares im-
portantes sobre el concilio de Seleucia, que Hilario había
presenciado. Jerónimo (De vir. ill. 100) sostiene que Hila-
rio escribió el libelo después de la muerte de Constancio,
mas del texto mismo se deduce que Hilario escribe cuando
se encontraba aún en el exilio. Cabe pensar que Hilario lo
hiciera público más tarde, después de regresar a su patria,
pero aún en vida de Constancio; mas no se excluye la po-
sibilidad de que lo haya dado a conocer cuando todavía
residía en Oriente; a este propósito se recuerde el episodio
paralelo de los libelos de Lucífero contra Constancio.
4. «Contra Auxentium»
El Contra Auxentium es del 364. Hilario lo compuso
tras el estéril intento, por él emprendido con la ayuda de
Eusebio de Vercelli, de alejar de la importante sede epis-
copal de Milán al arriano Auxencio, que la ocupaba desde
el 355. El breve escrito, dirigido como una carta circular a
los obispos católicos y a sus fieles, refiere rápidamente lo
54
Hilario de Pottiers y la crisis amana
que había sucedido en Milán, donde se habían reunido
unos diez obispos católicos y habían presentado al empe-
rador una denuncia contra Auxencio; éste, convocado por
el magistrado, propuso y suscribió una profesión de fe
substancialmente católica, pero luego escribió por su
cuenta al emperador Valentiniano presentando su versión
de los hechos y adjuntando una profesión de fe calcada en
la fórmula de Rímini. El emperador, que se había pro-
puesto mantenerse neutral frente a las controversias reli-
giosas, no vio en las denuncias formuladas contra Auxen-
cio razón alguna válida para intervenir, y por ello ordenó
a los obispos católicos, reunidos en Milán, que volviesen a
sus sedes. Hilario insiste en el doble juego puesto en obra
por Auxencio, y a este fin adjunta la carta de Auxencio
a Valentiniano.
5. «Fragmenta histórica»
En 1598, N. Le Fevre publicó de un manuscrito de
París dos series de documentos sobre la controversia
arriana en Occidente, completados en varios puntos por
consideraciones más o menos amplias, que servían de co-
mentario. El editor no se atuvo al orden en que figuraban
los documentos; P. Coustant introdujo más tarde otras al-
teraciones, y editó de nuevo esta documentación en 1693
(= PL 9) con el título de Fragmenta de una obra histórica
de Hilario sobre el concilio de Rímini. Desde entonces se
conoce la obra con el título de Fragmenta histórica. Todo el
material fue sometido a nuevo examen, a principios de si-
glo, por A. L. Feder, que lo editó luego utilizando nuevos
manuscritos. Feder creyó oportuno ordenar los documen-
tos más en conformidad con la tradición manuscrita (di-
fiere, pues, del orden propuesto por Coustant), y prefirió
titular el conjunto, de forma bastante anodina, Collectanea
antiariana Parisina.
La paternidad hilariana de la colección, confortada por
el testimonio de la tradición manuscrita para la segunda
serie, nunca ha sido puesta seriamente en duda, mas no
hay que olvidar que a menudo en colecciones de esta ín-
dole encuentran alojamiento documentos de otra proce-
dencia. Acerca del origen de la colección caben dos posibi-
lidades: o se trata de material recogido y en parte comen-
tado por Hijario en vista de una obra que no fue escrita, o
Hilario
55
de una colección de documentos sacados de una obra de
Hilario más extensa. Feder, aceptando y completando hi-
pótesis diversas, sobre todo de Wilmart, se inclina por la
segunda de las soluciones apuntadas.
Feder distingue en el material tres secciones: la pri-
mera, después del proemio, comprende varios documentos
sobre el concilio de Sárdica (343) y los acontecimientos de
los años siguientes, con amplio comentario de Hilario
(fragm. B I.II- A IV). Esta sección, a la que pertenecía
también el llamado Liber I ad Constantium (cf. supra), fue
preparada por Hilario el año 356, en el intervalo entre el
concilio de Béziers y su marcha para el exilio. La segunda
sección comprende documentos, con notas de comentario,
relativos al concilio de Rímini y varias cartas del papa Libe-
rio (fragm. B III. VII .VIII; A VI.VII.VIII.IX). La tercera
sección comprende cartas y documentos posteriores al
359, unos sobre la actitud a tomar frente a los firmatarios
de la fórmula de Rímini, y otros sobre las diferencias sur-
gidas entre Germinio, Valente y Ursacio (fragm. B
IV.V.VI; A I.II. III). Relacionando este material con el Li-
ber adversum Valentem et Ursacium, historiam Ariminensis et
Seleuciensis synodi continens, que menciona Jerónimo (De
vir. til. 100), Feder supone que Hilario, en circunstancias
diversas, compuso tres libros contra los dos obispos arria-
nos, y que de estos libros extrajo los documentos de la
primera, segunda y tercera serie un compilador anónimo
que trabaja antes del 403, pues Sulpicio Severo, que re-
dacta su Chronkon en torno a esa fecha, se sirve en él de la
colección de documentos.
La reconstrucción propuesta por Feder es hoy común-
mente aceptada por la crítica, aunque en algunos puntos
no sea del todo convincente. Ante todo, es preciso tener
en cuenta que Hilario no pudo recoger todos y cada uno
de los documentos que la colección hoy comprende. El
fragm. A II, la carta de Eusebio de Vercelli a Gregorio de
Elvira, es una falsificación de los luciferianos (cf. infra,
Eusebio; Lucífero y los luciferianos); los documentos sobre
Germinio, Valente y Ursacio (fragm. A III; B V.VI), que
son de los últimos meses del 366, difícilmente pudieron
llegar a manos de Hilario, que muere el 367, dada la dis-
tancia que separa las Galias de la Iliria. En todo caso, es
bien patente la importancia decisiva de la colección para el
conocimiento de la controversia arriana; gracias a ella se
han conservado valiosos documentos que de otra suerte
56
Hilario de Poitiers y la irisis amana
ignoraríamos, y valgan de ejemplo, además de los docu-
mentos sobre Germinio y sus compañeros, ya menciona-
dos, las cartas en que Libeno, exiliado , acepta suscribir la
condenación de Atanasio, cartas cuya autenticidad, por
largo tiempo debatida, no cabe hoy poner en duda En ge-
neral, se puede, pues, afirmar que los Fragmenta histórica
constituyen hoy la documentación fundamental para el co-
nocimiento de la controversia amana en Occidente desde
el año 343 al 366
Ediciones PL 10,553-572 (Líber U ad Const ), 571-606 (Líber
I ad Const ), 605-618 (C Aux ), 627-724 (Frag htst ), cf PLS I
281-285, A L Feder CSEL 65 (1916) 195-205 (Líber 11 ad
Const), 39-193 (Frag hist )
Estudios A WlLMART, «L'«Ad Constanttum líber primus» de
s H de P et les fragments histortques RB 24(1907)149-179 291-
317, A L Feder, Studien zu H von P Die sogenannten «Frag-
menta histórica» und der sogenannte «Líber 1 ad Constanttum»
[SAW 162,4] (Wien 1910), Y M Duval, Une traduction latine
medite du Symbole de Nicee et une condamnation d'Arius a Rimini
Nouveau fragment historique d'H ou piices des actes du Concile?
RB 82(1972)7-25, J DoiGNON, L'«Elogium» d'Athanase dans les
fragments de l'«0pus historicum» d'H de P anterieurs a l'exil, en
Polittque et theologte chez Athanase dAlexandrie (París 1974) p 337-
348, H CROUZEL, Un «resistan!» toulousain a la politique pro-
anenne de l'empereur Constance II l'eveque Rhodanius BLE
77(1976)173-190, R KLEIN, Constanttus 11 und dte christliche
Kirche (Darmstadt 1977), W TlETZE, Lucifer von Calaris und die
Kirchenpolitik des Constantius II Zum Konflikt zwischen Kaiser
Constanttus II und der nikaisch-orthodoxen Oppositton, Diss (Tu-
bingen 1976)
III Obras exegeticas
Nos han llegado tres obras de Hilario sobre la Biblia
el Comentario de Mateo, el Comentario de los Salmos y el tra-
tado De mystems Por el arcaísmo en algunos puntos de
doctrina y por ciertos residuos de materialismo en su con-
cepción antropológica, el Comentario de Mateo es manifies-
tamente obra compuesta antes del exilio (356). Las otras
dos, que revelan el influjo profundo, sobre todo el Comen-
tario de los Salmos, de la lectura de Orígenes, fueron com-
puestas a la vuelta del exilio. No es posible fecharlas con
más precisión.
Hilario
57
Estudios M SlMONETTl, L'esegest tlariana di Col 1,15a
VetChr 2(1965)165-182, G T Armstrong, The Génesis Theo-
phantes of H of P SP X [TU 107] (Berlín 1970) p 203-207,
Ch K.ANNENGIESSER, L'exégese d'H , en Hilaire et son temps (París
1969) P 127-142, A Penamaria de Llano, Exegests alegórica y
dignificado de «fides» en S H de P Miscelánea Comillas 30
(1972)65-91, J DoiGNON, Les implications theologiques d'une
variante du texte latín de 1 Corinthiens 15,25 chez H de P Aug
19(1979)245-257
1 El «Comentario de Mateo»
El Comentario de Mateo es una obra más bien breve que
expone, bien con notas reducidas, bien con una exposición
más amplia, los principales episodios del evangelio de Ma-
teo Al igual que las otras dos obras exegéticas de Hilario,
la obra sobre Mateo es un opus continuum, proyectada por
su autor de forma unitaria, no presenta indicio alguno de
proceder directamente de un grupo de homilías Dado que
Hilario, por su condición de obispo, ejerció, sin duda, un
ministerio de predicación, cabe suponer un cierto nexo en-
tre esta actividad y las obras exegéticas, pero, aun admi-
tiendo que Hilario haya tomado ocasión de aquélla, la obra
de reelaboración ha sido radical y muy otra de la revisión
superficial que Ambrosio operaba en sus homilías en vista
de la publicación
Hilario cultiva un tipo de interpretación que, por en-
cima del sentido literal, descubre un sentido más profundo
gracias a la alegoría typica ratio, interior significantia, etc
Los dos sentidos se superponen en virtud de una relación de
semejanza, de suerte que el sentido literal sugiere, sin for-
zar el texto, el sentido espiritual, y éste, a su vez, se sobre-
pone al literal sin sofocarlo No faltan ejemplos de inter-
pretación sólo literal del texto evangélico (el tributo al cé-
sar, gran parte del relato de la pasión, etc ), mas, en gene-
ral, el comentario de Hilario se propone, ante todo, poner
en evidencia el significado espiritual del evangelio. A este
fin, Hilario recurre a expedientes convencionales (v.gr., a
la atribución de sentido alegórico a los números, a los ani-
males), sin insistir, por otro lado, a diferencia de la moda
alejandrina, en la etimología de los nombres hebreos. En-
tre los símbolos de otro orden más convencionales, cabe
citar la barca, siempre símbolo de la Iglesia (8,1, 13,1), y el
desierto, que simboliza la ausencia de la gracia divina (2,2,
11,4).
38
Hilario de Pottiers y la crisis amana
Mas, por encima de estos procedimientos comunes,
Hilario trata de enunciar, y de forma más bien orgánica y
homogénea, el sentido espiritual del evangelio de Mateo,
interpretando los hechos y dichos del Salvador a la luz de
las consecuencias que de ellos promanaron, y, por tanto,
descubriendo en ellos la prefiguración de la hostilidad de
los hebreos contra la Iglesia, la abolición de la antigua eco-
nomía y la predicación del mensaje de salvación a los gen-
ules Son, sin duda, temas ya presentes en el evangelio,
mas Hilario los pone de relieve de forma sistemática, in-
cluso donde el texto evangélico no los sugiere, v gr la
matanza de los Inocentes ordenada por Herodes es sím-
bolo de la hostilidad de los judíos contra Cristo y la Iglesia
(1,6), la candela bajo el celemín (Mt 5,15) prefigura el ex-
clusivismo de la sinagoga (4,13) y el episodio de la madre y
fratres de Jesús (Mt 12,46ss), la incapacidad del pueblo
para acercarse a Cristo (12,24) Por otro lado, los episo-
dios de curaciones son a menudo interpretados como pre-
figuraciones de la vocación de los gentiles, v gr. el puer del
tribunas (7,3-4, interpretando Mt 8,5ss), el paralítico (8,5,
sobre Mt 9,2) y la hija de la cananea (15,12, sobre Mt
15,22ss)
Ediciones PL 9,917-1076 (ed COUSTANT y Maffei), A L
Feder, CSEL 65 (1916) 232 (fragmentos), J Doignon SCh
254 258 (1978 1979) (con trad franc )
Estudios A CASAMASSA, Note sul «Comentarius in Mat-
thaeum» di S I di P , en Scritti patristici I [Lateranum 2 1] (Roma
1955) p 208-214, M SlMONETTl, Note sul commento a Matteo di
1 diP VetChr 1(1964)35-64, W WliXE, Studien zum Matthaus-
kommentar des H von P (Hamburg 1969), J Doignon, L'argu-
mentatio d'H de P dans l'exemplum de la tentation de Jesús (In
Mattbaeum 3,1-5) VC 29(1975)296,308, ID , Citations singulieres
et lecons rares du texte latín de l'Evangile de Matthieu dans l'«ln
Matthaeum» d'H de P BLE 76(1975)187-196
2 El «Comentario de los Salmos»
Jerónimo en De vtr til 100 refiere que Hilario scrtpsit
et in Psalmos Commentartos, primum videhcet et secundum, et
a LI usque ad LXIl, et a CXVHl usque ad extremum, m quo
opere imttatus est Ongenem, nonnulla etiam de suo addidtt La
obra que nos ha llegado es más amplia de lo que Jerónimo
Hilario
59
refiere, pues poseemos además el comentario de los sal-
mos 9, 13, 14, 63-69 y 91 Referencias a otros puntos de la
obra demuestran que ésta era todavía más extensa, es obvio,
pues, que su misma extensión ha impedido su conservación
integral y ha provocado su división en vanos bloques
No es posible comprobar, con cotejo sistemático de
ambas obras, lo que Jerónimo refiere acerca de la depen-
dencia de Hilario del comentario ongeniano, pues de éste
conocemos solo fragmentos, y no siempre de segura auten-
ticidad Es posible, sin embargo, un cotejo parcial, sobre
todo con el prologo y el comentario de los dos primeros
salmos, pues el material origeniano conservado en esta
parte es de cierta extensión La comparación confirma la
noticia de Jerónimo Hilario ha tomado mucho de Oríge-
nes, a veces, a la letra, mas a menudo, el sentido citas de
la Escritura, paráfrasis, imágenes, ejemplos y objeciones
como recurso para ofrecer una explicación cabal del texto
De Orígenes ha sacado todo lo que Hilario sabe decir
acerca de las cuestiones introductorias y generales tratadas
en el prólogo acerca del canon del Antiguo Testamento, la
explicación de la fórmula in fmem, la división de los Sal-
mos en cinco libros, la identificación del autor del salmo a
base del nombre que figura en la tnscriptio, la atribución de
los anónimos al autor del último salmo no anónimo que los
precede, la tradición que atribuye a Esdras el mérito de
haber reunido los Salmos en un volumen Obviamente,
de Orígenes proceden también los principios hermenéuticos
la oscuridad del texto es disipada mediante el recurso a la
alegoría, la cual permite entender los Salmos como prefi-
guración de la vida terrena de Cristo desde su nacimiento
hasta su resurrección y glorificación De Orígenes pro-
viene, en fin, la imagen que cierra el prólogo el libro de
los Salmos es semejante a una ciudad grande y hermosa
con muchas casas, cada casa tiene su propia llave, que se
hallan mezcladas en un montón, con mayor o menor es-
fuerzo, según las capacidades del intérprete, es preciso dar
con la llave que abra cada casa, es decir, la clave, que cam-
bia de salmo a salmo, que permite interpretar cada uno
correctamente
Jerónimo afirma que Hilario añadió algunas cosas de su
haber a lo que de Orígenes había tomado Muchas de estas
contribuciones se dejan identificar con facilidad (v gr , las
discusiones sobre la traducción latina del texto de los Sal-
mos, sentencias de argumento trinitario, que reflejan los
60
Hilario de Poitietí y la crisis amana
resultados de la controversia amana) Por las razones di-
chas, no es posible hacer un balance detallado, mas de la
lectura continua de la obra en su totalidad no se escapa a
la sensación de encontrarnos en una atmósfera típicamente
origeniana, prueba de que Hilario se ha mantenido, en ge-
neral, muv cerca del modelo
Ediciones Cf CPL 438, PL 9,221-908, PLS I 241-246,
A ZiNGERLE, CSEL 22 (1891), A WiLMART, he dernter Tractatus
de S H sur les Psaumes RB 43(1931)277-28 3
Traducción Inglesa W SANDAY LNPF, 2nd senes, IX (1898)
236-248 (solo Ps 1, 54 y 130)
Estudios A CASAMASSA, Appunti per lo studio det «Tractatus
super psalmos» di S l , en Miscellanea Miller (Roma 1951) p 231-
238, A GARIGLIO, // commento al salmo 118 tn S Ambrogm e
S I Atn Acc Se di Tormo 91(1956-57)356-370, E Goffinet,
Kritisch-filologtsch element tn de Psalmencommentaar tan de H H
van P RBPh 38(1960)30-44, Id , L'utilisatton d'Origene dans le
commentatre des Psaumes de s H de P (Louvain 1965), N J Gas
TAIDí, Hilario de Pottters, exegeta del Salterio Un estudio de su exe-
gests en los «Comentarios sobre los Salmos» (París 1969), F X
MURPHY, An Approacb to the Moral Theology of St H of P SP
VIII [TU 93] (Berlín 1966) p 436-441, G Lutz, Das Psalmen-
verstandnis des H von P , Diss (Tner 1969), L F Ladaria, Juan
7,18 en H de P Un análisis de Tr Ps 64,13-16 EE 52 (1977)
123-128
3 El «De mystertts»
El De mystertts, que figura en la lista de obras del De
vtr til 100, de Jerónimo, fue publicado por vez primera
en 1887, por G B Gamurnni, que lo encontró en un ma-
nuscrito de Arezzo En el prólogo, conservado incompleto,
Hilario sostiene que la Esentura toda, discursos y narra-
ciones, habla de la encarnación de Cristo Este criterio
hermenéutico debe gobernar la interpretación del Antiguo
Testamento Cristo está prefigurado en el sueño de Adán,
en el diluvio de Noé, en la bendición de Melquisedec, en
la justificación de Abrahán, en el nacimiento de Isaac, en
la servidumbre de Jacob, los hechos que narra la Biblia son
reales, mas Dios realiza su obra mediante el hombre, de
suerte que la acción humana es imitación de la obra divina,
es decir, que Dios quiso que esos hechos acaeciesen, sobre
Hilario
61
todo, para prefigurar y simbolizar la realidad futura de la
encarnación (c 32)
Siguen, pues, algunos episodios del Antiguo Testa-
mento con la relativa interpretación cnstológica, elegidos
en función del principio hermenéutico enunciado Adán y
Eva, símbolos de Cristo y de la Iglesia, Caín y Abel, que
prefigura la pasión de Cristo, y así hasta Josué, símbolo
de Cristo, y Rahab, figura de la Iglesia Muchas de las tipo-
logías propuestas por Hilario en el De mystertts son tradi-
cionales, pero no faltan rasgos que parecen originales,
v gr la interpretación de Eva como prefiguración de la
resurrección de la carne, fundándose en la relación entre la
costilla de Adán, que sirve para formar a Eva, y la visión
del campo lleno de huesos de Ez 37,4 (c 5)
La técnica alegórica aquí empleada, a saber, el recurso a
un texto emparentado sólo externamente por algún detalle
(en el caso citado, los huesos) con el texto en cuestión, es
típica de Orígenes, cuya influencia es manifiesta en otros
procedimientos hermenéuticos adoptados por Hilario,
como el recurso a la etimología de los nombres hebreos al
servicio de la interpretación alegórica
Ediciones Cf CPL 427, PLS I 246-270, A L Feder, CSEL 65
1916) 1-38, J P Brisson [SCh 19bis] (París 2 1967) (con trad
franc )
Estudios P J G GUSSEN, H de P «Tractatus mystenorum»
1,15-19 VC 10(1956)14-24, K Gamber, Der «Líber mysteno-
rum» des H von P SP V [TU 80] (Berlín 1962) p 40-49, M G
BONANNO Degani, A proposito di un passo di S I («Tract myst »
I5=p84,4 Brisson). RSLR 1(1965)258-259
IV Himnos
Hilario es el primer escritor cristiano de Occidente de
cuya actividad como autor de himnos tengamos noticias
Jerónimo (De vtr til 100) le atribuye un líber hymnorum y
el concilio IV de Toledo aprueba el canto de himnos
que se atengan al modelo de los de Hilario y Ambrosio
Del líber nos han llegado, aunque bastante incompletos,
tres himnos que se leen en el mismo manuscrito que ha
conservado el De mystertts El primero, Ante saecula qut
manes, es un himno abecedario del que poseemos las 19
primeras estrofas, de cuatro esticos, dos versos gliconeos y
62
Hilario de Pottiers y la irisis amana
dos asclepiadeos alternados, con vanas licencias métricas y
prosódicas El himno es de tema trinitario y expone, sobre
todo, las relaciones de Cristo con el Padre También el
segundo es abecedario, con estrofas de dos senarios yam
bicos y una cierta libertad prosódica Perdidas las cinco
primeras, comienza hoy con la estrofa de la letra F Fefelht
saevam Habla un personaje femenino, probablemente el al-
ma renacida a la vida cristiana en el bautismo, que canta la
victoria de Cristo sobre la muerte y espera resucitar para
la vida eterna Del tercer himno, Adae carnis, no abeceda-
rio, compuesto en estrofas de tres esticos, de versos septe-
narios trocaicos, no exentos de ciertas licencias prosódicas,
quedan las diez primeras estrofas (la decima incompleta)
Trata de las tentaciones de Jesús, de las que empieza a
hablar en la estrofa decima, tras haber empleado las nueve
primeras en la descripción del dominio del demonio en el
mundo
Una tradición manustnta completamente diversa atri-
buye a Hilario un largo himno de versos septenarios tro
caicos, dispuestos en estrofas de dos esticos, Hymnum di-
cat, que canta la obra redentora de Cristo, y en especial la
pasión La autenticidad hilanana es objeto de pareceres
encontrados, pero no merece ser tenida en cuenta por
fundados motivos de estilo y métrica
La actividad himnografica de Hilario se encuadra tam-
bién en el marco de la controversia arnana Durante su
exilio en Oriente conoció los himnos compuestos por he-
rejes y ortodoxos para difundir sus doctrinas y combatir las
adversarias Concibió, pues, el proyecto de servirse de este
medio de propaganda a su vuelta a Occidente, donde se
usaban solo himnos de inspiración bíblica, no es, pues, ca-
sual el tenor marcadamente doctrinal de los tres himnos
que conocemos, sobre todo del primero La forma es
enormemente rebuscada, hasta hacerlos complicados y os-
curos, en obsequio a los cañones en boga en la poesía pa-
gana del tiempo, y ello se echa mayormente de ver si se
compara con la estudiada sencillez de los himnos ambro-
sianos No sorprende, pues, que la iniciativa de Hilario no
fuese coronada plenamente con el éxito Jerónimo co-
menta a este proposito (PL 26,380) Hilarius in hymnorum
carmine Gallos indóciles vocat
Ediciones PLS I 271 281 A L FEDER, CSEL 65 (1915) 207
223, V BUZNA, De hymnis sancti H episcopi Pictaviensts (Coloc
Hilario
63
zae 1911), N MYERS, The Hymns of S H of P in the Codex
Aretinus (Philadelphia 1928) (con trad ing ) A S WALPOLE,
Early Latín Hymns (Cambridge 1922) p 5 15
Estudios M PELLEGR1NO, La poesía de Sant'I de P VC
1(1947)201-226, M SlMONETTI, Studi sull innologia popolare cris-
tiana dei primi secoli AttiAcc Lincei Memonecl se mor st ñl, sene
8,4 (Roma 1952) p 34 1 485, J W HALPORN, Metrical Problems in
theFirstArezzoHymno/H o/P Traditio 19(1963)460 466, G DEL
TON, S H pnmus ex latinis chnstiams scriptortbus hymnographus
Latinitas 16(1968)86 95 M J RONDEAU, L amereplan scripturaire
dH Hymne2 13-14 RSR 57(1969)438-450 K SMOLAK, Unent-
deckte Lukrezspuren WSt NF 7( 1973)2 16 239, J Fontaine, L'ap-
port de la tradttion poetique romaine a la formation de l bymnodie latine
cbretienne RELA 52(1974)3 18 355
V Obras perdidas \ espurias
Se han perdido dos obras de Hilario mencionadas por
Jerónimo (De vir til 100) el Líber ad praefectum Sallustium
swe contra Dtoscorum y los Tractatus in lob, obra exegetica
basada en el comentario a Job de Orígenes, de estos Trac-
tatus han sobrevivido solo pocos fragmentos, citados por
otros autores No son, ciertamente, obra de Hilario una
carta Ad Abram filiam y dos himnos que figuran con su
nombre
Ediciones PL 10 549 552 (Ad Abram) 879 884 (De dedic
eccl) PLS, I 285-286 A L Feder, CSEL 65 (1916) 227 251,
F BLATT Un nouveau texte d une apologie anonyme chretienne en
Dragma M P Nilsson (Lund 1939) p 67-95
Estudios J DoiGNON, Une comptlation de textes dH de P
presentee par le pape Celestin l a un conale romain en 430 en
Oikoumene (Catania 1964) p 477-497, ID , Hypothese sur le contenu
du «Contra Dtoscorum» d'H de P SP VII [TU 92] (Berlín 1966)
170-177 Y M DUVAL La «manoeuvre frauduleuse» de Rimini
A la recherche du «Líber adversus Ursacium et Valentem» dH en
Hilaire et son temps (París 1969) p 51-103 G FOLLIET, Le frag-
ment d'H «Quas lob hileras » Son interpretation d'apres H Pe-
lage et Augustin ibid , p 149 158
VI LA TEOLOGIA DE HILARIO
Contemporáneo de Atanasio y de Mano Victorino y,
como ellos, militante del partido niceno, Hilario elaboro
64
Hilario de Poitiers y la iriíit amana
una teología trinitaria original que nada debe al uno o al
otro Sus parámetros esenciales son la total adherencia al
dato bíblico, en comparación con la escasa consideración
que le merecen las implicaciones de orden filosófico, la
orientación tradicional, enraizada en la tensión natura
{\uh\tantia)-persona, que le viene de Tertuliano y Nova-
<. laño, y la fina sensibilidad antisabeliana, y no menos an-
tiarnana, que le procuró su encuentro con los homeou-
sianos
Hilario utiliza, como es obvio, los temas tradicionales
de Cristo logos, sabiduría y potencia de Dios (Trin VII
11 27, IX 12, etc ), cuidando de dejar bien en claro la
subsistencia de la palabra divina en sentido antimonar-
quiano (II 15, VII 11, Syn 46) Destaca también el tema
de la imagen Cristo es imagen viva y verdadera (VII 37),
no circunscrita, incorpórea e invisible (VII 48 49), de Dios
en cuanto primogénito de la creación (Col 1,15), es decir,
que revela el Padre obrando la creación (VIII 49-5 1 ) Poco
frecuente el tema de Cristo luz (VII 27), fundamental en
Atanasio Por lo demás, Hilario manifiesta vanas veces sus
reservas contra el uso de imágenes sensibles para ilustrar
de algún modo el misterio de la vida divina (IV 2, VI 9,
VII 28) las imágenes tradicionales de la raíz y la planta,
del manantial y el arroyo, del fuego y el calor, son descar-
tadas por Hilario como inadecuadas para expresar la rela-
ción de unidad y distinción entre el Padre y el Hijo, pues
pueden sugerir la idea de una extensio del Padre en el Hijo
(= Fotino) (IX 37)
Hilario, como los homeousianos, insiste de manera es-
pecial en los nombres de Padre e Hijo, y en la noción de
Hijo hace confluir las de logos, sabiduría, imagen, etc
(VII 11 37, III 23) Convencido, como tantos otros con-
temporáneos, de que el nombre de un objeto revele su
naturaleza, Hilario estima que los nombres de Padre e
Hijo son, de suyo, suficientes para mostrar la naturaleza de
las personas divinas, fundándose en la fórmula bautismal y
en la solemne declaración de Mt 3,17 Hic est films meus
(II 3 5 6 8, VI 23)
La teología trinitaria de Hilario se asienta sobre una
base bíblica de dimensiones inusitadas, para rebatir la
afirmación arnana de la divinidad exclusiva del Padre, Hi-
lario construye en Trin IV-V una compleja demostración
sostenida por numerosos pasajes del Antiguo Testamento,
en los que la unidad de la naturaleza y la distinción de las
Hilario
65
personas comparacen una y otra vez sin anularse Así,
p ej , en los relatos bíblicos de la creación del mundo y del
hombre, Hilario descubre la acción del Logos, que pone
por obra la voluntad del Padre Las fórmulas Dios dijo-Dios
hizo, que se alternan a lo largo del relato, ponen a salvo
tanto la distinción del Hijo (el Dios que hace) respecto del
Padre (el Dios que dice) como su naturaleza y virtud divi-
nas Los plurales faciamus, nostram, de Gén 1,26 excluyen
que Dios pueda ser considerado solitarius, es decir, uni-
personal, a la manera de Sabeho, mas el hecho que una
sola sea la imagen del Padre y del Hijo (imaginem, no ima-
gines) revelaz« utroque laproprietas umus naturae (IV 16-18,
V 5) Tratando de las apariciones de Dios a los patriarcas
(teofanías), Hilario defiende resueltamente tanto el carác-
ter genuinamente divino, no angélico, del Logos, que se
muestra a Abrahán, Jacob, etc , como la distinción del Pa-
dre y del Hijo (IV 23 24 25, V 11 20) A pesar de que el
discurso sobre las teofanías conserve todavía un cierto ma-
tiz subordinante por su concepción del Logos como Dios
que se revela a los hombres, Hilario fija con resolución los
conceptos de fondo recurriendo a vanos textos proféticos
que se prestaban con facilidad a destacar la distinción entre
Dios (Padre) y Dios (Hijo), como Bar 3,36, Is 45,14,
43,10, Os 1,7 IV 35-40, V 39
En los libros VI y VII, Hilario prosigue su demostra-
ción de la unidad y distinción entre el Padre y el Hijo
recurriendo a numerosos pasajes del Nuevo Testamento
En esta parte, Hilario trata a fondo la cuestión fundamen-
tal de la generación del Hijo no de la nada o de una mate-
ria preexistente, como si su origen se debiera a un acto
creador (VI 13, VII 14, XII 36ss), ni de una naturaleza
diversa, sino precisamente del Padre (VII 27.31.39) Ge-
neración, pues, inefable, sin analogía posible con la gene-
ración de los seres vivos, sin pasión, ni emisión, ni esci-
sión, ni división (VI 35, VII 14 27 28 36, V 37, VIII 56)
El Padre ha dado de sí todo al Hijo sin perder nada de su
ser, pues no interviene protensio ni transfusio en virtud de
la unidad de naturaleza in utroque' a vívente vivus, a vero
verus, a perfecto perfectus (VII 41 39, II 20, IX 31). No pre-
cisa aclaración que Hilario distinga netamente entre noso-
tros, hijos de Dios por adopción, y el único verdadero
Hijo por naturaleza (III 11 22, IV 33, XII 13)
Hilario aclara, y en términos muy explícitos, que la ge-
neración no comporta en el Hijo posterioridad cronológica
66
Hilario de Poitiers y la crisis amana
respecto al Padre el Hijo es eterno, siempre Hijo, pues ha
nacido de una generación intemporal, incomprensible para
nosotros (III 3, X 7, XII 15), que, sumergidos en el
tiempo, no somos capaces de concebir y definir lo intem-
poral y eterno sin recurrir a categorías necesariamente
temporales (XII 26 27 37 38) El Hijo es natus, no coeptus,
es decir, engendrado ab aeterno, de suerte que no cabe de-
cir de él que existía o que no existía antes de nacer (VII
14, XII 31) Para demostrar la coeternidad del Hijo con el
Padre, Hilario aduce los argumentos tradicionales, basados
en la reciprocidad de las nociones de padre e hijo (XII
21 2}), en la imposibilidad de concebir un Dios sin su lo-
gos (VII 11) y en la contraposición entre erat en Jn 1,1 y
jeat en Gén 1,1 (II 13-15) Hilario excluye que en la
eternidad de Dios pueda darse un antes y un después con
respecto al Hijo (XII 25)
La naturaleza divina del Hijo non degenerat per nattvtta-
tem (VII 22), de ahí que el Hijo posea todas las perfeccio-
nes del Padre posee la divinidad corporaltter (Col 2,9), non
ex parte sed tota, ñeque portio est sed plenitudo (VIII 56 54),
pues dedit pater omma et acceptt filius omma (IX 3 1, VI 26,
hablando de Jn 16,15 y Mt 11,27) res, potestas, virtus, no-
men En cuanto forma et tmago del Padre, del Padre tiene
todo (XII 24) y es perfectamente igual a él por operatto,
vtrtus, honor, potestas, gloria, vita (VII 20, VIII 12, IX 23,
IV 6, V 7, IX 39, II 11)
Hilario concede especial atención a la refutación de los
argumentos propuestos por los arríanos para demostrar la
inferioridad del Hijo respecto del Padre, y a ella dedica los
últimos cuatro libros del De Trinitate Los textos evangéli-
cos que hablan de la inferioridad y pasibilidad de Cristo,
en los que insistían los arríanos, son referidos a su huma-
nidad, mas con procedimiento menos superficial y gené-
rico que Atanasio la ignorancia de Jesús (Mt 24,36) es
explicada per dispensationem, es decir, obedece a la adapta-
ción del Hijo a las limitaciones de la naturaleza humana
(IX 63 66 75), la pasibihdad es obviamente propia de la
humanidad, pero con la aclaración de que Cristo padecía no
sólo con el cuerpo, sino también con el alma (X 14 15 19),
la subiectio (1 Cor 15,24-28) obedeció a la exinamtio del
hijo al asumir la forma serví (Flp 2,7), en estrecha relación
con su glorificación y su reino eterno qua homo y como
representante de la humanidad toda, polemizando con
Arrio y también con Marcelo de Ancira (XI 21ss) En este
Hilario
67
marco, Hilario propone su teoría sobre el cuerpo humano
de Cristo, cuerpo real, pero celestial, carente de imperfec-
ciones, capaz de sentir la fuerza de la pasión, pero no el
dolor, es decir, una concepción no exenta de un cierto
sesgo doceta (X 18 23)
Hilario, para expresar, a la vez, la unidad y distinción
del Padre y del Hijo, recurre, sobre todo, a la oposición
natura-persona La unidad de naturaleza se recaba, como
vimos más arriba, del nombre deus, que la Escritura atri-
buye, indistintamente, al Padre y al Hijo (V 8 20, VII 13)
Hilario habla, con terminología vanada, de natura indiffe-
rens, indiscreta (VII 8, VIII 51), tndtsstmtlts (Syn 42), de
aequalitas naturae, unitas naturahs, natura non dividua (IX
53, VII 5, IX 69) Habla también de una, indifferens sub-
stantia, unitas substantiae (IV 42, VI 10, 5>» 69), de indif-
ferens genus (VII 27), de una essentia (Syn 42 69) Los cua-
tro términos son propuestos como idénticos en Syn 12 En
cuanto a la correspondencia semántica entre hypostasis y
substantia, que tantas confusiones procuraba a los latinos,
Hilario comprendió que los orientales entendían hypostasis
en el sentido que los occidentales daban no a substantia,
sino a persona (Syn 32)
Siguiendo a Tertuliano y Novaciano, Hilario no ad-
vierte en el término persona la insuficiencia, que, en cam-
bio, Mano Victorino en él descubría, para caracterizar la
distinción de las personas en el ámbito de la unidad de
naturaleza, Hilario habla de la discretio personarum, y la
contrapone precisamente a la unidad de naturaleza (IV
24 42, V 10, VII 40, etc ) Estima oportuno aclarar, con-
tra los arríanos, que la distinción de personas no comporta
separación entre el Padre y el Hijo (III 14, V 11, VIII 38)
Como fundamento de la distinción, Hilario apunta al
modo diverso en que ambos intervienen en la misma obra,
el Padre, como causa eficiente, el Hijo, como causa ins-
trumental (IV 16), mas en el interior del mundo divino no
advierte, al igual que Atanasio, otra distinción que la rela-
ción de origen, en virtud de la cual uno engendra y el otro
es engendrado (VII 20, Syn Al) La relación de genera-
ción, que a la vez une y distingue entre sí al Padre y al
Hijo, manifiesta precisamente la unidad de la naturaleza
divina y la distinción de las dos personas (VI 19, VII
21 27 31, IX 27 36 57).
Al impugnar la interpretación amana de Jn 10,30, ego
et pater unum sumus, como expresión de una unidad de
68
llil mu de Poitiers y la íyisis amana
voluntades y no de naturaleza y al contraponer a esta uni-
dad de naturaleza nuestra unidad en Cristo (voluntaria)
(VIH 7-12), Hilario toma precauciones para no prestar el
Manco al peligro sabeliano, y a este fin hace suya la inter-
pretación de Jn 10,30 propuesta por Tertuliano y Nova-
ciano el Padre y el Hijo son unum (= una naturaleza), no
unus (= una persona), en virtud del nacimiento y de la ge-
neración, pues «sumus» non patitur singularem (es decir,
una sola persona) y «unum» naturam non dtscernit in genere,
de suerte que ñeque unum diversitatis est (contra los arría-
nos) ñeque sumus unius est (contra los sabehanos VII 5 31,
VIII 4) Siendo uno con el Padre, el Hijo, verus deus, no es
un segundo Dios y no suprime la monarquía divina (II 11,
III 4, IV 15 33) Dios es uno solo, porque existe un solo
principio divino, y la divinidad del hijo procede del Padre
(IV 15) El Hijo es un solo Dios con el Padre en virtud de
la unidad de natura, aunque distinto en la persona pater et
filius non persona sed natura unus et verus deus (V 10, VII
32, Syn 69)
En síntesis, para enunciar el misterio de la unidad y
distinción en Dios, Hilario, como Mario Victorino, multi-
plica las fórmulas ex deo deus, unus ex uno, ex uno tn unum,
alter ab altero et uterque unum (III 4, V 37, VII 32, VIII
52), unus deus uterque (IV 33, V 10) En VIII 36, Hilario
especifica que Dios es unus, no solus, apelativo que reserva
al Dios unipersonal de Sabelio, al que define también
como sohtartus, in solitudtne (III 1, IV 17 18.20, VIII 36,
IX 36) Otro de los expedientes preferidos por Hilario
para distinguir su concepción de la unidad divina de la he-
rejía de Sabelio es la contraposición umtas-umo, en la que
unto define la indistinta unidad personal del Padre y del
Hijo (haerests umonis Syn 26) (VII 8, VIII 38) Dios es
uno solo no per unionem (V 2), a la unidad de naturaleza se
contrapone lasohtudo unionis (VIII 28), la generación dis-
tingue la unttas de la unto (VII 5 21) La aequahtas entre
Padre e Hijo, que presupone la distinción de ambos, es
incompatible con la unto, y no tolera nec solitudinem (contra
Sabelio), nec diversitatem (contra Arrio VII 15) Dios es
unus uterque en la proprtetas de las personas, no en la unto,
en relación de perfecta reciprocidad (XI 1)
De lo que hemos expuesto hasta aquí resulta evidente
la orientación homousiana de la teología de Hilario, que se
funda en el tema de la unidad de naturaleza del Padre y del
Hijo (= unidad de substancia), mas no es menos evidente
Hilario
69
que Hilario, a diferencia de Atanasio, Mano Victorino y
Gregorio de Elvira, no muestra simpatía por el término
homoousios, ausente casi del De Trini tate. La apertura hacia
los homeousianos y su aguda sensibilidad antisabeliana lo
ponían en guardia contra los equívocos interpretativos a
que se prestaba el término Conoce las críticas que el vo-
cablo suscita en las diversas facciones (IV 4, Syn 68), y en
el De synodts aclara su sentido y sus límites con el fin de
excluir la interpretación sabeliana (c69 71), mas su de-
fensa es menos intransigente que la de Atanasio y Mano
Victorino, pues reconoce que el vocablo no es bíblico, que
se presta efectivamente a equívocos, y precisa por ello de
una previa aclaración para ser aceptable (c 67 69 71)
Frente al homoiousion, la actitud de Hilario en el De synodts
es parecida, se muestra bien informado de la objeción que
le oponía la facción anomea y la homousiana, las cuales
hacían valer la imposibilidad de admitir en Dios una rela-
ción de semejanza, es decir, de orden accidental, mas no le
atribuye mayor importancia, como tampoco insiste en la
procedencia no bíblica del vocablo (c 67 81) Se muestra,
en cambio, más preocupado del equívoco a que puede dar
lugar la relación de semejanza la leche de oveja es seme-
jante a la leche de vaca, pero no es idéntica, mientras que
la verdadera semejanza no puede nacer más que de la
igualdad de naturaleza (no de persona) sólo el oro es se-
mejante al oro (c 67 71 72ss 76 89)
El concepto de homoousion, de suyo genérico (pues to-
dos los individuos de la misma especie participan de la
misma substancia), adquiere en Hilario, como en Atanasio,
su significado pleno a la luz de la relación de total compe-
netración que une entre sí, mantenida la distinción perso-
nal, al Padre y al Hijo, según el testimonio de Jn 10,30,
14,9-10 En cuanto seres espirituales, pueden coexistir el
uno en el otro per naturae unitatem, per virtutis potestatem,
per honorts aequahtatem, per nattvitatis generationem (IX 5 1 ,
V 39 57) en Dios, «2^2/ differt esse et inesse, de suerte que
el ser del Hijo consiste precisamente en su ser-en-el-Pa-
dre, y viceversa (VII 41, III 23)
Hilario habla vanas veces del Espíritu Santo, pero
nunca lo incluye en la problemática de las relaciones ínter-
trinitanas, manteniéndose de este modo dentro de los con-
fines de la controversia, que versaba entonces sólo en
torno a la relación de las dos primeras personas divinas
Distingue bien entre espíritu, entendido como substancia
70
Hilario de Poiliert y la irisis amana
divina en general, y Espíritu Santo, que es usus, donum,
munus de Dios a los hombres en orden a su santificación.
El Espíritu Santo tn Christo est y omne ómnibus patet unum,
dado ad agnttionem eius quae indulta est veritatis (II 1.
29.51.32.35; VII 34; X 5). En su larga presentación del
Espíritu en De Trin. VIII 21ss como don, virtus operativa
conjunta de Dios y de Cristo para poner de manifiesto
también de esta suerte su unidad, Hilario lo define tam-
bién res de la naturaleza del Padre y del Hijo, virtus una
operante en Dios y en Cristo (VIII 23.25.26.31.39). En
este contexto, hablando de Jn 16,15 (el Espíritu recibe de
Cristo) y 15,26 (el Espíritu Santo procede del Padre), Hi-
lario parece identificar accipere y procederé, el origen del Es-
píritu Santo y su missio en el mundo por obra del Hijo,
colocando, por tanto, su origen en la única naturaleza del
Padre y del Hijo, y anticipando de esta manera la doctrina
agustiniana de la doble procesión del Espíritu Santo. Es
preciso advertir que en Hilario, no obstante, el Espíritu
Santo, que procedit y accipit, no aparece como persona di-
vina, sino sólo como don, res de la naturaleza divina. Tertu-
liano ya había conferido al Espíritu Santo el nombre de
persona, por lo que el silencio de Hilario en este punto es
significativo.
En los últimos capítulos de su obra (XII 55-56), Hila-
rio vuelve sobre el tema en una especie de apéndice, moti-
vado por la necesidad de tomar posición de algún modo
ante las afirmaciones acerca de la naturaleza del Espíritu
Santo que empezaban a circular en Oriente hacia el 360.
Hilario sostiene que el Espíritu Santo no puede ser ni en-
gendrado por el Padre, como el Hijo, ni creado como las
creaturas; pero ni aun en este contexto le otorga el nom-
bre de persona, sino que lo define aún res del Padre, que de
él procede a través del Hijo. Si se tiene en cuenta que ni
siquiera Febadio muestra dificultad alguna, siguiendo a
Tertuliano, en llamar persona al Espíritu Santo como al Pa-
dre y al Hijo, el silencio de Hilario al respecto no puede
ser casual; cabe pensar que Hilario haya vinculado el con-
cepto de persona divina con el de generación, del que se
vale como elemento, a la vez, de unión y de distinción
entre el Padre y el Hijo, hasta el punto de no poder ya
hablar de persona a propósito del Espíritu Santo. Las defi-
niciones trinitarias de Hilario — v.gr., la referida en II 1,
citada por Agustín (De Trin. VI, 10,1 1): infinitas in aeterno,
species in imagine, usus in muñere — deben, pues, ser enten-
dí
71
didas habida cuenta de esta no perfecta alineación del Espí-
ritu Santo con el Padre y el Hijo en la articulación de la
realidad divina.
A pesar de este y de otros límites, la síntesis trinitaria
de Hilario se impuso en Occidente, en su tiempo y en el
sucesivo, como una empresa nunca antes intentada ni si-
quiera en Oriente, a saber, afrontar de forma global toda la
gama de problemas en debate con sumisión al dato bíblico
y a la tradición y sin descuidar obviamente ninguno de Jos
argumentos arrianos. Hilario no se arredra ante los puntos
más espinosos, ni ante aquellos en los que la posición cató-
lica era más débil, y ofrece, en todo caso, una explicación
coherente con los principios supremos que inspiran su
obra. Por esta razón, los polemistas antiarrianos de lengua
latina, contemporáneos o posteriores, recurrirán, a me-
nudo, a la obra de Hilario como a un texto fundamental y
completo del que tomar, según las circunstancias, este o
aquel elemento útil a la controversia, que tendía por cos-
tumbre a fraccionarse en muchas cuestiones particulares.
II. Escritores antiarrianos
OSIO
Osio, nacido hacia el 256, era ya obispo de Córdoba
cuando por el año 300 confesó su fe durante la persecu-
ción de Diocleciano. Amigo de Constantino, recibió del
emperador la misión de poner paz en la controversia
arriana (hacia el 324), y en virtud de este encargo oficial
influyó notablemente en la celebración del concilio de Ni-
cea (325) y en las decisiones que allí fueron adoptadas. A
la muerte de Constantino, cuando la Iglesia de Occidente
se alió, en defensa de la doctrina de Nicea, con los nicenos
de Oriente y en contra de las iglesias orientales, dominadas
por los eusebianos (arrianos moderados), Osio desempeñó
un papel de primer orden en el concilio de Sárdica (343)-
Cuando Constancio, dueño de todo el Imperio y sostene-
dor de los arrianos moderados, doblegó también las igle-
sias de Occidente a su voluntad, Osio se negó a firmar la
condenación de Atanasio. Mas al año siguiente, más que
centenario, cedió a las presiones y firmó la segunda
fórmula de Sirmio, muy condescendiente con las posiciones
72
Hilario de Poitiers y la mtti amana
filoarnanas Poco después murió La claudicación de Osio,
debida, sin duda, al peso de la edad, no fue dramatizada por
Atanasio, pero provoco reacciones violentísimas en los an-
tiarrianos de Occidente, como Hilario, Febadio, y, sobre
todo, los luciferianos de España
Su actividad literaria cede en importancia a su actividad
política, al parecer, de su predicación no fue puesto nada
por escrito, Isidoro de Sevilla menciona dos obras suyas
hoy perdidas el De laude virgtnitatts y el De tnterpretattone
vestium sacerdotahum (De vtr til 5) En substancia, de Osio
nos quedan, pues, algunos cánones aprobados en el conci-
lio de Sárdica del 343 (publicados por TURNER, Ecclesiae
Ocadentahs monumenta luru anttquissima I 2) y dos cartas
La primera fue escrita por Osio y Protógenes de Sárdica
para informar a Julio, obispo de Roma, de algunas decisio-
nes adoptadas por el concilio de Sardica La segunda, mu-
cho mas importante, conservada por Atanasio (Htst arian
44), fue enviada por Osio el 356 al emperador Constancio,
que exigía del anciano obispo que firmase la condenación
de Atanasio En esta carta, y por primera vez desde el
principio de la política de colaboración entre el Imperio y
la Iglesia inaugurada el 3 1 3 por Constantino, un represen-
tante de la jerarquía eclesiástica sostiene la oportunidad de
que el emperador se abstenga de inmiscuirse en cuestiones
internas de las iglesias, como era la controversia amana,
invocando Mt 22,21, Osio sostiene la separación de los
dos poderes Por esta razón, la carta de Osio es un docu-
mento de singular importancia en la historia de la Iglesia
Ediciones Cf CPL 537-540, PL 8,1317-1328, 10,557-564
632-848, PLS I 184-196, A Feder, CSEL 65 (1916) 103-126
181-184, C H TuRNER, Ecckstae Occtdentalts monumenta turis an-
tiquissima I I,n,3 (Oxford 1930) p 452-544 644-653
Estudios F LOOFS, Hosius (oder Osius) von Corduba RE VIII
(1900)376-382, C H TuRNER, Ossius (Hosius) of Corduba JThS
12(1910-11)275-277, S Cunill, Osius, bisbe de Córdoba AST
2(1925)285-289, S SUREDA Blanes, La cuestión de Osio de Cór-
doba y de Liberto, obispo de Roma (Madrid 1928), U MoRICCA,
S torta della letteratura latina cristiana II- 1, p 158 (bibl ) p 192-
201, R SERRATOSA, Osio de Córdoba y Tajón de Zaragoza, precurso-
res de la escolástica Estudios 7(Madnd 1951)85-89, Id , Algo mas
sobre Osio de Córdoba íbid 1 3( 1957)65-84, V C DE CLERCQ, Ossius
of Córdoba A Contnbution to the History of the Constantinian
Period (Washington 1954), H Kraft, 'Guooucuo- ZKG 61
Ensebio de Vene/li
73
(1954-1955)1-24 (historia del termino en Osio y otros), Id ,
Ossius of Córdoba and the Origins of Priscillianism SP I [TU 63]
(Berlín 1957) p 601-606, Id , Prosopograpby of Ossius (Hosius) of
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mos tiempos sobre Osio de Córdoba CD 171(1958)485-489, Id ,
Osio de Córdoba RET 18(1958)141-156 261 281, H Chadwick,
Ossius of Córdoba and the Presidency of the Council of Antioch JThS
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Córdoba EE 33(1959)39-56, M AubiNEAU, La vie grecque de
«saint» Ossius de Cordue AB 78(1960)356-361, V C DE
Clercq LThK VII ( 2 1962)1269-1270, G Langgartner, Das
Aufkommen des okumenischen Konzilsgedanken Ossius von Córdoba
ais Ratgeber Constantins MTZ 14(1965)111-126, GSM
Walker, Ossius and the Nicene Faith SP IX [TU 94] (Berlín
1966) p 316-320, K M Girardet, Kaiser Konstantius 11 ais
«episcopus episcoporum» und das Herrscherbüd des ktrchhchen
Wtderstandes (Ossius von Corduba und Lucifer von Calaris) Histo-
na 26(1977)95-128
EUSEBIO DE VERCELLI
Eusebio, originario de Cerdeña, lector de la iglesia de
Roma y primer obispo de Vercelli, fue uno de los prota-
gonistas de la controversia amana desde el 355 al 364
Depuesto en el concilio de Milán del 355 por negarse a
firmar la condenación de Atanasio, fue mandado en exilio
d Escitópolis (Palestina) y luego a la Tebaida de Egipto
Libre en el 362 al subir al trono Juliano, Eusebio tomó
parte en el concilio de Alejandría del 362, y poco después,
encontrándose en Antioquia, desaprobó la postura de su
amigo Lucífero de Caglian, que exacerbaba los contrastes
entre los antiarrianos de esa ciudad De vuelta a su patria,
se entrevistó en Sirmio (Panonia) con Germinio, impor-
tante exponente del arrianismo moderado El 364 lo en-
contramos con Hilario en Milán, tratando, sin lograrlo, de
alejar de la sede milanesa al obispo amano Auxencio De-
bió de fallecer hacia el 370
Su actividad política fue, al parecer, más importante y
significativa que su obra literaria Se ha perdido la traduc-
ción del comentario de los Salmos de Eusebio de Cesárea,
de la que habla Jerónimo (De vtr til 96), y de él nos han
llegado con su nombre tres cartas, dos en una Vita antigua
/' ¡trilogía 3
74
Htlano de Poitiers y la iriíif amana
no muy atendible, y la tercera, en los Fragmenta histórica,
de Hilario (1 1,5 - A 11 1-2 de Feder) Se ha pensado que
a Eusebio se deba el celebre Codex Vercellensis de la versión
latina prejeronimiana de los evangelios La primera carta
licitamente auténtica es una de las que se cruzaron entre
vanas partes en torno a la celebración del concilio de Mi-
lán Eusebio, que no quería participar, pues preveía, sin
duda, la presión a que el emperador sometería los Padres
conciliares, responde afirmativamente a la invitación explí-
cita del emperador y anuncia su llegada La segunda carta
fue enviada secretamente por Eusebio a sus fieles de Ver-
celli desde Escitópolis, donde era virtualmente prisionero
de Patrófilo, obispo filoarnano de la localidad, Eusebio
habla de los malos tratos que reciben tanto él como los
sacerdotes y diáconos que le habían seguido en el exilio
En esta carta transcribe la nota que Eusebio había mandado
a Patrófilo para comunicarle su firme decisión de iniciar
una huelga de hambre si se persistía en impedirle entrevis-
tarse con los fieles que deseaban hablarle La autenticidad
de esta carta a los fieles de Vercelli es segura No cabe
decir lo mismo de la tercera, conservada en los Fragmenta
histórica, en ella, Eusebio felicita a Gregorio de Elvira por
haber resistido a las insistencias de Osio y no haber que-
rido entrar en comunión con los obispos filoarrianos Esta
carta concede demasiado a las acusaciones fantásticas que
los luciferianos difundieron contra Osio en el Libellus pre-
cum, y por ello es indicado descartarla como una falsifica-
ción de los mismos lucifenanos (cf infra, Lucífero y los luci-
ferianos)
En estos últimos años se ha tratado de enriquecer el
escaso patrimonio literario de Eusebio atribuyéndole los
libros I-VIII de la colección de escritos pseudoatanasia-
nos conocida como el De Trinitate, de la que trata
J. Quasten (Patrología II p 36) Completamos lo que
en este lugar se dice haciendo presente que la atribu-
ción de la obra pseudoatanasiana a Eusebio de Vercelh,
propuesta hace vanos decenios por dom Monn en
base al testimonio aislado de un manuscrito vaticano de
poco crédito y más tarde retirada por el mismo dom Mo-
nn, la ha hecho suya V Bulhart, que ha publicado la
edición crítica de tal colección bajo el nombre de Eusebio
de Vercelh en el CCL 9, y, siguiendo a Schepens, pone su
redacción entre el 345 y 347 Si se aceptan la atribución y,
sobre todo, la fecha propuesta por Bulhart, se impone al-
Euseho de Vercelh
75
terar profundamente el panorama de la literatura doctrinal
de la controversia amana, pues el De Trmitate pseudoata-
nasiano propone una doctrina trinitaria que ha alcanzado
un estadio de evolución mucho más avanzado del que en-
contramos a mediados del siglo IV incluso en Hilario y
Atanasio, una doctrina trinitaria que se adelanta a los resul-
tados decisivos de la teología de los Padres Capadocios y
hace suyas las soluciones que acerca de las relaciones entre
el Hijo y el Espíritu Santo fueron propuestas primero en
Oriente entre el 360 y el 370, y luego en Occidente por
Ambrosio y otros Mas precisamente porque el De Trini-
tate refleja, sin asomo de duda, la situación de la teología
trinitaria entre el 380 y los primeros años del siglo V, no
cabe remontarlo a la fecha que quiere Bulhart, ni atribuirlo
a Eusebio, por no hablar de la más que precaria base codi-
cológica sobre la que se pretende erigir tal atribución Es-
tudios más recientes han comprobado la hipótesis, pro-
puesta vanas veces de vanas formas y con alterna fortuna,
que coloca la redacción de la obra en España entre el 380 y
el 400, y, con bastante probabilidad, en los círculos lucife-
nanos
Ediciones Cf CPL 105, PL 12,959-968, 62,237-286 (cf PLS
I 305-307 1741-1742), V Bulhart CCL 9 (1957)1-205 451-
479 (cf B Fischer VT p 260)
Estudios A E BURN, On Eusebius of Vercelh JThS 1(1899)
592-599, C H Turner, On Eusebius of Vercelh íbid , 126-128,
A Julicher, Eusebias, Bischof von Vercelh PWK 6(1907)1441-
1443, P Godet DTC V( 1913)1 553-1554, P Schepens, Pour
l'histoire du Symbole «Quicumque» RHE 32(1936)548-569, Id,
L'Ambrosiaster et S Eusebe de Verceil RSR 37(1950)295-299,
V C de Clercq DHG XV( 1963) 1477- 1483, E Crovella
Bibhotheca Sanctorum V( 1964)263-270, M SiMONETTi, Studi
tul «De trinitate» pseudoatanasiano ND 3(1949)57-72, E CRO
VELLA, S Eusebio di Vercelh Saggio di biografía critica (Vercelli
1961), M SlMONETTI, A proposito dt una recente edizione del
1 10-12 del «De Tnnitate» dello Pseudo-Atanasio RCCM 3(1961)
108-113, Id , Qualche osservazione sul «De Tnnitate» attnbutto a
Eusebio di Vercelh RCCM 5( 1963)386-393, M Capellino, Storia
di S Eusebia di Vercelh e sptrttuahta del suo cenobio nella Chiesa del
IV secólo (Roma 1971), L DATTRINO, // «De Tnnitate» pseudo-
atanasiano (Roma 1976), J T LlENHARD, Patristic Sermons on
Eusebius of Vercelh and thetr Relatton to his Monasttcism RB
87(1977)164-172
LUCIFERO Y LOS LUCIFERIANOS
De Lucífero, obispo de Caglian, conocemos solo su
participación en la controversia amana Que fuese de ori-
gen africano es una hipótesis propuesta en edad reciente,
sin apoyo alguno documental Encontramos a Lucífero el
355 como representante de Liberio, obispo de Roma, en el
concilio de Milán, que debía examinar de nuevo el caso de
Atanasio, perseguido por los arríanos, apoyados por el
emperador Constancio Con esta ocasión escribió a Euse-
bio de Vercelli una carta, que se conserva, £n la que le
ruega que tome parte en el concilio Lucífero fue uno de
los contadísimos obispos presentes en Milán que no se do-
blego a la voluntad del emperador y se negó a firmar la
condenación de Atanasio Fue, pues, depuesto y exiliado,
primero en Germanicia de Siria, luego en Eleuterópohs de
Palestina y al fin en la Tebaida de Egipto, donde se encon-
traba cuando Juliano con un edicto del 362 autorizo la
vuelta de todos los exiliados por Constancio Mientras Eu-
sebio de Vercelli, compañero de exilio, llegaba a Alejan-
dría para presenciar el concilio convocado por Atanasio,
Lucífero prefino trasladarse a Antioquía, donde la comu-
nidad antiarnana se encontraba dividida en dos facciones
adversas entre sí En vez de procurar la reconciliación, Lu-
cífero apoyó enérgicamente a la menor de las dos facciones
que reunía a los sostenedores intransigentes del credo ni-
ceno, contra la facción mayontana, que apoyaba a Melecio,
un antiarnano moderado, no se logro con ello más que
recrudecer un cisma, el cisma de Antioquía, que habría de
interponerse luego como obstáculo insuperable en los in-
tentos de reunir en un único frente a los antiarrianos de
Oriente y de Occidente Irritado porque Eusebio, llegado
a Antioquía, no aprobó su postura y estimando excesiva-
mente blandas las medidas adoptadas por el concilio de
Alejandría con los obispos que se habían comprometido
en otro tiempo con el arrianismo y querían volver a la fe
nicena, Lucífero abandonó el campo y volvió a Occidente
Según el Ltbellus precum, pasó por Nápoles y Roma De el
no volvemos a tener noticias Jerónimo refiere que falleció
siendo emperador Valentiniano (364-375)
Durante los años de su exilio (355-361), Lucífero diri-
gió al emperador Constancio cinco virulentos opúsculos,
en el De non conveniendo cum haerettcis, Lucífero impugna la
afirmación del emperador, que hacía pasar por enemigos
Lucífero y los lucifertanos
11
de la unidad cristiana a cuantos se habían negado a firmar
la condenación de Atanasio, y sostiene, en cambio, con vi-
gor que a ningún católico es permitido tener algo que ver
con los herejes, equiparados, sin más, a los paganos idóla-
tras, y entre los que cuenta apertis verbis al emperador
Constancio, protector de los arríanos El De regibus aposta-
ttcis rebate la afirmación de Constancio, que había aducido
la prosperidad de su reinado como sanción de su acertada
política proarriana, que obviamente encontraba el favor de
Dios Lucífero contesta que Dios nunca niega al pecador
tiempo y ocasión de arrepentirse, y por ello el castigo de
un monarca impío puede ser aplazado durante mucho
tiempo En sus dos libros Pro sancto Athanasio, el más ex-
tenso y seno de sus escritos, Lucífero ataca al emperador
por las irregularidades que se habían cometido en el conci-
lio de Milán, que había condenado a Atanasio sin haberlo
escuchado personalmente En este escrito, Lucífero facilita
algunas noticias sobre la celebración de ese concilio
De unas cartas que se cruzaron entre Lucífero y Flo-
rcncio, magtJUr effiaorxm de Ja corte imperial, sabemos
que Lucífero se había preocupado de hacer llegar a manos
del emperador un códice con los cinco opúsculos escritos
contra él, y que el emperador, sorprendido, sin duda, de la
virulencia de las acusaciones que se le imputaban, quiso
apurar si Lucífero había, en efecto, enviado tales escritos,
lo cual su autor puntualmente confirma Sabedor luego de
que el emperador se había quejado de los insultos que le
había dirigido, le propina otra dosis en el De non parcendo
in Deum delinquentibui, en el que sostiene que su actitud
ofensiva es la única que cabe adoptar ante quien favorece
la herejía En el Moriendum esse pro Dei Filio, acaso decep-
cionado porque Constancio se mostraba más tolerante de
lo que suponía y no tomaba medida alguna contra él, Lucí-
fero se declara dispuesto, con decisión irrevocable, a no
retroceder ni ante la muerte en su defensa de la fe nicena,
baluarte contra la herejía amana
En sus cinco panfletos, Lucífero se atiene a un mismo
clisé sencillísimo, a saber, el recurso constante y sistemá-
tico a la Sagrada Escritura como único elemento de prueba
y sostén de las tesis defendidas en cada uno de ellos En el
De non conveniendo cum haereticts empieza citando las medi-
das decretadas por Moisés en diversas ocasiones contra los
israelitas, reos de no evitar a los pueblos vecinos, recorre
luego por orden los libros de Josué, Reyes y Salmos, reco-
78
Hilario ili Pailnn y la crisis amana
giendo de ellos lo que hace a su tesis, y termina con pasa-
jes del Nuevo 'I estamento En el De regibus apostadas, si-
guiendo el mismo criterio, recuerda, entre otros, el caso
de Saúl, Salomón y Roboam para probar que no siempre
Dios castiga sin demora a los reyes pecadores Estos dos
tratados son de menor volumen que los otros tres, en los
que el método no cambia, pero es aplicado con más dili-
gencia y con mayor abundamiento de pruebas En el Pro
sancto Athanasio y en el De non parcendo tn Deum delmquen-
ttbus, Lucífero recoge sus pruebas primero del Antiguo y
luego del Nuevo Testamento, mientras que en el Monen-
dum esse pro Det Fi/io, de tono menos virulento, la docu-
mentación es exclusivamente neotestamentana
El recurso a la Sagrada Escritura en apoyo de sus tesis
no es, para Lucífero, un mero expediente polémico, en sus
páginas, vehementes y encendidas, se advierte, por el con-
trario, la convicción de estar reviviendo en su época la si-
tuación descrita en los libros bíblicos, Lucífero se siente
inspirado en sus amenazas e invectivas, no menos que
Moisés y Elias, al ver que en Constancio recobran vida
Roboam, Acab y tantos otros reyes depravados del Anti-
guo Testamento De un carácter tan vehemente como el
suyo cabía esperar cualquier sacrificio en defensa de la fe
nicena, no, en cambio, un examen ponderado y atento de
los complejos ingredientes de la controversia amana
Cuando fue enviado al exilio, y a diferencia de Hilario,
Lucífero no pensó en aprovechar el contacto con los cen-
tros principales del debate para comprender mejor sus
términos, sino que exarcebó aún más su actitud, contando,
sin más, por arríanos radicales a cualquier adversario de la
ortodoxia de signo niceno Aún más, no ahorró críticas, y
violentas, a la actitud conciliadora y clarividente de Hila-
rio, que con su De synodts trataba de aminorar los contras-
tes entre los antiarnanos de Oriente (no nicenos) y los an-
tiarnanos de Occidente (nicenos) con el propósito de or-
ganizar un frente común contra los amaños (cf supra, Hi-
lario). Hemos hablado más arriba de la actuación de Lucí-
fero en Antioquía Hay que reconocer que, en conjunto,
su actuación hizo más mal que bien a la causa de la orto-
doxia nicena
Lucífero, que no se preocupó de apurar mejor los ex-
tremos políticos del debate, tampoco se cuidó del aspecto
doctrinal En sus escritos recurren expresiones que mues-
tran su total adhesión al credo niceno y su fe en la divini-
Lucifero y los luaferianos
79
dad de la Trinidad, mas se trata de expresiones esterotipa-
das, repetidas una y otra vez, pero nunca objeto de refle-
xión personal La obra de Lucífero puede interesar al lin-
güista, por el gran número de vulgarismos que en ella ha
esparcido, o al biblista en busca de citas bíblicas latinas
prejeronimianas, que son abundantes, mas el estudioso de
historia de la teología no hallará nada de verdadero interés
Según atestigua el Libellus precum (cf infra, Faustino),
en Roma se llamaban lucifenanos hacia el 380 algunos ce-
losos partidarios de la ortodoxia nicena que habían des-
aprobado las blandas medidas adoptadas por el concilio de
Alejandría del 362, y confirmadas luego por vanos conci-
lios, con los obispos que habían firmado la fórmula filo-
arriana de Rímini (359) y ahora querían volver a la confe-
sión de la fe nicena Los luciferianos se negaron por ello a
entrar en comunión con el obispo de Roma, Dámaso, que
los hostigó sin reparo Comunidades análogas se formaron
en varias ciudades de España, Italia y Alemania, y también
en Oriente, que trataron de organizarse en un frente co-
mún Estos son los hechos que los historiadores modernos
reúnen bajo la denominación común de cisma lucifenano,
mas por el momento, en base a lo que hoy de ello se sabe,
no es posible decidir si Lucífero de Caglian fue verdade-
ramente el iniciador de ese movimiento o figuro solo
como el tipo ideal en el que los cismáticos se inspiraban en
obsequio a su notoria intransigencia
El cisma luciferiano nos ocupa aquí sólo por haber sido
ocasión de una cierta actividad literaria por parte de algu-
nos de sus representantes, entre los que destacan Gregorio
de Elvira y Faustino, de los que trataremos aparte en las
paginas que siguen Será suficiente recordar que algunos
circuios lucifenanos, probablemente de España, pusieron
en circulación algunos escritos bajo falso nombre Ya ha-
blamos de la carta de Eusebio de Vercelli a Gregorio de
Elvira al tratar del primero, añádanse dos cartas de Atana-
sio a Lucífero, conocidas solo en versión latina, en tas que
Atanasio tributa grandes alabanzas a la actitud antiarnana
del obispo de Caghari Con toda probabilidad, los libros
X-XI de la colección pseudoatanasiana De Trinttate son
también obra de lucifenanos, y acaso al mismo círculo
quepa atribuir el bloque homogéneo formado por los li-
bros I-VIII de la misma colección (cf supra, Eusebio de Ver-
tellt)
Ediciones Cf CPL 112-118, PL 13,767 1049 (cf PLS I 351-
80
Hilario de Poitiers y la crisis amana
352), W Hartei CSKL 14 (1886), G F. DiERCKS CCL 8
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Y M DuVAL, S. Jérome devant le bapteme des héréttques D'autres
sources de l'«Altercatio luciferiani et orthodoxi»: REAug 14(1968)
145-180, G CASTEIXI, Studio sulla lingua e lo stile di Lucífero da
Cagharr AAST 105(1971)123-247, I OPELT, Formen der Polemik
bei Lucifer von Calarts: VC 26(1972)200-226, A FlGUS, L'enigma
dt Lucífero di Caghan A ricordo del XVI centenario della morte
(Cagliari 1973), G. F DiERCKS, Les formes verbales pénpbrastiques
dans les oeuvres de L de C , en Corona grattarum... E Dekkers I
(Bruges 1975) p. 139-150 W TlETZE, Lucifer von Calaris und dte
Kirchenpohtik des Constantius II, Diss. (Hamburg 1976), K M.
GlRARDET, Kaiser Konstantius II ais «episcopus episcoporum» und
das Herrscherbild des kirchhchen Wtderstandes: Historia 26(1977)
95-128.
MARIO VICTORINO
Lo que de Mario Victorino cuentan Jerónimo (sobre
todo en De vir. til. 101) y Agustín (Conf. VII 2,3-4), se
refiere a la última parte de su vida. Dado que su conver-
sión al cristianismo tn extrema senectute se suele colocar en
torno al 355, se calcula que nació entre el 280 y el 285.
Africano de nacimiento, Victorino fue maestro de retórica,
y se estableció en Roma hacia el 350, alcanzando fama tan
celebrada, que le valió una estatua en el Foro (JERÓNIMO,
Chron. [s.a.] 354). Mas de forma inesperada, el rétor, ya de
edad avanzada, tras haber practicado y defendido la reli-
gión pagana y haber sido iniciado en los cultos mistéricos,
se convirtió al cristianismo. No tenemos noticias acerca de
los motivos que lo impulsaron a dar este paso. Agustín
relata sólo lo que sabía de Simpliciano, que había sido
amigo de Mario Victorino, y contaba que, siendo aún pa-
gano, leía las Sagradas Escrituras, aunque no se sabe con
qué intención, si para combatirlas o por interés personal.
Mario Victorino estaba familiarizado con la filosofía neo-
platónica, y quizá esta orientación cultural favoreció su
acercamiento a las escrituras cristianas. En todo caso,
consta que la conversión de un personaje de su categoría
causó profunda impresión.
Apenas convertido, Mario Victorino abrazó la causa
antiarriana, contribuyendo con una serie de escritos que
no parece hayan ejercido particular influjo en el curso de
la controversia. El año 362, Juliano promulgó el conocido
decreto, que, aunque de forma indirecta, prohibía a los
maestros cristianos el ejercicio de su profesión. Mario Vic-
torino, indignado, abandonó la cátedra, y desde este mo-
mento no se sabe nada más de él. Por Agustín sabemos
que en el 386 hacía ya algún tiempo que había fallecido.
La abundante producción literaria de Mario Victorino
se divide claramente en dos categorías; la primera com-
prende una serie de tratados de argumento gramatical y
filosófico, como comentarios a obras de Cicerón y Aristó-
teles y traducciones de obras de Aristóteles, Porfirio y
acaso de Plotino. Es su obra anterior a la conversión al
cristianismo, y por ello baste aquí haberla mencionado.
La segunda categoría comprende las obras compuestas
por el rétor ya cristiano, y en todo correspondientes a su
nueva condición. Las dividimos, a su vez, en dos secciones:
una de carácter doctrinal; la otra, del género exegético.
82
Hilario de Poitiers y la crisis amana
Ediciones: Cf. CPL 94-100; PL 8,993-1310; A. LOCHER, Teub-
ner 245-246 (Leipzig 1972-1976).
Estudios: E. BENZ, Manus Victorinus und die Entwicklung der
abendlandischen Willensmetaphysik (Stungart 1932); D. RoSATO,
La dottrina trinitaria di Mario Vittorino africano (Napoli 1942);
M. SlMONETTl, La processione del/o Spirito Santo nei Padri latint:
Maia 7(1955)308-324, P. HADOT, Un vocabulatre ratsonné de
Manus Victorinus Afer: SP I [TU 63] (Berlín 1957) p. 195-208,
J. VERGARA, La teología del Espíritu Santo en Mano Victorino (Mé-
xico 1959) (= Ecclesiastica Xaveriana 6[ 1956]35-125), W M.
HAGAN, Tbe Incarnatton according to Marius Vtctonnus (Woods-
tock 1960), A. VACCARI, Le citaziom del Vecchio Testamento presso
Mario Vittorino: Bibl 42(1961)459-464, A. DEMPF, Der Platonts-
mus des Eusebius, Victonnui und Pseudo-Dtonysius (Munchen
1962) , J CHATIIXON, Théologte et philosophie dans l'oeuvre de Marius
Victorinus, en Saint Thomas d'Aquin aujourd'hut (Bruges-Pans
1963) p.241-248; M. T. Clark, Tbe Earliest Philosophy of tbe
Living God Marius Vtctonnus: Proc of the Amer. Cath. Philoso-
phical Soc. 41(1967)87-94; P. HADOT, Porphyre et Vtctonnus
(París 1968), Ch. KANNENGIESSER y G. Madec, A propos de la
these de P. Hadot sur Porphyre et Vtctonnus: REAug 16(1970)159-
178; P. HADOT, Manus Vtctonnus. Recherches sur sa vte et ses
oeuvres (París 1971) (bibl.), J. A JUNGMANN, Manus Viktonnus
in der karoltngtschen Gebetsliteratur und tm rómiscben Dreifaltig-
keitsoffizium, en Kyriakon. Festscbrtft J. Quasten (Munster 1970)
II p.691-697; M. T. CLARK, The Neoplatonism of Marius Vtcton-
nus: SP XI [TU 108] (Berlín 1972) p. 13-19; A. Ziegenaus, Die
trinitarische Auspragung der gbltlichen Seinsfülle nacb Marius Vik-
tonnus (Munchen 1972), M. SlMONETTl, All'origine della formula
teológica una essenza-tre ipostasi: Aug 14(1974)173-175, M T.
Clark, The Psychology of Marius Vtctonnus: AugS 5(1974)149-
166, P. CoURCELLE, Grégotre le Grand devant les conversions de
Manus Vtctonnus, Augustin et Paulin de Nole. Latomus 36(1977)
942-950.
1. Obras teológicas
El primer grupo comprende obras de argumento anti-
arriano, cuya secuencia cronológica y lógica no es siempre
fácil de establecer, a causa también de un cierto desorden
en la tradición manuscrita. Las enumeramos en su orden
cronológico más probable, reconstruido, en parte, a base
de las citas que de sí hace su autor en los diversos escritos
y siguiendo los recientes estudios de P. Hadot;
Mario Victorino
83
1) Candidi Arriani ad Marium Vtctorinum rhetorem de
generatione divina;
2) Marii Victorini rhetoris ad Candidum Arrianum;
3) Candidi Arriani epístola ad Marium Victorinum rhe-
torem;
4) Adversas Amum liber primus (pars prima: c.1-47).
Líber primus de Trinitate;
5) Adversus Arrium liber primus (pars altera: c. 48-64).
Quod trinitas homoousios sit;
6) Adversus Arrium liber secundus. Et graece et latine de
homoousio contra haereticos;
7) Adversus Arrium liber tertius. De homoousio;
8) Adversus Arrium liber quartus. De homoousio;
9) De homoousio recipiendo;
10) Hymnus primus;
11) Hymnus secundus;
12) Hymnus tertius.
Para comprender la razón de ser de esta avalancha
de escritos téngase en cuenta que los n.1-4 son el dossier de
una suerte de correspondencia cruzada entre un arriano
de nombre Cándido y Mario Victorino. En el n.l, el arriano
expone la herejía que profesa en una versión de marcada
orientación filosófica. En el n.2, Mario Victorino le res-
ponde poniéndose en el mismo plano filosófico. En el n.3,
a fin de acallar la profesión católica de Victorino, que pro-
clama a Cristo engendrado, no creado por Dios, Cándido
cede la palabra a los corifeos del arrianismo, y transcribe,
en traducción latina, dos documentos fundamentales del
arrianismo de primera hora: la carta de Arrio a Eusebio de
Nicomedia y la carta de Eusebio de Nicomedia a Paulino
de Tiro, textos que presentan el arrianismo en su versión
más radical. La respuesta de Mario Victorino (n.4) tiene en
cuenta esta presentación de la doctrina arriana, pero no
ignora la nueva situación político-religiosa en gestación en
torno al 358. Es el momento del efímero triunfo de Basilio
de Ancira, corifeo homeousiano, que en el concilio de
Sirmio del 358 logró hacer triunfar la doctrina homeou-
siana. Mario Victorino tuvo probablemente noticia de esta
doctrina gracias a la confutación detallada que Liberio,
obispo de Roma, vuelto a su sede procedente de Rímini,
compiló, reprobando el planteamiento filosófico, que in-
84
Hilario de Poitiers y la trias amana
troducía en la divinidad una categoría accidental como la
semejanza.
La neta fractura que en el orden formal divide las dos
partes del libro I Adversus Arrium señala el comienzo de
una nueva etapa de la actividad antiarriana de Mario Victo-
rino, totalmente desligado en adelante de su relación con
Cándido. A este propósito conviene notar que siempre
adquiere nuevos adeptos entre los estudiosos la opinión
que hace de este arriano fantasma, amigo de Victorino, del
que nada más sabemos, y que habla, por estilo e ideas,
como Victorino lo haría, no más que una ficción literaria
del rétor, el cual, avezado al ejercicio escolar de entablar
discusiones in utramque partem, se procuró un interlocutor
arriano fingido para presentar, tanto el arrianismo como la
doctrina trinitaria católica, con un mismo entramado filo-
sófico-platónico, y sobre esta base poner en evidencia la
superioridad de la segunda sobre el primero. Mas las sor-
presas que en el plano político y doctrinal se sucedieron
sin tregua en los agitados años 357 al 359, con el predo-
minio primero arriano, luego homeousiano y, en fin, ho-
rneo (arríanos moderados), aconsejaron a Victorino aban-
donar la ficción literaria para atenerse con mayor rigor a la
inestable realidad del momento.
En este plan, la segunda parte del libro I Adversus
Arrium (n.5) responde a las cuestiones suscitadas por los
homeousianos, defendiendo el homoousios contra ellos y
demostrando que las fórmulas deum de deo, lumen de lumine,
contenidas en la fórmula sirmiense filoarriana del 357 su-
ponían, en rigor de términos, el homoousios. Los sucesos del
359, fórmula de compromiso redactada en Sirmio el 22 de
mayo del 359, y fórmula de Rímini, de finales del mismo
año, condicionan la composición del libro II Adversus
Arrium (n.6), que defiende el homoousios niceno, pero
adopta una postura más equilibrada frente a Basilio de An-
cira, relegado ese mismo año a un segundo plano tras los
sucesos que habían provocado la emergencia de la facción
hornea. Los libros III y IV Adversus Arrium (n.7-8) vuelven
sobre el homoousios con variaciones que hacen progresar el
tema, mas ya sin una relación concreta con la situación,
que de hecho se había estancado después del 359- El breve
tratado conocido con el título De homoousio recipiendo
ofrece, en síntesis, temas ya tratados en el libro II Adversus
Arrium. La relación de estas obras de Mario Victorino
(n. 1-9) con los sucesos de los años 358 y 359 permite es-
Mario Victorino
85
tablecer una cronología aproximada en este orden: n.1-4,
de los años 358-359; n.5, del 360; n.6-9, de los años
361-363.
Los tres himnos, colocados en la tradición manuscrita
después de los tratados en prosa, pero quizá compuestos
hacia el 358 ó 359, son de carácter doctrinal y proponen,
en síntesis, los grandes temas elaborados en los tratados.
Su estructura rítmica es bastante fluctuante; en algunos
versos, sobre todo al final de ellos, cabe descubrir pies cré-
ticos y yámbicos, pero no es posible establecer una catalo-
gación global de las poesías según las normas de la métrica
tradicional. El primer himno (Adesto) consta de 78 versos,
que no se dejan agrupar en estrofas homogéneas; trata del
misterio de la relación entre el Padre y el Hijo, presentada
en forma densa y concisa. El segundo himno, de 62 versos,
se distribuye en estrofas de tres versos, separadas por el
estribillo Miserere Domine, miserere Christe, que es también
el verso inicial. Menos doctrinal que el precedente, más
personal, el himno expresa el ansia de su autor por libe-
rarse del mundo y unirse a Cristo. El tercer himno, Deus,
Dominus, el más extenso de los tres (285 versos), se divide
en estrofas, separadas por el estribillo 0 beata Trinitas;
pero las estrofas, que al principio comprenden cada una
tres versos de una sola palabra, que se refiere, respectiva-
mente, al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, se amplían
gradualmente y pierden a veces la perfecta simetría; no
pierden, en todo caso, la función que el autor desde el
principio les asigna, a saber, la presentación del misterio
trinitario con fórmulas concisas, lapidarias, que enuncian
las propiedades de las tres personas divinas y sus mutuas
relaciones. No hay que decir que el himno, aun con tenor
tan conciso, no abandona la orientación doctrinal de los
tratados con su marcado acento neoplatónico; léase, v.gr.,
la definición lapidaria de las tres personas en los v. 7 1-7 3:
Status, Progressio, Regressus. No obstante esta facies de ras-
gos doctrinales y filosóficos tan marcados, el himno ofrece
cadencias solemnes, hieráticas, y a veces un ritmo tan bien
escandido, que logra no sólo hacerse entender por la inte-
ligencia, sino también hablar a la sensibilidad del lector.
Ediciones: PL 8,999-1146; P. HENRY y P. HADOT; SCh 68.69
(1960) (con trad. frac); Id.: CSEL 83 (1971); A. LocHER, Teub-
ner 246 (Leipzig 1976).
Traducción: Alemana: P. HADOT-U. BRENKE, Christlicher Pía-
86
Hilario de Poitiers y la irists arriaría
tonismus. Die theologischen Schriften des M. V. (Zurich 1967).
Estudios: P. Frassinetti, Le «Confessioni» agostiniane e un
inno di Mario Vittorino: GIF 2(1949)50-59; P. Hadot, De kctis
non lecía componen (M. Víctor., «Adv. Ar.» 11 7): SP I [TU 63]
(Berlín 1957) p.209-220; Id., Les hymnes de Victorinus et les hym-
nes «Adesto» et «Miserere» d'Akuin: AHD 35(1960)7-16; M. Si-
MONETTI, Nota sull'ariano Candido: Orpheus 10(1963)151-157
[= Oikoumene (Catania 1964) p.39-45]; P. Nautin, Candidus
l'arien, en Mélanges H. de Lubai (París 1964)1 p. 309-320.
2. Obras exegéticas
A partir del 362, Mario Victorino orienta su interés
hacia la exégesis compilando una serie de comentarios de
las cartas de San Pablo; de ellos nos han llegado tres, y no
completos: a Efesios, Gálatas y Filipenses; mas por alusio-
nes contenidas en éstos cabe concluir que compuso tam-
bién comentarios de Romanos y 1 y 2 a los Corintios. Ma-
rio Victorino es el primer escritor cristiano de lengua la-
tina que compuso comentarios de las cartas de San Pablo,
y en esta labor no recurrió a comentarios griegos — v.gr.:
los de Orígenes — , sino que compiló una obra personal. Y
es de advertir a este propósito, y más en general, que Ma-
rio Victorino no muestra poseer un conocimiento notable
de la literatura cristiana latina, y en especial griega ante-
rior. El lector de sus obras cristianas recibe, además, la im-
presión de que su conocimiento del Antiguo Testamento
fuese, más bien, sumario. En conclusión, Mario Victorino,
pasado al cristianismo, se instala en su nueva condición de
vida con el patrimonio cultural y técnico, gramatical y filo-
sófico que había acumulado en el paganismo, y sobre esta
formación cultural asienta su actividad literaria de asunto
cristiano.
En los comentarios de las cartas paulinas, aunque se
eche de ver varias veces su postura filosófica neoplatónica,
habla, ante todo, el gramático, el maestro, acostumbrado a
explicar a sus discípulos las obras dé Cicerón y Virgilio. El
comentario empieza con una breve introducción en que
Mario Victorino expone la razón que movió a Pablo a es-
cribir la carta en cuestión y adelanta en síntesis el conte-
nido (falta la introducción del comentario a Filipenses, que
nos ha llegado incompleto al principio). Sigue luego el
comentario sistemático, que parte de una seria lectura crí-
tica del texto, en la que Victorino recurre a más de un
Mario Victorino
87
ejemplar latino, y en ocasiones consulta también el original
griego, y se mueve a nivel estrictamente literal. Incluso
donde Pablo se sirve de la alegoría — v.gr.: Gál 4,22ss — ,
el exegeta expone la alegoría brevemente, pero nunca se
permite las amplificaciones, tan del gusto de los intérpre-
tes de la tradición alejandrina. En esta adhesión a la letra
cabe identificar el aspecto más característico de los comen-
tarios paulinos de Mario Victorino y su diferencia más acu-
sada respecto de la tradición exegética griega, dominada
hasta el momento por la escuela de Alejandría, y por ello
encauzada en un tipo de interpretación muy devota de la
alegoría. Mas este aislamiento respecto de la tradición
debe ser interpretado también como abandono consciente
de un tipo de interpretación que podía parecer arbitrario y
exagerado a quien había explicado los clásicos paganos por
muchos años ateniéndose a las normas usuales, que impo-
nían una interpretación de signo preferentemente literal.
En un contexto más amplio, Mario Victorino debe ser en-
cuadrado en un movimiento de reacción contra la exégesis
alejandrina, que se hace sentir en varios sectores a fines
del siglo IV y principios del V: Ambrostáster y Pelagio, por
citar sólo nombres latinos, interpretan a Pablo en sentido
literal.
La experiencia escolar de Mario Victorino se echa de
ver también en la manera de exponer, sencilla y llana si se
compara con la forma retorcida y oscura de sus tratados
doctrinales, en los que prevalece la aportación filosófica;
para facilitar la comprensión del sentido global del texto
que se examina, el autor se preocupa de exponer de ante-
mano el sentido de conjunto, que es luego perfilado y pro-
fundizado con la explicación de los detalles. Cuando el
texto paulino le ofrece ocasión propicia, Mario Victorino
no desdeña las ampliaciones doctrinales, que se mantienen
en perfecta línea con la original orientación teológica de
los tratados; se lea, v.gr., el comentario a Flp 2,6ss (PL
8,1207ss).
De esta manera, y guiado por el sumario adelantado en
las introducciones, Mario Victorino sigue con acierto el
desarrollo del pensamiento de Pablo en sus cartas. El co-
mentario de Gálatas se centra en la polémica de Pablo con-
tra las observancias judaicas de carácter legal, acentuando a
veces el tono, hasta el punto de dar en afirmaciones insos-
tenibles para la tradición cristiana. De hecho, Mario Victo-
rino, que aun pagano no debió de nutrir profundas simpa-
88
Hilario de Poitiers y la crisis arriaría
tías por la religión judía, no estimó necesario modificar
substancialmente su actitud por el hecho de abrazar el cris-
tianismo. Hemos ya mencionado su escasa familiaridad con
el Antiguo Testamento, es decir, con el libro que consti-
tuía la base judía de la religión cristiana. Cabe así explicar
cómo Victorino haya podido llegar a sostener que el Dios
Padre de Cristo longe separatus est a deo ludaeorum (PL
8,1247D), afirmación de sabor gnóstico, inaceptable para
cualquier cristiano ortodoxo. Por otra parte, se ha querido
descubrir en las introducciones de los comentarios de Vic-
torino huellas de los prólogos marcionitas a las cartas de
Pablo.
Fiel, como siempre, al texto paulino, Mario Victorino
destaca notablemente el tema de la justificación por la fe,
considerada como don de la gracia divina. La depreciación
de las buenas obras, cuyo recuerdo podría crear la ilusión
de méritos inexistentes, obedece a una interpretación pla-
tonizante de la oposición paulina entre fe y obras, enten-
dida como oposición entre actividad intelectual, contem-
plativa, y actividad práctica. Para la salvación, Mario Victo-
rino insiste en la necesidad de conocer el misterio, de que
habla Pablo, sobre todo, en Efesios; mas ese misterio, que
para Pablo es el designio salvífíco de Dios sobre el mundo,
que culmina en la obra redentora de Cristo, para Mario
Victorino, que no se ha desprendido aún del contexto de
la controversia arriana, es, ante todo, el misterio de la ge-
neración del Hijo, por parte del Padre, y de la creación del
mundo, por obra de Cristo (PL 8,1265ss).
Ediciones: PL 8,1145-1294; A. LoCHER, Teubner 245 (Leip-
zig 1972).
Estudios: A. SOUTER, The Earliest Latin Commentaries on tbe
Epistles o/St. Paul (Oxford 1927) p.8-38; A. LoCHER, Formen der
Textbehandlung im Kommentar des M. V. zum Galaterbrief, en Sil-
vete... E. Zinn (Tübingen 1970) p. 137-143; K. T. Scháfer, M. V.
und die antimarchionitischen Prologe zu den Paulus Briefen: RB 80
(1970)7-16; W. K. WlSCHMEYER, Bemerkungen zu den Paulusbrief-
kommentaren des C. M. V.: ZNW 63(1972)108-120; sobre la ed.
de A. Locher cf. P. HADOT: Latomus 35(1976)133-142 y F. Gori:
RFIC 104(1976)149-162.
3. Doctrina teológica
Si en los comentarios de las cartas de Pablo reconoce-
mos, ante todo, al Mario Victorino gramático, en los trata-
Mario Victorino
89
dos teológicos sobresale el filósofo platónico. Nadie ignora
que a partir del siglo II, y, sobre todo, con Orígenes y su
escuela, el influjo de la filosofía platónica en la elaboración
de la doctrina trinitaria cristiana fue en constante aumento,
configurándose orgánicamente en conformidad con una lí-
nea rectora bastante continua. Mario Victorino, en cambio,
se introduce en esta línea de forma muy personal. Su afi-
liación platónica la debe directamente a los textos de Por-
firio y a la literatura platonizante de los Oracula chaldaica y
similares, no al platonismo de la tradición alejandrina cris-
tiana. De ahí viene a la luz una síntesis doctrinal muy fiel a
estas fuentes paganas y totalmente original en el ambiente
cristiano; por otra parte, la necesidad de introducir estos
motivos platónicos en la trama de los artículos del credo
niceno exigió operar en aquéllos una acomodación y rein-
terpretación radical, que constituyen la profunda, originali-
dad de este pensador, destinado a permanecer en total ais-
lamiento en la tradición cristiana, mas no por ello menos
digno de consideración.
El punto de partida de la reflexión trinitaria de Mario
Victorino se lo proporciona la tradición platónica pagana y
cristiana: el concepto de la absoluta transcendencia de
Dios. Dios es el uno anterior a cualquier especificación o
categoría, no excluida la categoría del ser (= substancia);
es uno, pero no entidad numérica (Adv. Arr. I 49; III 1;
IV 19). Considerada desde este punto de vista, la relación
Padre-Hijo aparece como la autodelimitación del Padre in-
finito: el Hijo es el Padre que se circunscribe, es la autode-
limitación del Padre; éste es capacidad de pensar que se
exterioriza y se delimita como pensamiento (Adv. Arr. V I
31; IV 37). Por su parte, el Padre no es una entidad abs-
tracta, pues de él proceden todas las cosas; es no-ser, no
por privación, sino por transcendencia (Adv. Arr. IV 23);
transciende el ser, mas no por eso carece de ser: es sub-
stantia ante substantiam (Adv. Arr. II 1). Examinada desde
este nuevo punto de vista, la relación Padre-Hijo se define
como determinación y especificación de la substancia di-
vina: Padre-Hijo = ser en potencia-ser en acto; el Padre es
esse, el Hijo es sic esse (Adv. Arr. I 29)-
Mario Victorino adopta el esquema tradicional, que
hace del Hijo la palabra activa y creadora del Padre, y pre-
senta la relación Padre-Hijo como esse-moveri, agere, operari;
o substantia-operatio, actio, motus (Adv. Arr. I 4.42; II 3); el
Hijo es el ser en acción del Padre, que es ser replegado en
90
Hilario de Poitiers y la trisis arriaría
sí mismo (Adv. Arr. I 19; III 7). Y en tal relación, como
platónico, Mario Victorino advierte un residuo de subor-
dinacianismo: no sólo porque el Padre es causa del Hijo,
sino porque la condición de reposo es sine molestia; mien-
tras que en el movimiento existe molestia, en el agere existe
passio (Adv. Arr. I 3.13; IV 31.32). Por otra parte, la pre-
sentación del Hijo como acto creador de Dios orientado
hacia abajo, hacia el exterior, permite a Victorino unificar
admirablemente creación y redención como los dos mo-
mentos en que Cristo comunica la vida al mundo, primero
creándolo, luego redimiéndolo.
La acción por la que el Padre pasa del reposo al movi-
miento es la generación: el Hijo es verdadero Hijo, real,
distinto de los hijos de adopción, y en su realidad inteligi-
ble, de los hijos de naturaleza animada (Adv. Arr. I 14.15).
Como voluntas Patris, el Hijo es alter respecto al Padre
(Adv. Arr. 131). Mas, siendo la generación el acto por el
que Dios pasa del reposo (Padre) al movimiento (Hijo),
ésa es, en realidad, autogeneración, es voluntad que se en-
gendra de sí misma, pero sin escisión, de suerte que el
Hijo, aunque prodiens del Padre, permanece siempre en el
Padre (Adv. Arr. III 17; I 31.2.5.26). El paso del reposo al
movimiento debe ser entendido como sucesión puramente
lógica, no cronológica (Adv. Arr. I 31), pues el ser está
dotado de un movimiento interior (Adv. Arr. IV 8).
De esta manera, Mario Victorino puede predicar,
igualmente del Padre y del Hijo, cualquier definición o
propiedad, siempre con la única fundamental salvedad, a
saber, que todo lo que se diga del Padre, se entienda re-
plegado hacia el interior de Dios, mientras que lo que se
predica del Hijo, se entienda vuelto hacia el exterior, en
función de la creación; movimiento interior, pues, y mo-
vimiento hacia fuera, vida oculta y vida manifiesta, pensa-
miento en reposo y pensamiento en acción (Adv. Arr. I
31.32.42.52). Victorino deduce de este compacto razona-
miento, contra los arríanos, la perfecta igualdad entre el
Padre y el Hijo (Adv. Arr. IV 29), reafirmada por el cons-
tante uso de homoousion: una substancia, una potencia, una
divinidad (Adv. Arr. I 15.32). Ambos poseen en común
toda atribución o propiedad en relación de compenetra-
ción y reciprocidad: Uterque in utroque (Adv. Arr. I 15.32).
Dentro de esta completa identidad, la distinción, la alteri-
dad del Padre y del Hijo, se obtiene en base al concepto
de predominio, corriente en el platonismo contemporá-
Marto Vtclonno
91
neo, en virtud del cual las diversas individualidades del
mundo inteligible, que existen unas en otras, se diferen-
cian entre sí por el predominio de un aspecto, por la mo-
dalidad propia, según la cual una es las otras (Hadot). De
ahí que, siendo ambos Padre e Hijo, esse y motus, potentia y
actio, substantia y vita, el Padre es más (magis) esse, potentia,
substantia, y el Hijo más motus actio, vita (Adv. Arr. I
20.33; II 3; III 11). De ahí cabe concluir, en defensa del
homoousion, acusado de sabelianismo, que el Padre y el
Hijo son idem, no ipse, pues la identidad no excluye la alte-
ridad (Adv. Arr. I 54; IV 30).
Mario Victorino, solo entre los teólogos de su tiempo
y antes de que surgiese la controversia sobre el Espíritu
Santo, introduce perfectamente la tercera persona en la ar-
ticulación del ser y de la vida divinas según una concepción
rigurosamente trinitaria de Dios. Y ello lo debe a la articu-
lación que ha conferido al concepto de motus estimulado,
una vez más, por el influjo de ideas platónicas. Dada la
tensión Padre-Hijo = esse-motus, el motus, a su vez, se ar-
ticula en dos dimensiones: Cristo = vivere, vita; Espíritu
Santo = intellegere, sapientia (Adv. Arr. I 12.32; III 8-9).
Desenvolviéndose, como la línea del punto, en la obra de
creación e iluminación del universo, el motus (= el Hijo)
es primero vida, cuando crea y da vida al mundo; luego es
inteligencia, sabiduría, cuando lo ilumina y lo hace volver a
Dios (Adv. Arr. I 26; IV 7). La acción de la vida (= Cristo)
se ha manifestado en la encarnación; en cambio, la sabidu-
ría (= Espíritu Santo) actúa en la intimidad de los corazo-
nes; por ello, Mario Victorino habla de Christus in aperto,
manifestus, y del spiritus occultus (Adv. Arr. I 13; III 14). El
Hijo (= motus) se despliega como Espíritu Santo sólo
después que Cristo ha concluido su obra con la ascensión;
por tanto, mientras Cristo procede del Padre, el Espíritu
Santo procede de Cristo por una relación análoga (Adv.
Arr. I 13) (ingenitus, unigenitus, genito genitus: Hymn. I
75); es decir, en el movimiento que engendra al Hijo es
engendrado también, implícitamente, el Espíritu Santo,
que es uno de sus dos componentes. Y, en virtud de la
relación de reciprocidad y compenetración, vige entre
ellos la misma tensión de identidad y alteridad que hemos
ya notado entre el Padre y el Hijo: alter alter = idem (Adv.
Arr. IV 17.18.33),.
El desdoblamiento del motus en vita e intellegentia es,
para Mario Victorino, como un alejarse del Padre para
92
ItiL/rio Je Pottieri y la irisa amana
crear el mundo y volver luego al Padre con el mundo, es
decir, como un proceso de descenso y ascensión (descensio
vita, ascensio sapientia: Adv. Arr. I 51; status progressio re-
gressio: Hymn. 3,71-73), en el que el Espíritu Santo cumple
la función de volver a reunir al Hijo con el Padre: patris et
filii copula (Hymn. 1,4). Es interesante observar que, apli-
cando una categoría de tipo pitagórico muy activa en
el gnosticismo, Mario Victorino concibe el movimiento de
descenso (vita) como el acto fecundo por el que Dios se
difunde fuera de sí, y el movimiento de ascensión, como el
repliegue de Dios en sí mismo; es decir, como vertiente
femenina y masculina de un Logos de traza andrógina
(Adv. Arr. 151).
La Trinidad de Mario Victorino se caracteriza, pues,
por su disposición en dos diadas; la primera está integrada
por el Padre y el Hijo; el Hijo, a su vez, se desdobla en la
diada Cristo-Espíritu Santo. La unidad, puesta en marcado
relieve a ambos niveles, compendia in unum toda la Trini-
dad (Adv. Arr. III 4.8; IV 21). Para tutelar la distinción al
interior de la Trinidad, Victorino descarta, por escrúpulo
antisabeliano, el término persona, por escasa capacidad de
individualizar (Adv. Arr. I 11.41), y prefiere el más gené-
rico potentia: Dios es tripotens (Adv. Arr. I 50.52; III 17;
IV 21).
De la polivalencia del nombre de Hijo = Cristo
y = Cristo + Espíritu Santo, se sigue que Mario Victorino
trata del problema de la unidad de Dios tanto con referen-
cia al Padre y al Hijo como en términos más propiamente
trinitarios; de esta forma, Victorino viene a ser el primer
teólogo que haya proclamado al Espíritu Santo homoousios
del Padre y del Hijo; y el término es entendido, aplicado a
la Trinidad toda o a la relación Padre-Hijo, en el sentido
de verdadera y estricta identidad, de suerte que los tres
nombres son sinónimos (Adv. Arr. I 54). Dentro de esta
identidad, cada uno de los tres posee potentiam suam
(= personalidad, individualidad), y por ello es otro res-
pecto de los otros, en virtud del acto específico inherente
a la potentia (concepto de predominio). Los tres son vox;
pero el Padre es vox in silentio, el Hijo es vox, el Espíritu
Santo es vox vocis (Adv. Arr. I 13.59)-
Hemos expuesto hasta aquí las líneas principales de la
doctrina trinitaria de Mario Victorino, presentándolas en
su dinámica interna, condicionada profundamente por pa-
rámetros platónicos. Mas no se crea que, como oposición
Mano Victorino
93
de principio a los arrianos, sea un discurso abstracto; en
realidad, Victorino ha tenido en cuenta, como hemos he-
cho notar, la compleja situación de los años 357 al 359, y
en función de ella ha desarrollado su pensamiento, siem-
pre sólidamente anclado en el texto bíblico, con ,1a salve-
dad de su escasa familiaridad con el Antiguo Testamento.
Defiende el homoousion contra todos sus adversarios, com-
batiendo la interpretación sabeliana mediante la distinción
entre unidad de substancia y pluralidad de existentiae
(= personas), que procede de la diversidad de operationes
(Adv. Arr. I 18.41). Mas con homeos y homeousianos, no
obstante su actitud polémica, se muestra dispuesto a discu-
tir, pues consideran a Cristo engendrado por el Padre; se
niega, en cambio, a discutir con quienes admiten en Cristo
un comienzo temporal, y en esta categoría, con los arrianos
de estrecha observancia, incluye también a Fotino y a Mar-
celo (Adv. Arr. II 2). En Mario Victorino, la refutación de
las tesis arrianas no procede con el detalle de Atanasio e
Hilario, sino, más bien, de forma global y sin detenerse en
los argumentos particulares que deducían de la Escritura.
Análogamente, Victorino aduce a menudo la Escritura en
apoyo de su argumentación de forma bastante genérica y
no restringida a un testimonio; gran parte del libro I Adver-
sus Arrium (c.3-28) se reduce a una lectura cursiva de Juan,
sinópticos y Pablo en sentido antiarriano. Muy visible es su
preferencia por el evangelio de San Juan, que alega con
citas bastante extensas; en Victorino, con más claridad que
en ningún otro autor, se advierte la importancia del IV
Evangelio como fundamento de la teología trinitaria anti-
arriana.
En el contexto de la polémica antiarriana, Mario Victo-
rino comparece en una situación de total aislamiento, esca-
samente vinculado a la tradición precedente y sin influjo
perceptible en los años inmediatamente sucesivos. Sólo en
San Agustín encontramos una utilización inteligente, pero
periférica, de la reflexión trinitaria del rétor cristiano (no
obstante el escaso favor que le deparó la fortuna, los ma-
nuscritos de sus tratados teológicos atribuyen igualmente a
Mario Victorino tres obras, ciertamente no suyas, de difícil
colocación en el tiempo y en el espacio: el De verbis scrip-
turae: factum est vespere et mane dies unus, el Líber ad lusti-
num Manicbaeum y el De physicis). Para explicar la redu-
cida resonancia que encontró la reflexión teológica de Ma-
rio Victorino, cabe alegar la difícil comprensión de sus
94
Hilario de Po/ticrs y La iritis arriana
obras antiarrianas, escritas en una forma excesivamente
técnica, en un estilo poco perspicuo y con abundancia de
términos griegos (valde obscuros los califica Jerónimo: De
vtr. ill. 101), y, no menos, la novedad de la presentación
doctrinal en comparación con elaboraciones más firme-
mente ancladas en la tradición, como las de Hilario y Am-
brosio.
POTAMIO DE LISBOA
Obispo de Lisboa hacia el 350, Potamio, según refieren
Febadio (C. Ar. 5), Hilario (Syn. 3.11) y otros, se pasó
clamorosamente al frente arriano en torno al 357: praemio
fundí fiscalis, según puntualiza una fuente abiertamente
hostil (Lib. prec. 32; CCL 69,368). Jugó un importante pa-
pel en favor de la fórmula sirmiense del 357 y tomó parte
en el concilio de Rímini del 359 con los obispos fautores
del arrianismo moderado. Después de esta fecha, nada se-
guro se sabe de él.
No disponemos tampoco de información fehaciente
acerca de la extensión y carácter de su producción literaria;
con su nombre nos han llegado cuatro escritos; dos homi-
léticos: el De Lázaro y el De martyrio Esaiae prophetae, y
dos de índole doctrinal: la Epistula ad Athanasium y l a
Epistula de substantia. No obstante las dudas que hasta
hace poco se abrigaban acerca de la autenticidad e integri-
dad de la carta a Atanasio, hoy se puede decir que los cri-
terios internos, sobre todo de orden estilístico, abogan por
la autenticidad de los cuatro escritos. Hay aún que añadir
un fragmento de una carta de Atanasio, conservado por
Alcuino (PL 101,113), en que el obispo de Alejandría
acusa a Potamio de llamar a Cristo creatura, como sostenía
Arrio.
Este texto atanasiano y el fragmento citado por Feba-
dio, de tenor arriano, pertenecen a los años 357 al 359, en
que Potamio pasó al arrianismo. No es fácil determinar la
cronología de la Epistula ad Athanasium y de la Epistula de
substantia, que son explícitamente antiarrianas. Algunos
estudiosos proponen la cronología que obviamente parece
sugerir el repentino viraje de Potamio el año 357, y colo-
can los dos escritos en los años precedentes, teniéndolos
por testimonio de la actividad doctrinal de Potamio antes
de su alistamiento en las filas arrianas. Mas es de notar que
Potamio de Lisboa
95
la inscriptio de la carta a Atanasio hace mención explícita
del concilio de Rímini (359) y que algunos temas tratados
en ésta y en la Epistula de substantia parecen claramente
obedecer al propósito de confutar la fórmula sirmiense del
357, que, como sabemos, fue aprobada y firmada por Po-
tamio. En consideración de estos elementos, es preferible
pensar que Potamio en un primer momento se puso de
parte de los arríanos, que contaban con el apoyo patente
del emperador Constancio (357); pero que más tarde,
cuando hacia el 360 cobró fuerza en Occidente la reacción
antiarriana, Potamio decidió volver a la ortodoxia, al igual
que casi todos los obispos que de una u otra forma se ha-
bían comprometido con el arrianismo en Occidente. Los
dos escritos habrían sido compilados precisamente para
sancionar este nuevo viraje del desenvuelto obispo de
Lisboa.
El De Lázaro y el De martyrio Esaiae prophetae, a los que
es imposible asignar fecha, son dos breves escritos de ca-
rácter homilético sobre el conocido episodio evangélico y
sobre el presunto martirio del profeta Isaías. El autor no se
interesa en la interpretación propiamente dicha de los dos
textos, bien en sentido literal o alegórico; su exposición es
puramente descriptiva y no tiene otro objetivo que propo-
ner, de la forma más eficaz a la atención del lector, los dos
episodios. Nota común a ambos textos es la tendencia a
forzar al máximo el tono, superando los dictados del buen
gusto con marcada complacencia en los detalles más maca-
bros o repelentes (el hedor que emanaba del cadáver de
Lázaro, el cuerpo de Isaías descuartizado con la sierra), y
siempre deleitándose con los colores fuertes (las quejas de
las hermanas de Lázaro, el llanto de Jesús); un estilo, en
fin, barroco en demasía, «españolesco» ante litteram, y que
es de notar como destacada característica del autor.
Aunque en quehacer muy diverso, el mismo estilo,
siempre amigo del efectismo más exterior, se echa de ver
en las dos cartas de argumento doctrinal, que dijimos de
tono antiarriano para distinguirlas del fragmento conser-
vado por Febadio. La Epistula ad Athanasium, al ensalzar la
inquebrantable fidelidad de Atanasio a la fe nicena, se
pronuncia sobre algunos puntos debatidos en los años 357
al 359 acerca de la doctrina trinitaria. Los mismos temas,
pero tratados con más detalle, vuelven en la Epistula de
substantia, que constituye un intento no mediocre de arro-
jar luz sobre el concepto de substancia en relación con la
96
Hilario de Poitiers y la crisis amana
divinidad. Entendiendo por substancia (c.3) aquello por lo
que una cosa es lo que es, concibe la unidad de substancia
de la Trinidad divina de forma genérica, como el substrato
común a las tres personas, así como todo lo que se hace
con el trigo o con la lana es trigo y lana. Mas por encima
de esta genérica semejanza, y, sobre todo, cuando trata de
la unidad de operación de la Trinidad, Potamio llega a
afirmar la identidad absoluta de las personas del Padre y
del Hijo y su compenetración recíproca y total (el 8. 19).
Lo más notable de este escrito es, sin duda, la parte
conclusiva, a partir del c.22; en ella, Potamio, alegando
Gén 1,26 (el hombre hecho a imagen de Dios), se esfuerza
por descubrir la imagen del Dios uno y trino; no en el
hombre interior, como hará Agustín, sino en los rasgos ex-
teriores del rostro. Un intento semejante, pero muy dis-
creto, se lee en los tratados antiarrianos de Mario Victo-
rino, que son del mismo tiempo; Potamio, en cambio, ce-
diendo a su proverbial mal gusto, se prodiga en una serie
de variaciones, sin duda originales, con el objeto de poner
de manifiesto la tensión entre unidad y pluralidad presen-
tes en los ojos, en las orejas, en las mejillas y en los brazos
del hombre. Su exposición se centra, sobre todo, en la re-
lación Padre-Hijo, tema principal de los debates de los
años 355 al 360 (los ojos son dos, pero la capacidad visiva
es una); mas de alguna forma tiende a extenderse también
al Espíritu Santo, sugiriendo una visión global de la Trini-
dad, característica del pensamiento occidental de estos
años, a diferencia del oriental, que se centraba, más bien,
en la distinción de las personas divinas.
Ediciones: Cf. CPL 541-545; PL 8,1409-1418 (cf. 11,251-
254), PLS I 202-216, A. WlLMART, La lettre de Potamius a saint
Athanase: RB 30(1913)257-285, Id., Le «De Lázaro» de Potamius:
JThS 19(1918)289-304, A. C. Vega, Opuscula omnia Potamu
episcopi Olistponensis (El Escorial 1934).
Estudios: Bibl. U. DOMÍNGUEZ DEL Val, en Repertorio de his-
toria de las ciencias eclesiásticas en España (Salamanca 1967) I
p.5-6; E. Hennecke, Potamius: RE XV(1904)579-580, J. A.
Ferreira, A queda de Potamio... na heresia anana: Memorias
Acad. cieñe, de Lisboa, cías, dé letras, III, 1938 (1940) 117-127;
J. Madoz, Potamio de Lisboa: RET 7(1947)79-109, A. DE J. DA
COSTA, Subsidios bibliográficos para una Patrología portuguesa:
Theologica l(Braga 1954)67-85.211-240; U. Domínguez del
Val, Potamio de Lisboa. Su ortodoxia y doctrina sobre la consubstan-
Febadio de Agen
97
cialidad del Hijo: CD 172(1959)237-259, A. MONTES MoREIRA,
Potamio e as origens do Cristianismo en Lisboa: Itineranum 10
(1964)378-381, ID., O «De Lázaro» de Potamio de Lisboa- Itinera-
num 11(1965)19-53, ID., Dois textos mariológicos de Potamio de
Lisboa: Itineranum 13(1967)457-464 [= Textus mariologici
Potamii Olistponensis, en De primordns cultus Martani III (Roma
1970) p.205-211]; ID., Potamius de Lisbonne et la controverse arien-
ne (Louvain 1969); Id., Le retour de Potamius de Lisbonne a l'ortho-
doxie ntc'eenne: Didaskalia 5(1975)303-354; M. SlMONETTI, La
cnsi anana e l'intzio della nflessione teológica in Spagna, en Híspa-
nla Romana. Colloquio.. Accad. dei Lincei (Roma 1974)
p.127-147.
FEBADIO DE AGEN
Obispo de Agen, en las Galias, Febadio, junto con Ser-
vacio de Tongres, fue la figura más representativa del nu-
trido grupo de obispos galos presentes en el concilio de
Rímini (359). Este grupo se distinguió por su irreductible
oposición a los arríanos, siendo Febadio el último en capi-
tular en Rímini ante las instancias de los delegados impe-
riales y firmando la fórmula filoarriana de Rímini sólo tras
haber logrado que se pusieran por escrito algunas aclara-
ciones que, a su entender, atenuaban el acento arriano del
documento. Tras estos sucesos, Febadio desaparece de
nuestras fuentes, y sólo por Jerónimo (De vir. ¿II. 108) sa-
bemos que era muy anciano el 392. Cabe suponer que
tomó parte en la ofensiva antiarriana desencadenada por
Hilario en las Galias a partir del 361.
Jerónimo (ibid.) habla de varios escritos breves de Fe-
badio (que confiesa no haber leído) y menciona explícita-
mente sólo un Contra Arríanos, que es, asimismo, el único
escrito de Febadio que ha llegado a nuestras manos. Es un
tratado breve en el que Febadio refuta, de forma bastante
sistemática, la fórmula sirmiense filoarriana del 357, y fue
escrito, por tanto, a fines de ese año o principios del si-
guiente. Es evidente el influjo del Adversus Praxean, de
Tertuliano, citado a la letra varias veces; mas a este propó-
sito es preciso advertir que Tertuliano en su escrito com-
batía la doctrina monarquiana de Praxeas, que es lo más
opuesto al subordinacianismo radical de los arríanos; que
Febadio, impedido, por su ignorancia del griego, de ser-
virse de los escritos antiarrianos de Atanasio y otros, hubo
de recurrir, en busca de material de argumento trinitario,
98
Hilario de Poitiers y la irius amana
al libro de Tertuliano, y, en fin, que para sacarle partido se
vio obligado a cambiar radicalmente su orientación maes-
tra, haciendo virar en sentido antiarriano lo que era polé-
mica antimonarquiana Todo ello prueba en Febadio un
dominio notable de los términos de la enmarañada contro-
versia y la capacidad de comprender dichos términos, si no
de forma original, al menos de manera que respondía a las
necesidades del momento
El breve tratado de Febadio documenta el nuevo sem-
blante que la doctrina trinitaria antiarriana, en apoyo del
símbolo niceno, iba adquiriendo en Occidente en los años
355 al 360 Febadio, como Potamio, conoce y utiliza la
terminología de Tertuliano substantta, para indicar la na-
turaleza divina común, y persona, para indicar la individua-
lidad del Padre y del Hijo, a los que en ocasiones se suma
el Espíritu Santo Como era la práctica en Occidente, el
peso de la argumentación recae, ante todo, en la afirma-
ción de la unidad de la substancia divina, participada por
las tres personas, mas destaca, asimismo, la distinción de
las personas en sentido antisabehano, aunque no con tanto
vigor como Hilario, cosa en todo caso poco común en Oc-
cidente por esos años
Particular mención merece la actitud de Febadio ante la
fórmula del 357, que, aunque en el fondo filoarriana, tra-
taba de presentarse como fórmula de compromiso, digna
de común aceptación Para Febadio es sólo una fórmula
mendaz que pretende propinar, sin darlo a entender, el
genuino arrianismo radical A este fin obedece, en sentir
de Febadio, la prohibición, impuesta en la fórmula, de ser-
virse del término homoousios (consubstancial), distintivo de
la teología nicena, en consecuencia, Febadio, aun evitando
el vocablo objeto de disputa, insiste de manera especial en
el concepto de substancia (ousia) divina, el único capaz, a
su entender, de demostrar la pertenencia del Hijo a la rea-
lidad del Padre, y, por tanto, su divinidad plena, negada
por los adversarios
Ediciones y estudios Cf CPL 473, PL 20,1 1-30 (cf PLS I 785),
V C de Clercq DHG XVI (1967) 785-790, A Wilmart, La
tradition des opuscules dogmatiques de Foebadius Gregorius llltbertta-
nus, Faustinus [SAW 159,1] (Wien 1908), J Draseke, Die
Schrift des Bischofs Phobadius von Agennum «Gegen die Arianer»
eingelettet und uberstzt (Wandsbeck 1910), A DURENGUES, Le
libre de S Febade contre les Artens (Agen 1927), P P GLASER,
Phoebadius von Agen (Augsburg 1979)
GREGORIO DE ELVIRA
Cuando la controversia amana, entre el 357 y el 359,
alcanzo su máxima intensidad, Gregorio hacía poco que
ocupaba la sede episcopal de Elvira, en la provincia Bética
de España Jerónimo, en su Chrontcon (s a 387), refiere
que Gregorio nunca se doblegó a la Artanae pravttati, lo
cual significaría para algunos autores modernos que Gre-
gorio no consintió en firmar la fórmula amana del concilio
de Rímini Mas de otra fuente sabemos que todos los 400
obispos occidentales presentes en Rímini el 359 fueron
forzados por todos los medios a suscribir la fórmula, de ahí
que sea preferible pensar que Gregorio, ausente del conci-
lio, se negó luego a firmar la fórmula En todo caso, no
consta que sufriera represalia alguna por esa actitud intran-
sigente Más tarde, por los años 380 al 385, lo encontra-
mos en Occidente, en calidad de mentor de los cismáticos
llamados lucifenanos (cf supra, Lucífero y los luaferianos)
Jerónimo dice (De vir til 105) que era de edad avanzada
el año 392, mas hay razón para suponer que alcanzo a vivir
los primeros años del siglo V
A principios de siglo, de la actividad literaria de Gre-
gorio se conocía tan sólo lo poco que refiere Jerónimo
(íbid ), a saber, que había compuesto algunos tractatus (es
decir, homilías), mediocrt sermone et de ftde elegantem hbrum
Mas una sene de acertadas atribuciones, mérito en especial
de dom Morin y dom Wilmart, a las que se añaden descu-
brimientos de manuscritos en bibliotecas españolas por
obra, sobre todo, de A C Vega, han permitido recuperar
para Gregorio, con absoluta certeza, un conjunto de obras,
que lo han convertido en el autor español mas importante
y mejor conocido antes de Isidoro de Sevilla
Los Tractatus de hbris sanctarum scripturarum, publica-
dos por vez primera en 1900, fueron atribuidos a Orígenes
con el título de Tractatus Origenis por el testimonio de un
manuscrito Más tarde se advirtió que tal atribución era
imposible, y se propuso el nombre de Gregorio alegando
las afinidades de lengua y estilo con el De fide y los Tracta-
tus in Cántica canticorum, que por el mismo tiempo eran
adjudicados a Gregorio de Elvira La atribución fue con-
firmada por el descubrimiento de un testimonio medieval
publicado por A C Vega Es una colección de 20 homilías
bastante extensas y de tema bíblico, 19 ilustran, recu-
rriendo a la alegoría, pasajes y episodios del Antiguo Tes-
100
Hilario de Poitters y la irisu amana
tamento, dispuestos por orden desde el Génesis a Zaca-
rías. La última, sobre Act 2,1-2, trata de la acción del Espí-
ritu Santo. El tract.3 coincide a la letra en varios pasajes
con la traducción rufiniana de Orígenes (Hom. Gen. 7,2-3),
y la comparación entre ambos textos hace pensar que Gre-
gorio dependa de Rufino. Si se acepta esta dependencia,
dado que Rufino tradujo la obra hacia el 403, la obra de
Gregorio se coloca poco después, cuando su autor habría
superado los setenta y cinco años.
El Tractatm de arca Noe, que la tradición manuscrita
atribuye también a Orígenes, expone por algunas páginas
el episodio del arca, con interpretación alegórica de la
misma, figura de la Iglesia, y de Noé, figura de Cristo. Los
Tractatus in Cántica canticorum, en cinco breves libros, in-
terpretan el Cantar de los Cantares hasta 3,4 según el mó-
dulo alegórico tradicional, que identifica los esposos re-
gios, protagonistas del libro, con Cristo y la Iglesia. Otros
textos aún más breves, de carácter exegético e interpreta-
ción alegórica, son la Expositio de psalmo 95 y los Fragmenta
tractatus in Gen 3,22 et 15,9-11.
De tema doctrinal y no exegético es el De fide. Grego-
rio publicó una primera redacción, anónima, de esta obra
el 360 para refutar la fórmula filoarriana aprobada por el
concilio de Rímini y reafirmar la validez de la teología ni-
cena, centrada en el homoousios, como expresión de la con-
substancialidad del Hijo con el Padre y de su perfecta di-
vinidad. El escrito conoció un cierto éxito en los ambientes
católicos, pero provocó, asimismo, reacciones negativas,
pues algunos pasajes daban la impresión de sostener el
punto de vista monarquiano (sabeliano). De ahí que Gre-
gorio publicara poco después (hacia el 363 ó 364) una se-
gunda redacción de la obra, esta vez con su nombre, pues
había ya muerto el emperador filoarriano Constancio, pre-
cedida de un largo proemio, en que se defiende de las acu-
saciones y por el que conocemos esta historia; además
aprovechó la ocasión para mejorar algunos pasajes de la
primera redacción que se prestaban a ser mal entendidos.
Las dos redacciones de la obra han llegado hasta nosotros
por vías diversas; la primera, bajo el nombre de Ambrosio,
y la segunda, con el de Gregorio Nacianceno. En la época
moderna, y a partir del siglo XVII, se empezó a publicar
las dos redacciones fundidas en una, y, reconocida la in-
consistencia de la atribución a Ambrosio o a Gregorio, se
propusieron, entre otros, los nombres de Febadio y Gre-
Gregorio de Elvira
101
gorio de Elvira. El primero fue preferido hasta principios
de siglo; mas, a medida que veían la luz las otras obras de
Gregorio ya mencionadas, el nombre del obispo de Elvira
se impuso definitivamente, y su atribución se puede consi-
derar absolutamente cierta.
La reciente edición de Gregorio, publicada en CCL 69
junto con las obras mencionadas hasta ahora que figuran
como auténticas, contiene otra categoría de dubia et spuria.
De éstas consideramos obra cierta de Gregorio, por las
claras afinidades de lengua con las primeras, los extensos
fragmentos De Salomone, interpretación alegórica de Prov
30,19, conservados bajo el nombre de Ambrosio, y dos
breves Fragmenta expositionis in Ecclesiasten (3,2 y 3,6).
Permanece incierta la atribución a Gregorio del De diversis
generibus ieprarum, interpretación alegórica de las prescrip-
ciones del Levítico sobre las impurezas contraídas por le-
pra. Recientemente se ha propuesto el nombre de Grego-
rio como autor de una profesión de fe conocida en varias
redacciones y con títulos diversos: Libellus fidei, Fides ca-
tholica, Fides Romanorum. Las coincidencias entre este es-
crito y los otros de Gregorio son demasiado genéricas para
que la atribución se imponga. En todo caso, es de notar que
la concepción del Espíritu Santo profesada por la Fides
catholica refleja una evolución más avanzada que la alcan-
zada por el De fide y, por otro lado, un interés por la cor-
poreidad real y no aparente de la humanidad de Cristo que
nos orienta hacia la polémica antipriscilianista. Si es obra
de Gregorio, habría que colocarla mucho después del De
fide, es decir, no antes del 380.
Lo que conocemos de Gregorio, en consonancia con lo
que Jerónimo refiere, revela en el autor un interés preva-
lente por la labor exegética, aplicada, ante todo, al Antiguo
Testamento. Otros obispos contemporáneos (como Zenón
de Verona) dieron también su preferencia al Antiguo Tes-
tamento, y este dato — de hecho, a primera vista, sorpren-
dente — acaso se explique por la necesidad de dar a cono-
cer mejor esta parte de la Biblia, ignorada o mal conocida
por el pueblo, ya que, incluso escritores como Lactancio y
Mario Victorino, muestran conocerla muy someramente.
No hay que olvidar tampoco la urgencia de la polémica
antimaniquea, que debía defender la canonicidad del Anti-
guo Testamento, negada por los maniqueos. A este fin, la
orientación de la exégesis de Gregorio se atiene a las líneas
tradicionales fijadas al tiempo de la polémica antignóstica,
102
Hilario de Poitiers y la crisis arriaría
afín por tantos motivos a la polémica antimaniquea; tam-
bién Gregorio interpreta, pues, el Antiguo Testamento de
forma, ante todo, alegórica, con recursos a la tipología,
buscando en las figuras y episodios del Antiguo Testa-
mento anticipaciones y prefiguraciones de personajes y
hechos del Nuevo.
En la trama de esta lectura tradicional, Gregorio sabe
introducirse de forma personal, lo cual demuestra, por su
parte, estudio y reflexión constante sobre el argumento.
En el Antiguo Testamento distingue triplicem significan-
tiam (Tract. script. 5,1), id est prophetiae, historiae et figurae;
y, de ellas, la profecía consiste in praescientia futurorum; la
historia (es decir, la interpretación literal), in relatione ges-
torum, y la figura (es decir, la interpretación tipológica), in
similitudine rerum; se prescinde de los textos que poseen
sólo un valor parenético o de edificación. A veces, Grego-
rio considera suficiente la interpretación literal, como al
tratar de la visión de los huesos de Ez 37,1-4; pero por lo
general, para poner de relieve el sentido cristológico del
Antiguo Testamento, que descubre la figura de Cristo en
José, en la visión de Abrahán en Mambre, en el vas fictile
de 2 Reyes 2,20-22 y en otros mil lugares, Gregorio pre-
fiere la alegoría tipológica. Gracias a ella, y asistido por el
mismo Espíritu que inspiró a los hagiógrafos, Gregorio
saca a la luz el sentido espiritual de la Escritura, oculto
bajo el velo de la letra, que escapa, a menudo, a los simpli-
ciores (Tract. 8,1; 11,2; 16,8-9; 17,3; 19,12). Estas y otras
consideraciones de carácter metodológico (v.gr. : el defectus
litterae en Tract. 3,20) traen a la memoria los principios de
interpretación de Orígenes, que Gregorio, aunque ya an-
ciano, pudo haber conocido gracias a las traducciones de
Jerónimo y Rufino. Motivos origenianos resuenan también
en el comentario al Cantar, sin que por ello se olviden las
enormes diferencias que lo separan de la interpretación del
escritor alejandrino; v.gr.: las pieles de Salomón y las tien-
das de Cedar (Cant 1,5) son entendidas por Gregorio en
sentido peyorativo en razón del color negro, que, en cam-
bio, para Orígenes, en ese mismo texto, era indicio de va-
loración positiva. En general, cabe afirmar que Gregorio
en el Cantar prefiere la tipología tradicional, que identifica
al esposo con Cristo, y a la esposa con la Iglesia, sin huella
alguna de la variación típicamente origeniana, que identi-
fica la esposa con el alma. En la exégesis de Gregorio se
advierten influencias diversas, como la alejandrina, ya
Gregorio de Elvira
103
mencionada, y también la asiática, que se echa de ver en
algunos puntos que recuerdan a Ireneo (Tract. 9,12); mas
una y otra fueron asimiladas de forma personal.
Si se prescinde de algunas consideraciones contenidas
en las obras exegéticas, la teología de Gregorio hay que
buscarla en su De fide, compuesto para confutar la fórmula
de Rímini del 359, mas teniendo presente, asimismo, la
fórmula sirmiense del 357 y los resultados de debates sos-
tenidos con exponentes filoarrianos. Gregorio centra su in-
terés en la defensa del término homoousios, convencido, no
menos que Febadio, de que, si se elimina esta palabra, se
dará rienda suelta al arrianismo. Su defensa es de tipo tra-
dicional, basada en la utilización de Tertuliano, Novaciano,
Febadio y del Hilario antes del exilio. No olvida (c.7) el
peligro del monarquianismo sabeliano, de signo contrario
al arriano; mas su preocupación principal es, con todo, el
arrianismo; por ello, Gregorio insiste mucho más en de-
mostrar la unidad de substancia del Hijo con el Padre y su
perfecta divinidad que en distinguirlo de éste, a pesar de
utilizar, como Febadio y Lucífero, el término persona, to-
mado de Tertuliano. Esta orientación y algunas expresio-
nes de sabor arcaico contenidas en la primera redacción
provocaron las críticas de que hablamos y movieron a su
autor a revisar la obra. Respecto de la primera, la segunda
redacción se muestra más equilibrada en la tutela, a la vez,
de la unidad de naturaleza y de la distinción de las perso-
nas del Padre y del Hijo, más correcta en la terminología y
menos avara de fórmulas trinitarias, ausentes de la primera
redacción, que abrazan en la realidad divina también al Es-
píritu Santo.
Gregorio de Elvira es una buena prueba tanto de la
urgencia, sentida con la crisis arriana incluso en una zona
periférica como España, de ponerse al día en las cuestiones
doctrinales de argumento trinitario, como de las dificulta-
des que en este menester encontraban los teólogos poco
familiarizados con el griego y alejados de los centros más
activos de la cultura cristiana.
Ediciones: Cf. CPL 545-557; PL 17,549-568 (= 20,31-50;
62,449-463); PLS I 352-527 (cf. 1743-1746); A. C. Vega: Es-
paña Sagrada 55 (Madrid 1957); V. BULHART y J. FraiponT:
CCL 69(1967)1-283; M. SlMONETTi, Gregorio di Elvira. La fede
(Torino 1975) (con trad. it.).
Estudios: J. Collantes Lozano: DSp 6(1967)923-927 (bibl.);
104
Hilario de Pottiers y la crisis amana
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Kundschafter m direkter U berlieferung und in einer Bearbettung des
Casarius von Arles NKZ 13(1902)119-143, A Wilmart, Les
«Tractatus» sur le Cantique attribues a Gregotre d'Elvire BLE
7(1906)233-299, ID , La tradition des opuscules dogmattques de Foe-
badtus, Gregorius llliberitarus, Faustinus [SAW 159,1] (Wien
1908), ID, Un manuscrit du Faux Ortgene espagnol sur l'arche de
Noe RB 29(1912)274-293, H KOCH, Zu Gregors von Ehtra
Schrifttum und Quellen ZKG 51(1932)238 272, F REGINA, //
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gran figura literaria del siglo IV Gregorio de Elvira CD 156(1944)
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carta de Eusebio de Vercelh a Gregorio de Elvira y los cronicones
EE 42(1967)241-250, ID , El patrimonio literario de Gregorio de
Elvtra íbid , 387-397, C VONA, Gregorio di Elvira l «Tractatus
de libris sacrarum scripturarum» Eonti e sopravvivenza medievale
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Gregorio de Elvira Helmantica 24(1973)281-357, M SlMO
NETTI, La doppia redazione del «De fide» di Gregorio di Elvira, en
Forma futuri Studi M Pellegrino (Tormo 1975) p 1022-1040
F A U STINO
Lo poco que se sabe de Faustino hay que buscarlo en
sus escritos, como ya hubo de hacer Genadio (De vir til
16) Hacia el 380, en Roma era sacerdote de la secta cis-
mática de los lucifenanos y mantuvo alguna relación con
Flacila, mujer del emperador Teodosio, a cuyas instancias,
y por ello antes del 386, en que muere el emperador,
Faustino escribió un De Trtnitate, que nos ha llegado junto
con otros dos escritos suyos En síntesis, Faustino expone
primero la posición arnana, después añade una exposición
Faustino
105
de conjunto de la doctrina católica, y desciende luego a
cuestiones particulares para dilucidar algunos puntos noda-
les de la controversia (el Hijo no ha sido creado, sino que
es verdadero Hijo y verdadero Dios, la inmutabilidad del
Hijo, sobre todo en relación con la encarnación) y textos
bíblicos muy debatidos por ambas partes (J n 14,28, Act
2,36, Prov 8,22) La obra termina con una exposición
breve, pero completa, sobre el Espíritu Santo
La obra no destaca por su originalidad, Faustino se ha
inspirado en Gregorio de Elvira, que era entonces en Oc-
cidente el líder indiscutible de todos los luciferianos, y en
Hilario No parece muy subsidiario de Ambrosio y otros
En el ámbito de estas fuentes, Faustino se mueve con
competencia y desenvoltura a pesar del riguroso tecni-
cismo del asunto, y es nota común de gran parte de la
literatura menor tanto amana como antiarriana, y ello de-
muestra el alto nivel medio alcanzado por ambas partes
Comparado con el De ftde, de Gregorio, y el De Trimtate
de Hilario, la obra de Faustino, escrita veinte años des-
pués, demuestra un sentido teológico más despierto en las
cuestiones que la última parte de la controversia había he-
cho progresar, y en especial en la doctrina del Espíritu
Santo
Junto a ésta, que es la obra más sena de Faustino bajo
el aspecto doctrinal, hay que poner una breve profesión de
fe enviada al emperador Teodosio De ella se deduce que
los adversarios de los lucifenanos acusaban a Faustino de
profesar doctrinas sabelianas y apolinanstas En base a los
datos a nuestra disposición, no es fácil comprender los mo-
tivos de la segunda acusación, pues Faustino en el De Trt-
nitate afirma sin ambages (c 33) que el Logos al encarnarse
tomó una naturaleza humana completa de cuerpo y alma
La acusación de sabelianismo procedía de la firme oposi-
ción de los lucifenanos a la doctnan católica de los orienta-
les, que desde Basilio distinguían una ousia divina y tres
hypostasets, oposición que se explica porque a los luciferia-
nos escapaba que hypostasts era entendido en el sentido del
latino persona
En el 384, con un sacerdote luciferiano llamado Marce-
lino, y del que nada más sabemos, Faustino elevó a Teodo-
sio una petición bastante extensa De confessione verae fidei
it ostentatione sacrae communtonts et persecuttone adversanttum
uritati, llamada comúnmente Ltbellus precum Faustino pe-
dia al emperador la cesación de las persecuciones de que
V itrologta 3
5
106
Hilario de Poitters y la crisis amana
eran objeto los luciferianos por parte de los adversarios de
la fe católica en vanas regiones orientales y occidentales
del Imperio Este escrito es de fundamental importancia
para conocer el cisma lucifenano, ya que, aunque sin or-
den, facilita información acerca de las comunidades lucife-
rianas de Oriente — Egipto y Palestina sobre todo — y de
Occidente, en especial, de Italia, España y Alemania No
faltan elementos claramente legendarios al tratar de suce-
sos acaecidos veinte o más años atrás (v gr en sus despia-
dados ataques contra el anciano Osio de Córdoba, reo de
haber claudicado el 357, o cuando postula contactos per-
sonales entre Lucífero de Caglian y Gregorio de Elvira),
mas, cuando informa sobre la situación actual de los cismá-
ticos, las noticias parecen dignas de crédito El escrito do-
cumenta la rígida intransigencia de estos cismáticos, que
no quisieron saber nada de los obispos que, tras haberse
comprometido de una u otra forma con el arrianismo, vol-
vieron a la ortodoxia nicena La petición lleva anejo un
rescripto del emperador que acuerda libertad de culto a
cuantos estén en comunión con Gregorio de Elvira en Oc-
cidente y con Heráchdes de Oxirinco en Oriente, y ordena
que no sean en adelante molestados por sus adversarios
Ediciones Cf CPL 119 120 1571, PL 13,37 108 (cf PLS
I 307-308), K KUNSTLE, Eine Bibliotbek derSymbole (Mainz 1900)
148 149, A Hahn, Bibhothek der Symbole (Breslau 3 1897)
n 202 P 277s, O Gunther CSEL 35,1 (1895) p lviu-lx 5-44,
M Simonetti CCL 69(1967)287 392 410-437
Estudios G Bareille DTC V(1913)2105-2507 (cf DHG
XVI 738), A WlLMART, La Iradition des opuscules dogmatiques de
Foebadius, Gregorius llliberitanus, Faustinus [SAW 159,1] (Wien
1908), M Simonetti, Note su Faustino SE 14(1963)50-98
«Altercatio Heracliani laici cum Germinio
episcopo slrmiensi»
Este breve texto, descubierto y publicado por C Cas-
pan en 1883, es uno de los documentos más curiosos que
conocemos sobre la controversia amana Conserva las ac-
tas de una discusión pública celebrada en Sirmio el 13 de
enero del 366 entre Germinio, obispo del lugar y repre-
sentante acreditado de los arríanos moderados, y Hera-
Faustmo
107
chano, un seglar, por lo demás desconocido, que sufría
cautividad, junto con otros compañeros, por hacer propa-
ganda de la fe nicena Tras unos compases iniciales con
Heracliano, que no cede ante Germinio y es hecho blanco
de violenta agresión, Germinio accede a altercare con él
La discusión se puede dividir en cuatro partes En la
primera, Heracliano y Germinio discuten sobre la divini-
dad del Espíritu Santo y su igualdad con el Padre y el Hijo,
que Germinio niega, sin lograr imponerse a Heracliano
En la segunda parte, el sacerdote Teodoro trata, sin lo-
grarlo, de confundir a Heracliano con el conocido texto
evangélico que habla de la ignorancia del Hijo (Me 13,32,
Mt 24,36). En la tercera, Heracliano responde a un cierto
Agripino de nuevo sobre la inferioridad del Hijo y la con-
dición de creatura del Espíritu Santo. Al fin toma de nuevo
la palabra Germinio para negar, una vez más la divinidad
del Espíritu Santo, mas Herachano rebate sus argumentos
y confirma su afirmación de la unidad de las tres personas
divinas con una profesión de fe tomada casi a la letra del
Apologeticum, de Tertuliano (21,12-14) La discusión, a este
punto, se anima Germinio acusa a Herachano de herejía,
y la multitud, que le es en su mayor parte contraria, enfu-
recida, pide que Herachano y sus compañeros sean condu-
cidos ante el consularts y condenados a muerte, porque se-
ditionem feterunt et de uno populo dúos feierunt Germinio,
ton sabio consejo, no consiente que se llegue a tal ex-
tremo, los prisioneros son obligados a humillarse sub ma-
ntbus de Germinio y puestos en libertad
Este texto es importante, porque nos presenta con
todo realismo un episodio de la controversia amana que
documenta la pasión con que se conducía el debate por
parte de las diversas facciones opuestas El texto da la im-
presión de haber sido retocado por una pluma católica que
ha acentuado el arnanismo de Germinio más de lo debido
y ha exaltado la figura de Herachano, en contraste con sus
ineptos y violentos adversarios Mas, a pesar de estos reto-
ques, el texto abunda en detalles valiosos dignos de todo
crédito, como la conclusión que revela la sabia moderación
del obispo filoarnano Los argumentos que las partes se
entrecruzan son, en substancia, los mismos que leemos en
los escritos de los teólogos de una y otra parte, aunque
propuestos en forma abreviada y aproximada La alegación
del texto de Tertuliano, más que superado en el estadio en
que se mueve la polémica, documenta la persistencia de
108
Hilario de Poitiers y la irists amana
rasgos arcaizantes en ciertos ambientes latinos, mal pertre-
chados desde el punto de vista cultural
Ediciones y estudios Cf CPL 687, PLS I 327 345 350, C Cas
PARI, Ktrchenbtstorische Anekdota I (Chnstiania 1883) p 133-147,
M SlMONETTl, Osservaziont sull '«Altercatto Heracliani cum Germi-
nto» VC 21(1967)39-58
III. Literatura arriaría
El arrianismo tardó en abrirse camino en Occidente Si
se exceptúan los dos obispos ílincos, Valente de Mursa y
Ursacio de Singidunum (Belgrado), que comparecen por
vez primera de parte de Arrio en el concilio de Tiro del
335, que condenó a Atanasio, hasta después del 350 no
encontramos señales claras de la presencia del arrianismo
Cuando Constancio, de tendencia abiertamente ñloarnana,
muerto Constante, quedó como único emperador, la pro-
paganda amana logró obtener algunos éxitos en Occiden-
te, en particular en Ilina, pero también en las Galias, en
España y en otras regiones Mas de la actividad literaria de
los arríanos de Occidente antes del 380 nos ha llegado
poco, y, aun contando con que algo se haya perdido, la
impresión de conjunto es que esta primera fase de la acti-
vidad amana en Occidente no contó con una producción
literaria consistente Disponemos sólo de algunas cartas y
documentos sinodales
Entre los hoy conocidos, el documento amano más an-
tiguo en latín es la extensa fórmula de fe publicada el 357
en Sirmio por obra de Valente, Ursacio y Germinio, el
nuevo obispo de la localidad, elegido en lugar de Fotino,
depuesto el 351, y fiel colaborador de los dos obispos ilía-
cos Evitando el extremismo del amanismo más radical,
repudiado por entonces incluso por los mismos arríanos, la
fórmula de Sirmio concede mucho al verdadero arrianismo
por la orientación claramente subordinacianista que im-
prime a la relación entre el Padre y el Hijo La prohibición
de usar el término homoousios, santo y seña del credo ni-
ceno, revela a las claras el objetivo de esta fórmula, que
pretendió seriamente desplazar para siempre la fórmula ni-
cena del 325 Mucho más breve es la fórmula de Rímini
(359), que la minoría constituida por los obispos filoarria-
nos, acaudillada por los tres ya mencionados y respaldada
Literatura amana
109
enérgicamente por el emperador, logró imponer a la ma-
yoría de los obispos occidentales, antiarrianos y filonice-
nos, demasiado mal organizada para poder oponer resis-
tencia a las instancias del emperador La postura que la
fórmula profesa es más moderada que la del 357, el tono,
ambiguo, elegido adrede para consentir que cada cual, y no
menos los arríanos, la interpretaran según sus propias con-
vicciones El Hijo es declarado sólo semejante al Padre
según las Escrituras
El 364, como ya se ha dicho, Hilario de Poitiers y Eu-
sebio de Vercelli se trasladaron a Milán para tratar de de-
rrocar de esa importante sede al obispo amano Auxencio,
elegido el 355 en lugar de Dionisio, depuesto y exiliado
por su fidelidad a Atanasio y a la fe nicena El emperador
Valentiniano I, que regía la parte occidental del Imperio,
se había propuesto por entonces no intervenir en las cues-
tiones religiosas, procurando sólo que no perturbasen el
orden público A él apeló Auxencio con una carta que nos
ha conservado en apéndice el Contra Auxentium, de Hila-
no Auxencio se queja de las maniobras de Hilario contra
su persona y declara su irrevocable adhesión a la fórmula
de Rímini, que los arríanos siempre consideraron la profe-
sión de fe oficial
Los Fragmenta histórica, de Hilario (fragm 13-15 =
A 3, B 5-6 de Feder) contienen tres documentos, que cabe
fechar, probablemente, en los años 365 ó 366 El primero
es una profesión de fe de Germinio en la que el obispo,
que hemos visto por esos mismos años medirse pública-
mente con Herachano, toma distancias de la ambigüedad
neutral de la fórmula de Rímini y adopta expresiones de la
fórmula de compromiso del 22 de mayo del 359, que defi-
nía al Hijo semejante al Padre en todo Aunque esta pos-
tura no podía pasar por adhesión de Germinio al partido
de los católicos nicenos, representaba, no obstante, un
neto alejamiento de las posiciones amanas, atrincheradas
en torno a la fórmula de Rímini Por tal razón, Valente,
Ursacio y otros obispos ilíricos, alarmados por el viraje
realizado por su influyente colega, convocaron en Singidu-
num un reducido concilio y enviaron a Germinio una carta
oficial, fechada el 18 de diciembre del 366, instándole a
declarar abiertamente que semejante según las Escrituras
lo entendía absolute, sin otra especificación, y no en el sen-
tido de semejante en todo o semejante en la substancia
No sabemos si Germinio respondió a esta invitación ni
110
Hilario de Poitiers y la crisis amana
cómo lo hizo Poseemos, en cambio, una amplia exposi-
ción de Germinio, enviada a Paladio de Ratiaria, otro repre-
sentante amano de la Iliria, y a otros siete obispos, en la
que aclara su postura doctrinal en sentido netamente anti-
arnano Para Germinio, la semejanza entre el Padre y el
Hijo es total, excepta innativitate, es decir, con la sola ex-
cepción de que el Padre engendra y el Hijo es engen-
drado Aclara también que, según él, la generación divina
es una generación real, en virtud de la cual el Hijo entra
en posesión de todas las prerrogativas del Padre El texto
evita proclamar al Hijo homoousios del Padre, mas por su
contenido es perfectamente ortodoxo Así se consuma el
alejamiento progresivo de Germinio de la fórmula del
357, en cuya composición él mismo había intervenido No
es posible saber si este viraje de Germinio haya sido fruto
de sincera convicción o solo un estudiado acomodamiento
a los reveses, siempre más graves, que el arnanismo sufría
en Oriente y en Occidente
Una incertidumbre análoga caracteriza, en cierto
modo, todo intento de enjuiciar esta documentación
amana Ya hemos observado que ni siquiera la fórmula del
357 puede ser considerada expresión del arrianismo radi-
cal, es decir, del arrianismo profesado por Arrio al princi-
pio de su carrera y, alrededor del 355 en adelante, por los
corifeos del arrianismo oriental, Aecio y Eunomio Mas
moderada todavía es la fórmula de Rímini, que adopta una
postura rigurosamente centrista, entre los extremos de la
posición homousiana y homeousiana, de un lado, y el
arnanismo radical, del otro Cabe, pues, preguntarse si es-
tas fórmulas, sobre todo la del 357, más amplia y elabo-
rada, representaban lo que Valente, Ursacio y sus otros
colaboradores pensaban de hecho o si eran solamente un
cómodo expediente para encubrir un arrianismo radical,
un arnanismo como el de Aecio y Eunomio
No disponemos de elementos de juicio para resolver la
cuestión en uno u otro sentido, y tanto menos si se tiene
en cuenta que los obispos arríanos de que venimos ha-
blando parecen haber sido, ante todo, políticos, y no
consta que alguna vez se hayan preocupado de someter a
elaboración doctrinal personal los términos de la cuestión
en debate En Fragm htst 10,2-3 (= B 8,2,1-2 de Feder),
Hilario refiere que, cuando llegó a Constantinopla la comi-
sión encargada de comunicar a Constancio los resultados
definitivos del concilio de Rímini, circulaba un Líber de
Literatura amana
111
Valente y Ursacio con afirmaciones claramente amanas,
del que ambos negaban ser autores No tenemos más noti-
cias de este texto, y, por tanto, la incertidumbre a que an-
tes nos referíamos permanece
Ediciones (CPL 685-686) Para Germinio, A L Feder CSEL
65 (1916) 47-48 160-164
Estudios Para la bibliografía, amen de los estudios particulares
que citaremos en cada apartado, véase J QUASTEN, Patrología II,
sobre todo los c 1, 3 Y 4, y añádanse A MARTINEZ SIERRA,
La prueba escriturtsttca de los arríanos según Hilario de Pottiers Mis-
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Nicee (París 1972), H Silvestre, A propos d'une recente edition de
la «Damnatto Ara» de Rimini RHE 68(1973)102-104, M Simo
NFTTI, La cattedra di Pietro durante la controversia anana Archeo-
logia classica 25-26(1973-1974)676-687, Id, La crtst anana del
IV secólo (Roma 1975)
1 WULF1LA Y EL ARRIANISMO EN ¡LIRIA
Hacia el 380, el amanismo no contaba en Occidente
más que con escasos grupos, concentrados, sobre todo, en
I liria, que llevaban una vida precaria, hostigados por los
católicos, ahora triunfantes, y perseguidos por varios edic-
tos imperiales Cuando su extinción parecía inexorable, re-
cibieron un apoyo inesperado de los soldados godos que,
siempre en número creciente, militaban en las filas del
ejército romano, muchos de ellos eran cristianos, conver-
tidos del paganismo tradicional de su raza gracias a la obra
tenaz y valiente de Wulfila, un godo ya cristiano hacía
tiempo y acaso de nacimiento, pues descendía de una fami-
lia capadocia que los godos habían apresado en una de sus
incursiones Wulfila, elegido obispo el 341, cuando con-
taba sólo treinta años, por obra de Eusebio de Nicomedia,
era cristiano de confesión amana, a la que fue tenazmente
fiel, y a este cristianismo amano empezó a convertir a sus
112
Hilario de Poitiers y la crisis amana
compatriotas, no obstante las dificultades, con éxito siem-
pre creciente
Apoyados por estos soldados godos, que, por su condi-
ción privilegiada, nada tenían que temer de las disposicio-
nes antiarnanas de Teodosio y demás emperadores roma-
nos, los grupos arríanos de Occidente garantizaron la so-
brevivencia de la herejía hasta el tiempo de las invasiones
germánicas A pesar de su reducido número, eran grupos
belicosos, dispuestos a profesar abiertamente y propagar
activamente su fe amana A fines del IV y principios del
siglo V son, además, autores de una rica producción litera-
ria, que, a pesar de su clara filiación amana, ha llegado en
buena medida hasta nosotros por diversos caminos Aun-
que diversas entre sí por la forma, todas estas obras pre-
sentan una misma orientación doctrinal, bien trabada y
uniforme hasta en los detalles, de suerte que cabe postular
en su origen una matriz común Más difícil es dar con sus
autores, ya que, con pocas excepciones, esta literatura ha
llegado a nosotros sin nombre de autor o con uno falso
Conocemos, por otra parte, algunos de los líderes de
este tardío arrianismo occidental, como Paladio de Ratia-
ria, condenado con Secundiano de Singidunum en el conci-
lio de Aquileya del 381, Auxencio de Dorostorum, discípulo
de Wulfila, distinto del obispo amano homónimo que ocupó
la sede de Milán en la generación anterior, Maximino, que
veremos disputar con Ambrosio y Agustín, el único del
que es posible reconstruir su personalidad literaria gracias
a una serie de escritos o ciertamente suyos o a él adjudica-
bles con amplio margen de probabilidad Mas quedan aún
numerosos escritos sin autor, y ello explica fácilmente la
tentación de la crítica moderna de asignarlos a uno u otro
de los personajes enumerados En los últimos años,
M Meslin ha emprendido esta operación en grande escala,
por una parte, atribuye a Maximino más obras de las que el
parecer casi unánime de los autores le asigna, por otro, ha
adjudicado o vuelto a adjudicar a Paladio de Ratiana dos
obras fundamentales, de las que más adelante hablaremos
Como resultado de todas estas atribuciones, Meshn ha he-
cho de Maximino el discípulo de Paladio, y éste, del que
conocemos sólo pocas páginas, conservadas en una obra de
Maximino, se convierte en el verdadero teórico del arria-
nismo occidental, y, por consiguiente, Wulfila, conside-
rado comúnmente el verdadero maestro de estos arríanos
de Occidente, se ve relegado a una posición prácticamente
Literatura amana
113
sin importancia La tesis de Meslin ha sido ya refutada va-
rias veces y no puede ser aceptada, por lo que Wulfila si-
gue siendo el maestro e inspirador, de forma mas o menos
directa, de todos los escritos arríanos que sobresalen por
rigor doctrinal entre los que conocemos
De Wulfila, que sabía expresarse también en latín, nada
nos ha llegado en esta lengua, si se prescinde de una breve
profesión de fe que se dice pronunció antes de morir Mas
la llamada Epístola de fide, vita et obitu Ulfilae, de que ha-
blaremos más adelante, nos informa, en términos dignos
de crédito, de su postura doctrinal, y gracias a ella es posi-
ble disipar la incertidumbre que se advierte en algunos his-
toriadores modernos acerca de la precisa colocación de
este personaje en el complejo horizonte de las doctrinas
amanas Por haber firmado el 360 en Constantinopla
una fórmula de fe que en Oriente era el equivalente de la
fórmula occidental de Rímini, ha sido confinado en las filas
del arnanismo moderado, otros autores, en cambio, lo tie-
nen por amano radical, y otros todavía por un amano sui
generts, q u e no cabe encuadrar en una categoría precisa
Mas del examen de los elementos doctrinales a él asigna-
bles o documentados en las obras de sus discípulos,
emerge una doctrina muy homogénea, como ya apunta-
mos, y definida sin ambages en el sentido del amanismo
radical, todos sus elementos característicos tienen su co-
rrespondiente exacto en Eunomio, el heresiarca vanas ve-
ces condenado, de cuyo patronazgo estos arríanos se diso-
cian sólo por oportunismo
Dividimos esta literatura amana, por razones prácticas,
en tres categorías, a) obras de Maximino, b) obras exegéti-
cas, c) obras doctrinales
Ediciones Cf CPL 689 692, PLS I 691-728, F Kauffmann,
Ahí der Schule des Wulfila Auxentt Dorostorensis «Eptstula de fide
uta et obitu Wulfilae» (Strassburg 1899)
Estudios A Lippold PWK XVI1( 2 1961)512-531, J Zei
1 1 1 R, Les origines chretiennes dans les provinces danubiennes de l'Em-
f>ire romain (París 1918), M SlMONETTI, L'artanesimo di Ulfila
Komanobarbarica 1(1976)297-323
2 Maximino
Maximino es el único escritor amano latino del que
poseemos alguna obra y al que pueden ser atribuidas otras
con bastante probabilidad. De su vida conocemos sólo lo
Hilario di i'oiliers y la irists amana
que cabe deducir de sus escritos, y no es mucho. Nace
hacia el 360-365, pues en el 397 ya había compuesto su
Dissertatio contra Ambrostum y, por otra parte, afirma ser
unos años más joven que Agustín Su estrecha relación con
los obispos arríanos Paladio y Secundiano, condenados el
381 en Aquileya, parece sugerir su origen ilínco, y acaso
en Iliria se encontrara la comunidad amana de la que es-
tuvo al frente, como se deduce claramente de las homilías
El 427 lo encontramos con las tropas bárbaras al servicio
de Roma destacadas en Africa a las órdenes del comes Si-
giswulf para domar la rebelión de Bonifacio Este detalle
parece dar a entender que era godo, pero Agustín y Posi-
dio, que narran el hecho, no lo califican de tal, y el despre-
cio que en sus escritos reserva a los barbaros hace pensar a
Meshn que fuese de origen romano El único episodio de
su vida que conocemos con detalle fue la discusión pública
que sostuvo el 427 ó 428 en Hipona con Agustín acerca
de la doctrina trinitaria Después de este episodio no sa-
bemos de él nada más, pues no cabe identificarlo con el
jefe arnano homónimo que actuaba en Sicilia hacia el 440
(HlDAClO, Chron 120)
Dissertatio Maxtmini contra Ambrostum (= DM) es el tí-
tulo que se ha dado a una obra heterogénea conservada en
el manuscrito Parts 8907 En ella distinguimos varias par-
tes primero, copia de las actas del concilio de Aquileya del
381, apostilladas en varios puntos por notas polémicas de
Maximino, que, entre otras cosas, recurre a textos de Ci-
priano En la segunda parte aduce varios documentos
arríanos la llamada Epistula de ftde, vita et obitu Ulfilae, de
que hablaremos más adelante, y una larga disertación de
Paladio de Ratiana, que polemiza enérgicamente contra el
concilio de Aquileya, que lo había condenado, y, sobre
todo, contra Ambrosio, que en ese concilio había sido el
acusador implacable del obispo arnano Estas páginas de
Paladio son muy importantes desde el punto de vista doc-
trinal La obra termina con la noticia de un recurso de
Wulfila, Paladio y Secundiano ante el emperador Teodosio
contra las deliberaciones del concilio, recurso que no sur-
tió efecto Esta última parte fue añadida a la obra original
bastante más tarde, en cambio, la disertación de Paladio
contra Ambrosio debió de haber sido escrita poco después
de la celebración del concilio, por tanto, hacia el 382, la
obra de compilación de Maximino es anterior al 397, pro-
bablemente, de 395.
Literatura amana
115
Ya dijimos que Maximino el 427 ó 428 sostuvo en Hi-
pona una discusión pública con Agustín sobre diversos ar-
gumentos concernientes a la controversia amana la lla-
mada Collatio Augusttni cum Maximino Arrianorum episcopo
(= CM) La discusión, que conocemos por la fiel transcrip-
ción de los notara, se puede dividir en tres partes, en la
primera vemos a Maximino acosado inmediatamente con
uran energía por Agustín, que trata de sorprenderlo en
contradicción (c 1-10), en la segunda, Maximino logra libe-
rarse del asedio solicitando algunas aclaraciones, que per-
miten a Agustín exponer una sene de argumentos anti-
amanos tradicionales (c 1 1-14), la tercera es un largo solo
Je Maximino, que expone con todo detalle la doctrina
amana, alargando su discurso adrede, hasta el punto de
dejar a Agustín sólo un breve margen de réplica (c 15-26)
Agustín entonces exige que conste en las actas su inten-
ción de responder por escrito a los argumentos exhibidos
por su contrincante, y Maximino se compromete a respon-
der, a su vez, a la réplica de Agustín (la respuesta de Agus-
tín está en los dos libros Contra Maxtminum, que transmi-
ten aneja la Collatio No consta que Maximino haya repli-
cado)
El texto reviste particular importancia, desde el punto
de vista histórico, por el realismo y dramatismo del debate
que documenta, y desde el punto de vista doctrinal, por
contener, en las intervenciones de Maximino, una exposi-
c ion detallada de la doctrina amana En algunos puntos, la
exposición resulta algo confusa debido a la sucesión de
|ireguntas y respuestas, a veces es desordenada o no se
atiene a un orden riguroso (algunas observaciones de Ma-
ximino acaso obedezcan a la necesidad de improvisar ar-
gumentos que oponer a su aguerrido contrincante), mas,
en su conjunto, la exposición concuerda fielmente con lo
que leemos en otras fuentes y por su extensión aporta luz
sobre varios puntos
El corpus de las obras de Maximino se ha enriquecido
notablemente desde que dom Capelle le asignó la casi tota-
lidad de los escritos conservados en el viejo códice Vero-
nensis LI, que hasta entonces habían sido atribuidos a Má-
ximo de Turín Se trata de un nutrido grupo de escritos de
i arácter homilético de argumento y estilo muy vanados, gran
parte de ellos presentan rasgos evidentes, y en ocasiones
c videntísimos, de arrianismo En 1922, dom Capelle pro-
puso su atribución a Maximino en atención a la estrecha
116
Hilario de Poitters y la trisis arriaría
afinidad que presentaban con la Dissertatio y \&Collatio. La
atribución fue confirmada por una anotación de Scipione
Maffei, que catalogó este manuscrito en 1742 con el nom-
bre de Maximino; es obvio que pudo leer aún en el códice
el nombre del escritor arriano, que hoy ya no figura. Da-
mos una breve descripción de los textos.
Tres Tractatus de una cierta extensión están dirigidos,
respectivamente contra haereticos, contra Iudaeos y contra pa-
ganos. Los herejes del primero son los católicos, cuya doc-
trina de la igualdad de las personas divinas combate con
argumentos arríanos tradicionales; los otros dos son homi-
lías de tono apologético que proponen los temas tradicio-
nales en la polémica contra los judíos y los gentiles; a los
primeros reprocha las observancias rituales y el no haber
reconocido la mesianidad y divinidad de Cristo; a los otros,
el fatalismo astrológico y la concepción politeísta de la di-
vinidad, prueba de la ignorancia del Dios verdadero. Nota
común de estas dos homilías es la abundancia de citas de
autores cristianos precedentes, con destacada preferencia
por Cipriano, que figura con obras auténticas o falsamente
a él atribuidas, y las Recognitiones pseudoclementinas, cita-
das en la traducción latina de Rufino, que es del 406, y,
por tanto, terminus post quem de la composición de las ho-
milías.
El segundo grupo, muy homogéneo, comprende
quince homilías predicadas por Maximino en festividades
importantes (Epifanía, Pascua, Ascensión) o en la conme-
moración de mártires muy ilustres; es de notar la con-
memoración de Cipriano junto a Pedro, Pablo y Esteban.
Son textos por lo regular breves, en los que la conmemora-
ción de la festividad es ocasión de consideraciones morales y
parenéticas. No faltan en este grupo de homilías huellas de
arrianismo, mas son raras y marcadas de paso, sin clara inten-
ción polémica.
El tercer grupo comprende 24 breves Expositiones de
capitulis Evangeliorum, a los que Bruni, su primer editor
(1784), añadió un fragmento De nominibus apostolorum.
Son explicaciones de pasajes de los evangelios, sin orden
aparente; a veces breves, otras más extensas, hasta formar
una breve homilía. Con toda evidencia, se trata de una pe-
queña colección, sacada de un material más rico, para uso
litúrgico. En la explicación de los textos evangélicos,
Maximino no ignora la interpretación alegórica (los dos
hermanos de Le 15,12 representan a los judíos y a los
Literatura arriaría
117
gentiles, el borrico de Mt 21,7 es símbolo de los gentiles);
mas la usa con parsimonia, prefiriendo deducir de la lectu-
ra del texto evangélico, ante todo, enseñanzas morales,
basadas en el sentido literal.
Meslin, como se dijo, ha intentado ampliar aún más, y
no poco, la herencia literaria de Maximino, asignándole
dos obras exegéticas arrianas sin indicación de autor: el
Opus imperfectum in Matthaeum y un Commentarius in lob, a
las que cabría añadir aún la traducción latina abreviada del
Comentario de Mateo de Orígenes, realizada efectivamente
con un estilo que se asemeja mucho a la prosa del Opus
imperfectum in Matthaeum. Mas es difícil, por no decir im-
posible, atribuir al mismo autor dos obras exegéticas tan
dispares y en uno y otro caso faltan razones de peso en
favor de la atribución a Maximino.
Ediciones (CPL 692-701.705): PL 57,781-806.829-832; PLS
1 691-763 (cf. 1751-1752); F. KAUFFMANN, Aus der Schule des
Wulfila (Strassburg 1899); A. SPAGNOLO y C. H. Turner, An
Arian Sermón from a Ms. in the Chapter Library of Verona: JThS
13(1912)19-28; Id., An Ancient Homiliary l-Ill: JThS 16(1915)
161-176.314-322; 17(1916)225-235; C. H. Turner, On Ms.
Veron. LI (49) of the Work of Maxim[in]us: JThS 24(1923)71-79;
B. CAPEELE, La liste des apotres dans un sermón de Maximin: RB
38(1926)5-15; ID., Les homélies «de lectionibus evangeliorum» de
Maximin VArien: RB 40(1928)49-86.
Estudios: L. SALTET, Un texte nouveau. La «Dissertatio Maximi-
ni contra Ambrosium»: BLE 2(1900) 118-129; J. ZEILLER, Les
origines ebrétiennes dans les provinces danubiennes de l'Empire romain
(Paris 1918); É. Amann: DTC X (1928)466-472; B. Capelle,
Un homéliaire de l'éveque arien Maximin: RB 34(1922)81-108.224-
233; J. M. Hanssens, Massimino il Visigoto: SC 102(1974)475-
514.
3. Obras exegéticas
Bajo esta denominación incluimos tres obras cierta-
mente arrianas, del género exegético, a las que no es fácil
encontrar autor: el Opus imperfectum in Matthaeum y el
Commentarius in lob, de que hemos hablado a propósito de
Maximino, y el Tractatus in Lucam.
El Opus imperfectum in Matthaeum (= OIM) es el co-
mentario latino de Mateo más extenso que la antigüedad
nos haya legado. El comentario no ha llegado completo,
118 Hilario de Poitiers y la crisis amana
pues termina en el c.25 de Mateo y presenta algunas lagu-
nas. La tradición manuscrita es muy complicada; ningún
manuscrito la ha transmitido por entero y algunas seccio-
nes se leen sólo en manuscritos más bien recientes (si-
glos XIV y XV). Esta circunstancia y la presencia en el ma-
terial legado como parte del Opus, de textos de Jerónimo,
Cromacio y León Magno han hecho pensar que todos los
complementos introducidos en la obra por los manuscritos
más recientes son añadidos posteriores, sacados de fuentes
diversas para suplir de algún modo lo que faltaba en la
obra, que se poseía incompleta. Mas, si bien es verdad que
en la tradición manuscrita se han insinuado fragmentos de
otras obras, no es menos cierto que la obra en su conjunto
se presenta como un todo uniforme, tanto por la presencia
de algunos temas que la recorren de un extremo a otro
(v.gr.: el tema de la persecución) como por la profesión de
arrianismo que contradistingue la obra, y que no es menos
evidente en las secciones más recientes.
Acerca de éstas es preciso tener en cuenta que el Opus
no tardó en pasar por obra de San Juan Crisóstomo, y
como tal la leyó y la admiró con entusiasmo toda la Edad
Media. Dada esta difusión, los pasajes de tono arriano, no
muchos por su número, pero importantes, no tardaron en
ser individuados y corregidos de alguna forma tanto en los
manuscritos recientes como en las ediciones impresas. Por
esta razón, la mejor edición hoy disponible, que es la de
Montfaucon, reeditada en PG 56, es prácticamente inser-
vible en los pasajes en que aflora el arrianismo de su autor.
Tampoco es cierta la lengua original del escrito; la presen-
cia de muchos grecismos había hecho pensar en una tra-
ducción del griego hasta que se descubrió que el autor ha-
bía utilizado el Comentario de Mateo de Jerónimo, pues no
era fácil admitir que un autor griego hubiera recurrido a
una obra latina. Mas la posibilidad de que se trate de tex-
tos interpolados en un segundo momento ha eliminado la
dificultad, y, recientemente, P. Nautin ha vuelto a asig-
narle un origen griego, proponiendo como autor al sacer-
dote arriano Teodosio, que trabajaba en Constantinopla en
los primeros decenios del siglo V. El reciente descubrimiento
de un breve fragmento griego del Opus parece haber resuelto
de forma decisiva el problema. Mas, habida cuenta de la
compleja situación de la tradición manuscrita, antes de pro-
nunciarse sobre ésta y sobre las demás cuestiones a que
hemos aludido es aconsejable esperar la edición crítica, en la
Literatura amana
119
que desde hace tiempo se trabaja. Entretanto conviene men-
cionar la edición reciente, obra de R. Etaix, de seis nuevos
fragmentos de la obra, desconocidos hasta ahora y bastante
extensos en conjunto.
La obra es un amplio comentario de Mateo en el que
prevalece la alegoría, cultivada con criterios que recuerdan
muy de cerca los de Orígenes: interpretación simbólica de
números, animales y plantas; atención a la etimología, ver-
dadera o presunta, de los nombres hebreos al servicio de la
alegoría; contraposición entre sentido literal y alegórico,
como entre carne y espíritu. Con este sagaz método her-
menéutico se ha logrado una interpretación riquísima de
temas y motivos, muchos sugestivos, que concede a veces
espacio a temas doctrinales, pero que, por lo general, pre-
fiere los de marcado tono existencial: el hombre y su lucha
entre el bien y el mal; entre el diablo, que ha subyugado su
carne, y Dios, que socorre con su gracia al alma, libre en
sus decisiones, pero inestable e incapaz de alcanzar su sal-
vación sin la ayuda divina.
El Opus ofrece también particular interés a nivel pasto-
ral: es obra del responsable de una pequeña comunidad
arriana, acosada sin tregua por los católicos entonces do-
minantes, que ve día a día menguar sus filas, ya de por sí
poco prietas. El autor recurre al ideal evangélico para in-
fundir ánimos y confirmar en la fides arriana a su pequeña
grey; de ahí la insistencia continua en los temas de la ten-
tación y de la persecución que son el tremendo crisol en
que han de ser probados los mejores. En tal clima es más
que obvia la insistencia en el juicio final, que sancionará la
derrota definitiva de los poderosos perseguidores y el
triunfo de los oprimidos. Encuentra espacio en este con-
texto el tema del anticristo y de sus huestes, que no son
otras que la Iglesia católica, como el comienzo de la última
era no es otro que el reino de Constantino y Teodosio, los
dos emperadores que persiguieron a los arríanos.
Con el nombre de Anonymus in lob designamos un co-
mentario de Job que en tres libros comenta el texto desde
el principio hasta 3,19. Su lengua original es el latín y nos
lia llegado bajo el nombre de Orígenes; no se debe, pues,
confundir con otro comentario de Job, en parte inédito,
que conocemos en su original griego, y atribuido también
falsamente a Orígenes. La afiliación arriana del comentario
se aprecia sólo en pocos pasajes de carácter doctrinal, en
algunos de forma evidente (las tres hordas que despojan a
120
Hilario de Poitiers y la trisis amana
Job en 1,17 son símbolo de la trinidad consubstancial de
los católicos: 428). El autor anónimo recurre con parsimo-
nia a la alegoría, y la más notable hace de Job una figura de
Cristo paciente. Prefiere la interpretación literal, que le
ofrece ocasión de explicarse con amplitud y detalle sobre
asuntos morales (v.gr.: sobre la fe, la concordia, el matri-
monio, etc.). Los ejemplos están tomados en su mayoría
de otros pasajes del Antiguo Testamento; el tono de la
obra es, en general, grave; a menudo, enfático, como con-
viene a su marcada intención moralizadora y didáctica.
El autor anónimo ha elegido a Job paciente como sím-
bolo de la pasión de Cristo, y ello es buena muestra de la
orientación optimista que imprime a la interpretación del
personaje, y que hace extensiva a los hijos; el motivo con-
ductor no es, pues, Job, que se reconoce pecador, sino, más
bien, un Job presentado con ropaje bastante estoico, como
prototipo del sabio, del varón inocente probado por la ten-
tación. El dramático problema planteado por este libro bí-
blico, es decir, el problema del sufrimiento que Dios envía
sobre el justo, no es afrontado por el comentarista, que
hace recaer sobre el diablo toda la responsabilidad de las
calamidades que afligen a Job.
Un palimpsesto procedente de Bobbio y hoy en la Bi-
blioteca Ambrosiana (C 73) contiene fragmentos de un
comentario del evangelio de Lucas, el llamado Tractatus in
Lucae Evangelium, publicado por A. Mai en 1828. Son
fragmentos, a veces bastante extensos, que comentan unos
cuarenta versículos de los c. 1.4.5 y 6 del evangelio de Lu-
cas. Los pasajes de carácter doctrinal son pocos y margina-
les, pero bastan para calificar a su autor de arriano. Nada
se sabe de él, y el único dato cronológico, y muy genérico,
se recaba de la cita de un pasaje de la traducción latina del
De bello iudaico, de Flavio Josefo, que se suele datar en
torno al 370. Por lo general, el comentario es atribuido al
período de mayor florecimiento de la literatura arriana la-
tina, es decir, de finales del IV a principios del siglo v.
Del comentario nos ha llegado sólo una pequeña parte,
y ésta, además, en fragmentos; de ahí que no sea fácil ha-
cerse una idea exacta de los criterios exegéticos que guían
a su autor en la interpretación del texto de Lucas. No hay
duda que conoce el método alegórico, y sabe usarlo como
la mejor tradición enseña (v.gr.: las dos barcas de Le 5,2,
símbolo de las iglesias: 337); mas el uso de la alegoría no
es, ciertamente, la tónica dominante de los fragmentos
Literatura amana
121
conservados, antes bien cede su puesto a una exégesis que
se propone, ante todo, enseñar y reformar las costumbres.
En un autor que parece bastante bien pertrechado cultu-
ralmente, sorprende la etimología que propone de Gene-
saret (337), que saca partido no del hebreo, como era lo
corriente, sino de la asonancia con el griego gennao. La obra
se presenta muy cuidada en la forma; varias veces echa
mano de comparaciones (330.336.341.342), procedi-
miento no habitual en obras exegéticas. Este particular
tiene un paralelo en la tendencia análoga del Opus imperfec-
tum in Matthaeum, y es posible establecer otras coinciden-
cias entre las dos obras, aunque el Opus parece dar mayor
espacio a la alegoría y ser más rico en doctrina teológica.
En todo caso, convendría examinar más de cerca las afini-
dades entre los dos escritos.
Muchos autores insisten todavía en buscar el origen de
la doctrina de Arrio en la tendencia a interpretar literal-
mente, más bien que alegóricamente, la Sagrada Escritura.
Esta hipótesis carece de razones válidas. Si nos limitamos a
la literatura exegética arriana en latín, hemos podido notar
que las diversas obras no se atienen a criterios exegéticos
uniformes. A la preferencia por la alegoría de una obra
como el Opus imperfectum in Matthaeum, se contrapone la
escasa atención que le presta el Anonymus in Iob. Hemos
visto a Maximino echar mano de la alegoría o de la inter-
pretación literal, según su conveniencia. No sería correcto
como método dirimir la cuestión en los orígenes del mo-
vimiento en base a los elementos que supedita esta litera-
tura arriana tardía; por ello quede sólo constancia de que
los textos arríanos en latín que han sobrevivido no se atie-
nen a un criterio homogéneo de interpretación bíblica,
sino que ofrecen la misma variedad de criterios que go-
bierna la literatura católica del tiempo.
Opus tmp. in Matthaeum: Ediciones (CPG II 4569 y CPL 707):
PG 56,611-948; R. Étaix, Fragments inédits de /'«Opus imper-
fectum in Matthaeum»: RB 84(1974)271-300.
Estudios: H. J. Sieben: DSp VIII (1972)362-369; F. Kauff-
MANN, Zur Textgeschichte des «Opus imperfectum in Matthaeum»
(Kiel 1909); G. MORIN, Quelques aperqus nouveaux sur l'«0pus im-
perfectum in Matthaeum»: RB 37(1925)239-262; J. P. BOUHOT,
Remarques sur l'histoire du texte de l'«0pus imperfectum in Mat-
thaeum»: VC 24(1970)197-209; M. Simonetti, Note sull'«0pus
imperfectum in Matthaeum»: Studi medievali 10(1969) [= A G.
122
Hilario de Poitiers y la crisis arriana
Ermini I (Spoleto 1970) p. 1 1 7-200] ; Id., Per una retta valutazione
dell'«0pus imperfectum in Matthaeum»: VetChr 8(1971)87-97;
P. Nautin, L'«0pus imperfectum in Matthaeum» et les ariens de
Constantinople: RHE 67(1972)381-408.745-766; A. Stuiber,£/«
gnechtscher Textzeuge für das «Opas imperfectum in Matthaeum»:
VC 27(1973)146-147; M. Simonetti, Su due passi dell'«0pus im-
perfectum in Matthaeum» pubblicati di recente: Aug 15(1975)423-
428; R. GlROD, La traduction latine anonyme du «Commentaire sur
Matthieu», en Origeniana (Barí 1975) p. 125-138.
Anonymus in lob: Edición: PG 17,371-522.
Tractatus in Lucam: Ediciones (CPL 704): A. Mai, Scriptorum
veterum nova collectio III 2(Roma 1828) p. 191-297- PLS I
327-344.
Estudios: M. MESLIN, Les Ariens d'Occident (París 1967)
p.221-226.135-149 (cf. M. Simonetti: RSLR 4[1968]563-571;
P. Nautin: RHR 177fl970]70-89).
4. Obras doctrinales
En este apartado presentamos tres textos arríanos muy
importantes:
1) La llamada Epistula de fide, vita et obitu Ulfilae
(= U), un texto de notables dimensiones que Maximino ha
incluido íntegro en su Dissertatio contra Ambrosium, El
autor se declara (PLS 1,705) discípulo de Wulfila, de quien
ha aprendido las sacras /¿iteras; se suele identificar a este
discípulo con Auxencio de Durostorum; mas su nombre,
que se lee al principio de la epístola, ha sido completado
por Kauffmann, su primer editor, pues en este punto el
manuscrito de París se ha conservado en muy mal estado.
A pesar de esta incertidumbre, el texto es de indudable
valor por la documentación que facilita en la primera parte
acerca de la doctrina de Wulfila, y en la segunda, sobre su
actividad como jefe de los godos cristianizados. Con toda
probabilidad fue redactado pocos años después de la
muerte de Wulfila (383). El texto termina con una breve
profesión de fe que Wulfila dictó poco antes de morir
como testamento espiritual; esta profesión de fe, en su
brevedad, propone una versión radical del arrianismo, que
subordina con toda claridad el Hijo al Padre y hace del
Espíritu Santo una creatura. Con esta profesión concuerda
perfectamente la exposición doctrinal, más amplia, de
la epístola, que por ello nos permite conocer, sin duda, la
postura teológica del gran líder del arrianismo occidental.
Literatura arriana
123
2) Sermo Arrianorum (= SA) es el texto de autor des-
conocido que fue enviado en torno al 418 a San Agustín
para que lo confutase, y contra el que al punto compuso su
Contra sermonem Arrianorum; por suerte, algunos manuscri-
tos de la obra agustiniana contienen también el Sermo al
principio. Es un escrito breve que no es improbable pensar
que circulase entre los godos arrianos que penetraron en
Italia con Alarico y Ataúlfo; no presenta las características
de un verdadero sermón, sino que, más bien, parece una
exposición completa de la doctrina arriana en forma es-
quemática y compacta, que confiere al texto el aspecto de
un verdadero catecismo. Su valor estriba precisamente en
ser una exposición completa que recoge ordenadamente
los argumentos arrianos; el Sermo ofrece de este modo la
trama, en función de la cual cabe organizar los numerosos
puntos particulares que se leen en otras obras arrianas, más
prolijas, pero también más desordenadas.
3) Fragmenta arriana (= FA) son 21 fragmentos pu-
blicados por A. Mai en 1828 de un palimpsesto proce-
dente de Bobbio y conservado hoy, parte, en la Biblioteca
Vaticana y, parte, en la Ambrosiana. Los dos últimos son
del apócrifo Ascensio Isaiae, mientras que los 19 primeros
son, con seguridad, de tono e inspiración arriana. Muy se-
mejantes entre sí por tenor y estilo, de suerte que apuntan
todos a un mismo autor, no parecen proceder de la misma
obra, sino de varias de carácter homilético, dogmático o
polémico. El fragm.17 contiene una extensa profesión de
fe; en otros se leen citas de los arrianos de primera hora,
como Atanasio de Anazarba y Teógnides de Nicea, y de
antiarrianos, como Hilario, Febadio y Ambrosio; los pri-
meros, como es obvio, con asentimiento; los segundos, en
cambio, para ser refutados. El autor se muestra varias ve-
ces en polémica con los macedonianos, de los que el
fragm.9 menciona uno de los corifeos, llamado Sozifanes
(así leía A. Mai; el texto hoy no es ya legible), por lo de-
más, desconocido (no convence la identificación de Meslin
con Sofronio de Pompeyópolis, uno de los jefes homeou-
sianos del concilio de Seleucia del 359). También el autor
de estos fragmentos es desconocido; se han propuesto va-
rios nombres, como Wulfila, Auxencio, Paladio y Maxi-
mino, pero sin aducir argumentos de valor. Y lo mismo
hay que decir de la atribución a Paladio propuesta de
nuevo por Meslin, que, una vez más sin fundada razón,
sostiene que el Sermo Arrianorum sea un extracto de las
124
Hilario de Poitiers y la crisis arriaría
obras de Paladio. De su autor sólo cabe decir que es
obispo arriano de una comunidad en la que el arrianismo
pierde terreno; entre otras razones, por la hostilidad de los
poderes públicos, lo que haría pensar, como datación, en
los últimos años del siglo IV o primeros del siglo V; la
estrecha afinidad con Wulfila y su escuela orienta hacia
la región del Danubio.
Ediciones y estudios: Epistula... Ulfilae. cf. supra, p.113: PL
42,677-684 (Sermo Arrianorum: CPL 701); B. CAPELLE, Un homé-
tiaire de l'éveque arien Maximin: RB 34(1922)108; A. Mai, Scrip-
torum veterum nova collectio III 2(Roma 1828) p.208-237 y PL
13,593-628 (Fragmenta arriana: CPL 705); M. Meslin, Les
Ariens d'Occident (Paris 1967) p. 11 3-1 34.
Con estos textos, con la Dissertatio contra Ambrosium y
la Collatio con Agustín de Maximino y con la ayuda de las
obras exegéticas, sobre todo del Opus imperfectum in Mat-
thaeum, es posible trazzi una exposición completa de la
doctrina arriana profesada en los círculos occidentales de
los que tales escritos proceden.
Punto de partida de la doctrina de Wulfila y de su es-
cuela, que en esto siguen a Arrio y Eunomio, es el princi-
pio de la absoluta transcendencia de Dios Padre no sólo
respecto del universo creado, sino también respecto de las
otras personas divinas, que la tradición colocaba junto a él
en la profesión de fe: el Padre es el solo Dios verdadero,
Dios y Padre de todo, porque omnium auctor (FA 4,604'
15; U 707), y Dios también del Hijo (SA 25). Por consi-
guiente, resulta inaceptable la afirmación católica que pro-
clama Padre, Hijo y Espíritu Santo unus deus (CM 13; DM
697). El Padre es único, por ser el solo no engendrado:
sine principio y ante principium, entendiendo principium no
sólo en sentido cronológico (el Padre es sempiterno, sin
principio ni fin), sino, además, en sentido ontológico; es
causa sui y causa del ser de todo, incluido el Hijo; es el
unus auctor (CM 5; FA 4,604).
La absoluta transcendencia y unicidad del Padre es
puesta en evidencia añadiendo el adjetivo solus a toda pre-
dicación que de él se haga: es el solus sapiens, solus invisibi-
l's, etc.; no en el sentido que nadie más que él, es decir, ni
siquiera el Hijo, sea sabio o invisible, sino en el sentido
que ni siquiera el Hijo lo es como lo es el Padre, pues sólo
en el Padre subsisten todas las perfecciones sin principio
Literatura arriana
125
cronológico ni ontológico, mientras que todos los otros se-
res, en mayor o menor medida, de él las obtienen (CM
15,13.14.23)- En fuerza de esta transcendencia que lo dis-
tingue, el Padre no puede entrar en contacto con la crea-
ción; no se rebaja ad humana contagia (FA 4,603), sino que
obra siempre por mediación del Hijo.
Respecto del Hijo, estos arríanos de última hora no
tienen dificultad, como tampoco la tenían los primeros, en
llamarlo Hijo de Dios, genitus, unigenitus, para destacar su
unicidad respecto de la creación; el Hijo es unus unigenitus
apud ingenitum (Maxim., Serm. 2,737); su relación con el
Padre es la generación; ni olvidan destacar su trascendencia
respecto al universo creado (U 707). Su generación es cosa
diversa de la creación; es una generación voluntaria que no
induce modificación alguna en la substancia del Padre (SA 2;
U 703).
Mas a esta serie de afirmaciones de cuño tradicional,
los arríanos añaden otra que distingue y define el Hijo
como dotado no sólo de persona, sino también de natu-
raleza y substancia propia: el Padre y el Hijo son
singularis e incomparabilis precisamente porque cada uno
de ellos es una realidad única y singular por substan-
cia, naturaleza y género (OIM 829b; SA 31; FA 1,596
bc.598b; 4,602). Y para negar la procedencia del Hijo
de la substancia del Padre, como profesan los cató-
licos, los arríanos la imaginan de tipo carnal y animal;
indigna, por tanto, de ser transferida al mundo divino
(OIM 889b). Esta preocupación por distinguir uno
del otro, al Padre y al Hijo, en cuanto a substancia y
naturaleza, autoriza a poner en duda que hayan en ver-
dad concebido la generación divina de que hablan como
una generación real; de hecho llaman también al Hijo cons-
tituís, creatus, factus (SA 2; U 703; FA 4,604). Siguiendo
en esto a Arrio, interpretan Prov 8,22-25, donde la sabi-
durdía divina (= el Hijo) se dice primero creada y luego en-
gendrada por Dios, en el sentido que en Dios engendrar es
sólo sinónimo de crear (U 703; FA 15; 17,623), y por ello
el Padre es llamado creator, factor del Hijo (U 704). Por
otra parte, el proceso de creación, en virtud del cual el
Hijo procede del Padre, es único y distinto de aquel por
el que de Dios proceden todos los otros seres, pues sólo el
Hijo es creado directamente por la voluntad de Dios,
mientras que los demás seres son creados directamente
por el Hijo por voluntad del Padre (U 704). Por esta ra-
126
Hilario de Pottters y la crisis amana
zón, el Hijo es, a la vez, primogénito y unigénito (SA 1), y
queda a salvo su unicidad y distinción del resto de la crea-
ción: es unus ab uno (CM 15,13).
Mas si el Hijo no procede de la substancia del Padre,
¿de qué principio ha sido creado? Como es sabido, Arrio al
principio dijo claramente que había sido creado de la nada;
pero luego, ante el escándalo de una afirmación tan contra-
ria a la tradición, evitó pronunciarse sobre este punto. Y
así, todos los arríanos que vinieron después y Wulfila y los
suyos prefirieron silenciar la cuestión, con la excepción es-
porádica (CM 15,13) de apelarse a la voluntad y potencia
del Padre casi como a fuente (= materia) de la que el Hijo
procede. Si en este punto se sienten poco seguros, se
muestran, en cambio, categóricos al negar la coeternidad
del Padre y del Hijo; afirman que el Padre ha engendra-
do-creado el Hijo ante saecula y antes de toda otra creatura
(CM 15,5; FA 17,623), mas sólo en el sentido de engen-
drado-creado antes del tiempo, es decir, del mundo. El
Hijo, según ellos, no es sine initio, aunque, en cambio, es
sine fine (FA 4,604; OIM 856A), y, en consecuencia, no
puede ser proclamado consempiternus y coeternus del Padre
(DM 711).
El Padre es, pues, el arché, el principium ontológico y
cronológico del Hijo; los arríanos construyen sobre esta
convicción el radical subordinacianismo que los distingue.
Alegando el IV Evangelio, insisten en que el Hijo obtiene
del Padre el ser, la vida, el conocimiento, el poder; es de-
cir, todo lo que es y posee (FA 1,598AB; 6,609;
4,602.604; DM 702), y en los textos de San Juan (5,19.30)
que hablan de la perfecta sumisión del Hijo a la voluntad
del Padre descubren no la concordia de voluntad y acción
entre ambos, sino la incapacidad y la imposibilidad del
Hijo de obrar si no es por orden y voluntad del Padre,
conservando el lenguaje de Juan, mas falseando totalmente
su espíritu (SA 4.20; FA 3.4,603). La omnipotencia del
Hijo es, por tanto, relativa (DM 724) y es totalmente sub-
ditus, subiectus al Padre y su minister (FA 1,596C.598A; U
707; SA 15.17).
Para los arríanos, la encarnación del Hijo es una nueva
razón para demostrar su radical inferioridad, pues por ella
se hace visible y capaz de padecer y morir (DM 718; FA
4,603). Los arríanos distinguen en Cristo la naturaleza hu-
mana de la naturaleza divina y declaran abiertamente que
el Hijo se hizo visible y capaz de padecer no en su natura-
Ltteratura amana
127
leza divina; mas el solo hecho de encarnarse, y entrar así
en contacto con el mundo, es indicio de su inferioridad
respecto al Padre, que es absolutamente transcendente
(CM 13; 15,26; FA 13; SA 7). Aunque sólo de forma indi-
recta, el Logos divino passus est... iniuriam en razón de su
carne, capaz de padecer y morir (SA 13).
En fuerza de todos estos argumentos, los arrianos pro-
fesan un subordinacianismo del Hijo respecto del Padre
mucho más radical del que se encuentra en teólogos de los
siglos I y 11, niegan resueltamente la doctrina católica de la
igualdad de las personas divinas y, en definitiva, alejan al
Hijo de la realidad del Padre, y lo acercan, aunque no lo
incluyan en él, al mundo creado (SA 32; FA 4,602).
Separado y relegado sin remedio lejos del Padre en el
orden de la naturaleza y la substancia, el Hijo queda a él
vinculado sólo en el orden moral. Los arrianos de la es-
cuela de Wulfila aceptan sin dificultad la fórmula rimi-
nense que declaraba al Hijo semejante al Padre según las
Escrituras (CM 15,15); mas se trata, según ellos, de una
semejanza exterior, semejanza en el querer y en el obrar
(SA 32; DM 711), y las pocas alusiones al tema prueban la
escasa consideración que les merecía ese concepto, funda-
mental para los católicos.
La condición de neta inferioridad a que Cristo es así
relegado no es óbice para que los mismos arrianos sigan
proclamándolo no sólo Hijo, como hemos visto, sino tam-
bién Dios; mas cuando así lo definen, dan al mismo tiempo
a entender su inferioridad respecto del Padre, y, en todo
caso, prefieren acompañar el título con algún apelativo,
tomo Deus Verbum, Deus unigenitus, etc. (SA 1; FA
4,605 A; CM 15,8). Es Dios, es magnus quidem Deus, non
turnen primus (OIM 874); es secundus Deus (U 703).
Su actividad es esencialmente obra de mediación; por
ella, el Padre se relaciona con el mundo creado. Tal activi-
dad empezó con la creación: el Hijo fue engendrado-crea-
do por el Padre precisamente para que creara el mundo
(SA 3; FA 15,620A), y su condición de creador es garantía
de su divinidad: es Deus, en cuanto creator, y es el único ser
que posee en común con el Padre esta prerrogativa (FA 3).
Una vez creado el mundo, el Hijo lo gobierna, y de ahí su
dominio completo sobre toda la creación, de la que es rex
y dominus (FA 1,598A; U 707); dominio sin ocaso, que
alcanzará su perfección al fin del mundo (SA 34). En vir-
tud de tales prerrogativas, el Hijo es objeto de adoración
128
Hilario de Poitiers y la crisis arriaría
por parte de las creaturas (SA 27; CM 15,2) y por su triple
condición de rex propheta sacerdos (OIM 613A.629B) es la
única vía por la que el hombre y la creación entera pueden
entrar en contacto con Dios (SA 33; FA 5; CM 12,4.19).
Para los arríanos como para los católicos, la encarna-
ción es la obra cumbre de la actividad de Cristo en el
mundo. Si distinguimos, por comodidad de exposición, el
fin de la encarnación del Logos del modo como se obró,
cabe decir, sin asomo de duda, que en el primer punto la
postura arriana coincide en substancia con la de sus adver-
sarios: Cristo descendió a la tierra para redimir al hombre
pecador, que la transgresión de Adán había arrojado en
poder del diablo y a la muerte. Se sometió, como hom-
bre, al pecado y a la muerte para convertir al hombre en
Hijo de Dios (MAXIM., Síra. 3,738; 15,761; FA 10,614).
En todo caso, nótese que, en consonancia con la orienta-
ción fundamental de la doctrina arriana, la obra redentora
de Cristo es tratada con un sesgo claramente subordinante.
Acerca del modo de la encarnación, los arríanos de
lengua latina no nutren dudas acerca de la concepción mi-
lagrosa de Cristo en el seno de la Virgen y subrayan el
carácter único de su generación tanto divina como hu-
mana: Deus sirte matre, homo sitie patre (MAXIM.,
Serm. 1,732). La unión con el hombre no acarrea alteración
alguna a la naturaleza divina del Logos; coexistiendo en
una única persona (OIM 635A) con la humanidad, la divi-
nidad superó indemne la muerte (FA 13), aunque en ella
repercutió, de forma indirecta, la humillación de la cruz
(DM 718; SA 7.13). Para entender bien esta última afir-
mación conviene recordar que los arrianos, desde el prin-
cipio, hicieron suya la concepción cristológica del tipo lo-
gos-carne, profesada en Oriente ya a mediados del siglo III,
según la cual el Logos asumió un cuerpo humano, pero no
el alma, cuyas funciones él suplía. En su primera fase, la
controversia no concedió particular atención a este tema,
pero más tarde la concepción cristológica aludida fue es-
grimida enérgicamente por uno de los protagonistas de la
lucha antiarriana, Apolinar de Laodicea, lo que motivó una
nueva polémica, que interfirió variamente con la contro-
versia arriana.
Los textos, más bien tardíos, que nos ocupan reflejan
esta nueva fase del debate; no faltan textos que niegan ex-
plícitamente que Cristo asumiese, con el cuerpo, también
un alma humana (FA 13,617; OIM 853C.859C). Este
Literatura arriana
129
punto de la controversia, en perfecta consonancia con la
doctrina de Apolinar, destaca, sobre todo, en el Opus im-
herfectum in Matthaeum. Apolinar sostenía que, si se admi-
tía que el Hijo hubiese unido a sí una humanidad com-
pleta, es decir, dotada de alma, y, por tanto, autosuficiente,
la unión de esta humanidad con la naturaleza divina no
podría ser más que exterior: en la cruz, la divinidad habría
permanecido completamente ajena a los sufrimientos de su
humanidad, y, por tanto, Dios habría intervenido en la re-
dención sólo de forma muy indirecta. En cambio, la unión
del Logos divino con un cuerpo humano, incapaz de obrar
por sí mismo, garantizaba el carácter intrínseco de la unión
entre la humanidad y la divinidad, y, por tanto, la partici-
pación directa de la divinidad en la obra de la redención. A
la luz de estas consideraciones debe entenderse lo que el
OIM afirma varias veces (653B.777B.889BC), a saber,
que los católicos, que sostenían que el Hijo se había unido
a una humanidad completa, eran reos de sostener que la
redención se realizó por obra de un purus homo, sin parti-
cipación de la divinidad, lo cual, para el autor del OIM
como para toda la tradición, era totalmente inaceptable.
Acerca del Espíritu Santo, los arrianos de lengua latina
se pronuncian exactamente como Eunomio: alegando tex-
tos del Nuevo Testamento, según los cuales todo ha sido
creado por el Padre por medio del Hijo (Jn 1,3; 1 Cor
8,6), sostienen que el Espíritu Santo es la primera y la más
excelsa de las obras creadas por el Hijo por voluntad del
Padre (U 704; SA 10.26). Hemos visto que también Cristo
era una creatura para los arrianos, mas dotada del doble
privilegio de haber sido creado directamente por el Padre
y de ser, a su vez, creador por voluntad del Padre. El Espí-
ritu Santo, en cambio, carece de ambos privilegios: creado
por el Hijo, como las demás creaturas, el Espíritu Santo ni
crea ni gobierna el universo (U 705; FA 14; 15,620ss), y,
en consecuencia, el Espíritu Santo, a diferencia del Hijo,
no puede ser considerado deus ni dominus, ni puede ser
tampoco objeto de adoración (FA 3; 14; U 707).
Es, pues, evidente que, para los arrianos, el Espíritu
Santo no pertenece al ámbito de la realidad divina, sino
que es parte del universo creado, es decir, parte del con-
junto de seres creados por el Hijo por voluntad del Padre.
Por otra parte, la tradición colocaba sin falta al Espíritu
Santo junto al Padre y al Hijo en la fórmula del bautismo y
en la profesión de fe, y por ello, en obsequio a la tradición,
130
Hilario de Poitters y la crisis amana
los arríanos hablan también sin falta del Espíritu en rela-
ción con las otras personas, pero sólo para destacar su ra-
dical inferioridad respecto del Padre y del Hijo (SA 31, U
704, FA 14) Así como el Hijo es el mtmster por medio del
cual el Padre obra en el mundo, así también el Espíritu
Santo es el mtmster del que se sirve el Hijo para poner por
obra la voluntad del Padre (SA 13 14 18 20 22, FA 2, 14,
15) Pero su acción no posee la misma extensión que la
acción de Cristo el Espíritu Santo no es ubique diffusus,
sino que obra en el ámbito de la Iglesia como virtus que
ilumina y santifica (CM 15,22, FA 3,601) En este ámbito
más restringido, el Espíritu actúa como segundo mediador
después de Cristo y ante Cristo, mas éste solo intercede
ante el Padre (FA 14,619B)
Sobre la Trinidad considerada en su conjunto, es decir,
sobre el conjunto de relaciones que unen entre sí y carac-
terizan en respecto recíproco a las personas divinas, los
arríanos se muestran más propensos a combatir la doctrina
católica que a proponer la propia A los católicos acusan,
sobre todo, de confundir las tres personas divinas, por
considerarlas iguales en substancia y dignidad, y, por tanto,
de profesar la herejía de Sabelio, para los arríanos, la distin-
ción entre las personas que los católicos confesaban en la
Trinidad era ficticia e insuficiente, pues no comprendía
también distinción en cuanto a substancia, naturaleza y
dignidad (DM 702 713 716 724, U 704, OIM 807B) Por
otra parte, de la misma doctrina católica sobre la perfecta
igualdad de las tres personas divinas, los arríanos deducen
también el reato perfectamente opuesto al precedente, es
decir, la acusación no ya de sabelianismo, sino de tnteísmo
(DM 724)
Por su parte, los arríanos, al igual que Eunomio, usan
el término trinitas con bastante parsimonia (FA 2) Y, de
hecho, de su insistencia en la distinción en tres personas y
además en tres substancias (SA 27) y de su negación de la
igualdad de las personas, para disponerlas, en cambio, en
un orden jerárquico riguroso, resultaba una Trinidad dis-
puesta no horizontalmente, como la Trinidad católica, ba-
sada en la igualdad de las personas, sino en sentido verti-
cal, fundada en la inferioridad de la tercera persona res-
pecto de la segunda y de ésta respecto de la primera
Una concepción similar tenía analogías en la tradición
(v gr. en Tertuliano y Orígenes), pero estos autores confe-
saban la plena divinidad de las tres personas y su neta se-
Here/es y polemistas del siglo IV
131
paracion del universo creado En cambio, los arríanos pro-
fesaban una Trinidad no sólo escalonada, sino además he-
terogénea en sus tres miembros, que son distintos entre sí
en dignidad, substancia y naturaleza, y si el Hijo, aunque
de forma radicalmente devaluada, participa, en algún
modo, de la divinidad del Padre, no asi el Espíritu Santo,
que es, en cambio, parte de la creación En consecuencia,
los arríanos no podían hablar de la Trinidad como Dios, y
de hecho nunca lo hicieron Para ellos, la Trinidad es sólo
un concepto heredado de la tradición, pero carente de
todo contenido real De ahí que de ella traten casi exclusi-
vamente en función de la polémica, es decir, para negar la
doctrina profesada por sus adversarios
Literatura gótica
Los pocos documentos que poseemos de la literatura
gótica están relacionados, de forma más o menos inme-
diata, con la actividad misionera y literaria de Wulfila
Comprenden, ante todo, algunos manuscritos con una tra-
ducción parcial del Nuevo Testamento (evangelios, cartas
de Pablo menos Hebreos) Los textos de otro género son
poca cosa algunas glosas y documentos, que son interesan-
tes desde el punto de vista lingüístico, restos de un comen-
tario a San Juan y el comienzo de un calendario (S J V )
Ediciones E DlETRICH, Die Brucbstucke des Skeireins (Strass-
burg 1903), E A KOCK, Dte Skeireins Texl nebst Ubersetzung
(Lund 1913) (con trad al ), W STRElTBERG, Dte gothtsche Btbel I
(Heidelberg 2 1919)
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21(1962) 505-519, ID , The Visigoths in tbe Time of Ulfila (Ox-
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Pfalzer Heimat (Marz 1971)1-5, P SCARD1GLI, Die Goten
Sprache und Kultur (Munchen 1973), E A E EbbinGHAUS,
The First Entry of the Gothic Calendar JThS 27(1976) 140-145
IV. Herejes y polemistas del siglo IV
La controversia amana absorbió en gran parte la aten-
ción de los escritores cristianos latinos de la segunda mitad
del siglo IV, mas no faltaron otros movimientos heréticos
132
Hilario de Poitiers y la crisis arriana
o cismáticos que dieron asimismo origen a una literatura
de tono más o menos polémico, de la que en seguida trata-
remos. Conviene advertir que los autores reunidos en este
apartado son muy diversos por intereses y carácter y al-
guno ha sido incluido exclusivamente por razones de orga-
nización de la materia.
LITERATURA DONATISTA
El cisma donatista se fragua sin clamores ocasionado
por las polémicas internas que la persecución de Diocle-
ciano y Galerio había provocado en las iglesias de Africa.
En esa persecución como en las precedentes, el heroísmo,
a veces fanático, de algunos se alternaba con la actitud me-
drosa de los más, que o habían claudicado ante la violencia
del perseguidor o de alguna forma se habían comprome-
tido con él. Muchos miembros de la jerarquía pertenecían
a esta categoría, ya que, doblegándose al primer edicto an-
ticristiano, habían consignado los libros sagrados y otros
objetos de culto; de ahí que se les llamara traditores. El
obispo de Cartago, Mensurio, sin llegar a tal extremo, no
había aprobado durante la persecución la actitud fanática
de los intransigentes, que fácilmente podía exasperar a las
autoridades romanas. Había encontrado por ello dificulta-
des en Cartago, mientras que otras diferencias lo habían
enemistado con una parte del episcopado de Numidia.
Cuando Mensurio falleció en el 311, tres obispos se apre-
suraron a elegirle como sucesor al diácono Ceciliano, tam-
bién de tendencia moderada. Mas esta elección no fue del
agrado de los extremistas, que se lanzaron contra Ceciliano
azuzados por Lucila, una rica matrona cuyas prácticas su-
persticiosas había censurado Ceciliano. Contra la validez
de la consagración se objetaba la ausencia de los obis-
pos de Numidia, invitados por tradición a la elección del
obispo de Cartago, y la presencia entre los consagrantes de
Félix de Aptungi, que era traditor. Se reunieron, pues, en
Cartago 70 obispos de Numidia y declararon nula la elec-
ción de Ceciliano, y el 312 eligieron en su lugar a Mayo-
rino, un lector protegido de Lucila, la cual en esta ocasión
distribuyó entre los electores cuantiosas sumas. Mayorino
falleció pronto, y le sucedió Donato, que sería el hábil or-
ganizador de su facción.
Ante la división de la iglesia de Africa en dos partidos,
Literatura donatista
133
los donatistas el 313 tomaron la iniciativa y decidieron re-
currir a Constantino, solicitando el arbitrio de los obispos
de las Galias para subsanar la división. Constantino acce-
dió, y en octubre del 313 se dieron cita en Roma tres
obispos de las Galias y algunos de Italia, bajo la presiden-
cia del obispo de Roma, Milcíades. Su decisión fue favora-
ble a Ceciliano. Los donatistas apelaron a la autoridad de
un concilio que se reunió en Arlés el 314, mientras se apu-
raba en Africa con diligente investigación la inocencia de
Félix del reato de traditio. El concilio de Arlés decidió
también en favor de Ceciliano, mas tampoco esta vez ce-
dieron los donatistas. El 316, Constantino se decidió por
primera vez a emplear la fuerza contra ellos, y envió sus
jefes al exilio; mas, no obstante la violencia de los solda-
dos, los donatistas persistieron en el cisma, y, al fin, Cons-
tantino promulgó el 321 un edicto de tolerancia que auto-
rizaba la vuelta de los exiliados.
La tenaz resistencia de los donatistas en defensa de su
causa no se explica sólo con el fanatismo de ciertos círcu-
los cristianos de Africa, ni con las dotes de organizador de
Donato, que no tardó en convertirse en jefe carismático
del grupo; es preciso tener, además, en cuenta que el fer-
vor donatista se nutría, en buena parte, del resentimiento
antirromano, muy difundido en Africa entre la población
más menesterosa, oprimida por los excesos del fiscalismo
romano y reducida a la más agobiante miseria. Para esta
población, el Imperio romano era un instrumento del dia-
blo, una fuerza resueltamente anticristiana, por lo que mu-
chos en Africa desaprobaban el modo como Constantino
había encauzado la relación entre la Iglesia y el Imperio.
Las diferencias surgidas entre Ceciliano y Mayorino fueron
la chispa que provocó este incendio antirromano; en
abierta oposición a la iglesia de Ceciliano, que colaboraba
con el odiado opresor, los donatistas estaban convencidos
de constituir la verdadera Iglesia, la Iglesia perfecta de los
pobres y los mártires; de ahí su actitud intransigente y la
violencia de su acción contra los fieles de la Iglesia cató-
lica.
Durante un largo período, los donatistas gozaron de
amplia libertad de acción en Africa y Numidia, y de ella
supo sacar provecho Donato para organizar su iglesia y
acosar la católica, incapaz de oponerse con eficacia a los
cismáticos. El 347, Constante interviene con el envío de
dos altos funcionarios, Macario y Paulo, encargados de po-
134
Hilan» de Poitiers y la irías amana
ner fin al conflicto Donato y los suyos se negaron abier-
tamente a colaborar con la autoridad romana, no acep-
tando su interferencia en los asuntos de la Iglesia Macano
recurrió a la fuerza, y, en medio de toda suerte de violen-
cias, las comunidades donatistas fueron dispersadas, y sus
jefes, con Donato, exiliados Mas Juliano autoriza en el
362 la vuelta de los exiliados, y los donatistas no tardan en
reorganizarse bajo la hábil dirección de Parmeniano, suce-
sor de Donato, y, una vez más, la Iglesia católica se ve
acosada y trata afanosamente de defenderse, a pesar de las
divisiones que se habían creado en el frente adversario
Los católicos lograron oponer una cierta reacción y ob-
tener algún éxito sólo a finales del siglo IV, con Aurelio de
Cartago y Agustín de Hipona, mas el triunfo sobre sus ad-
versarios no fue posible sin el apoyo del poder imperial
Inducido por el concilio de los obispos católicos celebrado
en Cartago el 404, Honorio promulgó al año siguiente un
edicto contra los cismáticos El 4 1 1 se celebró en Cartago
una solemne conferencia con la participación de los jefes
de ambas partes, de la que salió vencida la donatista Si-
guió en el 412 otro edicto mas drástico de Honorio, que
condujo a la eliminación de los donatistas como fuerza or-
ganizada y operante, mas el antmus antirromano que nutria
el fervor de sus miembros fue aún más exacerbado A los
pocos años, la invasión de los vándalos plantearía a las igle-
sias de Africa nuevos y más urgentes problemas
Los donatistas escribieron bastante, sin gran variedad
de argumentos ni riqueza de doctrina, para defender y
propagar su concepción de la iglesia verdadera y perfecta,
si se exceptúan pocos textos hagiográficos, toda esta litera-
tura pereció con la supresión de la secta, mas de ella algo
conocemos gracias a las réplicas de los católicos, sobre
todo de Agustín y Optato, a las que se suman las noticias
de Jerónimo sobre Donato (De vtr til 93) y de Genadio
sobre Viteho y Macrobio (De vtr til 4 y 5). Los autores de
los que poseemos información más abundante son Donato,
Parmeniano, Petiliano y Cresconio.
Hacia el 336, Donato compuso una Eptstula de bapttsmo
con el fin de demostrar que los fieles de la Iglesia católica,
por carecer de la gracia divina, no podían ser considerados
cristianos, y que, por tanto, el bautismo que conferían ca-
recía de valor Si un católico pasaba a los donatistas, debía
ser bautizado de nuevo Esta tesis se convertiría en el ar-
tículo fundamental de la doctrina y de la praxis donatista
Literatura donattsta
135
Donato compuso también una obra de argumento trinita-
rio, titulada por Jerónimo De Sptrttu sancto y por Agustín
De Trtnttate, el cual, además, refiere que en ella Donato
profesaba una concepción subordinante de la Trinidad afín
a la doctrina amana Por lo demás, sabemos, que, con oca-
sión del concilio de Sárdica del 343, arríanos y donatistas
intentaron llegar a un acuerdo, mas sin lograr resultado
Alguno efectivo
Parmeniano, español o galo de origen, fue el jefe de
los donatistas desde el 362 Hábil y moderado, rigió con
acierto la iglesia donatista hasta su muerte, acaecida hacia
el 39 1 Compuso Salmos para uso litúrgico, como medio de
propaganda, y un tratado en cinco libros contra los católi-
cos (hacia el 362), cuyo contenido conocemos de forma
sumaria por la refutación de Optato En el libro I, Parme-
niano exponía la doctrina donatista sobre el bautismo, en
el II enumeraba las notas de la verdadera Iglesia y trataba
de replicar a la dificultad de la limitación de la iglesia dona-
tista a Africa alegando la presencia de una pequeña comu-
nidad donatista en Roma, en el III, Parmeniano acusaba a
los católicos de ser los responsables del cisma y de la inje-
rencia del poder político, en el IV describía los sufrimien-
tos de los donatistas y las persecuciones de que eran ob-
jeto, y en el V interpretaba los anatemas del Antiguo Tes-
tamento de oleo et sacrificio peccatorts, aplicándolos a los sa-
cramentos administrados en la Iglesia católica Parmeniano
escribió también una carta a Ticonio (hacia el 378), un do-
natista disidente del que hablaremos mas adelante
(cf p 137), de su contenido informa Agustín en su réplica
Contra epistulam Parmeniant Parmeniano reprocha a Tico-
nio su incoherencia, pues no aceptaba los puntos funda-
mentales del credo donatista y tampoco se decidía a pasar a
la Iglesia católica Contra el argumento de Ticonio, que
invocaba la universalidad como nota distintiva de la Iglesia
verdadera, Parmeniano responde que la verdadera Iglesia
es la donatista, en virtud de las persecuciones que sufre
por parte del poder político (= Iglesia de los mártires) No
falta en la carta la exposición de la doctrina sobre el bau-
tismo, que ya conocemos.
Petiliano de Constantina fue el adelantado del dona-
usmo en los últimos años del siglo IV y primeros del V.
|ugó un papel de primer plano en la conferencia de Car-
i.igo del 411 Su Eptstula ad presby 'teros et diáconos (hacia el
KM) sometía a examen todas las cuestiones que separaban
136
Hilario de Poitiers y la crisis amana
a católicos y donatistas, y al bautismo en especial dedicó su
De único haptismo (hacia el 410) La Epistula fue confutada
con todo detalle por Agustín en los libros I y II Contra
htteras Petiltam, éste replicó con una Eptstula ad Augusti-
num, que éste impugnó en el libro III Contra htteras Pett-
Uant En defensa de Petihano intervino entonces un cierto
Cresconio, al que Agustín replicó con sus cuatro libros
Contra Cresconwm En su obra, Cresconio trataba del bau-
tismo, de las responsabilidades del origen del cisma y de
las persecuciones Los mismos argumentos trató un cierto
Fulgencio en una carta que conocemos sólo por la réplica
pseudoagustiniana del Contra Fulgenttum
Los donatistas, cantores del martirio, cultivaron tam-
bién la hagiografía Mencionamos las Acta de Saturnino,
Dativo y Félix, mártires bajo Diocleciano por haberse ne-
gado a consignar los libros sagrados, las Acta de Márculo y
las Acta de Maximiano e Isaac, víctimas de la represión
antidonatista bajo Constante Las visiones que alientan a
los prisioneros recuerdan la passio de Cipriano en la ver-
sión de Poncio y la Passio Perpetuae, las amplificaciones de
carácter retórico y el tono general de la narración acercan
esta literatura a las llamadas pasiones épicas y no a la senci-
llez de las actas históricas En las actas de Saturnino figura
un apéndice que denuncia en tono polémico la actitud de
Mensuno y Ceciliano, hostil a los confessores durante la per-
secución de Diocleciano
Ediciones K ZiWSA CSEL 26 (1893) (Optato), cf PLS I
183-190, Conlatioanni 411, ed S Lancel CCL 149A (1974), ID
SCh 104 105 (1972) (con trad franc )
Estudios J Ferron, Donat DHG XIV(1960)649-650, T
SAGI-BUNIC, Controversia de bapttsmate ínter Parmenianum et
S Optatum Milevitanum Laurentianum 3(1962)167-209, E DlN
kler, Parmenianus PWK 36-3(1949)1549-1553, ID, Petihanus
íbid , 37(1937)1 132-1 136, J M DEL Estal, Testimonio positivo de
Petiliano sobre la inexistencia de monacato en Africa antes de San
Agustín Studia Monástica 3(1961)123-136, B QuiNOT, C Late-
ras Petiltani III 40,48 et le monachisme en Afrtque REAug 13
(1967)15-24, cf también mfra, Optato, Agustín
Hagiografía Ediciones (CPL 719-721 2055) PL 8,689-715 y
P FRANCHI De' Cavalieri, Note hagiografuhe 8 [ST 65] (Roma
1935) 3-71 (Saturnino y Dativo, cf BHL 7492), PL 8,760-766
(Marculo, cf BHL 5271), PL 8,767-774 (Isaac y Maximino,
cf BHL 4473 4474), PL 8,752-758 (Donato y Advocara,
cf BHL 2303b)
Ticonio
137
Estudios sobre el donatismo Cf infra, Optato y Agustín, P
MoNCEAUX, Histoire litteraire de lAfrique chretienne IV- VII (Pa-
rís 1912-1923), G Bareille DTC IV(1939)1701-1728 (cf
DHG XIV [ 1960]654-655), J P Brisson, Autonomisme et chris-
tianisme dans lAfrique romaine de Septtme Severe a l'invasion van-
dale (París 1958) (rec A PlNCHERLE, Note sul donatismo SMSR
33[ 1962] 1 55-169), B BALDWIN, Peasant Revolt in Africa tn the
Late Román Empire Notthingham Medieval Studies 6(1961)3-11,
E L GRASMUCK, Coercitto Staat und Kirche im Donatistenstrett
(Bonn 1964), E TENGSTROM, Donatts ten und Katholtken Soziale,
wirtschaftlicbe und politische Aspekte etner nord-afrikantschen Ktr-
cbenspaltung (Stockholm 1964) (rec P A FEVR1ER RSLR
2[ 1966] 228-240), S LANCEL, Onginalité de la province ecclestastt-
que de Byzacene aux IV e et V siecles Cahiers de Tumsie 12
(1964)139-154, W H C FREND, Martyrdom and Persecution in
the Early Cburch A Study of a Conflict from the Maccabees to
Donatas (Oxford 1965) (rec GAIFFIER AB 85[ 1967] 52 1-523),
S LANCEL, Aux origines du Donattsme et du mouvement des circon-
tellions Cahier de Tumsie 15(1967)183-188, S GHERRO, Stato e
Chiesa di fronte alia controversia donattsta nei prtmi anm dell'eta
¡ostantiniana Studia et documenta histonae et íuns 36(1970)
59-409, W H C FREND, The Donattst Church A Movement of
Prolest in Román North Africa (Oxford 1952, 2 197V) (rec Gaif-
iier AB 75[1957]236-238, Drewery JEH 23[ 1972] 25 1-266),
R B Eno, Some Nuances tn the Ecclesiology of the Donattsts
REAug 18(1972)46-50, M Overbeck, Agustín und die Ctrcum-
ullionen setner Zeit Chiron 3(1973)457-463, W H C FREND,
Heresy and Schism as Social and National Movement, en D BAKER
(td ) y Schism, Heresy and Religious Protest (Cambridge 1972) p 37-
56, D RAYNAL, Cuite des martyrs et propagande donatiste a Uppe-
na Cahiers de Tumsie 2 1 ( 197 3)33-72, K M Girardet, Kaiser-
Kíncht und Bischofsgericht (Bonn 1975), J S ALEXANDER, A note
<»i the Identity of the «Man of God» of 1 Kings XIII in Gesta Coll
(arthag 3 358 JThS 28(1977)109-112, W H C Frend y
K CLANCY, When did the Donattst Schtsm begin? íbid , 104-109
T I C O N I 0
Ticomo, que hemos visto antes ser el blanco de un ata-
que de Parmeniano, ocupa en las filas donatistas una posi-
c ion singular por su vasta cultura, en especial bíblica, y por
l.i moderación e independencia de juicio, ajenas al fana-
nsmo típico de los cismáticos, hasta el punto de acabar por
inmper con ellos Su actividad se coloca entre el 370 y el
>9() Ticonio supo detectar con agudeza los puntos débiles
dt la doctrina donatista sobre la Iglesia y el bautismo, y no
6
138
Hilario de Poitiers y la iruis amana
los ocultó en sus escritos Por este motivo fue atacado por
Parmeniano y hacia el 380 fue condenado por un concilio
donatista. No se creyó por ello en el deber de pasar a la
Iglesia católica, que seguía siendo, en su opinión, una Igle-
sia de traditores, obró, pues, por su cuenta, dedicándose a
sus estudios preferidos Agustín tuvo en gran estima a este
singular personaje, y de él proceden, así como de Genadio
(De vir til 18), muchas noticias acerca de Ticonio
Se han perdido las dos obras que provocaron su cho-
que con los donatistas, a saber, el De bello intestino y las
Exposittones diversarum causarum, escritas entre el 370 y el
375 No son obras independientes, pues la primera ex-
pone las tesis del autor y la segunda procede a su defensa
Ticonio establecía en ellas la universalidad como nota
constitutiva de la Iglesia verdadera y denunciaba por in-
fundada la presunción donatista de constituir la iglesia de
los perfectos, haciendo notar que, aun dentro de la comu-
nidad cismática, seguía habiendo buenos y malos En po-
lémica también con los donatistas, Ticonio sostenía, no
menos que Optato, que la eficacia del bautismo no podía
depender de la dignidad moral del sacerdote que lo admi-
nistraba
De Ticonio se conserva entero el Líber regularum o Lí-
ber de septem reguhs, compuesto hacia el 392, que es, en
cuanto nos es dado saber, el primer manual de hermenéu-
tica bíblica escrito en Occidente, muy apreciado por Agus-
tín, que refiere con detalle su contenido en los últimos
capítulos del libro III de su De doctrina cbristiana No es
una exposición orgánica o sistemática de los criterios de
interpretación de la Biblia, sino una serie de reglas cuya
aplicación permitía interpretar alegóricamente algunos pa-
sajes de la Biblia de difícil o poco clara inteligencia, de
suerte que también de ellos pudiera el lector aprovecharse
para su instrucción y edificación La enunciación de cada
una de las siete reglas es luego declarada y explicada ale-
gando una nutrida sene de citas bíblicas, no siempre pers-
picuas, no faltan divagaciones, que oscurecen aún más el
trazado de la exposición He aquí los puntos principales
La primera regla, De Domino et corpore eius, sostiene que
la Biblia, cuando habla de Cristo, no lo separa de su
cuerpo que es la Iglesia, y por ello pasa a hablar de uno u
otra sin distinción La piedra desprendida del monte que
aniquila los reinos del mundo, según Daniel (2,34), es fi-
gura de Cristo, pero, cuando la piedra se convierte en un
Ticonio
139
monte, no es ya, en rigor, símbolo de Cristo, sino de su
Iglesia La segunda regla, De Domtm corpore bipertito, de-
clara, con clara intención antidonatista, que la Escritura
habla de la Iglesia como de un cuerpo que consta de dos
partes, una formada por los buenos, la otra por los malos,
por ello, la esposa de Cant 1,4 dice «Soy morena, pero
hermosa», y Pablo en Rom 11,28 habla, a la vez, de tni-
iii ni y dtlecti La tercera regla, De promissis et lege, pretende
esclarecer, sobre todo, los textos paulinos de Romanos y
Cjalatas, que se pronuncian ora en favor, ora en contra de
la ley mosaica Ticonio disipa la aparente contradicción a
la luz- del progreso, que de la antigua economía, basada en la
ley, conduce a la nueva, fundada en la fe, y recordando la
lunción propedéutica de la ley (Gál 3,24) En un contexto
que es antignóstico y antimaniqueo, el autor insiste en el
valor del libre albedrío, factor decisivo, junto con la gracia,
de la salvación individual, y, una vez más contra los dona-
ustas, vuelve sobre el tema de la Iglesia, compuesta de
buenos y malos (como Esaú y Jacob, que luchan en el vien-
tre de su madre) La cuarta regla, De specie et genere, sos-
nene, alegando, sobre todo, textos proféticos, que la Escri-
tura, a veces, toma la especie por el género, es decir, la
parte por el todo, y viceversa También aquí la preocupa-
ción de Ticonio es eclesiológica y de signo antidonatista.
Sostiene, en efecto, que las diversas ciudades y naciones
mencionadas en el Antiguo Testamento son figuras de la
Iglesia, a veces, de la Iglesia entera (= el todo), a veces, sólo
de la porción buena o mala (= la parte) Con esta oscilación
del género a la especie y viceversa, Ticonio explica, entre
otros, el episodio de Jonás en Nínive (c 3) La quinta regla,
De temporibus, propone resolver, con auxilio de la sinécdo-
que (la parte por el todo, y viceversa), algunas aparentes
contradicciones de la Escritura en los cálculos cronológi-
cos Ad virtiendo que en tales cálculos la Escritura puede, a
veces, tomar la parte por el todo, y viceversa, se resuelve,
p ej , la contradicción entre Gén 15,13 (los hebreos serán
oprimidos en Egipto por 400 años) y Ex 12,40 (los he-
breos permanecieron en Egipto 400 años), contradicción
que obedece a que no fueron oprimidos durante todos los
100 años, sino sólo después de la muerte de José La sexta
regla, De recapitulatione, declara que, a veces, la Escritura
concentra en un momento significativo lo que en verdad
nene una validez cronológica más amplia los avisos de
Mt 24,15-18 y Le 17,30 deben ser observados siempre y no
140
Hilario de Poitiers y la irisn amana
sólo en la parusía. La séptima regla, De diabolo et corpore
eius, es la réplica exacta de la primera; cuando la Escritura
habla del diablo, no lo distingue de su cuerpo, que son las
personas a él sujetas; v.gr.: cuando Isaías habla de la caída
de Lucifer (19,12ss) lo que luego se dice de todos los reyes
y pueblos, hay que entenderlo referido a su cuerpo, no al
diablo mismo.
Antes del Líber regularum. Ticonio había compuesto un
comentario del Apocalipsis, del que nos han llegado sólo, en
un ms. de Turín procedente de Bobbio, numerosos frag-
mentos sobre los c.2.3. 7. 8.9.10.11. 12. Esta obra de Tico-
nio fue muy estimada en los siglos V al VII y fue utilÍ2ada
por otros exegetas; la comparación de los comentarios del
Apocalipsis de Beda, Primasio y, sobre todo, Beato de
Liébana (siglo VII) pueden ampliar notablemente nuestro
conocimiento del comentario de Ticonio, mas los fragmen-
tos de Turín son suficientes para hacernos una idea precisa
de las características generales de la obra.
Predomina en ella la interpretación alegórica, y Ticonio
recurre a sus reglas (v.gr.: para la regla cuarta, género y
especie, cf. 2,21-23; 12,1). El comentario tiende a inter-
pretar en sentido espiritual determinados particulares del
texto (v.gr.: los ídolos y la fornicación de 2,20, los cata-
clismos y catástrofes de 11,6.13; 12,4); a veces, detalles
escatológicos son actualizados y aplicados a la vida de la
Iglesia (v.gr.: 7,17). El tema que más interesa a Ticonio es
la relación entre Cristo y la Iglesia; ésta, en consonancia
con la orientación general del pensamiento de Ticonio,
comparece bajo las figuras más variadas (v.gr.: los ángeles
de 2,19; 8,2.6; 10,10; 11,18, la nueva Jerusalén de 3,12, el
altar de 8,3, los ancianos de 9,7, los candelabros de 11,4,
la mujer vestida de sol en 12,1 [Cristo es el sol; los após-
toles, la corona de doce estrellas; los herejes, la luna bajo
los pies de la mujer, y Cristo encarnado, su hijo]). En esta
obra no falta la polémica contra el particularismo de los
donatistas, qui angustam nituntur faceré ecclesiam det, que,
en cambio, está esparcida por todo el mundo (3,9-10.12);
dos pueblos coexisten en ella, los buenos y los malos, pars
dei quae luci est comparata, et pars diaboli tenebrarum obscun-
tatibus circumsepta (8,12).
Ediciones: Cf. CPL 709-710; PL 18,15-66; PLS I 621-652;
F. C. Burkitt, The Book of Rules ofTyconius (Cambridge 1894);
F. Lo BUE-G. C. WlIXIS, The Turin Fragments ofTyconius' Com-
Optato de Milevi
141
mentara on Revelation (Cambridge 1963) (rec. G. BONNER: JThS
16[ 1965] 199-204).
Estudios: E. Dinkler: PWK 2 6,1(1936)849-856; T. Hahn,
Tyconius-Studien. Ein Beitrag zur Kirchen- und Dogmengeschichte
des 4Jahrhunderts (Leipzig 1900) (reed. Aalen 1970); H. A. San-
DERS, Beati in Apocalypsim libri XII (Romae 1930); K. FORSTER,
Die ekklesiologische Bedeutung des Corpus-Begriffes im Liber Regu-
larum des Tyconius: MTZ 7(1956)173-183; J. Ratzinger, Beo-
bachtungen zum Kirchenbegriff des Tyconius im «Liber regularum»:
REAug 2(1956)173-187; L. VAN DER Lof, Warum wurde Tyconius
nicht katholisch?: ZNW 57(1966)260-283; A. Pincherle, Nuovi
[rammenti di Ticonio: RSLR 5(1969)756-757; G. Bonner, To-
wards a Text ofTyconius: SP X [TU 107](Berlin 1970) p.9-13;
P. CAZIER, Le «Livre de regles» de Tyconius. Sa transmission du «De
doctrina christiana» aux «Sentences» d'Isidore de Séville: REAug
19(1973)241-261; E. ROMERO POSE, Ticonio y el sermón «in
natali sanctorum innocentium»: Greg 60(1979)513-544; ID., Et
caelum ecclesia et térra ecclesia. Ex'egesis ticoniana de Apocalipsis 4,1:
Aug 19(1979)469-486; A. PINCHERLE, Alia ricerca di Ticonio:
SSR 2(1978)357-365.
OPTATO DE MILEVI
La Iglesia católica de Africa y Numidia, desprovista de
una dirección enérgica antes de Aurelio y Agustín, a duras
penas y con poco éxito trató de oponerse a la presión des-
bordante de los donatistas y su eficaz proselitismo. En el
campo literario, antes de la avalancha de las obras antido-
natistas de Agustín, hoy, y ya en la antigüedad, se conocía
sólo una obra católica contra los donatistas: la de Optato
de Milevi. De su autor sólo sabemos que era obispo de
Milevi (Numidia), y también Jerónimo tenía sólo noticia
de los libros Adversas Donatianae partís calumniam, escritos
en tiempos de Valentiniano y Valente (De vir. ¿II. 110).
Como se ve, Jerónimo no refiere el título exacto, como
tampoco lo dan los códices, que escriben sólo líber I,
II, etc., de Optato de Milevi. El título adversus Parmenia-
num de las ediciones modernas no es, pues, original y ha
sido elegido en vista del contenido, que efectivamente es
una refutación de la obra anticatólica del obispo donatista.
La obra de Optato, como se conserva en los manuscri-
tos, está dividida en siete libros, más un apéndice de do-
cumentos sobre la controversia donatista. Jerónimo, en
142
Hilario de Poitiers y la irisis amana
cambio (1 c ), habla de seis libros, y el mismo Optato en
I 7, al proponer el plan de su obra, enumera sólo seis pun-
tos, que corresponden exactamente con el contenido de
los seis primeros libros Por ello no ha faltado quien ha
considerado no auténtico y añadido el libro VII Mas tam-
bién éste es de Optato, que lo añadió, como se lee al prin-
cipio, más tarde para perfilar mejor su posición antidona-
tista Por indicios que ofrecen algunos manuscritos, cabe
pensar que Optato revisó con esta ocasión los primeros
seis libros, introduciendo algunas mejoras y añadiendo al-
guna cosa (v gr parte del c 8 del libro III) Con toda pro-
babilidad, también entonces añadió el apéndice de docu-
mentos, las dudas contra la autenticidad de algunos de
ellos no tienen fundamento. Por lo que Jerónimo refiere y
de algunos indicios internos, la primera redacción de la
obra se remontaría a los años 370-3 74 La mención de Siricio
como obispo de Roma (II 3) es una aclaración añadida en
la segunda redacción, pues Sincio fue elegido papa el 385
La segunda redacción sería, pues, de los años 385 al 390
La obra, como dijimos, es una refutación sistemática
del escrito filodonatista de Parmeniano Optato enumera
en síntesis, al principio, los cinco puntos fundamentales
tratados por Parmeniano y los seis que él mismo tratará en
su respuesta Pero antes de pasar a la exposición ordenada
y sistemática de los seis temas, Optato reprocha a Parme-
niano que por querer exaltar el bautismo haya llegado a
afirmar que la carne de Cristo fue purificada de sus sordes
en el bautismo del Jordán, hablando de la condenación que
Parmeniano había repetido contra herejías de tiempos pa-
sados (Marción, Praxeas, Sabelio, Valentino, etc ), Optato
expone un punto fundamental de su pensamiento, a saber,
la distinción entre herejes y cismáticos, éstos, reos sólo de
rebelarse contra la disciplina de la Iglesia, los primeros,
culpables de errores de doctrina, por lo que justamente
son rebautizados Acabado el proemio, Optato pasa al
primer punto de su exposición, que versa sobre el pro-
blema de los tradttores, la chispa que había provocado la
crisis donatista Para refutar a Parmeniano, que había sos-
tenido la invalidez de la elección episcopal de Ceciliano,
Optato narra la historia del comienzo del cisma hasta el
concilio de Roma, presidido por Milcíades, poniendo de
relieve, como era de esperar, la responsabilidad de los do-
natistas, insiste, sobre todo, en una circunstancia denun-
ciada por el diácono Nundiniano, a saber, que algunos
Optato de Milevt
143
obispos de Numidia que habían acusado a Félix de Ap-
tungi de traditor, eran ellos mismos tradttores, y en fe de
ello aduce el primer texto del apéndice documental
El segundo libro responde a la afirmación de Parme-
niano, según la cual la iglesia donatista era la verdadera
Iglesia católica, en cuanto provista de todas las notas re-
queridas Optato denuncia la farisaica presunción de los
donatistas alegando una constatación fundamental que la
iglesia donatista está confinada en un rincón del mundo,
mientras la Iglesia católica de Africa se mantiene en comu-
nión con todas las demás iglesias, exalta a continuación con
vigor la unidad de la Iglesia y el primado de la Iglesia ro-
mana, citando la lista de sus obispos, y refiere con sorna el
intento donatista de establecerse en Roma. Parmeniano
había escrito que no merecía llamarse iglesia la que se nu-
tre de la sangre (de los donatistas), provocado por tal afir-
mación, Optato responde describiendo con detalle las vio-
lencias perpetradas por los donatistas contra el clero y los
seglares católicos En el libro tercero, Optato examina la
acusación que se hacía a los católicos de haber solicitado la
intervención de la milicia romana contra los donatistas,
trata de minimizar tal intervención, de la que, no obstante,
en el c 7 sostiene, al menos de forma indirecta, la legitimi-
dad alegando episodios del Antiguo Testamento, recuerda,
una vez más, las violencias de los donatistas y condena su
fanática fidelidad a Donato, niega que se pueda tener por
mártires a los donatistas víctimas de la represión romana,
pues mártires son sólo las víctimas de las persecuciones de
los paganos, los donatistas, en cambio, qmcquid potuerunt
pati, si occidi malum est, malí sui ipsius sunt causa (c 6) En
este contexto, Optato afronta el punto neurálgico de la
controversia donatista, a saber, la actitud de católicos y
donatistas frente al Imperio romano, mas lo hace procu-
rando hacer resaltar, no obstante las divergencias, la subs-
tancial coincidencia de ambas partes en una fe común (c 9)
Optato profesa lealtad total al Imperio, desde que los em-
peradores son cristianos, la identificación de la cristiandad
con el Imperio es, según él, un hecho consumado (non
enim respublica est tn ecclesia sed ecclesia in república, escribe
en el c 3), y por ello juzga imperdonable la hostilidad de
Donato contra Constante, cathohcus tmperator Con esta
mentalidad, Optato no parece la persona indicada para pe-
netrar en el meollo de los motivos socio-económicos que
inspiraban el repudio donatista del Imperio y de la política
144
Hilario de Poitiers y la crisis arriaría
de connivencia con la Iglesia, y por ello no logró com-
prender su razón de ser.
En el libro IV, el más breve de todos, Optato examina
las razones de los donatistas para negar validez a la unción
y a la eucaristía oficiadas por los sacerdotes católicos, que
los cismáticos tenían por pecadores. Denunciando, una vez
más, el radicalismo de los donatistas, que exasperaban una
controversia que de suyo no afectaba a los puntos funda-
mentales de la fe, Optato pone en evidencia la presunción
de los adversarios al juzgar pecadores a los católicos y re-
futa los argumentos bíblicos, en realidad bastante genéri-
cos, que los donatistas aducían en apoyo de su reprobación
de los sacramentos administrados por los católicos. El li-
bro V continúa y amplía el tema del IV, esta vez referido al
punto doctrinal más importante que dividía a los dos ban-
dos, es decir, la decisión donatista de considerar inválido el
bautismo administrado por un sacerdote católico por ser
pecador, y, por tanto, de administrar de nuevo el bautismo
a los católicos que pasaban a las filas donatistas. En pro de
esta praxis, los donatistas invocaban el patrocinio de Ci-
priano, que no había tenido por válido el bautismo admi-
nistrado por los herejes. Optato observa que el bautismo
administrado por los herejes, que alteran la profesión de
fe, no es válido, pero entre los donatistas y los católicos
una est ecclesiastica conversatio (c. 1 ), y, por tanto, es válido
el bautismo administrado por unos y por otros. En el bau-
tismo cabe distinguir tres elementos (species): prima in Tri-
nitate, secunda in creciente, tertia in operante; de ellos sólo
los dos primeros son indispensables, a saber, la fórmula
bautismal correcta, como compendio de la regla de la fe, y
la fe del candidato; no así el tercero, es decir, la santidad
del ministro: operarii mutari possunt, sacramenta mutart non
possunt (c.4). Hacer depender la validez del bautismo de la
santidad del ministro equivale a admitir que la voluntad
del hombre pueda poner obstáculos a la voluntad salvífica
de Dios, que se concretiza precisamente en la gracia del
bautismo. Dios mismo, no el ministro, es quien infunde en
el bautizado el espíritu divino. En Optato se encuentra ya
más que bosquejada la doctrina agustiniana sobre la efica-
cia de los sacramentos ex opere operato y no ex opere ope-
rantis.
El libro VI ilustra los excesos cometidos por los dona-
tistas, que para proclamar su convicción de la invalidez de
los sacramentos y ordenaciones católicas llegaban al ex-
Optato de Milevi
145
tremo de destruir los altares y cálices de las iglesias católi-
cas, lavar y sembrar de sal las mismas iglesias para purifi-
carlas y mudar a las vírgenes los ceñidores de lana. En el
libro VII, añadido, como se dijo, más tarde, Optato re-
cuerda, una vez más, las intemperancias de los donatistas y
aprueba la obra de Macario, el legado de Constante, que
había mandado la milicia romana contra los donatistas. En
este libro, que es de tono aún más conciliador que los pre-
cedentes, Optato se opone a la tesis donatista sobre la
Iglesia que alberga sólo a los perfectos; la Iglesia, que es
una, extendida por todo el mundo (romano), es semejante
al campo cultivado de la parábola de Mt 13,24ss: et in uno
agro nascuntur diversa semina, sicut in ecclesia non est similis
turba animarum (c.2). La separación del grano y de la ci-
zaña tendrá lugar sólo el día del juicio por intervención de
Dios mismo.
En más de una ocasión hemos notado el tono mode-
rado y la actitud conciliadora de Optato, notas que distin-
guen su obra de otras del mismo género literario, por lo
regular mucho más agresivas y violentas. Optato, en
efecto, procura quitar importancia a los motivos de con-
flicto entre católicos y donatistas, a los que presenta como
extremistas radicales que exageran por fanatismo ese con-
flicto. A este fin pone al descubierto con acierto el fari-
seísmo, a la vez orgulloso e ingenuo, de quien se ufanaba
de pertenecer a la Iglesia de los perfectos y echa abajo sin
dificultad, a veces con blanda ironía, los endebles argu-
mentos que sostenían tal presunción. Mas en realidad el
donatismo se nutría, ante todo, de fanatismo religioso y de
odio antirromano, y, junto a éstos, el pertrecho doctrinal
significaba muy poco. De ahí que sea legítimo preguntarse
qué eficacia y validez pudo tener entre los donatistas esta
obra que nos parece tan mesurada y bien trabada. Su razón
de ser estriba, ante todo, en la urgencia de dar respuesta
católica a la obra de Parmeniano para hacer ver a los inde-
cisos y tibios de ambos bandos la inconsistencia de los ar-
gumentos filodonatistas en ella recogidos.
Los antiguos no conocían de Optato más que esta obra
antidonatista que hemos presentado. Modernamente le
fueron adjudicados unos sermones de la enorme congerie
de los pseudoagustinianos, mas la atribución está lejos de
ser segura; uno trata de la Pascua, otro de la Epifanía. Más
segura pareció la atribución de un sermón sobre los Santos
Inocentes que figura con el nombre de Optato de Milevi
146
Hilario de Poitters y la crisis amana
en un manuscrito Algunos detalles del texto (actualidad
de las persecuciones, alejamiento del mundo) apuntan a
una procedencia donatista Se ha propuesto el nombre de
Optato de Thamugadi, uno de los jefes cismáticos
Ediciones (CPL 244-249) PL 11,883-1104, PLS I 287-302,
K ZlWSA CSEL 26 (1893), A WlLMART, Un sermón de saint
Optat pour la fete de Noel RevSR 2(1922)271-302
Traducción Inglesa O R VASSAIX-PHILLIPS (London 1917)
Estudios B Capelle, Optat et Maxtmtn RB 35(1923)24-26,
A PlNCHERLE, Un sermone donatista attributto a S Ottalo di Mtle-
n Bilychnis 22( 1923)1 34ss, Id , Due postille sul donatismo RR
18(1947)160-164, T Sagi-Bunic, Controiersia de baptismate
ínter Parmenianum et S Optatum Milentanum Laurentianum
3(1962)167-209, Y M Duval, Quelques emprunts de saint León
a saint Augusttn MSR 15(1958)85-94 (91s), S Blomgren, Eme
Echtheitsfrage bei Optatus ton Mtleve (Stockholm 1959), Id , Spi-
cilegium Optatianum Eranos 58(1960)132-141, A C de Vefr,
A propos cié l'authenticite du livre Vil d'Optat de Mtleve REAug
7(1961)389-391, H J DlESNER, Volk und Volksaufstande bei
Optatus ton Mtleie, en Ktrche und Staat tm spatromischen Retch
(Berlín 1963), H SILVESTRE, Trois sermons a retirer definitivement
de l'herttage d'Optat de Mtleve Proceedings of the African Classical
Associanon 7(1964)61-62, V Saxer, Un sermón medieval sur la
Madeleine Reprtse d'une homehe antique pour Paques attribuable a
Optat de Mtleve C+ 392) RB 80(1970)17-50, A Golda, Les mots
«fides» et «fidelis» chez Optat de Miteie Rocznik teol -kanoniczne
19(1972)172-180 (en polaco, con resumen en francés), L Malu
NOWICZOWNA, Signification du mot «sacramentum» chez Optat de
Mtleve ibid, 163-171 (id ), R B Eno, T be Work of Optatus as
a Turning Point in the African Ecclesiology The Thomist 37 ( 1973)
668-685, E NASH, Convenerunt in domum Faustae ¡n Laterano
S Optati Milevitant l 23 RQ 71(1976)1-21
ZENON DE VERONA
En una carta escrita hacia el 380 (I 5,1), Ambrosio re-
cuerda, como obispo de Verona fallecido poco antes, a
Zenón, que la tradición coloca en octavo lugar en la suce-
sión de obispos de esa sede Nada dicen de él Jerónimo y
los demás biógrafos antiguos, mas algunos manuscritos le
atribuyen 92 homilías, que por argumentos internos resul-
tan, de hecho, ser obra de un mismo autor que escribe
después del 360, pues utiliza el comentario de los Salmos de
Zenon de Verona
147
Hilario No hay razón para no aceptar la atribución de los
manuscritos, y, en efecto, nadie hoy pone en duda que
Zenon sea el autor de esas homilías
La colección nos ha llegado repartida en dos libros de-
siguales, el primero de 62 y el segundo de 30 homilías En
conjunto sólo unas 30 parecen ser completas o, al menos,
desarrolladas de forma orgánica, la mayoría son esbozos,
resúmenes o fragmentos, a veces repetidos Por ello, es
evidente que la edición de estas homilías no es obra de
Zenón, sino de algún compilador que reunió el material
que pudo encontrar, probablemente, después de la muerte
del obispo De indicios que ofrecen los manuscritos, se
deduce que la colección fue compilada en Verona y para
uso litúrgico El silencio de las fuentes acerca de la activi-
dad literaria de Zenón se explica con facilidad por la difu-
sión sólo local de las homilías, acaso cuando había transcu-
rrido ya algún tiempo de la muerte de su autor La calidad
notable de algunas de las más extensas, incluso en el as-
pecto formal, autoriza a pensar que, al menos, éstas fueron
revisadas por su autor después de ser pronunciadas
Alegando las reminiscencias de autores africanos, como
Tertuliano y Lactancio, en vanas paginas de Zenon, y la
presencia de una homilía en honor de San Arcadio, un
mártir poco conocido de Mauritania, se ha convertido en
opinión común la procedencia africana de Zenón Mas el
primer argumento carece de valor, y el segundo, mas signi-
ficativo, no basta para establecer la patria del obispo de
Verona
Los temas tratados en las homilías son muy vanados,
como era de esperar, la mayor parte son de argumento
exegético, algunos tratan del bautismo, y de la Pascua,
otras, temas morales, como de conttnentia, de avantia, de
pudiatia, de timore, de pattentta, etc En estas últimas se
advierte la tendencia a recurrir a ejemplos, casi siempre
del Antiguo Testamento, para animar e ilustrar la exposi-
ción José y Susana son ejemplos de pureza (I 1), Daniel,
Joñas y Pedro son ejemplos de temor de Dios (II 2) El
tenor de la exposición, como aparece en los textos comple-
tos, es grave, la forma, cuidada, con empleo, a veces, de
cláusulas rítmicas En Zenon no se advierte, pues, necesi-
dad u ocasión alguna de acomodar su forma de hablar a la
capacidad de un auditorio de escasa preparación
La mayor parte de las homilías bíblicas se refieren al
Antiguo Testamento episodios (los sueños de Jacob. I 37)
J48 Hilario de Poitiers y la crisis amana
y personajes (Job: 115; Abrahán: I 43; Jonás: I 34). La
singular predilección por esta parte de la Biblia, ya men-
cionada, destaca también en textos de otro género (v.gr.:
en I 36,7-8); como modelos de fe, sólo Pedro representa al
Nuevo Testamento, mientras que el Antiguo figura con
Henoc, Noé, Abrahán, Isaac, Jacob, José, Moisés, Josué, et-
cétera. Predilección especial concede Zenón al libro de Da-
niel, sobre todo a los episodios de los tres jóvenes y de
Susana. Esta preferencia por el Antiguo Testamento va pa-
reja con una habitual postura antijudía (I 18. 51. 61, etc.),
que tiene ocasión de mostrarse, sobre todo, al hablar de la
Pascua. La única homilía, entre los textos completos o casi
completos, dedicada al Nuevo Testamento — la II 1, sobre
1 Cor 15,24 — aborda un texto debatido en la controversia
arriana, y adopta en todo la forma de una exposición doc-
trinal.
La evidente preferencia de Zenón por episodios y per-
sonajes del Antiguo Testamento discurre por las cauces de
la tradición, que interpretaba el Antiguo Testamento en
clave prevalente, por no decir exclusivamente, cristológica,
en esta dirección procede la exégesis de las homilías mejor
conservadas, en las que diversos personajes del Antiguo
Testamento comparecen como prefiguraciones de Cristo.
Se trata, por lo general, de motivos tradicionales; v.gr.: Jo-
nás (I 34), Jacob (I 37), el patriarca Judá en el episodio de
Tamar (I 13), la parábola del buen samaritano, con Adán
en el papel del hombre despojado y maltratado, y Cristo
en el del buen samaritano, explicación que extiende al caso
de Job (I 15), variante menos común en esta tradición exe-
gética. Si en las homilías la interpretación de conjunto es,
en gran parte, tradicional, no cabe decir lo mismo de mu-
chas anotaciones de detalle, que revelan un exegeta atento
a los matices más ligeros del texto bíblico que interpreta.
Zenón se ha ocupado varias veces de Gén 1,26-27 (crea-
ción del hombre a imagen de Dios), texto de notable rele-
vancia doctrinal, elaborando una antropología dualista que
descubre la imagen divina en el elemento espiritual del
hombre.
Pocas de las homilías completas abordan temas for-
malmente teológicos (I 2, sobre la resurrección; II 5, sobre
1 Cor 15,24, con interpretación antiarriana); son frecuen-
tes, en cambio, las alusiones breves, esparcidas por todas
las homilías, que revelan, no obstante algún resabio de
milenarismo (I 2), que su autor estaba bastante al corriente
Zenón de Verana 149
de las cuestiones más debatidas en su tiempo, en especial
la cuestión trinitaria y cristológica. Acerca de la primera, y
en polémica contra los arríanos, Zenón expone con preci-
sión la doctrina de la igualdad y coeternidad de las perso-
nas en la única naturaleza divina, y cita los pasajes bíblicos
que sugieren la inferioridad de Cristo, explicándolos en
función de su humanidad, sin detrimento de su divinidad
por la que es igual al Padre (II 5). Dirige su atención, so-
bre todo, a la relación Padre-Hijo; pero no faltan fórmulas
trinitarias que incluyen al Espíritu Santo en la divinidad
(I 7.17.45; II 5). Digna de mención la imagen final de I 7,
que asemeja el Padre y el Hijo a dos mares, distintos entre
sí sui proprietate, locis vocabulisque (= personas divinas),
pero en los que la misma agua (= una sola naturaleza di-
vina) pasa de uno a otro, para significar la compenetración
vigente entre las dos personas.
Acerca de la cristología, Zenón no parece preocupado
por la cuestión apolinarista, que no tuvo gran resonancia
en Occidente, y presta, en cambio, su atención al peligro
fotiniano, cuyo centro de irradiación, la Panonia, no estaba
lejos del norte de Italia. Contra estos herejes proclama, en
varios fragmentos de su homilía sobre el nacimiento de
Cristo (I 54; II 8,12), la doble generación de Cristo: del Pa-
dre qua deus, de María qua homo. En I 3.19 aparece el
tema, no común, de Cristo que penetra en María por el
oído, es decir, por medio de la palabra del ángel de la
anunciación.
La homilía I 39, sobre el mártir Arcadio, es un texto
sin paralelo en la colección, que en ningún otro lugar habla
de mártires. Es de notar por el carácter, en buena parte
legendario, de la descripción de la pasión del mártir, del
que se deduce que ya hacia el 360 la tradición genuina
sobre los mártires comenzaba a corromperse, para ceder el
paso a las exageraciones legendarias no históricas, comunes
a tantas actas de mártires llegadas a nuestras manos.
Ediciones: Cf. CPL 208; PL 1 1,253-528; B. Lófstedt: CCL 22
(1971), con amplia introducción (rec. ÓNNERFORS: Gnomon
■16[1974]369-373).
Traducciones: Alemanas: A. BlGELMAlR, Des hl. Bischofs Zeno
ron Verona Traktate [BKV 2 10] (München 1934); Th. MlCHELS,
Des hl. Zeno von Verona osterliche Ansprachen (Berlin 1927). — Ita-
liana: G. EDERLE, San Zeno. Sermones I-IV (Verona 1955-1960);
sobre las traducciones cf. B. LOFSTEDT: CCL 22 p.55*-59*.
150
Hilario de Pottiers y la trisis amana
Estudios J B C Giullari, S Zenonts eptscopi Ver sermones
(Verona 2 1900) (texto con comentario y notas), A BlGELMAlR,
Zeno von Verona (Munster 1904), H jANUEL, Commentationes pht-
lologtcae in Zenonem Veronensem (Regensburg 1905-1906), F C
ARNOLD, Zeno, Bischof ion Verona RE XXI (1908) 657-663,
K ZlWSA, Zur stiltsttschen Wurdigung des Zeno Veronensis, en
Festgabe zum 100 jahr Jubtlaum des Schottengymnastums (Wien
1907) p 372ss, E LOFSTEDT, Patrtstische Beitrage Franos 10
(1910)6-29, M STEPANICH, The Christology of Zeno of Verona
(Washington 1948), R ROSINI, // primato di Cristo secondo S Ze-
no, vescovo dt Verona StP 10(1963)3-36, O PERLER, Dte Taufsym-
bolik der vter Jahreszeiten im Baptisterium bei Keltbia, en Mullas
Festschrift Th Klauser (Munster 1964) p 282-290, F E VOKES,
Zeno of Verona, Apuletus and Africa SP VIII [TU 93] (Berlín
1966) p 130-134, Y M DUVAL, Les sources grecques de l'exégese
de Joñas chez Zénon de Verane VC 20(1966)98-1 15, G DE A POLI,
L'tniziazione cristiana nei «Sermoni» di S Zeno di Verona Rivista
litúrgica 54(1967)407-417, J DoiGNON, Refrigerium et catechese
a Verane, en Hommages a M Renard (Bruxelles 1969) II p 220
239, B LOFSTEDT, Zur Sprache des Zeno Veronensis Acta classica
12(1969)87-102, G B Pighi, Sanctt Zenonts Veronensts ep histó-
rica popularisque persona Latinitas 20(1972)12 1-134, L Palanca,
The Prose Rythm and Gorgianic Figures in the Sermons of Si Zeno
of Verona, Diss Cath Univ America (Washington 1970), W
WlSTRAND, Textkritisches zu Zeno Veronensts, en Classica et Me-
diaevaha F Blatt (Copenhague 1973) p 22 3-238, K Wegenast,
Zenon PWK 11-19(1972)147-149, W Hubner, Das Horoskop der
Chrtsten (Zeno 1, 38 L) VC 29(1975)120-137, G P Marchi,
A Orlandi, M Brenzoni, // culto di san Zeno nel Veronese (Ve-
rona 1972), G PHIUPPART, La fite de S Zénon de Verane le 8
décembre AB 92(1974)347-348, B Lofstfdt y D W Packard,
A Concórdame to the «Sermons» of Bishop Zeno von Verona (New
York 1975), Studi Zenontani in occasione del XVI centenario della
marte di san Zeno (Verona 1976)
FILASTRIO DE BRESCIA
La proliferación de herejías que caracteriza el siglo IV,
con el arnanismo en sus vanas modalidades, el apolina-
rismo, el pnscilianismo y otras más, hizo sentir la necesi-
dad de poner un cierto orden en ellas y examinar una a
una todas estas sectas junto con las que las habían prece-
dido, tarea que en este tiempo asumen Epifanio, el mismo
Agustín y Filastno, como antes, en la segunda mitad del
siglo II y principios del III, otra época marcada por la
abundancia de herejías, habían hecho Justino, Ireneo, Hi-
Filastrio de Bresaa
151
pólito y el Pseudo-Tertuliano con sus escritos heresioló-
gicos
De Filastno no habla Jerónimo en su De vtrts tllustrt-
bus, y de él sabemos los datos, muy genéricos, que cabe
deducir de un sermón que le dedicó Gaudencio, su suce-
sor en la cátedra de Brescia, que lo presenta como un pre-
dicador y polemista itinerante, siempre dispuesto, en
Roma o en otros lugares, a discutir con paganos, judíos y
herejes Su actividad discurre en la segunda mitad del si-
glo IV En Milán se opuso, sin éxito, a Auxencio, y fue por
ello apaleado Como obispo de Brescia figura entre los
firmantes de las decisiones del concilio de Aquileya del
381, que depuso a los obispos arríanos Paladio de Ratiaria
y Secundiano de Singidunum De él conocemos un Dtver-
sarum haereseon líber, que Agustín describe brevemente en
Ep 222, comparando las 156 herejías descritas por Filas-
tno con las 80 descritas por Epifanio, y haciendo notar no
la menor información de Epifanio, sino el diverso con-
cepto de herejía profesado por uno y otro, en realidad,
concepto difícil de determinar De los dos, Agustín pre-
fiere, sin duda, a Epifanio, y se nota que Filastno no le
merece gran consideración
En la descripción de la obra de Filastrio, Agustín dis-
tingue dos categorías 28 herejías surgidas entre los judíos
antes de la encarnación de Cristo y 128 que pertenecen a
los tiempos cristianos La distinción en dos partes es con-
firmada por la tradición manuscrita, un manuscrito de Le-
ningrado de la obra de Filastno comprende sólo las 128
herejías del segundo grupo Entre las fuentes utilizadas por
Filastno, Lipsius propuso incluir también el Syntagma de
Hipólito, mas prevalece la opinión que Filastno solo se
sirvió, ante todo, de Epifanio, y mucho menos de Ireneo
Posterior, pues, a Epifanio, la obra de Filastno fue com-
puesta, probablemente, entre el 380 y el 390 De los cálcu-
los que Filastrio hace en los c 106 y 112, Marx deduce
que la obra conoció una segunda redacción en el 430, mas
es preferible pensar que Filastrio erró en sus cálculos
En un breve proemio, Filastno da a conocer su propó-
sito de tratar de las herejías y errores que proliferaron
desde la creación del mundo entre los judíos y luego en la
era cristiana Siguiendo a Epifanio e Hipólito, Filastno
erige la doctrina cristiana, de forma ahistónca y atemporal,
en parámetro absoluto de la verdad, mas, a diferencia de*
sus modelos, se limita al ambiente judío, y no incluyeren-
152 Hilario de Poitien y la crisis amana
tre las herejías a las escuelas filosóficas griegas, aunque el
juicio que la literatura y la cultura pagana, en general, le
merecen son del todo negativos Ya hemos notado en Fi-
lastno el crecido número de herejías judías En general,
los heresiólogos de la antigüedad tienden a acrecentar, con
expedientes más o menos artificiosos, el número de las he-
rejías, con el fin evidente de organizar mejor los detalles y
de poner en más marcado relieve el peligro que consti-
tuían para la fe, preocupación que en Epifanio es ya obse-
sión Filastno se adentra aún más por este camino, y en el
innegable contento que muestra por enumerar herejías sin
cuento no parece estar ausente el gusto por exhibir su
erudición En esta inflación de herejías se comporta de
modo arbitrario, elevando al rango de herejes auténticos,
con su correspondiente etiqueta (Musuntae, Troglodytae,
Puteoritae), a simples protagonistas de episodios del Anti-
guo Testamento Desde el número 80 aproximadamente,
casi todas las llamadas herejías no son otra cosa que propo-
siciones de carácter doctrinal o disciplinar que Filastno
considera erróneas, pero que no consta que hayan dado
origen a verdaderas facciones heréticas o cismáticas A este
propósito conviene advertir que Filastrio ignora en abso-
luto la distinción entre herejía y cisma, distinción que, por
citar un ejemplo, su contemporáneo Optato establece con
todo rigor Su nivel de información es, sin duda, modesto,
toma de Ireneo y, sobre todo, de Epifanio, pero de forma
superficial, condensando los datos de sus fuentes en anota-
ciones breves y aun brevísimas, que ofrecen de cada here-
jía una presentación sólo genérica Ni mejora la situación
al tratar de herejías contemporáneas, para las que Filastno
podía disponer de documentación abundante y de primera
mano Como es obvio, no faltan errores y confusiones
(v gr en la herejía 90, donde se afirma que Mehcio fue
partidario de Arrio, cuando en realidad Arrio fue, en un
primer tiempo, partidario de Melicio) Al tratar de la here-
jía amana (66), atribuye al heresiarca conceptos que no
databan de los orígenes de la controversia, sino que fueron
corrientes sólo en torno al 360 Si tenemos en cuenta la
actividad antiarnana de Filastno, esta carencia de informa-
ción no puede dejar de sorprender, y, en todo caso, no
depone en favor de la preparación doctrinal y heresiológica
de nuestro autor En resumen, el lector moderno no puede
menos de hacer suyo el parecer poco halagador de Agustín
sobre Filastrio.
\
Gaudentto de Bresaa
153
Ediciones Cf CPL 121-121a, PL 12,1111-1302, F Marx
CSEL 38 (1898), F HtYLEN CCL 9(1957)207-324 481-584 (ín-
dices)
Estudios P C JlJRENT, Etude grammaticak sur le latín de S
Filastrius (Erlangen 1904) (= Romanische Forschungen 19[1906]
130-320), F MARX, Uber die Trierer Handschrift des Füastrius
Zur Erganzung der Wiener Ausgabe Benchte uber di Verhand
d k sachs Gesel d Wiss zu Leipzig, phil -hist Kla 56(1904)
43-105, R Schmid, Phtlaster RE XV (1904)294-295, A Engel
BRECHT, Uber eine bisher verschollene Handschrtft des Eilastnus
SAW 146,8(1903)46-54, G FiCKER, Pbilastrius RGG IV(1913)
1492-1493, J WlTTlG, Filastnus, Gaudentius und Ambrosiaster,
en Ambrosiaster-Studten (Breslau 1909) p 3-56, F CECCOPIERI,
L'uso di «quod, quia, quomam» inFilastrio BFC 10(1923)48-51,
Th Stangl, Zu Pbilastrius c 1 09,2 PhW 32( 191 5)862-863, H
KOCH, Philastrius PWK 38(1938)2 125-2 13 1 , G Bardy, Le «De
haeresibus» (de San Agustín) et ses sources MSCA II 397-416,
M J RONDEAU, Les polemiques d'Hippolyte de Rome et de Filustre
de Bresaa concernant le psautter RHR 171 (1967)1-51
GAUDENCIO DE BRESCIA
Lo poco que sabemos de Gaudencio lo debemos a sus
propios escritos (Serm. 16 y 21) Cuando falleció, poco
después del 390, el obispo de Brescia Filastno, Gauden-
cio, que había sido discípulo suyo, se encontraba en
Oriente, y allí le llegó la noticia de su designación como
sucesor de su maestro El mismo refiere que intentó al
principio declinar la designación, pero terminó por acep-
tarla movido por las instancias de Ambrosio y de otros
obispos El 405, por encargo de Honorio, viajó con otros
dos obispos italianos a Constantinopla para solicitar de Ar-
cadio un nuevo examen del caso de Juan Cnsóstomo, que
había sido depuesto y exiliado Al igual que sus dos com-
pañeros, Gaudencio fue mal acogido, incluso encarcelado,
y devuelto a su sede en una nave ruinosa a punto de zozo-
brar El 410, Rufino le dedicó la traducción latina de las
Recogmtiones pseudoclementinas
Tuvo fama de buen predicador, mas sólo a la casua-
lidad debemos la conservación de una parte de su predica-
ción Como se lee en el proemio que las precede, un fun-
cionario de alto rango de Valentiniano II llamado Bené-
volo no pudo asistir, por encontrarse enfermo, a una sene
de sermones que Gaudencio había pronunciado durante la
154 Hilario de Pottiers y la crisis amana
semana de Pascua, las pidió a Gaudencio, que las pvtso por
escrito, añadiendo otras cinco de tema bíblico La crítica
moderna, con argumentos internos de valor, ha añadido a
este bloque homogéneo otros seis sermones
Las diez homilías pascuales versan casi todas sobre los
pasajes del Exodo que se leían en la liturgia, las homilías 8
y 9, en cambio, sobre el episodio de las bodas de Caná En
perfecta consonancia con la celebración litúrgica en que
fueron pronunciadas, las homilías sobre el Exodo se atie-
nen a la tradicional lectura tipológica de este libro bíblico,
que desde los orígenes de la exégesis cristiana había sido
interpretado como prefiguración del misterio pascual y de
los ritos anejos la salida de Egipto y el viaje por el de-
sierto son símbolo de la liberación de los cristianos, que
por el sacrifico de Cristo se ven libres del poder del Fa-
raón (= el diablo) y de la esclavitud de Egipto (= la
muerte) En este contexto tipológico y sacramental, Cristo
es el cordero pascual que libra del pecado y alimenta mís-
ticamente con su carne a los cristianos, que en él resucitan
por medio del bautismo Los primogénitos de los egipcios
exterminados por el ángel simbolizan los demonios, venci-
dos por Cristo, los panes ázimos deben significar la ino-
cencia, entendida, ante todo, en sentido doctrinal, es decir,
como incontaminación de la herejía A este propósito, no
faltan en las homilías sobre el Exodo pasajes polémicos,
sobre todo contra marcionitas y maniqueos, que negaban
que el Dios sumo fuese autor del Antiguo Testamento Las
dos homilías sobre las bodas de Caná defienden el matri-
monio contra los maniqueos y ensalzan la virginidad de
María De notar es la actitud de Gaudencio contraria al pro-
ceder de ciertos padres que consagraban sus hijos aún en
tierna edad a la vida de virginidad, la cual, aunque consti-
tuía el ideal de perfección, no debía ser abrazada por im-
posición
De las cinco homilías añadidas por Gaudencio a las
pascuales, cuatro explican textos del Evangelio y una cele-
bra las gestas de los Macabeos, la serie es de tema vanado,
presentado con buen dominio de la materia, como al pro-
poner a los cristianos, como ejemplos de fe y fortaleza, a
los Macabeos, o al tratar de Jn 14,26 (Serm 14) en el breve
tratado de Spiritu sancto que ofrece a su auditorio, y en el
que se muestra en perfecta consonancia con la teología ca-
tólica de la época, confesando la plena divinidad de la ter-
cera persona de la Trinidad En el serm 13, sobre la Navi-
\ Gaudenao de Bresna 155
dad, el predicador sale en defensa de los pobres contra la
avidez de los ricos
Las seis homilías que la critica moderna ha restituido a
Gaudencio son de argumento muy variado, la 16 (de ordi-
natmne sui) ofrece los datos autobiográficos que ya hemos
referido, la 17 trata de la dedicación de una basílica, la 18
(ad Serminium) interpreta la difícil parábola evangélica del
administrador infiel, que representa, según Gaudencio, al
diablo, que, aun después de la venida de Cristo, trata de
hacer daño a los cristianos, la 19 (ad Paulum diaconum) está
dedicada a Jn 14,28 «el Padre es mayor que yo», locus
classicus de la controversia amana, que Gaudencio explica
en conformidad con la interpretación mas común sobre
todo en Occidente, refiriendo la inferioridad a Cristo qua
homo, la homilía 20 es un breve panegírico de Pedro y Pa-
blo, la 21 (de vita et obitu beati Ftlastm) suministra los po-
cos datos que poseemos acerca de Filastno y alguna noticia
más sobre el mismo Gaudencio La autenticidad de esta
ultima homilía ha sido puesta en duda por Marx, editor de
Filastrio, pero sin fundadas razones
Sin ser original en ningún campo, Gaudencio sabe des-
envolverse bien en cualquiera que trata en la exégesis, en
la exposición de la doctrina trinitaria contra los arríanos o
en digresiones de carácter disciplinar y parenético La forma
es sencilla, clara y correcta, y es prueba de la excelente
preparación escolástica de su autor En conjunto, Gauden-
ao muestra poseer todas las dotes que entonces se reque-
rían de un obispo que quisiera estar verdaderamente a la
altura de sus deberes, que no eran sólo pastorales, sino
también políticos y de representación preparación litera-
ria, competencia no superficial en el campo de la exégesis
y de la teología y capacidad de despertar en sus fieles un
serio empeño en el campo de la disciplina y la moral
Ediciones Cf CPL 139-14}, PL 20,827-1006, A Gluck
CSEL 68 (1936) (rec Hauler AAWW 73[1936]51-55 y
Souter JThS 38[1937]270-272)
Traducción Italiana G M MARIOTT1, Le opere di S Gauden-
zio tescovo di Brescia, tradotte in esatta, se non elegante, versione
italiana (Breno 1913)
Estudios J WlTTIG, Filastrius, Gaudenttus und Ambrosias ter,
en Ambrosiaster-Studien (Breslau 1909) p 1-56, K ChR Knap
PE, Ist die 21 Rede des hl Gaudenttus («Oratto B Gaudentu ep
156 Hilario de Pottters y la irisa amana
de uta et obitu B Filastru») echt^ Zugleich ein Beilrag zur Lati-
rntat des Gaudentius, Progr (Osnabruck 1908), A JULICHER
PWK VII-L (1910)859-861, A L'Huillier, Che cosa sapptamo noi
della liturgia di Brescia al lempo di S Gaudenzio 7 Bnxia sacra
2(1911)291-294, G GAGGIA, Sulle opere e sulla dottnna di S
Gaudenzio ibid , 282-290, C R NoRCOCK, Si Gaudentius of
Bresaa and the Tome of St Leo JThS 1 5( 19 13-14)59^-596 (= S
Gaudenzio di Bresaa e il tomo di S Leone Magno Bnxia sacra
6[1915]91ss), H A BlRCH, A Comparison of the Styles oj Gauden-
tius of Bresaa, the «De sacramentis» {ascnbed to St Ambrose) and
the «Didascalia apostolorum» or «Fragmenta Veronensia» Risca
(Monmouch 1924), P NAUTIN, Hippolyte, Contre les heresies (París
1949) (influjo de Hipólito) y cf ID , Une homelie inspiree du traite
sur la Paque d'Hippolyte [SCh 27] (París 1950) índice, F Triso
OLIO, Gaudenzio da Brescia scnttore [Biblioteca della Rivista di
studi classici] (Tormo 1960), A BRONTESI, Ricerche su Gaudenzio
da Brescia Memone stonche delia diócesi di Brescia 29(1962)
139-143, Id Bibhotheca sanccorum VI (1.965)47-54, L Boeh
rer, Gaudentius of Bmaa Sermons and Letters Diss Cath Umv
America (Washington 1965), P VlARD DSp VI (1967)139-143,
M BETTELLI BERGAMASCHI, Bresaa e Milano alia fine del IV secólo,
en Ambrosiu! episcopus (Milano 19""6) II p 243-283
PACIANO DE BARCELONA
Las pocas nocicias que tenemos de Paciario las propor-
ciona Jerónimo (De vtr til 106), que fue amigo de su hijo
Diestro, prefecto del pretorio Paciano fue obispo de Bar-
celona y muñó, ya en edad avanzada, reinando Teodosio,
pero antes del 392, en que Jerónimo compuso su De vms
tllustribus
Jerónimo refiere que Paciano compuso vanos opuscula,
y, entre otros, Cervus (o Cervulus) et Contra Novattanos El
Cervus, que se ha perdido, lo escribió para alejar a sus fie-
les de las fiestas paganas que se celebraban por Año
Nuevo Paciano mismo refiere al principio de su Paraene-
sts, que describió las fiestas de forma tan lograda, que su
libro sirvió más para exhortar que para desaconsejar la par-
ticipación en ellas De Paciano poseemos varios escritos de
género diverso, pero unidos entre sí por el tema común,
que es la cuestión penitencial
Por su importancia destacan tres cartas que Paciano
envío a un novaciano de nombre Simproniano En la pri-
mera, a la multitud de las herejías designadas por el nom-
bre de sus fundadores (apolinanstas, marcionitas, nova-
Pactano de Barcelona
157
cíanos), Paciano opone la unidad de la Iglesia católica En
esta ocasión, Paciano dicta su célebre frase Christianus
mthi nomen est, latholicus vero cognomen, y explica el sentido
del adjetivo «católico» catbohcus, ubi unum, vel, ut doctores
putant, oboedientia omnium nuncupatur , mandatorum sctltcet
Dei La alusión a la variedad de nombres de los herejes y
las consideraciones que adjuntaba acerca del excesivo rigo-
rismo de los novacianos, no fueron del agrado de Simpro-
niano, lo deducimos de la segunda carta de Paciano, en la
que aclara que denuncia a los novacianos no en razón del
nombre, sino de la doctrina Particular importancia reviste
la tercera carta, que, en su brevedad, constituye un verda-
dero tratado antinovaciano, en el que Paciano cita y refuta
por orden algunas tesis fundamentales de los novacianos
contenidas en un texto que el amigo le había proporcio-
nado
Del conjunto de datos precisos referentes a esta doc-
trina herética, se obtiene una descripción exhaustiva, cen-
trada en la tesis fundamental, según la cual la Iglesia, en
cuanto cuerpo de Cristo, debe ser absolutamente pura de
toda mancha y arruga, y por ello no puede albergar en su
seno a los pecadores De ahí que no exista otra forma de
penitencia que la del bautismo y se excluya toda suerte
de penitencia posbautismal si Dios hubiera concedido al
hombre la posibilidad de arrepentirse vanas veces, no ha-
bría hecho más que darle licencia de pecar Paciano cita,
además, algunos textos del Nuevo Testamento en que los
novacianos apoyaban su rígida postura Mt 18,15, Jn 15,1,
1 Cor 5,3-5
La refutación de Paciano es minuciosa y se extiende a
diversos argumentos, recuerda el origen del cisma, si-
guiendo las noticias contenidas en el epistolario de Ci-
priano y hace notar que Novaciano, antes de separarse de
la Iglesia católica, había aprobado la concesión del perdón
a los lapsi, que empezó a negar sólo después de consumar
el cisma, y, sobre todo, que su ordenación episcopal fue
inválida Mas el peso de la argumentación de Paciano re-
cae, ante todo, en los numerosos pasajes del Nuevo Tes-
tamento que, en oposición a los pocos aducidos por los
novacianos, conceden el perdón al pecador arrepentido,
del que no se quiere la muerte, sino que se convierta y
viva Los mismos apostóles, con las debilidades que les fue-
ron perdonadas, atestiguan la postura comprensiva de la
Iglesia primitiva Al rigor despiadado de los novacianos,
158 Hilario de Poitiev j irists amana j
Paciano opone una concepción más comprensiva y equili-
brada del hombre, presa fácil del pecado por su debilidad,
mas capaz de enmendarse y volver a la Iglesia gracias a la
penitencia
En una Iglesia cuyos miembros crecían en numero y
más fácilmente incurrían en pecado, la praxis penitencial
era un ingrediente esencial de la vida de la comunidad
Convencido de su necesidad, Paciano compone su Paraene-
sis ad paenitentiam, que toca tres temas las diversas espe-
cies de pecado, los pecadores que, sin arrepentirse en pú-
blico, siguen tomando parte de forma sacrilega en la vida
de la comunidad, in compectu homtnum ttmidtssmt, ante
deum vero tmpudentisstmi, y los pecadores que reconocen su
pecado, pero se niegan a hacer penitencia La obra de Pa-
ciano detecta con acierto la principal dificultad que alejaba
de la practica de la penitencia posbautismal muchos cris-
tianos se retraían de afrontar la penitencia pública, bien por
los sacrificios que imponía, bien por la poco halagadora no-
toriedad que confería al pecador público Por ello, Paciano
exhorta a vencer la timidez y el respeto humano, recor-
dando, entre otras cosas, queapud inferos exomologesis non est
El sermón de Paciano sobre el bautismo expone la
condición del hombre después del pecado de Adán y el
sacrificio de Cristo, que ha rescatado al hombre de la es-
clavitud del demonio y lo ha regenerado para la vida
nueva La ablución del bautismo y la unción que le sigue,
purificando de los pecados e infundiendo el don del Espí-
ritu, constituyen el medio de que el hombre dispone para
tener parte en la redención que Cristo ha obrado Temas,
pues, de pragmática, que Paciano sabe exponer con singu-
lar eficacia, dando con ello pruebas de una excelente for-
mación escolar
Dom Monn atribuyó a Paciano el Líber ad lustinum
Manichaeum, que los manuscritos adjudican a Mano Victo-
rino, pero que, ciertamente, no es de este autor, y el De
simihtudtne carnis peccati, publicado en 191 3 Monn aduce
argumentos de lengua y estilo que no han obtenido el
asentimiento unánime de los autores El De similitudine ha
sido después atribuido a Eutropio
Ediciones Cf CPL 561-563, PL 13, 1051-1094, L Rubio Fer-
nandez, San Pactano Obras (Barcelona 1958) (con trad esp )
Estudios A GRUBFR, Studien zu Pactanus von Barcelona (Mun-
chen 1901), R Kauer, Studien zu Pactanus (Wien 1902), J M
Prisciltano y los prisaliamstas
159
DALMAU, La doctrina del pecat original en Sant Pacta AST 4
(1928) 203-210, J Villar, Les cttations bibltques de Sant Pacta
Estudis Umversitans Catalans 1 7 ( 1932)1-49, C McAuliffe, The
Mind of Saint Pactanus on the Efftcacy of the Episcopal Absolutton
tn the Early Church TS 6(1945)51-61, S GONZALEZ, La peniten-
íta en la primttna Iglesia española (Salamanca 1950) p 7 3-79, M
MARTINEZ, San Pactano, obispo de Barcelona Helmantica 3(1952)
221-238, P A SULLIVAN, St Pactan, Btshop of Barcelona Folia
4(1950)43-44, L Rubio, El texto de San Pactano Ementa 25
(1957)327-368, U Domínguez del Val, Doctrina eclestológtca
de San Pactano de Barcelona HJ 77(1958)83-90, Id , La teología de
San Pactano de Barcelona CD 171(1958)5-28, U DOMINGUEZ
DEL Val, Pactano de Barcelona escritor, teólogo y exegeta Salman-
ticense 9(1962)53-85, A Anclada, «Chrtsttano mtht nomen est,
catholtco tero cognomen» a la luz de la doctrina gramatical Ementa
32(1964)253-266, ID, La fuente del catálogo herestológtco de Pa-
ctano Ementa 33(1965)321-346, ID , La tradición manuscrita de
Pactano de Barcelona Ementa 35(1967)13 7 -161, A MARTINEZ
Sierra, Teología penitencial de San Pactano de Barcelona Misce-
lánea Comillas 47-48(1967)75-94, Id , San Pactano, teólogo del
pecado original íbid , 49(1968)279-284, A ANGLADA, Le corrutte-
le del membro Aquarum tn penttis tgntbus fuertt alia luce della me-
táfora della febbre (Pactano, «Paen » 11,5) VetChr 14(1977)
253-272
PRISCIL1AN0 Y LOS PR1SCIL1ANISTAS
A falta de noticias precisas, solo cabe fechar de forma
vaga el nacimiento del español Prisciliano hacia la mitad
del siglo IV, y el comienzo de su actividad, hacia el 370 o
el 375 Sulpicio Severo, cuyo Chron II 46-51 es la fuente
principal para conocer la trágica carrera de Prisciliano, lo
presenta como varón de noble condición, culto, elocuente
y de dotes no comunes, frugal y desinteresado, mas lo
acusa de haber introducido en España la herejía gnóstica y
de haber practicado artes mágicas Priscihano predicó, sin
duda, una ascética bastante rigurosa Su predicación tuvo
una resonancia inmediata, al parecer, comenzando por el
sur de España, y, como observa Sulpicio, de modo especial
entre las mujeres, y añade que a Priscihano, que era seglar,
se unieron dos obispos Instancio y Salviano Contra él se
alzaron y lo persiguieron con implacable tenacidad otros
dos obispos Hidacio de Mérida e Itacio de Ossonoba (hoy
Algarve) Un concilio celebrado en Zaragoza a fines del
380 condenó las ideas que Prisciliano y sus adeptos difun-
160 Hilario de Poitiers y la crisis amana
dían, pero sin tomar medidas disciplinares contra las per-
sonas Entonces, Instancio y Salviano, para conferir san-
ción favorable y mayor autoridad a la obra de Prisciliano,
lo consagraron obispo de Avila Por su parte, Hidacio e
Itacio obtuvieron del emperador Graciano un decreto de
exilio contra los maniqueos en general, etiqueta que no era
difícil adjudicar a Priscihano y seguidores Estos huyeron a
Aquitania, donde se les unió Eucrocia, una mujer de la
nobleza, y de allí a Italia con el fin de obtener el apoyo de
Ambrosio y Dámaso, cosa que no lograron Mejor acogida
recibieron de algunos altos funcionarios, que obtuvieron la
revocación del decreto de exilio, que consintió a Pnsciliano
e Instancio volver a España Salviano había muerto en
Italia
Itacio no se dio por vencido Tras vanos intentos esté-
riles, denuncio a Prisciliano y los suyos ante Máximo, el
usurpador, que se había instalado en Tréveris después del
asesinato de Graciano Máximo, que buscaba por todos los
medios consolidar su precaria situación, pensó que intervi-
niendo en la controversia podría acrecentar su ascendiente
ante la jerarquía católica, y, en consecuencia, transmitió la
causa de Pnscihano e Instancio a un concilio que se cele-
bró en Burdeos el 384 Instancio fue privado de su digni-
dad episcopal Pnscihano se negó a asistir y apeló directa-
mente al emperador También Hidacio e I tacto viajaron a
Trévens y procuraron por todos los medios alcanzar la
condenación de Pnscihano y sus secuaces, sólo más tarde,
cuando empezó a cobrar consistencia la posibilidad de que
se decretase la pena capital, abandonaron el campo, de-
jando la defensa de la causa al prefecto Evodio Por parte
católica se elevaron instancias para impedir la pena de
muerte, y en ello se distinguió Martín de Tours, que se
trasladó a Trévens con este fin Mas cuando éste marchó
pudieron mas ante Máximo los enemigos más implacables
de Pnscihano, que con algunos de sus seguidores fue con-
denado como reo de inmoralidad y magia Pnscihano, Eu-
crocia y otros fueron decapitados, Instancio con otros, en-
viados al exilio Era la primera vez que se irrogaba la pena
de muerte a algunos cristianos por reato de herejía, y ello
produjo enorme consternación también entre los católicos,
de la que se hizo intérprete Ambrosio, no obstante ha-
berse negado en su tiempo a recibir a Pnscihano La reac-
ción se volvió contra los acusadores de Pnscihano Itacio
fue depuesto, e Hidacio evitó igual suerte dimitiendo es-
Prisahano y los pnscihanistas
161
pontáneamente Sulpicio refiere que la condenación no lo-
gro poner fin al movimiento pnscihanista, que perduró
aun por vanos años en España y en el sur de las Gahas
Jerónimo (De vtr til 121), que no parece muy conven-
cido de que Pnscihano fuese gnóstico, como querían sus
acusadores, refiere que escribió multa opuscula, de quibus
ad nos ahqua pervenerunt Mas hasta finales del siglo pasado
solo se conocían de la literatura pnscihanista los cánones
paulinos, de que mas adelante hablaremos, de suerte que
todos los intentos de definir mejor la doctrina de Pnsci-
hano tenían que basarse exclusivamente en la exposición
sumaria, amén de confusa y vaga, que de ella hacían los
antipnscihanas y en las denuncias formuladas por la je-
rarquía contra los herejes (concilio I de Toledo, del 400)
Estos documentos acusan a los pnscihanistas de profesar
doctrinas gnosticas y encratitas (distinción entre el Dios
del Antiguo y el Dios del Nuevo Testamento, naturaleza
divina del alma, realidad aparente de la humanidad de
Cristo, condenación del matrimonio y de todo lo que es
material en sentido lato, practica de la magia y de la astro-
logia) y de profesar el monarquianismo, es decir, de no
distinguir entre sí a las personas de la Trinidad Mas ya
Dollinger había propuesto restituir a Pnscihano once tex-
tos anónimos, hasta entonces inéditos, de un antiguo ma-
nuscrito de Wurzburg La propuesta de Dolhnger fue aco-
gida por Schepss, que editó los textos en 1889 La edición
decepciono a cuantos de ella esperaban una documenta-
ción decisiva sobre el carácter de la herejía pnscihanista,
pues el contenido de los textos, a excepción de algunos
detalles, se atenía a la mas rigurosa ortodoxia De ahí que
Ch Babut sostuviese poco después que Pnscihano fue en
substancia ortodoxo y que su rigorismo ascético, alimen-
tado por un libre fervor profético, le acarreo el odio y la
persecución de los obispos que habían cedido a los ali-
cientes de la vida mundana
La tesis de Babut es demasiado radical y superficial
para que convenza, es, en efecto, evidente que el dossier de
escritos pnscihanistas obedece, ante todo, a una estrategia
defensiva contra las acusaciones de que eran objeto Pnsci-
hano y los suyos, y por ello evita adrede los argumentos y
temas típicos del movimiento El Líber apologettcus, que
abre la colección, podría ser un documento presentado por
parte pnscihanista al concilio de Burdeos, y, dado que
Pnscihano no asistió, y sí, en cambio, Instancio, que en él
162
Hilario de Poitiers y la crisis amana
habló, dom Morin asigna a éste el Líber y los opúsculos que
siguen. La tesis de dom Morin no ha convencido a todos,
parece, en efecto, difícil borrar totalmente de la colección
el nombre de Pnsciliano, que, como sabemos, fue, sin
comparación, el elemento más representativo del movi-
miento. Por otra parte, los once tratados son bastante ho-
mogéneos en la forma (véase, p.ej , el recurso frecuente a
expresiones de Hilario), y parecen por ello obra de un
mismo autor Recientemente, Chadwick se pronuncia en
favor de la atribución a Prisciliano de muchos escritos del
dossier.
El Líber apologeticus se presenta como una especie de
profesión de fe presentada ante un concilio (el de Bur-
deos), y concede amplio espacio a la condenación de
sectas heréticas A la condenación, por entonces ya de
pragmática, del arnanismo, cuyos seguidores son designa-
dos con la extraña etiqueta de binionitas (es decir, que
profesan una binidad, no una trinidad), suceden las de los
monarquianos, adopcionistas, docetas, novacianos, mani-
queos y gnósticos de vanada extracción (nicolaítas, ofi-
tas, etc ) En su parte central, el texto se detiene bastante
en la condenación de doctrinas astrológicas Es evidente
que el Líber apunta precisamente a las heredas que propo-
nían doctrinas afines a las que, según sus acusadores, pro-
fesaban los priscilianistas La condenación de las mismas
herejías, pero en forma abreviada, vuelve en el Líber aa
Damasum, que refiere también noticias sobre la actividad
antipriscilianista de Hidacio Ya dijimos antes que este re-
curso a Dámaso no surtió efecto
En la conclusión del primer tratado, su autor se declara
convencido de hablar, como un profeta, por inspiración
del Espíritu divino. Sobre este punto vuelve el tercer tra-
tado, Líber de fick et apocryphis, el más importante de la
colección desde el punto de vista doctrinal, que confirma
el anatematismo XII del concilio I de Toledo del 400 con-
tra los que aceptan otras escrituras fuera de las que la Igle-
sia tiene por canónicas. En el tratado, el autor sostiene,
con argumentos ingeniosos y revolucionarios, que no to-
dos los escritos inspirados se encuentran de hecho en el
canon, y que por ello no se han de condenar en bloque
todos los apócrifos por la sola razón de que los herejes
hayan introducido en ellos algunas interpolaciones, tam-
bién estos libros han sido inspirados por el Espíritu Santo,
y, por tanto, deben ser leídos, aunque con la debida cau-
Prtsciliano y /oí prtscilianistas
163
tela por la presencia de interpolaciones heréticas La con-
vicción de fondo que anima todo el discurso es declarada
al final el Espíritu divino no está confinado en los libros
canónicos, donde está Cristo, allí hay libertad (2 Cor 3,17),
también yo poseo el Espíritu del Señor
Los otros ocho tratados, exceptuado el último, que es
una larga bendición, son homilías o fragmentos de homilías
de argumento bíblico, menos la cuarta, que habla de la
Pascua Todas las homilías versan sobre textos o episodios
del Antiguo Testamento y fueron introducidas en el dossier
apologético con la obvia intención de rebatir la acusación
de dividir, a la manera gnóstica, el Dios del Antiguo del
Dios del Nuevo Testamento, y de rechazar, en consecuen-
cia, el Antiguo. Las homilías, que adoptan a menudo el
tono parenético, profesan la interpretación tradicional ti-
jiológica, que descubre en los episodios del Antiguo Tes-
tamento el typus de la nueva economía, principio herme-
néutico proclamado de forma explícita vanas veces. El
tract 6 (SCHEPbS, p 70) habla de un triformis intellectus de
la Escritura, en correspondencia con la distinción en el
hombre de cuerpo, alma y espíritu la Escritura vence en
nosotros las obras de la carne, o edifica el alma, o presenta
la obra redentora de Cristo
De Prisciliano se conservan unos Cañones epistularum
Pauh apostoli, precedidos de una introducción, en la que
un obispo de nombre Peregrino sostiene que los cánones
son de Prisciliano y no de Jerónimo y notifica que los ha
ordenado luxta sensum fidei cathohcae, tras haber eliminado
quae pravo sensu posita fuerant. Son 90 proposiciones que
compendian toda la doctrina de Pablo, presentadas una
tras otra con un aparato que contiene los textos paulinos
citados explícitamente en los cánones
Nada se ha salvado de las obras de los escritores prisci-
lianistas mencionados por Jerónimo (De vir. til. 122, 123)
y otros, como Latroniano, Tibenano, Asarbo. Dom Monn
publicó en 1913 un anónimo De trtnttate ftdei cathohcae,
que se puede asignar con toda probabilidad al círculo pris-
uhanista y, acaso, al mismo Prisciliano El escrito no deja
lugar a dudas acerca de la postura monarquiana de Prisci-
liano, que los antiguos le reprochaban, y que los textos
publicados por Schepss sufragaban sólo, y de forma vaga,
ion algunas expresiones de las p 75 y 103. Mas el interés
mayor del escrito, por lo demás tortuoso y oscuro, estriba
c n la orientación que imprime a la doctrina trinitaria sobre
164
Hilario de Pottiers y la trius amana
la correlación Padre-Hijo como sensus (nous)-verbum, ex-
puesta con la ayuda de categorías que recuerdan de lejos a
Tertuliano Es, pues, una exposición de tono arcaico, en la
que hay que dar por descontado la presencia de expresio-
nes de carácter binitano Si se tiene en cuenta que la Es-
paña de mitad del siglo IV, con Potamio y Gregorio de
Elvira, había demostrado estar a la par con las posiciones
doctrinalmente más avanzadas del frente antiarriano, este
De Tnnttate priscilianista nos conduce hacia círculos que
en este punto habían quedado, mas bien, rezagados Y no
otro valor daremos a la profesión de monarquianismo que
se reprochaba a Pnsciliano Cabe pensar que su interés
preferente por la ascesis le hizo descuidar la puesta al día
en la teología trinitaria Nada concreto sabemos de los te-
mas fundamentales de su predicación, a excepción de que
profesaba un riguroso encratismo, sostenido, como siem-
pre, por una concepción netamente negativa del mundo y
acaso con infiltraciones de carácter astrológico
Ediciones (CPL 785-796b) PL 31,1213-1222 (42,667-678),
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165
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Capitulo III
AMBROSIO DE MILAN, AMBROSIASTER
Y NICETAS
Por María Grazia Mará
AMBROSIO DE MILAN
1 V i D \
Ambrosio nació en Treveris, donde su padre, también
Ambrosio de nombre, regia la prefectura de las Gallas
(cf Vita Ambrosti 3 n 1), cargo que desempeño, en sentir de
los historiadores, no antes del 334 o del 337 ni después
del 340 La fecha de nacimiento de Ambrosio es incierta, y
se le asigna el 339 o el 337 según se interprete la alusión a
ciertos motibus barbarias en acto cuando a los cincuenta y
nueve anos de edad escribe la ep 59,4 (sobre la fecha de
nacimiento, cf A Paredi, S Ambrogto e la sua eta [Milano
2 1960] p 17ss)
El parentesco de Ambrosio con la gens Aurelia, según
reza la suscripción del epigrama en honor de San Nazario
(Aur Ambrosius, E Diehl ICLV n 1800), negado por
Aman y V Carnpenhausen y aceptado por Delehaye, pa
rece concordar con el modo de referirse a Simaco ha-
blando a su hermano «el noble Simaco, tu pariente» (De
exc fratns 32) Ambrosio nació de una familia aristocrática
y cristiana, como lo sugiere el parentesco con la virgen
Soter, mártir, al parecer, bajo Diocleciano (Exh virg
12,82, De virg 3,7,38ss)
Tras la muerte prematura del padre, se traslado con su
madre y hermanos a Roma, donde se hallaba ya cierta-
mente en la Navidad del 353, cuando su hermana Marce-
lina recibió, de manos del papa Liberio, el velo de las vír-
genes en la basílica de San Pedro De su adolescencia nada
concreto sabemos Consta que estudio retorica y que ejer-
ció la abogacía el 368 en la prefectura de Sirmio (Vita Am-
brosu 5 n 1 y 2) En torno al 370 fue nombrado consulans
Liguriae et Aemiltae, con residencia en Milán La prueba
Ambrosio de Milán
167
mas inequívoca de la ecuanimidad y sabiduría de su go-
bierno fue su designación como obispo de Milán a la
muerte del obispo amano Auxencio arríanos y católicos
se disputaban la elección del sucesor, Ambrosio, al inter-
venir en calidad de consulans para apaciguar los ánimos,
fue aclamado obispo por ambos bandos, siendo a la sazón
solo catecúmeno Fue bautizado y una semana después fue
consagrado obispo Faller en 1948 (Ambrosiana p 97-1 12)
y Paredi en 1960 (S Ambrogto e la sua eta p 175) propusie-
ron como fecha de la consagración de Ambrosio el 7 de
diciembre del 374, abandonando la cronología de V Carn-
penhausen (Ambrosius von Maüand p 26), Delehaye (AB
48[ 1930] 192) y Dudden (The Ufe and Times ofSt Ambrose
p 68), que la fijaba el 1 ° de diciembre del 373 Al ser
consagrado obispo, Ambrosio «erogo a la Iglesia y a los
pobres todo el oro y la plata que poseía, paso la propiedad
de sus haciendas a la Iglesia, reservando el usufructo a su
hermana, de suerte que nada quedo que pudiese decir
suyo en esta tierra» (Vita Ambrosn 38)
Para desempeñar su nueva misión, Ambrosio se de-
dico, bajo la guia de Simpliciano, al estudio de la Biblia, de
los Padres griegos y de autores hebreos y paganos como
Filón y Plotino San Agustín fue testigo personal del estu-
dio intenso y asiduo de Ambrosio (Con/ VI 3,3) El estu-
dio, unido a la incesante meditación de la Palabra de Dios,
habría de ser la fuente de la actividad pastoral y de la pre
dicacion ambrosiana, constituyendo el contexto en el que
han de colocarse los acontecimientos historíeos, políticos y
sociales que lo vieron protagonista, y que moldearon su
pensamiento teológico, moral y ascético
Al principio de su episcopado, las relaciones con Va-
le ntiniano I, que había aprobado su elección (cf Ep 21,7),
discurrieron en un clima de paz y mutuo respeto, como
Ambrosio mismo dirá a Valentiniano II (Ep 21,5) al recor-
darle la conducta de su padre, respetuosa de la autonomía
dt la Iglesia en sus relaciones con el Imperio
Si la prudencia aconseja a Ambrosio a no decretar sus-
tituciones radicales en el clero por el momento (cf M Si
MONETTI, La crisi anana nel IV secólo [Roma 1975] p 438
n 6 y M Meslin, Les anens d'Occident [París 1967) p 45),
la oposición del nuevo obispo al arrianismo es evidente
desde el principio, prueba de ella es la petición de los res
tos de Dionisio, obispo católico de Milán, muerto en Ar-
menia exiliado por Constancio De una posible correspon-
168 Ambrosio de Milán Ambrosiaster y Nicetas
dencia con Basilio de Cesárea, entablada, quiza, con oca-
sión del traslado de los restos de Dionisio, nos ha llegado
tan solo la ep 197 de Basilio (PG 32,709-713)
El 375 es el año de dos episodios de particular signifi-
cado la muerte del hermano Sátiro y la de Valentiniano I
Las oraciones fúnebres del primero, pronunciadas una en
enero o febrero del 375 (cf J R PALANQUE, app 3 n 4) y
otra ocho días después, tratan temas teológicos y pastora
les la humanidad y divinidad de Cristo, el lugar que ocupa
en la Trinidad y la denuncia de los lucifenanos, que habían
llegado al cisma exorbitando las formulas nicenas
El 17 de noviembre del 375, durante la guerra del Da-
nubio, muere Valentiniano I, Ambrosio lo recuerda en la
ep 21, ya citada, y en la 17,l6bis, en la que describe, quiza
mas con la imaginación que con una reconstrucción fiel de
los hechos, lo que Valentiniano I habría dicho cuando el
ara de la Victoria fue de nuevo instalada en el aula del
Senado El recuerdo de Valentiniano I vuelve aun en la
oración fúnebre de Valentiniano II, en la que Ambrosio
celebra la fe del padre y su resistencia a las instancias de
Juliano para que apostatase (De ob Valent 55)
En los primeros años de gobierno de Graciano no se
advierte la presencia de Ambrosio El nuevo emperador,
bajo el influjo de Ausonio, asume una actitud liberal e ín
dulgente, de la que es prueba la presencia, consentida
hasta el 382, del ara de la Victoria en el aula del Senado, a
la que Juliano la había restituido, poco después de su ale-
jamiento por orden de Constancio II, el 357 Los años
376 y 377 ven a Ambrosio ocupado en apaciguar la agita-
ción provocada por el sacerdote amano Juliano, que había
sido expulsado de Petovio por la población católica de la
localidad (Ep 11,3, cf M SlMONETTl, p 438) El problema
amano es una de las constantes preocupaciones de Am-
brosio Hacia el 376 interviene, fuera de Milán, en Sirmio,
donde Ambrosio obtiene la elección a obispo de Anemio,
mceno convencido, a pesar de la oposición de la empera-
triz madre Justina (sobre la actitud filoamana de Justina
cf RUF HEX7,SoCR HEVII.SOZOM HE VII 13,
PHILOS HE X 7, M Simonetti, p 438, Vita Ambrosti 1 1
refiere detalles, que mucho deben al estilo hagiografico, de
una agitación organizada por Justina contra Ambrosio) De
nuevo en Sirmio, y hacia el 378, hay que colocar el en
cuentro de Ambrosio con Graciano, que había pedido al
obispo ser instruido en la fe contra la herejía amana
Ambrosio de Milán
169
(cf De ftde IV 1 ) La colocación en la esfera de influencias de
la política antiarriana de Ambrosio de los documentos del
concilio de Sirmio, y en especial la profesión de tres hipos-
tasis, es afirmada por Zeiller (p 323) y V Campenhausen
(p35) y negada por Simonetti (p441 n 19)
Las relaciones entre Ambrosio y Graciano imprimen
un nuevo ritmo a la política antiheretica del emperador
Acaso para ensalzar a Graciano, que debía hacer frente a la
destrucción de aquel Oriente que padecía el castigo di
vino, Ambrosio compone el De Noe, en el que establece un
paralelismo entre el emperador y el patriarca La política
de Graciano, sobre todo a partir del encuentro con Am-
brosio en Milán en el verano del 379, se muestra siempre
mas favorable a la causa católica Ambrosio obtiene la res-
titución de la basílica, que los arríanos habían logrado ocu-
par acusando al obispo de vender los vasos sagrados para
rescatar a los prisioneros (Ep 2,28, De off II 70,136, de
este episodio habla en el De SpirS 1 19-21) Vanos histo-
riadores atribuyen a Ambrosio la paternidad del edicto de
Graciano del 22 de abril del 380 (Cod Tbeod XVI 5,5 4),
que recrudeció las sanciones imperiales contra los herejes
En el verano de ese año, Ambrosio hace entrega a Gra
ciano de los tres libros sobre el Espíritu Santo, que debían
completar la instrucción que le había impartido en el De
ftde
Ambrosio interviene de nuevo ante Graciano para la
política antiarriana el 381 con ocasión del concilio de
Aquileya (cf M SlMONETTl, p 527s 542-548, acerca de la
intervención de Ambrosio, Ep 9, a los obispos de las Ga-
llas, Ep 10, 11 y 12, a los emperadores Graciano, Valenti-
niano II y Teodosio) A la polémica antiamana pertene-
cen también las ep 12 y 14, a Teodosio, que se refieren al
concilio de Roma del 382
Ambrosio sigue con atención no solo el problema
amano, sino también las oposiciones anticatólicas de toda
proveniencia (cf L CRACCO RUGGINI) El 382, Giaciano
aleja de nuevo del aula del Senado el ara de la Victoria El
Senado solicita una y otra vez, sin éxito, la devolución
mientras se suceden las disposiciones imperiales contra los
paganos (Cod Tbeod XVI 7,1 y 2, Cod lust I 7,2) El 383,
el asesinato de Graciano y la usurpación de su territorio
por obra de Máximo interrumpen el ritmo creciente de la
política antipagana inspirada por Ambrosio El 384 (para la
datacion, cf J R PALANQUE, app 3 n 22), Simaco se dirige
Patrología 3
1
170 Ambrosio de Milán Ambrosiaster y NicetaS
personalmente a Valentiniano II pidiendo la devolución
del ara de la Victoria y el reconocimiento de los pnvile
gios abolidos por Graciano (cf Kelatio III de Simaco y
Ep 17 y 18, Vita Ambrosu 26, PRUD , C Symm ) La res
puesta fue negativa Al éxito de Ambrosio contribuyo, con
toda probabilidad, el servicio que el obispo de Milán había
prestado a Valentiniano II y a Justina perorando su causa
ante Máximo, vencedor en las Gallas El problema arnano
paso, una vez mas, poco después al primer puesto de las
preocupaciones de Ambrosio Con ocasión de la Pascua
del 386, Auxencio, obispo arnano de Durostorum y por
algún tiempo residente en Milán en la corte de Justina,
pide para los suyos la asignación de una basílica donde ce-
lebrar el culto (cf ep 20, a la hermana Marcelina, y 21, a
Valentiniano II, C Auxentium, Vita Ambrosu 13) Ambro-
sio se niega y ocupa con una multitud de fieles la basílica
Porciana En esta circunstancia nace el canto ambrosiano
(AUG , Conf IX 7)
La invención de los cuerpos de los mártires Gervasio y
Protasio y las celebraciones litúrgicas que la siguieron ayu
daron a calmar los ánimos con el gozo espiritual y a des-
plazar por el momento a un segundo plano de la atención
la concreta reivindicación amana Sobre este episodio, que
ha suscitado juicios historíeos encontrados, cf O Seeck (V
207) y Von Campenhausen (p 215s) y las agudas observa
ciones de Meslin (p 53ss) Ambrosio refiere lo acaecido a
su hermana Marcelina en la ep 22, 1 La posición de Valen
tiniano II, cuyas relaciones con Ambrosio han empeorado
a raíz de la cuestión de la basílica, se agrava aun mas por la
manifiesta oposición de Máximo (cf Ntsi clementtae, Coll
Avell 39, carta que resume THEOD HE V 14) a la poli
tica filoarriana emprendida por el joven emperador Algu-
nos historiadores, contra el parecer mas común, colocan
en el 386 la segunda misión de Ambrosio ante Máximo en
defensa de Valentiniano II Ambrosio mismo habla de su
misión en Trevens en la ep 24 Por Paulino (Vita Ambrosu
19) sabemos que Máximo fue excomulgado por haber de-
cretado la muerte de Prisciliano Al volver a Milán, Am-
brosio sanciona su ruptura con Máximo en la Enarratio
psalmi LXI
Hasta el verano del 387, Ambrosio, cuyas relaciones
con Valentiniano II y con Máximo son a la sazón muy ten-
sas, se dedica intensamente a la actividad pastoral
La invasión de Máximo, la fuga de la corte lejos de
Ambrosio de Milán
171
Milán en el verano del 387, la vuelta de Valentiniano II
con Teodosio en el verano del 388 y la derrota y muerte
de Máximo señalan el comienzo de una nueva etapa de la
vertiente política de la actividad pastoral de Ambrosio, que
se ha reconciliado ya con Valentiniano II
La acogida que Ambrosio reserva al vencedor Teodosio
no debe sorprender La ley del 14 de junio del 388 (Cod
Theod XVI 5,15), con la que Teodosio hostigaba a los he-
rejes, le concilio el favor de Ambrosio Ahora, el obispo y
el emperador advierten la necesidad de definir los confines
de sus respectivas esferas de acción Ambrosio interviene
inmediatamente en favor de los partidarios del derrotado
Máximo, y Teodosio accede a sus deseos (Ep 40,25) Pero
es de fines del 388 el conocido episodio de la sinagoga y
del santuario de los valentinianos de Calinico La reacción
de Teodosio y la actitud de Ambrosio están documentadas
en las ep 40 y 41, la primera, a Teodosio, y la segunda, a
Marcelina La victoria de Ambrosio, que logra impedir la
reconstrucción de la sinagoga, pagara pronto un precio A
fines del 389, en vista de la mudada actitud de Teodosio
hacia el mundo pagano, el Senado solicita, una vez mas, la
abrogación de los decretos de Graciano La nueva inter-
vención de Ambrosio ante el emperador es coronada por
una nueva victoria, pero esta vez Teodosio se preocupa de
dejar bien en claro que su decisión es autónoma y que no
obedece a la instancia del obispo, decretando algunas me
didas dirigidas precisamente contra Ambrosio, los miem-
bros de la corte deberán mantener absoluto secreto sobre
los asuntos que conciernen a la política imperial
(Ep 51,2), y, por si fuera poco, se añaden otras disposicio-
nes menos favorables a la Iglesia (Cod Theod XII 1,121,
XVI 2,27)
La tensión entre Teodosio y Ambrosio perduraba aun
(.uando en verano del 390 se lleva a cabo la matanza de
Tesalonica En la ep 51, escrita a Teodosio después del su-
ceso, tras aludir a diversas intervenciones precedentes para
evitar la matanza (de las que habla también PAULINO, Vita
Ambrosu 24, sin documentarlas mejor), Ambrosio invita al
emperador a someterse a la penitencia publica antes de
acercarse a la iglesia y recibir los sacramentos Teodosio se
somete, y en la Navidad del 390 se reconcilia con Ambro-
sio El motivo remoto de la matanza de Tesalonica es ob
jeto de pareceres discordes (cf J R PALANQUE, p 228ss y
S MAZZARINO, L'lmpero romano III 379ss) Para Mazza-
172
Ambrono de Milán Ambrosiaster y Nicetas
riño, la intervención de Ambrosio se mueve en la órbita de
su constante preocupación antiarnana
El 392, Ambrosio se dedica de forma particular a la
solución del cisma de Antioquía, promoviendo la convoca-
ción de los sínodos de Capua y luego de Alejandría, sin
lograr la abdicación de Flaviano en favor de Evagrio, aún
más, el concilio de Cesárea de Palestina del 393 se pro-
nunciará a favor de la legitimidad de Flaviano La suerte le
favoreció, en cambio, en otro asunto debatido también en
Capua. a saber, la herejía de Bonoso, que quedo conde-
nada, aunque se aplazaran hasta otro concilio las sanciones
contra el heresiarca. En el concilio de Milán de! 393, con-
vocado por Ambrosio, fueron condenados Joviniano, su
doctrina y sus secuaces
Su atención a los problemas internos de la Iglesia se
conjuga con su preocupación por la paz de los pueblos y
de los hombres Camino de las Gallas, donde se dirigía a
instancias de Valentiniano para restablecer la armonía en-
tre el emperador y el general Arbogaste, le sorprende la
noticia de la muerte de Valentiniano, asesinado en mayo
del 392 Las relaciones con el sucesor, el católico Eugenio,
no fueron ni fáciles ni claras, le envía la ep 57, en la que le
reconoce el título de clementisstme tmperator, mas abandona
Milán al tener noticia de que Eugenio se acerca Viaja pri-
mero a Bolonia, donde descubre los cuerpos de los márti-
res Vital y Agrícola (Vita Ambrosu 27), luego a Florencia,
para consagrar una basílica (Exhortatio vtrginttatts, en esta
ocasión, en sentir de algunos autores, se encontró con Pau-
lino de Ñola), y vuelve a Milán en agosto del 394
(Ep6í,l), cuando Eugenio ha abandonado la ciudad para
enfrentarse a las tropas de Teodosio En el orden estricta-
mente político, Teodosio condiciona la actitud de Ambro-
sio, y la tensión entre aquél y Eugenio repercute en las
relaciones entre éste y el Obispo de Milán Más tarde,
Ambrosio se justificará ante Teodosio del reconocimiento
acordado a Eugenio y explicará los motivos de su ausencia
de Milán (ep.61, a Teodosio) Una vez recobrada la con-
fianza de Teodosio, Ambrosio le pedirá mostrarse cle-
mente con los vencidos (Ep.62), y reinará entre ambos una
perfecta armonía hasta la muerte del emperador, acaecida
el 17 de enero del 395 En su honor, Ambrosio pronun-
ciará, cuarenta días después, la oración fúnebre en presen-
cia de Honorio (De obitu Theodosn).
Las relaciones de Ambrosio con el general Estilicón,
Ambrosio de Milán
173
tutor de Honorio, carecen de relieve y son prueba de la
progresiva atenuación de la influencia del Obispo de Milán
en el ámbito de la política Se intensifica, en cambio, su
actividad en el campo espiritual con la invención de los
cuerpos de los mártires Nazario y Celso, orquestada por la
literatura hagiográñca con los prodigios de rigor (Vita Am-
brostt 32-33), la toma de posesión de Paulino en Ñola, la
creación de nuevas sedes episcopales y el consiguiente
nombramiento de obispos La ep 63, a la iglesia de Verce-
11 1, dividida en facciones rivales, la más extensa de su epis-
tolario, es una especie de tratado sobre la elección de
obispos
Durante uno de los viajes que le imponía su presencia
en la elección de obispos, al regresar de Pavía en febrero
del 397, Ambrosio cayó enfermo Falleció el 4 de diciem-
bre del 397
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(1977)1^3-196.
2. Obras
Los escritos de San Ambrosio son fiel reflejo de su in-
tensa actividad pastoral, social y política. No es fácil por el
momento determinar la fecha de composición de muchos
de ellos, ni es tampoco fácil, a veces, determinar si proce-
den o no de homilías predicadas. En la imposibilidad de
seguir el orden cronológico de composición, presentamos
los escritos exegéticos según el orden en que aparecen en
PL 14 y 15, que es el de los libros bíblicos. Los demás
escritos se suelen distribuir en obras morales y ascéticas,
dogmáticas y varias (discursos, cartas, himnos).
Estudios: E. DASSMANN, Die Prommigkeit des Kirchenvaters
Ambrosius von Mailand (Munster 1965) (trad. ít. Várese 1975);
H. SAVON, Quelques remarques sur la chronologie des oeuvres de Saint
Ambroise: SP X[TU 107] (Berlin 1970) p. 156-160; G. BiLLANO-
VICH y M. FERRARI, La tradizione milanese delle opere di Sant'Am-
brogio, en Ambrosius episcopus [SPMed] (Milano 1976) 1 p. 5-102;
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la créatwn littéraire d'Ambrotse de Milán: íbid., p. 124-170; H. SA-
VON, Maniértsme et allégone dans l'oeuvre d'Ambrotse de Milán:
RELA 55(1977)203-221.
A) Obras exegéticas
Siguiendo a Filón y Orígenes, Ambrosio admite en la
Escritura un triple sentido: literal, moral y alegó rico-mis ti-
co, aunque acuerda su preferencia a la exégesis alegórica,
Ambrosio de Milán
177
tipológica y moral. La mayor parte de estos escritos proce-
den de homilías reelaboradas y completadas por Ambrosio
personalmente. Con excepción del comentario seguido del
evangelio de Lucas, los temas elegidos para la predicación
(homilías) y para la instrucción (tratados) están tomados
del Antiguo Testamento.
Estudios- P. DE Labrioixe, Saint Ambroise et l'exégese allégori-
que: Annales de philosophie chrétienne 155(1907-1908)591-603,
G. LAZZATl, Esegesi e poesía tn Sant' Ambrogto. Annuano dell'Univ.
cattohca del S. Cuore (1957-58, 1958-59) (Milán 1959) p 75-91,
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lon dans l'oeuvre ex'egétique de saint Ambroise (Leiden 1977); L. F.
PlZZOLATO, La dottrina esegetica di S Ambrogio [SPMed 9] (Mi-
lano 1978).
1. «Hexaemeron»
La obra, que, como indica el título, comenta la narra-
ción de Gén 1,1-26 sobre los seis días de la creación, com-
prende, repartidas en seis libros, nueve homilías, pronun-
ciadas en los seis días de una Semana Santa de un año
comprendido, en sentir de los estudiosos, entre el 386 y el
390. Los libros 1, 3 y 5 comprenden cada uno dos homilías,
y ello sería prueba de que Ambrosio predicó mañana y
tarde en los días primero, tercero y quinto de la semana.
El elevado número de manuscritos que nos ha legado
esta obra, clasificados por Schenkl (CSEL 32-1 p.xxxiii-liii),
es índice del favor de que ha gozado. De particular interés
para la tradición manuscrita es el cód.192 de Orléans, del
siglo vil, aunque comprenda sólo I 29 a II 3, pues parece
remontar al arquetipo perdido. Ambrosio ha utilizado la
obra homónima de Basilio de Cesárea, y también, en opi-
nión de Jerónimo (Ep.84,7), obras hoy perdidas de Oríge-
nes y de Hipólito de Roma. Esta circunstancia ha condi-
cionado, a veces, la lectura moderna del texto ambrosiano,
suscitando mayor interés en los estudiosos detectar la pre-
sencia de otros autores (v.gr.: Cicerón, Filón, Virgilio,
además de los citados) que percibir su originalidad.
178
Ambrosio de Milán Ambrostaster y Nicetas
Ediciones PL 14,133-288, C Schenkl CSEL 32-1 (1897)
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omelie esameronali di Ambrosio Aug 14(1974)559-590
2 «De paradtso»
Por la ep41,l, al obispo Sabino, sabemos que esta
obra fue compuesta en los primeros años del episcopado
de Ambrosio La fecha que se le asigna oscila entre el 374
(v Campenhausen) y el 383 (Schenkl), con mayor preferen-
cia por el período entre el 375 y el 378 (Rauschen, Bar-
denhewer, Schanz, Palanque) La edición crítica de
Schenkl se basa substancialmente en dos manuscritos del
siglo xi (CSEL 32-1 pln-lviii)
Ambrosio comenta la narración del Génesis sobre el
paraíso terrenal y el pecado original, siguiendo de cerca el
comentario de Filón (acerca de las fuentes cf C SCHENKL
CSEL 32-1 p xxi-xxn). La intención pastoral de la obra
— quizá reelaboración de precedentes homilías — asume, a
veces, tonos polémicos contra gnósticos y maniqueos
Ambrosio de Milán 179
(CSEL 32-1 286 23, 287 23, 289 8, 292 5, 294 4, 296 19,
298 1), sabehanos, fotinianos y arríanos (íbid , 317-318)
Ediciones PL 14,291-332, C Schenkl CSEL U-l (1897)
p 265-336
Traducción Inglesa J J SAVAGE FC 42 (1961) p 287-356
Estudios E CA?ZANIGA Rendiconti R Istituto Lombardo,
ser 2 75(1941-42)349-366
3 «De Caín et Abel»
Según Palanque, la obra comprende dos libros (para
otros, la división sería posterior) y no procede de homilías
predicadas Disienten Kellner, Foerster, Bardenhewer y
Schanz, que la consideran una colección de sermones en
razón del tono oratorio y parenético dominante Según Pa-
lanque, el De Caín et Abel, que alude al De paradtso al prin-
cipio, sería una especie de continuación de éste, comen-
tando Gén c4 tras haber tratado de Gén 2,8-3,19 en el
anterior La obra, en la que se advierte el influjo de Filón,
comenta ampliamente la diferencia entre los sacrificios de
Caín y Abel.
Ediciones PL 14,333-380, C Schenkl CSEL 32-1 (1897)
p 339-409
Traducción Inglesa J J SAVAGE FC 42 (1961) p 357-437
4 «De Noe»
Aunque sigue comentando el Génesis, el De Noe no es
continuación del anterior, pues pasa a Gén 6 Kellner,
Foerster y Bardenhewer, que sostienen el origen homilé-
tico de la obra contra Palanque, que la consideraría, más
bien, un tratado, piensan que pertenezca a la sene de mo-
nografías sobre los patriarcas, que, comenzando con Noé,
pasaría luego a Abrahan La fecha de composición es in-
cierta, aunque se prefieren como más probables los años
378-379 ó 383-384
La exégesis ambrosiana, una vez más bajo el influjo de
Filón, se detiene de manera especial en la interpretación
del arca, figura del cuerpo humano; en la descripción del
180
Ambrosio de Milán, Ambrosiáster y Nicetas
diluvio, de la piedad de Noé y la impiedad de Cam. En
términos poco claros, Ambrosio alude a calamidades que
dificultan la existencia y que afectan explícitamente a la
Iglesia.
Schenkl, que la asigna al 384, considera original el tí-
tulo de De Noe, que es el del manuscrito más antiguo, y
secundario el De Noe et arca, que se lee en los más recien-
tes (cf. CSEL 32-1 p.xxiii-xxvi).
Ediciones: PL 14,381-438; C. Schenkl: CSEL 32-1 (1897)
p.413-497; para la datación cf. PALANQUE, o.c, app.3 n.10.
5. «De Abraham (libri dúo)»
Los dos libros deben ser considerados por separado. El
primero, en opinión de algunos estudiosos, no sería en
origen un escrito, a pesar de la frase inicial: Abraham libri
huius titulus est; según Palanque, pasajes como I 24.25.59
y 89 serían prueba suficiente del origen homilético del
primer libro, que, por su considerable extensión, sería
fruto de varios sermones. El tema del libro, destinado a los
catecúmenos, es la historia de Abrahán desde su vocación a
la muerte, como se narra en Gén 12-25.
El segundo libro, en cambio, es un tratado escrito, y,
en razón de su carácter erudito, diverso de la exposición
moral del primero, Schenkl y Bardenhewer piensan que
Ambrosio en él se dirige a ya bautizados, no a catecúme-
nos. Palanque es de diverso parecer, y hace notar la difi-
cultad del escrito ambrosiano, rico de citas en griego no
traducidas. El comentario, de carácter alegórico y a la ma-
nera de Filón, recorre la vida de Abrahán hasta la conclu-
sión de la alianza en Gén 17,21. La fecha de composición
es incierta y varias las hipótesis propuestas; Palanque pro-
pone los años 382-383; los Maurinos, Tillemont, Schenkl,
Bardenhewer y Schanz, en torno al 387; Ihm, no antes del
387, y Rauschen, no antes del 388. Sobre fuentes y tradi-
ción manuscrita, cf. SCHENKL: CSEL 32-1 p.xxvi-xxviii;
lxi-lxiii; lxvii-lxxiii.
Ediciones: PL 14,441-524; C. Schenkl: CSEL 32-1 (1897)
p. 50 1-63 8; cf. A. VACCARI, Locus Ambrosii de Abrahamo II 11
emendatus: Biblica 3(1922)449-450).
Estudios: A. DE Vivo, Nota ad Ambrogio, De Abraham I 2,4, en
Ambrosius episcopus [SPMed 7] (Milano 1976) II p.233-242.
Ambrosio de Milán
6. «De Isaac et anima»
181
El De Isaac es un tratado escrito, a pesar del parecer
contrario de Kellner y Bardenhewer. Acerca de la data-
ción, las hipótesis son muy variadas; Palanque lo asigna al
391; Wilbrand, en cambio, cree que sea posterior a Exp.
Le. X 154ss., y lo considera un comentario amplio de lo que
Ambrosio había expuesto en Exp. Ps. CXVIH 2,33ss. Los
Maurinos creen poder asignarlo a la Pascua del 387, y
Schenkl, hacía el 388.
La exégesis del Cantar de los Cantares 1-8, entendida
por algunos con referencia a la venida de Cristo y a la Igle-
sia, al ser enmarcada por Ambrosio en el contexto del ma-
trimonio de Isaac con Rebeca, debe, al parecer, ser inter-
pretada como una alegoría de la unión de Cristo y el alma.
En todo caso, el tratado, en el que escasean las alusiones a
Isaac, es en rigor un tratado sobre el alma; de ahí que al-
gunos manuscritos lo titulen De anima. Acerca de las fuen-
tes, y en especia] sobre la utilización de un comentario de
Orígenes al Cantar, cf. SCHENKL: CSEL 32-1 p.lxxvi-
lxxviii.
Ediciones: PL 14,527-560; C. SCHENKL: CSEL 32-1 (1897)
p.64 1-700.
Traducciones: Francesa: D. GORCE, Saint Ambrotse. Traites sur
¡Anden Testament (Namur 1967) (selección). — Inglesa: M. P.
McHlIGH, Saint Ambrose. Seven Exegetical Works: FC 65 (1972)
p. 10-65.
Estudios: P. COURCELLE, Recherches sur les «Confessions» de
s. Augustin (Paris 2 1968)p.ll5 n.3 (corrección de 8,78); lD.,PJo-
tin et saint Ambroise: RPh 76(1950)29-56; P. Hadot, Platón et
Plotin dans trois sermons de s. Ambroise: RELA 34(1956)202-220;
G. PlCCOLO, Per lo studio della spiritualita ambrosiana: I sermoni
«De Isaac vel anima»: SC 98(1970)32-74.
7. «De bono mortis»
El origen homilético del escrito es aceptado casi sin ex-
cepción. En opinión de Palanque, procedería de dos ser-
mones (c. 1-29 y 30-57) que se completan mutuamente por
el tema. La fecha propuesta por Palanque es el 390. Am-
brosio lo habría escrito después del Hexaemeron, de la Exp.
Le. y del De Isaac, al que se refiere explícitamente.
182
Ambrosio de Milán Ambrosiaster y Nicetas
Tras presentar tres diversas especies de muerte — la
muerte espiritual (por el pecado), la muerte mística (por la
identificación con Cristo) y la muerte física (separación del
cuerpo y del alma) , Ambrosio demuestra con abundan-
cia de citas bíblicas del Antiguo y Nuevo Testamento que
la muerte es un bien inestimable A la instrucción moral se
añade, tomando pie de una referencia al libro IV de Es-
dras, una catequesis sobre el día del juicio en presencia de
Cristo glorificado Para las fuentes y tradición manuscrita,
cf SCHENKL CSEL 32-1 xxxu-xxxni y lxxvi-lxxvn
Ediciones PL 14,567-596, C Schenkl CSEL 32-1 (189 7 )
p 703-753, W T Wiesner [PSt 100] (Washington 1970) (con
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S Ambroise RELA 34(1956)202-220
8. «De fuga saecult»
Los estudiosos parecen estar de acuerdo acerca del ori-
gen homilético de este escrito, compuesto, según los Mau-
nnos y Tillemont, el 387 y, según Palanque, que lo asocia
con la situación política que se creó tras la muerte de Teo-
dosio, el 394 Schenkl y Bardenhewer lo creen poco pos-
terior al 391 Ambrosio teje un discurso exegético-moral
sobre la vanidad del mundo y sobre la necesidad para el
cristiano de mantenerse alejado de él, utilizando el tema
de las ciudades-refugio de que trata Núm 35,11 ss, junto
con otros textos del Antiguo y del Nuevo Testamento, y
sirviéndose de las Legum allegoriae y el De fuga et inven-
tione, de Filón Sobre la tradición manuscrita, cf SCHENKL
CSEL 32-2 p xxviii-xxviin
Ediciones PL 14,597-624, C Schenkl CSEL 32-2 (1897)
p 163-207
Ambrosio de Milán
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Traducciones Inglesa M P McHUGH FC 65 (1972) p 281-
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SZOLDRSKI (Warszawa 1970)
9 «De lacob et vita beata»
La obra, en dos libros, que Palanque asigna al 396, los
Maunnos, Tillemont, Schenkl, Bardenhewer y Schanz, al
387, y Rauschen, al 388, sirviéndose del libro II de los
Macabeos, muestra la diferencia entre la felicidad verda-
dera y la felicidad terrena Al tratar del martirio del an-
ciano Eleazar y de los siete hermanos, parece aludir a un
recobro de las posiciones amanas y a las dificultades con-
siguientes del obispo y de sus fieles Las referencias a Ja-
cob (II 3-42) no justifican el título de la obra, cuyo tema
central es la felicidad del sabio, y que figura de hecho en
algunos códices con el título De vita beata Sobre la depen-
dencia del Pseudo-Josefo y, en general, acerca de las fuen-
tes, cf Schenkl CSEL 32-2 p xiv-xv
Ediciones PL 14,627-270, C SCHENKL CSEL 32-2 (1897)
P 3-0
Traduaiones Frontesa D GORCE, Saint Ambroise Traites sur
lAncien Testament (Ndunur 1967) (selección) — Inglesa M P Me
Hugh FC 65 (1972) p 119-184
Estudios A SOLIGNAC, Nouieaux paralleles entre saint Ambroise
et Pktm Le «De laiob et uta beata > et le [lipi M07iuo\i7-
(Enn 14) APh 19(1956)148-156
10. «De loseph»
La datación de este sermón oscila entre el 387 (Maun-
nos, Tillemont, Schanz), el 388 (Ihm, Rauschen, Palanque)
y el 389-390 (Schenkl, Bardenhewer). Palanque prefiere el
388 por una alusión al eunuco Calígono, del que Ambro-
sio habla también en la carta a Marcelina (Ep 20), y por la
mención de la escasez de trigo, ocasionada por una admi-
nistración poco avisada, lo cual puede referirse a la carestía
acaecida precisamente el año 388 Para Schenkl, la obra
sería una reminiscencia posterior de dicha carestía. El ser-
món, que pertenece a la sene de biografías de los patriar-
184
Ambrosio de Milán Ambrosiaster y Ntcetas
cas, parte de Gén 37,6ss, y con amplias citas del Antiguo y
Nuevo Testamento presenta a José como modelo de varón
casto y ademas, aspecto este mas significativo y original,
como tipo de la universalidad salvífica de Cristo (c4lss)
Acerca de las fuentes, cf Schenkl, que ha puesto de re-
lieve, en especial, la presencia de Virgilio (CSEL 32-2
p xvn), para la edición crítica Schenkl ha tenido en cuenta,
ante todo, el códice del siglo Vil hallado en la biblioteca
de Boulogne-sur-Mer (íbid pxxvm)
Ediciones PL 14,673 704, C Schenkl CSEL 32-2 (1897)
p 73-122
Traducción Inglesa M P McHUGH FC 65 (1972) p 189 237
11 «De patriarchts»
No hay acuerdo acerca del origen homilético o escrito
de esta obra, que en los manuscritos aparece después del
De Ioseph y comenta los capítulos siguientes del Génesis, y
en especial el c 49 La fecha de composición, según Palan-
que, sería el 390 En el De patriarchts se advierte clara-
mente la presencia de Filón y de la exégesis alegórica del
Comentario a las bendiciones de Jacob (Gén 49), de Hipólito
En la edición crítica del texto, Schenkl tiene en cuenta
ante todo, como en el De Ioseph, el manuscrito del si-
glo Vil de la biblioteca de Boulogne-sur-Mer.
Ediciones PL 14,707 728, C Schenkl CSEL 32-2 (1897)
p 125-160
Traducción Inglesa M P McHUGH FC 65 (1972) p 243-275
Estudios H MORETUS, Les benedictions de patriarches dans la
htterature du ¡V au vut siecle BLE 11(1909)398-411, 12(1910)
28 40 83-100, M SlMONETTI, Note su antichi commenti alie benedi-
ziont dei Patriarchi Annali della Fac di lettere di Caglian 28
(1960)1-71
12 «De Helia et teiunio»
El origen homilético de este escrito es reconocido con
unanimidad por la crítica, se discute sólo si procede de uno
(Palanque, Bardenhewer, Schanz) o más sermones cua-
Ambrosio de Milán
185
resmales (Schenkl) Ambrosio parece seguir de cerca tres
homilías de Basilio (I, sobre el ayuno, XIV, sobre la em-
briaguez, XIII, exhortación al bautismo) por el contenido
y por la división formal de los tres sermones Tillemont lo
asigna al 377, y los Maunnos, al 390 La polémica ambro-
siana contra el tenor de vida de los ricos se exprime a tra-
vés de citas del Antiguo y Nuevo Testamento La edición
crítica de Schenkl (sobre los manuscritos cf CSEL 32-2
p xxxviin-xxxx) es considerada substancialmente valida por
M J A Buck
Ediciones PL 14,731-764, C Schenkl CSEL 32 2 (1897)
p 41 1465, M J ABuck [PSt 19] (Washington 1929) (con
trad ing )
Estudios C WEYMAN, Zu Ambrosias RhM 64(1909) 328-329,
S ZlNCONE, Alcune osservazioni sul testo «De Helia et teiunto» di
Ambrogio Aug 16(1976) 337-351
13 «De Nabutbae historia»
La obra trata del episodio de 3 Reyes 21 y propone una
exégesis espiritual detallada de toda la narración bíblica.
Ambrosio transporta la opresión del pobre Naboth por
parte del rey Acab a la peculiar situación social, política y
religiosa de la que es protagonista. La edición crítica de
Schenkl, que hace suya en substancia también McGuire, ha
sido recientemente sometida a revisión por M G Mará, que
reduce la importancia que Schenkl adjudica al códice
París. 1752, del siglo VIII, en favor del Wat 5760, del si-
glo X-XI, que reviste particular importancia para la restitu-
ción de algunas lecciones cuando coincide con las de dos
grupos de manuscritos La datación oscila entre el 386 y el
395, aunque varios estudiosos concuerdan en considerar
más probables los años 389 ó 390 McGuire ofrece un
cuadro detallado de las fuentes clásicas de este escrito, en
el que había sido puesto de relieve con anterioridad la in-
fluencia de Basilio M G Mará ha revalonzado reciente-
mente la originalidad del De Nabuthae no obstante la pre-
sencia de los temas propios de la diatriba
Ediciones PL 14,765-792, C Schenkl CSEL 32-2 (1897)
p 469-516, M McGuire [PSt 15] (Washington 1927) (con trad
ingi y comentario), M G MARA, Ambrogio La storia di Naboth
186 Ambrosio de Milán, Ambrosiaster y Nicetas
Introduzione, commento, edizwne critica e traduzione (L'Aquila
1975)
Traducciones Alemana,) HUHN (Freiburg Br 1950) — Fran-
cesa F Q U ERE-J AU LMES y A HAMMAN, Riches et pauvres dans
l'Eglise ancienne [Lettres chretiennes 6] (París 1962) p 219-268,
A G HAMMAN (ed ), Ambroise de Milán Ricbesse et pauvrete ou
Naboth le pauire [Les Peres dans la foi 5] (París 1978) — Italiana,
L DALLE MOLLE, S Ambrogio «De Nabuthae» (Brescia 1952)
Estudios H DRESSLER, A Note on the Nabuthae of St Ambrose
Traditio 5(1919), 11-312, L ROSADONI, Clemente di Alessandria,
Basilio di Cesárea, Giovanni Crisostomo Ambrosio di Milano ti
buon uso del denaro (Tonno 1971), A PORTOLANO, La dtmensione
spirituale della proprieta nel «De Nabuthae lezraelita» di Ambrogio
(Napoh 1973), V R VASEY, The Social Ideas tn the Works oj
St Ambrose, Especia/ly tn «De Nabuthae», Diss (Roma 1974)
14 «De Tobia»
Tras una breve alusión a los primeros capítulos del li-
bro de Tobías, la obra se convierte en una invectiva contra
los ricos, y en especial contra la plaga de la usura y de la
avaricia, con abundantes citas del Antiguo y Nuevo Tes-
tamento en apoyo de la tesis del autor Fuentes seguras del
escrito son Virgilio, entre las clásicas, y Basilio (Hom Ps
XIV 2), entre las cristianas griegas El origen homilético
de la obra es reconocido por la mayor parte de la crítica,
que, en cambio, propone muy vanadas opiniones acerca de
la datación, von Campenhausen lo coloca en torno al 376,
Bardenhewer, antes del 380, Palanque, el 389, y Wil-
brand, entre el 387 y el 390, período en que predomina en
la obra ambrosiana el influjo de las homilías basilianas o
pseudobasilianas (cf W WlLBRAND, Zur Cbronologie eini-
ger Schrtften des bl Ambrosias- HJG 4 1[ 192 1] 19) La valo-
ración de la tradición manuscrita (cf. CSEL 32-2 p xxxxui-
xxxxv) y la edición crítica de Schenkl han sido aceptadas
substancialmente por Zucher
Ediciones PL 14,797-832, C Schenkl CSEL 32-2 (1897)
p 519-573, L M ZUCHER [PSt 25] (Washington 1933) (con trad
íng y comentario), M GlACCHERO, «De Tobia» Saggio introdut-
tuo (Genova 1965) (texto y trad ít )
Traducción Italiana «Tobia» Libro único (Milano 1898) (trad
anónima)
Ambrosio de Milán
187
15 «De interpellatione lob et David»
La narración de las desventuras de Job, tomada del li-
bro homónimo, y de David, ilustradas con citas de los
Salmos, muestran, por una parte, la fragilidad de la condi-
ción humana (con referencia a los salmos 38 y 41) y, por
otra, la felicidad y bienestar de los malos (con referencia al
salmo 72) Algunos elementos parecen sugerir una deter-
minada situación histórica, se ha propuesto ver en la obra
una alusión a la caída de Graciano y a la debilidad de Va-
lentiniano II en las palabras de Ambrosio sobre la fragili-
dad de las situaciones humanas, y, por tanto, también del
poder, y a la prosperidad del usurpador Máximo, con evi-
dentes referencias a la polémica antiarnana en IV 15, 23-
25 y 29 La datacion es discutida, Palanque propone el
387, sin otra razón que la semejanza con el De apología
David, los Maurinos, Tillemont y Schanz, el 383, y
Schenkl, el 394 El texto, formado por cuatro homilías,
presenta en la edición crítica de Schenkl (que tiene como
base el París 1 732, del siglo VIII) la siguiente sucesión, no
en todo segura I, De interpellattone lob et de homtnis tnftr-
mitate, II-III, De tnterpellattone sancti lob, III-IV, De tnter-
pellattone David
Edii iones PL 14,835-890, C SCHENKL CSEL 32-2 (1897)
p 211-296
16 «De apología prophetae David»
En esta obra, que trata de los pecados y de la peniten-
cia del rey David, Ambrosio parece querer mostrar la
enorme capacidad de mal que alberga en los soberanos
cuando se desatan las pasiones, y la grandeza del perdón
divino cuando se arrepienten Se ha dado una interpreta-
ción política del tema del libro en la figura del rey David,
reo de adulterio, Ambrosio habría sugerido la persona de
Valentiniano II, reo de adulterio espiritual por el apoyo
prestado a Jusnna, protectora de arríanos, y a Máximo,
responsable de la muerte de Graciano y Pnscihano y por
dos veces usurpador, primero del territorio de Graciano y
luego del de Valentiniano II Los autores que limitan las
alusiones de Ambrosio a la muerte de Graciano y Pnsci-
hano colocan la obra en torno al 384, los que creen encon-
188
Ambrosio de Mtlan Ambrosiaster y Nicetas
trar, asimismo, referencias a la usurpación del territorio de
Valentiniano II, proponen el 387. Schenkl la sitúa entre el
383 y el 386, y Palanque prefiere el 387 La dedicatoria^
Theodosium Augustum, que se lee sólo en dos manuscritos
(pero uno de ellos el Parts 1732, el de mayor crédito en
sentir de Schenkl), ha sido diversamente valorada, para al-
gunos autores sería original, para otros sena posterior,
pero siempre de Ambrosio
La Apología David altera, que acompaña al De apología
prophetae David en varios códices posteriores al siglo XI y
es considerada comúnmente pseudoambrosiana, ha encon-
trado en R H Connolly un defensor de su autenticidad
(Some Disputed Works of St Ambrose DR 65 [1947] 7-
20 121-130)
Ediciones PL 14,891 960, C Schenkl CSEL 32 2 (1897)
P 299-355, P HADOTyM Cordier SCh 239 (1977) (con trad
franc )
Estudios F CLAUS, La datation de ¡'«Apología prophetae Dai id»
et ¡'«Apología David altera» Deux oeut res authenttques de saint
Ambroise, en Ambrosius episcopus [SPMed 7J (Milano 1976) II
p 168-193
17 «Enarrationes in XII P salmos davidicos»
Ambrosio consagró en conjunto doce homilías a la in-
terpretación de los salmos 1,35-40, 45, 47, 48 y 61 El
comentario del salmo 43 quedó incompleto a la muerte del
autor Las homilías fueron pronunciadas en circunstancias
diversas, y no es fácil datarlas a pesar de los intentos reali-
zados (cf J R PALANQUE, o c , Table chronologique,
p 518-519,550-553 y 555), en su mayor parte pertenecen
al último período de la vida de Ambrosio La interpreta-
ción de los salmos, sin desatender el sentido mesiánico,
procura deducir una lección moral útil para la concreta si-
tuación eclesial y política del momento La obra, redactada
después de la muerte de Ambrosio, recuerda en algunas
homilías (cf Ps 1) modelos basilianos y ongenianos De la
reconstrucción del texto de los salmos utilizado por Am-
brosio se ha ocupado A Nohe
Ediciones PL 14,963-1238, M Petschenig CSEL 64 (1919),
L F PiZZOLATO, Milano 1980 (con trad italiana)
Ambrosio de Milán
189
Estudios A NOHE, Der Mailander Psalter Seine Grundlage
und Entwicklung [FThSt 61] (Freiburg Br 1936), Richesses et de-
ficiences des anaens psautiers latins (Roma 1959), H LEEB, Die
Psalmodie bei Ambrosius (Wien 1967), L F PiZZOLATO, La «Ex-
planatio Psalmorum XII » Studio let ¡erario sull'esegesi di sant 'Ambro-
gio (Milano 1965), H AUF DER MAUR, Das Psalmenverstandnis
des Ambrosius von Mailand (Leiden 1977)
18. «Expositio Psalmi CXVIII»
En esta obra, que comprende 22 homilías que comen-
tan las 22 estrofas con que el salmo 118 teje el elogio de la
ley, Ambrosio propone a los fieles los medios útiles para
alcanzar la perfección La fecha de composición asignada a
estas homilías esta comprendida entre el 386 y el 390 La
exégesis de tipo moral se ocupa de la conversión del alma,
a lo largo de un discurso protréptico sobre la sequela
Christi, se suceden imágenes militares, deportivas, judicia-
nas y médicas No falta la exégesis tipológica aplicada a la
eclesiología La edición crítica de M Petschenig no ha sido
por el momento superada
Ediciones PL 15,1261-1604, M Petschenig CSEL 62
(1913)
Traducción Francesa D GORCE, Expose sur le psaume cent-dix-
huit (Namur 1963) (selección)
Estudios C Weyman PhW 14(1914)181 187, L Casti-
GLIONI, Spigolature Ambrosiane en Ambrosiana (Milano 1942)
p 121ss, C CHARL1ER, Un oeuvre inconnue de Florus de Lyon la
Collectio «De fide» de Montpellier Traditio 8(1952)100, F FJLATT,
Studia Hibernica Classica et Mediaevalia l4(1953)229ss, A Ga
RIGLIO, // commento al salmo 118 tn s Ambrogio e in s llano Atti
Acc delle soenze di Tormo 90(1955 1956)356-370
19 «Exposttto Evangeln secundum Lucam»
El problema de la cronología de esta obra es uno de los
mas complicados, algunos autores piensan que las homilías
en las que se basa el comentario fueron pronunciadas en
los años 377 y 378, otros las colocan entre el 385 y el 389,
otros, en fin, postulan un periodo mas largo, que abraza
buena parte del episcopado ambrosiano, del 377 al 389.
190
Ambrosio de Milán Ambrosiaster y Nicetas
No hay tampoco unanimidad de pareceres acerca del
modo de publicación de la obra Ambrosio pudo haber
elegido, entre varias homilías sobre un mismo pasaje lu-
cano, la que consideraba más apropiada, o de una misma
homilía pudo haber añadido, quitado o sustituido algunas
partes, o también pudo haber reunido homilías fragmenta-
rias, dándoles una relativa continuidad. La obra como nos
ha llegado es fruto de una cuidadosa revisión por parte de
Ambrosio, que la publicó no después del 389
La Exp Luc es la única obra ambrosiana que comenta
un texto neotestamentano y una de las pocas en que la
exégesis procura seguir de forma sistemática el texto bí-
blico Nueve de los diez libros de la edición de Amerbach
proceden ciertamente de homilías, no parece que se pueda
decir lo mismo del libro III, compuesto como obra escrita
y en estrecha dependencia del Liten ótcxcpcovíac
fcliayye^iojv, de Eusebio de Cesárea Entre las fuentes cla-
sicas, el primado corresponde a Virgilio, entre las patrísti-
cas, amén de la obra de Eusebio reelaborada, Ambrosio se
sirve, en los dos primeros libros, de las homilías de Oríge-
nes y, con alusiones a lo largo de toda la obra, del comen-
tario a Mateo de Hilario La utilización de estas fuentes
por parte de Ambrosio ha sido atentamente estudiada por
dom Tissot
En la exégesis del texto es clara la atención al triple
sentido de la Escritura, Ambrosio procura esclarecer unos
pasajes con otros, y pasa incesantemente de la interpreta-
ción histórica y literal (en la que se detiene con bastante
parsimonia), a la interpretación moral y a la mística y ale-
górica, que son las que predominan La preocupación pas-
toral por excluir los errores en campo trinitario y cnstolo-
gico se echa de ver en los pasajes en que hace frente a
arríanos, sabehanos o patnpasianos, especialmente en la
persona de Fotino de Sirmio, en los que Cristo, Dios y
hombre, aparece al centro de una devotto que renacerá si-
glos más tarde
El estudio de Ch Mohrmann ha puesto de manifiesto
la importancia de esta obra en el campo literario Dom
Tissot ha precisado la interpretación que merecen los jui-
cios que Jerónimo, Agustín, Casiodoro y Beda dieron de la
obra ambrosiana El texto crítico de K. y H Schenkl, que
dom Tissot considera aún substancialmente valido, ha sido
revisado en su edición por M Adnaen.
Ambrosio de Milán
191
Ediciones PL 15,1607 1944, C y H Schenkl CSEL 32-4
(1902), M Adriaen CCL 14 (1957), G Tissot SCh 45 y 52
(1955-1958) (con trad franc , introducción y notas)
Traducaones Alemana J NlEDERHUBER [BKV 2 21] (Kempten
1915) (libros I-VIII) — Española M Garrido Bonano [BAC]
(Madrid 1966) (con el texto latino) — Italianas R MlNUTI
(Roma 1966), con la revisión de R Marsigho, G COPPA (Tormo
1969) (libros I, II, IV), G Coppa [S Ambrosn Opera 11,1-2]
(Roma-Milano 19 7 8) (Con el texto de M Adriaen revisado por
G Coppa)
Estudios Sobre los mss C CHARL1ER, Un oeuire inconnu de
Florus de Lyon Traditio 8(1952)94-102, E DEKKERS, Un fragment
du Vll^-VllL s du «Com de s Luc» par s Ambroise SE 9(195 7 )
114-115, H SILVESTRE, Notes de lecture ad Corpus Christ XIV et
XCIV Scriptonum 13(1959)260 — Sobre el texto bíblico utilizado
por Ambrosio D DE Bruyne, Sommaires, dnisions et rubriques de
la Bible latine (Namur 1914) p 288-330 — Mejoras del texto A
Orbe Greg 39(1958)784-785 (rec de la ed M Adriaen), ID ,
Nondum receperat typum (Exp Et <¡ec Lucam X 166) Greg 42
(1961)107-112
Otros estudios A ENGELBRECHT, Studten uber den Lukaskom-
mentar des Ambrostus [SAW 146,8] (Wien 1903), G M ROLAN
DO, Ricostruzione teologico-critica del testo latino del Vangelo di san
Luca usato da Ambrogio Bíblica 26(1945)238-276, 27(1946)3-17,
P ROLLERO, L'influsso dell' «Exposttio in Lucam» di Ambrogio mil'
esegest agostiniana, en Augustinus Magister II (París 1954) p 211-
220, ID , La «Expositio Eiangeltt secundum Lucam» di Ambrogio
¡.orne fonte dellesegesi agostiniana (Tormo 1958), H C PuECH y
P HADOT, L'entretien d'Ortgene aiec Heraclide et le Commentatre de
saint Ambroise sur l'Etangile de saint Luc VC 13(1959)204-234,
H SILVESTRE, Notes de lecture Latomus 20( 1961 )1 32ss, D RA
MOS-LlSSON, La doctrina de la «Salus» en la «Expositto Eiangelu
seiundum Lucam» de San Ambrosio Scnpta theologica 5( 1973)629-
666, A PlNCHERLE, Note sulla tradizione indiretta della «Expositio
secundum Lucam» di S Ambrogio, en Forma futuri Miscellanea
M Pellegnno (Tormo 1975) p 1097-1114
20 «Exposttio Isaiae prophetae»
Obra perdida, de la que se conservan sólo citas de San
Agustín en sus De gratta Christi 49,54, De peccato originalt
41,47, De nuptus et concupiscentia I 34,40, Contra luha-
num II 8,22, Contra duas epistulas pelagianorum IV 11,29-
31 P A Ballenni ha recogido estas citas, utilizando la
ig2 Ambrosio de Mtlán, Ambrosiáster y Nicetas
edición crítica de los escritos agusnnianos publicada por
C. F. Urba y J. Zycha (CSEL 42,164, 205 y 251 y CSEL
60,559-567).
Edición: P. A. Ballerini: CCL 14 (1957) p.403-408.
B) Obras morales y ascéticas
I. «De officiis ministrorum»
No es fácil fijar la fecha de composición de esta obra;
las propuestas oscilan entre el 377 (Baronio) y el 391
(Maurinos y Bardenhewer); no convence la argumentación
de Palanque para asignarla a la segunda mitad del 389.
Buena parte de la crítica se pronuncia en favor del origen
homilético (Ihm, Bardenhewer, Schmidt, Palanque), aun-
que renuncia a intentar establecer el número y límites de
las homilías.
Ambrosio sigue el modelo de la homónima obra de Ci-
cerón en el título, en la distribución en tres libros y en el
contenido formal del escrito: libro I, sobre lo honesto;
II, sobre lo útil; III, sobre la oposición entre útil y honesto.
La obra, destinada especialmente al clero, pero quizá tam-
bién a todos los fieles, se aleja netamente de su modelo,
mostrando la diferencia radical entre la moral estoica, que
parte del hombre, y la moral cristiana, que parte de Dios,
objetivo que Ambrosio alcanza sustituyendo con ejemplos
tomados de la Biblia los ejemplos paganos, griegos y ro-
manos que Cicerón aduce y, sobre todo, imprimiendo a su
obra una clara orientación escatológica.
Falta aún una edición crítica.
Ediciones: PL 16,25-194, G. Tamietti (Tormo 4 1906); A.
CAVASIN [CPS ser. lat. 15] (Tormo 1938) (con trad. it., introduc-
ción y notas), cf. E. BUERGI, Prokgomena quaedam ad S. Ambrosn
libros De officiis tres, en 75 Jahre Stella Matutina (193 1) I p. 43-68;
G. BANTERLE [S. Ambrosii opera 13] (Roma-Milano 1977) (con
trad. it.).
Traducciones: Alemana: J. NiEDERHUBER, Pflichtenlehre und
ausgewdhlte kleinere Schriften [BKV 2 32] (Kempten 1917). — Ingle-
sa: H. DE R.OMESTIN, Some of the Principal Works of St. Ambrose:
LNPF 2nd ser. 10 (1896) p.1-98.
Estudios: R. THAMIN, Saint Ambroise et la morale chretienne au
Ambrosio de Milán
193
/V*' siecle. Étude comparée des traites «Des devotrs» de Cicerón et de
saint Ambroise (París 1895), L VlSCONTI, 11 primo trattato di filo-
sofía morale cristiana (il «De officiis» di s. Ambrogio e di Cicerone):
Atti R. Accad. Napoli 24(1906)41-61, P. Cannata, De s. Am-
brosu libris qui inscribuntur «De officiis ministrorum» quaestiones
(Módica 1909); P DE LABRIOIIE, Le «De officiis ministrorum» de
saint Ambroise et le «De officiis» de Cicerón: Revue des cours et
conférences 16,2(1907-1908)176-186, G. Novari, Del preteso
stoicismo ciceroniano nei hbri «De officiis» di s. Ambrogio (Parma
1911), P. CANNATA, De syntaxi ambrosiana in libris qui inscribun-
tur «De officiis ministrorum» (Módica 1911), PROBST, Les éléments
cicérontens dans le «De officiis» de s. Ambroise (París 1936); J. T.
MucKLE, The «De officiis ministrorum» of St Ambrose [MS 1]
(New York 1939); T. DEMAN, Le «De officiis» de saint Ambroise
dans l'histoire de la théologie morale: RSPT 37(1953)409-424; B.
ClTTERlO, Spiritualitd sacerdotale nel «De officiis» di santAmbrogio,
Ambrosius 32(1956)157-165; L. ORABONA, L ' «usurpatio» in un
passo di santAmbrogio («De off». I 28) parallelo a Cicerone («De
off.» I 7) su «tus commune» e «tus privatum»: Aevum 33 (1959)
495-504; O. HiLTBRUENNER, Die Schnft «De officiis ministro-
rum» des hl. Ambrosius und ibr ciceronisches Vorbild: Gymnasium
71(1964)174-189; E. BOULARAND, L'amitié d'apres saint Ambroise
dans le «De officiis ministrorum», l.c.22: BLE 73(1972)103-123;
M. TESTA RD, Observations sur le ¡heme de la «consctentia» dans le
«De officiis ministrorum» de saint Ambroise: RELA 51(1973)219-
261; L. F. PiZZOLATO, L'amicizia nel «De officiis» di s. Ambrogio
e il «Laelius» di Cicerone: Archivio Ambrosiano 27(1974)53-67;
M Testard, Etude sur la composition dans le «De officiis minis-
trorum» de saint Ambroise, en Ambroise de Milán. XVf Centénaire
de son élection épiscopale (París 1974) p. 155-197, K. Zelzer, Zur
Beurteilung der Cicero-lmitation bei Ambrosius, «De officiis»: WS
11(1977)168-191.
2. «De virginibus»
El De virginibus es uno de los primeros escritos de
Ambrosio, terminado ciertamente en diciembre del 377 y
dirigido a su hermana Marcelina en forma de epístola,
aunque prevalece la opinión, no unánime, de su origen
homilético con elementos típicos del discurso hablado,
sometidos a una perfección retórica que es buena prueba
de la cultura de Ambrosio. La obra saca abundante partido
de las exégesis mística origeniana del Cantar de los Canta-
res con numerosas citas bíblicas, aunque no faltan reminis-
cencias paganas. Las figuras que ocupan la escena como
exempla son Inés (I 2,5-9), la Virgen María (II 2,6-3,19) y
194
Ambrosio de Milán, Ambrosiáster y Nicetas
Juan Bautista (III 5,25-6,31), aunque no faltan otros mo-
delos. El De virginibus, considerado el primer tratado or-
gánico de espiritualidad y teología de la virginidad en latín,
mantiene un juicio equilibrado y positivo del matrimonio.
El elevado número de manuscritos ha permitido a
0. Faller proponer una ciudadosa reconstrucción crítica
del texto, confirmada substancialmente por I. Cazzaniga.
Ediciones- PL 16,197-214, O. Faller [FP 31] (Bonn 1933),
1. CAZZANIGA [CSLParavianum] (Tormo 1918), M SALVATI
[CPS ser lat 6] (Tormo 1955) p 15-163 (con trad. ita. )
Traducciones- Alemana J NlEDERHUBER (BKV 2 32] (Kempten
1917).— Españolas - CONGA (Madrid 1914), F MEDINA PEREZ
(Madrid 1914), F DE B. VlZMANOS, Las i ir genes cristianas de la
Iglesia primitna [BAC 15] (Madrid 1949) p.669-720 (con texto
latino). — Inglesa, H. DE ROMESTIN LNPF 2nd ser. 10 (1896)
p. 363-387.— Italianas- R. CRISTOFOLI (Milano 1930), M 1. Bi AN-
CO (Alba 1941, 2 1954), G. Coppa (Tormo 1969) p.543-619
Estudios: E. FRANCESCHINI, Verginitd e problema demográfico
ni sant'Ambrogio, en Sant'Ambrogw nel XVI Centenario della nasa-
ta (Milano 1940) p 209-233, I CAZZANIGA, Note ambrosiane
Appunti tntorno alio stile delle Omelte vergtnalt (Várese 1948),
I. Dossi, Sant'Ambrogto e Sant'Atanasio nel «De vtrgintbus »: Acmé
4(Milano 1951)241-262; G. CREMASCHi, // «De urginibus» di
s. Ambrogio in un códice ignoto del sec XII: Atti dell'Ist. Véneto
110(1951-1952)44-45, J DoiGNON, La premüre exposttion ambro-
sienne de l'exemplum de ludith («De urg.» II 4,24), en Ambroise de
Milán (París 1974) p.219-228, M. L. DANIELI, S Ambrogio La
lerginitd, le vergini, le vedóte Pagine scelte tulle tergimta (Roma
1974), M L RlGCI, Prectsazioni tntorno alia fonte di Sant'Ambro-
gto, «De urg» 18,115: VetChr 14(1977)291-299-
3- «De viduis»
Homilía reelaborada, según unos, o tratado escrito, se-
gún otros, el De vtduis fue publicado poco después del De
virginibus, entre el 377 y 378. La exhortación a la viudez
nunca llega a condenar las segundas nupcias.
Edición - PL 16,247-276.
Traducción- Inglesa: H. DE ROMESTIN LNPF 2nd ser. 10
(1896) p. 391-407.
Ambrosio de Milán
195
Estudio- M L DANIELI, La tergimta, le vergtnt, le vedove. Pagi-
ne scelte sulla terginita (Roma 19 7 4).
4. «De virginitate»
Utilizando una o más homilías, Ambrosio publicó su
De virginitate hacia el 378 para defender lo que había es-
crito en el De virgimbus y tutelar la excelencia de la virgi-
nidad. Los parágrafos 14-23 serían una interpolación
(cf PLS I 576) "
Ediciones: PL 16,279-316, I. CAZZANIGA [CSLParavianum]
(Tormo 1954), M Salvati [CPS ser lat 6] (Tormo 1955)
p 169-297 (con trad. ít )
Traducciones- Española S ANDRES (Madrid 1943). — Italianas:
R Cristofoli (Milano 1930), M. I. Bianco (Alba 1941, 2 1954)
Estudios- R D'Izarny, La tergtnité selon saint Ambroise (Lyon
1952) (rec B. Botte, BTAM 6[1950-53]n 1657), P. Courcelle,
Nouieaux aspects du platonisme chez saint Ambroise: RELA 34
(1956)220-2 39
5. «De insUtutione virginis»
Se trata, probablemente, de un sermón predicado en la
velatio de la joven Ambrosia; precede una carta dedicatoria
a Eusebio, abuelo de la joven y amigo de Ambrosio; acaso,
el homónimo obispo de Bolonia. Fue compuesto entre el
391 y el 392. En esta exhortación a la virginidad, que
exalta el modelo de María, madre de Jesús, Ambrosio se
opone al error de Bonoso de Sárdica acerca de la virgini-
dad de María después del parto.
Ediciones: PL 16,319-348, M Salvati [CPS ser. lat. 6]
(Tormo 1955) p. 303-397 (con trad it ).
Traducciones: Española: F DE B VlZMANOS [BAC 45] (Ma-
drid 1949) p.l '21-', '54.— -Italianas: R Cristofoli (Milano 1930);
M. I. Bianco (Alba 1941, 2 1954).
Estudio- J A DE ALDAMA, La carta ambrosiana «De Bonoso»:
Mananum 25 (1963)1-22.
196
Ambrosio de Milán, Ambrostáster y Nicetas
6. «Exhortatio virginitatis»
Esta homilía, pronunciada por Ambrosio en Florencia
el 393 (según otros, el 394 ó 395) con ocasión de la dedi-
cación de una basílica erigida gracias a la munificencia de la
viuda Juliana, es la última de las cinco obras que Ambrosio
dedicó a ensalzar el ideal de la virginidad.
Edniones: PL 16,351-380, M. SALVATl fCPS ser lat 6) (Ton-
no 1955) p.403-499 (con trad it ).
Traducciones: Italianas: R. CRISTOFOLI (Milano 1930), M. I.
BiANCO (Alba 1941, 2 1954).
Estudios. I. CAZZAN1GA, Note Ambrouane. Appunti intorno alio
stile delle omehe verginalt (Várese 1948).
C) Obras dogmáticas
1. «De fide ad Gratianum»
En cinco libros, Ambrosio responde a Graciano, que le
había manifestado su deseo de ser instruido en la fe contra
la herejía arnana. No hay duda de que los dos primeros
libros fueron desde un principio escritos; gran parte de la
crítica se pronuncia por el origen homilético de los libros
IV y V, que carecen de unidad, y disiente acerca del III.
Los dos primeros fueron compuestos entre fines del 377 y
el verano del 378; los otros tres, que responden a una
nueva petición de Graciano, circulaban ya a fines del 380.
Acerca de las alusiones históricas y políticas, muy numero-
sas, cf. la ed. O. FALLER, prolegomena II.
Ambrosio confuta ampliamente, sin aportar novedades,
seis proposiciones arrianas (De fide I 34-40) y sostiene que
el Hijo no es diferente del Padre, que no ha tenido co-
mienzo, que no ha sido creado, que es bueno, Dios verda-
dero y que su divinidad no es otra que la del Padre. En los
libros III-V aclara las cuestiones relativas a la inferioridad
del Hijo respecto del Padre.
Entre las principales fuentes de Ambrosio figuran Ata-
nasio, Basilio, Dídimo e Hilario (cf. ed. O. FALLER, prole-
gomena III). La edición crítica de O. Faller sigue siendo la
de mayor crédito.
Ambrosio de Milán
197
Ediciones: PL 16,549-726, G. ViZZINl, De fide ad Gratianum
Augustum. Líber prtmus (Roma 1905); O. FALLER: CSEL 78
(1962).
Traducción: Inglesa: H. DE ROMESTIN LPNF 2nd ser. 10
(1896) p.201-314.
Estudios: L. Herrmann, Ambrosius ion Mailand ais Trtnitats-
theologe: ZKG 69(1958)197-218, A CAMPANA, // códice ravennate
di s Ambrogio. Italia medioevale ed umamstica 1(1958)15-68, A.
PERTUSI, Le antiche traduzioni greche delle opere di s. Ambrogio:
Aevum (1944)184-207
2. «De Spiritu sancto»
Este tratado, ultimado el 381 y dedicado a Graciano,
completa las enseñanzas impartidas en el De fide. Ambro-
sio demuestra la divinidad del Espíritu Santo e ilustra el
lugar que ocupa en la Trinidad con citas bíblicas y si-
guiendo de cerca el tratado homónimo de Dídimo de Ale-
jandría y, menos, el De Spiritu sancto y el Adversum Euno-
mtutn liber III, de Basilio, y las Epistulae ad Serapionem I y
IV, de Atanasio. Para más detalles sobre las fuentes, ma-
nuscritos y problemas de la tradición manuscrita, cf. la ed.
de O. FALLER, prolegomena V.
Ediciones: PL 16,731-850, G. ViZZINl [Bibhotheca sanctorum
Patrum, ser. V 6] (Roma 1906) (1 1), O Faller: CSEL 79 (1964)
p 15-222. C MORESCH1NI (Milano 1979) p.7-355 (con trad it.).
Traducciones: Inglesas: H. DE ROMESTIN. LNPF 2nd ser. 10
(1896) p.93-158, R. J. Deferrari, Saint Ambrose Tbeological and
Dogmatical Works: FC 44 (1963) p.35-213.
Estudios: Tu. SCHERMANN, Die griechiscben Quellen des hl Am-
brosius in lili de Spiritu sancto (Munchen 1902), M. SlMONETTI,
Sul «De Spiritus sancti potentia» di Niceta di Remesiana e sulle fontt
del «De Spiritu sancto» di s Ambrogio: Maia 4(1951)1-10, A.
CAMPANA, // códice ravennate di S. Ambrogio: Italia medioevale
ed umanistica 1(1958)15-68.
3. «De incarnationis dominicae sacramento»
Su redacción es de principios del 382 y consta de dos
partes: la primera (1-78) es una homilía pronunciada por
198
Ambrosio de Milán, Ambrosiáster y Nicetas
Ambrosio en la basílica Porciana; la segunda (79-1 16) es la
respuesta escrita a una dificultad que le había planteado
Graciano: quomodo possunt ingenitus et genitus esse unius na-
turae atque substantiae? La homilía, que responde a las pre-
guntas de dos cubicularios arríanos, recurriendo a la Escri-
tura, condena todo cisma e ilustra ampliamente la perfec-
ción de las dos naturalezas en la única persona de Cristo,
refutando la herejía apolinansta. En la primera parte, Am-
brosio utiliza la Epístola ad Epictetum, de Atanasio, y de la
segunda, que aborda la cuestión arriana, es fuente principal
el Adversus Eunomium I y II, de Basilio. Sobre las fuentes y
tradición manuscrita, cf. la ed O. FALLER, prolegome-
na IX-X.
Ediciones: PL 16,853-884, O. Faixer CSEL 79 (1964)
p.223-281.
Traducciones: Inglesa: R. J. DEFERRARI FC 44 (1963) p.219-
262. — Italiana: E. FJELL1N1 (Milano 1974) (con texto del CSEL
y notas), ID (Milano 1979) p. 359-461 (con texto y notas)
Estudios: A CAMPANA, // códice raiennate di S Ambrogw: Italia
medioevale ed umanistica 1(1958) 15-68, E BELLINI, Per una
lettura globale del «De incarnatioms dominicae sacramento»: SC 102
(1974)389-402
4. «Explanatio symboli ad initiandos»
Es una homilía cuya autenticidad ambrosiana, debatida
por mucho tiempo, ha sido puesta en claro por Connolly,
Faller y Botte.
Edición: PL 17,1193-1196, R H. CONNOLLY, The «Explanatio
symboli ad initiandos», a Work ofSt. Ambrose. A Provisionally Cons-
tructed Text Edited with Introduction, Notes and a Translation
[TSt 10] (Cambridge 1952), O. Faller: CSEL 73 (1955) p 1-12,
B. BOTTE: SCh 25bis (1961) p.46-59 (con trad. franc), cf
CPL 153.
Estudios: G. MORIN, Pour l'authenticité du «De sacramentis »
et de l '«Explanatio ¡ymboli» de saint Ambroise: JL 8(1928)86-106,
R. H. CONNOLLY, St. Ambrose and the «Explanatio symboli»: JThS
47(1946)185-196; F. R. M. HlTCHCOCK, The «Explanatio symboli
ad initiandos» compared with Rufinus and Maximus of Turin:
JThS 47(1946)58-69.
Ambrosio de Milán
5. «Expositio fidei»
199
Teodoreto de Ciro cita en su Eranistes (PG 83,181-
188) un himno cnstológico, de cuya autenticidad ambro-
siana se discute aún (PL 16,847-850).
Estudios: A. PERTUSI, Le antube traduzioni greche delle opere di
íant'Ambrogio e l'« Expositio fidei» a luí falsamente attnbuita: Ae-
vum 18(1944)184-207, G. Bardy, L'«Expositio fidei» attnbu'ee a
S Ambrotse, en Miscellanea Mercati I [ST 121] (Cuta del Vaticano
1947) p.199-218, M RICHARD, Notes sur les florileges dogmati-
ques du v 1 ' et vi 1 ' síecles, en Altes du VI Congres int. des Études by-
zantines (París 1950) I p.314-316, A. LlJMPE, Moderamen (Zur
Entstehung ion Ps.-Ambr Epist «de fide»): MH 13(1956)176-177.
6. «De mysteriis»
Cuidadosa selección y reelaboración de homilías pre-
cedentes publicada en torno al 390 (B. Botte cree que es
un tratado en forma de homilía) con que Ambrosio explica
a los neófitos el simbolismo de los ritos del bautismo y de
la eucaristía recurriendo a la Escritura. Faller y Botte han
demostrado la autenticidad ambrosiana del escrito. Sobre
la tradición manuscrita, cf. la ed. O. Faller (p.6*-125*), ha-
bida cuenta de las variantes de la ed. B. Botte.
Ediciones- PL 16,405-426, G Rauschen [FP 9] (Bonn 1914)
P 73-91; O. Faller. CSEL 73 (1955) p 13-116, B Botte SCh
25 bis (1961) p 156-192 (con trad. franc ).
Traducciones: Alemana: J. NlEDERHUBER [BKV 2 32] (Kempten
1917). — Francesa: A. HAMMAN, L'initiation chrétienne [Lettres
chrétiennes 7] (París 1963) p. 61-85 — Holandesa: F Vromen
(Bruges 1964). — Inglesas- H. DE Romestin. LNPF 2nd ser 10
(1896) p.317-325, T. Thompson (London 1919) (reed por J. H.
Srawley, London 1950), R. J. Deferrari FC 44 (1963) p.5-28.
Estudios: J. QuASTEN, Baptismal Creed and Baptismal Act in
St. Ambrose's «De mysteriis», en Mélanges J. de Ghellintk (Gem-
bloux 1951) I p.223-234, E. J. Yarnold, The Ceremonies oflni-
tiation in the «De sairamentis » and «De mysteriis» of St. Ambrose:
SP X [TU 107] (Berlín 1970) p.453-463; Ch. Mohrmann,
Observations sur «De sacramentis» et «De mysteriis» de saint Am-
broise, en Ambrosius episcopus [SPMed 6] (Milano 1976) I p.103-
123. Sobre la tradición manuscrita. G. POZZI, Riflessiont intorno
alio stemma dei codia del «De mysteriis» e del «De sacramentis» di
S. Ambrogw: Italia medioevale ed umanistica 2( 1959)5^-72.
200
Ambrosio de Milán Ambrosiaster y Nicetas
7 «De sacramentts»
Contemporáneo, al parecer, del De mystems, trata en
seis homilías de la iniciación cristiana, bautismo, confirma-
ción y eucaristía La falta de cohesión interna, las frecuen-
tes repeticiones y el estilo descuidado, notas ausentes del
resto de la producción ambrosiana, han provocado dudas
acerca de su autenticidad, dudas que los estudios de Faller,
Botte y Chadwick han disipado el De sacramentis sería la
redacción estenográfica de homilías predicadas a los neófi-
tos Afín por tema al De mystems, el De sacramenta pro-
pone argumentos nuevos, como una instrucción acerca de
la oración, una exposición de las peticiones del padrenues-
tro y extensas citas del canon de la misa
Ediciones PL 16,435 482, G Rauschen [FP 9] (Bonn 1914)
p 92-131, B Botte SCh 25bis (1961) p 60-136 (ton trad
frant ), O Faller CSEL 73 (1955) p 13 116, H Chadwick
(London 1960)
Traducciones Holandesa F Vromen (Bruges 1964) — Ingle-
sas Th Thompson (London 1919, 2 19!>0) R J Deterrari FC
44 (1963) p 269-328 —Italiana G Coppa (Tormo 1969)
p V09-767
Estudios Th SCHERMANN, Dte pseudoambrosiantsche Schrtft
«De sacramentts» Ihre Uberlieferung und Quellen RQ 17(1903)
237-255, C ATCHLEY, The Date of «De sacramentts» JThS 30
(1929)281 286, G MORIN, Pour l'authenttctte du «De sacramentts»
et de L «Explanatto symboli» de saint Ambroise JL 8(1928)86 106,
O FALLER, Was sagen dte Handschriften zur Echtheit der sechs Pre-
di gten s Ambrosu de sacramentts? ZKTh 53(1929)41-65, ID , Am-
brosius, der Verfasser von «De sacramentts» Dte tnnere Echthetts-
grunde (Leipzig 1940), R H CoNNOLLY, The «De sacramentts»,
a Work of St Ambrose (Downside Abbey 1943), J QuASTEN,
Sobria ebrietas tn Ambrosius «De sacramentts» Etn Bettrag zur
Echthettsfrage, en Mtscellanea litúrgica L C Mohlberg (Roma
1948-1949) I p 117 125, O Perler, L'tnscriptton du baptistere de
sainte-Thecle a Milán et le «De sacramentts» de Saint-Ambroise
RAC 27(1951)145-166, J Quasten, Bapttsmal Creed and Baptts-
mal Act in St Ambrose's «De mystems» and «De sacramentts, en
Melanges J de Ghelhnck (Gembloux 1951) I p 223 234, Ch
MOHRMANN, Le style oral du «De sacramentts » de saint Ambroise
VC 6(1952)168-177, G LAZZATI, L'autentiata del «De sacramen-
tts» e la valutaztone letterarta delle opere di S Ambrogio Aevum
29(1955)17-48, B Botte RTAM 23(1956)341-343 (rec de la
ed O Faller), F Petit, Sur les catecheses postbapttstnales de saint
Ambroise A propos de «De sacramentts» IV 29 RB 68(1958)256-
Ambrtrsio de Milán
201
265, K GAMBER, Dte Autorschaft von «De sacramentts» RQ 61
(1966)94-104, Id, Nochmals zur Frage der Autorschaft von «De
sacramentts» ZKTh 91(1969)586 589, J SCHMITZ, Zum Autor
der Schrtft «De sacramentts» ZKTh 91(1969)59 69, ID , Nach
WORT íbid , 589, E J YARNOLD, The Ceremontes of Initiatton tn
the «De sacramentts» and «De mystems» of St Ambrose SP X[TU
1()7] (Berlín 1970) p 453-463 Id , Ideo et Romae ftdeles dteuntur
qui bapttzati sunt A Note on «De sacramentts» I 1 JThS 24
(1973)202-205, H M RlLEY, Christian Imttation [Studies ín
Christian Antiquity 171 (Washington 1974), Ch MOHRMANN,
Observattons sur «De sacramentts» et «De mystems» de saint Am-
broise en Ambrosius eptscopus [SPMed 6] (Milano 1976) I p 103-
12 3, D RAMOS-LlSSON, La tipología de jn 9,6-7 en el «De sacra-
mentts» ibid [SPMed 7] II p 336-344
8 «De paemtentia»
Compuesto entre el 384 y el 394, el De paenttentia es
un tratado no homilético en dos libros, en que Ambrosio
contradice las afirmaciones de los novacianos acerca de la
potestad de la Iglesia de perdonar los pecados y facilita
noticias de particular interés para conocer la práctica peni-
tencial de la Iglesia milanesa en el siglo IV Para las fuentes,
cf la ed O Faller (p 6l*-65*), que señala la presencia
especialmente de Tertuliano y Cipriano, y sobre la tradi-
ción manuscrita, íbid (p 66*-80*)
Ediciones PL 16,485-546, O Faller CSEL 73 (1955) p 117-
206 (rec I H Waszink VC 14[1960]57), R Gryson SCh
179 (1971) (con trad franc )
Traducciones Inglesa H DE RoMESTIN LNPF 2nd ser 10
(1896) p 329 359 -Italianas G Coppa (Tormo 1969) p623
706, E Marotta (Roma 1976)— Polaca W Szoldrski (Wars-
zawa 1970)
Estudios H Frank, Ambrosius und dte Busseraussohnung tn
Matland (Munstej- 1938), G Odoardi, La dottrina della pentten-
za tn sant'Ambrogio (Roma 1941), J ROMER, Dte Theologte der
Sunde und der Busse betm hl Ambrosius (St Gallen 1968), R
MARCHIORO, La prassi penttenztale nel ¡V secólo a Milano secondo
s Ambrogto (Roma 1975)
9 «De sacramento regenerationts sive de philosophia»
Obra perdida, conocida sólo por las citas de Agustín (y
Claudiano Mamerto 5 ) recogidas por P A Ballenni
Patrología 3
8
202
Ambrosio de Milán, Ambrosiáster y Nicetas
(S. Ambrosii opera [Milano 1879] IV 905-908) y G. MA-
DEC, S. Ambroise et la philosophie (París 1974) p. 247-337.
D) Discursos, cartas, himnos
Al tratar de la vida de Ambrosio, hemos tenido ya oca-
sión de presentar parcialmente estos escritos, pues forman
parte de la trama política e histórica, en la que adquiere
todo su relieve la figura del Obispo de Milán. En este apar-
tado presentamos estos escritos en el contexto del género
literario a que pertenecen y señalamos algunos aspectos
particulares.
1. Discursos
a) «De excessu fratris»
Obra en dos libros, compuesta el 378 de dos homilías
pronunciadas en el funeral y en la memoria die séptimo de
Sátiro y cuidadosamente reelaboradas. La obra, que es
buena prueba, para el género consolatorio, de la cultura
retórica y clásica de Ambrosio y en la que alienta su cálida
humanidad, propone la realidad cristiana de la muerte vi-
vida y presentada en la dimensión pastoral.
Para la tradición manuscrita, cf. la ed. O. Faller (p.80*-
101*), que corrige la de Albers.
Ediciones: PL 16,1345-1414; B. Albers [FP 15] (Bonn 192 1 )-
O. Faller CSEL "\3 (1955) P .2(F-325.
Traducciones: Alemana: R. LOEBE: Mancherlei Gaben und ein
Geist 50(1911) (sólo el 1.1).— Inglesas: H. DE R.OMESTIN: LNPF
2nd ser. 10 (1896) p. 161-197; M. McGuiRE: FC 22 (1953)
p. 161-259.— Italiana: G. Coppa (Torino 1969) p.77 1-810.
Estudios: F. Savio, L'anno della morte di S. Sátiro: CC 53-4
(1902)529-540; B. ALBERS, Über die erste Trauerrede des hl. Am-
brosias zum Tode seines Bruders Satyrus, en Eestgabe A. Ebrhard
(Bonn 1921) p.24-52; M. L. RlCCl, Definizione della «prudenza»
in sant'Ambrogio. A proposito di De excessu fratris 44-48: SIF 41
(1969)247-262; J. DOIGNON, Lactance intermédiaire entre Ambroise
de Milán et la Consolation de Cicerón?: RELA 51(1973)208-219;
A. PALESTRA, Note al libro I del «De excessu fratris» di S. Atnbro-
gio: Archivio Ambrosiano 27(1974)25-52.
Ambrosio de Milán
b) «De obitu Valentiniani»
203
Al llegar el 392 a Milán los restos de Valentiniano,
Ambrosio pronunció en su honor esta oración fúnebre, en
la que recuerda sus relaciones con el joven emperador,
evoca con afecto sus dotes de ánimo y de gobierno y con-
dena a sus asesinos. En este escrito, rico de citas bíblicas,
con predominio del Cantar, se advierte la presencia de los
comentarios de Orígenes al Exodo y al Cantar de los Can-
tares.
De la edición de Ambrosio se formó un arquetipo muy
antiguo, del que dependen el París, lat. 1920, del si-
glo XIV, y los manuscritos de Milán y de Heiligenkreuz,
que pasan por ser los mejores. En algunos puntos se ha
podido restituir la lección más probable gracias a un grupo
de manuscritos más antiguo, pero menos fiel. La edición
crítica de O. Faller trata ampliamente de las vicisitudes de
la tradición manuscrita (p. 101*-1 13*).
Ediciones: PL 16,1417-1444; T. A. Kelly [PSt 58] (Washing-
ton 1940) (con trad. ing., introducción y comentario); O. FALLER;
CSEL 7 3 (1955) p.327-367.
Traducciones: Inglesa: R. J. DEFERRARI: FC 22 (1953) p.265-
299. —Italiana: G. Coppa (Torino 1969) p.813-850.
c) «De obitu T beodos ii»
En la oración fúnebre pronunciada a los cuarenta días
de la muerte de Teodosio (25 de febrero del 395) en pre-
sencia de Honorio, Ambrosio evoca la figura del empera-
dor, fielmente anclado en la fe católica, y celebra sus dotes
de gobierno. El discurso pretende de forma manifiesta
consolidar la posición de Honorio, invitando a proseguir
en la misma línea política y social; la mención de la ley
promulgada por Honorio el 24 de marzo del 395 en favor
de la población rural, que ratificaba la disposición emanada
por su padre el 393, miraba a concillarle los ánimos. La
influencia de Orígenes es frecuente y manifiesta. Atención
especial merecen los c. 40-50, en los que, al hablar de la
emperatriz Elena, recuerda la invención de la cruz; para
algunos autores, estos capítulos, que celebran la armonía
reinante, gracias a Teodosio, entre la Iglesia y el Imperio,
son una adición posterior escrita; parece más en consonan-
204
Ambrosio de Hilan Ambrosiaster y Nicetas
aa con la realidad considerarlos parte integrante de la
oración pronunciada Acerca de este particular y de la tra
dicion manuscrita, cf la ed O Faller (p 114*-125*)
Ediciones PL 16,1447 1488 M D Mannix [PSt 9] (Was
hington 19-25) (con trad ing , introducción y comentario) O
Faller CSEL 75 (1955) p 569 401 (rec J H Waszink VC
14[196(>]5 7 )
Traducciones Alemana J NlEDERHUBER [BKV 2 521 (Kcinpten
h) V)— inglesa R J Dfffrrari FC 22 ( 1955) p 507-552 —ita-
liana G Coppa (Tormo 1969) p 855 885
Estudio G BONAMENTE, Fideicommtssum e trasmisstone del
potere nel «De obitu Theodosu» di Ambrosio VetChr 14(1977)
2^5 280
d) «Sermo contra Auxentium de basihcts tradendis»
Este discurso, pronunciado el domingo de Ramos del
386, es uno de los textos de la polémica antiarnana de
Ambrosio obispo A los fieles reunidos en la basílica, Am-
brosio expone y justifica con razones su decisión de no
acceder a la petición de Valentiniano II de entregar a los
arríanos una basílica para que celebrasen en ella la liturgia
pascual
Edición PL 16,1049 1055
Traducción Inglesa H DE ROMESTIN LNPF 2nd ser 10
(1896) p450 456
2 Cartas
El epistolario ambrosiano es una de las fuentes mas
importantes para conocer a su autor y la situación política
y religiosa de su tiempo Nos han llegado 91 cartas (la
ep 23 se considera no autentica) De algunas hemos ha-
blado ya en la biografía de Ambrosio (v gr ep 59, a Se-
vero de Ñapóles, que nos ha servido para fijar la fecha de
su nacimiento), la 21, a Valentiniano II, en que recuerda
sus relaciones con Valentiniano I, se muestra mas tenaz en
su oposición al amano Auxencio y reafirma la autonomía
de la Iglesia De las relaciones entre la Iglesia y el Imperio
Ambrosio de Milán
205
tratan también las cartas l, a Graciano, 57, a Eugenio, y
51, a Teodosio a proposito de la matanza de Tesalonica
A la controversia amana se refieren, entre otras, la 2,
al obispo Constancio de Clotema, las 10, 1 1 y 12, enviadas
a los emperadores Graciano, Valentiniano II y Teodosio
desde el concilio de Aquiley? las 13 y 14, a Teodosio en
nombre de los obispos de Italia, la 20, a su hermana Mar-
celina informándole de sus continuos altercados con los
arríanos, y la 21, a Valennniano II sobre los mismos con-
flictos
Documentan la actitud antipagana de Ambrosio las car-
tas 17 y 18, a Valentiniano II, sobre el ara de la Victoria,
con el texto de la Expositio de Simaco Sobre la política
antijudia de Ambrosio informan las cartas 40, a Teodosio,
contra la reconstrucción de la sinagoga de Calinico, y la 41,
a Marcelina, con la homilía pronunciada por Ambrosio
ante el emperador acerca de la diferencia entre la Iglesia y
la sinagoga La vida de la Iglesia es siempre y en toda oca
sion la preocupación principal del Obispo de Milán, véanse
a este proposito las cartas 15 y 16, a los obispos de Mace-
donia con ocasión del fallecimiento del obispo de Tesalo-
nica, la 19, a Vigiho de Trento, sobre el peligro de matri-
monios mixtos con paganos y «herejes» de origen godo, la
22, segunda carta a Marcelina, sobre la invención de los
cuerpos de los mártires Gervasio y Protasio y con el envío
de las homilías pronunciadas en aquella ocasión, la 23, a
los obispos de Emilia para fijar la fecha de la Pascua, las 37
y 38, a Simpliciano, la 42, contra Jovininano, la 46bis, con-
tra Bonoso, las 54 y 55, a Eusebio de Bolonia, la 58, a
Paulino de Ñola, la 63, a la iglesia de Vercelli, y la 81, al
clero de Milán
La colección y distribución del epistolario en 10 libros
sena, en opinión de Klein, obra del mismo Ambrosio, solo
el libro X habría sido publicado después de su muerte La
edición critica de O Faller fue interrumpida por la muerte
del editor, su continuación ha sido encomendada a Mi-
chaela Zelzer, que ha colacionado otros manuscritos que
juzga mas importantes
Ediciones PL 16,915 1542, M La varenne, Prudence «Psycho-
machte» «Contre Symmaque» (París 1948) (ep 17 y 18 y la Expo-
sitio Symmacht con trad franc ) O FALLER CSEL 82 (1968)
(1 1-6)
Traducciones Holandesa J WYTZES [Klassiken der Kerk I 2]
206
Ambrosio de Milán, Ambrosiáster y Ntcetas
(Amsterdam 1950) (17 18 20 21 22 40 41 51 5^ ) —Inglesas:
H DE Romestin LNPF 2nd ser 10 (1896) (17 18 20 21 22 40
41 51 57 61 62 6}), M. M Beyenka FC 26 (1954) (1-91), S.
Greenslade, Early Latín Theology. Selecttons from Tertullian, Cy-
prian, Ambrose and Jerome (London 1956) (10 17 18 20 21 22 40
41 51 5 7 63) — Italiana: G COPPA (Tormo 1969) (V 18 20 21
22 40 41 51 Relatw).
Estudios: W WlLBRAND, S Ambrostus quos auctores quaeque
exemplaria in epistohs componendis secutus est Commentatto philolo-
gtca (Munster 1909), G MAMONE, Le eptstok di sant'Ambrogw:
Did n s 1(1924)3-143, Id , La forma delle lettere di SantAmbrogw.
íbid , 145-164, M. A ADAMS, The Latinity of the Letters of St
Ambrose [PSt 12] (Washington 1927), G. LAZZATI, // valore lette-
rarto della esegesi ambrostana (Milano 1960) (estudia 18 cartas en
las que Ambrosio trata asuntos bíblicos 1 3 sobre el Antiguo y
5 sobre el Nuevo Testamento, el alegorismo ambrosiano supera,
a veces, los límites), R Klein, Die Katserbriefe des Ambrostus. Zur
Problematik íhrer Veroffentltchung: Athenaeum 48(1970)335-371,
B Semplicio, Mistero pasquale e sptntualita del sacerdote nelle
lettere di S. Ambrogto (Piacenza 1972), R Klein, Der Strett um
den Victoria-altar, die drttte Relatio des Symmachus und die Briefe
17, 18 und 57 des Matlander Btscbof Ambrostus (Darmstadt 1972),
G L Rapisarda, La personaltta di Ambrogto nelle Eptstole XVII e
XVm.-Orph 20( 1973)5-143, J P Mazieres, Les lettres dAmbroi-
se de Milán a Orontien. Remarques sur leur chronologie et leur destt-
nataire: Pallas 20(197 3)49-57, M ZELZER, Die Briefbúcher des hl
Ambrostus und die Briefe extra collectionem: AAWW 112(19 7 5) 7 -
23, M Forlin PATRUCCO y S RODA, Le lettere di Stmmaco ad
Ambrogto Vent'annt di rapportt amtchevoli, en Ambrostus eptscopus
[SPMed 71 (Milano 1976) II p 284-29 7 , E LUCCHESI, Utrum
Ambrostus Medtolanensts tn quibusdam eptstulis Philonts Alexandrt-
ni opusculum quod inscribitur «Quts rerum dtvinarum heres sit usur-
pavertt an non quaeritur»: Mus. 90( 197 7 )347-354, M. ZELZER, Zu
Aufbau und Abstcht des zebnten Briefbuches des Ambrostus, en Lati-
nttat und alte Kirche Festschrtft fur R Hanslik (Wien 19 77 )
p 351-362, Ead , Prob/eme der Texterstellung im zebnten Brtefbucb
des hl. Ambrostus und in den Briefen extra collecttonem: AAWW
115(19 7 8)415-439
3. Himnos
La himnología ambrosiana nace en circunstancias histó-
ricas bien conocidas, a saber, el conflicto con los arríanos
por la ocupación de una basílica de la ciudad (385-386). El
rezo de un salmo se alterna con el canto de un himno, al
que proporcionan el tema no directamente la Biblia, sino
Ambrosio de Milán
207
la festividad del día, la conmemoración de los apóstoles y
mártires, la alabanza del Señor, las horas de la jornada o las
verdades de la fe. El año 396, el canto de himnos, que se
alterna al rezo antifonal de los salmos, es ya patrimonio de
la iglesia milanesa, y de ahí se difunde por doquier. San
Ambrosio es considerado el padre de la himnología litúr-
gica de la Iglesia occidental. Le sirven de modelo la poesía
religiosa pagana y los cantos religiosos cristianos de carác-
ter popular. Los temas que Ambrosio propone son de fácil
comprensión, hablan al corazón más que al entendimiento,
y los anima con imágenes vivas que se imprimen en la
memoria, al tiempo que la melodía, de la que Ambrosio es
también autor, adaptada a los dímetros yámbicos, agrupa-
dos en cuartetas, ayuda a aprenderlos de memoria y recor-
darlos.
En el Serm. c. Aux. 34, Ambrosio habla de la facilidad
con que los fieles componían himnos a imitación del mo-
delo por él ideado, y acaso ello explique el elevado nú-
mero de himnos que la tradición le ha atribuido. La crítica,
invocando la autoridad de Agustín, es unánime sólo en la
atribución de cuatro himnos. Aeterne rerum condttor (AGUS-
TIN, Retract. 121), Deus creator omnium (Conf. XI 12); lam
surgtt hora tertia (De nat. gr. 63) e Intende qui regis Israel
(Serm. 372). Biraghi y Dreves añaden otros catorce: lllu-
mtnans Alttssimus, Hic est dtes verus Dei, Agnes beatae vtrgt-
nis, Víctor Nabor Félix pii, Grates tibi lesu novas, Apostolo-
rum pa\sio, Apostolorum supparem, Amore Christt nobilis, Ae-
terna Christi muñera, Splendor paternae gloriae, Nunc sanctae
nobis Sptritus, Rector potens verax Deus, Rerum Deus tenax
vigor, lesu, corona Virginum.
La mejor edición crítica de los himnos citados es de
Steier. No todos se suman al parecer de Biraghi, Dreves y
Steier. Walpole atribuye a Ambrosio 18 himnos; Simonetti,
sólo otros cuatro a los cuatro ciertamente auténticos, a sa-
ber, Grates ttbi lesu novas, Splendor paternae gloriae, Aeterna
Christi muñera, Htc est dies verus Dei, y aceptaría la autenti-
cidad ambrosiana de otros dos. Víctor Nabor Félix pii y Ag-
nes beatae vtrginis; el himno V, que Simonetti considera
espurio, ha sido estudiado por Ch. Mohrmann, que lo de-
vuelve a Ambrosio.
La producción poética ambrosiana comprende, además,
tres inscripciones en dísticos, para la sepultura de su her-
mano Sátiro, para el bautisterio de Santa Tecla y en honor
de San Nazano. Nada seguro cabe decir acerca de la
208
Ambrosio de Milán, Ambrosiaster y Nicetas
autenticidad de los 21 títulos para escenas del Antiguo y
Nuevo Testamento
Ediciones L BlRAGHI, Innt simen e carmi di sant'Ambrogto
(Milano 1862), A STEIER, U ntersuchungen uber die Echtheit der
Hymnen des Ambrosias Jahrbucher fur classische Philologie,
Suppl 28 (Munchen 1903)549-662 (texto p 65 1-660), Cl Blu
ME y G M DREVES, Analecta hymnica medu aevt (Leipzig 1907)
vol 50 p 10-21, A S WALPOLE, Early Christian Hymns (Cambnd
ge 1922) p 16-114, G Del Ton, Gli innt di S Ambrogio (Como
1940 (con trad ít ), W BULST, Hymnt lattnt antiquisstmt LXXI,
psalmi III (Heidelberg 1956), M SlMONETTI, lnnologia ambrosta-
ma (Alba 1956) (con trad ít ), E BOLlSANi, L'mnografia cristiana
antica Sant'Ambrogio e i suoi imttatori (Padova 1963 (con trad
ít ), L SolXAZZO, Innt di sant'Ambrogto (Parma 1964) (con
trad ít )
Epigramas F BUCHELER y A RIESE, Anthologia lattna II 2
(Leipzig 1897) n 906 907 1421, E DlEHL, Inscriptiones latirme
chnstianae veteres I (Berlín 1925) n 1800 1801 1841 2165, PLS
I 585-587
Traducciones Muchos himnos figuran en diversas antologías y
en las traducciones del Breviario romano
Estudios G M DRFVES, Der Hymnus des hl Ambrosius «Agnes
beatae virginis» ZKTh 25(1901)356-365, G Mercati, Paralipo-
mena Ambrostana [ST 12] (Roma 1904) p 17-46, H Vogels,
Zum Hymnus «Splendor paternae gloriae», en Festschrift A Knopfler
(Munchen 1907) p 314-316, J B VAN BEBBER, Der Brevierhym-
nus En clara vox redarguit Eme hymnologtsche Studie ThQ 89
(1907)373-384, A S Walpole, Notes on the Text of tbe Hymns of
St Ambrose JThS 9(1908)428 436, Kx Blume, Ursprung des
ambrosianischen Lobgesanges Snmmen aus Mana Laach (1911)
274-287 401-414 487-503, P P TROMPEO, Intorno alia composi-
zione degli inni dt Ambrogio Atene e Roma 16(1903)35-40, H
Fuchs, Latina 111 Hermes 58(1933)348 349, F J Dolger, Die
Inschrift des hl Ambrosius im Baptisterium der Theklaktrcbe von
Mailand AC 4(1934)155-156, A Silvagni, Studio critico sulle
due sillogi medievah di iscrizioni cristiane milanest RAC 15(1938)
107 122, G Ghedini, L'opera di Biraghi e l'innologia ambrostana
SC 68(1940)160-170 275 285, G P Pighi, Commentariolus elec-
torum Aevum 18(1944)14-51 (sobre dos epigramas ambrosia-
nos), P COURCELLE, Quelques symboles funeraires du neoplatontsme
latín et le vol de Dedale Ülysse et les Strenes REAN 25(1947)66,
Ch MOHRMANN, La langue et le style de la poesie chretienne RELA
25(1947)280-297 (= Eludes sur le latín des chrétiens I [Roma
1958] p 151-168), O PERLER, L'inscription du bapttstere de Samte
Ambrosio de Milán
209
Thecle a Milán et le «De sacramentis» de saint Ambroise RAC 27
(1951)145-166, M SlMONETTI, Studi sull'mnologia popolare cris-
tiana de prtmi secoli A tu della Accad Naz dei Lincei Memone
sez 8 4 (1952)339-485 (376-430), D Norberg, L'hymne am-
brosien, Id , Le debut de l'hymnologie latine en l'honneur des samts,
en ID , Au seud du moyen age Etudes hnguistiques, melnques et
litteraires (Padova 1974) p 135-149 y 150 162, M P Cunni
GHAM, The Place of the Hymns of St Ambrose in the Latín Poettc
Traditwn Studies ín Philology 52( 1955)509-5 14, M SlMONETTI,
Osservazioni crttiche sul testo di alcuni innt ambrosiani ND (1953-
55)45 48, M M Beyenka, St Augustine and the Hymns of St
Ambrose The American Benedictine Review 8(1957)121-132,
N CoRNEANU, Aspecte din linca ambrozianá Studu teologice 1 1
(1959)443-452, F Deix'Oro, Testi liturgia per la festa dei marttn
Nabore e Felice Archivio Ambrosiano 27( 1974)235-245, G An-
GELONI, S Ambrogio maestro e caposcuola della innografta cristiana
Ambrosius 50(1974)401-434, J FONTAINE, L'apport de la tradi-
tion poetique romaine a la formation de l'hymnodie latine chr'etienne
RELA 52(1974)318-355, L SZELESTEI NAGY, Zettmass undWort-
betonung in den fruhchristlichen Hymnen in latetntscher Sprache
Anuales Universitatis Budapestinensis 2(1974)75-89
Sobre las obras pseudoambrosianas cf p 217 y 237 (Hegesippus
stve «De bello tudaico»), p 217 (Lex Dei swe mosatcarum et roma-
narum legum collatio) p 226 (De lapsu virginis) y p 226 (Te Deum)
La intensa actividad pastoral desarrollada por San Am-
brosio orientó necesariamente su producción literaria hacia
temas de orden práctico más que especulativo No son po-
cas, en efecto, sus obras de carácter homilético, exhorta-
tivo y moral, siendo, en cambio, escasos los tratados y es-
critos exegéticos que aborden directamente y de forma sis-
temática cuestiones de índole prevalentemente teológica y
doctrinal Aún más, cabe afirmar que San Ambrosio enun-
cia y expone las doctrinas y verdades teológicas cuando
circunstancias contingentes y particulares exigen de él una
respuesta, la cual, por lo mismo difícilmente logra mante-
nerse en los confines de la elaboración o examen de un
dato teológico, haciendo, por el contrario, concesiones a
las exigencias de la exhortación moral, del consejo, de la
instrucción y de la edificación
Además de su dedicación pastoral, otros factores han
podido influir en la orientación prevalentemente práctica y
no especulativa de su reflexión teológica, como, v gr , el
cambio inesperado que la elección episcopal introdujo en
su vida, dedicada enteramente, hasta esa fecha, a activida-
210 Ambrosio de Milán Ambrostaster y Nicetas
des de orden jurídico, y la penuria de tiempo para poder
interiorizar y explorar los datos de la fe, sometidos a la
sazón a complejos debates y objeto de sena e incesante
reflexión por parte de quienes debían profundizar en la
revelación antes de anunciarla
Ambrosio prefino recurrir a quienes habían recorrido
ya esta senda y sacar provecho de lo que los Padres, sobre
todo del mundo griego, habían ya explorado y formulado
De ahí proviene la falta de originalidad que se suele repro-
char al Obispo de Milán en su exegesis y teología, aunque
no falten, sobre todo recientemente, los estudios que po-
nen de relieve los elementos peculiares que denuncian una
reelaboracion personal (cf , v gr , L F PlZZOLATO, La dot-
trtna esegettca di sant'Ambrogto, Milano 1978)
Las obras que permiten conocer en mayor medida el
pensamiento teológico de Ambrosio son las escritas contra
los arríanos en defensa del credo niceno el De fide, el De
Sptritu sancto, y el De incarnationts domtnicae sacramento,
ricas las tres en ecos que les vienen de obras griegas, sobre
todo de Didimo y Basilio, y las tres, sin embargo, reelabo-
radas por su sensibilidad, siempre despierta a las exigencias
y mentalidad peculiar de su auditorio
En la doctrina trinitaria, Ambrosio defiende la unidad
de la substancia y la distinción de las personas (De ftde IV
8,91, Dí 5> III 5,108, 16,116 117, sobre la reluctancia de
Ambrosio al uso del termino persona en campo trinitario,
cf M SlMONETTl, La crisi anana p 524-525), el Padre es
fons y radix del Hijo (De fide IV 10,132), y este fons del
Espíritu (De Sp I 15,152) En su cristologia, sobre todo en
polémica con docetas y apolinaristas, observa un perfecto
equilibrio, que le consiente distinguir en Cristo dos natura-
lezas y dos voluntades, sin detrimento de su perfecta uni-
dad (De tnc dom sacr V 35, De ftde II 7,53 58, Exc Satyri
I 12) En el tema de la redención, Ambrosio se acerca a las
teorías centradas en la satisfacción y expiación (Exp Luc
III 48, VII 114), de Orígenes e Ireneo toma también la
teoría que ve en la pasión y muerte de Cristo el precio
pagado al demonio para obtener la salvación de los hom-
bres (Exp Luc IV 11-12, VIII 114-117, Ep 72) Algunas
de sus obras están especialmente dedicadas a la teología
sacramentaría Ambrosio habla del bautismo, y especial-
mente de la penitencia (que se ha de conceder una sola
vez, por pecados verdaderamente graves, y que se ha de
practicar publicamente) y de la eucaristía con una ínme-
Ambrosiaster
211
diata preocupación pastoral, por lo que sus obras resultan
particularmente interesantes para el conocimiento de los
ritos y de la liturgia general de su tiempo Menos relevante
es la aportación de Ambrosio a la doctrina escatologica,
repite a menudo ideas de Orígenes, sin llegar nunca a re-
ducirlas a sistema (In Ps 118) Su preocupación por la
Iglesia (cf G Toscani, Teología della Chiesa in sant'Am-
brogto, Milano 1974) y por la edificación de sus fieles in
dujo a San Ambrosio a meditar con atención y tacto en la
figura de Mana (de ella habla, sobre todo, en la Exp Luc y
en las obras sobre la virginidad) y del lugar que ocupa en la
historia de la salvación y en la vida de los cristianos, cele
bra sus virtudes morales y la considera exenta de todo pe
cado durante su vida, aunque no se pronuncia claramente
acerca de su exención del pecado original
AMBROSIASTER
Ambrosiaster, es decir, Pseudo-Ambrosio, es el nom-
bre convencional que se ha dado al autor anónimo de un
comentario de las cartas de San Pablo, compuesto, al pare-
cer, en Roma en la segunda mitad del siglo IV En la ma-
yor parte de los manuscritos figura bajo el nombre de
Ambrosio, en otros se atribuye a un cierto Hilario, en
otros aparece sin indicación de autor Cabe pensar que la
obra fue publicada anónima, circunstancia que es diversa-
mente interpretada por W Mundle, A Souter y A Stui-
ber
Mucho se ha escrito acerca de la identidad del autor,
sin que por el momento se haya llegado a resultados defi-
nitivos o dignos de consideración Las hipótesis propuestas
en base a elementos de muy diversa índole (sobre todo,
lingüísticos, también epigráficos, biografieos, etc ) son
muy numerosas el diácono lucifenano Hilario, el donatista
Ticonio, el sacerdote romano Faustino, el hebreo converso
Isaac, adversario del papa Dámaso y vuelto al judaismo, el
prefecto romano Decimio Hilanano, Hilario, obispo
de Pavía, Evagrio, obispo de Antioquia, el funcionario
imperial Claudio Calixto Hilario, Emiliano Dextro, hijo
de Paciano, obispo de Barcelona, Nicetas de Remesiana
G Monn, que dedico gran ínteres al asunto, entre 1899
y 1928 propuso cinco diversas identificaciones
212 Ambrosio de Milán Ambrosiaster y Nicetas
Una de las cuestiones mas debatidas acerca de la iden-
tidad de Ambrosiaster es su origen judio o pagano la fami-
liaridad que muestra con las instituciones judias y su inte-
rés por ellas abogarían por el primero, mientras que algu-
nas expresiones de sus escritos parecen postular su conver-
sión del paganismo
Cabe aun preguntarse si Ambrosiáster fue griego o la-
tino de nacimiento, es decir, si se deben tener en cuenta las
dificultades lingüisticas de sus escritos y atribuirlas a su
origen no latino, o si, por el contrario, se debe prestar fe a
su manifiesta aversión a los códices griegos y su adhesión a
la tradición latina
Es hoy opinión común que las obras de Ambrosiáster
fueron compuestas entre el 363 y el 384, es decir, después
de la muerte del emperador Juliano y durante el pontifi-
cado del papa Dámaso (366-384) en Roma, aun teniendo
en cuenta las relaciones que el autor ciertamente mantuvo
con ambientes del norte de Italia y España
A Souter ha devuelto de forma definitiva al autor del
comentario de San Pablo las Quaesttones Veterts et Nopi Tes-
tamente que nos han llegado con el nombre de Agustín y
un comentario anónimo al c 24 del evangelio de Mateo La
atribución de otros escritos, como los fragmentos De Petro
apostólo, el De tribus mensurts, la Lex Dei sive Mosaicarum et
Romanarum legum collatio y el De bello ludaico, no es uná-
nime
Los problemas que aguardan aún solución no son pocos
Además de la identificación del autor, requiere también
seno examen el significado de algunas expresiones de ca-
rácter teológico, que podría aclarar el problema, no re-
suelto, de las fuentes Mucho se ha escrito y discutido
acerca del influjo de Ambrosiáster en Pelagio y Agustín,
por el contrario, no se ha logrado individuar la génesis de su
pensamiento t Es de filiación teológica estrictamente latina
o fue, de algún modo, tributario de los Padres griegos, a
pesar de que probablemente no conocía la lengua ~> < Man-
tuvo contactos con el mundo oriental y siríaco' 1 Sus viajes,
que se suponen frecuentes, como sostiene Bardy, ¿le pro-
porcionaron sólo el conocimiento de los usos y costumbres
de los pueblos que visitó o lo expusieron también al in-
flujo de tradiciones teológicas ajenas'
Convendría, en fin, examinar más a fondo la influencia
de una cierta mentalidad jurídica en su pensamiento y en
la interpretación que propone del cristianismo y determi-
Ambrosiaster
213
nar en qué medida se le pueda reprochar una cierta ten-
dencia al morahsmo y al racionalismo
Estudios G Morin, L'A et le juif convertí Isaac, contemporain
du pape Damase RHL 4(1899)97-121, Th Zahn, Der «A » und
der Proselyt Isaak ThLB 20(1899)313-317, A E BURN, The A
and Isaac the Converted Jew Exp 5 10(1899)368-375, H ZlMMER,
Pelagius tn Irland (Berlín 1901) p 117-121, Id Hilarias l'A RB
20(1903)113-131, A Souter, A New Vtew About «A»
Exp" 7(1903)442-455, F Cumont, La polémique de l'A contre les
paiens. RHL 8( 1903)417-440, A Souter, A Study of Ambrosiáster
[TSt 7,4] (Cambridge 1905), C H Turner, A and Damasus
JThS 7(1906)281-284, Id , Ntceta and A JThS 7(1906)203-219
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'b.bl )
1 Obras
1 «Commentartus m epistulas paulinas»
Es un comentario sistemático de trece cartas de Pablo
(menos Hebreos) El Comentario de Romanos ha llegado en
tres recensiones diversas, todas del autor, y de las que la
tercera parece ser la última y definitiva, el Comentario de las
dos cartas a los Corintios ha llegado en dos recensiones, y,
en opinión de H J Vogels, también el de las demás cartas
En el prólogo que antecede el Comentario, el autor in-
forma acerca de la comunidad destinatana de la carta y del
propósito que guiaba a Pablo al escribirla El Comentario
sigue de cerca el texto, sin dejar nada examinando con
exégesis minuciosa cada vez una sección de extensión va-
nada, desde dos o tres palabras a vanos versículos Gracias
al método seguido, el comentario reviste particular impor-
tancia para conocer la transmisión del texto latino de las
cartas de Pablo, que aparecen en la forma conocida en Ita-
lia en la segunda mitad del siglo IV antes de la revisión de
la Vulgata
La exégesis es de tipo histórico-literal, sin apetito de
lucubraciones, simbolismos o alegorías, atenta, en cam-
bio, a hacer ver las motivaciones teológicas de las expre-
siones paulinas, generosa en citas bíblicas y animada por
discusiones polémicas contra herejes, paganos y judío-cris-
tianos La interpretación es, pues, afín a la tradición exegé-
tica de la escuela de Antioquía, aunque no desdeña la in-
terpretación tipológica ni se opone formalmente al método
alejandrino, que, al parecer, no conoce en la forma elabo-
rada que cultiva Orígenes
Ediciones PL 17,47-536, A Amelli, Spialegium Casmense III
2 (Montecassino 1901) p 1-383, H J Vogels [CSEL 81,1-3]
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Ambrosias ter
215
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lus-Handschriften (Freibur Br 1964), H J FREDE, Etn neuer Pau-
lustext und Kommentar (Freiburg Br 1973-1974)
2 «Quaestiones Veteris et Novt Testamentt»
Las Quaestiones nos han llegado con el nombre de Agus-
tín en tres formas diversas, una de 115 tratados es, cierta-
mente, una compilación tardía (siglos vm al XII), las otras
dos, de 127 y 150 tratados respectivamente, contienen 89
cuestiones en común, aunque divergen más o menos en la
forma de tratarlas Según A Souter, ambas colecciones
fueron compuestas y ordenadas por Ambrosiáster, y con-
sidera la recensión de 127 la forma posterior que el autor
le dio a la obra tras corregir, suprimir o sustituir los trata-
dos de la primera edición de 150 cuestiones Posterior-
mente, C Martini ha propuesto una solución diversa nin-
guna de las dos colecciones fueron ordenadas por el autor,
son obra de un compilador posterior, que incluyó en una y
otra colección, indiferentemente, cuestiones de la primera
y segunda recensión de las mismas redactada por Ambro-
siáster
Los tratados son de extensión muy desigual y abordan
temas muy vanados, la mayor parte versan sobre cuestio-
nes de exégesis, otros, de dogmática, con ambiciones
especulativas, otros, aún de tono polémico y apologético
216 Ambrosio de Milán, Ambrosias ter y Ni cetas
(cf. 44 91 97 192 114 125), y otros, en fin, censuran
abusos e informan sobre costumbres del tiempo, y son
por ello interesantes desde el punto de vista histórico
(cf. q.101 109 115).
Ediciones: PL 35,2215-2422 (150 q.); A. SOUTER: CSEL 50
(1908) (127 q., y en apéndice, las q. peculiares de la colección
de 150 q.); mejoras de la ed. Souter en E. LOFSTEDT, Vermischte
Beitráge zur lateinischen Sprachkunde: Eranos 8(1908)112-113.
Estudios: A. SoUTER, An Interpolation in A.: ExpT 13(1901-
1902)380); ID., De codicibus manuscriptis Augustini quae feruntur
quaestionum Veteris et Novi Testamenti: SAW 149,1(1904)1-25;
ID., A» Unknown Fragment of the pseudo-augustinian «Quaestiones
Veteris et Novi Testamenti»: JThS 6(1905) 61-66; G. BARDV, La
littérature patristique des «Quaestiones et responsiones » sur l'Ecriture
sainte, VA.: RBibl 41(1932)343-356; C. MARTINI, De ordinatione
duarum collectionum quibus Ambrosiastri «Quaestiones» traduntur:
Ant 21(1947)23-48; ID., Le recensioni delle «Quaestiones Veteris et
Novi Testamenti» del/A.: RStR 1(1954)40-62.
2. Obras de autenticidad dudosa
1. Comentario de Mateo c.24
Mercati y Turner publicaron tres fragmentos de un
comentario anónimo de Mt 24, de argumento escato lógico
(Mt 24,20-24.27-30.32-35), que se leen en el códice am-
brosiano I 101 sup., del siglo VIII. Estos fragmentos, que
profesan un milenarismo moderado y hablan de persecu-
ciones contra la Iglesia, fueron asignados por Mercati a un
anónimo milenarista, y por Turner, a Victorino de Petavio,
que en parte habría traducido un escrito griego (acaso Hi-
pólito). Souter los atribuyó al Ambrosiáster, tesis que Mar-
tini ha confirmado con argumentos filológicos y de conte-
nido.
Ediciones: G. MERCATI, Anonymi chiliastae in Matthaeum
XXIV fragmenta, en Varia sacra I [ST 11] (Roma 1911) p. 1-49;
C H TURNER, An Exegetical Fragment of the Third Century: JThS
5(1904)218-241; PLS I 655-668.
Estudios: A. SOUTER, Reasons for Regarding Hilarius (A.) as the
Author of the Mercati-T urner Anecdoton: JThS 5(1904)608-621;
Th. Zahn, Ein alter Kommentar zu Matthaus: NKZ 16(1905)
419-427.
Ambrosiáster 2 1 /
2. «De tribus mensuris» y «De Petro apostólo»
Se leen en el códice ambrosiano I 101 sup., del si-
glo VIH, y fueron publicados por Mercati con los fragmen-
tos sobre Mt 24. El primero explica el sentido de las tres
medidas de harina que la mujer de la parábola de Mt 13,33
y Le 13,21 mezcla con el fermento. C. Martini, con argu-
mentos lingüísticos y doctrinales, lo atribuye a Ambrosiás-
ter. El De Petro apostólo, amén de tratar de las negaciones
de Pedro, explica la razón por la cual Jesús prohibió en
Getsemaní a Pedro (Le 22,49-51; Mt 26,52) usar la espada
después de haber ordenado a los apóstoles en el cenáculo
procurarse una y llevarla consigo (Le 22,36-38). Zahn lo
atribuyó a Ambrosiáster en base a la afinidad con la q. 104;
Martini ha confirmado la atribución, alegando el parale-
lismo con otros escritos de Ambrosiáster.
Edición: G. Mercati [ST 11] (Roma 1903) p.46-49; PLS I
668-670.
3. «Lex Dei sive Mosaicarum et Romanarum legum collatio».
«De bello iudaico» y otros fragmentos
Las obras contempladas en este apartado han sido atri-
buidas a Ambrosiáster en razón, sobre todo, de su identifi-
cación con el judío Isaac. Wittig, a quien sigue Schanz, le
asigna la Lex Dei sive Mosaicarum et Romanarum legum colla-
tio, obra que recoge y compara entre sí las disposiciones de
la ley mosaica y romana sobre un mismo argumento para
hacer ver la prioridad de aquélla sobre ésta. Hohenhole en
1935 propuso darla a Ambrosio o a un discípulo. Es prefe-
rible por el momento considerarla anónima.
Wittig, sin seguidores, atribuyó a Ambrosiáster el De
bello iudaico o De excidio urbis Hierosolymitanae, traducción
latina libre de la homónima obra de Flavio Josefo, reali-
zada en el siglo IV y llegada a nosotros con el nombre de
Hegesipo.
Martini ha devuelto a Pelagio el fragmento pseudohila-
riano Contra Arianos y el serm.246 pseudoagustiniano, que
Wittig, entre otras obras y siempre por identificarlo con
Isaac, había atribuido a Ambrosiáster.
Ediciones: Lex Dei: Th. MOMMSEN, Collectio librorum iuris an-
teiustiniani (Berlin 1890) III p. 136-198; G. Baviera, Fontes iuris
218 Ambrosio de Milán Ambrouaster y N ¡cetas
romant anteiustiniani (Firenze "1968) II p 544-589, De bello tudai-
co PL 15,2061-2*10, V USSANI CSEL 66,1 (1932), C Ananas
y Ser 246 PL 39,2198-2200, H S SELDMAYER, Der «Traktatus
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Ant 1 3(1938)293-334, ID , Ambrosiaster (Roma 1944) p 189-197,
G MORIN, Htlarius VA Appendice Deux fragments d'un traite con-
tre les Ariens attrtbués parfois a satnt Hilaire RB 20(190 3)
113-131
Estudios G MercATI, Un foglw dell'Ilario papiráceo di Vtenna,
tn Note di letteratura biblua e cristiana antua [ST 5| (Roma 1901 )
p 99-1 12, G MORIN, he fragment «Contra Ananas» de saint
Htlaire SAW 1 )6,2 (190 3)18-21, Id, Eludes, textes découvertes
'Martdsous 191 3) p 8-9 ID , L'opuscu/e perdu du sot-disant Hégé-
sippe sur les Machabees RB 31(191 1)8 3-91 C HOHENHOLE, Urs-
prung und Zueik der «Collatio legum» (Wien 1935)
3 Doctrina
1 Trinidad
Uno de los temas fundamentales de la obra de Ambro-
siáster es la profesión de fe trinitaria, que es para él el
centro de la profesión cristiana El autor afirma explícita-
mente, contra los amaños, la consubstanciahdad del Padre
ingénito, del Hijo engendrado en vista de la creación, y del
Espíritu Santo, distinguiendo, al mismo tiempo, las funcio-
nes distintivas de cada una de las tres personas, y en espe-
cial del Padre creador, de quien todo procede, y del Hijo
redentor Asimismo, Ambrosiáster defiende, contra Sabe-
lio, la distinción de las tres personas, afirmando que Dios
es uno, pero no singularis; es decir, no es una sola persona
2 Cristología
Ambrosiáster confiesa y defiende con frecuencia la di-
vinidad y humanidad perfectas de Cristo, en oposición a
Fotino y Marción La persona y la obra de Cristo, que el
autor, por lo general, designa con los títulos de Señor y
Salvador y que identifica con la potencia y sabiduría de
Dios, ocupan el centro de su construcción teológica. Las
tesis fundamentales de su doctrina cnstológica son, en sín-
Ambrosiaster
219
tesis, las siguientes Cristo es Dios y goza de las mismas
prerrogativas que el Padre, es también hombre verdadero,
compuesto de carne y alma, y se encarnó para destruir la
obra del diablo y manifestarse plenamente a sus creaturas,
de este modo dio cumplimiento a las profecías que anun-
ciaban su encarnación y su obra redentora, ejerció y sigue
ejerciendo su obra de mediación entre el Padre y los hom-
bres, su divinidad no sufrió menoscabo ni con la encarna-
ción ni con la muerte, con su muerte y resurrección liberó
a los hombres del poder del demonio, su resurrección
constituye, asimismo, la suprema manifestación del Hijo
de Dios a los hombres
3 El mundo, el hombre, el pecado y la redención
Dios creó la materia, y con ella, y por mediación de
Cristo, hizo el mundo, y de la tierra formó al hombre para
abatir el orgullo del diablo, que había pretendido ser Dios,
el hombre, colocado en el mundo, debía, en efecto, revelar
la soberanía de un solo Dios, ostentando en sí la imagen
divina, que, en sentir de Ambrosiáster, consiste en que
«un solo hombre fue creado por un solo Dios» (q.2,3).
Adán, por el contrario, prefirió el diablo a Dios, come-
tió un pecado semejante a la idolatría, y perdió el don de
la inmortalidad que Dios le había otorgado poniendo a su
disposición el árbol de la vida El pecado del primer hom-
bre pesa sobre todo el género humano como una herencia
Las consecuencias prácticas de la solidaridad de los
hombres con Adán pecador son 1) la muerte física (que a
todos afecta) y espiritual (vinculada a los pecados persona-
les) y la detención de todas las almas en los infiernos hasta
la redención, 2) la corrupción de la carne, por cuyo medio
el pecado de Adán pasa de padres a hijos, 3) la entrada del
pecado (que Ambrosiáster a menudo identifica con el dia-
blo) en el mundo y su imperio sobre los hombres, en cu-
yos miembros instaura la «ley del pecado» aprovechándose
de la debilidad de su carne decaída y de su incapacidad de
resistir a las tentaciones del demonio El hombre se vendió
al pecado-diablo, y éste, con todo derecho, reina sobre él.
El derecho que Satanás ejerce sobre los hombres peca-
dores es anulado por la redención de Cristo Según Am-
brosiáster, la redención se obró de la manera siguiente-
Cristo fue enviado por el Padre para predicar a los hom-
220
Ambrosio de Milán Ambrosiáster y Nicetas
bres el verdadero conocimiento de Dios y la remisión de
los pecados, el demonio, temiendo perder su dominio so-
bre las almas, da muerte a Cristo, mas por ser Cristo ino-
cente, y por ello no merecedor de la muerte, el demonio
se hace reo de homicidio, y pierde con ello el imperio sobre
las almas detenidas en los infiernos, el hombre, que era
propiedad de Satanás, pasa a ser propiedad de Cristo resu-
citado, vencedor del pecado y de la muerte El hombre
redimido recibe, con el don del Espíritu Santo, la justifica-
ción y la filiación divina, la vida y la gloria y la promesa de
la resurrección al fin de los tiempos
Cristo, con la redención, anuló, o supero, con nuevos
dones, las consecuencias negativas del pecado de Adán La
condición del hombre redimido no es simplemente la con-
dición en que fue creado Adán, sino que la supera nota-
blemente por la posesión de dones que, como el Espíritu
Santo, no fueron otorgados a su primer padre El hombre
redimido, que posee cuerpo, alma y Espíritu Santo, es una
imagen más fiel de la Trinidad creadora, cuyo misterio se
ha manifestado con la venida de Cristo y es objeto de la fe
de los redimidos
4 Justificación y salvación
La justificación, que es uno de los temas fundamentales
de la obra de Ambrosiáster, se obtiene sin intervención de
la ley, en virtud de la sola fe en Cristo sola ftde, sine open-
bus legis, es decir, sin las obras rituales de la ley mosaica
(sábado, circuncisión, novilunios, distinción de alimen-
tos, etc ), pues con la venida de Cristo ha perdido su vi-
gencia la parte ritual de la ley La parte de la ley que se
refiere a Dios y a la conducta moral conserva todo su valor
también en el cristianismo £1 principio paulino de la justi-
ficación por la fe sin las obras de la ley es interpretado por
Ambrosiáster instaurando una distinción entre aspectos o
partes diversas de la ley mosaica
La fe y no la ley constituye un mérito ante Dios y pro-
cura un título a la recompensa eterna Ambrosiáster adju-
dica a la voluntad del hombre y a su libre albedrío un valor
eminente, pues le permiten convertirse en artífice de su
propio destino Dios sostiene el esfuerzo del hombre y
llama a la salvación a aquellos que sabe, por su presciencia,
que obedecerán y se salvarán
Ambrosiáster
221
5 Paganismo y judaismo
Mención especial merece la postura que Ambrosiáster
asume frente al paganismo y al judaismo Ambrosiáster re-
conoce a los paganos, como a toda creatura, la capacidad
de conocer y honrar, en virtud de un juicio natural, a un
solo Dios creador A la discusión con la religión pagana, el
autor dedica las q 1 14 y 115, que llevan por título Adversus
paganos y De /ato La primera, de carácter polémico y apo-
logético, critica, sobre todo, los cultos orientales que flo-
recían en Roma en el siglo IV, la segunda se opone princi-
palmente a la astrología. En la discusión con el paganismo,
Ambrosiáster ha debido de utilizar escritos que proponían
objeciones filosóficas contra el cristianismo, podrían ser o
los escritos anticristianos del emperador Juliano, como
cree F Cumont, o el tratado Contra los cristianos, de Porfi-
rio, como prefiere P. Courcelle
Ambrosiáster muestra interés y notable competencia
por las cuestiones relativas a la religión, ritos y usanzas
judaicas Se interesa del nombre de «judíos» y reconoce
sus privilegios, afirmando, al mismo tiempo, la necesidad
de la fe para su justificación, hace notar el comportamiento
de los judíos con Cristo y sus apóstoles (y en especial con
Pablo, cuyas luchas con los judaizantes Ambrosiáster ilus-
tra de forma especial), y atribuye el alejamiento judío de la
ley y de la promesa a la falta de fe en el Cristo prometido
en la ley, busca la razón por la que Dios otorgó la ley
mosaica (para guiar al hombre moralmente y enseñarle que
los pecados son también castigados por el juicio divino) y
explica la transformación de la ley, portadora de vida, en
«ley de muerte» En la ley mosaica, Ambrosiáster distin-
gue tres partes principales la ley divina, la ley natural o
moral y la ley ritual o de las obras, a las que se añade la ley
de la justicia vindicativa de Lev 24,17-22, con la venida de
Cristo sólo la ley moral conserva íntegramente su validez,
mientras que la primera y la cuarta fueron completadas, y
la ley de las obras abolida La nueva ley promulgada por
Cristo es, pues, compendio y perfección de la ley antigua
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447, L VOLKL, Von romtschen zum chrtstlichen Recht. Stellungnah-
me zu Heggelbachers gletchnamigem Werk in Sinn eines Beitrages
zur A.-Forschung: RQ 60(1965)120-130, H. CROUZEL, Séparatwn
ou remariage selon les Peres anciens: Greg 47( 1966)488s, R. Canta-
LAMESSA, «Ratio paschae». La controversia sul signifícalo della
pasqua nellA., in Girolamo e tn Agosttno: Aevum 44(1970)219-
241, P GRELOT, La traductton et l'tnterprétatton de Ph. 2,6-7.
Quelques éléments d'enquete patrtstique: NRTh 93(1971)1009
1026.
NICETAS DE REMESIANA
Pocas son las noticias seguras de la vida y actividad de
Nicetas, cuya identidad, hasta fines del siglo pasado, era
poco clara por la confusión que se solía hacer con Nicetas
de Aquileya (454-485) y con Nicecio de Trévens (527-
566). Los trabajos de Morin y Burn lograron circunscri-
bir definitivamente la figura del obispo de Remesiana (hoy
Bela Palanka, en Servia), localidad de la Dacia mediterránea,
anexionada por Teodosio a la parte oriental del Imperio el
379, pero eclesiásticamente dependiente del patriarcado
de Roma. Sabemos con seguridad que Nicetas estuvo en
Italia dos veces, el 389 y el 402, huésped de Paulino en
Ñola, que le dedicó el propempticon (carm. 17: PL 6l,483ss)
con ocasión de su vuelta a Dacia. Paulino recuerda a Nice-
tas en otros pasajes de su obra (carm.27,150ss.651,
Ep.29, 14.321), y del modo de expresarse cabe concluir
que Nicetas ejerciera su ministerio pastoral fuera también
de los confines de la circunscripción episcopal de Reme-
siana. No hay que olvidar que con las invasiones de los
bárbaros había crecido en número la población pagana de
la región danubiana; no hay, sin embargo, prueba cierta de
que Nicetas predicara el Evangelio al norte del Danubio
en la actual Rumania.
Inocencio I menciona a Nicetas en una carta (en torno
al 409. ep.16 PL 20,520) y a él y otros dirige la ep.17
(ibid., 527), q U e es ciertamente del 4 14. No parece que se
pueda sostener la identificación de Nicetas con un cierto
Nicha, uno de los destinatarios de una carta de Germinio
de Sirmio a los obispos de la región (PL 13,573; cf. tam-
bién HILARIO, Frag. hist. 15: PL 10,719). La última noticia
que tenemos de Nicetas es, pues, del 414, y después de
esa fecha hay que colocar su muerte.
Ediciones (CPL 646-652): PL 52,837-876, PLS III 189-202,
A E BURN, Ntceta of Remesiana. His Life and Works (Cambridge
1905) (con un amplio estudio), K. GAMBER [TPL 1 2 5 7 ] (Re-
gensburg 1964-1969).
Traducción. Inglesa. G C WALSH FC 7 (1949) (De div. apell.;
De rat fidei; De Sp sanct. pot.; De symb., De vig. sen. Dei; De
uttl. hymn.).
Estudios: W. A PATIN, Ntceta, Btschof von Remesiana ais
Schriftsteller und Theologe (Munchen 1909), É AMANN DTC, XI
224
Ambrosio de Milán, Ambrosiáster y Ntcetas
(1930)477-479, J. Zeiller, Un anaen éveque d'lllyncum, peut-etre
auteur du «Te Deum», Saint Niceta de Remestana: CRI (1942)
356-369, D M Pippidi, Niceta dt Remestana e le ongint del cris-
tianesimo daco-romano: Revue histonque du sud-est européen 23
(1946)99-117, I. COMAN, El campo misionero de San Nicetas de
Remestana (en rumano) Bisenca Ortodoxa Romina 66(1948)337-
356, S. C ALEXE, La utilidad del canto eclesiástico en la comunidad
según San Nicetas de Remestana (en rumano), ibid , 75(1957)153-
182, I COMAN, La obra literaria de San Nicetas de Remestana (en
rumano) Studn teologice 9(1957)200-232, K Gamber, Ist Nice-
ta von Remestana der Verfasser ron «De sacramentis»?: Ostkirchli-
che Studien 7(1958)153-172, ID , ht Niceta von Remestana der
Verfasser des pseudoambrostantschen Sermo De Sptrttu sanctoP: ibid.,
11(1962)204-206, Id, Fragen zu Person und Werk des Btschofs
Niceta von Remestana: RQ 62(1967)222-231, S C ALEXE, San
Ntcetas de Remestana y el ecumentsmo patrísttco del siglo IV al v (en
rumano) Studn theologice 21(1969)453-587, D B Sadding.
TON, The Educat tonal Effect of Catechettcal lnstruction tn the
Fourth Century A D: Euphrosyne 5(1972)249-271
Obras
1. «Instructio ad competentes»
La obra más importante de Nicetas, en seis libros, de-
dicada a los candidatos al bautismo, nos ha llegado incom-
pleta. Genadio (De vir. til. 22: PL 58,1073-1074) refiere
que estaba escrita simplici et nítido sermone e informa acerca
del contenido de los seis libelli: del I, qualiter se debeant
habere competentes, y II, De gentilitatis erroribus, poseemos
sólo fragmentos; del III, De fide unicae maiestatis, podrían
ser parte dos tratados que se han conservado separada-
mente: el De ratione fidei, que defiende la divinidad y con-
substancialidad del Hijo contra los arríanos, y el De Spiri-
tus sancti potentia, sobre la divinidad del Espíritu Santo
contra los macedonianos; el IV, Adversus genealogiam o ge-
nethlologiam, contra la práctica del horóscopo, se ha per-
dido; ha llegado, en cambio, íntegro el V, Explanatio sym-
bolt, una de las más antiguas e interesantes exposiciones
del credo, que presenta notable afinidad con las Catequesis
de Cirilo de Alejandría; téngase en cuenta que .Nicetas,
aunque latino por mentalidad y cultura, conocía el griego.
Es de notar que en este escrito de Nicetas hace su primera
aparición en Occidente la fórmula sanctorum communio del
credo. Muy discutida e incierta es la identificación del VI,
Ntcetas de Remestana
225
De agni paschalis victima, con el De ratione paschae, atri-
buido por unos a Atanasio (PG 28,1605) y por otros a
Martín de Braga (PL 72,49). Casiodoro, que conoce estas
catequesis de Nicetas, aconseja la lectura del libro sobre la
fe a cuantos deseen procurarse un conocimiento compen-
dioso de la Trinidad sin excesiva fatiga ni lecturas (Inst. 16:
PL 70.1132). Y, en efecto, esta, al igual que las demás
obras de Nicetas, son fruto de una preocupación más pas-
toral que especulativa, muy en consonancia con su figura
de obispo misionero.
Ediciones: PL 52,847-876, A. E BuRN (Cambridge 1905)
p6-54, K Gamber [TPL l 2 51 (Regensburg 1964-1966), Id.,
Der Sermo «Homo lile» Probleme des Textes und Frage der Autors-
cbaft: RB 80(1970)293-300 (ed crítica del sermón, conservado
en tres manuscritos litúrgicos, y que sería un extracto de la Ins-
tructio ad competentes).
Estudios: M SlMONETTl, Sul «De Sptrttus sancti potentia» dt
Niceta dt Remestana e sulle fontt del «De Sptritu sancto» di S. Am-
brogto: Maia 4(1951) 239-248; K Gamber, Dte sechs Búcher «Ad
competentes» des Niceta von Remestana: Ostkirchliche Studien 9
(1960)123-173, lD, Nochmals zur Schnft «Ad competentes» des
Niceta von Remesiana: ibid , 13(1964)192-202, G. A. NlCOLAE,
La doctrina sobre el Espíritu Santo en el tratado «De Sptrttus sancti
potentia», de San Ntcetas de Remestana (en rumano) Ortodoxia 16
(1964)240-248, J MuHLSTEiGER, Sanctorum communio: ZKTh
92(1970)113-132, sobre un importante fragmento de {^Instructio
en el ms. Vtndob 515, cf. Scnptonum 26(1972)243-244.
2. «De diversis appellationibus»
Breve escrito de carácter pastoral, obra, acaso, de ju-
ventud, en que Nicetas ilustra los diversos títulos de Cristo,
como Verbo, sabiduría, luz, camino, verdad, vida, etc.
Ediciones: PL 52,863-866, A. E Burn (Cambridge 1905)
p 1-5, K Gamber, [TPL 1] (Regensburg 1964) p.37-39 (como
serm 2 del 1 2 de la Instructio).
3. «De vigiliis servorum Dei»
Sermón en defensa de la práctica de las velas noctur-
nas, dedicadas a la oración y a la meditación, demostrando
su antigüedad y utilidad con ejemplos del Antiguo y del
Nuevo Testamento.
226 Ambrosio de Milán, Ambrosiáster y Nicetas
Ediciones: PL 30,240-246 (entre las cartas apócrifas de Jeró-
nimo); PL 68,365-372 (bajo el nombre de Nicecio de Tréveris);
A. E. Burn (Cambridge 1905) p. 55-67; C. H. Turner;
JThS 22(1921)305-320; K. Gamber [TLP 1] (Regensburg 1964)
p. 55-91 (como serm.3 del 1.4 de la lnstructio).
4. «De psalmodiae bono» («De utilitate hymnorum»)
Otro sermón que defiende con argumentos bíblicos el
canto de himnos y salmos. Nicetas atribuye el Magníficat a
Isabel y no a María, como hacen también algunos manus-
critos bíblicos latinos.
Ediciones: PL 68,3 7 l-3" 7 6 (bajo el nombre de Nicecio de Tré-
veris); PLS III 191-198; A. E. Burn (Cambridge 1905) p.67-82 ;
C. H. Turner, JThS 24(1923)225-252; K. Gamber [TPL l] (Re-
gensburg 1964) p. 93-100 (como serm.4 del 1.4 de la lnstructio).
5. «De lapsu virginh»
Genadio (De vir.ill.22) atribuye a Nicetas un libellum
ad lapsam virginem, que se ha tratado de encontrar en el
pseudoambrosiano De lapsu virginis o De lapsu Susannae,
obra conservada en dos recensiones, una ampliación de la
otra, y dirigida a una virgen consagrada, exhortándola al
arrepentimiento y a la penitencia de su caída. En su edi-
ción, K. Gamber atribuye a Nicetas la recensión breve.
Ediciones y estudios: PL 16,383-400 (con las obras de Ambro-
sio); A. E. BURN (Cambridge 1905) p.112-131; I. Cazzaniga
[CSLPatavianum] (Torino 1948); ID, La tradizione manoscritta del
«De lapsu Susannae» (Torino 1950); K. GAMBER [TPL 7] (Re-
gensburg 1967). G. Morin identificó el Ad lapsam virginem de
que habla Genadio con una Epistula ad virginem lapsam en
RB 14(1897)198-202 (cf. A. E. Burn, o.c, p. 13 1-136; PLS III
199-202), pero luego mudó de parecer ÍÉtudes, textes, découvertes
[Maredsous 1913] p. 16).
6. El «Te Deum»
Mención aparte merece este himno de acción de gra-
cias y alabanza de la Trinidad, incluido ya a fines del si-
glo VI en los maitines y conocido en tres versiones ligera-
Nicetas de Remesiana
227
mente diversas. La atribución a Nicetas sigue siendo in-
cierta y debatida; acaso se explique por la noticia de Pau-
lino de Ñola (carm. 17,90ss: PL 61,485), el cual refiere que
Nicetas compuso himnos y cantos litúrgicos, y también por
ser el mismo Nicetas autor de un sermón sobre el canto
litúrgico (De psalmodiae bono). El Te Deum está compuesto
en prosa rítmica, cosa poco común en la tradición himno-
lógica latina; el esquema original es, quizá, de procedencia
griega.
Ediciones: PL 86,944; A. E. Burn (Cambridge 1905) p.83-91;
M. Frost, JThS 34(1933)250-257; 39(1938)388-391; 42(1941)
195-198; 43( 1942)59-68.192-194.
Estudios: G. Morin, L'auteur du «Te Deum»; RB
7 ( 1890)15 1-159; lD., Nouvelles recbercbes sur l'auteur du «Te
Deum»; RB 1 1( 1894)49- 7 7. 337-339; Id., Le «Te Deum», type
anonyme d'anapbore latine pr'ebistorique? ; RB 24(1907)180-223;
P. CAG1N, L'eucbologie latine étudiée dans la tradition de ses formules
et de ses formulaires. 1: «Te Deum» ou lllalio? [Scriptorium Soles-
mense I 1] (Solesmes 1906); A. E. Burn, The Hymn «Te Deum»
and ¡ts Author (London 1926); J. A. JUNGMANN, Quos pretioso
sanguine redemisti; ZKTh 61(1937)105-107; A. Baumstark, «Te
Deum» und eine Gruppe griecbischen Abendhymnen; OC
34( 1937)1-26; J. Brinktrine, Eine auffallende Lesart in der moza-
rabischen Rezension des «Te Deum»; EL 64(1950)349-351; M. Sl-
MOXíITTI, Studi sull'innologia popolare cristiana dei primi seco/i
(Appendice: // «Te Deum»); Atti Acc.Lincei, memorie ser. 8
4(1952)478-481; E. KAEHLER, Studien zum «Te Deum» (Góttin-
gen 1958); K. Gamber, Das «Te Deum»- und sein Autor; RB
74(1964)318-321.
Capítulo IV
TRADUCCIONES. JERONIMO Y RUEINO
Por Jean Gribomont
LAS TRADUCCIONES
Desde los comienzos de la historia en el Lacio y Etru-
ria, la civilización urbana surge del molde del mundo
oriental, y las armas, los aderezos o los vasos que encierran
sus tumbas son objetos de importación o copian (traducen)
modelos importados. De ello es muestra, y muy promete-
dora, la aparición de la escritura en el siglo vil a. de C.
Cuando Roma se encumbra y extiende sus conquistas, el
arte y la literatura clásicas se atienen al mismo principio: el
griego no es sólo la lengua de la mano de obra servil y del
mundo de los negocios, sino que es también la lengua que
estudian en primer lugar, antes del latín, los hijos de la
aristocracia.
A partir de finales del siglo i de nuestra era, el griego
retrocede, y en el siglo IV desaparece en Occidente; y si
hasta Carlomagno, y aún más tarde, Roma sigue recibiendo
de Oriente, lo hace en medida siempre decreciente. ¿Hábría
que achacarlo a la interrupción de la importación de escla-
vos orientales, a la orientación del comercio hacia centros
más florecientes, como Constantinopla; a la evolución de
Occidente hacia una economía cerrada en sí? En todo caso,
la división política y administrativa es, a la vez, causa y
efecto.
Durante el mejor período clásico, los espíritus más he-
lenizados muestran un desvelo altivo por el latine loqui, y
el verdadero humanismo libera la cultura romana. A me-
dida que el griego retrocede, sobre todo en ambientes cris-
tianos, se multiplican las traducciones literales, a veces ser-
viles; se cae en la cuenta de la distancia que se está
creando, y se tiene prisa por acumular el patrimonio del
Las traducciones
229
que habrá de vivir la Edad Media. Nadie era ya capaz,
como Terencio o Cicerón, de transponer, adaptar y asimi-
lar en profundidad, y era, asimismo, pasado el tiempo en
que rétores y filósofos se agolpaban en la corte de Roma
para hacer ostentación de prestigio y de panegíricos.
A fines del siglo IV existía aún en torno al Senado, en
el círculo neoplatónico de Macrobio, una reducida élite
capaz de comentar Virgilio y el Sueño de Escipión con la
ayuda de la literatura platónica griega, como ha demos-
trado P. Courcelle. En la Iglesia, la situación es diversa;
hay intercambios personales; Atanasio en Roma, Tréveris
y Aquileya; Hilario en Asia Menor; por otra parte, no fal-
tan un Ambrosio o un Mario Victorino, o centros de cultura
en Roma y Milán, capaces de sacar partido con mano
maestra de las letras griegas.
Para tratar de las traducciones y adaptaciones realizadas
en el siglo IV es preciso remontarse a los orígenes de la
literatura latina cristiana. Fuera de la tradición religiosa
cristiana no conocemos ambiente alguno que haya conce-
dido tan grande importancia a la transmisión escrupulosa y
fiel, superando las barreras lingüísticas, de un libro sa-
grado; y es un fenómeno del que son protagonistas grupos
de cultura modesta, incapaces de procurarse acceso directo
a textos canónicos procedentes de un ambiente tan alejado
en el tiempo y en el espacio, pero deseosos de comunicar
su contenido al mundo occidental.
La distribución de estas traducciones en el tiempo y en
el espacio es empresa difícil. La lista más completa ha sido
compilada por A. Siegmund; pero su exposición es siste-
mática, basada en los manuscritos antiguos, que son meta
de llegada, punto de irradiación; el punto de origen, la
mano del traductor, permanece, por lo regular, inaccesible,
y Siegmund, de hecho, no ha intentado organizar la mate-
ria como una historia de las traducciones. Como impresión
de conjunto, cabría decir que el siglo IV fue favorable a
esta labor más que la época precedente, cuya producción
se ha conservado escasamente, y que la posterior, cuando
la lengua griega empieza a caer en olvido. Conviene, no
obstante, contar de antemano con muchas excepciones.
En Roma, los últimos epitafios de papas en griego son
de Eutiquio y Gayo (283 y 296), y el primero en latín, de
Cornelio (253). K. Wessel ha recogido 178 inscripciones
griegas cristianas de Occidente, muchas sin fecha o clara-
mente posteriores al tiempo que nos ocupa; 107 mencio-
230
Traducciones Jerónimo y Rufino
nan la procedencia del difunto, y se trata casi siempre de
naturales de Asia Menor, Fenicia, Egipto o del sur de Ita-
lia La mitad son de Roma (varias del cementerio de San
Pablo, de una colonia de mercaderes), pero 27 son de Si-
racusa, 10 de Salona, 7 de Aquileya, 5 de Tre veris, 3 de
Cartago, 3 de Constanza (Rumania), 2 de Rímini, 2 de Ve-
rona, 2 de Reggio Calabria, 2 de Viena en el Delfinado,
etcétera Son pistas que no hay que descuidar al establecer la
geografía de las versiones Hacia el 360, Mano Victorino
(AdvArU 8,35 SCh 68,416 y cf SCh 69,915), que es-
cribe en latín, cita en griego la oratto oblationts (de una «pa-
rroquia» oriental de Roma 5 ), pero es posible que por en-
tonces muchas comunidades celebrasen ya la liturgia en la-
tín, la cual, en todo caso, no es postenor a Ambrosio y
Dámaso G Bardy (o c , p 157-160) trata de adivinar si el
griego de las cartas enviadas por los papas a Oriente sea el
original redactado en Roma o una traducción posterior
Bardy, invocando argumentos e stlentio, acaso haya exa-
gerado la decadencia del griego, no obstante, es un hecho
que Jerónimo y Rufino, los traductores por antonomasia, ig-
noraban la lengua y la literatura griegas antes de abrazar la
vida monástica Ante enim quam converteretur, mecum partter
et Inferas graecas et Itnguam pemtus tgnorabat (Ruf , Apol.
contra Jer II 9,20-22 CCL 20,91), y ambos permanecerán
ajenos a la cultura griega profana a pesar de sus estancias
en Oriente y no obstante, por lo que a Jerónimo se refiere,
el apetito de exhibir su erudición de forma abrumadora
Los méritos literarios de ambos son, sin embargo, buena
muestra de la calidad de las escuelas romanas de mediados
del siglo IV, aunque la carrera literaria, milanesa y no ro-
mana, del joven Agustín y la madurez excepcional de Am-
brosio muestren, asimismo, el auge que, por su nueva
condición de capital, había adquirido Milán en el orden
político y cultural El primado podría fácilmente pasar de
una a otra sede Las oscilaciones de la crisis arnana, p ej ,
permiten comprobar que el Occidente ocupaba una posi-
ción, eclesiástica e intelectual, diversa según el Imperio es-
tuviese dividido entre hermanos con intereses encontrados
o reunido bajo Constancio y Valente
El pequeño mundo de los traductores abunda en recelos
y conflictos No falta, incluso entre los de una misma fe
nicena, la agresividad proverbial de la gente culta o el ge-
nio polémico de Jerónimo, que zahiere a Ambrosio o
aplasta a Rufino Del tesoro de la cultura griega, los publi-
Las traducciones
231
cistas arríanos eligen obviamente cosas diversas de las que
de allí toman los amigos de Atanasio, y no fue por cierto
Dámaso a quien se le ocurrió difundir las Constitutiones
apostolicae El Orígenes filósofo, emparentado con Filón y
Plotino, que interesa a Ambrosio no es el Orígenes erudito
retratado por Eusebio de Cesárea, que atrae a Jerónimo, y
aun es otro el Orígenes que lee Rufino, el maestro de es-
píritu preferido por Juan de Jerusalen, Melania y Evagno
Ambrosio tiene predilección por Basilio, que Rufino imita,
y le añade Gregorio Nacianceno, los pelagianos, por su
lado, preferían a Teodoro de Mopsuestia y Juan Crisós-
tomo El monacato inspira otros gustos u otras resistencias
Como las editoriales de hoy que traducen la teología ale-
mana, pero unas se interesan de ediciones criticas, otras,
de la reflexión luterana, otras, de las perspectivas marxis-
tas, freudianas o existenciahstas, asi también, los traducto-
res latinos seguían políticas diversas, sobre todo desde que
Dámaso logró recobrar la iniciativa
Estudios K Wessel, Inscripttones graecae chrtstianae teteres Oc-
ctdentts Diss (Halle 1956), F Blatt, Remarques sur l'histotre des
traductions lattnes Classica et Mediaevaha 1(1938)217 242,
P COURCELLE, Les lettres grecques en Occtdent De Macrobe a Cassio-
dore (París 2 1943, 1948) (trad ing Cambridge Mass 1969),
G Bardy, La questton des langues dans l'Eghse anctenne I (París
1948), A SiEGMUND, Die Uberlteferung der griechischen ihristlt-
chen Literatur tn der latetnischen Ktrche bis zum XII Jarb
(Munchen-Pasing 1949), P BoYANCE, La connaissance du grec a
Rome RELA 34(1956)111-151, B ALTANER, Kletrte patristiscbe
Studien [TU 83] (Berlín 1967), tratando de las fuentes dt San
Agustín, presenta todas las traducciones disponibles), F WlN
KELMANN, Spatantike lateinische Vbersetzungen der cbristhcben
griechtschen Literatur ThLZ 95(1967)229-240, sobre las traduc-
ciones del latín al griego, E DeKKERS, Les traductwns grecques des
ecnts patnsttques latins SE 5(1953)193-233
1 Las traducciones de la Biblia
La Biblia ofrece el ejemplo mas representativo de las
traducciones latinas, siendo su historia la mejor documen-
tada y la más compleja Los manuscritos de la Vulgata con
huellas de las traducciones precedentes son incontables,
los manuscritos de los diversos libros de la Biblia en la
versión Vetus latina, muy numerosos, e infinito el número
de citas, a veces, extensas, como en los Florilegia y en los
232
Traducciones. Jerónimo y Rufino
leccionarios litúrgicos, cantera de indicios preciosos para
localizar las diversas recensiones en el tiempo y en el espa-
cio. Ha nacido así una ciencia especial, que no es ya sim-
plemente una sección de la crítica textual de la Biblia
griega; con la edición de la Vetus latina, de Beuron, ha lle-
gado a tal nivel de perfección, que sirve de modelo para
trabajos de crítica textual en todas las lenguas; mas quienes
podrían beneficiarse se muestran muy a menudo indecisos
en recurrir a los instrumentos necesarios por temor a no
saber sacar provecho de ellos.
La abundancia de la documentación bíblica es buena
muestra de una labor prolongada y oscura, que ha podido
afectar, asimismo, a otras traducciones; la lengua y el uni-
verso mental del pueblo cristiano salieron de ellas trans-
formadas en el vocabulario, en la sintaxis (semitismos), en
sus imágenes y expectativas. Las otras traducciones y la li-
teratura latina cristiana entera se disponen en torno a la
Biblia latina, empezando por las obras exegéticas, de que
hablaremos más adelante (cf. III infra).
Las citas más antiguas, las de Tertuliano (hacia el año
200), son aún muy personales y no se dejan fácilmente
alinear con la evolución posterior. En cambio, las citas,
muy numerosas, de los Testimonia y de la obra toda de
Cipriano (hacia el 250) representan una Biblia relativa-
mente uniforme, aunque obra de varios traductores, que
se acostumbra a llamar «africana», porque la encontramos
por primera vez en Cartago. Con ello, por tanto, no se
pretende afirmar que su lengua represente la latinidad pe-
culiar de una provincia del Imperio, ni dirimir la cuestión
de su origen, ni limitar su área de difusión. Esta Biblia
«africana» es anterior a Cipriano, que documenta ya algu-
nas correcciones; el mismo texto, pero ligeramente evolu-
cionado, comparece en manos de los donadstas del si-
glo IV, y resuena en Lactancio y aun en Zenón de Verona,
en manuscritos de los evangelios de los siglos IV y V, e
incluso en la Vulgata de la Sabiduría y del Eclesiástico. El
texto griego de la Biblia africana es del tipo «occidental»;
esa forma popular, rica en glosas y de tendencia armoni-
zante, que sobrevive también en la antigua versión siríaca
(Vetus syra), y que será más tarde casi totalmente desplazada
en el griego por las recensiones más cuidadas elaboradas
por centros como Alejandría y Antioquía.
La mayor parte de la documentación latina del período
sucesivo es ya claramente «europea», designación genérica
Las traducciones
233
que abraza una gran variedad de fenómenos, pero que to-
dos suponen un texto griego menos popular y una lengua
latina menos arcaica, índices de un ambiente social más re-
finado que el anterior. La evolución lingüística realizada no
carece de coherencia, con tal que no se pretenda forzar su
lógica, exigiendo siempre la misma palabra latina para un
mismo término griego. Las estadísticas, sabiamente usadas,
permiten a menudo comprender cómo se procedió. En
sentir de Agustín y otros testigos contemporáneos, las di-
versas recensiones bíblicas «europeas» presentaban entre
sí divergencias tales, que bien podrían ser tenidas por
obras de traductores diversos; alegando estos testimonios,
algunos historiadores defienden aún hoy la existencia de
varias traducciones latinas. La persona hoy más compe-
tente en la materia, Bonifacio Fischer, fundador del
Vetus-Latina Instituí, de Beuron, detecta, en cambio, en
todos los textos europeos hasta el fin de su evolución, hue-
llas del primitivo patrimonio africano. La evolución del
texto se efectúa con mayor rapidez en los libros o capítulos
expuestos a mayor desgaste por su uso más frecuente en la
liturgia. Para describir este fenómeno no habría inconve-
niente, si se prefiere, en hablar de traducciones nuevas,
mas con tal que se reconozca el poderoso influjo, inten-
cionado o no, que sobre ellas han ejercido las traducciones
anteriores, cosa que se echa de ver de forma evidente in-
cluso en las traducciones de Jerónimo.
Para apreciar el rigor con que se procedía en la compa-
ración de los textos latino y griego, basta examinar los ma-
nuscritos bilingües, en uso al menos desde el siglo IV: el
Codex Bezae (D), de los evangelios; el Laudianus, de los
Hechos (E); el Claromontanus (D), de Pablo; el Veronensis,
del Salterio (R), y otros más recientes. El texto latino
reproduce una traducción anterior, que corrige para ha-
cerla en todo conforme al griego, que es aún de tipo «oc-
cidental». Estos textos bilingües subsisten ciertamente al
margen de la corriente principal de la evolución de la Bi-
blia latina; pero la minuciosidad escrupulosa con que pro-
ceden en la adaptación del latín al griego no es un fenó-
meno aberrante; no de otra forma se comportan un buen
número de revisiones que no han transcrito el texto griego
junto al latino.
Cada uno de los manuscritos conservados merece un
estudio independiente. Mas se impone, asimismo, un estu-
dio comparativo de las relaciones que emparentan entre sí
Patrología 3
234
Traducciones Jerónimo y Rufino
las mil etapas sucesivas de la labor de recensión que per-
mita distinguir lo que es peculiar de cada testimonio o
grupo de testimonios de lo que es substrato común El
proceder habitual de las ediciones críticas, que propone un
texto normativo del que dependen las variantes, es, pues,
insuficiente, con la salvedad de la Vulgata, de la que existe
una recensión claramente detectable por encima de las va-
riantes Siguiendo a A Julicher, B Fischer ha proyectado
una edición multilinear, con las vanantes entre las lineas y
un aparato que alega para cada palabra la documentación
necesaria En lugar de un texto fijo, se registra un movi-
miento en el que cabe percibir, en las líneas continuas del
texto, las tendencias mas acusadas de una evolución vincu-
ladas a un cierto numero de tipos, correspondientes a
otros tantos centros eclesiásticos, personalidades literarias
o ambientes lingüísticos Ni siquiera los centros mejor co-
nocidos permiten elaborar un stemma codicum rígido, en ra-
zón de la complejidad de los detalles de la historia del
texto y de la dispersión de las contaminaciones con otros
testimonios Solo caben certezas estadísticas que sean tole-
rantes con las excepciones Muchas teorías ingeniosas pro-
puestas por nombres ilustres se han desmoronado ante el
examen atento de toda la documentación Es, pues, indi-
cado evitar refugiarse en tópicos hoy superados
Ediciones P Sabatjer, Bibhorum sacrorum latinae rersiones an-
ttquae seu «Vetus Latina» (Reims 1743), Vetus Latina Die Reste
der altlateinischen Bibel nach Petrus Sabatier neu gesammelt und he-
rausgegeben von der Erzabtei Beuron (Freiburg Br ) I Verzeuhnis der
Sigel fur Handschriften und Kircbenschriftsteller, por B FlSCHER
(1949), 1-1 Verzeicbnis der Sigel fur Ktrchenschriftsteller ( 2 1963)
(con 5 suplementos hasta 1970) II Génesis, por B FlSCHER
(1951-1954), XI-1 Sapientia Salomonis, por W THIELE (1977ss)
(en curso de publicación), XXIV Epist ad Epbesios, ad Phtlippen-
ses et ad Colossenses, por H J FREDE ( 1962-197 1 ), XX V Epist ad
Thessalontcenses ad Hebraeos por H J FREDE (1975ss) (en curso
de publicación), XXVI- 1 Epist Catholicae, por W THIELE
(1956-1969), se anuncia el vol 8-1 Judith —Itala Das Neue Tes-
tament in altlatetntscher U berlieferung nach den Handschriften, por
A Julicher, W Matzkow, K Aland, I-IV (Evangelios) (Ber-
lín 1938-1963), (Mt-Lo ( 2 19 7 0-19 7 6), T Ayuso Marazuela,
La «Vetus Latina Hispana» (Salterio, no parece que continué tras
la muerte del autor) (Madrid 1953-1962) — Diversas senes de
textos, de las que no detallamos los volúmenes Oíd Latín Biblical
Texts, 7 vols (Oxford 1883-1923), Sacred Latín Texts, ed
E S Buchanan, 4 vols (London 1912-1916), Collectanea Bíblica
Las traducciones
235
Latina, 14 vols (Roma 1912-1972), Aus der Geschicbte der latei-
niscben Bibel, 8 vols (Frciburg Br 1957-1974) — Principales edi-
ciones parciales U Robert, Pentateuchi versio latina antiquissima
e cod Lugdunensi (París 1881), Id, Heptateuchi partís posterwris
lersio latina anttquissirna e cod Lugdunensi (Lyon 1900),
M HAUPT, Veteris antehieronymianae verswnis hbrt II Regum
fragmenta Vindobonensia (Wien 1887), R Weber, Les anaennes
xersions latines du deuxieme lure des Paralipomenes (Roma 1945),
F VATTlONI, Tobia nello «Speculum» e nella prima Bibbta di Al-
cala, Aug 15(19 7 5)169-2()0, P M BOGAERT, La tersion latine du
livre de Judith dans la premien Bible d' Alcalá RB 78(1968)
7 32 181-212, Id , Recensions de la vieille tersion latine de Juditb,
RB 85(19 7 5)7-37 241-265, 86(1976)7-3 7 181-2 17, R Weber,
Le Psautier román et les autres anciens psautiers latins (Roma 1953),
P Capelle, Le texte du psautier latín en Afrique (Roma 1913),
A NOHE, Der Matlander Psalter (Freiburg 1936), T A YUSO Ma
RAZUELA, Psalterium iisigothico-mozarabuum (Madrid 195 7 ),
G HOBERG, Die alteste lat U bersetzung des Buches Baruch (Frei-
burg 1902), L MATTFI-C ESAROLI, Líber Baruch (Cava 1935), D
DE Bruyne, Les anaennes traducttons latines des Machabees (Ma-
redsous 1932) Cada manuscrito de los evangelios ha sido editado
por separado en las colecciones citadas, luego A Julicher ha re-
unido todos los testimonios latinos antiguos en Itala, ya
cit — J BELSHEIM, Die Apostelgeschichte und die Offenbarung
lohannis in einer alten lat Ubersetzung (Christiania 1879), Id ,
Acta Apostolorum ante Hieronymum latine translata (Chnstiania
1893), D DE Bruyne, Les Fragmenta de Freising (Roma 1921),
C TlSCHENDORF, Codex Claromontanus (Leipzig 1852),
H J Fredf, Pelagius der irische Paulustext, Sedulius Scottus (Frei-
burg Br 1961), Id , Ein neuer Paulustext und Kommentar (Frei-
burg Br 1973-1974)
Estudios Desde el 1964, P M Bogaert publica, anejo a la
RB, un boletín sobre la Biblia latina, continuación del boletín
sobre antigua literatura latina cristiana, anejo también a la RB,
que desde el 1921 concedía notable atención a las traducciones
bíblicas, contiene un breve juicio critico sobre millares de títulos
Estudios generales F STUMMER, Einfuhrung in die lateinische
Bibel (Paderbon 1928), B BOTTE, Latines (versions) DBSuppl
V( 1952)334-347, The Cambridge History of the Btble I, ed
P R Ackroyd y C F Evans, II, ed G W Lampe (Cambridge
1970 y 1969) — Sobre la Itala H RONSCH, Itala und Vulgata
Das Sprachidiom (Marburg 1875), E VlNEIS, Studio sulla lingua
dellltala (Pisa 1974) —Sobre diversos libros del A y del NT U Ra
PALLO, Per una definizione diacronica e tipológica dei caichi ebraici
nelle antiche versioni del Levitico RIL 103(1969)369-437,
A V BlLLEN, The Oíd Latín Texts of the Heptateuch (Cambridge
1927), Richesses et déf menees des anciens psautiers latins (Roma
236
Traducciones Jerónimo y Rufino
1959), J. SCHILDENBFRGER, Dte altlat. Proverbien (Beuron 1941),
H VON SoDEN, Das lat Neue Testament m Afrtka (Leipzig 1909),
H J. VOGELS, Etangeltum Colbertinum (Bonn 1952-1953), ID.,
U ntersuchungen zum Text paultnischer Brtefe bei Rufin und Ambro-
uaster (Bonn 195 7 ), H ZlMMERMANN, V ntersuchungen zur Get-
chichte der altlat Uberheferung des 11 Korintberbnefes (Bonn 1960),
£ NEIXESEN, U ntersuchungen zur altlat. Uberheferung des I Thes-
salonicherbriefes (Bonn 1965), W. Thiele, Wortschatzuntersuchun-
gen zu den lat Texten der Johannesbriefe (Freiburg Br 1958),
H J VOGELS, U ntersuchungen zur Geschichte der lat Apokalypse-
Ubersetzung (Dusseldorf 1920) — Nótense especialmente los índi-
ces verborum de Biilen (Hexateuco), Capelle y Weber (Salmos),
Schildenberger (Proverbios), von Soden (NT) y Thiele (Juan)
2. Apócrifos
Dada la imposibilidad de catalogar las traducciones con
criterios cronológicos o geográficos, procuramos presen-
tarlas en un orden que corresponda a la variedad de los
intereses culturales, desde los textos relativamente popula-
res, próximos a las versiones bíblicas, hasta las adaptacio-
nes de la especulación neoplatónica que encontramos en
Ambrosio y Mano Victorino, y que culminan en la obra
original de Agustín.
Es evidente que los apócrifos bíblicos no proceden to-
dos de un mismo ambiente popular. Algunos fueron acep-
tados durante algún tiempo por la Iglesia, otros respiran
encratismo o priscilianismo. En el siglo VI, el Decreto Gela-
siano (c.5), un documento no oficial redactado acaso en el
sur de las Galias, propone, sin orden aparente, una lista de
60 títulos «apócrifos», en el sentido de libros condenados.
No todos fueron traducidos del griego, pues la lista co-
mienza con las actas del sínodo arriano de Rímini y com-
prende obras de Tertuliano, Ticonio y Lactancio, Como-
diano y Casiano. Mas en su mayoría son evangelios, actos y
apocalipsis no canónicas y también apócrifos del Antiguo
Testamento. ¿Con qué rigor se ha pronunciado la censura
sobre cada uno de estos escritos? J. Daniélou no dudaba
en datar la traducción de algunos de ellos antes de Tertu-
liano y en círculos no marginales de la Iglesia. Las condi-
ciones, a menudo desfavorables, en que se ha obrado la
transmisión de estas traducciones, no permiten detectar
con facilidad las innovaciones introducidas en las traduc-
ciones primitivas en el siglo IV, cuando se retocaban, asi-
mismo, las traducciones bíblicas.
Las traducciones
237
No es posible mencionar aquí todas las ediciones y es-
tudios sobre cada uno de estos apócrifos; nos limitamos a
señalar las bibliografías más importantes y los estudios más
recientes.
Ediciones: H DORRIE, Passio SS Machabaeorum (4 Mac) (Got-
tingen 1938); A SlEGMUND, Die Uberheferung der griechischen
thrtstlichen Literatur in der lateinischen Kirche bis zum XII. Jahrh
(Munchen-Pasing 1959) p.33-48, W SCHNEEMELCHER, Neutesta-
mentltche Apokryphen (Tubingen 1959-1964) (passim); B. BlS-
CHOFF, Mtttelalterltche Studien 1 (Stuttgart 1966) p 150-171,
H. KlM, The Gospel of Nicodemus (Toronto 1973); Oratio Manasse,
11I-1V Eídras, Ps 151, Eptst ad Laodicenses, en R WEBER, Biblia
lacra U (Stuttgart 2 197 5) p.1907-1976, Ps -PHILO, Les antiquités
bMtques, ed. D. J. Hamngton. SCh 229.230 (1976)
Estudios: F. SteGMULLER, Repertorium bibluum medu aevi I.
Inttta bíblica. Apocrypha Prologi (Madrid 1949), A. KURFESS, Alte
lat. Sibyllenverse; ThQ 133(1953)80-96, A WENGER, L'assomptwn
de la T. S. Vierge (París 1955), E DE STRYCKER, La forme la plus
anctenne du Protévangile de Jacques (Bruxelles 1961), ID., Une an-
cienne versión latine du Protévangile de Jacques; AB 83( 1965)365-
410; O. Mazal, Die Uberheferung des Evangehum Ps.-Matthaei
in der Admonter Riesenbibel; Novum Testamentum 9(1967)61-78,
M JVÍESLIN, Les Artens d'Occident (París 1967) p.235-244 (sobre
los apócrifos), J DANIELOU, La httérature latine avant Tertulhen:
RELA 48(1970)357-375, M. Zelzer, Zu den lat. Fassung der
Thomas-Akten; WSt 84(1971)161-179, A M. DeNIS, Concórdame
latine du «Líber Jubilaeorum» sive «Parva Génesis» (Louvain 1973).
3. La exéresis
Antes de dejar la Biblia convendrá examinar breve-
mente las obras de exégesis, de que no podía obviamente
prescindir la penetración del Antiguo y del Nuevo Testa-
mento en el mundo latino; obras que cubren un horizonte
cultural muy variado. Las leyendas apócrifas son ya una
forma, otra diversa, la predicación pastoral, moralizadora;
de otro género aún, las traducciones de Orígenes o de
Teodoro de Mopsuestia y las adaptaciones de escritos ra-
bínicos, sobre las que volveremos más adelante al hablar
de Jerónimo y de los pelagianos.
Junto a las Antigüedades bíblicas, citadas en la bibliogra-
fía del apartado precedente, conviene citar las traducciones
y adaptaciones de Flavio Josefo, incluidas las Historias de
Hegesipo (fin del siglo IV), atribuidas sin razón, pero no
238
Traducciones Jerónimo y Rufino
sin sentido, a San Ambrosio, y para las que se ha sugerido
el nombre de Isaac el Judío Se advierte, pues, la tendencia
a familiarizarse con la historia bíblica desde una perspec-
tiva judía
La exégesis latina empieza con las homilías y comenta-
rios bíblicos de orientación pastoral, enumerados en los
capítulos dedicados a los diversos autores Hilario, Fortu-
naciano, Cromacio, Zenón, Gaudencio, Máximo, Pedro
Cnsólogo, Gregorio de Elvira, sin olvidar los Africanos,
Nicetas y los anónimos Con la sola probable excepción de
Africa, con el pasar del tiempo, e incluso en las obras de
un mismo autor, se advierte un influjo creciente de la tra-
dición griega, sobre todo de filiación ongeniana Valgan de
ejemplo Hilario y Ambrosio
La producción exegético-homilética se ha transmitido
en condiciones poco favorables El nivel cultural alcanzado
a fines del siglo IV ha podido repercutir negativamente en
la conservación de la producción precedente, si no es que
la ortodoxia trinitaria definitiva haya aconsejado dejarla
perecer por su cuenta A mediados del siglo IV encontra-
mos una especie de desierto literario, por el que no es fácil
seguir las huellas de la influencia griega Cuando concluye
este período, si es acertada la identificación, propuesta por
P Nautin, del autor del Opus tmperfectum tn Matthaeum
con el sacerdote amano Timoteo de Constantinopla, un
amano latino, que echa mano a veces de Jerónimo, tradujo
la obra citada y el comentario de Orígenes sobre San Ma-
teo (Vetus interpretatto y las Commentariorum series. GCS
10 y 11), y acaso también los fragmentos sobre Lucas de
PLS 1,327-344
Otras obras son de carácter más técnico Las biblias la-
tinas posteriores albergan Capitula, es decir, sumarios que
ayudan a orientarse en el texto, y a veces también prólo-
gos, expedientes ambos que remontan, en gran parte, a
esta época, y que constituyen un seno programa de intro-
ducción al texto bíblico Los Onomástica, con la explicación
de los nombres propios hebreos, son numerosos en latín, y
muchos de ellos traducidos antes de la época de Ambrosio
Las Quaestiones sobre el Antiguo y el Nuevo Testamento,
de Ambrosiáster, y los comentarios paulinos de éste y de
Mario Victorino, de que se habla en los capítulos respecti-
vos, son obras de verdadero interés científico y demues-
tran estar al corriente de la exégesis griega contemporánea,
de la que no dudan en separarse llegado el caso No hace
Las traducciones
239
mucho, H J Frede ha descubierto otro comentario de las
cartas de San Pablo anterior al de Pelagio, pero con éste
emparentado, al menos, por la común tendencia antio-
quena, si no por la teología de la gracia Cabe, en fin, men-
cionar el comentario a Job de PG 17,371-522, quizá tra-
ducción del griego, como piensa Nautin contra M Meshn
Ediciones V USSANI, Hegesippi qui dicttur «Historíete» hbri V
CSEL 66(1932-1960), C BOYSEN, Flavu losephi opera ex versione
latina antiqua, CSEL 37(1898), F Blatt, Tbe Latín Josephus I
(Copenhague 1958), los Capitula figuran en las grandes ediciones
criticas con el respectivo libro de la Vulgata, F WUTZ, Onomás-
tica sacra (Leipzig 1914-1915), P SALMON, Les Titult Psalmorum
des manuscrits lattns (Roma 1959), J RFGUL, Dte antimarcionitis-
chen Evangelien Prologe (Freiburg 1969), H J FREDE, Etn neuer
Paulustext und -kommentar (Freiburg 197 3-1974)
Estudios B Altaner, Kletne patristtsche Schriften [TU 83]
(Berlín 1967) p 437-447, M MESLIN, Les Artens d'Occtdent (París
1967), The Cambridge History of the Bible I-II (Cambridge 1970
y 1969), P Nautin, recensión de M Meshn, RHR
177(197()) 7 ü-89, lD, L'«0pus tmperfectum in Matthaeum» et les
Ariens de Constantinople, RHE 67(1972)381-408 745-766, R Gl
ROD, La traduction latine anonyme du «Commentaire sur s Mat-
thteu», en Ongeniana (Barí 1975) p 125-138
4 Hagiografía
Las leyendas hagiográficas, son, ordinariamente, del
gusto del mismo público de los apócrifos bíblicos, y, de
hecho, no pocas figuran en el Decreto Gelasiano Los actos
de Pedro, los de Pablo y los de Tecla combinan los dos
géneros literarios, y, al igual que las versiones bíblicas, su-
frieron no pocos retoques a lo largo del siglo IV Quisié-
ramos poder ofrecer una visión de conjunto de la evolu-
ción de esta literatura y del papel que en ella han desem-
peñado las traducciones, mas tardará aún en llegar el mo-
mento en que sea posible escribir una síntesis que registre,
distinguiendo espacio y tiempo, los matices griegos y lati-
nos del culto de los mártires A este culto dedicamos este
apartado, reuniendo en el siguiente lo que concierne a la
literatura monástica
En las regiones bilingües acaso sea indicado considerar
gemelas, y no como original y traducción, las dos edicio-
nes, griega y latina, de un mismo texto El problema lo
240
Traducciones Jerónimo y Rufino
plantea, ya a comienzos del siglo III, la pasión de Perpetua
y Felicidad (BHL 6634-4) y la de los mártires escilitanos
(BHL 7527-8) La literatura latina cristiana no contaba aún
muchos años, y acaso de ahí pueda explicarse el papel de la
recensión griega, veremos que algunos tratados de Tertu-
liano plantean el mismo problema Dos mártires bajo Dio-
cleciano, Euplo de Catania (BHL 2728-31) e Ireneo de
Sirmio (BHL 4466), pertenecen a regiones bilingües, y, si
los textos latinos son de verdad antiguos, podrían ser con-
temporáneos de los griegos Cabría contar también
Egipto, de algún modo, entre las regiones bilingües, con
las pasiones de Dióscuro (BHL 2203ef) y de Fileas de
Thmuis-' (BHL 6799) Esta última ya la conoce en latín Ru-
fino Uno y otro son textos de indudable valor, y se com-
prende que hayan sido traducidos en fecha temprana, mas,
por desgracia, no tuvieron seguidores En esta época, , ha-
brá que considerar bilingüe también la región de Andná-
nopolis, donde fue martirizado, bajo Diocleciano, Felipe,
obispo de Heraclea > (BHL 834) Hay razones para supo-
ner que este texto latino es un arreglo libre de un original
griego perdido
Otros textos proceden de Asia Menor, como una tra-
ducción antigua del martirio de Policarpo (BHL 6870), la
pasión de Pionio bajo Decio (BHL 6852) y la de Carpo,
Papilo y Agatónice en Pérgamo Eusebio asocia Piorno y
Carpo a la memoria de Policarpo a pesar de las distancias
cronológica y geográfica ¿Son, acaso, textos emparenta-
dos, que podrían proceder de Esmirna-' Las versiones lati-
nas son arreglos libres del griego Podemos añadir a la lista
las Acta disputattonis Acacti (BHL 25), de ubicación in-
cierta, que parecen ser el arreglo latino de un documento
griego perdido, que podría ser de buena calidad
Nótese que ninguna de las traducciones citadas pro-
viene de Roma, su dispersión por la geografía aconseja
buscar la cuna de estas versiones, más bien, en la periferia
del Imperio
La invención de San Esteban (BHL 7850) es un caso
muy singular compuesta por Avito de Braga hacia el 415,
afirma ser la traducción de un original griego, cabe pensar
que se trate sólo de un expediente para conferir mayor
crédito al texto
Ediciones y estudios Véanse, ante todo, los estudios de los
Bolandistas o la Bibhotheca sanctorum (Roma 1961-1970), bajo el
Las traducciones
241
nombre del Santo, A SlEGMUND, Die Uberlieferung der griecbis-
ihen christhchen Literatur in der lat Kirche bis zum XII Jahrh
(Munchen-Pasing 1949) p 214-225 (síntesis muy provisional), B
HSCHER VT p 25-57, con una lista de vidas antiguas de santos,
ton indicación de la época de la traducción latina y, en cada caso,
la existencia de modelos griegos
5 Literatura monástica
Ningún escrito monástico pudo ser traducido, como es
obvio, antes de la segunda mitad del siglo IV, y la mayor
parte de las traducciones posteriores rebasan el período
que nos ocupa En este campo se esperaría encontrar una
literatura popular, del tipo de la literatura bíblica, apócrifa
o hagiografica, pues el monacato surge de un ambiente que
nunca habría recurrido a la escritura si una poderosa revo-
lución espiritual no lo hubiera sacado de su anonimato Y,
sin embargo, a menudo una revolución produce líderes de
gran categoría, un Atanasio, un Basilio o un Evagno, cuyas
obras ascéticas circularon pronto en Occidente, no perte-
necían ciertamente a los medios menos pertrechados cul-
turalmente Sucede frecuentemente que los intelectuales
que rompen con su clase son los portadores más activos
del germen subversivo que contrajeron en su anterior
condición Los traductores latinos que se emplearon en la
literatura monástica disponían a menudo de una formación
superior, lo cual no era óbice para predicar la contracultura
de los coptos, con notable escándalo por parte de los paganos
tradicionalistas, confinados en la estéril imitación de los
clásicos
Atanasio, en su prolongada lucha contra la política im-
perial, favorable a los arríanos, buscó y obtuvo el apoyo de
las fuerzas monásticas La Vita Antonu, elogio del héroe de
este movimiento popular, le ofreció una ocasión no pre-
vista de afianzar esta alianza, esbozando una semblanza de
taumaturgo leal a la causa de su obispo y fiel a la disciplina
católica Fue compuesta en griego (357 p ), pero sus destina-
tarios eran, ante todo, los occidentales (prólogo PG
26.837A), fue traducida al latín muy pronto y en dos oca-
siones Evagno de Antioquía, un oriental de ascendencia
noble, niceno convencido, que había residido muchos años
en Italia, el mismo Evagno, que arrastró consigo a Jeró-
nimo a Oriente y fue más tarde obispo de la «pequeña
iglesia» en comunión con Roma durante el cisma de An-
242
Traducciones Jerónimo y Rufino
tioquía, publicó hacia el 370 una traducción elegante, que
alcanzó enorme éxito y ejerció, por la lengua, un influjo
determinante en la formación del latín monástico. Otra
traducción, anónima, se conserva en un solo legendario, y
no parece ser más que un borrador incompleto, con doble
versión de algunos pasajes. H. W. Hoppenbrouwers es
del parecer que esta traducción latina fue intentada en
Egipto, en el monte externo, hospedería del monasterio de
Antonio, para los peregrinos latinos, y advierte en ella un
curioso origenismo En todo caso, sea cual fuere el valor
del texto, sería errado pretender buscar en ella el eco de
un latín monástico aún inexistente, sirve, a lo más, para
conocer cómo un latino trató de interpretar un fenómeno
ajeno totalmente, por entonces, a su tradición.
Las versiones de literatura monástica, si se prescinde de
lo que se debe a Jerónimo y a Rufino, son, con toda pro-
babilidad, postenores a la época que nos ocupa. Poseemos
dos traducciones de las Sentencias de Evagrio a los monjes
y a las vírgenes, una de Rufino y otra anónima (de Gena-
dio'), y otras dos de la Historia Lausiaca, una incompleta y
ambas en ediciones deficientes. Hay traducción antigua de
dos discursos ascéticos pseudobasilianos, uno entre las
obras de Juan Cnsóstomo y otro descubierto por Wilrnart.
El Efrén latino es un enigma Es cierto que de este género
de obras, más que de la alta teología griega, se interesó el
Occidente latino sólo después de la muerte de Agustín y
Casiano.
Algunas tradiciones monásticas de Oriente llegaron a
Occidente por vía oral. De ello es prueba Sulpicio Severo,
y ya Martín de Tours pudo haber sacado partido Casiano
es el ejemplo típico de los elevados diálogos sostenidos en
Egipto, en los que se introducen reminiscencias de Evagrio
y Orígenes.
La narrativa oriental sobre este mundo monástico ha
inspirado la medieval hasta Bocaccio
Ediciones Vita Antonii en la versión de Evagno, en PG 26,
837-976 (en la parte inferior de la pagina), en la versión anónima
G Garitte (Bruxelles- Roma 1939), H Hoppenbrouwers (Nij-
megen 1960), G J M Bartelink (s 1 1974), Evagrio, Senten-
tiae, en PL 20,1181-1188 = PG 40,1277-1286, otra traducción
en A Wilmart RB 28(1911)143-153 yj Leclercq Scriptorium
5(1951)195-213 (cf CPG II 2888 y 2890)
Estudios T T LORIÉ, Spiritual Terminology in the Latín Trans-
lation of the «Vita Antonn» (Utrecht-Nijmegen 1955), H OP-
Las traducciones
243
PENBROUWERS, La techntque de la traductwn dans l'antiquite
d'apres la premien tersion latine de la «Vita Antonn», en Melanges
Chr Mobrmann Nouieau Recueil (Utrecht-Anvers 1973) p 80-95
6 Cánones y documentos eclesiásticos
Hay traducciones fáciles de datar, al menos con un ter-
mtnus post quem, como son las declaraciones oficiales y las
actas de los sínodos A partir del 430 crecen en número,
pero ya en el 256 y en la colección de cartas de Cipriano
aparece (Ep 75) una carta de Firmihano de Cesárea en Ca-
padocia, traducida probablemente en Cartago La traduc-
ción del símbolo y de los cánones de Nicea es probable-
mente posterior al doble sínodo de Sárdica (343) y poco
anterior a los de Rímini y Seleucia (359), dos ocasiones en
que los obispos de Oriente y Occidente se vieron obliga-
dos a confrontar sus respectivas posiciones En Roma, y
para «mejorarlos» en favor de la Sede Apostólica, los cá-
nones de Nicea fueron añadidos, sin distinción alguna, a
los cánones occidentales de Sárdica, proceder que provo-
cará airadas protestas de las iglesias de Africa y nuevas tra-
ducciones, más fieles, a petición de Alejandría, Antioquía
y Constantinopla, fenómeno muy significativo. El primer
texto latino del credo niceno aparece en Rímini Hilario en
el De synodis traduce otras fórmulas de fe orientales Por
su parte, los arríanos pusieron en circulación una traduc-
ción latina de otras autoridades canónicas los Cánones de
los apóstoles, la Didascalta y la Tradición apostólica.
Ediciones C H TuRNER, Ecclesiae Occidentalis Monumenta
luns Antiquísima (Oxford 1899-1939), E TlDNER, Didascaltae
Apostolorum, Cañones ecclestasticorum, Traditionis apostolicae versio-
nes lattnae [TU 75] (Berlín 1963)
Estudios' E SCHWARTZ, Die Kanonessammlungen der alten
Reichskirche, en Gesammelte Schriften IV (Berlín 1960) p 203-270
y passim, G L DOSSETTI, // Símbolo di Ntcea e di Costantinopolt
(Roma 1967), Y M DuVAL, Une traduction latine medite du
symbole de Nicée et une condamnation dArius a Rimini. RB 82
(1972)7-25
7. Pastoral
Adoptando un esquema bastante artificial, dividimos
las traducciones de las obras propiamente patrísticas en
244
Traducciones Jerónimo y Rufino
dos categorías, según el nivel cultural que presuponen
pastoral y filosofía religiosa
Las traducciones más antiguas, que remontan quizá al
siglo II, acompañaban a los libros de la Biblia y sufrieron
después diversas correcciones Nos referimos a la Didaché
(o, mejor dicho, a una de sus fuentes, las Duae vtae), las
cartas de Clemente, de Bernabé y Hermas La traducción
de Ignacio no es anterior a la Edad Media
El Adversus haereses de Ireneo es una obra de conside-
rable volumen, traducida, al parecer, en el siglo IV para
oponerse a los herejes Es importante conocer su técnica
de traducción, en especial para reconstruir el original
griego, en parte perdido
El presunto origen romano de Hipólito no le sirvió
para merecer los honores de ser traducido, con la sola ex-
cepción de su crónica (Líber generationu) y, en el ámbito de
la literatura canónica, de la Tradición apostólica (cf supra,
n 6) No obstante, Gregorio de Elvira, Ambrosio y Gau-
dencio de Brescia sacan provecho de su obra exegética El
nivel relativamente aristocrático de su cultura frenó, quiza,
la difusión de su obra, como ya había sucedido con los
apologistas, a no ser que haya intervenido alguna suerte de
censura contra su memoria
Con Tertuliano nos encontramos, quizá, ante un caso
nuevo un autor traductor de su propia obra, si el texto
griego (perdido) del De spectaculis, De baptismo y De virgi-
nibus velandu es anterior a la edición latina Estos textos,
con las pasiones de los mártires africanos (cf supra, n4),
señalan el comienzo de la literatura latina cristiana
De un «semiarnano», Eusebio de Emesa, se ha conser-
vado en latín una preciosa colección de homilías, que quizá
conoció ya Ambrosiáster Las homilías catequéticas de Ci-
rilo de Jerusalén no fueron traducidas, aunque en ellas se
inspiran Ambrosio y Nicetas, acaso porque los ritos que
Cirilo describe no se acomodaban a la usanza occidental
Sorprende que, con la sola excepción de la Vita Anto-
ntt, Atanasio no haya sido traducido en el siglo IV, a pesar
de la autoridad de que gozaba en Occidente En realidad,
su obra polémica era desbordada por los acontecimientos,
en parte, a causa de su exilio y, en parte, por su incapaci-
dad de entender correctamente a sus adversarios Acaso ya
entonces no pasó inadvertida esta falta de actualidad
Un homihario conserva un extracto de una obra per-
dida de Dídimo, mas no es posible determinar si la traduc-
ía traducciones
245
ción pertenece a este periodo De Dídimo fue traducida
solo una obra el De Spiritu sancto, del que hablaremos a
propósito de Jerónimo
Del diálogo contra los judíos de Aristón de Pella, Dis-
putatio lasonis cum Papisco, se conserva también la carta
dedicatoria del traductor Las Acta Archelat, de Hegemo-
nio, una obra antimaniquea, fueron traducidas, acaso en
Africa, en torno al 400 Agustín, en fin, conoce hacia el
423, en griego o en latín, la Anacephalaiosis, atribuida a
hpifanio, y el De mensuris et ponderibus, obra del mismo
Ediciones Para detalles de obras y autores, cf A SlEGMUND,
Dte Uberlteferung y M GEERARD CPG II y III, E BuYTAERT,
husebe d'Emese Discours conserves en latín (Louvain 1953-1957), P
M BOGAERT. Fragment inedit de Didyme l'Aveugle en traduction
latine ancienne RB 7^(1963)9-16
Estudios S LUNDSTROM Neue Studien zur lat Irenausuberset-
lung (Lund 1948), ID , Ubersetzungstechnische U ntersuchungen auf
dem Gebiete der christlicben Latinitat (Lund 1955)
8 Platonismo y alta cultura
La obra pastoral y homilética de Orígenes es la parte de
la producción del maestro alejandrino que parece haber
encontrado mayor aceptación en Occidente, como ya hi-
cimos notar al hablar de la exégesis No pocos predicado-
res encontraron en ella sabroso nutrimento antes de que
Jerónimo y Rufino procediesen de forma sistemática a su
explotación No obstante, P Courcelle y P Hadot han
demostrado no hace mucho que el origenismo en Ambro-
sio mezcla sus aguas con un platonismo muy despierto,
que comprende, asimismo, la utilización de Filón y Basilio,
y del que fue instrumento, antes de su conversión, Mano
Victorino
Seria útil conocer el ambiente en que se formó el ar-
chidiácono Caladlo, que tradujo y comentó el Timeo, de
Platón, sirviéndose de Porfirio, pero manteniéndose más
cerca de Numenio que de Plotino No hay que olvidar
tampoco, como es obvio, la obra de los circuios platonizan-
tes, que vieron a Agustín entre sus adeptos
Basilio y Gregorio Nacianceno superan, en efecto, el
origenismo Rufino les hará propaganda, pero Basilio co-
noce también otros caminos, sobre todo en sus homilías
246
Traducciones Jerónimo y Rufino
sobre el Hexaemeron, utilizadas por Ambrosio y traducidas
luego completas por Eustacio, ciertamente en Italia, hacia
el 400 Cabe, en cierto modo, poner a su lado la traduc-
ción del Phystologus, que data aproximadamente de la
misma época
,Cómo explicar que la obra de los Padres Capadocios,
y en especial la de Gregorio de Nisa, al menos en sus ma-
nifestaciones más significativas, haya quedado fuera del al-
cance de los occidentales-' Su excepcional importancia no
tardó en ser percibida, mas, al parecer, intervinieron facto-
res frenantes < Acaso la antipatía romana por la política
eclesiástica de Basilio o por el concilio de Constantinopla
del 381 5 eO entró en juego la oposición antiongenista,
fruto de un complejo de inferioridad ? ,0 acaso una razón
más simple la incapacidad de elevarse a ese nivel cultural,
no menos exigente que las obras más importantes de Orí-
genes o las obras apologéticas de Eusebio ? Rufino com-
prendió el interés de la empresa, pero acaso lo paralizo la
oposición de sus adversarios
La afición que los pelagianos muestran por la escuela
de Antioquía, ,-es sólo fruto de las peripecias históricas''
Las homilías de Juan Cnsóstomo sobre San Pablo, San Ma-
teo y ad neophytos fueron traducidas por Amano de Celada
(415-419), por su interés teológico y exegético, luego, Ju-
liano de Eclana traducirá o adaptará Teodoro de Mopsues-
tia No obstante su posición algo marginal, esta corriente
no dejará de ejercer su influjo en la exégesis medieval
Agustín mismo, en su Contra lulianum, cita vanos pa-
sajes de Cnsóstomo, tres de ellos (y dos que más tarde
citará León Magno) pertenecen a una colección de 38 ho-
milías, unas traducidas del griego, otras escritas en latín,
que circulaba con el nombre de Juan Cnsóstomo La tra-
ducción de los textos griegos ha sido atribuida a Amano de
Celada, y se explicaría por la intención de suministrar auto-
ridades para el partido pelagiano, criterio que pudo haber
guiado la selección de algunos textos Mas la unidad de la
parte griega no es clara Al menos en un caso ha sido de-
mostrada la existencia de una revisión del texto latino pri-
mitivo En todo caso, de los textos que Agustín atribuye a
Cnsóstomo, uno es de Potamio de Lisboa, y otro que figura
en la colección procede de la Homilía exhortatoria ad sanc-
tum baptisma, de la que no se conoce traducción latina
Ediciones Como en el apartado 7, E AMAND DE MENDIETA y
Las traducciones
247
S Y RuDBERG, Eustathius Ancienne versión latine des homelies sur
/'Hexaemeron de Basile de Cesaree (Berlín 1958), J H Waszink,
«Twiaeus» a Caladlo traslatas [Plato latinus 4] (London-Leiden
1962), Id, Calcidius JAC 15(1972)236-244, L de Coninck,
luliani Aeclanensis opera CCL 88(1977), Id , Theodori Mopsuesteni
expositio tn Psalmos CCL 88A (1977), H B SWETE, Theodori
episcopi Mopsuestent in epístolas B Pauli Commentarn (Cambridge
1880-1882)
Estudios M HuGLO, Les anciennes lerstons latines des bomélies
des Basile RB 64(1964)129-132, A WlLMART, La collection des
38 homelies de saint Jean Chrysostome JThS 19(1918)305-327,
cf J A DE Aldama, Repertorium pseudochrysostomicum (París 1965)
p 222-22 3, J P BOUHOT, Versión medite du sermón «Ad neophytos»
de S Jean Chrysostome, utihsee par S Augustin REAug 1 7 (19 7 1)
2 7 -4l, B ALTANER, Augustinus und Basilius der Grosse RB 60
(1950)17-24 (= Kleine patristische Schnften [TU 83] [Berlín
196 7 ] p 269-276), Id, Augustinus und die griechische Patristik
RB 62(1952)201-215 (= ibid , p 316-331)
9 El fenómeno en su conjunto
La labor emprendida sistemáticamente por Jerónimo y
Rufino se sitúa al fin de una penetración más que secular
del pensamiento griego en Occidente, en la que todas las
clases sociales desempeñaron una función Aunque la his-
toria de la filosofía tienda a otorgar el primado a la impor-
tación del platonismo, no hay duda de que la Biblia y su
exégesis constituyen el verdadero centro de los intereses,
tanto por la cantidad de las traducciones y revisiones como
por la amplitud y profundidad de su influencia en el pue-
blo cristiano No erraba la policía de Diocleciano, que se
ensañaba de forma explícita contra esta «droga» que eran
los libros sagrados, mientras los mártires se gloriaban de
poseerla en el corazón, fuera del alcance de toda mano
destructora, había empapado la memoria y el corazón, era
patrimonio de todo el pueblo, sin detrimento de la función
que la jerarquía se reservaba de tutela del canon y de la
fidelidad de traducciones e interpretaciones
Sobre la cronología de este lento proceso de asimila-
ción disponemos de datos particulares que se refieren a
puntos de detalle, pero la visión de conjunto sólo la ofrece
la monumental Vetus Latina, de Beuron, con sus mejoras
sucesivas Es una cronología relativa, no absoluta, envuelta
en un anonimato, que suplen, de algún modo, las siglas
248
Traducciones. Jerónimo y Rufino
establecidas por los estudiosos. En cuanto a la geografía
los documentos epigráficos y hagiográficos orientan hacis
las regiones periféricas del mundo latino, mas los ejemplo?
bien conocidos de Hilario, Evagrio de Antioquía, Jeró-
nimo, Rufino y Casiano obligan a no olvidar el papel que
jugaron los viajeros junto a las instituciones estables.
No parece que Roma haya desempeñado la función
central que acaso se esperaría de ella. Al fin y al cabo, aún
hoy en Roma se sigue y se difunde la labor teológica de las
universidades extranjeras.
¿Cómo calcular la importancia de este fenómeno para
la formación de la cultura occidental? Recordar el lugar
que la Biblia y la hagiografía ocupan en el repertorio de las
artes plásticas permitirá, acaso, vislumbrar cuál habrá sido
su influencia en el campo lingüístico. Se ha hablado de un
«latín de los cristianos», moldeado, en cuanto a vocabula-
rio y sintaxis, por la Biblia y expresión de una revolución
cultural. Mas el problema es más amplio, pues este latín de
los cristianos se aloja en la evolución del latín popular y
del latín tardío y tiene por compañeros a Trimalción y la
Mulomedicina. Los grafitos de Pompeya demuestran que el
ambiente por el que se difundió la nueva fe no siempre
respetaba las reglas, ortográficas o no, del clasicismo; para
calcar el griego popular, y por su medio el hebreo, dispo-
nía de expresiones elementales dictadas por la naturaleza
de la lengua. Mas la autoridad que arropaba estos calcos
facilitó la renovación de la lengua escrita, fenómeno de
inmenso alcance histórico. Literatos de gusto refinado,
como Jerónimo, concederán derecho de ciudadanía a esta
literatura nueva.
Estudios: Chr. MoHRMANN, Études sur le latín des chr'etiens
I-IV (Roma 1958-1977); E. LOFSTEDT, Late Latín (Oslo 1959);
O. HlLTBRUNNER, Latina Graeca. Semasiologische Studien über lat.
Wórter im Hinblick auf ihre Verhdltnis zu griech. Vorbildern (Bern
1958); S. EKLUND, The Periphrastic, Completive and Finite Use of
tbe Present Participle in Latin witb Special Regard to Translations of
Christian Texts in Greek up to 600 A. D. (Uppsala 1970); F.
ABEL, L'adfectif d'emonstratif dans la langue de la Bible latine (Tü-
bingen 1971).
JERONIMO
I. Vida
El príncipe de los traductores, Eusebius Hieronymus, na-
ció en la frontera del mundo latino, en la pequeña ciudad
fortificada de Estridón, entre Dalmacia y Panonia. La al-
dea, destruida por los godos en vida del Santo (hacia el
376), se sentía, al parecer, estrechamente vinculada a la
cultura latina. En las ciudades vecinas, como Aquileya, Al-
tinum, Concordia y Haemona (Lubiana), Jerónimo se gran-
jeó amigos y enemigos para toda la vida. La fecha de su
nacimiento es incierta, pues Jerónimo más tarde habría de
urgir de tal forma el respeto debido a su edad, que Agus-
tín, que nunca lo encontró personalmente, lo creyó falle-
cido en «vejez decrépita», noticia que la crónica de Prós-
pero registra, asignando al venerable anciano noventa y un
años de edad y haciéndolo nacer el 331. F. Cavallera re-
unió una serie de indicios que aconsejan no adelantar su
nacimiento más allá del 347; parece, pues, indicado con-
formarse con esta fecha, aunque no falte quien haría de
buen grado alguna concesión a la tradición.
Su hermano Pauliniano y su hermana, más jóvenes,
abrazaron, como él, la vida monástica; al parecer, su padre
Eusebio era un cristiano piadoso. Poseía algunos bienes,
villulae (Ep. 66,14), cuya venta obligó a Pauliniano a viajar
el 398 desde Belén, donde a la sazón residía. Eusebio pro-
porcionó a su hijo una educación esmerada; pero, no
siendo más que un provinciano sin alcurnia, su hijo no po-
día prescindir de buscarse bienhechores y bienhechoras,
menester que dejó huellas en su forma de ser, halagador a
veces, irritable en sumo grado otras.
Por los años 360 al 367, aún joven, cursó en Roma,
con excelente provecho, sus estudios de gramática y luego
de retórica. Aelius Donatus es el profesor del que conser-
vará más grata memoria; mas toda su obra se distingue por
la familiaridad con los clásicos, sobre todo Cicerón y Virgi-
lio, y por un estilo de un vigor excepcional, afilado aún
más por la polémica. Si acaso ya entonces estudió algo de
griego, sólo en Oriente logró dominarlo, aunque siempre
ignoró la literatura griega clásica, a pesar de sus esfuerzos
por hacer creer lo contrario. En su juventud se procuró,
copiándola de su puño y letra, una biblioteca profana que
habría de rendirle grandes servicios. En el período, quizá,
250
Traducciones Jerónimo y Rufino
en que hubiera debido abordar la filosofía, que nunca fue
su especialidad, se permitió alguna que otra concesión a la
vida bohemia, no había recibido aún el bautismo Perma-
necía, en todo caso, unido a algunos compatriotas, como
Bonoso, Rufino, Heliodoro, con quienes acostumbraba «el
domingo visitar las tumbas de apóstoles y mártires Des-
cendíamos a las criptas subterráneas, que albergan, a dere-
cha e izquierda, los cuerpos de los difuntos, todo es allí tan
oscuro, que se cumplía, por así decir, el versículo del
salmo que descienden vivos a los infiernos De vez en
cuando se filtraba un rayo de luz, que atenuaba el horror
de las tinieblas» Un verso de la Eneida (2,755) sirve luego
de contrapeso a la cita del salmo 54,16, y pone en eviden-
cia la delicada sensibilidad del autor (In Hiez 12,244-254)
Orgulloso de haber recibido el bautismo en Roma, Je-
rónimo no dice nada de las circunstancias en que dio este
paso Marchó luego de Roma a probar fortuna en Trévens,
la ciudad imperial, y allí se dejó seducir por el ideal mo-
nástico oriental, a la sazón en auge Sabemos también que
empleó sus ratos libres en copiar las obras de Hilario Vol-
vió a su patria, con toda certeza, el 370, en compañía de
Bonoso, y durante algunos años, junto con Rufino, Cro-
macio y Heliodoro, en torno a Valeriano, obispo de Aqui-
leya, vivió «un coro de bienaventurados» (JERONIMO,
Crónica, al año 374)
Esta dicha terminó en riñas, provocadas, entre otras co-
sas, por la lengua afilada del joven asceta (Ep 7, 1 1 y 12)
Estas diferencias fueron, para él y para Rufino, ocasión de
una piadosa peregrinación al Oriente monástico Evagrio
de Antioquía, amigo noble y traductor de Atanasio, volvía
a su patria (373), y Jerónimo lo siguió o acaso viajó con él,
pues ambos pasaron por Capadocia Las primeras cartas
que nos han llegado — fruto dichoso de la ausencia — son
de este período Virgilio es aún quien las sazona, mas su
autor ha empezado ya a estudiar el griego Durante un pe-
ríodo de mortificación en el llamado desierto de Calas (al
sur de Alepo), aprovecha la presencia de un hebreo con-
vertido para ejercitarse en una ascética inteligente apren-
der hebreo
No obstante los encendidos elogios con que invita a
sus amigos a venir al desierto, este noviciado de ermitaño
no llega a dos años (375-377), agitados además por con-
troversias con los monjes del lugar, cuya ortodoxia, seguro
de su fe romana, Jerónimo no se molesta ni siquiera en
Jerónimo
251
tratar de comprender Durante el cisma de Antioquía,
Evagrio se había sumado a la reducida minoría ultranicena,
encabezada por Paulino, en este ambiente, y tras la expe-
riencia de Calas, Jerónimo acepta la ordenación sacer-
dotal, pero sin compromisos de orden pastoral, pues Pau-
lino buscaba adeptos y no pastores de una comunidad in-
existente La experiencia del desierto se revelo extraordi-
nariamente fecunda tanto para el adiestramiento lingüístico
de Jerónimo como para su autoridad espiritual, había ad-
quirido un titulo de gloria a sus ojos y a los ojos de todo el
Occidente Entretanto, Rufino estaba en Egipto y Bonoso
vivía como ermitaño en una isla de Ihria
En el desierto de Calas, Jerónimo, en una célebre «vi-
sión», se dejó azotar ante el tribunal de Cristo por seguir
siendo ciceroniano más que cristiano Al narrar más tarde
con vivos colores esta pesadilla a la joven Eustoquio
(Ep. 22,30) para incitarla al estudio de la Biblia, Jerónimo
le confiaba una crisis psicológica no fingida, pero nunca
ciertamente hizo un drama de los juramentos literarios que
en esa ocasión había pronunciado No se advierte, en todo
caso, interrupción alguna en su costumbre de citar los clá-
sicos, y Rufino se lo recordara con mala intención durante
sus peleas
Las divisiones de la iglesia de Antioquía no eran obs-
táculo al progreso de la exegesis en ambas facciones Un
coadjutor del obispo Melecio, de nombre Diodoro y fu-
turo obispo de Tarso, fundaba por entonces, con un cierto
sesgo racionalista, lo que se ha dado en llamar la escuela de
Antioquía Mas militaba en el campo adversario, y Jeró-
nimo por entonces cultivaba otros gustos Conocía a otro
exegeta, Apolinar de Laodicea, viejo amigo de Paulino, y,
aunque su doctrina sobre la encarnación empezaba a pro-
vocar ciertas sospechas, por el momento las relaciones no
habían sido aún interrumpidas definitivamente Jerónimo
aprovechó sus enseñanzas, al menos en materia exegética
Hacia el 380, Paulino hubo de trasladarse a Constanti-
nopla para solicitar del nuevo emperador Teodosio el re-
conocimiento de su autoridad episcopal Su rival Melecio^
envejecía, y algunos espíritus amigos de la paz, como Gre-
gorio Nacianceno, obispo a la sazón de la capital, hubieran
querido sacar partido de la muerte de uno de los conten-'
dientes para llegar a un acuerdo. El concilio de Constanti-
nopla se pronunció en términos muy diversos, Gregorify
dimitió y volvió a sus poemas, y Paulino, con su protectbiv
252
Traducciones Jerov • u y Rufino
Epifanio de Chipre y su secretario Jerónimo, se dirigió a
Roma para buscar ayuda en el papa Dámaso El encuentro
con Gregorio había robustecido el naciente entusiasmo de
Jerónimo por Orígenes, y sí puso a traducirlo (según
P Nautin, Jerónimo habría empezado la traducción de las
homilías de Orígenes ya en Antioquia)
En Roma, la autoridad de sus protectores orientales y
el prestigio de su ciencia y de su profesión ascética le
abrieron muchas puertas Ya casi octogenario y apaci-
guado, Dámaso lo tomo por secretario y confidente tn
chartts ecclestasticis (Ep 123,9), ocupación que no le impe-
día extender su apostolado a las tertulias de la aristocracia
femenina en casa de las viudas Marcela y Paula (madre de
la joven Eustoquio) Las exigencias de estos grupos bíbli-
cos le obligaron, por un lado, a mejorar su hebreo con un
rabino, que le proporciono libros y clases, por otro, a en
señar los rudimentos de la lengua sagrada a sus nobles
bienhechoras, a las que, probablemente, la lengua griega
era ya de algún modo familiar
La ciudad se encontraba a la sazón invadida por una
propaganda ascética de corrientes a veces encontradas y
con las inevitables criticas reciprocas Una correspondencia
devota y erudita, brillantes debates, sátiras del clero, todo
espolea este debut, que promete una carrera excepcional
Jerónimo se cree ya sucesor designado de Dámaso
En diciembre del 384 sale elegido papa Siricio, la at-
mosfera cambia, y Jerónimo en el verano siguiente sacude
el polvo de sus sandalias contra la ciudad hostil y contra el
«senado de los fariseos», que se atreven a sembrar calum-
nias sobre sus amistades femeninas Nautin observa sa-
gazmente (L'excommumcation p 8) que Paula y Eustoquio
quieren hacer ver que no marchan con el, pero se reúnen
en Reggio Calabria para continuar juntos el viaje hacia
Chipre, donde esta el amigo Epifanio, y Antioquia, junto a
Evagno Estos partidarios del fallecido Dámaso eran un
poco comprometedores en Oriente Una expedición orga-
nizada por Paulino emprendió una peregrinación sistemá-
tica por los Santos Lugares, animada de una piedad quiza
menos ingenua de la que dará prueba anos mas tarde Ege-
na, mas también con una preocupación científica que de-
jara huella en el espíritu de Jerónimo, a quien ya no satis-
facen las alegorías y que recurre sin titubeos a hebreos
eruditos (prologo de la traducción hexaplar de los Parali-
poinenos) Paula lleva sus limosnas a Egipto, y Jerónimo
Jerónimo
253
aprovecha la ocasión para ínicarse en la gnosis origenista
de Didimo el Ciego
En el verano del 396, la doble comunidad ascética se
ínstala en Belén, alejada del trastorno de Jerusalen, y tam-
bién de Rufino y de su bienhechora Melania, que en su
residencia del monte de los Olivos se muestran mas vincu
lados al origenismo egipcio, sin las reservas que Jerónimo,
sacerdote de Paulino de Antioquia, nutre hacia el obispo
Juan de Jerusalen El monasterio de Belén alberga tres cla-
ses de religiosas, según el respectivo rango social, y una
hospedería, la comunidad permanece latina La biblioteca
excepcional, creada por Orígenes y enriquecida por Euse
bio, no estaba lejos Nada faltaba para una escuela bíblica
Acaso las excavaciones, pero ¿que falta hacían entonces,
con la antigüedad aun viva y el judaismo floreciente a las
puertas de este poliglota, capellán de una millonaria''
La instalación en Belén favorece una intensa actividad
literaria traducciones bíblicas escrupulosas, adaptaciones
de tesoros exegeticos y, como distracción, alguna que otra
novela de hagiografía monástica El estilo es menos rebus-
cado que en los anos anteriores y mas de nuestro gusto El
Antiguo Testamento prevalece sobre el Nuevo, y el he-
breo sobre el griego Por algún tiempo, la historia eclesiás-
tica tienta a Jerónimo, mas al fin se contenta con el De virts
illustrtbus, ojo avizor siempre sobre lo que acontece y no
desaprovechando la ocasión de zaherir
La controversia ongenista no tardo en envenenar las
relaciones con Jerusalen Y la ocasión de ello fue Epifanio
de Salamina y su celo por hacer triunfar su ortodoxia Na-
tural de Palestina, este santo no dejaba de buen grado en
manos de Juan de Jerusalen la responsabilidad moral de su
tierra, mientras el metropolita Gelasio de Cesárea no pa-
rece haber significado mucho por este tiempo El 393, un
misterioso Atarbio recomo los monasterios exigiendo fir-
mas contra Orígenes, Jerónimo firmo, Rufino se negó La
diferente postura se explica por la presencia de Epifanio
entre bastidores En la fiesta de la dedicación del Santo
Sepulcro, septiembre del 393, Epifanio se midió con Juan
en un duelo de homilías sobre los antropomorfismos La
tensión llego al culmen cuando el obispo chipriota, igno-
rando los derechos del ordinario, ordeno sacerdote a Pau-
hniano (primavera del 394), hermano menor de Jerónimo,
y la ruptura cayo sobre este tn forma de excomunión
Teófilo de Alejandría interviene, al principio escribe, en
254
Traducciones Jerónimo y Rufino
apariencia, en favor del obispo, mas los enemigos de éste
logran desviar el conflicto hacia el terreno del ongenismo
El prefecto del pretorio, Rufino de Constantinopla, ame-
naza a Jerónimo con la expulsión, mas, asesinado el 27 de
noviembre del 395, la situación cambia En la Pascua del
397, Jerónimo, tras haber dado muestras de penitencia y
cruzado el signo de la paz con Rufino, recibe la reconcilia-
ción, ritos que no le impidieron organizar en Roma una
intensa propaganda literaria con el fin de asegurarse la vic-
toria ante la opinión pública, y acaso también para adelan-
tarse a Rufino, que estaba para volver a Roma por esos
días
Rufino contaba con proseguir el trabajo, emprendido
con tan buenos auspicios por Jerónimo, que lo tiene ahora
relegado, prefiriendo la exégesis hebraizante, de traducir
Orígenes expurgándolo de los errores que se le podían acha-
car, y que no eran otra cosa, a su entender, que interpola-
ciones de los herejes Tendremos ocasión de examinar más
adelante las obras fruto de esta polémica, que duró hasta la
muerte de Rufino (410) Jerónimo se alista, pues, en las
campañas que organiza Teófilo de Antioquía Evagno, los
«altos hermanos», alejados brutalmente de Escete, luego,
Juan Cnsóstomo, todos los enemigos del Faraón, caen víc-
timas de su pluma, como Rufino y Melania
En la correspondencia de Jerónimo comparece este
mismo año del 397 un africano un joven obispo, Agustín,
rendía pleitesía a la autoridad del traductor y exegeta de
Belén, no sin manifestar algunas reservas, propias de un
espíritu que caminaba por otros senderos Jerónimo no
percibió al instante la importancia que habría de alcanzar
este nuevo interlocutor, y aguardó hasta ser interpelado
por segunda vez el 402, respondiendo entonces con
aplomo apenas le parecía advertir una crítica La humildad
de Agustín no se resintió, y lograría al fin estrechar una
alianza entre los dos contra un enemigo común Pelagio
Jerónimo, Pelagio y Rufino mantenían los tres estre-
chas relaciones con un reducido ambiente ascético inte-
grado por nobles familias romanas Con la muerte del papa
Siricio y la elección de Anastasio (diciembre del 399), Je-
rónimo vuelve a ser persona grata Uno de sus discípulos,
también Rufino de nombre, pero llamado el Siró, acaso
por su larga estancia en Palestina, volvió a Roma en la
primavera del 399 y se convirtió en uno de los amigos más
activos de Pelagio Se le suele atribuir la continuación
Jerónimo
255
hasta su fin del trabajo de revisión del Nuevo Testamento
que Jerónimo había iniciado durante su estancia en Roma,
pero que no pasó de los evangelios
La muerte de Paula, fallecida el 404, fue un rudo golpe
para Jerónimo Se consuela traduciendo obras monásticas
de escaso valor literario, pero de enorme interés para la
vida cenobítica las reglas de Pacomio, sus cartas y otros
tesoros del ambiente pacomiano copto El 405 termina la
traducción de la Biblia hebrea y emprende una serie de
amplios comentarios de los profetas
Los bárbaros devastan el Imperio como un azote apoca-
líptico que invita a la práctica de la ascética y a la renuncia
de las cosas mundanas La caída de Roma el 24 de agosto
del 410 postra también a este hombre, que veía decrecer
sus fuerzas y a sus amigos precederle en el sepulcro
En otro lugar se hablara del origen del pelagianismo
(cf c8) Al dejar Africa, Pelagio se refugia en Jerusalén,
acogido por el obispo Juan El 414, Jerónimo se pronuncia
contra él, creyendo encontrar en este nuevo peligro lo que
había ya combatido en sus controversias precedentes. El
416, una banda de terroristas pelagianos se venga incen-
diando los monasterios de Jerónimo Mas el concilio cele-
brado en Antioquía (417) logra alejar al hereje
Tras la muerte de Juan de Jerusalén y luego la de Eus-
toquio, Jerónimo fallece el 30 de septiembre del 419, de-
jando inacabado el comentario de Jeremías, el último del
ciclo de los profetas
Estudios En el primer volumen de Jerónimo editado en CCL
72 en 1959, P Antin ha compilado una bibliografía de 741 títu-
los, clasificados de forma inteligente y provista de índice Nos
limitamos, pues, a los estudios posteriores a esa fecha, con alguna
excepción
Sobre lauda La obra fundamental es F Cavallera, S Jérbme
Savte et son oeuvre I 1-2 (Louvain 1922) (el vol II, que debía tratar
de la obra, nunca fue publicado), J N D KELLY, Jerome His
Life, Wrttings and Controversies (London 1975), Ch PlETRl, Roma
chrtstiana I-II (Roma 1976) (passim)
Sobre sus escritos G GRUTZMACHER, Hieronymus I-III (Leipzig
1901-1908), J STEINMANN, S Jerome (París 1958) [trad alem ,
Koln 1961, trad ing , Notre Dame 1960], C FAVEZ, S Jérbme
petnt par lui-meme (Bruxelles 1958), Y CHAFFIN, S Jerome (París
1961), C C MlEROW, St Jerome, the Sage of Bethlebem (Milwau-
kee 1959), R y M PERNOUD, S Jérbme (París 1961) [trad ing ,
New York 1962], P ANTIN, Recueil sur s Jerome (Bruxelles 1968),
256
Traducciones Jerónimo y Rufino
S>¡dí r ° me ' antta "' *t chrétien- REAug 16(1970)35-46 (en al
PeuvrTj* en RACh >, M TeSTARD, S Jér'ome, l' Apotre savant et
*nv, ro „ Patr ' ctat romam (Pans 1969), D GORCE, S.Jerome et son
{l ^4)T"¿ e \78 rttS ' lqUe lt lltUmqUe: Col,ectanea Cistercensia 36
ProíZ^ de nac "»"nto: P HAMBLENNE, La longévtté de Jérome.
l« 3ZT U ' ,trauon?: Latomus 28(1969)1081-1119 P ; JAY, W
Tin, »*'"*»<* de s. Jérome- RE LA 51(1973)262-280, P AN-
Ka AV e l l , ksse chez ( JMme: REAug 17(197 1)43-54; Ch. Gnil-
a, Aíterskiage und Jenseitssehnsucht: JAC 14(1971)5-23
nacimiento: G Del Ton, S. Girolamo di Strtdone
Trieste 1962)
P >, ^ ron °l»gia: P Nautin, ÉíWíj ¿i? chronologie htéronymtenne:
*fcAug 18(1972)209-218, 19(1973)69-86, 20(1974)251-284,
u -> i-« ^ ww ,„i ustr) bus» de Jér'ome, de la tnort de
no/ de J' erus "lem et de ce lie de Grégoire de Naztanze: RHE 56
(U61)33.35 ; Id , La date de la mort de Paultne, de l'épitre 66 de
Jerome et de l'épitre 2? de Pauhn de No/e: Aug 18(1978)547-550,
\J Th IERRy, The Date of the Dream of Jerome: VC 17(1963)
28-40.
Relaciones con sus contemporáneos: J MATTHEWS, Western Aris-
tocracies and Imperial Court A. D. 364-425 (Oxford 1976), P.
BROWN, The Patrons of Pelagtus. The Román Aristocracy between
East and West: JThS 21(1970)56-72, P Jav, Jérome auditeur
d'Apolltnatre de Laoduée a Antioche: REAug 20(1974)36-41;
M TURCAN, S. Jérome et les femmes: BAGB (1968) 259-272;
S Jannacone, Roma 184. Struttura soaale e spintuale del gruppo
gerontmiano: GIF 19(1966)32-48, A. LlPPOLD, Paula: RESuppl X
(1965)508-509, A. Paredi, S Girolamo e S. Ambrogio, en Mélan-
ges E. Tisserant V [ST 23 5] (Cittá del Vaticano 1964) p. 183- 198,
P Nautin, La lettre de Théophile dAlexandrie a Jean de Jérusalem
et la réponse de l'Église de Jérusalem: RHE 69(1974)365-394, V" M.
DUVAL, Sur les insinuations de Jérome contre Jean de Jérusalem: de
l'artantsme a l'ortgentsme: RHE 67(1970)353-374, E BlHAIM, Les
sources d'un texte de Socrate relatif a Cyrille de Jérusalem: Byzannon
32(1962)81-91; O TESCARI, De beato Hieronymo quem Ruftnus
adversarius pro viro mendaci habuit: Studi Romani 9(1961)19ss;
K. ROMANIUK, Une controverse entre s. Jérome et Rufin dAquilée a
propos de l'ép. aux Ephéstens. Aegyptus 43(1963)84-106, P. NAU-
TIN L'excommumcation de s Jérome: Annuaire de l'Ecole pratique
des Hautes Études, V section, 80-81 (1971-73) 7-37, E D.
HUNT, St Silvia of Aquttania: JThS 23(1972)351-373, G. San-
DERS Egérie, S. Jérome et la Bible, en Corona gratiarum. Miscellanea
E Dekkers (Bruges 1975) I p. 181-199, H. Crouzel, S. Jérome et
ses amts toulousains: BLE 73(1972)125-146, Y. M. Duval,
S Augustin et le commentaire sur Joñas de s. Jérome: REAug 12(1966)
9-40, A. M. LA BONNARDIÉRE, Jérome informateur d' Augustin
Jerónimo
257
au sujet d'Ongene. REAug 20(1974)42-54, R F EVANS, Pelagius:
Inquines and Reappraisals (New York 1968), J Coleiro, The
Decay of the Emptre and the Valí of Rome in St. Jerome 's Letters and
Lives of the Hermtts: Journal of the Fac. of Arts of the Univ of
Malta 1(1957)49-57, F PasCHOUD, Roma aeterna (Roma 1967),
M PAVAN, / cristiani e il mondo ebratco nell'eta di Teodosw ¡l
Grande: Ann. Fac. ¡ettere e fil. Univ di Perugia 3(1965-1966)
367-5 30
II. Obras
Jerónimo ha desempeñado una función de primer or-
den en la transmisión de los textos bíblicos y patrísticos a
Occidente; en sus obras se aprecia el manejo de una do-
cumentación griega — exegética, histórica y espiritual — de
excepcional amplitud. Poseía, además, una formación la-
tina excelente, que se hace valer tanto cuando arrecia la
polémica como en las cartas, transidas de afecto y huma-
nidad.
Jerónimo cuidaba mucho la difusión de sus obras. El,
que había copiado en su juventud tantos libros para for-
marse una biblioteca, obtuvo de la generosidad de Paula, al
fin, un equipo de copistas y supo organizar una red de
difusión por mediación de sus amigos romanos y de sus
corresponsales. Las polvaredas que levantaban sus tratados
polémicos eran casi maniobras de promoción libraría,
quién sabe si henchidas adrede. Se cuidó personalmente
de la difusión de su correspondencia; A. Chastagnol es del
parecer que las primeras 45 cartas fueron ya utilizadas
desde el 392 por un redactor de la Historia Augusta. Se ha
creído incluso que la Biblia de Jerónimo apareció como
una suerte de edición oficial, avalada por Dámaso y adop-
tada por la iglesia de Roma, si no por todo el Occidente; se
trata obviamente de un anacronismo, pues la Vulgata fue
publicada, libro tras libro, cada cual con su dedicatoria a un
amigo diverso. El nombre de Dámaso figura, en efecto, al
principio de la revisión de los evangelios y se le atribuye
generosamente la iniciativa de la empresa; pero en realidad
habrá llegado, a lo más, a aprobar el proyecto de su joven
amigo, o acaso a expresar el deseo de disponer de una me-
jor edición; hacer profesión de humildad ante las órdenes
de un personaje de rango no es, en definitiva, más que un
tópico.
258
Traducciones Jerónimo y Rufino
B. Lamben ha dedicado casi 300 paginas al inventario
de los manuscritos, utilizando catálogos, mas la historia de
la tradición manuscrita de Jerónimo esta aún por escribir
Las ediciones críticas acerca de la historia del texto son,
pues, forzosamente muy discretas
Ediciones Ediciones de conjunto fueron publicadas en Roma
por Sweynheyn y PANNARZ (1468), por Erasmo, 9 vols (Ba
silea 1516-1520), por M VlCTORlUS, 9 vols (Roma 1565
1572), por J Martianay y A Pouget, 5 vols (París 1693
P()6), por D Vallarsi, 9 vols (Verona 1734-1742, y 2 1864
1865, menos exacta) Omito las reediciones, salvo PL 22-30
(París 1845 1846 y 1864-1865) (modifica la paginación), que
reproduce la segunda de Vallarsi Una nueva edición, en curso
de publicación, en CCL, de la que han aparecido casi todas las
obras sobre la Biblia He aquí la lista 72(1959) P ANT1N, Bi-
bliographia selecta (ya mencionada, que nos dispensa de la biblio
grafía anterior), Hebraicae Quaestwnes tn libro Geneseos, con la ed
de P de Lagarde (Leipzig 1868), Líber tnterpretatioms hebraicorum
nominum, según la ed del mismo en Onomástica sacra (Gottingen
2 1887), Commentartolt in Psalmos según G MoRlN, Anécdota
Maredsolana III l (Maredsous 1895), Commentarius in Ecclestas-
ten, ed M Adnaen, que utiliza el excelente ms Wurzburg,
Ms th q 2, del siglo V, habida cuenta también del París lat
13349, del siglo VIII — 73 y 73A (1963) In Isaiam por M
Adriaen, con el texto de Vallarsi, pues la abundancia de mss
dificulta el establecimiento de un texto critico, el editor registra
en el aparato las lecciones, por lo general excelentes, de los mss
mas antiguos, si el lector sabe utilizar con inteligencia el aparato,
se encuentra en terreno seguro En apéndice, la In Isaiam párvula
adbreiiatto, según la ed de G Monn en Anécdota Maredsolana
III- 3 (Maredsous 1903) —74(1960) In Hieremiam, ed S Reiter,
ed critica muy satisfactoria que repite el texto de CSEL 59
(1913), pero sin su valioso índice — 75(1974) In Hiezecbielem ed
F Glorie, el texto es substancialmente el de Vallarsi, con cotejo
de algún que otro ms , el editor no ha imitado la discreción de
Adriaen en el vol 7 3 > ha corregido a veces el texto de Vallarsi,
de suerte que es difícil para el lector reconocer las buenas leccio
nes de los mss — 75A (1964) In Danielem, ed F Glorie, como el
vol 75 — 76 y 76A (1969-1970) In Prophetas minores, edición de
M Adriaen, según los mss antiguos — 78(1958) Opera homilettca
es decir, tratados sobre los Salmos, sobre Marcos y homilías di-
versas, reedición mejorada de G MoRIN, Anedota Maredsolana
III 2-3 (Maredsous 1897-1903) — Sobre las traducciones de la
Biblia y de los Padres griegos, cartas (CSEL) y ediciones de textos
particulares remitimos al correspondiente apartado
Estudios E ARNS, La technique du libre d'apres s Jerbme (París
Jerónimo
259
1953), G KLOETERS, Bucb und Schrift bei Hieronymus Diss
(Munster 1957), B Lambert, Bibliotehca Hieronymi manuscripta
I-IV (siete previstos) (Steenbrugge 1969-1972) (con minucioso
examen de los ¡puna, tablas de títulos, incipit y explicit), H Ha
GENDAHL, Die Bedeutung der Stenographie fur die spatlat christli-
chen Ltteratur JAC 14( 1971)24-38, A CHASTAGNOL, Le supplice
invente par Andius Cassius Remarques sur l'«Histoire Auguüe» et
la lettre 1 de s Jerbme, en Bonner Historia-Augusta-Colloquium
1970 (Bonn 1970) p 95-107
Traducciones Francesas A DlJMAS, Jerbme Textes chotsis et
presente* (Namur 1960), C Olivier, Jerbme Textes choius et intro-
dutts (París 1963) [trad al , Stuttgart 1965] — Inglesa J H HRIT-
ZEN, St Jerome Dogmatic and Polemical Works (Washington
1965) — Italianas E CASIMASl, Gtrolamo Opere scelte (Uomini
illustri, Vita di t Paolo, Contro Eludió, Lettere e Omelie) (Tormo
1971), L F PlZZOLATO, L'amicizia cristiana Testi di s Gtrolamo
y otros (Tormo 1973)
A) Traducciones bíblicas
Para la cultura occidental y en la vida de la Iglesia, Je-
rónimo es, ante todo, el traductor de la Biblia Mas no se
crea que la haya traducido por entero ni que su labor de
traductor obedeciera a un plan y a un método uniforme La
realidad es mucho más compleja incluso en los confines de
un mismo libro
Ediciones La editio princeps es la de Gutenberg «de 42 lineas»
(Mainz 1452) (ut videtur), que es, asimismo, un monumento ca-
pital en la historia de la humanidad, con el texto tardío difundido
por la Universidad de París, reed en facsímil Johann GuTEN-
BERG, Die zwetundvterzigzeilige Btbel (Zunch 1978), R Estienne,
París 1528, 2 1532, 4 1540, la ed Sixtina (Roma 1 590) fue destrui-
da a la muerte de Sixto V, la Clementina (impresa por orden de
Clemente VIII) (Roma 1592, 2 1593, H598) ha sido por mucho
tiempo el texto oficial, ne varietur, de los católicos, Biblia sacra
secundum latinam vulgatam versionem ad codicum fidem I-XV (Citta
del Vaticano 1926-1978) (incompleta aun Genesis-Ezequiel,
gran ed critica), H DE SAINTE-MARIE, 5 Hieronymi Psalterium
¡uxta Hebraeos (Roma 1954), Biblia sacra luxta vulgatam versio-
nem recensuit R Weber (Stuttgart 1969, 2 1975), ed manual
del texto, revisado escrupulosamnete, normalmente, mejor que
las ediciones criticas precedentes
Instrumentos de trabajo Desde el Medioevo, las concordancias
se han multiplicado, las mas útiles, que se integran por los diver-
260
Traducciones Jerónimo y Rufino
sos criterios de clasificación adoptados, eran F P DuiRlPON,
Vulgatae editionis Concordantiae (París 8 1880), PEUITIFR, Con
cordantiarum Thesaurus (París 189 7 ), G DE Zamora, Sacroruvi
Btbliorum Concordantiae (Roma 162 7 ) Ultima la de B FlSCHER,
Noiae Concordantiae Bibliorum Sacrorum tuxta vulgatam verstonem
entice editam, 5 vols (Stuttgart 19 7 6) (según la rec de Weber )
teniendo en cuenta las principales vanantes), W E PLATER-
H I White, A Grammar of tloe Vulgate (Oxford 1926) Sobre la
autoridad de la Vulgata J Gribomont, L'Eglue et les versions
bibhques La Maison-Dieu 62(1960)41-68
1 Los evangelios
El prologo Novum opus atribuye a Dámaso (+ 384) la
iniciativa de esta revisión, y ya hemos visto cómo cabe in-
terpretarlo Jerónimo se queja de tener que respetar los
hábitos lingüísticos del público y promete no corregir lo
que el griego no exija Es, en todo caso, un trabajo de
principiante, que si bien, en conjunto, es de buena calidad,
se muestra bastante irregular y poco respetuoso de los
principios enunciados Para juzgarlo es preciso recurrir a la
edición de Stuttgart (Weber), que ha utilizado, entre otros
testimonios, los fragmentos de Sankt Gall contemporáneos
de Jerónimo, en los que ya se proponen al margen leccio-
nes alternativas En su Nuevo Testamento, Weber se separa
772 veces de la edición de Oxford (Wordsworth-White) y
no acepta la hipótesis que hace coincidir prácticamente el
texto base de Jerónimo con el codex Brixianus (f), que se
asemeja a la Vulgata sólo por contaminación Jerónimo
descarta sistemáticamente las lecciones que se resienten de
los textos paralelos y del texto griego «occidental», mas no
consta que se haya servido de un texto griego emparen-
tado estrechamente con el Vaticanus, Fischer se pronun-
ciaría por un texto protoantioqueno, y demuestra que Vo-
gels ha exagerado en buena medida la novedad que la revi-
sión de Jerónimo aportaba
2 Los demás libros del Nuevo Testamento
No conocemos prólogos de Jerónimo, con la acostum-
brada dedicatoria a algún amigo, a Hechos, epístolas y
Apocalipsis La técnica de la revisión es semejante a la de
Jerónimo, pero más sistemática, y el resultado es absolu-
Jeronimo
261
tamente diferente del texto que se lee en sus citas El pri-
mero que utiliza la Vulgata es Pelagio, especialmente en su
comentario de Pablo, mas se advierte, en ocasiones, la
marcada preferencia por ciertas lecciones de la Vetus la-
tina D de Bruyne no dudaba en atribuir a Pelagio la
revisión, B Fischer, con buenas razones, prefiere asignarla
a Rufino el Siró, discípulo de Jerónimo y amigo de Pe-
lagio
Ediciones I WORDSWORTH-H I WHITE-H F D SpARKS,
Noium Testamentum secundum editionem s Hieronymi
(Oxford 1889-1954), H 1 White, Noium Testamentum latine
Edttto mwor (Oxford 1911), Biblia Sacra, ed R Weber (cit )
(Stuttgart 19 7 5)
Estudios H J Vogels, Vulgatastudien Die Evangelten der Vul-
gata (Munster 1928), ID ,Handbuch der Textkritik des Neuen Testa-
mentes (Bonn ~ 1 95 5 >, B FlSCHER, Das Neue Testament in latei-
nischer Sprai.be, en K ALAND (ed ),Die alten Ubertetzungen des
Neuen Testaments (Berlín 1972) (excelente), A B BELL, Jerome's
Role in the Translation of the Vulgate Neu- Testament New Testa-
ment Studies 23(1977)230-233
3 La primera revisión del Salterio
En el prologo al Salterio «galicano», Jerónimo habla de
una rápida revisión del Salterio realizada en Roma al
mismo tiempo de la revisión de los evangelios, de que he-
mos ya tratado El texto griego utilizado no podía compa-
rarse en calidad ni con la recensión hexaplar de Orígenes
(cf infra) ni con el original hebreo Que el llamado Salte-
rio romano, en uso aun hoy en la basílica de San Pedro de
Roma, que fue durante la Edad Media el texto litúrgico
normal en Italia, sea el fruto de esta primera revisión de
Jerónimo, es pura conjetura, carente de toda prueba El
Salterio romano, que carece de prólogo y de indicios que
hagan pensar en una revisión, sería, más bien, el texto que
Jerónimo se propuso enmendar Esta primera revisión del
Salterio, obra de juventud y repudiada luego por su autor,
no encontró salida entre el viejo texto tradicional y las su-
cesivas recensiones de más calidad, y de hecho ha pere-
cido Igual suerte hubieran corrido, probablemente, los
evangelios si Jerónimo hubiera editado en Oriente una
nueva revisión sobre un texto griego de mejor calidad
262
Traducciones Jerónimo y Rufino
En todo caso, conviene advertir que estas revisiones
romanas de los evangelios y del Salterio, de nivel aún mo-
desto, en las que Jerónimo se entrena, tienen por objeto
precisamente los libros más leídos de toda la Biblia, que
exigían, por tanto, con mayor urgencia una edición mejo-
rada Si la iniciativa realmente provino de Dámaso, habría
que reconocerle verdadero celo pastoral
Estudios D DE Bruyne, Le probleme du psautter romatn RB
4 1( 1929)297-524
4 El Salterio Galicano y la revisión hexaplar
En la biblioteca de Cesárea, Jerónimo tuvo ocasión de
consultar las Héxap/as, el monumental trabajo critico del
texto griego obra de Orígenes En columnas paralelas ofre-
cían diversas versiones, con el texto de los Setenta acomo-
dado al original hebreo, indicando con un asterisco los pa-
sajes presentes en Teodoción y en el hebreo, pero ausen-
tes del texto griego tradicional, y con un obelo los pasajes
de este último ausentes del hebreo Durante algunos años,
del 387 al 392, Jerónimo abrigó el proyecto de dar a cono-
cer al mundo latino el texto critico así obtenido, como mas
tarde, hacia el 615, hará, en otra dirección, Pablo de Tela,
que la traducirá escrupulosamente en siríaco De los libros
sapienciales nos han llegado, en versión latina hexaplar,
partes considerables Job, los tres libros de Salomón y el
Salterio, de Crónicas sólo el prólogo, que las biblias de
Teodulfo colocarán junto al prólogo de la versión del he-
breo del mismo libro La versión hexaplar de los libros
sapienciales obtuvo gran éxito en el siglo V, y poco faltó
para que fuese ésta la Vulgata, San Agustín la tenía en gran
estima, y hubiera deseado que Jerónimo llevase a cabo este
trabajo con toda la Biblia (Ep 56,2 y 104,3 = AUG , Ep 28
y 7 1) Pero entre tanto el erudito de Belén había orientado
hacia otras metas sus ambiciones, y declinó la invitación con
la excusa de haber completado el trabajo ya una vez y
de haberlo perdido «por falta de honradez de un descono-
cido» (Ep 134,2) El Salterio hexaplar se mantiene rela-
tivamente cerca del viejo texto tradicional, fue adoptado
en la liturgia irlandesa y luego, a fines del siglo, en la
Francia Carolina, donde contrajo la designación de Sal-
terio Galicano, y continuó ampliando sus dominios
Jerónimo
263
hasta penetrar en las biblias de las universidades, en la
Vulgata Clementina y casi por doquier en la liturgia latina
Solo Pío XII autorizo que pudiera ser sustituido por otra
traducción
Eduwnes JOB C P Caspari, Das Buch Job (Chnstiama
1895) — Sapienciales A Vaccari, L'uso litúrgico di un laioro
irituodtS Gtrolamo Rivista bíblica 4( 1956)357-575, Id , Recupe-
ro d'un laioro critico di s Girolamo, en Scritti di erudizione e di
filología II (Roma 1958) p 85-146, ID , Cantia Canticorum Vetus
Latina translatio a s Hieronymo ad graecum textum hexaplarem
eméndala (Roma 1959) — Salterio Galicano Biblia sacra ad codi-
tum fidem X (Citta del Vaticano 1955), Biblia Sacra (Stuttgart
1975)
Estudios A Thibaut, La reí is ion hexaplaire de s Jerome en
Ricbesses et deftciences des anciens psautiers latins (Roma 1959)
p 1()~-149, J H Gailey, Jeronie's Latín Versión of Job /rom the
Greek Chapters 1-26 Its Text, Character and Proienance Diss
(Pnnceton 1945)
5 La traducción del texto hebreo
Hacia tiempo que Jerónimo había adquirido familiari-
dad con la lengua hebrea, pero sin la ayuda de las traduc-
ciones de Aquila y Simaco no habría sido capaz de afrontar
las dificultades del texto La lectura de los Setenta hexapla-
res le imponía el frecuente recurso al original hebreo Sus
viajes le habían proporcionado un cierto dominio de la to-
pografía de Palestina, y las traducciones del Onomasticon de
Eusebio y del Líber locorum le planteaban problemas con-
cretos De ahí que antes de comenzar con el Génesis
hexaplar quiso aclarar sus ideas, y se puso a trabajar en una
obra estrictamente técnica, las Quaesttones hebratcae, en la
que comparaba las diversas traducciones entre si para esta-
blecer el sentido del texto Contra el proyecto inicial, estas
Quaesttones no rebasaron el Génesis, y Jerónimo cambió de
plan se imponía traducir directamente del hebreo (o, si se
prefiere, de Aquila y Símaco, que mutuamente se comple-
taban) Esto sucede el 392, y coincide con el abandono de
su proyecto de traducir Orígenes y la interrupción defini-
tiva de sus comentarios de Pablo No sabemos por qué
libro empezó ,-Por el libro de los Reyes, relativamente
fácil y tan afín a Crónicas, que había apenas terminado de
264
Traducciones Jerónimo y Rufino
revisar' ,.0 por los profetas, por los que, al parecer, aún
no había pasado la revisión hexaplar' ,-Job y los Salmos, ya
corregidos, mas acaso de forma no de su agrado' La re-
ciente edición crítica de Ezequiel y de su prólogo nos pro-
porciona una fecha Jerónimo termina la traducción de este
libro poco después de la lectura de la Apología de Orígenes,
obra de Pánñlo, en traducción de Rufino, y, por tanto, a
principios del 398, Esdras puede ser fechado el 394, Cró-
nicas, el 396, los libros de Salomón, en el verano del 398,
el Octateuco, iniciado más tarde, se concluye el 404, des-
pués de la muerte de Paula Ester es del 405 Es un orden
que no se comprende fácilmente
La empresa fue, más bien, objeto de crítica que de ad-
miración a juzgar por las apologías, que son los prólogos
de cada libro (si no se trata de mera propaganda literaria)
Los amigos del autor lo animaban, pero Rufino y su grupo,
Agustín y otros, temían perder la Biblia de la Iglesia y caer
en una perspectiva judía Jerónimo respondía alegando el
ejemplo del Nuevo Testamento, que no cita exactamente
los Setenta, argumento débil, pues casi nunca la divergen-
cia se debía al recurso al texto hebreo, y, en todo caso, la
gran mayoría de las citas de los escritos apostólicos estaban
tomadas de los Setenta La calidad literaria de la nueva tra-
ducción y las divergencias entre los defensores de las anti-
guas redundaron en favor de Jerónimo Su traducción de
los profetas se impuso sin resistencia, y la de los libros
sapienciales acabó por desplazar la versión hexaplar, tam-
bién las antiguas traducciones de los libros históricos ce-
dieron, pero de ellas ha sobrevivido un buen número de
manuscritos La versión del Salterio hebreo fue acogida en
algunas biblias doctas, pero nunca logró abrirse camino en
el campo litúrgico
La diferencia entre el griego y el hebreo variaba mucho
de un libro a otro, y, en consecuencia, también la diferen-
cia entre la Vulgata y la antigua traducción latina En con-
junto, los sapienciales se acercan a la antigua traducción
más que los profetas, excepto Ezequiel, Jeremías es com-
pletamente diverso En un libro como el Génesis, Jeró-
nimo respeta el tenor antiguo de los oráculos, de las ora-
ciones y de las fórmulas más firmemente ancladas en la
piedad de la Iglesia de su tiempo, dando libre curso a su
inspiración en las narraciones Las paradojas del Eclesiastés
lo estimulan, a Tobías lo adorna con leyendas Son libros
cuya inspiración no parece merecerle el mismo respeto
Jerónimo
265
que el Pentateuco En cambio, los profetas, de suyo oscu-
ros, son tratados con un respeto del texto, ante el que de-
berían avergonzarse los traductores modernos, mucho me-
nos escrupulosos
Jerónimo utilizó un texto hebreo muy semejante a
nuestro texto masorético, pero lo interpretaba con la
ayuda de traducciones hexaplares, tradición antigua que
conocemos mal, y recurriendo directamente a los rabinos,
aunque no se deba exagerar su frecuencia, sobre todo pa-
sados los contactos de los primeros años De vez en
cuando, la preocupación apologética sale a descubierto, Je-
rónimo se siente claramente orgulloso de poder prestar
con su ciencia tales servicios, y lo hace notar en sus co-
mentarios
«Tenemos la dicha de poseer en la Vulgata una traduc-
ción de los libros sagrados que es un monumento de poe-
sía, que no dudaría personalmente en considerar la obra
maestra de la lengua latina Si no es inspirada en su accep-
ción teológica, ciertamente es inspirada en su accepción
literaria» (P CLAUDEL, J'aime la Bible p 55, cit. por
J STEINMANN, S Jérome p 212) Atado por la tradición po-
pular de las antiguas traducciones, Jerónimo demuestra un
gusto mucho más dueño de sí que en los preciosismos de
sus cartas o en el brío de sus polémicas Por una parte, la
majestad del autor inspirado redunda en él, por otra,
quince siglos de uso y de oración han conferido al texto
una pátina, o mejor, como a una venerable basílica paleo-
crisnana, autoridad sobre las lenguas y las artes de todo el
Occidente, la sobrevivencia no es de los menores ingre-
dientes de la belleza La fineza de su pluma, sin detrimento
de la fidelidad debida a oráculos oscuros, logra que la ma-
jestuosidad del sujeto no sofoque m la vida ni la naturali-
dad, y, si ha debido recurrir a hebraísmos osados, la Edad
Media hará de ellos expresiones familiares y sagradas Sólo
quien estuviera totalmente imbuido de un clasicismo rí-
gido podría permanecer insensible ante este lenguaje, y tal
fue el caso, no raro, del Renacimiento, menos en las per-
sonas de gusto, como Erasmo
6 Los deuterocanómcos
«El libro de Jesús, hijo de Sirac, la Sabiduría de Salo-
món, Judit, Ester, Tobías y los Macabeos se leen para edi-
Patrologta 3
10
266
Traducciones Jerónimo y Rufino
ficación, pero no gozan de autoridad canónica» (prólogo a
Proverbios), «el III y IV de Esdras no son má$ que fanta-
sías» (prólogo a Esdras) Jerónimo no se rebaja, pues, a lo s
deuterocanónicos, con la salvedad de Tobías y Judit, q Ue
tradujo libremente «Magis sensum a sensu quam ex verbo
verbum transferens» (prólogo a Judit), mas no llega a des-
cartar los capítulos añadidos al texto griego de Daniel y
Ester
Los primeros que reunieron en una colección, más bien
una biblioteca que un grueso volumen, las buenas traduc-
ciones bíblicas que se convertirían en la Vulgata, incluye-
ron, al parecer, la mayor parte de estos libros, de los que la
Iglesia no quería prescindir En todo caso, en nuestros ma-
nuscritos hacen su aparición más tarde y a partir de una
misma recensión La Sabiduría y el Eclesiástico están re-
presentados por un texto interpolado y tardío, indigno de
figurar junto a la obra de Jerónimo, los Macabeos, con un
texto corregido con el griego Baruc falta en casi todos los
manuscritos, la recensión, que irá a parar a la Biblia de la
T J>v>vwbYA'&A -Ae ?-my=> y Vas elevaras vKyp>te%4S- «ie. la. Val-
gata, fue introducida más tarde, hacia el año 800, por Teo-
dulfo de Orleans
Estudio J GRIBOMONT, L'edition tatuarte de la Válgate et la
Sagesse de Salomón dans sa recensión ttaltenne RSLR 4(1968)472
496
B) Traducciones de instrumentos de trdbajo
En los comienzos de su carrera, Jerónimo muestra un
sentido muy despierto de las tareas prioritarias, consagrán-
dose a obras austeras, pero indispensables para el trabajo
científico
1 La «Crónica» de Ensebio
Antes de empezar su Historia eclesiástica, mucho antes
de la fecha convencional del 303, Eusebio había compilado
una tabla comparativa de las diversas cronologías existen-
tes Es, ciertamente, un género literario menor, pero nece-
sario para introducir en el desarrollo de los acontecimien-
tos una escala matemática, aproximada si se quiere, pero
Jerónimo
267
indispensable como andamiaje que sostenga las observa-
ciones de carácter psicológico, sociológico, filosófico o teo-
lógico que pretenden aclarar el curso de aquéllos Dema-
siado erudita y de transcripción difícil, la obra en griego
pereció Jerónimo la descubrió el 380 en Constantinopla,
siendo aún muy joven, intuyó su utilidad, la tradujo cuida-
dosamente y la continuo hasta el 378
Ediciones y estudios Cf J Quasten, Patrología II p 326 328,
R Helm, Eusebtus' Werke VII Dte «Chronik» des Hteronymus
|GCS 23] (Berlín 1956), D S Wallace-Hadrill, The Eusebtan
«Cbronicle» the Extant and Date of Composttion of its Early Edt-
ttons JThSt n s 6(1955)248-25 3 (el acuerdo entre Jerónimo y la
Historia eclesiástica contra la versión urmena de la Crónica sena
consecuencia de una revisión de Eusebio, mas ,-por que no de Je-
rónimo-'), A GrisaRT, La «Cbronique» de s Jerbme Le lieu et la
date de sa composttion Helikon 2(1962)248-258 (en Trevens,
entre 368-37 P)
2 Los «Onomástica». «Líber locorum», «Líber nominum»
Hacia el 390, mientras se ocupaba de las Quaestiones
hebratcae, Jerónimo compiló dos listas de nombres hebreos
que los Setenta habían transcrito sin traducirlos (sobre las
relaciones entre las tres obras, cf KLOSTERMANN, p xxvi
n 4) Eusebio había compilado una lista de nombres geográ-
ficos, agrupándolos según la letra inicial, y, dentro de cada
letra, según el orden de los libros de la Biblia, cuando se
requería, añadía las traducciones hexaplares, la identifica-
ción con la terminología del siglo IV y datos sobre la locali-
dad (distancias según las indicaciones miliares romanas)
Jerónimo completa la lista con sus conocimientos, cambia
a veces el orden (nótese que Klostermann, al editar Jeró-
nimo junto a Eusebio, ha rectificado las modificaciones
introducidas por el primero, para conocer el orden primitivo
hay que recurrir alas ediciones anteriores, Lagarde o PL 25),
pero a veces permanece fiel al modelo, notificando sólo su
desacuerdo
El significado etimológico de esos nombres misteriosos
era un problema de filología en el que se injertaba una
interpretación espiritual Listas similares con traducciones
griegas circulaban con los nombres de Filón y Orígenes
Jerónimo, que se consideraba capaz de discernir el valor
de un elevado número de etimologías, compiló una obra
268
Traducciones Jerónimo y Rufino
de conjunto, dividida según los libros de la Biblia y subdi-
vidida según las letras iniciales del alfabeto griego, prueba
evidente de que traduce, no compone.
Ediciones y estudtov Cf J Quasten, Patrología ( Madrid 1962)
II p 351-352, E KLOSTERMANN, Eusebtu's Werke. III-l. Das
«Onomastikon» der btbhschen Ortsnamen [GCS] (Leipzig 1904) (im-
pone a Jerónimo el orden de Eusebio), P DE Lagarde, Onomás-
tica sacra (Gottingen 18 7 (), 2 1887, con texto griego y versión
latina de Jerónimo de los dos Onomástica) CCL 7 2,5 7 -16l ,
con la sola edición del Líber nominum: T D Barnes, The Compo-
sition of Eusebias' «Onomafttcon»: JThS 26( 19 7 5)4 12-4 1 5; J
WlLKINSON, L'apport de s J'erome a la topographie: RBibl 81(1974)
245-251, F WüTZ, «Onomástica sacra» Untersuchungen zum
Líber interpretationis nominum hebraicorum des hl. Hieronymus
(Leipzig 1914-1915)
3. «De viris tnlustribus»
Este catálogo de escritores cristianos, compilado el 393
y que facilita una lista de las publicaciones de su autor an-
teriores a ese año, podría parecer una obra original de Je-
rónimo. En realidad, si se prescinde del plan adoptado,
que se inspira en Suetonio, la substancia está tomada de la
Historia eclesiástica, de Eusebio, con adiciones sobre el
mundo latino. Jerónimo hubiera querido hacer creer que
las obras que menciona le son familiares, mas no ha sido
difícil evidenciar los errores de interpretación, que demues-
tran su ignorancia. Mas, al menos, la idea de compilar un
manual de patrología es prueba de su curiosidad intelec-
tual, que intentaba poner los fundamentos de una historia
de la exégesis.
Edición: E C RlCHARDSON, Hieronymut, «Líber de i iris inlus-
tribus» (Leipzig 1896).
Traducciones: Italiana: G GoTTARDI, S. Girolamo, Uomini
illustri (Siena 1969)
Estudios: G BruGNOLI, // titolo «De viris inlustribus »: Annali
Fac. Lettere e Filos. Univ. di Barí 28(1960)363-380, P. NAUTIN,
La date du «De vtris tnlustnbus~>: RHE 56(1961)33-35.
Jerónimo
269
C) Traducciones de Orígenes y de D'tdtmo
l. Homilías de Orígenes sobre los profetas y el Cantar
Hacia el 381, y estimulado por Gregorio Nacianceno
(o ya en Antioquía, como quiere P. Nautin), Jerónimo se
entusiasma con la obra de Orígenes; no aún con las obras
eruditas, sino, más bien, con las homilías en las que el
maestro comunica su admirable vida interior (véase el pró-
logo de Jerónimo a las homilías sobre el Cantar). En Cons-
tantinopla, un amigo, el sacerdote Vicente, corre con los
gastos de secretaría que un vasto plan de traducciones
requiere.
La suerte favorece al principio 14 homilías sobre Jere-
mías (12 se conservan en el original) y otras tantas sobre
Ezequiel. El orden de la edición de Jerónimo (PL 25) es
diverso de la de Orígenes (GCS), que presenta un texto de
mejor calidad, pero que omite los prólogos de Jerónimo.
Dos años más tarde, en Roma, Jerónimo ofrece a Dámaso
lo que entonces consideraba la obra maestra del Alejan-
drino: las dos homilías sobre el Cantar. Después del 392
traduce aún nueve homilías sobre Isaías (Baehrens consi-
dera no auténtica la homilía 9, que contradice a la 6), aun-
que carecen del acostumbrado prólogo de Jerónimo, Ru-
fino atestigua su autenticidad, pues las cita para demostrar
que Jerónimo había entonces corregido el texto de Oríge-
nes con el tipo de glosas ortodoxas que luego reprochó
a la traducción rufiniana del De principiis.
Ediciones. Cf. J Quasten, Patrología I 360-366, W A. Baeh-
rens, Origines' Werke VIII [GCS] (Leipzig 1925); P HUSSON y
P NAUTIN, Origine Homéltes sur Jérémte- SCh 232 238 Ü9 7 6-
19 77 )
Traducciones Francesa- O ROUSSEAU, Origine Homéltes sur le
Cantique: SCh 3 7 (1953) — Inglesa: R P Lawson, Origen The
Song of Songs Commentary and Homilies [ACW 26] (London-
Westminster 195 7 )
Estudios: V Peri, Solomon. oppure Solón- 1 Su una lezione dell'
Om Ez V 3 di Origene in latino: Aevum 33(1959)526-528, Id ,
/ passi sulla Trinita nelle omelie origeniane tradotte in latino da
( Girolamo- SP VI (Berlín 1962) p 155-180, G Lomiento, Note
sulla traduzione geronimiana delle Omelie su Geremia di Origene:
VetChr 10(1973)243-262, Id., en Origeniana (Barí \9~">)
p 139-162
270
Traducciones Jerónimo y Rufino
2 Homilías de Orígenes sobre Lucas
Vicente, Rufino y Agustín apreciaban mucho las tra-
ducciones de Orígenes que Jerónimo iba publicando, y le
alentaban a proseguir en la tarea Mas a medida que se
hacía a ello, Jerónimo optó por firmar él mismo los co-
mentarios, en los que obviamente se servía de los exegetas
orientales Si volverá más tarde a traducir Ongenes y Di-
dimo, lo hará con la perversa intención de denunciar los
plagios o los puntos flacos de otros traductores Y tal es el
caso de las 39 homilías de Orígenes sobre Lucas, traduci-
das el 390 con la intención de hacer añicos el comentario
de Ambrosio sobre el mismo Evangelio, «guirnalda adere-
zada con plumas de pavo» (prólogo de Jerónimo a su tra-
ducción) Por el momento, las Quaesttones hebratcae son in-
terrumpidas para mostrar a Paula y Eustoquio el método
de trabajo del Obispo de Milán
Ediciones Cf J QUASTEN, Patrología I p 360-361, M Rauer,
Orígenes' Werke IX [GCS] (Leipzig 1941 )
Traducción Francesa H CROUZEL, Ortgene Homeltes sur <
Luc SCh 87(1962)
3 Los «Principios»
El 398, Rufino tradujo los cuatro libros De principus,
presentándose como continuador de Jerónimo y acomo-
dando el texto a la sensibilidad de la época Desde Belén,
Jerónimo replica el 399 con una traducción que se pro-
pone poner en evidencia las herejías contenidas en la obra
La ironía de la suerte, lamentada por los eruditos moder-
nos, quiso que los copistas prefirieran el arreglo edificante
de Rufino y condenaran al índice la traducción de Jeró-
nimo
4 El «Tratado sobre el Espíritu Santo», de Dídimo
Para completar los trabajos de Jerónimo sobre Oríge-
nes, hemos saltado la traducción del tratado de Dídimo
sobre el Espíritu Santo, que es de los años 387 al 390
Jerónimo emprendió esta tarea provocado por la urgencia
Jerónimo
271
de rebajar a su justo precio el tratado de Ambrosio sobre
el mismo argumento, mostrando el saqueo perpetrado por
Ambrosio en la teología griega La traducción es preciosa,
sobre todo, porque el original se ha perdido
Ediciones y estudios Cf J QUASTEN, Patrología II p 90-91,
L DOUTRELEAU, Etude d'une tradition manuscrite le «De Spiritu
Sancto» de Didyme, en Kyriakon Festschrift J Quasten (Muns-
ter 1970) I p 352-389
D) Traducciones de compilaciones polémicas
Entre las cartas de Jerónimo figuran documentos de
Teófilo de Alejandría, de un sínodo de Jerusalén y otros
textos orientales traducidos y difundidos en Occidente con
intención polémica Mencionamos la ep 51, de Epifanio a
Juan de Jerusalén (394), la 87 y la 89, de Teófilo a
Jerónimo (399-400), la 90, de Teófilo a Epifamo, y la 91,
de Epifanio a Jerónimo, las 92 y 93 son la carta sinodal de
Teófilo y la respuesta del sínodo de Jerusalén, a las que
sigue la 94, con la respuesta personal de Dionisio de
Lidda (400), las 96, 98 y 100 son epístolas festales de Teó-
filo, traducidas en el 403 y 404, la 113 es de Teófilo a
Jerónimo (405) El traductor, para sacarles partido, añadía
pimienta al texto, y no dudaba en hacer la apología de esta
forma de proceder en la ep 57 De óptimo genere interpre-
tando en la que apela a su larga experiencia en el oficio
para justificar las libertades que se había tomado con los
originales de Juan de Jerusalén
Cabe añadir a este dossier la traducción de un breve
tratado sobre Isaías, escrito contra Orígenes (a instancias
de Teófilo 5 ) No es del todo cierto que la traducción sea
de Jerónimo El texto fue publicado por G Monn (Anéc-
dota Maredsolana III 3 [Maredsous 1903] p 103-122 y
cf L CHAVOUTIER, Querelle origéniste et controverses trini-
tatres a propos du traite Contra Origenem «De vtsione Isaiae»:
VC 14[1960]9-14)
E) Pacomiana
Existía una traducción griega de una sene de textos
coptos pacomianos en sentido amplio, de la que se pidió
traducción latina a Jerónimo después de la muerte de
272
Traducciones. Jerónimo y Rufino
Paula (404). La traducción latina se mantiene en el nivel
sencillo del original. Los fragmentos griegos y coptos, de
notable extensión, que se han conservado permiten apre-
ciar las dificultades de Jerónimo para comprender un am-
biente tan diferente del suyo.
Ediciones: A. BOON, Pachomiana latina (Louvain 1932)
(= Praecepta, Praecepta et Instituía, Praecepta atque ludida, Prae-
cepta ac leges, Epistulae S. Pacbomii, Epistula Theodori, Líber Orsie-
sii; los Mónita Pacbomii no son de Jerónimo, sino una recensión
diversa de la ep.3); los fragmentos coptos en apéndice en Boon y
en L. T. LEFORT, Oeuvres de s. Pacbbme et de ses disciples [CSCO
159-160] (Louvain 1964); H. Quecke, Die Briefe Pachoms (Re-
gensburg 1975); E. KRISCHKER, Zur Sprache der «Regula Pacbo-
mii» in der lateinischen Versión des Hieronymus (Diss. Wien 1966).
F) Comentarios bíblicos
Al pasar de las traducciones de Jerónimo a sus comen-
tarios bíblicos, no abandonamos el terreno en que nos mo-
víamos, pues éstos son, en gran parte, adaptaciones de los
tesoros literarios de la biblioteca de Cesárea.
Convendría empezar enumerando aquellas cartas que
no son otra cosa que pequeños tratados exegéticos o el
marco de disertaciones eruditas o místicas: 18A y 18B, a
Dámaso sobre Is 6; 28, al mismo, sobre el Hosanna; 21, al
mismo, sobre el hijo pródigo, y tantas otras del mismo gé-
nero. Esta correspondencia manifiesta una evolución para-
lela a la de los tratados: al principio, la inspiración viene de
Orígenes, mas ésta cede poco a poco el terreno a la crítica
literaria o textual (v.g.: la ep.106, del 404).
La primera muestra es del 374 y en Antioquía, y solo
Dios sabe por qué, se beneficia Abdías. Jerónimo se preo-
cupará más adelante de hacerla desaparecer. En Roma, su
producción exegética era oral o se limitaba a los confines
de una carta, mientras se va forjando poco a poco su mé-
todo exegético.
1. Sobre San Pablo
Al principio de su estancia en Belén, en el 386 o poco
después, alentadas, acaso, por sus explicaciones de viva
voz, sus hijas espirituales le pidieron un comentario de la
Jerónimo
273
tarta a Filemón; no le habría de ser fácil negarse a tan mo-
desta fatiga. Jerónimo les ofrece una explicación histórica y
concreta. Pasa luego a Gálatas, tratando con displicencia el
comentario de Mario Victorino y enumerando las fuentes
del suyo; ante todo, Orígenes; luego, Dídimo, Apolinar y
Eusebio de Emesa. Sigue el comentario a Efesios, en el
que Jerónimo no oculta (PL 26,442C) seguir a Orígenes
(conservado en parte), aprovechando también algo de Dí-
dimo y Apolinar. A propósito de tesis sospechosas, como
la preexistencia de las almas, combate a Orígenes, sin
mencionarlo. El ciclo sobre San Pablo, que dura pocos me-
ses, termina con la carta a Tito; y el abandono se explica
con la estancia en Palestina y su creciente interés por las
Héxaplas; ya se dijo que Jerónimo no se preocupó tam-
poco de llevar a cabo la corrección del texto latino de Pa-
blo.
Ediciones: PL 26.
Estudios: M. A. SCHATK1N, The lnfluence of Origen upon St.Je-
rome's Commentary on Galatians: VC 24(1970)49-58; V. BuL-
HART, Textkritisches VII: RB 72(1962)13 1-132 (sobre Efesios);
V. Deniau, Le Commentaire de Jérbme sur Ephésiens nous permit-il
de connaítre celui d'Origene?, en Origeniana (Barí 1975) p. 163-179.
2. Sobre el Eclesiastés
Ya Jerónimo había recorrido en Roma, de viva voz, el
Eclesiastés con Blesila. A los cinco años (389?) de la
muerte de su discípula y en su memoria, Jerónimo publicó
sus notas sobre este libro dedicado a la vanidad del
mundo. Sigue los Setenta, sin descuidar el hebreo y las
traducciones hexaplares, y, junto a los comentarios grie-
gos, tiene también en gran cuenta las enseñanzas de un
rabino. Como los comentarios de Pablo, el texto escrito de
éste, que es típico de un estadio de su evolución exegética,
parece reproducir, a menudo, un diálogo vivo y animado,
en el que las acotaciones del hebraísta se alternan con ob-
servaciones de carácter espiritual.
Edición: M. Adriaen: CCL 72 (1959) 247-361.
Estudio: H. P. RUEGER, Hieronymus, die Rabbinen und Paulus.
Zur Vorgeschichte des Begriffspaares «innerer und ausserer» Mensch:
ZNW 68(1977)132-137.
274 Traducciones Jerónimo y Rufino
3 «Commentarioli tn Psalmos»
En algunos manuscritos de valor se leen notas íncon-
nexas con el título de Excerpta, a las que por mucho tiem-
po no concedieron importancia los editores, no son, de he-
cho, extractos de una obra más sistemática, sino un con-
junto de explicaciones que imitan los Scholia de Orígenes,
y se proponen completar, y no desmerecen, los que éste
había dedicado al Salterio Fueron publicados en su forma
original sólo en 1895 por G Morin Son anteriores a la
traducción del Salterio hebreo y quiza también a la del Sal-
terio hexaplar, de las que son una suerte de preparación,
habría que colocarlas en torno al 390
Edición G Morin CCL 7 2( 1959)163 245
4 «Quaesttons hebrauae tn Genesim»
El género literario de las Quaestiones, Zt)tr)juuTtt, culti-
vaba el estudio filológico y filosófico de los clásicos, como
Homero o Platón Fue utilizado por Aristóteles, Plutarco y
Porfirio Filón, Eusebio y Acacio de Cesárea lo aplicaron a
la exégesis bíblica, en Occidente, Ambrosiáster Muchas
monografías de la correspondencia de Jerónimo obedecen
a este genero Hacia el 392, Jerónimo emprendió la inves-
tigación audaz y personal, muy superior a la tarea de pro-
moción del discípulo propia del comentarista Adoptó el
título de Quaestiones hebraicae, a base de las versiones he-
xaplares, tradiciones rabínicas y trabajos de Orígenes y Eu-
sebio (cf supra, los Onomástica) No se sale del género de
problemas de los Schoha, mas el método se abre camino
con más vigor Las Quaestiones debían extenderse a toda la
Biblia, mas, concluido el Génesis, Jerónimo se dio cuenta
de que para este trabajo era preciso partir de una nueva
traducción del texto hebreo
Edición P de Lagarde CCL 72(1959)1-56
5 Sobre los profetas
El único comentario sistemático realizado por Jeró-
nimo abraza el corpus profético El 374, el joven biblista
había afrontado Abdías El 393, cuando emprendía la tra-
ducción de la Biblia hebrea, se aplica a comentar cinco
Jerónimo
275
profetas menores, en primer lugar, Nahúm, luego, Mi-
queas (aquí la tradición mesiánica acalla en el la voz de la
ciencia judia), Habacuc y, con mas prisa, Sofonías y Ageo
En este período se entrena también en Isaías con la lla-
mada Adbreviatto, que no pasa de los cinco primeros versí-
culos del capítulo 1
En el otoño del 396 comenta Jonás y de nuevo Abdías,
luego, las 10 visiones de Isaías, obra aparte que pasará a
ser el libro V del comentario amplio de este profeta La
ingente erudición de Y M Duval ha encuadrado el co-
mentario de Jonás en el marco de la historia de la exégesis,
y no hay mejor manera de apreciar las lecturas que reque-
ría, aun antes de afrontar el examen directo del texto, el
conocimiento del estado de las cuestiones Los otros auto-
res occidentales, sin acceso a las bibliotecas orientales, no
podían ciertamente competir con Jerónimo, aun prescin-
diendo del conocimiento del hebreo
Sólo mas tarde piensa Jerónimo en un comentario
completo de los profetas El 406 se suceden los cinco pro-
fetas menores que faltaban Zacarías, Malaquias, Oseas,
Joel y Amós, ha dejado, pues, para el fin los que, a nuestro
parecer, son los más interesantes desde el punto de vista
histórico Luego, Daniel (407), Isaías (408-410), Ezequiel
(411-414) y, al fin, Jeremías, interrumpido por la muerte
del autor (415-419) La redacción exige cada vez plazos
más largos, Jerónimo, agotado, lucha con la edad
El método es riguroso Al principio, el lema, en doble
versión latina, del hebreo (es decir, la Vulgata, a veces re-
tocada) y de los Setenta, la extensión del lema depende de
la lógica interna del texto y puede comprender hasta
veinte versículos Sigue luego el comentario literal, en el
que, ante todo, examina las vanantes de las versiones
hexaplares, y una exposición espiritual en función de Cristo y
de la Iglesia, basada en los Setenta, porque en ella traduce
o adapta a Orígenes u otro autor griego Para el libro de
Zacarías, que Orígenes no había comentado, Jerónimo pi-
dió a Dídimo un comentario, descubierto ahora en un pa-
piro de Tura, Jerónimo se limita casi a copiar el original,
como ha demostrado L Doutreleau En general, no es mu-
cho lo que debe a la tradición rabínica
Edición M Adriaen y F Glorie CCL 73-76(1963-1970)
Traducciones Francesa P ANTIN, S Jérome Sur Joñas:
276
Traducciones. Jerónimo y Rufino
SCh 43(1956). Italiana: S. COLA, S. Girolamo. Commento a Da-
niele (Roma 1966).
Estudios: S. GOZZO, De s. Hieronymi Commentario in haiae li-
brum: Antonianum 35( 1960)49-80. 169-2 14; L. DOUTRELEAU,
Didyme l'Aveugle. SurZacharie I [SCh 83] (Paris 1962) p.129-137;
J. BRAVERMAN, Rabbinic and Patristk Tradition in Jerome's Com-
mentary on Daniel, Diss. (Yeshiva Univ. New York 1970);
Y. M. DuVAL, Le livre de Joñas dans la littérature chrétienne grecque
et latine. Sources et influences du Commentaire sur Joñas de s.
Jérbmel-U (Paris 1973); Id., 5". Cyprien et le ni de Nintve dans
l'«In lonam» de Jéróme, en Epektasis. Mélanges J. Daniélou (Pa-
ris 1972) p.551-570.
6. Sobre San Mateo
Eusebio de Cremona, uno de sus compañeros de Be-
lén, al volver a Italia el 398, pidió a Jerónimo un comenta-
rio breve y literal sobre San Mateo. Jerónimo, cogido de
sorpresa, cita una amplia bibliografía, con Orígenes a La
cabeza, pero no dispone de tiempo para volver a leer a sus
predecesores. De los que cita, nos han llegado sólo Hilario
y, en parte, Orígenes. A veces critica al primero y depende
mucho del segundo; demuestra conocer personalmente las
fuentes bíblicas, la topografía de Palestina y los métodos
de análisis literaria. Toma de Orígenes lo que dice haber
sabido de viva voz de los judíos, pero las citas preciosas
del Evangelio según los Hebreos parecen ser de primera
mano. En cuestiones dogmáticas se opone a Orígenes, de
cuyos errores ya se ha apercibido.
Edición: D. HURST y M. ADR1AEN: CCL 77(1969).
Traducción: Italiana: S. ALIQUÓ, S. Girolamo, Commento al
Vangelo di S. Matteo (Roma 1969).
Estudio: M. MARIN, De corporis puritatem? Hter. «In Matt-
heum»IV (25,12): VetChr 14( 1977 ) 1 69- 1 7 5 .
7. Sobre el Apocalipsis
Jerónimo no disponía de bibliografía griega sobre este
libro, que no era aceptado en Oriente. En fecha incierta,
pero no en la madurez ni en la vejez, Jerónimo retocó el
Jerónimo
277
comentario latino de Victorino de Petavio (t 304), corri-
giendo algunos errores, mejorando el estilo y aprove-
chando algo del comentario de Ticonio.
Ediciones: J. HAUSSLEITER: CSEL 49(1916): VICTORINO DE
Petavio, rec. Y, sobre Victorino de Petavio cf. J. QuASTEN, Pa-
trología I p.703-705.
G) Homilías
Los comentarios más antiguos dejan entrever, a veces,
sus relaciones espirituales con gente erudita. Se ha conser-
vado, asimismo, material, recogido por taquígrafos y no
revisado, de homilías que acostumbraba a pronunciar en
Belén sobre todo los domingos, no sin una buena dosis de
errores de memoria e inexactitudes dogmáticas. Estos tex-
tos monásticos, repletos de referencias al texto hebreo, no
entraron en los homiliarios medievales ni en las ediciones
antiguas; G. Morin ha sido, una vez más, quien los exhumó
con una sólida demostración de su autenticidad. Nuevos
textos fueron encontrados después de G. Morin. La mayor
parte de estas homilías versan sobre los Salmos; otras, so-
bre pasajes evangélicos (y en particular de Marcos, cosa no
común); otras, sobre la festividad del día o la preparación
de los monjes catecúmenos. Muchas pueden estar relacio-
nadas con el ciclo litúrgico. Acaso, Jerónimo preparaba de
este modo el comentario del Salterio que soñó toda su
vida (cf. In Isaiam 63,3-6; In Hieremiam 2,12-13;
CCL 73A.723.32-35; 74,18.20-21). Un mediocre sucesor
medieval compiló ese trabajo, aprovechando material
auténtico, en el Breviarium in P salmos (PL 26,821-1270).
Mi hermano de hábito R. Grégoire me informa que la
única verdadera homilía en el homiliario de Farfa es la que
trata de la Pascua (CCL 78,545); los otros textos están to-
mados del comentario de Jerónimo sobre Mateo o de la
ep.27. El homiliario de Agimundo ofrece un extracto, y
atribuye a Jerónimo uno de los tratados de Agustín sobre
San Juan, mientras que una homilía de Jerónimo
(CCL 78,520) aparece bajo el nombre de Juan Crisóstomo.
G. Morin, de hecho, ha identificado varias homilías de Je-
rónimo entre la producción no auténtica de Juan Crisós-
tomo.
Muchas homilías aluden a la controversia origenista,
pero ninguna parece conocer el pelagianismo, y se encuen-
278
Traducciones. Jerónimo y Rufino
tran, de hecho, expresiones poco prudentes referentes a la
gracia. Morin fecharía todo este material en torno al
año 400.
Ediciones: G. MoRIN: CCL 78(1958); J. P. BOUHOT, L'homélie
in lohannem Evangelista»! de S. J eróme: REAug 16(1970)227-231
(con una conclusión inédita); A. VACCARI, Frammento di un per-
duto Tractatus di S. Girolamo, en Scritti di erudizione e di filolo-
gía II (Roma 1958) p. 7 5-80.
Traducciones: Inglesa: M. L. EWALD, S.Jerome. The Homilies 1-11
[FC 54 y 55] (Washington 1964-66). Italiana: R. Minuti, S. Gi-
rolamo. Commento al Vangelo di Marco (Roma 1965).
H) Los santos ermitaños
En sus comentarios y homilías, Jerónimo puede pasar
de copiar pura y simplemente su modelo griego, a consig-
nar recuerdos suyos filtrados y retocados. En tres biogra-
fías noveladas describe el ideal monástico con colores y
elementos típicamente orientales, sobre todo de la famosa
Vida de Antonio; al mismo tiempo da rienda suelta a su
fantasía, no descuidando alguna noticia real sobre el prota-
gonista de la historia y aprovechando, en todo caso, sus
experiencias personales en Siria y Egipto.
1. «Vida de Pablo»
Desde su primer contacto con el «desierto» de Calcis
por los años 375 al 379, Jerónimo quiso hacer competen-
cia a la Vida de Antonio, evocando un predecesor de este
santo que habría vivido y fallecido, ignorado de todos, en
completa soledad. Si se prescinde de centauros y sátiros, se
advertirá como en filigrana el modelo algo fantástico que
el joven convertido hubiera querido realizar en el desierto,
y que cantan las cartas escritas por esos años.
Edición: PL 23,17-28.
Traducciones: Francesa: P. Antin (Ligugé 1977) (Pablo, Hila-
rión y Maleo). Italiana: G. LANATA, S. Girolamo. Vite di Pao/o,
Ilarione e Malcbo (Milano 1975).
Estudios: J. B. BAUER, Novellistisches bei Hieronymus:
WSt 74(1961)130-137; P. C. HOELLE, Commentary on the «Vita
Pauli» ofSt.Jerome, Diss. (Ohio State Univ. 1953); I. S. Kozik,
Jerónimo
279
The First Desert Hero. St.Jerome's «Vita Pauli» with introduction,
notes and vocabulary (Mount Vernon 1968).
2. «Vida de Hilarión»
Hilarión de Gaza, padre espiritual de Epifanio de Sa-
lamina, podría ser una figura histórica a pesar de la leyenda
de su encuentro con Antonio. Las tentaciones y milagros
que el texto le atribuye llevan la marca del genio de Jeró-
nimo, que se propone esta vez presentar, en contraste con
la Vita Pauli, un monje taumaturgo que vive en contacto
con la gente. La biografía fue escrita al principio de su es-
tancia en Belén, al fin de sus viajes por Siria y Egipto
(386-390).
Edición: V. de Buck: AASS oct. IX (Bruxelles 1869) p.43-
69.
Traducción: Italiana: G. LANATA, cit.
Estudio: J. Rouge, Tempite et littérature dans quelques textes
chrétiens: ND 12(1962)55-69.
3. «Vida de Maleo»
El 390, Jerónimo se concedió un poco de distracción
de sus trabajos eruditos y se puso a contar las confidencias
de un santo anciano que dice haber encontrado años atrás
en Maronia, cerca del desierto de Calcis. Este siró, natural
de Nisibis, vivía en castidad perfecta en compañía de una
mujer, con la que se había casado forzado por los bedui-
nos, que lo habían hecho prisionero. Algún año antes, Je-
rónimo no ahorraba sarcasmos contra las virgines subintro-
ductae; pero ahora, en compañía de Paula, advertía, acaso,
la necesidad de un santo modelo.
Edición: C. C. MlEROW, Classical Essays presented to J. A. KLeist
(Saint-Louis 1946) p. 3 1-60.
Traducción: Italiana: G. LANATA, cit.
I) Obras polémicas
Faltan buenas ediciones de los escritos polémicos que
se suceden a lo largo de la carrera de Jerónimo; reciente-
280
Traducciones. Jerónimo y Rufino
mente han sido, al menos, sometidas a análisis crítico por
obra de I. Opelt, que muestra un perfecto conocimiento
del género literario y una simpatía no corriente por el po-
lemista. En opinión de esta autora, la acusada «estilización
afectiva» no impide a Jerónimo desviar prácticamente to-
dos los sujetos en debate hacia el campo de la exégesis
bíblica, en el que se siente más seguro. Otros excelentes
estudios de Y. M. Duval han puesto de manifiesto la afi-
ción de Jerónimo por las armas forjadas en su día por otros
controversistas latinos, como Tertuliano o Hilario, para
empuñarlas de nuevo con brío contra sus enemigos, aun a
precio de presentar no más que una caricatura de las tesis
que combate.
Estudio: I. OPELT, Hieronymus Streitschriften (Heidel-
berg 1973).
1. «Diálogo contra los luciferianos»
Esta Altercatio Luciferiani et Orthodoxi es del 382 o, en
rigor, algo antes. Lucífero era el extremista niceno que ha-
bía consagrado obispo de Antioquía a Paulino, cuya causa
defendía Jerónimo. Su oposición intransigente a reconocer
las ordenaciones de los neonicenos lo arrastró finalmente
al cisma, y en Roma sus seguidores mantenían pésimas re-
laciones con Dámaso. El defensor de Paulino tenía, por
tanto, sumo interés en disipar toda sospecha de entendi-
miento con el cismático, no ocultando, sin embargo, su
simpatía por él. Jerónimo utiliza el argumento de la validez
del bautismo administrado por los arríanos, cosa que Lucí-
fero admitía, y se apela a la postura general de la Iglesia y a
los "precedentes históricos de la controversia entre Ci-
priano y Esteban. El tono es de una cortesía excepcional.
Edición: PL 23,155-182.
Estudios: Y. M. DuVAL, S. Jéróme devant le baptéme des héréti-
ques. D'autres sources de l'«Altercatio Luciferiani et Orthodoxi»:
REAug 14(1968)145-180; Id., La «manoeuvre frauduleuse» de Ri-
mini, en Hilaire et son temps (París 1969) p. 5 1-103.
2. «Contra Helvidio»
Helvidio, un seglar romano partidario del arriano
Auxencio de Milán, había querido provocar al monje Carte-
Jerónimo
281
no sosteniendo, contra las pretensiones del ascetismo, que
María había usado del matrimonio con José después del
nacimiento de Jesús y que había dado a luz otros hijos. El
De perpetua virginitate beatae Mariae le tapa la boca expli-
cando con palabras encendidas los textos debatidos y te-
jiendo el elogio de la virginidad.
Edición: PL 23,183-206.
3. «Contra Joviniano»
El monje Joviniano, llegado a Roma procedente de Mi-
lán, ponía en discusión el valor de la virginidad y de la vida
ascética alegando que la redención que Cristo nos ha pro-
curado era igual para todos. Sus opiniones fueron conde-
nadas el 390 y 391 por el papa Siricio (ep.7) y por Ambro-
sio (ep.4l y 42). La brillante refutación de Jerónimo re-
basó la medida; la interpretación de 1 Cor 7 y las expre-
siones pintorescas recabadas de la literatura antifeminista
romana provocaron resentimientos, que Jerónimo trató de
aplacar con las ep. 40-50.
Ediciones: PL 23,211-238; fragmentos en E. BlCKEL, Diatribe
in Senecae philosophi fragmenta I (Leipzig 1915) p. 382-420.
Estudios: D. F. HEIMANN, The Polémica! Application ofScripture
in St. Jerome: SP XII (Berlín 1975) p.309-316.
4. «Contra Juan de Jerusalén»
Cuando fue ordenado sacerdote Pauliniano, Juan envió
en junio del 396 una apología a Teófilo de Alejandría co-
municándole sus quejas contra Jerónimo y Epifanio. En la
primavera del año siguiente, Jerónimo redacta una réplica
mordaz, y, a pesar de su gesto de penitencia en la Pascua
de ese año y de la absolución de la excomunión, se apre-
sura a enviar a Roma noticias sobre lo acaecido antes que
Rufino, al llegar a Italia, pudiera difundir una versión di-
versa. Con ironía y mala fe, el libro somete a examen los
errores de Orígenes.
Edición: PL 23,355-398.
Estudios: S. JANNACCONE, La genesi del cliché antiorigenista e il
platonismo origeniano nel «Contra Johannem Hyerosolymitanum» di
282
Traducciones Jerónimo y Rufino
/
S Girolamo GIF 17(1964)14-28, Y M Duval, Sur les tnstnua-
tions de Jérome contre Jean de Jérusalem de l'arianisme a l'origenisme
RHE 65(1970)353-374, ID, Tertullien contre Ortgene sur la résu-
rrection de la chair dans le «Contra lohannem Hierosolymttanum»
REAug 17(1971)227-278, P NAUTIN, Une cttatton méconnue des
Stromates d'Origene (Contra lohannem 25), en Epektasis Me/angeí
Danielou (París 1972) p 37 3-374
5 «Contra Rufino»
En la traducción de la Apología de Orígenes, obra de Pan-
filo, y del De prtnciptts, Rufino había replicado con algunas
frases al Contra lohannem Hierosolymttanum, y, por si fuera
poco, se había presentado como continuador de Jerónimo,
que había traducido ya más de 70 homilías del maestro
alejandrino, amén de un cierto número de tomos sobre el
apóstol (así juzga Rufino los comentarios de Jerónimo) y
ahora autor de comentarios más originales Jerónimo res-
ponde con otra traducción del De principas, acompañada
por la carta 84, ofensiva para Rufino, contra el que ya se
habían lanzado vanos discípulos de Jerónimo En una Apo-
logía del 400 al papa Anastasio y en una del 401 contra
Jerónimo, Rufino se defiende Los tres libros Contra Ru-
fino, del 401 y 402, contienen la respuesta mordaz, mas
personal que teológica
Ediciones PL 23,397-402, P LARDET (Washington) prepara
una edición critica
6 «Contra Vtgtlancio»
Un sacerdote de Aquitania, de nombre Vigilancio, ha-
bía sido huésped de Jerónimo en Belén el 395, dejando de
sí un recuerdo poco grato El 406 lo denuncian a Jerónimo
como enemigo del culto de los mártires, de ciertas usanzas
litúrgicas que consideraba supersticiosas, de la presunta
pobreza monacal y del celibato del clero Jerónimo pre-
tende haber dictado en una noche el virulento opúsculo
que estigmatiza esos errores
Edición PL 23,339-352
Estudio LUCASSEN, De polemtcus Hieronymus adversus de pries-
ter Vigilantius Hermeneus 32(1960)5 3-61
\
\
Jerónimo
283
7. «Diálogo contra los pelagianos»
Ya el 414 Jerónimo dedica a Pelagio la larga carta 133
Al año siguiente, Jerónimo adopta la forma del diálogo
para someter a examen, sin invectivas, los límites de la li-
bertad humana y, en consecuencia, la impasibilidad a que
puede aspirar Es de notar que el interlocutor pelagiano, al
fin del libro III, se retira, sin deponer las armas, tras la
discusión de numerosos textos bíblicos Esto acaece entre
el sínodo de Jerusalén (julio) y el de Dióspolis (diciem-
bre), mucho antes del concilio de Antioquía del 417
Edición PL 2 3,495-590, cf tnfra Pelagio, el
J) Epistolario
La parte más cuidada de la producción de Jerónimo, la
más leída, hecha excepción de la traducción de la Biblia,
es, sin duda, su epistolario, que nos ha llegado no en una
colección que lo abrace por entero, sino a través de tradi-
ciones diversas (cf supra, p 257). Martinay ha contado 154
cartas «auténticas», incluidas algunas cartas que tienen a
Jerónimo por destinatario y algunas traducciones suyas de
documentos griegos relativos a la controversia origenista
Las cartas 148-150 son apócrifas Cabría añadir algunas
más, como las publicadas por D de Bruyne y aceptadas
por Hilberg, la llamada ep 18, del Pseudo-Jerónimo
(G MORIN BALAC 3[ 191 3] 5 1-60), y todos los prólogos
de las traducciones bíblicas y patrísticas conservados y edi-
tados con ellas Las cartas más conocidas son las que tratan
de la virginidad (22 y 130), la viudez (46 y 79), la vida
monacal (14, 58 y 122) y la vida clerical (52), la educación
de las jóvenes (107 y 128) Vanas son elogios fúnebres de
Nepociano, de Lucino (60 y 75) o de sus discípulos (23,
24, 33, 39, 66, 77, 108, 127) Otras son breves tratados de
argumento exegético El conjunto ostenta el sello incon-
fundible de la personalidad y del brío del autor La edición
de Hilberg, sin prólogo ni índices, no ha tenido siempre
en cuenta los manuscritos más antiguos, hacia los que nos
orienta hoy día la Btbltotheca de B Lamben
Edición I Hilberg [CSEL 54] (Wien 1910-1918)
Traducciones Española D Ruiz BUENO [BAC] (Ma-
284
1 raducciones Jerónimo y Rufino
dnd 1962) (con texto latino) Francesa J LABOURT, I VIII Les
Belles Lettres (París 1949-1963) (con texto) Italiana E LOGI,
3vols (Siena 1935), S Cola, 4 vols (Roma 1960 1964), P G Ci
RIIXO, S Gtrolarno, Le tre lettere del santo Dottore a s Paohno di Ñola
(si 1958) S Aliotta, Lettera a Leta (Siratusa 1959) Inglesa
C C MlEROW y T C LAWLER (Westminster 1963ss) Portuguesa
Cartas spirituats (Lisboa 1960)
Estudios M MARCOCCHI, Mottvi umani e cristiani nell 'epistola-
rio di s Gtrolarno (Milano 1947), R GRUNDEL, Des Hteronymus
Briefe Ihre Itterarische Bestimmung und ibre Zusammengehorigkeit
Diss (Leipzig 1958), P Antin, Authenttctte de Jerome ep 53,1,4
SE 10(1958)359 362, V RECCHIA, Vergtnita e martirio nei «coló
res» di s Gtrolarno (ep 24) VetChr 3(1966)45-68, J J Thierry,
Some notes on ep 22 of St Jerome VC 21(1967)120-127, E HEN
DRIKX, S Jerome en tant q u' hagiograp he (ep 108)
CD 181(1968)661-667, P Devos, Une faus'se lecture de la lettre
108 de s Jerome AB 87(1969)213, T C LAWLER, Jerome's First
Letter to Damasus (ep 15), en Kyriakon Festschrift J Quasten
(Munster 19 7 0) II p 548-552, V Pavan, Hieronymt praef ep 65
VetChr 9(1972)77 92, C SCHAUBLIN, Textkrittscbes zu den Brie-
fen des Hteronymus Museum Helveticum 30(1973)44-62, C Vi
TELLI , Nota a Gtrolarno, ep 60,14 RFIC 101(1973)352-355,
P NAUTIN, Les lettres romatnes de S Jerome, en Origene I (Pa-
rís 1977) p 284-288 (ep 20-37, inspiradas en Orígenes),
L'ep 33,4 «De tms tnlustribus», ibid , p 2 14-219 227 240,
H DONNER, St Sophrontus, Eusebtus Hteronymus Die Ptlgerfahrt
der romtschen Patriziertn und ihre Tochter Eustocbtum nach Bethe-
lehem, en Zeugnis und Dienst Festgabe G Bescb (Bremen 1974),
p 20-47, G BARTELINK, Quelques observatwns sur la lettre 51 de
S Jerome RB 86( 1976)296-306
III Cultura y teología
En el caso de Jerónimo, la obra hay que entenderla a la
luz de la biografía, no a la luz de la síntesis doctrinal, que
no es ni personal ni coherente, pues hace profesión de
aprovecharse de las fuentes griegas y de citarlas sin tasa, en
beneficio del lector, al que corresponde el juicio Incluso
tras haber adoptado una postura con severidad sobre ar-
gumentos concretos, como el canon de los hebreos o la
autoridad exclusiva de la ventas hebraica, no abriga escrú-
pulo alguno en discutir las vanantes de los Setenta o en
citar algún que otro deuterocanónico, en obsequio a Orí-
genes o a otro autor griego Cuando se desencadenan las
controversias en torno a Orígenes o Pelagio, se muestra
Jerónimo
285
mas precavido, pero sus escritos precedentes, incluso en
las doctrinas entonces sospechosas, prestan fácilmente el
flanco a las criticas de Rufino
Numerosos estudios y de notable ínteres, han tratado
de su cultura clásica y cristiana, que tan poderosa influen-
cia ejerció en la Edad Media y en el Renacimiento La
identificación de las fuentes que le proporcionan su doc-
trina espiritual o inspiran su polémica permiten, asi-
mismo, apreciar en profundidad su verdadera originalidad,
visible, ante todo, en el campo exegético y ascético
1 Los clásicos griegos profanos
Jerónimo pretende hacer creer que ha leído poetas y
filósofos griegos, pero no logra engañar Con la excepción
de alguna obra de Porfirio encontrada en la biblioteca de
Cesárea, Jerónimo cita de segunda mano, ayudándose de
los clasicos latinos o de los Padres griegos Carencia que se
advierte, sobre todo, si se compara con Eusebio de Cesa-
rea y sus vastísimas lecturas
Estudios P Courcelle, Les lettres grecques en Occident (París
"1948), M V Anastos, Poprhyry's Attack on the Btble, en Studies
tn honor of H Caplan (ed L Wallach) (Ithaca 1966) p421 450,
B R ROSS, Vernacblassigte Zeugnisse klassischen Literatur bei Au-
gustin und Hteronymus RhM 112(1969)154-166, ID, Noch einmal
Hteronymus und Platon's Protagoras RhM 1 15( 19"2)290-291,
G BARTELINK, Platons Protagoras bei Hteronymus
RhM 12()(19 7 7)192
2 Los clásicos latinos La lengua de Jerónimo
En el famoso sueño de Calas, Jerónimo se sintió ame-
nazado de condenación por sus lecturas ciceronianas (Cice-
rón, sin duda, figura, por una suerte de autocensura in-
consciente, ocupando fácilmente el lugar de lecturas más
escabrosas) Y, de hecho, una de las cualidades más desta-
cadas de Jerónimo es el sorprendente dominio de Virgilio,
Cicerón y tantos otros, sin olvidar los satíricos, de que
hace gala, llegando incluso a comprometer el equilibrio de
su doctrina ascética (Contra Jovtniano) o de la polémica
(Contra Rufino), mas con indudable provecho de su talento
exegético
286
/ raducuones J; ontmo y Rufino
Estudios G PUCCIONI, // problema delle fonti storiche dt s Giro-
lamo Annali Scuol Norm Sup de Pisa 25( 1956)191-212,
H HAGENDHAL, Latín Fathers and the Classics (Goteborg 1958)
(fundamental), P COURCEIXE, La póstente chretienne du Songe de
Sapwn RELA 36(1958)205-234, F M Brignoli, L oscurtta del
«Timeo» platónico secando Cicerone e Girolamo GIF 12(1959)59-63,
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rome (= Quintihano), Eranos 5 7 ( 1959)59-61, L ALFONSI, La tra-
duztone ciceroniana de IV « Eco no m ¡a » di Senofonte
Ciceroniana 3(1961)7-17, I OPELT, Ein Senecazitat bei Hierony-
mus JAC 6(1963)175-176, S Jannacone, S Girolamo e Séneca:
Giornale italiano di filología 16(1963)326-338, ID , Sull'uso degli
scritti filosofici di Cicerone da parte di s G tro/amo
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GENDHAL, Jerome and the Latín Classics VC 28(1974)216-227
Lengua y estilo J G PREAUX, Procedes d'iniention d'un sobri-
quet par s Jerome Latomus 1 7( 1958)659-664, G DEL TON, De la-
tino scribendi genere í Hieronymi Latinitas 9( ¡961 ) 1 67- 1 74,
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«stngularitas», Pie monastique ALjMA 36(1967-68)111-112, ID ,
Mots «vulgaires» chez s Jerome Latomus 30( 197 1 )708-709,
A F MEMOLI, Diversita di posizioni e apparenti incoerenze degli
scrittori latint cristtani *ii fronte all'eloquenza classtca
Aevum 43(1969)1 14-143, V Bejarano, San Jerónimo y la Vul-
gata latina Distribución de las conjunciones declarativas «quod,
quta, quoniam» Helmantica 26( 1975 )5 1-55, O García de la
FUENTE, El comparativo en las antiguas versiones latinas del Salterio
CdD 190(1977)299-316
Jerónimo
3 ha literatura cristiana precedente
287
Escasean los estudios sobre las fuentes patrísticas de
Jerónimo, son excepción los de Y M Duval, que llegan a
resultados de notable interés, sobre las obras polémicas y
los que versan sobre Orígenes, citados ya en su mayoría al
tratar de las traducciones y de los comentarios
Estudios Sobre Orígenes H Crouzel, Bibliographie critique
d'Ortgene (Stecnbrugge 19 7 l)(cf índice Jerome Querelle ortgems-
te), P Nautin, Une atation meconnue des Stromates d'Ortgene en
Epektasis Melanges J Daniélou (París 1972) p 3 7 3-3 7 4 —Sobre la
«Vita Antonu» G J M Bartelink, Les Oxymores «Desertum
cuitas» et «Desertum flonbus ternans» (ep 14,10) Studia Monásti-
ca 15(19 7 3) 7 15 C Tibiletti, Un opúsculo perduto di Tertulhano
«Ad amicum phtlosophum» Atti Acc Se di Tormo 95( 1960-61 )
122-126, Y M Duval, La lecture de l «Octavius > de Minuaus a
la fin du ;v s REAug 19(197 3)56-68 (silencio de Jerónimo, que
no se interesa de la aristocracia pagana)
Sobre las traducciones del griego P Serra-Zanftti, Sul criterio
e il t alore della traduzione per Cicerone e s Girolamo Atti I Congr
di studi Ciceroniani II (Roma 1961) p 355-405, A RoNCONl,
Note a s Girolamo reusore del testo latino dei Vangeli RCM
7 (1965)962-9 7 1, B Studer, A propos des traductions d'Ortgene
par Jerome et Ruftn VetChr 4( 1968)1 3 7 155, F Winkelmann,
Einige Bemerkungen zu den Aussangen des Ruftnus ion Aqudeia und
des Hieronymus uber ibre Ubersetzungstheorie und methode en Kyria-
kon Fetschrtft J Quasten (Munster 19 7 0) II p 532-542
4 El filólogo orientalista
Jerónimo ha cultivado curiosidades, intereses y compe-
tencias diversas a lo largo de su vida, y no siempre de
acuerdo con una línea lógica De contactos con rabinos hay
constancia, sobre todo, durante su estancia en Roma y de
los comienzos de su residencia en Jerusalén Con todo,
cabe pensar que tratara, más bien, de exagerar su impor-
tancia, atribuyendo a sí lo que leía en los libros En todo
caso, las Héxaplas, perdidas para nosotros, le facilitaron
una documentación excepcional para sus traducciones y
comentarios
Estudios J H MARKS, Der textkrttsche Wert des Psaltertum
Hieronymi tuxta Hebraeos (Winterthur 1956), W H SEMPLE, St
Jerome as a Bíblica! Translator BJL 48(1965)227-243, F Vattio
288
Traducciones Jerónimo y Rufino
NI, Saggio sulla Volgata dei Proverbi VetChr 2(1966)143-160, ID ,
S Gtrolamo e l'Ecclestastico íbid , 3(1967)131-149, J Barr, St
J eróme 's Appreciation of Hebrew BJC 49(1967)281-302, Y LefÉ
VRE, La competence en bebreu de s Jerbme, Diss (París 1971), J T
CUMMINGS, St Jerome as Translator and Exegete SP XII (Berlín
1975) p 279-282
5 Principios hermenéuticos y exegéttcos
En Jerónimo confluyen una tradición exegética latina,
que no aprecia, vanas corrientes griegas y la ciencia judía
Con el tiempo logró asimilar una experiencia excepcional.
Comenta escasamente el Nuevo Testamento, mas su fe en
Cristo sigue siendo el criterio prioritario de interpretación
del Antiguo Testamento Es curioso contemplar cómo se
combinan entre sí factores tan diversos
Estudios generales A Penna, / tttolí del Salterio siriaco e s Gt-
rolamo Bibl 4()( 1959)177-18"', P BENOIT, L'tnspiratton de la
LXX d'apres les Peres, en Exegese et ¡heologie III (Pans 1968)
p 69-89, P JAY, Le vocabulaire exégettque de s Jerbme dans le Com-
mentaire sur Zachane REAug 14(1968)3-16, J F HERNANDEZ
MARTIN, San Jerónimo y los deuterocanónicos del Antiguo Testamen-
to CD 182(1969)373-384, W HAGEMANN, Wort ais Begegnung
mit Christus Die christozentrische Schrtftauslegung des Kirchenvaters
Hieronymus (Tner 1970), P JAY, Remarques sur le vocabulaire
exégettque de s Jerbme SP X (Berlín 1970) p 187-189, ID ,Allegoria-
rum nubilum chez s Jerbme REAug 22(1976)82-89
Estudios particulares R ARBESMANN, The Daemonium mert-
dianum and Greek and Latín Patristic Exegesis Traditio 14(1958)
17-31, S LYONNET, Expiation et tntercession A propos d'une tra-
ductwn de s Jerbme Bibl 40(1959)885-901, A PENNA, The Vow
ofjephtah m the Interpretaron of St Jerome SP IV (Berlín 1961)
p 162-170, R CANTALAMESSA, Ratio Pascbae La controiersia sul
stgnificatio della Pasqua nell'Ambrosiaster, in Girolamo e tn Agosti-
no Levum 44(1970)219-241, J J Arce, La epístola 37 de San
Jerónimo y el problema de Tartessos igual a Tarshtsb bíblica Latomus
33(1974)943-947
6 Eclesiología y antropología
Estudios J LECUYER, Le probteme des consécrations episcopales
dans l'Eglise d'Alexandne BLE 65(1964)242-257, J M Da Cruz
Pontes, Le probleme de ¿'origine de l'ame de la Patristique a la solu-
Jeronimo
289
tion thomiste RTAM 31(1964)175 229, Y BODlN, S Jerbme et
l'Eglise (Pans 1966), ID, S Jerbme et les lates REAug 15(1969)
13 3-147, J D ADAMS, The Populus of Augusttne and Jerome A
Study tn the Patrtsttc Sense of Communtty (New Haven 1971 ), son
también importantes para el tema los estudios de Y M DUVAI.
sobre la Altercatto Luctfertani y sobre el Contra Juan de Jerusal'en
7 Moral y ascética
Estudios E DEKKERS, Professton, Second Bapteme, Qu'a volu diré
s Jerbme' HJB 77( 1958)91-97, D Dumm, The Theologtcal Basts
ofVtrgimty accordtng to St Jerome (Latrobe 1961 ), S VlSlNTAlNER,
La dottrtna del peccato tn s Gtrolamo, Diss (Roma 1962), A
DlHLE, Buddha und Hieronymus Mittellat Jahrb 2(1965)38-41,
I S NOZ1K, The Ascética! Doctrine of St Jerome Diss (Fordharri
Univ 1966), J DlTTBURNER, A Theology of Temporal Realittes
Explanatton of St Jerome, Diss (Roma 1966), L LAURITA, ¡nseg-
manett ascettci nelle lettere di s Gtrolamo, Diss (Roma 1967), P
ANTIN, S Jerbme dtrecteur mysttque Revue d'histoire de la spin-
tuahte 48(1972)25-29, P NAUTIN, Dtvorce et remartage dans la
tradttton de l'Eglise latine RSR 62(1974)7-54
8 Autoridad postuma
De la importancia de Jerónimo es claro índice también
el elevado número de manuscritos que contienen sus
obras, la masa de apócrifos que se han cobijado bajo su
nombre (cf \aBtbliotbeca de B Lamben, supra, p 258) y su
presencia maciza en florilegios, como el Líber scintillarum,
en citas e imitaciones, y en el culto litúrgico
Estudios B THORSBERG, Un hymne en l'honneur de s Jerbme,
en Etudes sur l'hymnologte mozárabe (Stockholm 1962) p 107-136,
I Opelt, Quellenstudten zu Euchertus Hermes 91(1963)476-483,
S PRICOCO, Stdonto Apolhnare, Gtrolamo e Rufino Acta Philologi.
ca 3(Miscellanea N I Herescu) (Roma 1964) p 299-306, J Sch
WARTZ, Argumets philologiques pour dater ¡'«Htstoire Auguste»
Historia 15(1966)454-465, A DE VOGUE, L'origine d'une tnterpo-
latton de la Regle benedutine Scnptorium 21(1967) 7 2, R GREGOI
RE, Prteres hturgiques medievales en l'honneur de s Jerbme Studi me-
dievah 9(1968)580-588, K S Frank, Istdor von Sevilla Das
«Monchskapttel» und setne Queden RQ 67(1972)29-48, R ETAIX,
Un ancten flortlege ht'eronymien SE 21(1972-1973)5-34, A DE Vo
GUE, Deux emprunts de la Regle columbantenne Revue d'histoire de
la spintuahte 49(1973)129-134, I OPELT, Hieronymus bel Dante
Dt Dante-Jahrb 51-52(1976-1977)65-83
FELIPE EL PRESBITERO
Philtppus presbyter, un comentarista latino que utiliza la
Vulgata de Jerónimo (después del 393) y se presenta como
su discípulo, dedico al obispo Nectario (de Constantino
pía', 397) un comentario sobre el libro de Job, que se ins-
pira a menudo en las homilías de Orígenes Nada se sabe
de la razón de esra dedicarona £1 texto esta muy mal edi
tado
Genadio (De itr ill 63) menciona, junto con el co
mentano, algunas familiares epistulas con exhortaciones a la
pobreza y a la paciencia, que se ha creído poder identificar
con las ep 3 y 4 del epistolario de Jerónimo, que son, mas
bien, obra de Pelagio Según Genadio, Felipe falleció en
tiempos de Marciano y Avito (455-456), lo cual exigiría
considerar el comentario una obra de juventud y concluir
que lugeo la vida de Felipe transcurrió en la mas completa
oscuridad Cabe preguntarse de donde le ha venido a Ge-
nadio esta información La datacion del comentario, por el
contrario, es satisfactoria
Del comentario existen cuatro recensiones impresas
1) la mejor, con el nombre de Felipe, es de J Sichard (Basi
lea 1527), 2) con el nombre de Beda y entre sus obras
(Basilea 1563) t4 (y reediciones de Colonia), texto muy
cercano al primero, 3) con las obras de Jerónimo en la
ed de Erasmo, t3 (Basilea 1516 = PL 26,619-802 reed
655-850) = CPL 643, 4) con las obras de Jerónimo,
ed J Martianay, t2 appendix (París 1699 = PL 23,1407-
1470 reed 1475-1538) = CPL 757
Manuscritos I, Codex Fuldensis perdido 2 F STEGMULLER,
Repertorium biblicum Medn Aen < Madrid 1950)11, 1663-1664 3
íbid IV (1954) n 69 7 () cf A Vaccari Un Commento a Gtobbe
di Gtultano d'Eclana (Roma 1915) p 4 4, Sttgmuller, III (1951)
n 3 120 Sobre las citas antiguas cf VACCARI, p 3 Edición de los
Capitula y de la tarta dedicatoria por A WlLMART Cadre du
Commentaire sur Job du Pretre Philippe en Analecta Reginensia
[ST 59] (Roma 1933) p 515-322 I Fransen, Le commentaire au
liiredejobdu pretre Phthppe (Maredsous 1949) (tesis dact ) Sobre
el ongenismo, J BAUER, Corpora orbtculata ZKTh 82(1960)335-
34 1 el texto bíblico del comentario es estudiado a base de los
manuscritos en Biblia sacra ad codicum fidem IX (Roma 1951)
Sobre las atribuciones antiguas a Felipe de cartas del Pseudo-
Jeronimo cf BARDENHEWER III p 648
RUFINO EL SIRO
Ya se dijo que hoy se suele atribuir a este discípulo de
Jerónimo la recensión vulgata del texto latino de Pablo, de
las epístolas católicas y, probablemente, de los Hechos y
del Apocalipsis Nada se sabe de la procedencia de este
Rufino, es llamado «el Siró», sin duda debido a su perma-
nencia en Belén, de donde llevo consigo a Roma, en la
primavera del 399, las cartas 81 y 84 de Jerónimo y su
traducción de los Principios, de Orígenes Estas cartas le
dan el tratamiento de «santo sacerdote» En casa de Pama-
quio trabo amistad con el circulo de Pelagio Antes del
411 compuso un Líber de fide y, acaso también, un Libellus
de fide Nada se sabe de su fin
Eduionn E S( HWARTZ ACO I 5(Bcrlin 1925) p45 {Líber de
fide) M W VllLLFR Ru/im preíbyteri Líber de fide (Washington
1964; (y también PL 21 1 125 1154)
Eítudiof A Vaccari Rufini presbyteri < Líber de fide» Greg
42( 1961 ^55 -i 56 I Refoule, Le «Libellus fidei de Rufin
RFAui> 9(1965)41 19 H 1 Marrou Les attaches orientales du
pelagianisme CR1 (1968)459 472 G Bonner, Rufinus of Syna
and African Pelagianiim AugS 1(19 7 0)31 47 H RoNDET Ruftn
le Synen et le < Líber de fide AugL 22( 1972)551 559 E T ES ELLE,
Rufinus the Syrian Cáeles ti us Pelagius AugS 5(1972)61-95
RUFINO DE AQUILEYA
La vida de Tiranio Rufino, cruzándose en parte con la
dt Jerónimo, puede ser tratada brevemente Nació en Con-
cordia hacia el 345, estudio en Roma por los años 359 al
368, miembro del grupo ascético de Aquileya del 368 al
373, marcho a Oriente al mismo tiempo que Jerónimo,
pero transcurrió en Egipto los años 373 al 380 en compa-
ñía de los monjes y estudiando bajo la guia de Didimo el
Ciego Se estableció con Melania sénior en Jerusalen, en el
monte de los Olivos, hasta el 397, y lentamente se fue
separando de Jerónimo, negándose a seguirlo por los sen-
deros del hebreo y poniéndose de parte del obispo de Jeru-
salen en la controversia origenista Durante todo este pe-
riodo no publico nada, ni traducciones ni obras originales,
y ello permite, en parte, comprender el desprecio que le
reserva Jerónimo en sus primeras disputas, tratándolo de
292
Traducciones Jerónimo y Rufino
perezoso e incapaz de escribir Mas su latín es muy co-
rrecto, mas piadoso que malicioso Su instinto critico, mas
bien flojo, toma las Pseudoclementinas por obra genuina del
papa discípulo de los apostóles, y las Sentencias de Sexto
pitagórico, por obra de Sixto papa y mártir Narra historias
sorprendentes de los monjes de Egipto, que harían pasar la
Vita Pauh de Jerónimo por un monumento de critica his-
tórica Demasiado cómoda es su convicción acerca de las
interpolaciones heréticas sembradas por una mano maligna
en las obras de Orígenes Todo ello no es óbice para que
se le reconozca mayor honradez que a Jerónimo y un mé-
rito indiscutible en la transmisión de la obra de Orígenes,
que en gran parte se conserva gracias a su labor
Rufino esta de vuelta en Roma el 397, y en Aquileya el
399 Desde ahora, y en Occidente, se dedica al trabajo de
traducción, que el mismo había invitado a Jerónimo, en sus
comienzos, a proseguir Luego se siente en la necesidad de
justificar esta empresa con apologías mas demuestra el
buen gusto de no proseguir, al menos por su parte, la con-
troversia origenista El 407, la invasión de los godos le
obliga a buscar refugio en Roma, luego, en el monasterio
de Pinetum (en la costa del mar Tirreno, no lejos de Terra-
cina), al fin, en Sicilia, donde muere el 410 Sus amigos
Paulino de Ñola, Cromacio de Aquileya y Gaudencio de
Brescia no se sintieron en el deber de romper con el por
complacer a Jerónimo Las calumnias que luego este arrojo
sobre su memoria lo desacreditaron de tal forma, que na-
die soñó en canonizarlo, mas los historiadores modernos
no se dejan ya manejar por las campañas de prensa proce-
dentes de Belén
Estudios Bibliografía en la ed de M Simonetti CCL 20
(Turnhout 1961) p xn xx, cf también los estudios sobre la con
troversia ongenista señalados al hablar de Jerónimo M VlLLAlN,
Rufin d'Aquilee NRTh 64 ( 1937)5 33 139-161 ID , Rufin d'Aqut
lee La querelle autour d'Origene RSR 27(1937)5 37 165 195,
F X MURPHY, Ruftn of Aqutleta (Washington 1945) Id , Rufi-
nas of Aqutleta and Paultnus of Ñola REAug 2(1956)79-91, Id ,
Sources oftbe Moral Teachtng of Ruftnus of Aqutleta SP VI (Berlín
1962) p 147-154 C P HAMMOND, The Last Ten Years o f Ruft-
nus Life and the Date of hts Move South from Aqutleta JThS 28
(19 7 7)372-429
Rufino de Aquileya
293
Obras
La casi totalidad de la obra de Rufino son traducciones,
no sera necesario volver a tratar de su contenido, expuesto
ya en los volúmenes I y II de la Patrología de J Quasten a
proposito de Orígenes, Basilio, Eusebio y otros Los pró-
logos de Rufino (lo único, por desgracia, que ha llegado de
su correspondencia) y sus obras originales han sido muy
bien editadas por M Simonetti en CCL 20 Una visión de
conjunto sobre la historia de la tradición manuscrita ofrece
el prologo de // Salterio di Rufino (ed F Merlo-J Gribo-
mont, Roma 1972), trabajo que reúne y analiza las nume-
rosas citas del Salterio presentes en sus escritos
El valor de las traducciones de Rufino ha sido objeto
de amplísimo debate, pues a menudo constituyen la sola
forma en que nos han llegado obras cuyo original se ha
perdido Ahora bien, Rufino buscaba, ante todo, edificar a
sus lectores latinos y no prestar un servicio a los filólogos
facilitándoles el sustituto exacto del original griego, del
que obviamente no podía prever la desaparición Hay,
pues, que juzgarlo desde este punto de vista En el caso
concreto de Orígenes, Rufino no niega haber eliminado o
mitigado los pasajes con resabios de herejía (o sea, cuando
habla de la Trinidad), pues creía que eran interpolaciones
Confiesa, asimismo, haber tratado de esclarecer pasajes di-
fíciles recurriendo a textos paralelos Con estas limitacio-
nes, su traducción es, no obstante, inteligente y preciosa, y
en su favor deponen los fragmentos griegos que se han ido
encontrando Una muestra interesante de su método de
trabajo es su comportamiento con las citas bíblicas, ordina-
riamente, las traduce sirviéndose de una versión latina
preexistente, y sigue rigurosamente el griego solo cuando
el contexto lo exige, obviamente para ayudar al lector a
descubrir las alusiones y sacarles provecho
Estudios Sobre las traducciones H Chadwick, Ruftnus and the
Tura Papyrus of Origen's Commentary on Romans JThS 10(1959)
10 42 B Studer, A propos des traductwns d'Origene par Jerome
et Rufin VetChr 4( 1968)1 37-155 Id , Zur Frage der dogmatischen
Terminologie tn der lat Ubersetzungion Orígenes «De Principtis»,
en Epektasis Melanges J Dante/ou (París 19 7 2) p 403 414, A M
MEMOLI, Fedelta di interpretaztone e liberta espressna nella traduzio
ne rufintana dell'Or XVII di Gregorio Naztanzeno Aevum 43
(1969)459-484, F Winkelmann, Etnige Bemerkungen zu den
Aussagen des Ruftnus von Aqutleta und des Hteronymus uber dte
294
Traducciones Jerónimo y Rufino
Ubersetzungstheorie und -methode, en Kyriakon Festschnft J
Quasten (Munster 19 7 0) II p 5^2-542, F MERLO y J GRIBO
MONT, // Salterio di Rufino (Roma 1972)
Sobre la lengua y símbolos literarios M MARTINEZ PASTOR, Al-
gunas particularidades del latín cristiano de Rufino de Aquileya
Dunus 1(197^)6^-75, ID , El simbolismo de umbra en los escritos
ortgenianos de Rufino iba! , }35-344, ID , La simbologia de la luz en
Orígenes-Rufino Ementa 41(197^)18^-208, ID , Latinidad del
vocabulario de Rufino de Aquileya Helmantica 25(1974)181-194
1 Las «Apologías»
La controversia origenista obligó a Rufino a salir de su
oficio de traductor, que exigía urgente defensa Y el pri-
mer paso, por los años 397-398, fue, asimismo, una tra-
ducción la de la Apología escrita por el mártir Panfilo en
favor de Orígenes (traducción del libro I y resúmenes de
los libros IV y V) Rufino le añade un suplemento De
adulteratione Itbrorum Origents, arreglo de la carta de Orí-
genes a sus amigos de Alejandría, citada en el libro IV de
la Apología. Aunque no quepa dudar de que los discípulos
arríanos de Orígenes habían interpretado en una dirección
bien definida los pasajes ambiguos del maestro, no es me-
nos cierto que las generalizaciones de Rufino adolecen de
una cierta ingenuidad
El 400, Rufino, acusado de ongenismo, escribe cuatro
páginas — una carta — para justificarse ante el obispo de
Roma, Anastasio, es la Apología ad Anastasium, en la que
profesa su fe en la Trinidad, en la resurrección y en el
juicio final, discurre sobre el origen del alma y explica el
motivo de sus traducciones de Orígenes
El 401 compone los dos libros de la Apología contra
Hteronymum, que responden a las acusaciones formuladas
contra él por su antiguo amigo y pasan a la ofensiva sobre
cuestiones personales Después guardará absoluto silencio
Ediciones Apología de Panfilo PG 17,539-616, De adulteratto-
ne M SlMONETn CCL 20(1961) p 1-17, Apología ad Anasta-
sium íbid , 19-28, Contra Hteronymum ibid , 19-123, cf J QlJAS
TEN, Patrología II p 356 y supra, Jerónimo
Estudios P NAUTIN, L'«Apologie» pour Origene et ses opimons,
L'adaptation latine de Rufin, en Origine I (París 1977) p 1 50- 1 5 3 '
Rufino de Aquileya
295
2 Las traducciones de Orígenes
Rufino empezó el 398 con la obra más maciza y mas
discutible de Orígenes el tratado De principits (Pert ar-
ihon), eliminando intencionadamente las fórmulas sospe-
chosas, no obstante su explícita confesión de este proce-
der, los estudios recientes de M Simonetti y M Harl re-
conocen siempre mayor crédito a su traducción Luego, y
acaso para acallar las sospechas de herejía, traduce hacia el
año 400, y con el nombre de Orígenes, el dialogo de ftde
ortbodoxa, de Adamancio Rufino identifica Adamancio con
Orígenes, como habían hecho Basilio y Gregorio Nacian-
ceno (Ftlocalía c 24) El 400, Rufino proporciona al pú-
blico latino las homilías sobre Josué, el 401, las homilías
sobre Jueces y las nueve homilías sobre los salmos 36-38
En los años 403 y 404 toca la suerte a una magnífica sene
de homilías sobre Génesis, Exodo y Levítico, las traduc-
ciones, sin duda, hoy más apreciadas Nos ha llegado, asi-
mismo, una homilía de Orígenes sobre Elcana (1 Re), mas
nada induce a pensar que su traductor haya sido Rufino
En el prólogo al gran comentario de Orígenes sobre la
carta a los Romanos, Rufino compara sus traducciones de
las homilías a la pesca de peces pequeños, exenta de ries-
gos, en contraposición con la pesca en alta mar que le im-
pone Heraclio, que lo embarca, por los años 405 y 406, en
los quince libros del comentario a Romanos, que fue, en
verdad, una contribución fundamental a la exégesis latina,
en el epílogo de la misma obra (CCL 20,276-277) habla de
los agudos problemas de traducción que planteaba la obra,
mas concluye sed delectavtt tndulstsse labortbus Rufino re-
fiere que tales versiones figuraban, a veces, con el solo
nombre del traductor latino (v gr en Hilario, Ambrosio y
Jerónimo), personalmente declina tal honor y cuida de que
figure, en cambio, el nombre de su modelo griego El año
410, último de su vida, Rufino traduce el comentario al
Cantar, y tuvo aún tiempo para publicar las hermosas ho-
milías sobre el libro de los Números mientras desde Me-
sina veía arder enfrente la ciudad de Reggio Mas le faltó
tiempo para añadir aún las homilías sobre el Deutero-
nomio
Ediciones De Principas P KOETSCHAU, Orígenes' Werke V
(GCS] (Leipzig 19H) —Salmos 36-58 PL 12,H19-1410 -^Ada-
maneto W H VAN DE SANDE BAKHUYZEN [GCS] (Leipzig
296
Traducciones Jerónimo y Rufino
1901) V Buchheit, Tyranni Ruftni librorum Adamantn Ongents
adtersus haereticos interpretado [Studia et testimonia antiqua 1]
(Munchen 1966) — Sobre el «Octateuco» y el Cantar W A Baeh
RENS, Orígenes Werke VI VIII [GCS] (Leipzig 1920 1925) —
Sobre Romanos PG 14,831 1294 (ed Delarue)
Traducciones Francesa M Harl, G DoRIVAL, A BOULLUEC,
Origene Traite des «Principes» (París 1976) H CROUZEL y M
SlMONETTI SCh 252 (1979) L DOUTRELEAL H DE LUBAC, Orí-
gene Homelies sur la Genese SCh 7 (1943) P FORTIER H DE Lu
BAC, Origene Homelies sur l'Exode SCh 16(1947) A JAUBERT,
Origene Homelies sur Josué SCh 71 (1960), A MÉHAT, Ortgene
Homehes sur les Nombres SCh 29 (1951) — Italiana M Simo
NETO, / <Principi> di Origene (Tormo 1968), ID , Ortgene Com
mentó al Cántico det Cantici (Roma 1976) G GENTIO, Omelte
sulla Genesi e l'Esodo (Roma 19 7 6) —Alemana H GORGEMANNS
H Karpp, Orígenes Vier Bucher ion den Prinzipien (Darmstadt
19 7 6)
Estudios Cf J QUASTEN, Patrología I, sobre Orígenes, y el
Dialogo sobre la fe ortodoxa C P HaMMOND, Notes on tbe Manus
crtpts and Editions of Origen s Commentary on the Epistle to the
Romans tn the Latín Translatton by Ruftnus JThS 16(1965)338
357 G SANDERS, Un ecrtt oublte le «Dialogue d Adamanttus
AC L 37(1968)644-651, I Fransen, Un nouveau temotn latín de
l'homehe d Ortgene sur le hvre des Rois RB 78(1968)108 117 J B
BAUER, Benedikt und Orígenes WSt NF 8( 1974)182 187 G Sch
ROEDER, Eusebe de Cesaree Preparation evangelique VII SCh 215
(1975) p 111-119
3 Las «Sentencias » de Evagrio y de Sexto
Al origenismo de Rufino cabe, asimismo, asignar una
traducción de Evagno, el corifeo de los origenistas del de-
sierto y amigo de Melania Sorprende que haya traducido
solo dos senes de sentencias A los monjes y A una virgen
Existen dos traducciones latinas de cada una, una traduc-
ción de la primera es ciertamente antigua y retocada luego
por otro traductor, y, dado que consta que Rufino es autor
de una y que Genadio reviso una ya anticuada, se suele
atribuir a Rufino la traducción Leclercq y a Genadio la tra
duccion Holste Si Leclercq no se engaña (p 201 n 42), la
traducción de Rufino de la segunda sene sena el texto pu-
blicado por Holste, y el publicado por Wilmart, posterior
En todo caso, sorprende que no se tengan prólogos del
traductor para ninguna de las dos traducciones Parecen
ser del 403-404
Rufino de Aquileya
297
Antes del 401, Rufino tradujo otras sentencias asceti
cas, que atribuía al papa Sixto, y que fueron identificadas
certeramente por Jerónimo como obra del filosofo pagano
pitagórico Sexto Ya Orígenes había citado esta colección,
en la que se inspira asimismo, sin nombrarla, Evagno Ru-
fino conoce solo las 451 primeras sentencias de la colec-
ción de 610
Edicto nes J LECLERCQ, Lanctentie versión latine des «Sentences»
d'Eiagre pour les moines Striptonum 5(1951)204 213 A WlL
MART, Les versions latines des «Sentences» d'Eiagre pour les vierges
RB 28(1911)143 153 PL 40,1277 1286 H Chadwick, The
«Sentences» of Sextus [TSt NS 5] (Cambridge 1959) H SlLVES
TRE, Trois nouieaux temotns latins des «Sentences» de Sextus Scrip-
tonum 17(1963)128 129 P M BOGAERT La preface de Rufin
aux Sentences de Sexte et a une oeuvre tnconnue RB 82(1972)26 46
4 «Historia monachorum tn Aegypto»
Es una colección de narraciones pintorescas y fantásti-
cas que reúne lo que propalaban los peregrinos de Jerusa-
len que volvían de hacer turismo y visitar a los santos mon-
jes Existe una recensión latina, obra de Rufino, y otra
griega Se creía que esta ultima fuese traducción de la pri-
mera, mas hoy se le reconoce el rango de texto original
compilado por un amigo de Rufino Falta, por desgracia,
una buena edición de la versión latina, para un genero lite-
rario con el que los copistas se permitían no pocas liberta-
des, hay aun que recurrir a la vieja edición de H Ros-
weyde, sin aparato critico La traducción seria del 403
Edición PL 21,387 452, cf J QUASTEN, Patrología II al tratar
de Paladio y de la Historia Lausiaca
5 Basilio y Gregorio Nacianceno
El primer texto espiritual que Rufino da a conocer en
Occidente antes de dedicarse a Orígenes es lo que llama la
Regia de San Basilio, traducida en el monasterio de Ptne-
tum, donde se detuvo en su viaje de vuelta a Roma Es una
recensión breve, de 203 sentencias, del Asceticon, que los
manuscritos griegos transmiten en una edición mas ex-
tensa Rufino la traduce fielmente Cabe preguntarse si no
Patrología 3
11
298
Traducciones. Jerónimo y Rufino
era uno de los textos que regían la vida de los monjes de la
comunidad del monte de los Olivos.
El 399, al marchar de Roma, Rufino ya había empe-
zado la traducción de ocho homilías de San Basilio, que
concluirá en Aquileya. Entre ellas figura como homilía, y
no sin razón, la ep.46. No obstante el parecer contrario de
Altaner, la traducción abreviada (inédita) de las homilías
sobre el ayuno no presenta título alguno para pretender
ser de Rufino.
Terminada esta serie, a principios del 400, Rufino se
dedica a nueve homilías de Gregorio Nacianceno. Tam-
bién estas obras de los Padres Capadocios se relacionan
con el origenismo, pero en un sentido diverso del que
Evagrio representa.
Ediciones: Regula: PL 103,487-554; Homilías de Basilio: PG
^1,172^-1794. — Gregorio Nac: A. ENGELBRECHT, Tyranni Ru-
finni orationum Gregorii Nazianzeni novem interpretatio: CSEL 46
(1910).
Traducción: Italiana: G. TURBESSI, Rególe monasliche (Roma
1974).
Estudios: M. Huglo, Les anciennes versions latines des homélies
de s. Basile: RB 64 ( 1954)129-132; B. Altaner, Kleine patristische
Scbriften (Berlín 1967) p.409-415 (homilías de Basilio).
6. Eusebio: la «Historia eclesiástica»
En obsequio a la inteligente petición de Cromacio de
Aquileya, Rufino traduce en los años 402-403 los diez li-
bros de la Historia eclesiástica de Eusebio de Cesárea, sin
renunciar a resumir a veces y otras a completar. Añade dos
libros, que conducen la narración hasta la muerte de Teo-
dosio (395), utilizando o traduciendo la historia, hoy per-
dida, de Gelasio de Cesárea.
Edición: T. Mommsen, en E. SCHWARTZ, Eusebius' Werke 11
[GCS] (Leipzig 190 3- 1909) (utiliza cuatro mss. elegidos al acaso
entre más de 100); cf. J. Quasten, Patrología II, sobre Eusebio
de Cesárea y Gelasio de Cesárea.
Estudios: M. VlLLAIN, Rufin d'Aquilée et l'«Histoire ecclésiasti-
que»: RSR 33(1946)164-210; A. CAMERON, A Disguised Manus-
cript of Rufinus' Translation of Eusebios' «Ecclesiastical History»:
Rufino de Aquileya
299
Scriptorium 18(1964)270-271; Y. M. Duval, L'éloge de Théodose
dans la «Cité de Dieu». Sa place, son sens et ses sources: Rech. Au-
gust. 4(1966)135-179; lD., S. Augustin et le persécutions de la deu-
xi'enie moitié du iv e s.: MSR 23(1966)175-191; ID., Un nouveau
lecteur de ¡'«Histoire eccl'esiastique» de Rufin d'Aquilée, l'auteur du
«Líber Promissionum et praedictorum Det»: Latomus 26(1967)762-
777; F. Thelamon, L'empereur idéal d'aprés l ' «Histoire ecclésiasti-
que» de Rufin d'Aquilée: SP X (Berlin 1970) p. 3 10-3 14.
7. Clemente Romano: las «Recognitiones»
Quizá, en relación con la traducción de Eusebio, Ru-
fino había prometido a Gaudencio de Brescia la traducción
de las Recognitiones, que creía ser obra del papa San Cle-
mente. Rufino cumplió su promesa el 406, pero ya antes
había traducido la breve Epistula Clementis ad Iacobum.
Edición: B. Rehm y F. PASCHKE, Die Pseudoklementinen II.
«Rekognitionen» [GCS] (Berlín 1965).
Estudio: F. PASCHKE, Zur Pseudoklementinen Ausgabe der Ber-
liner Akademie: Bull. de l'Institut de Recherche et d'Histoire des
Textes 15(1969)57-67.
8. Opúsculos originales
Si se prescinde de las Apologías y, si se quiere, de los
dos últimos libros de la Historia eclesiástica, Rufino com-
puso sólo dos obras originales: la primera, del 400, es un
comentario del símbolo de los apóstoles, que depende de
las catequesis que había conocido en Jerusalén, y que a la
sazón se imponían como modelo por doquier. Luego, el
408, después de su forzada huida de Aquileya, compuso
una breve exposición de las Bendiciones de los patriarcas
(GENADIO, 49), inspirada en una obra de Hipólito (la re-
presentada por las cadenas exegéticas, no el tratado con-
servado en griego y utilizado por Ambrosio y Gregorio de
Elvira).
Edición: M. SlMONETTl: CCL 20,125-182 y 183-228.
Traducciones: Francesa: M. SlMONETTl, Rufin d'Aquilée. «Les
bénédictions des Patriarches» SCh 140 (1968). — Inglesa: J. N. D.
Kelly, Rufinus. A Commentary on the Apostles' Creed (London
1955).
300 Traducciones. Jerónimo y Rufino
Estudios: M. Villain, Rufin d'Aquil'ee, commentateur du Symbol
des Apotres: RSR M( 1944)129-156, M. SlMONETTI, Osservazioni
su/ «De benedictiombus Patriarcharum» di Rufino di Aquileia:
RCCM 4(1962)5-44.
í
Capítulo V
LA POESIA CRISTIANA
Por Angelo di Berardino
(Paulino de Ñola y Prudencio, por Nello Cipriani;
bibliografía de Angelo di Berardino)
Los orígenes de la poesía cristiana
Las primeras comunidades cristianas surgidas en el am-
biente judío palestino organizaron su liturgia conforme al
modelo del servicio sinagogal (lecturas, homilía, cantos,
oraciones), encuadrando en él la celebración de la última
cena. El libro de Jos Salmos, parte integrante de la liturgia,
era, asimismo, tenido por obra de elevada poesía. Jeró-
nimo afirmará más tarde: «David es nuestro Simónides,
Píndaro, Alceo, e incluso Horacio, Catulo y Sereno»
(Ep.53,8: PL 22,547). El canto de salmos, himnos y cánti-
cos inspirados es recomendado por San Pablo (Col 3,16;
Ef 5,18s). Plinio (Ep. 10,96) afirma que los cristianos ento-
naban, en coros alternos, un himno a Cristo como a un
dios. La primitiva poesía cristiana hace su aparición en
forma de himnos más o menos largos, vinculados al canto y
a la oración, tanto pública como privada, sin ambiciones
literarias (Const. apost. 7,47; TERTULIANO, De spect. 39;
CLEMENTE Alej., Paedag. 2,4; Strom. 7,5). De las composi-
ciones de los tres primeros siglos, poco, y sólo en griego,
ha sobrevivido. Las sectas heréticas se servían también de
cánticos y poesías para difundir y hacer asimilar mejor sus
doctrinas (IRENEO, Adv. haer. I 15,6; TERTULIANO, De
carne Cbr. 17 y 20; ORÍGENES, In lob 2 1, 1 lss; ATANASIO,
Or. c. Arianos 2,2-10; De synodis 15), uso adoptado luego
por árdanos y donatistas.
La poesía cristiana más antigua no es docta, sino popu-
lar; a menudo, de contenido doctrinal, vinculada con fre-
cuencia a la liturgia (formas eucológicas, litánicas, eucarís-
ticas) y de inspiración bíblica. El género más usual es la
salmodia; existían numerosas composiciones salmódicas de
302
La poesía cristiana
origen no bíblico (t|>cxXu.ol ¡óiotixoi); entre las más céle-
bres figuran las Odas de Salomón. Clemente Alejandrino es
el primer escritor ortodoxo conocido como autor de him-
nos. Ninguna composición latina de los tres primeros si-
glos ha llegado hasta nosotros, aunque de su existencia no
cabe dudar gracias al testimonio de Tertuliano (Adv. Man.
3,22; De spect. 19 y 39; Ad uxorem 2.8.8.). Eran, en todo
caso, un elemento de la oración, sin otras pretensiones; se
debió de hacer uso, por lo general, de una prosa especial
para ser cantada, caracterizada por el paralelismo, las remi-
niscencias bíblicas y la carencia de metro.
Esta forma de poesía era tradicional en el ambiente
romano (cf. G. B. PlGHl, Poesía religiosa romana. Testi e
frammentt, Bologna 1958). La poesía en sentido estricto
aparece con neto retraso respecto de la prosa. Ch. Mohr-
mann estima que ello se haya debido no a desprecio por
un género literario clásico, sino a que la poesía pagana la-
tina se había convertido en un ejercicio literario de es-
cuela, sin contacto alguno con la vida, y, por tanto, incapaz
de expresar la vida y los sentimientos de los cristianos. De
hecho, cabe suponer en éstos un cierto recelo ante la poe-
sía por razones morales y religiosas, como se puede dedu-
cir de San Agustín (Con/. I 13,14 y 17). Mucho más tarde,
Isidoro de Sevilla escribirá: «No es concedido al cristiano
leer las ficciones de los poetas, pues con el deleite de fábu-
las mendaces incitan el alma a estímulos de libídine» (Sent.
3,13,1). Era, pues, el contenido de la poesía lo que provo-
caba graves reservas en el ambiente cristiano (cf. H. I.
MARROU, Histoire de l'éducation dans l'antiquité [Paris
6 1965] p.460-462).
Cuando los cristianos empezaron a servirse de la poesía
en sentido estricto, se atuvieron lo más posible a las reglas
clásicas, sin cambio alguno, con excepción del contenido.
Respeto, pues, de la tradición en la forma y además en los
modelos: Horacio, Terencio, Ovidio; pero, sobre todo,
Virgilio, expresión del saber sumo para todo latino y base
fundamental de toda formación cultural. Los centones pa-
ganos y cristianos son fruto de una educación y sensibilidad
de un cierto nivel. Durante el Bajo Imperio, la instrucción
y la educación literaria tenían como fundamento casi ex-
clusivo el estudio de los poetas: Ars grammatica — la ins-
trucción secundaria— praecipue consistit in intellectu poeta-
rum (SERGIO, Expl. in art. Donati 4, ed. Keil, p.486). Vir-
gilio era el libro de texto estudiado en los mínimos detalles
Los orígenes
303
y conocido perfectamente, incluso de memoria: era la
esencia de la cultura latina, la Biblia de todo estudiante y
de todo profesor. Por ello, la cultura básica era extraordi-
nariamente uniforme en toda la pars occidentalis del Impe-
rio. Profesores y estudiantes se ejercitaban en la composi-
ción de versos, sobre todo hexámetros (verso heroico), so-
bre cualquier argumento con fines también didácticos.
Agustín no recordará más que los poetas que estudió
(Conf. I 13,14 y 17; De ordine 2,14; De música 2,1). La
composición de poemas era una iéxvr|, un oficio, no
jTOÍr|OL?; de los poetas se admiraba la destreza técnica, el
virtuosismo métrico, el conocimiento de los modelos, no
el argumento ni el sentimiento. La poesía era tenida en
gran estima, y se componían versos a saciedad, pero con
resultados poéticos más bien escasos. Los cristianos se su-
maron a esta tradición cultural en el siglo IV.
La prosa cristiana es más creadora e innovadora y se
apropia elementos populares; la poesía es conservadora y
vinculada al pasado: aspira a perpetuar los modelos clásicos
incluso en las palabras — desdeña los términos popula-
res — , no sin evidentes forcejeos. El género literario inicial
es la epopeya. Sólo con Paulino de Ñola y, sobre todo, con
Prudencio se alcanza el rango de poesía auténticamente re-
ligiosa, no obstante el respeto por la tradición. La poesía
ostenta casi siempre un tono didáctico y pedagógico — al
igual que la pagana — , y además a veces apologético, pre-
ocupación típicamente cristiana.
El género hímnico, a partir de Hilario y Ambrosio, go-
zará de mejor fortuna, de más acendrada originalidad y es-
píritu creativo; es el género que mejor expresa la nueva
sensibilidad religiosa. Esta poesía latina cristiana es, al
principio, de cuño docto, es decir, es poesía cuantitativa.
Junto a ella surge a no tardar, y la suplantará, la poesía
rítmica, basada no en la cantidad de las sílabas, sino en el
acento, a medida que se pierde el sentido de la cantidad.
¿Cuál es el origen de la poesía rítmica? Para algunos es la
continuación de una tradición romana antigua (v.gr.: el
verso saturnio); otros creen que es de origen semítico;
otros, en fin, piensan que no es más que la deformación de
la poesía cuantitativa.
Antologías y traducciones: Poetae christiani minores I: CSEL 16
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COMODIANO
El enigma de Comodiano, poeta cristiano sin época ni
patria, hechiza aún a los estudiosos, que no han logrado
por el momento dar una respuesta definitiva a los numero-
sos interrogantes acerca de su persona y de su obra. Toda
suerte de indicios históricos, teológicos, lingüísticos y mé-
tricos han sido sometidos a minucioso examen, se han in-
vestigado las posibles ascendencias literarias de la obra,
pero sin lograr dar con una solución que no se preste a
numerosas objeciones. Tras la tradición, un tanto pacífica,
de colocarlo hacia la mitad del siglo II I en Africa (Dodwelí
en 1689 lo creía contemporáneo y coterráneo de Ci-
priano), Brewer en 1906, tras un documentado examen de
los elementos lingüísticos y alusiones históricas (particu-
larmente de Carmen 805-822), sostuvo que Comodiano
era un seglar que vivió en Arlés a mediados del siglo v y
que compuso sus obras del 458 al 466. La tesis de Brewer
fue aceptada por algunos como definitiva (Dráseke); por
otros, y los más, rechazada (Lejay, Weyman, Zeller, Révay,
Ales, Martin, Labriolle). Brewer respondió a sus críticos
con otros escritos, dando origen a una animada polémica
durante los primeros veinte años del siglo. En 1946,
P. Courcelle imprimió una orientación nueva, sosteniendo
que los famosos versos (Carmen 805-822) habían sido
compuestos en el siglo V y que dependían de Orosio y
Salviano, amén del Apocalipsis. Casi al mismo tiempo,
Brisson hacía de Comodiano, de probable origen africano,
un donatista de principios del siglo V.
Todas las posibles vías de solución han sido intentadas;
alusiones históricas, sutiles análisis lingüísticos, vocabula-
rio, aspectos teológicos y posibles fuentes, sin lograr una
certeza; también la metodología ha sido sometida a crítica
por una u otra parte. Comodiano habría vivido entre el
238 (Ullrich) y el 466 (Brewer). En todo caso, si fuera
Comodiano
307
posible proceder por votación, obtendrían neta mayoría
los que prefieren el siglo III, opinión en cuyo favor mili-
tan, al parecer, varias razones. Muchos pasajes, tanto de las
Instructiones como del Carmen apologeticum, son más com-
prensibles sólo a la luz de los acontecimientos del siglo III.
Retrasar la obra de Comodiano después del 312 puede re-
solver algunas dificultades, pero deja insatisfechas la mayo-
ría de ellas, que suponen un período de clara persecución;
paz engañosa, persecuciones siempre a la vista, edictos im-
periales, la actitud de los confesores y de los apóstatas, los
lapsi invitados a la penitencia, el Senado pagano y perse-
guidor, los godos terribles y paganos... A. Salvatore, tras
un análisis de los acrósticos 2, 4, 5, 6, 21, 25 (ed. Martin)
del libro llde las Instructiones, concluye que Comodiano se
refiere a la situación que se había creado en Cartago con la
cuestión de los lapsi, el cisma de Felicísimo y, en general, a
la situación de la iglesia africana. Comodiano, y es cosa de
todos aceptada, se hace eco en varios pasajes de las ense-
ñanzas de Cipriano.
El primer autor que lo nombra es Genadio de Marsella
(De viris ¿11. 15: PL 58,1068), que escribe entre el 477 y el
494, y le dedica una breve noticia, juzgando severamente
su obra. Su información es bastante escasa y parece tener
presente sólo el libro I de las Instructiones, pues dice que
escribió adversas paganos y que demuestra conocer poco
los libros cristianos. Ahora bien, si es verdad que el libro I
habla de los paganos y muy poco del cristianismo, el II
trata sólo de la identidad de los cristianos, de su forma de
vivir y comportarse; tampoco el Carmen es adversus paga-
nos, pues dedica mucho espacio a los judíos y a sus simpa-
tizantes. Además, en el libro II de las Instructiones y en el
Carmen, Comodiano utiliza con frecuencia la Sagrada Escri-
tura, que conocía bien, y Cipriano; por otra parte, Genadio
mismo refiere que Comodiano se había convertido gracias
a la lectura de la Biblia. El Decreto Gelasiano incluye los
escritos de Comodiano entre los apócrifos (PL 59,163; ed.
Dobschütz, p.56 n.317). Toda otra noticia proviene de sus
mismos escritos, en los que a menudo habla de sí, de su
ambiente, de los cristianos y de la comunidad a que perte-
nece, sin dar nunca datos precisos acerca del lugar o de la
época.
El último acróstico de las Instructiones, que figura en
los manuscritos bajo el título de nomen Gasaei (corregido,
sin fundamento alguno, por los antiguos editores en nomen
308
La poesía cristiana
Gazaei), dio pie a la leyenda que hace a Comodiano origi-
nario de Gaza (Palestina), opinión ciertamente inaceptable,
aunque no se haya dado aún con una explicación que satis-
faga plenamente Algunos piensan que gazaeus signifique
custos aeraru de la comunidad (griego "tnifi, latín gazum;
Instr II 10,12, 27,14 = tesoro), otros, que sea un termino
de origen semítico, y signifique poeta (Sigwalt, Salvatore),
y, de hecho, en el lugar citado se espera algo así como
nomen poetae, otros creen que equivale a homo casae, hom-
bre de la cabaña, por la austeridad de su tenor de vida
(Herrmann), hay quien piensa que gazaeus sea nombre pro-
pio, atestiguado de hecho como tal en las inscripciones
(cf E Diehl-J Moreau O.CV I 1210 = CIL V 645 1587),
otros proponen aún otras diversas explicaciones e interpre-
taciones (v gr oriundo de alguna casa africana)
Leyendo las letras iniciales del mismo acróstico a partir
del último verso, se obtiene Commodianus mendicus Christi
El poeta revela su nombre al fin de la colección Mendicus
sugiere no tanto un tenor de vida pobre o su condición de
servus Dei o de mendigo por amor de Cristo y en favor del
prójimo, cuanto la condición de quien en todo depende de
Cristo (cf Agustín mendicus est tile, nihtl stbt trtbuens, to-
tum de misericordia Dei exspectans Enar tn Ps 106,14,88
CCh 40,1582) Incluso los autores que lo hacen proceder
de Siria sostienen que Comodiano vivió en Occidente,
bien sea en Ilina (Heer), Galia Narbonense (Brewer),
acaso Roma (Martin) o Africa (la mayoría de los estudio-
sos) Muchos elementos — fuentes, lengua, estilo, temas
tratados — aconsejan colocarlo en Africa
Comodiano era pagano y politeísta (Instr 1,1), por su
notable conocimiento del judaismo, que critica duramente,
algunos autores piensan que a través del judaismo pasase al
cristianismo, que abrazó porque se sentía insatisfecho de
su vida y de su religión, se convirtió gracias a la lectura de
la Biblia En un momento de su vida, acerca del que no da
explicación alguna, hubo de someterse a la penitencia pú-
blica (Instr. ed Martin II 8,8-9) El manuscrito del Carmen
termina con las palabras exphcit tractatus sancti episcopi...
(falta el nombre) ¿Fue, acaso, obispo u ocupó un rango
elevado en la comunidad' Conocía bien, sin duda, la orga-
nización de las comunidades cristianas y los derechos y de-
beres de sus miembros, por otra parte, con espíritu inde-
pendiente critica los abusos, imparte consejos a todos, ex-
horta a la candad generosa y desinteresada, reprende a los
Comodiano
309
ricos y opresores, responsables de su conducta ante Dios
Su carácter vehemente e inflexible, enemigo de arreglos y
compromisos, recuerda a Tertuliano No parece que ocu-
pase una función jerárquica, aún mas, contrapone su ense-
ñanza «privada» a la de los doctores, reconocida oficial-
mente (Instr ed Martin II 12,1-3, 18,15, Carmen Gis)
Los juicios que han merecido su arte y su estilo no son
unánimes Su primer editor, Rigault, escribía stylus [Com-
modiani] Africanae feroctae rusttcitatem saptt, quae tamen ad
acumtna Tertulltani, Cypriani, Minuctt, non infrequenter
alludit (PL 5,191)
El parecer más común es que Comodiano, hombre de
escasa cultura, poco familiarizado con la cultura clásica,
pero buen conocedor de la Escritura y de algunos escrito-
res cristianos, es un poeta popular que se sirve de la lengua
común del pueblo, pintoresca, pero poco vanada, sem-
brada de errores gramaticales respecto del patrón clásico
neologismos, barbansmos, confusiones entre las diversas
declinaciones y conjugaciones, atentados contra las reglas
de la sintaxis La métrica usada es poco comprensible y no
parece rigurosa El arte, exceptuado algún momento feliz,
brilla por su ausencia Algunos autores (v gr BOISSIER, La
fin du paganisme II [París 1891] p 14) estiman que haya
escrito así deliberadamente para hacerse comprender por
el pueblo Amatucci opina que Comodiano quiso ser el
poeta nuevo y cristiano, y, abandonada la lengua clásica por
estéril y útil sólo para la erudición, se propuso crear una
poesía nueva, para la vida, siguiendo el ejemplo de Tertu-
liano, que quiso crear una prosa nueva (Storta della lettera-
tura latina cristiana [Tormo 2 1955] p 91-92) Reciente-
mente, otros estudiosos, como Perret (1957) y Hoppen-
brouwers (1964), estiman que Comodiano fue un gran
poeta, profundamente creyente, consciente del valor pecu-
liar de las palabras cristianas, que supo infundir en la poe-
sía tradicional el genio de la lengua cristiana Juicio que a
cualquier lector de las obras de Comodiano acaso parezca
excesivo
1 «Instructiones»
Publicadas por primera vez por N. Rigault en 1649, en
Toul (Francia), comprenden 80 poemas (ed. Dombart, 41
y 39, ed Martin, 45 y 35) de diversa extensión, de los
310
La poesía cristiana
cuales 78 acrósticos, es decir, en los que las letras iniciales
de cada verso forman un nombre o una sentencia, y dos
abecedarios (MARTIN, I 35, II 15), en los que las letras
iniciales de cada verso siguen el orden de las letras del
abecedario La división que los editores proponen hoy no
es exacta quiza fueran 40 y 40 El autor los dispuso en el
orden en que los leemos, vanas veces habla de su obra
(MARTIN, I 22,13, I 25,19, II 35,25) y anuncia también el
tema de la resurrección y de la vida futura (MARTIN, I
25,19, cf I 41-45) El primer libro sigue, en general, la
pauta de la tradición apologética, con sus criticas severas y
mordaces de la religión politeísta y de sus dioses, del ju-
daismo y de los judaizantes, interrumpidas por alusiones a
la religión cristiana El segundo libro, en cambio, trata de
los miembros de la comunidad cristiana Tras exponer sus
ideas escatológicas (MARTIN, I 42-45), el autor pasa a ex-
plicar los deberes de todos catecúmenos (1), fieles en ge-
neral (2 y 3), penitentes (4), apóstatas, cismáticos y otros
obradores del mal, de las matronas (14 y 15), de todo el
pueblo, de los aspirantes al martirio, de los lectores, minis-
tros y obispos El último poema revela el nombre del
autor
2 «Carmen apologettcum»
Fue descubierto y publicado por Pitra en 1852 con el
título Carmen apologettcum adversas ludaeos et gentes, y atri-
buido a Comodiano por su estrecha afinidad con las In-
structiones El único manuscrito que lo contiene, procedente
de la abadía de Bobbio, se encontraba, cuando Pitra lo
editó, en Middle Hill (Codex mediomontanus) , y hoy en el
Bntish Museum con la sigla Addttional 43460 Carece de
título y termina con las palabras explictt tractatus sancti
episcopi ., sin otra aclaración La atribución propuesta por
Pitra fue confirmada con nuevos argumentos por Ebert en
1870, y desde entonces no se ha puesto en duda Pitra
dedujo el título de la noticia de Genadio, que, al parecer,
no lo conoció Révay prefirió llamarlo Carmen de Antt-
chnsto (PhW 3 1[191 1] 1430), y J Martin en su reciente
edición (CCh 128[1960]) lo titula Carmen de duobus popu-
hs, a saber, el pueblo hebreo, antes elegido y luego repu-
diado, y el nuevo pueblo, que son los cristianos El título
adoptado comúnmente es el de Carmen apologettcum
Comodtano
311
Consta de 1 060 hexámetros, agrupados en estrofas de dos
versos No es una obra apologética, sino, más bien, una
breve exposición del cristianismo con una clara finalidad
didáctica Los v 1-88 hablan del autor, que se presenta
como un pagano convertido que desea que otros paganos
participen de su misma fe en Dios, que puede ser cono-
cido sin dificultad por el testimonio de los profetas y de
Cristo Sigue (v 89-578) narrando la historia de la salva-
ción desde la creación hasta la muerte y resurrección de
Cristo, en la tercera parte (v 579-790) se propone refutar
los argumentos de paganos y judíos contra la divinidad de
Cristo y exhorta a abrazar la fe, única vía de salvación Para
terminar (v 791-1060), Comodiano, que profesa el milena-
rismo, expone sus ideas escatológicas Describe los últimos
tiempos como si fuese un testigo ocular la resurrección de
los muertos, los signos precursores del fin del mundo, la
persecución de los cristianos, la invasión de los godos al
mando de su rey Apollyon, la conquista y destrucción de
Roma, en este contexto escatológico, Roma sufrirá de
modo especial, no sólo por la persecución infligida a los
«santos», sino además por la opresión ejercida sobre el
mundo entero «Mientras ella gozaba, toda la tierra ge-
mía llora eternamente la que presumía de ser eterna»
(MARTIN, 921 y 923), sigue la manifestación del anticnsto,
el triunfo de los cristianos y el juicio final Los judíos son
duramente censurados por no haber reconocido a Cristo
— por lo que Dios los repudia — y por su hostilidad hacia
los cristianos alejan a los demás de la salvación forzándo-
los a entrar en la sinagoga, resucitarán con los demás, pero
para su condenación Los cristianos ocupan ahora su lugar
en el designio divino
Las mismas ideas, con ligeras vanantes, se leen también
en las Instructtones La exposición de la fe cristiana es algo
sumaria, la teología trinitaria, claramente insuficiente (mo-
narquiana, herejía del siglo III) Basten dos ejemplos Qut
pater et ftltus dtcttur et sptrttus sanctus (Carmen 94), Nec
pater esset dictus, msi factus ftltus esset (Carmen 278) El au-
tor pretende, ciertamente, instruir, pero, sobre todo, des-
pertar en todos mayor interés y preocupación por su
suerte ultraterrena La sátira, la exhortación moral, las fan-
tasías apocalípticas de un hombre de fe, el lenguaje franco
y caústico, obedecen todos a esta única finalidad
Tanto en las Instructtones como en el Carmen, uno de
los temas preferidos de Comodiano es la crítica implaca-
312
La poesía cristiana
ble de los ricos con versos encendidos los invita a no po-
ner sus esperanzas en las riquezas, que solo serán motivo
de terrible e inevitable condenación, y contrapone la vi-
sión de una sociedad celestial, en la que todos los que de
algún modo ejercieron dominio sobre los demás en la tie-
rra serán esclavos de los «santos» (Carmen 994-998, Instr
I 43,6-19)
La obra de Comodiano ha sido objeto de numerosos
estudios a principios de este siglo y luego en los últimos
veinte años No obstante los progresos realizados, Como-
diano sigue siendo una delicia para los lingüistas, un tor-
mento para los especialistas en métrica latina y un rompe-
cabezas para los historiadores
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nisme latin (Paris 1978) p.93-111. 224-234.
J U V E N C 0
Cayo Vetio Juvenco compuso hacia el año 330 (Jeró-
nimo, Chronicon, ed. Helm, al año 329) el primer poema
épico cristiano, poniendo en verso los cuatro evangelios.
Todo lo que de él sabemos lo debemos a Jerónimo o se
deduce de su misma obra. Jerónimo en el De viris inl. (84:
PL 23,730) refiere que «Juvenco, español de noble ascen-
dencia, sacerdote, compuso cuatro libros, transponiendo
los cuatro evangelios casi a la letra, en versos hexámetros,
y algunas otras cosas, en el mismo metro, relativas al orden
de los sacramentos. Vivió en tiempos del emperador Cons-
tantino». Jerónimo hace mención de Juvenco y alaba su
obra también en otros lugares (Ep.70, ad Magnum: PL,668;
Comm. in Matth. I 2,11: PL 7,14). Juvenco dice al fin de su
obra que escribe en tiempos de Constantino y en tiempos
de paz. Estas son las únicas noticias seguras y las más anti-
guas. Otras noticias más recientes son sólo ampliación de
lo referido y no merecen fe alguna. Jerónimo alude a otras
obras que no han llegado a nosotros — las que se le atribu-
Jm'emo
315
yen son espurias — , y de cuyo contenido nada más sa-
bemos.
Juvenco, dada la mentalidad y gustos" de su época y de
la Edad Media, fue apreciado e imitado, sobre todo du-
rante el siglo V (Paulino de Ñola, Paulino de Pella, Oren-
cio, C. M. Victorio, Coripo, Cipriano el Poeta), y estimado
por toda la Edad Media. El Decreto Gelasiano, que no
acepta los centones, aprueba la obra de Juvenco (c.4, ed.
Dobschütz, n.253 p.52). De 1490 a 1891 (Hümer) se
cuentan 26 ediciones.
Los Evangeliorum libri forman un poema dividido en
cuatro libros con dos prólogos y un total de 3.219 hexáme-
tros. Al parecer, la división en cuatro libros no obedece a
ningún criterio objetivo, sino sólo a exigencias prácticas
(de diverso parecer es Amarucci) (Storia lett. lat. crist. [To-
rino 2 1956] p. 121). Juvenco empieza presentando los sím-
bolos de cada uno de los evangelistas, asignando el águila a
Marcos, y el león a Juan, conforme a la tradición más anti-
gua (cf. IRENEO, Adv. haer. III 11,8; sólo en el siglo IV,
con Ambrosio, Jerónimo y Agustín, se invierten los símbo-
los de uno y otro). En el prólogo da a conocer su propó-
sito, que es cantar las gestas vivificadoras de Cristo: Nam
mihi carmen erit Christi vitalia gesta (I 9), don de Dios a los
hombres. Profesa sincera admiración por Homero y Virgi-
lio, cuyas obras son inmortales en el tiempo; mas de la
suya, que también pretende ser obra de arte, tiene la cer-
teza de que vencerá el tiempo y le será motivo de salva-
ción eterna (I 21-24). En la exposición de la divinae gloria
legis, con los recursos poéticos humanos se muestra, de
una parte, fiel seguidor de la tradición pagana en todos los
aspectos formales, pero en cuanto al contenido se atiene
escrupulosamente al texto sagrado.
Estas ideas de Juvenco son muy importantes desde el
punto de vista de la historia literaria. Los poetas antiguos
son objeto de grande admiración, y de ellos sólo la mitolo-
gía es repudiada. Juvenco se propuso crear una epopeya
cristiana recurriendo a las formas literarias paganas (IV
804), y con ello puso las premisas de la teoría literaria de
la Edad Media. Sin ampulosidad, con lenguaje sencillo y
claro, Juvenco cuenta la vida del Salvador. Su labor es
digna de encomio, no tanto por los resultados obtenidos
cuanto por ser el primer intento en su género. Abrió una
senda nueva y arrojó una semilla fecunda. La sencillez del
texto evangélico parece a algunos desentonar con la so-
316
La poesía cf't.ana
lemnidad del hexámetro; acaso sea, más bien, una dificul-
tad de orden psicológico, afín a la que provoca cualquier
versión cinematográfica de la vida de Cristo.
Juvenco, el primer autor épico cristiano, no olvida la
invocatio de la divinidad para que le asista en su labor, diri-
gida al Espíritu Santo (I 25-27) para que digna Christo lo-
quamur. En el primer libro narra la venida del Precursor, la
anunciación y la actividad de Jesús hasta la curación de la
suegra de Pedro (770 versos); en el segundo, los milagros
y algunas parábolas (aquí incluye lo que toma de San Juan)
hasta el o 12 de Mateo (819 versos); en el tercero, mila-
gros, discursos y parábolas, todo de Mateo (Mt 13-22; 773
versos); en el cuarto, las controversias de Jesús con los fa-
riseos, la parábola de las diez vírgenes y de los talentos, la
muerte y resurrección de Lázaro y la pasión, muerte y re-
surrección de Cristo (812 versos).
Juvenco demuestra poseer una buena cultura clásica;
conoce muy bien los poetas: Plauto, Valerio Flaco, Estacio,
Ovidio y, sobre todo, Virgilio, de quien depende en el
estilo, en la lengua y en muchas expresiones, y de quien
toma a veces hemistiquios. Su lenguaje es clásico, puro,
pero con un contenido nuevo, no desdeñando un servi-
lismo literario, que en su tiempo constituía un grande mé-
rito. También su vocabulario cristiano es de sabor purista;
recurre a palabras griegas o pertenecientes a otro género.
Debe mucho a la tradición pagana (v.gr.: usa Tonans, típi-
camente pagano, para designar a Dios). Introduce neolo-
gismos, como flammicomans (de melena de fuego), flammi-
pes (de pies de fuego), altithronus (de elevado trono). A
veces, la obra asemeja casi un centón, aunque no quepa
definirla así por la dosis de elaboración personal que con-
tiene. No es poesía de alto nivel, sino, más bien, fruto de
una técnica hábil y del perfecto conocimiento de las reglas
de la versificación. La sencillez y espontaneidad evangéli-
cas pierden, a veces, su eficacia en una epopeya como la de
Juvenco; compárese, p.ej., el episodio de Simeón, que en-
tona el Nunc dimittis (Le 2,19-32), y la paráfrasis de Ju-
venco (I 200-207), o la narración de la última cena
(Mt 26,20-25) y los versos IV 432-456; el estilo, a la vez
inmediato y solemne de la escena evangélica, degenera en
una solemnidad artificiosa.
El autor se atiene lo más posible al texto, que trans-
pone en verso con la técnica parafrástica: recurre a la am-
plificación para aclarar pasajes oscuros, para dar expresión
Juvemo
317
a sus sentimientos o juicios y para describir algunas esce-
nas. Las partes más logradas son las descripciones (v.gr.:
los Reyes Magos [I 224-254], la tempestad [II 25-42], al-
gunos milagros [II 337-407]). Donnini ha señalado la im-
portancia que reviste la adjetivación en orden a conferir al
texto mayor fuerza expresiva. Juvenco recurre a los adjeti-
vos, elegidos siempre con cuidado y gusto, para perfilar la
presentación de un personaje o una situación.
Los Evangeliorum libri son importantes para la Vetus la-
tina, que sigue fielmente, ateniéndose al sentido literal y
esclareciendo sólo algún pasaje menos claro. Sigue funda-
mentalmente a Mateo; toma de Marcos algún que otro de-
talle; de Lucas, sobre todo la infancia de Juan Bautista y de
Jesús (con una cronología diferente de la evangélica: naci-
miento, pastores, presentación en el templo, circuncisión,
Nazaret, Egipto, Reyes Magos...); de Juan, el milagro de
Caná, el diálogo con Nicodemo y la samaritana, la voca-
ción de Felipe y Natanael, Lázaro y algún otro episodio
(cf. Hansson para las fuentes evangélicas). El resultado es,
pues, afín a una armonía evangélica. Su teología, y en es-
pecial la cristología, es perfectamente ortodoxa (el concilio
de Nicea era aún reciente). Algunos manuscritos le atribu-
yen un Líber in Genesim (que es de Cipriano el Poeta) y las
Laudes Domini con el Triumpbus Christi (una parte del
precedente), que no son ciertamente de Juvenco, sino de
un contemporáneo que escribe en las Galias (cf. p.396s).
Ediciones: PL 19,53-346 (ed. Arévalo, Roma 1792), con
comentario; J. HUMER: CSEL 24 (1891); A. KNAPP1TSCH (Graz
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282
CENTONES
En su acepción propia, centón (en griego xévtqcdv, en
latín cento) es un lienzo obtenido con piezas diversas cosidas
entre sí Sugiere, pues, la idea de una unidad lograda con
elementos heterogéneos En su acepción literaria, centón
es un poema compuesto a base de palabras, hemistiquios o
versos enteros tomados de otros poemas para expresar un
argumento nuevo Los centones se componían, sobre todo,
con versos de Homero (Homerocentones) y Virgilio (Virgi-
liocentones) y eran de moda en ambiente pagano Tertuliano
escribe «Hoy ves salir de Virgilio una narración total-
mente nueva en la que el argumento se adapta al verso y el
verso al argumento De esta suerte, Osidio Geta ha ex-
Centones
319
traído completamente de Virgilio su tragedia Medea Tam-
bién un pariente mío, entre otros pasatiempos literarios,
ha explicado la Tabla de Cebes con versos del mismo
poeta Se suelen llamar homerocentones los que, como los
centones, reúnen en una sola obra muchos versos de una y
otra parte de los cantos de Homero» (De praescr haer
39,3-5 CCh 1,219-220) Los centones no son, pues, obra
de arte, sino, más bien, de técnica y de memoria En el
siglo IV, el poeta Ausonio midió su habilidad compitiendo
con el emperador Valentiniano, y, presentando su centón a
Axio Paulo, escribe accipe tgttur opusculum de inconnexis
conttnuum, de dtversts unum , de alieno nostrum (Peiper,
207) Era, pues, como construir un nuevo edificio con los
materiales utihzables tras la destrucción de otro En la
educación escolar de la época, la memoria desempeñaba
un papel de primensima importancia El estudiante debía
ejercitarse en la imu|oi- en c I ( < ,'(ov con los grandes poe-
tas La escuela forjaba su estructura mental, de la que ni
siquiera el poeta de valer lograba totalmente liberarse
Depender de los demás era un título de honra para todos,
incluso para un Virgilio (Georg 2,176) o un Propercio
(4,1,64) La allusto a modelos precedentes era norma del
poeta y requería gran familiaridad con aquéllos Los auto-
res de centones conocían profundamente sus' modelos, los
cuales, a su vez, eran familiares al público, pues constituían
el bagaje cultural de la época
El mas célebre y el mejor de los centones cristianos de
los hoy conocidos es el compuesto por la noble y culta
matrona romana Petronia Proba (su nombre se lee en el
v 12 Arcana ut possim vatis Proba cuneta referre), mujer de
Clodio Adelfio, que ocupó diversos cargos imperiales im-
portantes, llegando a ser eL 351 praef ectus urbts. Proba, que
había compuesto un centón, hoy perdido, sobre la guerra
de los años 351 al 353 entre Constancio y Majencio, se
convirtió o al menos volvió al cristianismo (v 417-422) y
compuso hacia el 360 un centón virgiliano sobre episodios
del Antiguo y del Nuevo Testamento para cantar, por me-
dio de Virgilio, los dones de Cristo Vergihum cecinisse lo-
quar pía muñera Christi (v 23) Así enuncia su programa y
la finalidad de su actividad poética paráfrasis de un tema
bíblico en forma virgiliana Proba muestra conocer bien a
Virgilio y disponer de una notable habilidad técnica
Cabe dividir la obra en dos partes los v 1-332 propo-
nen episodios del Antiguo Testamento, en especial desde
320
La poesía cristiana
la creación del hombre hasta el diluvio, y los v 339-694,
episodios del Nuevo En la edición de Schenkl precede un
breve carmen, compuesto por el librarius encargado por el
emperador Arcadio de copiar el centón, que viene defi-
nido como Maronem mutatus in mehus Esto demuestra la
enorme aceptación de que gozaba este género de composi-
ciones poéticas Las numerosas ediciones del siglo XVI son
prueba de la popularidad de que gozó aún en el Renaci-
miento
Jerónimo, en carta a Paulino de Ñola (Ep. 53,7 PL
22,544-45), pronuncia un juicio cáustico y displicente de
este género literario, y en particular de la obra de Proba,
cuyo nombre no se digna mencionar, pero de la que cita
algunos versos (Cenio 34s, 403, 624), calificándola de pue-
ril y pasatiempo de charlatanes Una persona de profunda
cultura clásica y sinceramente cristiana se sentía ofendida
al leer versos que en el original figuraban, pe) , en labios
de Venus, usados para cantar realidades de muy otro or-
den El Decreto Gelasiano lo repudiará (PL 59,162, ed
Dobschutz, n 287 p 52) Proba demuestra, a veces, una
cierta audacia a la hora de adaptar el texto al nuevo signifi-
cado, algunos vocablos asumen un valor teológico nuevo,
la falta de términos virgihanos adecuados confiere oscuri-
dad e imprecisión a su pensamiento, a veces amplía sin tasa
elementos secundarios I Opelt ha llamado recientemente
la atención sobre la cnstología, no perfectamente ortodoxa
de la obra a juzgar por los títulos atribuidos a Cristo
Isidoro de Sevilla (Etym I 39,26 PL 82,121) refiere
que un cierto Pomponio compuso, a base de Virgilio, un
poema titulado Títiro, en honor de Cristo Nos ha llegado
un diálogo poético entre el cristiano Títiro, que es el inter-
locutor principal, y el pagano Melibeo, que ha sido intitu-
lado Versus ad grattam Dei (incipit: Tttyre, tu patulae recu-
bans sub tegmine fagt) La atribución queda confirmada por
el Vat Pal 1753, que reúne el Cento de Proba y los Versus
ad grattam Dei, Isidoro leía un códice parecido a éste
Nada más sabemos de Pomponio, se presume que vivió en
el siglo V El argumento del diálogo es muy sencillo Me-
libeo, al ver la alegría de Títiro, le pregunta el motivo Este
responde que él no canta los vaticinios de poetas antiguos,
sino cosas verdaderas, sumándose al cántico de la creación
toda, que alaba a Dios, dispensador de la inmortalidad A
petición de Melibeo lo instruye en la fe cristiana, tratando
de la creación del universo, de la conducta de Israel y de la
Centones
321
encarnación Las divagaciones literarias son abundantes
El De Verbi incarnatione, conservado incompleto, atri-
buido por algunos a Sedulio (Riese, Humer), consta de
111 hexámetros y es obra de un imitador de Proba que
escribe en el siglo V Dios, compadecido de los hombres,
envía a su Hijo, que se encarna en el seno de Mana, que
con temor acepta el misterio Una brillante estrella anun-
cia el nacimiento de Cristo A continuación expone algu-
nas enseñanzas de Cristo y describe la ascensión Las des-
cripciones son desmesuradas y verdaderamente despro-
porcionadas para lo que el autor pretende comunicar
En otro centón, el De ecclesia (Tectum augustum vigens),
de 116 versos, el autor presenta un templo cristiano soste-
nido por cien columnas, al que Dios invita a todos y en el
que madres y niños oran cantando día y noche, un sacer-
dote impone silencio y dirige a los fieles un sermón exhor-
tatorio el Hijo de Dios se ha encarnado, padeció y ascen-
dió a los cielos, quien no creyese sera castigado en el juicio
final — en cuya descripción se detiene demasiado — , final-
mente, se refiere brevemente a la celebración de la euca-
ristía El carmen, recitado en público, entusiasma a la mu-
chedumbre, que aclama a su autor como Maro tumor (Vir-
gilio moderno), éste, para agradecer la ovación, improvisa
otros versos de estilo centonarlo, siempre recurriendo a
Virgilio, a quien llama deus. Antes de estos versos se lee en
el manuscrito cum abortio clamaretur Maro tumor, la pala-
bra abortto es, para unos, corrupción de un substantivo
(Baehrens ab auditorio) o de un participio (Schenkl abi-
turo), para otros es la corrupción de un nombre propio
Mavortto (Quichérat, Riese), Mavorcio, que sería, pues, el
nombre del poeta Esta es la explicación preferible, en
cuyo favor militan dos razones Quichérat, primer editor
de la obra (Biblioth École de Chames 2[ 1840-41]
130-131), lee Mabortio, y asegura tomarlo de una copia
hecha por Juret, éste no especifica de qué manuscrito,
pero no habla de haber hecho correcciones. Además, de
un poeta Mavorcio poseemos otro centón el Juicio de Pa-
rís, en la Anthologia latina (Riese [1894] n 10 p 39-41),
que en su primer núcleo recoge doce centones, de los que
sólo el De ecclesia es de inspiración cristiana El De ecclesia
no fue publicado por los primeros editores de la Antholo-
gia latina (Bumann [1759] y Meyr [1835]), sino por Su-
ringer en 1867 (De ecclesta, anonymi cento virgilianus inedi-
tus, Utrecht 1867) Sunnger creía inéditos también los
322
ha poesía cristiana
versos improvisados, no teniendo noticia de la edición de
Quichérat El De ecclesta supera, sin duda, a los dos cento-
nes recordados antes, la improvisación final demuestra que
el autor conocía perfectamente de memoria su deus Vir-
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DAMASO
Dámaso, quizá de origen español (natione htspanus, Lí-
ber ponttficahs, ed Duchesne, I 84), nació, al parecer, en
Roma, donde su familia estaba bien establecida y donde su
padre Antonio había abrazado la carrera eclesiástica (Fe
RRUA, 7), hacia el 304 o 305, pues Jerónimo (De vtns inl
103 PL 23,742) afirma que murió casi octogenario el año
384, siendo aun niño y en Roma, oyó hablar a un perse-
guidor acerca de algunos mártires (FERRUA, 28) Su madre
Laurentta, tras la muerte del marido, vivió sesenta años en
viudez consagrada a Dios (FERRUA, 10), su hermana Irene,
virgen, murió joven (FERRUA, 11) Era diácono de Libeno
en el 355 cuando éste fue exiliado por Constancio II Sim-
patizó, al parecer, por algún tiempo con el antipapa Félix
Siendo aun diácono fue elegido obispo de Roma el año
366 al morir Libeno Un grupo disidente eligió a Ursino, y
entre las dos facciones surgieron contrastes violentos, con
no pocas victimas Dámaso contaba con la mayoría de los
fieles y con el apoyo de la autoridad civil, mas, a pesar de
ello, Ursino y sus seguidores, combatidos o exiliados, crea-
ron siempre graves dificultades a Dámaso con calumnias y
chantajes durante los años siguientes, recurriendo incluso
a otras personas un judio converso de nombre Isaac in-
tentó un clamoroso proceso contra Dámaso el 371, y acaso
otro el 378 Dámaso tuvo que afrontar también dificulta-
des por parte de otras sectas presentes en Roma, como
donatistas, lucifenanos, valentinianos, marcionitas y nova-
cianos Se ocupó del arnanismo, mas no con la capacidad y
discernimiento que Basilio hubiera deseado, con quien
mantuvo correspondencia Basilio no ahorró medios para
obtener la paz y llegó a juzgar severamente la conducta de
Dámaso Se advierte, no obstante, que las relaciones entre
occidentales y orientales ortodoxos eran muy complejas
en Antioquía, los orientales, con Basilio, apoyaban a Mele-
cio, mientras que Dámaso y los occidentales, al usurpador
Pedro, se añadan aún las dificultades propiamente teológi-
cas y las incomprensiones lingüísticas, en las que incluso
una persona culta de la talla de Jerónimo a veces se perdía
(Ep 1 y 16 PL 22,355-359) Dámaso recurrió a la auton-
324
La poesía cristiana
dad civil contra herejes y cismáticos y contra sus propios
enemigos Hombre de cultura, se preocupo de los archivos
pontificios (FERRUA, 57), emprendió obras en las catacum-
bas, erigió iglesias, como San Lorenzo en Dámaso, las basí-
licas de los Apostóles, en la vía Appia, y la de los santos
Marcos y Marceliano, junto a la que recibieron sepultura
el, su madre y su hermana Casi todos los años convoco
sínodos, que en su tiempo y en el de su sucesor, Siricio,
asumieron una importante función legislativa, intervino en
diversas situaciones de las iglesias de Occidente Mantuvo
estrechas relaciones con Jerónimo, que fue su «secretario»
y colaborador del 382 al 384 (JERONIMO, Ep 123,10 PL
22,1052), y al que recurrió a menudo en cuestiones de
exegesis bíblica Lo invita a escribir mas que a estudiar
(Ep 5,1 PL 22,451), logrando convencerle para proceder
a la revisión del texto latino de la Biblia sobre la base del
griego, labor que Jerónimo realizo en Roma con los evan-
gelios y otros escritos Dámaso estaba en buenas relaciones
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amplia exposición)
1 Epigramas (títulos)
La mayor gloria literaria de Dámaso son los numerosos
epigramas compuestos en honor de mártires, parientes o
amigos difuntos o para perpetuar la memoria de obras por
él realizadas Casi todos fueron escritos para ser esculpidos
326
La poesía cristiana
en mármol y fueron grabados o, al menos, esbozados por
un artista de verdadero talento su amigo Furio Dionisio
Filocalo Poseemos aún algunas inscripciones originales,
con sus caracteres inconfundibles y bien trabajadas artísti-
camente y con la firma del autor, pero la mayor parte las
conocemos en transcripciones coleccionadas en la Edad
Media Bajo el nombre de Dámaso nos han llegado nume-
rosos epigramas y otros escritos. De Rossi, Ihm y Ferrua
han establecido una sene de criterios para decidir acerca
de su autenticidad, y, con base en ellos, Ferrua (Eptgrammata
[Roma 1942] p 50-53) acepta como auténticos 59 y 13
fragmentos Los epigramas son un testimonio de gran valor
para establecer con segundad la tradición acerca de sepul-
turas de mártires en Roma, aunque el recuerdo de algunos
de ellos era ya entonces incierto, y Dámaso ha de conten-
tarse con un se dice El texto, por lo general, no es rico en
datos precisos y su autor se expresa en términos generales,
por lo que a menudo los versos no son claros Dámaso
conoce bien a Virgilio y Lucrecio, mas, repitiendo en sus
epigramas los argumentos de rigor — martirio, tiempo de
la muerte, premio — , recurre a un repertorio constante,
con pocas variaciones Los versos de Dámaso tienen más
importancia histórica y arqueológica que valor literario, no
obstante el parecer de Jerónimo (De virts tnl 103 PL
23,749) Este afirma que Dámaso compuso un De virgim-
tate en verso y en prosa (Ep 22,9 PL 22,409), del que
nada nos ha llegado, pues no cabe identificarlo con los epi-
gramas en honor de su hermana Irene y de Santa Inés
Delisle (Les manuscripts du comte d'Ashburnham [París
1883] p87) habla de un códice con un tratado De vitus,
del que no hay otra noticia
Ediciones PL 13,375-414, M Ihm, Damasi Eptgrammata
(Leipzig 1895) (62 auténticos, 45 espurios), A Ferrua, Ept-
grammata Damasiana (Roma 1942) (la mejor edición, con comen-
tario, 59 auténticos, 20 dudosos o espurios, cf rec A VACCARI
Bíblica 24[1943]190-194) cf PLS I 314-423
Traducciones Francesa H LECLERCQ DAL IV( 1920)145-
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laudem Davidis (Napoh 1960) (apéndice Antología degh epigram-
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Damaso
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epigraficbe sulla tscrizione recentemente scoperta della madre del papa
Dámaso Nuovo Bollettino di archeologia cristiana 9(1903)59-
108, Id , Breve aggiunta all'articolo sulla iscrizione della madre di
papa Dámaso íbid , 9(1903)195-198, Id , / frammenti dell'inscn-
zmne Damauana di S Ippolito aggiunti alia collezione epigráfica del
Museo Lateranense ibid , 18(1912)180-183, C Weyman, Vier
Epigramme des hl Papstes Damasus (Munchen 1905), P Franchi
de CAVALIERI,/ santi Nereo e Achilleo nell'epigramma Damasiano, en
Note agwgrafiche 3[ST 22] (Roma 1909) p 41-55, A FERRATO, Cro-
nología costanttniana e dei papi S Eusebio e S Milziade Iscrizioni di
S Dámaso attribuite erróneamente ai tempi costantiniani spiegate per i
tempt di Liberto Papa (Roma 1910), G BONA VENIA, Varu frammen-
ti di carmi damasiani Nuovo Bollettino di archeologia cristiana 16
(1910)227-251, 17(191 1)23-37 123-142 (Ihm, 9, 10, 8, 40),
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Sull'espressione «superts invisa» in un'tscrizione Did 4(1915)209-
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menti del carme Damastano m onore di S Ermete RAC 9(1932)
147-150, Id , Quattro frammenti del carme di Dámaso m onore di
S Ippolito íbid , 13(1936)231-236, ID , Altri tre frammenti del
carme Damasiano in onore di S Ippolito íbid , 16(1939)320-322,
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textes controverses de la tradition apostolique romame CRI (1952)
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FERRUA, Intorno ad una dedica Damasiana RAC 29(1953)231-
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Vaticano 1953) (brevemente en RAC 22[ 1954]2 10-23 1 ), S Pri
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75, ID , «Qui filius dicens et pater tnvenens» Mosaico novella-
mente scoperto nella catacomba di Domitilla Atti P Accademia
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che Funde und Eorschungen Domittlla-Katakomben Damastanische
Inschrtft RQ 55(1960)114-118, E GRIFFE, L'inscriptton dama-
stenne de la catacombe de saint Sébastien BLE 62(1961)16-25, J
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mal in der Domitilla-Katakombe Theologisch-praktische Quartals-
328
La poesía cristiana
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reltsant l'inscription damasienne «ad Catacumbas» BLE 71(1970)
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ZARO, Sui Versus ad fratrem compiendum di papa Dámaso Koi-
noma 1 (1977)195 203
2 Cartas
Se conservan vanas cartas de Dámaso, y de ellas nueve
en PL 13 Algunas son de dudosa autenticidad, como la
primera (PL 13,347-49 Conftdtmus qutdem), cuyo tenor
original pudiera ser el que ofrece un manuscrito de Ve-
roña publicado por Schwartz en 1936 Destaca en la colec-
ción la carta cuarta (Tomus Damast, Confessto fidet PL
13,558-564), que comprende 24 artículos, en ella enumera
una sene de errores trinitarios y cristologicos, condena
a quienes sostienen que el Espíritu Santo es creatura del
Hijo y proclama la necesidad de la fe trinitaria para la sal-
vación La carta, de carácter compilatorio, es una profesión
de fe romana elaborada por un concilio romano y enviada
por Dámaso a Paulino de Antioquia «C'est le code
de l'orthodoxie mcéenne en 377» (Ch PlETRI, Roma
Chrtstiana [Roma 1976] I 839)
La carta Ad Gallos Episcopos (Siricio PL 13,118-
1-1194) no es un acta sinodal, pues el autor habla en singu-
lar y no alude a ninguna reunión de obispos, no da orde-
nes, sino que aconseja, exhorta y argumenta Es, mas bien,
la respuesta a personas preocupadas por mantener la uni-
dad de la disciplina en cuestiones relativas a la «ley y la
tradición» (v gr acerca de las vírgenes infieles a su propo-
sito, acerca de la continencia de los clérigos, de las condi-
ciones para acceder a las órdenes sagradas o sobre los vo-
tos monásticos) Algunos estudiosos modernos (y recien-
temente Pietn), siguiendo a Babut, la consideran obra de
Dámaso
El Decretum Gelasianum (Explanatio fidet) se compone
de dos partes diversas por su origen y valor La primera
(c 1-3) es la más antigua y trata de las fuentes de la autori-
dad 1) el Espíritu septiforme, que reposa en Cristo, 2) el
Dámaso
329
canon bíblico, 3) la supremacía de la sede romana La se-
gunda (c 4-5), de las otras autoridades, a saber, los conci-
lios (Nicea, Efeso y Calcedonia) y los Padres, sigue una
lista de libros heréticos y cismáticos En muchos manuscri-
tos lleva por título lncipit concthum urbis romae sub Dámaso
papa De explanattone fidet En algunos manuscritos, los
tres primeros capítulos son independientes de los siguien-
tes y atribuidos a Dámaso Muchos autores (v gr Thiel,
Maassen, Turner, Zahn, Bardy, Di Capua) no excluyen la
posibilidad del origen damasiano de la primera parte, acaso
redactada en el concilio de Roma del 382, en el que, al
parecer, intervino Jerónimo, que, sin embargo, no dice
nada
Ediciones Falta una edición completa y critica, guia uní en la
CPL 1633, PL 13,347 373, ep 1, también en PL 69,1006-1007,
PG 82,1051-1055, ep 3y4 PL 53,319-322, 56,686-690, CSEL
71,518-522, PG 82,122 126, GCS Theodoretus, 297-302,
e P 7 PL 69,1133-1134, PG 82,1219 1222, ep 8y9 CSEL 54,
103 104 265-267, Tomus ad Flavianum G DOSSETTI, // símbolo
di Nicea e Costantinopoh (Roma 1967) p 94 111, Ep ad Gallos
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latetntsche Original des romischen Synodalschreibens von Jahre 171 ?
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monástica 7(1965)357-367, P H La FONTAINE, Les conditions de
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12
330
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chie (París 1977) (ad Gallos 310-312)
A U S O N I O
Magno Décimo Ausonio (c 310-c 394), de origen ga-
lo-germano, nació en Burdigala (Burdeos) Realizó sus es-
tudios en su ciudad natal y en Tolosa, y en la primera en-
seño luego como grammattcus y después en calidad de rhe-
tor El año 364, Valentiniano lo llamó a Trévens como
preceptor de su hijo Graciano Dio así comienzo su carrera
política, que lo llevaría a ocupar los cargos de prefecto del
pretorio y cónsul el año 379 El emperador Graciano dis-
tinguió con altos honores a muchos otros miembros de su
familia (v gr a Talasio, yerno de Ausonio y padre de Pau-
lino de Pella) El año 383, a la muerte del emperador, se
retiro a Burdigala Unido a Paulino de Ñola por una pro-
funda amistad, Ausonio no aprobó la decisión tomada por
su amigo y su marcha a España el 389, le escribió cuatro
cartas en verso, llegadas a manos del destinatario con no-
table retraso, para convencerlo con súplicas a volver, sin
lograrlo A los cuatro años, Paulino le respondió con dos
cartas en verso, en las que con expresiones de profunda
amistad declaraba, no obstante, la firmeza de su decisión
En la abundante producción ausoniana no faltan expre-
siones de sabor cristiano (v gr 27,113 PEIPER, 281),
pero en su conjunto es de neta inspiración pagana, incluso
con expresiones que abiertamente contradicen la fe y la
moral cristianas Sólo tres de sus composiciones son clara-
mente cristianas la Oratio matutina (PEIPER, 7-11), de 85
versos, en la que cabe distinguir dos partes los v 1-30 son
un himno de adoración y una profesión de fe en los que se
conjugan, en hermosa síntesis, el prólogo de San Juan y el
credo niceno Dios omnipotente y eterno, conocido solo
por el Hijo, también creador, «Verbo de Dios y Verbo
Dios» (v 9 ipse Det verbum, verbum Deus), Verbo encar-
nado para llamar a la salvación a todos los hombres por
medio de su vida La segunda parte (v 31-85), de tono per-
sonal, es una oración de petición perdón de los pecados,
Amonio
331
luz, fuerza para dominar los vicios, vivir con sencillez y
amistad con los demás y serenamente, sin daños físicos o
morales, en espera del juicio La Oratio matutina es una de
las oraciones cristianas mas antiguas y figura en un manus-
crito entre las obras de Paulino de Ñola, por lo que algún
autor ha puesto en duda su autenticidad, que, sin embargo,
no cabe poner en tela de juicio, pues la Oratio es una parte
de la Epbemeris (totius diei negotium) y de ella inseparable
Su teología es perfectamente ortodoxa En la Oratio se han
inspirado vanos poetas posteriores, como Paulino de Ñola,
Paulino de Pella, Sedulio y Orencio En otra colección de
poemas, los Domestica, figuran los Venus Paschales (PEIPER,
17-19), del 367, y los Versus rhopalici (PEIPER, 19-21), del
379 Los primeros son ciertamente auténticos por el testi-
monio unánime de los manuscritos En 31 versos, con oca-
sión de la Pascua, Ausonio eleva una oración a Dios Padre
(magne pater rerum), a quien toda la creación esta sujeta,
que ha enviado al mundo su Verbo, verdadero Dios y ver-
dadero hombre Confiesa su fe en la Trinidad (v 22 trina
fides auctore uno, spes certa ta/utis), con poco acierto compa-
rada al emperador, que comparte el reino con su hermano
y su hijo Los Versus rhopaha son hexámetros dáctilos es-
peciales, cada verso se compone de cinco palabras de una,
dos, tres, cuatro y cinco sílabas sucesivamente (15 en to-
tal), creando una progresión ascendente continuamente
renovada Los Versus rhopaha son también una oración
que ofrece una breve síntesis de la fe trinitaria, del sacra-
mento de la iniciación cristiana (bautismo), de la redención
obrada por Cristo, de las primeras experiencias cristianas
(Esteban y Pablo) y de la esperanza cristiana La doctrina
es ortodoxa, pero la técnica, demasiado rebuscada Algunos
autores (como Schenkl) dudan de su autenticidad, Martin
lo creería obra de un sacerdote buen conocedor de Auso-
nio En todo caso, figura en el mejor de los manuscritos de
Ausonio el Vossianus 111
Mucho se ha escrito y discutido sobre el cristianismo
de Ausonio ¿Es un pagano que escribe, por oportunismo,
poesías cristianas' ¿Un sincretista' ¿Un cristiano que por
tradición de escuela cultiva modelos poéticos paganos' ¿O
acaso pagano y luego cristiano' Hay que comprender a
Ausonio en el contexto amplio del clima político, cultural
y religioso de la segunda mitad del siglo IV, habida cuenta,
además, de la peculiaridad de su carácter, ajeno a todo ex-
tremismo Ciertamente, no cabe postular en su vida un pe-
332
La poesía cristiana
nodo pagano, seguido de un período cristiano La tesis de
Labriolle, expuesta en vanos escritos de 1910 a 1950
(RACh), según la cual Ausonio fue cristiano, ciertamente
no muy convencido ni comprometido con í.u fe, y al
mismo tiempo pagano por formación cultura] y actitud
ante la vida, es hoy opinión bastante común Lo pagano y
cristiano conviven en Ausonio como en sus poesías, y el
resultado es un sincretismo de fondo que no es meramente
literario, como en otros poetas cristianos que no desdeñan
la mitología Ausonio no se limita a ésta, compone sin es-
crúpulos oraciones a los dioses (v gr Precatto consults de-
signatt: Peiper, 24-27), aunque sepa infundir en ellas un
espíritu nuevo que lo aleja del antiguo paganismo La fi-
gura de Ausonio es de enorme interés para comprender la
manera de pensar de muchos intelectuales de su tiempo,
que navegan en aguas a la vez cristianas y paganas, con
alterna preponderancia de unas sobre otras La investiga-
ción histórica nos tenía acostumbrados a un neto dualismo
entre paganos y cristianos y a dirigir la atención a los cori-
feos de uno y otro bando, mas es preciso, asimismo, no
olvidar la existencia de zonas intermedias de claroscuro
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AA V-2), la Orat matutina también en CSEL 30, 4- 7 , R Peiper
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333
382, ID , Textes chrétiens dAusone BAGB (1972)503-512 (tersus
rhopalici)
PRUDENCIO
La fuente principal, si no única, para conocer la vida de
Aurelio Prudencio Clemente es su obra, y, ante todo, la
Praefatio, de 45 versos, que antepone a la edición de sus
obras, por él preparada en el año 405, cuando contaba cin-
cuenta y siete de edad
Nació, pues, el 348 en la provincia tarraconense, y con
toda probabilidad en Calagurns (Calahorra), de una familia
probablemente ya cristiana, pues en su obra nada hace su-
poner su conversión al cristianismo Acabado el ordinario
curriculum escolar, ejerció la abogacía, para pasar luego, a
causa de «amargas experiencias», a la administración pú-
blica, llegando a ocupar el puesto de prefecto de dos ciu-
dades importantes. Las pruebas de buen gobierno dadas en
estos puestos le valió ser llamado a la corte para ocupar un
alto cargo imprecisado, que coronó su cursus honorum. Al-
canzada esta cima, una profunda crisis de conciencia le
hizo percibir la vaciedad de la vida mundana que hasta
ahora había conducido y lo indujo a consagrar el resto de
sus días a alabar a Dios con la poesía Etapa fundamental
de la vida de Prudencio es su viaje a Roma, cuyos monu-
mentos antiguos y cristianos dejaron vivísima impresión en
el ánimo del poeta, viaje que realizó en lo primeros años
del siglo v, entre el 401 y el 403 A lo largo del viaje, y,
sobre todo, en el centro de la cristiandad, el poeta español
se enriqueció con nuevos motivos de inspiración para sus
poesías y se sintió movido a emprender de nuevo la polé-
mica antipagana Después del 405 se pierde toda huella de
su vida, e incierto permanece incluso el año de su muerte
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au IV siecle Aug 20(1980)141-171
Obras
La edición de las obras de Prudencio fue cuidada per-
sonalmente por el poeta, como claramente se deduce del
prologo y del epílogo, puestos, respectivamente, al princi-
pio y al fin de la colección
El prologo, amén de una breve autobiografía, ofrece la
clave que permite penetrar en el espíritu de la obra, al
tiempo que sugiere los títulos contenidos en la colección
«Al fin ya de la vida, el alma pecadora de la insensatez se
despoje Con la voz al menos, si con las obras no puede, a
Dios celebre Día y noche, sin cesar, con himnos cante al
Señor, combata las herejías, explique la fe católica, pisotee
los templos de las gentes y de muerte, |Oh Roma', a tus
ídolos, dedique poemas a los mártires y celebre los apostó-
les» (Praefatto 4 34-42)
Si se atiende a la maestría demostrada por el poeta en
esta colección de poemas tanto en sus aspectos formales
como doctrinales, no es aventurado suponer la existencia
de escritos precedentes, de los que, no obstante, ninguna
noticia nos ha llegado Las obras que conocemos tienen
todas un título griego, según una moda bastante antigua en
la literatura latina
Ediciones de conjunto (CPL 1437-1446) PL 59,767-1078,
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1()6(19 7 8)143-168
1 «Cathemertnon (líber)»
El Cathemertnon o Libro de la jornada es una colección
de doce poemas, de los que sólo los seis primeros, en con-
sonancia con el título, tratan de diversas horas de la jor-
nada, mientras que los seis restantes se refieren a situacio-
nes particulares de la vida cristiana o exponen sus elemen-
tos esenciales.
En particular, los dos primeros tratan de la aurora y de
la mañana, el tercero y cuarto, del mediodía (antes y des-
pués de la comida), el quinto y sexto, de la tarde (cuando
se encienden las lámparas y para antes del sueño), el sép-
timo es el himno del tiempo del ayuno, y el octavo, para
después del ayuno, el noveno se adapta a cualquier cir-
cunstancia, pues es una meditación sobre la vida de Cristo,
los dos últimos cantan las festividades de Navidad y Epi-
fanía.
Es, pues, una colección de inspiración litúrgica, aunque
no destinada a la liturgia. De ellos sólo algunos se adaptan
al canto litúrgico, habiendo adoptado la métrica de los
Prudencio
339
himnos ambrosianos (estrofas de cuatro dímetros yámbi-
cos), mientras que la mayor parte están escritos en metros
clásicos, y en especial de Horacio La variedad y pureza
clasica de las formas, la profundidad en el tratamiento de
los temas, la multiplicidad de las fuentes de inspiración y la
notable amplitud de las composiciones son otras tantas
pruebas del carácter culto de la poesía prudenciana
Ediciones (CPL 1438) PL 59, 7 75 914, CSEL 61(1926)5 76,
CCL 126(1966)2-72, M Lavarenne, I (París 1943) (con trad
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tary on the Morning and Eiemng Hymns of Prudenttus («Catheme-
rtnon» 12 5 and 6) (Groningen 1976)
2 «Apotheosts»
El título conviene, sobre todo, al argumento tratado en
la última parte del poema, es decir, al triunfo (apoteosis)
de la naturaleza humana en Jesucristo En los códices fi-
gura con otros títulos, como Himno de la Santísima Trini-
dad, Libro de la Santísima Trinidad, Confesión de la Trini-
dad, o simplemente De la Trinidad. Y, en efecto, este
poema, que consta de 1 085 hexámetros, precedidos de un
prólogo de 12 hexámetros y de un segundo prólogo de 28
dísticos, formados por un senario y un cuaternario yám-
bico, contiene una exposición y defensa de la doctrina ca-
tólica sobre el misterio de Dios y la divinidad de Jesucristo
contra los errores de los herejes y las negaciones de los
judíos
Tras una sumaria confesión del misterio trinitario en el
primer prólogo, enuncia en el segundo el tema del poema,
que es precisamente cómo conocer la verdad que conduce
a la salvación entre tantos errores que llevan a la perdición
Sigue la confutación de las herejías, combatiendo, en pri-
mer lugar, el patripasianismo de Sabelio, a fin de tutelar la
genuina noción de la divinidad (v 1-177), y al mismo
tiempo la distinción de las personas en el único Dios
(v 178-320) Se vuelve a continuación contra los judíos,
que no han reconocido al Mesías, muy al contrario de los
gentiles, que en él creyeron y por él abandonaron los ído-
los (v 321-551) Contra los herejes que no ven en Cristo
más que la humanidad, Prudencio demuestra la divinidad
de Cristo, recordando su concepción milagrosa y los pro-
digios por él obrados (v 552-781) Contra los que sostie-
nen que todas las almas son partículas divinas, Prudencio
expone la doctrina de la creación (v 782-952) Afronta, en
fin, a los que niegan la realidad de la naturaleza humana de
Cristo y le atribuyen un cuerpo fantástico y etéreo, argu-
yendo que la resurrección de nuestros cuerpos no es posi-
ble si Cristo no es verdadero Dios y verdadero hombre
que resucitó de entre los muertos (v 953-1 085)
Prudencio
341
Para juágar con equidad este poema de carácter didác-
tico-polémicfo, y lo mismo vale para los que siguen, es pre-
ciso desprenderse de los modernos principios de crítica es-
tética y adoptar los criterios de los antiguos De esta forma
se evitará el error en el que a menudo se ha caído en el
pasado, a sajber, pretender del poeta el rigor del lenguaje
teológico o (reprocharle la aridez del tratado Este género
literario no pretende ser ni un tratado teológico ni una
composicióiji lírica La poesía nace de la adhesión entusiasta
del poeta a 'la verdad y de su defensa apasionada contra las
herejías No le faltan las invectivas, los apostrofes típicos
del polemista, como no le faltan tampoco las expresiones
tomadas de los poetas clásicos, las imágenes forjadas por la
fantasía, el lenguaje fuerte y robusto, ni tampoco la pose-
sión segura de la doctrina Léase a título de ejemplo, tra-
tando del pecado original, la neta oposición al traducia-
nismo espiritual, hacia el que, años más tarde, aún se incli-
naba San Agustín (v 915-927) Ni faltan momentos de li-
rismo genuino, como cuando dice que todas las cosas cele-
bran el nombre de Cristo, y termina con la oración, tran-
sida de piedad sincera, 0 nomen praedulce mihi' (v 386ss)
Ediciones (jcPL 1439) PL 59,915-1006, CSEL 61(1926)79-
124, CCL 12|6(1966)73-115, M Lavarenne, II (París 1945)
1-39 (con trad frant ), J Guillen e I RODRIGUEZ BAC 58,
176-239 (con trad esp ), H J THOMSON, 1 116-198 (con trad
ing ), E Ra|isarda (Catania 1950) (con trad ít )
Traduccio\ Inglesa M C Eagan FC 52,3-30
Estudios R G AUSTIN, Prudenttus, «Apotheosts» 895 CQ
(1926)46-49 M S T CollinS, «Apotheosts» of Prudenttus SE 9
9(957)44-49, R G Rank, The «Apotheosts» of Prudenttus A
Structural Análysts Classical Folia 20(1966)18-31, K SMOLAK,
Prudenttus «Apotheosts» 438-441 Vorstudten zu etnem Kommentar
zur «Apotheosls» I WSt 4(1970)214-241, Id, Der dretfache Zu-
sammenklang (Prud «Apoth » 147-154) ESt 5(1971)180-194, M
SlMONETTI, L\f crtst anana e l'imzto della rtflesstone teológica tn
Spagna, en H\tspanta romana [Accademia de Linzei, quad 200]
vRoma 1974) 'p 127-147, J ARCE, Los versos de Prudencio sobre el
emperador Juliano Ementa 44(1976)129-141
í
3 «Hamahigenia»
\
El tema de este poema, de 966 hexámetros, precedidos
de 63 senarios yámbicos del prólogo, es el que enuncia su
342
La poesía cristiana
título griego: el origen del pecado, tema tratado no con el
tono de un tratado teológico, sino con el tonó vigoroso y
personal de la polémica contra Marción, declarada abier-
tamente en el enérgico apostrofe inicial: Quo ¡e praecipitat
rabies tua, perfide Cain, divisor blaspheme Dei? Una vez
más, el poeta trata de evitar la aridez propia del tema recu-
rriendo una y otra vez a la invectiva y al discurso directo,
sin lograr enteramente su propósito.
El poeta impugna el absurdo dualismo marcionita, rei-
vindica para el único Dios el dominio absoluto sobre toda
la creación y pone el origen de todos los males físicos y
morales existentes en el mundo en el orgullo del ángel
caído. Reafirma la responsabilidad moral del hombre aun
en medio de las tentaciones del diablo y de la carne, y al que
objeta por qué Dios permite el pecado, responde apelan-
do a la libertad originaria de la naturaleza humana. Con-
tribuyen a conferir agilidad al poema, más que los ejem-
plos tomados del Antiguo Testamento (Caín y Abel, Lot,
Rut), la descripción de los desórdenes naturales proceden-
tes del pecado (v.206ss), la denuncia de los «placeres bá-
quicos del mundo loco» (v.375), y en especial del lujo sin
tasa de las mujeres, donde con más claridad se advierte el
eco de Lucrecio y de otros poetas antiguos. El poema ter-
mina con una viva descripción de los reinos de ultratumba,
presentados con términos e imágenes tomadas de la tradi-
ción pagana y cristiana. Como colofón, Prudelncio eleva a
Dios su oración sincera y humilde, en la que reconocién-
dose merecedor del fuego eterno, expresa, no obstante, su
confianza en ser purificado a través de un fu^go mitigado
por la clemencia divina. I
Ediciones (CPL 1440): PL 59,1007-1078; CSEL 61,127-163;
CCL 126,116-148; M. Lavarenne, II 41-73 (con trad. franc);
J. J. THOMSON: LCL I 200-272 (con trad. ing.); J. GUILLEN e
I. Rodríguez: BAC 58,244-297 (con trad. esp.); J. Stam, Pru-
dentius, «Hamartigenia» (Amsterdam 1940) (con trad. ing. y
comentario).
Traducción: Inglesa: M. C. Eagan: FC 52,43
75.
Estudios: M. LAVARENNE, Note sur un passage de\l' «Hamartige-
nia» de Prudence: REIA 19(1941)76-79; S. T. Collins, Corrup-
tions in Early Latin Poetry: JThS 1(1950)69; N. GOOSSENS, Milis
sapientia {«Hamartigenia» 402): Latomus 6(1947)197-205; N.
GRASSO, // testo bíblico seguito da Prudenzio in «Hamartigenia»
praef. 11-13: MSLC 3(1951)124-135; A. SALVATORE, Studi pru-
Prudencio
343
denziani (Napoli 1958); G. STEGEN, Notes de lecture: Latomus 22
(1963)845-847 (Hamart. 730); C. GNILKA, Notizen zu Prudentius:
RhM 109(1966)84-94 (Hamart. 12-13.863-866).
4. «Psychomachia»
El género épico, considerado tradicionalmente el pri-
mero y más glorioso de Jos géneros poéticos, no podía fal-
tar en el extenso y orgánico Corpus de poesía cristiana que
Prudencio se propuso claramente ofrecer. Mas las batallas
que el nuevo pueblo cristiano debe afrontar no son ya las
batallas que se combaten con las armas, para conquistar el
mundo, sino las batallas del espíritu, para defender la pro-
pia libertad contra las amenazas del mal. Epica, pues, y ale-
goría a un tiempo: esto es la Psychomachia o combate espi-
ritual, o, por mejor decir, combate por la conquista del
alma.
En el prólogo de rigor, de 68 senarios yámbicos,
Abrahán, que combate por liberar a Lot, es figura alegórica
del alma que lucha por liberarse de las pasiones. La tradi-
cional invocación inicial a las musas cede el puesto a la
invocación a Cristo con un hexámetro virgiliano ligera-
mente retocado: Christe, graves hominum semper miserate la-
bores (v. 1). En el estilo heroico, típico de la poesía épica,
Prudencio describe el combate de las virtudes con los vi-
cios opuestos como capitanes que se enfrentan entre sí
ante sus ejércitos, dispuestos en orden de batalla en campo
abierto. La fides combate contra la cultura deorum (v.21-
39); la pudicitia, contra la sodomita libido (v.40-108); la pa-
tientia, contra la ira (v. 109-177); la humilis mens, contra la
superbia (v. 178-309); la sobrütas, contra la luxuria (v.310-
453); hoperatio benéfica, contra laavaritia (v.454-664), y la
concordia, contra la discordia-Haeresis (v.665-887).
La monotonía del esquema queda atenuada por el cons-
tante recurso al ejemplo de personajes bíblicos que salie-
ron victoriosos de esta batalla contra los vicios, empezando
por la Virgen María, vencedora absoluta de la luxuria; Job,
de la ira; David, de la superbia, etc. No faltan alusiones a
la situación moral de la época (v.gr.: al hablar de la avaricia
y de su dominio sobre todas las clases sociales, el poeta
lamenta que haya hecho víctimas incluso entre los sacer-
dotes, que «sostenían como capitanes la primera línea del
combate»; v.498-499). A pesar de la repetición de motivos
344
La poesía cristiana
pragmáticos, son innegables las felices intuiciones del
poeta en las personificaciones de las virtudes y los vicios,
en las que supo plasmar tipos morales inolvidables que
aseguraron la fortuna del poema en la literatura medieval
Ediciones (CPL 1441) PL 60,11-90, CSEL 61,167 211, CCL
126,149-181, M Lavarenne, III 1 82 (con trad franc ), J J
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videatur (Potenza 1901), L HENCH, Sources of Prudentius' «Psy-
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tellateinisches Jahrbuch 9(1973)48-120 (trata de la influencia de
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72(1977)108-115
Prudencio
345
5 «Contra Symmachum»
Cuando Prudencio decidió escribir sus dos libros en
verso Contra Symmachum habían transcurrido casi veinte
años de la controversia que enfrentó al enérgico senador
pagano con el no menos enérgico obispo cristiano Ambro-
sio Se ha creído que la polémica de Prudencio obedeciese
a una segunda instancia de Siímaco ante el emperador Ho-
norio, mas de ella no hay noticia alguna
No hay duda de que el poeta conoce y utiliza en su
obra las dos cartas que el año 384 envió el Obispo de Mi-
lán al emperador Valentiniano para oponerse a la Relatio
de Simaco Durante su estancia en Roma y ante el espec-
táculo de la Urbe cristiana, Prudencio se convenció del ana-
cronístico intento de dar vida de nuevo al paganismo
como la víbora que mordió a San Pablo cuando, superada
la tempestad, creía haber llegado a buen puerto (cf pró-
logo del 1 1 ), la reacción pagana ataca a la Iglesia cuando las
persecuciones son ya un lejano recuerdo y el triunfo apa-
rece seguro
La polémica antipagana de Prudencio no tiene resabios
antirromanos, antes bien el poeta español nutre un amor
sincero y profundo hacia Roma egregium caput orbis
(I 497) Su polémica nace de la convicción de que el go-
bierno de un príncipe cristiano solícito de los bienes futu-
ros de los ciudadanos, amén de su bienestar material y pre-
sente, constituya un notable progreso sobre el gobierno
pagano (I 22-24), y que sería disparatado pretender volver
al error y a las supersticiones de los antepasados (I 35-39)
Los dioses antiguos no pueden enseñar la justicia, por ser
ellos mismos criminales que inc itan al vicio, desde Saturno
a Júpiter, Mercurio, Príapo, Hércules, Baco, Marte, Ve-
nus, Juno y Cibeles (I 42-196) «La vana superstición, mal
empezada antiguamente por los bisabuelos, fue continuada
en los siglos siguientes y aumentada por los tardíos nietos,
los corazones arrastraron con pésimo acuerdo esta larga
cadena, y la costumbre tenebrosa discurrió por siglos mar-
cados por el vicio» (I 240-244) La posteridad pervirtió
aún más su conducta, adorando a Augusto, erigiendo tem-
plos a Livia y tributando honras divinas a Adriano con su
Antinoo (I 245ss) La grandeza de Roma no es fruto del
culto rendido a los dioses, sino que fue disposición de
Cristo, «que quiso que se sucedieran los imperios según
un orden establecido y se multiplicaran los triunfos de los
\
346 La poesía cristiana
romanos» (I 287-290). ConfiJitado el culto rendido al sol, a
la luna y a los dioses infernales (I 309-407), Prudencio re-
cuerda con ánimo conmovido la victoria de Constantino en
nombre de Cristo, que puso fin a una miserable esclavitud
(I 468) civil y moral. En la últ ima parte del libro I, el poeta
se dirige directamente a Símaco, y, tras rendir homenaje a
su habilidad oratoria, lo invita a no olvidar que la inmensa
mayoría del Senado y del pueblo romano ya es cristiana y
que los honores que ostenta s;on fruto de la liberalidad del
emperador cristiano y dones de Dios.
A los 685 hexámetros del libro I siguen los 1.131
del II. El prólogo de este libro II, de 66 versos gliconios,
en consonancia con el del primero, que hablaba de Pablo,
presenta la figura de PedroJ que vence los peligros de las
olas con su fe en Jesucristo. Tras resumir el argumento del
libro precedente, enuncia eJl tema que se propone tratar
ahora: «He mostrado hasta aq[uí los orígenes de los antiguos
dioses y las causas por las que se había formado en el
mundo el insensato error del paganismo y la conversión de
Roma a Cristo; ahora presentaré las objeciones y respon-
deré punto por punto» (II 1 -4). El esquema del libro es
simple; el poeta transcribe casi a la letra las tesis más im-
portantes de la Relatio III de- Símaco y añade la oportuna
refutación. El orador romano había atribuido a la Victoria
el mérito de los éxitos pasados y futuros de Roma; Pru-
dencio, por boca de Honorio y Arcadio, rebate que las
victorias son fruto del valor militar y de la protección di-
vina. Símaco había recurrido al principio de la tolerancia
cultural y religiosa: Suus enim cuique mos, suus ritus (Relatio
III 8), y lo reforzaba observando agudamente que no
puede existir una sola senda para acercarse al profundo
misterio de la divinidad: uno itinere non potes t perveniri ad
tam grande secretum (Reí. III 10); Prudencio responde re-
cordando la insuficiencia de la razón para penetrar los mis-
terios de Dios y mostrando la facilidad de la vía de la fe,
que está al alcance de todos (II 67-269). Rebate luego a
fondo la fidelidad a la tradición como principio válido de
conducta: todas las tradiciones cambian con el tiempo; los
mismos ritos religiosos de Roma han cambiado continua-
mente con el paso de los siglos: a los cultos del antiguo
Lacio se añadieron, para al fin suplantarlos, nuevos cultos
importados de las naciones sometidas a Roma (II 270-368).
Símaco sostenía, entre otras 1 ; cosas, que la divinidad había
asignado a cada ciudad genios tutelares; a cada pueblo, genii
I
Prudencio
347
fatales (Reí. III 8). No fue el hado — responde Prudencio — ,
ni genios anónimos, ni los dioses antiguos los autores de la
prosperidad de Roma, sino la voluntad divina, que dispuso
reunir los pueblos dejl mundo bajo las mismas leyes y bajo
un solo príncipe para preparar el camino a Cristo (II 36-
9-647). A continuación aparece Roma en escena para dar
testimonio de la renovación moral y política que en ella se
ha obrado gracias a ¡su conversión al cristianismo (II 64-
8-767). La última queja de Símaco por el abandono del
culto de Palas y Vesta (vestales y fuego sagrado), causa, a
su entender, de catastróficas sequías, es acallada por el
poeta o negando la realidad de tales sucesos, o explicándo-
los por causas naturales (II 909-1121). El libro termina pi-
diendo al emperador Honorio que corone la obra em-
prendida por su padre poniendo fin a las luchas de gladia-
dores (11 1122-1131).
i
Ediciones (CPL 1)442): PL 60,111-276; CSEL 61,215-288;
CCL 126,182-250; Ml Lavarenne, III 83-196 (con trad. franc);
J. J. Thomson: LCL J 344-400: II 2-96; J. Guillén e I. Rodrí-
guez-. BAC 58,362-471 (con trac!, esp.); G. L. BlSOFFl (Treviso
1914); E. Rapisarda (Catania 1954) (con trad. it.).
Traducciones: Alemana: M. Manitius, Muren und Satiren aus
dem Lateinischen (Stuttgart 1905). — Inglesa: M. C. EAGAN: FC 52,
1 B-176.— -Italiana: L. Taormina y G. Stramondo, I-II (Catania
1956).
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in un códice antichissimo di Prudenzio: SIF 13(1905)75-81; J.
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25(1911)219-229.438-450; F. Di CAPUA, A. Prudenzio, «Contra
Symmachum» 11 1059:' BFC 25(1917-1918)44-45; M. L. Ewald,
Ovid in the «Contra Symmachum» of Prudentius (Washington
1942); D. ROMANO, Carattere e significato del «Contra Symma-
chum» (Palermo 1955); A. CERRI, Archeologia romana nel «Contra
Symmachum» di Prudenzio: Athenaeum 41(1963)304-317; N.
CASINI, Le discussioni sull'«ara Victoriae» nella curia romana:
Studi Romani 5(1957)501-517; F. SOLMSEN, The Conclusión of
Theodosius' Oration in Prudentius' «Contra Symmachum»: Phil.
109(1965)310-313 (valor de las obras de arte paganas); Id., The
Powers of Darkness in Prudentius' «Contra Symmachum». A Study
of his Poetic Imagination: VC 19(1965)237-257; C. Gnilka, Zwei
Textprobleme bei Prudentius: Phil 109(1965)246-258 (C. Symm. II
423-427); A. CAMERON, Aeneus and aenipes. Two Notes on Pru-
dentius: Phil. 111(1967)147-150 (I 102 y 351 interpolados); R.
ARGENIO, // «Contra Symmachum» di Prudenzio fu uno scritto di
348
La poesía cristiana
attualita? Rivista di studi classici 16(1968)153-163 (la cuestión,
resuelta ya por Ambrosio, no era de actualidad cuando escribe
el poeta), V ZAPPACOSTA, De Prudenttt libro I «Contra Symma-
chum» Latinitas 15< 1967)202-218, ID , De Prudentn libro I «Con-
tra Symmachum» et L Pacatt Drepann Panegyrico Theodosio Augus-
to dicto ibid , 15(1967)27^-292, E CERRI, Prudenzio e la battagha
di Azio Athenaeum 46(1968)261-272 (II 528-534), H Le Bon
NIEC, Sur deux vers enigPiatiques de Prudente («C Symm » II 1 107-
1108) RELA 47bis (1970)55-83 (Melanges Durry), W STEIDLE,
Die dichterische Konzeption des Prudentius únd das Gedicht «Contra
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tragische Gestalt des ausgehenden Heidentums (Darmstadt 1971),
R VERDIERE, Notes de lecture Latomus 30(1971)390-392, R Ca'
CITTI, Subdita roma Christo serut Deo Alcune osseriaziont sulla teo-
logía pollina di Prudenzw Aevum 46( 1972)402-435, A FRASCA,
Alcuni nuoii ekmentt protrettict nel «Contra Symmachum» dt Pru-
denzw ND 13(1973)3 21, S MAZZARINO, Tolleranza e mtolleran-
za La polémica sull'ara della Vittoria en Anttco tardoantico ed era
costantiniana (Barí 1974) p 364-371 (sobre el problema de la ac-
tualidad del C Symm ), T D Barnes, Tbe Histórica! Setttng of
Prudentius' «Contra Symmachum» AJPh 9^(1976)373-386
i
6 «Pertstephanon»
Esta obra comprende 14 himnos en; honor de los márti-
res cristianos, merecedores de la corona por la victoria re-
portada en la milicia de la vida Los siete primeros fueron
compuestos antes del viaje del poeta a Roma, los siete úl-
timos, durante el viaje y ya de vuelta a su patria
La intención del poeta es relatar la verdad histórica del
martirio (de ahí su lamento por la desaparición de las actas
de los mártires durante la persecución de Diocleciano
I 73ss), exaltar la eficacia de la intercesión de los mártires,
probada por los milagros y gracias alcanzadas por su
medio, y, en fin, exhortar a celebrar solemnemente sus
fiestas y visitar sus sepulcros El uso de fuentes, escritas
u orales, de prevalente entonación encomiástica o de
edificación, no le ayuda, ciertamente, a permanecer fiel
a la historia Por otra parte, la admiración entusiasta
que el poeta nutre por el héroe cristiano, si concurre
a dar calor y vida a su poesía, lo empuja también hacia
las amplificaciones retóricas, a forzar los tonos y acentuar
los colores, abriendo amplio cauce a las tendencias, de
suyo naturales, de la poesía prudenciana
Los himnos, desiguales por extensión (desde el breví-
simo himno VIII, de sólo 18 versos, 9 dísticos elegiacos, al
Prudencio
349
larguísimo himno X, en honor de San Román, con sus
1 140 senarios yámbicos), son también de métrica vanada,
con predominio de los metros horacianos
Los mártires celebrados son los venerados, sobre todo,
en España y Roma Emeteno y Celedonio de Calagurns
(himno I), Eulalia de Ménda (himno III), los 18 mártires
de Zaragoza (himno IV), el diácono Vicente de Zaragoza
(himno V), Fructuoso, Augurio y Eulogio de Tarragona
(himno VI), entre los romanos Lorenzo (himno II), Hipó-
lito (himno XI), Pedro y Pablo (himno XII) e Inés (him-
no XIV). A éstos se añaden Quinno, mártir ilírico (himno
VII), Casiano, cuya tumba en Imola visitó Prudencio ca-
mino de Roma (himno IX), y Román de Antioquía, vene-
rado también en Occidente (himno X)
Este último merece mención especial, no sólo por su
sorprendente extensión, ya notada, sino además por su es-
tructura peculiar, semejante a una composición escénica, el
himno procede a lo largo de diversas escenas e intermina-
bles monólogos, pasando de descripciones truculentas a
episodios de suave ternura, como el martirio del niño
(v 656-845), de la ironía sutil, al sarcasmo sin freno El
himno II, en honor de San Lorenzo, merece ser destacado
por su valores poéticos, que le han valido ser comparado
con el Carmen saeculare, de Horacio
En el Pertstephanon como en el Cathemertnon, Pruden-
cio da muestra de indudable talento poético, aunque los
momentos líricos más felices se encuentren, por lo gene-
ral, agobiados bajo la ampulosidad y las soflamas retóricas
Desde el punto de vista poético, los pasajes más logrados
son las descripciones, bastante realistas y de vivos colores,
mas en toda su obra se echa de ver su gran habilidad para
el verso, el seguro dominio de los medios expresivos, la
familiaridad con los poetas clasicos y el arte consumado
Ediciones (CPL 1443) PL 60,275-590, CSEL 61,291-431,
CCL 126,251-389, M LAVARENNE, IV 1-200 (con trad franc ),
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La poe „ tnstiana
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S PterreetdeS Paul RAC 42(1968)267 286, G Richard, L'ap-
port de Virgtle a la creatton eptque de Prudence dans le «Penstepha-
non líber Caesarodonum 4(1969)187 193, R Argenio, Due
corone di Prudenzio, Qutrino e San Casstano Rivista di studi classi-
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Prudentius (Pertst 12,31 34) VetChr 13(1976)113 115, S Cos
TANZA, // catalogo dei pellegrtni Confronto di due tecntche narrattvt
(Prud «Per» XI 189-213, Paoltno di No/a, «Carm » XIV 44-85)
Bollettino di studi latini 7(1977)316-326
7 «Dtttochaeon»
Es la última obra de la colección prudenciaría y la mas
singular, incluso en el título, de no fácil explicación
Paulino de Ñola
351
Consta de 49 estrofas de cuatro hexámetros, que ilustran
otras tantas escenas y personajes bíblicos (24 del Antiguo
y 25 del Nuevo Testamento), ciertamente en relación con
alguna obra pictórica Mas no es posible decidir si se refie-
ren a escenas de hecho pintadas en una iglesia o si fueron
compuestas para una obra a realizar En todo caso, son in-
teresantes, no por la poesía, sino para la historia del arte
cristiano antiguo
Ediciones (CPL 1444 1445) PL 60,89-112 591-594, CSEL
61,433-449, CCL 126,390-402, M Lavarenne, IV 205-218
(con trad franc ), J J THOMSON LCL II 346-374 (con trad
ing ), J Guillen e 1 Rodríguez BAC 58,738-763 (con trad
esp )
Traducciones Inglesa M C EAGAN FC 52,179-200 —Ita-
liana R ARGENIO, // «Dittocheo» e ['epilogo di Prudenzio Rivista
di studi classici 15(1967)40 77
Estudios J P KIRSCH, Le «Dittochaeum» de Prudence et les mo-
numents de l'antiquite chrettenne en Attt del II Congresso dt archeo-
logta cristiana (Roma 1902) p 127-131, G MANNELLl, La perso-
naltta prudenztana nel Dittochaeum MSLC 1(1947)79-126, F
OGARA, El «Dtttochaeum» de Prudencio EE 1 (1922)132-135, M
Brozek, De Prudentu Epilogo mutilo Eos 490957-1958)151-
154, J L Charlet, Prudence lecteur de Paultn de Nole A propos
du 23" quatrain du «Dtttochaeum» REAug 21(1975)55-62 R
Pillinger, Dte Tituh Htstoriarum oder das sogenannte «Dttto-
chaeos» des Prudentius Versuch etner archaologisch-phtlologischen
Kommentars Diss (Wien 1976), Id , Dte Titult Htstoriarum oder
das sogenannte Dtttochaeon des Prudentius (Wien 1980)
PAULINO DE ÑOLA
Meropio Poncio Amcio Paulino, de familia de la aristo-
cracia senatorial con vastas posesiones en Italia y Aquita-
nia, nació hacia el 353 en Burdigala (Burdeos), capital de
la provincia de Aquitania y residencia de la familia No
sabemos si sus padres, ciertamente cristianos al morir, lo
fuesen ya al nacerles el hijo Paulino recibió una esmerada
educación liberal, como convenía a quien por condición
social estaba llamado a ocupar altos cargos en el Estado y
( como de hecho era posible en un centro de estudios tan
célebre como Burdeos Ni le fue negada la suerte de po-
352
La poesía cristiana
der tener por maestro a Ausonio, refinado poeta y el rétor
más célebre de su tiempo Aunque se haya probado que
Paulino tuvo por maestro a Ausonio solo pocos años, al
principio de sus estudios y de forma privada (cf P Fabre,
S Paultn de Nole et l'amttié chréttenne p 22), no obstante,
nació entre ellos una amistad profunda y duradera En
torno a los veinte años dejó su patria y marchó a Roma,
probablemente para suceder a su padre en el Senado e ini-
ciar su cursus honorum, y en el 379, apoyado por Ausonio,
fue nombrado gobernador de Campania En estos años, y
con ocasión de su fiesta, Paulino tuvo por primera vez no-
ticia en Ñola de San Félix, y se planteó seriamente el pro-
blema religioso (carmen XXI 365ss)
Lo encontramos de nuevo en Aquitania, libre de cargos
políticos, y más tarde en España, esposo de Terasia, con-
duciendo una vida no diversa de la acostumbrada por los
grandes señores de su tiempo viajes por sus diversas pro-
piedades, visitas a sus amigos de la nobleza, encuentros
con los literatos (Sulpvcio Severo, Jovio, etc ) y justas poé-
ticas
Alegando una afirmación de Ausonio, se ha postulado
un influjo decisivo de su mujer Terasia en la religiosidad
de Paulino, mas no es posible comprobarlo En todo caso,
a su alejamiento del mundo debió de contribuir, en no
escasa medida, la muerte violenta de su hermano en cir-
cunstancias no claras, los peligros corridos por él perso-
nalmente (cf carmen XXI 416-420) y, no en último lugar,
la muerte prematura de su hijo Celso, sin olvidar el influjo
de personas como Delfín y Amando de Burdeos, Martín
de Tours, Victncio de Rouen y Ambrosio de Milán
(Ep III, ad Alyptum)
Recibió el bautismo en Burdeos el 389, y en la Navi-
dad del 394, estando en Barcelona, aceptó la ordenación
sacerdotal a condición de poder fijar libremente su resi-
dencia en otra localidad Por este tiempo ya había madu-
rado en él la decisión de vender sus inmensas riquezas,
abrazar la vida monástica y retirarse a Ñola junto a la
tumba de San Félix Esta decisión de Paulino, netamente
desaprobada por Ausonio, fue acogida con gozo por Am-
brosio y despertó el estupor general (AMBROSIO, Ep
58,13 PL 16,1228-1229) En la primavera del 395 partió
hacia Italia, y, tras una estancia tan breve como amarga en
Roma (Ep. V, ad Severum, 13-14), se retiró en la ciudad de
la Campania
Paulino de Ñola
353
Desde este momento, la vida de Paulino transcurrirá
serena en el silencio del monasterio, ocupado en la erec-
ción de nuevos edificios para albergar a los peregrinos, en
mantener correspondencia con amigos de antigua y nueva
adquisición y en la composición de poemas, sobre todo en
honor del santo Patrón El estruendo de los acontecimien-
tos políticos o de las animadas controversias doctrinales
despertaron escaso eco en el ánimo de Paulino Permanece
incierta la fecha de su ordenación episcopal (acaso, el 409,
en todo caso, antes del 413) y la de la muerte de su esposa
Terasia, que vivía retirada en Ñola, en un monasterio fe-
menino De su largo ministerio episcopal no ha llegado
documentación clara y precisa Cierta es, al menos, la fecha
de su muerte, acaecida el 431
Estudios F Maigret, S Paulin de Nole Revue de LiUe 21
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354
La poesía cristiana
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Grand deiant les comersions de Marius Vtctorinus Augustin et
Paulin de Nole Latomus 36( 19 77 )942-950
Obras
Las obras de Paulino comprenden el epistolario y una
colección de poemas San Jerónimo hace mención de un
panegírico en prosa en honor del emperador Teodosio,
que se ha perdido, San Agustín (Ep 31,8) habla de una obra
polémica contra los paganos que Paulino estaba escribiendo,
mas no sabemos si la llevó a cabo
Ediciones (CPL 202-206) PL 61 (L A MuRATORI, con co-
mentarios de J Le Brun des Marettes), W HARTEL CSEL 29-30
(1894)
Paulino de Ñola
355
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Lettres et Sermón Textes choisis (Namur 1964) (selección) — In-
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con scritti bibhche RQ 68(1973)50-68, A LFPINSKY, Le decorazio-
nt per la basílica di s Felice negh scritti di Paohno di Ñola VetChr
13(1976)65-80, S PRETE, Paohno di Ñola la stona umana come
proaidenza e sahezza Aug 16( 1976)145-157, ID , / temí della fa-
miglta negh scritti di Paohno di Ñola 17(1977)257-282
1 Epistolario
De las numerosas cartas escritas por Paulino a sus ami-
gos o a personajes ilustres de su tiempo, nos han llegado
sólo 50 El epistolario de Paulino, muy admirado por sus
contemporáneos, hasta el punto de ser comparado por Je-
rónimo al de Cicerón (Ep 85,1 PL 22,752), despierta hoy
escaso interés, pues su autor no interviene, o sólo margi-
nalmente, en los debates culturales de su tiempo, ni se
muestra interesado por la época atribulada que le tocó vi-
vir y ni siquiera ofrece un relevante cuadro autobiográfico
Recurre (cuatro cartas) a Jerónimo y Agustín, pidiendo
explicación de algunos pasajes bíblicos o elucidaciones
doctrinales de escasa importancia, a Delfín (cinco cartas)
manifiesta su profunda gratitud por haber recibido de sus
manos el bautismo y se defiende de su petición de acome-
ter escritos de mayor envergadura, de los que el amigo lo
considera capaz, con Amando (seis cartas) se muestra más
abierto y confidencial, e incluso se atreve a afrontar temas
356
La poesía cristiana
de teología (ep 12, sobre el fin de la encarnación), que no
osaba tratar escribiendo a Agustín o a Delfín
El grupo de cartas más rico y vivo del epistolario lo
forman las 13 cartas a Sulpicio Severo, en las que Paulino
evoca algunas de las etapas más significativas de su aven-
tura espiritual su agitada ordenación sacerdotal, sus ansias
por retirarse a Ñola (ep 1, ad Severum), las amarguras que
en Roma le procuraron la hostilidad del clero y la gélida
acogida del mismo papa Sincio, la calurosa acogida de los
obispos de Campania (ep 5, ad Severum) Severo le comu-
nicó una vez su propósito de trasladarse a Ñola, con gran
alegría de Paulino, mas cambio con el tiempo de parecer, y
se limito a enviarle su Vita Marttnt apenas concluida No
obstante la desilusión sufrida, Paulino recuerda la perfecta
armonía que entre ellos reinaba aun en el siglo, y que no
podía disminuir ahora que ambos se habían consagrado a
Cristo «Ahora eres en verdad, para mí, padre, hermano,
pariente Tu amigo en el amor de Cristo y hermano por
la regeneración divina»
Las ocasiones para mantenerse en contacto epistolar
con los amigos son numerosas, aunque no relevantes los
monjes recaderos, poco espirituales, el envío de un coci-
nero santo, pero poco experto (ep 23), el cambio de un
manto por una túnica (ep 29), la increíble petición de un
retrato del amigo Paulino para colocarlo en el bautisterio
junto al de San Martin (ep 30) o el desconsuelo de consta-
tar que su voluntad no había sido respetada (ep 32)
La correspondencia con Severo, amén de documentar
una amistad fraternal y sincera, nos permite conocer la ri-
queza de la ascética de Paulino, su perfecta ortodoxia ante
la herejía pelagiana (ep 23 y 24), su mística elevada
(ep 28), facilita, asimismo, interesantes noticias sobre las
peregrinaciones a Tierra Santa y la veneración de las reli-
quias (ep 29 y 32)
La carta 24 es un discurso sobre la benevolencia, la 16,
a Jovio, trata de la Providencia y del hado, así como, de
forma bastante superficial, de la utilización de la literatura
pagana por los cristianos De la carta 48 nos ha llegado
sólo un fragmento, mientras que se pone en duda la auten-
ticidad de las cartas a Rufino (ep 46 y 47)
El aspecto más admirado por Jerónimo, es decir, las
prendas literarias del epistolario, cuenta menos en el juicio
de los estudiosos modernos que en el de los lectores anti-
guos Mas ni siquiera, desde el punto de vista literario, el
Paulino de Ñola
357
juicio es particularmente halagador, pues Paulino no posee
un estilo realmente original, y a veces aburre y cansa al
lector con interminables citas bíblicas
Traducciones Alemanas G BURKE, Pauhnus ton Ñola Das
Etne Notwendige (Einsiedeln 1961) (selección), A KuRFESS, Auso
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deducere (ep 11,7) ALLG 15(1906 1908)260, P DE Labriolle,
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di Lattanzto e nell'ep 16 di Paohno di Ñola Le parole e le idee
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Pauhnus Nolanus Orpheus 13(1966)153-158, G Casati,
S AgostinoeS Paohno di Ñola Aug 8(1968)40-57, A SALVATORE,
Due omehe su Sansone di Cesario di Arles e ¡'Epístola 21 di Paohno
di Ñola VetChr 7(1970)83-113, A ESPOSITO, Studio su ¡'Episto-
lario di S Paohno Vescovo di Ñola (Napoli Roma 1971)
358
2 Poemas
La poesía cristiana
De los 33 poemas editados por Hartel en CSEL 30, el
4 le ha sido atribuido a Paulino de Pella, el 5 es de Auso-
nio, mientras los poemas 32, el llamado Carmen ultimum, y
el 33, Obttus Baebtant, no pasan ya por auténticos Que-
dan, pues, como producción segura de Paulino 29 poemas
Tres son anteriores al 389, fecha de su bautismo, dos
son breves billetes en verso que acompañaban, como era
costumbre del tiempo, pequeños regalos entrecruzados
con Gestidio, neo propietario de las Gallas, el tercero es
un fragmento de 1 1 hexámetros, citados con aprobación
por Ausonio, parte del ambicioso proyecto de poner en
verso el De regibus, de Suetonio
Recibido el bautismo, el estro poético de Paulino,
siempre fiel al modelo clásico, se ejercita en temas religio-
sos, de inspiración bíblica, en la linea trazada por Juvenco.
Sirvan de ejemplo el carm 6, un poema de 330 hexámetros
en honor de San Juan Bautista, en el que la narración
evangélica supedita el material para la reconstrucción de
los principales episodios de la vida del Precursor, inte-
rrumpida por frecuentes digresiones de intención morali-
zadora Al mismo género pertenecen los carm 7, 8 y 9,
paráfrasis, respectivamente, de los salmos 1, 2 y 136 Los
resultados son menos que brillantes, y de ello se apercibió
el mismo Paulino, que abandono el género la enérgica y
austera figura del Bautista resulta descolorida en el pri-
mero, mientras que en los otros poemas decae la solemni-
dad hierática de los salmos
Diversa consideración merecen las dos epístolas poéti-
cas (carm 10 y 11), escritas en respuesta a las cartas en que
Ausonio, con ánimo acongojado, le instaba a volver a su
patria, a la poesía y al amigo, llegando a inculpar a Terasia
del prolongado silencio de Paulino Las respuestas del
monje de Ñola, sin abandonar los cánones literarios en
boga (métrica variada, frecuentes reminiscencias de los
poetas clásicos), son sinceras expresiones de sentida grati-
tud al maestro de otro tiempo, al amigo y protector, mas
reafirman su irrevocable adhesión a Cristo en la vida y en
la poesía «Diose un tiempo entre nosotros esta concordia
con igual amor, si no con igual ingenio invocar al sordo
Febo en la caverna de Delfos, invocar las divinas musas y
pedir a los bosques y a los montes el don divino de la
palabra, mas ahora otra fuerza, un Dios más grande, mueve
Pauli no de Ñola
359
mi alma» (carm 10,23-29), «Cuando Cristo desde el cielo
hace vibrar su luz en nuestt os corazones, purifica el animo
perezoso del pesado torpe ir y renueva el hábito de la
mente, extingue todo lo qu e era antes placer en vez del
gozo casto, y de nosotros toe lo exige, como legítimo señor,
corazón, boca y tiempo» (10,57-64) Esta consagración to-
tal era de todo punto incomprensible para el ánimo huero
de Ausonio, que tomaba por reniego de la patria, de la
poesía y de los amigos lo que en verdad era un amor más
elevado, que todo trans cendía y transformaba Paulino
permanecerá siempre fiel al nuevo ideal poético «Templa
las cuerdas de la lira — esc nbe a Jovio en verso — , aplica tu
mente fecunda a tratar temas nobles, no malgastes tu estro
en los poemas de siempre, un más excelso orden de cosas
se te revela No más can tar el juicio de París o las falsas
empresas de los gigantes Diversión tuya fuera en la edad
pueril, que al infante el juego conviene» (carm 22,9-14)
Al género epistolar peí tenece aun el prolijo poema 24
(942 trímetros yámbicos), ,i Citeno, en el que cabe distin-
guir dos partes en la primera cuenta el accidentado viaje
realizado por un monje d<s Aquitania para llevarle la noti-
cia del propósito de Citeno y su mujer de destinar uno de
sus hijos al sacerdocio, en la segunda, amén de los elogios
para Citeno y su mujer, Paulino imparte algunas exhorta-
ciones al joven consagrado
Al género consolatorio pertenece el carm 31, de 316
dísticos elegiacos, por la muerte de un niño de nombre
Celso, una de las compiosiciones más inspiradas de su
época, en el que la fe y el afecto han inspirado al poeta
acentos de nueva y auténtica poesía La emoción llega al
culmen cuando la repetición del nombre de Celso trae a la
memoria del poeta el recuerdo de su hijo, llamado tam-
bién Celso y muerto en tieirna edad Al género propémp-
tico (canto de despedida) pertenece el carm 17, de 340
versos en estrofas sáficas, escrito el 398 para Nicetas,
obispo de Remesiana, en Dacia, que con ocasión de un
viaje a Roma visitó a Paulino, estrechando con él amistad
La prolijidad y digresiones de rigor no logran sofocar el
calor de la despedida y el gozo del creyente y del ciuda-
dano romano «Gracias a t», en esa muda región del mundo
los bárbaros han aprendido a cantar las alabanzas de Cristo
con corazón romano y a vivir con pureza la plácida paz
cristiana» (carm 17,261-264) El carm 25, un epitalamio
para el matrimonio de JuLiano (futuro obispo de Eclana y
360
La poesía cristiana
corifeo del pelagiarusmo) y Ja (o Ticia), es otro intento de
infundir contenido y espíritu cr istiano en las formas litera-
rias clasicas Del poema, de 119 dísticos elegiacos con tres
pentámetros como conclusión, se desprende una aura de
sosegada alegría, no obstante la oscuridad de algunos pasa-
jes y la amplitud de las exhortaciones morales
En la producción poética de Paulino merecen lugar
aparte los 14 Carmina natalicia, compuestos uno al año, y
conforme a un plan establecido, sin interrupción del 395 al
408, con ocasión de la festividad de San Félix (14 de
enero) Si los dos primeros son breves invocaciones para
obtener la protección del Santo d'urante un viaje (carm 12)
o para manifestar su gozo por vivir junto a su santuario
(13), en el tercero (14) la atención del poeta se vuelve a la
multitud de peregrinos que acuden a Ñola de las regiones
cercanas para honrar al Santo Paulino los sigue en su reco-
rrido, recoge sus cánticos, describe las manifestaciones de
su piedad ingenua y supersticiosa con simpatía y gusto del
detalle El cuarto (15) aborda un tema nuevo, la vida y
milagros del Santo, y con los tres siguientes (16, 18 y 23)
forma una especie de biografía poética de tono encomiás-
tico Paulino no se preocupa mucho de la historicidad de
los hechos que narra, y, al igual q ue su amigo Sulpicio Se-
vero en la Vita Martmi, se propone, ante todo, la edifica-
ción del lector, a precio de ver milagros donde no los hay,
exactamente como el pueblo devoto de San Félix El
poema 26, del 402, refleja la preocupación y los temores
ante las invasiones de los bárbaros, mientras que en el si-
guiente (27) vuelve el tono alegre por la mudada situación
política, la nueva visita del amigo Nicetas y la conclusión
de nuevos edificios El 28, que concluye la descripción de
los edificios erigidos por el Santo junto a la tumba del
santo Patrón, interesa mas la arqueología que la poesía El
triunfo del cristianismo sobre el paganismo es el tema de la
primera parte del poema 19 (del 405), mientras la segunda
cuenta, con la acostumbrada habilidad narrativa y gusto
por el detalle psicológico, un robo perpetrado en el san-
tuario y el descubrimiento del ladrón
El tema obligado estaba a purito de agotar sus recursos,
y el poeta, para poder mantener la promesa del himno
anual, debe recurrir a sucesos insignificantes, esforzándose
por conferirles el crisma de lo prodigioso (20) Savia nueva
vuelve a animar el poema 21, del año 407, que exulta por
el alejamiento de los bárbaros íovasores y ensalza dotes y
Paulino de Ñola
361
méritos de amigos y personajes ilustres huéspedes del
poeta Este poema es importante, sobre todo, por las noti-
cias autobiográficas, poco claras en verdad, que contiene
Del poema 29, último de los Carmina natalicia, se conser-
van sólo tres breves fragmentos, que suman 35 versos
En conjunto, se puede decir que el propósito de Pau-
lino de servirse de las formas literarias profanas para cantar
a Cristo y sus santos, logró, al menos en parte, su objetivo
Sin encumbrarse nunca a grandes alturas, Paulino logra, al
menos, mantenerse siempre en un nivel aceptable por la
delicadeza de los sentimientos, la serenidad en el manejo
de los temas, la pureza del lenguaje, la fluidez y armonía
del verso y por el buen gusto de su refinada educación Le
perjudica sobre todo, por una parte, la prolijidad, por otra,
la búsqueda afanosa de nuevos temas para sus poemas
Donde más claramente se muestra la habilidad del artista
es en las descripciones y en las escenas, tomadas de la vida
del pueblo, en las que nos ofrece un rico cuadro de las
costumbres y de la religiosidad de su tiempo
Traducciones francesa J DE SMET, Poetes lattns chrettens I
Saint Pauhn de Nole Poesies cboisies (Bruxelles 1912) (selec-
ción) — Holandesa J A Bouma, Het Epitalamium van Pauhnus
van Ñola Carmen XXV (Assen 1968) (con trad y comentario) —
Italianas S CoSTANZA, Meropto Ponzto Paohno Antología di
carmt I (Messina 1971) (introducción, texto y traducción, falta
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St Martin by Pauhnus and Portunatus and the Prose Life by Sul-
picius Severus HSCP (1932)51-76, G B A FLETCHER, Imttatto-
nes vel loa símiles in poetis lattnis Pauhnus Nolanus Mnem
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Natalicia de saint Pauhn de Nole REAN 36(1934)178-188, G
Patrología 3
13
362
La poesía cristiana
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la composition du carmen M de Pauhn de Nole RELA 13(1935)
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mina Eranos (1940)62 67 (notas criticas a vanos poemas), P
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(sobre todo, en Paulino y Endelequio), P Menna, lllud carmen
quod ad coniugem inscribitur divt Paulini Nolant sttne an dtvi
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(Paul Nol carm 22,54) MH 28(1971 )1 15-1 17, S CoSTANZA,
Dottrtna e poesta nel carme XXXI di Paoltno dt Ñola GIF 24
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onore di Q Cataudella (Catania 1972) II p 593 613, J DoiGNON,
Un rectt de mtracle dans les «Carmina» de Pauhn de Nole Poettque
itrgihenne el lecj>n apologettque Revue d'histoire de la spintuahte
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Das sechste Gedicht des Paultnus von Ñola VC 27(1973)129-145,
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tn the Poetry of Paultnus of Ñola VC 27(1973)50-52, S Cos
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de la «laus lobannts» (carm 6), íbid , 625-635, S COSTANZA, //
paessaggto nell'opera poética dt Paoltno di Ñola, en Forma futurt
Studt M Pellegrino (Tormo 1975) p 741-754, Id , Aspettt autobio-
grafía nell'opera poética di Paoltno di Ñola GIF 6(1975)265 277,
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Poems of Paultnus Nolanus AJPh 97( 1976)3-19, J T LlENHARD,
Textual Notes on Paultnus of Ñola, carm 6,256-330 VC 31(1977)
53 54, P G Walsh, Paultnus of Ñola and Vtrgtl Proceedings of
the Virgil Society 15(1975-76)7-15
Paulino de Ñola
Apéndice
363
1 «Sacramentorum líber»
Genadio atribuye también a Paulino un sacramentarlo
(De vtr til 49 fectt et sacrameniartum) K Gamber, que ha
estudiado a fondo la cuestión, es del parecer que la obra
de Paulino, de la que ha intentado una reconstrucción, sea,
probablemente, el antepasado del Sacramentarlo Gelastano
(Urgelasianum), parecer que no ha encontrado gran acepta-
ción entre los estudiosos
Estudios Kl Gamber, Das kampantsche Messbuch ais Vorlaufer
des Gelastanum Ist der hl Paultnus von Ñola der Verfasser^ SE
12(1961)5-111, V RAFFA, S Paultnus Nolanus auctor sacramen-
tan! Gelastant pnmtgenti^ EL 76(1962)345 348, Kl Gamber,
Das Messbuch des hl Paultnus von Ñola Heiliger Dienst 20
(Salzburg 1966)17-25, ID, Das altkampanische Sakramentar Neue
Fragmente tn angelsachsischer Uberheferung RB 79(1969)329-342
2 «Poema ulttmum»
Ultimo porque cierra la sene, el poema 32 fue descu-
bierto y publicado con el nombre de Paulino por L A
Muraton en 1697 La atribución de Muraton no es, por lo
general, aceptada por las evidentes incorrecciones lingüís-
ticas y métricas del poema F G Sirna busca su autor en el
círculo de los amigos de Paulino y propone el nombre de
Jovio, destinatario de la carta 16 y del poema 22 Para
Chastagnol, el destinatario del poema podría ser el senador
R Antonio Volusiano, praefectus urbts del 417-418
El poema, de 255 hexámetros, es del género apologé-
tico, el autor rechaza el judaismo, se mofa de los paganos
con su culto y sus divinidades y reprueba la filosofía y la
sabiduría paganas, profesa, en fin, su fe cristiana, dete-
niéndose a ensalzar la misericordia divina
Ediciones (CPL 206) PL 5,261-282 (Antontt carmen), W HAR
tel CSEL 30(1894)329 338
Traducción Italiana A Mencucci (Siena 1973) p 148-152
(incompleto)
Estudios C MORELLI, L'autore del costdetto Poema ulttmum
attnbuito a Paoltno di Ñola Did 1(1912)481-498, A Chas
364
La poesía cristiana
TAGNOL, Le senateur Voluuen et la comersion d'une famille de
l aristocratte romaine au Bas Empire REAN 58(1956)241 253,
F G SlRNA, Su/ cosidetto poema ultimum Ps -Paoltniano Aevum
35(1961)87 UP
3 «De obitu Baebiani»
El poema 33, compuesto en versos de metro vanado
(trímetros yámbicos, hexámetros, asclepiadeos, etc ), fue
publicado por Brandes en 1890, y, aunque anónimo en los
manuscritos, lo atribuyo, por afinidad de estilo y argu-
mento, a Paulino La atribución, aceptada por Havet, es
firmemente negada por Fabre
Veno Bebiano, rico propietario, recibe el bautismo du-
rante una enfermedad, gozoso de haber recibido el sacra-
mento, cae en un profundo sueño y tiene visiones celestia-
les, despierta a los dos días, cuenta lo que ha visto y muere
plácidamente Los últimos momentos de su vida y las vi-
siones de que fue agraciado con oportunas aclaraciones
fueron pintados en la casa de la viuda
Ediciones (CPL 205) W Hartel CSEL 30(1894)338 343
(= PLS III 1111-1114)
Traducción Italiana A MENCUCCI (Siena 1973) p 156-161
Estudios W BRANDES, «Obitus Baebiani», etn unerkanntes Ge-
dicht des Paulmus von Ñola WSt 21(1890)280-297 (con texto),
L Havet, Paulmus Nolanus «Obitus Baebtani» RPh 24(1900)
144 145
CLAUDIANO
Poco se sabe de la vida de Claudiano Nacido o al me-
nos educado en Alejandría de Egipto, llegó, aún joven, a
Roma el 394 Compuso poesías en griego y luego en latín,
que aprendió en los clásicos, por lo que su lengua es de
una pureza no común Llegó a ser poeta de la corte de
Honorio y panegirista de Estilicón, celebrado en su tiempo
como un nuevo Homero o Virgilio (DESSAU ILS 1,2949),
murió hacia el 404 Además de su obra profana, a Clau-
diano han sido atribuidas vanas composiciones de inspira-
ción cristiana dos epigramas en griego de 15 versos en
Claudiano
365
total (VI y VII, ed Birt, p 421-422), un epigrama irónico
In lacobum magistrum eqmtum (BlRT, 50 p 340), invitando
a este magister equttum a no despreciar sus versos e invo-
cando sobre él la protección de los santos, los Miracula
Chruti (BlRT, XXI p412) y el De Salvatore (BlRT, XX
p 41 1-412) La crítica niega, por lo general, la autenticidad
de los Miracula Chrtsti, epigrama de nueve dísticos, que,
en opinión de Turcio, no son mas que los epígrafes que
acompañaban diversos episodios evangélicos pjntados o
reproducidos en mosaico en alguna basílica o bautisterio
(vgr la anunciación, los Reyes Magos, Caná, Pedro que
camina sobre las aguas, Lázaro, etc ) Los epigramas grie-
gos no han encontrado el favor de la crítica, que se ha
interesado, más bien, del De Salvatore o Carmen paschale,
interrogándose sobre la autenticidad claudiana del poema y
sobre el cristianismo de su autor La primera es general-
mente admitida con alguna excepción (v gr Fabricius y
Manitius prefieren a Dámaso, Niehbur, a Merobaude,
Fargues, con reservas, a Claudiano Mamerto) En todo
caso, el carmen figura en el códice más antiguo (siglo vil)
de la obra de Claudiano El De Salvatore, de 20 versos, es
un logrado resumen de cristología Cristo, creador de to-
das las cosas, asume la naturaleza humana en el seno virgi-
nal de María, madre nubil, que da a luz a su creador,
Aquel a quien el mundo no podía contener, se hace hom-
bre entre los hombres para expulsar a la muerte con su
muerte El poema termina con una invocación de buen
augurio para el emperador
La conclusión plantea la cuestión del cristianismo de
Claudiano Birt y Pellegrino no dudan de su fe cristiana,
otros (Geffcken, Rolfe, Schmid) lo hacen cristiano de
nombre, no de convicción, otros, en fin, niegan rotunda-
mente que fuese cristiano (Vollmer, Rauschen, Helm, Far-
gues, Mazzarino, Cameron) No pocas razones militan en
favor de la última hipótesis el contenido de su vasta pro-
ducción poética es claramente pagano, con abundante re-
curso a la mitología No obstante — y es un fenómeno de
relevante interés — , las artes y la poesía cristianas han re-
currido, y no con parsimonia, a la mitología pagana incluso
en obras de cuya sincera inspiración cristiana no cabe du-
dar (v gr Prudencio, Sidonio Apolinar) Añádase el pare-
cer inequívoco de Agustín, que considera a Claudiano a
Christi nomine ahenus (De civ Dei 5,26 CSEL 47,162), re-
cogido por Orosio poeta quidem extmtus, sed paganus pervi-
366
La poesía cristiana
cacisstmus (Hist 7,35 PL 31,1154) La invocación que cie-
rra el poema nos descubre la ocasión en que fue recitado, a
saber, la Pascua Es, pues, una composición ocasional, que
cabe, acaso, encuadrar en un género literario (Venus pas-
chales, de Ausonio, De Christo, de Merobaude, Carmen pas-
ckale, de Sedulio), al tiempo que perpetúa la antigua tradi-
ción pagana de los himnos a la divinidad (Cleante, a Zeus,
Apuleyo, a Isis, etc ) Un poeta de corte, y de una corte
cristiana, permaneciendo pagano — un paganismo mas de
actitud que de profesión — , pudo muy bien ofrecer a sus
protectores un poema del agrado de éstos con ocasión de
alguna particular celebración, y la Pascua era casi una fiesta
oficial en el ámbito del Estado
Ediciones (CPL I461s Ps -Claudiuí Claudtanus) J M GES-
NER, Cl Claudiani quae exstant (Leipzig 1759) ( = Hiklesheim
1969), L Jeep (Leipzig 1876-1879), J Koch (Leipzig 1893), Th
Birt MGH, AA X 421-422 (epigramas griegos VI y VII) 412-
413 (Mtracula Chrtsti), 411-412 (De Sahatoret, De Saliatore PL
13,376-37 7 , 53,788-789, M Ihm, Eptgrammata Damastana
(Leipzig 1895) 69-71 n 68 Epigramas griegos PL 53,789 Mtracu-
la Chrtstt PL 53,790, F BuCHELER y A Riese, Anthologta latina
1-2 (Leipzig 1906) p 329 n 879
Estudios (sobre el cristianismo de Claudiano) F Arens,
Quaestwnes Claudianeae (Munster 1894), T G Glover, Ufe and
Letters ¡n the Fourth Century (Cambridge 1901), G TURCIO, Sull'
Epigramma «Mtracula Christi» attribuito a Claudio Claudiano
RAC 5(1928)33 7 -344, R Helm, Heidnisihes und Chnstliches bet
spatlateinischen Dichtern, en Natalicium J Ceffcken (Heidelberg
1931) p 1-46, P FARGUES, Claudien Etudes sur sa poeste et son
temps (París 1933), S Mazzarino, La política religiosa di Stilico-
ne RIL 71(1938)235-262, Id, Stilicone La crtsi impértale dopo
Teodosio (Roma 1942), P COURCELLE, Les lettres grecques en Oc-
cident (París 1943), O JANSSEN y A GALAMA, Uit de Rometne
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Kodex des Cutas und seine Bedeutung fur die Claudiankritik SIF
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Elpidio Rustico RFIC 34(1956)173-178, S Gennaro, Lucrezw e
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ID , Rutthus N , St Augustine, and the Date of the De Reditu JRS
Licencio
367
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(Oxford 1970) (fundamental, sobre todo el c 8 The Pagan at a
Chrtstian Court), F CASACELI, Recenti studi C/audtani Bollettino
di studi latini 2(1972)318-326, A K CLARKE, Claudian and the
Augustinian Circle Augustinus 13(1968)125-133
LICENCIO
Nacido en Tagaste, como Agustín (AuG , De beata vtta
1,5, carm 137), de quien fue discípulo y amigo, hijo de
Romaniano, el mecenas de Agustín y amigo de Alipio
(AUG , Ep 27,5-6), fue huésped de Volusiano con Agustín
en Casiciaco, y, aunque joven aún (Agustín lo llama puer),
tomaba parte en las discusiones filosóficas que allí se te-
nían, figurando entre los interlocutores de Agustín en el
Contra académicos, De beata vita y De ordtne Se convirtió al
cristianismo con su maestro, aunque se ignora la fecha de
su bautismo Cuando Agustín volvió a Tagaste, Licencio
permaneció en Italia, y por algún tiempo en Roma, con el
propósito de emprender su cursus honorum civil y militar
Agustín apreciaba su ingenio y de él esperaba frutos no
mediocres Durante su permanencia en Casiciaco, Licencio
se dedicaba con pasión a la poesía, y un parecer benévolo
de Agustín lo definía ya poeta paene perfectus (Contra acad
II 3,7, cf II 4,10, III 4,7, Deord I 3,8), se ocupaba enton-
ces en un poema de tema ovidiano sobre Píramo y Tisbe
(De ord I 8,24) Hacia el 395 envía a Agustín desde Roma
una carta que acompañaba un poema de 154 hexámetros,
conservado entre las obras de Agustín, y ciertamente
autentico, pues como tal Agustín lo cita (Ep 26,4) El poeta
expone a su maestro las dificultades que encuentra en la
lectura de Varrón y pide que le envíe el De música, re-
cuerda con nostalgia el tiempo pasado juntos ocupados en
las cosas del espíritu y manifiesta su deseo de dedicar su
vida a ocupaciones mas nobles, mas reconoce la dificultad
de darle cumplimiento sin la experta guía del maestro, que
admira y a quien se siente profundamente vinculado por
amistad, patria y fe cristiana
Agustín en su respuesta lo amonesta severamente por
la vida que lleva, a Licencio sólo le importa la perfección
técnica del verso, no reposa hasta lograr conformarlo a las
reglas de la prosodia, mientras no parece preocuparle que
su vida sea o no conforme a las leyes divinas, si no escucha
368
La poesía cristiana
sus consejos, preste oídos, al menos, a las aspiraciones más
nobles de su corazón, que a veces se dejan oír en su
poema, y dedique su ingenio a Dios, vaya a visitar a Pau-
lino de Ñola y aprenda de su ejemplo Agustín, preocu-
pado, escribe a Paulino (ep 27), y éste, que mantenía rela-
ciones con Agustín y Romaniano, envía a Licencio cinco
panes bendecidos y le escribe una carta exhortándole a
abandonar la vida que lleva, acompañándola de un poema
elegiaco, en que con mas amplitud y eficacia prosigue sus
amonestaciones A pesar de lo que se suele afirmar en base
al carm 74, Licencio a la sazón no se había casado, aunque
pensaba seriamente en el matrimonio (cf el carmen de Pau-
lino, v 30s y 89) Ignoramos qué efecto obtuvieron las in-
tervenciones de Agustín y Paulino, pues nada más sabemos
de la vida y posibles escritos de Licencio después de esta
fecha
Su poema, si se prescinde de la sinceridad y nostalgia
que lo anima, es un buen ejercicio escolástico, henchido
de mitología, de la que hace buena muestra (llama a Cristo
noster Apollo y sobóles Tonantis) Demuestra familiaridad
con autores clásicos (Virgilio, Ovidio, Horacio) y cristia-
nos Agustín en su carta no se pronuncia sobre el valor del
poema, interesándose sólo de su contenido y de la vida de
su autor Los puntos de contacto con algunas obras de
Claudiano, especialmente con el De raptu Proserpinae y el
Panegyricus Probmi et Olybrn, inducen a pensar que Licen
cío sea deudor de Claudiano A K Clarke hace notar que
en ocasiones pueda, mas bien, ser lo contrario, Claudiano
y Licencio pudieron muy bien conocerse en Milán o
Roma
Ediciones PL 33,103-107, E BAEHRENS, Poetae latini minores
(Leipzig 1886) VI 413-420, A Goldbacher CSEL 34-
1(1895)89-95
Traducciones Cf infra, AGUSTIN, Cartas
Estudios M ZELZNER, De carmine Licentu ad Augustinum
(Arnsberg 1915) (texto, mss , notas criticas, métrica, fuentes)
Lew PWK, XIII-1(1923)204-210, J Balmus, La lettre de samt
Augustin a Licentius, en Memoria Luí V Parvan (Bucarest 1934)
p 21-27, G BarDY, Un eleve de saint Augustin Ltcentius AThA
14(1954)55-79, D Romano, Licenzio poeta Sulla posizione di
Agostino verso la poesía ND 11(1962)1-22, A K CLARKE, Clau-
dian and the Augusttnian Circle of Milán Augustinus 13(1968)
125-133 (relaciones entre Claudiano y Licencio)
Endelequio
369
EN DELEQU 10
De Severo Endelequio (en los manuscritos, Carmen Se-
vert sanctt id est Endelechi rhetons = oratoris) poco o nada se
conoce Acaso sea el mismo Endelequio que pide a Pau-
lino de Ñola un panegírico de Teodosio (PAUL, Ep 28) y el
orator que ejerce su arte en Roma a fines del siglo IV en el
Forum Mariis Esta identificación, propuesta por J Sir-
mond en 1614, es hoy comunmente aceptada Sería de
origen galo, como Paulino
El Carmen de mortibus boum, de 132 versos dispuestos
en 33 estrofas, se inspira en las obras bucólicas de Virgilio
El pastor pagano Búculo se queja con su amigo Egón de la
perdida de su ganado de bueyes, victima de la peste, que
asolaba también otras regiones del Imperio Mientras ha-
blan ven pasar al pastor cristiano Titiro, que conduce tran-
quilo su grey, que no ha sufrido daño alguno A la sorpresa
y a las preguntas de los dos pastores paganos, Títiro res-
ponde que sus animales ostentan sobre la frente la señal de
la cruz, garantía de certa salus, y que debe, por tanto, su
buena suerte al Dios magms qut cohtur solus tn urbibus,
Chrtstus Seducidos por el milagro, Búculo y Egón se con-
vierten El poema presenta elementos protrépticos (el pa-
ganismo es, más bien, un fenómeno rural, de los pagt) y
apologéticos (la peste había sido más de una vez achacada a
la superstitio cristiana) La descripción de la peste no carece
de vigor, y acertada es también la representación de los
sentimientos de Buculo La escena se desarrolla en las Ga-
llas, por lo que se cree que no pueda ser otra la patria de
su autor Notable la dependencia de las Bucólicas y Geórgi-
cas, de Virgilio
Ediciones PL 19,797-800, F Bucheler y A Riese, Anthologia
latina 1-2 (Leipzig 1906) p 334-339 n 893
Estudios J Martin BJ 221-2(1929)105-106 (bibliografía),
H DE la Viixe de Mirmont, L'astrologie chez les Gallo-Romains
REAN 8(1906)135-137, J Ziehen, Neue Studien zur lateintschen
Antbologie (Frankfurt-Leipzig 1909) (sobre Endelequio p 20),
C Morelli, Prustula SIF 21(1915)184 185, C Weyman, Das
Gedtcht des Severus Sanctus Endelechius De mortibus boum MM 4
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chen Poesie [Munchen 1926] p 103-110), U Moricca, Endele-
chius o sanctus Endelechius' Did 4(1926)91-94, W SCHMID, Ti-
tyrus Christtanus RhM 96(1953)101 165 (fundamental), Id
370
ha poesta cristiana
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du Carmen de mortibus boum d'Endelechius Latomus 30(1971)151-
160, F CoRSARO, L'autore del «De morttbus boum», Paolino di
Ñola e la política religiosa di Teodosio Orpheus 22(1975)3-26,
T ALIMONTI, Struttura, ideología ed imitazione virgiliana nel «De
morttbus boum» di Endelechto (Tormo 19 7 6) (fundamental)
CIPRIANO POETA
En 1891, Peiper publico en el CSEL 23 la edición crí-
tica de una colección de poemas sobre los libros historíeos
del Antiguo Testamento bajo el nombre de Cipriano Galo,
confiriendo una misma paternidad, aunque poco precisa, a
obras que circulaban ba)o distintos nombres en vanas edi-
ciones En 1560, Morel había publicado 165 versos con el
titulo de Génesis, y el De Sodoma, que el manuscrito usado
(hoy Par 14758) atribuía a Cipriano En 1643, Sirmond
añadió otros fragmentos En 1724, E Martene publico,
con el nombre de Juvenco, otros 1 276 versos de un ma-
nuscrito del siglo IX Estos fragmentos fueron editados va-
rias veces bajo el nombre de Tertuliano, Cipriano, Ju-
venco, Salviano, Alamo, Avito e incluso Prudencio En PL
19,345-380, con las notas de Martene y Arévalo, figuran
entre las obras de Juvenco Pitra en 1852 (Sptc Solesm [Pa-
rís 1852] I 171-258) completa el Génesis con dos manus-
critos de los siglos IX y X y publica por vez primera el
Exodo, Deuteronomio, Josué y parte del Levítico y de
Números, y en 1888 (Analecta sacra et class [París-Roma
1888] I 181-207) añade el libro de los Jueces y otros pasa-
jes del Levítico, Números y Deuteronomio Alegando la
atribución de dos manuscritos y arguyendo de las afinida-
des de vocabulario, sintaxis, idiotismos, licencias poéticas y
métricas, Pitra atribuyó esta vasta producción a Juvenco
Peiper la editó en CSEL 23 con el título de Heptateucos
(siete libros) Los manuscritos antiguos hablan de un Hep-
tateucos, un catálogo del monasterio de San Nazario de
Lorsch añade aún otros libros históricos, como Reyes, Es-
ter, Judit y Macabeos, y un catálogo de Cluny, además, los
Paralipómenos Peiper edita también versos de Job Las
obras de Cipriano a partir del siglo VII fueron transmitidas
conjuntamente con otras de argumento afín, y en especial
con las de Avito, causando enorme confusión en la tradi-
ción manuscrita
Cipriano Poeta
371
A fines del siglo pasado y principios de este, las obras
atribuidas a Cipriano han sido objeto de animado y no es-
téril debate, del que proviene la posición bastante con-
corde de la critica actual Muller planteo el problema en
términos nuevos (RhM 2 1[ 1886] 123-133), y por razones
lingüisticas atribuyo la obra a un poeta galo-romano de los
siglos IV al VI Best (De Cypriant quae feruntur, Marburg
1891) distingue dos autores, uno para el Génesis, escrito
en Italia hacia el 410, y otro galo-romano para el resto de
la obra Peiper, abandonada su precedente atribución a Ci-
priano de Tolón, adelanto la fecha de composición a prin-
cipios del siglo v y propuso por primera vez el apelativo
Gallus, ausente de los manuscritos, que provienen, no obs-
tante, de Francia e Inglaterra Gracias a ios estudios de
Ebert, Harnack, Stutzenberger, Brewer y Hass, se han
aclarado algunos puntos todo el Heptateucos es obra de un
mismo autor, de nombre Cipriano, que escribe hacia el
400, el poeta conoce la obra de Ausonio (Mosella
47 = CYP , Iesu Nave 89) y Claudiano (Paneg III cons
Han 97-90 = Ex 474s, ludic 131, Paneg IV cons Hon
118 = Ex 152), el Génesis de Cipriano es conocido por
Claudio M Victono, que muere antes del 450 (Cypr ,
Gen 105 = Vict , Aleth 1,419, Gen 238 = Aleth 2,364,
Gen 255 = Aleth 2,402, Gen 486s = Aleth 3,433, Gen
585 = Aleth 607) Cipriano utiliza un texto bíblico ante-
rior al de Jerónimo y en algunos casos recurre al griego,
algunas incorrecciones pueden explicarse o con la corrup-
ción del ejemplar de la Vetus usado por el poeta, o a una
errada interpretación del autor Brewer no excluye que el
poeta pueda ser el mismo Cipriano, presbítero culto y ver-
sado en las Escrituras, destinatario de la carta 140 de Jeró-
nimo, que en ella lo alaba y lo complace explicándole el
salmo 89(90), una oración atribuida a Moisés, si se acepta
con Harnack la identidad del autor del Heptateucos con el
de la Caena Cypriant, compuesta a fines del siglo IV no
lejos de Brescia y Verona, Cipriano poeta sería, para Bre-
wer, un presbítero culto, como afirma Jerónimo, del norte
de Italia que consagro su arte a la educación religiosa del
pueblo
1 «Heptateucos»
El Heptateucos, reconstruido por Pitra, aunque aún in-
completo, consta de unos 5 250 versos, casi todos hexáme-
372
La poesía cristiana
tros, meaos tres cánticos endecasílabos el de Moisés luego
de pasar el mar Rojo (Ex 15 = Cypr , Ex 507-542), el del
pueblo junto al pozo de Beer (Num 21 = Num 557-568) y
el de Moisés antes de morir (Dt 31 = Dt 152-278), acaso
lo mejor que Cipriano compuso Los libros son de desigual
extensión Génesis, 1 498 versos, Exodo, 1 338, Levítico,
309, Números, 777, Deuteronomio, 288, Josué (Iesu
Nave), 585, Jueces, 760 Las cifras revelan la preferencia
del autor por las secciones narrativas, en el Levítico y Deu-
teronomio, y de ahí su brevedad, el autor no se interesa por
la legislación cultual, poco actual y de escaso valor pedagó-
gico, alude brevemente a las reglas de pureza e impureza y
atiende sólo a lo que puede interesar al lector Por lo ge-
neral, Cipriano se limita, como Juvenco, a poner en verso
el texto bíblico, aunque omite, a veces capítulos enteros
(vgr Ex 26-31 = CYPR , Ex 1090-1 133, Ex 35-40 = Ex.
1322-1333, descripción y erección del tabernáculo), no
omite el incesto de las hijas de Lot ni tampoco se escanda-
liza Sólo en ocasiones cede a la tentación de amplificar y
djlatar notablemente el texto (vgr eJ paso del mar Rojo
[Ex 14 = Ex. 418-507], las quejas de los hebreos en el de-
sierto [Ex 16,3 = Ex. 579-597], el becerro de oro [Ex
32 = Ex 1134-1246] y la marcha del Sinaí [Núm 10,32-
34 = Num. 205-240]). Claudio M Victono emplea 390
versos para describir la creación y el paraíso, a Cipriano le
bastan 72, aunque concede más amplio espacio a la historia
de José (Gén 37-47 = Gen 1129-1468) A diferencia de
Victono, Cipriano, por fidelidad al texto, conserva casi to-
dos los nombres bíblicos, aunque latinizándolos Noé es
Noelus, Lamec, Lamechus, Sem y Cam, Sethus y Cham-
mus, Lot se convierte en Lodus, etc
Cipriano demuestra conocer bien los autores clásicos
Horacio, Ovidio, Persio, Catulo y, sobre todo, Lucrecio y
Virgilio, de los que toma, a veces, versos enteros, de los
cristianos conoce a Juvenco, Prudencio y Paulino de Ñola
Acuña vanos neologismos, como celsnugus (Gen 291 y
375), clepto (Ex 827 y 881), dittftcus (Num 677), mitigo
(Lev 160), lentigradus (Gen 1064), frecuente el uso de
tonans para designar a Dios en una obra que no gusta de
reminiscencias mitológicas. Cipriano es un buen artesano
del verso, aunque no siempre observe rigurosamente las
leyes métricas y guste con frecuencia de la aliteración, en
conformidad con la moda de su tiempo. La familiaridad
con la literatura clásica y bíblica, la pureza de la doctrina, la
Cipriano Poeta
373
ausencia de la mitología (no desdeñada por otros poetas
cristianos) y el tiempo de su composición militan en favor
de la opinión de Brewer, que identifica el Cipriano poeta,
autor del Heptateucos, con el Cipriano destinatario de la
carta 140 de Jerónimo Para no engendrar confusiones
convendría abstenerse del apelativo Gallus Tras la aten-
ción que mereció a fines del pasado y principios de este
siglo, la figura y obra de Cipriano ha sido descuidada, aun-
que merecería renovada atención por parte de la crítica
Edición R Peiper CSEL, 23(1891), PLS III 1151-1245
Estudios J E B Mayor, The Latín «Heptateuch» crtttcally
reviewed (London-Cambridge 1899) (notas criticas y filológicas),
A STUTZENBERGER, Der «Heptateuch» des galhschen Dichters Cy-
prtanus (Zweibrucken 1903), J CoRNU, Zum «Heptateuchos»
Cyprtani ALLG 13(1904)192, H BREWER, Uber den «Hepta-
teuchdichter» Cypnan und die Caena Cypnant ZKTh 28(1904)
92-115, O HEY, Textknttsche Bemerkungen zu lateinischen
Schrtftstellern, en Festschrift zur 25 jahrige Sttftungsfest des hist -
phtl Vereins der Vntv Munchen (Munchen 1905) 44, J CoRNU,
Zwet Beitrage zur lateinischen Metrik Prager deutsche Studien
8(1908)50-57, W HASS, Studten zum «Heptateuchdtchter» Cy-
pnan (Berlín 1912), F Vernet DTC, III( 1923)2470-2472, L
Krestan RACh 1 1 1 < 195 7 )477-481, D KuijPER, Maxilla per vía
(emendatio) VC 6(1952)44-46, A LONGPRE, Traitement de ¡'eli-
sión chez le poete Cyprianus Gallus Phoenix 26( 1972 )63-6 7 , Id ,
Structure de l'hexametre de Cyprianus Gallus Cahiers des etudes
anciennes 1(1972)75-100, S SmoLAK, Latetmsche Umdeutungen
des biblischen Schopfungsberichtes SP XII[TU 115] (Berlín 1975)
p 350-360, A LONGPRE, L'étude de l'hexametre de Venantius Fortu-
natus Cahiers des etudes anciennes 5(1976)45-58
2 Obras dudosas o espurias
a) «Orationes»
Son dos y figuran en los manuscritos como Orationes
Cypriani La segunda es un centón bíblico, Harnack la
atribuye al autor de la Caena Cypriani, pues menciona a
Tecla y procede del sur de las Gahas K Michel coloca
ambas en el período posconstantiniano, aunque dependen
de un original griego de los siglos II o III.
Ediciones PL 5,985-900 (Cipriano de Antioquia), W HARTEL
374
La poesía cristiana
CSEL 3-3(1871)144-151; A. Harnack [TU 19,3] (Leipzig 1899)
p.25-28.
Estudios: K. MiCHEL, Gebet und Bild in frühchristlkker Zeit
(Leipzig 1902) p.2-22; Th. Schermann, Die griechische Kypria-
nosgebete: OC 3(1903)303-32 3; H. von Soden [TU 25,3] (Leip-
zig 1904) p.222 (mss.).
b) «Caena Cypriani»
Cf. J. QUASTEN, Patrología I p. 646-647. Harnack y
Brewer la atribuyen al autor del Heptateucos y la datan en
torno al 400. Brewer la hace depender de Zenón de Ve-
rona (t 380); su autor conoce los Acta Pauli, casi ignora-
dos en Occidente, pero recomendados por Filastrio de
Brescia; alusiones geográficas y a vinos, su interés por el
río Po, son elementos que orientan hacia la región de
Brescia y Verona. W. Hass, concediendo su ubicación en
el norte de Italia, niega la atribución al autor del Heptateu-
cos por la diversidad del texto bíblico usado. Lapótre se
inclina a fecharla en tiempos de Juliano el Apóstata y as-
cribirla al español Baquiano. La Caena Cypriani es una pa-
rodia en prosa en que intervienen varios personajes bíbli-
cos. Conoció gran fortuna en la Edad Media (fue leída en las
fiestas de la coronación de Carlos el Calvo) y fue honrada,
al menos, con tres versiones poéticas.
Ediciones: A la bibliografía de J. Quasten {Patrología I p.665-
666) añádase PL 4,1007-1014 (entre las obras de Cipriano);
CPL 1430.
Estudios: A. LAPÓTRE, Le souper de Jean Diacre: MAH 21
(1901)305-385; K. Strecker, Die Caena Cypriani und ihr Bibel-
text: Zeitschrift für wissenschaftlichen Theologie 54(1912)61-68;
W. HASS, Studien zum «Heptateuchdichter» Cyprian mit Beitrágen
zu den vorhieronymianischen Bibelübersetzungen (Berlín 1912); G.
BARDY: RBibl 11(1914)117-121; A. Lampert, Bachiarius: DHG,
VI(1932)58-61; F. X. Murphy, Bachiarius: Classical Folia 5
(1951)24-29 (= J. M. F. Marique [ed.], Leaders oflberean Chris-
tianity [Jamaica Plain 1962] p. 121-126).
c) «De Sodoma» y «De lona»
El primero, de 167 hexámetros, publicado por Morel
en 1560, figura en algunos manuscritos (v.gr.: Parts.
14758) bajo el nombre de Cipriano; en otros (Parts.
2772), de Tertuliano. El De lona (De Ninive), de 105 ver-
Cipriano Poeta
375
sos, publicado por Juret en la Bibliotheca Patrum de Marga-
rin de la Bigne, es inseparable del primero en razón de una
parte de la tradición manuscrita (v.gr.; París. 2772, del si-
glo X), de una referencia explícita al De Sodoma y, sobre
todo, por la forma y procedimientos estilísticos. Acaso
formaron parte de una composición más extensa. El De
lona no se ha conservado completo, pues concluye tras el
episodio de la tempestad y no dice nada de la predicación
de Jonás en Ninive, no obstante el título De Ninive con
que figura en algunos manuscritos. El De Sodoma (Gén 19),
más extenso, habla de la destrucción de las dos ciudades
corrompidas, de la transformación de la mujer de Lot en
una estatua de sal y del comportamiento de Dios con am-
bos. Ambos poemas coinciden en la finalidad penitencial y
el enérgico llamamiento a la conversión. El poeta, imbuido
de cultura clásica, maneja el texto bíblico con libertad ma-
yor de la que se permitieron Juvenco o Cipriano. Peiper
no los asignaría al poeta Cipriano, aunque los colocaría en
fecha y lugar cercanos; Hass concuerda con Peiper en ne-
gar la atribución a Cipriano, admitida por Brewer.
M. Dando ha señalado recientemente varios puntos de con-
tacto con los libelli de Avito, y a él los atribuye; pero
A. Roncoroni, amén de mitigar la importancia de las afinida-
des descubiertas por Dando, observa, y con buen acuerdo,
que tales afinidades demostrarían que Avito conocía los
poemas, no que fuese su autor.
Ediciones: PL 2,1159-1162 (De Sodoma); PL 2,1166-1172
(De lona), ambos entre las obras de Tertuliano; W. H ARTEL:
CSEL 3-3(1871)289-301 (Ps.-Cipriano); R. Peiper: CSEL
23(1891)212-226.
Estudios: H. Brewer, Über den «Heptateuchdichter» Cyprian
und die Caena Cypriani: ZKTh 23(1904)92-115 (esp. p.98ss);
W. Hass, Studien zum «Heptateuchdichter» Cyprian (Berlín
1912); O. Ferrari, Intorno alie fonti del poema di Cl. M. Vittore:
Did 1(1912)57-74 (p.73); M. Dando, Alcimus Avitus as the
Author of... «De Sodoma» and «De lona», formerly attributed to Ter-
tullian and Cyprian: Classica et Mediaevalia 26(1967)258-275;
A. RONCORONI, L'epica lírica di Avito di Vienna: VetChr 9(1972)
303-329 (esp. p.318-323).
d) «Ad quendam senatorem» (incipit: «Cum te diversís»)
Algunos códices (v.gr.: Wat. Reg. 116 fol. 114 y París.
2772) atribuyen a un Cipriano un poema de 85 hexáme-
376
La poesía cristiana
tros que lleva por título Cypriani ad quendam senatorem ex
cbristiana religione ad idolorum cultum convenían. El autor
anónimo escribe en verso — el destinatario era amante de
la poesía; cf. v.3s — a un excónsul que, decepcionado del
cristianismo, se había hecho seguidor de la Magna Mater y
de Isis, haciéndose sacerdote de ésta. El poeta censura las
inmoralidades de los sacerdotes de Cibeles y amonesta al
infeliz y ridículo senador a cambiar vida y sacudirse el
error (v.84: suffecit peccare semel). El poema, que se distin-
gue por la pureza del vocabulario (dos neologismos: v.43,
vericola; v.8$,fidamen) y la observancia de las reglas métri-
cas, se encuadra en el clima espiritual de fines del siglo IV.
Algunos indicios (v.gr.: v. lis) permiten concluir que fue
compuesto en Roma.
Ediciones (CPL 1432): PL 2,1163-1166 (entre las obras de
Tertuliano); W. Hartel: CSEL 3-3(1871)302-305; R. Peiper:
CSEL 23(1891)227-230.
Estudio: H. BREWER, Über den «Heptateuchdichter» Cyprian
und die Caena Cypriani: ZKTh 23(1904)92-115.
ESPES (SPES)
Espés, obispo de Spoleto a fines del siglo IV o princi-
pios del VI, según De Rossi y Frutaz, anterior a Aquiles (o
posterior, según Lanzoni), es el autor de un poema de 12
versos en honor del mártir Vidal, muerto crucificado, cuyo
cuerpo fue hallado por el obispo. El texto se conserva en
el Vallic. H 8 1 fol.528 (incipit: «Martyris hic locus») y fue
publicado por De Rossi en 1871. El poema, de buena traza
y excelente metro, encomienda a la intercesión del Santo a
su autor y a la virgen Calventia — con toda probabilidad,
hija del obispo, acaso aún joven — para que persevere en
su propósito de virginidad. Espés murió, al cabo de treinta
y dos años de episcopado, el 23 de noviembre. Se con-
serva su epitafio. Sus reliquias pasaron a la capilla imperial
de Aquisgrán por orden de Carlomagno.
Ediciones: G. B. De ROSSI: Bullettino di archeologia cristiana,
2. a ser. 2(1871)95; CIL XI p.723 n.4966; E. Diehl: ICLV, I
p.364 n.1851.
Estudios: G. B. De Rossi, Spicilegio d 'archeologia cristiana nell'
Aquiles
Í77
Umbría: art.cit. p. 94-120; F. LANZONI, Le diócesi d'ltalia (Faenza
1927) I p.436-438; C. Pietrangeli, Spoletium (Roma 1939)
p.79-80; H. LeclercQ: DAL, XV( 1953)1639-1640; A. Rambaldi
y B. TOSCANO, Spoleto. Immagini e memorie (Spoleto 1963); A. P.
FRUTAZ, Spes e Achilleo vescovi di Spoleto, en Atti del II Convegno
di studi Umbri (Perugia 1964) p.362-365.
AQUILES
Acbilles o Achillis, como figura en sus poemas, fue
obispo de Spoleto a principios del siglo V. El 419, ya con-
secuencia de las disensiones que agitaban la iglesia de
Roma, dividida entre el papa Bonifacio I, elegido el 27 de
diciembre del 418, y el aspirante excluido Eulalio, Aquiles
fue encargado por la corte de Rávena de celebrar las festi-
vidades pascuales en Roma, pues los dos contendientes
habían sido alejados de la Urbe por la autoridad civil. La
Collectio Avellana (ed. O. Günther: CSEL 35) conserva
ocho cartas sobre este episodio, y entre ellas la 22 (p.69),
fechada el 15 de marzo, dirigida a Aquiles con la invitación
a trasladarse a Roma, donde llegó el 2 1 del mismo mes, a
tiempo para celebrar la Pascua, que era el 30. La misión
encomendada a Aquiles demuestra el ascendiente de que
gozaba ante la corte.
Aquiles erigió una iglesia de San Pedro extra moenia,
junto a la vía Flaminia, al este de Spoleto, y en ella depuso
reliquias del apóstol. Para esta iglesia compuso algunos
poemas, de los que se conservan cuatro en la colección
Laureshasmense IV, del siglo VII (Vat. Pal. lat. 833, del si-
glo IX-X), e incompletos en la Centulense, del siglo VII
(códice de Corbie, hoy Petropolitanus, del siglo VIH-IX).
El primero (incipit: «Amistes Xti»; DE ROSSI, n. 79 p. 1 13-
1 14), de 14 versos, exalta la magnificencia de la iglesia que
alberga las reliquias del apóstol San Pedro; el segundo (inci-
pit: «Quidnam igitur»: DE ROSSI, n.80 p. 1 14), que es una pa-
ráfrasis amplia de Mt 16,16-19, muestra que todas las igle-
sias dependen de Pedro, y proclama su primado universal,
cuya eficacia se extiende hasta lo cielos; el tercero (incipit:
«Qui Romam»: De ROSSI, n.81 p. 114) hace saber al pere-
grino que se encuentra en una sedes Petri, pues allí reposan
reliquias del apóstol; el cuarto (incipit: «Solvente iuvante»:
De ROSSI, n.82 p.114) habla de la potestad de Pedro de
desatar las cadenas en la tierra y abrir las puertas del cielo.
378
La poesía cristiana
Los poemas de Aquiles, inferiores por lengua y metro a los
de Espés, son importantes para la doctrina del primado de
Pedro, arbiter en la tierra y ianitor en el cielo.
Ediciones (CPL 1484): G. B. De RoSSI, Inscriptiones christia-
nae Urbis Romae (Roma 1888) II-l n.79-82 p. 1 13-1 14; CIL XI
2,1,698-699 (PLS III 1246 sólo el n.82).
Estudios: U. Rouzms: DHG, 1(1912)314-315; C. Pietrange-
li, Spoletium (Roma 1939); H. Leclercq: DAL, XV( 1953)1639-
1640; A. RAMBALDI y B. TOSCANO, Spoleto. lmmagini e memorie
(Spoleto 1963) p. 17-74 (el cristianismo en los primeros siglos);
A. P. Frutaz, Spes e Achilleo vescovi di Spoleto, en Atti del II Con-
vengno di studi Umbri (Perugia 1964) p.352-377.
CLAUDIO MARIO VICTORIO
Sólo Genadio refiere noticias seguras sobre este autor,
en su De viris til. 61: «Victorius, rétor de Marsella,
compuso para su hijo Eterio un comentario del Gé-
nesis desde el principio hasta la muerte del patriarca
Abrahán, en cuatro libros en verso, con verdadero espíritu
cristiano y piadoso; mas, ocupándose el autor de literatura
profana y no habiendo sido instruido por maestro alguno
en las sagradas Letras, expresó poéticamente pensamientos
de escaso valor. Murió reinando Teodosio [II] y Valenti-
niano [III]». Sidonio Apolinar (Ep. 5,21: PL 58,550, ed.
Loyen 2,211) alaba a un poeta de nombre Victorius, que
bien pudiera ser el que nos ocupa, o el Victorius de Aqui-
tania, autor del ciclo pascual del 457. Los códices de Ge-
nadio transcriben Victorius y Victorinus, nunca Víctor, y
el único códice de la Alethia (Par. lat. 7558, del siglo IX),
Víctor y Victorius. Se prefiere hoy el nombre de Victorius
(Hovingh en CCL y CPL 1455) al de Víctor (Schenkl en
CSEL). Victorio, rétor de profesión, seglar y casado, con-
temporáneo de Prudencio, murió, según Genadio, entre el
425 y el 450. La mención de los alanos y la decidida de-
fensa del libre albedrío aconsejan colocar la composición
de la Alethia entre el 420 y el 440. Los manuscritos de
Genadio hablan de cuatro o tres libros; conocemos sólo
tres, aunque el último lleve el explicit del cuarto y no lle-
gue a la muerte de Abrahán, sino a la destrucción de So-
doma y Gomorra (Gén 29,28). Algunos autores (Gagny,
Ceillier, Clément) piensan que el cuarto no fuera otro que
Claudio Mano Victorio
379
la Epístola ad Salmonem (= Epigramma Paulini), que en el
manuscrito venía a continuación de la Alethta; otros
(Schenkl), que fuesen sólo tres. Sin embargo, el texto más
seguro de Genadio (el tres de algunos códices puede pro-
venir de la corrección de un amanuense que conocía la
obra ya incompleta), el explicit y la afirmación de Victorio
en la praecatio (v. 106) aconsejan considerar el cuarto libro
como perdido. En todo el poema no se lee alusión alguna
al hijo Eterio, aunque no se excluye la existencia de una
dedicatoria, hoy perdida; en todo caso, la intención didác-
tica es clara (praecatio v. 104s: dum teneros formare ánimos ei
corda paramus I ad verum virtutis iter puerilibus animis);
evita (las hijas de Lot: Gén 19,31-38) o apenas trata los
episodios menos edificantes (los vicios de los habitantes de
Sodoma), excusándose por ello con el lector.
La Alethia (transcripción del griego úXrjfteui) se abre
con una larga e intensa oración (126 versos), que es, a la
vez, profesión de fe (in tribus esse deum, sed tres sic credimus
unum: v.5) y alabanza de Dios, creador y sustentador del
mundo; suplica que su poema, aunque incorrecto, no dañe
la doctrina (v. 1 19-122) y termina con unos versos de sabor
litúrgico. El libro I (523 versos) abraza los tres primeros
capítulos del Génesis: desde la creación del mundo hasta la
expulsión de Adán y Eva del paraíso; el libro II (457 ver-
sos), la historia de Caín hasta el diluvio; el III (741 versos),
la descendencia de Noé y la historia de Abrahán hasta la
destrucción de Sodoma.
Victorio, que demuestra poseer una buena cultura clá-
sica, no se limita a poner en verso el texto bíblico, como
hizo Juvenco, sino que explica, amplía y exhibe su erudi-
ción aduciendo tradiciones y leyendas de diversa proce-
dencia. Confuta la doctrina atomística (I 22-32) y combate
la astrología, que había hecho adeptos en las Galias (III
139-148); aclara que, al principio, Dios creó sólo los géne-
ros (I 17 ls); que, cuando Dios pronunció la sentencia de
condenación, la tierra tembló y se formó el Tártaro (I
474); que la construcción del arca duró cien años para dar
espacio de penitencia a los hombres, que se hicieron aún
mayormente culpables (II 425-433); que Adán y Eva no
necesitaban vestidos, porque sus ojos, fijos en el cielo, no
se cuidaban de las cosas del cuerpo (I 423-438); que el
pecado debilitó sus cuerpos, y por ello sintieron el calor y
el frío (I 434-438). Frecuentes las digresiones (v.gr.: sobre
el politeísmo [I 394-405], cuyos orígenes remontan a Nem-
380
La poesía cristiana
rod, que para consolarse de la muerte del hijo le erigió
altares y rindió honores, inaugurando así un ejemplo ne-
fasto [III 170-209]), la más amplia y literariamente más
lograda se lee al principio del libro II, cuando expone la
condición del hombre fuera del paraíso, enfrentado con
una naturaleza que le es hostil y llevando consigo aún la
nostalgia de la feracidad del suelo paradisiaco Victono
elabora a la sazón una teoría de la civilización que deriva
de Lucrecio Adán y Eva encuentran fuera del Edén a la
serpiente que los sedujo, le arrojah piedras para matarla,
que, al chocar entre sí, provocan chispas que incendian el
bosque, así se inventó el fuego
Genadio reprocha a Victono su escasa doctrina teoló-
gica, y, aunque severo, es un juicio pertinente Victorio
hace gala de muchas ideas de la mejor tradición pagana,
sobre todo platónica, defiende con insistencia la libertad
humana, la mayor gloria del hombre, que confiere valor a
las acciones humanas (praecatio 69-71, I 328-331), la crea-
ción sólo tiene sentido en relación al hombre, pues en sí
misma carecería de gloria el hombre, el spectator avidus
(cf I 155s), es el fin de la creación possessto nulla est si
rerum possessor abest (I 157) Plinval hace sospechoso a Vic-
tono de semipelagianismo, de lo que tanto Ferrari como
recientemente Hovingh lo absuelven
Victono ha imitado y utilizado sin reparos fuentes pa-
ganas, como Ovidio, Virgilio y, sobre todo, Lucrecio, y
cristianas, como Lactancio, Prudencio, Ambrosio, Agustín
y el Carmen de providentta divina Su lengua y estilo son
correctos, aunque a veces la expresión sea oscura y de difí-
cil traducción No le faltan momentos de verdadera inspi-
ración, sobre todo en las descripciones Su obra, al pare-
cer, no conoció gran difusión, acaso debido al parecer ne-
gativo de Genadio o a su contenido, poco útil para la edifi-
cación, el Decreto Gelasiano no lo menciona A Mai le
atribuye un poema De natuntate vita passione et resurrectione
Domini (Classici auctores e Vat cod ed [Roma 1833]
P 385)
Ediciones PL 61,937-972 (ed Gagny), C SCHENKL CSEL
16(1888)335-498, P F Hovingh CCL 128(1960)111-198
Traducciones Francesa P F HOVINGH, Cl Manus Victorius,
«Alethia», ha priere et les vers 1-170 du hvre I (Groningen 1955)
(con comentario) — Holandesa A Staat, De cultuurbeschouwing
Sedulio
381
van Cl M Víctor Comm op «Alethia» II 1-202 (Amsterdam
1952)
Estudios A BOURGOIN, De Cl M Victore rhetore christiano
quinti saecuh (París 1883), S GAMBER, Un rheteur chrétien au
V siecle (Marseille 1884), C PASCAL, Sopra alcunt passi delle Me-
tamorfosi ovidiane imitati dai pnmi scrittori cristiani RFIC 37
(1909)1-6, F E ROBBINS, The Hexaemeral Literature A Study of
the Greek and Latín Commentaries on Génesis (Chicago 1912),F FAL-
CIDIA RlGGlO, Cl M Vittore, retore e poeta Saggio critico (Ni-
cosia 1912), O Ferrari, Un poeta cristiano del quinto secólo
Cl M V more (Pavía 1912) (fundamental), Id , Intorno allefonti del
poema di C M Vittore Did 1(1912)57-74, A H Krappe, A
Persian Myth in the «Alethia» of C M Víctor SJMS 17(1942)
255-260, G Bardy DTC XV(1948)2877-2880, D R S
BAILEY, Echoes of Propertius Mnem 5(1952)307-333, P F Ho
VINGH, La fumee du sacrifice de Caín et Abel et l'«Alethia» de C M
Victonus VC 10(1956)43-48, ID x Cl M Victorius, «Alethia» 1
188 VC 13(1959)187-189, Id, A propos de l'edition de Cl M
Victorius, parue dans le CCL SE 1 1(1960)193-2 1 1 , H SILVESTRE,
Loa paralleli entre l'«Alethia» de C M Victorius et la «Consola-
non» de Boece SE 13(1962)517-518, A Hudson-Williams, Notes
on Cl M Víctor CQ 14(1964)296-310, Id , Ne hapax qmdem
legomenon Eranos 61(1963)176-177, Y M DuvAL, Un texte du
V" siecle relatif au sanctuaire apolhnien des Leuci, en Miscellanea
Renard (Bruxelles 1969) II p 256-261, J M EVANS, Paradise
Lost and the Génesis Tradition (Oxford-London 1968), H H
HORNEY, Studien zur «Alethia» des M Victorius Diss (Bonn
1972), K Smolak, Unentdeckte Lukrezspuren WSt 8(1974)216-
2 7 3, M D Metzger, Manus Victoriut and the Substantive Inftnt-
tive Eranos 72(1974)65-67, R HERZOG, Die Bibelepik der latei-
nischen Spatantike I (Munchen 1975)
SED U LIO
Poeta muy estimado en la Edad Media y Moderna, con
quien la tradición se ha mostrado muy avara de noticias El
nombre Caelius o Coelius se lee sólo en manuscritos tar-
díos y falta en las primeras ediciones Algunos manuscritos
(vgr el Gothanus, del siglo VIH) refieren en la inscriptio
que Seduho, rétor y laicus, estudió filosofía en Italia y,
aconsejado por el presbítero Macedonio, enseñó métrica y
compuso en Acaya algunos libros en verso, siendo empe-
radores Teodosio y Valentiniano (425-450) En la dedica-
toria del carmen a Macedonio, el autor habla de su «con-
versión» (¿era pagano o cristiano sólo de nombre 5 ), es de-
382
La poesía cristiana
cir, del abandono del cultivo de las letras paganas, lo cual
confirma, en parte, la noticia de los manuscritos Acerca
del lugar de su nacimiento y residencia, las noticias no son
muy antiguas El códice Marcianus, de Venecia, lo llama
genere italicus, y Aldelmo confirma y precisa Romae urbis
indígena Es carente de todo fundamento la opinión de Si
gerson, que, basándose en Tritemio (Script eccl 142), lo
hace proceder de Irlanda (scotus), y reconstruye una vida
completamente fantástica del poeta
La cronología que proponen los manuscritos es mas
convincente y puede ser corroborada con diversos argu
mentos Seduho es citado o imitado por poetas y escritores
de la segunda mitad del siglo V como Paulino de Pen
gueux, Avito, Draconcio, Enodio, etc Turcio Rufo Aste-
no, cónsul el 494, editor de Virgilio (códice Mediceo de
Virgilio), a tenor de algunos códices, cuido la edición del
Carmen (probablemente, una nueva edición), en los mis-
mos códices se lee un epigrama de Asteno que habla de la
edición y elogia el poema (Anthologia latina 1-2 491, CSEL
10,307) El Decreto Gelastano, a fines del siglo v, elogia la
obra de Seduho (que Genadio ignora) y lo llama vir venera-
bilis (34, alusión al sacerdocio) Liberto Belisario, poeta del
siglo VI, le da el titulo de antistes (Anthologia latina I 2
492 y 493, CSEL 10,307-310), e Isidoro de Sevilla, el de
presbyter (De viris til 20 PL 83,1094), lo cual hace pensar
que fuese sacerdote, e interviene como cantor en las fun-
ciones litúrgicas (carm 1,23 26) Poco atendible por dema
siado tardía, la noticia que lo hace obispo ademas del am-
biguo antis tes de Liberio, solo se lee en Alcuino (PL
101.609B) y Sigeberto de Gembloux (PL 160.549A), que
llega a colocarlo en tiempos de los hijos de Constantino
La ministra Sincletices, para quien Seduho tiene tantas ex-
presiones de estima y elogio, viva aun al tiempo en que
escribe, y a quien pensaba dedicar su carmen, probable-
mente no es otra que Sincletices, hermana de Eustacio, que
en Italia a fines del siglo IV tradujo en latín el Hexaemeron
de Basilio El tono en que Seduho habla de Jerónimo di-
vinae legis interpretis et caelestis bibhothecae cultoris (Ad Ma-
ced Huemer, 8,10s) da casi a entender que hubiera ya
muerto (419-420) Añádase que Seduho, que habla del sa-
behanismo y del arrianismo, nada dice del nestorianismo
Todos estos indicios, amen de la lengua y versificación,
inducen a colocar su actividad en Italia, en la primera mi-
tad del siglo v, entre el 420 y el 430
Seduho
Paschale carmen es el titulo que Seduho, inspirándose
en Pablo pascha nostrum immolatus est Christus (Ep ad Ala-
ced HUEMFR, 19, 9s), dio al poema con que se propuso
cantar los mirabilia del Salvador El autor divide su obra en
cuatro libros, quiza porque consideraba el I, que trata del
Antiguo Testamento, como una especie de introducción
Isidoro de Sevilla habla de tres libros (De vins ill 20 PL
83,1094), y asi aparece dividida en algunos manuscritos ( a
saber, 1-2, 3-4, 5), mientras que las ediciones impresas
adoptan la división en cinco libros
Seduho habla de su obra y de la finalidad que con ella
se propone en la carta dedicatoria a Macedonio, un sacer-
dote por el que siente veneración y estima, mas acaso solo
una ficción literaria que ofrece al autor la oportunidad de ex-
plicarse acerca de su poema y de! genero literario adop-
tado Convertido a Dios y abandonada la sabiduría mun-
dana, Seduho ha decidido emplear sus talentos, ejercitados
hasta ahora en los estudios profanos, en servicio del bien y
para proclamar la verdad a los demás, pues no estaría
exento de culpa quien no hiciera fructificar los dones reci-
bidos de Dios Recurre a la poesía porque la gente no lee
de buen grado obras en prosa (rhetortca facundia) y se
siente, en cambio, atraída por las delicias del verso un
poema, leído una y otra vez, se imprime en la memoria
Hay, pues, que servirse de esta afición y no perder la oca-
sión de atraer por su medio a los demás a la fe
El programa de Seduho tiene, pues, en cuenta el de-
bate cultural de su tiempo acerca de la rusticitas cristiana,
que tan grandes dificultades oponía al acercamiento de las
personas de cultura refinada al cristianismo (v gr San
Agustín) Seduho cree poder allanar esta dificultad y se
tiene casi por un innovador en este campo raro, pater op-
ttme divinae muñera potestatis stilo quisquam huius modula-
tionis aptavit (HUEMER, 5,2ss) Se advierte en sus palabras
una nota de orgullo, de vanidad literaria y una cierta exa
gerada opinión de sus capacidades artísticas En todo caso,
para Seduho la poesía épica es solo un medio, un instru-
mento al servicio de la fe, y advierte por ello la necesidad
de ponerlo en claro para defenderse de posibles críticos o
detractores
En los primeros versos del poema, aunque en otros
términos, Seduho vuelve sobre la razón que le ha movido
a escribir si los paganos se sirven de la poesía para cantar
las fantasías de su magín, ^por que habría el de callar los
384
La poesía cristiana
prodigios insignes del Salvador, avezado como está a ento-
nar los cantos de David con la lira de diez cuerdas y a estar
en el coro en actitud reverente? Pide luego a Dios que le
sirva de guía, y emprende su canto ensalzando la potencia
de Dios, creador, ordenador y sustentador del universo, y
de los mirabilia que llevó a cabo en el Antiguo Testa-
mento. Expone a continuación los prodigios de la ley
nueva, haciendo preceder una arremetida contra Arrío y
una exposición de la recta fe. El libro II, tras una breve
mención del pecado original, presenta la infancia de Jesús,
el bautismo, la elección de los apóstoles y un extenso co-
mentario del padrenuestro (231-300). Los libros III y IV
tratan de los milagros de Jesús, siguiendo por lo regular a
Mateo, y de algunos discursos. El quinto, y más extenso de
los libros, abarca desde la última cena hasta la ascensión.
Sedulio mismo transpuso luego en prosa su Carmen
paschale, titulándolo Opus, exhibiéndose con ello en un
ejercicio escolástico muy en boga: priores igitur libri, qui
versu digestí sunt, nomen Paschalis carminis acceperunt, se-
quentes autem in prosam aulla cursus varietate conversi, Pas-
chalis designan tur operis vocabulo nuncupati (HUEMER,
173,16-19). En la segunda carta a Macedonio, Sedulio sos-
tiene que asumió esta nueva fatiga a petición suya: praece-
pisti... paschalis carminis textum... in rhetoricum me transferre
sermonem (HUEMER, 171,3-5), pero no da a conocer la ra-
zón, si fue porque el carmen fue de su agrado o porque
había procedido stilo liberiore. La razón de esta translatio (2,
ad Maced., 172,5) no es, pues, clara; algunos autores creen
que obedeciese a reproches de Macedonio por no haber
sabido expresarse con claridad o por haber tratado con
demasiada libertad el texto sagrado. Curtius juzga poco
probable tal razón, y la susceptibilidad de Macedonio, más
supuesta que probada. Juvenco no había provocado re-
serva alguna con su armonía evangélica. El Opus, por otra
parte, trata la Escritura con no menos libertad que el Car-
men, del que no es una revisión en sentido estricto, sino la
exposición de las mismas ideas y de idéntico argumento en
un sermo diverso; es, pues, una diferencia de forma, no de
contenido, la que distingue las dos obras. No cabe, pues,
aducir razones de orden teológico. La sola razón que Sedulio
invoca para justificar su doble fatiga es el ejemplo de otros
autores. De ahí que no sea errado concluir que Sedulio,
que en sus profesiones de humildad deja traslucir una cierta
complacencia en sus talentos literarios, haya querido dar
Sedulio
385
prueba de ellos componiendo en prosa y verso la misma
obra.
El Carmen, a diferencia del Opus, que se conserva en
pocos manuscritos, fue un texto escolar de la Edad Media,
con ejemplares en todas las bibliotecas monacales. Ni su
fama menguó en el Renacimiento, que tenía a Sedulio, en
palabras de Lutero (P. Drews, Disput. Al. Luthers [Góttin-
gen 1895] p.588), por christianissimus poeta. Sigerson
cuenta 75 ediciones del Carmen hasta 1886.
Sedulio maneja el texto bíblico con mayor libertad que
otros poetas, recurre a menudo a explicaciones alegóricas,
cita dos veces los apócrifos y no duda en dar expresión a
sus sentimientos e ideas. A fuer de scholasticus, ostenta una
marcada preocupación didáctica al servicio de la edifica-
ción y no desdeña los recursos oratorios ni el tono enfá-
tico. Formado en los clásicos (Virgilio, Ovidio, Lucano,
Claudiano, etc.), su lengua y sintaxis son, por lo general,
correctas y su manejo del verso supera el de los otros ver-
sificadores bíblicos. Todo ello hacía de su Carmen un texto
singularmente apto para la enseñanza del latín en las es-
cuelas.
De Sedulio han llegado, además, otras dos composicio-
nes poéticas: la primera (cantemus, socii) es una elegía de 55
dísticos con epanalepsis, es decir, con la repetición al final
del segundo verso de una palabra de la primera mitad del
precedente. La elegía es una breve exposición de la histo-
ria de la salvación que empieza con el pecado de Adán,
recuerda algunos episodios del Antiguo Testamento en-
tendidos a la luz de Cristo y la vida y milagros del Salva-
dor, con una confesión trinitaria al fin. La segunda es un
conocido himno (A solis ortus cardine), abecedario (23 es-
trofas) en dímetros yámbicos, que canta la vida, milagros y
obra redentora de Cristo. Las estrofas a-g (7) se leen en la
liturgia de Navidad; las h, i, l, n, en Epifanía (algunos him-
narios incluyen también las estrofas k y m); otros ritos lo
transcriben por entero y comparece también en otras
fiestas.
Ediciones: PL 19,549-770 (ed. Arévalo con proleg. y comenta-
rios); J. HuMER: CSEL 10(1885); los himnos también en G.
DREVES, Analecta hymnica (Leipzig 1907) 50 p. 53-60 n. 52-53;
A. S. WALPOLE, Early Latín Hymns (Cambridge 1922) p. 151-158.
Traducciones: Holandesa: N. SCHEFS, Sedulius' Paschale carmen
boek I en II (Delft l958).-^lnglesas: G. Sigerson, The Easter Song
386
La poesía cristiana
of Sedultus (Dubhn 1922), R A SWANSON, Carmen pascbale I:
CJ 52(1957)289-298 (trad. en verso), O. J. Kuhnmuench, Early
Christian Latín Poets (Chicago 1929) p. 252-272 (selección) —
Italianas: F CORSARO, L'opera poética dt Seduho (Catania 1948)
(trad. y comentario), ID., Seduho poeta (Catania 1956) (Carmen e
himnos).
Estudios: C. Caesar, Die Antwerpener Hs. des Sedultus: RhM
56(1901)247-271 (siglo X), J Candel, Un nouveau manuscrtt de
l'«Opus Paschale» de Sedultus: Revue de philologie, littérature et
histoire anciennes 28( 1904)283-292; Id., De clausula a Sedulto tn
libns qui mscribuntur «Paschale Opus» adhibitts (Toulouse
1904), J. VAN DEN Gheyn, Les feuillets de garde du ms 246 de la
Bibltotheque de l'Université de Gand: Revue des bibhothe-
ques et des archives de la Belgique 5(1907)415-419 (con el Car-
men); J. LOTH, Glosses bretonnes medites du IX 1 ' stecle: Revue
celtique 33(1912)417-431; H NESTLER, Studten Uber dte Messtade
des Juvencut (Munchen-Passau 1910), P Th Mayr, Studten zu
dem Pascbale Carmen des chnstltcber Dichters Sedultus (Munchen
1916) (fundamental), W MEYER, Rythmtsche Paraphrase des Sedu-
ltus von etnem Iren: NGWG (1917)589-624 (sobre Seduho, 594-
596), H. BREWER, Der zettliche Ursprung und der Verfasser des
Moneschen Messen: ZKTh 43( 1919)697, G SiGERSON, The Easter
Song of Sedultus (amplio estudio, históricamente incorrecto);
C WEYMAN, Der Preis der Gottesmutter bei Sedultus VII. Sedultus
und der gute «Schácher»: MM 3(1923)186-189 (= Bettrage zur
christltch-latetntschen Poesie [Munchen 1926] 12 1-127), Id , Sedu-
ltus uber Judas: MM 4(1924)289-291; K B Gladysz, Dogmat
teksty w poet. utworach Sedultusza (Poanañ 1930), ID , Rym u>
poezu Sed. (Lwón 1930), A D McDonald, The Iconographic
Tradttton of Sedultus: Speculum 8(1933)150-156 (como patria,
Galia meridional o España), K. B GLADYSZ, De extremts qutbus
Sedulliana carmina Ornantur verborum syllabts ínter se consonanttbus:
Eos Suppl 17(1934) (bibl.), H Meritt, Oíd Enghsh Sedultus
Glosses from 8th-9th Century Mss at Corpus Chnsti College, Cam-
bridge: AJPh 57(1936)140-150, G. R Mantón, The Cambridge
Manuscrtpt of Sedultus' «Carmen Paschale»: JThS 40(1939)365-
370, H MERITT, The Context for Some Latín Words tn the Harleton
Glossary: AlPh 62(1941)331-334; B. Altaner, Eusthattus, der
latetntsche Ubersetzer der «Hexaemeron»-Homilien des Basiltus den
Grossen: ZNW 39(1941)162-168 (Sincletices, hermana de Eus-
tacio, es la mencionada por Seduho); F CORSARO, Seduho (Cata-
nia 1945), ID., La poesía di Sedulto (Catama 1945, 2 1949), ID,
La hngua di Sedulto (Catama 1949), P CoURCELLE, Fragments non
identiftés de Fleury-sur-Loire: REAug 2(1956)447-455 (Seduho,
p.452), W. JUNGANDREAS, Die Ruñen des Codex semtnarii Trevt-
rensis R.III.61: TThZ 30(1967)161-169 (el Carmen); H. LuEL-
FJNG, Ein Brtef Stegmund Hellmanns am Emil Jacob zu Sedultusu-
berlteferung: Phil 115(1971)179-182; A R. BASTIAENSEN, Van-
Orena*
387
ttenne «Genutt puérpera regem», adaptatton liturgtque du «Pasch
Carmen» de Sedultus: RB 83( 19 7 3 )388-397 (laudes de Navidad),
C Tibiletti, Note al testo del «Paschale Carmen» di Seduho, en
Forma futuri. Studi M. Pellegrino (Tormo 1975) p. 778-784,
R. HERZOG, Die Btbeleptk der latetntschen Spatanttke I (Munchen
1975), I OPELT, Die Szenerie bei Sedultus: JAC 19(1976)109-119.
OREN CIO
Orientius es el nombre que el poema mismo (Comm.
2,417) y el único manuscrito que lo conserva dan al autor
de una composición poética que se ha dado en llamar
Commonttorium, ciertamente posterior al Carmen de provi-
dentia (De prov. 35-38 = Comm. 2, 167-172), que fue escrito
hacia el 415 en el sur de Francia. El primer autor que lo
menciona es Venancio Fortunato (segunda mitad del si-
glo Vi), que lo coloca entre Sedulio y Prudencio (Vita
s. Martini 1,1 7: PL 88,366). Paulo Diácono cita en verso del
Comm., sin conocer su autor (Comm. 1,567 en Hom. de
tempore 143: PL 95,1347), verso citado a menudo en la
Edad Media.
Del poema cabe concluir que Orencio vivía en alguna
región de las Galias (Comm. 2,184) asolada por las frecuen-
tes incursiones de los bárbaros a principios del siglo V, de
las que habla extensamente, sin mencionar los invasores
(Comm. 2,165-202). Conocemos a grandes rasgos la vida
(de la que nos han llegado tres versiones) de un Orencio
obispo de Augusta Ausctorum (Auch, en Gascuña), que el
439 intervino como mediador entre el rey de los visigodos
y los generales romanos Ecio y Lictorio; la vida cuenta
además que Orencio se consagró enteramente a Dios tras
abandonar las vanidades del mundo y que era persona
culta y muy solícita del bien espiritual y de la instrucción
de su grey (ASS, Mai 1,61A), noticias que no contradicen
lo que el poema revela de su autor, el cual varias veces
habla de sus pecados (1,611; 2,393-402.417-418) y de su
propósito de instruir (1,16-18). En consecuencia, hoy se
suele identificar al poeta con el obispo de Auch, no obs-
tante que se pueda objetar en contrario el silencio de las
biografías sobre la actividad literaria del obispo y el silen-
cio de la inscripción del manuscrito del poema sobre el
rango episcopal de su autor. Ambas fuentes concuerdan en
llamarlo santo. De él no dicen nada ni Genadio ni Isidoro
de Sevilla.
388
La poesía cristiana
El Commonttorium, título ausente del manuscrito y acu-
ñado por su primer editor Delrio en 1600, consta de 518
dísticos elegiacos dispuestos en dos libros (309 y 209 ver-
sos) Hay quien propone titularlo Mónita, término fre-
cuente en el poema, mas nada se gana con el cambio,
Commonitonum es un termino frecuente en el siglo V, pre-
ferible al genérico mónita del texto El poema es una ex-
tensa exhortación a conducir una vida cristiana vita do-
cenda mihi est, vita petenda tibí (1,1 6), y a este fin pide a
Cristo que su llamamiento sea eficaz (1,17-42) La vida del
hombre atraviesa dos estadios el primero, terrenal, breve,
frágil y expuesto al mal, es el camino hacia otro que es
celestial, eterno y permanente en Dios (1,43-64) El hom-
bre debe rendir gloria a Dios, dador de todo bien, no con
los bienes externos, sino con el testimonio de su vida y la
caridad fraterna (1,65-256) La resurrección (vtvet homo
1,299) sera, para unos, gloria, y para otros, justo castigo de
sus crímenes La certeza de la muerte y del juicio y los
frutos letales del vicio, lujuria, envidia, avaricia (radix
causa caput fons et origo malr 1,490), vanagloria, perfidia,
gula y embriaguez, en cuya descripción, acaso, dependa de
Casiano (Coll 1,5 abbatts Serapionis), son otros tantos ex-
pedientes con que Orencio trata de sacudir al pecador de
su indolencia
Orencio habla con sinceridad y humildad y no ahorra
consejos y avisos al lector El Commonttorium es un sermón
en verso que despacha la doctrina propiamente teológica
con una breve confesión de fe trinitaria (2,403-406) para
concentrar todos sus recursos en la enseñanza moral y en
la exhortación a vivir rectamente, con los ojos puestos en
la recompensa divina Los ejemplos que aduce son casi to-
dos bíblicos, sus fuentes, la Escritura, Hilario y Lactancio,
aunque muestra haber recibido también una buena dosis
de cultura clasica Su ideal es la paz con todos (1,593-618)
pacem placatus, pacem quoque laesus amato, pax in viscertbus,
pax sit in ore tuo (l,6l3s)
Orencio no es un gran poeta, y muestra una cierta ori-
ginalidad sólo en las descripciones, su verso es de buena
traza, aunque a menudo recurre a la rima Plinval (Pélage
[Lausanne 1943] 240) encuentra en él resabios pelagianos,
mas de Pelagio no tiene más que el rigor ético, no la teo-
logía El único manuscrito del Commonitorium (el Turonen-
sis, París, Btbl Nat mouv acq lat 457) contiene, además,
otras composiciones poéticas de dudosa autenticidad De
Orencio
389
nativitate Domini (epigrama de 7 hexámetros), De epithetis
Salvatoris (cinco dísticos), De Trinitate (95 hexámetros, in-
teresante para el simbolismo de la cruz), Explanatio nomi-
num Domini (51 hexámetros, que explican títulos cristoló-
gicos), Laudatio (33 hexámetros, que continúan el tema del
precedente y concluyen con una oración) y dos orationes
(parte de una colección de 24), en estrofas de cinco versos
yámbicos (7 + 6) El De Trinitate, la Explanatio y la Lauda-
tio constituyen una cierta unidad literaria y temática y son
tratados, a veces, como un único poema (Ellis y Rapisarda
los editan con numeración progresiva de los versos)
Ediciones PL 6 1 ,97 7 - 1 006 (Gallando, R Ellis
CSEL 16(1888)191-261, L Bellanger, Le poeme d'Oruntius
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390
La poesía cristiana
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Emendations of the «Commomtonum» of Orientius CPh 72(1977)
130-133
AGRESTIO
Versus Agrestt ep de fide ad Avttum es el título de un
poema de 49 versos que se lee en un códice de la Biblio-
teca Nacional de París (lat 8093, del siglo VIII-1X) Perso-
najes de nombre Avito no faltan en el siglo V, conocemos
tres de Braga como Orosio (CSEL 18,155-157), de los cua-
les uno buen amigo de Jerónimo (Ep 124 PL 22,105-
9-1072) En el siglo V conocemos un solo Agrestio, y otro a
mediados del vi es obispo de Tours Hidacio, en su crónica
al año 433 (ed Tranoy SCh 218 n 102), refiere que «en el
distrito de Lugo, contra la voluntad de Agrestio, obispo de
Lugo, fueron consagrados obispos Pastor y Siagrio» El
mismo Agrestio firma las actas del concilio de Orange del
441 (ed Munier CCL 148,87 17) El estudio riguroso y
detallado de Smolak ha demostrado que el poema pro-
viene del ambiente franco-español del siglo V, añádase que
el texto nos ha sido conservado en el célebre manuscrito
visigótico latino (la primera parte en París), que es el único
testimonio de varias obras de procedencia española El
tema del poema, que es una profesión de fe, puede expli-
carse con la noticia de Hidacio, que parece dar a entender
que Agrestio favoreciese, en cierto modo, a los priscihanis-
tas, cabe, pues, suponer que haya advertido la necesidad
de justificarse Todos estos indicios militan en favor de la
identificación del autor con Agrestio, obispo de Lugo, y,
en todo caso, contra la propuesta por Dekkers (CPL 1463)
con Agrecius, obispo de Sens (Senones), a mediados del si-
glo V
El poema observa el esquema de la epístola didáctica
título, proemio y confesión de fe ante la comunidad Tras
saludar al amigo Avito y agradecerle los beneficios de él
Paulino de Pella
391
recibidos, se pierde en una amplia digresión de carácter
personal y literario, para pasar a exponer una profesión de
fe que de algún modo le había sido exigida fe en la Trini-
dad, en Dios, creador del mundo de la nada (amplia des-
cripción de la creación y de la transgresión de Eva) El De
fide, por su dependencia de las Geórgicas, de Virgilio, es
casi un centón, y, como tal, correcto en el uso del metro
clásico. Quizá, Agrestio lo compuso para disipar las sospe-
chas de simpatía hacia el pnscihanismo, que dominaba a la
sazón en Galicia, y del que fueron implacables adversarios
Pastor y Siagrio, acaso por ello mal vistos por Agrestio El
poema, incompleto, pero conocido e inédito hasta hace
pocos años, ha tenido en breve tiempo dos ediciones la de
A C Vega en 1966 y la de K Smolak en 1973, que es
ciertamente la mejor
Ediciones PLS V 400-401, A C Vega, Un poema medito titu-
lado «De fide» de Agrestw, obispo de Lugo, siglo V Boletín de la
R Academia de la Historia 159(1966)16 7 209, K SMOLAK, Das
Gedicbt des Bischofs Agrestius Eine tbeologiscbe Lehrepistel aus der
Spatantike Einhitung Text, Ubersetzung und Kommentar
SAW 284 2 (Wien 1973)
PAULINO DE PELLA
Casi todo lo que se sabe de Paulino, llamado también
el penitente, se lee en el poema autobiográfico Eucharisti-
cos Nació en Pella (Macedonia) a fines del 376 o princi-
pios del 377, siendo su padre vtcarius de esa diócesis im-
perial, a los nueve meses, la familia se traslado a Cartago,
donde el padre ocupo el cargo de procónsul durante die-
ciocho meses, y luego, pasando por Roma, a Burdigala, su
tierra de origen Aquí Paulino realizó sus estudios, que
hubo de interrumpir por motivos de salud (se lamenta de
las dificultades que encontró para aprender el latín, pues
en casa hablaba con los siervos en griego Euch 72-84), y
casó a los veinte años de edad Como miembro de la alta
burguesía gala, le tocó sufrir no poco al tiempo de las inva-
siones de los godos, y, habiendo de algún modo colabo-
rado con los invasores (recibió el titulo nominal de conde
de las finanzas del usurpador Atalo el 414), hubo de so-
portar las represalias de los galo-romanos Se retiró luego a
Bazas (Vasates) — cuna de sus antepasados — , donde tenía
392
La poesía cristiana
propiedades, que habría más tarde de perder, así como las
que poseía en Burdeos Hacia el 421 ó 422, Paulino se
«convierte», es decir, vuelve seriamente a la fe de su in-
fancia Transcurrió los últimos decenios de su vida en Mar-
sella, donde disponía de una pequeña propiedad, aunque,
al parecer, volvió al fin de su vida a su ciudad de adopción
(los v 572-574 están en tiempo pasado) Murió después
del 459 Paulino era nieto de Ausonio, que nunca lo nom-
bra, por parte de madre, aunque no se excluye que naciese
de un precedente matrimonio de su padre Talasio
El Euchartsticos es un poema autobiográfico publicado
por su autor el 459, cuando contaba ochenta y tres años de
edad (v. 12s), compuesto acaso, como quiere P Courcelle,
en su núcleo esencial ya el 455 (los v 1-23 y 564-616 se-
rian del 459) Eucharisttcos (se sobrentiende, probable-
mente, Aoyo? significa poema de acción de gracias Euchu-
rtstnos Deo sub ephemeridts meae textu acción de gracias te-
jida con la narración de mi vida. El autor, como afirma en
el proemio, no pretende contar su vida para satisfacer la
curiosidad ajena, sino para dar gracias a Dios, que siempre
lo guió y protegió Dios veló por él aun en medio de las
pruebas (v 43 ls 438ss 457-550), concediéndole especial
protección en las diversas circunstancias de su vida
(v 22s 150ss 173ss) Tras invocar a Dios (v 1-21), recuerda
el período feliz de su vida (v 22-225), turbado por una
grave enfermedad que le obligó a abandonar los estudios
(v 113-140), cuenta luego sus desventuras durante las in-
vasiones de los bárbaros hasta su conversión (v 457-478) y
termina con sus últimas desventuras (muerte de la mujer,
separación de los hijos) y su retiro en Marsella (v 479-
616)
El poema, compuesto por un testimonio de primera lí-
nea de los acontecimientos que narra, interesa también
para documentar la vida de las Gallas bajo las invasiones
de los bárbaros. Paulino, de cultura sólo discreta, es un
poeta mediocre, poco preocupado, como a la sazón era ya
costumbre, de las reglas de la versificación El Euchansticos
es más bien, prosa versificada y nunca se eleva a momentos
de verdadera inspiración Es un soliloquio en presencia de
Dios de un anciano de ochenta años que repasa su vida a la
luz de la Providencia Ni hay que buscar en él pensamien-
tos profundos, que a menudo pecan de ingenuos.
A Paulino de Pella se atribuye hoy comúnmente
(Courcelle, Moussy, Tordeur) el carmen IV (ed. Hartel
Merobaudes
393
CSEL 30 p 3) de Paulino de Ñola, una ardiente oración a
Dios pidiéndole que le conceda una vida serena con su
familia y sin hacer mal a nadie
Ediciones W Brandes C S EL 1 6( 1 8 8 8 )2 9 1 - 3 1 4
(= PLS III 1115-1128), P H E White, Ausonius wtth an En-
glish Translation LCL (London 1921) p 304-335 (con trad ing ),
Cl MOUSSY SCh 209 (París 1974) (con trad franc )
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cos» fontibus Le Musee Belge 9(1905)159-179, A Braun, Un
poete a Marseille au V 1 siecle Paulin de Pella
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publique au v 1 " siecle III Sancti et conversi au temps de Paultn de
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P articulantes pnsodtques et métriques de Paultn de Pella Cahiers
des etudes anciennes 2(1973)89-112, E GRIFFE, Paultn de Pella le
«penitent» BLE 76(1975)121-125, D Nardo, Un' eco terenziana
in Paoltno di Pella Atti e Memorie della Accademia Patavina 86-
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de l'«Eneide» deiant les grandes invasions germantques
Romanobarbanca 1(1976)25-56
MEROBA UDES
Hidacio en su Crónica, compuesta en torno al 469 ó
470, en la noticia relativa al año 443, en tiempos de Teo-
dosio II y Valentimano III (ed Tranoy SCh 118 n 128)
habla de Flavio Merobaudes, que ese año sucede a su sue-
gro como magister utriusque militiae, y recuerda sus victo-
rias y sus dotes de orador y poeta, digno por ellas de figu-
rar junto a los antiguos, es decir, los clásicos, y que le va-
lieron la erección de estatuas Sidonio Apolinar, en versos
que, en sentir unánime de los autores, hablan de Mero-
Patrokgia 3
14
394
La poesía cristiana
baudes, (carm 9,296-301, ed Loyen [París 1960] I p 92),
refiere que era originario de la Betica, se trasladó a Rávena
y que le fue erigida una estatua, por voluntad del empera-
dor y el pueblo, en el Foro Trajano, de Roma Merobau-
des habla también de su estatua en el panegírico a Ecio En
1813 fue encontrada, precisamente en el Foro Trajano, la
inscripción (H DESSAU ILS I 2950 = CIL VI 1724), es-
culpida el 435, que acompañaba la estatua Este raro honor
fue decretado a Merobaudes, comes conststortt y spectabihs
(miembro del Senado), por sus méritos literarios y milita-
res Como Hidacio lo llama natu nobilts, se cree que el
Merobaudes cónsul en los años 377, 383 y 388 sea un
antepasado del poeta De origen franco, como lo demues-
tra su nombre, pero romanizado, Merobaudes, nacido o
crecido en la provincia Bética, fue en Rávena poeta y ora-
dor de corte del emperador Valentiniano y del generalí-
simo Ecio El 435, fecha de la estatua que consagra sus
méritos poéticos, oratorios y militares, éstos debían de ser
ya obviamente de dominio público
Los escritos que nos han llegado, todos postenores a
esa fecha, son dos panegíricos (uno en prosa y otro en
verso), cuatro fragmentos de poemas breves y el poema Di
Cbristo o Laus Chrtstt El primer panegírico, en prosa,
compuesto hacia el 438 (según Niehbur, el 437 y como
proemio del segundo), exalta las virtudes guerreras y las
dotes militares y humanas de Ecio, que goza, además, del
cariño del pueblo, es un escrito de tiempos de paz En el
segundo (siete fragmentos de 197 versos), escrito con oca-
sión del tercer consulado de Ecio a partir del 1 ° de enero
del 446, Merobaudes habla de la paz, reconquistada gracias
a las victorias de Ecio en diversas latitudes del Imperio, y
recuerda las etapas principales de su brillante carrera En el
primero de los otros fragmentos (24 versos), compuestos
entre el 442 y el 449, traza una semblanza de Valentiniano
y de su familia, en el segundo describe los juegos de agua
de una fuente de marmol adornada con estatuas Vollmer y
Clover piensan que ambos fragmentos se refieren a una
misma celebración, a saber, un bautizo celebrado en el tn-
clinio del palacio imperial en un ninfeo transformado en
bautisterio, mas la hipótesis carece de fundamento El ter-
cero (ocho versos) describe un jardín, y el cuarto (46 en-
decasílabos) fue compuesto con ocasión del primer cum-
pleaños de Gaudencio, hijo de Ecio Los panegíricos y de-
mas fragmentos fueron descubiertos en 1823 por Niehbur
Merobaudes
395
en un códice palimpsesto del siglo V VI de la abadía de
Sankt Gall
El poema De Chrtsto, publicado por Camers en 1510
como obra de Claudiano, fue editado bajo el nombre de
Merobaudes por Fabncius siguiendo la inscripción del có-
dice que utilizo, y, con reservas por parte de algunos auto-
res, la atribución a Merobaudes es comunmente aceptada
S Gennaro, estudiando los fragmentos profanos de Mero-
oaudes, ha puesto en evidencia las coincidencias a nivel
formal, expresivo y retórico con el De Chrtsto, que es
como su continuación ideal en una nueva etapa de la evo-
lución del mundo poético de Merobaudes El poema pro-
fesa una cnstología ortodoxa Cristo, verdadero hijo de
Dios, eterno, nacido en el tiempo, creador con el Padre, se
ha encarnado para revelar el genuino rostro de Dios, del
que fueron testigos de primera hora la Madre, los pastores
y los Reyes Magos Su encarnación es portadora de salva-
ción, y su muerte, portadora de vida Merobaudes, imita-
dor de Prudencio, sirvió, a su vez, de modelo a Elpidio
Rústico y a Draconcio
Ediciones F Vollmer MGH AA 14 (Berlín 1905) 1-20 De
Chrtsto PL 53,789-790, 61,971-974, M Ihm, Damast Eptgram-
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ha poesía cristiana
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rial Family Phoenrx 28(1974)314-319, Id , Patrien under Valen-
timan ¡II Phoenix 29( 1 9 7 5 ) 1 5 5- HO
POEMAS ANONIMOS
1 «Laudes Domim»
En el mismo manuscrito de la Alethta, de Cl M Victo-
no (Parts 7558, del siglo IX), se lee un poema de 148
hexámetros de estilo virgihano y excelente traza, compuesto
en una lengua de pureza no común El autor anónimo
cuenta un milagro acaecido en la región de los Eduos (hoy
Autun), en la Galia. A la muerte de la esposa, el mando la
entierra en un espacioso sepulcro que en su día pueda re-
cibir su cuerpo junto al de su esposa Muere el mando, se
abre la tumba, y la mujer lo acoge saludándolo con un
gesto de la mano De este prodigio toma el autor ocasión
para entonar las laudes de Cristo, incorrupta Dei sobóles,
creador con el Padre de todas las cosas (amplia descripción
en los v 36-88) y enviado como Señor y maestro de vida,
nacido de una virgen y obrador de milagros, terminando
con una oración por Constantino vencedor y por su fami-
lia Gregorio de Tours (ln gloria conf. 75 PL 61,882) re-
fiere un prodigio semejante a propósito de Reticio, obispo
de Autun a principios del siglo IV, que difiere del poema
en los detalles
El autor de las Laudes demuestra poseer una buena cul-
tura clásica y bíblica El poema, imitado por Juvenco, fue
compuesto entre el 316 y el 324 por un habitante del lu-
gar
Ediciones PL 6,45-50, 19,379-386 (ed Arevalo), PL 61,1091-
1094 (ed Fabncius), W BRANDES, Uber das fruhihristluhe
Gednhte «Laudes Domini» (Braunschweig 1887), P VAN DER
WEIJDEN, Laudes Domini (París 1967) (con trad hol , comentario
y resumen en francés)
Estudios G BARDY, Les «Laudes Domim» poeme autunois du
commencement du 7V l siecle Memoires de l'Academie de Dijon
Poemas anónimos
397
(Dijon 1934) p 36-51, A FRISONE, Sancti poetae Hehkon
9-10(1969)673-676 (referencias a Lucrecio y Enio), I Opelt,
Das Carmen «De laudibus Domini» ais Zeugms des Christentums bei
den Gallen Romanobarbanca 3(1978)159-166
2 «Carmen contra paganos» (Cod. Par 8084)
En el códice más antiguo de Prudencio se lee un
poema anónimo de 122 versos, publicado entero por De-
hsle en 1867, y que atrajo inmediatamente la atención de
los estudiosos por la virulencia de la invectiva que su autor
anónimo dirige contra el culto pagano en general y contra
un personaje bien conocido de su tiempo, cuyo nombre
calla El autor emplaza a sus adversarios paganos y al per-
sonaje aludido con preguntas acosadoras, critica el culto
ridículo de los dioses, sus rencillas y vida impúdica, y no
ahorra sarcasmos sobre el personaje, fallecido poco antes,
engolfado en mil cultos, y especialmente en el de Cibeles
El poema no ofrece particular interés desde el punto de
vista literario es una sátira despiadada que no desdeña re-
bajarse a la lengua vulgar El autor es ciertamente cristiano
(cf v 54 verus deus, v 78 cbristicolae) por el recurso a mo-
tivos tradicionales de la apologética
El personaje blanco de tan fogosa invectiva es cierta-
mente contemporáneo del autor, mas su identificación no
es fácil, pues las numerosas alusiones a situaciones bien
concretas, claras para los lectores del tiempo, hoy nos di-
cen muy poco, oscurecidas aún por una expresión no
siempre perspicua El estado lamentable en que nos ha lle-
gado el texto repercute en el problema de la identificación
del personaje, pues algunas de las propuestas dependen de
las correcciones o mejoras introducidas en el texto Morel
en 1868 propuso buscarlo entre los siguientes V Agorio
Pretextato, V Nicómaco Flaviano, Símaco, praef. urbis el
384, G B Pompeyano, praef urbis el 408-409, decidién-
dose por Flaviano (de ahí el título Adv Nicomachum, Adv.
Plavianum), y fechó el poema a fines del 394 o principios
del 395 Esta identificación fue apoyada con erudición por
De Rossi y Mommsen y pasó a ser opinión común Ellis y
Moricca optaron por Pretextato, y en 1960, Manganaro,
por Pompeyano Recientemente, S Mazzanno, tras un
examen riguroso y detenido del problema, propone, sin
duda alguna, Símaco padre (praef. urbts del 364-365), cón-
398
La poesía cristiana
sul designado para el 377 y fallecido el 376 El poema,
como otros que testimonian la polémica con el paganismo
(v gr Ad quendam senatorem y el Poema ultimum, el 32 en
la colección de Paulino de Ñola), fue compuesto en Roma
Ediciones Th Mommsen Hermes 4( 1870)350 363 (= Ge-
sammelte Schriften [Berlín 1909] VII p 485 493) (texto critico de
M Haupt y G Kruger) E BAEHRENS, Poetae laitnt minores
(Leipzig 1881) III p 287 292 F Bucheler y A RlESE Antholo-
gia latina (Leipzig 1894) I 1 p 20 25 n 4 PLS 1 780 "84 (ed
Haupt-Kruger) G Manganaro ND 1 1(1961)26-45 (con trad
ít ), F RONCORONI, Carmen codicis Par 8084 RSLR 8(1972)58
72 (con estudio de métrica y gramática)
Estudios SEEFELDER, Abhandlung uber das «Carmen adi Ela-
vianum» Gmund 1901 C MORELLI L'autore del cosidetto poema
ultimum attribuito a Paolino di Ñola Did 1(1912)481 498
O Barkowski, De carmine adv Tlavianum anonymo (Konigs
berg 1912), U MOR1CCA, // carme del cod Parts 8084
Did 4(1926 2)94 107 G MANGANARO, La reazione pagana a
Roma nel 408-409 dC e il poemetto anónimo Contra paganos
GIF 13(1960)210-224, H von Geisau PWKSuppl X(1965)
121-124, D ROMANO, Una tnterpretaztone dt Flavtano Annali
del Liceo classico Ganbaldi di Palermo 7-8(1970-1971)105-114
(v 55-56 el personaje es Flaviano), J F MATTHEWS, The Hts-
torical Setting of the «Carmen contra paganos) Historia 19(1970)
464 479, (importante, se refiere a V N Flaviano), G Picone,
// problema della datazione del «Líber prodigiorum» di Giulio
Ossequente Pan 2(Palermo 1972)71-77 (escrito, quiza, contra
el Carmen), S MAZZAR1NO, Tolleranza e tntolleranza en An-
tico, tardoantico ed era constantiniana (Barí 1974) p 339 377
(esp 373 377), ID , 11 carmen «Contro i pagant» e ti problema
dell'era constanttniana íbid , 398-465 (estudio fundamental
con edición del texto), C SALEMME, Nota al «Carmen» codicis Pa-
risim 8084 Bolletino di studi latini 6(1976)91-93
3 «Eptgramma Paultm»
En el códice Par lat 7558, del siglo IX, con laAietbia,
de Cl M Victono, se lee un poema de 110 hexámetros
titulado Eptgramma Pauhnt Jean de Gagny, su primer edi-
tor en 1536 sobre un códice de Lyon hoy perdido, lo atri-
buyo a Cl M Victono con el titulo Cl M Victorts de
perversts aetatis suae mortbus, Líber quartus ad Salmonem Fa-
bricáis prefino Epístola a Líber quartus Schenkl, su ultimo
editor, le ha devuelto el título del manuscrito, omitiendo
Poemas anónimos
399
sancti, introducido, quiza, por el amanuense, que pensaba
en San Paulino de Ñola La atribución a Victono pro-
puesta por Gagny fue aceptada por los editores e historia-
dores posteriores (v gr Fabncius, Ceillier, Bourgoin,
Ebert) Petschemg sugirió a Schenkl (CSEL 16-1 p 502) el
nombre de Paulino, obispo de Beziers (Galia Narbo-
nense), alegando una breve noticia de la crónica de Hida-
cio relativa al ano 419 «En la región de la Gaha, en la
ciudad de Beziers (Biterrae), Paulino, obispo de la ciudad,
refiere en carta circular los numerosos y terribles fenome
nos acaecidos» (SCh218, ed Tranoy, n 73 p 125) Si la
corrección propuesta por Schenkl, no aceptada por Griffe,
de leer Tecumque (no de la región Narbonense), en vez de
tecumque, fuese exacta, la identificación sena casi cierta,
hoy comunmente se acepta solo como probable (P COUR
CELLE, Htstotre Ittteraire des grandes tnvasions germaniques
[París M964] p 87-88)
El poema fue escrito después de las invasiones de los
anos 407 al 409, cuando la población había emprendido
afanosamente la reconstrucción tras la marcha de los bar-
baros (v 19-29, ed Schenkl), y se desarrolla en forma de
dialogo entre tres personajes dos monjes, uno de ellos
sena abad, pues se le llama magister y pater, y un huésped
de nombre Salmón, que vivió en otro tiempo en el monas-
terio, y que en esta ocasión se presenta como supplex preca-
tor Tesbon, el monje amigo del abad, pide informes a
Salmón acerca de la situación del país El huésped refiere
que los barbaros, conculcando por vez primera la alianza
pactada, han invadido todo, las villas de marmol y los tea-
tros están en ruina, se ha emprendido con entusiasmo la
reconstrucción, mas los intereses del alma son posterga-
dos Salmón, que es el portavoz del poeta, lamenta que, a
pesar de tantas desventuras causadas por el pecado, los ha-
bitantes no hayan mudado en bien su conducta, perduran
los mismos vicios, las mismas hipocresías, las mismas prac-
ticas astrológicas, las mujeres, con la complicidad de los
hombres, se abandonan a lujos y frivolidades, a fiestas y a
la lectura de los poetas paganos Si los hombres supieran
abandonar sus antiguos vicios y abrirse a Cristo — concluye
la requisitoria — , ninguna violencia prevalecería contra sus
siervos (v 89-93) Al pesimismo de Salmón, el abad replica
recordándole que no faltan personas de bien en la pobla-
ción Salmón reconoce acertada la observación del abad y
le pide que le hable de la paz de su vida monástica Mas es
400
La poesía cristiana
llegada la hora de la oración, y la conversación es aplazada
hasta el día siguiente
El epigrama, de tono satírico en la linea de Horacio,
presenta vanas lagunas, correcto por lengua y estilo, pre-
senta notables afinidades con el Carmen de providentta, que
trata de los mismos sucesos, y ofrece noticias útiles para
conocer la situación de las Gahas a principios del siglo V
Al autor del Epigramma se suele atribuir también la Passto
S Genesu, de la primera mitad del siglo V, atribuida, a ve-
ces, a Paulino de Ñola y fuente de inspiración de la homi-
lía 50 de la Collectio Gallicana
Ediciones Epigramma PL 61,969 972 (ed Gagny, deficiente)
C Schenkl, CSEL 16(1888)503-510 Passto PL 61,418-420,
W HARTEL CSEL 29(1894)425-428, S CAVAIXIN Eranos
43(1945)160-164
Traducciones Francesa Epigrama E GíUFFE REAug 2(1956)
189-194 (casi completo) Passto P MONCEAUX, La vrate legende
doree Relattons de martyre (París 1938)
Estudios E GRIFFE, L'«Eptgramma» Paultnt poeme gallo-
romatn du v e stecle REAug 2(1956)187-194, P Courcelle, Hts-
totre Ittteratre des grandes tnvastons germantques (París 3 1964) (cf
índice), sobre San Genesio S PRETE Bibüotheca sanctorum VI
(1965)115-117
4 «Carmen de provtdentta»
Las invasiones de los barbaros habían sembrado ruinas
y muerte en las Gahas Un poeta testigo ocular de los he-
chos, profundamente conmovido por las desventuras que
se abaten sobre su pueblo, advierte, asimismo, las pregun-
tas angustiadas que los mismos cristianos se formulan
acerca de la Providencia divina, comprenden que los adul-
tos puedan ser reos de tremendos castigos, pero no los
inocentes «¿Que han hecho los niños inocentes, que du-
rante su breve existencia no han obrado el maP fPor que
se ha permitido que los templos de Dios hayan sido presa
de las llamas' Ni el honor de la castidad consagrada ha
protegido a las vírgenes, ni el amor de un sentimiento sa-
grado a las viudas» (v 43-48) A tales preguntas pretende
dar respuesta el poeta, que escribe en torno al 415-416,
cuando los bárbaros ocupaban ya la región por diez años
Poemas anónimos
401
(caede decenni Vandalias gladus sterntmur et Gettcis v 33s)
El poema consta de 48 dísticos elegiacos (descripción de la
Gaha asolada y dudas de los cristianos) y 876 hexámetros
(la respuesta del poeta) El poeta, autor de otras composi-
ciones hoy perdidas (v 1-7), responde a las dudas de su
pueblo con las armas de la Escritura Dios, creador sa-
piente del mundo y de los hombres, nunca ha abandonado
la obra de sus manos, como muestra la Biblia con numero-
sos ejemplos El hombre, seducido por el diablo, peco,
mas siempre han existido hombres justos Dios esculpió su
ley en el corazón del hombre Incisos ápices ac scrtpta volu-
mina cordis insptctte, et genitam vobiscum agnoscite legem
(v 420s) Cristo, que se ha encarnado realmente, facilita al
hombre con su gracia el cumplimiento de la ley, del que
nos ha dado, ademas, ejemplo El hombre ha sido creado
dotado de libre albedno Los santos han resistido a las
mismas tentaciones que acosan a todos los hombres, por lo
que la dificultad de ser bueno no se ha de imputar a los
astros, que ninguna influencia ejercen en el hombre, sino a
la voluntad libre del hombre Las mismas cosas sobrevie-
nen a buenos y malos, las calamidades son, para los malos,
castigo de sus culpas, para los buenos, corona de sus virtu-
des
Este carmen, publicado por Gryphius en 1539 bajo el
nombre de Prospero de Aquitania, se conserva en un solo
manuscrito (París, Mazar 3896) incompleto (340 versos) y
se discute si sea anterior o dependa de la edttio princeps
Por lo general, no se acepta la atribución a Prospero, pues
el poema es claramente pelagiano, como hicieron notar los
antiguos editores, como Soteaux (Louvain 1565) y Olivier
(Douai 1577), y otros autores (Roberto Belarmino, Nons,
Phnval), con la excepción de L Valentín, que niega rotun-
damente su filiación pelagiana La sospecha de pelagia-
nismo ha pesado, en todo caso, sobre este importante
poema, poco estudiado hasta ahora y traducido solo en fe-
cha reciente por M P McHugh, que ha publicado el me-
jor estudio hoy disponible
El poeta conoce autores clasicos (Lucrecio, Virgilio,
Ovidio, Cicerón y Livio) y cristianos (Agustín, Prudencio y
Paulino de Ñola), demuestra habilidad para el verso, posee
un estilo claro y elegante y, a pesar de su carácter didáctico
y polémico, no carece de momentos de genuina poesía En
la editio princeps figura como Carmen de providentia Dei,
menos en el título que precede al texto, donde se lee
402
La poesía cristiana
Carmen de providentta divina, que es el titulo con que lo
conocía Hincmaro de Reims, que lo atribuye a Prospero
(De praedestinatione diss post 38,4 y 5 PL 125,442 y 445)
La atribución y datacion del Carmen ha sido reciente-
mente (1977) sometida de nuevo a minucioso examen por
obra de G Gallo, que reconoce su carácter ñlopelagiano y
sostiene que se pueda atribuir a Hilario de Arlés, que lo
habría compuesto el 429 A Hilario replicaría Prospero de
Aquitania con su Carmen de ingratis
Ediciones PL 5 1,617-638, M P McHuGH, The «Carmen de
Providentia Dei» attributed to Prosper of Aquttaine A revised Text
witb Introductton Translation and Notes [PSt 98] (Washing
ton 1964) (con trad ing y comentario)
Estudios (cf infra Prospero de Aquitanta) L VALENTIN, Saint
Prosper d'Aquitatne Etude sur la htterature latine au ;v c siecle en
Gaule (Toulouse-Pans 1900) (lo atribuye a Prospero), G DE
Plinval, Pelage (Lausanne 1943), M P McHuGH, Observa-
tions on the Text of the «Carmen de Providentta Det»
Manuscnpta 12(1968)3 9, G Gallo, Uno scrttto ftlo-pelagtano at-
tributbüe a llano di Arles Aevum 57( 1977)333-348 (y cf
L Brix REAug24[ 1978] 365)
5 «De ligno cructs»
La tradición manuscrita atribuye a Cipriano o a Tertu-
liano un poema de 69 hexámetros, que variamente la cri-
tica ha asignado a Victorio, Prudencio, Avito o un autor
anónimo del siglo V de aficiones clasicistas Tampoco el ti-
tulo es uniforme De Pascha, De cruce, De ligno vitae Es un
poema alegórico que compara a Cristo con un ramo plantado
en el Golgota, que se transforma en tronco a los tres días,
y a los cuarenta, en árbol poderoso que se alza hasta el
cielo, de el se desprenden doce ramos pequeños (los apos
toles), que se dispersan por la tierra para predicar el Evan-
gelio, a la sombra del árbol nace una fuente de salvación
para todos los que gustan los frutos de este árbol de vida
La prosodia y métrica del poema son correctas Según
Roncoroni, el poema podría muy bien haber sido com-
puesto en Francia El texto se ha conservado en doble re-
censión, con la omisión en algunos manuscritos de los
v 47-52
Ediciones (CPL 1458, me Est locas ex omm) PL 2,1113-1114
Poemas anónimos
403
(entre las obras de Tertuliano), W HARTEL CSEL 3-3(1871)
305 308 (con las obras de Cipnnao), A RONCORONI, Ps -Cipriano
«De hgno cructs» RSLR 12(1976)380-390
Estudios C PASCAL, Un carme pseudociprianeo
BFC 10(1904)282, P Rasi / «Versus de hgno cructs» in un códice
della Biblioteca Ambrosiana RIL 39(1906)657 665 ID , De códice
quodam Ttcinensi quo incerti scriptoris carmen «De Pascha» contine-
tur Accedunt ad carmen ipsum Adnotattones et Appendix A Ceriani
(Milano 1910) p 5^7-604, S BRANDT, Zu Ps -Cypnan de Pascha
PhW 40(1920)424 432 M DANDO, Alcimus Avitus as the Author
of «De Pascha» («De cruce») formerly attrtbuted to Tertulhan
and Cypnan Classica et Mediaevaha 26(1967)258 275)
6 «Psa/mus responsorius»
Psalmus responsorius es el titulo, probablemente origi-
nal, de un poema conservado incompleto en un papiro de
Barcelona (Pap Barcin inv 149 v -153), publicado recien-
temente Las cinco hojas conservadas, escritas por ambos
lados, pertenecían a un códice mas extenso con composi-
ciones en griego y latín Su editor, Roca-Puig, no dice
donde fue encontrado el papiro Podría proceder de
Egipto, y Naldini no excluye que haya sido redactado en
Africa proconsularts, y de ahí pasase a Egipto
Según Roca-Puig, el papiro fue escrito en la primera
mitad del siglo IV, datación aceptada por Naldini, que cree
poder colocarlo entre el 340 y el 350 Al titulo siguen
cuatro versos, que son una invocación (Pater qui omnia re-
gís), y doce estrofas abecedanas, que llegan a la Xetit^m,
con trazas del principio de la estrofa de la letra o, el resto,
hasta la estrofa 23, si el abecedario era completo, no se ha
conservado El titulo Psalmus responsorius sugiere un uso
litúrgico en alguna comunidad latina de Egipto Los cuatro
versos iniciales no son una introducción, como cree su edi-
tor, sino la responsio de los fieles a cada estrofa recitada o
cantada por el solista (cf los responsorn psalmi, salmos con
respuesta, de Egena, Peregrinatio 27,8, el término psalmus
puede significar poema religioso, narración en verso) El
poema no se atiene a las reglas de la métrica cuantitativa ni
a los de la rítmica Se asemeja en la estructura al Psalmus
abecedarius, de Agustín, aunque elaborado con menos cui-
dado
El autor se propone cantar los magnalia Dei (v 5), tras
una breve mención de David y de los profetas, el poema
404
La poesía cristiana
evoca algunos episodios de la vida de Cristo, empezando
con la esterilidad de Ana, la madre de Mana, sus oracio-
nes, la vida retirada de María en el templo, su matrimonio
con José, la anunciación junto a una fuente, el nacimiento
de Jesús no en una gruta, sino en el campo, la visita de los
Reyes Magos (llamados graect v 61) en Belén y sus dones,
la matanza de los inocentes, la fuga a Egipto, hasta el mila-
gro de Caná (estrofa 12), el resto presentaría otros episo-
dios de la vida de Cristo, equilibrando el prevalente ínte-
res mañano, que, incompleto, lo anima
Las fuentes utilizadas son los evangelios canónicos de
Mateo y Juan (milagro de Cana) y el apócrifo Protoevangeho
de Santiago, sorprende la ausencia de Lucas, tan rico de
noticias sobre María y la infancia de Jesús El Psalmus es un
documento importante de la devoción a Mana, destacando
su virginidad, la maternidad divina y su intercesión ante
Jesús en las bodas de Cana
Ediciones R Roca-Puig, Htmne a la Vierge Mane Psalmus
responsorius Papir llatt del segle IV (Barcelona 2 1965) (con trad
cat ) (el texto también en Mananum 39[ 1967J258 260 y en
RSLR4[ 1968] 155 157, mejor lectura)
Estudios M PERETTO, Psalmus responsorius Un mno alia
Vergtne Marta di un papiro del IV secólo Mananum 39(1967)255-
265, M Naldini RSLR 4(1968)154-161 (rec de la ed de R
Roca-Puig)
Capítulo VI
SAN AG USTIN
Por Agostino Trapé
San Agustín es, sin duda, el más grande de los Padres y
uno de los genios más eminentes de la humanidad Su in-
fluencia sobre la posteridad ha sido continua y profunda
Los estudios sobre él se han multiplicado y se multiplican
sin medida, de suerte que resulta imposible ofrecer una
lista completa de ellos Nos limitaremos, por tanto, a los
más importantes y remitimos al lector a los repertorios bi-
bliográficos que señalamos a continuación
Repertorios bibliográficos E Nebreda, Btbliographta Augusti-
ntana (Roma 1928), Bulletm de theologie anctenne et medievale
(Mont-Cesar Louvain 1929ss), R GONZALEZ, Bibliografía agusti-
niana del Centenario Religión y cultura 1 5( 1931 H61-509,
E KREBS, Neuere Augustinusliteratur ThR( I932)137ss, F VAN
STEENBERGHEN, La philosophte de St A d'apres les travaux du Cen-
tenaire Revue Neoscol Phil (1932-1933), G Kruger, A Decade
of Research in Early Chrtstian Literature (1921-1910)
HThR 26(1933)173-321, M F SCIACCA, Augustmus Bibliogra-
phische Emfuhrungen tn das Studium der Philosophte (Bern 1948),
Bullettn Augusttmen AnThA (1949-1953) y luego en REAug
desde 1955, E LAMIRANDE, Un siecle et demi d'etudes sur l'ecclesio-
logte de St A Essai btbliographtque REAug 8( 1962) 1 125,
C ANDRESEN, Bibliographia augustiniana (Darms
tadt 1962, 2 1973), T VAN Bavel, Repertoire btbliographtque de
St A (1950-1960) (Steenbrugge 1963), A Rigobello, Studi
agostiniani in Italia neli 'ultimo ventennio Cultura e
scuola 32(1969)73-84, R Lorenz, Augustmus Ltteratur seit dem
Jubtlaum von 1954 ThR 25(1959)1-75, Id , Zwolf Jahre Augustt-
nusforschung ThR 38(1973), 40(1975), Iinstitut DES ÉTUDES
AUGUSTINIENNES, Pichier augustinten (1972), E Samek Lodo
VIC1, Agostino, en Questioni di stortografia filosófica I (Bres-
cia 1975) p 445-501
406
San Agustín
Enciclopedias: C. Boyer EC, I 519-567; A. CASAMASSA: Enci-
clopedia italiana I 913-923; E. PORTALIÉ: DTC, I 2268-2472;
¡Vi. F. SciACCA: Enciclopedia filosófica 1 8-111; A. Trape: Bi-
bliotheca sanctorum I 428-596; A. SCHINDLER: Theologische
Realenzyklopádie IV 646-698.
Misceláneas: Miscellanea agostiniana [= ¡VISCA] I (S. A. sermo-
nes post Maurinos reperti) II (Studi agostiniani) (Roma 1930); Mis-
cellanea augustiniana (Nijmegen 1930); Aurelius Augustinus. Die
Festschrift der Gorres-Gesellschaft zum 1500. Todestage des hl. A.
(Kóln 1930) [= AurAug]; Mélanges augustiniennes (Paris 1931)
Augustinus Magister l-III [AugMag] (Paris 1954); Recherches au-
gustiniennes (Paris 1958ss); Estudios sobre la «Ciudad de Dios» I-Il
(El Escorial 1954).
Dividiremos la exposición en cuatro partes: la vida, la
persona, las obras y la doctrina.
I. Vida
Es importante conocer con exactitud los datos de la
vida de Agustín, sobre todo los relativos a su vuelta a la fe
católica, pues a ellos se recurre a menudo, con razón o sin
ella, para interpretar su pensamiento. Estos datos, para
aquellos tiempos, son bien conocidos, pues Agustín mismo
se ha «confesado» a menudo y porque de él nos ha dejado
una biografía de gran valor su discípulo y amigo Posidio.
1 . Fuentes
a) Las obras agustinianas más importantes para su
biografía son:
1. Los Diálogos de Casiciaco, que podemos considerar
sus primeras Confesiones, compuestos entre noviembre del
386 y marzo del 387, nos ofrecen en los prólogos (De
beata vita 1-5; Contra acad. 2,3-6; De ordine 1,2,5) las pri-
meras noticias importantes acerca de su vida y nos permi-
ten conocer su disposición interior antes del bautismo, y
ello aun en el caso de que, como algunos sostienen, la
forma dialogada de los tres primeros no fuese histórica,
sino sólo literaria.
Ed. y bibl. infra, p.422.
2. Las Confesiones son obra autobiográfica, pero tam-
bién obra de filosofía, de teología, de mística y de poesía.
Vida
407
Es su obra hoy más leída y más estudiada. Se estudia en
particular el origen, la fecha de composición, la división, la
unidad y el valor histórico. Acerca de este último se ha
mantenido, por casi un siglo, una animada discusión, que
puede considerarse ya cerrada, en favor de la atendibilidad
histórica de la obra y, en consecuencia, de la evolución
interior de Agustín, como aparece en las Confessiones. Se
ha tomado el buen acuerdo de distinguir entre hechos y
juicios; los primeros, narrados fielmente por Agustín; los
segundos, no atribuibles al Agustín objeto de la narración,
sino al Agustín que narra, que era ya monje y obispo. Ni
resiste a la crítica la oposición, a menudo sostenida, entre
las Confesiones y los Diálogos, pues ambos, no obstante la
diversidad de tono y argumento, se completan mutua-
mente y nos ofrecen el mismo iter hacia la conversión.
Las Confessiones se dividen en dos partes: la primera
(I-IX) narra lo que fue Agustín hasta su conversión y la
muerte de la madre; la segunda (X-XIII), añadida más
tarde (Conf. 10,3,4), cuenta cómo es en la época en que
escribe (Conf. 10,4,6). La unidad de la obra estriba en la
noción de alabanza a Dios «por los bienes y por los males»
(Retract. 2,6), común a toda la obra (confessio = alabanza), y
en el carácter autobiográfico, propio también de la se-
gunda parte.
Fueron empezadas después del 4 de abril del 397
(muerte de San Ambrosio) y terminadas hacia el año 400.
Ediciones: PL 32,659-868 (Paris 1841); P. KNOLL: CSEL 33-1
(1896) (= BT, Leipzig 1898); M. Skutella: BT (Leipzig 1934);
M. Skutella, H. Jurgens, W. SCHAUB: BT (Stuttgart 1969)
(editio correctior); BA 13-14; BAC2(11); NBA 1; etc. Cf.
L. VERHEIJEN, Contribution a une édition critique améliorée des
«Confessions» de saint A.: AugL 20(1970)-29(1979); ID.: Aug 17
(1977)541-544.
Traducciones: Incontables; v.gr.: Alemanas: C.J. PERL (Pader-
born 2 1964); H. Schiel (Freiburg i. Br. 6 1959); W. Thimme
(Stuttgart 1967). — Españolas: E. DE Ceballos (Barcelona 2 1957);
L. RIBER (Madrid 1957); V. SÁNCHEZ Ruiz (Madrid ''1958);
A. C. VEGA: BAC 2 (11).— Francesas: P. DE LABRIOLLE (Pa-
ris 8 1961); G. Combés (Paris 1957); E. Tréhorel: BA 13-
14.— -inglesas: W. MONTGOMERY (Cambridge 1908); V. J.
BOURKE: FC 21; F. J. SHEED (New York 1944).— Italianas:
A. Amato (Roma 1958); M. Capodicasa (Roma 5 1965);
G. Capello (Torino 3 1969); A. Bussoni (Parma 1973); C. Vitali
(Milano 1974); C. CARENA: NBA 1; O. Tescari (Torino 4 1958).
408
San Agustín
Estudios Acerca de la obra en general G WuNDERLE, Einfu-
hrung in A Konfessionen (Augsburg 1930), J M Le BLOND, Les
converswns de st A (París 1950), A SOLIGNAC, lntroduction aux
«Confessions» BA 13, R GuARDINI, Die Bekehrung de< hl Aur
A (Munchen 1 1959), M PEIXEGRINO, Per un commento alie
«Conf » REAug 5(1959)439 446, P Courcelle, Recherches sur
les «Confessions» de S A (París 2 1968), A MANDOUZE, S A
L'aienture de la raison et de la grace (París 1968), M PELLEGRINO,
Le «Confessioni» di S A Studio mtroduttivo (Roma 2 1972),
A TRAPE, Introduzione alie «Confessioni» NBA 1 (Roma 3 1975)
(bibl )
Varios M Wundt, Augusttns «Konfessionen»
ZNW 22(1923)161-206, P de Labriolle, Pourquoi S A a t-tl
r'edige les «Confessiones» BAGB (1926) 30-47, M Zepf, Augusttns
«Confesiones» (Tubingen 1926), E WlLLINGER, Der Aufbau der
«Konfessionen» A ZNW 28(1929)81-106, A Pincherle,
Sant'Agostino (Barí 1930), J STIGLMAYR, Das Werk der A «Kon-
fessionen» mit ein Opfergelubde bestegelt ZAM 5( 1930)234-245,
L LANDSBERG, La conversión de S A VS Suppl (1936)31-56,
J FREYER, Erlebte und systematische Gestaltung in A «Konfessio
nen» (Berlín 1927), M WAGNER, Plan tn the «Confessions» of
St A Philological Quarterly 23(1944)1 23, F Cayre, Les sens et
l'umte des «Confessions» AnThA 13(1953)13 32, H KUSCH, Stu-
dien uber Augustinus, en Festschrift F Dornsetff (Leipzig 1953)
p 124-200, J J O'Meara, The Young Augusttne (London 1954),
F CAYRE, Le Itvre XIII des «Confessions» REAug 2(1956)143-
161, N G KNAUER, Psalmenzitate in A «Konfessionen» (Got-
tingen 1955), ID , «Peregrinatio animae» Zur Frage der Einheit der
augusttnischen «Konfessionen» Hermes 85(1957)216-248,
R O'CONNELL, The Plotinian Fall of the Soul tn St A
Traditio 19(1963)129-164, Id, The Riddle of A's «Confessions»
A Plottnian Key International P h 1 1 o s o p h i c a 1
Quarterly 4(1964)327-372, Id, S A's «Confessions», the Odyssey
of a Soul (Cambridge Mass 1969), E Do NT, Aufbau und
Glaubwurdigkeit der «Konfessionen» und die Cassiacumgesprache des
A WS 3(1969)181-197, Id , Zur Frage der Einheit von A s «Con-
fessiones» Hermes 99(1971)350-361, G PfligersdoRFER, Das
Bauprinzip von A s «Confessiones», en Festschrift K Vrestka (Hei-
delberg 1970) p 124-147, O MEO, Memoria e hnguaggio nel li-
bro X delle «Confessioni» Laurentianum 1 7( 1976)388 407,
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apto» («Conf » IV 13-15) AugS 7(1976)153-163, W Desch, A s
«Konfessionen» Versuch eines íommentars zu Motivbestand und Ge
dankenbewegung Diss (Graz 1976), L C Ferrari, Christus vía
in A 's «Confessions» AugS 7(1976)47-58, G LUONGO, Autobio-
grafía ed esegesi bíblica nelle «Confesstoni» di A La parola del
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en Latinitat und alte Kirche Festschrift R Hanslik (Wien 1977)
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Vida 409
«Confessions» de S A AugS 7(1976)99 118, A Pincherle, The
«Confessions» of S A AugS 7(1976)119 133, H J Sieben, Der
Psalter und die Bekehrung der voces und affectus Zu A , «Conf » IX
4 6 und Xü Theologie und Philosophie 52( 1977)481 497,
C Starnes, S A and the Vision of the Truth Dionysius 1(1977)
85 126
3 Las Retractattones, obra fundamental para el estudio
de los escritos de San Agustín e importante, asimismo,
para conocer su disposición interior y los motivos que ins-
piraron su composición, son un minucioso examen de con-
ciencia del anciano escritor sobre su actividad literaria y la
última de sus Confessiones (cf infra, p 420)
4 Los sermones 355 y 356, pronunciados el 18 de
diciembre del 425 y poco después de la fiesta de Epifanía
del año siguiente, suplen, en parte, el silencio de las Con-
fessiones acerca del período desde la vuelta a Africa hasta su
elección episcopal y nos informan acerca de la fundación
de los monasterios de Hipona, ofreciendo un cuadro de la
vida que en ellos se conducía
b) Fuentes no agustinianas
La Vida de San Agustín, obra de Posidio, escrita entre
el 431 y el 439 (íbid , 28,10-11) a base de los recuerdos
personales (quae tn eodem vidt et audivf praef 1) y de las
fuentes escritas existentes en la biblioteca de Hipona, es
obra de excepcional valor histórico y guía insustituible
para conocer la vida y la actividad de San Agustín desde su
ordenación sacerdotal hasta su muerte
Ediciones PL 32,33-66, H T WEISKOTTEN (Pnnceton 1919)
(con tracl ing ), A C Vega (El Escorial 1934), M Pellegrino
(Alba 1955) (con trad it),AAR Bastiaensen (Milano 1975)
(con trad ít de C Carena)
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K RoMEIS (Berlín 1930) — Españolas V CAPANAGA
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R J Deferrari FC 15(1952)67-24 —Italiana M Simonetti
(Roma 1977)
410
2 Narración
San Agustín
a) Desde el nacimiento a la conversión (354-386)
San Agustín nació el 13 de noviembre del 354, hijo,
quizá primogénito, de un consejero municipal y modesto
propietario de Tagaste, en Numidia. Africano, al parecer,
de raza y de nacimiento, fue ciertamente romano por len-
gua, cultura y corazón Estudió en Tagaste, en Madaura y,
gracias a la ayuda de su conciudadano Romaniano, en Car-
tago Enseñó gramática en Tagaste (374), y retórica en
Cartago (375-383), Roma (384) y Milán (otoño del 384-
verano del 386), donde ejerció como profesor oficial
Conocía a fondo la lengua y la cultura latinas, no le fue
familiar el griego e ignoró la lengua púnica
Recibió educación cristiana de su piadosísima madre
Mónica y permaneció siempre, en su espíritu, cristiano,
aun cuando abandonó a los diecinueve años la fe católica
Su larga y atormentada evolución interior (373-386)
comenzó con la lectura del Hortensius, de Cicerón, que le
inspiró un ardiente amor por la sabiduría, mas destiló, asi-
mismo, en sus pensamientos tendencias racionalistas y na-
turalistas Poco después, leída sin provecho la Escritura,
encontró, prestó oídos y siguió a los maniqueos Las razo-
nes principales fueron tres el racionalismo de que alar-
deaban, que excluía la fe, la abierta profesión de un cris-
tianismo espiritual y puro que no admitía el Antiguo Tes-
tamento y la solución radical del problema del mal que
los maniqueos ofrecían
No fue un maniqueo convencido, sino solamente un
maniqueo, confiado en que le sería mostrada la sabiduría
prometida (De b. vtta 4), fue, en cambio, un anticatólico
convencido. Aceptó del maniqueísmo los presupuestos
metodológicos y metafísicos el racionalismo, el materia-
lismo y el dualismo. Cuando poco a poco se convenció,
gracias al estudio de las artes liberales, y en especial de la
filosofía, de la inconsistencia de la religión de Mam — y la
prueba decisiva se la supeditó el obispo maniqueo
Fausto — , no pensó en volver a la Iglesia católica ni abrazó
una corriente de filósofos, «porque ignoraban el nombre
de Cristo» (Con/. 5,14,25), sino que cedió a la tentación
escéptica «los académicos gobernaron por mucho tiempo
el timón de mi nave» (De b. vita 4). El camino de vuelta lo
emprendió en Milán. Comenzó con la predicación de San
Vida
411
Ambrosio, que disipaba las dificultades maniqueas y le
ofrecía la clave para interpretar el Antiguo Testamento,
continuó con la reflexión personal sobre la necesidad de la
fe para alcanzar la sabiduría, y llegó a la convicción de que
la autoridad en la que se apoya la fe es la Escritura, avalada
y leída por la Iglesia Había opuesto Cristo a la Iglesia, y
ahora descubría que la senda para ir a Cristo era precisa-
mente la Iglesia
Mucho se ha discutido y mucho se discute acerca del
momento de la conversión de San Agustín y del influjo
que en ella ejerció la lectura de los platónicos. Para hacer
justicia a los textos agustinianos es preciso distinguir entre
el motivo de la fe y el contenido de la misma, el primero
lo había conquistado antes de la lectura de los platónicos,
el segundo lo percibió claramente, en parte, sólo después
A pesar de que muchas cuestiones no le eran aún claras, se
adhería, como siempre había hecho, a la autoridad de
Cristo, y ahora de nuevo a la autoridad de la Iglesia «En
mi corazón estaba firmemente enraizada la fe en la Iglesia
católica fe en muchos puntos amorfa todavía y vagorosa,
fuera de toda norma doctrinal. Mas, con todo eso, no la
abandonaba mi espíritu, antes de día en día íbala absor-
biendo e impregnándose de ella» (Con/ 7,5,7, trad Ri-
ber)
Los platónicos le ayudaron a resolver dos problemas
filosóficos fundamentales el problema del materialismo y
el problema del mal, el primero logró superarlo al descu-
brir en su mundo interior, obedeciendo al consejo de los
platónicos (Conf 7,10,16), la luz inteligible de la verdad, el
segundo al intuir que el mal no era más que defecto o
privación del bien Le quedaba aún el problema teológico
de la mediación y de la gracia Para resolverlo recurrió a
San Pablo, y de su lectura aprendió que Cristo es no sólo
Maestro, sino Redentor Superado de este modo el último
error, el naturalismo, el itinerario de su vuelta a la fe cató-
lica tocaba a su fin
Mas llegado aquí surgía o volvía a surgir otro pro-
blema la elección del modo de vivir el ideal cristiano de la
sabiduría, es decir, si debía renunciar o no en su favor a
toda esperanza terrena, y, por tanto, también a la carrera y
al matrimonio La primera renuncia, a pesar del brillante
porvenir que se anunciaba (no había de tardar la presiden-
cia de un tribunal o de una provincia), no le costaba mu-
cho, mucho, en cambio, le costaba la segunda; a los dieci-
412
San Agustín
siete años, para poner freno al ímpetu de la pubertad y no
desdecir en la buena sociedad (Solil. 1,11,19), se había
unido a una mujer, que le había dado un hijo (muerto en-
tre el 389 y el 391 ) y a la que había sido siempre fiel
(Con/. 4,2,2). Tras largas vacilaciones (Conf. 6,11,-
18-16.26) y dramáticos enfrentamientos interiores, no sin
una poderosa ayuda de la gracia (Conf. 8,6,13-12,30), de-
cidió seguir el consejo del Apóstol y obedecer a sus más
profundas aspiraciones: «Me habías convertido a ti tan
plenamente, que ya no buscaba esposa ni perseguía espe-
ranza alguna del siglo» (Conf. 8,12,30). Era el año 386, a
principios del mes de agosto.
Estudios: W. Thimme, A.s geistige Entivicklung (Berlin 1908);
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tion de s. A. (París 1920, Roma 2 1953 ); Id., Essais sur la doctrine
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par s. A.: AugL 4( 1954)225-239; ID., Recherches sur les «Confes-
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chen 3 1959); J. M. Le Blond, Les conversions de s. A. (Paris 1950);
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tine (London 1954); C. BOYER, Le retour a la foi de s. A.: Doctor
communis 8(1955)1-6; G. MATHON, Quand faut-il placer le re-
tour d'A. a la foi catholique: REAug 1(1955)107-127; P. SÉ-
JOURNÉ, La conversión de s. A, d'apres le «De lib. arb.» 1.1.
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de Man i par A. ou la logique de l'optimisme: RAug 2(1962)17-32;
P. J. DE MENASCE, Augustin Manichéen, en Festschrift R. Curtius
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s. Remigio e il luogo della conversione di S. Agostino:
Aevum 37(1963)142-144; E. KEVANE, Philosophy, Education and
the Controversy on S.A.'s Conversión, en Studies in Philosophy and
the History of Philosophy (Washington 1963) II p.6l-103; L. RO-
Vida
413
DRÍGUEZ, La conversión de S. A. a través de los diálogos de Casiciaco:
CD 176(1963)303-318; M. TESTARD, Observations sur la conver-
sión d'A. et dAlypius au jardin de Milán, en Festschrift K. Büchner
(Wiesbaden 1970) II p.266-273; A. Trape, La Chiesa Milanese e
la conversione di s. A.: Archivio Ambrosiano 27(1974)5-24.
b) De la conversión a su elección episcopal (386-396)
Diez años escasos, pero riquísimos en el orden espiri-
tual y teológico. Tomada la decisión de renunciar a la en-
señanza y al matrimonio, se retiró, a fines de octubre, a
Casiciaco (probablemente, la actual Cassago, en Brianza)
para prepararse al bautismo; volvió a Milán en los prime-
ros días de marzo, se inscribió entre los catecúmenos, si-
guió la catequesis de San Ambrosio y fue por él bautizado,
con Alipio y su hijo Adeodato, en la noche del 24 al 25 de
abril, vigilia de Pascua: «y huyó de nosotros toda ansiedad
de la vida pasada» (Conf. 9,6,14). Recibido el bautismo, la
pequeña comunidad resolvió volver a Africa para poner
por obra allí «el santo propósito» de vivir juntos al servi-
cio de Dios. Antes de finalizar agosto dejó Milán y llegó a
Ostia, donde su madre Mónica enfermó repentinamente
y murió. Agustín decidió entonces volver a Roma, donde
permaneció hasta después de la muerte del usurpador
Máximo (julio o agosto del 388), interesándose por la vida
monástica y ocupado en la composición de sus escritos;
luego marchó a Africa y se retiró a Tagaste, donde puso
por obra con sus amigos su programa de vida ascética
(cf. POSIDIO, Vita 3,1-2.
El 391 viajó a Hipona para «buscar un lugar donde
abrir un monasterio y vivir con mis hermanos», y allí lo
sorprendió la ordenación sacerdotal, que aceptó reluctante
(Serm. 355,2; Ep. 21; POSIDIO, Vita 4,2). Ordenado sacer-
dote, obtuvo del obispo autorización para fundar, según su
plan, un monasterio, «donde empezó a vivir según la manera
y regla establecida en tiempos de los santos apóstoles»
(POSIDIO, Vita 5,1), intensificando el ejercicio ascético, pro-
fundizando en el estudio de la teología e iniciando el minis-
terio de la predicación. Fue consagrado obispo el 395 o, se-
gún otra opinión, el 396, sirviendo primero como coadjutor
de Hipona y luego — al menos desde agosto del 397 — como
titular de la sede. Dejó entonces el monasterio de laicos,
donde había vivido al frente de la comunidad, y, para po-
der más libremente ofrecer hospitalidad a todos, se instaló
414
San Agustín
en la «casa del obispo», que transformó en monasterio de
clérigos (Serm. 355,2).
Estudios: Sobre la fecha de la consagración episcopal, cf.
A. CASAMASSA: Enciclopedia italiana 2,915 y Scritti patristici [La-
teranum 22] (Roma 1956) II p.285-286; O. PERLER, Les voyages de
s- A. (Paris 1969) p.164-178.
c) Desde su elección episcopal hasta la muerte
(396-430).
La actividad episcopal de Agustín fue en verdad prodi-
giosa tanto en el gobierno ordinario de su diócesis como
en su labor' extraordinaria al servicio de la iglesia de Africa
y de la Iglesia universal.
Sus actividades ordinarias comprendían el ministerio
de la palabra (predicó sin interrupción dos veces a la se-
mana, sábado y domingo; a menudo, varios días seguidos,
y aun dos veces al día); la audientia episcopi, en la que
atendía y juzgaba las causas, y le ocupaba, a veces, toda la
jornada; el cuidado de los pobres y huérfanos; la forma-
ción del clero, con el que se mostró, a la vez, paternal y
severo; la organización de monasterios masculinos y feme-
ninos, la visita a los enfermos, la intervención en favor de
los fieles ante la autoridad civil (apud saeculi potestates);
ocupación no de su gusto, que no esquivaba cuando lo
creía oportuno; la administración de los bienes eclesiásti-
cos, de la que hubiera prescindido si hubiera encontrado
un seglar que de ella se encargara.
Aún más intensa fue su labor extraordinaria: los nume-
rosos y largos viajes para presenciar los frecuentes conci-
lios africanos o para atender las peticiones de sus colegas;
el dictado de las cartas en respuesta a cuantos a él recu-
rrían de las regiones y clases más diversas; la ilustración y
defensa de la fe. Esta última exigencia lo llevó a intervenir
sin pausa contra maniqueos, donatistas, pelagianos, arria-
nos y paganos. Fue el alma de la conferencia del 411 entre
obispos católicos y donatistas y el artífice principal de la
solución del cisma donatista y de la controversia pelagiana.
Al morir, el 28 de agosto del 430, durante el tercer mes del
asedio de Hipona por los vándalos, dejó sin acabar tres
importantes obras; entre ellas, la segunda respuesta a Ju-
liano, el arquitecto del pelagianismo. Su último escrito fue
una carta (ep.228), dictada quizá en su lecho de muerte,
La persona
415
sobre los deberes de los sacerdotes durante la invasión de
los bárbaros. Fue sepultado, probablemente, en la Basílica
parís, la catedral; luego, sus restos, en fecha incierta, fue-
ron llevados a Cerdeña, y de aquí, hacia el 725, pasaron a
la basílica de San Pietro in Ciel d'Oro, de Pavía, donde hoy
reposan.
Biografías: W. THIMME, A. Ein Lebens- und Charakterbild auf
Grund seiner Briefe (Góttingen 1910); L. BERTRAND (Paris 1913);
P. GUILLOUX, L'ame de s. A. (Paris 1921); N. CoNCETTl, S. Au-
gustini vita (Tolentino 1929); E. KREBS, S. A., Der Menscb und
Kirchenlehrer (Kóln 1930); P. GORLA (Torino 1936); G. PAPINI
(Firenza 1929); A. PlNCHERLE (Bari 1930); G. BARDY (Pa-
ris - 1 1940); U. Moricca (Torino 1930); M. F. SciACCA (Bres-
cia 1949) (sólo vol. 1); H. I. Marrou, S. A. et l'augustinisme (Pa-
ris 1955); P. SIMON (Paderborn 1954); G. BONNER, S. A. of
Hippo, Life and Controversies (Philadelphia 1963); P. Brown, A.
of Hippo, a Biography (London 1967); A. MANDOUZE, S. A.
L'aventure de la raison et de la grace (Paris 1968); O. PERLER, Les
voyages de s. A. (Paris 1969); J. OROZ RETA (Madrid 1967);
A. TrapÉ, S. A.: l'uomo, il pastore, il místico (Fossano 1976); V. PA-
RONETTO (Milano 197 7 ).
II. La persona
Agustín es una personalidad compleja y profunda: es
filósofo, teólogo, místico, poeta, orador, polemista, escri-
tor y pastor, dotes todas que se completan entre sí y hacen
de él una persona «a la que casi nadie o muy pocas de
cuantas han florecido desde el principio del género hu-
mano hasta hoy se le pueden comparar» (PÍO XI:
AAS 22[ 1930] 223). Altaner escribe: «Unía en sí este gran
obispo la potencia creadora de Tertuliano, la vasta inteli-
gencia de Orígenes, con el profundo amor de Cipriano a la
Iglesia; la aguda dialéctica de Aristóteles, con el idealismo
alado de Platón; el sentido práctico de los latinos, con la
inteligencia especulativa de los griegos. Por esto es, sin
duda, el más grande filósofo de la época patrística, y hasta
se puede afirmar que el más importante e influyente teó-
logo de toda la Iglesia. Su obra encontró, ya en sus mismos
días, entusiastas admiradores» (Patrología Madrid 5 1962
p. 399-400).
En el ámbito del cristianismo, Agustín dio vida a la
primera gran síntesis de filosofía, que sigue siendo un
momento esencial de la historia de Occidente. Partiendo
416
San Agustín
de la evidencia del conocimiento de sí, se adentra por los
temas del ser, de la verdad y del amor, e ilumina la com-
prensión de los problemas de la búsqueda de Dios y de la
naturaleza del hombre, de la eternidad y del tiempo, de la
libertad y del mal, de la Providencia y de la historia, de
la felicidad, de la justicia y de la paz
Con humildad y audacia ilustro los misterios cristianos,
determinando el más sorprendente progreso dogmático
que la historia de la teología haya conocido, no sólo en la
doctrina de la gracia, sino, asimismo, en la teología de la
Trinidad, de la redención, de la Iglesia, de los sacramentos
y en la escatología, se puede afirmar que no hay asunto
teológico que San Agustín no haya iluminado Explicó
abundantemente la doctrina moral, centrada en el amor, la
doctrina social y política, defendió los caminos del asce-
tismo cristiano y exploró las cimas mas altas de la mística
Como orador supo combinar la profundidad y la preci-
sión dogmática del doctor, la elevación lírica del poeta, la
vibrante conmoción del místico y la sencillez evangélica
del pastor que se hace todo para todos Conoce los diver-
sos estilos de la oratoria, que él mismo expondrá al fin de
su vida en el De doctrina christiana, y los utiliza pasando
con naturalidad del estilo sencillo al moderado, y de este,
muy a menudo, al estilo sublime
Fue un polemista formidable Profundamente conven-
cido de la verdad y de la originalidad de la doctrina cató-
lica, la defendió contra todos — paganos, judíos, cismáticos
y herejes — con las armas de la dialéctica y con los recursos
de la fe y de la razón Mas tuvo, asimismo, respeto del
adversario, estudiando sus escritos, citando los textos que
confutaba, reconociendo sus méritos y disimulando y per-
donando sus ofensas De su atormentada experiencia del
error aprendió a ser bueno con los que yerran
Fue un maestro consumado de retórica De ella se sir-
vió y enseñó a los demás a servirse de ella (cf De doct.
chr 4), mas subordinándola siempre al contenido «Se ha
de anteponer el contenido a las palabras, como el alma al
cuerpo» (De cat rud 9,13) Cuando era necesario para ha-
cerse entender, no tenía escrúpulos en introducir neolo-
gismos o saltarse las reglas de la gramática «Prefiero ser
criticado por los grammatia a no hacerme entender por el
pueblo» (lnps. 138,19,/» ps. 36, serm 3,6, 37,14) Si el es-
tilo en sus primeros escritos es aún de s&bor clásico
— «henchido de la familiaridad con las letras profanas»
La persona
417
(Retract , pról 3) — , en las otras se inspira, cada vez más, en la
Biblia y en los autores eclesiásticos, contribuyendo de este
modo notablemente a la configuración del latín cristiano
No cultivó un solo estilo, sino tantos, se podría decir, cuan-
tos exigían los argumentos de sus obras las Confesiones, el De
civitate Det, los Sermones y las Epistalae — estas según la di-
versidad del argumento — ostentan un estilo claramente
diverso en la estructura de la frase y en el vocabulario,
acomodado a la fisonomía de cada una de las obras
Estudios (lengua, estilo etc ) F Di CAPUA, Le clausole tn
s A con tre stllabe atone fra t due accentt Bolletino di filología
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418
San Agustín
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A.'s «De utilitate credenái»: ibid., 115(1978)16-41.
Interés especial reviste el estudio del alma de Agustín.
Sus extraordinarias dotes intelectuales se conjugaban con
cualidades morales no inferiores: carácter noble, generoso
y fuerte, búsqueda insaciable de la sabiduría, necesidad
profunda de la amistad, amor vibrante a Cristo, a la Iglesia
y a los fieles, aplicación y resistencia sorprendentes para el
trabajo, ascetismo moderado y a la vez austero, humildad
sincera, que no teme reconocer sus errores (cf. Confessio-
nes, Retractationes); dedicación asidua al estudio de la Bi-
blia, a la oración, a las escaladas interiores y a la contem-
plación.
Como pastor, se sentía y se definía «siervo de Cristo y
siervo de los siervos de Cristo» (ep.217) hasta sus extre-
mas consecuencias; totalmente disponible ante las necesi-
dades de sus fieles, no deseaba salvarse sin ellos («no
quiero salvarme sin vosotros»: Serm. 17,2); pedía a Dios
que le concediese estar siempre dispuesto a morir por
ellos aut effectu aut affectu (MSCA I 404); amaba a los que
erraban, aun cuando le ofendían o no correspondían («Di-
gan contra nosotros lo que quieran; nosotros los amamos
aunque no quieran»;/» ps.56, 3,10). Fue un pastor en el
pleno sentido de la palabra.
Fue un maestro que se consideraba discípulo, y de-
seaba que todos fuesen con él discípulos de la verdad, que
es Cristo. En las controversias no aspiraba a otra victoria
que a la victoria propia de la ciudad de Dios, la victoria de
la verdad (De civ. Dei 2,29,2). «En cuanto a mí, no me
pesará indagar cuando dudo ni me avergonzaré de apren-
der cuando yerro. En consecuencia... avance conmigo
quien conmigo está en lo cierto, indague conmigo si con-
migo duda, pase a mi campo si reconoce su error y ende-
rece mis pasos si advierte el mío» (De Trin. 1,2,4-3,5).
Considera, por tanto, un gran favor ser corregido, aunque
no se le oculta que debe, asimismo, guardarse del error
quien pretenda corregirlo (De d. pers. 21,55; 24,68). Y,
ante todo, no quiere ser identificado con la Iglesia, de la
que se profesa hijo humilde y devoto: «¿Soy, acaso, yo la
[Iglesia] católica?... Me basta permanecer en ella» (In
ps-56, 3,19).
Estudios: O. Fusi PECCI, // pastare d'anime in s. A. (Torino
La persona
419
1956); M. PELLEGRINO, S. A., pastore d'anime: RAug 1(1958)
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S. A. pastor de almas (trad. es., Barcelona 1965); A. Trape, //
sacerdote, uomo di Dio e servo della Chiesa (Milano 1968).
Este es, en suma, el hombre que ha sido el maestro
más seguido de Occidente y que bien merece el apelativo
de Padre común. «Lo que fue Orígenes para la ciencia teo-
lógica de los siglos III y IV, ha sido Agustín, aunque de un
modo más puro y eficaz, para toda la vida de la Iglesia
universal a través de los siglos hasta nuestros días. Su in-
fluencia se ha dejado sentir no sólo en la filosofía, teología,
moral y mística, sino también en la vida social, en la polí-
tica eclesiástica, en el derecho civil; en una palabra, fue el
gran artífice de la cultura occidental del Medioevo»
(B. ALTANER, Patrología [Madrid 5 1962] p.400).
Como estudioso y polemista, quiso ser intérprete fiel
de la doctrina católica, que es siempre la clave más segura
para interpretar su pensamiento. «Y cuando los protestantes
intentaron interpretar parcialmente su modo de pensar
como si estuviera en contraste con el de la Iglesia, resultó
evidente, por el contrario, como afirma K. Holl (A. innere
Entwicklung [1922] p.51), que 'la Iglesia católica lo com-
prendió siempre mejor que sus adversarios'. La autoridad
doctrinal de la Iglesia, en sus decisiones, no ha seguido a nin-
gún otro teólogo tanto como a San Agustín, sobre todo en
cuanto se refiere a la doctrina de la gracia» (B. ALTANER,
Patrología p.400).
Celestino I defendió su memoria y lo incluyó «entre
los maestros óptimos», declarando que siempre había sido
amado y honrado de todos (DS 237); en las cuestiones
acerca de la gracia, Hormisdas (DS 366), Bonifacio II
(DS 399) y Juan II recurrieron a San Agustín, «cuya doc-
trina, en conformidad con las decisiones de mis predeceso-
res — así declara el último de los citados — , sigue y con-
serva la Iglesia romana» (PL 66,21). Los papas de la época
moderna —León XIII (Acta I 270), Pío XI (AAS 22,233)
y Pablo VI (AAS 62,420) — ensalzaron su doctrina y santi-
dad. Los concilios — el de Orange, sobre el pecado original
y la gracia; el de Trento, sobre la justificación; el Vatica-
no I, sobre las relaciones entre la razón y la fe, y el Vatica-
no II, sobre el misterio de la Iglesia, la revelación y el mis-
terio del hombre — han recurrido abundantemente — so-
bre todo el primero — a su doctrina, mostrando así que no
420
San Agustín
era de Agustín, sino de la Iglesia, la cual, en consecuencia,
la reconocía como propia. Inútil advertir que en casos se-
mejantes no está ya en juego el Obispo de Hipona, sino la
Iglesia misma.
Por lo demás, sigue siendo un pensador y un escritor al
que las repetidas atestaciones del magisterio y la estima
ininterrumpida de los teólogos posteriores — y no en úl-
timo lugar Santo Tomás — han conferido una especial
autoridad, la cual, si bien no autoriza a anteponerlo a la auto-
ridad de la Iglesia (DS 2330; AAS 22,232), no consiente
tampoco poner en duda su ortodoxia o negar el servicio
incomparable que rindió a la Iglesia misma y a la civiliza-
ción cristiana.
Que su pensamiento haya sido interpretado de forma
tan diversa a lo largo de los siglos, no es signo de oscuri-
dad: San Agustín no es un autor oscuro, aunque tampoco
es fácil. Y no es un autor fácil por varias razones: por la
profundidad de su pensamiento, por la multiplicidad de
sus escritos, por la extrema variedad de las cuestiones que
afronta y del modo como las afronta, por la diversidad del
lenguaje y también, a veces, por la incertidumbre típica de
los grandes iniciadores, por la evolución de su pensa-
miento y la falta de sistema y también, en fin, por los lími-
tes de que adolece, como todo pensamiento humano. Sólo
quien logre superar con paciencia todos estos obstáculos
hallará al verdadero Agustín; el Agustín de los escritos, «en
los que los fieles lo encuentran siempre vivo» (POSIDIO,
Vita 31,8); el Agustín de la historia, mucho más rico y ar-
monioso de como lo hacen aparecer interpretaciones pre-
cipitadas o los agustinismos a la moda.
Tras presentar sus escritos, trazaremos una breve sínte-
sis de su pensamiento con citas abundantes, para que el
lector pueda rehacer por su cuenta nuestra labor de re-
construcción.
III. Obras
1. Fuentes
Las fuentes para conocer la producción literaria del
Obispo de Hipona son dos, y ambas incompletas: las Re-
tractationes , de Agustín, y el Indiculus, de Posidio. Agustín
Obras
421
proyectaba las primeras ya en el 412 (Ep. 143,2), pero las
emprendió sólo en el 426-427 (Retract. II 51; De doct.
chr. IV 24,53), sometiendo a un minucioso examen de
conciencia toda su producción literaria. Divide su obra, se-
gún el género literario, en libros, cartas y tratados. Pudo
examinar sólo los libros, y halló que eran 232, reunidos en
93 obras, que recorre por orden cronológico para que el
lector pudiera apreciar «cómo había progresado escri-
biendo» (pról. 1). Le faltó tiempo para reseñar las cartas y
tratados, que constituyen una buena parte, aunque no la
principal, de su producción. Además del obvio interés bi-
bliográfico y autobiográfico, las Retractationes son sumamen-
te importantes desde el punto de vista doctrinal por ofrecer
la clave de lectura de su obra y dar a conocer las últimas
posiciones de Agustín.
Ediciones: PL 32,583-656, P. Knoll: CSEL 36-2(1902).
Traducciones: Alemana: C. J. Perl (Paderborn 19 7 6). — Fran-
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tions» exégétiques de s. A.: MSCA II 373-396; M. F. Eller, The
«Retractationes» of. S. A., CH 18(1949)171-184; J. Burnaby,
The «Retractationes» of S. A.: Self-Criticism or Apología?: Aug
Mag I 85-92; L. J. VAN DER LOF, A. a-t-il changí d'intention pen-
dant la composition des Rétractations?: AugL 16(1966)5-10.
Posidio añadió a su Vita Augustini una lista o Indiculus
de las obras (ed.: PL 46,5-22; A.WilMART:
MSCA II 161-208), con 1.030 números entre libros, cartas
y tratados, «sin incluir — aclara — aquellas que no se pue-
den contar, porque no les asignó un número», probable
referencia al catálogo de las obras existentes en la biblio-
teca de Hipona (Retract. II 41), del que dependen el Indi-
culus y las Retractationes. A pesar de las omisiones y de
algún que otro descuido, es un documento de valor.
En la presentación de las obras agustinianas seguiremos
la distribución por géneros literarios establecida por San
Agustín — libros, cartas y tratados — ; pero, para comodi-
422
San Agustín
dad del lector, adoptamos un orden sistemático, divi-
diendo los primeros en obras autobiográficas, filosóficas,
apologéticas, dogmáticas, morales y pastorales, monásticas,
exegeticas y polémicas
Manuscritos Acerca de la tradición manuscrita, baste señalar
el repertorio sistemático que publica la Osterreischische Akademie
der Wissenschaften, Dte handschriftliche Uberlieferung der
Werke des hl A (Wien 1969ss) del que han aparecido los volú-
menes correspondientes a Italia, Gran Bretaña e Irlanda, Polonia,
Países Escandinavos, Dinamarca, Finlandia, Suecia, España y
Portugal, Alemania Federal y Berlín occidental
Indices concordancias Catalogus verborum quae in operibus s A
inveniuntur I Tractatus tn Ioannem II Enarrattones in
P 'salmos 1 -50 (Eindhoven 1977-19 7 8) Vorarbeiten zu einem Augus-
tinus Lexikon (Wien 197 3ss) (han aparecido hasta ahora los índi-
ces de De ordine, Contra académicos y De utthtate credendt)
2 Libros
í Autobiográficos
Son dos, y descuellan por su originalidad e importancia las
Confestones y las Retractationes Cf supra, p 406-409 y 42 1
2 Filosóficos
Los Diálogos, escritos después de la conversión y antes
de su ordenación sacerdotal (386-391) en Casiciaco, Milán,
Roma y Tagaste, afrontan los grandes problemas de la filo-
sofía la certeza, la felicidad, el orden, la inmortalidad y
grandeza del alma, la existencia de Dios, la libertad del
hombre, la razón del mal, el maestro interior Son obras de
juventud, que imponen recurrir a las obras de la madurez
en busca de confirmación o aclaraciones
Estudios Sobre su historicidad A GuDEMAN, Sind dte «Dialo-
gue» A s historisch?, en Silvae Monacenses (Munchen 1926) p 16
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424
San Agustín
2. De beata vita líber I Diálogo celebrado los días 13
al 15 de noviembre del 386, en el que demuestra que la
vida feliz consiste en el conocimiento de Dios (Retract. I 2)
Ediciones PL 32,959-976, P Knoll CSEL 63-3(1922)89-
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de critique textuelle sur le «De beata vita» de s A REAug 23
(1977)63-82
3 De ordine libn II. Propone el problema de la exis-
tencia del mal y la Providencia, mas, ante la dificultad de la
cuestión para sus interlocutores, Agustín pasa a tratar del
orden a seguir en los estudios (Retract I 3)
Ediciones PL 32,977-1020, P Knoll CSEL 63-3(1922)121-
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la búsqueda y posesión de Dios y el argumento en favor de
la inmortalidad del alma, a saber, la presencia en ella de la
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oscuras destinadas a completar el libro precedente (Re-
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VC 26(1972)130 145
6 Dtsciphnarum hbri Vasta enciclopedia, según el
modelo de Varrón, con el fin de mostrar como se pueda y
se deba ascender a Dios a partir de las cosas materiales
Llevo a cabo sólo el De grammattea (perdido), y mas tarde,
el De música, de las otras partes en programa (dialéctica,
retórica, geometría, aritmética y filosofía) sólo redactó al-
gunos apuntes perdidos, «pero creo que algunos los ten-
gan» (Retract I 6)
c) En Roma (otoño del 387 a julio o agosto del 388)
7 De quantitatae antmae líber I Trata diversas cues-
tiones sobre el alma, y en especial de su espiritualidad y de
la gradual ascensión hacia la contemplación (Retract I 8)
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la cuantivalencta del alma de S A Augustinus 7(1962)175 202
8 De libero arbitrio libri III Empezados en Roma y
acabados en Hipona entre el 391 y el 395, tratan amplia-
Obras
427
mente el problema del origen del mal y cuestiones anejas,
como la libertad, la ley moral, la existencia de Dios y la
presciencia divina Obra tan importante como debatida,
que permite comparar la postura agustiniana antes y des-
pués de la controversia pelagiana (Retract I 9)
Ediciones PL 32,1221 1310, W M Green CSEL 74( 1956),
ID CCL 29(1970)21 1 321
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cf infra la bibliografía en los apartados sobre la libertad, el mal y la
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9 De música libri VI» Tratado sobre el ritmo, al que
debía seguir otro sobre la melodía (Ep 101,3-4) El li-
bro VI enseña a remontarse de los números mudables al
número inmutable que es Dios (Retract I 6,11)
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cia del maestro interior que es Dios Importante para el
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lyse du «De magistro» REAug 2 1(1975 )63-7 1
Obras
429
3 Apologéticos
Incluimos en esta categoría las obras escritas en de-
fensa de la fe contra los paganos o contra los negadores de
la fe en nombre de la razón
1 De vera rehgione líber I Compuesto en Tagaste el
390 Dios Trinidad debe ser honrado con la religión ver-
dadera, que ni los paganos ni los herejes poseen, sino sólo
la Iglesia católica, la única ortodoxa, es decir, «depositaría
íntegra de la verdad», el dualismo maniqueo es absurdo,
Dios guía a los hombres a la salvación con la fuerza de la
razón y la autoridad de la fe, también los vicios amonestan
a los hombres a buscar a Dios, el designio de la salvación
se realiza a través de la historia y la profecía Este escrito
es una pequeña obra maestra que contiene en embrión
muchas ideas del De civitate Dei (Retract I 3)
Ediciones PL 34.121-P2, WMGreen CSEL 77( 1961 ),
K D Daur CCL 32(1962)169 260
Traducciones Alemanas C J Perl (Paderborn 1957, M974),
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cela» ou «Miseria» (Aug , «De vera reí » 9,16) REAug 14(1968)
27-46
2 De utilitate credendi líber I Del 391, es el primer
escrito de Agustín sacerdote y ofrece un análisis profundo
de las relaciones entre fe y razón y la demostración de la
verdad de la fe católica, que no es una fe ciega, porque se
funda en argumentos irrefutables (Retract I 14).
Ediciones PL 42,65-92, J Zycha CSEL 25-1(1891)3-48
430
San Agustín
Traducciones Alemana C J PFRL (Paderborn 1966) — Espa
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agusttntano en el libro «De uttlitate ctedendt» REyC 4(1931)11-
2 119
3 De fide rerum quae non videntur Itber I Tratado so-
bre el mismo argumento que el anterior, compuesto des
pues de las leyes de Honorio del 399 Sobre la autentici-
dad cf ep 231,7
Ediciones PL 40,171-180, M F McDonald (PSt 84] (Wash-
ington 1950) (con trad ing y comentario)
Traducciones Española H Rodríguez BAC 4(30)795-817
(con texto) — Francesa J PEGON BA 8,311 341 (con
texto)— inglesa C L CORNISH LNPF last ser 3,337-343
4 De dtvinatione daemonum líber I Del 406-408,
compara las predicciones atribuidas a los demonios con las
profecías (Retract II 30)
Ediciones PL 40,581-592 J Zycha CSEL 41(1900)597-618
Traducciones Francesa J BOUTET BA 10(1952)655 693 (con
texto) — Holandesa H J GEERLINGS, De anttke daemonologie en
A' schrijft «De divinatione daemonum» ('s Gravenhage 195 3 )
p 113-139 (con amplio estudio) — Inglesa R BFNTWORTH
Brown FC 27(1955)417 440
Estudios T G TerHAAR, De divinatione daemonum, enMtscel-
lanea Augustiniana (Rotterdam 1930) p 323-340
5 Quaestiones expositae contra paganos VI Del 406 al
412, editada con el epistolario como ep 102 (Re-
tract II 31), responden a seis objeciones (sobre la resu-
rrección, el tiempo de la religión cristiana, la distinción en-
tre sacrificios cristianos y paganos, etc ) del filosofo Porfi-
rio, del que se ocupará en muchas páginas del De ctvtta-
te Dei
Obras
431
Ediciones PL 33,370-386 A Goldbacher CSEL 3-
4 2(1898)554-577 Para las traducciones cf Cartas
6 De ctvttate Dei hbri XXII Una de las obras maes-
tras de Agustín y acaso la primera de ellas, síntesis de su
pensamiento filosófico, teológico y político y una de las
obras más significativas de la literatura cristiana y univer-
sal Su autor la llama «obra grande y ardua», «obra gigan-
tesca» Su composición se extiende del 413 al 426 y la
publico en vanas partes (los tres primeros libros, el 414, el
4 y 5, el 415, el 417, del 6 al 10, y en el 418-419 trabajaba
en el 14), aunque toda ella obedece a un plan unitario pre-
vio (De av Det I 35-36) La ocasión que lo movió a escri-
birla fueron las acusaciones de los paganos contra el cris-
tianismo, sobre todo a raíz del saqueo de Roma del 410
Se divide en dos partes la primera (1 1-10) combate el pa-
ganismo, la segunda (1 11-22) expone y defiende la doc-
trina cristiana La primera se subdivide en dos secciones,
de las cuales la primera (1 1-5) denuncia la incapacidad so-
cial, y la segunda (1 6-10), la incapacidad espiritual del pa-
ganismo La segunda parte se subdivide en tres secciones
de cuatro libros, que exponen el origen, el itinerario y el
destino de las dos ciudades, de Dios y del mundo El plan
de composición es perfecto, aunque no falten digresiones
ocasionales (Retract II 43, Ep 212-A, 184- A)
Tesis central de la obra es la Providencia divina,
que ilumina y guia la historia de la humanidad, dividida en
dos ciudades, nacidas de dos amores, el amor de sí y el
amor de Dios El drama de la historia comprende cinco
actos la creación, el pecado de los angeles y del hombre,
la preparación de la venida de Cristo, la encarnación, la
Iglesia y el destino final Al tratar de cada uno de estos
actos, Agustín afronta y resuelve, con la luz de la razón y
de la fe — por eso es, a la vez, filosofía y teología — , los
grandes problemas de la historia el problema de los oríge-
nes, de la presencia del mal, de la lucha entre el bien y el
mal, de la victoria del bien sobre el mal y de su eterno
destino El De ctvttate Det fue muy leído y ejerció pro-
fundo influjo en la Edad Media La bibliografía relativa a
esta obra es particularmente compleja y abundante, prueba
de su valor y actualidad perennes
Ediciones PL 41,13-804, B Dombart y A Kalb BT
(Leip?ig 4 1928 1929) (- CCL4^ 48[1955]), E Hoffmann
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d'Occtdent Giornale di metafísica 9(1954)449-463, U A PADO-
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Mtddle Ages Diss (Louisville 1976)
4r '° San Agustín
4 Dogmáticos
1 De fide et symbolo líber I Explicación del símbolo
propuesta por Agustín en octubre del 393 ante los obispos
africanos reunidos en el concilio de Hipona m secretario
Basiltcae Pacts (Retract I 17) Importante para conocer los
primeros pasos de la doctrina trinitaria agustiniana
Ediciones PL 40,181 196 J Zycha CSEL 41(1900)1-32
Traducciones Alemana C J Perl (Paderborn 1968) — Fran-
cesa J RiviERE BA 9,19 75 (con texto) —Inglesa J H S BuR
LEIGH, Augustine Earlier Writings (London,PhiladeIphia 195 3 )
P 349-369 R P Russell FC 27(1955)31 1-345
2 De diversis quaestiontbus octogtnta tribus líber 1
Compuesto entre el 388 y el 396, fruto de conversaciones
familiares, en que respondía a las cuestiones de carácter
filosófico, dogmático y exegetico que le venían presentadas,
y reunidas en un libro después de su consagración epis-
copal (Retract I 26)
Ediciones PL40.11 100 A Mutzenbecher CCL 4
4-A(1975)l 1-249
Traducción Francesa J A BECKAERT BA 10,52-379 (con
texto )
3 De diversis quaesttontbus ad Simplictanum librt II
Obra exegetica, pero de elevado ínteres dogmático, dedi-
cada a Simpliciano, obispo de Milán y sucesor de Ambro-
sio (por tanto, después del 4 de abril del 397), con explica-
ciones de cuestiones tomadas de la carta a los Romanos y
del libro II de los Reyes El libro I es indispensable para
conocer la doctrina agustiniana sobre la gracia, pues en el
Agustín, corrigiendo su errada postura inicial, sostiene sin
ambages la necesidad y la gratuidad de la gracia para el
inicio de la fe y el deseo de la conversión (Retract II 1)
Ediciones PL 40,101 148, A Mutzenbecher
CCL 44(1970)
Traducciones Española V Capanaga BAC 9(79)60-169
(con texto) — Francesa J BOUTET BA 10,410 579 (con
texto) — Inglesa J H S BuRLElGH, A Earlier Wrttings
(London-Philadelphia 1953) p 370-406 (1 1)
Obras
Estudios A CASAMASSA, // penstero di S A nel 196-197
(Roma 1919), A PlNCHERLE, La formazione teológica di S A
(Roma 1948) A ZEOLI, La teología agostimana della grazia fino
alie «Quaest ad Simplicianum» (996J (Napoh 1963) (cf
REAug 12[ 1966] 361 s) A Pincherle, Sulla formazione della dot-
trtna agostiniana della grazia RSLR 11(1975)1-23
4 Ad tnquisttionem lanuaru libri II (= Ep 54-55) En
torno al 400, sobre usanzas y ritos de la Iglesia (Re-
trac II 20)
Ediciones PL 33,199 223, A GOLDBACHER CSEL 34-
2(1898)158 213 Para las traducciones cf infra, Cartas
5 De ftde et operibus líber I Del 413 Demuestra que
la fe debe ser acompañada por las obras e invita a hacer
valer este principio en la catequesis pre y posbautismal
(Retract II 38)
Ediciones PL 40,197 230 J Zycha CSEL 41(1900)33 97
Traducciones Francesa J PEGON BA 8,354 361 (con tex
to)— Italiana R CALZECCHl ONESTI, S A Fede operante (Vi-
cenza 1965) — Inglesas G Lombardo, [Studies ín Sacred Theo-
logy, 2nd ser 47] (Washington 1951) (con comentario), R J De
FERRARI FC 27(1955)215 282
6 De videndo Deo líber I (= Ep 147) Del 413 Trata
de la posibilidad de ver a Dios con los ojos del cuerpo
(cf De civ Dei XXII 29, Retract II 41)
Ediciones PL 3 3,596-622 A Goldbacher CSEL
44(1904)275 231, M Schmaus FP 23 (Bonn 1930)
Traducción Holandesa L COPPENS (Nijmegen 1949) Para
otras traducciones, cf infra, Cartas
1 De praesentia Dei líber I (= Ep 187) Del 417, so-
bre la inhabitacion del Espíritu Santo en el alma de los
justos (Retract II 49)
Ediciones PL 3 3,8 32-848, A Goldbacher
CSEL 57(1923)81-119 Para las traducciones cf tnfra, Cartas
8 Enchtrtdion ad Laurentium o De fide, spe et caritate
líber I Hacia el 421, es un manual de teología según el
440
San Agustín
esquema de las tres virtudes teologales, comprende la ex
plicacion del símbolo (fe), del padrenuestro (esperanza) y
de los preceptos morales (candad) Síntesis breve y clara
del pensamiento teológico de Agustín (Retract II 63)
Ediciones PL 40,23 1 290, O SCHEEL (Tubingen 1903, 3 1937),
E Evans CCL 46(1966)49 114
Traducciones Alemanas P SIMON (Paderborn 1925, 2 1962)
J BARBEL (Dusseldorf) (con texto y comentario) S MlTTERER
BKV 1 8(1925) — Española V Capanaga BAC 4(30)462 635
(con texto)— francesa J RiviÉre BA 9(1947)102-327 (con
texto) —Holandesas C BLOEMEN (Roermond 1931) A SlZOO y
G C BERKHOUWER, Augustinus over het Credo Het Enchiridion en
andere geschriften over het aposlolisch Symbool (Kampen 1941 ) — In-
glesas J F Shaw LNPFlastser 3 (1887)237-276, L A ARAND
ACW 3(1947) B M Peebles FC 4(1947)369-472 E Evans
(London 1953) A C Outler (London Philadelphia 1955)
H Paolucci (Chicago 1961)— Italianas A Tonna Barthet
(Firenze 1931) E DE NiCOLA (Fossano 1971 ) — Polaca
Wl Budzik (Warszawa 1952)
Estudios M F SciACCA, Riflesioni sull'«Echirtdion» di S A
AugS 2(1971)105 113
9 De cura pro mortuis gerenda líber I Del 424-425, es
la respuesta a Paulino de Ñola sobre la solicitud por los
difuntos y la utilidad de recibir sepultura junto a las me-
morias de los mártires (Retract II 64)
Ediciones PL 40,591-610 J Zycha CSEL 41(1900)619-660
Traducciones Alemana G SCHLACHTER y R ARBESMANN
(Wurzburg 1975) — Francesa G Combés BA 2(1937)384-
453 (con texto) —Inglesas M H Allies (London 1914), H
Browne LNPF, lastser 3(1887)539-55 1, R J Deferrari FC
27(1955)347-384 —Italianas C Giorgi (Firenze 1927), R CAL
ZECCHI Onesti (Vicenza 1962)
Estudios N SPACCAPELO, // «De cura pro mortuis gerenda» di
S A Annotazioni di antropología SC 100(1972)98 115 L J VAN
DER LOF, De S A a San Gregorio de Tours Sobre la intervención de
los mártires Augustinus 19(1974)35-43
10 De octo Dulcí tu quaesttombus líber I Escrito poco
después del precedente (425) Las soluciones, con excep-
ción de la quinta, sobre la elección de David, están toma-
das de obras precedentes (Retract II 65)
Obras
441
Edición PL 40,147 H()
Traducciones Francesa G BARDY BA 10,588-643 (con tex
to)— inglesa M E Deferrari FC 16(1952)423-466
Estudio A MUT7ENBECHER, Zur Datierung von A <De octo
Dukitn qq » SE 19(1969 1970)365-379
11 De Tnnttate hbri XV La principal obra dogmá-
tica de Agustín y una de sus obras maestras es el De Tnnt-
tate, con la que ejerció una influencia determinante en la
teología trinitaria de Occidente Fue llevada a cabo en dos
etapas los doce primeros libros (difundidos antes de con-
cluir la obra, sin saberlo y reprobándolo después su autor)
son de los años 399 al 412, los tres últimos y la redacción
final, en torno al 420 El plan de la obra es el siguiente
libros I-IV, teología bíblica de la Trinidad, libros V-VII,
teología especulativa y defensa del dogma, VIII, introduc-
ción al conocimiento místico de Dios, IX-XIV, búsqueda
de la imagen de la Trinidad en el hombre, XV, compendio
y complemento del tratado Comprende, pues, a la vez la
exposición, la defensa, la formulación, la ilustración y la
contemplación del misterio Los aspectos más originales
son la doctrina de las relaciones, la explicación «psicológi-
ca», la doctrina sobre las propiedades personales del Espí-
ritu Santo, que procede como amor, y la ilustración de las
relaciones entre el misterio trinitario y la vida de la gracia
(Retract II 15) /
Ediciones PL 42,819-1098, W J MOUNTAIN CCJ,; 5t>-
50A(1968) i* L '
T raducciones Alemanas M SCHMAUS BKV 2 13*^4
(Munchen 1935 1936) Id (Munchen 1951) (selección)— Espa*
ñola L Arias BAC 5(39) (con texto) —Francesa M Mellet,
P Th Camelot, E Hendrikx, P Agaesse, J Moignt
BA 15 16(1955) (con texto) —Inglesas A W Haddan y
W G T SHEED LNPF last ser 3(1887)1-228 (incompleta),
S McKenna FC 45(1963) — Italianas P Montan ARI (Firenze
1932-1935), G Beschin NBA 4(1973) (con texto) —Polaca
M Stokowska y J M Szymusiak (Poznam 1963)
Estudios J STIGLMAYR, Zur Trinttatsspekulation und
Tnnttatsmystik des hl A ZAM 4(1929)168-172, J Plagnieux,
Influence de la lutte pelagienne sur le «De Trinitate» ou cbristocen-
trisme de S A AugMag II 817-826, M SCHMAUS, Die Denkform
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442
San Agustín
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«De Trinitate» (St. Louis 1963); A. M. La BonnardiÉre, Recher-
ches de chronologie augustimenne (París 1965) p. 165-177,
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gen 1965), B Altanes., Kletne patmttsche Studten [TU 83] (Ber-
lín 1967) (estudios sobre las fuentes de A.), E. HlLL, Karl Rah-
ner's Remarks on the Dogmatic Treattse «De Trtnttate» and St A.:
AugS 2(19 7 D67-80 (sobre K. RAHNER, Schriften z Theologie IV
103-133); ID., S.A.'s «De Trtnttate». The Doctrinal Signifícame
of lts Structure: REAug 19(1973)277-286; D. E. Daniels, The
Argument of the «De Trtnttate» Diss (Georgia 1976). Más bibl.
tnfra, Trinidad y NBA 4 p.cxvillss.
5. Morales y pastorales
1. De mendacio líber 1. Del 395; tenido por «oscuro y
complicado» por su autor (Retract. I 27), pero no inútil.
Ediciones: PL 40,487-518, J. Zycha CSEL 41(1900)41 1-466
Traducciones: Alemana: P KESELING (Wurzburg 1953)
1-61.-- Española- RFLOREZ BAC 12( 12 1 (530-607 (con
texto) —Francesa: G. Combés. BA 2,234-305 (con texto). — Ita-
liana N. CASACCA (Bologna 1920), D. BASSI (Roma 1930).— in-
glesa. M. S. Muldowney FC 16(1952)45-110
2. Contra mendacium líber I. Del 420-421; vuelve so-
bre el tema de la mentira, demostrando su ilicitud (Re-
tract. II 60).
Ediciones: PL 40,5 17-548, J. Zycha. CSEL 41(1900)469-528.
Traducciones: Alemana: P. KESELING (Wurzburg 1953) 62-
124.— Española: R. FlÓREZ: BAC 12(121)614-689 (con texto).—
Francesa: G. COMBÉS: BA 2,314-375 (con texto). — Inglesas:
H. Browne: LNPF last ser. 3(1887)481-500; J. Jaffee: FC
16,111-178.
3. De agone christiano líber I. Compuesto en los pri-
meros años de su episcopado; es un manual de vida cris-
tiana para instruir en la fe al pueblo sencillo; contiene una
explicación del símbolo (lista de los errores que se han de
evitar) y de los preceptos morales, que tienen su ejemplar
en el Hijo de Dios (Retract. II 3).
Ediciones: PL 40,289-310, J. Zycha. CSEL 41(1900)101-138.
Obras
443
Traducciones- Alemanas: C. J. PERL (Wien 1948), A. HABITZKI
(Wüzburg 1961).— Española: L. Cilleruelo: BAC 12(121)474-
525 (con texto). — Francesa: B. ROLAND-GOSSELIN: BA 1(1949)
372-435 (con texto).— Inglesa: R. P. RusSELL: FC 4(1947)313-
353.— Polaca: Wl. BuDZIK (Warszawa 1952).
Estudio: A. D'ALÉS, De agone christiano: Greg 11(1930)
131-135.
4. De catechizandis rudibus líber I. En torno al 400; es
un manual de instrucción catequística, rico de intuiciones
pedagógicas (Retract. II 14).
Ediciones. PL 40,309-348, G KRUGER (Tubingen 1909);
W. Y. FAUSSET (London 3 1915), J. CHRISTOPHER [PSt 8] (Wash-
ington 1926 (con trad. ing. y comentario); J. B. BAUER
CCL 46(1969)1 2 1-1 78.
Traducciones: Alemanas: K ERNESTI (Paderborn 1902);
S Mitterer BKV' 8 (Munchen 1925), F AuER (Inns-
bruck 1927), H ROHDE (Heidelberg 1965).— Españolas: F. ReS-
trepo (Madrid 1924), J Oroz Reta. Helmantica 22(1971)-
5-176 — Francesa: G. Combes y J. FARGES: BA 1 1(1949)7-147
(con texto) — Holandesas: F Vermuyten (Antwerpen 1928);
H. ROBBERS (intr ) Cs-Hertegenbosch 1955 ) — Inglesas:
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KER (London 1912); J. P. CHRISTOPHER ACW 2( \9A6).— Italia-
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medioevo (Firenze 1956), A. MURA (Brescia 1956), R. CALZECCHI
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Estudios: G C NEGRI, La dispostztone del contenuto dottrtnale
nel «De catechizandis rudibus» di S. A (Roma 1961); D. GRASSO,
S. A. évangeltsateur: Parole et mission 6(1963)357-378, G. Og
GIONI, // «De catechizandis rudibus» di S A , catechest per i lontani.
SC 91(1963)117-126; R. Cordovani, // «De catech. rudibus»
di S. A Questioni di contenuto e di sttle: Aug 6(1966)489-527, ID.,
Lo sttle nel «De catech. rudibus» di S. A.: ibid., 8(1968)280-311,
L. J. VAN DER Lof, The Date of the «De Catechizandis rudibus»:
VC 14(1962)198-204, C Przydatek, L'annunao del Vangelo ne-
llo spirito del dialogo. Studto stortco-teologtco sulla predicazione mis-
ionario secondo l'opuscolo di S. A. «De catechizandis rudibus»
(Roma 1971), F. CAMPO DEL POZO, La catequesis pastoral en el
«De catech rudibus»: Estudio agustiniano 7(1972)105-127:
A ETCHEGARAY CRUZ, Le role du «De catech. rudibus» de S. A
dans la catéchese mtssionnatre des 7 10 jusqu'd 847: SP XI [TU 108
(Berlín 1972) p.316-321, P. Siniscalco. Christum narrare et di
444
San Agustín
lectionem monere Ossertazioni sulla «narratio» nel «De catech rudi
bus» di S A Aug 14(1974)605 623 J B ALLARD, La nature du
«De catech rudibus» de S A Diss Later (Roma 1976), J P Bel
CHE, Die Bekehrung zum Christentum nach des hl A Bucblein «De
catech rudibus» AugL 27 (1977)26 69 333 363, 28(1978)
255-287
5 De bono comugalt líber I En torno al 401, sobre la
dignidad y bienes del matrimonio con ocasión de la con-
troversia provocada por Joviniano (Retract II 22)
Ediciones PL 40,373 396 J Zycha CSEL 41(1900)185 231
Traducciones Alemana A MAXSEIN (Wurzburg 1949) — Es-
pañola F García (Madrid 1954), Id BAC 12(121)32 119 (con
texto) — Francesa G COMBES BA 2,24 87 (con texto) — Holan-
desa M RuHE (Amsterdam 1941) — Inglesas C L CORNISH
LNPF last ser 3(1887)397-413, T WiLCOX FC 27(1955)
1 55 — Italianas R Calzecchi Onesti (Vicenza 1966)
M PALMIERl NBA 7-1(1978)10-73 (con texto)
6 De sancta vtrgtnitate líber l Escrito poco después
del anterior, enseña a ensalzar la virginidad, sin menoscabo
de la dignidad del matrimonio, y a ejercitarse en la humil-
dad para tutelarla {Retract II 23)
Ediciones PL 40,397 428, J Zycha CSEL 41(1900)233 343
Traducciones Alemana I DlETZ (Wurzburg 1952) — Españo-
las M de Aranzadi y J Oteo (Madrid 1946), F de B Vizma
NOS, Las vírgenes cristianas de la Iglesia primitiva [BAC 45] (Ma-
drid 1949) p 870 922, L Cilleruelo BAC 12(121)138 227
(con texto), G Erce (Monachil 1955) — Inglesas C L CORNISH
LNPF last ser 3(1887)417-438, J McQuADh FC 27(1955)132
212, ID (Boston 1962) —Italianas R CALZECCHI ONESTI (Vi
cenza 1966), V Tarulli NBA 7 1,74-159 (con texto)
Estudios J HEERINCKX, Divi A tractatus «De sancta virgint
tate» Ant 6(1931)37-58, D RlCCARDI, La verginita nella vita re-
ligiosa secondo la dottrina di S A (Roma 1961) G OGGIONI, Ma-
trimonio e verginita presso i Padri (Venegono 1963), J M LEONET,
Situación de la virginidad en la espiritualidad agustiniana
RAE 6(1965)215-245, J Fernandez González, Teología de la
virginidad en S A RAE 7(1966)231 250, A TrAPÉ, Introduzione
genérale NBA 7-1, p IX CIV
7 De bono viduitatts líber seu epistula En torno al 414,
Obras
445
es una carta a la viuda Juliana, madre de la virgen Deme-
tnades, sobre los méritos de la viudez (POSIDIO, Ind X 5)
Ediciones PL 40,429-450 J Zycha CSEL 41(1900)303-343
Iraduicwnes Alemana A MAXSEIN (Wurzburg 1952) — Es-
pañolas M de Aranzadi y J Oteo (Madnd 1946) L Cille
RUELO BAC 12(121)232 279 (ton texto) — Francesa J Saint
Martin BA 3( 1949) (con texto) —Inglesas C L CORNISH
LNPF last ser 3(1887)457-477, M C EAGAN FC 16(1952)265-
319— Italiana V TARULLI NBA 7-1,168-219 (con texto)
8 De continentia líber Tratado sobre la virtud y el
don divino de la continencia (Ep 231,7, POSIDIO,
Ind X 6), compuesto en torno al 395 o, según estudios
mas recientes, después del 412 (cf. REAug 5[1959]
121-127)
Ediciones PL 40,349-372, J Zycha CSEL4K1900H39-183
Traducciones Alemana P KESELING (Wurzburg 1949) — Es-
pañola L Cilleruelo BAC 12(121)285-337 (con texto) — Fran-
cesa J Saint-Martín BA 3( 2 1949) (con texto) — Holandesa
M RUHE (Amsterdam 1941) — Inglesas C L CORNISH LNPF last
ser 3(1887)379 393 M F McDonald FC 16,181-231
9 De patientia líber I Del 415, tratado, afín al prece-
dente, sobre la virtud y el don divino de la paciencia
(Ep 231,7)
Ediciones PL 40,61 1-626, J Zycha CSEL 41(1900)663 691
Traducciones Alemana J MARTIN (Wurzburg 1956) — Espa-
ñola L Cilleruelo BAC 12(121)436-473 (con texto) —France-
sa G Combés BA 2,462-511 (contexto) — Inglesas H Browne
LPNF last ser 3,527-536, L Meagher FC 16,233-264
10 De coniugus adulterinis libri II En torno al 420,
demuestran la indisolubilidad del matrimonio aun en caso
de adulterio, Agustín no esta seguro de haber dado forma
perfecta a su demostración (Retract II 57)
Ediciones PL 40,45 1 486, J Zycha CSEL 41(1900)347 410
Traducciones Alemana J SCHMID (Wurzburg 1949) — Espa-
ñola L CILLERUELO BAC 12(121)339 431 (con texto) —Fran-
cesa G Combés BA 2,96-227 (con texto) — Inglesa C T Hue
446
San Agustín
gfimeyer FC 27,53-132 — Italianas A Festa (Vicenza 1966)
(selección) M Palmieri NBA 7 1,230 317 (con texto)
1 1 Contra Hilartum líber I Perdido, escrito el 399 en
defensa de la usanza de cantar salmos durante la celebra-
ción eucarística (Retract II 11)
6 Monásticos
1 Regula ad servos Det Breve, pero rica de sabias
normas monásticas, la mas antigua de las reglas monásticas
de Occidente Las discusiones en torno a este preciso «li-
brillo» no versan sobre la autenticidad agustiniana del
texto, sino sobre sus primeros destinatarios, a saber, si fue-
ron las religiosas (Ep 211) o los «siervos de Dios» de la
primera comunidad de Hipona (Posidio, Vito 5,11), ya
que, si se prescinde de alguna vanante y del uso del gé-
nero masculino o femenino, el texto es el mismo La crítica
moderna se inclina a la segunda solución, aunque no ha
llegado a esclarecer de forma definitiva la cuestión
Ediciones PL 32,1377-1384, A C VEGA (El Escorial 1933),
L VERHEIJEN, La Regle de S A I Traditton manuscrite II Recher-
ches histonques (París 1967) (ed I 417-437), cf ID, Nouvelle
approche de la Regle de S A (Abbaye de Bellefontaine 1980)
Traducciones y comentarios Alemanas A ZuMKELLER, Die Regel
des hl A (Wurzburg 1956), W Humpfner, tn H U VON
BALTHASAR, Die grosse Ordensregel (Einsiedeln 2 1961 ) p 137-171
y en A ZUMKELLER, Das Monchtum des hl A (Wurzburg 2 1968)
p 333-342 —Española A MANRIQUE, Teología agustiniana de la
itda religiosa (El Escorial 1964) p 359 361, A Trape, la Regla de
S A (Madrid 1978) — Francesas F CAYRE, La vte saierdotale selon
s A (París 1943) p 102-125, A SAGE, La Regle de s A commentée
par ses ecrits (París 1961) — Holandesas C RuTS (Westma-
lle 1932), TJ VAN Bavel ( Averbode 197 1 ) —Inglesas
T A Hand (Dublm 1956), F E Tourscher y R P Russell
(Villanova 1942, 1976) — Italianas R CALZECCH1 Onesti (Vi
cenza 1966), A Trape, S A La Regola (Milano 1971), G Tur-
BESSI, Rególe monasttche anttche (Roma 1974) — Polaca P Mar-
KIEWICZ (Czestochowa 1948)
2 De opere monachorum líber 1 En torno al 401, diri-
gido a los monjes de Cartago Agustín demuestra que los
monjes deben dedicarse, además de a la oración, al trabajo
manual cuando la enfermedad, el ministerio pastoral o el
Obras
441
estudio no se lo impidan, ilustrando el principio del ora et
labora, que tan profunda influencia habría de ejercer en el
monacato occidental (Retract II 21)
Ediciones PL 40,547-582, J Zycha CSEL 41( 1900)529-596
Traducitones Alemanas R ARBESMANN (Wurzburg 19^2),
K S FRANK, Fruhes Monchtum tm Abendland (Zunch-
Munchen 1 9 7 5 ) p 35 106 — Española L ClLLERUELO
BAC 12(121(696 771 (con texto) — Francesa J SAINT-MARTIN
BA 3( 2 1946) (con texto) —Inglesas H Browne LNPF last
ser 3(1887)503-524 M S Muldowney FC 16,321-394
Estudios J POPA, El trabajo manual de los monjes según el
tratado «De opere monachorum» de S A Studi teologici 5
(1953)495-512 (en rumano), L Cilleruelo, Los monjes de
Cartago y S A CD 169(1956)456-463, G FOLLIET, Des moi-
nes euchites a Carthage en 400-401 SP II [TU 64] (Berlín
1957) p 386-399, L Cilleruelo, Nota sobre el agustinismo de
los monjes de Cartago CD l 7 2(1959)365-370, J M DEL ESTAL,
Desacertada opinión moderna sobre los monjes de Cartago
CD 172(1959)596 616., R Arbesmann, The Atutude of S A
Toward Labour en The Heritage of the Early Church [OCA 195]
(Roma 19 7 3) p 245-259
7 Exegéticos
Son numerosos y variados
a) De carácter general
1 De doctrina christiana hbri IV Compuesto, has-
ta 111 25,36, el año 397, y el resto hasta el fin, en los años
426 y 427, cuando fue publicada la obra Obra importante
por la síntesis dogmática, fundada en la distinción entre uti
y fruí (1 1), que servirá de modelo a las Sententiae medieva-
les, por la doctrina del signo y de la hermenéutica bíblica
(1 2 y 3) y por los principios y ejemplos de oratoria sagrada
que propone (1 4) (Retract II 4)
Ediciones PL 34,15-122 (cf 47,1221s), H J VOGELS FP 24
(Bonn 1930), W M Green CSEL 89(1963)3-169, J Martin
CCL 32(1962)1 167
Traducciones Alemana S MlTTERER BKV 1 8(1925) — Españo-
las D Ruiz Bueno (Madrid 1947), B Martin Pérez
448
San Agustín
BAC 15(15 7 )54-349 (con texto) —Francesa G Combés y
J FARGES BA 11,168-539 (con texto)— Holandesas A Sizoo
(Delft 1933), F Vermuyten (Mechelen-Brussel 1924) —
Inglesas J F Shaw LNPF last ser 2,5 19 597, ID (Chicago
1952)619-698, J J Gavigan FC 4(1947)19-235, D W Ro-
BERTSON (New York 1958), Th SULLIVAN PSt 23 (Washington
1930) (con texto y comentario, solo 1 4) — Italiana M BELLI (Mi-
lano 1920)
Estudios G ISTACE, Le hvre I Lr du «De doctrina chnsttana» de
f A Organisation syntbetique et methode mise en oeuvre
ETL 32(1956)289-330, J OROZ Reta, El «De doctrina chrts-
tiana» o la retorica cristiana Estudios clasicos 32(1956)452 459,
E HlLL, De doctrina christiana A Suggestion SP VI [TU 81] (Ber-
lín 1962) p 443 446, U Duchrow, Zum Prolog von As «De doc-
trina chnstiana» VC 17(1963)165-172, Id, Sprachierstandnis
und bibhscbes Horen bel A (Tubingen 1965), G CasATI, De doc-
trina chnsttana Aug 6(1966)18-44, E KEVANE, A 's «De doctrina
christiana» A Treatise on Christian Educatwn RAug 4( 1966 )9
7 133, C P MAYER, «Res per signa» Der Grundgedanke des Pro-
logs in A s Schrtft «De doctr cbrtstiana» und das Problem seiner
Datierung REAug 20(1974)100 112, C Schaublin, Zum Text
vom A «De doctrina chnsttana» WSt 8(1974)173 181, A PlN-
CHERLE, Sulla compostztone del «De doctrina chnsttana» di S A , en
Storiografta e Stona Miscellanea E Dupre Theseider (Roma 1974)
p 541 559, Id, S Agosttno tra ti «De doctrina chnsttana» e le
«Confessioni» Archeologia classica 16-17(1973 1974) [= Misce-
lánea VI Guarducct] 555-574, M Aviles Bartina, Algunos pro-
blemas fundamentales del «De doctrina christtana »
Augustinus 20(1975)83 105, H J SlEBEN, Die «res» der Btbel
Eme Analyse von A «De doctr chrtst » I-III REAug 21(1975)
72-90, M AVILES BARTINA, Prontuario agustiniano de ideas
retoricas Augustinus 22(1977)101-149
b) Sobre el Antiguo Testamento.
El libro del Antiguo Testamento que ocupó, ante todo,
la atención de Agustín es el Génesis, emprendió su inter-
pretación cuatro veces (además de los libros que siguen,
cf. Conf. XII-XIII), dos en sentido alegórico y dos en sen-
tido literal.
2 De Genesi adversus Mantchaeos hbrt II Escritos en
Tagaste hacia el 389 con la intención de demoler los ar-
gumentos maniqueos contra el Génesis, ante las dificulta-
des de la interpretación literal, recurre, a menudo, a la
exégesis alegórica (Retract. I 10, De Gen htt VIII 2,5)
Obras
449
Ediciones PL 34,17 3-220
Traducción Española B MARTIN PEREZ BAC 15(168)35-
1 491 (con texto)
Estudios A ZACHER, De Genesi contra Mantchaeos Ein Ver-
íUíh A s, die ersten dret Kapitel von Génesis zu erklaren und zu ver-
teidtgen Diss Gregoriana (Roma 1962), P ABULESZ, Aur A «De
Genest contra Mantchaeos Itbri dúo» Diss (Wien 1972) (ambas
dactil )
3 De Genest ad Ittteram hber tmperfectus Primer in-
tento de interpretación literal, emprendido el 393 y aban-
donado poco después, llega hasta Gen 1,26 (Retract I 18)
Ediciones PL 34,219-246, J Zycha CSEL 28-1(1894)
457-503
Traducción Española B MARTIN PEREZ BAC 15(168)500-
565 (con texto)
4 De Genest ad Ittteram hbrt XII La composición de
esta obra, una de las más importantes de San Agustín, se
extiende del 401 al 415, mas todo parece indicar que los
primeros nueve fueron redactados en fecha muy cercana a
la primera (De Gen htt IX 7,12) La exposición acaba en
Gén 3,24 Los libros VI, VII y X contienen un amplio tra-
tado de antropología En esta obra ocupa notable espacio
la doctrina de la creación simultánea y de las razones semi-
nales (Retract II 24)
Ediciones PL 34,245 486, J Zycha CSEL 28-1(1894)3-435
Traducciones Alemana H U V BALTHASAR, Psychologte und
Wysttk («De Gen ad htt » XIII) (Einsiedeln 1960) (solo 1 12),
C J Perl (Paderborn 1961) (1 1-6) y 1964 (1 7 -12) —Española
B Martin Pérez BAC 15(168)576-1271 (con texto) —Fran-
cesa P AGAESSE y A SOLIGNAC BA 48 49 (con texto)
Estudios J H TAYLOR, The Text of A 's De Genest ad Ittteram
SJMS 25(1950)87-93, J PEPIN, Une curíeme declaratton id'ealiste
du «De Genest ad Ittteram» (XII 10,21) de s A et ses origines ploti-
mennes RHPR 34(1954)373-400, J PEGUEROLES, ha teoría agus-
ttmana de la iluminación en el «De Genest ad Ittteram» (libro XII)
Estudio agustimano 7(1972)575-588, G PELLAND, Ctnq études
d'A sur le debut de la Genese (París 1972), A SOLIGNAC, notas y
bibl en BA 48 y 49, M M GORMAN, A Study of the Literal In-
terpretaron of Génesis («De Genesi ad Ittteram») Diss (To-
ronto 1975)
450
San Agustín
5. Locutionum in Heptateuchum libri Vil y Quaestio-
num in Heptateuchum libri Vil, en los que Agustín explica
las expresiones menos usuales, y por ello menos inteligi-
bles, de los primeros siete libros de la Biblia y propone, y
a veces resuelve, las cuestiones que su lectura plantea al
lector (Retract. II 54-55).
Ediciones: a) PL 34,485-546; J. P. Zycha: CSEL 28-1(1894)
507-629; J. Fraipont. CCL 33(1958)381-465. b) PL 34,547-824;
J. Zycha: CSEL 28-2(1895)1-506; J. Fraipont: CCL 33(1958;
1-377.
6. Adnotationes in lob líber 1. Glosas marginales al li-
bro de Job, copiadas y reunidas por otra mano en un libro,
«sabrosas para los pocos que logran entenderlas» (Re-
tract. II 13).
Ediciones: PL 34,825-886; J. Zycha: CSEL 28-2(1895)
509-628.
7. De octo quaestionibus ex Veteri Testamento. Exposi-
ción breve de ocho pasajes del Antiguo Testamento que
D. de Bruyne ha devuelto a Agustín.
Ediciones: D. DE BRUYNE: MSCA II 334-340; PLS II 386-389;
J. Fraipont. CCL 33(1958)469-4^2.
c) Sobre el Nuevo Testamento.
Las obras sobre el Nuevo Testamento son prueba, no
menos que las que dedicó al Antiguo, del laborioso pro-
greso de Agustín en la comprensión de las Escrituras.
8. De sermone Domini in monte libri 11. Compuestos en
los primeros años de su sacerdocio; son una exposición del
discurso de la Montaña, síntesis de doctrina moral, con una
explicación de las bienaventuranzas y de los dones del Es-
píritu Santo (Retract. I 19).
Ediciones: PL 34,1229-1 308; A. MuTZENBECHER:
CCL 35(1967).
Traducciones: Alemana: A. SCHMITT (St. Otti-
lien Wbl). --Arabe: j. FAYIZ (Alejandría 1962). — Española:
F. GARCÍA: BAC 12( 12 1 )77 3.995 (con texto).-- Inglesas:
W. FlNDLEY, PH. SCHAFF: LNPF last ser. 6(1888)1-70; J. J. JEP-
son: ACW 5(1948); D. J. Kavanagh: FC 11(1951); J. Pelikan
Obras
451
(Philadelphia 19 7 3).— Italianas: B. Neri (Firenze 1928);
D. BASSI: CPS 1 (Tormo 1937, 1965) (con texto).
Estudios: A. HOLL, A. Bergpredigtexegese naib seinem Erühwerk
«De sermone Domini in monte libri dúo» (Wien 1960).
9- Expósito 84 propositionum ex epístola ad Romanos,
Expósito epistolae ad Galatas, Epístolae ad Romanos incboata
expositio. Primeros ensayos de interpretación literal de las
cartas de San Pablo; la última obra fue interrumpida por
las dificultades de la empresa. Volvió sobre el tema poco
después, limitándose a las cuestiones sobre la gracia en las
Quaest. ad Simplicianum (cf. p.399), y más tarde, durante la
controversia pelagiana, sobre todo en el De spiritu et littera
(cf. p.422) (Retract. I 23-25).
Ediciones y traducciones: a) PL 35,2063-2084; J. DlVJAK:
CSEL 84(1971 )3-52; B. Martín Pérez: BAC 18(187)14-63 (con
trad. esp.). b) PL 35,2105-2148; J. Divjak: CSEL 84(1971)55-
141; B. Martín Pérez: BAC 18(187)104-191 (con trad. esp.).
c) PL 35,2087-2106; J. DlVJAK: CSEL 84( 1 9 7 1 )1 45- 1 8 1 ;
B. Martín Pérez. BAC 18(187)64-101 (con trad. esp.); A. Si-
ZOO (Kampen 1954) (trad. hol.).
Estudios: S. IODICE, Legge e grazia in S. A. (Napoli 1977) (con
trad. it. de las tres obras).
10. Quaestiones Evangeliorum libri 11. En torno al 400;
explicación de algunos pasajes difíciles de Mateo (47) y de
Lucas (51) en respuesta a cuestiones que le habían plan-
teado en conversaciones familiares (pról.; Retract. II 12).
Edición: PL. 35,1321-1364.
11. De consensu Evangelistarum libri IV. Compuestos
hacia el año 400 en respuesta a cuantos acusaban a los
evangelistas de contradecirse, demostrando su autoridad
(contra los filósofos paganos, que los acusaban de haber
atribuido falsamente a Cristo la divinidad: 1.1) y la histori-
cidad y armonía de sus relatos. Valioso estudio sobre las
concordancias evangélicas (Retract. II 16).
Ediciones: PL 34,1041-1230; F. WEIHRICH: CSEL 43(1904).
Traducción: Inglesa: W. FlNDLEY, PH. SCHAFF: LNPF last
ser. 6(1888)77-236.
452
San Agustín
Estudios: A. PENNA, // «De consensu evangelistarum» ed i «Ca-
noni Eusebiani»: Bíblica 36(1955)1-19; H. Merkel, Die Wider-
sprüche zwischen den Evangelien. Ihre polemische und apologetische
Behandlung in der Alten Kirche bis zu Augustin (Tübingen 19 7 1).
12. Expositio epistolae lacobi ad duodecim tribus. Per-
dido; colección de glosas marginales recogidas por otra
mano, como en el caso de las Adnot. lob (Retract. II 32).
13. Speculum de Scriptura sacra. Colección de preceptos
morales del Antiguo y Nuevo Testamento (POSIDIO, Vita
28), compilada hacia el 427. G. de Plinval niega la autenti-
cidad agustíniana de esta colección (AugMag I 187-192).
Ediciones: PL 34,887-1040; F. WEIHRICH: CSEL 12(1887)
3-285.
Estudio: J. BELSHEIM, Fragmenta Sovi Testamenti in transla-
tione latina antehieronymiana ex libro qui vocatur Speculum (Chris-
tiania 1899).
14. Quaestionum septemdecim in Evangelium secundum
Mattbaeum liber 1. De fecha incierta; contiene la explica-
ción, a veces muy breve, de 17 pasajes de Mateo. Ausente
de las Retract. y del Ind. de Posidio, es auténtica, según
Morin; dudosa para los editores Maurinos.
Edición: PL 35,1365-1374.
Estudio: G. MORIN: RB 28(1911)1-10.
8. Polémicos
a) Contra los maniqueos.
Tratan temas metafísicos (inmutabilidad de Dios, la
creación, el mal), apologéticos (credibilidad de la fe) y bí-
blicos (armonía entre el Antiguo y el Nuevo Testamento).
1. De moribus Ecclesiae catholicae et de moribus mani-
chaeorum libri II. Compuestos en Roma el 388 y publica-
dos en Africa probablemente al año siguiente (I 1,1; II
1,26), son la primera apología de la fe por parte de Agus-
tín, recién convertido, fundada en la comparación entre la
Obras
453
doctrina y la vida de la Iglesia católica, centrada en el amor
y por éste configurada, y la doctrina y vida de los mani-
queos, aquélla insostenible, ésta incoherente (Retract. 17).
Edición: PL 32,1309-1378.
Traducciones: Alemana: P. KESELING (Regengsburg 1948)
(1.1). — Danesa: J. PEDERSEN (Kobenhavn 1965). — Española: T.
PRIETO: BAC 4(30)234-447 (con texto). — Francesa: B. RoLAND-
GOSSELIN: BA 1.136-33 7 (con texto).— Inglesas: R. STOTHERT:
LNPF last ser. 4(1887)41-89; Id. y W. J. OATES (New York
1948); D. A. e I. J. Gallagher: FC 56(1966).— italianas :
A. NENO (Firenze 1935); D. Bassi: CPS 3(1936)118-267 (con
texto).— Japonesa: K. K.ENJI (Tokio 1963).
Estudios: Th. Deman, Héritage antique et innovation chrétienne
dans le «De moribus Ecclesiae catholicae»: AugMag II 713-726; J. K.
CoylE, A.'s «De moribus Ecclesiae catholicae». A study of the Work,
Its Composition and Its Sources [Paradosis 25] (Fribourg 1978)
(bibl. )-
2. De duabus animabus liber I. Del 392; contra una de
las tesis fundamentales del maniqueísmo, a saber, la existen-
cia en el hombre de dos almas, una procedente del princi-
pio bueno, la otra del principio malo, con la consiguiente
negación de la libertad. Agustín sostiene la existencia de
una sola alma en cada hombre, dotada de libre albedrío,
del que procede el mal (Retract. I 15).
Ediciones: PL 42,93-112; J. Zycha: CSEL 25-1(1891)51-80.
Traducciones: Alemana: C. J. Perl (Paderborn 1966). — France-
sa: R. JOLIVET; BA 17,52-115 (con texto).— Inglesa: A. H. NEW-
MAN: LNPF last ser. 4(1887)95-107.
3. Acta contra Fortunatum manichaeum. Debate soste-
nido en Hipona los días 28 y 29 de agosto del 392 sobre el
origen del mal. Agustín sostiene que el mal procede del
pecado libre del hombre; Fortunato no supo qué rebatir y
abandonó Hipona (Retract. I 16).
Ediciones: PL 42,111-130; J. ZYCHA: CSEL 25-1(1891)83-112.
Traducciones: Francesa: R. JOLIVET: BA 17,132-191 (con
texto).— Inglesa: A. H. NEWMAN: LNPF last ser. 4(1887)113-124.
454 San Agustín
4. Contra Adimantum Manichaei discipulum líber I.
Del 392; contra la tesis maniquea de la oposición entre el
Antiguo y el Nuevo Testamento (Retract. I 22).
Ediciones: PL 42,129-1^2, J ZYCHA: CSEL 25- 1 ( 189 1 ) 1 1 5-1 90.
Traducción: R. JOLIVET: BA 17,390-507 (con texto).
5. Contra epistolam Manichaei quam vocant fundamenti
liber 1. De los primeros años de su episcopado. Agustín
refuta el comienzo y los principios generales de este do-
cumento, que era una especie de catecismo de la secta,
demostrando que Mani carece de títulos para apelarse a
Cristo (muchos y válidos, en cambio, posee la Iglesia cató-
lica) y poniendo en evidencia lo absurdo del dualismo ma-
niqueo (Retract. II 2).
Ediciones: PL 42,173-206; J. ZYCHA: CSEL 25-1(1891)193-
248.
Traducciones: Francesa: R. JOLIVET: BA 1 /', 390-50 7 (con
texto).— Inglesa: R. STOTHERT: LNPF lase ser. 4(1887)129-150.
6. Contra Faustum manichaeum libri XXXIII. Del
397-398; constituyen una extensa apología del Antiguo y
del Nuevo Testamento. Agustín transcribe las palabras del
adversario y añade su respuesta: los maniqueos no tienen
razón alguna de llamarse cristianos (Retract. II 7).
Ediciones: PL 42,207-5 18; J. Zycha: CSEL 25-1(1891)251-
797.
Traducción: Inglesa: R. STOTHERT: LNPF last ser. 4(1887)155-
345.
7. De actis cum Felice manichaeo libri II. Discusión ce-
lebrada los días 7 y 12 de diciembre del 404 (VI consulado
de Honorio) sobre la inmutabilidad de Dios, la creación y
el origen del mal, en la que Félix se dio por vencido (Re-
tract. II 8).
Ediciones: PL 42,519-552; J. ZYCHA: CSEL 25-2(1892)801-
852.
Obras
455
Traducción: Francesa: M. JoURJON: BA 17,644-757 (con
texto ).
Cronología: Sobre la fecha de composición de esta obra (IV o
VI consulado de Honorio), muy importante para fijar la cronolo-
gía de las obras agustinianas, cf. P. MONCEAUX, Sur la date des
«Confessions»: CRI (1908)51-53; A. Casamassa, Scritti patristici
(Roma 1956) II p.240-243; M. Pellegrino, Le «Confessioni» di
S. Agostino (Roma '1972); M. JOURJON: BA 17,787-788; A. SO-
UGNAC: BA 13,45-54.
8. De natura boni liber I. Del 399; demuestra, una vez
más, que todas las cosas, en cuanto son, son buenas y que
el mal no es más que privación de bien; el principio mani-
queo del mal absoluto es absurdo (Retract. II 9).
Ediciones: PL 42,551-572; J. Zycha: CSEL 25-2(1892)855-
889.
Traducciones: Españolas: M. D. PALADIN! (Tucumán 1945)
(con texto); Id., Ideas y valores 2(Bogotá 1952)498-524 (sin tex-
to); M. LANSEROS: BAC 3(21 )9 7 8-l()47 ( con texto).— Francesa:
B. Roland-Gosselin: BA 1(1949)440-509 (con texto).— Ingle-
sas: A. H. Newman: LNPF last ser. 4(1887)351-365; iD.y W.
J. Oates (New York 1948); J. H. S. BuRLElGH, A. Earlier Wri-
tings (London-Philadelphia 1953) p. 325-348; A. A. MoON: PSt
88(1955) (con texto y comentario).
9. Contra Secundinum manichaeum liber 1. Del 399; es
la respuesta a un auditor maniqueo que había invitado a
Agustín a volver al maniqueísmo. Agustín lo considera su
mejor escrito contra esta secta (Retract. I 1 lü).
Ediciones: PL 42,577-602; J. Zycha: CSEL 25-2(1892)905-
975.
Traducción: R. JOLIVET: BA 17,538-633 (con texto).
b) Contra los donatistas.
La larga y penosa controversia con los donatistas impuso
a Agustín una abundante actividad literaria, que, esclare-
ciendo los términos de la polémica, hizo progresar la teo-
logía de la Iglesia y de los sacramentos.
456
San Agustín
1 Psalmus contra partem Donatt En torno al 394, es un
salmo abecedario con ritmo para ser cantado por el pueblo,
que respondía repitiendo el estribillo, cuenta la historia del
cisma e invita a los donatistas a la unión
Ediciones PL 43,25 32 M Petschenig CSEL 51(1908)3 15
H VROOM, Le psaume abecedaire de s A et la poesie rythmique
[Latinitas christianorum pnmaeva 4] (Ni)megen 1933) (con am
pho estudio) C Lambot RB 47(1935)312 330 W Bulst,
Hymm latini antiquissimi LXXV Psalmt III (Heidelberg 1956)
p 139 147 197 198 R Anastasi (Padova 1957) ( e d critica,
trad ít , notas y estudio)
Traducían Francesa G FlNAERT BA 28(1963)150 191 (con
el texto de Anastasi)
Estudios F ERMINI, // < Psalmus contra partem Donatt» MSCA
II 341 352 D Norberg, Ad s A Psalmum abecedanum adnota-
ttones SIF 27-28 (=Studi G Pasquali [Firenze 1956]3 1 5-3 1 7 )
2 Contra eptstolam Parmentani hbri III Compuesto
hacia el 400, es la primera gran obra sobre la controversia
donatista y la prueba de una tesis fundamental que, en la
unidad de la Iglesia y en la comunión de los sacramentos,
los malos no contaminan a los buenos (Retract II 17)
Ediciones PL 43,33 108 M Petschenig CSEL 51(1908)
19 141
Traducción Francesa G FlNAERT BA 28,208 409 (con
texto)
3 De baptismo hbn VII Compuesta poco después de
la anterior, es una obra fundamental que demuestra la va-
lidez del bautismo administrado por los herejes y priva a
los donatistas de la autoridad de Cipriano, a la cual apela-
ban (Retraa II 18)
Ediciones PL 43,107 244 M Petschenig CSEL 51(1908)
145 375
Traducciones Francesa G FlNAERT BA 29,56 575 (con
texto) —Inglesa J R King LNPF last ser 4(1887)411-514
4 De unitate ecclesiae líber I o Epístola ad catholicos de
Obras
457
secta donatistarum Escrita antes del tercer libro de la obra
siguiente (I 1 ), insiste en la tesis fundamental de la univer-
salidad de la verdadera Iglesia de Cristo Posidio la cata-
loga entre las cartas (Ind VI 20) y como tal la cita el conci-
lio de Constantinopla del 553 (MANSl, IX 261) Sobre la
autenticidad, cf CPL 334
Ediciones PL 43,391 446 M Petschenig CSEL 52(1909)
231 322
Traducciones Española S SANTAMARTA BAC 4(30)648 787
(con texto) — Francesa G FlNAERT BA 28,502 707 (con texto)
5 Contra htteras Petihani libri III Compuestos bajo
el pontificado de Anastasio (398-401), responden a la carta
de Petiliano, obispo donatista de Cirta, y a la replica que
este compuso a la replica de Agustín (Retract II 25)
Ediciones PL 43,245-383 M PETSCHENIG CSEL 52(1909)
3 277
Traducciones Francesa G FlNAERT BA 30,133-745 (con
texto)— Inglesa J R King LNPF last ser 4(1887)519-628
6 Contra Crescomum grammattcum partís Donatt li-
brt IV Escritos a poco de ser emanados los edictos de Hono-
rio contra los donatistas el 405 Agustín responde a Cres-
como, que había salido en defensa de Petiliano, y en el
libro IV saca partido de los contrastes, en el seno del dona-
tismo, entre los secuaces de Primiano y Maximino (Retract
II 26)
Ediciones PL 43,445 594, M Petschenig CSEL 52(1909)
325 582
Traducción Francesa G FlNAERT BA 31,70 643 (con texto)
Estudios A BRUCKMAYR, Studie zu St As Contra Cresco-
mum en Festschrift zum 400 jahr Bestande des Obergymnasiums
zu Kremsmunster (Wels 1949) p 201-219 F WEISSENGRUBER,
A s Wertung von Grammatik und Rhetorik in Traktat «Contra Cresco-
mum» Hermes 105(1977)101 124
7 De único baptismo contra Petihanum líber I Entorno
Patrología 3 16
458 San Agustín
al 41 1; replica a una obra homónima de Petiliano (Retract.
II 34).
Ediciones: PL 43,595-614; M. PETSCHENIG: CSEL 53(1910)
3-34.
Traducción: Francesa: G. FlNAERT: BA 31,664-7 37 (con
texto).
8. Breviculus collationis cum donatistis libri III. Resu-
men de las actas oficiales, largas y farragosas, de la confe-
rencia celebrada por donatistas y católicos los días 1, 3 y 8
de junio del 411 (Retract. II 39).
Ediciones: PL 43,613-706; M. Petschenig: CSEL 53(1910)
39-92; S. LANCEL: CCL 149(19 7 4)259-3()6 (en apéndice a la ed.
de las Gesta).
Traducción: Francesa: G. FlNAERT: BA 32,94-243 (con texto).
Estudio: S. LANCEL, Actes de la Conférence de Carthage en 411
[SCh 194.195.224] (París 1972-1975).
9. Post collationem contra donatistas liber I. Vibrante
llamamiento a los donatistas, después de la conferencia de
Cartago, a volver a la Catholica, al tiempo que los pone en
guardia contra las falsedades que difundían sus obispos.
Obra «grande» y redactada «con mucho esmero»; la mejor
de la producción antidonatista (Retract. II 40).
Ediciones: PL 43,651-690; M. PETSCHENIG: CSEL 53(1910)
97-162.
Traducción: Francesa: G. FlNAERT: BA 32,248-393 (con
(texto).
10. De correptione donatistarum liber I (= Ep. 185).
Del 417; en defensa de las leyes imperiales contra los do-
natistas (Retract. II 48).
Ediciones: PL 33,792-815; A. GoldBACHER: CSEL 57-2(1911)
1-44.
Traducciones: J. R. KiNG: LNPF last ser. 4(1887)633-651 e
tnfra, Cartas.
Obras
459
11. Gesta cum Emérito donatista liber I. Actas de la dis-
cusión celebrada con Emérito el 20 de septiembre del 418
con ocasión de la visita de Agustín a Cesárea Marítima por
encargo del papa Zósimo (Retract. II 51).
Ediciones: PL 43,697-7()6; M. PETSCHENIG: CSEL 53(1910)
181-191.
Traducción: Francesa: G. FlNAERT: BA 32,450-487 (con texto).
Estudio: A. TURRADO, La renuncia de los obispos. S. A., alma de
un episodio: RAE 8(1967)277-286.
12. Sermo ad Caesariensis ecclesiae plebem. Pronunciado
en la misma ocasión; sobre la necesidad de la Iglesia cató-
lica para la salvación.
Ediciones: PL 43,689-698; M. PETSCHENIG: CSEL 53(1910)
167-178.
Traducción: Francesa: G. FlNAERT: BA 32,416-445 (con
texto).
1 3. Contra Gaudentium donatistarum episcopum libri II.
La última de la producción antidonatista; es la respuesta
de Agustín a dos cartas del obispo donatista de Tamugadi,
llegadas a sus manos por mediación del tribuno Dulcicio
(Retract. II 59).
Ediciones: PL 43,707-758; M. PETSCHENIG: CSEL 53(1910)
201-274.
Traducción: Francesa: G. FlNAERT: BA 32,510-684 (con
texto).
14. Se han perdido varias obras de la producción an-
tidonatista del Obispo de Hipona . He aquí la lista: Contra
epistolam Donati haeretici liber I (Retract. 121); Contra par-
tem Donati, en la que sostenía que la autoridad imperial no
debía intervenir para hacer volver a los donatistas a la co-
munión católica (II 5); Contra quod attulit Centurius a do-
natistis liber I (II 19); Probationum et testimoniorum contra
Donatistas liber I (II 27); Contra donatistam nescio quem li-
ber I (II 28); Admonitio donatistarum de maximianistis liber I
460
San Agustín
(II 29); De maximianistis contra donatistas líber I (II 35);
Ad Emeritum donatistarum episcopum post collationem líber I
(II 45).
c) Contra los pelagianos.
Las numerosas obras agustinianas relativas a la contro-
versia pelagiana, que ofreció a Agustín la ocasión de pro-
fundizar en la teología de la redención, del pecado y de la
gracia, pueden ser distribuidas cómodamente en tres cate-
gorías atendiendo a las personas a las que Agustín en ellas
se dirige: contra la doctrina pelagiana en general (Pelagio y
Celestio), contra Juliano y contra los monjes de Marsella
y Hadrumeto. Cada clase se distingue por su forma
y tono peculiar; la primera reúne las obras de reflexión y
exposición teológica positiva y serena, la segunda es neta-
mente polémica, la tercera contiene las últimas aclaracio-
nes y postura doctrinal sobre el misterio de la predestina-
ción y de la gracia.
a) Sobre el pelagianismo en general:
1 . De peccatorum meritis et remissione et de baptismo par-
vulorum ad Marcellinum libri III. Del 412; obra fundamen-
tal, que contiene la primera teología bíblica de la reden-
ción y del pecado original y de la necesidad del bautismo,
la doctrina de la necesidad de la gracia para observar los
mandamientos divinos y la respuesta (1.3) a las dificultades
contra la noción de pecado hereditario propuestas por Pe-
lagio en su exégesis de Rom 5,12 (Retract. II 33).
Ediciones: PL 44,109-200; C. F. URBA y J. ZYCHA: CSEL 60
(1913)3-151.
Traducciones: Española: V. CAPÁNAGA: BAC 9(79)200-439
(con texto).— Inglesa: P. HoLMES, R. E. Wallis: LNPF last ser.
5(1887)15-78.
Estudios: V. GROSSI, II battesimo e la polémica pelagiana negli
anni 411-413 («De pee. meritis et remissione», Ep. 88 ad Bonifa-
cium): Aug 9(1969)30-61.
2. De gratia Novi Testamenti ad Honoratum líber 1
(='Ep. 140). Contemporáneo del anterior; responde a
cinco preguntas que le había formulado su amigo Hono-
Obras
461
rato de Cartago; añade una sexta, sobre la gracia peculiar
del Nuevo Testamento, que expone ampliamente (Retract.
II 36).
Ediciones: PL 33,538-577; A. Goldbacher 44(1904)155-
234.
Traducción: Cf. infra, Cartas.
3. De spiritu et littera ad Marcellinum líber I. Poco
posterior a la primera obra reseñada que fue su ocasión; es
una obra clave para la inteligencia de la doctrina agusti-
niana de la gracia. Agustín examina detalladamente las re-
laciones entre ley (letra) y gracia (espíritu), y sostiene que
sin la gracia, que inspira en los corazones el amor de Dios,
la ley no justifica: la ley nos fue dada para buscar la gracia, y
la gracia para observar la ley; ésta manda, y es ocasión de
muerte; aquélla ayuda, y es fuente de vida (Retract. II 37).
Ediciones: PL 44,201-246; C. F. URBA y J. ZYCHA: CSEL 60
(1913)155-229.
Traducciones: Alemanas: E. KOCHS (Neukirchen-Vluyn 1962);
A. FORSTER (Paderborn 1968) (con texto); S. KOPP: ALG 1
(Würzburg 1971) p.302-434 (con texto).— Española: E. LÓPEZ:
BAC 6(50)686-811 (con texto).— Francesa: J. D. Burger (Neu-
chátel 1951) (con texto).— Inglesas: P. Holmes, R. E. Wallis:
LNPF last ser. 5(1887)83-114; W. J. S. SiMPSON (London 1928).
Estudios: J. PLAGNIEUX, Le chrétien en face de la Loi d'apres le
«De spiritu et littera» de S. A., en Festschrift Ai. Schmaus (Mün-
chen 1957) p. 725-754; C. Boyer, Luther et le «De spiritu et lit-
tera» de s. A.: Doctor communis 21(1968)167-187 (= ID., Luther
et sa doctrine [Roma 1970] p.15-44).
4. De natura et gratia líber I. Hacia el 415; es la res-
puesta al De natura, de Pelagio, y demuestra que no hay
que defender la naturaleza contra la gracia, ni la gracia con-
tra la naturaleza, sino una y otra a la vez, pues la gracia
libera y sana la naturaleza (Retract. II 42).
Ediciones: PL 44,247-290; C. F. Urba y J. Zycha: CSEL
60(1913)233-299.
Traducciones: Alemana: A. MAXSEIN: ALG l(Würzburg 1971)
462
San Agustín
519-579 (con texto).— Española: V. Capánaga: BAC 6(50)813-
953 (con texto).— Francesa: ). DELA TuLLAYE: BA 21(1966)244-
413 (con texto).— Inglesas: P. Holmes, R. E. Wallis: LNPF last
ser. 5(1887)121-151; P. Holmes (New York 1948) I 519-579.
Estudios: G. DE PLINVAL, Corrections aux «De gestis Pelagii»
et «De natura et gratia»: REAug 11(1965)291-292; P'. J. THON-
NARD, La notion de «nature» chez s. A. Ses progres dans la pol'emique
antipélagienne: REAug 1 1(1965)239-265; L. Merino, La Inmacu-
lada en el libro «De natura et gratia» de S. A.: Casiciaco 22
(Valladolid 1968)243-249.
5. De perfectione iustitiae hominis epístola sive líber.
Contemporáneo del anterior; es la respuesta a las Defini-
tiones, de Celestio, discípulo de Pelagio, que defendían la
impeccantia y negaban la necesidad de la gracia Agustín
niega aquélla y defiende ésta. La justicia perfecta no es de
este mundo: el precepto de amar a Dios de todo corazón
es un ideal al que se debe aspirar, y no una meta que se
pueda alcanzar (Indic. VII 4 y X 3,21).
Ediciones: PL 44,291-318; C. F. URBA y J. ZYCHA: CSE1 42
(1902)3-48.
Traducciones: Alemana: A. FlNGERLE: ALG 2(Würzburg 1964)
128-197 (con texto). — Francesa: J. DE La Tullaye: BA 21,126-
219 (con texto).— Inglesa: P. HOLMES, R. E. Wallis: LNPF last
ser. 5(1887)151-176.
6. Ad Hieronymum presbyterum libri II (= l Ep' 166 y
167). Del 415; solicitan de Jerónimo su parecer acerca de
la cuestión del origen del alma (1.1) y en orden a la doc-
trina del pecado original (a saber, si el alma se propaga por
creación o por generación espiritual) y sobre la interpreta-
ción de Sant 2,10 (Retract. II 45).
Ediciones: PL 33,720-741; A. Goldbacher, 44(1904)545-
609.
Traducciones: cf. infra, Cartas.
7. De gestis Pelagii líber I. De finales del 417; examina
las actas del sínodo de Dióspolis, y concluye que, si bien
Pelagio fue absuelto, el pelagianismo fue condenado (Re-
tract. II 47).
Oirás
463
Ediciones: PL 44,319-360; C. F. Urba y J. Zycha: CSEL
42(1902)51-122.
Traducciones: Alemana: B. ALTANER: ALG 2 (Würzburg 1964)
p. 198-3 19 (con texto).— Española: G. Erce: BAC 9(79)684-779
(con texto). — Francesa: J. DE La TuLLAYE: BA 21,432-479 (con
mto).— Inglesa: P. HOLMES, R. E. WALLIS: LNPF last ser. 5(1887)
183-212.
Estudio: G. DE PLINVAL, Corrections aux «De gestis Pelagii» et
«De natura et gratia»: REAug 11(1965)291-292.
8. De gratia Christi et de peccato originali libri II. Es-
critos a mediados del 418, a instancias de Albina, Piniano y
Melania; denuncian el equívoco propalado por Pelagio,
que llamaba gracia a la libertad, a la ley y a la revelación,
mas negaba la gracia como auxilio interior, o la aceptaba
tan sólo para observar facilius los mandamientos de Dios
(1.1) y manifiestan que ni Pelagio ni su discípulo Celestio
profesaban la doctrina del pecado original, es decir, una de
las verdades fundamentales de la fe (Retract. II 50).
Ediciones: PL 44,359-416; C. F. Urba y J. Zycha: CSEL 42
(1902)125-206.
Traducciones: Alemana: A. FlNGERLE: ALG 2 (Würzburg 1964)
320-467 (con texto).— Española: A. CENTENO: BAC 6(50)303-459
(con texto). — Francesa: H. CHIRAT, J. PLAGNIEUX: BA 22(1975)
7-269 <con texto). — Inglesa:* P. Holmes,, R. E. Wallis: LNPF last
ser. 5(1887)217-236.
9. De anima et eius origine libri IV. Hacia el 420; con-
tra los errores del joven Vicente Víctor, que había repro-
chado a Agustín su indecisión entre la solución creacio-
nista y traducianista espiritual del origen del alma; rechaza
el emanatismo maniqueo y la tesis origenista de la preexis-
tencia de las almas y justifica en fin su indecisión (Retract.
II 56).
Ediciones: PL 44,475-548; C. F. Urba y J. Zycha: CSEL
60(1913)303-419.
Traducciones: Alemana: A. MAXSEIN y D. MORICK: ALG 3
(Würzburg 1977)167-282.— Española: M. Lanseros: BAC 3(21)
404
San Agustín
7 68-973 (con texto) —Francesa F J THONNARD, E BlEUZEN,
A DeVeer BA 22(1975)376 667 (contexto)— Inglesa P Hol
MES, R E Wallis LNPF last ser 5(1887)315-371
Estudio A J GEIGER, The Origino/ TheSoul An Augustiman
Dtlemma, Diss Angehcum (Roma 1957)
(3) Contra Juliano
10 Contra duas epistulas pelagianorum hbri IV Hacia
el 420, dirigidos al papa Bonifacio, que le había transmi-
tido las dos cartas de Juliano y de los obispos que con el se
habían negado a suscribir la Tractorta del papa Zosimo
Agustín se defiende de las acusaciones calumniosas de ne-
gar el libre albedrio, condenar el matrimonio, blasfemar de
los santos, rebajar la ley, desvirtuar el bautismo y resucitar
el maniqueismo (Retract II 61)
Ediciones PL 44,549 638, C F Urba y J Zycha CSEL 60
(1913)423 470
Traducciones Alemana D MoRICK ALG 3 (Wurzburg 1977)
283 408 — Española G Erce BAC 9(79)460 671 (contexto) —
Francesa F J THONNARD, E BlEUZEN BA 23,312 657 (con
texto)— Inglesa P HoLMES, E R WALLIS LNPF last ser 5
(1887)377 434
11 De nuptus et concupiscentia hbri II Compuestos,
con un cierto intervalo, en los años 419 y 420, en res-
puesta a Juliano, que lo acusaba de negar la bondad del
matrimonio por enseñar la doctrina del pecado original y
sostener que la concupiscencia desordenada era un mal
Juliano respondió al primero con cuatro libros, que Agus-
tín conoció en compendio, y a los que respondió con el
segundo libro (Retract II 53)
Ediciones PL 44,413 474 C F URBA y J Zycha CSEL 42
(1902)227-319
Traducciones Alemana A FiNGERJLE ALG 3 (Wurzburg 1977)
77 166— Francesa F J Thonnard BA 23(1974)52 289 (con
texto) —Inglesa P HoLMES, R E Wallis LNPF last ser 5
(1887)263 308 —Italiana N Cipriani NBA 7 1(1978)398-453
(1 1, con texto)
Obras
465
Estudios Cf tnfra, p 539
12 Contra luhanum hbri VI La obra mas extensa y
mas importante de la controversia pelagiana, escrita hacia
el 42 1 en respuesta a los cuatro libros que Juliano había
dedicado al primero de la obra precedente Agustín con-
futa detalladamente sus afirmaciones acerca del pecado
original, el matrimonio, la concupiscencia, el bautismo de
los niños y las virtudes de los infieles En los dos primeros
libros, a manera de proemio, presenta los argumentos de
tradición y se defiende de la acusación de introducir nove-
dades en la fe (Retract II 62)
Edición PL 44,641-874
Traducción Inglesa M A SCHUMACHER FC 35(1957)
Estudios A BRUCKNER, Dte vier Bucber Jultans von Aeclanum
an Turbantius Etn Beitrag zur Charaktertstik Jultans und A s
(Berhn 1910), W EBOROWICZ, Quelques remarques sur le «Contra
luhanum» de S A Augustinus 12(1967)161 164
13 Contra secundam lultant responstonem opus tmperfec-
tum Juliano, que se había refugiado en Cilicia, compuso
ocho libros contra el segundo del De nuptits et concuptscen-
tta Agustín moderó el ritmo de redacción de sus Retracta-
ttones y emprendió una minuciosa refutación en la que
transcribe el texto del adversario, añadiendo a cada punto
su respuesta, la obra, interrumpida al sexto libro de los
ocho proyectados por la muerte del autor, propone una
vez mas, con diafana claridad y renovada profundidad, los
temas de la controversia pelagiana (Ind VII 16, Vita 28,3)
Ediciones PL 45,1049 1608, M Zelzer CSEL 85 1(1974)
(1 1 3)
Estudios A TrapE, Un celebre testo di s A sull '«ingnoranza e
la difftcolta» («Retract» I 6) e l «Opus imp c luí » AugMag II
795-803, Y de MontchEUIL, La polemique de S A contra Julten
d'Eclane RSR 44(1956)193-218, F Clodius, El libre albedrio
según el «Opus imperfectum» de s A Anales de la Facultad de
Teología Santiago de Chile 13(1961)5-51 273-287, ID , El libre
albedno según Julián de Eclana íbid , 14(1962)99 134, A Prim
MER, T exti/orschlage zu Augustins «Opus imperfectum», en Latinitat
und alte Kirche (Wien 1977) p 235-250
466 San Agustín
y) A los monjes de Hadrumeto y de Marsella
14 De gratia et libero arbitrio líber I Hacia el 426,
dirigido a los monjes de Hadrumeto para acallar las dificul-
tades que entre ellos había provocado la ep 194, leída y
copiada por algunos de ellos en Roma, acerca de la coexis-
tencia de la gracia y el libre albedno En este áureo escrito,
Agustín demuestra, en conformidad con las enseñanzas de
la Escritura, las dos verdades — la necesidad de la gracia y
la existencia del libre albedno — e invita a mantenerlas y
profesarlas juntas, aun cuando no aparezca como puedan
concillarse, defiende la gratuidad de la gracia y hace ver
que Dios, coronando nuestros méritos, corona sus dones
(Rema II 66, Ep 214-216)
Edición PL 44,881 912
Traducciones Alemana S KOPP ALG (Wurzburg 1955)76-159
(contexto) — Española G E DE VEGA BAC 6(50)226 301 (con
texto) — Francesa J M PlNTARD BA 24,90 207 (con texto) — In-
glesas P HOLMES, R E Wallis LNPFlastser 5(1887)443-465,
R P Russell FC 59(1968)250 308 —Italiana L Galati (Roma
1959)
Estudios A M La BonNARDIÉRE, Quelques remarques sur
les citattons scripturaires du «De gratta et libero arbitrio» REAug
9(1963)77-85
15 De correpttone et gratia líber l Escrito poco des-
pués del anterior y trata de la necesidad de la gracia, diri-
gido también a los monjes de Hadrumeto, algunos de los
cuales habían deducido la falsa conclusión de la inutilidad
de la corrección fraterna Agustín, demostrada su utilidad,
pasa a tratar de la predestinación y de la eficacia de la gra-
cia, diversa antes y después del pecado — la celebre distin-
ción entre adiutorium sirte quo non y adiutorium quo — , sos-
tiene que la gracia, haciendo la corrección saludable, no
anula el libre albedno, y, contemplando la historia de la
salvación en términos de libertad, distingue entre la liber-
tad de Adán, la nuestra y la de los bienaventurados en el
cielo Es la obra agustiniana más importante para la doc-
trina de la gracia (Rema II 67)
Ediciones PL 44,915-946, C Boyer (Roma 1932, 2 1951)
(texto Maunno)
Obras
467
Traducciones Alemana S KOPP ALG (Wurzburg 1955)160-
239 (con texto) —Española V Capanaga BAC 6(50)126-223
(con texto) —Francesa J PlNTARD BA 24,268-381 (con texto)
Inglesas P HOLMES, R E WALLIS LNPF last ser 5(1887)471-
491 J Courtney Murray FC 4,245 305
Estudioi L BOVY, Graie et liberte chez s A (Montreal 1938),
J SCHMUCKER, Die Gnade des Urstandes und die Gnade der Auser-
wahlten in A s «De correpttone et gratia» (1939) O CHADWICK
Eulalius of Arles JThS 46( 1945)200 205 G DE BROGLIE, Pour une
meilleure intelligence du «De corr et gratta» AugMag III 317 337,
J Lebourlier, Essai sur la responsabthte du pecbeur dans la refle-
xión de S A AugMag III 287-300 ID , Graie et liberte chez s A
La grace d Adam dans le «De correpttone et gratta» íbid , II 789
7 93 F CAPPONI, «Insuperabthter» o < inseparabiltter» ? (Aug «De
corr et gratta» 12 18) Latomus 28(1969)681 684
16 De praedesttnattone sanctorum y De dono perseveran-
tiae Dirigidos a Prospero e Hilario, que le habían infor-
mado desde las Galias acerca del desconcierto que habían
provocado entre los monjes de Marsella (que mas tarde
serán llamados semipelagianos) sus dos obras precedentes,
suscitando una vivaz oposición a la doctrina en ellas conte-
nida Agustín demuestra en su respuesta que tanto el inicio
de la fe como la perseverancia en el bien son don de Dios
y no, como sostenían dichos monjes (Ep 225 y 226), solo
obra del libre albedno
Ediciones a) PL 44,959 992 b) PL 45,993 1034
Traducciones Alemana A ZUMKELLER ALG (Wurzburg 1955 )
240-2 37 y 328-439 (con texto) —Española a) E LOPEZ BAC 6
(50)478 567 b) T DE Castro íbid , 328 439 (con texto)— Ingle-
sa a) P HOLMES, R E Wallis LNPFlastser 5(1887)497-519,
b) íbid , 525 552 M A Lesousky PSt 91 (Washington 1956)
(con texto y comentario) — hrancesa J CHENE BA 24,464 597
y 600 765 (ton texto)
Estudios J CHENE, Les origines de la controterse semipelagienne
AnThA 13(1953)56 109, Id, Le semipelagianisme du midt de la
Gaule d'apres les lettres de Prosper dAquitaine et Hilaire a S A
RSR 43(1955)321-341 J M Dalmau, «Praedestinatto, electio» en
el libro «De praedest sanctorum» Contribución a un «Lexicón augus-
ttnianum» AugMag I 127 136
d) Contra el arnanismo
468
San Agustín
1. Contra sermonem arianorum líber I. Del 418; de-:
muestra la consubstancialidad de las personas divinas contra
un sermón arriano anónimo (Retract. II 52).
Edición: PL 42,683-708 (cf. CPL 1 02).
2. Collatio cum Maximino arianorum episcopo. Debate
con el obispo arriano Maximino, enviado a Hipona por el
gobernador Sigisvultus «en misión de paz» probablemente
el 427 (Posidio, Vita 17).
Edición: PL 42,709-742.
3. Contra Maximinum arianum libri II, el cual, de
vuelta a Cartago, se había jactado de haber salido vence-
dor. «Primero demostraré — escribe Agustín en el pró-
logo — que no pudiste refutar lo que dije yo; luego, y en
cuanto sea necesario, refutaré lo que dijiste tú» (POSIDIO,
Vita 17,9).
Edición: PL 42,743-814.
Estudios: A. PlNCHERLE, L'arianesimo e la Chiesa africana nel
sec. IV: Bilychnis 35(1925)97-106; J. Zeiller, L'Arianisme en
en Afrique avant ¡'invasión vandale: RH 173(1934)535-540; M.
Simonetti, S. A. e gli Ariani: REAug 13(1967)55-58; A. Pin-
CHERLE, Ancora sull'arianesimo e la Chiesa africana nel IV secólo:
SMSR 39(1968)169-182.
e) Contra priscilianistas, marcionitas y judíos.
1. Ad Orosium contra priscillianistas et origenistas lí-
ber I. Del 415; breve respuesta a Orosio sobre algunos pun-
tos doctrinales de los priscilianistas y origenistas, como la
creación ex nihilo y la eternidad de las penas (Retract. II
44).
Edición: PL 42,669-678.
Estudios: J. A. Davids, De Orosio et s. A. Priscillianistarum
adversariis (Den Haag 1930); B. ALTANER, Augustinus und Orí-
genes. Eine quellenkritische Untersuchung: HJ 70(1951)15-41
(= TU 83 [Berlin 1967]224-252); Th. E. MoMMSEN, Orosius and
Obras
469
Augustine, en Medieval and Renaissance Studies, ed. by E. F. Rice
(Ithaca 1959) p.325-348; H. J. DlESNER, Orosius und Augustinus:
Acta antiqua Acad. scient. Hungaricae 9(1963)89-102; B. STU-
DER, Zu einer Teufelerscheinung in der «Vita Martini» des Sulpicius
Severus, en Oikoumene (Catania 1964) p. 35 1-404 (366ss); W.
THEILER, Augustin und Orígenes: Augustinus 13(1968)423-432.
2. Contra adversarium legis et prophetarum libri II. En
torno al 420; defiende el Antiguo Testamento de las acu-
saciones contenidas en una obra marcionita leída y escu-
chada ávidamente en la plaza del puerto de Cartago (Re-
tract. II 58).
Edición: PL 42,603-666.
Estudio: M. P. ClCCARESE, La tradizione manoscritta del «Con-
tra adversarium legis et prophetarum»: SSR 1(1977)325-338 (y
cf. REAug 25 [19791324).
3. Tractatus adversas iudaeos. De fecha incierta; trata
de Rom 11,22, del cumplimiento de las profecías del An-
tiguo Testamento en Cristo y en la Iglesia y exhorta a la
caridad y humildad con los judíos (Ind. III 4).
Edición: PL 42,51-64.
Esludios: B. BLUMENKRANZ, Die Judenpredigt Augustins (Basel
1946, París 1973); Id., Augustin et les juifs. Augustin et le ju-
daisme: RAug 1(1958)225-241.
f) Contra las herejías en general.
1. De haeresibus. Compuesto en el 428-429 a petición
del diácono de Cartago Quodvultdeus (Ep. 121-124). Sir-
viéndose de Epifanio y Filastrio y de sus conocimientos
personales, Agustín cataloga 88 herejías desde Simón
Mago a Pelagio y Celestio. La muerte le impidió completar
la obra con una segunda parte — importantísima — sobre la
manera de reconocer y juzgar, y de ahí evitar, toda suerte
de herejías conocidas o no, es decir, un tratado completo
de eclesiología, del que la patrística carecía y careció siem-
pre (ibid., proem.).
470
San Agustín
Ediciones: PL 42,21-50; J. VAN DER PLAETSE y C. BEUKERS- CC1
46(1969)283-351.
Traducción: Inglesa: G. ¡VfULLER. PSt 90(1956) (con texto y
comentario).
Estudios: G. BARDY, Le «De haeresibus» et se sources: MSCA
II 397-416; S. JANNACONE, La dottrina eresiologica di s. A. A
proposito del trattato «De haeresibus» (Catania 1952); bibl. en CCL
46(1969) p.xxx-xxxu.
3. Cartas
El epistolario agustiniano, prueba y expresión de la in-
fluyente personalidad de su autor y de su celo apostólico,
es rico de contenido histórico, filosófico, teológico, exegé-
tico, espiritual, literario y autobiográfico. Sus cartas son
numerosas y a veces de la extensión de un tratado; consti-
tuyen un comentario precioso de sus obras en libros y, en
ocasiones, una ayuda indispensable para comprender las
cuestiones y controversias de su época inquieta y decisiva,
en especial el donatismo y el pelagianismo. Los Maurinos
reunieron 270, de ellas 53 dirigidas a Agustín y nueve in-
cluidas por Agustín entre sus opuscula in libris. Después se
han hallado otras seis: dos por G. Bessel (184-1 y 202-A,
en PL 33), dos por A. Goldbacher (92-A y 173-A, en
CSEL 44), una por G. Morin (215-A, en CSEL 58, p.xcill)
y una por C. Lambot (212-A, en RB 5 1[ 1939] 109-1 21 y
ahora en NBA 23,532, que resulta ser la colección más
completa). J. Divjak ha anunciado el descubrimiento de
otras cartas (cf. REAug 24[1978]343 n.54), que serán pu-
blicadas en CSEL 88.
El epistolario abraza un período de más de cuarenta
años (de finales del 386 al 430); los Maurinos las distribu-
yeron cronológicamente en cuatro clases:
1. Epistolae 1-30: desde la conversión a la consa-
gración episcopal.
2. Epistolae 31-123: hasta la conferencia de Car.
tago del 411.
3. Epistolae 124-231: del 411 hasta la muerte d e
Agustín.
4. Epistolae 232-270: de fecha incierta.
Obras
471
Ediciones: PL 33; A. Goldbacher: CSEL 34-1(1895), 34-2
(1898), 44(1904), 57(1911), 58(1923); J. Schmid, SS. Eus. Hie-
ronymi et Aur. A. epistulae mutuae [FP 22] (Bonn 1930): PLS II
359-363 (Ep. Morin y Goldbacher).
Traducciones: Alemana: A. HOFFMANN: BKV 29-30 (Kempten
1917) (selección).— Española: L. ClIXERUELO: BAC 8,11 y HA
(con texto). — Francesa: F. POUJOULAT (Paris 185 8). -holan-
desa: H. Huisman (Amsterdam 1956) (ep.90-91.103.104, con
texto y comentario); J. H. KOOPMANS (Amsterdam 1949)
(ep.117.118, con texto y comentario); L. CoPPENS (Kontich
1945) (ep. 130.131); ID. (Nijmegen 1949) (ep. 147).— Inglesas:
J. G. Cunningham: LNPF last ser. 1(1886)219-593 (160 cartas);
W. Parsons: FC 12.18.20.30.32 ( 195 1-1956); J. H. Baxter:
LCL 239 (62 cartas con texto). — Italianas: G. Rinaldi y
L. Carrozzi: CPS 10 y 11 (Torino 1939-1940) (61 cartas con
texto), L. Carrozzi-, NBA 21-23 (con texto).
Cronología: P. MONCEAUX, Histoire littéraire de l'Afrique chré-
tienne VII (Paris 1923); H. LlETZMANN, Zur Entstehungsgeschichte
der Briefsammlung A. s., (Berlin 1939) (= TU 67,260-304); D.
DE Bruyne, Les anciennes collections des épitres de S. A.; RB 43
(1931)284-295; H. J. DlESNER, Zur Datierung der Augustinbriefe
228-231: FF 35(1961 U84-185; ID., Zur Datierung des Briefes 220
und anderer Spdtschriften A.s.: ibid., 281-283; V. Paronetto,
Sota sulla datazione del/ 'epistolario agostiniano: Aug 14(1974)
363-367 (ep.220.229-231).
Estudios: A. Vaccari, Cuore e stile di s.A. nella lettera 73:
MSCA II 353-358; M. E. Keenan, The Life and Times of S. A.
as Revealed in His Letters [PSt 83] (Washington 1935); ID., Clas-
sical Writers in the Letters of A.: CJ 32(1936)35-37; C. Jenkins,
A.'s Classical Quotations in His Letters: JThS 39(1938)59-65;
V. NOLTE, A.s Freundschaftsideal in seinen Briefen [Cassiciacum
6] (Würzburg 1939); CH. MOREL, La vie de priere de s.A. d'apres
sa correspondance, en S. A. parmi nous (Le Puy-Paris 1954) p.57-
110; H. RONDET, La théologie de la gráce dans la correspondance de
s. A.: RAug 1(1958)303-315; G. Folliet, Deifican in otio. Aug
ep.10,2: RAug 2(1962)225-236; H. ULBRICH, A.s Briefe zur ent-
scheidenden Phase des pelagianischen Streites: REAug 9(1963)51-75.
235-258; M. Pellegrino, Introduzione: NBA 21 p.vii-Cin; M. P.
ClCCARESE, La tipología delle lettere di s.A.: Aug 11(1971)471 -507 ;
M. Moreau, Le dossier de Marcellinus dans la correspondance de s. A.:
RAug 9(1973)3-181; cf. bibl. en NBA 21 p.cv-cx.
472
San Agustín
4 Tratados
Pueden y deben ser distribuidos en tres secciones co-
mentarios a San Juan, exposiciones sobre los Salmos y
sermones
1 Comentarios a San Juan
1 Tractatus in evangehum loannis comprenden 124
discursos, parte predicados y parte dictados, que se divi-
den en dos grupos 1-54 y 55-124 La fecha de composi-
ción es muy discutida el segundo grupo sería del 416, para
L Landais, del 418, para Zarb, del 419-420, para La Bon-
nardiére, el primero, del 411, para Deferrari, del 413, para
Zarb, del 414, para Le Landais, A M La Bonnardiere
asigna 1-16 a los años 406-408, y 17-54 después del 418
El comentario es todo de carácter pastoral, pero extraordi-
nariamente rico de doctrina teológica, filosófica y espi-
ritual
Ediciones PL 35,1379-1970, R Willems CCL 36(1954)
Traducciones Alemana T Specht, BKV 8 II 19 (Munchen
19H 1914)— Española T Prieto BAC 13(139) y V Rabanal,
14(165) (con texto) —Francesas M PONTET (Namur 1958) (se-
lección), M F Berrouard BA 71(1969) y 72(1977) (hasta el
tr33 con texto) inglesas H BROWNE, III (Oxford 1848-
1849), J GiBByJ Innes LNPF last ser 7(1888)7-529 — Italia-
nas A TONNA BARTHET (Firenze 1938) (selección), R MlNUTI
y R iMarsiglio (Roma 1965), E Gandolfo y V Tarulli
NBA 24(1968)1-1625 (con texto) — Portuguesa J A Rodrigues
Amado (Coimbra 1950-1952)
Cronología RJ DEFERRARI, On the Date and Order of Deltvery
of S A's Tractatus on the Gospel and Epistle of St John CPh
12(1917)191-193, S Zarb, Chronologia tractatuum s Augustini
in evang primamque ep lo apostoh Ang 10(1933)50 110, M Le
LANDA1S, Deux annees de predication de s A , en Etudes augusti-
mennes (Pans 1953) p 7-95, A M La Bonnardiere, Recherches
de chronologie augustinienne (Pans 1965) p 19-118, M F Ber
ROUARD, La date des tractatus 1-LTV m hannis Evang de s A
RAug 7(1971)105 168
Estudios M COMEAU, La vte tnterteure du chretten d'apres les
«Tract in lo » de s A RSR 20(1930)5-25 125-149, Ead ,S A ,
exegete du quatrieme Evangile (Pans 1930), D F WRIGHT, The
Manuscripts of S A 's «Tractatus in Evangehum lohannis» A
Obras
473
Preliminary Survey RAug 8(1972)55-143, G FoiXIET, Un frag-
ment de manuscrit des «Tractatus tn Evang lo » de s A decouvert
a Vezelay en 1966 RAug 8(1972)145 147, R P Hardy, The
Incarnation and Revelation in A 's «Tract in lo Evang » Eghse
et theologie 3(1072)193-200, Id , Actualite de la revelation divine
(París 1974)
2 Tractatus tn epistolam loanms ad Partbos Diez ser-
mones sobre la candad, de la que Juan «ha tejido el elogio,
diciendo muchas cosas, o, por mejor decir, todo» (pról ),
pronunciados durante las festividades pascuales de un año
entre el 413 y el 418, interrumpiendo el comentario al
evangelio Lo más bello que ha producido la patrística so-
bre el tema
Edición PL 35,1977-2062
Traducciones Alemana F HOFMANN (Freiburg Br 1938,
M954) (selección) —Arabe J HELOU (Beirut 1967) —Españo-
las D Ruiz Bueno (Madrid 1946), B Martin Pérez BAC
18(187)192-363 (con texto) —Francesa P AGAESSE SCh 75
(1961 ) (con texto) — Holandesa TJ VAN BAVEL (Heverlee-Leu-
ven 1969) —Inglesa H Browne y J H Myers LNPF last ser
7(1888)453 529 —Italianas P Tablino (Roma 1954), G MA
DURINI y L Muscouno NBA 24,1627-1855 (con texto),
S Aliquó (Roma 1971)— Portuguesa j A Rodrigues Amado
(Coimbra 1959)
Estudios G Combes, La chante d'apres s A (Pans 1934),
M Mellet, S A predicateur de la chante fraternelle dans ses
commentaires sur samt Jean VS 83(1945)304-325 556-576, 84
(1946)69-91, J Galla Y, «Dilige et quod vis fac» Sotes d'exegese
augustimenne RSR 43(1955)545-555, ID , La consaence de la cha-
nte fraternelle d'apres les «Tractatus in 1 lo » de s A REAug
1(1955)1-20, S J Grabowski, The Role of Chanty in the Mys-
tical Body according to S A REAug 3(1957)29-63, J B Bauer,
«Dilige et quod vis fac» (zu Aug , «Tract tn 1 lo » 7,8) Wissen-
schaft und Wahrheit 20(1957)64-65, M HuFTIER, La chante dans
l'ensetgnement de s A (Dossier) (Tournai 1959), J BuRNABY,
«Amor Dei» A Study of S A's Teaching on the Love of God as a
Motive of the Christian Life (London 1960), O Du ROY, L'ex-
perience de l'amour et l'mtelligence de la fot tnnitaire selon s A
RAug 2(1962)415-445, S POQUE, Les lectures liturgiques de ¡'Oc-
tave paséale a Hippone d'apres les Traites de s A sur la Premiere
Epitre de S Jean RB 74(1964)217-241, V CAPANAGA, Interpre-
tación agustiniana del amor Eros y ágape Augustinus 18(1973)
213-278, D Dideberg, S A et la Premiere Epitre de S Jean
(París 1975)
474
San Agustín
2. «Enarrationes in Psalmos»
La obra de San Agustín más extensa y más rica en doc-
trina espiritual, la única exposición completa del Salterio
que nos ha legado la literatura patrística. Su composición
se extiende desde el 392 (1-32) al 416, o, según otra opi-
nión, a después del 422 para el salmo 118. Comprende
dos clases de exposiciones: dictadas y predicadas. Las pri-
meras se subdividen en tres grupos (cf. Ep. 169,1 y POSI-
DIO, Ind. VII 4), a saber: breves anotaciones exegéticas
(1-31, con pocas excepciones), exposiciones más amplias
(67, 71, 77 y otros), homilías para ser leídas al pueblo (32
sobre el salmo 118). Las demás son sermones predicados a
los fieles en varias ciudades, sobre todo en Cartago. La
interpretación no es histórico-literal, sino teológico-espiri-
tual, fundada en la doctrina del Christus lotus: en los Sal-
mos resuena la voz de Cristo, de la Iglesia y de cada uno
de los fieles (In ps. 3,1.9.10). La obra trata todos los gran-
des temas de la doctrina cristiana: filosofía, teología, doc-
trina espiritual, mística. Destacan los temas del Cuerpo
místico, de las dos ciudades, de la ascensión del alma hacia
la divinidad, a la que el tono lírico de los salmos confiere
las alas. El texto bíblico comentado es la versión latina de
los Setenta, revisada por Agustín.
Ediciones: PL 36-37; E. Dekkers y J. Fraipont: CCL 38-40
(1956).
Traducciones: Alemanas: H. U. V. BALTHASAR (Leipzig 1936)
(selección); H. WEBER (Paderborn 1964) (sal. 1-1 7 ).— Española:
B. Martín Pérez: BAC 19-22(235.246.255.264) (con texto).—
Francesas: C. HuMEAU (París 1947) (selección); D. GORCE (Na-
mur 1960) (selección); J. PERRET (París 1964) (selección). —
Inglesas: A. C. Coxe: LNPF last ser. 8(1888); S. HEBG1N y
F. Corrigan: ACW 29.30(1960-1961) (sal. 1-37 ).— Italianas:
E. Logi (Siena 1931-19.33) (selección); V. Tarulli, R. Minuti
y T. Mariucci: NBA 25-28 (1967-1977) (con texto).
Cronología: S. ZARB, Chronologia Enarrationum S. A. in Psal-
mos (Malta 1948); M. Le LANDAIS, Deux années de prédication de
S. A., en Études augustiniennes (París 1953) p.7-95; A. M. La
BONNARDIÉRE, Sote de chronologie augustinienne. Sotice sur le
psaume 25: RSR 45(1957)91-93; Ead., Les «Enarrationes in psal-
mos» préchées par s. A. a Carthage en décembre 409: RAug 1 1(1976)
52-90; EAD., Recherches de chronologie augustinienne (Paris 1965)
p. 119-164; H. RONDET, Essais sur la chronologie des «Enarrationes
in psalmos» de s. A.:. BLE 61(1960)111-127.258-286; 65(1964)
Obras
475
110-136; 68(1967)180-202; 71(1970)174-200; 77(1976)99-118;
S. POQUE, L'énigme des Enarrationes in Psalmos 110-117 de s. A.:
BLE ^7(1976)241-264.
Texto bíblico: P. Capelle, Le texte du Psautier latin en Afrique
(Roma 1913); D. DE BRUYNE, S. A. reviseur de la Bible: MSCA
II 544-578; lD., Sotes sur le Psautier de s. A.: RB 45(1933)20-28;
A. VACCARI, / Salten di S. Girolamo e di S. A., en Scritti di eru-
dizione e di filología (Roma 1952) I p. 207-255; Id., Psalterium
S. Augustini in monte Sinai repertum: Bíblica 36(1955)260;
G. ONGARO, Salterio Veronese e revisione agostiniana: Bíblica 35
(1954)443-474.
Estudios: E. BOUBY, S. A. Les «Enarrations sur les Psaumes»:
Revue augustinienne }(1903)4l8-436; M. PONTET, L'exégese de
s. A. prédicateur (Paris 1945); J. Delamare, Lorsque s. A. expli-
quait les psaumes: VS 82(1950)115-136; C. KANNENGIESSER,
Enarratio in psalmum 118. Science de la r'evélation et progres spiri-
tuel: RAug 2(1962)359-381; J. Plagnieux, Aspects eccléstologi-
ques de l'En. in Ps. XXX de S. A., en Études... R. Metz II (Stras-
bourg 1976) p. 396-411; cf. bibl. infra, IV 4: Doctrina espiritual.
3. Sermones
Los sermones son el fruto del ejercicio ininterrumpido
de la predicación por casi cuarenta años. La biblioteca de
Hipona debía de conservar muchísimos, quizá tres o cua-
tro mil, de los que la mayoría, probablemente no revisados
ni publicados por Agustín, se han perdido. Los maurinos
editaron como genuinos 363, distribuidos en cuatro clases
(sobre la Biblia, festividades litúrgicas, santos y de diversis),
otros como dudosos y otros aun como espurios. G. Morin
añadió otros 138 que consideraba auténticos (MSCA, I),
algunos de ellos dudosos en sentir de otros (CPL 284-287;
PLS, II 417ss). Lambot descubrió y publicó todavía otros
(RB 1933-1958; PLS, II 744ss). En conjunto son poco más
de 500. El CCL ha iniciado, por obra de Lambot, una edi-
ción crítica, de la que ha sido publicado sólo un volumen
con los 50 primeros sermones sobre el Antiguo Testa-
mento (CCL 41).
El temario es rico y muy variado, explora todos los te-
mas de la Biblia y de la liturgia y sirve de comentario a las
grandes obras dogmáticas y exegéticas. Son un modelo de
elocuencia popular, a la vez clara y profunda, animada e
incisiva, inmediata y eficaz.
06
San Agustín
Ediciones Guia indispensable son CPL 284-288 y 368 372, Y
sobre todo P P VERBRAKEN, Etudes critiques sur les Sermons
authentiques de S A [Instrumenta patrística 12] (Steenbrugge
1976) PL 38-39, C Lambot CCL 41(1961) (50 primeros ser-
mones mas nueve), Id , S Aur A sermones selecti duodevigtntt
[Stromata patrística et mediaevaüa 1] (Utrecht 1950) (Serm 14
15 34 60 101 104 166 184 221 254 261 298 302 355 356
358), G Morin, S A sermones post Maurinos reperti MSCA, I.
PLS, II 398-1360 Estudios y ediciones de C LAMBOT no publi-
cados en RB fueron reunidos en RB 79(1969)46 214 [= Memo-
rial dom Cyrtlle Lambot], S POQUE SCh 116(1966) (15 serm
sobre la Pascua, con trad franc )
Traducciones Alemana A SCHMITT (Bern 196 7 ) (40 serm ) —
Españolas L Alvarez (vols 1-4) y A DEL FuEYO (vols 5-8) (Ma-
drid 1923-1931), A del Fueyo BAC 7 y 10 (53 y 95) (selec-
ción con texto) — francesa G Humeau, I-III (París 1932-1934)
(selección) —Inglesas R G MacMullen LNPF last ser 6(1887)
245-545 (97 serm sobre el NT), D J Kavanagh FC 11(1951)
(selección), M S MuLDOWNEY FC 38(1959) (selección), Ph T
Weller (St Louis 1959) (serm sobre la Pascua), Q HOWE (New
York 1966) (selección), Th C Lawler ACW 15(1952) (serm
sobre Navidad y Epifanía) — Italianas E Logi (Siena 1930) (se-
lección), Id, / Vangeli domenicali commentati (Firenze 1933) (se-
lección), P Bellini, V Tarulli, F Cruciani NBA 29(1979)
(serm 1-50, con texto)
Cronología A KUNZELMANN, Die Cbronologie der Sermones des
hl A MSCA, II 417-520, A DE Veer, La date des Sermons 1,
XII et L de s A REAug 15(1969)241-346
Estudios Bibliografía de C Lambot en RB 79(1969)24-34,
M SlMONETTl, Studi sulla letteratura cristiana d' Africa in eta van-
dálica RIL 83(1950)407-424, Id , Alcune osservazwni sulla strut-
tura dei «Sermones de sanctis» agostiniani AugMag I 141-149,
C MohRMANN, Das Wortspiel in den augustinischen Sermones, en
Etudes sur le latín des chr'etiens (Roma 1958) I p 323-349, P BOR
GOMEO, L'Eglise de ce temps dans la predication de S A (París 1972)
(bibl p 423-433), V Loi, Struttura e «topoi» del panegírico classico
net «sermones de sanctts» di S A Aug 14(1974)591-604, P P
VERBRAKEN, Les fragments conserves de sermons perdus de s A
RB 84(1974)245-270, M Aviles BARTINA, Estudio de diez ser-
mones agustinianos Perficit ser 2 a 7(1976)33-71, P VlSMARA
CHIAPPA, II tema della poverta nella predicazione di S A (Milano
1975)
Mención aparte merecen algunos sermones de cuya
autenticidad se discute o que se suelen publicar separada-
mente
Obras
477
1 Sermo de Urbts exadto Pronunciado «recenti exci-
dio tantae urbis», y, por tanto, en el 410 o poco después,
expresión de dolor y también de esperanza por lo sucedido
con una exposición sobre la utilidad de las tribulaciones
Agustiniano por forma y contenido
Ediciones PL 40,7 1 5-724, M V O'Reilly PSt 89(1955) (con
trad ingi y comentario), EAD CCL 46(1969)249-262
Estudio G CANNONE, // «Sermo de excidio Urbis Romae» di
s A VetChr 12(1975)322-345
2 Sermo ad catechumenos de symbolo Exposición del
credo de fecha incierta (cf Serm 213 [= Guelf. 1 MSCA, I
441-445], 214 y 215) Otros tres sermones sobre el sím-
bolo (CPL 401-403) que en los manuscritos e impresos
figuran después del que nos ocupa, no son agustinianos,
sino, en sentir de algunos autores, del obispo de Cartago
Quodvultdeus
Ediciones PL 40,627-636, R van der Plaetse CCL 46,
185-199
Iraducciones Holandesa A SlZOO (Kampen 1941)
Estudios A SlZOO, De echtheid van A ' Sermo de Symbolo ad ca-
techumenos Gereformeerd theologisch tijdschrift 41(1940)286-
300, C ElCHENSEER, Das Symbolum Apostolicum beim hl A
(St Ottihen 1960)
3 Sermo de disciplina christiana De fecha incierta,
sobre el verdadero amor de Dios y del prójimo, suma de
los mandamientos cristianos
Ediciones PL 40,669-678, A van der Plaetse CCL 46,
707-724
Traducción Alemana R HABITZKY (Wurzburg 1961)
p 35-82
4 Sermo de utilitate teiunii. Catalogado por Posidio
{Ind. X 6,55 MSCA, II 195), pronunciado, quizá, el 411
(cf 13) sobre la índole del ayuno cristiano en polémica
con los maniqueos y con un insistente llamamiento a los
donatistas.
478 San Agustín
Ediciones: PL 40,707-718; S. D. RuEGG: PSt 85(1951) (con
trad. ing. y comentario); Id.: CCL 46,231-241.
Traducción: Francesa: G. COMBÉS: BA 2,515-539 (con texto).
Estudio: C. LAMBOT, Un ietunium quinquagesimae en Afrique
au IV 1 -' siecle et la date de quelques sermons de s. A.: RB 47(1935)
114-124.
5. Obras dudosas
Añadimos algunas obras cuya autenticidad es muy du-
dosa o más o menos probable:
1. De grammatica líber. Agustín (Retract. I 6) y Posidio
(Ind. X 1,3: MSCA, II 175) lo mencionan. El primero re-
fiere que no lo poseía ya en su biblioteca, aunque creía
que otros lo tenían. El texto que hoy poseemos, llegado en
dos recensiones, una larga y otra breve, no puede ser te-
nido por auténtico en ninguna de sus dos formas, aunque
acaso, como algunos autores piensan, no sin alguna proba-
bilidad, sean extractos del escrito agustiniano.
Ediciones: Recensión larga: PL 32,1385-1408; H. Keil, Gram-
matici latini (Leipzig 1868) V p.496-524; recensión breve:
A. Mai, Sova Patrum bibliotbeca I 2 p. 167-181; C. F. Weber,
Aur. A., Ars grammatica breviata (Marburg 1861).
Estudios: H. I. ¡VÍARROU, S. A. et la fin de la culture antique
(Paris 1938) p.570-576.
2. Principia dialecticae. Del que Agustín refiere
(Retract. I 6): «De dialéctica... sólo quedaron los princi-
pios, que también he perdido, aunque creo que esté en
manos de algunos.» El texto que poseemos, y contra el
parecer de los maurinos, es hoy considerado auténtico por
muchos autores.
Ediciones: PL 32,1409-1420; W. CRECEL1US, S. Aur. A. de dia-
léctica liber (Eberfeld 1857); B. DARRELL JACKSON y J. PlNBORG
(Dordrecht-Boston 1975) (con trad. ing. y comentario).
Estudios: BALD. FlSCHER, De A. disciplinarum libro qui est de
dialéctica (Jena 1912); H. I. MARROU, o.c, p.576-578; J. PÉPIN,
S. A. et la dialectique (Villanova 1976).
Obras
479
3. Principia rhetorices (Retract. I 6).
Ediciones y estudios: PL 32,1439-1448; C. HALM, Rhetores la-
tini minores (Leipzig 1863) p. 137-151; contra la autenticidad, ade-
más de los maurinos, H. I. Marrou, o.c, 578-579; CPL 1556;
la defiende B. RlPOSATI, Agostino o pseudo-Agostino?, en Studi
G. Funaioli (Roma 1955) p.378-393.
4. Oratio s. Augustini in librum de Trinitate. Larga
oración a Dios uno y trino.
Ediciones: G. Morin: RB 21(1904)129-132; PLS II 1543-35.
Niegan la autenticidad, y no sin razón, B. FlSCHER: ThLZ 77(1952)
288 y W. J. Mountain: CCL 50 p.LXXVül-LXXXii.
5. Versus de S. Nabore. Ocho versos en honor de un
mártir víctima de los donatistas por haber vuelto del cisma
a la unidad de la Iglesia católica.
Ediciones: F. BuCHELER y A. RIESE, Anthologia latina I 2
(Leipzig 1906) n.484a; PLS, II 356-357; A. Vaccari, / versi di
.(. A.: CC 98 1(1947)213-214 (~- Scritti di eruzione e filología
[Roma 1958] II p.245-247).
6. Capita o Breviculi. Títulos o sumarios de los capí-
tulos de algunas de las obras mayores: De civitate Dei (CCL
47 p.V-XLV; cf. Ep. 212A, a Firmo),Dí> Trinitate (CCL 50,4-
23; PLS, II 1546-1555) y Dí Genesi ad litteram (CSEL28-1,
436-356; PLS, II 363-385; BA 49,461-493 y cf. las obser-
vaciones, ibíd., p.46l-463).
6. Obras no auténticas
A lo largo de los siglos, al Obispo de Hipona han sido
atribuidas y publicadas con su nombre muchas obras: li-
bros, cartas y, sobre todo, sermones. El conocimiento de
esta producción es útil e importante, no sólo por razones
críticas, es decir, para identificar, en lo posible, a su autor,
sino, además, para apreciar en su debida magnitud el in-
flujo de San Agustín en la posteridad. No pocas veces es
sabido que San Agustín ha sido conocido y citado por estas
obras, que, al no ser suyas, no han permitido siempre per-
cibir su genuino pensamiento. Bastará una rápida presen-
tación de la materia.
480
San Agustín
1 . Libros
Algunos pertenecen al campo de la teología: a) de la
teología en general, como el De fide ad Petrum (PL 40,
753-789), que es un compendio dogmático muy cono-
cido en la Edad Media (obra de Fulgencio de Ruspe: PL
65,671-705); b) de la teología trinitaria, como el De unitate
trinitath (PL 42,1207-1212), «de autor desconocido, pero
antiquísimo», y el De unitate trinitatis contra Felicianum
arianum (PL 42,1157-1176), considerado auténtico por los
teólogos de Lovaina (ed. Lov. t.6) y restituido a Vigilio de
Tapso por los maurinos (CPL 808); c) de la teología de la
gracia, como el Hypomnesticon contra pelagianos et caelestia-
nos (PL 45,1611-1664), obra en seis libros que refuta cinco
errores pelagianos e ilustra en el sexto la doctrina de la
predestinación (de autor incierto, pero poco posterior a
Agustín: CPL 381); el De praedestinatione et gratia (PL
45,1665-1678), que contiene principios abiertamente con-
trarios a los agustinianos (16,18), y el brevísimo De prae-
destinatione Dei (PL 45,1677-1680).
Otros son del género exegético: De mirabilibus sacrae
Scripturae (PL 35,2149-2200), tres libros sobre los episo-
dios más sorprendentes de la Biblia, compuestos por un
Augustinus Hibernicus no identificado (CPL 1123); Quaes-
tiones Veteris et Novi Testamenti (PL 35,2207-2416; CSEL
50; PLS, II 390), explicación de 115 cuestiones, obra atri-
buida a Ambrosiaster (CPL 185); Expositio in Apocalypsim
(PL 35,2417-2452), obra de San Cesáreo de Arles (CPL
1016), y el Liber de divinis scripturis (CSEL 12), exposición
de 142 argumentos (los títulos en PLS, II 392-396), por
autor anónimo del siglo V (CPL 384).
Otros, muy numerosos y difundidos, son de asunto es-
piritual. Citamos el De spiritu et anima (no se confunda
con el De spiritu et littera; cf. p.46l), el Soliloquiorum ani-
mae ad Deum liber (que no hay que confundir con los Soli-
loquii auténticos; cf. p.425), el De diligendo Deo, el Medita-
tionum liber y el Manuale (PL 40), obras todas destinadas a
nutrir la piedad; sus autores (¿o autor?) muestran conocer
a San Agustín y los doctores medievales. Sobre otros escri-
tos, cf. CPL p.530-531; PLS, II 1363-1378.
2. Cartas
Las cartas falsamente atribuidas a San Agustín no son
muchas, mientras los estudiosos no cesan de buscar y ha-
Doctrina
481
llar cartas auténticas (cf. p.470). Entre las espurias se
cuentan Epistulae Augustini et Bonifacii comitis (PL 33,
1093-1098), 16 brevísimas cartas de una supuesta co-
rrespondencia entre ambos (cf. J. DE LEPPER, De rebus ges-
tis Bonifatii [Tilburg 1941] p.9-17 y CPL 367), y la Alter-
catio cum Pascentio ariano (= Ep. 20: PL 33,1156-1162),
cuya atribución a Agustín se debe, probablemente, a las
ep.238, 239 y 241, de Agustín a Pascencio, que son autén-
ticas; Epistula S. Augustini ad sororem de obitu S. Monicae
(ed. Lov. X p.764ss).
3 . Sermones
Los sermones dudosos o pseudoagustinianos son nu-
merosos. Los maurinos publicaron 317, divididos, como
los auténticos, en cuatro categorías: sobre la Biblia, sobre
el año litúrgico, las fiestas de los santos y de asunto variado
(PL 39,1735-2354). Después han sido publicados aún
otros muchos: 269 por A. B. Caillau y B. Saint-Yves:
S. Augustini operum supplementum (Paris 1836-1839); 200
por A. Mai: Nova Patrum bibliotheca I (Roma 1852); otros
por G. Morin: Tractatus sive sermones s. Augustini (Kempten
1917) app. p. 165-218, etc. (PLS, II 841-1360). En esta
vasta selva, los estudios de G. Morin, C. Lambot y
P. P. Verbraken, sobre todo, han permitido establecer la
autenticidad de muchos sermones agustinianos (después de
la edición de los maurinos) o descubrir su verdadero autor.
Sobre toda esta producción, cf. G. MORIN: MSCA, I
721-769; CPL 368-372; P. P. Verbraken, o.c. (cf. p.436).
Estudios: E. Portalié. DTC, I 2306-2310; F. Cavallera:
DSp 1 1 1 30-1 1 35; B. BLUMENKRANZ, La survie médiévale de s. A.
a travers ses apocryphes: AugMag II 1003-1018; M. DE KROON,
Pseudo-Augustin im Mittelalter: AugL 22(1972)511-530.
IV. Doctrina
1. Razón y fe
El pensamiento de Agustín, en cuanto al método, se
compendia en estos dos términos: fe y razón. A los dieci-
nueve años adoptó un planteamiento equivocado. Enga-
482
San Agustín
ñado por la propaganda maniquea, transformó el binomio
en un dilema y rechazó la fe en nombre de la razón Su
vuelta a la Iglesia católica comienza cuando descubre que
las relaciones entre la razón y la fe no deben ser entendi-
das en términos de oposición, sino de colaboración Dos
son las sendas que conducen al conocimiento de la verdad
la autoridad y la razón En orden de tiempo, la autoridad,
es decir, la fe, precede, en orden de importancia, detenta
el primado la razón, es decir, la ciencia (C acad. 3,20,43, De
ord. 2,9,26, De mor eccl catb. 1,2,3)
Su postura doctrinal se sitúa entre el fideísmo y el ra-
cionalismo A quien pretende comprender sin creer repite
su lema Crede ut intelligas, pues comprender es el premio
de la fe, defiende la validez de este principio y de este
método, y escribe un libro sobre la utilidad de creer La fe
es útil a todos, también al filosofo Es medicina que sana
(Conf 6,4,6), baluarte que defiende (Ep 118,32), nido
donde brotan las plumas para volar (Serm 51,5,6), atajo
que permite conocer pronto y sin fatiga las verdades esen-
ciales para conducir una vida sabia (Ep 102,38, De cons
evang 1,35,53) Mas a quien estima poder prescindir de la
razón repite lntelhge ut credas, pues no es posible creer sin
razón Nadie cree «si antes no piensa que debe creer» (De
praed. s. 2,5) Toca a la razón demostrar «a quién se deba
creer» (De v reí 24,45), y, por tanto, «también la fe tiene
sus ojos, con los que de alguna forma ve que es verdad lo
que aún no ve» (Ep. 120,2,8) Y añade intellectum va/de
ama, desea intensamente comprender el contenido de la fe
(Ep 120,3,13)
Por su parte, se esforzó por demostrar la credibilidad
de la fe y profundizar en sus enseñanzas La meta de este
esfuerzo es «llevar a los hombres a la esperanza de encon-
trar la verdad« (Ep. 1,1), y el programa, la adhesión a
Cristo y la reflexión filosófica
Un resumen de los motivos de credibilidad de la fe
católica en Conf 6,11,19, De mor. eccl cath. 1,7,12, De útil
cred 14,30-17,35, Ep 137,4,15-16, C ep. Man 4,5 En
esta última obra se lee «Aun prescindiendo de la sincera y
genuina sabiduría , que en vuestra opinión no se halla en
la Iglesia católica, muchas otras razones me mantienen en
su seno el consentimiento de los pueblos y de las gentes,
la autoridad, erigida con milagros, nutrida con la espe-
ranza, aumentada con la candad, confirmada por la anti-
güedad, la sucesión de los obispos desde la sede misma del
Doctrina
483
apóstol Pedro, a quien el Señor encomendó, después de la
resurrección, apacentar sus ovejas, hasta el episcopado de
hoy, y, en fin, el apelativo mismo de catholica, que no sin
razón sólo esta Iglesia ha alcanzado Estos vínculos del
nombre cristiano — tantos, tan grandes y dulcísimos —
mantienen al creyente en el seno de la Iglesia católica, a
pesar de que la verdad, a causa de la torpeza de nuestra
mente e indignidad de nuestra vida, aún no se muestre» A
quien niega los milagros, Agustín responde «Este solo
grande milagro nos basta, que todo el mundo haya creído
sin milagros» (De civ Dei 22,5)
El programa de la búsqueda lo resume en su primera
obra, el Contra académicos, en estos términos «A nadie es
dudoso que una doble fuerza nos impulsa al aprendizaje la
autoridad y la razón Y para mí es cosa ya cierta que no
debo apartarme de la autoridad de Cristo, pues no hallo
otra más firme En los temas que exigen arduos razona-
mientos — pues tal es mi condición, que impacientemente
estoy deseando conocer la verdad, no solo por fe, sino por
comprensión de la inteligencia — , confio entre tanto hallar
entre los platónicos la doctrina más conforme con nuestra
revelación» (C acad 3,20,43, trad Capánaga) Esta bús-
queda sera, a la vez, filosófica, teológica y mística, tres ver-
tientes de la ascensión hacia la verdad que San Agustín
nunca separa Su método, en efecto, se basa en tres presu-
puestos utilidad de la fe, recurso a la evidencia de la razón
cuando sea posible, aspiración a la sabiduría, que no es
sólo conocimiento, sino amor, posesión, gozo de la verdad,
que es el bien supremo del hombre. Dividiremos, por
tanto, la breve exposición que sigue en tres partes filoso-
fía, teología y doctrina espiritual
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2. Filosofía
1 Puentes
Agustín muestra poseer un conocimiento no común de
la historia de la filosofía (C acad 2,4,10-6,15, Ep. 1 18, De
av. Dei 8) Como joven profesor, leyó y conoció de me-
moria muchas obras de filósofos (Con/. 5,3,3), entre otras,
las obras filosóficas de Cicerón, las obras de erudición de
Varrón, las de Apuleyo, Séneca, y de los doxógrafos Auho
Gelio y Celso (sobre éste cf De haer , praef.) Mas tarde,
en Milán, leyó a Plotino y Porfirio, que fueron inmediata-
mente, y lo siguieron siendo después, sus preferidos
Sabido es que Agustín dio su preferencia, entre todos
los filósofos, a los neoplatónicos, pero no siempre se tiene
en cuenta hasta qué punto corrigió y supero sus doctrinas
Los prefería por dos razones, por ser los más «cercanos a
nosotros», es decir, a la doctrina cristiana (De av. Det 8,5,
11,5, De v reí 4,7), y por haber dado vida a «una ense-
ñanza común de la verdadera filosofía», afirmando, entre
otras cosas, que Aristóteles y Platón — las dos cumbres (De
av. Det 8,4,12) — estaban tan de acuerdo, que sólo a los
menos perspicaces podían parecer en desacuerdo (C.
acad. 3,19,42). Si en el entusiasmo de la primera hora, del
que se arrepentirá más tarde (Retract. 1,1,4), creyó hallar
en ellos coincidencias con la doctrina cristiana que en rea-
lidad no existen, como la generación del Verbo
(Con/. 7,9,13-15) y la noción del Reino de Cristo, que no
es de este mundo (Retract 1,3,2), o les atribuyó enseñan-
zas que en realidad no profesaron, como la creación (De
av. Det 8,6), combatió y rechazó sus «grandes errores»
(Retract. 1,1,4), como la existencia de divinidades menores
Doctrina
485
(De av Det 12,24-26), la necesidad y eternidad de la crea-
ción (ibid, 11,4-6, 12,15-20, C Prtsc et Ortg 2,8,9), la
preexistencia y el pecado de las almas (De Gen
Un 10,15,27, Ep 164,7,20, 166,9,27), la teoría cíclica de
la historia, la metempsícosis (De av Det 10,30, 12,26) y la
concepción de la unión innatural, y, por tanto, violenta,
del alma y el cuerpo (De trin 15,7,11, De Gen.
Utt 7,27,38), aún más, en algunos puntos adopta una posi-
ción de insólita severidad, como al tachar de insensatez ex-
cluir al cuerpo de la naturaleza del hombre (De an et eius
ortg 4,2,3), o de delirios de grandes doctores magna mag-
norum deltramenta doctorum (Serm 241,6), la doctrina de la
reencarnación
En esta firme actitud lo sostienen la regla que se había
impuesto (cf p442s), y en particular las enseñanzas de la
Escritura sobre argumentos que entran en el campo de la ra-
zón, como la doctrina de la creación (Gén 1,1, Jn 1,3), la
creación del hombre a imagen de Dios (Gén 1,27), la no-
ción de Dios Ser subsistente (Ex 3,14) y la posibilidad de
conocer a Dios a través de las creaturas (Rom 1,20) Estas
enseñanzas, que, como la última enumerada, Agustín re-
cuerda a menudo aun en medio de las más elevadas es-
peculaciones filosóficas ( Conf 7, 1 0, 1 6), lo impulsaron a pro-
fundizar en algunos temas fundamentales de su filosofía y a
buscar solución a las dificultades de los neoplatónicos (De
av Det 12,17) De esta suerte vino a la luz la nueva filoso-
fía, entre cuyas fuentes no es improcedente incluir los va-
riados estímulos que le vienen de la doctrina cristiana A
esta filosofía no conviene ya la etiqueta de platónica o
neoplatónica — Agustín no es menos antiplatónico que pla-
tónico — , sólo le conviene el apelativo de cristiana De ella
expondremos a continuación, en síntesis, los principios, los
temas y las soluciones esenciales
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2 Principios
Para reconstruir las lineas esenciales de la filosofía
agustimana conviene tener presente los principios en que
se inspira y que le confieren su fisonomía Son, a mi juicio,
fundamentalmente tres interioridad, participación e inmu-
tabilidad
1 El primero es el mas conocido Lo descubrió le-
yendo los neoplatónicos, y en el profundizó guiado por la
doctrina de la creación (Conf 7,10,16) Agustín emprende
su quehacer filosófico con una invitación al sujeto
«Vuelve en ti mismo», no para pararse en el sujeto, sino
para constatar que en él late algo que lo trasciende la pre-
sencia de la verdad «En el hombre interior mora la ver-
dad» (De v reí 39,72) Esta verdad es interior y superior a
la mente, no se deja percibir con los sentidos, sino sólo en
Doctrina
487
la inteligencia, y se muestra dotada de determinadas notas,
que son la objetividad, la necesidad, la universalidad y, por
tanto, la irrefutabilidad
La mente humana es de naturaleza inteligible, y esta en
relación con las realidades inteligibles e inmutables, que
percibe con certeza apenas a ellas se vuelve (Retract 1,8,2,
1,4,4) Prueba de ello son los axiomas de la matemática, las
reglas de la dialéctica y los principios fundamentales de la
etica «Aunque todo el genero humano estuviera sumido
en el sueño, seguiría siendo verdad que tres por tres son
nueve» (C acad 3,11,25) La certeza de vivir y pensar es
un caso particular de esta irrefutable percepción de la ver-
dad «Sé que vivo, se que pienso» (De b vit 7, So-
lil 2,1,1), certeza que la duda no puede sacudir ni el error
disipar, pues «si dudo, vivo» (De Trtn 10,10,14,
15,11,21), «si me engaño, existo» (De civ Dei 11,26)
Esta es la respuesta a la insidiosa pregunta de los escép-
ticos <vY si te engañas''», decían Agustín responde «Si
me engaño, quiere decir que soy Quien no es no puede
engañarse Por tanto, soy si me engaño, y si es verdad que
soy si me engaño, ,-como puedo engañarme de que soy, si
es cierto que soy si me engaño 5 Y, dado que yo sería
quien se engaña, aunque me engañase, cuando sé que soy,
ciertamente no me engaño» (ibid ) Con la misma certeza
sabe que piensa y ama Esta triple certeza constituye un
arma eficaz contra el escepticismo, por ser indudable, con-
tra el materialismo, porque revela la naturaleza inteligible
de la verdad, y contra el subjetivismo, por ser certezas de
verdades que la mente «descubre, no crea» (De v
real 39,73), reconoce que son, no hace que lo sean
(Ep 162,2, De l. arb 2,12,34)
El principio de la interioridad, que es de alcance meta-
fisico y no psicológico, como alguno pudiera creer, go-
bierna tres de las tesis fundamentales de la filosofía agusti-
niana la demostración de la existencia de Dios (De l
arb 2,15,39), la prueba de la espiritualidad del alma (De
Trtn 10,8,11-10,16) y de su inmortalidad (Soltl 2,13,24),
y con él se relaciona la explicación «psicológica» de la Tri-
nidad, una de las doctrinas más originales del Obispo de
Hipona
2 El segundo principio, que es parte del núcleo
esencial de la filosofía agustiniana, es el principio de parti-
cipación, también muy conocido Siguiendo De mor eccl.
cath (2,4,6), cabe enunciarlo así todo bien o es bien por
488
San Agustín
su misma naturaleza y esencia, o es bien por participación,
en el primer caso es el Bien sumo, en el segundo caso es
un bien limitado El mismo principio, con referencia explí-
cita a la creación, aparece enunciado también así «Todo
bien o es Dios o procede de Dios» (De v reí 18,35) Mas,
dado que la vida asume una forma tnadica en la unidad del
espíritu humano, es decir, ser, conocer y amar, la misma
forma asume también el principio de participación, que
enuncia, por tanto, la participación del ser, de la verdad y
del amor De esta triple forma de participación procede la
noción, frecuente en Agustín, de Dios causa del ser, luz
del conocer, fuente del amor (De en Dei 8,4, 8,10,2), la
triple división de la filosofía en natural, racional y moral
(De civ Det 2,7, 8,4) y, en fin, la solución esencial de cada
una de esas partes la creación, la iluminación y la felicidad,
que no son mas que tres formas diversas de expresar la mis-
ma doctrina de la participación
3 El tercer principio, que ha merecido escasa o nin-
guna atención de los estudiosos, pero que ilumina y perfila
los otros dos, es el que hemos definido principio de la
inmutabilidad Agustín lo enuncia asi «El ser verdadero,
genuino y auténtico es sólo el ser inmutable» (Serm 7,7,
Conf 7,11,17), pues sólo el ser inmutable es absoluta-
mente simple (De ctv Det 11,10,1), Ser por esencia, ipsum
esse (De Trin 5,2,3), que «es todo lo que tiene» (De ctv
Det 11,10,1) No existe de alguna forma o en cierta me-
dida, sino que es el Ser (non ahquo modo est, sed est est
Conf 13,31,46) «¿Cómo te llamas, Señor Dios nuestro 5
Me llamo Es Pero ¿qué significa 'Me llamo Es' ; Significa
que permanezco eternamente, que no me puedo mudar»
(Serm 6,3) Sigúese, pues, que «toda cosa, por excelente
que sea, si es mudable, no es verdaderamente, pues no hay
ser verdadero donde hay también no ser» (ln lo. 38,10) El
no ser es la limitación, la composición, la mutabilidad
Este principio sirve, por tanto, para distinguir al ser por
esencia del ser por participación, es decir, al Creador de
las creaturas «El cielo y la tierra existen y proclaman ha-
ber sido creados, mutantur entm atque vartantur»
(Conf 11,4,6), sirve para subir hasta Dios a través de los
grados del ser (Serm 241,2, ln lo 20,12) y para establecer
los grados mismos del ser, que corresponden a los grados
de su mudanza en el tiempo y el espacio o sólo en el
tiempo (Ep 18,2, De Gen htt 8,20,39-21,41)
Doctrina
489
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de sustancia según sA Augustinus 15(1970)369-383
3 Temas
La filosofía agustiniana, inspirándose en estos princi-
pios fundamentales, se centra en torno a dos temas esen-
ciales Dios y el hombre «Deseo conocer Dios y el alma
¿Nada más' Nada en absoluto» (Soltl 1,2,7) Esta orienta-
ción, que no excluye el conocimiento del universo, sino
que lo subordina y orienta al hombre, que es su corona y
fin (Conf 10,8,15, 13,3348), inspira la conocida oración
«iOh Dios, que eres siempre el mismo, que me conozca y
te conozca'» (Soltl 2,1,1)
Los dos temas, aunque distintos, se unen de forma in-
separable en la doctrina del hombre imagen de Dios la
imagen es inseparable del modelo, y éste de aquélla Por
eso, Agustín estudia al hombre para conocer a Dios, como
en los últimos libros del De Tnnttate, estudia a Dios para
conocer al hombre y su historia, como en muchas páginas
de las Confesstones, que se abren, por así decir, con estas
dos preguntas «¿Qué eres para mí, [Señor] . 5 ¿Y qué soy
para ti ? » (Conf 1,5,5)
De ahí la insistencia simultánea, típicamente agusti-
Patrobgia 3
Í90
San Agustín
niana, en la inmanencia y en la trascendencia divinas: Dios
es el internum aeternum (Conf. 9,4,10), «remotísimo y pre-
sentísimo» (1,4,4), lo más excelso y lo más cercano, «más
íntimo que mi mayor intimidad, más alto que lo más alto
de mí» (3,6,11), «lo más interior de toda cosa, pues todas
las cosas existen en él, y lo más exterior, pues está por
encima de todas las cosas» (De Gen. litt. 8,26,48). Presente
y ausente; presente, por eso lo conocemos; ausente, por
eso lo buscamos.
a) Dios
A menudo, Agustín describe en sus obras el itinerario
de la mente a Dios (De l. arb. 2,3,7-15,39, la exposición
más temprana y más amplia; De v. reí. 29,52-39,73; ln
ps. 41,7-8; Serm. 141,1-3; ln lo. 20,12-13; De ctv. Dei 8,6),
que se atiene siempre a un mismo movimiento que con-
duce «de las cosas exteriores a las interiores, de las inferio-
res a las superiores» (ln ps. 14,5,5), o, en general, de lo
mudable a\ inmutable (Conf. 7,10,16). Sus momentos
esenciales son tres: pregunta al mundo (Serm. 141,2),
vuelve en ti, trasciéndete a ti mismo (De v. reí. 39,72).
El mundo, preguntado con la atención que en él fija-
mos, responde con su misma naturaleza (Conf. 10,6,9),
que, por el hecho de ser mudable, proclama haber sido
creada. Recibido el mensaje, la mente podría reposar en la
conclusión de la existencia del Ser necesario que lo ha
creado (11,4,6). En cambio, el itinerario agustiniano prosi-
gue, porque nunca se reduce a prueba metafísica, sino que
es también ascensión interior del hombre todo, que debe
reconocerse a sí mismo para hallar a Dios. El hombre se
reconoce a sí mismo cuando se intuye como ser existente,
pensante y amante. Puede por ello ascender a Dios por '
tres vías: la vía del ser, de la verdad y del amor. La segunda
es la más frecuente, y es por eso la más típica del agusti-
nismo, porque San Agustín ama partir de las verdades más
inconcusas, como la conciencia del propio conocer y que-
rer, para reducir el escepticismo al silencio. El texto más
conocido que traza esta vía se lee en De v. reí. 39,72: «No
quieras derramarte fuera; entra dentro de ti mismo, por-
que en el hombre interior reside la verdad; y, si hallares
que tu naturaleza es mudable, trasciéndete a ti mismo, mas
no olvides que, al remontarte sobre las cimas de tu ser, te
Doctrina
491
elevas sobre tu alma, dotada de razón. Encamina, pues, tus
pasos allí donde la luz de la razón se enciende» (trad. Ca-
pánaga).
Al tratar del conocimiento de Dios, San Agustín su-
braya su incomprensibilidad e inefabilidad. «La superemi-
nente excelencia de la divinidad trasciende la capacidad del
lenguaje humano. Cuando se trata de Dios, el pensamiento
es más verdadero que las palabras, y la realidad más verda-
dera que el pensamiento» (De Trin. 7,4,7). Por ello no es
escaso saber de Dios, saber lo que Dios no es: «A Dios le
hemos de concebir — si podemos y en la medida que po-
demos — como un ser bueno sin cualidad, grande sin can-
tidad, creador sin indigencia, presente sin ubicación, que
abarca, sin ceñir, todas las cosas; omnipresente sin lugar,
eterno sin tiempo, inmutable y autor de todos los cambios,
sin un átomo de pasividad. Quien así discurra de Dios,
aunque no llegue a conocer lo que es, evita, sin embargo,
con piadosa diligencia y en cuanto es posible, pensar de El
lo que no es» (De Trin. 5,1,2, trad. Arias). Es la docta igno-
rantia (Ep. 130,28).
San Agustín, no obstante, traza las vías que permiten
llegar a un conocimiento positivo de Dios — son las vías de
la afirmación, de la negación y de la eminencia, a menudo
por él recorridas (Conf. 11,4,6) — y escribe páginas subli-
mes sobre las perfecciones divinas (Conf. 1,4,4; 10,6,8; De
div. qq. ad S. 2 q.2,3) [ciencia divina]).
Por regla general, la noción a que se refiere es triple,
como triple es la vía que permite alzarse hasta El. Dios es
el ser sumo, la primera verdad, el eterno amor. No es po-
sible decir en cuál insista más. Se advierte, en todo caso, el
deseo de trabarlas en unidad, como al invocar a Dios
«eterna verdad, verdadera caridad, cara eternidad»
(Conf. 7,10,16).
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Louvain 55( 1957)31 7 -33() G MADEC, Note sur la uston augustt-
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hte de Dieu selon sA Nova et vetera 4 1 ( 1966)2 19-225,
G GlANNINI Rilien ad una critica della proia di Dio agostimana
Doctor communis 22(1969)45-56, J RATZINGER, Der Weg der
religiosen Erkenntms nacb dem hl Aug en Kyriakon Festschrift
J Quasten (Munster 1970) II p 553 564
b) El hombre
El segundo epicentro del pensamiento agustiniano es el
hombre Agustín explora con verdadera pasión su miste-
rio, su naturaleza, su espiritualidad y su libertad Para San
Agustín el hombre es un grande profundum (Con/ 4,12,22)
y, a menudo, una magna quaestio (4,4,9), un abismo por la
multiplicidad de sentimientos encontrados y las riquezas
inagotables de la memoria, un gran problema por el
enigma del dolor y de la muerte «Grande es la pujanza de
la memoria No se, Dios mío, que formidable potencia es,
que me inspira un pavor religioso, no se que profunda e
infinita multiplicidad Y esto es mi espíritu y esto soy yo
mismo ¿Que soy, pues, yo, Dios mío'' Mi esencia, ¿cual
es^ Una vida vanada, multiforme, inmensa prodigiosa-
mente» (Conf 10,17,26, trad Riber) «No logro en reali-
dad comprender todo lo que soy» (10,8,15)
Un aspecto particular de este misterio es la naturaleza
del compuesto humano, que nos resultaría impensable si
no fuésemos nosotros mismos los que estamos compuestos
de dos elementos tan dispares como el cuerpo y el espíritu
(Ep 137,3,1 1) Acerca de la unión de estos dos elementos,
contrariamente a cuanto a veces se escribe, Agustín supero
notablemente, como ya quedo dicho (cf p 445 s), el espiri-
Doctrina
493
tualismo de cuno helénico, aunque ocasionalmente, sobre
todo en la predicación, siguió adoptando su lenguaje La
cárcel del alma no es el cuerpo, sino el cuerpo corruptible
(De av Dei 13,16, In ps 141,18 19), el alma, creada para
informar al cuerpo, a este, por su esencia, se ordena, y no
puede ser sin el dichosa (De Gen litt 7,28,38, 12,35,68),
lo cual no impide que Agustín insista en la espiritualidad e
inmortalidad personal del alma, demostrando la primera
con el conocimiento intuitivo que tiene de si — «cuando la
mente se conoce a si misma, conoce su sustancia» (De
Trtn 10,10,13-16) — , y la segunda, con la presencia en
ella de las verdades inmortales (Sohl 2,13,24) «¿Y si el
alma perece > Perece también la verdad» (Ep 3,4)
La cuestión del origen del alma lo atormento por mu-
cho tiempo Por una parte, San Agustín sostiene contra los
maniqueos que el alma no es una partícula de la sustancia
divina, ni procede, por transformación, de otra naturaleza,
sino que fue creada de la nada (De Gen htt 7,28,43,
Ep 166,2,3), por otra, se opone con energía al traducia-
nismo material, «del que no se puede sostener nada mas
erróneo» (Ep 190,4,14), mas, llegado aquí, su mente os-
cila entre una suerte de traducianismo espiritual y el crea-
cionismo (Retract 1,1,3), era del sentir que ni la razón ni la
Escritura ofrecían argumentos decisivos (De a et eius or 1),
en todo caso, no oculta su preferencia por la segunda opi-
nión (Ep 166,8,25, 190,4,15), y trato de comprender la
propagación del pecado original en una y otra hipótesis
(C luí 5,4,17)
La tesis fundamental que ilumina el misterio del hom-
bre y revela su grandeza es su creación a imagen de Dios,
tesis que cabe calificar de síntesis del pensamiento agusti-
niano Agustín explora la noción de imagen (De Gen htt
o i 57), muestra que es propia del hombre interior, es
decir, de la mente, no del cuerpo (De Trtn 12,7,12, In
lo 8,6), que ha sido impresa inmortalmente en la natura-
leza inmortal de su alma (De Trtn 14,4,6), que consiste en
la capacidad de elevarse hasta la posesión inmediata de
Dios, que ha sido deformada por el pecado y que la gracia
la restaura (íbid , 14,14,18, 14,16,22, 15,8,14) El hom-
bre, por tanto, «es imagen de Dios, en cuanto es capaz de
Dios y puede participar de Dios» (íbid , 14,8,11) «Y esta
es la grandeza de su naturaleza ser capaz de participar de
la naturaleza suma» (íbid , 14,4,6) En cuanto capax Dei, el
hombre es indigens Deo «por haber sido constituido en tan
494
San Agustín
grande dignidad, que, aunque mudable, solo adhiriéndose al
ser inmutable, es decir, a Dios, puede alcanzar su felicidad,
ni puede saciar su indigencia si no es feliz, mas para sa-
ciarla solo Dios basta» (De civ Dei 12,1,3) Esta es la razón
profunda de las conocidas palabras «Nos hiciste, Señor,
para ti, y nuestro corazón esta inquieto mientras no des-
canse en ti» (Conf 1,1,1)
Si imagen significa semejanza, la imagen creada que es
el hombre significa también desemejanza (De
Trtn 15,11,21, Conf 11,9,11) La semejanza es la razón
de la suma conveniencia de la gracia, la desemejanza es la
razón de su gratuidad y trascendencia Agustín examina la
delicada cuestión del encuentro de Dios y el hombre, con-
jugando uno y otro aspecto, que no se deben separar
(Serm 7,7, In ps 101,2,10) En ello insiste cuando expone
como teólogo que el hombre es imagen no solo de Dios
uno, sino de Dios Trinidad, pues en el hombre «el espí-
ritu, su amor y su conocimiento son tres cosas, y estas tres
cosas son una cosa, y, si son perfectas, son iguales» (De
Trm 9,4,4)
La antropología agustimana se ocupa también de la li-
bertad, de las pasiones y del lenguaje Defendió vigorosa-
mente la libertad contra los maniqueos y no la negó, como
veremos (cf p 525ss), contra los pelagianos, la vivió dramá-
ticamente durante la lucha interior que precedió su con-
versión y la exploró en su De libero arbitrio y en otras obras
antimaniqueas Entonces comprendió que en el no existían
dos almas, como querían los maniqueos, sino una sola y
una sola voluntad «Era yo mismo quien quería y yo quien
no quería, yo era yo Ni del todo quería ni quena del
todo De ahí nacía la lucha conmigo mismo »
(Conf 8,10,22) Mas tarde enseñara a sus fieles a no buscar
excusas para sus pecados, sino a decir llanamente «Dios
me ha creado con el libre albedrío, si he pecado, yo he
pecado, yo, yo, no el hado, ni la fortuna, ni el demonio»
(In ps 31,2,16) Y en el De libero arbitrio (3,3,8) había es-
crito «Nuestra voluntad no sería nuestra si no estuviera
en nuestro poder Y porque de hecho esta en nuestro po-
der, por eso para nosotros es libre» Sobre la definición de
libertad y pecado, aclaradas y confirmadas en las Retracta-
tiones (1,15), cf De duab anim c man 10,14-11,15
Psicólogo agudo, Agustín exploró el tema de las pasio-
nes, reduciéndolas a la raíz común del amor (De civ
Dei 14,6) y distinguiendo entre sentido y pasión (C luí
Doctrina
495
op imp 4,29,4,69), en las pasiones advierte tres posibili-
dades ausencia de pasiones, orden en las pasiones, es de-
cir, subordinación a la razón, y desorden en las pasiones o
concupiscencia Solo esta es un mal, porque engendra en
el hombre «una guerra civil» y trata de llevarlo al mal mo-
ral (cf p481ss)
Especial atención recibe hoy día la doctrina agustiniana
del signo (De doctr chr 1,2,2, 2,1,1) y del lenguaje (De
magistro) releída en clave moderna
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496
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4. Soluciones
A los grandes problemas del ser, conocer y amar, que
son los tres grandes problemas de la filosofía, Síin Agustín
ofrece tres soluciones fundamentales, que son la creación,
la iluminación y la sabiduría o felicidad.
Doctrina
497
a) Creación
Doctrina a la vez de fe y de razón (De Gen. litt. 1,
14,28) que esclarece el problema del origen de las cosas.
San Agustín la explora y la defiende contra los mani-
queos, panteístas y neoplatónicos, que, a su entender, la
profesaban, pero la consideraban necesaria y eterna. Dios
creó todas las cosas «no de su sustancia ni de alguna cosa
que no hubiese creado, sino de la nada» (C. Fel.
man. 2,19); y las creó en todos los componentes de su na-
turaleza, de suerte que nada hay en ellas que sea indepen-
diente de su acción. Una cosa puede proceder de otra por
generación, por fabricación o por creación; en el primer
caso es igual al que engendra, en el segundo se presupone
una materia de la que sea fabricada; sólo en el tercer caso
la acción penetra hasta las raíces del ser y obtiene que
exista lo que en modo alguno existía. «Lo que uno hace, o
lo hace de su sustancia, o de una cosa exterior a sí, o de la
nada. El hombre, que no es omnipotente, de su sustancia
engendra el hijo, y como artífice de la madera hace el atea,
pero no la madera; produce el vaso, pero no la plata. Nin-
gún hombre puede hacer algo de la nada, es decir, hacer
que exista lo que antes en modo alguno existía. Dios, en
cambio, que es todopoderoso, de su sustancia ha engen-
drado el Hijo, de la nada ha creado el mundo y de la tierra
ha plasmado el hombre. Gran diferencia separa lo que
Dios ha engendrado de su sustancia y lo que ha hecho, no
de su sustancia, sino de la nada; es decir, ha dado el ser y
ha colocado entre las cosas que existen lo que antes en
modo alguno existía» (C. Fel. man. 2,18). Así, pues, Dios
ha creado a la vez, ha «concreado», la materia y la forma,
entre las que no se da relación temporal, sino sólo de ori-
gen y causalidad (De Gen. litt. 5,5,13-16; Conf. 12,29,40).
Agustín sostiene además, en conformidad con la ense-
ñanza de la fe cristiana, que la creación ha tenido lugar tn
tempore, o mejor, cum tempore (De civ. Dei. 11,6), pues
nada puede ser a Dios coeterno (ibid., 12,15-16; Conf.
12,11,11). Las dificultades de los adversarios son ar-
duas, pues plantean la difícil cuestión de las relaciones en-
tre tiempo y eternidad; pero no insolubles. No existe, res-
ponde Agustín, un antes de la creación, pues Dios no an-
tecede al tiempo con el tiempo, sino con la eternidad
(Conf. 11,10,12-13,16); la creación en el tiempo no com-
porta cambio en Dios, porque Dios «sabe obrar desean-
4c)8 San Agustín
sando y descansar obrando, y puede aplicar a una obra
nueva un plan no nuevo, sino eterno».: el antes y el des-
pués no están en El, sino en las cosas que antes no eran y
luego empiezan a ser (De civ. Dei 12,17,2). Explicaciones
difíciles, pero no absurdas. «¿Qué culpa tengo si el otro no
entiende?» (Conf. 1,6,10), exclama Agustín, consciente de
su vigor especulativo.
Dios crea de la nada, y crea según razones eternas, que
no son otra cosa que las ideas ejemplares existentes en la
mente divina, por cuya participación son todas las cosas
que son, y cada una en conformidad con una particular
idea (De div. qq.83, #.46,2). El ejemplarismo divino es una
de las tesis fundamentales del agustinismo, con valor meta-
físico y gnoseológico.
La doctrina de la creación incluye aún el capítulo de las
rationes seminales o causales. Dios ha creado todo simultá-
neamente, pero no todo de la misma manera: unas cosas ha
creado en sí mismas, como la materia y el alma humana;
otras virtualmente, en sus gérmenes invisibles, casi «semi-
llas de semillas», de las que depende el sucesivo desarrollo
del universo (De Gen. Un. 5,23,44-45; 6,6,10-18,29; De
Trin. 3,8,13-9,16). Esta doctrina ha suscitado y suscita no-
table interés en la época del evolucionismo.
De la doctrina de la creación se desprende la afirma-
ción de la bondad de todas las cosas y la solución del pro-
blema del mal. Dios ha creado las cosas no por indigencia
ni por necesidad, sino «porque ha querido», y ha querido
porque es bueno, y las cosas creadas son buenas: «No hay
razón más justa que ésta, que un Dios bueno cree cosas
buenas» (De civ. Dei 11,21). No existen creaturas malas
(ibid., 12,8), y «es gran error y locura grande achacar a las
cosas de que el hombre se sirve mal, el mal de quien de
ellas mal se sirve» (Serm. 50,7). El pesimismo maniqueo es
por ello absurdo.
El mal no es sustancia (Conf. 7,16,22) — conclusión al-
canzada tras afanosa búsqueda (ibid., 7,5,7-7,1 1) — , sino
defecto, corrupción, privación «o de la medida, o de la
hermosura, o del orden natural» (De nat. boni 4). No
puede existir sino en el bien; no en el Bien supremo, que
es incorruptible, sino en el bien mudable, creado de la
nada. «Preguntamos; ¿cuál es el origen del mal? Respon-
demos: el bien; pero no el Bien supremo e inmutable. Los
males proceden de los bienes inferiores y mudables... Mas
una naturaleza no sería mudable si de Dios procediera sin
Doctrina
499
ser creada de la nada. Por ello, Dios, autor de la natura-
leza, es autor del bien, y las cosas, al sufrir por su condi-
ción una privación de bien, no muestran con ello por
quién han sido hechas, sino de qué han sido hechas, que
no es algo, sino la nada absoluta» (C. luí. 1,8,36-37).
Hay dos especies de mal: el mal que el hombre sufre
contra su voluntad y el mal que comete voluntariamente;
el primero es el mal físico, como el dolor y la muerte, o el
mal de la ignorancia y de la concupiscencia. El segundo es
el mal moral, el pecado, que es iniquidad e injusticia. Uno
y otro son fruto de la deficiencia de la creatura y tienen
por ello causa no eficiente, sino deficiente. «No se busque
la causa eficiente de la mala voluntad, pues tal causa no
es eficiente, sino deficiente... Pretender hallar la causa de esta
deficiencia... es como querer ver las tinieblas u oír el si-
lencio» (De civ. Dei 12,7).
Agustín demuestra contra los maniqueos que la exis-
tencia del mal no contradice la bondad de Dios, pues Dios
no lo causa, sino que sólo lo permite, y lo permite porque
«es bueno y todopoderoso, hasta el punto de sacar bien
del mal» (Ench. 3,11). Contra los pelagianos, y colocán-
dose en plan no metafísico, sino existencial o histórico,
Agustín sostiene que los males del mundo ostentan clara-
mente su carácter penal, y suponen por ello una culpa de
origen, como la fe católica enseña. En esta difícil cuestión,
la doctrina agustiniana se abre camino entre adversarios
encontrados, evitando los escollos de errores opuestos, y
será adoptada en sus líneas fundamentales por los escolás-
ticos.
Otro capítulo relacionado con la doctrina de la creación
es la doctrina sobre el tiempo, que Agustín trata amplia-
mente en Conf. 11. El tiempo es «un enigma intrincadí-
simo» (ibid., 11,22,28): el pasado no es ya, el futuro no es
todavía, y el presente «debe su ser a su deber no ser».
Cierto es que no habría tiempo si no hubiera movimiento
(ibid., 11,14,17). Igualmente es cierto que no habría
tiempo si no hubiera memoria del pasado, intuición del
presente y espera del futuro (11,20,26). El tiempo, por
tanto, no reside tanto en las cosas como en el alma: no es
más que una «distensión»; la «distensión» del alma que
recuerda, intuye y aguarda (11,26,33-28,37). El tiempo se
mide, por tanto, en el alma, donde existe «el presente del
pasado, el presente del presente y el presente del futuro»
(11,20,26): «Un largo futuro es la espera larga del futuro,
500
San Agustín
asi como un largo pasado es la larga memoria del pa-
sado», mientras el presente «es mi atención, por la cual
aquello que todavía no es, pasa a lo que ya no es»
(11,28,38)
Estas consideraciones filosóficas sobre el tiempo prelu-
dian otras sobre la intentto-distentio-extensw, propia del es-
píritu humano, que anhela la eternidad (11,29,39), y sobre
la vida, que, ceñida por el tiempo, no es más que un so-
nido entre dos grandes silencios (In ps 109,20), el silencio
del futuro, que aún no es, y el silencio del pasado, que ya
no es (De l arb 3,7,21)
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5 Milagro P DE VOOGHT, La notion philosophique de miracle
502
San Agustín
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lon s.A.: RTAM 11(1939)197-222; F. Brazzale, La dottrina del
miracolo tn s.A. (Roma 1964).
b) Iluminación
La segunda solución central de la filosofía agustiniana,
e íntimamente vinculada a la primera, es la teoría de la
iluminación, segundo aspecto de la doctrina de la partici-
pación (cf. p.448). «Nuestra iluminación es una participa-
ción del Verbo, es decir, de la vida que es luz de los hom-
bres» (De Trin. 4,2,4). De la teoría de la iluminación, ver-
dadera crux interpretum, ofrecemos, para utilidad del lec-
tor, algunas líneas esenciales.
Por ser un aspecto de la doctrina de la participación, la
teoría de la iluminación no puede ser entendida sin aqué-
lla: Dios, causa del ser, es también luz del conocer. El
hombre aprende la verdad del maestro interior (De
mag. 12,39-14,46), «sol» del alma (Sol. 1,8,15), «en quien,
por quien y por medio de quien resplandecen con resplan-
dor inteligible en el alma todas las cosas inteligibles que
conoce» (ibid., 1,1,3). «En la Verdad misma... en Dios
contemplamos el ideal inmutable de justicia, según el cual
estimamos que se debe vivir» (De Trin. 8,9,13). Pues «si
ambos percibimos la verdad de tus afirmaciones y ambos
percibimos la verdad de las mías, ¿dónde la percibimos.-'
Ciertamente, no yo en ti ni tu en mí, sino que ambos la
percibimos en la verdad inmutable que descuella por en-
cima de nuestras inteligencias» (Con/. 12,25,35). El texto
clásico en la materia es De Trin. 12,15,24: «... la natura-
leza del alma intelectiva ha sido creada de suerte que,
vinculada según un orden natural, por disposición del Crea-
dor, a las cosas inteligibles, las contemple en una luz incor-
pórea especial, lo mismo que el ojo carnal, al resplandor
de esta luz corporal, percibe las cosas que están a su alre-
dedor, pues ha sido creado para esta luz, y a ella se adapta
por creación».
Esta doctrina ha sido interpretada en función del plato-
nismo, del ontologismo, del innatismo y del concepto es-
colástico de abstracción. Las tres primeras interpretaciones
no hacen justicia a los textos. La doctrina de la iluminación:
a) es propuesta en lugar de la teoría platónica de la remi-
niscencia (ibid.); b) excluye el conocimiento inmediato de
Doctrina
Dios — conocemos a Dios per speculum, es decir, a través
de la imagen (ibid., 15,8,14) — , y, por tanto, excluye el co-
nocimiento en Dios de las cosas sensibles (De Gen.
litt. 5,16,34) e inteligibles (ibid., 4,32,49); c) supone que
el alma no posee en sí las ideas preformadas, sino que las
conquista: «La mente humana percibe primero las cosas
creadas, adquiriendo noticia de ellas según su capacidad, y
después busca sus causas, por si de algún modo puede lle-
gar hasta ellas, las cuales moran de manera principal e in-
mutable en el Verbo de Dios, y así contemple las cosas
invisibles de El por medio de aquellas que han sido he-
chas» (ibid.).
Acerca de la cuarta interpretación es preciso hacer una
distinción. Cabe aceptar la comparación con la función
iluminante del entendimiento agente de los escolásticos,
entendido como «semejanza participada de la luz in-
creada»; en este punto se constata una continuidad doctri-
nal. San Agustín afirma con insistencia que la mente hu-
mana no puede ser luz de sí misma (Serm. 67,8; 182,5); es
luz que ilumina, porque, a su vez, es iluminada (ln
lo. 35,3), es decir, es luz creada (C. Faustum 20,7; De pee.
mer. remiss. 1,25,36-38). Dios sólo es luz de sí, y, por
tanto, luz «verdadera» (ln lo. 14,1). La iluminación divina
es el fundamento de la certeza de nuestros juicios y de sus
notas de universalidad y necesidad, y por ello Agustín in-
siste en ella.
Mas si de la cuestión del valor se pasa a la cuestión del
origen de las ideas, es decir, a la abstracción propiamente
dicha como paso de la percepción sensible a la inteligible,
la situación cambia. Agustín distingue tres especies de co-
nocimiento: uno que llama corporal, propio de los sentidos;
otro espiritual, propio de la imaginación, y el tercero inte-
lectual, propio del entendimiento (De Gen. litt. 12,7,16).
Describe el primero y expone su proceso (De Trin. 11,
9,16) y la certeza que le es propia (C. acad. 3,11,26;
De v. reí. 33,62; De civ. Dei 19,18); describe el segundo
en Conf. 10,8,12-14,21, al hablar de la memoria, y cons-
tata el paso de uno a otro; pero nunca habla del paso
del conocimiento imaginativo al intelectivo; aún más,
subraya, por el contrario, la distancia entre uno y otro:
«Como la mente recoge las noticias de las cosas corporales
por medio de los sentidos del cuerpo, así, por medio de sí
misma, las de las cosas incorpóreas» (De Trin. 9,3,3). La
mente contempla las realidades que no son «cuerpo o se-
504
San Agustín
mejantes al cuerpo» (De Gen. Utt 12,24,51) «bien mi-
rando en sí misma, o mirando aquella verdad que es guía
de nuestro espíritu» (De Trin. 14,7,9) Téngase además en
cuenta la conocida distinción entre sabiduría y ciencia — «a
la primera pertenece el conocimiento intelectual de las co-
sas eternas, a la ciencia, en cambio, el conocimiento racio-
nal de las cosas temporales» (De Trtn. 12,15,25) — , y la
otra, que es su fundamento, entre entendimiento y razón,
el primero intuye la verdad inteligible e inmutable, y de
ahí la razón recibe luz para juzgar y gobernar la acción (De
Trtn 12,3,3)
Estudios B Kalin, Dte Erkenntnislehre des hl A (Sarnen
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c) La felicidad
El hombre obtiene la felicidad de la misma fuente que
le procura la fuerza del ser y la luz del conocer, es decir,
de Dios (De av. Dei 11,25), y esta felicidad no puede ser
más que Dios mismo (cf. p.454). Esta es la tercera de las
soluciones fundamentales de la filosofía agustiniana, pro-
puesta ampliamente por el Obispo de Hipona, adentrán-
Doctnna
505
dose por el campo de la moral, de la pedagogía y de la
historia
San Agustín hace suya la noción platónica de la filoso-
fía como búsqueda de la vida feliz, pero a la vez se separa
netamente de los platónicos al definir la naturaleza y las
propiedades de la felicidad (Serm. 241,6) La felicidad es el
«gozo de la verdad» (Conf 10,23,33), y aclara que no
puede ser dichoso «quien no posee lo que ama, sea ello lo
que fuere, quien posee lo que ama, si ello es nocivo, o
quien no ama lo que posee, aunque sea lo mejor» (De mor
ecd. cath 1,3,4). Dichoso es sólo quien posee todo lo que
quiere y no quiere nada malo (De Trtn 13,5,8), pues,
afirma Agustín citando a Cicerón, «no hay miseria mayor
que querer lo que no conviene» (De Trtn 13,5,8,
Ep 130,5,10) Identifica felicidad y sabiduría — «nadie es
sabio sin ser bienaventurado» (De b vita 2,14) y «nadie es
bienaventurado sin ser sabio» (C. Acad. 1,9,24) — , y sos-
tiene contra los neoplatónicos que no hay felicidad verda-
dera si no es eterna (De Trtn 13,7,10-8,11), excluyendo
por ello con energía la teoría del eterno retorno, «pues no
sé si se puede pensar cosa más horrorosa que una tal opi-
nión» (Ep. 166,9,27) Demuestra que la concepción pa-
gana que hace consistir la felicidad en los bienes del
cuerpo o en los bienes del alma, o en ambos a dos, o en los
bienes sociales de la familia, de la amistad, de la ciudad o
en cualquier bien de este mundo, es ilusoria (De av.
Dei 19,4-9), aquí poseemos la felicidad sólo en esperanza,
sin la que la vida presente sería grande miseria
(íbid , 19,22) La felicidad es compatible con el recuerdo,
no con la experiencia del mal (De civ Dei 22,30,4), y,
siendo el bien del hombre entero, en la felicidad participa
también el cuerpo (De Gen Utt. 7,27,38, 12,35,68)
Reduce las virtudes al ordo amoris (De av. Dei 15,22), el
amor ordenado a la vida que se ajusta al orden mismo de
las cosas, que deben ser amadas más o menos según su
perfección y mérito (De d. christ. 1,27,28), y el orden de
las cosas, a la ley eterna, que «manda observar el orden
natural y prohibe perturbarlo» (C Eaustum 22,27), y pone
en evidencia que la ley eterna es expresión manifiesta del
bien supremo y de la perfección de las creaturas, pues
Dios «nada ordena que a sí aproveche, sino a aquel a quien
ordena» (Ep. 138,6), bien y perfección que se compendian
en la paz, que es la «tranquilidad del orden» (De av.
Det 19,13)
506
San Agustín
Formula la doctrina del fruí y uti, distinguiendo entre
las cosas que hacen al hombre feliz, y que deben ser ama-
das por sí mismas como a fin al que llegar y del que gozar,
y las cosas que son medios para el fin, y de las que, en
consecuencia, debemos sólo servirnos (De doctr.
chr. 1,3,3-27,28). Se desprende que todo desorden moral
consiste precisamente en la inversión de este orden de co-
sas, es decir, fruendis uti velle atque utendis frui (De
div. qq. 83 2.30), de suerte que «no existe para el hombre
otra vida viciosa y culpable que la que usa y goza mal de
las cosas» (De Trin. 10,10,13). A la luz de esta doctrina
debe ser entendido el célebre aforismo agustiniano: Ama y
haz lo que quieras (Exp. ep. ad Gal. 57; In ep. lo. 7,8), que
no proclama la autonomía, sino el primado y el dinamismo
del amor.
En conformidad con estos principios, Agustín traza la
senda que conduce a la felicidad individual (Confessiones) y
social (De civitate Dei), senda por la que la Providencia
guía y por la que el hombre se adentra llevado por el
«peso» del amor, que lleva al alma dondequiera es llevada
(Con/. 13,9,10): amor y providencia son los dos fulcros de
la historia personal de cada hombre y de la historia univer-
sal de la humanidad.
La moral tiene como centro el amor de Dios, que se
identifica con el auténtico amor de sí: «Sólo quien ama a
Dios sabe amarse» (De mor. eccl. cath. 1,26,48); o más bien:
«quien ama a sí y no a Dios, no se ama» (In lo. 123,5). La
pedagogía (cf. De magistro y De catechizandis rudibus) tiene
por fundamento el amor — el aforismo citado más arriba se
lee en un contexto y con intención pedagógicas — y se
propone revelar y suscitar el amor (De cat. rud. 4,8;
10,15-15,23: remedios contra las seis causas del tedio); por
eso en pedagogía «vale más la libre curiosidad que la pe-
dante coacción» (Con/. 1,14,23).
La historia, a nivel personal y universal, tiene como
hilo conductor el contraste dramático entre los dos amo-
res; de sí y de Dios (De civ. Dei 14,28); o por mejor decir,
con San Agustín, entre el amor privado y el amor social
(De Gen. litt. 11,15,20). Este drama, aplicado a la humani-
dad, puede ser compendiado, como quedó dicho
(cf. p.392), en cinco actos que se suceden entre el princi-
pio y el fin de los tiempos, y que corresponden a otros
tantos grandes problemas que la historia impone y plantea.
Con las soluciones que Agustín ofrece entramos en el
Doctrina
507
campo de la teología, sin abandonar por ello el de la filoso-
fía pura. Pues si es cierto que la inteligibilidad plena de la
historia la proporciona la fe, es igualmente verdad que la
razón — y lo dicho lo demuestra — dispone de principios
que iluminan su comienzo, su recorrido y su fin: filosofía
y, al mismo tiempo, teología de la historia, en una simbio-
sis muy del gusto del Santo. Hemos presentado una breve
síntesis de la primera, y otro tanto haremos de la segunda.
Conviene entretanto añadir que en su De civitate Dei
ofrece Agustín también una importante doctrina socioló-
gica y política de gran envergadura y que las dos ciudades
no se identifican, sin más, con la Iglesia y el Estado respec-
tivamente; la concepción agustiniana es «mística» (De civ.
Dei 15,1,1), es decir, espiritual e ideal, y deja lugar para
una «ciudad política» que promana de la naturaleza social
del hombre (De b. con. 1,1), con tareas propias, entre las
que sobresale la de procurar la paz terrena, de la que goza
también la ciudad de Dios, peregrina hacia la felicidad
eterna (De civ. Dei 19,26).
Estudios: Cf. la bibliografía, supra, De civitate Dei p.393;
J. Mausbach, Die Ethik des hl. A. (Freiburg 1929); J. Martin,
La doctrine sacíale de s. A. (Paris 1912); B. ROLAND-GOSSELIN, La
morale de s. A (Paris 1925); Ch. Boyer, S. A. moraliste (Pa-
ris 19^2); A. BRUCCULERI, // pensiero sociale di s. A. (Roma 19^2);
J. ROHMER, La finalité morale chez les théologiens de s. A. a Duns
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Giornale di metafísica 9( 1954)555-5^4; K. Forster, Metaphysts-
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ris 1967); F. Campo DEL Pozo, Filosofía del derecho según s. A (Va-
lladolid 1968); F. CAVALLA, Siientia, sapientia ed esperienza sociale
(Padova 1974 ); A. Becker, L'appel des beatitudes. A l'écoute de s. A.
(Paris 197 7 ); F. L. MlLLER, The Fundamental Option in the
Thought of S.A.: DR 95(19 77 )271-283.
3. Teología
Para San Agustín, la teología es «la ciencia que engen-
dra, nutre, protege y fortalece la fe saludable... ciencia en
la que muchos fieles no están impuestos aunque rebosen
plenitud de fe. Una cosa es saber solamente lo que el
hombre ha de creer para alcanzar la vida feliz... y otra sa-
508
San Agustín
berlo de suerte que sea de provecho para los buenos y
contra los impíos sea defendido» (De Trin. 14,1,3).
1. Método teológico
Conviene conocer, ante todo, el método seguido por el
Santo, es decir, los principios en que se ha inspirado para
hacer progresar, como lo ha hecho, la ciencia teológica.
Los principales son:
1. Adhesión plena a la autoridad de la fe, una en su
principio, que es la autoridad de Cristo (C. acad. 3,20,43),
manifiesta en la Escritura, en la tradición y en la Iglesia.
a) De la Escritura pone de relieve su origen divino
(Inps. 90,2,1), la inerrancia (Ep. 28,3,3; 82,1,3), su pro-
fundidad (Ep. 137,1,3), sus riquezas (Conf. 12,14,-
17-32,43). Conocido es el principio enunciado en C. Faus-
tum 11,5: tratándose de la Escritura, «no cabe decir: 'El
autor de este escrito ha errado', pues o el códice es defec-
tuoso, o el traductor se equivocó, o tú no comprendes».
La Escritura es el alma de su teología; la amó y la estu-
dió con verdadera pasión (Conf. 11,2,2-4), revisó crítica-
mente el texto en cuanto pudo, en particular de los Salmos
(cf. Ep. 261,5); comentó muchos de sus libros (cf. p.409ss) e
ilustró la armonía de sus partes (De consensu evangelistarum
P-412).
En todas las controversias teológicas, San Agustín recu-
rre a la Escritura y explora su pensamiento, ilustrando la
solución que propone, ante todo, con un compendio de teo-
logía bíblica sobre la Trinidad (De Trin. 1-5), o sobre la re-
dención y el pecado original (De pee. mer. remiss. 1,33,33-28,
56), o sobre la necesidad de la gracia (De sp. et litt.), o
sobre la gracia y el libre aíbedrío (De gr. etlib. arb.), o sobre la
Iglesia (De un. Eccl.). En los discursos al pueblo cultiva el
sentido alegórico; pero en sus argumentaciones dogmáticas
se atiene al sentido literal, es decir, al sentido querido por el
autor (De Gen. litt. 1,21,41).
b) San Agustín lee la Escritura en la Iglesia y en con-
formidad con la tradición. A los maniqueos replica: «No
creería en el Evangelio si a ello no me moviera la autoridad
de la Iglesia católica» (C. ep. Man. 5,6; cf. C. Faus-
tum 28,2); recuerda a los donatistas las dos cualidades de la
tradición apostólica: la universalidad y la antigüedad (De
bapt. 4,24,31), y a los pelaginos responde que debe ser te-
Doctnna
509
nido por verdadero todo lo que la tradición nos ha trans-
mitido, aunque no se logre explicarlo (C. luí. 6,5,11), pues
los Padres «han enseñado en la Iglesia lo que en la Iglesia
aprendieron» (C. luí. o. i. 1,117; cf. C. luí. 2,10,34).
c) La Iglesia establece el canon de las Escrituras (De
doct. chr. 2,7,12), transmite la tradición e interpreta unas y
otra (De Gen. litt. o. i. 1. 1), dirime las controversias (De
bapt. 2,4,5) y prescribe la regula fidei (De doct. chr. 3,2,2).
Por ello «permaneceré seguro en la Iglesia», dice Agustín,
«cualquiera que sea la dificultad que se presente» (De bapt.
3,2,2), pues «Dios ha asentado la doctrina de la verdad en
la cátedra de la unidad» (Ep. 105,16).
2. Deseo ardiente de alcanzar la inteligencia de la fe
y, en consecuencia, utilización de todos los recursos hu-
manos que permitan conocer mejor las enseñanzas de la
Escritura; recursos que el Santo expone en el De doctrina
christiana: crítica textual (2,14,21-22), aprendizaje de las
lenguas (2,11,16), de la historia sagrada y profana
(2,31,48), de las reglas de la hermenéutica (3), de la dialéc-
tica (2,31,48) y del filosofar. «Si los llamados filósofos en-
señaron alguna cosa verdadera y conforme a nuestra fe, no
sólo no debe ser temida, sino que debe ser reivindicada
para nuestro uso...» (2,40,60). Por lo demás, se precisa
amor intenso (De mor. eccl. 1,17,31), grande humildad
(Ep. 118,22) y estudio asiduo (De Trin. 15,28,51).
3. Firme persuasión de la originalidad de la doctrina
cristiana, afirmada y defendida contra todos: paganos, he-
rejes o judaizantes (De v. reí. 6,10; De ag. chr. 12,13).
Aprueba, por tanto, a los filósofos en aquello que profesan
«en común con nosotros», pero los impugna resuelta-
mente, incluso los más nobles entre ellos, los platónicos,
«en todo aquello que enseñan en desacuerdo con noso-
tros» (De civ. Dei 1,36; cf. ibid., 12,17,2 y Serm. 242,5-6),
pues también en éstos reconoce «grandes errores, contra
los que es preciso defender la doctrina cristiana» (Re-
tract. 1,1,4). Sostiene la identidad de esta doctrina contra
los herejes que comprenden mal las Escrituras, mas reco-
noce al mismo tiempo que para el progreso de la compren-
sión de la fe no han sido inútiles las controversias por ellos
provocadas, pues «muchas verdades de fe, para poder de-
fenderlas contra ellos, se exploran con mayor diligencia, se
comprenden con mayor claridad y se predican con más
grande insistencia, de suerte que la cuestión planteada por
510
San Agustín
el adversario se convierte en ocasión de progreso» (De ctv
Det 16,2,1, cf In ps 54,21)
4 Sentido profundo del misterio, que confiere al es
tudio teológico, a la vez, valentía y discreción y lo dispone
a saber respetar el umbral de la trascendencia divina San
Agustín invoca repe "Jas veces este sentido del misterio
— «es mejor la ignorancia fiel que la ciencia temeraria»
(Serm 27,4) — , y lo aplico a todos los misterios cristianos a
la incomprensibilidad de Dios «Si comprendes, no es
Dios» (Serm 122,5, cf Ep 120,3,13, De Tnn 5,3,4,
7,4,7), a la Trinidad (De Tnn 1,1,1), a la encarnación
(Encb 13,41 Ep 13 7 ,2,8), al pecado original (De pecc mer
remtss 3,4,7), a la libertad y la gracia (íbid , 2,18,28, De
gr Christi 47,32), a la predestinación (De sp et htt 34,60,
Serm 27,7) Por ello es preciso buscar y discutir «con santa
humildad, con paz católica, con caridad cristiana» (De
bapt 2,3,4), siempre dispuestos a aceptar la corrección de
los hermanos y, si dicen verdad, de los adversarios (De
Tnn 2,9,16)
5 Subordinación constante de la teología a la candad
y, en consecuencia, a la vida de la Iglesia, pues «plenitud y
fin de todas las Escrituras es el amor» (De doct
chr 1,35,39), y el amor es, asimismo, el fin de la teología
(De doct chr 1,3,3 40,44), la cual encuentra, a su vez, en el
amor que anima al teólogo un manantial de luz (De
q an 33,76)
6 Atención despierta a la precisión del lenguaje teo-
lógico, pues «los filósofos hablan con palabras desmanda
das , pero nosotros debemos atenernos a reglas precisas,
para que la libertad de las palabras no engendre falsas opi-
niones de las cosas significadas por las palabras» (De ctv
Det 10,23)
Estudios Ch Boyer Phdosophie et theologie chez s A en Es-
sats sur la doctrine de s A 'París 1932) p 184 205
B Vi G ReaRDON The Relation of Philosophy to Faith ¡n the
Teaching of SA SP II [TU 64] (Berlín 195 7 ) p 288 294
E GONZALEZ, El concepto y método de la teología en el «De Trtni-
tate» de s A Augustinus 1(1956)379 398 P Th CAMELOT
Quod tntelligtmus debemus rationt Note sur la methode theologique de
sA HJG 77(1958)^97 402 D J HASSEL Comerston Theory
and Scientta in <De Trinttate» RAug 2(1962)383 401 Id , Me
thod and Scientta tn S A (Diss S Louis 1963)
Doctrina
511
2 Doctrina trinitaria
La doctrina trinitaria de San Agustín constituye un gran
progreso en la linea de la tradición y gobierna el desarrollo
posterior de la teología trinitaria en Occidente
Comienza con la profesión de fe («Esta es mi fe, pues
esta es la fe católica» DeTrin 1,4,7), expone las dificulta-
des que la razón se plantea (íbid , 1,5,8) y explora las Es-
crituras para esclarecerlas, estudia la unidad y propiedades
distintivas de las tres personas (De Tnn 1-4), aclara que
las procesiones y misiones de que habla la Escritura mani-
fiestan el orden de origen de una persona a otra, no su-
bordinación (íbid , 4,20,27, cf C Max 2,14,2-8), destaca
que todas las operaciones ad extra de la Trinidad son co-
munes (la creación y las teofanias del Antiguo y del Nuevo
Testamento), aunque solo el Hijo se ha encarnado
(íbid , 2,10,18), propone la doctrina de las relaciones como
única vía para evitar los errores de Arrio y Sabelio
(íbid ,5 7), fija las reglas para hablar correctamente de este
misterio (íbid ,5 7), ilustra su sentido contra los «gárrulos
razonadores» y, recurriendo a la imagen de la Trinidad en
el hombre, expone su fecundidad espiritual y encamina al
lector al amor y a la contemplación de la Trinidad
(íbid 9-15)
El principio de la igualdad y distinción de las personas
divinas es enunciado en los siguientes términos «Dios es
lo que tiene, excepción hecha de la relación que dice una
persona a otra El Padre tiene Hijo, pero no es el Hijo »
(De ctv Det 11,10,1) La primera parte del principio pro-
fesa la absoluta simplicidad de Dios, en razón de la cual las
personas se identifican con la naturaleza divina, que no es,
por tanto, común a ellas, «como una cuarta entidad», sino
que es, ella misma, la Trinidad (Ep 120,3,3-17) La se-
gunda parte profesa, con la doctrina de las relaciones, la
distinción entre las tres personas «Aunque sean cosas di-
versas ser Padre y ser Hijo, la sustancia, empero, no es
diversa, pues estos apelativos se dicen no según la sustan-
cia, sino según las relaciones, que no son accidentales,
porque no son mudables» (De Trtn 5,5,6)
Ademas de la doctrina de las relaciones, la contribu-
ción de Agustín a la inteligencia del misterio trinitario fue de-
cisiva en otros dos puntos, que la escolástica, con la doctri-
na de las relaciones, hizo también suyos la teología del Es-
píritu Santo y la explicación «psicológica» de la Trinidad
512
San Agusttn
El Espíritu Santo procede del Padre y del Hi)o como
de un único principio (íbid , 5,14,15), pero pnnctpahter
del Padre, pues el Padre, que es «el principio de la dei-
dad» (íbid , 4,20,29), concede al Hijo el espirar el Espí-
ritu Santo (íbid , 15,17,29, ln lo 99,8-9), procede como
Amor, y, por tanto, no es engendrado, pues propio del
amor es no ser imagen, sino peso, don, comunión De este
modo, Agustín ofrece la razón teológica, que Santo Tomás
recoge, que permite vislumbrar la distinción entre la gene-
ración del Hijo y la procesión del Espíritu Santo, una de
las tres cuestiones que había prometido esclarecer al prin-
cipio del De Trimtate (1,5,8), y sobre la que vuelve varias
veces a lo largo de la obra «La voluntad [= amor] procede
del pensamiento, pero no como imagen del pensamiento,
y, por ende, en esta realidad se insinúa una cierta di-
ferencia entre nacimiento y procesión. No es lo mismo
ver con el pensamiento que desear y gozar con la vo-
luntad» (DeTrtn 15,27,50, cf 9,12,18) En cambio, «el
Hijo en tanto es Hijo en cuanto es Verbo, y en tanto es
Verbo en cuanto es Hijo» (íbid., 7,2,3)
La explicación «psicológica» de la Trinidad permite, en
fin, ilustrar, a la vez, el misterio del hombre, creado a ima-
gen de Dios La reflexión agustiniana es original y pro-
funda busca esta imagen en el hombre exterior (íbid ,11),
mas la encuentra sólo en el hombre interior, en la mente, y
la expresa con la fórmula mens, notttta, amor, o con aquella
otra que es una «trinidad mas evidente» (íbid , 15,3,5)
memoria, intelhgentia, voluntas Esta última tríada, por tener
un doble objeto, Dios y el hombre, se convierte en memo-
ria, inteligencia y amor de sí (íbid , 10), o en memoria, in-
teligencia y amor de Dios (íbid , 14-15), que es la seme-
janza más cercana, pero que no deja de ser una «seme-
janza desemejante» (Ep. 169,6, De Trin 15,14,24-16,26)
Estudios M SCHMAUS, Die psychologische Trinitatslehre des hl
A (Munster 1927), F CAVALLERA, Les premieres formules trtnitaires
des A BLE 31(1930)97-123, J Lebreton, S A tbeologten de la
Trintté Son exígese des théophantes MSCA II 821-836, I CHEVA
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cative des textes DT 18(1940)317-384, Id , S A et la pensée grec-
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théorte psychologtque de la Tnnit'e chez s A , en Etudes et recher-
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Doctrina
513
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della relazione nel «De Trimtate» di S A (Napoli 1955), M
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laciones dninas según s A Augustinus 4( 1959)35 3-372,
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ou «propnete» Sciences ecclesiasnques 7( 1955)5 7 -85, Id , Ques-
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l'tntelltgence de la fot trtmtatre selon s A RAug 2(1962)415-445,
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theologie trtmtatre jusqu'en 191 (París 1966), P HADOT, La struc-
ture de lame, image de la Trinite chez Victorinus et chez A SP VI
[TU 81] (Berlín 1962) p 409-442, M SlMONETTI, La processione del-
lo Spirito santo nei Padri latini Maia 7(1954)201-217,
8(1955)308-324, lD , S A e glt Artam REAug 13(1967)55-84,
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nitaria di S A , en Studt tomistia I (Roma 19 7 4) p 119-125, Id ,
y M F SciACCA, Introduzione a La Tnmta NBA 4 p vii-CXXVH,
J VERHEES, A s Trinitatsverstandms tn den Schriften aus Cassicia-
cum RAug l()(1975)45- 7 5
3 Doctrina crtstológtca
Agustín comprendió la doctrina católica de la encarna-
ción del Verbo en vísperas de su conversión
(Con/ 7,19,25), y desde entonces la profeso y defendió
con vigor y perseverancia
Su doctrina no se distingue de la doctrina tradicio-
nal sino por la claridad de su formulación (me refiero
en particular a la fórmula una persona tn utraque natura:
Serm 294,9), por el recurso, cada vez más insistente y ela-
borado, al ejemplo de la unión del alma y el cuerpo, por la
defensa de la doctrina contra todas las herejías que de al-
gún modo negaban u oscurecían la perfecta naturaleza di-
vina y humana de Cristo y por la presentación de Cristo
hombre como ejemplo diáfano de la gratuidad de la gracia.
Las formulas más felices para expresar la unidad de la
persona y dualidad de las naturalezas en Cristo — fórmulas
514
San Agustín
que preludian las de Calcedonia — se leen en sus discursos
Ademas de la ya citada, véanse las siguientes «Aquel que
es Dios es también hombre, y Aquel que es hombre es
también Dios, no por la confusión de las naturalezas, sino
por la unidad de la persona» (Serm 186,1,1), « no dos
personas, Dios y el hombre En Cristo hay, ciertamente,
dos naturalezas, Dios y el hombre, pero una sola persona»
(Serm 130,3) Pero no faltan en otros escritos idemque ipse
utrumque ex utroque unus Chrtstus la misma idéntica per-
sona es uno y otro, un solo Cristo (Dios y hombre)
(Ench 10,35, cf De Trin 1,7,14) Pero sin confusión
«Dios es siempre Dios, el hombre se une a Dios y es una
sola persona, no un semidiós, Dios por parte de Dios y
hombre por parte del hombre, sino todo Dios y todo hombre
totus Deus totus homo» (Serm 293,7)
Esta unión es «admirable e inefable» (Ench 13,41)
Agustín destaca con vigor la diferencia esencial entre los
hombres santificados por Dios y el hombre-Dios «Una
cosa es el Verbo en la carne y otra el Verbo hecho carne,
es decir, una cosa es el Verbo en el hombre, otra el Verbo
hombre» (De Tnn 2,6,11, cf De agón chr 20,22,
Ep 187,40) La mejor analogía de esta singular unión es la
unión en el hombre del alma y del cuerpo, asimismo admi
rabie y misteriosa «Pues asi como en la unidad de la per-
sona el alma se une al cuerpo y es hombre, asi también, en
la unidad de la persona, Dios se une al hombre y es
Cristo» (Ep 137,3,11) Por tanto, «asi como todo hombre
es una sola persona, alma racional y cuerpo, asi también
Cristo es una sola persona, Verbo y hombre»
(Ench 11,36)
De ahí resulta la comunicación de los idiomas que
Agustín utiliza y defiende «Dios nacido», «Dios crucifi-
cado», «Dios muerto», son expresiones frecuentes en sus
escritos, y se justifican por la unidad de la persona, en vir-
tud de la cual Dios es hombre y el hombre es Dios
(Ep 169,2,8), por ello, «Dios no muño, y, sin embargo,
según su humanidad, muño» (Serm 213,4, MSCA 1,444)
Comentando Jn 3,13, enuncia un principio general «en
virtud de la unidad de la persona, el Hijo de Dios esta en
la tierra, y en virtud de la misma unidad de la persona, el
hijo del hombre esta en el cielo » (Serm 94,9) Agustín
insiste, asimismo, en aclarar que el hombre (o la naturaleza
humana, pues Agustín utiliza una y otra con el mismo sen-
tido) fue asumido a la unión personal con el Verbo en el
Doctrina
515
mismo instante en que fue creado y creado tpsa assump-
ttone (C s ar 8), de suerte que, «cuando empezó a ser
hombre, no empezó a ser otro que el único Hijo de Dios»
(Ench 1 1,36), y tal es la razón por la que Cristo hombre es
ejemplo manifestísimo de la absoluta gratuidad de la gracia
(Ench 12,40, De praed s 15,30, De d pers 24,67)
A guisa de compendio de la doctrina cristologica de
San Agustín, cabe citar este texto escrito al fin de sus días
«El cristiano fiel cree y confiesa que en Cristo hay una
verdadera naturaleza humana, es decir, nuestra propia na-
turaleza, pero elevada a la dignidad del Hijo único de Dios
por su asunción incomparable por parte del Verbo, de
suerte que el Asumente y lo asunto son una sola y misma
persona en el seno de la Trinidad Pues no decimos que
Cristo es solo Dios, como los maniqueos, ni solamente
hombre, comj los fotinianos, ni que sea hombre privado
de algo que es parte de la naturaleza humana, como el
alma, o, en el alma, la mente racional o con un cuerpo no
nacido de mujer, sino procedente de la conversión y trans-
formación del Verbo en carne, que son tres falsas y vanas
opiniones de los apolinanstas , sino que decimos que
Cristo es verdadero Dios, nacido de Dios Padre y que el
mismo es verdadero hombre, nacido de una mujer ma-
dre y que su humanidad, por la que es menor que el
Padre, en nada disminuye su divinidad, por la que es igual
al Padre Una doble naturaleza, un solo Cristo » (De
praed s 24,67)
Estudios O SCHEEL Dte Anschauung A s uber Christi Person
undWerk (Tubingen 1901) H PAISSAC Theologie du Verbe S A
et S T bomas (París 1951) E SCANO // crtstocentrismo e i suot fon-
damentt dommatia tn s A (Tormo 1951) T J VAN BAVEL Re-
eberches sur la christologie de s A [Paradosis 9] (Fnbourg 1954),
E BRAEM Chrtstus ais model en genadebron van onze predesttnatte
volgens s A AugL 4( 1954)356 361 G Philips Ltnfluence du
Chrtst Chef sur son Corps mysttque suivant s A AugMag II 80
5 815 ID La mystere du Chrtst ibid III 213 229 A PlOLANTI,
ll misten del «Cristo totale» tn s A ibid III 453 469 L Galati,
Cristo la Via nel pemiero di s A (Roma 1956) T J VAN Bavel,
L humanite du Chrtst comme «lac parvulorum» et comme «vía» dans
la spirttualite de s A AugL 7( 195"? )245 281 FlLIPPO DA Ca
GUARI Cristo glorificato datare di Spirtto santo nel penstero di s A e
di s Cirtllo Alessandrtno (Grottaferrata 1961 ) G Bavaud Un
theme augustinien Le mystere de l Incarnatton a la lumiere de la dis
tinction entre le verbe interteur et le verbe pro/ere
REAug 9(1963)95-101 H M DlEPEN L «Assumptus homo» pa
516
San Agustín
tristique: RT 64(1964)32-52; O. BRABANT, Le Christ, centre et
source de la vie morale chez s. A. (Gembloux 1971); G. MADEC,
«Cbristus, scientia et sapientia riostra». Le principe de cohérence de la
doctrine augustinienne: RAug 10( 19 7 5 )77-85; W. GEERLINGS,
Cbristus exemplum. Studien zur Christologie und Christusverkündi-
gung Augustins (Mainz 1978) (y cf. B. Studer: Aug 191 1979]
539-546); G. RÉMY, Le Christ médiateur dans l'oeuvre de s. A. (Lille-
Pans 1979).
4. Mariología
Para su época, la mariología de San Agustín es singu-
larmente amplia y rica. Ya en el 389 escribía que la Madre
del Señor, la Virgen María, es la dignitas terrae (De Gen. c.
man. 2,24,37). Los puntos más relevantes de su doctrina
son cuatro:
1. Maternidad divina. Después de lo dicho, no es
preciso insistir acerca de la unidad de persona en Cristo.
No duda en afirmar que «Dios ha nacido de una mujer»
(De Trin. 8,4,7), y se explica: «¿Cómo es posible confesar
en la regla de fe que creemos en el Hijo de Dios, nacido
de la Virgen María, si nacido de María fuera no el Hijo de
Dios, sino el Hijo del hombre? ¿Quién niega entre los
cristianos que de esa mujer haya nacido el Hijo del hom-
bre? Mas, Dios hecho hombre, y, por tanto, el hombre
hecho Dios» (Serm. 186,2).
2. Virginidad perpetua. San Agustín la afirma y de-
fiende con particular vigor: «virgen concibió, virgen dio a
luz y virgen permaneció» (Serm. 51,18). A Volusiano, que
proponía las obvias dificultades de la razón, replica: «Con-
cedamos que Dios pueda obrar alguna cosa que debamos
confesar no poder indagar. En tales cosas, toda la razón del
hecho es el poder de quien lo pone por obra»
(Ep. 137,2,8). María emitió su propósito de virginidad an-
tes de la anunciación, y dio con ello principio al ideal cris-
tiano de la virginidad (Serm. 51,26); no obstante, María fue
verdadera esposa de José, e igualmente verdadero el ma-
trimonio y el afecto conyugal que a él la unían (De nupt. et
conc. 1,11,12).
3. Santidad. En polémica contra los pelagianos, Agus-
tín sostiene resueltamente la inmunidad de María de todo
pecado. Ciertamente de todo pecado personal: «Excepción
hecha de la santa Virgen María, de la que, por el honor
debido al Señor, no tolero en absoluto que se haga men-
Doctrina
517
ción cuando se habla de pecado...» (De nat. et gr. 56,42).
¿Cabe entender estas palabras también de la inmunidad del
pecado original? Creo que sí. El principio enunciado es
universal; se añada la respuesta a Juliano, que lo acusaba
de lo contrario, en la que, si se atiende al texto y al con-
texto, se afirma, al mismo tiempo, la universalidad del pe-
cado original y la excepción en favor de María. «No con-
signamos María al diablo por la condición de su nacimiento
— ésta era la acusación — , sino que — esta es la respuesta —
la condición del nacimiento fue eliminada por la gracia de
la regeneración» (C. luí. o. i. 4,122).
3. Las relaciones entre María y la Iglesia forman un
hermoso capítulo de la mariología agustiniana. María es
modelo de la Iglesia; modelo por el esplendor de sus vir-
tudes y por la gracia de ser corporalmente lo que la Iglesia
debe ser espiritualmente, es decir, virgen y madre; virgen
por la integridad de la fe, madre por el fervor de la caridad
(Serm. 188,4; 191,4; 192,2). María es madre de la Iglesia
(Agustín la llama «madre de los miembros de Cristo»)
«por haber cooperado con la caridad a que los fieles nacie-
sen en la Iglesia» (De s. virg. 6,6).
Estudios: Ph. FRIEDRICH, Die Mariología des hl. A.
(Kóln 1907); F. S. MULLER, A. amicus an adversarius immaculatae
conceptionis?: MSCA II 885-914; F. Hofmann, Mariens Stellung
in der Erlosungsordnung nach dem hl. A. (Dusseldorf 1952);
Y. CONGAR, Marie et l'Eglise dans la pens'ee patristique:
RSPT 38(1954)3-38; M. Pellegrino, S. A., La Vergine María.
Pagine scelte (Roma 1954); I. DlETZ, Ist die hl.Jungfrau nach A.
«immaculata ab initio»?, en Virgo Immaculata IV (Roma 1955)
p.61-112 (= AugL 5(1954] 362-411); Id., María und die Kirche
nach dem hl. A., en María et Ecclesia III (Roma 1959) p. 20 1-239;
P. Frua, L'lmmacolata Concezione e S. A. (Saluzzo 1960); J. Mo-
ran, La mariología de s. A. a través de la bibliografía (1900-1950):
RET 23(1963)333-366; Ch. Boyer, La controverse sur l'opinion de
s. A. touchant la conception de la Vierge, en Essais anciens et nou-
veaux sur la doctrine de s. A. (Milano 1970) p.345-359; E. LAMI-
RANDE, En quel sens peut-on parler de d'evotion mariale chez s. A. en
De prímordiis cultus mariani III (Roma 1970) p. 17-35; J. MoRÁN,
¿Puede hablarse de culto a María en S. A.?: Aug 7( 1967)5 14-52 1 ;
I. FalGUERAS Salinas, La contribución de S. A. al dogma de la In-
maculada Concepción de María: Scripta theologica 4(Pamplona
1972)355-433.
518
San Agustín
5 . Soteriología
Los dos temas en que Agustín profundizó de manera
más determinante son la soteriología y la gracia, temas que
ilustró contra pelagianos y paganos para que no fuese vana
la cruz de Cristo (1 Cor 1,17).
1. Naturaleza y unicidad de la mediación. Cristo es
mediador en cuanto hombre (Conf. 10,43,68; De civ.
Dei 9,15,2), o, por mejor decir, en cuanto hombre Dios:
«No es mediador el hombre sin la divinidad, ni es media-
dor Dios sin la humanidad... mas entre la humanidad sola y
la divinidad sola es mediadora la humana divinidad y la
divina humanidad de Cristo» (Serm. 47,12,20). Aún más,
sólo el hombre Dios podía ser mediador. Agustín lo afirma
enérgicamente contra la demonología platónica (De civ.
Dei 9-10). El mediador debe estar en medio de los extre-
mos que debe unir, a la vez unido a ellos y distinto de
ellos: entre Dios, justo e inmortal, y los hombres, mortales
e injustos, debe ser justo y mortal; justo como Dios y
mortal como los hombres (Conf. 10,42,67). Por ello,
Cristo, hombre Dios, es mediador de libertad, vida, unidad
y salvación para todos los hombres (De Trin. 4). Fuera de
esta vía universal, «que nunca ha faltado al género hu-
mano, nadie ha sido liberado, nadie es liberado y nadie
será liberado» (De civ. Dei 10,32,2); vía abierta también a
los gentiles, fuera de Israel, antes de la venida de Cristo,
como Agustín advierte de forma explícita (De civ.
Dei 18,47).
2. Cristo es mediador en cuanto redentor. A este fin, el
Obispo de Hipona presenta el primer ensayo de teología
bíblica, en el que demuestra que el motivo de la encarna-
ción, según las Escrituras, no es otro que la redención de
los hombres. Una vez examinados los textos — y son mu-
chos, más de sesenta — , concluye: «El Señor Jesucristo no
por otra razón vino en carne... sino para vivificar, salvar,
liberar, redimir e iluminar a quienes se hallaban en la
muerte, en la enfermedad, en la esclavitud, en la cautivi-
dad y en las tinieblas de los pecados». De donde se sigue
«que no pertenece a Cristo quien no precisa de la vida, de
la salud, de la liberación, de la iluminación» (De pee. mer.
remiss. 1,26,39). De esta conclusión se desprenden las tres
propiedades esenciales de la redención, a saber, la necesi-
dad, pues nadie puede salvarse sin Cristo; la objetividad,
pues no consiste sólo en el ejemplo de virtudes que imitar,
Doctrina
519
sino en la reconciliación con Dios, y la universalidad, pues
Cristo murió por todos los hombres sin excepción alguna.
De la teología de la redención, San Agustín deduce la
teología del pecado original, no al contrario, como algunos
piensan. El pecado original es un alejamiento de Dios,
precisamente porque Cristo nos ha reconciliado con Dios;
todos nacen con él, porque a todos ha redimido Cristo; no
es sólo imitación del mal ejemplo de Adán, porque la re-
dención no es sólo la imitación del buen ejemplo de
Cristo. Dos solidaridades de signo contrario, pero indiso-
lublemente vinculadas entre sí, a saber, con Adán y con
Cristo. «Toda la fe cristiana estriba propiamente en la
causa de dos hombres» (De pee. orig. 24,28). «Uno y uno:
uno que conduce a la muerte, uno que otorga la vida.»
(Serm. 151,5). «Todo hombre es Adán, como en aquellos
que creen, todo hombre es Cristo» (ln ps.70 serm. 2,1). Se
cita a menudo, como prueba del pesimismo agustiniano, la
expresión massa damnata, mas se olvida que, para San
Agustín, la humanidad es también massa redempta, es decir,
reconciliada con Dios, como parece en los textos citados, y
más claramente en el siguiente: «Por medio de este Me-
diador, se reconcilia con Dios la massa de todo el género
humano, que de él se había alejado por medio de Adán»
(Serm. 293,8). En el orden de la argumentación teológica,
se procede de la masa redimida a la masa condenada, es
decir, de la universalidad de la redención se concluye la
universalidad del pecado: si uno ha muerto por todos,
luego todos han muerto (2 Cor 5,14); muertos — inter-
preta Agustín, que cita a menudo el texto — a causa del
pecado, que en los niños no puede ser otro que el pecado
original (cf., v.gr., C. luí. 6,4,8). En Agustín late, pues, un
optimismo de fondo, anclado en la doctrina cristológica
que ilumina el misterio de la gracia, compendiado en la
doble solidaridad: con Adán y con Cristo.
3. Cristo es redentor como sacerdote y sacrificio. Cristo
fue ungido sacerdote no con óleo visible, sino «con la un-
ción mística e invisible cuando el Verbo se hizo carne, es
decir, cuando la naturaleza humana... fue unida a Dios
Verbo en el seno de María para formar con él una sola
persona» (De Trin. 15,25,46). Pero Cristo quiso ser no
sólo sacerdote, sino además sacrificio: «Por nosotros, ante
ti, sacerdote y sacrificio, y en tanto sacerdote en cuanto
sacrificio» (Conf. 10,43,69). Ofreció al Padre un sacrificio
sumamente verdadero, libre y perfecto, con el que «purgó,
520
San Agustín
abolió y extinguió todas las culpas de la humanidad, resca-
tándonos del poder del demonio» (De Trin. 4,13,-
16-14,19).
Acerca de la teoría de los derechos del demonio, en la
que a menudo se insiste, conviene recordar que, según San
Agustín, Cristo murió «para cumplir la voluntad de un Pa-
dre bueno, no para saldar la deuda a un mal príncipe»
(Serm., Morin 17: ¡VISCA 1,662).
Estudios: O. Scheel, Zu A.s Anschauung von Erlbsung durch
Chrisius: ThStK ~*7( 1904)401-433. 491-554; C. van Crom-
BRUGGE, La doctrine christologique et sotériologique de s. A. et ses
rapports avec la néo-platonismo: RHE 5( 1904)237-257.4 7 7-503;
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lein 1950); H. E. W. TURNER, The Patristic Doctrine of Rédemption
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Das Lamm ais Christussymbol in den Schriften der Water
(Wien 1963); J. P. JOSSUA, Le salut, incarnation ou mystere pascal
(París 1968).
6. Antropología sobrenatural
De la doctrina de la redención es inseparable, como se
ha dicho, la doctrina del pecado original y la doctrina de la
justificación, de la gracia adyuvante y de la predestinación,
cuatro temas fundamentales de la antropología sobrenatu-
ral que San Agustín exploró en polémica con los pelagia-
nos, haciendo progresar de manera decisiva la teología ca-
tólica en estos puntos. Para comprender la profunda elabo-
ración agustiniana es preciso tener presentes cuáles fueron
los términos y la naturaleza de la polémica. Agustín no
negó lo que los pelagianos afirmaban, a saber, la bondad
de la creación, el libre albedrío, la utilidad de la ley y los
méritos de las buenas obras, sino que afirmó lo que aqué-
Doctrina
521
líos negaban, a saber, la redención, la gracia, la libertad
cristiana y el don gratuito de la salvación. Es obvio que las
exigencias de la polémica le obligaron a insistir en aquello
que los pelagianos negaban, pero su propósito declarado
era lograr la síntesis, la armonía de los contrarios; una y
otra vez repite que la doctrina católica discurre entre los
opuestos errores de los maniqueos y de los pelagianos, le-
jos tanto de unos como de otros (C. d. epp. peí. 2,1,1-2,4;
De nupt. conc. 2,3,9, etc.), como en su día se abrió camino
entre los errores, igualmente encontrados, de los sabelia-
nos y de los arríanos (De nupt. conc. 2,23,38), y, en vida de
Agustín, entre los de los maniqueos y de los secuaces de
Joviniano (C. luí. 1,2,4). Y es deber reconocer que, a pe-
sar de las insidias de la polémica y las dificultades de la
terminología, mantuvo su propósito, defendiendo denoda-
damente el veritatis médium (De s. virg. 19), es decir, la vía
media de la verdad, que discurre segura entre los extre-
mismos encontrados. Defendió la existencia del pecado
original contra los pelagianos y reafirmó, a la vez, la bon-
dad de todas las cosas contra los maniqueos; defendió la
remisión total y perfecta de los pecados en el bautismo,
pero se opuso, asimismo, a la tesis pelagiana de la impec-
cantia, poniendo en claro que la plenitud de la justificación
no se alcanzará nunca en esta vida; enseñó la necesidad de
la gracia y, a la vez, la libre cooperación del hombre, la
gratuidad de la elección divina a la vida eterna y la culpabi-
lidad de los que no se salvan.
El mismo equilibrio caracteriza su doctrina sobre la
Iglesia, sobre los sacramentos y la escatología.
1. En el pecado original (originado) distingue entre
existencia y naturaleza; defendió enérgicamente la pri-
mera, pero se mostró cauto y prudente en pronunciarse
acerca de la segunda.
a) Defendió su existencia con todos los argumentos
de la teología, bíblicos, litúrgicos, patrísticos y de razón.
Los primeros textos bíblicos que comparecen en sus
escritos, en el 388 y 392 respectivamente, son:
1 Cor 15,22 (De mor. eccl. cath. 1,19,35) y Rom 5,19
(C. Fort. 2,22), no Rom 5,12. Al surgir la controversia pe-
lagiana, Agustín desarrolla ampliamente la argumentación
bíblica sobre la finalidad soteriológica de la encarnación
(cf. p.518). Cuando cita Rom 5, no se centra exclusiva-
mente en 5,12, sino que toma en consideración todo el
texto de 5,12-19 (De nupt. conc. 2,28,47).
Patrología 3
18
522
San Agustín
El argumento litúrgico del bautismo de los niños
(Serm. 294) confirma y esclarece la argumentación bíblica
(De pecc. mer. remiss. 3,4,7), mientras que el argumento pa-
trístico demuestra el carácter tradicional de la doctrina
(C. luí. 1-2). En razón de este argumento, Agustín puede
afirmar: «No he sido yo quien ha inventado el pecado ori-
gina!, que la fe católica cree desde la antigüedad» (De nupt.
conc. 2,12,25). Juliano lo acusa de haber cambiado parecer;
Agustín lo niega resueltamente e invita al adversario a leer
sus primeros escritos (C. luí. 6,12,39). El estudio atento
de tales escritos le da, sin duda, la razón: Agustín, como
explícitamente él reconoce (Retract. 2,1,1; De praed.
s. 3,7-4,8), mudó de parecer no sobre el pecado original,
sino sobre el inicio de la fe, acerca del cual, en rigor de
términos, no cabe hablar de cambio de doctrina, sino de
una percepción teológica más profunda provocada por la
controversia pelagiana. Si de cambio se ha de hablar, éste
concierne a cuestiones secundarias, como la interpretación
del texto de Rom 7,14-25 (Retract. 1,23; 2,1,1).
El argumento de razón invita, en fin, a reflexionar so-
bre las enseñanzas de la fe y muestra que el problema del
mal, en su perspectiva existencial e histórica, es incom-
prensible sin el pecado original (como es insuperable sin la
redención). El hombre, sujeto a tantos males como el do-
lor, la muerte, la ignorancia y la concupiscencia, es, sin
duda, un ser miserable; mas, «bajo Dios justo, nadie es
miserable si no es por su culpa» (C. luí. o. i. 1,39; cf. De
civ. Dei 22,22; C. luí. 4,16,83; C. luí. o. i. 6,5; acerca de
los males que padecen los niños cf. ibid., 6,27; 6,36,41;
Ep. 166,16-20).
b) Acerca de su naturaleza, Agustín reconoce su ca-
rácter misterioso (cf. p.510); aclara, en todo caso, que se
transmite no por imitación, sino por propagación (De
pee. mer. remiss. 1,9,9-11), y propone la siguiente defini-
ción: el pecado original es la concupiscencia unida al reato
(De nupt. conc. 1,25,28-26,29), entendiendo por concupis-
cencia la inclinación del ánimo a anteponer los bienes
temporales a los eternos (De mend. 7,10), y por reato, el
estado de enemistad con Dios y la privación de la vida
divina (De pee. mer. remiss. 1,11,13-39,70; 2,28,45). Es
falso, por tanto, aunque se siga repitiendo, que San Agus-
tín identificó pecado original y concupiscencia. Esta ecua-
ción no responde a los textos; San Agustín distingue entre
apetito y concupiscencia; el primero es un bien; la se-
Doctrina
523
gunda, si está desordenada, es un mal (C. luí. o. i. 4,29), y
entre concupiscencia ordenada, o sometida a la razón, y
concupiscencia desordenada (C. d. epp. peí. 1,17,34-35;
C. luí. o. i. 1,70; 2,18, etc.), y afirma con toda claridad y
resolución que la concupiscencia desordenada en sí, es de-
cir, sin el reato que el bautismo remite, o sin el consenti-
miento personal, no es pecado, aunque sea un mal; se le
llama pecado porque del pecado procede y al pecado in-
clina (De pecc. mer. remiss. 2,4,4; 2,28,45; De nupt.
conc. 1,23,25; C. d. epp. peí. 1,13,27), palabras que el conci-
lio de Trento hará suyas para proponer la doctrina católica
(DS 1515).
2. La doctrina del pecado original remite a la doctrina
de la justificación, que la esclarece y confirma. Para com-
prenderla es preciso, ante todo, distinguir, siguiendo a San
Agustín, entre remisión de los pecados y renovación inte-
rior (De Trin. 14,17,23) y entre justificación inicial y justi-
ficación total y definitiva (C. d. epp. peí. 3,3,4-5).
La remisión de los pecados es «plena y total», «plena y
perfecta» (De pecc. mer. remiss. 2,7,9): todos los pecados sin
excepción son remitidos (De g. peí. 12,28) y el hombre re-
cobra la inocencia (C. luí. o. i. 6,19). En este punto, San
Agustín insiste sin descanso. En cambio, la renovación in-
terior es progresiva y alcanza su perfección sólo en la resu-
rrección, cuando el bautismo desplegará plenamente su
eficacia y cesarán la «mortalidad» y la «enfermedad», dos
males contra los que el hombre, incluso justificado, debe
combatir, y, mediante este combate, progresar en su justi-
ficación (C. d. epp. peí. 3,3,5). Mas, aunque sea inicial, la
justificación cristiana comporta ya en esta vida la restaura-
ción de la imagen de Dios, que, «impresa inmortalmente
en la naturaleza inmortal del alma» (De Trin. 14,4,6), ha-
bía sido empañada por el pecado, pero no destruida (ibid.,
14,3,18; 15,8,14); la vida divina de la gracia (In ps. 70,2,3),
que el Espíritu Santo «infunde de manera oculta también
en los niños» (De pecc. mer. remiss. 1,9,10), la deificación
(In ps. 49,2; Serm. 166,4), la inhabitación del Espíritu
Santo, que mora en los bautizados como en un templo,
aunque de ello no tengan noticia, como sucede a los niños
(Ep. 187; cf. p.439).
No obstante estos dones sublimes, la justificación
cumplida se alcanza sólo en el más allá; la idea de justifica-
ción que Agustín propone tras atenta lectura de los evan-
gelios y de Pablo, es esencialmente, aunque no exclusiva-
524
San Agustín
mente, escatológica y abarca toda la historia de la salvación
vista como historia de la libertad: antes del pecado, el
hombre gozaba de la libertas minor, que consistía en «po-
der no pecar» y «poder no morir»; con el pecado pierde
esta libertad, que Cristo gradualmente le restituye; des-
pués de la resurrección gozará de la libertas mator, que
consiste en «no poder pecar» y en «no poder morir», pro-
piedades esenciales ambas de la naturaleza divina, de las
que el hombre, plenamente justificado, es hecho partícipe
(De c. et gr. 12,32).
3. En torno al tema de la justificación gira toda la
doctrina de la gracia adyuvante, punto crucial de la contro-
versia pelagiana; Agustín defendió su naturaleza y propie-
dades, a saber, la necesidad, eficacia y gratuidad; defensa
que le mereció el título de Doctor de la Gracia.
a) Naturaleza
La gracia, en su acepción cristiana, no es, como pre-
tendían los pelagianos, la creación, aun siendo éste
don gracioso de Dios (De n. et gr.; cf. p.422); Serm. 26,4;
Ep. 177,7); ni la ley, aunque, por indicarnos la vía de la
salvación, sea beneficio y muestra de benevolencia (De sp.
litt.; cf. p.422); ni la sola justificación. A estas tres acep-
ciones del término gracia, que San Agustín reconoce y
acepta, es preciso, según él, añadir un cuarto, a saber, el
auxilio divino para cumplir lo que la ley manda, para obte-
ner la justificación y perseverar en ella. «Esta es la gracia
que Pelagio debe admitir, si pretende no sólo ser llamado,
sino ser de hecho cristiano» (De gr. Chr. 16,11).
La función de esta gracia es alejar los obstáculos que
impiden a la voluntad hacer el bien y huir del mal. Estos
obstáculos, consecuencias del pecado original, son dos: «la
ignorancia y la debilidad» (De pea. mer. remiss. 2,17,26);
mas, por ser mayor el segundo, la gracia adyuvante es mo-
ción de la voluntad, más que iluminación del entendi-
miento (De sp. litt. 3,5); según la definición agustiniana, la
gracia es «la inspiración de la caridad, por la que con santo
amor hacemos lo que conocemos que debe hacerse» (C. d.
epp. peí. 4,5,11). La oposición a la concepción naturalística
de Pelagio es rotunda: «¿Quién, sino el mismo Dios da a
los hombres el amor de Dios y del prójimo.'' Si la caridad
no procede de Dios, sino de los hombres, tienen razón los
pelagianos; mas, si de Dios procede, hemos vencido a los
pelagianos» (De g. et l. a. 18,37).
Doctrina
525
b) Necesidad
Agustín afirma la absoluta necesidad de esta gracia.
tanto para evitar el pecado como para convertirse a Dios y
alcanzar la salvación. En este punto, su desacuerdo con los
pelagianos afecta no los principios, sino las conclusiones.
Ambos partían de un principio común, a saber, que Dios
no manda lo imposible. De ahí concluían los pelagianos:
luego la gracia no es necesaria; Agustín, en cambio, con-
cluía: luego es necesaria la oración que nos obtenga la gra-
cia. La observancia de los mandamientos no es posible sin
la gracia, y sin la oración es imposible obtener la gracia:
«Dios no manda lo que no es posible; pero, al imponer un
precepto, te amonesta que hagas lo que está a tu alcance y
pidas lo que no puedes (De nat. gr. 43,50), y te ayuda para
que puedas, pues Dios "a nadie abandona si no es abando-
nado"» (ibid., 26,29), principio y conclusión que hace suyos
el concilio de Trento (De iust. c. 11).
La argumentación agustiniana se funda en la Escritura y
en la liturgia, y la liturgia de petición, no menos esencial
que la liturgia de alabanza, supedita la razón teológica. Por
exigencias de la polémica, Agustín se vio obligado a insistir
en lo que la naturaleza humana no puede sin la gracia.
Acerca del aspecto positivo de la cuestión, debatida por los
escolásticos y, en polémica con éstos, por reformadores y
jansenistas, la postura de San Agustín es claramente mu-
cho más matizada. Acerca de las virtudes de los paganos
cf. C. luí. 4,3,21-33; De civ. Dei 19,25; De sp. litt. 28,48.
c) Eficacia
El tema de la eficacia de la gracia presenta mayores di-
ficultades, pues entra en juego el tema delicadísimo de la
libertad. Agustín, que tiene conciencia de ello, hace suya la
postura evangélica y tiene como lema programático las pa-
labras de Cristo: Si el Hijo os librare, seréis verdaderamente
libres (Jn 8,36). Cuatro son las libertades cristianas; libertad
del pecado, de la inclinación al mal, de la muerte y del
tiempo, y por ellas se obtiene la justicia, el orden, la in-
mortalidad y la eternidad (In lo. 41,9-13). Agustín se hizo
defensor y cantor de estas libertades y en función de ellas
interpretó la historia (cf. p.524). A guisa de compendio de
su doctrina acerca de la primera de estas libertades, la li-
bertad del pecado, léase el siguiente texto: «¿Acaso el li-
bré albedrío es destruido por la gracia? De ningún modo;
526
San Agustín
antes bien, con ella lo fortalecemos Pues asi como la ley
es establecida por la fe, asi el libre albedno no es aniqui-
lado, sino fortalecido por la gracia Puesto que ni aun la
misma ley se puede cumplir si no es mediante el libre al-
bedno, sino que por la ley se verifica el conocimiento del
pecado, por la gracia, la curación del alma de las heridas
del pecado, por la curación del alma, la libertad del albe-
dno, por el libre albedno, el amor a la justicia, y por el
amor de la justicia, el cumplimiento de la ley Por eso, asi
como la ley no es aniquilada, sino restablecida por la fe,
puesto que la fe alcanza la gracia, por la cual se cumple la
ley, del mismo modo, el libre albedno no es aniquilado,
sino antes bien restablecido por la gracia, pues la gracia
sana la voluntad para conseguir que la justicia sea amada
libremente» (De sp litt 30,52, trad E López)
La perspectiva agustiniana se atiene a la concepción
evangélica de la libertad como liberación del mal, mas no
por ello ignora los problemas que plantea la libertad de
elección, objeto prevalente de las discusiones escolásticas
En este punto, Agustín se muestra inconmovible en los
principios, claro en las amonestaciones y cauto en las solu-
ciones Sostiene que tanto la libertad de elección como la
eficacia de la gracia deben ser tuteladas simultáneamente, y
a este fin compuso su obra De gratta et libero arbitrio
(cf p427) «El libre albedno no sucumbe porque es ayu-
dado, sino que es ayudado para que no sucumba»
(Ep 157,2,10) «Quien, pues, te hizo sin ti, no te justifica
sin ti Hizote sin tu saberlo y no te justifica sin tu que-
rerlo» (Serm 169,11,13) La argumentación se reduce a un
motivo cnstologico según la Escritura, Cristo es juez y
Salvador «Si la gracia no existe, piorno salva al mundo'' Si
no existe el libre albedno, ^como juzga al mundo' 1 »
(Ep 214,2)
Sostiene igualmente que la armonía entre estas dos
verdades, ambas ciertas e innegables, «es asunto muy d» 1 "
cil, que pocos entienden» (Ep 214,6), y motivo de an s,e '
dad para todos (De pea mer remiss 2,18,28), ya que. *
defender una, se da y se recibe la impresión de neg ar
otra (De gr Chr 47,52, De gr et l arb 1,1) De esta co"
viccion nace su consejo — poco entendido en verdad
profesar firmemente los términos del problema aU
cuando se oculte su concordia (Ep 214,2) , e?
Por su parte, prefiere detenerse, según su costurn ^
en los umbrales del misterio «El hombre es atraído P° r
Doctrina
527
gracia miris modts» (C d epp peí 1,37), mas no por ello
renuncia a proponer principios e indicaciones que ayuden
a esclarecerlo Insiste, ante todo, en la «omnipotentísima»
acción divina, que tiene en sus manos nuestra libre volun-
tad mas de cuanto pueda estarlo en las nuestras (De c et
gr 14,45), y en la «suave liberalidad del amor», propia de
la gracia (C luí o i 3,112, De pecc mer remiss 2,17,26),
que mueve por ello nuestra voluntad, sin violar su libertad,
y no permite que sucumba al mal
d) Gratuidad
La gracia es un don gratuito de la benevolencia divina,
principio que Agustín defiende contra los pelagianos (De
d pers 2,4, C d epp peí 3,8,24, 4,7,19, C luí 3,1,2),
quienes, por el contrario, sostenían que era dada según los
merecimientos (De gestis Peí 14,30, De gr et l arb 5,10,
14,27) Don de Dios es también el inicio de la fe (De
praed s, cf p428) — punto en el que reconoce haber
errado en otro tiempo dbid , 3,7, 4,8) — , don de Dios,
asimismo, la perseverancia final (De d pers, cf p 428)
No perecen por ello los méritos del hombre, sino que
dependen del don de la gracia «,-No existen, pues, los
méritos de los justos' Existen sin duda, pues son justos
Pero no existieron para que lo fueran» Por tanto, «cuando
Dios corona nuestros méritos, no otra cosa corona que sus
dones» (Ep 194, 6, 19) «Los méritos son, ellos mismos,
don gracioso» (Ep 186,10, De gr et l arb 5,10 8,20)
4 La necesidad de defender la gratuidad de la gracia
lo llevo a ocuparse del tema de la predestinación, que es su
razón y el baluarte inexpugnable que la defiende (De d
pers 21,54) La predestinación es, en palabras de Agustín,
«la presciencia de Dios y la preparación de sus beneficios,
por los cuales certisimamente se salva todo el que se salva»
Obid , 14,35) Ningún otro punto de la doctrina del Santo
ha sido tan debatido como el tema de la predestinación,
desde el tiempo de los monjes de Marsella (semipelagia-
nos) hasta nuestros días Desde Godescalco (siglo VII),
muchos la han interpretado, erróneamente, en sentido
predestinacionista Para entenderla correctamente es pre-
ciso limitarse a sus escritos y prescindir por el momento de
las discusiones posteriores Entonces se vera que también
en este punto, difícil y oscuro mas que ningún otro, San
Agustín ha procurado exponer el sentir de las Escrituras,
ha enseñado las dos verdades, contrarias en apariencia, en
528
San Agustín
que se compendian sus enseñanzas; ha deducido las conse-
cuencias que se siguen en el orden pastoral, y se ha dete-
nido, en éste más que en ningún otro punto, en los umbra-
les del misterio, invitando a los demás a imitar su proceder.
El problema se le plantea, y en él profundiza en los
comienzos de su episcopado (cf. p.438), y desde entonces
no abrigó duda alguna acerca de la gratuidad de la predes-
tinación, de la que es ejemplo manifiesto nuestro Salvador,
el hombre Cristo Jesús (cf. p.515).
Los términos, aparentemente contradictorios (como en
todo misterio cristiano), del problema son la gratuita predi-
lección de Dios por los elegidos y el amor de Dios por
todos los hombres. Por tanto, «que algunos se salven, es
don de quien los salva; que algunos se condenen, es mérito
de quien se condena» (DS 623), como declara el concilio
de Quiercy, que, oponiéndose a la doble predestinación,
expresa el genuino sentir de San Agustín. No es de extra-
ñar que San Agustín haya insistido más en el primero de
los dos términos, pero es igualmente cierto que nunca
negó, antes bien afirmó repetidas veces el segundo.
En efecto: a) enuncia el principio universal según el
cual Dios es «ordenador y creador de todas las cosas natu-
rales, mas de los pecados sólo ordenador» (Con/. 1,10,16;
De Gen. litt. 3,14,37), y por ello puede condenar, pero no
ser autor de iniquidad (Ep. 194,6,30); b) distingue entre
predestinación y presciencia, y aclara que los pecados son
objeto de la presciencia divina, no de la predestinación (De
an. et eius or. 1,7,7; De praed. s. 10,19); c) sostiene que la
justicia de Dios exige que no se dé pena sin culpa: «Dios
es bueno, Dios es justo; porque es bueno, puede liberar a
muchos sin merecimientos; porque es justo, a nadie puede
condenar sin deméritos» (D. luí. 3,18,36); d) pone de re-
lieve, ante todo, que Cristo, prueba suprema del amor de
Dios a los hombres (De Trin. 4,1,2), murió por todos, in-
cluidos aquellos que de hecho no se salvarán (cf. p.515).
Dios, por tanto, es Padre de todos los hombres, y quiere
que todos alcancen la salvación. Esta conclusión, a saber, la
universalidad de la redención, es tan evidente, que los
predestinacianos de todas las épocas la han negado, siendo,
en cambio, reafirmada una y otra vez contra ellos por la
doctrina católica.
Conviene, asimismo, tener presente que la doctrina
agustiniana sobre la gratuidad de la predestinación obe-
dece a tres presupuestos: uno exegético, la interpretación
Doctrina
529
de San Pablo (De div. qq. ad S. 1 q.2); otro escatológico,
los debiti fines de las dos ciudades, diversos entre sí e
igualmente eternos (De civ. Dei 21); un tercero teoló-
gico-metafísico, la omnipotencia de la acción divina,
que, si bien no puede salvar a quien no quiere, puede mu-
dar, sin violentar su voluntad, su no querer en querer
(Ench. 25,98; C. d. epp. peí. 1,19,37; De praed. s. 8,15;
C.lul.o. i. 2,157; 3,122; 6,10). Es preciso, por tanto, exami-
nar su doctrina a la luz de estos principios, si se quiere
interpretarla correctamente.
De estos principios, y en especial del último, que
enuncia el aspecto más profundo del misterio, depende la
interpretación exegética restrictiva que propone en los úl-
timos años del pasaje paulino de 1 Tim 2,Á(Ench. 21 ,\0i\De
praed. s. 8,13). Dios, de hecho, tiene siempre en su haber
una gracia que ningún corazón, por duro que sea, podrá
jamás rechazar, pues es dada precisamente para disipar la
dureza de corazón (De praed. s. 8,13). ¿Por qué no la usa
con todos y permite que algunos perezcan ?Esta es la an-
gustiosa pregunta que Agustín se formula, y a la que con-
fiesa no hallar respuesta. ¿Y quién la hallaría? Se inclina
humildemente ante el misterio (Serm. 27,7) y repite su acto
de fe con las palabras de Pablo: «¿Hay, acaso, injusticia en
Dios?» (De div. qq. ad S. 1 q.2; De pecc. mer. remiss.
1,21,23-30, etc.), añadiendo a guisa de comentario:
«No puede ser injusta la gracia, ni cruel la justicia» (De
civ. Dei 12,27).
No omite señalar el significado pastoral del misterio de
la predestinación, que ayuda al cristiano a evitar los opues-
tos escollos de la ruta de la salvación, a saber, la presun-
ción y la desesperación (In lo. 53,8); acrecienta en él la
humildad y la confianza — «más seguros vivimos si a Dios
en todo nos abandonamos» (De d. pers. 6,12) — y lo mueve
a la oración (In lo. 26,2; De d. pers. 16,39) y a la acción
(ibid., 22,59).
En este punto, el aspecto pastoral es también, uno de
los más profundos del agustinismo; mas no siempre ha re-
cibido la atención que merece, con graves consecuencias
para la recta interpretación del pensamiento agustiniano.
En sus líneas esenciales, ésta es la doctrina agustiniana
de la gracia. La comprensión de su verdadero alcance será
tanto más fácil cuanto más se cuide de no envolverla en las
discusiones posteriores, tanto escolásticas como controver-
sistas.
530
San Agustín
Estudios 1 Pecado original J CLEMENCE, S A et le peché origi-
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7. La Iglesia
La Iglesia es otro de los temas centrales de la doctrina
agustiniana particularmente rico y moderno. Agustín ex-
ploró a fondo la naturaleza de la Iglesia en las controver-
sias maniquea y donatista; en la primera la estudió como
hecho histórico y motivo de credibilidad; en la segunda,
como comunión y Cuerpo místico de Cristo. Las dificulta-
des que algunos advierten en la interpretación de la doc-
trina agustiniana proceden de la realidad compleja y miste-
riosa de la misma Iglesia; realidad a la vez histórica y esca-
tológica, jerárquica y espiritual, visible e invisible, que
Agustín siempre tiene presente. Cuando habla de la Igle-
sia, se puede referir o a la comunidad de los fieles, edifi-
cada sobre el fundamento de los apóstoles; o a la comuni-
dad de los justos, que peregrinan por la tierra desde Abel
hasta el fin del mundo; o a la comunidad de los predesti-
nados, que viven en la inmortalidad bienaventurada. Es
preciso, por tanto, como hace el mismo Agustín, distinguir
y unir.
Entendida en la primera acepción, Agustín defiende su
unidad y universalidad, la apostolicidad y la santidad. Fue,
ante todo, apóstol y teólogo de la unidad, la cual supone, si
es plena, la comunión de fe, de sacramentos y de amor. A
esta triple comunión se oponen la herejía, el cisma y el
pecado, que es siempre falta de amor. No es hereje quien
yerra en la fe (Ep. 43,1), sino quien «resiste a la doctrina
Doctrina
533
católica que le es manifiesta» (De bapt. 16,23), es decir, a
la regula fidei propuesta por la Iglesia (cf. p.509). Esta re-
gula se hace oír en el símbolo bautismal (Serm. 212-215,
explicación y redditio del símbolo), en los concilios, «que
detentan en la Iglesia una autoridad sumamente saludable»
(Ep. 54,1), y en [a. Sedes Petri, «en la que estuvo siempre en
vigor el primado de la cátedra apostólica» (Ep. 43,7). A
esta cátedra recurre Agustín bien para reconocer «con cer-
teza mayor y saludable utilidad» la verdadera Iglesia
(Ep. 53,2), bien para dirimir con autoridad cuestiones doc-
trinales (Serm. 131,10: la célebre fórmula causa finita est,
que se lee también, con otras palabras, en C. d. epp.
pd. 2,3,5).
Acerca de la comunión de sacramentos, es decir, de la
Iglesia una por los signos sacramentales (Ep. 54,1), resol-
viendo el antiguo problema planteado por Cipriano, Agus-
tín contribuyó de forma decisiva al progreso de la teología
eclesiológica y sacramentaría; distingue entre sacramentos
válidos y provechosos, y demuestra que el bautismo (y lo
mismo vale del sacramento del orden) es válido también
fuera de la Iglesia aunque aproveche sólo en la Iglesia,
«pues una cosa es no tenerlo, otra no tenerlo con prove-
cho» (De bapt. 4,17,24; 6,1,1).
La razón de lo primero es que «el bautismo posee san-
tidad y verdad propia» en razón de Aquel que lo ha insti-
tuido (C. Cre. 4,16,19) y es su ministro principal (In
lo. 6,7), y cuyo carácter imprime (In lo. 6,15-16; In ep.
lo. 7,11, etc.).
La razón de lo segundo es que no puede poseer la gra-
cia del bautismo quien no posee la caridad, y no posee la
caridad quien desgarra la unidad: «No poseen la caridad de
Dios cuantos no aman la unidad de la Iglesia» (De
bapt. 3,16,21).
Surge entonces un nuevo problema, a saber, el pro-
blema de la presencia de los pecadores en la Iglesia, pues
la Iglesia no es sólo comunión de sacramentos, sino tam-
bién comunión de los santos. Para afrontar este espinoso
problema, Agustín defiende e ilustra dos principios: a) la
Iglesia es santa, mas ello no impide que albergue también
pecadores, pues es un cuerpo «mixto»; b) los pecadores no
contaminan las virtudes de los buenos (De fid. oper. 5,7;
Ep. 105,16-17), ni aun si entre los primeros se contasen
•los ministros de la Iglesia: «... muchas veces he dicho y
repito con insistencia: cualesquiera seamos, nada habéis de
534
San Agustín
temer vosotros que tenéis a Dios por Padre y a la Iglesia
por madre» (C htt Pet 3,9,10)
Esta doctrina y la expuesta más arriba se fundan en
otras dos que forman el núcleo central de la eclesiología de
San Agustín la primera, cnstológica, es la doctrina del
Christus lotus, según la cual Cristo, como Cabeza, está
siempre presente obrando en la Iglesia, que es su cuerpo,
la Iglesia y Cristo son una misma persona (In lo 21,8, In
ps 55,3, Ep 187,40), la segunda, pneumatológica, profesa
que el Espíritu Santo es el alma del Cuerpo místico
(Serm. 267,4), y por ello el principio «de la comunión que
constituye la unidad de la Iglesia de Dios» es Aquel que
en Dios es la «comunión del Padre y del Hijo»
(Serm 71,20,30), de suerte que «solo la Iglesia católica es
cuerpo de Cristo Fuera de este cuerpo nadie es vivifi-
cado por el Espíritu Santo» (Ep 185,11,50, In lo 26,13)
San Agustín se refiere a quien se mantiene a sabiendas
fuera de la Iglesia, el cual «puede poseer todo, mas no la
salvación» (S ad Caes eccl. 6)
Mas la Iglesia se extiende más alia de sus confines insti-
tucionales, atraviesa todos los tiempos y tiende hacia la
eternidad, en la que halla su consumación Sólo entonces
sera «sin mancha ni arruga» (Ef 5,27), pues sólo entonces
los pecadores serán separados, aun extenormente, de los
justos (Retract 1,19,8, 2,18) De suyo, la Iglesia es, pues,
esencialmente, aunque no exclusivamente, escatologica, al
igual que la justificación cristiana (cf p.523s), de la que es
portadora De ahí que a menudo la presente como la co-
munidad de los justos o Pueblo de Dios que atraviesa y
escribe la historia de la salvación «La Iglesia en este siglo,
en estos tristes días, no solo desde la presencia corporal de
Cristo , sino desde el primer justo Abel, a quien dio
muerte su impío hermano, y hasta el fin del mundo, ca-
mina su jornada entre las persecuciones del mundo y las
consolaciones de Dios» (De civ Det 18,51,2)
Otras veces la contempla como comunidad de los ele-
gidos, que comprende todos y sólo los predestinados (De
cat. rud 20,31) En esta perspectiva, muy en consonancia
con su mentalidad filosófica, a veces parece afirmar que los
pecadores forman parte de la Iglesia solo «en apariencia»
(De bapt 6,14,23, C htt Pet 2,108,247) o que los justos
que no perseveraran no son hijos de Dios, mas consta cier-
tamente que, para San Agustín, los primeros están real-
mente «en el seno de la Iglesia» (In ps 103,3,5), en su
Doctrina
535
«interior» (In ps 128,8), que viven en la misma «congre-
gación», bajo el «mismo pastor» (C. ep Peí 3,3,19), tpsa
communtone catholtca conttnentur (Serm 5,1), y que los se-
gundos, mientras son justos, poseen realmente la justicia,
son hijos de Dios, aunque Dios prevea que no siempre lo
serán (De c et gr 9,20,23), al igual que no cabe dudar de
que la Iglesia en este mundo sea el Reino de Dios, aunque
por el momento de manera imperfecta «donde conviven
las dos categorías (buenos y malos) es la Iglesia del pre-
sente, donde vive sólo la segunda es la Iglesia del futuro
Por tanto, la Iglesia es también ahora reino de Cristo y
reino de los cielos» (De ctv Det 20,9,1) Se dan, por tanto,
como Agustín repite con insistencia, dos tiempos de la
misma Iglesia (Brev coll. 9,16), no dos iglesias (íbid
10,20).
Para concluir, cabe decir que a San Agustín se debe
reconocer el gran mérito de haber analizado y definido las
relaciones mutuas entre las cuatro realidades esenciales de
la salvación la fe, la Iglesia, los sacramentos y la candad,
ofreciendo una síntesis que sirvió de guía a la teología pos-
terior
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8 Sacramentos
Además de la doctrina general sobre la naturaleza de
los sacramentos (cf.p.533), San Agustín ha tratado am-
pliamente, por razones polémicas o pastorales, de la natu-
raleza del bautismo, de la penitencia, de la eucaristía y del
matrimonio
Su pensamiento ha sido muy estudiado, y no siempre
expuesto de manera unívoca Se impone también en este
punto tener presente los diversos aspectos del dogma que
ilustra y defiende. P. ej. la insistencia en la necesidad del
bautismo no anula la eficacia del bautismo de deseo (De
bapt 4,22,29), o la insistencia en el simbolismo eclesioló-
gico de la eucaristía no debe hacer olvidar sus afirmaciones
explícitas sobre la presencia real (el pan es el cuerpo de
Cristo, y el vino, la sangre de Cristo Serm 227,272, In
ps 98,9, 33,1,10) y su carácter sacrificial (De civ
Det 10,19-20, Con/. 9,12,32-13,36) Lo que dice sobre la
penitencia pública, no excluye sus alusiones a la penitencia
no pública o correptio pnvata (De div qq. 83 q 26, De fide
538
San Agustín
op 26,48), como la doctrina sobre el mal de la concupis-
cencia no pone en entredicho los bienes del matrimonio,
compendiados en el célebre trinomio prole, fe y sacra-
mento ( De b con 24,32, Des vtrg 12, etc ). A quien desee
profundizar en estos temas remitimos a la siguiente biblio-
grafía selecta
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9 Escatología
La teología agustiniana de la gracia, de la Iglesia y de la
historia es netamente escatologica, pues la escatología le
confiere orientación, luz y sentido De la escatología trata
en los últimos cuatro libros de De ctvitate Det (cf p431)
Algunas posturas de San Agustín en este tema fueron de-
terminantes, y asi dio forma definitiva a la escatología cris-
tiana Se opuso resueltamente, en nombre de la fe y de la
razón, a la concepción platónica de la historia, que reper-
cutía en la concepción del hombre y de la felicidad
(cf p 505), no hace concesión alguna al milenansmo, que
en otro tiempo había profesado (De civ Dei 20,7 ,
Serm 259,2), explicando en sentido alegórico Ap 20,1-5
(donde se habla de la resurrección espiritual y del Reino
de Dios, que es ya la Iglesia en este mundo), defendió, en
especial contra los platónicos, la resurrección de los cuer-
pos, cuerpos de verdad, pero incorruptibles (íbid , 22,-
1-28), esclareció repetidas veces el angustioso problema de
Doctrina
541
la eternidad de las penas (De civ Det 21, De fide op 14,2 ls,
Encb 67s, Ad Orostum contra prisctl ortg ), observando que
las palabras de la Escritura deben ser entendidas «según
verdad» (veractter) y no solo como una amenaza (mtnaciter)
(De civ Det 21,24,4), estimo justo que la Iglesia hubiera
reprobado la apocatastasis de Orígenes (íbid , 21,17), re-
plico a los argumentos de los «misericordiosos», que de-
fendían diversas formas (seis) de mitigación de las penas
(íbid , 21,17s), pronuncio su ultima palabra sobre la visión
de Dios con los ojos del cuerpo resucitado (íbid , 22,29,
cf Ep 92 147 148, Retract 2,41), procuro dar una idea de
la felicidad del cielo (íbid , 22,30), insistiendo en su di-
mensión social (íbid , 19,5,13), ln lo 67,2) y cnstologica
(De civ Det 22,30,4) y en su condición de «insaciable sa-
ciedad» (Serm 362,29, ln lo 3,21)
Acerca de la escatología intermedia sera suficiente re-
ferir que admite, sin duda alguna, la existencia del purga-
torio (Ench 69, De av Det 21,13, 21,16, ln ps 37,3),
donde las almas, en conformidad con cuanto «los Padres
nos han transmitido y la costumbre de la Iglesia universal
mantiene», son ayudadas con el «sacrificio saludable» y
con las buenas obras de los fieles (Serm 172,2, cf
Conf 9,12,32), mas sostiene igualmente que antes de la
resurrección no poseemos la felicidad, sino solo una «con-
solación de la tardanza» solactum dilattonis (Serm 280,5,
cf Ench 109, De Gen Ittt 12,35,68)
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4. Doctrina espiritual
1. Caractt fínicas
San Agustín ha ejercido un influjo decisivo y perma-
nece en la espiritualidad cristiana de Occidente, y ello no
sólo por haber defendido sus fundamentos teológicos, y en
especial la doctrina de la gracia, sino también por haber
desarrollado y profundizado sus líneas esenciales, mos-
trando su íntima relación con los grandes misterios cristia-
nos, como la Trinidad, Cristo, la Iglesia y la justificación.
Por ello cabe afirmar que la espiritualidad agustiniana es, a
la vez, trinitaria, cristológica, eclesiológica, antropológica
y, en razón de la fuente que la nutre, bíblica. De hecho:
1. Se orienta enteramente al culto y amor de la Trini-
dad: «Todo lo que el hombre vive debe referirlo al re-
cuerdo, a la visión y al amor de esta Trinidad excelsa, para
deleite, contemplación y recuerdo» (De Trin. 15,20,39).
Con este precepto fundamental concuerda la oración que
cierra el De Trinitate — obra emprendida con esta finalidad
práctica, además de la finalidad especulativa (cf. p.402) — ,
en la que se lee entre otras cosas: «[Señor Dios Trinidad]
haz que de ti me acuerde, que te comprenda y te ame.
Acrecienta en mí estos dones hasta que me reformes inte-
riormente» (ibid., 15,28,51).
2. Tiene por centro a Cristo, vía y patria; vía como
hombre, patria como Dios; a El vamos por medio de El
(Serm. 123,3). «No hubo ni pudo haber remedio más con-
veniente para sanar nuestra miseria» (De Trin. 13,10,13);
su ejemplo es la medicina más eficaz contra todos nuestros
males (De ag. chr. 11,12) y ejemplo de todas las virtudes
(De v. reí. 16,32; Con/. 4,12,18) y de las bienaventuranzas
evangélicas (De s. virg. 28). En El Dios nos ha demostrado
«cuánto nos ha amado y cuáles nos ha amado; cuánto, para
que no desesperemos; cuáles, para no enorgullecemos»
(De Trin. 4,1,2). Cristo es toda la vida del cristiano: «nues-
tra ciencia es Cristo; nuestra sabiduría es también Cristo...
Por medio de El, a El tendemos; por medio de la ciencia,
it
Doctrina
543
tendemos a la sabiduría, sin alejarnos en ningún caso del
solo y mismo Cristo» (De Trin. 13,19,24).
3. Se injerta en la vida de la Iglesia, hasta el punto
que el amor a la Iglesia se convierte en parámetro de la
perfección cristiana. «Hermanos, estamos convencidos de
que se posee el Espíritu Santo en la medida en que se ama
a la Iglesia de Cristo» (In lo. 32,8). De esta convicción nace
su invitación: «Amemos al Señor Dios nuestro, amemos a
su Iglesia; a Dios como a Padre, a la Iglesia como a Ma-
dre... no es posible ofender a la esposa y merecer la amis-
tad del esposo» (In ps. 88,2,14).
4. Su tarea esencial es la restauración de la imagen de
Dios en el hombre: el pecado la descolora, la deforma, la
oscurece; por él decae, envejece, se vuelve esclava y en-
ferma. El Espíritu Santo la hace reverdecer, la reforma,
ilumina, renueva, libera, sana y restaura. Estas son las imá-
genes que San Agustín utiliza para ilustrar la acción miste-
riosa de la gracia. El De Trinitate contiene páginas muy
hermosas (sobre todo de los libros XIV y XV), cuya es-
tructura, en la segunda parte, se organiza de suerte que el
lector pase, de la consideración de la imagen natural
(cf. p.454), a la restauración de la imagen sobrenatural que
es la sabiduría (De Trin. 15,6,10). «En esta imagen será
perfecta la semejanza con Dios cuando sea perfecta la vi-
sión de Dios» (ibid., 14,17,23).
5. Se nutre con la meditación de las Escrituras. En
esta meditación empleaba Agustín todas las horas que le
dejaban libres «la necesidad de reparar el cuerpo y de
atender el alma; y el obsequio servicial que debemos a los
hombres y aun del que no les debemos, pero igualmente
les pagamos» (Con/. 11,2,2), y rezaba para que el Señor le
revelase sus secretos (ibid.). Ejemplo insigne de este amor
y de su método son los tres últimos libros de las Confessio-
nes. La Escritura es maestra de virtud y espejo sin engaño
(Serm. 49,5); su contenido se compendia en dos temas:
Cristo (Con/. 11,2,4) y la caridad (Serm. 350,2); toda la Es-
critura «narra a Cristo y recomienda la caridad» (De cat.
rud. 4,8).
2. Líneas esenciales
Las líneas esenciales de la doctrina espiritual de San
Agustín se pueden resumir en los siguientes temas: voca-
San Agustín
ción universal a la santidad; la caridad, centro, alma y me-
dida de la perfección cristiana; la humildad, condición in-
dispensable para el crecimiento de la caridad; la purifica-
ción, ley de las ascensiones interiores; la oración, deber y
necesidad, medio y fin de la vida espiritual; grados de la
vida espiritual. Cada uno de estos temas abre un amplio
horizonte doctrinal; en la imposibilidad de ofrecer ni si-
quiera un compendio, bastarán algunas rápidas indicacio-
nes.
1. Acerca de la vocación universal a la santidad, la
postura de San Agustín es de un equilibrio admirable. Ce-
lebró, como muchos Padres, la virginidad consagrada y la
defendió contra Joviniano como superior ture divino al ma-
trimonio (De s. virg. 1,1), se aplicó con entusiasmo y orga-
nizó la vida monástica masculina y femenina (De op. mon.;
Ser 355 y 366), insistiendo en la pobreza voluntaria; de-
fendió asimismo, contra determinadas tesis pelagianas, que
todos los cristianos, incluidos los ricos, pueden alcanzar
la salvación (Ep. 157,4,23-29), y también la perfección.
Comparando entre sí, no los estados, sino las personas que
los abrazan, sostiene sin ambages que una persona casada
puede ser más perfecta que una persona consagrada si es
más obediente, más humilde y más devota. «Hay que an-
teponer no sólo la persona obediente a la desobediente,
sino la persona casada obediente a la virgen desobediente»
(De b. con. 23,28,30), como es igualmente cierto que «si-
guen mejor al Cordero las personas casadas humildes que
las vírgenes soberbias» (De s. virg. 51,52).
Aún más, maduras para el martirio, que es el grado
supremo de la perfección cristiana, pueden ser aquéllas y
no éstas (ibid., 45-47; Serm. 354,5), pues todo depende del
grado de caridad que se haya alcanzado.
2. Acerca de la caridad, sus méritos más importantes
son dos: haber ilustrado sus prerrogativas esenciales orde-
nando en torno a ellas la ciencia y la sabiduría cristianas y,
no menor, haber analizado el sentimiento que la acompaña
y se le opone: el temor.
Hemos expuesto más arriba su doctrina sobre el amor
(cf. p.504ss). Cabe añadir aún que, para San Agustín, la cari-
dad es el contenido de las Escrituras (De d. chr. 1,35,39;
3,10,15; Serm. 350), el fin de la teología (De Trin. 14,1,3),
la síntesis de la filosofía y el secreto de la buena política
(Ep. 137,5,17), la esencia y la medida de la perfección cris-
tiana (De n. et gr. 70,84), la suma de todas las virtudes (De
Doctrina
545
mor. eccl. catb. 1,15,25; Ep. 155,4,13), la inspiración de la
gracia (C. d. epp. peí. 4,5,11; In lo. 26,4-5), el don del que
dependen todos los dones del Espíritu Santo (ibid., 87,1),
la sola virtud con la que nadie puede ser malo (ibid., 32,8),
la sola que distingue las obras buenas de las malas (In. ep.
lo. 7,8; 8,9).
De la caridad pone en evidencia el dinamismo, que se
manifiesta en el deseo constante de crecer (De perf. iust.
hom.; Serm. 169,15,18); su radicalidad, que exige todo y
prohibe todo compromiso (Serm. 54,4,7; 334,3); el desin-
terés, que no tolera amar por otro motivo que no sea la
persona amada, pues «aquello que por sí mismo no se ama,
no se ama» (Sol. 1,13,22). Esto no impide el deseo del
premio, con tal que el premio no sea otro que Dios
mismo. Amar a Dios «gratuitamente» — tesis fundamental
del agustinismo espiritual — significa no desear de Dios
más que Dios (In ps. 55,17; 85,11; 127,9): «Amar a Dios
gratuitamente significa esperar de Dios a Dios»
(Serm. 334,3). De ahí su insistencia en el temor. Distingue
claramente entre temor servil — temor de la pena — y te-
mor casto o filial; el primero se opone a la caridad, el se-
gundo la acompaña continuamente (In lo. 43,7). Distingue,
asimismo — aunque menos explícitamente — , entre el te-
mor servil, que no excluye la voluntad de pecar, semejante
al temor del ladrón o del lobo (De n. et gr. 57,67;
Serm. 16 1,8; 178,10), y el temor servil, que la excluye, que
es por ello «bueno y útil» (In ps. 127,8) y dispone a la
caridad (Serm. 156,14; In ep. lo. 9,4). Puso igualmente en
evidencia la fuerza asimiladora de la caridad, en virtud de
la cual «se es lo que se ama» (In ep. lo. 2,14).
El cuadro aquí apenas esbozado, tratado con vivos co-
lores en muchas páginas — San Agustín nunca se cansaba
de hablar de este tema (In ep. lo. 9,8) — , le ha merecido el
título de doctor de la caridad. Cabe añadirle el de doctor
de la humildad, de la que habla con igual insistencia.
3. A su juicio, la humildad es inseparable de la cari-
dad — ubi humilitas ibi caritas (In ep. lo. pról.) — y es su
fundamento (Serm. 69,1), la senda que a ella conduce
(Ep. 118,22), su morada (De s. virg. 51,52). La humildad
distingue la ciudad de Dios de la ciudad del mundo (De civ.
Dei praef.; 14,13,2; 14,28). Expone su naturaleza, sus raí-
ces y sus frutos: la primera consiste en reconocer lo que
somos (Ep. 137,4); sus raíces son tres esencialmente: una
metafísica, que es la creación, por la que hemos de atri-
546
San Agustín
huirnos sólo las limitaciones, y, por tanto, el error y el
pecado (ln lo. 5, 1); la segunda, teológica; es la gratuidad de
la gracia, por la que nuestros méritos son dones de Dios
(Ep. 186,10), que nos perdona también los pecados que no
hemos cometido (Con/. 2,7 ,15; Serm. 99,6); la tercera, cris-
tológica; es el ejemplo y las enseñanzas de Cristo, que
trajo esta virtud al mundo (ln ps. 31,18); sus frutos, que
son muchos, se pueden resumir en tres: fortaleza (ln
ps. 92,3), victoria (Serm. 163,9), grandeza: ubi humilitas ibi
maiestas (Serm. 160,4).
4. Para el crecimiento de la caridad se requiere, asi-
mismo, la purificación o ascesis. Rechaza la motivación
metafísica profesada por maniqueos y platónicos, pero
hace suya y pone de relieve la que propone San Pablo
(Gál 5,17; Rom 7,14-25). Enuncia su ley en estos térmi-
nos: «El alimento de la caridad es la disminución de la
concupiscencia; su perfección, que no es de este mundo, la
ausencia» (De div. qq. 83 q.36,1; De doc. chr. 3,10,16).
Ateniéndose a esta ley, emprende por dos veces un minu-
cioso examen de conciencia de sí mismo (Sol. 1,6,-
12-14,26; Con/. 10,28,39-39,64) —San Agustín fue un
verdadero asceta — y enseña a sus fieles a hacer lo mismo
(ln ps. 31,2,5; 143,6, etc.), compendiando sus enseñanzas
en el siguiente aforismo: «Nuestro quehacer en esta vida
consiste en sanar el ojo del corazón para poder ver a Dios»
(Serm. 88,5), y recuerda que «no es fatigoso el trabajo de
los que aman..., pues en lo que se ama, o no se trabaja o se
ama el trabajo» (De b. vid. 21,26).
5. El capítulo más importante de la doctrina espiritual
agustiniana, y por el que ha ejercido de forma más conti-
nua e intensa su influencia en las generaciones sucesivas,
es el tema de la oración. San Agustín fue hombre de ora-
ción y maestro de oración, aunque nunca escribió un tra-
tado sobre el tema, fuera de la Ep. 130. Exploró, sin em-
bargo, todos los aspectos de la teología de la oración; su
naturaleza, que se identifica con la conversión del corazón
(De serm. Dni. 2,3,14) y con el deseo (ln ps. 37,13;
Serm. 80,7); la razón, o por qué de la oración, que no es
hacer a Dios sabedor de lo que ya sabe, sino preparar el
corazón para recibir lo que quiera darnos (Ep. 130,17); su
necesidad, inseparable de la necesidad de la gracia
(cf. p.525), pues «Dios dispuso que en el combate espiri-
tual luchemos con las oraciones más que con nuestras
Doctrina
547
fuerzas» (C. luí. o. i. 6,15); la interioridad, que resuelve
tantos problemas propios de la oración (Ep. 130,22); su
índole social, es decir, la utilidad de la oración para los
demás, pues debemos orar «por cuantos aún no han sido
llamados, para que lo sean; pues acaso han sido predesti-
nados de forma que sean otorgados a nuestras oraciones»
(De d. pers. 22,60); su carácter sobrenatural, pues la ora-
ción es gracia: es medio para obtener la gracia y, a su vez,
efecto de la gracia: «Sabido es que existen dones divinos
que Dios concede también a los que no oran, como el ini-
cio de la fe, y dones divinos que confiere sólo a los que
rezan, como la perseverancia final» (ibid., 16,39); su efica-
cia, de la que es condición pedir en nombre del Salvador,
y, por tanto, en conformidad con lo que a la salvación se
ordena (ln. lo. 73); su carácter crístico, pues Cristo está
presente en los que oran. Sobre esta última nota ofrece
esta eficaz síntesis: «Cristo ora por nosotros, ora en noso-
tros y a El oramos; ora por nosotros como Sacerdote nues-
tro, ora en nosotros como Cabeza nuestra, a El oramos
como a Dios nuestro. Reconozcamos, pues, en El nuestra
voz, y en nosotros la suya» (ln ps. 85,1).
6. La oración acompaña la ascensión por grados del
alma hacia Dios. Agustín ha tratado a menudo de los gra-
dos de la vida espiritual. La primera vez, en el De quanti-
tate animae, donde distingue y describe cuatro grados, que
llama, respectivamente, virtud, serenidad, entrada (en la
luz) y morada (en la luz) o contemplación; el primero
comprende el esfuerzo de la purificación, y en especial el
ejercicio de la templanza y de la justicia; el segundo, la
constancia y el reposo o salud interior; en el tercero se
alzan los ojos hacia el objeto de la visión; el cuarto es la
permanencia prolongada en la contemplación de la verdad
(De q. an. 3.3,73-76). A estos grados corresponden los cua-
tro grados de la caridad incipiente, proficiente, grande o
robusta y perfecta (De n. et gr. 70,84; ln ep. lo. 5,4).
Vuelve por segunda vez sobre el tema en el De sermone
Dni. in monte, donde establece una relación entre las bie-
naventuranzas, los dones del Espíritu Santo y las peticiones
del padrenuestro, trazando un programa de vida espiritual
que parte del fundamento, que es la pobreza de espíritu,
que corresponde al don del temor, principio de la sabidu-
ría, hasta la cima, que es la bienaventuranza de la paz, fruto
de la posesión de la sabiduría (De serm. Dni. 1,1,3-4,12;
2,5,17-11,39). Sobre los dones del Espíritu Santo como
548
San Agustín
ascensión progresiva del temor hasta la sabiduría, cf. De
doctrina cbristiana 2,7,9-11.
3. La cima
Acerca de la cima de la vida espiritual que es la con-
templación ha disertado de forma amplia e insistente. San
Agustín fue místico además de asceta; en sus palabras se
advierten los latidos de su experiencia, de la que habla
abiertamente en varias páginas de sus Confessiones: 7,17,23
(antes de la conversión), 9,10,23-26 (el célebre éxtasis de
Ostia), 10,40,65 (experiencias místicas no raras). La trama
de la descripción se atiene al esquema filosófico, pero hen-
chido de contenido cristiano; esquema y contenido que
encontramos sin cambio en sus discursos al pueblo (ln
ps. 41,7-10).
1 . Su aportación al difícil y delicado tema de la contem-
plación es doble: describir la naturaleza y los frutos de la
contemplación y proponer los principios que permiten
compaginar contemplación y acción, vida interior y aposto-
lado activo. La contemplación es el premio «altísimo y se-
cretísimo» de la fatiga ascética (De q. an. 33,74), y consiste
en un conocimiento experimental — es decir, transido de
amor y, a pesar de la oscuridad, lleno de luz — de las cosas
divinas: «alcanzarlas», «tocarlas», «concentrar» en ellas
todas las facultades del alma y hasta el mismo ser (De
l. arb. 2,16,41). En su descripción destaca siempre tres mo-
mentos: ascensión, intuición, descenso. La ascensión es,
por lo general, larga y fatigosa; se abre camino con el des-
prendimiento, el recogimiento y el silencio, y reclama para
sí todo el ímpetu interior. «Y aún subíamos más arriba,
pensando interiormente de Vos, hablando de Vos y admi-
rando vuestras obras. Y llegamos a nuestras almas, y las
traspasamos hasta arribar a aquella región de abundancia
indeficiente» (Con/. 9,10,24, trad. Riber). En cambio, la
meta se alcanza, de forma subitánea y fulgurante, en una
intuición instantánea: «y [la mente] llegó al Ser por esencia
en el lampo de una mirada temblorosa» (Conf. 7,17,23,
trad. Riber); «llegamos a tocarla [la fuente de la sabiduría]
un poco en supremo alzamiento y vuelo del corazón, y
lanzamos un honso suspiro» (ibid., 9,10,24, trad. Riber);
«por un instante solo y como de huida» (ln ps. 41,10).
Doctrina
549
Luego, el «descenso» o la «vuelta» al estrépito de las pala-
bras y a los quehaceres absorbentes que frenan el vuelo
del alma (Conf. 9,10,24; 10,40,65).
Instantes fugaces, pero preciosísimos, para la vida del
espíritu (De q. an. 33,76) y para el apostolado (Ep. 48),
que son un don especial de la gracia y una llamada del
cielo: «Arrastrado por cierta dulzura y no se qué oculto
deleite interior, como si en la casa de Dios sonara dulce-
mente un órgano... abstraído de todo ruido de carne y de
sangre, llega a la casa de Dios» (ln ps. 41,9). No es, sin
embargo, una visión inmediata de Dios (Ep. 92; 3; 147,31;
De Gen. litt. 12,26,53-28,56), sino una experiencia excelsa
por medio de la fe, «como en un espejo y de manera con-
fusa», en espera que Dios se nos revele «cara a cara»
(1 Cor 13,12; De cons. ev. 1,5,8).
2. El equilibrio teológico y la experiencia personal
que caracterizan sus enseñanzas sobre la contemplación,
destacan aún más en su doctrina sobre las relaciones entre
los dos géneros de vida cristiana, el activo y el contempla-
tivo, de los que habla a menudo. Símbolos de una y otra
son Marta y María (Serm. 103; 104; 179,4-5), Lea y Ra-
quel, esposas de Jacob, que ama la primera en vista de la
segunda (C. Faust. 22,54-58); los apóstoles Pedro y Juan
(ln lo. 124); de ambas describe con minuciosidad las pro-
piedades; constata entre una y otra una profunda tensión
(Ep. 10,21,48; Serm. 339,4; MSCA I 139), que no es otra
que la que vige entre la caritas veritatis y la necessitas carita-
tis; tensión que trata de resolver con tres principios: a) el
primado de la vida contemplativa o vida de oración, de
estudio, de apostolado intelectual (sobre la que recae su
elección después de convertirse; cf. p.412); b) el deber de
aceptar la vida activa cuando así lo exijan las necesidades
de la Iglesia. Por vida activa entiende directamente el sa-
cerdocio: «Si la Iglesia, vuestra madre — dice a los mon-
jes — , pidiera vuestra obra, no la aceptéis con ávido orgu-
llo, ni la rechacéis acunados en la pereza..., no antepongáis
vuestra vida indisturbada (vestrum otium) a las necesidades
de la Iglesia» (Ep. 48,2); cj la necesidad de conservar, aun
en medio de la acción, el gusto de la contemplación o la
dilectio veritatis.
El texto que compendia estos principios, y que represen-
ta la síntesis más madura sobre el tema, se lee en De civ. Dei
19,19- Vale la pena citarlo: «No se debe uno entregar a la
550
San Agustín
contemplación hasta el punto de desentenderse de la utilidad
del prójimo, ni a la acción olvidando la contemplación de
Dios En la contemplación no se ha de amar la inacción,
sino la búsqueda y el hallazgo de la verdad, a fin de que
cada cual avance en ella, se tenga lo que hallare y a nadie
envidie Y en la acción no se ha de amar el honor o el
poder en esta vida, pues todo es vanidad bajo el sol, sino la
bondad de la misma obra» Por ello, «el amor a la verdad
busca el ocio santo (otium sanctum), y la urgencia de la ca-
ndad carga con la acción justa (negottum lustum) Si nadie
nos impone esta carga, entreguémonos a la búsqueda y a
la contemplación de la verdad, mas, si alguien nos la im-
pone, hemos de aceptarla por la necesidad de la candad
Mas ni aun asi se ha de renunciar totalmente a las delicias
de la verdad, no suceda que, privados de esas delicias, nos
oprima el peso de esta necesidad»
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19
CAPÍTULO VII
LA CONTROVERSIA PELAGIANA.
ADVERSARIOS Y DISCIPULOS
DE SAN AGUSTIN
Por VlTTORINO Grossi
Introducción
La polémica pelagiana fue esencialmente, y como tal
pasó a la historia, una controversia sobre el modo de com-
prender la antropología cristiana. A lo largo de los siglos
fue estudiada ante todo, como herejía condenada por la
Iglesia, a base de los escritos de San Agustín y de sus dis-
cípulos, que repetían su pensamiento y la doctrina de la
Iglesia. La situación actual de los estudios — desde los tra-
bajos de Plinval (1943) a los más recientes de Gres-
hake(1972) y Wermelinger (1976) — nos permite discer-
nir mejor la lógica que gobierna la posición pelagiana y la
posición de Agustín y sus discípulos, y nos ofrece mayores
posibilidades que en el pasado para determinar las respec-
tivas posturas y restituir de este modo a cada cual lo que le
corresponde. Todos se benefician con ello, y en particular
Agustín, cuyo pensamiento genuino se libera de plantea-
mientos pelagianos que confuta con argumentación ad bo-
minem, pero que no representan su verdadero sentir, y de
las reducciones a que sus discípulos lo sometieron, que, sin
responder a su pensamiento, circulaban como suyas y con-
dicionaron en gran medida la reflexión teológica posterior.
I. Adversarios de Agustín
La controversia pelagiana surge con Pelagio, que es la
personalidad que ha pasado a la historia como adversario
de Agustín, que le hizo frente, y como inventor del pela-
gianismo. Junto a él encontramos a Celestio, figura que
comparece sin cesar en la controversia, y a Juliano de
Adversarios de Agustín
555
Eclana, en el último período de la misma. Estos tres nom-
bres fueron las figuras representativas de todo un movi-
miento de ideas de la primera mitad del siglo V que cono-
cemos con el apelativo de «pelagiano», y que, vinculado a
los círculos intelectuales de la época, sobre todo romanos,
se propagó, en cierto modo, por doquier; en Italia lo ha-
llamos en Roma, en Sicilia (Siracusa), Campania (Ñola y
Eclana), en el norte (Aquileya); además, en las Galias, en
Bretaña, en Africa, donde se le enfrentan Agustín y sus
amigos, empezando en Cartago con la denuncia de Paulino
de Milán contra Celestio; en Oriente, sobre todo en Jeru-
salén, donde gozó de las simpatías más entusiastas. Dada la
enorme difusión del movimiento pelagiano, a menudo en-
tre amigos comunes de Pelagio y Agustín, se creó una es-
pecie de sociedad anónima de ideas y personas, tras la que
se amparaba; esta circunstancia hizo difícil a los contempo-
ráneos la percepción clara de las cuestiones, y hace difícil
aún hoy la percepción clara de los matices de esta polémica
y la exacta fisonomía del pensamiento y de la personalidad
del mismo Pelagio.
En los círculos intelectuales romanos se estudiaban las
cuestiones relativas al origenismo y a las opiniones de Jo-
viniano, que, invocando la gracia bautismal concedida a to-
dos, negaba la disparidad de méritos en la conducta cris-
tiana, sobre todo en favor de monjes, ascetas y vírgenes.
De los debates mantenidos en dichos círculos nos han lle-
gado, sobre todo, comentarios del epistolario paulino,
obras de Pelagio, del Ambrosiáster y de Agustín, amén de
la polémica específica de Jerónimo con Joviniano, las
Quaestiones 83 de Agustín, etc. Eran círculos intelectuales
integrados, sobre todo, por seglares que estudiaban las Es-
crituras. El mismo Agustín, que con sus amigos daba vida a
uno de esos círculos, refiere en Retract. 2,38 que «algunos
hermanos seglares que estudiaban las sagradas Escrituras le
habían enviado algunos escritos».
El Líber de fide de Rufino, antiorigenista y antitraducia-
nista, es un testigo más de los círculos antiorigenistas de
Roma. Para Jerónimo, Pelagio era uno de los origenistas
romanos, socio del círculo de Rufino y Melania, que con la
traducción, obra de Rufino, de Evagrio Póntico
(SCh 170-171) y de la Historia monachorum difundían el
origenismo en Occidente. Lactancio, seglar, proponía en
Roma una comprensión del cristianismo basada en la res-
ponsabilidad humana de la libertad.
556
La controversia pelagiana
El movimiento pelagiano hizo confluir en una cierta
unidad muchas de estas voces, negando el pecado original
y rechazando, lógicamente, toda especie de traducianismo
del pecado de Adán, profesando una ambigüedad peculiar
en la aceptación de la costumbre de bautizar a los niños y
en el modo de comprender la gracia divina Los problemas
debatidos en los círculos romanos y las soluciones pelagia-
nas, al entrar en Africa en contacto con las soluciones
eclesiológico-sacramentarias propuestas por Agustín en el
contexto de la controversia donatista, que tocaba a su fin, y
con la cuestión del traducianismo, inseparable de la cues-
tión del origen del alma, hubieron de enfrentarse con la
costumbre de conferir el bautismo a los niños in remtssio-
nem peccatorum Surge asi la postura africana frente al pela-
gianismo, postura que contribuyo, en la historia de la teo-
logía, a profundizar en la antropología cristiana, que había
que entender en relación indispensable con la gracia de
Cristo para todo hombre
Para la iglesia africana, las opiniones pelagianas eran
«un nuevo escándalo» (Aug ,Ep 177,15), una nueva herejía
(Retract 2,33), y Pelagio y Celestio, personas dotadas de
fuerza persuasiva no común (Ep 175,1), que pasaban por
ser los jefes del movimiento, eran los «autores nefastos de
una nueva herejía» (Ep 175,1, 182,3) y del más perjudicial
de los errores (Ep 176,4)
Estudios M W MlIXER, Rufint presbytert «Líber de fide» A
Critical Text and Translation with Introductton and Commentary
[PSt 96] (Washington 1964) (cf H RoNDET, Ruftn le Syrien et le
«Líber de fide» AugL 22[ 1972] 53 1-539, que no acepta las conclu-
siones de Miller, el autor podría ser Celestio), G BONNER, Les
origines africatnes de la doctrine augustinienne sur la chute et le peche
originel Augustinus 12(1967)97-116, V GROSSI, // battesimo e la
polémica pelagiana negli annt 411-412 Aug 9(1969)30-61,
G BONNER, Rufinus of Syria and African Pelagianism
AugS 1(1970)31-47, G Martinetto, Les premieres reactions an-
tiaugustiniennes de Pelage REAug 1 7(1971 )83-l 17, E TeSelle,
Rufinus the Syrtan, Caelestius, Pelagtus Explorations m tbe Prehts-
tory of the Pelagian Controversy AugS 3(1972)61-95 (identifica
Rufino el Siró y Rufino el presbítero, compañero de Jerónimo en
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Pelagio
557
pects of the Christianization of the Román Aristocracy
JRS 51(1961)1 11, A PEN AMARIA, Libertad, mérito y gracia en la
soteriologia de Hilario de Poitiers ¿Precursor de Pelagto o Agustín'-'
REAug 20(1974)234-250 (pienso que impone a Pelagio y Agus-
tín un planteamiento del problema que les es extraño)
PELAG10
1 Vida
Nació en Bretaña hacia el 354, y de su formación cul-
tural cabe pensar que fuese hijo de funcionarios romanos
emigrados en aquella región Poseía una constitución ma-
ciza y poco agraciada — blanco por ello de fáciles burlas — ,
un carácter enormemente polémico, una discreta cultura
(hablaba el griego) y un estilo sobrio y tajante Llegó a
Roma o entre los años 380 y 384, siendo papa Anastasio, y
entonces se bautizó, o entre el 375 y el 380, en los prime-
ros años de Graciano, probablemente, estudió derecho
Algunas fuentes, como Mano Mercator, dicen que era
monje, y debió de serlo de la especie seglar no cenobítica
En Roma se convirtió en una de las voces de mayor au-
diencia entre las grandes familias romanas, como la gens
Anicia En el verano del 410, y tras el saqueo de Roma, se
refugió en Africa con otros exiliados, quizá con Melania
tumor, Piniano y Albina, y precisamente en Cartago
(AUG , De gestts 22,46), de donde pasó a Jerusalén Aquí
se granjeó la amistad de Juan, obispo de la ciudad, que lo
defendió el 415 de las acusaciones de Orosio y de exilia-
dos latinos A Jerusalén se habían trasplantado los debates
romanos entre ongenistas (el grupo que se reconocía en
Pelagio) y antiorigenistas (Jerónimo y los suyos)
A fines del 415, dos obispos galos en exilio, Eros y
Lázaro de Aix, presentaron contra Pelagio en Dióspohs
una nueva acusación, alegando seis proposiciones sacadas
de su Líber testtmomorum, en las que se defendía la posibi-
lidad real de la impecabilidad del hombre en razón de su
libre albedrío y habida cuenta de la capacidad, recibida
por creación, de conformar su conducta a los mandamien-
tos divinos Pelagio en Dióspohs, distanciándose de Celes-
tio y planteando el problema en el orden puramente teó-
rico, logró evitar la censura Después de la absolución, ce-
lebrada por sus amigos como una justificación de las tesis
558
ha controversia pelagtana
pelagianas, Pelagio compuso, como propaganda personal,
su Chartula defensionis, que Caro, diácono de Hipona,
transmitió a Agustín (De gestis 1,1; Ep. 177 y 179), y el De
libero arbitrio.
Además del De gestis, de Agustín, y sus cartas al obispo
Hilario (Ep. 178), a Juan de Jerusalén (Ep. 179) y a Paulino
de Ñola (Ep. 186), los africanos reaccionaron con una
carta, firmada por cinco obispos, a Inocencio I (Ep.
175.176.177), en la que le explicaban el error en que
habían caído los obispos reunidos en Dióspolis. Ino-
cencio I respondió con tres cartas (Ep. 181.182.183 del
epistolario de Agustín: CSEL 44,701-730), en las que
condenaba a Pelagio y Celestio, esperando, no obstante,
que cambiaran de parecer. Pelagio replicó con una carta a
Inocencio, sosteniendo que era víctima de una calumnia
(AUG., De gr. Cbristi 4,5 y 30,32). Inocencio murió en
marzo del 417, y le sucedió Zósimo, un oriental que, en
base a las informaciones que le había transmitido Prailo,
sucesor de Juan en la sede de Jerusalén, convocó, a fines
del verano del 417, a Pelagio y Celestio en la basílica de
San Clemente. Estos, leído que hubieron un libellus fidet
(en PL 48,497-505), y comoquiera que no pareciesen con-
travenir en nada a la fe, fueron absueltos incluso de la
condenación emanada contra Celestio el 411; fue igual-
mente considerada injustificada la acusación contra ambos
presentada en Dióspolis (Ep. 2 y 3 de Zósimo).
Los africanos reaccionaron convocando un concüium
africanum, cuyas decisiones (volumen), que se fundaban en
el libellus acusatorio de Dióspolis y en el De natura, de
Pelagio (¿se trata del libellus antipelagiano contenido en la
ep. 186 de Agustín?), fueron llevadas a Roma por Marce-
lino, diácono de Cartago. De este período nos ha llegado
también el libellus de Paulino a Zósimo sobre las cuestio-
nes pelagianas en curso (CSEL 35,108). Zósimo respondió
con la ep. 12, del 21 de marzo del 418, invitando todos a la
concordia y a la paz, y con la Ep.21 no cedió a los deseos
de los africanos de reexaminar la absolución de Pelagio y
Celestio. Los africanos recurrieron también a Rávena, que
emanó un primer rescripto de condenación el 30 de abril
del 418 y un segundo en el otoño del mismo año; en ellos
se condenaba el pelagianismo como superstitio, y quedaba
por ello sujeto a la pena de la praescriptio (PL 56,490-492 y
499-500).
Entretanto, los africanos celebraron el 1.° de mayo del
Pelagio
559
418 un concüium plenarium o universal en la basílica Faus-
tus, de Cartago, bajo la presidencia de los obispos Aurelio
de Cartago y Donaciano de Telepte. Eligieron, asimismo,
tres representantes por cada provincia, siendo Alipio,
Agustín y Restituto los de Numidia. En ocho o nueve cá-
nones, según se haga la división, fueron confirmadas las
decisiones del concüium africanum y la condenación
del 411; también se condenaron las siguientes tesis pela-
gianas: que los niños no son culpables en Adán (c.1-3), que
la gracia se puede reducir a la posibilidad de la naturaleza y
al libre albedrío (c.4-6) y que los santos no tienen necesi-
dad de la oración (c.7-9) (CCL 149,69-73; en PL 56,49-
7-499 el libellus antipelagiano, que quizá con el De gestis,
de Agustín, y la ep. 186, a Paulino, constituyó el material
del concilio de Cartago).
El papa Zósimo, en atención también a la firme actitud
imperial contra los pelagianos, envió en julio del 418 su
célebre carta Tractoria (= carta circular) a las principales
sedes episcopales de Occidente y de Oriente haciendo su-
yas las decisiones de su predecesor Inocencio sobre Pela-
gio y Celestio y pidiendo la adhesión de los destinatarios.
Juliano de Eclana dirigió a Zósimo dos cartas (AuG.,
C. luí. o. i. I 18) solicitando explicaciones, que no fueron
atendidas. Se negó con otros 18 obispos a firmar la Tracto-
ria (AuG., C. luí. I 4,13) y fue condenado. Un libellus de
obispos del norte de Italia enviado al metropolita de Aqui-
leya Agustín pedía la convocación de un concilio contra la
Tractoria (PL 48,508-526 y 45,1732-1736). El 9 de junio,
el emperador Honorio urgía la aplicación inmediata de las
decisiones imperiales con un rescripto (PL 56,493-494).
Juliano, con algunos de sus seguidores, marchó a Oriente;
Pelagio, probablemente, se refugió en Egipto. El 9 de julio
del 425, Valentiano III intervino con un rescripto contra
los pelagianos del sur de las Galias (Codex Theodosianus,
ed. Mommsen-Krüger, 911-912). Finalmente, el concilio
de Efeso pronunció el anatema definitivo contra las tesis
pelagianas y sus sostenedores.
Bonifacio y Celestino, sucesores de Zósimo, adoptaron
la postura de sus predecesores, es decir, la línea trazada
por el concilio de Cartago y por la Tractoria de Zósimo. El
Indiculus Coelestini o Capitula Coelestini (así llamados por-
que nos han llegado con la ep.21 de Celestino), documento
oficioso de la postura romana, compuesto no después del
442, contiene tres cánones del concilio de Cartago (ce. 4-
560
La controversia pelagiana
6), que, a su vez, en lo relativo al tradux peccati, derivan
de las cartas de Inocencio
2 Escritos
Los escritos pelagianos, considerados por mucho
tiempo como un único Corpus, son distribuidos hoy en tres
grupos obras ciertas de Pelagio, obras dudosas, obras de
otros autores Al esclarecimiento de esta intrincada cues
tion han contribuido, sobre todo, C P Caspan (Briefe,
Abhandlungen und Predtgten aus den zwei letzten Jahrhun-
derten des kirchhchen Altertums und dem Anfang des Mittelal-
ters [Chnstiania 1890], el Corpus publicado por Caspan se
considera obra del obispo Fastidio, personaje estudiado
por J Baer De operibus Fasttdn Brttannorum episcopi
[Nurenberg 1902]) A Souter (Pelagius' expositions ofThir-
teen Epistles of Saint Paul, Cambridge 1926), G Morin
(RB 1 5[ 1898]48 1-493, 34[ 1922]265-275 y luego
ibid , 5 1[1939] 128-136, 46[1934]3 17), G de Phnval (Re-
cherches sur l'oeuvre htteraire de P'elage RPh 60[1934]9-42,
Pelage [Lausanne 1943] y, sobre todo, Vue d'ensemble sur la
Ittterature pelagienne RELA 29[195 1]284-294) La orienta-
ción seguida por A Hamman en PLS I 1 lOlss, que se basa
en la uniformidad de estilo, es criticada por Morris (Pela-
gian Literature JThS 16[1965]25-60), que insiste en la
unidad de contenido y en el modo de citar la Biblia Ulte
ñores aclaraciones en CPL 728-766 y en B Fischer VT
Una vuelta mas acusada a la posición de G de Phnval en
R F Evans (Pelagius, Fastidius and the Pseudoagustinian
«De vita christiana» JThS 13[ 1962]72-98, Four Letters of
Pelagius, London 1968) De notar aun las atribuciones a
Eutropio de P Courcelle (Htstoire htteraire des grandes in-
vasión* germaniques [París 3 1964] p 303-317)
La dificultad de proceder a una atribución cierta de las
obras pelagianas existía ya en el periodo mismo de la con-
troversia, ya que, como informa Jerónimo, Pelagio y sus
simpatizantes rehusaban asumirse la responsabilidad de los
escritos pelagianos que estaban en circulación (Dial adv
peí III 14 16) Por otra parte, la obra de Pelagio se distin
gue por una peculiar coherencia, pues su autor difícil-
mente abandonaba sus posiciones originarias, proponiendo
al máximo, con palabras diversas, las mismas ideas, proce-
der que Agustín denuncio en el vanas veces (De gr
Chr II 13, De gestts 2 23 30 54)
Pelagio
561
La obra de Pelagio nos ha llegado, en su mayor parte,
con el nombre de Jerónimo, hoy se suele asignar, en parte,
al obispo Fastidio y, en parte, también a Eutropio (cf in-
fra, Eutropio, p 609) Al obispo Fastidio se asignan los
escritos ascetico-morales, que reflejan el ascetismo y las
condiciones sociales de los siglos IV y V De vita christiana,
De divitus, De malis doctoribus, De castitate, Qualiter religio-
nis (o, por otro nombre, De possibilitate non peccandi)
(CASPARI, 114-119), y las Epistulae, publicadas por G Mo-
rin (RB 1299, 1934 y 1939) Baer ha mostrado la unifor-
midad de lenguaje y estilo de esta producción, Caspan e
Ivo Kirmer (Das Eigentum des Fastidius tm pelagianischen
Schrift, St Ottilien 1938), la coherencia de su contenido
Morris asigna a Fastidio el De vita christiana, De divina lege
y el De virgtnitate En 1927, R S T Haslehurst publico
una edición poco satisfactoria de la obra de Fastidio (The
Works of Fastidtus [London 1927], texto y traducción)
Con el nombre de Jerónimo nos han llegado también
el De divina lege, el De virginitate, De opprobrus, las dos
Epistulae a las hijas de Geroncio De contemnenda haeredt-
tate y De vera circumctsione (continuación de la primera, se-
gún propone G de Phnval [Recherches 33,4] y confirma
J Madoz EE[1942] p 27-54), foEp adTyrasium oTitianum
(PL 38,278 y 33,1175), obra de Celestio según Phnval
(p 43), y el Comentario a las cartas de Pablo, que en el mejor
manuscrito publicado en 1550 con el nombre de Primasio,
lleva por titulo Explanatio sanctt Hieronymi m ep ad Roma-
nos
Una visión de conjunto de la producción pelagiana
ofrecen PLS I 1 lOlss, G de Phnval (Pelage p 44-45) y Mo-
rris (JThS [1965] 26-60, CPL 728-766) Damos a conti-
nuación la distribución que propone G Greshake (Gnade
ais konkrete Freiheit [Mainz 1972] p 311-312), a la que
añadimos algunas consideraciones y bibliografía
a) Obras ciertas
Expositiones XIII epistularum Pauli, ed A Souter
[TSt IX 2] (Cambridge 1926 = PLS I 1110-1374)
Líber de induratione cordis Pharaonis, descubierto por
G Monn y publicado por G DE PLINVAL, Essat sur le
style et la langue de Pelage (Fnbourg 1947) p 137-203
= PLS I 1110-1374)
Expositio tnterlinearis libri lob PL 23,1475-1538, distinto
562
La controversia pelagiana
del que se atribuye al presbítero Felipe (PL 26,619-802)
y a Juliano de Eclana según A. VACCARI, Un commento a
Giobbe di Giuliano di Eclano (Roma 1915).
De vita cbristiana: PL 50,383-402.
Epistula ad Demetriadem: PL 30,15-45.
De divina lege: PL 30,115-116.
Epistula de virginitate: CSEL 1,224-250.
Epistula ad Marcellam: CSEL 29,429-436.
Epistula ad Celantiam; CSEL 29,436-459.
Libellus fidei: PL 45, 17 16-17 18 y 48,488-491 (en los Mo-
numenta haereseos pelagianae, de J. GARNIER).
De otros escritos nos han llegado sólo fragmentos, so-
bre todo en las obras de Agustín:
De fide trinitatis o Libri tres de trinitate, frag.6, ed.
C. Martini, Ambrosiaster. De auctore, operibus, theologia
(Roma 1944) p. 189-210 (= PLS I 1544-1560).
Liber testimoniorum o Eglogarum líber, en JERONIMO, Dial,
adv. peí. I 25-32: PL 23,542-550.
AGUSTÍN, De gestis Peí. 3,6-7: CSEL 42,57-59 y en
J. Garnier; PL 48,594-596.
De libero arbitrio, en AGUSTÍN, De gr. Chr.: CSEL 42,125-
206 y en J. GARNIER: PL 48,611-613; tras otros frag-
mentos en A. SOUTER: Proceedings of the Britsh
Academy 11(1905)437-438 y en JThS 12(1911)32-35
(= PL 1,1539-1543).
De natura; De bono constantiae, en Beda, In Cántica canti-
corum: PL 91,1065-1077 y en A. BRUCKNER, von
Eclanum [TU 15,3] (Leipzig 1897) p.74-75.
Epistula ad Livaniam, en AGUSTÍN, De gestis Peí. 6,16 (in-
terpolado): CSEL 42,68; en M. MERCATOR, Commonito-
rium II: ACO 1,5,1 p.69.
Epistula ad lnnocentium, en AGUSTÍN, De gr. Chr. I 31,33:
CSEL 42,150-151 y en J. Garnier: PL 48,610-61 1.
Epistula ad amicum, en AGUSTÍN, De gestis Peí. 30,54:
CSEL 42,107.
Epistula ad discípulos, en AGUSTÍN, De pecc. or. 15,16:
CSEL 42,177-178.
Fragmenta Vindobonensia: PLS I 1561-1570.
b) Escritos cercanos a Pelagio
Epistula ad adulescentem: PLS I 1375-1380.
Pelagio
563
Tractatus de divitiis: PLS I 1380-1418.
Epistula de malis doctoribus: PLS I 1418-1457.
Epistula de possibilitate non peccandi: PLS I 1457-1464.
Epistula de castitate: PLS I 1464-1505.
Consola tio ad virginem: PL 30,55-60.
Epistula ad Claudiam: CSEL 1,219-233.
Epistula ad Oceanum: PL 30,282-288.
c) Obras «pelagianas» de otros autores
Epistula ad virginem devotam: PL 17,579-598.
Epistula de contemnenda haereditate: PL 30,45-50.
Epistula de vera circumcisione: PL 30, 188-2 10.
Epistula ad Pammachium et Oceanum de renuntiatione saecuh:
PL 30,239-242.
Epistula de vera paenitentia: PL 30,242-245.
Epistula «Honorificentiae tuae», en C. CASPARI, Briefe
p.3-13.
Dividimos las obras de Pelagio por el tema en escritos
exegéticos, teológicos y ascético-morales.
1. Obras exegéticas
Las obras exegéticas de Pelagio, muy concisas en la ex-
plicación del texto e importantes para el estudio del texto
bíblico latino y por la difusión que dieron a la Vulgata,
obedecen a dos principios hermenéuticos: la Biblia, por
ser obra de un mismo Espíritu, no puede contener contra-
dicciones (De Trin.; De induratione 21); los pasajes oscuros
deben ser entendidos a la luz de los más claros (De indura-
tione 9 y 11). Uno y otro principio deben, a su vez, ser
entendidos y aplicados a la luz de las exigencias de un atri-
buto inderogable de Dios, su justicia, que aborrece toda
acepción de personas y no exige lo que es imposible (De
castitate 13; Qualiter2; De natura 83).
Estudios: Cuestiones biográficas: H. ZlMMER, Pelagius in Irland
(Berlin 1901) (de origen irlandés); J. B. BURY, The Origin of Pe-
lagius: Hermathena 13(1905)26-35; K. Muller, Der hl. Patrick.
Anhang: Pelagius' Heimat: NGWG(1931) 113-115; P. Grosjean,
Notes d'hagiographie céltique 34; S. Jérdme, Pélage et Gildas:
AB 75(1957)206-21 1; K. ADAM, Causa finita est, en Festgabe
A.Ehrhard (Bonn 1922) p. 1-23; G. DE PLINVAL, Le probleme de
564
La controversia pelagtana
Pelage sous son dernier etat RHL 35(1939)5-21, G Bardy, Grecs
et latins dans les premieres controverses pelagiennes BLE 49(1948 )-
5-20, R F EVANS, Pelagtus' Veracity at the Synod of Diospolts, en
Studies in Mediaeial Culture (Westtrn Michigan Univ 1964)
p 21-50, H LÍLBRICH, Augusttns Brtefe zur entschetdenden Phase
des pelagianischen Streites REAug 9(1965)51-75 255-258 (sobre
el periodo 415-418), L W Barnard, Pelagtus and Early Syrtan
Chrtsttanity RTAM 55(1968)195-196
Ediciones Comentario de las cartas de San Pablo A SoUTER
[TSt9,2] (Cambridge 1926) (= PLS I 1 110-1574), Comentario a
Job PL 25,1047-1475, Comentario al Cantar de los Cantares frag-
mentos en A BRUCKNER, Julián ion Eclanum [TU 15,5] (Leip-
zig 1897) p 74-75, De rnalis doitoribus PLS I 14 18- 1457 ( e d
Caspan), sobre la falsa interpretación de la Biblia
Estudios Sobre las fuentes A Souter, Pelagtus' Expositions on
Thirteen Epistles of Paul [TSt9,l] (Cambridge 1922) p 174-200,
A J Smith, The Latín Sources of the Commentary of Pelagtus on the
EpistlesofSt Paul to the Romans JThS 19( 1918)162-250 (Ambro-
siaster), 20(1919)5 5-65 (Agustín), 127-1 77 (Rufino),
H J Chapman, Pélage et le texte de S Paul RHE 18(1922)469-
481, 19(1923)25-41, H VOGELS, Der Pelagtuskommentar zu den
Briefen des hl Paulus ThR 25( 1926)12 1-126
Sobre el texto bíblico latino usado por Pelagio (un texto del norte
de Italia, de Aquileya') E NELLESSEN ZNW 59(1968)220-224,
W Thiele íbid , 60(1969)269, H J Frede, en Vetus latina 24-2
(Freiburg 1969) p 285-284, Id, Pelagtus, der irtsche Paulustext,
Seduhus Scottus [Aus der Geschichte der latenischen Bibel 5]
(Freiburg 1961 ), Id , Ein neuer Paulustext und Kommentar I-II
íbid , 197 5-1974 (advierte la necesidad de una nueva edición cri-
tica del comentario de Pelagio que tenga en cuenta las numerosas
interpolaciones pseudojeronimianas)
Sobre el texto latino usado por Pelagio y por T Mopsuesteno latino
H B SwtTE, Theodori episcopi Mopsuestent in epístolas B Pauli
Commentam The Latín versión with the Greek Fragments l-II
(Cambridge 1880-1882), E DEKKERS, Traductions grecques des
écrits patristiques latins SE 5(1953) p 193-233 (sobre la Biblia pe-
lagiana, p 208-210), F H TlNNEFELD, Untersuchungen zur altla-
tetnischen Uber/ieferung des I Tim Der lateinische Paulustext tn den
Handschriften D E F G und in den Kommentaren des Ambrosiaster
und des Pelagtus (Wiesbaden 1963), C Charlier, Cassiodore, Pé-
lage et les origines de la Vulgate paulinienne, en Studiorum Paulino-
rum Congressus (Roma 1963) p 461-470, K Th ScHAFER, Der
Paulustext des Pelagtus íbid , p 455-460
Sobre el prólogo G DE Plinval, Precisions sur l'authenticité d'un
prologue de Pelage, «Primum quaeritur» REAug 12(1966)247-25 5
Pelagio
565
Sobre la interpretación pelagtana de Pablo H H ESSER, Das
Paulusverstandnis des Pelagtus nach seinem Pauluskommentar, Diss
(Bonn 1961), ID , Thesen und Anmerkungen zum exegetischen Pau-
lusverstandnis des Pelagtus, en Zwischenstation, Festschrtft K Ku-
pisch (Munchen 1963) P 27-42, Id SP VII [TU 93] (Berlín 1966)
p 445-461
Otros estudios C H TuRNER, Pelagtus' Commentary on the Pau-
line Eptstles and Its History JThS 4( 1905 )152-141 (rec de
H ZlMMER, Pelagtus tn Irland), E RlGGENBACH, Unbeachtet ge-
bliebene Fragmente des Pelagius-Kommentar zu den paulinischen Brie-
fen (Gutersloh 1905), A SoUTER, Prolegomena to the Commentary
of Pelagtus on the Epistles of St Paul JThS 7(1906)568-575, Id ,
The Commentary of Pelagius on the Epistles of Paul The Problem of
its Restoratton Proceedings of the Bntish Academy 2(1905-
1906)409-439, Id, The Relation of the Román Fragments to the
Commentary tn the Karlsruhe Ms JThS 8( 190 7 )535-536, D DE
BRUYNE, Le prologue tnedit de Pélage a la 1 Cor RB 24(1907)
257-263, E RlGGENBACH, Etne wuktige Entdeckung fur die
Pelagiusforschung ThLB 28(1907)73-75, Id, Neues uber
Pelagtus íbid , 425, A SOUTER, The Commentary of Pelagius on the
Eptstles of Paul Exp 1( 1907)455-467, Id , Another New Fragment
of Pelagtus JThS 12( 191 1)32-35, Id , Freiburg Fragments of ms of
the Pelagtus' Commentary on the Eptstles of St Paul
JThS 13(1912)515-519 (resumen en ThLB 38[1913]42 NewMa-
nuscrtpts of Pelagius), Id , Pelagius and the Paultne Text tn the Book
of Armagh JThS 16(1915)105, Id , The Character and History of
Pelagius' Commentary on the Eptstles of St Paul Proceedings of the
Bntish Academy 7(1915-1916)261-296, D de Bruyne, Etu-
de sur les origines de notre texte latín de Saint Paul RBibl 12
(1915)358-392, E Mangenot, Saint Jérbme ou Pélage édt-
teur des Epitres de St Paul dans la Vulgate Revue du clergé
francais (1916), H KOCH, Pelagto e la lettera agh Ebret
Rel.gio 1 1(1935)21-30
2 Obras teológicas
Estos escritos se pueden ordenar en torno al De natura,
compuesto el 414, que Timasio y Santiago, discípulos de
Pelagio, presentaron a Agustín, que con esta ocasión se
opuso formal y públicamente a Pelagio En el De natura,
Pelagio sostiene que el hombre es, de suyo, capaz de or-
denar su vida según los mandamientos divinos y no pecar,
y ello en razón de una capacidad innata que le ha sido dada
por creación Sobre el mismo tema vuelve en el De libero
arbitrio, escrito después de la absolución de Dióspohs el
libre albedrío es una radix plantada en el hombre con la
566
La controversia pelagiana
creación en estado neutro y se determina en virtud del uso
que el hombre hace de él con su decisión. En esta decisión
se insinúa siempre una gracia de Dios, que ayuda, en sentir
de Pelagio, como una especie de invitación a seguir el
ejemplo de Cristo. Los otros escritos ilustran aspectos par-
ciales de estas ideas: un grupo aclara qué significa ser cris-
tiano (Ad adulescentem, De possibilitate non peccandi, De vita
christiana); otro, en qué consista la justicia en el hombre
(Ad Celantiam); otro grupo trata de la virginidad, su natu-
raleza y posibilidad natural y los méritos que la acompañan
(Ad Demetriadem, De castitate, De virginitate); otros, en fin,
tratan de la libertad como mediadora de salvación para el
hombre contra todo fatalismo externo (De induratione cor-
dis Pkaraonis, De divina lege, Testimonia). De cuestiones
propiamente trinitarias y cristológicas se ocupa en los
fragmentos De Trinitate y en el Libellus fidei, enviado al
papa Inocencio.
I.a) De natura. — Fragmentos en Agustín (De nat. gr.:
PL 44,247-290; CSEL 50,23 1-299), reunidos por J. Gar-
nier (PL 48,590-606, incompleto) y A. Brückner (Quellen
p.60-64). — De libero arbitrio. Fragmentos en Agustín (De
gr. Christi: PL 44,359-410; CSEL 42,123-206), reunidos
en PL 48,61 1-613; tres fragmentos de A. Souter en
PLS I 1539-1543.
b) Testimonia, capitula o eglogae. En PL 23,542-550;
trad. franc. en BA 21; al. en ALG II.
El De vita christiana (PL 40,1031-1046). Aparece en la
tradición manuscrita bajo el nombre de Agustín, con la ex-
cepción de un manuscrito de Sankt Gall (incipit líber pela-
gii beretici... explicit de vita christiana pelagii heretici) y del
manuscrito 232 de Montecasino, que lo atribuye a Fasti-
dio, acaso por influjo de Genadio (De vir. ¿II. 57: Fastidius
scripsit ad Fatalem quendam De vita christiana librum). Uno
y otro caso son evidentes correcciones. Las diferencias no-
tables en el orden literario con la carta Ad Demetriadem
aconsejan atribuir este escrito de carácter popular a un
contemporáneo de Pelagio.
Estudios: C. Caspari (Briefe) lo atribuye a Fastidio;
R. F. Evans ha intentado asignarlo a Pelagio (Pelagius, Fastidius
and the P seudo-Augustinian «De vita christiana» :
JThS 13[1962]72-98), haciendo notar que sólo en el siglo xm
desaparece el nombre de Pelagio de todos los manuscritos de las
Expositiones ; G. MORIN (Le «De vita christiana» :
RB 15[1898]481-493) lo creía de Pelagio; luego en Pélage ou Pas-
Pelagio
56/
tidius. J (RHE 5f 19041258-264) aceptó la tesis de Baer (De operi-
bus Fastidii britannorum episcopi, Nürenberg 1902), según la cual
la obra era de Fastidio, pero circuló con el nombre de Pelagio;
G. DF Plinval (Recherches sur Voeuvre littéraire de Pélage:
RPh 6()[19í4]9-42) cree que el libro pertenece a los círculos pe-
lagianos, pero que no es obra de Pelagio; para 1. KlRMER (Das
Eigentum des Fastidius im pelagianischen Schriften, St. Otti-
hen 1938) es de Fastidio.
c) De divina lege. En PL 30, 105-1 16; muy afín por
tema (la libertad, los sacramentos, polémica con Joviniano)
a la carta Ad Demetriadem. J. Morris no la asignaría a Pela-
gio en razón de la frase Ego te christianum voló esse, non
monachum dici (PL 30,1150, que, a su entender, contra-
dice la estima de Pelagio por la vida monástica.
d) De induratione cordis Pharaonis. Descubierto por
Morin y publicado por G. de Plinval (Recherches p. 137-203;
sobre la historia de la edición p. 120-121); escrito en res-
puesta a una insistente provocación (de Ambrosiáster?),
lleva como subtítulo «Tratado de los vasos de honor y de
ignominia». El autor se dirige a toda persona que quiera
enderezar su vida sin abandonarse al fatalismo pagano, que
postula la existencia de dos massae creadas por Dios,. una
buena y la otra perversa, e incapaz de mudar conducta. El
autor enuncia los temas a tratar en n.2: interpretación de
Ex 20,5 (reddam peccata patrum in filiosj, n.1-12; Esaú y Ja-
cob, n.13-21; Faraón, n. 22-23; los vasos de honor e igno-
minia, n. 34-48; praesciti y predestinados, n. 49-5 5.
Estudios: G. MARTINETTO, Les premieres r'eactions antiaugusti-
niennes de Pélage: REAug 17(197 1)83-117 (el De induratione sería
la primera reacción de Pelagio contra Agustín a propósito, sobre
todo, de sus Quaestionet 81).
e) Epistula ad Demetriadem (PL 30,15-45). Compuesta
después del saqueo de Roma (Ad Dem.30); es uno de los
escritos fundamentales para conocer la antropología de Pe-
lagio. En él sostiene que en el hombre existe «una cierta
salud natural», que se asienta en la fortaleza del alma para
juzgar del bien y del mal (c.4); la naturaleza no adolece de
un vicio que la lleve al mal, sino que goza de una doble
posibilidad de elección (c.8). La oscuridad en que el alma
se debate como consecuencia de la costumbre de pecar es
disipada con la gracia de Dios, que son la lex antes de
Cristo y luego el ejemplo de Cristo. La virginidad es un
568 La controversia pelagiana
estado de justicia por encima del que a todos se exige; es
posible ser educado para ella y será coronada con una re-
tribución especial (c.9-13).
Ediciones: PL 30, 15-45; K. C. KRABBE, Epistula ad Demetria-
dem de lera bumilitate. A Critica! Text and Translation with intro-
duction and Commentary fPSt 9 7 ] (Washington 1965). El mejor
manuscrito, el Augiensis 105, del siglo IX, la atribuye a Juliano de
Eclana.
Estudios: L. Valentín (Saint Prosper d'Aquitain. Étude sur la lií-
t'erature latine ecclésiaaique au v c siecle en Gaule [Toulouse 1900]
p. 7 14-725) la asigna a Próspero; M. Gonsette, Les directeurs spi-
rituels de Démétriade. Épisode de la lute antipélagienne:
NRTh 60(1933)783-801.
II. Junto a la Ep. ad Demetriadem conviene colocar los
otros escritos pelagianos sobre la virginidad, que, en po-
lémica con Joviniano, defienden su excelencia y méritos e
ilustran su dimensión cristológica y eclesiológica.
a) Epistula de castitate. En PLS I 1464-1505 (ed.
G. Morin). La castidad consiste en abstenerse de toda rela-
ción sexual con la mente y con el cuerpo, y ello vale tanto
para el hombre como para la mujer. La virginidad para la
mujer consiste en mantener íntegra la naturaleza recibida
en la creación, que posee en sí la norma de la vida futu-
ra, en la que el matrimonio será abolido, y la asemeja al
sacerdote, que sirve en continencia ante el altar. Quien
abraza la virginidad se hace palabra de Cristo. Comparado a la
virginidad, el matrimonio claramente desmerece, y su uso
aparece casi como mera lujuria animal.
Estudios: G. DE PlJNVAL (Pélage p.44-45) la considera obra de Pe-
lagio; S. PRETE (Lo scritto pelagiano «De castitate» e di Pelagio?:
Aevum 1961] 315-322) duda de la atribución de Plinval;
R. F. EVANS (Four Letters of Pelagius [London 1968] p.24ss) la
asigna a un anónimo.
b) Ad Claudiam sororem de virginitate. En CSEL
1,225-250. C. Helm la ha publicado como obra de Sul-
picío Severo, pero es de Pelagio. En polémica con Jovi-
niano, que no admitía diferencia de méritos entre vírgenes
y no vírgenes en razón de la común gracia bautismal, Pela :
gio defiende la virginidad con argumentos bíblicos y ale-
gando la costumbre de la Iglesia; la virginidad, como ex-
Pelagio 569
presión de una vida cristiana de probada consistencia, es
un connubio espiritual con Cristo, que para encarnarse eli-
gió un corazón virgen. Por su asimilación a Cristo, la
virgen imprime en sí la semblanza de la Iglesia, sin
mancha ni arruga, y es para los demás ejemplo de par-
ticipación de la santidad. La carta merece ser conside-
rada uno de los mejores tratados sobre la virginidad del
siglo V.
3. Obras ascético-morales
Son, en general, exhortaciones a soportar con constan-
cia cristiana las adversidades (Epp. ad Marcellam, ad Ocea-
num, ad virginem in exilium missam, De bono constantiae;
fragmentos en A. BRUCKNER, Julián von Eclanum
[TU 15,3] [Leipzig 1897] p.74-75). El tratado De divitiis
(PLS I 1380-1418), aunque desde el punto de vista litera-
rio pertenece al género de los ejercicios escolares sobre un
tema dado, es, por su tema y argumentos, uno de los trata-
dos más radicales del siglo V sobre la cuestión de la distri-
bución de las riquezas. El tratado se opone a toda posesión
de riquezas que comporte una discriminación entre ricos y
pobres, lo cual acaece siempre que se posee más de lo que
se necesita. La acumulación de bienes muebles o inmue-
bles es injusta, porque, en sentir del autor, es siempre
fruto de posesión injusta o de rapiña. En apoyo de su tesis,
el autor aduce el comportamiento de Dios, que distribuye
los bienes espirituales, remisión de los pecados, eucaristía
y santificación, etc., sin acepción de personas. Si esto
acaece en el orden espiritual, que es superior, con mayor
razón debería ser observado en el orden inferior de los
bienes temporales. Hay pobres porque hay ricos. El autor
propone a los cristianos del Nuevo Testamento el ejemplo
de Cristo pobre. La pobreza es entendida en este tratado
como suficiencia, es decir, consiste en no poseer más de lo
que es necesario. No se niega la licitud de la posesión de
una riqueza justa, obtenida, v.gr., por herencia, pero se
advierte que es siempre ocasión de pecado.
Estudios: R. F. Evans {Four Letters of Pelagius, London 1968)
considera el De divitiis obra de un anónimo siciliano, discípulo
pelagiano, pues parece conocer las preguntas de Hilario a Agus-
tín en la ep. 156.
570
La controversia pelagiana
3. Doctrina pelagiana
La exposición de la doctrina de Pelagio y otros que con
diversos matices profesaron las tesis que han pasado a la
historia como la concepción pelagiana del cristianismo,
conviene dividirla cronológicamente en tres períodos: el
pelagianismo antes del 411, fecha de la primera condena-
ción del movimiento; el pelagianismo de los años 411 al
418 (condenación de Celestio el 411, sínodo de Dióspolis,
concilio plenario de Cartago del 418 y Tractoria, de Zó-
simo) y el pelagianismo después del 418 o semipelagia-
nismo.
1. Antes del 411: «De induratione cordis Pharaonis»
Este escrito de Pelagio, compuesto quizá contra Am-
brosiáster, contra las Quaestiones 83, de Agustín, y en po-
lémica con otras obras afines del tiempo, es fruto de los
debates que se mantenían en los círculos intelectuales cris-
tianos de Italia, que trataban de hallar su comprensión del
cristianismo en la interpretación de algunos pasajes de la
Escritura y, sobre todo, de Pablo, estimulados o provoca-
dos por el origenismo, por la traducción latina de las obras
de Plotino, por la postura de Joviniano contra el ascetismo
monástico masculino y femenino y por la persistencia de
círculos maniqueos tenidos por fautores del fatalismo pa-
gano, que en su versión cristiana presentaban a Dios como
creador de dos masas humanas, una destinada a la conde-
nación, por mala; la otra, a la vida, por buena. Los textos
bíblicos examinados era Ex 20,5: Reddam peccata patrum in
filios; Ex 7,3: Ego indurabo cor faraonis; Rom 2,1 1: cui vult
miseretur, et quem vult indurat; Rom 9,11-21: lacob dilexi,
Esau autem odio habui; Rom 9,21-24, sobre vasa bonoris et
ignominiae, y Rom 8,29, que habla de los praesciti y prae-
destinati.
Pelagio aborda y resuelve estas cuestiones en su Dé 1 indu-
ratione cordis Pharaonis, en función no de una predestinación
previa, sino de una destinación merecida por la observan-
cia de los preceptos divinos con la libertad personal, ínsita
en la naturaleza humana: insertum est in natura (De
ind. 46). Concluye, por tanto (De ind. 51), que, «conoci-
dos previamente, los predestinados, los llamados, los justi-
ficados, son... aquellos que Dios ha previsto que con
Pelagio
571
ánimo esforzado soportarán sin desfallecer todo lo que de-
berán sufrir por su nombre».
Estudios: A. SOUTER, Pelagiu\' Doctrine in Relation to its Early
Life: Exp 1(1915)180-182; A. CASAMASSA, // pensiero di s. Agos-
tino nel 196-197. I Tractatores divinorum eloquiorum di Re-
tract. 1.21,1 e l'Ambrosiastro (Roma 1919); E. BuONAlUTI, Pelagio
e l'Ambrosiastro: RR 4( 1928)1- 17; B. LEEMING, Augustine, Ambro-
siaster and tbe «massa perditionis » : Greg 1 1( 1930)58-91;
B. PlAULT, Autour de la controverse pélagienne: «Le ¡roisfeme lieu»:
RSR 44(1956)481-514; G. Martinetto, Les premieres réactions
antiaugustiniennes de Pélage: REAug 17(1971)83-117; P. Brown,
Religión and Society in tbe Age of Saint Augustine (London 1972)
p. 183-226.
2. El pelagianismo en los años 411-418
a) La condenación del 411
En este período surge y se clausura públicamente la
polémica pelagiana. Las etapas principales son: la collatio
carthaginensis, contra Celestio, del 411; el sínodo de Diós-
polis, contra Pelagio, del 415; el concilium africanum, del
417; el concilio plenario de Cartago, del 418, y la epístola
Tractoria, de Zósimo. A este período pertenecen los prin-
cipales escritos de Pelagio: Ad Demetriadem, Líber testimo-
niorum, De natura, De libero arbitrio y las Definitiones, de
Celestio. Utilizando esta documentación, trataremos de
delinear la doctrina de Pelagio, que al entrar en contacto
con la iglesia africana, que estaba para concluir la expe-
riencia del cisma donatista, entra en una nueva fase y sufre,
acaso también, un desarrollo diverso en su historia. Las
cuestiones del De induratione, contra el fatalismo, de pro-
cedencia maniquea, se plantean ahora no ya teóricamente,
sino habida cuenta de la costumbre de administrar el bau-
tismo a los niños (el De peccatorum meritis et remissione et de
baptismo parvulorum, de Agustín, es del 411-412). El bau-
tismo era conferido a los niños in remissionem peccatorum y
acerca del origen del alma se profesaba la explicación tra-
ducianista. La tradición africana contribuía a esclarecer las
consecuencias del pecado de Adán en su descendencia y la
consiguiente necesidad de la redención cristiana; entre
aquéllas destacaba la muerte corporal y espiritual y la debi-
lidad de la voluntad para obrar el bien, que necesitaba por
572
La controversia pelagiana
ello ser sanada por la gracia del Redentor; todos, por
tanto, sin distinción de edad, necesitaban ser liberados per
Christum, y también los niños tenían necesidad del bau-
tismo.
Pelagio y sus seguidores, llegados de Roma después del
410, prosiguieron las discusiones romanas del De indura-
tione, proponiendo sus conclusiones acerca de la libertad
del hombre, árbitro del propio destino, y oponiéndose a
todo traducianismo del pecado de Adán. La muerte corpo-
ral era, para ellos, natural al hombre, y hacían depender la
muerte espiritual de la sola libertad individual, que, no ob-
servando la ley de Dios, imita el pecado de Adán. Todo
hombre nace, por tanto, en la misma condición en que
Adán fue creado, y si la Iglesia bautiza a los niños, no lo
hace para remitirles un pecado, sino para regenerarlos. Las
posiciones pelagianas fueron formalizadas en seis cargos de
imputación por Paulino, diácono de la iglesia de Milán, a la
sazón en Cartago por asuntos de su diócesis. Celestio,
también presente, fue acusado ante el obispo Aurelio y el
clero de Cartago. Celestio respondió que las acusaciones
que se le imputaban eran doctrina por él aprendida del
presbítero romano Rufino (MERCATOR: ACO I 5,1 p.5).
Para los africanos, las proposiciones presentadas como car-
gos eran presupuestos inadmisibles; a saber: que la muerte
era natural a Adán, que su pecado fue un hecho personal
sin consecuencias para su posteridad, que los niños nacen
como Adán antes del pecado, que nadie muere en razón
del pecado ni resucita en virtud de la resurrección de
Cristo, que el Antiguo y Nuevo Testamento conducen
igualmente al cielo y que en el Antiguo Testamento se
dieron hombres justos sin pecado.
De las acusaciones presentadas contra Celestio el 411
poseemos dos fuentes: una el De gestis Pelagii, de Agustín,
que cita las actas del proceso de Dióspolis, traducidas al
latín por M. Mercator, y otra, el Commonitorium super no-
mine Coelestii, del mismo M. Mercator (ACO I 5,1 p.66).
La fuente escrita de Paulino fue, al parecer, el Líber de fide,
de Rufino. La condenación de Celestio del 411 señala una
etapa fundamental de la controversia pelagiana; a ella se
referirán incesantemente uno y otro bando; el primero
para hacerla respetar, el segundo para tratar de revocarla.
En el término impeccabilis, la proposición sexta anuncia la
palabra clave de la etapa que se abre después del 411.
Pelagii
573
Fuentes : Las actas de la condenación del 411 en AGUSTÍN, De
genis Peí. 11,23 (CSEL 42,76s); M. MERCATOR, Commonitorium II
(ACO I 5,1 p.66); el Líber de fide en PL 21,1123-1154 y 48,451-
488 y en M. W. MlLLER, Rufini presbyteri «Liber de fide» [PSt 96]
(Washington 1964) (texto crítico, traducción y comentario).
Estudios: F. LOOFS: RE XV( 1904)749; B. ALTANER, Der «Li-
ber de fide», ein Werk des Pelagianers Rufinus des «Syrers»:
ThQ 130(1950)432-449 [= TU 83] (Berlín 1967) p.467-482 (su
propuesta de datación, el 414, es poco verosímil); J. H. KOOP-
MANS, Augustine's First Contad with Pelagius and the Dating of
the Condemnation of Caelestius at Carthage: VC 8(1954)149-163;
F. RefoulÉ, Datation du premier concite de Carthage contre les p'ela-
giens et du «Libellus fidei»: REAug 9(1963)41-49; G. Bonner,
Les origines africaines de la doctrine augustinienne sur la chute et le
peché origine!: Augustinus 12( 1967 )9 7 -l 16; H. I. MARROU, Les at-
taches orientales du Pélagianisme: CRK 1968)461-472; V. GROSSI,
// battesimo e la polémica pelagiana negli anni 41 1-413:
Aug 9(1969)30-61; G. BONNER, Rufinus ofSyria and African Pé-
lagianisme: AugS 1(1970)31-47 (paralelos entre textos de Rufino
y del De pecc. meritis, de Agustín).
h) Del 411 al 418
Los seis puntos de la acusación presentada por Paulino
en Cartago promovieron la discusión acerca de la presencia
del pecado original en todo hombre (n. 1-4), el examen de
la relación entre Antiguo y Nuevo Testamento a base de
las categorías paulinas de ley y gracia (n.5) y de la posibili-
dad real de vivir sin pecado (n.6) o tesis de la impeccantia.
El 414 llegaron a manos de Agustín cinco tesis pelagianas
que circulaban en Sicilia (Ep. 156, de Hilario de Siracusa),
las Definitiones, de Celestio, sobre la impeccantia del hom-
bre, que le envían los obispos españoles Eutropio y Pablo
(a las que replica con el De perfectione iustitiae hominis), y
el De natura, de Pelagio (al que responde con el De natura
et gratia), que defiende la bondad de la naturaleza humana
y la posibilidad real que le es connatural, de obrar el bien y
evitar el mal. En este escrito, la gracia no es más que la ley
revelada por Dios al hombre para mostrarle lo que debe
hacer; su cumplimiento entra dentro de las posibilidades
de su naturaleza y es el parámetro que establece la dife-
rencia de merecimientos en los cristianos. Pelagio había ya
aplicado estos principios a la elección de la virginidad en
La controversia pelagiana
su Ep. ad Demetriadem, escrita poco después de alejarse de
Roma.
Pelagio entretanto se había granjeado en Jerusalén la
amistad del obispo Juan, al que Orosio se dirige, enviado
por Agustín, en busca de luces acerca de la cuestión del
bautismo de los niños, del pecado original y de la impeccan-
tia. No habiendo obttnido lo que esperaba, Orosio reunió
a los latinos que se habían refugiado en Jerusalén y pro-
vocó un encuentro con el obispo Juan y con el clero de
Jerusalén. Para entenderse recurrieron a intérpretes, mas
al fin todo se resolvió en un enfrentamiento entre los an-
tiorigenístas de Jerónimo y los origenistas de Pelagio, que
se habían trasladado ya de Roma a Oriente. Dado que no
se había llegado a ningún resultado, dos obispos galos en
exilio, Eros y Lázaro de Aix, presentaron en Dióspolis una
acusación formal en diciembre del 415 contra Pelagio con
la intención de extender a él la condenación emanada con-
tra Celestio el 411. Los principales cargos de la acusación
fueron entresacados, en forma de seis proposiciones,
de los 160 títulos del Liber testimoniorum. Eran propo-
siciones-síntesis de las ideas pelagianas en boga, de las
que a menudo los pelagianos no asumían la responsabi-
lidad (JERÓNIMO, Dial. adv. peí. III 14-16), como tampoco
Pelagio en esta ocasión, a pesar de que habían sido entre-
sacadas de una obra suya. La tesis principal que le fue re-
prochada era que «el hombre, si quería, podía vivir sin
pecado». Pelagio explicó personalmente que el hombre
recibe de Dios la capacidad de comportarse en conformi-
dad con los mandamientos divinos (De gestis 30,54) y que
la lex o la revelación era uno de los auxilios divinos para
hacer real esa posibilidad. Pelagio fue absuelto de la acusa-
ción que se le imputaba, y para exponer de forma más sis-
temática su pensamiento compuso entonces su De libero
arbitrio. Agustín estaba convencido de que Pelagio en
Dióspolis había reducido la gracia a la libertad (De ges-
tis 10,22). En el De libero arbitrio, en la relación entre li-
bertad y gracia se introduce el adverbio facile: la gracia es,
para el libre albedrío, una facillitas non peccandi, no una
possibilitas non peccandi, que es patrimonio de la naturaleza
humana en cuanto tal. Las aclaraciones acerca de la gracia que
Pelagio propone en Dióspolis (De gestis 14,30), distancián-
dose de Celestio, y en el De libero arbitrio demuestran que
no identificó la gracia con la naturaleza o con el libre albe-
drío y que no sostuvo la inutilidad de la oración para el
Pelagio
575
cristiano, mas demuestran, asimismo, que reducía la gracia
a un estímulo de la voluntad.
Para San Agustín, la gracia de que hablan los pelagia-
nos no es más que la naturaleza, o el libre albedrío, y por
ello llama a Pelagio «enemigo de la gracia de Dios» (De
gestis 22,46). Esta interpretación agustiniana es, por una
parte, prueba de que en la teología pelagiana no se distin-
guía lo que era aportación de Pelagio, de Celestio, de los
pelagianos de Sicilia o de otros grupos, y, por otra parte,
es índice de las consecuencias que cabía deducir de la
orientación que los pelagianos imprimían a la antropología
cristiana. Si la cuestión de la impeccantia se planteaba en el
orden puramente teórico, la posición afirmativa podía ser
defendida. La posición de Pelagio fue entendida en Jerusa-
lén y en Dióspolis en este orden teórico, que congeniaba
mejor con los orientales. Los africanos, en cambio, repli-
caban que el hombre teórico pelagiano no pertenecía a la
historia, a la historia del pecado de Adán; no era el sujeto
de los sacramentos ni el objeto de la redención cristiana.
Las afirmaciones de Pelagio no encontraban aplicación en
el plano histórico, y eran por ello heréticas; si se aceptaban
en ese plano, había que concluir que los sacramentos eran
inútiles; su administración, carente de sentido, e innecesa-
rio el Redentor del hombre (conclusiones ya formuladas
por Agustín en el De pecc. mer. et remiss., del 411-412).
Cuando se trataba de pasar del plano teórico al plano real,
Pelagio se mostraba evasivo (como en la discusión acerca
de los justos del Antiguo Testamento: De gestis 11,26). Si
se tiene presente este contexto, se comprende que Agustín
acusase a Pelagio de haber engañado a los obispos reuni-
dos en Dióspolis ocultándoles su verdadero modo de pen-
sar (De gestis 3,8; 6,10-20,22; 14,30-31, etc.).
La capacidad de bien impresa por Dios en el hombre,
fundamento de la orientación de la antropología pelagiana,
era, para Pelagio, la imagen misma de Dios de que habla
Gen 1,26. Por su naturaleza, esta imagen comporta la po-
sibilidad humana de vivir sin pecado y de ajustarse a los
preceptos divinos. Adán con su pecado, no alteró esta
imagen ni el posse del libre albedrío, ni en cuanto al cuerpo
ni en cuanto al alma. Sólo propagó su ejemplo, y la cos-
tumbre de pecar empañó la imagen de Dios en el hombre.
Dios entonces le dio primero una ley, y luego envió a Je-
sucristo para que con su ejemplo venciera el torpor de la
imagen divina; un ejemplo que es, pues, estímulo para la
576
La controversia pelagiana
libertad e invitación a elegir por si mismo los preceptos del
Señor Pelagio llama a la ley del Antiguo Testamento co-
rrectorium para la imagen, y al ejemplo de Cristo, gracia
dada por Dios al hombre (De induratione 3 5 4 8 11 34,
De malis doctoribus 18,2, De lib arb fragm 3 PLS I 1543,
De vita christiana 14 PLS I 1044, De castttate 6,2
PLS I 1474, De vtrgmitate 1 CSEL 1,234, Ad Dem 23,
texto fundamental para la antropología de Pelagio) No re-
sulta con claridad que Pelagio concibiera la imagen en sen-
tido dinámico (Greshake), como una fuerza trahens que
mueve el hombre a elegir Habría que decir, más bien, que
Pelagio concluye del concepto de creación de potencia Det
ordinata que el acto creador dota a la naturaleza humana
de su capacidad de elegir Esta teología de la creación es el
fulcro de la doctrina de Pelagio Su insistencia en el exem-
plum es de sana tradición cristiana El cristianismo se
transmite siempre, es un tradere que parte de quien ya lo
posee, y discurre, por tanto, en el plano del exemplum Pe-
lagio individuó muy bien la categoría del exemplum, erró,
en cambio, al conferir al exemplum la capacidad de provo-
car, de suyo, la libertad de poder apropiárselo Agustín ad-
virtió claramente este desfase, y lo puso agudamente en
evidencia tanto en el caso de Cristo como en el de Adán
Desde Tertuliano (De oratione 4 y 8), la iglesia africana ha-
bía ya ilustrado con claridad el alcance y significado del
ejemplo de Cristo como Agustín lo exponía durante la
controversia pelagiana
Tras la absolución de Dióspolis, Pelagio, en carta al
papa Inocencio (AGUSTIN, De gratia Christi 30,32), juzgó
todo el proceso una maquinación calumniosa contra él La
reacción africana a la absolución de Dióspolis condujo al
concthum africanum, al concilio de Cartago del 418 y a la
Tractona, de Zósimo, que condenaron definitivamente a
los pelagianos
Los cánones del concilio de Cartago del 418 coinciden,
en parte, con los seis puntos de la denuncia del 411, el
canon 1, sobre la muerte natural de Adán, corresponde al
punto 1 0 del 411, el canon 2, sobre el bautismo de los
niños, a los puntos 2-4 del 411, con la sustitución de
1 Cor 15,21 por Rom 5,12 y la aclaración que no se ha de
distinguir entre vida eterna y reino de Dios (la tesis menos
conocida en las fuentes pelagianas), los cánones 4-6 profe-
san la necesidad de la gracia para observar los mandamien-
tos (c 4), para toda buena acción (c.6), y aclara que no es
Pelagto
577
un mero auxilio externo (c 5), los cánones 7-9 tratan de la
impeccantta
El concilio de Cartago, ocupándose de la cuestión bau-
tismal (c 1-3), de la gracia, que no es sólo remissio (c 4), ni
solo revelatio (c 5), ni solo creatio (c 6), y de la no posibili-
dad de vivir sin pecado (c 7-9) y relativas consecuencias,
constituye una profundización del pensamiento de Pelagio
y de los pelagianos, y en especial de las implicaciones de su
postura (v gr la reducción de la gracia a perspectivas par-
ciales) El concilio no se ocupó de la relación entre la liber-
tad y la gracia La Tractorta, de Zósimo, con alguna ligera
variación, confirmo el juicio del concilio de Cartago sobre
Pelagio y los pelagianos La reacción a la Tractorta y la po-
lémica con Juliano no aportaron novedad alguna de re-
lieve, si se exceptúa el examen de las repercusiones de la
tesis de la transmisión del pecado original en la doctrina
matrimonial Agustín, que forzó a los pelagianos a sacar
todas las consecuencias de sus tesis, fue, a su vez, obligado
por Juliano a afrontar todas las consecuencias que deriva-
ban de la doctrina del pecado original
Fuentes (cf la bibliografía general tnfra) OROSIO, Líber apolo-
géticas contra pelagianos CSEL 5,603 664, PROSPERO DE AQUITA
NIA, Epitoma chronicorum MGH, AA IX 385 485, Conventus
Hterosolymttanus Mansi, IV 307 312, sínodo de Diospolis,
Mansi, IV 311-320, Agustín, De gestts Pelagn CSEL 42,49-
122, A 122, A BRUCKNER, £W/e» zurGeschtchtedespelagianischen
Stre'ites (Tubingen 1906) 14 20 O WERMELINGER, Rom und Pela-
g/uí (Stuttgart 19 7 5) p 295-299, con indicación de las fuentes po-
sibles
Sobre los obispos presentes en Diospohs AGUSTIN, Contra lulta-
num I 5,19
Sobre Inocencio I y los pelagianos (concilio de Cartago del 416,
de Milevi del 416, Epístola famiharts V epp ) MANSI, IV
321-344
Concilio de Cartago del 418 MANSI, III 810-850, Ch Mu
NIER, Conctlta Africae CCL 149,69 73
El Ltbellus antipelagianus PL 56,497 499, INOCENCIO I,
Ep 175-177 y 181-183 del epistolario agustiniano CSEL
44,701-730, Zósimo, Ep 2-3 CSEL 35,99-108, Ep 1-4,
MGH, epist III 5-7, Ep 12 CSEL 35,115-117, Agust ( N, Ep
177 y 186
Sobre Zósimo y la cuestión pelagtana Mansi, IV 353-358 366-
367 371-378 381-384 (el ltbellus de Paulino)
El Ltbellus ftdei a Agustín, metropolita de Aquileya
578
ha controversia pelagiana
PL 48,509-526 y 45,17 32-17 36 La 7 raciona, de Zósimo
PL 20,693 695, O WERMELINGER, Rom und Pelagtus p 307-308.
Sobre los concilios africanos y la cuestión pelagiana, P QuESNEL,
diss.13. De concilus afncanis: PL 56,959-1006 y las observaciones
de los Ballenni. PL 56,1005-1042
Estudios. J COMELIAU, A propos de la priere de Pélage:
RHE M(19^5) 7 7-89, H WuRM, Studien und Texte zur Dekreta-
lensammlung deí Dionyuuí Exiguus (Boon 1939) (sobre la colec-
ción de Quesnel, PL 56,956ss), J RiviERE, Hétérodoxie des péla-
gtení en fait de rédemption? ■ RHE 4 1 ( 1946)5-4 }, F FLOFRI, Le
pape Zosime et la doctrine augustimenne du péch'e ongtnel: Aug-Mag
IIp.755-761, III p 261-263;Th. Bohlin, Die Theologiedes Pelagtus
undihre Génesis (Uppsala 1957); H. A. WOLfSON, Phtlosophicallm-
plications of the Pelagian Controversy: Proceedings of the American
Philosophical Society 103(1959)554-562, A. Zumkeixer, ALG II
37-4"", B Studer, Sairamentum et exemplum chez satnt Augusttn:
RAug 10( 1975 )8^-l41 Sobre los rescriptos antipelagianos
(PL 56,190ss) y las presuntas motivaciones sociológicas de la in-
tervención imperial, J N. L Myres, Pelagtus and the End of the
Román Rule tn Brttain: JRS 50( 1960)2 1-36, J MORRIS, Pelagian
Literature: JThS 16(1965)25-60; contra esta tesis, W. Liebe-
SCHUTZ, Dtd the Pelagtan Movement have Soital AimsP:
Historia 12(1963)227-241, A. de Veer REAug 9Ü963)318s y
13(1967)146.
Sobre la distinción entre la doctrina de Pelagio y el pelagtantsmo
condenado- G DE PL1NVAL, Potnts de vue receñís sur la théologte de
Pélage: RSR 46( 1958)227-236, G BONNER, How Pelagian was Pe-
lagtus? An Examtnation of the Conten tion of Th. Bohlin: SP IX
[TU 1964] (Berlín 1966) p. 350-358, A. Trape, Veno la nabdita-
ztone del pelagianesimo?: Aug 3( 1963 )482-5 16, G DE Plinval,
L'heure est-elle venue de redécouvrtr Pélage?: REAug 19(1973)158-
162, G. GRESHAKE, Gnade ais konkrete Erethett (MainE 1972).
3- El pelagiamsmo después del 418
La concepción antropológica de Pelagio, basada en la
potencialidad de la naturaleza, que la libertad pone en
acto, puso las bases de un esquema para tratar de la natura-
leza y de la gracia, en el que la gracia era entendida análo-
gamente a la naturaleza. El canon 5 del concilio de Carta-
go del 418 había definido que la gracia no es sólo el cono-
cimiento de los mandamientos, sino, además, causa del
cumplimiento de la ley, aún más, es la gracia per Dominum
nostrum I. Cbristum. En su réplica a Pelagio, Agustín sos-
tiene — y es uno de los puntos capitales de su polémica —
Pelagio
579
que Jesucristo es el único mediador para todos los justos
antes y después de su venida (De pecc. mer. 26,30; De nat. et
gr. 2,2, etc.). No obstante, en la línea de una argumenta-
ción ad hominem, respondía a Pelagio, que siempre hablaba
de Natura, entrando en el esquema antropológico de la
gracia profesado por el adversario, que la concebía en el
ámbito de la categoría natura. Sería interesante poder dis-
tinguir en Agustín lo que se debe a la respuesta que dirigía
a Pelagio y lo que, en cambio, era peculiar de su posición
personal. No hay duda que nos hallamos ante dos esque-
mas. El esquema teológico de la gracia basado en la catego-
ría natura (Pelagio) y no en la de persona (para Agustín, el
único mediador Jesucristo), presenta límites manifiestos.
La primera consecuencia que de él se sigue es oponer la
naturaleza a la gracia como rivales: por una parte, la liber-
tad del hombre; por otra, la libertad de Dios.
De ahí nació, acerca de la relación entre libertad y gra-
cia, otra línea de polémica conocida con el nombre de se-
mipelagianismo, que ve enfrentados, de una parte, a Agus-
tín, y, de otra, a los monjes de Hadrumeto, en Africa, y de
Lérins, en las Galias. La discusión en torno al problema de
las relaciones entre libertad humana y libertad de Dios no
pertenece, por tanto, a la polémica que enfrentó Agustín a
Pelagio, Celestio y Juliano, y que cabe considerar clausu-
rada, ideológicamente, el 418, sino que es posterior a la
polémica pelagiana en sentido estricto, aunque proceda de
la comprensión pelagiana de la gracia en el esquema de la
natura. El debate acerca de la relación entre libertad hu-
mana y divina planteó el problema de la predestinación y
desembocó en la herejía del predestinacianismo, conde-
nada en el concilio de Arlés del 473.
La historia prefirió contemplar la polémica pelagiana
desde una cierta distancia, y en Agustín v Pelagio sintetizó,
respectivamente, al defensor de la gracia y al defensor de
la libertad humana. Sobre las grandes obras teológicas de
Agustín del período semipelagiano (De gratia et libero arbi-
trio, De correptione et gratia, De praedestinatione sanctorum,
De dono perseverantiae, etc.) recayó la sospecha de no respe-
tar la libertad del hombre, y de fomentar por ello pesi-
mismo y melancolía; Agustín habría defendido la omnipo-
tencia de Dios humillando la insignificancia impotente del
hombre. En cambio, a Pelagio, aun sin conocerlo, se le
miraba con una curiosidad transida de simpatía, como a
defensor del hombre.
La controversia pelagiana
Vista de cerca, la historia nos muestra a Pelagio que
acababa sus días en el olvido mientras hervía la nueva po-
lémica, y permite, asimismo, constatar que el dicotomismo
naturaleza-gracia y sus respectivas competencias de poder
está ausente de las obras agustinianas del período semipe-
lagiano. Esta interpretación le fue impuesta por espíritus
menos respetuosos que Agustín de la libertad del hombre
y de la libertad de Dios. Esta última es para Agustín, en su
relación con la libertad del hombre, auxilium, no arrogan-
cia.
Las obras más significativas de lo que fue el pelagia-
nismo después de la polémica pelagiana son: el Hypomnes-
ticon (PL 45,161 1-1664), un escrito que comprende seis
responsiones que afrontan los siguientes problemas: el pe-
cado original, su existencia en Adán y en su posteridad, su
transmisión y la libido, que es su consecuencia (resp. 1-2 y
4-5); necesidad y gratuidad de la gracia y su relación con la
libertad humana (resp. 3); definición y naturaleza de la pre-
destinación, valor del esfuerzo humano, predestinación y
voluntad salvífica universal (resp.6). Sigue el De gratia Dei
et libero arbitrio contra Collatorem (PL 51,213-276), de
Próspero de Aquitania, y el Praedestinatus (PL 53,58-
7-672).
Acerca del bautismo se abre camino un nuevo error,
según el cual los niños recibían o no el bautismo en con-
formidad con la previsión divina de sus futuros méritos;
véase a este propósito la ep.225, de Próspero a Agustín
(CSEL 57-2,461), que había contemplado ya la cuestión en
la ep.2 17,6,29 y en el De praed. sanct. 12 y 13, etc El Hy-
pomnesticon en la resp. 5,5 trata del mismo argumento. La
ep.l, de Fausto de Riez a Lúcido (PL 58,835-837), una de
las fuentes del concilio de Arlés del 473, condena ya a
quien sostiene que no se salva por no haber recibido los
medios para salvarse (4) y a quien afirma que Cristo no
murió por todos y no quiere la salvación de todos (6).
Estudio*. H VON SCHUBERT, Der sogennante Praedestinatus
Ein Bettrag zur Geschichte des Pelagianismus [TU 24] (Leip-
zig 1903) (y cf. infra, p.550 y 653s), D. de Bruyne, Sommaires anti-
pélagiens inédits des lettres de saint Paul: RB 29(1927)45-55, E. PlCK-
MAN, The Mind of Latín Chnstendom (Oxford 1937) (errónea-
mente, ve en el Hymneposticon una traición a Agustín),
J. H. CHISHOLM, The Pseudo-Augusttnian «Hypomnesticon»
against the Pelagians and Celestians (Fnbourg 1967-1979). Sobre
el concilio Arelatense del 473, MANSI, VII 1007-1012; HEFELE-
i
Pelagio
581
LECLERCQ, Histoire des canales II 2 p.908-912; sobre Lúcido,
DTC IX( 1926)1020-1024
Bibliografía general
Fuentes para la vida de Pelagio: JERONIMO, Ep 50, 130 y 133,
In Hieremiam III-IV; Dial, adversus pelagianos I-III (PL 23,517-
618); Agustín, Ep. 177 y 186 sobre todo, Orosio, Líber apolo-
geticus contra pe/agionos CSEL 5,603-664, M. MERCATOR, Com-
monitorium adversu\ haeresim Pelagu et Coelestn vel etiam scripta
lultani: ACO 1 5,1
Estudios de conjunto. A BRUCKNER, Queden zur Geschichte des
pelagianischen Streiteí (Tubingen 1906), G DE PLINVAL, Pélage.
Sei écrits, sa vie et sa reforme Etude d'histoire littéraire et religieuse
(Lausanne 1943), J FERGUSON, Pelagius A Histórica! and Theolo-
gical Study (Cambridge 1956), R F EVANS, Pelagius Inquines
and Reapprana/s (London 1968), G GRESHAKE, Gnade ah kon-
krete Freiheit Eme V ' ntersuchung zur Gnadenlehre des Pelagius
(Mainz 1972), O. WERMEL1NGER, Rom und Pelagius Die theologis-
che Posttion der romischen Bischofe im pelagianischen Streit m den
Jahren 411-412 (Stuttgart 19 7 5) (bibl )
Otros estudios E. NOR1S, Historia pelagiana (Padova 167 3 ),
L S Le Nain de Tillemont, Mémoires pour servir a l'htstotre ecclé-
uasttque t 1 3 (París 1 702 ), P Ballerini, Observationes in Diss.H
Quesnellit de conalits Africanis contra Pelagtanos: PL 56,1005-
1042; F LOOFS, Pelagius: RE XV(1903)747-774, Id., íbid.,
suppl 11(1913)310-312, P Batiffol RBibl n. s 15(1918)5-58,
A BERTHOUD, La controierse pélagienne Un confltct psychologique
entre l'Orient et l'Occident: RTP 17(1929)134-145, M. Cappuyns,
L'origine des Capitula pseudo-célestintens contre le sémipélagianisme:
RB 41(1929)156-170, H. KOCH, La distinztone prepelagiana tra
vita eterna e regno celeste. RR 9(1933)44-62, J. JANTSCH, Fuhrt der
Ambrouaster zu Augustinus oder Pelagius?: Schol 9( 1934)92-99;
M MlCHALSKI, La doctrine chrtstologique de Pélage:
CTh 17(1936)143-162), E. Dinkler PWK 19(1937)226-242,
G DE PLINVAL, Essai sur le style et la langue de Pélage (Fri-
bourg 1947), ID., Vue d'ensemble sur la littérature pélagienne:
RELA 29(1951)284-294, Id., La resistencia a lo sobrenatural. Pela-
gtanismo, humanismo, ateísmo: Augustinus 1( 1956)58 1-600,
B. PlAULT, Autour de la controverse pélagienne: RSR 44(1956)48-
1-514, J PLAGNIEUX, Le grief de complicité entre erreurs nestorienne
et pélagienne: d'Augusttn a Cassien par Prosper d'Aquitaine?:
REAug 2(1956)391-402, T. Bohlin, Die Theologte des Pelagius
und ihre Génesis (Uppsala 1957); F E. Fox, Biblical Theology and
Pelagiantsm JR 40(1960)169-181, R. PlRENNE, La morale de Pé-
lage Essai historique sur le role primordial de la gráce dans l'enseig-
nement de la théologie morale (Roma 1961), S. PRETE, Pelagio e il
582
La controversia pelagiana
Pelagianeiimo (Brescia 1961 ); P. Marti, Die Auslegungs-
G rundsátze des Pelagiuu Schweizerische theologische
Umschau 32(1962)71-80; Id., Pelagius und seine Zeit: ibid., 167-
175; ID., Zur Ethik des Pelagius: ibid., 33(1963)129-134; F. Re-
FOULÉ, La distinction «Royanme de Dieu-Vie éternelle» est-elle p'ela-
gienne?: RSR 51(1963)247-254; P. Antin, Rufin et Pélage dans
Jérome. prologue 1 in Hieremiam: Latomus 22( 1963)792-794;
M. SKIBBE, Die ethische Porderung der patientia in der patristischen
Literatur vori Tertullian bis Pelagius, diss. (Münster 1964);
W. LiEBESCHUTZ, Pelagian Evidente on the Last Period of Román
Britain: Latomus 26( 1967 )436-4 7 7 ; W. MARSCHALL, Karthago
und Rom. Die Stellung der nordafrikanischen Kirche zum apostolis-
chen Stuhl in Rom (Stuttgart 1971 ); Y. M. DuvAL, Sur leí insinua-
tions de Jérome contre Jean de Jérusalem: de l'artanisme a l'origénisme:
RHE 65(1970)353-374; R. D. HAIGT, Sotes on the Pelagian Con-
troversy: Philippine Studies 22(19 7 4)26-48; J. Speigl, Der Pela-
gianismus auf dem Konzil von Ephesus: Annuarium historiae
conciliorum 1(1969)1-15; Id., Das Hauptgebot der Liebe in den pe-
lagianiscben Schriften, en Scientia augustiniana. Festschrift
A. Zumkeller (Würzburg 1975) p.137-154; V. GROSSI, La formula
«credo (in) remissionem peccatorum» agli inizi della polémica pela-
giana: SPXVI [TU 1P] (Berlin 1976) p.428-442.
4. Sobre las relaciones entre Pelagio y Agustín: Además de al-
gunos estudios citados en el apartado anterior, cf. A. J. SMITH,
Pelagius and Augustine: JThS 31(1930)21-35; E. NEVEUT, Role de
S. Augustin dans les controverses pélagiennes: DTP 3 3(1930)29-59;
A. Guzzo, Agostino contra Pelagio (Torino 1958); C. B. ARMS-
TRONG, St. Augustine and Pelagius as Religious Types:
ChQ 162(1961)150-164; H. JOÑAS, Augustin und das paulinische
Preiheitsprobleme. Eine philosophische Studie zum pelagianischen
Streit (Góttingen 1965); J. R. LUCAS, Pelagius and St. Augustine:
JThSt 22(1971)73-85; A. MENGARELLI, La liberta cristiana in
Agostino e Pelagio: Aug 15(1975)347-366.
C ELESTIO
Celestio, jurista romano, fue discípulo de Pelagio y,
con él, el principal portavoz de las ideas pelagianas, que,
tras la caída de Roma, difundieron por doquier los exilia-
dos romanos. Celestio buscó refugio en Cartago y trató de
incorporarse a su clero, pero fue acusado el 411, por ini-
ciativa de Paulino, diácono de Milán, acerca de seis puntos;
en particular, acerca de la muerte corporal, si era natural o
efecto del pecado de Adán; acerca de la transmisión del
pecado de Adán en su posteridad y acerca del motivo del
bautismo de los niños. Celestio se defendió distinguiendo
Celestio
583
entre herejía y cuestión. Un libellus brevissimus de Celestio,
que se difundió por toda Africa (AGUSTÍN, Ep. 157,3,22;
De gestis 22,46; De pee. orig. 22,25), no impidió que fuese
condenado, y Celestio apeló a Roma. Después del 411 no
sabemos nada de su actuación en Africa. Aparece el 416
en Efeso, donde es admitido en el colegio presbiteral
(AGUSTÍN, Ep. 175,1 y 176,4); su nombre y sus ideas se
abren camino por doquier; circula un escrito suyo titulado
Definitiones, distinto del escrito anónimo anterior que con
el título de Definitiones ut dicitur Coelestii conoce y refuta
Agustín en el De spiritu et littera.
En el sínodo de Dióspolis del 415 se aducen citas de
escritos de Celestio (De gestis 13,29-19,42; Jerónimo,
Ep. 133,5). Inocencio I lo condena con Pelagio (Ep. 1-
81-183); es rehabilitado temporalmente por Zósimo el
417 (ZÓSIMO, Ep. 2); mas, tras el concilio de Cartago del
1.° de mayo del 418, Zósimo condena definitivamente a
Celestio en la Tractoria. Próspero refiere (C. Goliat. 21,2)
que en los años 423-424 se intentó una nueva rehabilita-
ción. Por último, lo encontramos en Constantinopla con el
grupo de Juliano de Eclana, de donde son expulsados, y
luego condenado en el concilio de Efeso del 431.
Celestio jugó un papel no inferior al de Pelagio en la
controversia pelagiana. La documentación a nuestra dispo-
sición habla de dos partidos, secuaces de Celestio y secua-
ces de Pelagio, condenados por lo general juntos. La posi-
ción doctrinal propia de Celestio, respecto de Pelagio y del
movimiento pelagiano, no ha sido aún definida totalmente.
Del desacuerdo con Pelagio en el sínodo de Dióspolis
acerca de una frase sobre la gracia (De gestis 14,30), de la
explicación que propone del bautismo de los niños en el
proceso de Cartago del 411 y de lo que nos ha llegado de
sus Definitiones sobre la impeccantia, cabe pensar que Ce-
lestio fue más radical que Pelagio, preocupado más por la
coherencia de su lógica que por la importancia de la vida
cristiana.
Ediciones (PLS I 1679-1704): 1. Definitiones: fragmentos en
Agustín, De perf. iust. hom. (CSEL 42,4-48 ); GARNIER:
PL 48,617-622; A. BRUCKNER, Quellen zur Geschichte des pelagia-
nischen Streites (Tübingen 1906) p.70-78. Libellus fidei (a Zó-
simo): en Agustín, De pecc. orig. 5,6-6,6 y 23,26: CSEL 42,167-
206; Garnier: PL 48,499-505; A. Bruckner, o.c, p.78-79.
Otros fragmentos: Liber Coelestii, en AGUSTÍN, De gestis 13,
29-19,42 y JERÓNIMO, Ep. 135,5; Libellus brevissimus, en AGUS-
584
La controversia pelagiana
TIN, De perf. iust. hom. 1,1 y De gr. Christi M),M. Fuentes anti-
guas sobre la vida: M. ¡VÍERCATOR, Commonitorium 1-11 (cf. infra,
VI. Mercator).
Estudios: G. DE Plinval, Les écrits de Célestius:
BA 21(1966)592-59^; A. C. de Veer, Le dossier de Célestius:
ibiJ., 2>( 19 7 5)691-692.
JULIANO DE ECLANA
Juliano de Eclana nació en Apulia (AGUSTÍN, Op. imp.
VI 18) hacia el 380-385, hijo de Memor, obispo de una
sede no identificada, y de Juliana, miembro, quizá, de una
noble familia romana; casó con Tizia, hija de Emilio,
obispo de Benevento (con esta ocasión, Paulino de Ñola
compone el epitalamio carm.25: CSEL 30,338-344); fue
lector de la iglesia de su padre y diácono el 408, fecha en
que Agustín lo invita a venir a Hipona (Ep. 101,4). El 416
fue consagrado obispo de Aeclanum por el papa Inocencio
(MERCATOR, Comm. II) cuando contaba unos treinta años.
Había estudiado en Roma y en Cartago asistió a los colo-
quios del maniqueo Honorato sobre el origen del alma
(AGUSTÍN, Op. imp. V 26). Su notoriedad, así como su ac-
tividad de escritor, exégeta, teólogo y polemista, son fruto
de su reacción a la epístola Tractoria, del papa Zósimo,
que condenaba a los pelagianos y exigía la adhesión de los
obispos italianos. Juliano escribió a Zósimo dos cartas; una
de ellas, que circuló por toda Italia, exigía algunas aclara-
ciones antes de suscribir la Tractoria; Zósimo no accedió a
su petición y lo condenó con otros 18 obispos de Italia que
habían igualmente rehusado suscribir (AGUSTÍN,
C. luí. III 1,4; M. MERCATOR, Comm. I II: ACO I 5,1 p.20
y 68). Juliano escribió al comes Valerio de Rávena, y éste
envió la carta a Agustín, que respondió con el De nuptiis et
concupiscentia. En el verano del 418, Juliano responde al
escrito agustiniano con sus cuatro libros Ad Turbantium
(AGUSTÍN, Op. imp. I 10 y Ep. 200). Juliano tuvo que
abandonar su sede y se refugió en Oriente; ante la imposi-
bilidad de establecerse aquí de forma definitiva, marchó a
Sicilia, donde vivió enseñando retórica. Aquí escribió sus
ocho libros Ad Florum, en los que repite contra Agustín la
acusación de maniqueísmo, ya expuesta en el Ad Turban-
tium, y da rienda suelta a su despecho contra todos.
Próspero refiere (Chronicon [s. a.]: PL 5 1,598) que,
Juliano de Eclana
585
siendo papa Sixto III, Juliano intentó volver a la comunión
eclesiástica el 439, pero fue rechazado a instancias del diá-
cono León, futuro León I. Esta noticia parece confirmada
por el Liber promissionum 4,6, que, refiriéndose a León,
afirma que «destruyó a maniqueos y pelagianos, y, sobre
todo, a Juliano».
1. Obras
1. La respuesta a la «Tractoria». — Juliano respondió
con dos cartas; de la confutación de una de ellas, obra de
M. MERCATOR (ACO I 5,1 p. 1 1-12; A. BRÜCKNER, Turban-
tius p. 108-109), sabemos que Juliano reducía al solo
ejemplo la influencia de Adán en su descendencia, y de
Cristo en los cristianos, sosteniendo, por tanto, que los ni-
ños no nacían bajo el dominio del pecado, que la muerte
corporal era un hecho natural y que la muerte del alma
(tradux peccati) afectaba sólo a cuantos se dejaban seducir
por el mal ejemplo de Adán.
2. Libri IV ad Turbantium (A. BRÜCKNER, Turban-
tius p. 24-76) son la respuesta de Juliano al De nuptiis et
concupiscentia, de Agustín. Como ya se ha indicado, Juliano
escribió al comes Valerio haciéndole ver las consecuencias
que se seguían para la concepción del matrimonio de la
posición de los africanos acerca del tradux peccati. Valerio
envió la carta a Agustín, que respondió en la primavera del
419, enviando su opúsculo a Rávena y Roma (AGUSTÍN,
Ep. 194,1). Juliano le replica en el verano del mismo año
con los cuatro libros Ad Turbantium, denunciando que se
diera, con las tesis agustinianas, libre curso a un mani-
queísmo camuflado y que se permitiera que personas ta-
chadas de «pelagianas o celestianas» se vieran obligadas a
vivir en un clima de terror y represión (en junio de ese
mismo año, el 419, se había dictado un nuevo edicto de
condenación contra los pelagianos). Juliano no veía jueces
competentes para dirimir la cuestión, y añadía que con las
tesis de Agustín se ponían en entredicho la bondad de la
creación y la justicia del creador (AGUSTÍN,
C. luí. II 10,32 y 36; III 1,2; V 1,4).
3. Cartas a Rufo de Tesalónica y a los Romanos
(A. BRÜCKNER, Turbantius 109-113); ambas del 419; pro-
vocaron la respuesta agustiniana del Contra duas epístolas
pelagianorum.
Patrología i 20
586
La controversia pelagiana
a) La Epístola ad Romanos (PL 48,505-507 la atribuye
a Celestio) combate la tesis de las consecuencias negativas
del pecado de Adán en la naturaleza y libertad humanas y
de la impotencia de ésta para obrar el bien. Según Juliano,
la libertad es capaz de obrar el bien, aunque no niega que
de hecho lo obre con la ayuda de la gracia.
b) La Epístola a Rufo repite la denuncia de mani-
queísmo contra la concepción africana de la naturaleza
humana, nacida de Adán pecador; contra la negación de la
santidad en el Antiguo Testamento, se apela a una concep-
ción correcta de la creación para no admitir una coexisten-
cia de gracia y de pecado; asimismo rechaza el bautismo de
los niños, como prueba de la existencia del pecado original
(de Adán nos viene la muerte, no su pecado) y la reduc-
ción de la gracia a un fatum inexorable.
4. Los Líbrí VIII ad Elorum (BrlíCKNER [TU 15,3]
p.49-51) contienen todo el resentimiento de Juliano contra
Agustín, reo, a su entender, de querer resolver con la vio-
lencia y no con la razón, la controversia pelagiana. Lo
compuso mientras residía en Sicilia ganándose la vida con
la enseñanza (QUODVULTDEUS, Dimidium temporis VI 12).
La obra no aporta novedad alguna doctrinal, sólo acrimo-
nia.
5. Escritos exegéticos: Comentarios a Oseas, Joel y Amos
y a Job.- — Su exégesis, que se distancia de la tradición exegé-
tica tipológica, invoca, ante todo, los recursos de la razón
para la comprensión del texto sagrado. Juliano tradujo al
latín el Comentario a los Salmos de Teodoro de Mopsuestia
(CPL 777).
2. Doctrina
El pensamiento y el método teológico de Juliano son
inseparables de su polémica con Agustín a raíz de la Trac-
toria, de Zósimo. Respecto de Pelagio y Celestio, su posi-
ción doctrinal no presenta grandes novedades. Insiste una
y otra vez en acusar a Agustín de dar nueva vida al mani-
queísmo con su concepción del pecado original y en hacer
ver las consecuencias que de ella se seguían para la con-
cepción del matrimonio, que, lejos de ser un bien, que-
daba reducido a ocasión de la transmisión del pecado. Ju-
liano, por tanto, salió en defensa de la concupiscencia, un
Juliano de Eclana
587
bien natural, mala sólo en sus excesos, y no desorden que
el hombre hereda por el pecado original.
Su aportación principal es de orden metodológico. Ju-
liano admitía las tres fuentes del debate teológico (Biblia,
ratio y autoridad de los santos varones: C. Iul. 17), pero
otorga el primado a la ratio, juez supremo, cuyos argumen-
tos intrínsecos valen más que las razones extrínsecas de la
Biblia y de la tradición. En el Ad Elorum, el procedimiento
retórico de los loci intrinseci y extrinseci es evidente en su
aplicación al tema del pecado original; en la primera parte,
enteramente filosófica, Juliano define y analiza los concep-
tos de justicia y pecado, y concluye que la concepción
agustiniana del pecado es absurda; en la segunda parte
examina los textos de la Biblia, que, según él, no prueban
la existencia del pecado original; de la tradición cita en
toda la controversia sólo dos veces a Basilio y una a Juan
Crisóstomo (C. Iul. I 5-6). Para Juliano, la razón es árbitro
supremo, a su juicio ha de someterse todo: quod ratio ar-
guit, non potest auctoritas vindicare (Op. imp. II 16). Y a
propósito de las cartas de San Pablo escribe: «Confesamos
la santidad de los escritos paulinos, porque nos instruyen
en armonía con la razón, con la piedad y con la fe» (Op.
imp. II 114). Agustín no duda en reconocer la habilidad
dialéctica de Juliano, y lo califica de «arquitecto del dogma
pelagiano» (C. Iul. VI 11,36).
Juliano no advirtió que a la razón compete un primado
en el orden de los presupuestos del conocimiento lógico,
no en el orden del juicio en sí; por otra parte, no com-
prendió las relaciones entre Escritura y tradición, no advir-
tiendo que esta última no es una autoridad externa, sino la
misma transmisión del cristianismo.
La obra de Juliano ha sido estudiada también desde el
punto de vista del estilo, lengua y modelos literarios. Se le
reconoce una rara habilidad para adaptar la elocutio a las
exigencias del momento y del género literario requerido.
El análisis de escritos ciertamente suyos, como el Ad Elo-
rum, mérito de Baxter, Morin, Vaccari, Plinval, Cipriani,
ha permitido restituirle un Comentario a los profetas menores
y Job, escritos importantes también en razón del texto la-
tino usado, que parece ser la forma difundida en la región
de Aquileya.
Ediciones: La obra de Juliano nos ha sido conservada en gran
parte sólo en fragmentos, citados en las refutaciones de Agustín;
588
La controversia pelagtana
tales fragmentos han sido recogidos por J GARNIER en sus Mo-
numenta haereseos pelagianae (PL48), en varias obras de
A Bruckner y recientemente por L DE CONINCK
CCL 88( 1977 )33 1-402 A continuación señalamos para cada obra
la fuente agustmiana y la reconstrucción de Garnier y Bruckner
1 Libri IV ad Turbantium (CPL 7" 7 4) AGUSTIN, De nuptns et
conc PL 44,413, Op imp PL 45,1049, C luí PL 44,641,
A BRUCKNER, Die iter Buther Juhans von Aeílanum an Turban-
ttus (Berlín 1910) p 24-76 (cf G Bouwman, p 2s),
CCL 88,340-396
2 Eptstolae Ad Romanos AGUSTIN, C duas epp peí 1 (= ad
Bontfacium) PL 44,549-572, Garnier PL 48,505-508,
A Bruckner, Turbanttus p 109-111 Ad Rufum Agustín,
C duas epp peí II-IV PL 44,57 1-638, Garnier PL 48,534-537,
A Bruckner, Turbanttus 111-113 Ad Zostmum Garnier
PL 48, 533-534, M Mercator, Líber subnotationum 6,10-13 (ed
Schwartz ACO I 5,1 p 12), Garnifr PL 48,141-143, 45, 1 7 38,
A Bruckner, Turbanttus p 108-109, CCL 88,396 398
3 Librt VIH ad Florum (CPL 77 3) AGUSTIN, Op tmp
PL 45,1049-1608 (fragmentos de los seis primeros libros, ed de
Op tmp I-III CSEL 85-1), lista de fragmentos en A Bruckner,
Juhanum von Aeclanum Setn Leben und setne Lehre [TU 15,3]
(Leipzig 1897) p 49-51
4 Dicta tn quadam disputattone publica (CPL 775)
Ni Mercator, Commonitonum PL 45,1739, Garnier
PL 48,147, ed Schwartz ACO 15,1 p 13, A Bruckner, Tur-
banttus p 109 G Bouwman (p 4 n 6) lo asigna al 423, pero son
del 418, CCL 88,336
5 Commentartus tn propbetas minore 1 ; (Oseas, joel y Amos)
PL 21,959-1104 (ed Vallarsi entre las obras de Rufino), otros
fragmentos en G Bouwman, p 138-139, L de Coninck
CCL 88,111-329
6 Expositto librt Job (CPL 777) A AMELLI, Sptctlegtum Cast-
nense III 1 (Montecassino 1887) p 333-417 [= PLS 1 1571-1679],
ed poco satisfactoria, CCL 88,1-109 La atribución a Juliano fue
propuesta por Vaccan, seguido por Weyman, Juhcher y otros,
pero negada por Capelle (RB, Bulletin d'ancienne litterature la-
tine chretienne I n 26) Cf A VACCARI, Un commento a Giobbe di
Giuliano di Eclano (Roma 1915), C WEYMAN, Der Htobkommen-
tar des Juhanum von Aeclanum, ThR 15(1916)241-248, J Stigl
MAYR, Der Jobkommentar von Monte Casstno ZKTh 45(1921)495,
A VACCARI, // commento Casstnese di Giobbe, en Mtscellanea A
Amelli (Montecassino 1920) p 43-51 Traducción del Comentario
de Teodoro Mopsuesteno a los Salmos, L DE CONINCK
CCL 88AÜ977)
Juliano de Eclana
589
Estudios A BRUCKNER, Julián ion Aeílanum Setn Leben und
seine Lehre Ein Beitrag zur Geschtchte des Pelagianismus [TU 15,3]
(Leipzig 1897), ID , Quellen zur Geschtchte des pelagtanisihen Stret-
tes (Tubingen 1906), ID , Die vier Bucher Juhans von Aeclanum an
Turbanttus (Berlín 1910), G MoRIN, Un ouvrage restitue a Julien
d'Edanum RB 30(191 3)1-24, A d'Ales, Julien d'Eclane exegete
RSR 6(1916)311-324, C Weyma* 1 , Analecta XVI Marius Perca-
tar und Jultanus von Aeclanum Kistjahrb 37(1916)77s, A VAC-
CARI, Suova opera di Giuhano d'Eclano CC 67-1(1916)578-593,
lD , 11 Salterio Ascoltano e Gtuliano d'Eclano Bibl 4( 1923)337-355,
J Forget DTC VIII(1925)1926-1931, A D'Amato,S Agosttno
e il vescovo pelagiano Gtuliano Annuario del R Liceo-Ginnasio
P Coletta di Avelhno 1928-1929 (Avellino 1930) p 54-75,
A LEPKA, L'originaltte des repliques de Martus Mercator a Julien
d'Eclane RHE 27( 193 1 )572-579, A VACCARI, // testo dei Salmt
nel commento di Teodoro di Mopsuestta Bibl 2 3(1942)1-17,
J H Baxter, Motes on the Lattn of Julián of Eclanum
ALMA 27(1951)5-54, M Meslin, Saintete et mariage au cours de
la setonde querelle pelagtenne Saint Augustin et Julien d'Eclane Etu-
des carmehtaines 31(1952)293-307, Y DE MONTCHEUIL, La po-
lemique de s Augustin contre Julten d'Eclane d'apres l'«0pus ¡mperfec-
tum» RSR 44( 1956)193-218, G Bouwman, Zum Wortschatz des
Julián ton Aeclanum ALMA 27( 1957 )14 1 164, H I MARROU,
La canonisatton de Julten d'Eclane Histjahrb 77( 1957 )434-437,
G Bouwman, Jultani Aeclanensts Commentartus tn prophetas mi-
nores tres Osee loe/. Amos VD 36( 1958)284-291 (presentación de
la tesis siguiente), ID , Des Julián von Aeclanum Kommentar zu den
Propbeten Osee Joel und Amos Ein Beitrag zur Geschtchte der Exegese
(Roma 1958), G DE PLINVAL, Julián d'Eclane devant la Btble
RSR 47(1959)345-366, S PRETE, Sota agosttniana Baptizare,
perfundere nella polémica pelagtana Paideia 16(1959)250-252,
G I D Alders, VEpitre a Menoch VC 14(1960)245-249,
F CLODIUS, El libre albedrto según Julián de Eclana Anales de la
Facultad de teología 1 3(Santiago de Chile 1961 )5-5 1 273 287,
14(1962)99-134, F PERAGO, // valore della tradiztone nella polé-
mica ira s Agostino e Giuliano d'Eclano Annah della Fac di lettere
e filosofía Umv di Napoli 10(1962-1963)143-160, F Refoule,
Julten d'Eclane, théologien et philosophe RSR 52(1964)42-84 233-
247, Id Cathohcisme VI(1966)1236-1239, F J Thonnard,
L'artstoteltsme de Julten d'Eclane et satnt Augusttn
REAug 1 1(1965)296-304 (sobre los artículos de Refoule cita-
dos), J TlSCHOLL, Augustins Aufmerksamkeit am Makrokosmos
AugL 15(1965)389-413, N Gambino, Le vtcende stortche della
«sancta Ecclesta Aeclanensts» (Napoli 1967), M ABEL, Le «Praedes-
ttnatus» et le pélagiantsme RTAM 35(1968)5-25, N Cipriani,
Aspettt letterart dell'«Ad Florum» di Giultano d'Eclano
Aug 15(1975)125-167
590
La controversia pelagtana
3. Obras atribuidas a Juliano
1. Praedestinatus. Obra de anónimo del siglo V, asig-
nada, a veces, a Arnobio el Joven, otras, a Juliano o a su
ambiente; publicada por J. Sirmond en 1643 con el título
de Praedestinatus.
Ediciones (CPL 24}): PL 53,583-627. Cf. i afra. Arnobio el Jo-
pen.
Estudios: H. V. SCHUBERT, Der sogennante Praedestinatus
ITU 24,4] (Leipzig 1903); G. Morin, Examen des écrits attribués a
Arnobe le jeune y Études d'ensemble sur Arnobe le jeune, en Études,
textes, découvertes (Maredsous 1913) p. 309-324 y 340-382
(- RB 26[1909]4 19-432 y 28f 191 1] 154-190); Id., Un traite pé-
lagien inédit du commencement du V L ' siécle: RB 26(1909)163-188;
ID., Un ourrage restitué a Julien d'Eclanum: RB 30(1913)1-24;
M. ABEL, Le «Praedestinatus» et le pélagianisme:
RTAM 35(1968)5-25 (Arnobio); cf. G. Bouwman, o. c, p. 17-19.
2. Libellus fidei. Enviado por los obispos del norte de
Italia al metropolita de Aquileya contra la Tractoria, de
Zósimo. J. P. Bouhot se opone con nuevos argumentos a
la atribución a Juliano. De no fácil interpretación el SIC
del explicit, que Garnier lee Sic(ulorum), TiUemont, Sacer-
dote m Iesu Christi, y Mercati, Ambro [si c] halcedonensis.
Ediciones (CPL 778); PL 48,509-526 y 45,17 32-1736; cf.
G. Bouwman, o.c, p.4-5.
Estudios: G. MERCATI, // nome dell'autore del «Libellus fidei» at-
tribuho a Giultano d'Eclano, en Opere minori II [ST 77] (Citta del
Vaticano 1937) p.244-245; J. P. Bouhot, Versión in'edite du ser-
món «Ad neophytos» de s.Jean Chrysostome utilisée par s. Augustin:
REAug 17(1971)27-41.
3. D. de Bruyne (RB 39[1927]45-55) atribuye a Ju-
liano un Summarium antipelagianum de las cartas paulinas.
AN IANO
Jerónimo y Orosio hablan, sin decir su nombre, de un
personaje protector y discípulo de confianza de Pelagio.
Jansenio creyó que no fuese otro que el mismo Pelagio.
Vossius (Historiae de controversiis quas Pelagius eiusque reli-
quias moverunt libri Vil, Leiden 1618) lo identificó con Ju-
liano, opinión que Noris no acepta (Historia pelagia-
Orosio
591
na I 19). Hoy se suele identificar al anónimo personaje de
Jerónimo (Ep. 133 [de Pelagio?], 138 y 151) y de Orosio
(Liber apol. 2), activo en la controversia pelagiana aunque
siempre entre bastidores («no combate, pero dirige toda la
lucha»; OROSIO, Lib. apol. 2), con Aniano, diácono de Ce-
lada, y con Aniano el cronógrafo griego, del que han lle-
gado algunos fragmentos de sus obras (Jerónimo recuerda
algunos libros Aniani, pseudodiaconi Celedensis: Ep. 143,2).
Aniano pertenece, pues, a las relaciones que los pela-
gianos lograron entablar en Oriente, sobre todo entre los
representantes de la escuela antioquena. Aniano figura
junto a Pelagio en Dióspolis, como Juliano halla acogida
en Teodoro Mopsuesteno el 417, cuyo comentario a Pablo
es traducido en los círculos del obispo de Eclana.
Estudios (CPL 77 l- 77 2). E. HONIGMANN, Patristic Studies
|ST 1 7 3] (Citta del Vaticano 1953) p.54-58; Id., Le prétendu
«motue Athénée», en réalité le chronograpbe Annianus, en Mélanges
H. Grégoire (Bruxelles 1950) p.l 7 7-180; Ch. Bavk, S.Jean Chry-
fostome et tes oeuvres dans l'histoire littéraire (Louvain 1907) p.64ss.
A Aniano han sido atribuidas, con gran probabilidad, la
traducción de siete homilías de Juan Crisóstomo sobre San
Pablo y de las primeras homilías sobre San Mateo. Acaso
se deba al mismo la traducción del llamado apéndice ascé-
tico de la colección de 38 homilías pseudocrisostómicas
(cf. p.209)'- De compunctione l-II, De eo quod nemo laeditur
nisi a seipso, Ad Theodorum, aunque atestiguado sólo a par-
tir de Casiodoro. Aniano podría ser también el traductor
del De sacerdotio, de Juan Crisóstomo.
Estudios: (CPG II 4400 4305 4308 4309 316): J. Dumortier,
S.Jean Chrysostome. A Théodore [SCh 117](Paris 1966) p.241-322:
A. M. MALINGREY, Une ancienne versión latine du texte de Jean
Chrysostome «Quod nemo laeditur»: SE 16(1965)320-354.
II. Discípulos de Agustín
(PAULO) OROSIO
1. Vida
(Paulo) Orosio, cuyo prenombre Paulus pudiera no ser
original (ZAGENMEISTER [CSEL 5] p.xxxi), nació casi cier-
tamente en Braga entre el 375 y el 380; Avito de Braga lo
592
La controversia pelagiana
llama (PL41,805ss) compresbyter meus, y Genadio (De vir.
til. 39), presbyter natione hispanus. Es la época en que se
asiste a una reorganización del Imperio por obra del espa-
ñol Teodosio, que, tras la derrota de Valente ante los go-
dos (378), sostenía la fe nicena como vínculo de unión en-
tre sus subditos (la constitución de Teodosio es del 380;
CT XVI 1,2), mientras cristalizaba de forma definitiva el
predominio de los bárbaros en Occidente (el 409 cedía la
parte noroccidental de la península Ibérica y el 410 la
misma Roma). Orosio es testigo ocular de estos aconteci-
mientos, y testigo, asimismo, del nuevo ideal de entendi-
miento entre los pueblos. Para él, los bárbaros no son ya el
azote que es urgente mantener alejado de los confines del
Imperio, sino la nación con la que es posible y preciso
convivir dentro de sus confines. La Urbs Roma se trans-
forma así en el orbis romanus (Hist. I 1,14), cuyos ciudada-
nos, por la fe cristiana, son, a la vez, romanos y cristianos.
El emperador, a la sazón Teodosio, es el autor de la justi-
cia y de la religión, protegido de Dios e ideal del príncipe
romano y cristiano. En este contexto es posible compren-
der tanto el carácter de sus Historias como su intervención
en la polémica pelagiana en defensa de la tradición común
vigente en la Iglesia.
Ante la invasión de los godos busca refugio en Africa,
donde se presenta a Agustín con un promemoria sobre los
errores priscilianistas y origenistas que circulaban en su
tierra de origen (Ad Aurelium Augustinum Commonitorium
de errore priscillianistarum et orí genis tarum: CSEL 18,15-
1-157), al que San Agustín responde ese mismo año (414)
con su Ad Orosium contras priscillianistas et origenistas liber
unus (PL 42,669-677). Agustín lo envía luego a Belén para
consultar a Jerónimo acerca del problema del origen del
alma. En julio del 415 asiste en Jerusalén a la asamblea
convocada por el obispo Juan contra Pelagio, de la que
sabemos lo que Orosio nos ha conservado, a saber, que fue
un enfrentamiento abierto y porfiado, nada propicio para
esclarecer los puntos doctrinales. Juan de Jerusalén en-
tiende mal a Orosio, el cual habría sostenido que, incluso
con la gracia, el hombre no puede vivir sin pecado (Liber
apolog. 7: CSEL 5,611); Orosio llama a Pelagio renacuajo y
dragón abominable que es preciso tener en cadenas (ibid.,
28 y 5); Pelagio replica a Orosio: et quis est mihi Augusti-
nus? (ibid., 4). Ante la imposibilidad de proseguir el diá-
logo, se decide deferir todo al papa Inocencio (Mansi, IV
Orosio
593
307-311). Entretanto, Orosio hace llegar a Océano una
carta sobre la resurrección de la carne (Aug., Ep. 180,5) y
por Eros y Lázaro se informa de la controversia pelagiana
(AUG., Ep. 175,1). No pudiendo volver a su patria por la
ocupación de los bárbaros (SEVERO, Ep. de ludaeis:
PL 20,733), Orosio regresa a Hipona. Escribe su Liber apo-
logéticas contra pelagianos y empieza sus siete libros de las
Historiae adversus paganos, en los que compara la situación
presente con los tiempos pasados, sosteniendo que éstos
no habían sido mejores, y que, por tanto, no debían ser
inculpados los cristianos de la ruina del Imperio.
Esta tarea le fue encomendada por Agustín, que, ha-
biendo ya compuesto los diez primeros libros de su De
civitate Dei, pidió a Orosio un compendio de historia uni-
versal desde los orígenes hasta el 416, que pusiese ante los
ojos de los contemporáneos las calamidades de los tiempos
antiguos. Orosio lo termina en dos años, y, dado que las
últimas alusiones a la situación contemporánea son del
4 16, cabe pensar que lo terminó el 417. Las Historias re-
flejan la tradición historiográfica romana, que celebraba las
sublimes virtudes de los antiguos romanos. El juicio posi-
tivo de Orosio sobre los acontecimientos contemporáneos
es hoy comúnmente aceptado no sólo como discurso apo-
logético en defensa de los cristianos, sino también como
adherente a la situación real, que después del 410, efecti-
vamente, había mejorado notablemente, sobre todo en la
península Ibérica, gracias a la actuación del patricio Cons-
tancio. A pesar de encontrarse envuelto en los aconteci-
mientos que describe, su narración es fiel en cuanto a ob-
jetividad. Y lo mismo cabe decir de lo que refiere de la
controversia pelagiana. Es preciso, por tanto, atender en
sus escritos más a lo que dice que al tono polémico con
que lo expone. Poseía una excelente información acerca de
la controversia pelagiana, aunque carecía de mente especu-
lativa para advertir las consecuencias de ciertas posiciones.
Su apología no peca de parcialidad, aunque se advierte en
él la vocación de defensor nato de la verdad cristiana con-
tra toda amenaza.
2. Obras
fl. «Commonitorium de errore priscillianistarum et origenis-
t tarum»
594
La controversia pelagiana
Es el promemoria que Orosio presenta a Agustín en su
primer viaje a Hipona sobre algunas doctrinas priscillianis-
tas y origenistas relativas al origen del alma y a la cristolo-
gía. Agustín responde con su Ad Orosium contra priscillia-
nistas et origenistas liber unus.
Ediciones: PL 3 1, 12 1 1-12 16 (GALLANDO (la respuesta de
Agustín en PL 42,665-670); G. Schepss: CSEL 18(1889) p.149-
157.
Estudios: J. A. DAVIDS, De Orosio et sancto Augustino Priscillia-
nistarum adversariis commentatio histórica et philologtca (Rotter-
dam 1950).
2. «Liber apologeticus contra pelagianos»
La obra comprende dos partes; en la primera (1-10)
Orosio se defiende contra las acusaciones de Juan de Jeru-
salén; en la segunda (11-33) expone y refuta la doctrina
pelagiana, como aparece en los Testimonia y la Ep, ad Dé-
me triadem.
Orosio presenta a Pelagio a base de algunas afirmacio-
nes que circulaban en los círculos pelagianos, poniendo en
evidencia sus defectos físicos y morales y considerándolo
un nuevo engendro del priscilianismo y del origenismo.
Destaca, ante todo, la cuestión de la relación entre la posi-
bilidad humana de poder no pecar y el auxilio de la gracia:
Pelagio adjudicaba la impeccantia a la voluntad del hombre
y reconocía a la gracia una función de auxilio que Orosio
no lograba percibir claramente (gratia enim Dei adtuvante,
sed mea possibilitate sum quod sum: Apol. 11). Para Pelagio,
la misma naturaleza humana poseía en sí la posibilidad de
obrar el bien (Apol. 21); Orosio distingue aún entre crimen
y peccatum, es decir, culpa moral y defecto.
De su defensa contra Juan de Jerusalén cabe concluir
que sus interlocutores habían entendido que Orosio soste-
nía que el hombre, una vez caído bajo el dominio del pe-
cado, no podía liberarse ni siquiera con el auxilio de la
gracia (Apol. 7 y 24-25), y, por tanto, lo acusaban de negar
la gracia de Dios (Apol. 21: Forte tu Dei adiutorium ne-
gasP). Orosio responde afirmando que el auxilio divino es
necesario, en general y en particular, para toda acción, auxi-
lio que Dios concede a todos, a los que viven en la Iglesia
como a los demás hombres (Apol. 19). La necesidad de tal
Orosio
595
auxilio obedece a que todos por nacimiento contraen el
origínale peccatum de Adán (Apol. 26-27). En fuerza de esta
herencia, la naturaleza humana está enferma, no de suerte
que peque por necesidad, sino por debilidad (Apol. 29 y 32:
peccamus, qui, cum infirmi sumus, de infirmitate conquerimur).
En el Liber apologeticus encontramos algunos principios
comunes relativos a la polémica pelagiana: el pecado origi-
nal, la necesidad del auxilio divino para todo hombre y la
infirmitas de la naturaleza humana, no entendida a la ma-
nera maniquea, como si fuese una sustancia mala. Orosio
profesa estos principios sin someterlos a reflexión teoló-
gica y los defiende con el brío de un Jerónimo. Repre-
senta, con toda evidencia, la orientación de la iglesia afri-
cana, y en particular de Agustín. Expone con objetividad
las ideas pelagianas en circulación y nos ha legado un tes-
timonio directo de las discusiones entre Pelagio y sus con-
tradictores.
Ediciones: PL 31,1173-1212 (ed. Havercamp); K. ZAGEN-
MEISTER: CSEL 5(1882) p.603-664 (que elimina las interpolacio-
nes de pasajes de Agustín, sobre todo del De natura et gratia,
presentes en la ed. Havercamp).
Traducción: Inglesa: R. M. Gover, The Liber apologeticus of
Paulus Orosiuí. A Translation and Commentary, Diss. Queen Co-
llege (New York 1969).
Estudios: S. PRIETO, Paolo Osorio e o «Liber Apologeticus» (Braga
1951); J. SVENNUNG, Zur Textkritik des «Apologeticus» Orosii:
Arctos 5(1967)135-139 (del ms. París 16332). Otros estudios en
la bibliografía final.
3. «Historiarum adversus paganos libri VII»
El subtítulo adversus paganos es atestiguado por el De
civitate Dei; otros títulos (v.gr.: De Ormesta mundi u Or-
mesta) son tardíos y de no fácil explicación (cf. F. WOTKE:
RE XVIII 1[ 1939] 1195).
En el prólogo, Orosio expone su propósito de escribir,
a petición de Agustín, una historia universal desde los orí-
genes. Según Orosio, la historia humana, mientras ignora
el cristianismo, yace bajo la dominación de la muerte, se-
dienta de sangre. Mas la Providencia guía la historia, que
halla en Roma el punto central de su curso; Roma y Jesu-
cristo se conjugan así, en Orosio, en armoniosa síntesis.
596
La controversia pelagiana
Orosio escribe una historia adversus paganos, pero para uso
de los cristianos que se relacionan con los paganos
En libro I describe la creación y su historia desde el
diluvio a la fundación de Roma, en el libro II expone la
historia de Roma hasta el saqueo de la ciudad por los ga-
los, la de Persia, hasta Ciro, y la de Grecia, hasta la victoria
de Cunaxa, el libro III comprende la historia del imperio
macedonio y la historia romana contemporánea, el libro IV
prosigue la historia de Roma hasta la destrucción de Car-
tago, y los últimos tres libros, desde la destrucción de
Cartago al 416
La posteridad ha leído la historia de OrosiO en cone-
xión con la obra de Agustín, la aprobación de las Historias
en el Decreto Gelasiano le asignó un lugar estable en la tra-
dición eclesiástica, siendo una de las obras más leídas en la
Edad Media, y de ello es prueba los dos centenares de
manuscritos que han conservado la obra
Edmones PL 31,663-1 174 (Havercamp y Gallandd,
K ZAGENMEISTER CSEL 5(1882) (ed minor, Teubner, Leipzig
1889), Guy Fink prepara la ed en el CCL, A LlPPOLD (Mi-
lano 1976) (ton el texto de Zagenmeister revisado)
Traducciones Inglesa I W Raymond (New York 1936),
R J DEFERRARI [FC 50] (Washington 1964) —Italiana A Bar
TALUCCI, en la ed cit de A Lippokl
Bibliografía Fuentes antiguas Genadio, De vir, ill 39, Se
VERO, Ep de ludaets (ed G SEGUI VIDAL, La carta-encíclica del
obispo Severo, Palma de Mallorca 1937), AGUSTIN, Ep 166 y 169
Manuscritos Hasta el 1952, cf G FlNK, Rechercbes btbliogra-
phiques sur Paul Oróse RABM 58(1952)271-322, D J A ROSS,
lllustrated Wanuscnpts of Orosius Scriptonum 9(1955)35-56,
J M BATELEY y D J A Ross, A Check-List of Manuscripts of
Orosius' Historiarum Scnptorium 15(1961)329-334 (lista de 245
mss ), J M BATELEY, King Alfred and the Latín mss of Orosius'
History Classica et mediaevaha 22(1961 )69-105, L FEURIOT, La
decouverte de nouvelles glosses en vieux-breton CRI( 1959)186-195,
ID, Melanges vieux-breton Etudes celtiques 9( 1960-61 U55-190,
B SCHREYER, Die althochdeutscben Glossen zu Orosius (Ha-
lle 1959)
Estudios Hasta 1952 cf G FlNK, Rechercbes bibliographiques
mi Paul Oróse RABM 58(1952)271 322, A LippolD, Rom und
die Barbaren in der Beurteilung des Orosius (Erlangen 1952),
K. A SCHONDORF, Die Geschicbtstheologie des Orosius, Diss
(Munchen 1952), F ELIAS DE TEJADA, Los dos primeros filósofos
Mano Mercator
597
hispanos de la historia Orosio y Draconcio Anuario de historia del
derecho español 23(1953)191-201, A LlPPOLD, Dererste punische
Kneg bei Orosius RhM 97(1954)254-286, M A RAMOS MOTTA
Capitao, S Agostinho na obra de Paulo Orosio Filosofía 1
(Lisboa 1954)34-40, C Torres Rodríguez, La obra de Orosio Su
historia (Santiago de Compostela 1954), G FlNK-ERRERA, San
Agustín y Orosio Esquema para un estudio de las fuentes del «De
cuítate Dei» CD 167(1954)455-549, J Vaz DE Carvalho, De-
penderá s Agostinho de Paolo Orosw 1 Revista portuguesa de
filosofía 11(1955)142-153, D D MARTINS, Paulo Orosio Sentido
universalista da sua vida e da sua obra, íbid , 375-385, C TORRES
RODRIGUEZ, La historia de Paulo Orosio RABM 61(1955)
107-135, B LACROIX, La importancia de Orosio Augusti-
nus 2(1957)5-13, Th E MOMMSEN, Aponius and Orosius
on the Sigmficance of the Epiphany e ID , Orosius and Augustine,
en ID , Wediaeval and Renaissance Studies (New York 1959)
p 229-234 y 325-348, F Masai, \ouveaux fragments du Paul
Oróse de Stavelot en ecriture onciale, en Mélanges I Herrmann
(Berchtm-Bruxelles 1960) p 509-521, A FREIXAS, La visión im-
perial de Paulo Orosio Anales de historia antigua (Buenos
An-es 1959-60) p 84-98 (cf RHE 59[ 1964]238), M Gesino, El
libro séptimo de las «Historias contra los paganos», de Orosw íbid ,
p 99-155, H J DiESNER, Orosius und Augustmus Acta antiqua
Ac hungancae 11(1963)89-102, A MOMIGLIANO, The Conflict
betueen Paganism and Christtanity tn the Fourth Century (Ox-
ford 1963) p 79-100, B LACROIX, Oróse et ses idees (Mon-
treal 1965) (bibl ), A Hamman, Orosius de Braga et le pélagia-
ntsme Bracara Augusta 2 1( 1967 )346-355, E CORSINI, Introdu-
zione alie «Storie» di Orosw (Tormo 1968), S Karrer, Der galhs-
ihe Kneg bei Orosius (Zunch 1949), A LlPPOLD, Orosius christli-
cher Apologet und romischer Burger Philologus 113(1969)92-105,
L Alfonsi, Soterelle Orosiane Aevum 44(1970)153-154, A LlP-
POLD, G nechisch-makedonische Geschichte bei Orosius.
Chiron 1(1971)437-455, R M KLAROS, Bamberger Orosiusfrag-
mente des 9 Jahrh , en Festsihrift Btschoff (Stuttgart 1971) p 178-
19 7 , H I Marrou, S Augustin, Oróse et l'augustinisme, en La
storiografia allomedievale (Spoleto 1970) p 59-87, J M BATELEY,
The relationship between geographical tnformatwn in Oíd English
Orosius and Latín Texts other than Orosius Anglo-Saxon
England 1( 1972)45-62, F Fabbrini,/Wo Orosw, uno storico (Roma
1979)
MARIO MERCATOR
Mario Mercator fue un antipelagiano convencido,
vinculado a Agustín, según algunos historiadores, incluso
por su origen africano. Pero M. Mercator era ciertamente de
598
La controversia pelagiana
I
l
origen italiano, y acaso paisano de Juliano de Eclana a juz-
gar por las estrechas relaciones que mantenía con su fami-
lia, y de las que habla en su Commonitorium super nomine
Coelestii. Poco sabemos de su vida; únicamente su inter-
vención en la controversia pelagiana. El 418 conoce en
Roma a Celestio, que defendía a la sazón su causa ante el
papa Zósimo, y compone dos escritos antipelagianos, hoy
perdidos y de los que tenemos noticia por Agustín, que
acusa recibo de ellos (Ep. 193). El 429 se encuentra en
Tracia, en un monasterio latino, donde compone sus Com-
monitoria o promemorias sobre Celestio, Pelagio y Juliano
de Eclana, quizá dirigidos a los círculos eclesiásticos de
Constantinopla y a los ambientes de la corte imperial,
preocupados entonces por la cuestión pelagiana y nesto-
riana. Después de la condenación de Celestio y Nestorio
en el concilio de Efeso (43 1) no hay más noticias de
M. Mercator.
Obras
1. Commonitorium super nomine Coelestii, publicado en
griego el 429 y traducido por el mismo Mercator al latín el
431, es un breve promemoria de las condenaciones ema-
nadas contra los pelagianos:
a) Condenación de Celestio en Cartago por iniciativa
de Paulino de Milán, con indicación de los seis cargos; ex-
pulsión de Celestio de Constantinopla por obra de Atico;
defensa personal de Celestio en Roma y su derrota.
b) Colección de proposiciones de Pelagio, recogidas
de sus escritos y discursos.
c) Condenación de Celestio y Pelagio por obra de
Inocencio y Zósimo, de quien cita la Tractoria, y oposición
a ésta por parte de algunos obispos, como Juliano. Sínodo
de Dióspolis y sínodo presidido por Teodoto, obispo de
Antioquía.
d) Posición pelagiana sostenida por Celestio e igua-
lada a la de Pelagio.
e) Invitación a Juliano y a los demás pelagianos a no
seguir el ejemplo de Pelagio y Celestio y a someterse a la
Sede Apostólica.
La obra de M. Mercator trata más de Celestio que de
Pelagio. La documentación usada son cartas, libelli, escritos
y sermones de ambiente pelagiano que M. Mercator atri-
Mario Mercator
599
buye a Pelagio y Celestio, aunque la investigación mo-
derna procede con más cautela; en todo caso, el material
que Mercator transcribe refleja, en efecto, lo que de los
pelagianos se decía y creía. V.gr.; el libellus de Paulino es,
para M. Mercator, el credo pelagiano predicado por Celes-
tio en Cartago (Comm. I 1 y IV 1-2), lo cual no es posible
documentar, aunque no cabe duda que propone la esencia
de la posición pelagiana. El Commonitorium de M. Merca-
tor no es ni una compilación biográfica sobre Celestio ni
un extracto de la doctrina pelagiana, sino un promemoria,
y como tal debe ser usado.
2. Commonitorium adversus haeresim Pelagii et Coelestii
vel etiam scripta luliani = Líber subnotationum, escrito des-
pués del 430; probablemente, el 431, pues habla de Agus-
tín, que muere el 28 de agosto del 430, como ya fallecido
(sanctae recordationis episcopus) y utiliza el Opus imperfectum
contra lulianum.
Tras recordar en la introducción las condenaciones
emanadas contra los pelagianos, la rebelión de Juliano y las
confutaciones de Agustín, el autor reproduce y confuta
una serie de proposiciones de Juliano; la confutación sigue
de cerca los escritos de Agustín, aunque a veces contiene
aportaciones nuevas.
M. Mercator habla en este escrito de un comentario
suyo a la carta de Juliano a Zósimo (ACO I 5,1,12-13), en
el que reprocha al obispo de Eclana reducir la influencia
de Adán y Cristo en su descendencia al solo ejemplo.
M. Mercator compuso otras dos obras contra Teodoro
de Mopsuestia que se han perdido. En Ep. 193,1, Agustín
habla de alium adversus novos haereticos librum, que L. E. Du
Pin identificó con el Hypognosticon o Hypomnesticon; pero la
problemática discutida en éste es tan diversa (concupiscen-
cia y predestinación) de la que M. Mercator toma en con-
sideración en sus otros escritos, que no es razonable atri-
buirlo al mismo autor (cf. p.580).
Antes del 550, los escritos de M. Mercator fueron in-
cluidos por un monje escita en la llamada Collectio Palatina
(Vaticano, Palat lat. 234), editada por E. Schwartz en
ACO I 5 con toda la documentación relativa a la vida y
escritos de M. Mercator. R. M. J. Poirel pretendió atri-
buirle los Commonitoria de Vicente de Lérins, tesis que no
se ha impuesto (cf. infra, p.664).
Ediciones: PL 48,63-172 (ed. GARNIER); E. Schwartz:
600
La controversia pelagiana
ACO I 5,1 p.3-70; S. Prete, M. Mercatore. «Commonitoria» (texto
de Schwartz con notas).
Traducción: Italiana: S. PRETE, M. Mercator. «I commonitoria»
(Siena 1960).
Estudios: F. VON SCHULTE, Marius Mercator und Pseudo-hidor
[SAW 147,7] (Wien 1904); C. WEYMAN, Marius Mercator und Ju-
lián von Aeclanum: HJG 37(1916)77-78; E. Schwartz, Die sogen-
nanten Gegenanathematismen des Nestorius (München 1922);
E. Ammán: DTC, XII(1927)2481-2485; W. Eltester:
PWK XIV(1930)1831-1835; G. Kruger: RE XII( 1930)342-
344; A. LEPKA, L'originalité des repliques de Marius Mercator a Ju-
lien d'Eclane: RHE 27(1931)572-579; S. PRETE, Mario Mercatore,
polemista antipelagiano (Torino 1958).
QUODVULTDEUS
Diácono de la Iglesia de Cartago y amigo de Agustín, al
que recurre el 428 pidiéndole un catálogo de herejías para
salvaguardar mejor el Africa cristiana de tales errores
(Ep. 221 y 223 del epistolario agustiniano). Por lo general,
se acepta la identificación del Quodvultdeus diácono con
el homónimo obispo de Cartago que hubo de abandonar
su sede el 439 ante la invasión de los vándalos de Gense-
rico y que poco después se establece cerca de Nápoles.
Quodvultdeus se muestra más entregado al cuidado pasto-
ral de su grey en su ministerio diaconal y episcopal que
interesado por las controversias teológicas, como el pela-
gianismo, o por los problemas de la sociedad de su tiempo,
alterada por las invasiones de los bárbaros. Murió en Ná-
poles antes de octubre del 454.
Obras
La obra de Quodvultdeus, en la edición crítica de
R. Braun en CCL 60, comprende: 1) Liber promissionum et
praedictorum Dei. 2) Obras homiléticas: Contra ludaeos, pa-
ganos et arríanos; Adversus quinqué haereses; tres sermones
De symbolo; De quattuor virtutibus caritatis; De cántico novo;
De ultima quarta feria; De cataclysmo; De tempore barbárico I;
dos sermones De accedentibus ad gratiam; De tempore barba-
Quodvultdeus
601
rico II. 3) En apéndice, las dos cartas a Agustín solicitando
el libro De haeresibus.
De la obra de Quodvultdeus, como se presenta en la
edición de R. Braun, se ha ocupado largamente la crítica
reciente. Una parte (y es la posición de R. Braun) insiste
en la homogeneidad del corpus homilético y del Liber de
promissionibus, tratado catequético-exegético, y postula
para ambos un único autor; otra parte acepta la homoge-
neidad de contenido, pero advierte diferencias de estilo
tales, que aconsejan la distribución del conjunto entre va-
rios autores anónimos (así M. Simonetti, B. Altaner,
A. Stuiber [Patrologie (Freiburg 7 1967) p.449] y, en cierto
modo, CPL 401-412, que adopta las conclusiones de
D. Franses). Aun teniendo presente que no pueden ser re-
sueltas todas las dificultades que se oponen a una atribu-
ción cierta a Quodvultdeus, es posible aceptar en línea de
principio las conclusiones de R. Braun acerca del corpus de
escritos atribuido a Quodvultdeus. Se trata de un material
catequético homogéneo de procedencia africana que re-
produce Ja catequesis bautismal del Africa cristiana del si-
glo V, iniciación de los catecúmenos y ritos bautismales en
relación con el símbolo.
El Liber promissionum et praedictorum Dei, publicado con
el título de Liber de promissionibus et praedictionibus Dei en
la edición de las obras de Próspero de Aquitania publicada
por S. Gryphe en 1539, fue compuesto entre los años 445
y 455 (III 44,28: sub Constantio et Augusta Placidia quorum
nunc filius V akntinianus pius et christianus imperat; Gala
Placidia murió el 27 de noviembre del 450), cerca de Ná-
poles (Dimidium temporis 12,3: apud Campaniam constitu-
ís). Esta obra, atribuida a Próspero de Aquitania ya en el
siglo vi, fue devuelta a Quodvultdeus por G. Morin
(RB 3 1[ 1914] 161). La obra ofrece una colección de testi-
monia bíblicos según el esquema de exposición de la histo-
ria sagrada usado en la preparación de los catecúmenos
como la codifica Agustín en el De catechizandis rudibus, es
decir, un iter in scripturis sanctis desde la creación hasta la
época del autor con el fin de dar a conocer a Cristo y a su
Iglesia. La exposición se articula, siguiendo el esquema de
Agustín, que es también de Pelagio, en tres épocas: ante
legem, sub lege, post legem, distribuida en 153 capítulos, que
es el número sugerido por la pesca milagrosa: 40 (ante le-
gem), 40 (sub lege), 40 (sub gratia), 20 (dimidium temporis, la
mitad de 40), 13 (la gloria sanctorum). La exposición tipo-
602
La controversia pelagiana
I
)
lógica se inspira en Agustín: los episodios históricos de la
Biblia poseen un sentido espiritual, profundo, que revela a
Cristo y a la Iglesia. No faltan citas de autores paganos, en
particular de Virgilio, entendidas en sentido cristiano. El
Líber promissionum es, pues, un manual para uso del cate-
quista, que debe exponer la narratio de la Biblia (Antiguo
y Nuevo Testamento) a los catecúmenos.
Ediciones (cf. CPL 413; PLS III 149): PL 51,733-854 (ed. Le
Brun des Marettes y MANGENOT); R. Braun [SCh 101-102]
(Paris 1964) (con trad. franc); ID.; CCL 60(1976)1 1-223.
1 . Homilías
Los Sermones de symbolo se inspiran en las homilías ho-
mónimas de Agustín sobre los ritos de la traditio y redditío
symboli de la preparación al bautismo. Las otras homilías
reflejan la preocupación de poner en guardia a los fieles
contra el peligro del arrianismo, que se infiltraba entre la
población con la invasión de los vándalos.
Ediciones cf. CPL 401-412; PLS III 261-262; PL 50,637-708
(parcial); PLS III 261-322; R. BRAUN: CCL 60(1976)227-486.
2. Cartas
Los dos únicos escritos que nos han llegado con el
nombre de Quodvultdeus son las cartas 221 y 223 del
epistolario agustiniano, con las que, aún diácono de Car-
tago, solicita del Obispo de Hipona un commonitorium de
haeresibus. Agustín responde con las epístolas 222 y 224.
Ediciones: Ep.221 y 223: PL 33,997-999 y 1000-1001;
CSEL 57,442-446 y 450-451; R. Braun: CCL 60,489-492.
Estudios: Bibliografía en R. Braun: CCL 60,5 12-5 16 sobre
autenticidad, identificación del personaje e interpretación de al-
gunos pasajes. P. CAPELLE, Le texte du Psautier latin en Afrique
(Roma 1913); G. MORIN, Pour une future édition des opuscules de
saint Quodvultdeus, évéque de Carthage au V L siecle:
RB 31(1914)156-162 (sobre los 12 sermones pseudoagustinianos
atribuidos hoy a Q. ); P. SCHEPENS, U n traite a restituer d Quod-
vultdeus: RSR 10(1919)230-243 (el L. promiss. es atribuido a Q.
sin tomar en cuenta los sermones); D. FRANSES, Die Werke des hl.
Quodvultdeus
603
Quodvultdeus, Btsíhof vori Karthago (Munchen 1920); A. KAPPEL-
MACHER, Echte und unechte P redigten Augu s ti ns :
WSt 49(1931)89-102; A. D. Nock, Two Sotes. 1. The Asklepius
and Quodvultdeus: VC 3(1949)48-55; M. Simonetti, Studi sulla
letteratura cristiana dAfrica in etd vandálica: RIL 83(1950)407-
424 (crítica de Franses; propone distribuir el corpus de los ser-
mones entre Agustín [Acc. 1 y 2; Temp. barb. II y acaso Adv. kaer.
V] ; a autor desconocido, los tres De symb., Contra Iud. y acaso el
De cant.; a otro autor anónimo, Ult. fer., Catac. y acaso Temp.
barb. 1); B. BlSCHOFF, Die lateinische Übersetzungen und Bearbei-
tungen aus den Oracula Sybillina, en Mélanges J. de Ghellinck I
(Gembloux 195 1 ) p. 12 1-147; S. JANNACONE, La dottrina eresiolo-
gica di S. Agostino (Catania 1952) (p. 19 sostiene que la ep.223 es
anterior a la 222, y el prólogo del De haeresibus, la respuesta de
Agustín a una carta perdida de Q.; tesis no aceptada); C. Lam-
BOT, Critique interne et sermons de saint Augustin: SP I [TU 63]
(Berlin 1957) p. 1 12-127; R. Braun, Un témoignage littéraire me-
connu sur lAbaritana provincia: Revue Africaine 103(1959)114-
116; H. J. DlESNER, Zur Datierung des Briefes 220 und anderer
Spatschriften Augustins: FF 35(1961)281-283; R. G. Kalkmann,
Two Sermons «De tempore barbárico» attributed to St. Quodvultdeus.
Diss. Cath. Univ. America (Washington 1963); A. LlPPOLD:
PWK 47(1963)1396-1398; M. BOGAERT, Sermón sur le cantique de
la vigne attribuable a Quodvultdeus: RB 75(1965)109-135;
P. COURCELLE, Quodvultdeus redivivus: REAN 67(1965)165-170;
M. PELLEGRINO, Interno a Quodvultdeus, «De promissionibus et
praedictionibus Dei»: RSLR 2(1966)240-245; Y. M. Duval, Un
nouveau lecteur probable de l'Histoire ecclésiastique» de Rufin dAqui-
lée, l'auteur du «Liber promissionum»: Latomus 26(1967)762-777;
D. Amabrasi: Bibliotheca sanctorum XII(1968)1335-1338;
J. LAFAUR1E, Cruces in vestibus: Bulletin de la Société Franc. de
Numismatique 28(1973)336-340.
Capitulo VIII
ESCRITORES DE LAS GALIAS
Y DE LA PENINSULA IBERICA
Por Adalbert Hamman
I. Escritores de las Galias
En el siglo IV, las Galias hacen su aparición en la litera-
tura latina cristiana gracias no a la gloriosa ciudad de Lyón,
que había dado al mundo en otro tiempo y en otra lengua
las obras del más ilustre de sus obispos, Ireneo, sino gra-
cias a una ciudad apartada de las grandes rutas estratégicas
y de los centros culturales Poitiers La vida y obra de su
obispo Hilario, tan vinculadas a la controversia amana, han
sido ya tratadas en el capítulo correspondiente (c 2 ) Pau-
lino de Ñola, natural de Burdeos, y su obra deben necesa-
riamente figurar en el capitulo sobre la poesía cristiana, al
igual que su amigo Ausonio, más poeta que cristiano (c 4)
En el siglo V, la actividad literaria de las Galias conoce
una extraordinaria floración. La provincia, que sufre los
avatares de las invasiones de los bárbaros, se impone, no
obstante, con una actividad literaria que ilumina el Occi-
dente en su ocaso Para comodidad del lector se ha dis-
puesto la materia por orden alfabético de autores, mas
conviene tener presente la distribución de los mismos por
regiones y actividad literaria.
La vida monástica, que se abre camino en centros muy
diversos como Tours, Rouen, Marseille, Lénns, es la cuna
de los principales escritores y del tema hagiografico La
Vita s Marttm, de Sulpicio Severo, será para muchas ge-
neraciones lo que fue la Vita Antonti, de Atanasio En la
órbita de Arlés, que se impone por el prestigio de su sede
y de sus obispos, surgen, sobre todo, dos polos de irradia-
ción Marsella y Lénns En Marsella trabajan Juan Casiano,
legislador y promotor del monacato occidental, y Salviano,
el profeta de los tiempos nuevos, en que la Iglesia pasa a
los bárbaros Lénns extiende su influencia por todo el valle
Euqueno de Lyon
605
del Ródano hasta Verdún De allí proceden obispos como
Honorato e Hilario de Arlés, Euqueno de Lyón, Salomo
de Ginebra y Lupo de Troyes, que dejan la marca de Lé-
nns en la influencia duradera que ejercieron con su obra
espiritual y su actividad pastoral
EUQUERIO DE LYON
«Sin duda, el más grande entre los grandes obispos de
su tiempo» así lo presenta Claudio Mamerto, que lo co-
noció personalmente Nacido de familia distinguida, al pa-
recer, cristiana, sus escritos revelan una cultura madura,
que Erasmo tuvo en gran aprecio Hizo una brillante ca-
rrera y fue, quizá, senador
Casó con Gala, de la que tuvo dos hijos Salomo y Ve-
rano Los dos esposos acordaron luego renunciar a sus bie-
nes y retirarse a Lénns, encomendando sus hijos al monas-
terio de San Honorato, donde Hilario, Salviano y Vicente
cuidaron de su formación, Salomo tenia a la sazón diez
años Euqueno hubiera deseado viajar a Egipto para visitar
los monasterios, mas no le fue posible Para satisfacer de
algún modo este deseo no realizado, Casiano le dedicó la
segunda parte de sus Conlationes Mantuvo corresponden-
cia epistolar con algunos personajes de su tiempo, y en
especial con Paulino de Ñola (Ep 51 PL 61,417) La fama
de santidad le granjeó el ser nombrado obispo de Lyón
poco después del 432 Como tal participó en el concilio de
Orange del 441, murió hacia el 450 (GENADiO, De vins
til 64[63])
Estudtos G DE MoNTAUZAN, Saint Eucher, eveque de Lyon et
l'ecole de Lertns Bulletin histonque du diocese de Lyon (192})
p 81-96, L CRISTIANI, Lenns et ses fondateurs (Saint-
Wandnlle 1946) p 193 275, N K CHADWICK, Poetry and Letters
tn Early christian Gaul (London 1955), L CRISTIANI, Eucher
DSp IV(1961)1653 1660, R Etaix DHG XV(1963)1315-1317,
P COURCELLE, Souveaux aspects de la culture lérinienne
RELA 46(1968)379-398, S PRICOCO, L'isola dei santi 11 cenobio
di Lerino e le origim del monachesimo gallico (Roma 1978)
Obras
Antes de ser obispo, Euqueno compuso dos opúsculos
en forma epistolar el De laude eremi y el De contemptu
606 Escritores de las Galias y de la Península Ibérica
mundi. Nos ha llegado también una carta enviada desde
Lérins a Salviano de Marsella (fragmentos en la Vita s. Hi-
larii Arel. 11 y en el sermón De vita s. Honorati 4,22). Du-
rante su episcopado publicó dos escritos exegéticos: For-
mulae spiritualis intelligentiae y los Instructionum libri dúo
ad Salonium. Los Bolandistas y la mayoría de los historia-
dores le atribuyen la Passio Acaunensium martyrum. Clau-
dio Mamerto nos ha conservado un fragmento de Euque-
rio en su De statu animae II 9- Sus homilías han perecido.
En el siglo VIII aparece un epítome de sus escritos con el
título de Glossae spirituales.
No son auténticos los Commentarii in Genesim et in li-
bros Regum, la Exhortatio y las Sententiae ad monachos de
PL 50,895-1208.865-868 y 1207-1210, la carta a Filón
publicada por Baluze (PL 50,1413-1414) y el De situ Hie-
rosolymitanae urbis (PLS III 45-48).
Acerca de los fragmentos del Epitome operum Cassiani,
compilado por Euquerio y encontrado en un manuscrito
de Paderborn, cf. K. HONSELMANN, Bruchstücke von Aus-
zügen aus Werken Cassians. Reste einer verlorenen Schrift des
Eucherius von Lyon?: ThGl 51(1961)300-304.
La editio princeps (sin el De laude eremi) es de J. A. Bras-
sicanus (Basilea 1531 y luego en PL 50). La primera edi-
ción del De laude eremi es de Dionisio Faucherius (Pa-
rís 1578). La primera edición completa publicada en París
sin fecha (1525-1530), aun siendo la mejor, ha caído en
olvido. En CSEL 31 (Wien 1894), K. Wotke ha publicado
sólo Formulae, Instructiones, Passio, De laude eremi (sobre
esta edición, cf. R. Etaix, en DHGE 15,1317).
1. «De laude eremi»
En este escrito, dedicado al presbítero Hilario, futuro
obispo de Arlés, compuesto hacia el 427 a la vuelta de una
estancia en Arlés junto al obispo Honorato, Euquerio teje
el elogio de la soledad, «el tiempo sin confines de nuestro
Dios», y expone el tema bíblico del desierto, donde se
santificaron Moisés, Elias, Elíseo y Juan Bautista.
Ediciones: PL 50,701-712; K. Wotke; CSEL 31(1894)177-
194; S. PRICOCO, De laude eremi (Catania 1965).
Traducción: Francesa: L. CRISTIANI (París 1950).
Euquerio de Lyón
607
Estudios: L. ALFONSI, // De laude eremi di Eucherico: Convivium
(Bologna) 36(1968)361-369; I. Opelt, Zur lit. Eigenart von Eu-
cherius Schrift «De laude eremi»: VC 22(1968)198-208.
2. «De contemptu mundi et saecularis philosophiae»
Exhortación a un pariente de la nobleza, de nombre
Valerio; acaso, el futuro prefecto de las Galias mencionado
por Sidonio Apolinar (Ep. 5,10). Citando ejemplos céle-
bres como Gregorio, Paulino y Ambrosio, Euquerio habla
del carácter efímero y caduco de la sabiduría y de los bie-
nes terrenos; el cristiano debe aspirar sólo a la gloria del
cielo, que es su verdadero bien. En la obra se aprecia la
vasta cultura profana y cristiana del autor, que se nutre,
sobre todo, de la lectura de autores ascéticos como Ca-
siano, Rufino y el autor de las Confessiones.
Edición: PL 50,71 1-726 (Brassicanus).
Traducciones: Inglesa: H. VAUGHAN, reed. por L. C. Martin
(Oxford 1914).— Francesa: L. CRISTIANI (Paris 1950).— Italiana:
C. GlAClNTO Gariboldi (Milano 1715).
Estudio: S. PRICOCO. Barbari, senso della fine e teología política.
Su un passo del «De contemptu mundi» di Eucherio di Lione:
Romanobarbarica 2(1977)209-229.
3. «Formulae spiritualis intelligentiae»
Las Formulae, dedicadas a su hijo Verano, distinguen en
la Escritura, siguiendo a Casiano, el cuerpo, el alma y el
espíritu: el cuerpo es el sentido literal; el alma, el signifi-
cado tropológico, y el espíritu, el sentido anagógico, el más
profundo y que introduce en los misterios más sagrados.
Ediciones: Cf. CPL 488 y B. Fischer: VT 255; PL 50,727-
772; K. Wotke: CSEL 31(1894) p.3-62; centones de citas:
PL 42,1 199-1208.
4. «Instructiones ad Salonium»
Las Instructiones, dedicadas a su hijo Salonio, explican,
en dos libros y en forma de preguntas y respuestas, algu-
608 Escritores de las Gaitas y de la Península Ibérica
nos pasajes difíciles de la Biblia desde el Génesis al Apoca
lipsis El libro II explica los términos menos comprensi-
bles, como nombres, griegos y hebreos, de lugares y me-
didas Euqueno utiliza el Onomasticon de Jerónimo, pero
cita la Vulgata solo en contadas ocasiones
Las Instructiones fueron muy estimadas por compilado-
res posteriores y en la enseñanza, estima que les acarreo
interpolaciones, no expurgadas en la edición de PL 50
Ediciones Cf CPL 489 y B Fischer VT 253 PL 50,773
822, K Wotke CSEL 31(1894) p 63-161
Estudio I OPPELT, Quellenstudten zu Eucherius
Hermes 91(1963)476 483
5 «Passio Acaunensium martyrum, S Maurtai et sociorum
eius»
Es la versión mas antigua del martirio de la Legión Te-
bana En la inscripción de la carta de acompañamiento fi-
gura el nombre de Eucherius, que escribe a Salvio, obispo
de Octodorum (Martigny), a quien llama frater, revelando
asi su condición de obispo La autenticidad, aunque de
nuevo puesta en duda por B Krusch y D van Berchem,
sigue siendo comunmente aceptada, siguiendo a los Bo-
landistas (BHL 5737)
Ediciones PL 50,827 832 B KRUSCH MGH, ser mer III
(Hannover 1896) p 32 39 K Wotke CSEL 31(1894)163 173
Traducción Italiana C CURTI, La «Passio Acaunensium mar-
tyrum» di Eucherio di Lione en Convivium domintcum (Cata
nía 1959) p 297 327 (estudio con el texto de B Krusch y trad
ít defiende la historicidad de la narración, que fue amplificada
por Euqueno)
Estudios M BESSON, La question du martyre de S Maurice et de
ses compagnons Revue Charlemagne 2(1912)129-189 Martyrolo-
gium Romanum (Bruxelles 1940) p410 D VAN BERCHEM, Le
martyre de la Legión Thebaine Essai sur la formation d'une legende
(Bale 1956) (cf AB 74[1956]260 263), L ALFONSI, Considera
ztoni sulla «Passio Acaunensium martyrum » Studi
Romani 8(1960)52-55, L DUPRAZ, Les passwns de s Maurice
d'Agaune (Fnbourg 1961), H BELLEN, Der Prtmicerius Maurictus
Historia 10(1961)238 247, RHenggeler Bibiiotheca
sanctorum IX(1967)193 204
Eutropio 609
6 «Eptstula ad Salvium eptscopum»
Es la carta de acompañamiento de la Passio precedente
y la única que se ha conservado del epistolario de Euque-
no
Ediciones PL 50,827 828 K Wotke CSEL 31(1894) p 173
B KRUSCH MGH, ser mer III (Hannover 1896) p 39-41
E U T RO P I 0
El presbítero Eutropio vivió a fines del siglo IV y prin-
cipios del V, probablemente, natural de Aquitania, fue
contemporáneo y amigo de Paulino de Ñola, de cuya es-
posa era, acaso, pariente la virgen Cerasia, destinatana de
sus cartas Genadio (De vir til 50[49]) refiere que escribió
dos cartas a unas vírgenes que habían sido desheredadas
por sus padres al abrazar la vida consagrada, y alaba la ele-
gancia del estilo, la solidez de la doctrina y la profunda
inspiración bíblica de sus escritos Partiendo de las noticias
de Genadio, J Madoz ha logrado reconstruir la mayor
parte de la producción de Eutropio, que había sido trans-
mitida con nombres diversos Las tres cartas que mencio-
namos a continuación figuran en PL 30, entre las obras de
Jerónimo, y la tercera, también en PL 57, entre las de
Máximo de Tunn
1 La Eptstula de condemnanda haeredttate (PL 30,47-
50), dirigida a Cerasia y a su hermana, hijas de Geron-
cio, fue restituida a Eutropio por Tillemont y D Vallarsi
2 La Eptstula de vera circumasione (PL 30,188-2 10),
compuesta, acaso, bajo el influjo de la doctrina de Pelagio
y dirigida a las mismas destinatanas, es una exhortación a
la circuncisión espiritual, merecedora de las mayores re-
nuncias
3 La Eptstula de perfecto homtne (PL 30,75-104 y
57,933-958), igualmente dirigida a Cerasia, ha sido de-
vuelta a Eutropio por P Courcelle, que la ha encontrado,
con las dos precedentes, en una colección de obras falsa-
mente atribuidas a Jerónimo (París, BN 1688) La carta
expone los sentimientos que deben animar al cristiano fer-
voroso, a saber, renuncia a la sabiduría del mundo y con-
templación de la omnipotencia divina, del milagro de la
encarnación y de la resurrección de Cristo, prenda de
610
Escritores de las Galias y de la Península Ibérica
nuestra resurrección. La carta documenta, asimismo, algu-
nas tendencias del clima espiritual de principios del si-
glo V, como la resistencia a la doctrina de la resurrección
corporal, al ascetismo y al culto de los mártires, e informa
acerca de las relaciones entre judíos y cristianos. En la doc-
trina de la virginidad de María es manifiesto el influjo de
Tertuliano.
4. «De similitudine carnis peccati»
Este tratado fue descubierto y publicado por G. Morin,
que lo atribuyó a Paciano de Barcelona. G. de Plinval lo
hubiera asignado a Pelagio. J. Madoz lo ha devuelto, con
buenas razones, a Eutropio, como el mismo G. Morin reco-
noció de buen grado. El tratado, dedicado a Cerasia y com-
puesto hacia el 415, expone la exégesis de Rom 8,3, defi-
niendo la condición física de Adán, del hombre y de Cristo.
Admirador de Ambrosio y amigo de Paulino, Eutropio
es un escritor dotado de una buena cultura filosófica y
literaria; cultiva un método de inspiración platónica,
vivificando su formación literaria con su reflexión per-
sonal. Imita a Juvenal, cita a Virgilio y Cicerón y hace
frecuentes alusiones a rétores y filósofos clásicos. Posee
también una buena formación bíblica, que se manifiesta,
sobre todo, en los principios de su teología espiritual y en
su oposición a las tesis arrianas y maniqueas.
Ediciones: Cartas: PL 30,45-50.75-104.188-210 (D. VALLARSI,
Venezia 1866-1772); 57,933-958 (B. Bruñí, Roma 1784). De
similitudine carnis peccati, en G. MoRIN, Etudes, textes, décuuvertes
(Maredsous 1913) p.107-150 (= PLS I 529-556 y cf. 1746-1747).
6-P47).
Estudios: A. Gruber, Studien zu Pacianus (München 1901);
R. K.AUER, Studien zu Pacianus (Wien 1902); G. MoRIN, Un
traite inédit du /V o íiécle... de l'veque Pacien de Barcelone:
RB 29(1912)1-28; ID., Études, textes, découvertes p.81-107;
PH. BORLEFFS, Zwei neue Schriften Pacians?; Mnem 7(1937)180-
192; L. TRIA, «De similitudine carnis peccati». II suo autore e la
sua teología (Roma 1936); J. MADOZ, Herencia literaria del presbí-
tero Eutropio: EE 16(1942)27-54; G. MoRIN, Brillantes découvertes
d'un jésuite espagnol et rétraction qui s'en suit: RHE 38(1942)
411-417; J. MADOZ, Vestigios de Tertuliano en la doctrina de
la virginidad de María en la carta «ad amicum aegrotum.
De viro perfecto»: EE 18(1944)187-200; F. CAVALLERA, L'héritage
Evagrio
611
littéraire et spirituel du pretre Eutrope: RAM 25( 1949)1 58-167;
P. COURCELLE, Un nouveau traite d Eutrope, pretre aquitain, vers
l'an 400: REAN 56(1954)377-390; ID., Histoire littéraire des
grandes invasions germaniques (París 1 1964) p. 307-317; F. Di CA-
PUA, Ritmo e paronomasia nel trattato «De similitudine carnis pec-
cati» attribuito a Paciano di Barcellona, en Scritti minori
(Roma 1959) I p.4 19-430; A. MlCHEL, La culture en Aquitaine au
V c siecle: Armales du Midi 71(1959)115-124; G. DE PLINVAL, Eu-
trope: DSp IV( 196 1 ) 1729- 17 31, T. MORAL, Eutrope:
DHG XVl(1967)79-82 (buena exposición histórica).
EVAGRIO
Genadio (De vir. til. 5 1 [ 5 0] ) habla de un monje de
nombre Evagrio, natural del sur de las Galias. Ceillier pro-
puso identificarlo con el presbítero Evagrio, discípulo de
San Martín, obispo de Tours, que a la muerte de su maes-
tro se retiró con Sulpicio Severo {Dial. III 1,4; III 2,8),
identificación no aceptada por Harnack; pero, no obstante,
bastante verosímil.
La Altercatio legis ínter Simonem ludaeum et Theophilum
christianum, según Genadio, hizo célebre a Evagrio y ob-
tuvo una gran difusión. Harnack creyó descubrir en ella la
transposición latina del Dialogas inter Iasonem et Papiscum,
de Aristón de Pella, citado por Celso; pero la hipótesis no
ha sido aceptada. La obra de Evagrio es esencialmente oc-
cidental; sus fuentes principales son Tertuliano, Cipriano,
sobre todo los Testimonia; Gregorio de Elvira, Febadio y
Euquerio, lo que es ya prueba de la amplia información de
su autor.
El argumento de la Altercatio es, ante todo, Cristo. Se
recurre al Antiguo Testamento para conciliar el mono-
teísmo bíblico con la fe en la Trinidad y en la divinidad de
Cristo. El judío propone preguntas breves, a las que el
cristiano responde extensamente. Simón plantea dificulta-
des contra la virginidad de María, reprocha a los cristianos
la no observancia de la circuncisión y del sábado y cita Dt
21,23 sobre la maldición de quien muere en la cruz. Teó-
filo replica demostrando que la pasión había sido ya anun-
ciada por los profetas. Al fin, el judío, convencido, se con-
vierte. El tratado termina con una profesión de fe en forma
de acción de gracias, texto interesante para la liturgia anti-
gua del bautismo de los judíos. Conocemos por otras fuen-
612
Escritores de las Galias y de la Península Ibérica
tes la importancia de la presencia judía en el sur de las
Galias.
Los Maurinos trataron de atribuir a Evagrio las Consul-
tationes Zachaei christiani et Apollonii philosophi (PL
20,1071-1166), escritas en Africa en el siglo V (PLS I
1095).
Ediciones: PL 20,1165-1172 (E. MARTÉNE); A. HARNACK [TU
1,3] (Leipzig 1883) p. 1-136; E. E. Bratke: CSEL 45 (1904).
Estudios: E. Bratke, Epilegomena zu der Wiener Ausgabe
(Wien 1904); D. DE Bruyne, L'«Altenatio» d'Evagrius: RB 23
(1906)178-183 (fuentes); A. MarmoRSTEIN, Juden und Juden-
tum in der «Altercatio»: Theol. Tijdschrift 49(1915)360-383;
A. L. Williams, Adversus ludaeos (Cambridge 1935) p.298-311;
J. O. TjADER, Ein Verhandlungsprotokoll aus dem J. 431 n. Chris-
tus: Scriptorium 12(1958)6-39 (mss. ); B. Blumenkranz, Les
auteurs chrétiens latins du moyen age sur les Juifs (Paris 1963)
p.27-31; R. Aubert, Évagre: DHG XVI (1967)102.
FLAV1N1US DYNAMIUS
Natural de Burdeos, llamado a veces grammaticus, y
otras rhetor (AUSONIO, carm.23); enseñó en su ciudad na-
tal hasta que una grave acusación, como refiere Ausonio,
lo forzó a emigrar a España, donde se estableció hasta su
muerte. Se conserva una Allocutio ad discipulum, descu-
bierta por A. Mai en el cód. Vat. Palat. 1746, fol.59 r y
publicado por el mismo en NPB 1-2 (Roma 1852) p. 152.
HILARIO DE ARLES
Hilario habla de sí en su sermón De vita s. Honorati.
Pariente y discípulo predilecto del santo obispo fundador
de Lérins, Hilario abrazó joven la vida monástica por con-
sejo de Honorato y residió por algún tiempo con él en
Arlés, donde Honorato quería retenerlo. Sintiendo llegada
su hora, Honorato lo designó ante el pueblo como su su-
cesor; pero, al terminar los funerales, Hilario huyó. Al fin
aceptó no de buen grado (429 ó 430), y ocupó la sede por
más de veinte añts. Predicador de talento, comparado in-
cluso a San Agustín, fue gran obispo, dedicado a su grey,
Hilario de Arlés
613
solícito de los pobres y desvalidos. Fundó, quizá, un mo-
nasterio en Bretaña.
Hilario defendió los privilegios que el papa Zósimo
había acordado a Arlés; y alegando la autoridad primacial
de su sede episcopal, depuso a Chelidonius, obispo de Be-
sancon. Este apeló a León Magno, e Hilario marchó a
Roma a justificar su conducta; mas su inflexible arrogancia
no favoreció su causa, y León Magno prohibió al obispo de
Arlés intervenir en la provincia de Vienne (JAFFÉ, 407).
Hilario murió a los cuarenta y ocho años, el 5 de mayo
del 449. La Vita Hilarii (BHL 3882) es un documento de
gran valor, obra de un cierto Reverentius, que acaso no sea
otra cosa que un pseudónimo de Honorato de Marsella
(según Cavallin y Griffe, contra el parecer de Kolon y
Franses).
Estudios: B. KOLON, Die Vita s. Hilarii Arelatensis (Pader-
born 1925); L. Cristiani, Lérins et ses fondateurs (Saint-Wandrille
1946) p.99-192; D. FRANSES, Paus Leo de Groóte en S. Hilarius
van Arles (Bois-le-Duc 1948); F. BENOIT, L'Hilarianum dArles et
les missions en Bretagne, en S. Germain dAuxerre et son temps (Au-
xerre 1950) p. 18 1- 189; H. Fuhrmann, Die Fabel vom Papst Leo
und Biscbof Hilarius: Archiv f. Kulturgeschichte 43(1961)125-
162; É. Griffe, La Gaule chrétienne a l'époque romaine II (Paris
1966) p.200-212. 242-25 1.286-288.
Obras
De Hilario poseemos pocos escritos: una Epistula ad
Eucherium Lugdunensem, el sermón De vita s. Honorati Are-
latensis episcopi y algunos versos: De fontibus Gratianopoli-
tanis, que nos ha conservado Gregorio de Tours. Su bio-
grafía menciona unas homiliae in totius anni festivitatibus
expeditae, una expositio symboli y otras cartas.
Son de dudosa autenticidad el sermo de vita S. Genesii
(BHL 3306), el sermo seu narratio de miraculis s. Genesii
martyris Arelatensis (a él atribuidos por Cavallin) y la exposi-
tio de fide catholica (probablemente, auténtica, según Kat-
tenbusch). Ciertamente no son suyas la expositio in Vil
epistulas catholicas (PLS III 58-131), obra irlandesa del si-
glo VIH, y la Passio s. Genesii (BHL 3304 y cf. PLS III
55-56).
Ediciones: PL 50,1219-1246 (ed. Salinas, Roma 1731: Vita
614
Escritores de las Galias y de la Península Ibérica
Hil, Serrn. Hon.. Ep. ad Euch.); el serm. Hon. en S. Cavallin,
Vrtae w. Honorati et Hilarii (Lund 1952) (cf. VC 7[ 1954] 1 16-1 17;
1()| 1956)157-159); M. D. Valentín: SCh 235Ü9 7 7) (con trad.
franc); la ep. ad Euch. en K. WOTKE: CSEL 31 (1894); los v.
de fontibus en F. Bucheler y A. RIESE, Anthologia latina I 2
(Leipzig 1906) p. 37. La Expositio de fide. de dudosa autenticidad,
en A. E. BuRN: ZKG 19(1899)180-182; K. KuNSTLE, Eine Bi-
bliothek der Symbole (Mainz 1900) p.l73-P5.
Estudios: F. KATTENBUSCH, Das apostolische Symbol (Leipzig
1900) II p.453 n.35; S. Cavallin, S. Genese le notaire: Eranos
44(1945)15()-1 7 5 (con discusión de las obras dudosas y no au-
ténticas); P. GROSJEAN, Sotes d'hagiographie celtique: AB 7 5
(1957)183-185; C. CURTI, Un genitivo assoluto nella vita s. Hilarii
ep. Arel.: MSLC 13(1963)35-40; P. Courcelle, Nouveaux aspects
de la culture lérinienne: RELA 46(1968)379-409; S. PRICOCO, Mo-
delli di santita a Lerino. L'ideale ascético nel Sermo de vita Honorati
di llano di Arles: Siculorum Gymnasium 27(1974)54-88;
ID., Visóla dei santi (Roma 1978).
HONORATO DE ARLES
Natural de la Galia belga, quizá de familia consular,
Honorato, adolescente, recibe el bautismo, renuncia al
mundo y emprende con su hermano Venancio una pere-
grinación a Grecia. A la muerte de éste se retira primero
en una cueva de Estérel y luego en la isla de Lérins, que
aún hoy lleva su nombre. Funda aquí un monasterio,
donde no tardan en darse cita personalidades de relieve,
como Salviano, Lupo, Euquerio e Hilario, y que se con-
vierte en centro de irradiación espiritual y cultural. Nada
permite suponer que Honorato hubiese compuesto una
regla para su monasterio, ni cabe entender en tal sentido
las expresiones de Hilario en su. Serm. Hon. 18 y 19. Juan
Casiano le dedica las conferencias 11 y 17. A la muerte de
Patroclo, y tras el intervalo de Eulalio, Honorato es nom-
brado obispo de Arlés ciertamente el 428. Funda aún en
una isla de Ródano un monasterio, que se hará célebre
gracias a Cesáreo de Arlés. Murió en la festividad de la
Epifanía en torno al 430, más bien de agotamiento que de
enfermedad. «Bajo su guía — afirma su panegirista — , la
Iglesia de Cristo floreció como antes había florecido el
monasterio».
Nada se ha conservado de su actividad literaria: ni car-
tas ni la regla. La Vita s. Honorati (BHL 3977) es una com-
posición tardía de autor anónimo.
Juan Casiano
615
Estudios: B. MUNKE, Die «Vita S. Honorati» nacb drei Hand-
scbriften herausgegeben (Halle 1911); A. C. COOPER-MARSD1N, The
History of the lslands of Lérins (Cambridge 1914); F. BONNARD,
S. Honorat de Lérins (Tours 1914); L. CriSTIANI, Lé rins et ses fonda-
teuers (Saint-Wandrille 1946); S. CAVALLIN, Vitae ss. Honorati et
Hilarii (Lund 1952); E. GRIFFE, La Gaule chrétienne a l'époque ro-
maine (Paris, II [1966] p.236-24l-245; III [1965] p.236-238.332-
338); P. COURCELLE, Nouveaux aspects de la culture lérinienne; S. PRI-
COCO, Visóla dei santi. II cenobio di Lerino e le origini del monachesimo
gallico (Roma 19 7 8).
JUAN CASIANO
Juan Casiano es uno de los escritores más notables de
las Galias del siglo V. Genadio (De vir. ¿II. 62[6 1] ) lo llama
natione scytba, designación que probablemente hay que re-
ferir a la provincia romana de la Scythia minor (Dobruja),
opinión tradicional documentada por Tillemont y aceptada
por Schwartz y Marrou contra una presunta procedencia
oriental o provenzal.
Es un latino nacido «de una antigua familia de terrate-
nientes» (Marrou) profundamente cristiana, recibiendo,
sin duda, el nombre de Juan al ser bautizado. Los historia-
dores antiguos lo llaman Cassianus (Genadio, Casiodoro,
Gregorio de Tours, el Pseudo-Gelasio), que bien podría
ser «la denominación geográfica de su cantón natal»
(Marrou).
Casiano recibió de joven una esmerada formación clá-
sica. El recuerdo de Virgilio lo perseguía en el desierto
(Con/. XIV 12). Conocía perfectamente el griego, que per-
feccionó aún durante su estancia en Oriente. Pasada la ado-
lescencia, Casiano abandona su patria hacia el 380, y en
compañía de su compatriota Germán marcha a Palestina.
Se detiene primero en un monasterio de Belén, donde se
inicia en la vida cenobítica durante dos años, y luego ob-
tiene autorización para establecerse con los monjes de
Egipto, visitando los coenohia y adentrándose hasta el de-
sierto de Escete, donde residió por mucho tiempo junto a
monjes célebres como Pafnucio y Moisés. Aquí se sitúan
sus Conlationes (menos las X-XX).
A los siete años regresó a Belén, y, tras una breve es-
tancia, volvió de nuevo a Escete el 386 ó 387. La contro-
versia origenista, que tan grande agitación sembró entre
los monjes hacia el 399, le obligó a abandonar Egipto. Lo
616 Escritores de las Gaitas y de la Península Ibérica
encontramos luego en Constantinopla, atraído, sin duda,
por la fama de Juan Crisóstomo, que lo ordena diácono
(De inc VII 31,1)
El 404, Casiano vuelve a su «patria» con su compa-
ñero, portador de una carta del clero de Constantinopla al
papa Inocencio en favor del obispo exiliado Casiano per-
manece por algún tiempo en Roma, donde traba amistad
con el futuro papa León Magno, esto hace suponer que la
estancia no fuese muy breve, no es posible determinar si
volvió de nuevo a Oriente El año 415 o 416, Casiano se
encuentra en Marsella, donde se establece como sacerdote
y funda dos monasterios, uno para hombres y otro para
mujeres, que se suelen identificar, respectivamente, con
los de San Víctor y San Salvador Aconseja a Cástor,
obispo de Apt, en la fundación de su novellum monasterium
Su principal ocupación es organizar el monacato occiden-
tal, ya establecido en Lérins, en conformidad con las tradi-
ciones apostólicas Asistido por la experiencia monástica
vivida en Oriente, Casiano se propone integrar en el mo-
nacato occidental el estilo de vida cenobítico con los ele-
mentos esenciales de la anachoresis
Animado por el obispo Cástor, Casiano compone en
Marsella sus escritos monásticos el De tnstttutis coenobto-
rum, dedicado a Castor, y las Conlattones (entre el 420 y el
430), y el De incarnatione (hacia el 430) Falleció hacia el
435 y fue inmediatamente venerado como santo en
Oriente y Occidente
Estudios A HOCH, Zur Heimat des hl Job Cassianus ThQ
82(1900)43-69 (originario de Siria), S MERKLE, Cassian kein Sy-
rer íbid , 419-442 (contra Hoch), O ABEL, Sludien zu dem gallis-
chen Presbyter Johannes Cassianus (Munchen 1904), A MENAGER,
La patrie de Cassien EO 21(1921)330-358 (Escitopohs, en Gali-
lea), J B THIBAUT, L'ancienne liturgie galluane (París 1930)
apéndice Etude biographique sur J Cassien p 102-120 (originario
de Sert cerca de Biths), F J DoLGER, Der Ausschluss der Besesse-
nen AC 4(1934)122-125 (Dobruja), M Olphe-Galliard DSp
11(1937)214-276, E SCHWARTZ, Lebensdaten Kassians ZNW 38
(1939)1-11, L Cristiani, Cassien I II (París 1946), M Cap
PUYNS DHGE XK1949U319-1348 (origen provenzal bibl ),
M Rothenhausler EC 111(1950)1001-1004, E Griffe, Cassien
a-t-il efe pretre d'Antiocbe? BLE 55(1954)140 145, J C Guy,
Jean Cassien, vie et doctrine spirituelle (París 1961), ID ,Jean Cas-
sien, historien du monachisme égyptien? SP VIIIfTU 93] (Berlín
1966) p 363-372 (Casiano teórico de la vida espiritual, no his-
toriador del monacato egipcio), A S CONSTANTINESCU, Jean
Juan Casiano
617
Cassien, scythe, pas romain Glasul Bisencn 23(Bucarest 1964)
688-705, O CHADW1CK, John Cassian (Cambridge 1968),
F PRINZ, enDizionano degli Istituti di perfezione 11(1975)633-638,
H 1 Marrou, La patrie de Jean Cassien en Patristique et huma-
nisme (París 1976) p 345-361, C TlBILETTl, Giovanni Cassiano
Formazione e dottrina Aug 1 7( 1 9 7 7 )3 3 5-380
I Obras
Casiano es un verdadero hombre de letras, su vocabu-
lario y sintaxis son de una persona culta que domina el
griego, y en él acuña su terminología Es un escritor que
sabe ser a la vez sugestivo, evocador y observador, hábil en
la descripción del color local y en mezclar diálogos, anéc-
dotas, imágenes pintorescas y recursos oratorios La mayor
parte de sus escritos tienen por argumento la vida monás-
tica, no se aventuró por las sendas de la teología mas que
al fin de su vida, y sólo tratando de la encarnación
Ediciones PL 49 50 (ed A Gazet | Arras Douai 1616], buen
comentario, texto menos bueno), sobre las ediciones anteriores
cf PL 49,1 1-26 sobre las ediciones incunables, Gesamtkatalog der
Wtegendrucke VI (Leipzig 1934) p 218-221, M Petschenig
CSEL 13 y 17 (1886 y 1898)
Traducciones griegas Cf FociO, Bibhoth PG 103,661, E
Dekkers, Les traductions grecques des ecrits patristiques latins SE
5(1963)213 214
Estudios B CORBETT y F MASAI, L'edition Plantin de Cassien
Scnptonum 5(1951)60-74, P CAZIER, Cassien, auteur presume de
/'epitome des Regles de Tyconius RE Aug 22(1976)267-297
1 «De instttutis coenobtorum»
La primera obra de Casiano, dedicada al obispo Cástor
de Apt y fruto de su madurez, son los 12 libros De tnsttt li-
tis coenobtorum, de la que pronto fueron separados como
obra aparte los libros V-XII De octo prtncipahum vittorum
remedus, ausentes ya de los dos manuscritos más antiguos
(Montecasino y Autún, del siglo Vil)
Después del prólogo-dedicatoria a Cástor, la primera
parte (I-VI) trata de la vida del monje del hábito (I), de la
oración nocturna según el uso egipcio (II), la oración
Patrología 3
21
618
Escritores de fas Gaitas y de la Península Ibérica
diurna según la costumbre de Palestina y Mesopota-
mia (III), la vida común y las virtudes propias de ella (IV) La
segunda parte comienza con una nueva dedicatoria a Cás-
tor, y pasa luego a tratar de los vicios que el monje debe
combatir para alcanzar la perfecta pureza del corazón, a
saber la gula (V), la lujuria (VI), la avaricia (VII), la
ira (VIII), el abatimiento (IX), la acedía (X), la vanaglo-
ria (XI) y el orgullo (XII), siguiendo el catálogo de vicios,
codificado poco antes por Evagno Póntico (PG 40,1272-
1276) La carta de Cástor a Casiano (PL 49,53-54) no es
auténtica (PLS III 17)
Casiano ofrece en esta obra una introducción a la
doctrina interior y sublime que expondrá en las Conla-
tiones, que ya entonces proyectaba escribir Euqueno
compuso un resumen del De instttutis y de las Conlatto-
nes que ha perecido K. Honselmann cree haber en-
contrado fragmentos de esta reducción en un manus-
crito de Paderborn (cf supra, Euqueno) El De institutis fue
traducido al griego en el siglo V, y también de esta versión
griega se compiló una edición abreviada (diversa de la de
Euqueno) en dos libros, conocida por Focio, utilizada por
el Pseudo-Nilo (PG 79,1435-1472) y publicada por Mont-
faucon, que la tradujo al latín, utilizando un manuscrito
propiedad del cardenal Altemps en el que figuraba como
obra de Atanasio (PG 28,849-905) Esta reducción se lee
en el cód Vindobonensts graec tbeol 121, del que K Wotke
ha publicado el principio (Wien 1898)
Ediciones PL 49,43-476 (ed Gazet), M Petschenig CSEL
17(1888) p 3-231, J C Guy SCh 109 (1965) (con trad franc )
Traducciones Alemana A Abt y K KOHLHUND BtCV
(Kempten 1879) 2 vols —Española L M y P M SANSEGUNDO
(Madrid 1957) — Francesa E PlCHERY, Les tnstttutions cenobtti-
ques (S Maximin 1925)— Inglesa ECS GlBSON LNPF 2nd
ser XK1894) p 201-290 —italiana P M Ernetti (Pragha
1956)
Estudios F DlEKAMP, Eine moderne Titelfalschung RQ 14
(1900)341-355, S MARSILl, Résumé de Cassien sous le nom de Ps -
Mil RAM 5(1934)241-245, J FROGER, Mote pour recttfier l'inter-
pretatton «Inst » 1,4,6 ALW 2(1952)96-102, K HONSELMANN,
Bruchstucke von AuszUgen aus Werken Cassians ThGl 51(1961)
300-304, G H BroWN, Codex Wat lat 1 1025 Casstant Instttu-
ttones Manuscnpta 17(1973)22-27
Juan Casiano
619
2 «Conlattones XXIV»
Las Conferencias, proyectadas como continuación del De
tnstitutis y del que, en efecto, son complemento y corona,
comprenden tres escritos distintos, pero no independien-
tes, el primero (1-10), compuesto a petición de Cástor de
Apt, que fallece antes de verlo (425-426), está dedicado a
su hermano Leoncio y a Eladio, el segundo (11-17), a los
«hermanos» Honorato y Euqueno, el tercero (18-24), a
los cuatro abades de Lénns Joviniano, Minervio, Leoncio
y Teodoro Los diversos capítulos corresponden a otras
tantas etapas de la permanencia de Casiano en Egipto
Las conferencias 1-9 (estancia en Escete) constituyen
un verdadero tratado sobre la perfección fin de la vida
monástica (1) y tratado sobre la discreción (2), por el abad
Moisés, sobre las tres renuncias, por el abad Pafnucio (3),
sobre la concupiscencia, la carne y el espíritu, por el abad
Daniel (4), sobre los ocho vicios principales, por Serapión
(5), sobre el pecado, por Teodoro (6), sobre el combate
espiritual y las fuerzas del espíritu del mal, por Sereno
(7-8), sobre la oración y sus formas, por Isaac (9-10).
Las conferencias de la segunda parte, acabadas el 427,
nos llevan al comienzo de la estancia de Casiano en Egipto,
se tienen en Panéfisis y se cree que observan un orden
cronológico, sobre la perfección (11), la castidad (12) y la
protección divina (13), por el abad Queremón, la ciencia
espiritual (14), los cansinas y milagros (15), por Néstor, so-
bre la amistad entre los perfectos (16) y sobre los propósitos
(17), por el abad José
Las conferencias 18-20, compuestas entre el 428 y 429,
nos llevan a Dioicos, y tratan de las tres especies de mon-
jes (18), por Piamón, sobre la finalidad de las vidas cenobí-
ticas y eremítica (19), por el abad Juan, y sobre la peniten-
cia y la satisfacción (20), por Pinufio
Las conferencias 21-24, que Petschenig sitúa en Panéfi-
sis, pertenecen, más bien, al período de Escete, y tratan de
la libertad interior (21), las tentaciones de la carne (22),
la impecabilidad que no es de este mundo (23), por Teo-
nas, y sobre la dicha de servir a Dios (24), por Abrahán.
Genadio conoció la obra ya en la forma en que nos
ha llegado, mas no hay que olvidar que las tres partes
circularon de forma independiente y que se encuentran
reunidas por primera vez en un manuscrito de París del
siglo IX (Nouv. acq. lat. 2170). Las conferencias proce-
620
Escritores de las Gaitas y de la Península Ibérica
den en forma de diálogo; son 24, en razón de los 24 ancia-
nos del Apocalipsis, y de esta forma las Conlationes se pre-
sentan como un homenaje al Cordero. No son cursos sis-
temáticos, sino «entrevistas» a los diversos maestros de
espíritu, sin orden lógico, y en las que a menudo los mon-
jes entrevistados vuelven sobre argumentos discutidos ya
antes.
Las Conlationes son, sin duda, la obra maestra de Ca-
siano, y con ellas ejerció profunda influencia en la vida
monástica de Oriente y de Occidente, y de forma especial
en San Benito y Casiodoro. El Decreto Gelasiano incluye las
obras de Casiano en su index, a causa, sin duda, de las Con-
ferencias, y en particular del libro XIII y su disertación
acerca de la mentira. Casiano, siguiendo en esto a Cle-
mente y Orígenes, a Juan Crisóstomo e Hilario, sostiene
que la mentira es lícita para evitar un mal mayor (XVIII
17), tesis opuesta a la que profesan San Agustín y Santo
Tomás de Aquino. Para contrarrestar la posición de Ca-
siano acerca de la teología de la gracia, algunos editores,
como A. Gazet, añaden un capítulo, el 19, al libro XIII,
que no es más que una paráfrasis de Dionisio el Cartujo
escrita el 1450, que atenúa el tenor del texto. Jean de La-
vendin, abad de la Estrella, en su traducción francesa susti-
tuyó, sin más, el libro XIII con el texto de Dionisio (París
1636). L&Conlatio XXIII 2-4 y 10-13 figura como sermón
entre los apócrifos de San Agustín (Serm. 102 y 103: PL
39,1941-1943 y 1943-1946).
Ediciones: PL 49,477-1321 (ed. Gazet); M. PETSCHEN1G:
CSEL H (1886).
Traducciones: Alemana: A. Abt y H. KOHLHUND: [BKV]
(Kempten 1879). — Española: L. M. y P. M. Sansegundo (Ma-
drid 1961).— Francesa: E. PlCHÉRY (S. Maxirrün 1920-1922); ID.:
SCh 42.52.64(1955-1959) (con el texto del CSEL). — Holandesa:
A. VAN Kar, Joannes Cassianus, Gesprekken l-X: Bilthoven
\<)(,%.— Inglesa: E. C. S. GiBSON: LNPF 2nd ser. XI (1894)295-
545.— Italiana: O. Lari (Roma 1965).
Estudios: U. BETTI, Le «Collationes» di Cassiano in un ms. della
Yerna: SE 21(1972-73)81-107; sobre la doctrina, cf. infra,
p.588s.
Juan Casiano
621
3. «De incarnatione Domini contra Nestorium libri VII»
Es la última obra de Casiano, compuesta el 430 a peti-
ción de León, entonces archidiácono de la iglesia de Roma.
El título cambia según los manuscritos, que no son tan
numerosos como los de los otros escritos. Casiano dispo-
nía de una cierta documentación, que le había sido facili-
tada por el archidiácono León, al que dedica la obra, y en
particular de algunos sermones de Nestorio.
Casiano achaca al pelagianismo la responsabilidad de la
nueva herejía. El error de Leporio es fruto de la siembra
pelagiana (De inc. I 4). La herejía de Pelagio ha dado ori-
gen a las desviaciones de Nestorio, patentes en sus homilías.
«Jesucristo, nacido de María, es un hombre como todos
(splttarius), que ha merecido por su vida sin tacha la unión
con la majestad divina» (De inc. V 1). El parentesco entre
Nestorio y el pelagianismo es denunciado también por Prós-
pero; ya Agustín había advertido la relación entre pelagia-
nismo y cristología (J. Plagnieux).
Casiano defiende la unión de las dos naturalezas en la
unidad de una misma substancia, de una misma persona:
ubi vides inseparabilem penitus Christi ac Dei esse substan-
tiam, inseparabilem quoque agnosce esse personam (III 7). El
título de theotokos dado a María proviene de la Escritura, de
la que Casiano aduce, sin orden, numerosos testimonios
tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, a los que
añade un verdadero repertorio de textos patrísticos (VII
24-30). Al fin, el autor, con acentos patéticos, insta a los
fieles de Constantinopla a permanecer dóciles a las ense-
ñanzas del obispo Juan.
La composición del tratado es poco compacta; el tra-
zado, poco perspicuo, y la formulación teológica, poco se-
gura, con expresiones que no distan mucho de Nestorio.
Casiano no es teólogo de oficio y carece del genio especu-
lativo de los Padres Capadocios o de Agustín. Se desquita
con su capacidad de percibir las repercusiones de las ver-
dades dogmáticas en el orden espiritual. La trabazón entre
cristología y espiritualidad es para él evidente: si Cristo no
es a la vez hijo del hombre e hijo de Dios, vano es el
esfuerzo por aspirar a la divinización prometida y ceden
los cimientos sobre los que se asienta la vida monástica y la
vida cristiana en general. Casiano, en efecto, capta con par-
ticular perspicacia el significado existencial de las verdades
dogmáticas.
622 Escritores de las Gaitas y de la Península Ibérica
Ediciones: PL 50,9-270 (ed. Gazet); M. PETSCHENIG, CSEL 17
(1888)255-291.
Traducciones: Alemana: A. ABT y H. KOHLHUND [BKV]
(Kempten 1819).— Inglesa: E. C. S. Gibson. LNPF 2nd ser. XI
(1894)547-621.
Estudios: Ch. Brand, Le «De incarnatione Domini» de Jean
Cauien. Contribution d l'étude de la chrtstologie en Occident d la veille
du Loncile d'Éphhe, Diss. (Strasbourg 1954); P. CoURCEULE, Sur
quelques fragments non tdentifiées... de la B. V., en Recueil de tra-
vaux offerts d C. Brunel (París 1955) p. 516-319; J. PLAGNIEUX,
Le grief de complicité entre erreurs neslorienne et pélagienne.
D'Augustin a Cassien par Prosper d'Aquiiaine? : REAug 2(1956)
391-403; B. MOREL, De invloed van Leporius op Cassianus: BiNJ 2 1
(1960)31-52.
II. Doctrina
1. La perfección monástica
Las Institutiones y las Conlationes, escritas para los mon-
jes, definen las leyes fundamentales de la vida monástica.
Casiano pone remedio a las improvisaciones del monacato
galo con el método y la experiencia del monacato oriental.
«Los monasterios — escribe — perpetúan la vida apostó-
lica, es decir, la vida de la Iglesia primitiva, congregada, en
torno a los apóstoles, en Jerusalén. Los fieles que cultiva-
ban en sí el fervor apostólico abandonaron las ciudades
para vivir, lejos de la contaminación del mundo, el ideal de
la comunidad apostólica» (Conl. XVIII 5). Los monjes, le-
jos de ser innovadores, son los continuadores de la tradi-
ción de la era apostólica, cuyas exigencias esenciales eran
la renuncia a toda forma de propiedad privada, la sumisión
de la propia voluntad a la obediencia y la consagración to-
tal de sí a Dios mediante la continencia corporal y la pu-
reza del corazón. Aunque el monacato fue en sus orígenes
comunitario, el presbítero de Marsella distingue dos for-
mas de realizarlo: la de los cenobitas y la de los anacoretas.
Los primeros profesan vida común como la comunidad
apostólica; los segundos siguen las huellas de ermitaños
como Pablo y Antonio, tomando por modelo a los santos
del Antiguo Testamento, como Elias y Elíseo, o del
Nuevo, como Juan Bautista, según enseñaban los maestros
Juan Casiano
623
alejandrinos. Casiano prefiere a los segundos, que consi-
dera «más sublimes» (Inst. V 36).
La doctrina espiritual de Casiano no se presenta en
forma de sistema bien organizado, carencia que obedece
tanto al estro peculiar de su autor como a la mayéutica de
preguntas y respuestas empleada en las Conlationes. Su ex-
posición se apoya en la Escritura, en la tradición de los
antiguos y en su experiencia personal. El Espíritu Santo,
que ha inspirado la Biblia, es, asimismo, el maestro inte-
rior que no puede contradecirse, y el monje debe, por
tanto, confrontar su experiencia con la Palabra. La profe-
sión monástica tiene como punto de partida la llamada de
Dios (Conl. III 3-5), suerte de éxodo que es, a la vez, re-
nuncia al mundo y seguimiento de Dios. Monje es, ante
todo, aquel que renuncia: abrenuntians: «para manifes-
tar su propósito de encaminarse hacia Dios» debe empezar
por renunciar al mundo (Inst. IV 1), con un desasimiento
exterior y material emparejado con la renuncia a los malos
hábitos, a las pasiones y a los vicios. Debe, pues, entablar
una lucha espiritual contra el «hombre carnal» y contra los
asaltos e insidias del demonio; lucha que, lejos de abatirlo,
estimula sus recursos y el vigor de su voluntad para alcan-
zar la perfección evangélica. La purificación de los vicios
(ocho, según la clasificación de Evagrio) corre pareja a la
adquisición de las virtudes, sobre todo de la discreción, de
la humildad y de la paciencia, que espantan los vicios y
hacen brotar la caridad; la caridad, en fin, predispone a la
contemplación de las cosas divinas e implanta la pureza de
corazón, la paz y la tranquilidad. Mentís nostrae puritas
tranquillitasque es la versión que Casiano propone de la
apatbeia de los ascetas orientales (Conl. 17).
Esta es la primera etapa de la senda de la perfección, y
corresponde a la vida cenobítica, cuyo fruto es la scientia
actualis; coincide, pues, con la ascética propiamente dicha.
De aquí se pasa poco a poco al «estado sublime», que in-
troduce en la scientia spiritualis: el monje puede ya aden-
trarse solo por la soledad del desierto y guiar a otros por la
senda ya recorrida. Esta cima de la vida espiritual se carac-
teriza, ante todo, por la oración elevada, que se encumbra
hasta el éxtasis con iluminaciones, impulsos y gozo inefa-
ble. El alma rebosa de frutos espirituales y permanece
junto a Dios en incesante oración (Conl. IV 2).
Estas delicias espirituales van acompañadas por purifi-
caciones pasivas y toda suerte de pruebas, por las que el
624
Escritores de las Gaitas y de la Península Ibérica
varón perfecto se libera plenamente de todo apego y se
abandona con toda su pobreza al beneplácito divino. En
esta nueva condición, que cabría llamar nupcial, se con-
suma el matrimonio espiritual, unión íntima que los Padres
llaman «unidad» realizada (Conl. X 7). Este estado de cari-
dad devuelve al alma perfecta la sencillez de la inocencia y
la integridad original (Conl. X 11).
2. De la Escritura, a la oración inflamada
En su directorio monástico, Casiano concede impor-
tancia capital a la Escritura y a la oración. La primera con-
duce a la segunda bajo la acción de un mismo agente que
es el Espíritu Santo. La Biblia es el libro y la lectura por
excelencia del monje. Las numerosas citas bíblicas de las
lnstitutiones y de las Conlationes y las diversas lucubracio-
nes sobre la Escritura permiten apreciar el lugar que los
libros sagrados ocupan en la espiritualidad monástica, en la
que advertimos, asimismo, la influencia y el espíritu de
Orígenes.
Si la búsqueda del Reino de Dios es el objetivo fun-
damental del mundo (Conl. I 13), la lectura y meditación
incesante de la Biblia a lo largo de su itinerario es el medio
más seguro de alcanzarlo. El monje debe, en consecuencia,
meditar sin cesar en algún texto de la Escritura (v.gr.: un
versículo de un salmo) con el fin de penetrar su significado
profundo, es decir, el sentido espiritual, con pureza de co-
razón, tarea que debe realizarse, sobre todo, con el Salte-
rio. La regla de oro es, pues, asimilar la oración bíblica
hasta que se convierta en nuestra oración personal. «Apli-
caos con resolución y asiduidad a la lectura del texto sa-
grado — dice el abad Néstor — hasta que esta meditación
incesante impregne vuestra alma y la conforme, por así de-
cir, a su imagen» (Conl. XIV 10). El monje no la recita ya
como obra del profeta, sino como obra suya propia y como
su oración personal. Lejos de distraernos de nuestras ocu-
paciones, la meditación bíblica hace que nuestro espíritu se
concentre en lo que constituye la razón de ser de nuestras
obras y ocupaciones y en Aquel que las inspira. Este ejer-
cicio, amén de purificar y transformar nuestro espíritu, re-
nueva la faz de la Escritura: «En proporción a nuestro pro-
greso crecerá la belleza de un significado más profundo»
(Conl. XIV 11).
Juan Casiano
625
Gracias a esta meditación de la Escritura, el monje des-
cubre detrás del texto «la presencia viva de Aquel que la
inspira», elevándose a un diálogo u oración en la que el
alma por lo regular calla para dejar hablar a Dios y percibir
10 inefable. Esta «oración continua» conduce, finalmente, a
la realización del ideal monástico, que es, en la concepción
de Casiano, la adhesión ininterrumpida a Dios y a las cosas
divinas (Conl. I 8), cuya forma más sublime es la oración
inflamada.
Esta oración inflamada es, para Casiano, «una mirada a
Dios solo, una gran llama de amor», y es un tema domi-
nante que entusiasma a nuestro monje.
«Esta oración, que es toda ella una llama y que muy
pocos conocen, es, en sentido estricto, inefable y trans-
ciende todo sentimiento humano. El alma esclarecida por
una luz superior no pronuncia ya palabras humanas, que
son siempre inadecuadas, sino que se sumerge en una ma-
rea creciente de todos los afectos santos, manantial abun-
doso del que brota su oración desbordante, que se ex-
pande de forma inefable hasta Dios» (Conl. IX 25).
La oración ocupa un amplio espacio de la obra de Ca-
siano. A ella consagra varias conferencias (9 y 10; cf. Inst.
11 y III). En ellas comenta brevemente el padrenuestro y
expone las cuatro formas de oración según el esquema
paulino, del que es cima la oración perfecta u oración in-
flamada, en la que Biblia y oración se funden (Conl. IX
18-25; 15).
3. Gracia divina y libertad humana
La conferencia 13, De protectione Dei, atribuida al abad
Queremón, en la que trata de conciliar la gracia divina con
la libertad humana, provocó vivaces reacciones. Próspero
de Aquitania le replicó con su obra polémica De gratia Dei
et libero arbitrio contra Collatorem (PL 51,213-276). Sería
peligroso juzgar la cuestión a través de un adversario que
era además agustiniano de forma incondicional, al menos
cuando respondió a Casiano. Si el pelagianismo nació en
medios monásticos como reacción contra el relajamiento
de las costumbres y para estimular la iniciativa personal,
Juan Casiano advirtió inmediatamente el peligro, y tomó
posición netamente contraria en su libro De incarnatione,
posterior a las Conlationes. En el De institutis, la doctrina
626 Escritores de las Gaitas y de la Península Ibérica
de Juan Casiano sobre la gracia es clásica e irreprochable,
sostiene la necesidad absoluta de la gracia, sin la que nada
es posible (Inst V 21), y sigue la doctrina de San Juan
Crisostomo (Hom 4 in Gen 1 ) Entre el De tnstttutis y las
Conlationes, Agustín escribe el 427 su De correptione et gra-
fía, libro que turbó profundamente los medios monásticos
de Provenza y Hadrumeto ^De qué sirven los ejercicios
ascéticos, se preguntaban, si la predestinación es absoluta y
todo se debe a la gracia 5
Casiano, uno de los dos luminares de Occidente, no
podía esquivar con el silencio el difícil problema de las
relaciones entre la gracia y la libertad, y se vio en la nece-
sidad de intervenir en el debate suscitado por la controver-
sia pelagiana con la célebre conferencia 13 Procede con
tacto y discreción, aunque no lo quieran reconocer las acu-
saciones tendenciosas de Próspero Solícito de la orto-
doxia, el monje de Marsella abrigaba la convicción de colo-
carse dentro de la fe tradicional, sacada de los teólogos y
maestros espirituales de Oriente, y en especial del gran
obispo de Constantinopla Juan Cnsóstomo No se con-
sideraba, pues, un innovador Maestro de espíritu más
que metafísico, psicólogo mas que teólogo, el monje de
Marsella es, ante todo, un guía de almas que ensena el
combate espiritual Procede, pues, de forma empírica y no
especulativa Se opone a la predestinación al mal y a toda
forma de limitación de la salvación universal y sostiene sin
asomo de ambigüedad que la buena voluntad inicial es ya
don del Señor (Conl III 19)
Siendo, ante todo, un psicólogo, describe la actitud
concreta del monje, que, aun esperando todo de la gracia,
emplea todos los medios que están al alcance de su liber-
tad Fiel a la teología griega, cree que la caída original no
corrompió totalmente al hombre, sino que le dejó una
cierta posibilidad de hacer el bien Aunque enfermo y
caído, el hombre es capaz de realizar actos buenos «Adán
no perdió con la caída — en expresión de Gén 3,22 — la
ciencia del bien que había recibido»
Como ya advertimos al hablar del De mcarnatione, Ca-
siano es poco afortunado en la expresión teológica, la for-
mulación de la doctrina carece de vigor y de rigor, no dis-
tingue adecuadamente el orden natural y sobrenatural, y, si
bien sostiene que Dios «nos inspira la buena voluntad ini-
cial» (XIII 3), habla luego de un «comienzo de buena vo-
luntad» (XIII 8), por el que «Dios, viendo nuestra volun-
Juan Casiano
627
tad inclinarse al bien, viene en nuestra ayuda, nos guia y
sostiene» (XIII 1 1 ) Juan Casiano, pues, se esfuerza por
defender los dos extremos de la cadena, la necesidad de la
gracia y «la libertad de amar u olvidar a Dios» (Conl XIII
12), pero no acierta a descubrir el punto en que ambos
extremos se sueldan
Casiano ha recorrido un itinerario espiritual diverso del
de Agustín, y ello repercute en su concepción de la gracia
Hijo de una familia cristiana y fervorosa, su formación re-
ligiosa lo oriento con «naturalidad» hacia la vida monás-
tica Agustín, en cambio, vivió la experiencia de la «dese-
mejanza» y del triunfo de la gracia soberana El maestro de
Marsella busca unawá media entre las tesis pelagianas, que
reprueba, y el rigorismo de ciertas afirmaciones agustinia-
nas, vía media que fue calificada en el siglo XVII, con poco
acierto, semipelagianismo Juan Casiano profesa, más bien,
un semiagustinismo, o, si se quiere, un agustinismo miti-
gado
4 Fuentes e influencia
La doctrina espiritual de Juan Casiano tiene su origen en
la tradición bíblica, teológica y monástica de la iglesia griega
Se apela a menudo a la tradición, cita dos veces elPastor, de
Hermas Su concepción de la libertad, del pecado original y
de la antropología depende de Ireneo de Lyón
El ambiente cultural y teológico del monje de Marsella
es, ante todo, alejandrino, perceptible especialmente en su
exégesis espiritual de la Esentura Es fácil detectar su de-
pendencia de Clemente y de Orígenes en la teoría de
las pasiones y se apropia la doctrina ongeniana de la pu-
rificación del corazón y el catálogo de los ocho vicios
propuesto por Evagno Póntico La doctrina de la scientia
spmtuahs y de la oración contemplativa le vienen de Orí-
genes y Evagno, bien sea directamente o, si se prefiere,
por dependencia de fuentes comunes Casiano se reconoce
admirador y deudor de Juan Cnsóstomo haec quae ego
scripsi, lile me docuit (De inc VII 31)
Esta voz de Oriente, y a pesar del Decreto gelasiano, que
la incluirá entre los opuscula apocrypha (apócrifo era, más
bien, el Decreto), resonará sin cesar en Occidente En Ca-
siano se inspirarán Fausto de Riez, y luego las diversas re-
glas monásticas, la Regula magistri y San Benito Casiano
628
Escritorei de las Gaitas y de la Península Ib'ertca
aparece junto a los grandes maestros en las compilaciones
carolingias de Alcuino y Rábano Mauro El elevado nú-
mero de manuscritos es testimonio elocuente del interés
que la iglesia latina concedió a este escritor, que el carde-
nal Bona llamará perfectionts monasttcae perfecttssimus ma-
gister
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Warsigha Studi medievah 18(1977)491-608
LEON DE BOURGES
León, obispo de Bourges, escribió con Victono, obispo
de Le Mans, y Eustoquio, obispo de Tours, una eptstula ad
eptscopos et presbyteros infra tertiam provtnctam constttutos
Los tres obispos, que habían asistido al concilio de Angers
del 4 de octubre del 453, comunican la decisión común de
deponer a los clérigos que recurriesen a los tribunales civi-
les en vez de a los eclesiásticos. Hinschius refiere que esta
carta se leía en el manuscrito B.19 del Palacio Borbón, de
París, que contenía, asimismo, la colección de decretales
630 Escritores de las Gaitas y de la Península Ibérica
pseudoisidonanas Fue publicada en 1524 por J Merlin en
su colección de concilios con 94 cartas atribuidas a León
Magno, cambiando en la inscripción tertiam por Thractam
En su edición de León Magno, P Quesnel (París 1675),
acogió las cartas editadas por J Merlin, y de ahí la carta ad
eptscopos paso con ellas a PL 54,1239-1240 J Sirmond fue
el primero en devolverla al obispo de Tours Tillemont
(Memotres XVI 770) duda de su autenticidad, que, en
efecto, no es del todo clara (Gnffe)
Ediciones PL 54 12 39 1240 (td Quesnel París 1675) Ch
Munier, Concilla Galliae CCL 148 136 (reproduce la ed SlR
MOND Concilla antiqua Galliae [París 1629] I pll9)
Ettudiof L DuCHESNE, Faites episcopaux de l anctenne Gaule
(Pans 1900) II p 244 246 C Silva Tarouca, Suovt studi tulle
anttche lettere dei Papt Greg 12( 193 1 )9 E Griffe, La Gaule chre
tienne a l epoque romaine (Pans 1966) II p N2
LEPORIO
Monje y luego sacerdote, Lepono, como refiere Juan
Casiano, era natural de Trevens, «la principal ciudad de
los belgas» A causa, sin duda, de las invasiones barbaras,
abandono la región y se estableció en el sur, acaso en Mar-
sella, donde vivió como monje Hacia el 418 empezó a
difundir una doctrina errónea sobre la encarnación, a juz
gar por la retractación que hubo de firmar, y fue conde-
nado por Proculo, obispo de Marsella, de acuerdo con otro
llamado Cillenius Lepono con sus secuaces se refugio en
Africa junto a San Agustín, siguiendo el consejo de los
obispos galos (AUG , Ep 219) Se estableció en Hipona, y
probablemente se asocio al clero de la ciudad (AUG ,
Ep 213, Serm 356) Bajo la influencia de San Agustín, Le
pono abandono su error y suscribió una retractación, co-
nocida como Libellus emendationis stve sattsfactioms ad epi-
scopos Galhae, que fue enviada a las Gallas, garantizada por
los obispos de Cartago e Hipona El 430, los monjes de
Constantinopla la citan como documento de la ortodoxia
(GENADIO, De vir til 60 [595])
El Ltbellus es un documento importante para la doc-
trina cnstologica Lepono profesa en el la unión hiposta-
tica, en razón de la cual sic dicimus quae erant Dei transisse
Lupo de Troyes
tn hominem, ut omnta quae erant hominis in Deum venirent
(PL 31,1224) La enseñanza de Agustín permitió al monje
entender lo que la teología llamara luego la commumcatio
tdtomatum El Ltbellus documenta la cristologia latina de
principios del siglo V, en la que se advierte, sobre todo, el
influjo de Tertuliano, y como profesión de fe ortodoxa
sera citado por Casiano (De tnc 15), León Magno
(Ep 165,6), el Pseudo-Atanasio (De Trtn X 53), Arnobio
(Confita II 8), Juan II (Ep 3) y Facundo de Hermiana (Pro
defensione trium cap I 4 )
Ediciones PL 31 1221 1230 (ed J Sirmond) P Glorieux
Prenestorianis/ne en Occtdent [Monumenta chnstiana selecta 6]
(Tournai 1959)
Estudios A TRAPE, Un caso di nestorianismo prenestoriano en
Occidente CD 155(1943)45-67 CH Brand Le «De Incarnattone
Domini de Jean Cassien Contributton a letude de la christologie en
Oaident a la letlle du concile d Epbese Diss (Strasbourg 1954)
B MOREL, De invloed lan Leporius op Cassianus BiNJ
21(1960)31 52 F DE BEER, Une tessere dorthodoxie le «Ltbellus
emendattonts» REAug 10(1964)145 185 (Estudio fundamental y
completo) A CHAVASSE, Le dosster de Leporius et le 1 X du De
Trtnttate» Pseudo-Atbanasten RB 74( 1964)3 16-3 18 E Griffe,
La Gaule chrettenne a l epoque romaine (París 1965), II p 356-358
J L Maier, La date de la retractatton de Leporius et celle du sermón
196 de j Augusttn REAug 1 1(1965)39-42 J Mehlmann, Tertu
lliani «De carne Christt» a Lepono monacho citatus SE
17(1966)290-301 R WEIJENBORG, Leo der Grosse und Sestorius
Emeuerung der Fragestellung Aug 16(19 7 6)353-498) (niega la
existencia de Lepono y la autenticidad del Ltbellus mas con afir-
maciones que con pruebas)
LUPO DE TROYES
Nació hacia el 395 en Toul, de familia aristocrática, y
recibió una educación esmerada Hacia el 418 caso con Pi-
nieniola, hermana de Hilario, obispo de Arlés y miembro
de una de las familias mas distinguidas de la región La
influencia de Honorato, fundador de Lerins y pariente cer-
cano de la esposa, no fue, sin duda, ajena a la decisión de los
esposos de renunciar al mundo y conducir una vida de
conversión Lupo marcho a Lenns para vivir con Hono-
rato Al cabo de un año viajo a Macón para distribuir entre
los pobres lo que le quedaba de sus bienes Al pasar por
632 Escritores de las Gaitas y de la Península Ibérica
Troyes fue requerido como obispo de la ciudad para su-
ceder a Ursus Como obispo se consagró a su clero y a su
grey, mas no abandono la vida monástica Dos años mas
tarde acompaño a San Germán a Bretaña para oponerse al
pelagianismo Gracias a su intervención, la ciudad de Tro-
yes se salvó de las hordas de Aula El santo obispo falleció
el 479, tras cincuenta y dos años de episcopado La Vtta
s Lupi (BHL 5087), escrita poco después de su muerte, es
un documento que merece crédito (Bolandistas, Gnffe),
de otro parecer es B Krusch, que la considera una compo-
sición tardía Sidonio Apolinar envió a Lupo cuatro cartas
(PL 58,551 554 558 626) Lupo escribió, con el obispo Eu-
fonio, una breve carta a Talasio, obispo de Angers De so-
lemmtattbus et de bigamts cieñas, et ns qui conjugatt assu-
muntur, en respuesta a diversas cuestiones relativas a la
disciplina eclesiástica
Ediciones PL 58,66 68 (GALLANDO, la ep 1 (PL 58,6?) es una
falsificación de J Vignier, Vita s Lupt, en B Krusch MGH, ser
mer VII p 284-302
Estudios J Havet, Les decouvertes de Jerome Vignier Bibho
theque de l'Ecole de Chartres 46(1895)252 254, E GRIFFE, La
Gaule Chrettenne a l'epoque romaine (París 1966) II p 301 304,
P Viard Bibhotheca sanctorum VIII (1966)390-391
MUSEO DE MARSELLA
A Museo no le han dedicado la debida atención los
historiadores de la antigüedad cristiana, pero merece ser
destacado Sacerdote culto, conocedor de las Escrituras,
compiló, por indicación primero del obispo Veneno y
luego de Eustasio, como refiere Genadio (De vtr til
79[80]), un leccionano (leettones tottus anm), un responso-
nal (responsoria psalmorum capitula), un sacramentarlo y,
probablemente, un homihano Los historiadores han tra-
tado de reconstruir pacientemente la obra litúrgica de Mu-
seo Fragmentos del responsonal se encuentran, quizá, en
un manuscrito de París (BN, nouv acq 1628) El lecciona-
no se lee, acaso, en el cód Wissenburgensis 76, de princi-
pios del siglo VI, con lecturas del Antiguo y del Nuevo
Testamento (LOWE, 1392), hipótesis más que dudosa en
sentir de C Vogel
Prospero de Aquttania
633
Estudios G Morin, Fragments tnedits et jusqu a present uní
ques d'anttphonaire galluan RB 22(1905)329-356, ID EL
51(1937)3-12, A Baumstark OC 3(1936)114-119, A Stui
BER, Libelh saíramentorum Romant (Bonn 1950), A DoLD,
Das ateste Liturgtebuch der lateinischen Kircbe [Texte und Arbei-
ten, 26-28] (Beuron 1936), L C MoHLBERG EL
51(1937)35 3-360, K GAMBER, Das Lektionar und Sakramentar des
Musaeus von Marsilta RB 69(1959)198-215 (sena el conservado
en Biblioteca Ambrosiana, M 12 Sup ) Sobre la atribución a
Claudiano Mamerto, cf G MoRIN RB 27(1910)41 74 Id , La
lettre preface du «Comes ad Constantinum» RB 30(1913)328 331
G BERTl, // ptu antteo lezionarto della Chtesa EL
68(1954)147-154
POLEMIO SILVIO
Historiador de las Gallas de mediados del siglo V,
amigo de Hilario de Arles y de Euquerio de Lyon, funcio-
nario, al parecer, de la corte imperial antes de abrazar el
estado eclesiástico Su producción literaria se ha perdido, a
excepción del Laterculus, dedicado a Euqueno y com-
puesto hacia el 448-449 Es una especie de calendario
mensual en el que se intercalan los nombres de emperado-
res y cónsules romanos, los nombres de las provincias,
nombres de animales, un computo pascual y, en apéndice,
los monumentos de Roma, un resumen de la historia uni-
versal, las voces vartae antmahum y una lista de pesos y me-
didas Esta suerte de enciclopedia, índice de la decadencia
de la época, se conserva en un solo manuscrito (Bruselas
10614-10729, del siglo XII) que perteneció a Nicolás de
Cusa
Edición (CPL 2256) Th Mommsen, MGH, AA IX
(1891)518-551, CIL I 2 p 254-279 (calendario), R Valentini
G ZUCCHETTI, Códice topográfico della Citta di Roma (Roma
1940) I p 305-310 (lo que se refiere a la topografía de Roma)
Estudios K Ziegler PWK XXI 1260-1263
PROSPERO DE AQUITANIA
Lo poco que sabemos de la vida de Próspero lo debe-
mos a Genadio (De vtr til 85[86]) Nació en Aquitania a
fines del siglo IV y estudió en escuelas galo-romanas, en las
que adquirió una sólida formación clásica, se trasladó luego
634 Escritores de las Gaitas y de la Península Ibérica
a Marsella, la «Nueva Atenas», acaso para escapar de las
revueltas políticas y atraído también por el ambiente
teológico-monástico de San Víctor y de Lénns Prospero,
que no fue ni sacerdote, ni obispo y ni aun clérigo, sino
siempre seglar, mantuvo, ciertamente, relaciones con los
monasterios de la Provenza, aunque no se incorporo a nin-
guno de ellos
Hacia el 426, cuando comienza la controversia semipe-
lagiana, se encontraba en Marsella Fue un defensor deci-
dido de San Agustín, y a él recurre por carta junto con
Hilario, que debía de ser originario de Africa Agustín les
envía el De praedesttnatione sanctorum y el De dono perseve-
rantiae, que eran en origen una sola obra Muerto Agustín,
Prospero viaja a Roma para obtener la condenación de
las ideas profesadas en Marsella y Lénns, y provoca la
carta de Celestino I a los obispos de las Gallas (PL
50,528-530), que le decepciono, tardando en comprender
que no era preciso ser mas agustiniano que Roma. Vuelto a
Marsella, reanudó la polémica y por los años 432 al 434
publico sus principales escritos Con la muerte de Casiano,
la polémica se aplacó Próspero entonces se traslada a
Roma y presta sus servicios a León Magno, sin por ello
convertirse en su notartus De la teología militante pasa a
tareas y obras más serenas, como su comentario de los
Salmos y los Capitula (434-442) Según Genadio, inter-
vino en la redacción del Tomus ad Flavianum (PL 54,755)
En el De vocatione ommum gentium expone la doctrina de la
predestinación universal a la salvación Se ejercita en la
versificación y compila en dísticos un florilegio agustiniano
y los Epigrammata ex sententus s Augustini Su Chronica,
en la que trabajará hasta el fin de sus días, llega hasta el
455, año en que interviene en la controversia pascual De-
bió de fallecer poco después.
Estudios L Valentín, S Prosper d'Aquttatne (Toulouse-Pans
1900) (útil aun para las cuestiones literarias, pero superado para
las históricas y teológicas, sobre el libro, L CoUTURE BLE
2[ 1900)269-282, 3[ 1901] 33-49), B Boreixi, S Prospero d'Aqut-
tanta e ti gtudtzio della sotna (Carpí 1907), R HELM PWK
23 1(1959)1193-1204 (depende demasiado de Valentín y des-
cuida la restante bibl franc ), G BOSIO Bibliotheca sanctorum X
(1968)1193-1204
Prospero de Aquitania
I Obras
635
Próspero es un literato clasico por lengua y vocabulario
y enemigo decidido de los neologismos Discípulo de reto-
res, ama la forma oratoria, el tono patético y la ironía, la
antítesis, la aliteración y la rima, y cultiva el cursus El autor
del De ingratis maneja el griego con garbo suficiente para
permitirse juegos de palabras en esa lengua, y no son raras
las expresiones felices por el acuñadas (v gr Mens in vul-
nera, vulnere mrgit De tngr 592) Demuestra facilidad para
la versificación y dominio, sobre todo, del dístico y del
hexámetro, sin ser un innovador Conoce a Virgilio, imita a
Lucrecio y, a veces, a Ovidio Su preocupación constante
es utilizar su cultura clasica al servicio de la teología, que
es su ínteres primordial Su principal fuente de inspiración
es la Biblia Prospero se distingue, ante todo, por la preci-
sión de su pensamiento, la flexibilidad de la expresión, la
capacidad de juzgar, la claridad de la exposición y el rigor
de su argumentación
Ediciones Primera ed de las obras completas (Lyon 1539), ed
J B Le Brun des Marettes y LU Mangeant (París 1711) PL 51,
la mayor parte de sus escritos, entre los spurta de Agustín = PL
45, la ed de P y G Ballerini del De vocatione, en PL 51,647ss,
entre las obras de León Magno las Praeter sedts apostólicas ep
auctontates, en PL 50,531 y 84,682, sigue, por lo general, la epís-
tola de Celestino a los obispos galos, la ed de CCL 68A (1972)
comprende la Exposttto psalmorum (P CALLENS) y el Líber senten-
ttarum (M GASTALDO) Sobre los mss cf F SciUTO, Sonnulla de
codutbus MSLC 9(1959)19-24
1 Cartas
La Eptstula ad Rufinum (PL 51,77-79 y 45,1793-1802)
es una exposición excelente de la doctrina agustiniana de la
gracia y una especie de ensayo de sus futuros tratados La
eptstula ad Augustinum (entre las obras de Agustín PL
33,1002-1007) es de fines del 428 Se ha perdido otra
carta dirigida también a Agustín Prospero intervino en la
redacción de las cartas de León Magno, y en especial en el
Tomus ad Flavtanum La Eptstula ad Demetriadem (proba-
blemente, del mismo autor del De vocatione omntum gen-
tium, en opinión de Arnauld y Quesnel contra los Balle-
nni) es la más discutida, CPL 529 la cataloga entre las es-
636 Escritores de las Gaitas y de la Península Ibérica
punas, B Fischer (VT 437) la considera, probablemente,
autentica, y lo mismo piensan Valentín, Helm, Krabbe y
Cappuyns
Ediciones Ademas de las citadas, PL 55,161 180 (tp ad
Dem ) K C KRABBE, Epistula ad Demetnadem [PSt 97] (Was
hington 1965) con trad ing
Traducción Inglesa P De Letter ACW 32 (1963) 21 37 (a
Rufino) 38 48 (a Agustín)
Estudios J GAlDlOZ, Prosper dA et le <T orne a Flavten> RSR
36(1949)2^0 301 J CHENE, Le semtpelagianisme du mtdt de la
Gaule dapres les lettres de Prosper d'A et dHtlatre a s Augusttn
RSR 43(1955)321 341
2 Poemas
El De tngratis carmen o ílegi 'AxaoiOTtov (PL 51,91-
148) Compuesto antes de la muerte de Agustín, entre el
429 y el 430, consta de 1 012 hexámetros, agrupados en
cuatro partes, y versa sobre «los que de la gracia carecen o
ingratos» Prospero expone primero el pelagianismo
(1-113), Luego, el semipelagianismo (1 14-225), que es refu-
tado (226-564), enumera los argumentos de los semipela-
gianos (565-800) y termina con un examen de las relacio-
nes entre pelagianismo y semipelagianismo Es una exposi-
ción apasionada de la doctrina de la gracia según San Agus-
tín «Si, somos libres, pero con una libertad rescatada»
(977) «Uno de los ejemplos de poesía filosófica mas lo-
grados entre los que se han intentado en el cristianismo»
(Guizot)
Traducciones Inglesa C T HUEGELMEYER [PSt 95] (Washing
ton 1962) (con texto) —Alemana O HAGENBUCKLE (Stans
1920)
Epigrammata Casi contemporáneos del poema ante-
rior son dos violentos epigramas los Eptgrammata tn ob-
trectatorem Augustint (PL 51,149-152) Posteriores al conci-
lio de Calcedonia son, al parecer, los 106 Eptgrammata ex
sententtis s Augustint (PL 51,498-532), obra que contri-
buyo notablemente al éxito literario de Prospero El Epi-
taphium Nestortanae et Pelagtanae haereseon, escrito después
del 431, pues supone la condenación de Efeso (PL
51,153-154), es el irónico lamento de una madre y una
hija que descubren su parentesco en la tumba
Prospero de Aquitama
637
Estudio D LASSANDRO Sote sug/i eptgrammt di Prospero d'A
VetChr 8(1971)211 222
3 Obras teológicas
Durante su estancia en la Provenza, la producción teo-
lógica de Prospero tiene por objeto la controversia semi-
pelagiana en defensa de la doctrina agustiniana
Pro Augusttno responstones ad capitula objecttonum Gallo-
rum calummanttum (PL 51,155-174, 45,1843-1850) fueron
escritas el 431 432 en Marsella o, según Cappuyns, algo
después
Pro Augusttno responstones ad capitula objecttonum Vtncen-
ttanarum (PL 51,77-186, 45,1843 1850), escritas en el
mismo lugar y época que las anteriores, acaso se refie
ran a Vicente de Lenns (mas cf tnfra, Vicente de Lerins)
Pro Augusttno responstones ad excerpta Genuenstum (PL
51,187-202, 45,1849-1858) replican a dos sacerdotes de
Genova (Plinval prefiere Agen) turbados por el De praedes-
tinattone sanctorum, de San Agustín
De gratia Det et libero arbitrio contra collatorem (sin duda,
Juan Casiano) fue escrito en Marsella el 433
Capitula o Praeterttorum Sedis Apostolicae eptscoporum
auctontates de gratta Det et libero voluntatis arbitrio (PL
45,1756-1760, 51,205-212, 50,531-537, etc ), añadida a
menudo a la epístola de Celestino I (procede de la colec-
ción Dionysiana), fueron compilados entre el 435 y el 442,
Helm los considera de dudosa autenticidad
Traducciones Inglesa J R O DONNELL FC 7 (1949) 343 418
(Contra collatorem) P De Letter ACW 32 (1963) (res Genuen
stum C collatorem obj Gallorum ob Vtncent Auctontates)
Estudio M Cappuyns, L origine des «Capitula» pseudo-
celesttmens contre le semt-pelagiantsme RB 41(1929)156 170
Las obras del periodo romano de Prospero son menos
polémicas LaExposttio psalmorum 100-150 depende de las
Enarrationes de Agustín y cabe datarla entre el 431 y el
449 La autenticidad del prologo (prologus metncus PL
36,59) es discutida, la acepta G Monn, que lo publica de
nuevo en RB 46(1934)36, se opone M Cappuyns (BTAM
3 n 153), el CCL lo considera de época carolingia, obra,
acaso, de Walafndo Strabon, y lo omite
638
Escritores de las Gaitas y de la Península Ibérica
El Líber setentiarum ex opertbus s Augustini delibatarum
recoge i92 sentencias que, separadas de su contexto, exa-
geran o mitigan el genuino pensamiento agustiniano La
compilación nene gran importancia para la historia del
dogma, pues esta versión de Prospero es una de las formas
en que la Edad Media conoce a San Agustín Sobre las 106
sentencias en verso ct supra, Epigrammata
De vocatione omntum gentium (también en PL 17,1073),
atribuido a León Magno por Quesnel (PL 55,339), es obra
de autenticidad muy debatida La demostración de L Va-
lentín primero y luego de M Cappuyns, basada en la tradi-
ción manuscrita y en argumentos internos, permite asig-
narla a Prospero
Ediciones Expostttones PL 51,277-426, CCL 68AU972U-21 1
(P CALLENS) Sententiae PL 51,427-496, 45,1859-1898, CCL
68A.221-365 (M Gastaldo) De vocatione PL 51,647-722
Traducción Inglesa P De LETTER ACW 15 ( 1952) (De voca-
tione)
Estudios L Valentín, o c , M Cappuyns, L'auteur du «De
vocattone omntum gentium», RB 39(1927)198-226, G DE Plin
VAL RAug 1(1958)358 (contra la autenticidad), G MORIN, La
préface metrique au commentaire sur les Psaumes de P d'A RB
44(1934)36 40, J J YOUNG, Studies on the Style of the «De voca-
ttone ommum gentium» ascrtbed to P of A (PSt 87] (Washington
1952)
4 Obras históricas
Epitoma chronicae es una historia desde los orígenes del
mundo al año 455 que utiliza abundantemente las obras de
Eusebio y Jerónimo A partir del 412, la obra se muestra
mas personal y es de excepcional interés para la historia de
las Galias, y en particular de Aquitania Al parecer, la pri-
mera redacción llegaba al 433, fue prolongada al 445
(Chronicon vulgatum), y recibió luego additamenta hasta el
455 (Cbromcon integrum), aún mas tarde se sumaron otros
additamenta (PLS III 147-148) Mérito especial de laChro-
nica es su interés por la historia de las doctrinas
Edición con los «additamenta» PL 5 1,535-606, Th Mommsen
MGH, AA IX 385-485 y 486-499
Próspero de Aquitama
5 Obras no auténticas
639
Entre las obras atribuidas a Próspero y editadas con sus
escritos auténticos se cuentan
La Confessio (PL 55,607-610), que le atribuye J Sir-
mond por la indicación de dos manuscritos (Vat lat 558 y
cf 262 y 559 y París, BN, 17413), Sirmond no aclara cual
de los dos ha utilizado, un cotejo que hemos realizado de-
pone en favor del 558 El Poema coniugis ad uxorem (versus
Prospert, en el Reg lat 230) (PL 51,611-616), atribuido a
Paulino de Ñola en la edición de Rosweyde (PL
61,737-742) y editado por Hartel en apéndice a los car-
mina de Paulino (CSEL 30,244-248), consta de 16 versos
anacreónticos y 53 dísticos elegiacos El Commonttorium
quomodo stt agendum cum Manichaeis qut confttentur pravita-
tem nefandi erroris, entre las obras de San Agustín, PL
42,1153-1156, y, en parte, también en PL 65,28-30, ed
por J Zycha en CSEL 25/2,979-982 Los Prospert anathe-
matismata et ftdei catholicae professio (ed SlRMOND en PL
65,23-30, 42,1153-1156) es una recensión ampliada del
Zommonitorium precedente, del 525 ó 526 (cf PLS III 1329)
El De promissiontbus et praedicatiombus Det (PL 51,733-854,
PLS III 149 y R Braun en CCL 60,1-223 y SCh 101 y 102)
ha sido atribuido por Braun a Quodvultdeus El Carmen de
divina providentia no es de Próspero (cf supra, p 400ss) El
fragmentum de duobus testibus (PLS III 150) sena, según Har-
nack, de Hipólito o de su secta
Estudios A DuFOURCQ, Etudes sur les «Gesta martyrum ro-
mains» IV (París 1910) p 44-47 (anatematismos), W BONG, VLz-
nichaische Hymnen X Mus 38(1952)53-55, P MENNA, Ulud car-
men quod ad coniugem mscribttur din Pauhm Nolani sitne and divi
Prospert A Latinitas 10(1962)208-214
II Doctrina
Próspero consagró la mayor parte de su existencia a la
defensa y difusión, en prosa y verso, de la doctrina de San
Agustín, y lo hizo con destreza y fidelidad, sabiendo ate-
nuar sin alterar Sólo su obra histórica se sitúa al margen
de la controversia pelagiana
640
Escritores de las Gallas y de la Península Ibérica
1. Defensor de la doctrina agustiniana de la gracia
El pensamiento teológico de Próspero sobre la gracia y
la predestinación es agustiniano; ahora bien, esta afirma-
ción, que en conjunto es exacta, debe ser matizada. Aun
permaneciendo fiel al Obispo de Hipona, en el discípulo
de Aquitania se opera una evolución de posiciones rígidas
hacia la moderación. Generalmente, los historiadores dis-
tinguen en su obta un período de intransigencia (hasta el
432), un período de concesiones iniciales (433-435) y un
período de grandes concesiones (después del 435). Para
constatar tal evolución basta comparar los primeros escri-
tos polémicos con el De vocatione omnium gentium. La dis-
tancia es tan marcada, que provocó dudas acerca de la
autenticidad del segundo.
En los primeros escritos, Próspero acentúa con energía
la gratuidad de la gracia, tema de la Ep. ad Rufinum, y la
predestinación, en su respuesta a los genoveses: «De los
tirios y sidonios, ¿qué cabe decir sino que la gracia de la fe
no les fue concedida, toda vez que la Verdad misma de-
claró que hubieran creído si se hubieran obrado milagros
para ellos?» (PL 5 1,198 A). Sobre la predestinación, Prós-
pero — al tanto de los excesos de la tesis del número redu-
cido de los elegidos — mitiga las afirmaciones agustinianas
ya en sus Respons iones a las calumnias de los galos, soste-
niendo que los malos son predestinados a la condenación
en previsión de sus pecados (PL 51,158.161). La misma
doctrina se lee en las Objectiones de Vicente, en las que se
afirma que Dios quiere la salvación de todos y que el
Apóstol impone a las iglesias orar por este fin universal
(PL 51.179B; cf. 184 A y 186B). Los Capitula omiten pru-
dentemente las cuestiones espinosas sobre la presciencia
divina y mantienen una postura cercana a la de León
Magno (Serm. 23,4; 35,3, etc.). Agustín no es nombrado ni
una sola vez. El autor apela a la autoridad de la Iglesia para
afirmar, a la vez, la necesidad y la absoluta gratuidad de la
gracia: «Basta aceptar simplemente las decisiones de la
Sede Apostólica». Próspero $e ha hecho romano.
2. El «De vocatione omnium gentium»
Es la primera obra de la literatura cristiana consagrada
al tema de la salvación de los infieles, el primer tratado
Próspero de Aquitania
641
sobre la economía divina que se injerta en la trama de la
historia humana. Próspero divide el tiempo en tres etapas:
ante legem, sub lege y sub gratia. El libro defiende la volun-
tad salvífica de Dios respecto de cada individuo y de la
humanidad entera. Dios ofrece a todos idénticas posibili-
dades, poniendo a disposición de cada uno los medios ade-
cuados- No hay excluidos, si no es por culpa propia. La
universalidad de la salvación es pars fidei (PL 51,706C).
El libro I propone soluciones parciales, mientras el II
se eleva progresivamente a soluciones de aplicación uni-
versal: «Es el comienzo de la doctrina que enuncia la im-
plicación de la responsabilidad humana en la historia». El
teólogo de Marsella abre nuevas sendas a la humanidad
animado por intereses estrictamente misioneros.
3. Próspero y la historia del agustinismo
El Líber sententiarum es el primer florilegio agustiniano
e inaugura un género literio que florecerá durante toda la
Edad Media y será, para bien o para mal, la fuente esencial
del conocimiento de las obras agustinianas y patrísticas. De
su difusión es prueba evidente el elevado número de ma-
nuscritos que han conservado la antología en las más diver-
sas regiones de Europa; su último editor aduce dieciocho
manuscritos. Al Liber sententiarum se sumarán los Testimo-
nia divinae scripturae et Patrum, de Isidoro de Sevilla; el
florilegio de Floro de Lyón y la colección fragmentaria del
Libellus scintillarum. El Liber fue traducido en griego por
Demetrio Kydones; lo cita Focio (Bibl. cod. 54); a él alude,
entre otros, Hincmaro de Reims (PL 125.414Q, y dos de
sus sentencias, la 15 y la 139, serán acogidas en el Decreto
de Graciano. Próspero es uno de los autores antiguos que
no faltaban en ninguna biblioteca (M. Manitius). Sus epi-
gramas, obra clásica, figuran entre las obras más copiadas;
existían tres ejemplares en Reichenau en el siglo IX y cinco
en Sankt Gall en el XII y fue la primera obra de Próspero
impresa en el siglo XV (Mainz 1496).
Próspero no sólo legó el agustinismo a la Edad Media,
sino que obró en la herencia del Obispo de Hipona una
primera selección, y, respetando su pensamiento, la trans-
formó y actualizó. Inducido por la controversia con los
teólogos galos, abandonó progresivamente la voluntad sal-
vífica restringida y la reprobación incondicionada, para
642
Escritores de las Gaitas y de la Península Ibérica
afirmar, como pars fidei, la universalidad de la voluntad
salviñca de Dios, sin detrimento de la gratuidad absoluta
de la gracia De esta suerte hizo triunfar el agustinismo en
el concilio de Orange y garantizo su acogida por parte de
la escolástica, en la que domino Prospero ha podido ser
llamado, con toda justicia, «el primer representante del
agustinismo medieval» (M Cappuyns)
Estudios M JACQUIN, La predestinaron au V L et V7 L stecles
RHE 7(1906)269-300, M CAPPUYNS, Le premier representant de
l augustinisme medieval RTAM 1(1929)309 337, L Peixano
V Prosperi A doctrina de praedestinatione et volúntate Del salvtftia
vMontreal 1936) J GA1DIOZ, La thristologie de r Prosper dA
(Lyon 1947) Ch BRAND, Le «De incarnatione Domtnt» de Jean
Cassien (Strasbourg 1954), J CHENE, Le semipelagianisme du mtdi
de la Gaule RSR 43(1955)321 341, J Plagnieux, Le grtef de
compítate entre erreurs nestonenne et pelagienne d'Augustin a Cassien
par Prosper REAug 2(1956)391 403 R GANTOY, Prima sedes
Roma Petri RB 68(1958) 1 14 117, G DE Plinval, Prosper d' A
interprete de saint Augustm RAug 1(1958)339-355, R LOREN7,
Der Augustintsmus Prospers von A ZKG 73(1962)217 252 (ana
lisis de las Sententiae), C BARTNIK, L'universalisme de l'histoire du
salut dans le «De vocatione omnium gentium» RHE
68(1973)731 758
RUSTICO
Se ha conservado una misiva de acción de gracias, spe-
ctmen erudttionis, de un cierto Rusticus a Euquerio de
Lyon, que acompañaba el envío de dos de sus obras Per-
sonaje oscuro, acaso, uno de los corresponsales de Sido-
nio (Ep 2,11), que no cabe, al parecer, identificar con el
obispo de Narbona, como quiere Wotke
Ediciones PL 58,489 (ed Sirmond),J B PITRA, Analecta sacra
II (Pans 1884), K Wotke CSEL 31 (1894) 198-199 (sobre el
autor p xxiii xxiv), PLS III 46 47
SALONIO DE GINEBRA
Salomo y su hermano Verano eran hijos del obispo de
Lyon Euqueno y se formaron en el monasterio de Lenns
El primero fue nombrado obispo de Ginebra hacia el 439,
y el segundo, hacia el 450, obispo de Vence Salomo, Ve-
Salonio de Ginebra
643
rano y Ceretius, obispo de Grenoble, enviaron a León
Magno una carta, conocida como epístola dogmática (PL
54,887-889), acusando recibo del Tomus ad Flavtanum Sa-
lomo asistió a los concilios de Orange y Vaison del 441 y
442, lo encontramos después del 450 en un concilio de
Arles, que trato cuestiones relativas al monasterio de Le-
nns Debió de fallecer poco después de esta fecha
Los intereses del obispo de Ginebra parecen haber
sido, ante todo, de asunto bíblico, como ya lo pruebaa los
dos libros de Instructtones que le dedico su padre Genadio
nada dice de su actividad literaria En 1532, el humanista
J A Brassicanus (Kohlburger) publico una Expositio mysttca
tn parábolas Salomonis et Ecclesiastem, que atribuyo a Salo-
nius No se sabe que razones lo movieron a proponer tal
atribución, pues en el manuscrito de Viena utilizado por el
editor se lee el nombre de Salomo en el margen y escrito
por una segunda mano, acaso, por el mismo Brassicanus
J P Weiss sostiene que la obra depende de Gregorio
Magno y de Beda, y, por tanto, no la tiene por obra de
Salomo Una Exposttio mysttca sobre los evangelios de Ma-
teo y Juan en forma de preguntas y respuestas que figura
en algunos manuscritos con el nombre de Salomo (Steg-
muller 7590, 1 y 2) ha sido, asimismo, atribuida al obispo
de Ginebra por Endres y C Curtí, que ha publicado la
edición critica Los estudios de J P Weiss niegan la auten-
ticidad salomana de ambas obras, y, fundándose en la tra-
dición manuscrita y en coincidencias de estilo y genero li-
terario, sostiene que son obra de un mismo autor que es-
cribe en Alemania entre los siglos IX al XI
Ediciones Exp in Parábolas Salomonis et Eccl PL 53,967-1012
(ed J A Brassicanus), C CURTI (Catania 1964), sobre la tradi-
ción manuscrita, C CURTI Orph 11 (1964)164-184 De evang
Joannts, De evang Matthaei C CURTI (Tormo 1968) (ed con
estudio critico de la tradición manuscrita y del autor)
Estudios M BESSON, U n eveque exegete de Geneve au milieu du
V c siecle Saint Salone Anzeiger fur schweiz Geschichte
11(1902 1905)252-265, J A Endres, Honortus Augustodunensis
(Kempten 1906) p 73-75, J P Weiss RELA 44(1966)482 484,
46(1968)481 482 (Rec de las ed de Curtí), ID , Essai de datatton
du «Commentaire sur les Proverbes», attribue abusivement a Salomus
SE 19(1969-1970)77 1 14, ID , L'authenttctte de l'oeuvre de Salomus
de Geneve SP X [TU 107] (Berlín 1970) p 161 167, R Etaix
RHE 65(1970)133-135 (Rec de Curtí)
644 Escritores de las Gahas y de la Península Ibérica
SALVIANO DE MARSELLA
Poco se sabe de la vida de Salviano Nacido hacia el
400 o quizá algo antes, probablemente en Treveris o Co-
lonia, conoció por los años 418-420 los horrores de las
invasiones de los barbaros (De gub. VI 82-84) Su familia,
acaso aristocrática, se preocupó de darle una esmerada
formación No sabemos cuando recibió el bautismo Al pa-
recer era ya cristiano cuando casó con Paladia, que era aun
pagana (Ep. 4,7), y de la que tuvo una hija, de nombre
Auspicióla Poco después del matrimonio abandonaron la
ciudad natal para establecerse en el sur de las Gahas De
común acuerdo, aquí no tardaron en decidir vivir en conti-
nencia y distribuir sus bienes entre los pobres A los siete
años, Salviano, dejada la mujer y la hija, se retiró a Lénns
con Honorato, y con Hilario y Vicente atendieron a la
educación de los hijos de Euquerio Su permanencia en
Lénns no fue larga, pasó luego a Marsella, entrando en el
monasterio de San Víctor, fundado poco antes por Ca-
siano Aquí fue ordenado sacerdote hacia el 429, y vivía
aún ahí cuando Genadio hacia el 469 ó 470 lo describe
como «un anciano aún robusto» (De vir til 69[70]), per-
sona «culta en las letras humanas y divinas magtster epi-
scoporum»
Estudios G STERNBERG, Das Chrtstentum des 5 Jhtes tm Spte-
gel der Schriften des Salvtanus von Massilia, ThStKr
82(1909)22 78 163-205, R Thouvenot, Salvten et la ruine de
l'Emptre Romatn MAH 38(1920)145-163, G Bardy DTC,
XIV( 1939) 1056-1058), M Peixegrino, Sahtano di Marsiglta
(Roma 1940) (bibl ), G BARDY, L'Eglise et ¿es derniers romains
(París 1948) p 109-147, CH FAVEZ, La Gaule et les Gallo-Romatns
lors des mvasions du V L siecle d'apres Salvten Quelques aspects du
pays, attttude et sort des bahtants Latomus 16(1957)77-83, L F
BARMANN, Salvian of M Re-evaluated RUO 33(1963)79-97, P
COURCEIXE, Htstoire htteraire des grands tnvastons germaniques
(París 3 1964), E GRIFFE, La Gaule chrétienne a l'époque romaine
(París 2 19ó6) I p 40-52, R KAMINIEK, Les esclaves dans les écrits de
S de M Annales Umv Mane Sklodowska 20( 1965)1-18, ID ,
Quelques problemes biograpbiques concernant S de M íbid ,
23-24(1968-1969)74-110, I Opelt, Antikes Btldungsgut bei Sal-
vten von Marsetlle VC 28(1974)54-61, Ph Badot, La notice de
Gennade relative a Salvten RB 84(1974)352 356, A G Ham
MAN, L'actualité de Salvten de Marsetlle Idees sociales et poltttques
Aug 17(1977)381-393, C LEONARDI, Alie ortgtnt della cristtantta
Sahtano de Marsella
645
medievale Giovannt Cassiano e Sahtano di Marstglia- Studi medie-
vah 18(1977)491 608
I Obras
Salviano fue, al parecer, un autor muy prolífico Gena-
dio (De vtr ill 68[67]) menciona el titulo aproximado de
sus obras mas importantes De vtrgtnatts bono ad Marcellum
presbyterum hbri tres, Adversus avarttiam Itbrt quattuor, Ex-
posttto extremae partís Itbrt Ecclestastes ad Claudtum episco-
pum Viennensem, De Principio Génesis usque ad condiaonem
homints, homilías y libelli sacramentorum La mayor parte de
estos escritos ha perecido, nos han llegado sólo el Adversus
avarttiam o De ecclesia, el De gubernatione Dei y nueve car-
tas
En sus escritos, Salviano se muestra más rétor que hu-
manista Cita a Cicerón y Virgilio a través de Lactancio,
ignora el griego y atribuye la República de Platón a Sócra-
tes Escritor severo, sentencioso y realista, dotado de un
estilo vigoroso, depende en la lengua de Tertuliano e imita
el Sermo de tempore barbárico, de Quodvultdeus Por el clasi-
cismo de la forma ha merecido el título de Cicerón cris-
tiano Sus frases son límpidas y elegantes hasta la afecta-
ción, a veces, recargadas de retórica, cuyos recursos co-
noce y explota, como la antítesis, la alusión, la paradoja, la
cláusula, el proverbio y los juegos de palabras La compo-
sición adolece, a veces, de falta de rigor y no teme ser
prolijo, y lo sabe Es, pues, un orador bien dotado, for-
mado en la escuela de los rétores y de la raza de los profe-
tas
Ediciones PL 53 (ed Baluze, París 1663, 1669 y 1684), C
Halm MGH, AA I 1, F Pauly, CSEL 8 (1883), G Lagarri-
GUE SCh 176 220 (1971 1975) (con trad franc )
Traducciones Alemana A MAYER BKV 1 (1935) — Inglesa J
F O'Sullivan FC 3 (1947)— Francesa J F Gregoire y F Z
Colombet, 2 vols (Lyon 1933)
Estudios E WOLFFLIN, Alliteratton und Retm bei Salvtanus
ALLG 13(1904)41-49, H BornecQue, Les clausules métrtques lati-
nes (Lille 1907) p 391-397, J H Schmalz, Zu Salvtan PhW
35(1915)1041-1047, C BRAKMAN, Observattones grammaticae et
crittcae tn Salvtanum Mnem 52(1924)113-185, Id , De Geschrtf-
ten van Salvtanus (Leiden 1926), H K MESSENGER, De temporum
646
Escritores de las Gaitas y de la Península Ibérica
et modorum apudSalvmnum usu HSPC 36( 1925) 180-182, K. Rich-
TER, Die Bucherftage bel Salvtan. Opuscula philologica 4
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Belge 19(1929)37-47, L RoCHUS, Les jeux de mots chez Salvien
RBPh 9(193())8 7 7-88 7 , Id, Les proverbes et les expressions prover-
biales chez Salvten, en Mélangef P Thomas (Bruges 1930) p.594-
604, ID, La conannttas chez Salvten: RBPh 11(1932)107-121,
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stvité chez Salvten de Warseille I. Les adverbes (Nijmegen 1937),
Id., Vastare et synonymes dans l'oeuvre de Salvten de M , en Mélanges
Chr. Mohrmann (Utrecht 1963) p. 103-111, M. Pellegrino,
S llano di Poitters e Salviano di Marsiglia: SC ( 1940) 302-318, Id ,
Sulla tradiztone manouritta di Salviano di VI ■ VC 6(1952)99-108,
G VECCH1, Studt Salvtani (Bologna 1951), A. SZANTYR, ,Yíw-
terstandene quod-Satze: Gymnasium 79( 19 7 2 )499-5 1 1
1. «Ad Ecclesiam»
Genadio lo titula Adversus avaritiam libri quattuor, pero
los manuscritos y Salviano mismo lo titulan Ad Ecclesiam.
El autor se esconde bajo el pseudónimo de Timoteo,
«amigo de Dios», y explica su proceder en la carta a Salo-
mo (IX 1-3). Los primeros editores, y en particular
F. Pauly, no conocieron más que los manuscritos de París.
G. Morin descubrió el de Berna (Bongarsiano 315), que con-
tiene preciosos complementos (prólogo, addenda et corri-
genda: PLS III 203-213). Salviano cita la obra en su De
gubernatione (IV1), que es, pues, posterior. La carta a Salo-
mo en que habla de su obra prueba que no puede ser ante-
rior al 440, pues Salonio figura en ella como obispo. La
obra, «dirigida a la Iglesia esparcida por el mundo entero»,
pretende denunciar la difusión y los efectos de la avaricia
en el pueblo cristiano y en sus sacerdotes y obispos. La
avaricia es, como escribe el Apóstol, la raíz de todos los
males. ¿Cómo combatirla?
Todos los cristianos son llamados a la santidad, y, por
tanto, deben luchar contra la avaricia desbordante; recuer-
den que las riquezas nos vienen de Dios y que el cristiano
no es más que el usuario. La limosna hecha en vida y la
distribución de los bienes a los pobres a la hora de la
muerte alcanzan de Dios el perdón de los pecados (1.1). La
limosna no es menos necesaria a los santos y religiosos que
a los pecadores (1.2). La perfección exige, según la ley
nueva, el abandono de las riquezas, como hacen las viudas,
los esposos continentes, las vírgenes consagradas y los clé-
Salvtano de Marsella
647
rigos. Dios exige aún más. El apego a los bienes demuestra
falta de fe y de confianza en Dios. En el libro III, y diri-
giéndose a todos, Salviano aconseja distribuir los bienes de
este mundo en vida o, al menos, a la hora de la muerte
(111,5 ), y pone luego al descubierto los endebles pretextos
de los testadores: los hijos, los hijos adoptivos, los hijos
religiosos. La buena educación es el mejor legado. Los
ejemplos de la Escritura enseñan que la limosna rescata a
los padres de la muerte (III 12). El libro IV interesa a to-
dos los cristianos. Salviano trata de la necesidad de perse-
verar en el ejercicio de la limosna hasta la muerte y confuta
por orden todas las objeciones, como la preocupación por
los herederos (IV 12-18), sosteniendo que Dios no sabe
qué hacer de nuestros reintegros (19-23). La vida religiosa
no es tampoco una excusa (24-39). Dios te recompensará
según hayas dado (41-44), pues das en la medida en que
tienes fe (IV 5). Posición acaso rigorista; mas, en todo
caso, no se puede negar el valor del análisis y de las obser-
vaciones concretas del escrito de Salviano.
Ediciones. PL 53,173-238 (ed. Baluze, la ed. princeps es de
J. SlCHARD (Basilea 1528), sobre un ms quizá de Lorsch, hoy per-
dido; cf. J. LEHMANN,Joannes Stihard (Munchen 1912) p. 156-
158), F. Pauly CSEL 8(1883)224-316, C. Halm, MGH, AA
1-1 120-168, ms de Berna 315 G. MORIN, «Ad Eulestam», récen-
íton tn'edtte sur le manuscrtt de Berne. RB 43(1931)194-206 (= PLS
III 203-213), A VANDEVEN, Salvtam ad Ecclesiam libri quattuor
(Louvain 1943) (dact.); G. Lagarrigue SCh 176(1971)138-144
(con erad, franc.)
Traducción: Italiana: E MAROTTA, Salviano, «Contra la atan-
zta» (Roma 19 7 7).
Estudios. I. SEIPEL, Die wtrtschaftsethtschen Lehren der Kirchen-
vater (Wien 1907), O SCHILLING, Reichtum und Eigentum in der
altchrtstluhen Ltteratur (Freiburg Br 1908) p 194-203, E. LESNE,
La propriété ecclésiasttque en Erame aux époques romatne et mérovin-
gienne (París 1910) p 23-31, G. WALTER, Hiuotre du communisme I
(París 1931) p.253-262; K. FARNER, Christentum und Eigentum
(Bern 1947); E. F Bruck, Ktrchemater und soztales Erbrecht (Ber-
lín 1956), H. FlSCHER, Die Sihrift des Sainan von Marseil/e An
die Kirche. Eme historisch-theologische Untersuchung (Bern 1976).
2. «De gubernatione Dei»
La obra, que Genadio titulaba De praesenti judicio, está
dedicada a su discípulo Salonio, obispo de Ginebra. Una
648
Escritores de las Gaitas y de la Península Ibérica
alusión a la batalla de Tolosa la coloca después del 440 M
Pellegnno la considera escrita entre el 439 y el 451, y E
Gnffe hacia el 445 Genadio habla de cinco libros, todos
los manuscritos contienen ocho y los argumentos anuncia-
dos en VII 1,1 no se leen en ninguna parte, por lo que se
cree que la obra es incompleta El libro VIII es despro-
porcionado en comparación con los otros El fin de la
obra falta en todos los manuscritos desde el siglo x
Obra celebre, pero discutida, el De gubernatione ha co-
nocido acogida y utilizaciones muy diversas según los tiem
pos y los historiadores Como el De avitate Dei, con el que
presenta afinidades históricas, se tiñe periódicamente con
los colores del momento Salviano, como Agustín, es testigo
de las invasiones de los barbaros, ha visto la devastación
y las destrucciones que acarrearon, sigue las etapas de esta
penetración Germania, Bélgica, Aquitania, España y Africa,
asiste al fin del Imperio y vislumbra el comienzo de tiem-
pos nuevos
Mas a diferencia de la obra agustiniana, en Salviano no
son los paganos los que se interrogan acerca del hundimiento
del Imperio y acusan a los cristianos, sino que, como en el
Carmen de providentta divina, son los mismos creyentes los
que, ante las invasiones de los barbaros, dudan de la provi-
dencia divina ¿Por que ha abandonado Dios al Imperio, ya
cristiano y protector de la Iglesia 5 ¿Espera, acaso, el fin del
mundo para intervenir'
En los dos primeros libros, Salviano demuestra la exis-
tencia de la Providencia con argumentos de razón (I 19 20),
con ejemplos del Antiguo Testamento (I 27-60) y con
argumentos de autoridad (II) Sobre esta base pasa luego a
dar respuesta a las objeciones ¿Por que nos aventajan los
barbaros- 1 (III 9,41) Pocos son los cristianos fieles Lo que
sucede es, pues, justo castigo, que demuestra que Dios
gobierna el mundo Los libros IV a VIII presentan, en pri-
mer lugar, un cuadro pesimista de la sociedad cristiana, que
ofende a la bondad divina y cuyos miembros son «mas culpa-
bles que los barbaros» (IV 13) Salviano insiste en la supe-
rioridad moral de los barbaros, si se comparan con las injus-
ticias sociales y fiscales (V), con la afición a los espectácu-
los (VI) y a los desmanes de la lujuria, que infestan, sobre
todo, Aquitania, España y Africa (VII) El justo juicio de
Dios es consecuencia de nuestras faltas «Somos castigados
por Dios, pero hemos sido nosotros los que lo hemos for-
Salviano de Marsella
649
zado al castigo» (VIII 1) Sola nos morum nostrorum vttta
vuerunt (VIII 23,108)
Salviano, como un Jeremías del siglo V, critica a los galos
y romanos, no por afán de denigrar o por falta de solidaridad
o de patriotismo, sino porque los quisiera «mas virtuosos,
mas justos, mas humanos y, en fin, mas cristianos» Nadie
se salva de la requisitoria, ni siquiera los eclesiásticos En
vez de echar la culpa a Dios, los cristianos deberían hacer
el examen de conciencia que nuestro moralista en estas
paginas les sugiere
Si el pesimismo de Salviano paga su tributo al genero
literario de la diatriba y de la invectiva, hay que recono-
cerle el memo de denegar a los cristianos el derecho a
tener siempre a Dios de su parte y de denunciar el fari-
seísmo de quien se atreve a exigirle cuentas Salviano diso-
cia a la Iglesia de la suerte que corre el Estado, y, en vez
de ceder a evocaciones nostálgicas, trata de enjuiciar de
forma positiva la invasión de los barbaros Sus puntos de
vista han suscitado pareceres encontrados, para algunos
son excesivos e injustos (Haureau, Jullian, Courcelle,
Bardy), otros alaban su clarividencia profetica (J Lecler,
P Lebeau, E Gnffe) En todo caso, sus lectores atentos no
podrían continuar inculpando a la Providencia divina, y esto
era lo que Salviano se proponía con su De gubernattone Det
Ediciones PL 5 3,25 158 (ed Baluze) F Pauly CSEL 8
( 1883) 1-200 C Halm MGH, A A I 1 p 1 108 G Lagarri
GUE SCh 220 (1975) (con trad franc )
Estudios U MoRICCA, Salnuno e la data del «De gubernattone
Det» RFIC 46(1918)241 255 A SCHAFER, Romer und Germanen
bei Sainan (Breslau 1930), E BORDONE, La socteta romana del V
secólo nella requisitoria di Salvtano Masst/iense en Studt P Ubaldi
(Milano 1937) p 315 344, J FlSCHER, Dte Volkerwanderung im
Urtetl der zeitgenossischen kirchhchen Schriftsteller Galliens unter
Einbeziehung des hl Augusttnus (Heidelberg 1948) M lANEIXl,
La laduta di un impero nel capolavoro di Salvtano (Napoh 1948),
A G STERZL, Romanas - Christianus - Barbaras, Diss (ERlangen
1950) A MANDOUZE, L'Eglise devant l effondrement de la ctviltsa-
tion romatne RHPR 41(1961)1 10 P Lebeau, Heresie et prott-
deme ehez Salvien NRTh 83(1963)160-175, A Loyen, Resista nts
et collaborateurs en Gaule BAGB 22(1963)437-450, E A Isichei,
Political Tbinking and Social Experience Some Christian Interpreta-
tions of the Román Empire from Tertulltan to Salvian (Canterbury
1964) J C IGNACE, Sainen et les tnvasions en Gaule d'apres le «De
gubernattone Det» (Toulouse 1966), F PASCHOUD, Roma aeterna
Patrología 3
22
650
Escritores de las Gaitas y de la Península Ibérica
(Neuchátel 1967) p 293-310, W Blum, Das Wesen Gottes uncidas
Wesen def Menschen nach Salvtan von Masstlia SP X [TU 107]
(Berlín 1970) p 270-274, J L VAN DER Lof, Dte G otteskonzeptton
und das Indtvtduum bet Salvtan SP XIII [TU 116] (Berlín 1975)
p 322-329
3 has cartas
Genadio menciona un epistolarum hbrum unum de Sal-
viano, de las que se conservan nueve, y, por lo general,
breves, siete en un manuscrito, dividido hoy en dos (París,
BN 2174 y Berna E 219), y las dos a Euqueno y Salomo
Las cartas que poseemos son una carta de recomendación
a ciertos monjes (probablemente, de Lénns) en favor de
un joven (I), una carta de felicitación a Euqueno, recien-
temente elegido obispo (II), una carta incompleta, en que
se excusa ante Agrycius, obispo de Sens (III), una carta
bien estudiada, enviada, en nombre también de su mu)er e
hija, a sus suegros explicando la razón de su «conversión»
(IV) (con numerosas lagunas), una carta a una «hermana»
de nombre Cattura que había superado una enfermedad
(V) , una carta amistosa a Limenius (VI) y otra a dos impor-
tantes personajes, Aper y Verus (VII) En su carta a Eu-
queno, Salviano le felicita por sus dos recientes escritos
La carta IX, a Salomo, «la más vigorosa por ideas», es una
introducción a su tratado Ad Ecclesiam, y en ella expone la
razón de dirigirse a la Iglesia toda, de usar un pseudónimo
y el sentido de éste
hdutones PL 53,157-174 (ed Baluze), F Pauly CSEL 8
(1883) 201 223 la ep 8 también en K Wotke CSEL 31 (1894)
194, G Lagarrigue SCh 176 (1971) "6-132 (con trad franc ),
C Halm MGH, AA I 1 p 108-119
II Doctrina
Salviano, acusado por unos, olvidado de otros y esti-
mado por los modernos, es un autor hoy revalonzado, cu-
yos puntos de vista, incluso los más sujetos a discusión,
son de creciente actualidad Para comprenderlo y enjui-
ciarlo es preciso no olvidar que Salviano es, ante todo, un
hombre de Iglesia, un monje que ha abandonado todo, pa-
tria, familia y condición social Como Paulino de Ñola, ha
Salviano de Marsella
651
distribuido sus bienes entre los pobres, y antes de propo-
ner a los demás, seglares y clérigos, el radicalismo del
Evangelio, lo ha vivido y experimentado en su vida Sus
convicciones reposan sobre el fundamento de la Escritura,
que dicta su conducta antes de sugerirle sus argumentos
(De gub III 1,1)
1 Abogado cíe Dtos
Salviano, como cristiano que escribe a cristianos, se
guarda bien de entablar proceso a los bárbaros, habla a la
conciencia cristiana y trata de forzar a sus interlocutores a
someter a examen sus juicios y sus vidas Es un predicador
de la raza de los profetas, que condena sólo para evitar la
condenación Sus interlocutores, en vez de examinarse a si
mismos, atribuyen la culpa a Dios Salviano les replica no
desde un punto de vista político, sino desde la perspectiva
de la fe y de sus exigencias El sacerdote de Marsella de-
nuncia la inanidad de sus reivindicaciones ante un Dios
que pretenden monopolizar, estos cristianos creen que su
fe es una especie de crédito ante Dios (De gub III 2,6), y
pretenden cobrar en bienes temporales su profesión de fe
Salviano les recuerda, ante todo, que Dios es Dios
Salviano reconoce las virtudes romanas y los servicios
prestados a la Iglesia, mas Dios no es romano ni vinculado
a sus instituciones y a su cultura El Dios del Evangelio es
soberanamente Ubre Y, por otra parte, ¿cómo podría
otorgar a Roma la victoria'' Eso sería recompensar sus in-
justicias sociales y sus vicios (De gub IV 12) Ni las prue-
bas ni las calamidades han logrado conducir a los cristianos
desviados al arrepentimiento.
2 La Providencia y los bárbaros
La historia obliga a Salviano a plantearse el problema
del mal El mal no puede hacer dudar de Dios, que go-
bierna el mundo y obra siempre por amor (De gub.
IV 46-49) Salviano interpreta los acontecimientos a la luz
de esta convicción Se esfuerza por hablar de los bárbaros,
superando las reacciones emotivas, con nobleza y respeto,
considerándolos, desde un punto de vista cristiano, con
benevolencia No se hace de antemano ilusiones sobre
652 Escritores de las Gaitas y de la Península Ibenca
ellos, conoce sus defectos (De gub III 1 ), y no admira ni su
organización, ni su poderío, ni sus éxitos Llega incluso a
afirmar que el pueblo mas cobarde de la tierra ha vencido
a los más viciosos (íbid , VII 50) Destaca solo su morali-
dad, que vale mas que la herejía que profesan y que el
comportamiento de los que profesan la fe ortodoxa Sal-
viano procura juzgar a los barbaros a la luz de la fe y de
encuadrarlos en su visión de Dios y de la salvación, en la
que no sólo ocupan un lugar, sino que desempeñan una
función como «instrumentos de Dios» La visión optimista
de la creación y de la historia que lee en la Biblia permite a
Salviano, paradójicamente, concluir que Dios conduce la
historia de los hombres con bondad para salvación de to-
dos
Salviano hace suyo el tema de la paciencia divina, ave-
zada a los largos plazos y que sabe aguardar sin desfallecer
(De gub V 3,13, 2,9-11) También la herejía ocupa un lugar
en la trama de la historia Es una perspectiva que excluye
toda suerte de maniqueismo, la linea de demarcación pasa
no entre bárbaros y romanos, sino entre quienes viven o
no viven su fe O, por mejor decir, Salviano evita dar de-
masiado peso a la herejía, para considerar mas bien al he-
reje, que vale a menudo más que la doctrina que profesa
Por otra parte, ¿quien es el responsable del amanismo que
han abrazado 5 Pregunta dolorosa para una conciencia ro-
mana Salviano no minimiza nirelativiza por ello la herejía,
reconoce que los herejes han deformado las Escrituras Si
se juzga a los bárbaros por su conducta, hay que recono-
cerles virtudes y alabar su sentido religioso, invocan a Dios
sin pretender ejercer sobre el monopolio alguno y en el
ponen su confianza La única actitud cristiana frente a ellos
es desearles la «plenitud de la fe» (De gub V 3,13)
Exponer tales verdades mientras los acontecimientos se
sucedían, exigía una valentía superior a toda consideración
política Acusarlo de oportunismo, de cálculo o de traición
sería dar prueba de escaso juicio Salviano es, más bien, un
convertido que quiere convertir
3 Defensor de los pobres
Salviano expone su pensamiento sobre los bienes te-
rrenos en su requisitoria del Ad Ecclesiam Respecto de las
riquezas, su postura no tiene nada de maniqueo son dones
Salvtano de Marsella
653
de Dios (Eccl I 24) que es preciso utilizar según las inten-
ciones del donante, el hombre dispone del usufructo de las
cosas que Dios pone a su disposición, y de las que no es
más que poseedor «precario» (1 26), pues de buen o mal
grado las habrá de abandonar en su día
El mal no reside, pues, en las riquezas, sino en el cora-
zón del hombre, y, sobre todo en la avaricia, que acumula
bienes y explota a los pobres, en vez de compartirlos con
ellos y aliviar su miseria El rico perverso emplea sus ri-
quezas en vicios y no escucha el clamor de los pobres A la
luz de estos principios adquieren sentido las consideracio-
nes que expone en su De gubernatione Dei
Este libro es un grito de indignación ante la injusticia
social y la opresión de los débiles y de los pobres Las
descripciones y denuncias de Salviano no son exageradas,
pues se repiten en Lactancio y Ambrosio Las injusticias se
cometen, ante todo, en la recaudación de impuestos, que
no incomoda a ricos y poderosos y se ceba, en cambio, en
los pobres (humtltores) (De gub IV 31, V 30-31 35) Sal-
viano se indigna en particular contra los terratenientes, fa-
vorecidos por la debilidad del Estado y el silencio de la
Iglesia, acusa de forma particular al alto clero, sin excluir a
los obispos (V 19-20), y denuncia la insoportable diferen-
cia entre ricos y pobres
Además de los pobres, Salviano defiende a los escla-
vos No les reprocha la inmoralidad, pues habría que inda-
gar de quién es la culpa, sino que recuerda valientemente a
los ricos, a los que se dirige, la dignidad del hombre, es-
carnecida por la condición servil, los poderosos, en vez de
tratar de aliviarla, la han hecho aun más pesada, hasta el
punto de que los pobres buscan refugio en los barbaros para
escapar a la legislación romana, y prefieren cambiar de vida
antes que seguir soportando la injusticia que los ator-
menta
En estos tiempos, comenta Salviano, se ha abatido so-
bre los pobres una verdadera catástrofe viudas que gimen,
huérfanos oprimidos que, aunque en su mayoría procedan
de familias distinguidas y hayan sido educados como per-
sonas libres, buscan refugio en el campo enemigo para no
perecer bajo los golpes de la persecución pública Buscan
con toda segundad en los bárbaros la humanitas de los ro-
manos no pudiendo soportar por más tiempo en los roma-
nos el comportamiento inhumano de los bárbaros
Cierto que procuran mantenerse alejados de la reli-
654 Escritores dt las Gaitas y de la Península Ibérica
gion, de la lengua y, sea lícito decirlo, del hedor que
emana de los cuerpos y ropas de los bárbaros entre los que
buscan refugio, mas, en todo caso, es asimismo cierto que
prefieren soportar junto a ellos la diferencia de costum-
bres que soportar de los romanos una injusticia sin confi-
nes prefieren, en efecto, vivir libres bajo una apariencia
de esclavitud que esclavos bajo una apariencia de libertad
(De gub V 5,21)
Por la valentía de su denuncia de las discriminaciones e
injusticias sociales, la voz de Salviano se suma a la de los
Padres Capadocios, a las de Juan Crisostomo y Ambrosio
No se dejo corromper por los poderosos, sino que predico
el desasimiento de los bienes y la dignidad e igualdad entre
los hombres
A pesar de las generalizaciones, de las exageraciones y
de los prejuicios, frutos tanto del género literario elegido
por este discípulo de los rétores como de su carácter apa-
sionado, Salviano, sin escribir historia, nos facilita una
enorme cantidad de observaciones acertadas sobre las cos-
tumbres de la época con un lenguaje franco que no se de-
tiene ante nadie y con total libertad de palabra Se resigna
a la victoria de los bárbaros no con corazón alegre, a pesar
de lo que se diga, sino en virtud de un análisis perspicaz de
los acontecimientos Aunque su reflexión no penetre en
grandes profundidades, el sacerdote de Marsella rompe los
vínculos de solidaridad, que tienen al Evangelio encade-
nado a las contingencias históricas, y de este modo lo li-
bera De esta forma, Salviano pone las premisas de conclu-
siones de largo alcance
SULPIC10 SEVERO
Severo nos revela su cognomen Sulpmus en la inscrip-
ción de su ep 3 Lo que sabemos de su vida lo debemos,
ante todo, a Genadio (De vtr til 19) y a las cartas de su
amigo Paulino de Ñola Nació de una familia aristocrática
en Aquitania hacia el 360, realizó sus estudios de letras y
derecho en Burdeos, donde, al parecer, conoció a Paulino,
y emprendió, probablemente, la carrera forense Casó con
la hija de una rica familia de rango consular, que falleció
prematuramente Severo abandonó entonces su brillante
carrera y se retiró de la vida pública (Paulino, Ep 5,5) Re-
cibió el bautismo quizá hacia el 389, y, siguiendo el ejem-
Sulptao Severo
655
pío de su amigo Paulino, renuncio sin tardar al mundo y a
las riquezas y se retiro a sus tierras, primero en Elusum
(Elsonne, cerca de Tolosa) y luego a la aldea de Primuha-
cum (Premillac), ciertamente en Aquitania, donde se con-
sagró a la vida espiritual y al estudio
Movido por los ejemplos y consejos de Martin de
Tours, al que visita con frecuencia, Severo reúne en torno
a si un grupo de amigos que comparten su vida, y en el
que figura también su suegra Basula, que lo había incitado
a tomar tal resolución y lo mantenía con sus haberes a pe-
sar de la oposición del marido (ep 3, PAULINO, Ep 5,6)
Básula ejerció un influjo determinante en su vida espiri-
tual
Genadio refiere que Severo era sacerdote, aunque sus
contemporáneos lo presentan como un seglar El primero
refiere, asimismo, que al fin de sus días vivió en absoluto
silencio para expiar el apoyo dado a los priscilianistas, no-
ticia que es imposible controlar, y que, en todo caso, es
puesta en duda por los historiadores y parece legendaria
Falleció entre el 420 y el 425
Estudios F MOURET, Sulpice Seiere a Primuliac (París 1907),
E Ch Babut, Saint Martin de Tours (París 1912), L RlCAUD,
Su/pice Severe et sa tille de Primuhac a Saint Sever de Prustan (Tar-
bes 1914), P FABRE, Saint Pauhn de Solé et l'amitie chrettenne
(París 1949), Saint Martin et son temps Memorial du XV L cente-
naire Jet debuts du monachisme en Gaule [Studia Anselmiana 46]
(Roma 1961)
Obras
De la producción literaria de Sulpicio Severo nos han
llegado los dos libros de las Crónicas, la Vida de San Mar-
tín, tres cartas y dos libros de Diálogos que completan la
Vida Los tituli metrtci sobre San Martín y otras siete cartas
que le atribuye J Clencus son espurias
La lengua y el estilo de Sulpicio son de corte clásico, de
la escuela de Salustio y Tácito, de quienes gusta imitar la
elipsis y la concisión No hace concesiones a la retórica
floreada y ama, más bien, las citas literarias y bíblicas En la
Vida de San Martín, Sulpicio revela sus dotes de narrador
brillante, que sabe combinar el gusto por el detalle, la
viveza del relato y el humor, sin desdeñar los solecismos,
656
Escritores de las Gaitas y de la Península Ibérica
que acentúan el color local de los episodios. La Vita y los
Dialogi fueron dos éxitos literarios.
Sulpicío Severo, escritor genuino y literato refinado,
menos crédulo que condescendiente con los gustos del
público, mereció de Escalígero ser llamado ecclesiasticorum
purissimus scriptor (Prol. ad De emend. temporum).
Ediciones: PL 20 (Jerónimo de Prato a través de Gallando; C
HALM CSEL 1 (1866). Traducciones: Francesa: HERBERT y RlTON
(París 1848-1849).— Inglesa: B M. Peebles FC 7 (1949) (sin las
Cbronica)
Estudios, B M. PEEBLES, Girolamo da Prato and hts Manus-
crtpts of Sulptctus Severus- Memoirs of the American Academy ín
Rome 13(1936)7-66, P HYLTEN, Studten zu Sulptctus Severus
(Lund 1940) (bibl ), G. LAMPE, Utrum Sulptctus Severus tn compo-
nendts «Cbrontcts» eodem sttlo usus sit atque tn vita s Marttnt con-
scrtbenda et tn eptstolis edendts neine. Jahresbencht Kollegium Pe-
trinum 48.51-54(1951-52 1954-55 1957-58), J de Wit, De Sul-
picío Severo observattones. VC 9(1955)45-49
1. Las «Crónicas»
Obra ambiciosa que no parece acabada antes del 404.
Chronica es el título que refiere Genadio y que se lee en
un manuscrito vaticano (82 1 ). Flacius en la editio princeps
lo sustituyó por el de Sacra historia, que acepta De Prato.
J. Bernays propone como título auténtico A mundt exordio
libri II, pero no ha convencido.
Severo se propone narrar concisamente la historia del
mundo desde la creación hasta el año 400, siguiendo esen-
cialmente el relato bíblico, cuyo contenido analiza con
agudo sentido crítico. Omite la historia de Cristo y de los
apóstoles, porque su grandeza no soporta un resumen
digno. Sigue la historia de la Iglesia desde «la destrucción
de Jerusalén, las vicisitudes del pueblo cristiano y la era de
paz que ha seguido». Se interesa más por la cronología que
por la teología; menciona las herejías sólo para establecer el
orden de los acontecimientos; se muestra bien informado
sobre el arrianismo, utilizando los Fragmenta histórica, de
Hilario (II 35,2). El interés de \zChronica crece cuando se
acerca a la época del autor; conoce bien el priscilianismo,
en el que se vio mezclado y sobre el que da noticias de
gran valor.
Sulpicío Severo
657
No es difícil advertir la dependencia de la Crónica de
Eusebio en la versión de Jerónimo; utiliza a Tácito para la
persecución de Nerón y la destrucción de Jerusalén, y a su
amigo Paulino de Ñola para la actividad de la emperatriz
Elena en Jerusalén (II 33,4 = Paulino, E/>. 31,4-6). Si-
guiendo las huellas de Tácito y Salustio, Severo gusta de la
frase lapidaria y compacta. Conoce los problemas que
plantea la transmisión defectuosa de los textos (I 40,2),
controla las cifras de la Biblia confrontándolas con las
fuentes paganas y da prueba de poseer sentido crítico e
histórico.
Por mucho tiempo olvidada, de la obra no sobrevive
más que un manuscrito del siglo XI, aunque fue muy esti-
mada en el Renacimiento. El análisis crítico del libro de
Judit es un ejemplo raro, y digno por ello de nota, de aná-
lisis filológico y crítico de corte moderno.
Ediciones. PL 20,95-160, C. Halm. CSEL 1 (1886) 1-105, A.
LAVERTUJON, La «Chrontque» de Sulptce Sév'ere (París 1896-1899)
(texto, trad. y comentario).
Estudios: S PRETE, \ote stortcbe a Sulpicío Severo («Chron.»
II U-12). Paideia 8( 1953)245-259, ID , / Chronica di Sulpicío Se-
vero (Roma 1955), V Grumel, Du nombre des persécuttons dans les
anctennes chroniques: REAug 2(1956)59-66, H. MoNTEFlORE,
Su/piciuí Severus and Titus' Counctl of War: Historia
1 1( 1962)156-170; P Hylten, Crittcal Motes on the «Chronica» of
Sulptctus Severus: Traditio 19(1963)447-460, Ch Saumagne,
TactteetS Paul. RH 232(1964)67-110, I Weiler, Titus und dte
Zentorung des Tempels von Jerusalem: Kho 50(1968)139-158,
G. K. VAN ANDEL, The Christian Concept of History tn the «Chro-
nicle» of Sulptctus Severus (Amsterdam 1976).
2. «Vita Martini»
La Vita beati Martini, en atención al elevado número
de manuscritos (150), puede ser comparada, por la in-
fluencia ejercida, con la célebre Vita Antonii, de Atanasio.
Fue escrita en vida aún del biografiado, acaso por influjo
de Básula, y es el testimonio de un cristiano recientemente
convertido a la vida ascética. Sulpicio la envió a Paulino ya
el 397 (Ep. 11) y fue publicada en el 400 con adiciones y
retoques.
En su dedicatoria a Desiderius, Sulpicio declara que
658 Escritores de las Gaitas y de la Península Ibérica
publica la obra cediendo a sus instancias, lo cual no deja
lugar a dudas acerca del propósito de Severo de dar la ma-
yor publicidad posible a su escrito para oponerse a la cam-
paña antiascética promovida por el episcopado y el clero
de la época Sulpicio se inspira en la tradición clásica y en
la Vita de Atanasio, y, como Jerónimo en su Vita Pault, se
propone ofrecer de su héroe la imagen más maravillosa El
libro revela una clara orientación apologética y trata de
demostrar con toda evidencia que Martín es el émulo de
los más grandes santos e incluso los supera. La biografía
descuida la cronología y la topografía y atiende, sobre
todo, a suscitar la admiración con los milagros del santo,
condescendiendo hasta la exageración con los gustos del
público, lo cual le granjeó gran éxito en Occidente e in-
cluso en Oriente La preocupación apologética preside la
arquitectura de la obra y la distingue de la Vita Antonu
Sulpicio se propone defender con su arenga las cualidades
espirituales de su héroe
Empieza exponiendo su plan (I), luego narra la infancia
de Martín hasta la conversión, donde se lee el famoso epi-
sodio de la división del manto a las puertas de Amiéns,
Martín abandona la carrera militar el 356 (II) Marcha
luego a Pomers para encontrar a Hilario, pasa a Italia, lu-
cha contra el arnanismo y funda el monasterio de Ligu-
gé (III). Tras una elección bastante agitada, es nombrado
obispo de Tours, donde se establece, viviendo como
monje y taumaturgo (V) Se consagra a la evangelización
de las zonas rurales y combate el paganismo (VI), soste-
nido por su don de curaciones, expulsando a los demonios
y luchando sin tregua contra las insidias de Satanás (VI-
VID. La conclusión presenta a Martín como maestro espi-
ritual, asceta y santo (VIII) Esta es la vida y la espirituali-
dad militante de un soldado convertido en monje y obispo
La profusión de elementos milagrosos ha provocado
dudas sobre la veracidad del biógrafo, dudas que E Ch
Babut ha formulado de forma radical, acusando a Sulpicio
Severo de impostura, y a Martín, de mediocridad. Jullian y
Delehaye le han replicado Sulpicio Severo es un autor se-
rio que escribe con la libertad típica de la hagiografía de la
época, mezclando verdad y ficción según el estro, a la vez
místico y popular, de su imaginación.
La Vita Martini granjeó al obispo de Tours enorme
popularidad y dio origen a una literatura sobre el mismo
personaje, en la que se sucedieron Paulino de Péri-
Sulpicto Severo
659
gueux, Venancio Fortunato y Gregorio de Tours, y que
sirvió de modelo a la hagiografía medieval
Ediciones PL 2(),159-1 7 6 C Halm CSEL 1 (1866) 107-137
J FONTAINE SCh B3-135 (1967-1969) (con trad franc y co-
mentario)
Traducciones Alemana BlHLMEYER [BKV 2 20] (Munchen
1914) — Francesa P MONCEAUX (París 1926) (con el «Dialogo»
y las cartas) — Holandesa C W MOENNICH (Amsterdam 1962)
Estudios H DELEHAYE, Saint Martin et Sulptce Severe AB
58(1920)5-1 56, C JULLIAN, Remarques critiques sur les sources de la
ne de saint Martin, sur la vie et les oeuvres de saint "Martin REAN
24(1922), 25(1923), P Hylten, Crtttcal Notes on the «Chronica»
of Sulpuius Severus Appendix Traditio 19( 1963)457-460, J La
PORTE, Mare clausum dans Fortunat RELA 31(1953)110-111,
E GRIFFE, La chronologie des ann'ees de jeunesse de saint Martin BLE
62(1961 )1 14-1 18, J Fontaine, Vente et fiction dans la chronologie
de la «Vita Martini», en Saint Martin et son temps (Roma 1961)
p 189-2 36, ID , Sulpice S'evere a-t-ü travestí saint Martin de Tours
en martyr milttaire? AB 81(1963)31-58, Id , Une ele litteraire de
la «Vita Martini» la typologie prophetique, en Recuetl Chr Mohr-
mann (Utrecht 1963) p 84-95, J GRIBOMONT, L'tnfluence du mo-
nachts me oriental sur S S, enSaint Martín et son temps p 135-150,
H Monte FlORE, Sulpuius Severus and a Life of St Romanus pres-
byter m Castro Blavtenst (BHL 7106) AHD 1 1(1962)156-170, B
STUDER, Zu einer Teufelserschetnung in der «Vita Martini» ND
13(1963)29-82, P Antin, La mort de saint Martin REAN
66(1964)108-120, F S Pericoli Ridolfini, Ag/i inizi del mona-
chesimo galhco, La «Vita Martini» e la «Vita Antonu» SMSR
38(196 7 )420-433, E GRIFFE, En relisant la «Vita Martini» de
S S BLE 70(1969)184-198, S Prete, La «Vita S Columbani» di
lonas RSCI 22(1968)94-111, A LOYEN, Les mirades de saint
Martin et les debuts de l'hagiographte en Occident BLE
73(1972)147-157, J FONTAINE, Hagiographie et pohtique, de Sul-
ptce S'evere a Venance Fortunat Revue d'histoire de l'Eghse de
Frante 62(1975)113-140
3 Cartas
Tres cartas de los años 397 y 398 completan la Vita
Martini, de la que en cierto modo forman parte, como
atestigua la tradición manuscrita. Las tres están dirigidas,
como la Vita, al círculo de fervorosos convertidos proce-
dentes de la aristocracia y ganados al ideal ascético, admi-
660
Escritores de las Gaitas y de la Península Ibérica
radores de Martín y en relación con Desiderio, es decir
Eusebio, Aurelio y Básula La primera, a Eusebio, presbí-
tero, discípulo de Martín y luego obispo, supone ya escrita
la Vita Martini, y, en polémica contra los detractores de
Martín, narra el incendio que había puesto en peligro la
vida del santo, episodio no contado en la Vita
La segunda, la más esmerada en su composición, diri-
gida al diácono Aurelio, es, a la vez, una carta consolatoria
y un panegírico de Martín Se ha dicho de ella que es una
«carta de canonización» La última, a Básula, es la más am-
plia, y en ella mezcla garbo y patetismo Cuenta el último
viaje de Martín, su muerte y sus solemnes exequias Esta
correspondencia sirve de segunda edición de la Vita, y con
ella se pasa de la hagiografía al panegírico
Ediciones PL 20,175-188, C Halm CSEL 1 (1886) H8-151,
J FONTAINE SCh 135 (1967) 516 544 (con trad franc , comen-
tario en SCh 155,1119-1552) Fragmentos dudosos, en E CH
Babut, Sur trots lignes medites de Sulpice Severe Le Moyen Age
19(1906)205-215 y cf P HYLTEN, Studien zu Sulpicius Severut
(Lund 1940) p 72-84, M J McGANN, Sulptctus Severus anda Life
of S Romanus (BHL 7106) ALMA 52 (1962)91-94
4 «Dialogt»
Genadio tituló los diálogos Consolatio Postumtant et Gal-
li, dos monjes de las Gallas La obra fue escrita en dos (y
no en tres) libros, y no es fácil decidir si la forma responde
a la realidad o sea ficticia. Es claro, en todo caso, que el
propósito de su autor es demostrar que Martín iguala, si
no supera, a los más prestigiosos ascetas de Egipto
Los Dialogi transcriben la conversación de dos días en-
tre Gallus, anciano monje de Marmoutiers y discípulo de
San Martín, y Postumianus, aquitano, amigo de Sulpicio
Severo, gran admirador de los monjes de Egipto, por
donde ha viajado ya en dos ocasiones y se prepara para la
tercera Postumianus cuenta las hazañas de los monjes
egipcios Como contrapunto, Gallus narra las gestas de
Martín, envolviéndolas en ropajes maravillosos al estilo
oriental La influencia literaria de las vidas de los Padres
del desierto, y en particular de San Antonio, es manifiesta
Sulpicio Severo emprende la ofensiva contra una campaña
publicitaria procedente de Belén y de otras reglones Las
aventuras de los monjes ongenistas y del mismo Jerónimo
Valeriano de Ctmtez
661
narradas a lo largo del diálogo asumen casi una función
paradigmática para vilipendiar la actitud autoritaria y anti-
monástica de un cierto clero enemigo del prestigioso hé-
roe que es San Martín
Ediciones PL 20,185-222, C Halm CSEL 1 (1886)152-216
Traducciones Francesa P ¡VÍONCEAUX (París 1926) — Italiana
G AuGELLO, Da i «Dialoghi» di S S Annah Liceo Ganbaldi di
Palermo 1(1964)2 59-246 (Selección)
Estudios M ESPOSITO, Un fragment des «Dialogues» de Sulpice
Sévere en Textes et etudes de litterature ancienne et médievale (Fi-
renze 1921) p 15-17, P GROSJEAN, Curdonicus ALMA
24(1954)117-129, CH Favez, Aquitains et Gaulots chez S S , en
Hommages a M Viedermann (Bruxelles 1956) p 122-127, P An
TIN, Curdontcuí RELA 57(1959)111-112
VALERIANO DE CIM1EZ
Obispo de Cimiez (Cenemelum, cerca de Niza) y
miembro, muy probablemente, de la noble familia de los
Valerianos, de las Gahas, ha sido identificado por J P
Weiss con el Valeriano al que Euqueno envía su De con-
temptu mundt, lo cual no pasa de ser pura conjetura Vale-
nano era obispo de Cimiez antes del 439, y como tal parti-
cipó en los concilios de Riez, del 439, y de Vaison, del
442, convocados para reafirmar la disciplina eclesiástica Se
puso de parte de Hilario en sus diferencias con León
Magno, con sus colegas de la Vtennensts, de la // Narbonen-
sis y de los Alpes marítimos firmó la petición en favor del
restablecimiento del metropolita de Arles, el papa, en
cambio, dividió la antigua provincia en dos circunscripcio-
nes (LEON, Ep 65) Firmó con Ravennius y sus colegas el To-
mus ad Flavtanum (LEON, Ep 102), y su firma se lee aún
el 455 en un concilio de Arlés acerca de una controversia
surgida entre el obispo de Fréjus y los monjes de Lénns
(Mansi, VII 907) Debió de morir poco después
La epistula ad monachos de virtutibus et ordme doctrinae
apostoltcae es prueba de las excelentes relaciones existentes
entre los monjes de Lerins y el obispo de Cimiez y docu-
menta, asimismo, el influjo de los monjes en la doctrina so-
bre la gracia profesada por Valeriano La autenticidad ha
sido recientemente puesta en duda
662
Escritores de las Gaitas y de la Península Ibérica
Valeriano, espíritu educado y predicador estimado, nos
ha dejado una colección de veinte homilías, que nos infor-
man acerca de la historia y de la vida de la Iglesia en las
Gallas Por lo regular tratan argumentos morales, como la
disciplina, las promesas no mantenidas, la vía estrecha, la ex-
celencia de la paz, el martirio, la embriaguez y la avaricia,
presentan los ejemplos de los mártires y de los santos y
exponen los preceptos y las exigencias del Evangelio sin
grandes preocupaciones dogmáticas Un pasaje de la
hom 1 1,4 lo ha hecho sospechoso, sin motivo, de semipela-
gianismo
La forma literaria es elegante y prueba la solida cultura
clasica y retorica del autor Valeriano cita a los maestros,
y en especial Séneca, y, como este, se complace en la des-
cripción de escenas de la vida cotidiana Imbuido de filosofía
estoica, parece un estoico convertido al cristianismo Vale-
riano perteneció a un ambiente por el que teman libre
curso las ideas de Pelagio, su doctrina sobre la gracia se
acerca mas a los maestros proveníales que a Agustín
A M Riberi ha querido asignar i Valeriano la Homilía
in dedicatione ecclesiae de PLS III 184-188, mas las dudas
permanecen (cf B FiscHER, VT 473)
Ediciones PL 52,691-756 (Gallandi) La hom 1, atribuida a
veces a Agustín (PL 40,1219 1222), fue devuelta a Valeriano por
M Goldast en 1601
Estudios A M RlBERl, S Dalmazzo di Pedona e la sua abbazia
con documenti inediti (Tormo 1929) (coned de las hom 15 17ydela
hom tn dedicatwne), G Bardy DTC XV( 1948)2520-2522, J P
WEISS, La personnalite de Vakrien de Cimiez Annales de la Fac de
Lettres de Nice (1970) 141-162
VICENTE DE LERINS
Vicente es el mas conocido de los monjes escritores de
Lenns Poco sabemos de su vida, si se exceptúa lo que de
el refiere Genadio (De vir ül 65[64]) Oriundo de las Ga-
llas, Vicente se embarca durante vanos años en varns ac
tristibus saecularis mihtiae turbimbus y fija luego su resi-
dencia en Lenns, donde vive como sacerdote anejo al mo-
nasterio Genadio celebra sus conocimientos bíblicos y de
historia de los dogmas Al parecer, tuvo a su cuidado, con
Salviano, la formación de Salomo y Verano, hijos de Eu-
Vuente de Lenns
663
queno (EUQUERIO, Instr I praef ) Muño antes del 450,
acaso, antes del 435
Estudios F F3RUNETIERE y P DE LABRIOLLE, Vicent de Lenns
(París 1906), H KOCH, Vicenz von Lenn und Gennadius Etn Bet-
trag zur Literaturgeschichte des Semtpelagianismus [TU 31] (Leipzig
1907), G Bardy DTC XV(1950)3045-3055, F Sciuto, Tertu-
UianoeVincenzodiLenno MSLC 4( 1954) 127-138, M SCHUSTER
PWK 2 16(1958)2192 2197
1 Obras
Genadio sólo recuerda una disputa tío contra los here-
jes En efecto, Vicente escribió el 434 un Tractatus pro
catholicae ftdei antiquitate et universitate adversas profanas
omnium baereticorum novitates, llamado comunmente Com-
monitorium, en dos libros, que debían poner remedio a los
fallos de su memoria
Se le atribuyen otras dos obras las Objectiones Vmcen-
tianae, cuyo texto se ha perdido, pero que conocemos gra-
cias a Prospero Pro Augustino responsiones ad capitula objec-
tionum Vicentianarum (PL 51,177-186), H Koch sostiene
su autenucidad, pero ha sido rebatida con buenos argu-
mentos por W O'Connor Ademas, los Excerpta sanctae
memoriae Vincentii Lirinensis tnsulae presbyteri ex universo
beatae recordationis Augusttnt episcopi in unum collecta, men-
cionados en una compilación anónima del siglo IX y descu-
biertos por J Madoz en la biblioteca de Ripoll La anuncia
el Commonitonum (c 16) y consiste en una introducción y
un epílogo del autor que enmarcan una Summa augusti-
mana contra Nestono, dispuesta en 10 artículos
Ediciones En los mss figura con el Ad ecckstam, de Salviano, y
otros opúsculos Para las ed anteriores a PL cf SCHONEMANN
PL 50,630-638, ed E Baluze en PL 50,637-686, G Rauschen
[FP5] (Bonn 1906), R S Moxon (Cambridge 1915), A Juu
CHER (Tubingen 1925) Los Excerpta en J MaDOZ [Estudios
Onienses I 1] (Madrid 1940) (= PLS III 23-45), W J Moun
TAIN SE 18(1967-68)385 405 (con el ms de Novara)
Traducciones Alemana G RAUSCHEN [BKV 2 20] (Kempten
1914) —Española J Madoz (Madrid 1935, 2 1944), M Morera
Rubio (Madrid 1976)— Francesa P de Labriolle (París 1906)
(reed 1978), M Meslin (Namur 1959) —Inglesa C A Heur
664
Escritores de las Gaitas y de la Península Ibérica
TLEY LNPF 2nd ser XI (New York 1894) p 131 156, R E
Morris FC 6 (1949) 267 332— Italiana C Colafemmina
(Alba 1967)
Vicente compuso dos Commonttoria o promemonas, de
los que sólo el primero se ha conservado Se sirve del
pseudónimo de Peregrinas, que hay que entender en el
sentido de monje Por Genadio sabemos que el segundo
libro le fue robado al autor, el cual poseía aun ambos
cuando compiló un resumen del segundo (c 29-33) Los
manuscritos y editores presentan como segundo Commoni-
tortum dicho resumen (PL 50,677)
El Commonttorium no es un simple promemona para
uso personal ni una colección de textos patrísticos, sino
una especie de «discurso del método» que permite discer-
nir la fe católica en medio de las nuevas herejías El cre-
yente tiene a su disposición dos criterios la Escritura y la
tradición de la Iglesia, criterios de desigual eficacia La
primera es susceptible de deformación por obra de las in-
terpretaciones de los herejes, y debe ser por ello leída a la
luz de la tradición, según el conocido axioma in ipsa ítem
cathohca ecclesta tnagnopere curandum est, ut id teneamus quod
ubique, quod semper, quod ab ómnibus creditum est Hoc est
etenim veré proprieque catholicum (c 2)
Los tres criterios garantes de la ortodoxia son, pues, la
universalidad, la antigüedad y el consentimiento unánime
(c 3) Para Vicente, el más importante de los tres es la an-
tigüedad, pues a ella hay que recurrir si viene a faltar la
universalidad Para confirmar su regla, el autor menciona
el donatismo, como opuesto a la universitas, el arnanismo,
a la antiquitas, y el bautismo de los herejes, a la consensio.
El Commonttorium contrapone a estas desviaciones heréti-
cas las enseñanzas de San Pablo y sus exhortaciones a
«conservar el depósito de la fe» (c 7-9) Examina luego las
innovaciones introducidas por Nestono, Fotino y Apoli-
nar, contra las que recuerda la doctrina católica sobre la
Trinidad y la persona de Cristo (c 11-16) La inerrancia no
es necesariamente propia de las enseñanzas de los genios
más ilustres, como Orígenes y Tertuliano, sino de los de-
cretos de un concilio universal y de la fe común de la Igle-
sia (c 17-19) Para guardar fielmente el depósito, según la
expresión de San Pablo, es preciso evitar «las innovaciones
doctrinales» Las innovaciones en la terminología no deben
Vicente de Lerms
665
jamas comportar una innovación doctrinal cum dtcas nove,
non dicas novum (c 22)
El criterio de la tradición no conduce al ínmovilismo si
se acompaña de un segundo criterio esencial y comple-
mentario, el progreso dogmático, que se actúa en confor-
midad con la ley del crecimiento orgánico «Este progreso
constituye verdaderamente para la fe un progreso y no una
alteración, pues lo peculiar del progreso es que una cosa
crezca permaneciendo la que es, y lo propio de la altera-
ción es que una cosa se mude en otra Se acreciente, pues,
y progrese sin medida la inteligencia, la ciencia y la sabidu-
ría, tanto de los individuos como de la colectividad, tanto
de un hombre solo como de la Iglesia toda, según las eda-
des y los siglos, mas a condición de que se opere según su
naturaleza peculiar, es decir, que se mantenga el mismo
dogma, el mismo significado y el mismo pensamiento»
(c 23), según la celebre formula adoptada por el concilio
Vaticano I
Este progreso comporta una triple tarea perfeccionar y
perfilar lo que de la antigüedad recibió su primera forma y
esbozo, consolidar y reafirmar lo que ya ha adquirido su
perfil y evidencia, mantener lo que ya ha sido confirmado
y definido (c 23) De ahí que exista, igualmente, un triple
progreso progreso en la formulación, labor que la Iglesia
realiza, provocada por los herejes, en los decretos de sus
concilios, esclareciendo el sentido con términos nuevos y
apropiados que lega a la posteridad, progreso de vida or-
gánica, que se adentra mas alia de la expresión y es compa-
rable al crecimiento de la vida humana, que de la infancia a
la vejez es el desarrollo de una sola y misma persona, un
progreso análogo se cumple, asimismo, en las verdades
dogmáticas, progreso en la adquisición definitiva, sin cam-
bio ni mutilación, de la verdad
Vicente se bate, una vez mas, contra el uso pérfido que
los herejes hacen de la Escritura (c 25), para esquivar sus
insidias no basta recurrir a las sentencias bíblicas, sino que
es preciso «interpretarlas en conformidad con las tradicio-
nes de la Iglesia universal y con las reglas del dogma cató-
lico En esta Iglesia católica y apostólica se impone de toda
necesidad atenerse a la universalidad, a la antigüedad y al
consentimiento general» (c 27)
Los últimos capítulos, que son el resumen del segundo
Commonttorium, recuerdan, ante todo, el valor normativo
de la Escritura, tejen luego una nueva apología de la anti-
666 Escritores de las Gahas y de la Península Ibérica
quitas, invocada recientemente por el concilio de Efeso
para condenar a Nestono, citando explícitamente diez Pa-
dres griegos y latinos, a estos textos añade Vicente testi-
monios de los papas Sixto III y Celestino En términos
análogos se expresara, a no tardar, León Magno
1 Doctrina y cultura del «Commomtorium»
El doctor de la inmutabilidad de la fe se revela, de
forma paradójica, como el teólogo de la ley del desarrollo
dogmático Sus enseñanzas sobre la tradición recuerdan el
Adversus haereses, de Ireneo, aunque subraya con menos ni-
tidez la apostolicidad de la doctrina verdadera y la función
del magisterio eclesiástico Vicente depende, ante todo,
del De praescnpttone haerettcorum, de Tertuliano Aunque
deplorando la desviación de Tertuliano, el maestro de Le
nns reconoce sin ambages que Tertuliano «es el primero
de los nuestros entre los latinos» (c 17), y erraría el teo
logo que no le pagase su tributo de gratitud En efecto, en
uno y otro encontramos las mismas ideas la argumenta-
ción compacta del sacerdote de Cartago se basa en el dere-
cho romano, y el monje de Lenns, más que argumentar,
afirma
Mas discreta es la influencia de Juan Casiano que ha
podido sugerir a Vicente la untversitas como regla de fe,
sobre todo con su tratado De incarnatione El Commomto-
rium, como lo hizo notar Bossuet, se inspira, asimismo, en
los escritos de San Agustín, a quien Vicente abiertamente
admira, como lo demuestran sus Excerpta.
Vicente es el primero en confeccionar un dossier de
textos patrísticos y en alegar el testimonio de los paires
notabtles La historia de la Iglesia mostrará que los criterios
de Vicente, aunque satisfactorios a primera vista para el
espíritu, son de difícil aplicación t Cómo hacer ver la una-
nimidad, si todas las verdades han sido objeto de contro-
versia' No menos difícil de establecer son la antigüedad y
la apostohcidad Toda investigación histórica requiere
competencia crítica El juicio de Vicente sobre Teófilo, el
gran adversario de Juan Crisóstomo, sería más justo si
fuera menos perentorio, Vicente cita testimonios de San
Félix y San Julio, sin saber que alega falsificaciones de los
apolinanstas
Aunque el Commomtorium pretendía, ante todo, com-
Vicente de Lenns
667
batir las novedades de los herejes, la historia occidental le
sera deudora, sobre todo, de su enseñanza sobre el progreso
dogmático, expuesto en pocos capítulos (c 23-24) Vicente
reconoce dicho progreso tanto en el conocimiento como
en la formulación de las verdades dogmáticas sin cambiar
el tenor del deposito de la fe, la Iglesia explora sin cesar
sus riquezas y proclama con mayor propiedad su conté
nido
El Commomtorium debe su éxito, sobre todo a partir del
siglo XVI, al vigor de sus fórmulas, a la elegancia de la
lengua, al acierto de sus expresiones, a la energía metálica
de la forja La doctrina cristaliza en frases claras, lapidarias,
enérgicas, decisivas Las reminiscencias clasicas — Salustio,
Ovidio, Lucano — afloran con toda naturalidad en el texto
y son prueba de la cultura de los círculos de Lenns Vi-
cente conoce la literatura griega cristiana y, al parecer, tra-
duce el mismo un texto del concilio de Efeso (31,2-3), mas
no consta que haya ejercido influjo alguno en Oriente
2 Vicente de Lérins y la historia
G J Vossius, en su Historia de controversia I 9, del
1618, y E Nons, en su Historia pelagiana, del 1673, fue-
ron los primeros que atribuyeron al Commomtorium una
intención polémica contra San Agustín, y en especial con-
tra su doctrina de la gracia y de la predestinación, tesis que
tuvo gran aceptación y que persiste en casi todos los histo-
riadores modernos a pesar de las amonestaciones de algu-
nos autores
El descubrimiento de los Excerpta por J Madoz ha
arrojado nueva luz sobre el problema En esta obra, Vi-
cente profesa abiertamente su indiscutible admiración por
San Agustín, cuya autoridad invoca en los dos puntos Tri-
nidad y Encarnación, tratados de forma explícita en el
Commonitorium (c 13-15) E Gnffe ha podido así sostener
recientemente que no es posible detectar huella alguna de
polémica antiagustiniana en la obra de Vicente y que el
Commomtorium, por tanto, hay que entenderlo al margen
de la controversia semipelagiana O'Connor, por su parte,
ha demostrado que Vicente no es el autor de las Objecttones
que Prospero consideraba injuriosas para San Agustín El
Commomtorium, por tanto, no sólo no es antiagustiniano,
sino que se inspira en el mismo principio de la tradición
(>68 Escritores de las Gaitas y de la Península Ibérica
profesado por S Agustín (Ep. 54, De bapt. IV 24, Contra
ep. Man. IV)
En todo caso, es cierto que la influencia del Commonito-
rium no cesa de crecer a partir del siglo XVI Ninguno de
los grandes escolásticos lo cita y se conserva sólo en ma-
nuscritos de París (BN 2172, del siglo X, que proviene de
Pierre Pithou, 13 386, siglo X, de Saint-Germain-des-Prés,
el mejor, 2785, del siglo XI, y 2173, del siglo Xin), mien-
tras que desde el siglo XVI se cuentan más de 150 edicio-
nes y traducciones Roberto Berlarmino lo llama libellus
plañe aureus, Bossuet lo cita sin pausa en su Défense de la
Tradition et des satnts Peres, católicos y protestantes le pro-
fesan al principio igual admiración, Newman descubre en
el Commonitonum una norma «ecuménica» y le procura
una nueva actualidad y, en fin, anglicanos y viejos católi-
cos, y en particular Dolhnger, a él apelaran contra las deci-
siones del concilio Vaticano I, que, a su vez, había tomado
de Vicente de Lérins la última frase de la constitución
dogmática sobre la fe El aprecio unánime de que gozó el
Commonitortum se interrumpe durante el siglo XIX Católi-
cos y protestantes ponen en duda el valor normativo de los
criterios de Vicente J. B Franzelin, más moderado, sos-
tiene que la tesis del Commonitorium es siempre válida
sensu affirmante, pero no sensu excludente En todo caso, no
es mérito leve para un hombre del siglo V haber enunciado
reglas que, si aplicadas con criterio, permanecen aún váli-
das catorce siglos después
Estudios R M J PoiREL, De utroque conmonitorio Lirinenst
(Nancy 1895), ID , Vicenta Peregrtnt seu alto nomine Mam Merca-
toris Linnensia «Commonttorta dúo» (Nancy 1898) (intento de
atribución a M Mercator, que no ha tenido éxito, cf H KOCH,
V incentius von Lerinum und Marius Mercator ThQ
81[1899]396-434), W S Reilly, «Quod ubique quod semper,
quod ab ómnibus» Etude sur la regle de fot de V de L (Tours 1903),
C Weyman, Die Edition des «Commonitorium» Histonsches Jahr-
buch 29 (Munchen 1908)582-586, cf 40(1920)184s, N Daus
SE, Le deteloppement du dogme d'apres saint V de L RT 16
(1908)630-651, 17(1909)692-710, J Lortz, Der Kanon des
Vtncenttus von Lertn Der Kathohk 2(1913)245-255, L GLOBUS,
De H Vtncenttus van Lérins en ztjne commonttoria Studien
79(1913)231-259 383-411, 80(1913)274-307 402-420 445-473,
81(1914)1-37, J MaDOZ, El concepto de la Tradición en San Vi-
cente de Lerins (Roma 1933), A D'ALES, La fortune du «Commoni-
torium» RSR 26( 1936)334-356, J Madoz, U 'n tratado descono-
cido de San Vicente de Lerins Greg 21(1940)75-94, ID , Los «Ex-
Victorio de Aquitanta
669
cerpta Vtncentti Lirtnensts » en la controversia adopaonista RET
13(1953)475-483, B Luiselli, Sulla pseudommia dt Vtncenzo di
Lertno Atene e Roma 4(1959)216-222, E GRIFFE, Pro Vtcentio
Ltrtnensi BLE 62(1961)26-32, W O'CONNOR, Saint Vtncent of
Lerins and Saint Augusttne Doctor communis 16(1963)123-257,
J H SlEBEN, Der Konztlsbegrtff des Vincenz von Lertn Theologie
und Philosophie 46(1971)364-386, A Pastorino, // concetto dt
tradizione m Giov Cassiano e tn Vicenzo di L Sileno
1(1975)37-46, M LODS, Le progres dans le temps de l'Eghse selon
Vtncent de Lérins RHPR 55(1975)365-385
VICENTE, SACERDOTE EN LAS G ALIAS
Genadio habla de un sacerdote galo, de nombre Vi-
cente, que conoció personalmente, en su De vir. til. 81
[80], y le atribuye un comentario In Davidis psalmos que se
ha perdido Vallarsi creyó haberlo encontrado en la obra
homónima del Pseudo-Rufino (PL 2,641-960), que es,
como lo atestiguan los manuscritos y ha demostrado
A Wilmart, obra de Lietberto de LiUe, abad de San Rufo,
cerca de Aviñón, de principios del siglo XII (cf PLS
1 1097)
Estudios A WiLMART, Le commentatre sur les psaumes imprimé
mus le nom de Ruftn RB 31(1914)258-276, F Stegmuller,
Repertortum bibluum medu aen (Madrid 1951) III n 5395
7535 8308
VICTORIO DE AQUITANIA
Escritor aquitano de mediados del siglo V, Victono,
como refiere Genadio (De vir. ill 89[88]), compuso, a pe-
tición del archidiácono Hílaro y futuro papa, un ciclo pas-
cual (cursus paschalis annorum) el 457, aceptado oficial-
mente por el sínodo de Orleáns del 541 y difundido por
las Gallas hasta los siglo VII y VIII, cuando se impuso el
ciclo compilado por Dionisio el Exiguo Un extracto con el
nombre de Beda se lee en PL 90,712 y en PLS IV 2218.
Asimismo Genadio refiere que Victono añadió una tabla
cronológica desde la creación utilizando la Crónica de
Próspero, y utilizada, a su vez, por Casiodoro para su Cró-
nica. Es autor también de un Líber calculi (PLS IV 2218) y
acaso se le pueda atribuir el Prologus paschae de PLS
III 380.
670 Escritores de las Gaitas y de la Península Ibérica
Ediciones Cursus y Ep Hilan Th Mommsen MGH, AA IX
667-735, B KRUSCH, Studien zur christlicb-mittelalterluhen
«Chronologie» II (Berlín 1938) p 16-52 (= PLS III 381 426) Ep
Hilan A THIEL, Epistulae Rom Pont I (Braunschweig 1868)
p 130 El extracto atribuido a Beda (PL 90,712 y Ch W JONES,
Bedae opera de temporibus [Cambridge Mass 1943] p 58) per te
nece al Cursus Calculus PL90,67 7 680 restituido a Victono por
W Chnst, G FRIEDLElN (Roma 1872) Prologus Paschae B
Krusch, o c , KLeipzig 1882) p 227 240 (= PLS III 427 441)
Estudios E SCHWARTZ, Chrtstluhe und judtsche Ostertafeln
(Berlín 1905) p 427-441, C JONES, Bedae pseudepigrapha (Ithaca
1939) p53
VICTRIC10 DE ROUEN
Conocemos la vida de Victncio por dos cartas (18 y
37) de Paulino de Ñola, que informan acerca de su con-
versión, de su elección al episcopado, del gobierno de su
diócesis y de su labor apostólica Sulpicro Severo cuenca su
encuentro con Martin (Dial III 2) Inocencio le dirigió
una celebre decretal acerca del reclutamiento y virtudes de
los clérigos, que entro en las colecciones canónicas
Según Paulino, Victricio nació hacia el 340 en las fron-
teras del Imperio Hijo de veteranos, como parece indicar
su nombre, siguió la carrera militar, que abandono para
servir a Cristo Ordenado sacerdote, se consagro a la evan-
gelización de los ñervos y monnos, es decir, de las regio-
nes de Flandes, Brabante y Cambresis Ocupó la sede de
Rouen hacia el 385
Como Martín en Tours, Victncio promueve su comu-
nidad de Rouen, construyendo iglesias, velando por la dis-
ciplina e incrementando la vida monástica Hacia el 396 se
traslada a Gran Bretaña para restablecer la ortodoxia,
amenazada por el arrianismo, y luego, en el 403, a Roma,
sin duda para dar razón de su iniciativa Falleció hacia
el 410
Este viejo soldado logro formarse una cultura literaria
sena De su obra nos ha llegado un De laude sactorum, que
es un tratado con andadura de discurso y prueba de su
formación retórica Lo pronunció en Rouen el 396 con
ocasión de la llegada de un segundo lote de reliquias reco-
gidas en Italia gracias a Ambrosio, Paulino y Gaudencio El
escrito documenta el origen y las formas de la vida reli-
Victricio de Rouen
671
giosa y el progreso del culto de los mártires El texto fue
encontrado en el siglo XVIII en un manuscrito de Sankt
Gall y fue atribuido a Victncio por su editor Jean Lebeuf
Ediciones PL 20,443-458 (J Lebeuf), Sauvage (publicado
por A Tougard) (París 1895)
Traducción Francesa R HERVAL (Rouen 1966)
Estudios E VACANDARD, Saint Vutnie eveque de Rouen
(París 2 1900) (anticuado), H DELEHAYE, Les origines du cuite des
martyrs (Bruxelles 2 1933), A WlLMART, Un manuscrit oublie RB
31(1914 1919)333 372, G Bardy DTC, XV(1950)2954 2956,
P ANDRlEU GuiTRANCOURT, La pie ascetique a Rouen au temps de
s Victrice RSR 40(1952)90-106, ID , Essat sur S Victrice Annee
canonique 14(1970)1-23, Id, Notes remarques reflextons sur la
vie ecclesiasttque et reltgteuse a Rouen sous le pontiftcat de S Victnce,
en Melanges Macqueron (Aix 1970) p 7-20, R Herval, Origines
du christiamsme en Gaule, MSR 16(1959)47-70, 17(1960)41-80,
E Griffe, La Gaule chretienne a l'epoque romaine (París 1964) I
p 306 3 10 383 385, L MUSSET, De saint Victnce a saint Ouen La
chrtstianisatwn de la province de Rouen d'apres l'hapographie Re-
vue d'histoire de l'Eglise de France 62(1975)141 152
Apéndice
«ltinerarium Burdigalense»
El mas antiguo itinerario cristiano es obra de un anó-
nimo de Burdeos que narra el viaje desde su patria a Jeru-
salén y vuelta, pasando por Roma y Milán tras permanecer
algunos meses en Palestina Señala las mutationes y mansio-
nes y de vez en cuando alude a los recuerdos bíblicos Su
escrito es más una lista topográfica que una narración de
viaje
Ediciones PL 8,784 796 (F A de CHATEAUBRIAND, París
1811), P Geyer CSEL 39 (1898) 3-33, O CuNTZ, Itineraria
romana (Leipzig 1929) I p 86-102, CCL 175 1(965) 1-26 (ad fi-
dem ed P Geyer et O Cuntz)
Estudios A Elter, ltinerarstudien (Bonn 1908), C Mom
MERT, Der Teich Bethesda zu Jerusa/em und das Jerusalem des Pilgers
fon Bordeaux (Leipzig 1907), R HARTMANN, Die Palastina-Route
des «Itinerarium Burdigalense» ZDPV 33(1910)169-188, W Ku
bitschek PWK IX-2( 1916)2352-2356, T Ashby y R Gard-
672
Escritores de las Gaitas y de la Península Ibérica
NER, The Via Trataría Papers of the Bntish School at Rome
8(1916)104-171, H Leclercq DACL VIJ(1926>1853-1858, Z
GARCIA- Villada, Descripciones desconocidas de Tierra Santa en có-
dices españoles EE 4(1925)178-184 322-324 439-444, H Fis
CHER, Geschtchte der Kartographte von Palasttna ZDPV
62(1939)169-189, B KOTTING, Peregrinado religiosa (Munster
1950) p 89 110 343-354, R W Hamilton, Jerusalem tn the
Fourth Century Palestine Exploration Quarterly 84(1952)83-90,
A LORENZONI, Da Tellegatae a Beneventum dell'«Itinerartum Bur-
dtgalense» (Brescia 1962), R GELSOMINO, L '«ltinerartum Burdt-
galense» e la Puglta VetChr 3(1966)161-208
«Sortes Sangallenses» (anónimo)
Se lee en el códice palimsesto 908 de Sankt Gall
(LOWE, 953) Lowe lo cree procedente del norte de Italia y
emparentado con Bobbio Los editores piensan, más bien,
que provenga del sur de las Gallas y que el texto remonte
al siglo IV El manuscrito contiene diversas Excerpta Patrum
y está escrito en hermosos caracteres unciales de fines del
siglo VI
Las Sortes son respuestas de un oráculo a preguntas de
un cierto colorido cristiano, muchas se han perdido y las
que quedan se refieren a los mas variados problemas de la
vida cotidiana, moral y social la vida y la salud, el amor, el
matrimonio, la familia, amigos y enemigos, temores y es-
peranzas, preocupaciones por la casa y por los bienes,
elección de profesión, empresas diversas, construcciones,
viajes, vuelta a la patria y a la familia, dificultades econó-
micas y profesionales, juicios y procesos
Edición. Cf CPL 536, A Dold, Dte Orakelspruche in St Ga-
ller Paltmpsestcodex 908 [SAW 2254] (Wien 1948)
Estudios R MEISTER y L KERSTAN, Dte Orakelspruche tn St
Galler Paltmpsestcodex 908 Erlauterungen [SAW 225,5] (Wien
1951) , E SCHOENBAUER, Dte Sorte Sangallenses ais Erkenntntsque-
lle des romtschen und germanischen Rechts AAWW 90(1953)23 34
II. Escritores de la península Ibérica
La península Ibérica, integrada profundamente en la
Romanttas, participa en las corrientes intelectuales y en las
controversias que agitan la Iglesia del siglo IV, y sabe tam-
Avtto de Braga
673
bién afrontar problemas propios como el pnscihanismo
(c2)
La organización de este volumen ha aconsejado enco-
mendar al capítulo sobre la controversia amana (c 2) las
noticias sobre algunos importantes protagonistas de la
misma Osio, Potamio, Gregorio de Elvira y Paciano, de
los que el primero es, sin duda, una de sus primeras figu-
ras Gregorio de Elvira, desafortunado por mucho tiempo
en la transmisión de su patrimonio literario, es hoy uno de
los escritores ibéricos mejor conocidos antes de Isidoro
La presencia de la península Ibérica en el capítulo so-
bre la poesía cristiana es mentó, ante todo, de Prudencio,
sin olvidar a Juvenco (c 5) El primero, con su estro a la
vez clasico y cristiano, infunde nueva vitalidad al lirismo
latino, en vías de agotamiento Orosio se coloca clara-
mente en la órbita de San Agustín, del que se muestra
admirador incondicional y discípulo atento (c 7) Quedan,
pues, autores o de dudoso origen o de menor estatura, que
merecen, no obstante, figurar entre los representantes de
la Iglesia ibérica del siglo IV y, sobre todo, del V Avito de
Braga, Baquiano, Caladlo, Consencio, Pastor, Severo de
Mallorca, Siagrio, y Valeriano de Calahorra
AVITO DE BRAGA
Sacerdote de Braga y residente en Jerusalen desde el
409 Aquí pide a su amigo el sacerdote Luciano que narre
por escrito la invención de las reliquias de San Esteban,
descubiertas por el en Kafar-Gamala, al norte de Jerusalén,
gracias a una visión (hacia el 415 ó 416) Avito tradujo al
latín el texto griego de esta Epístola de tnventtone corports
S Stepham martyrts (PL 41,805) y la envío el 416, con reli-
quias del santo y una carta dedicatoria, a Palcomio, obispo
de Braga, por medio de Orosio de Braga La carta des-
pierta las sospechas del Decreto Gelastano Las reliquias
nunca llegaron a su destino, sino que quedaron repartidas
entre Menorca y Uzala (Africa) Agustín nos informa del
creciente culto que se le dedica en Africa (Serm 316-324,
De av. Dei XXII 8)
Avito participó con Orosio en Jerusalén en los debates
con el obispo Juan acerca del pelagianismo (25 de julio del
415) y es con probabilidad el mismo Avito que mantiene
674
Escritores de las Gaitas y de la Península Ibérica
correspondencia con Jerónimo (Ep 79, 106 y 124) desde
Constantinopla Debió de morir después del 418
Edtcton (CPL 575) PL 41,805 808, E Vanderlinden REB
4(1946) 178-217 (p 181 183 manuscritos, p 188-189 epistula
Avttt, p 190-216 traducción latina de Luciano), cf BHL 7850
7856
Estudios B ALTANER, Atttus pon Braga ZKG 60(1942)456
468 (= TU 83,450-466, fundamental), J Martin, «Retelam
S Stephant» HJG 77(1958)419-433, L Domínguez del Val
DHEE I 154
B AQU 1 AR1 0
Monje que vivió en Galicia a fines del siglo IV y princi-
pios del V Genadio (De vtr til 24) lo llama vtr christtanae
phtlosophtae nudus et expeditas vacare deo disponens y refiere
que se traslado a Roma para dar respuesta con su De fide a
las calumnias de sus detractores Sena, acaso, mas exacto
suponer que Baquiano fue condenado con los suyos por
algunos obispos de la Betica, no por su doctrina, sino por
la mala fama de su provincia de origen, Galicia, centro
pnscihanista, y que en Roma fue invitado por Inocencio I
a exponer su doctrina para permitir a la autoridad eclesiás-
tica pronunciarse, con conocimiento de causa, sobre el
asunto Esta fue la ocasión de la composición de su De fide.
Absuelto, Baquiano volvió a España Hubo de huir ocho
años más tarde, empujado, al parecer, por las invasiones de
los vándalos Contra el parecer común de los autores, que
colocan su actividad entre el 400 y el 420, A Lapótre,
seguido por J Duhr, propusieron datar el De fide hacia el
384, tesis que no ha tenido aceptación Según A Mundo,
Baquiano volvió a España y falleció hacia el 425 (sobre su
nombre cf A Mundo, Estudts 299-300)
Según A Mundo, las obras de Baquiano fueron publi-
cadas en el siguiente orden las dos epistulae son de finales
del siglo IV, el De lapso, hacia el 410, y el De fide, hacia el
415 (Estudts 249)
1 La Epistula ad lanuariurn de reparatione lapsi, o
simplemente el De lapso, recordado por Genadio, es cier-
tamente auténtica Esta dedicada a un monje diácono que
había fornicado con una virgen consagrada, es un impor-
tante documento para la historia del monacato en España
Baquiano
675
Fue publicada primero por Grynaeus de un manuscrito
desconocido, luego, con mas esmero, por Flonus, utili-
zando un manuscrito de Bobbio (Ambros cod. O 218 sup )
y el Vat 3834, edición recogida por Flórez y Gallandi, y de
donde pasó a PL 20,1237-1262
2 Del Libellus de fide existen dos recensiones La
primera fue publicada por Muratori de un manuscrito de
Bobbio (Ambros O 212 sup ) en 1696, y con más esmero
por Flonus en 1748 J Madoz ha señalado la importancia
de otra recensión que se lee en un excelente manuscrito
de Ripoll 151, y ha publicado este texto, que es original
según M Cappuyns, mientras que, según A Mundo, sería
una corrección de Genadio (Estudts p 284-292) Muraton
calificaba el tratado de elegantisstmum opusculum praecla-
rtssimum de fide documentum Baquiano depende de la Apo-
logía de Rufino hasta el plagio El De fide ejerció influjo
duradero en la Edad Media y fue ampliamente utilizado por
la Confessto fidei, del Pseudo-Alcuino (Juan de Fécamp)
Baquiano expone su doctrina sobre la Trinidad, la encar-
nación, la resurrección de la carne, el origen del alma, la
naturaleza del hombre, la naturaleza y origen del demonio,
el ayuno, el canon de las Escrituras y el uso de los apócri-
fos Culto y erudito, Baquiano conoce bien la Biblia,
fuente de la perfección, pero exagera en el uso de la alego-
ría Su afición por el orfismo y la astrología es desconcer-
tante El autor condena a Helvidio, pero nunca menciona a
Orígenes y Pnscihano, aunque sostiene posiciones cerca-
nas a las de estos autores Algunas expresiones de su es-
crito recuerdan a Pnscihano y Rufino, y también a Fírmico
Materno, Jerónimo y Agustín El De fide, y aún más el De
lapso, fueron frecuentemente utilizados y citados durante
la Edad Media (para el De lapso, cf A Mundo [Prolegomena
p 60-75] y S González)
3 Otros escritos — Con buenas razones, G Morin atri-
buye a Baquiano dos cartas del manuscrito Sankt Gall 190,
escritas en España a principios del siglo V por una virgen a
otra Baquiano habría podido intervenir como secretario
de la autora En la carta, en efecto, se advierte su estilo,
entretejido de reminiscencias bíblicas, y la influencia ascé-
tica de los círculos pnscihanistas (G MOR1N RB
40[1928]293-310 = PLS I 1035-1044) La atribución de
Morin ha sido aceptada por A Mundo (Prolegomena p 30-
34), y con reservas por B Fischer (VT p.166) Se ha que-
rido identificar en Baquiano al Peregrinus eptscopus editor
676
Escritores de las Gaitas y de la Península Ibérica
de los Cañones eptstularum Pauh apostoh de Prtsahano
(Schepss, Berger), hipótesis difícilmente sostenible según
D de Bruyne, pero no imposible en sentir de A Lamben
Cf A MUNDO, Prolegomena p 13-14
Ediciones (CPL 558-570) De ftde PL 20,1019-1036 (1 a re-
dacción), J Madoz RET 1(1941)457-488 (2 d redacción) Epi-
stula ad lanuarium PL 20, 103^-1062 Eptstulae dúo G MORIN
RB 40(1928)289-310, PLS 1,1035-1044
Estudios T Ayuso MARA/UELA, La Vetus Latina Hispana I
(Madrid 1953) p 48M88, A M Mundo, Estudis sobre el «De fide»
deBaqiano SM 7(1965)249-256, S BFRGER, Histoire de la Vu Igate
(París 1893), A LAPOTRE, La 'Cena Cyprtant» et set enigma
RSR 3(1912)497-596, G Morin, Pages medites de l'ecrtvatn es-
pagnol Bachianus BALAC 4(1914)117-126, D de Bruyne,
Eludes sur les origines de la Vulgate en Espagne RB
31(1914-1919)373-401, H MacInerny, St Mochta and Bachia-
rius (Dublin 1923), J DUHR, Le «De fide» de Bachiarius RHE
24(1928) 5-40 301-331 J Bover, Baihtanus Peregnnus EE 7
(1928)361-365, A Lambert, Bachiarius DHG VK193D58-68
(excelente), J PEREZ DE URBEL, Los monjes españoles de la Edad
Media KMadnd 1933)p 105-114, J A DE Aldama, Baquiano y
Rufino Greg 15(1934)589-598, ID , El símbolo Toledano (Roma
1934), J DUHR, A propos du «de Ftde» de Bachiarius RHE
30(1934)85-95, ID , Apercus sur l'Espagne chrétienne du IV\ ou le
de lapso de Bachiarius (Louvain 1934), ID , Bachiarius DSp
1(1935)1187-88, F Cavallera, Le «de Fide» de Bachiarius BLE
39(1938)88-97, J Madoz, Una nueva redacción del «Ltbellus de
fide» de Baquiano RET 1(1941)457-488, lD , Un decenio de estu-
dios patrísticos en España RET 1(1941)919-962, Id , La nueva re-
dacción del «Ltbellus de fide» de Baquiano utilizada en la «Confessio
fidei» del Ps—Alcuino EE 17(1943)201-21 1 (Cf RHE
38[ 1942)255-256, M Cappuyns BTAM 5[ 1945)N 620), A C
Lawson, The Shrewíbury \ís of Cyprian and Bachiarius JThS
44(1943)56-68, S GONZALEZ, La disciplina penitencial de la Igle-
sia española en el siglo IV RET 1(1941)339 369 (esp p 353-360),
Id, La penitencia en la primitiva Iglesia española (Salamanca
1950), ID, Un eco de los Padres españoles en el siglo XI EE
18(1944)361,373 (Decreto de Burcardo de Worms), J MADOZ,
Segundo decenio de estudios sobre patrística española [Estudios
Onienses 15] (Madrid 1951) p 74-88, J DUHR, Une lettre de con-
doléance de Bachiarius (?) RHE 47(1952)530-585 (Ep ad Tura-
sium), M MART1NS, Correntes da filosofía religiosa em Braga dos s'ec
IV a Vil (Porto 1950), A MUNDO, Prolegomena in Bachiaru editto-
nem criticam (Roma 1950) (Diss P Univ Greg ), ID , Preparando
la edición crítua de Baquiano Bracara Augusta 8(1957)88-9 7
F X MuRPHY, A Prosopography of Bachiarius Folia 5(1951)24-29,
Consencio
Gil
ahora en Leaders of Iberean Chnsttanity, ed J M Manque (Ja-
maica Plain [Boston] 1962) p 121-126 M SlMONETTl, Note rufi-
niane RCCM 2(1960)140-152, A M MUNDO, Estudis sobre el
«De fide» de Baquiari SM 7(1965)247-303 (autenticidad, ma-
nuscritos, transmisión de los textos, ediciones)
C ALC I D I U S
Calcidius (mejor que Chaladtus) tradujo y comentó el
Ttmeo, de Platón (hasta 53c), utilizando sus predecesores
griegos, en especial Posidonio y Adrasto de Afrodisia El
carácter cristiano del comentario se echa de ver en el re-
curso a las Escrituras y en la utilización de las Héxaplas de
Orígenes El comentario refleja las inquietudes filosóficas
de ciertos escritores latinos del siglo iv
Nada sabemos seguro sobre su autor Los manuscritos
afirman que fue diácono e incluso archidiácono La carta
dedicatoria esta dirigida a un cierto Osio, que no es proba-
ble que sea el conocido obispo de Córdoba (Waszink).
Nada hace pensar que escriba en España Según Waszink,
cuyos estudios han provocado un renovado interés por el
autor y su obra, Calcidius escribe a fines del siglo IV, o
mejor, hacia el 400 El comentario fue muy leído en la
Edad Media, incluso con comentarios del comentario
(Waszink, Nachtrag p 242-243), y gracias a él Platón
penetró en la tradición escolástica
Ediciones A GlUSTINlANI (París 1520) (editto princeps), J
WROBEL (Leipzig 1876), la mejor es de J H WASZINK-P J
HENSEN [Plato latinus IV] (Leiden 1961) La Epistula ad Ossium
en PLS I 196-197
Estudios D TAMIL1A, De Chalada aetate SIF 8( 1900)79-80,
B W SwiTALSKI, Des Chaladtus Kommentar zu Platos Timaeus
(Munster 1902), A C VEGA, Caladlo, escritor platónico español del
siglo iv CD 152(1936)145-164, 154(1943)219-241, J C van
WlNDEN, Calcidtus on matter His doctrine and sources (Leiden
1959), J H WASZINK, Studien zu Timaeoskommentar (Leiden
1964)
C0NSENC10
Consencio, contemporáneo de San Agustín y lector de
sus obras, figura como destinatario de algunas cartas del
678 Escritores de las Gallas y de la Península Ibérica
Obispo de Hipona (Ep 120 y 205) Como dice vivir en
ambiente prisalianista, y, por tanto, en España, y en una
isla (Ep 119,6 PL 32,451), se supone que residía en las
Baleares Del tratamiento que le reserva Agustín,
G Combés (BA 2,552) deduce que fue sacerdote y luego
obispo Consencio era persona sincera y amante de la ver-
dad, mas no siempre su ingenio lograba comprender el
pensamiento de Agustín Este alaba su elocuencia, su inte-
rés — por ello lo invita a no interrumpir la correspondencia
(Ep 205,6,11) — y su conocimiento de la Biblia, mas entre
líneas se advierte una cierta ironía sobre algunas peregrinas
opiniones del discípulo, lo invita por ello a venir a Hipona
para discutir juntos los pasajes difíciles de sus escritos
(Ep 120,1), mas, cuando Consencio llegó, el obispo se en-
contraba convaleciente en una villa
Agustín había escrito a Consencio ya antes del 410
(Ep. 120,1), y la correspondencia se mantiene aun después,
aunque sólo han llegado dos cartas de Agustín (Ep 120 y
205), el 420 le envía el Contra mendacium en respuesta a
un opúsculo del pnscihanista Dictinio, que justificaba la
mentira apoyándose en la Escritura, Consencio había en-
viado el opúsculo a Agustín, solicitando una respuesta y
preguntando, asimismo, si no sería lícito hacerse pasar por
priscilianista para conocer a los adeptos y las doctrinas secre-
tas de la secta, propuesta que Agustín netamente descarta
Ademas de las cartas a Agustín, Consencio es autor de
vanos opúsculos, que somete al juicio del Obispo de Hi-
pona (Ep. 1 19,6 PL 33,552) De toda su producción queda
sólo la ep 119, a Agustín, publicada en el epistolario de
éste, en que le somete algunas dificultades acerca de la
Trinidad y de las dos naturalezas en Cristo
Ediciones (CPL 797 262 373) PL 33,449-462 Cf ediciones y
traducciones del epistolario de San Agustín
Estudios E BlRKERSTETH Birks DCB I 622, G COMBES BA
2,551-552, G Seguí Vidal, La carta-encíclica del obispo Severo
(Roma-Palma de Mallorca 1937) p 108 112, U DOMINGUEZ DEL
Val DHEE I 608 609
ETERIA (EGERIA)
Etena es un personaje que no se deja fácilmente en-
cuadrar, es una dama culta vinculada a una comunidad que
Etena
679
semejaba mas un beaterío que un monasterio. En un cata-
logo de San Marcial de Limoges, del siglo Xiu, figura como
abadesa, noticia que apenas merece crédito por demasiado
tardía El primer editor de su escrito lo publicó con el
nombre de Silvia, que Geyer mantuvo, luego Ferotin la
rebautizó Etena, que es con Egena, el nombre general-
mente adoptado (A Lambert, O Pnnz) Su primer editor
la hace proceder de las Gallas, mas hoy tienden a creerla
originaria de Galicia cuantos no se dejan impresionar por
la comparación que Etena establece entre el Eufrates y el
Ródano La fecha de su viaje ha sufrido también bastantes
cambios E Dekkers la rebajaba hasta el 415-418, y Lam-
bert se le acercaba con la fecha 414-416 J Campos la an-
ticipa al 380 La comparación minuciosa entre la cuaren-
tena de Pascua y la festividad de los Inocentes ha permi-
tido a P Devos fijar con precisión el año 383, y de colo-
car, por tanto, el viaje por Palestina entre las fiestas pas-
cuales de los años 381 y 384, y, poco después, el viaje a
Mesopotamia
«Itinerarium» o «Peregrinado ad loca sancta»
El 1884, el italiano G F Gamurnni encontró en el
manuscrito VI 3 del siglo IX, de la Cofradía de Santa María
de Arezzo, entre el De mystems et bymnis, de Hilario de
Poitiers, y un De loas sanctis, de Paulo Diácono, una. Sanc-
tae Silviae aquitaniae peregrinado ad loca sancta, y la publicó
con los otros textos en 1887 La autora envía desde Cons-
tantinopla (23,10) a sus «hermanas» en la patria una minu-
ciosa descripción en forma de carta de su viaje por Egipto,
Palestina y Mesopotamia El manuscrito procedente de
Montecasino esta incompleto al principio y al fin y pre-
senta algunas lagunas
Etena, poco sensible a las bellezas naturales, concentra
toda su curiosidad en las cosas religiosas, los recuerdos bí-
blicos y las celebraciones litúrgicas. En la forma en que el
diario se presenta, el Itinerarium supera a obras similares
como documento desde el punto de vista lingüístico, topo-
gráfico, geográfico, litúrgico y eclesiasnco Las noticias que
ofrece sobre los santuarios y la liturgia de Jerusalén, sobre
la organización de la vida monástica y la jerarquía, son de
un valor inestimable
Cabe distinguir cuatro viajes el primero, que es ín-
680 Escritores de las Gaitas y de la Península Ibérica
completo al principio, comienza a los pies del Sinai y con-
duce hasta Jerusalen, atravesando el mar Rojo y la tierra
de Gessen (1-9), el segundo lleva al monte Nebo (10-12),
el tercero es una peregrinación por Idumea, la tierra de
Jacob (13-15), el cuarto se desarrolla por Mesopotamia e
incluye la vuelta a Constantinopla, pasando por Tarso, Se-
leucia y Calcedonia (16-23) A lo largo del viaje, Etena
utiliza una Biblia en la versión Vetus latina y el Onomasttcon
de Eusebio en traducción de Jerónimo (J Ziegler)
La autora se sirve de la lengua hablada de su tiempo,
embellecida con reminiscencias escolares y literarias, una
lengua, pues, moderna y viva, capaz de acoger palabras
nuevas o de asignarles un sentido nuevo Son frecuentes
los grecismos (C Milani), términos griegos transcritos en
latín o romanizados, tanto cristianos como profanos, clises
morfológicos, sintácticos y semánticos Es una lengua que
depende ya de los autores latinos cristianos
El Itinerartum nos describe las iglesias de Jerusalen y
de sus alrededores (el Santo Sepulcro, Sion, el monte de
los Olivos, Belén, Betania), nos informa sobre el ciclo del
año litúrgico y sus fiestas, y en particular sobre el ciclo
pascual, sobre la organización litúrgica de la /ornada y del
oficio divino, sobre el rezo de los salmos, la disciplina del
ayuno y la catequesis de los catecúmenos Etena facilita
también valiosa información acerca de la organización ecle-
siástica el obispo es, por lo general, un anciano monje, los
presbíteros celebran la eucaristía en ausencia del obispo
(4,8), habla también de los diáconos y de los clérigos
En todos sus viajes, Etena encuentra monjes en el Si-
nai, en Egipto, en Siria, en Mesopotamia Algunos la
acompañan con una escolta oficial Los monasterios son
eremitorios, agrupados, por lo general, en torno a una
iglesia, en la que oficia un sacerdote (3,4) En Jerusalen
habla de monjes (monazontes) y vírgenes (parthenae) (24,1)
Todas estas informaciones ilustran la vida litúrgica y mo-
nástica de finales del siglo IV y hacen del Ittnerartum un
documento único en su genero
Ediciones G F GAMURRINI, S Hilam et S Silvtae «Peregri-
nado ad loca sancta» (Roma 1887) (ed princeps), ID Studi e do-
cumenti di stona e dintto 9(1888)97-174 (con correcciones), P
Geyer, CSEL 39 (1898) 35-101 (= PLSI 1045-1092), E A Bech
TEL, S Silvtae «Peregri natío» The Text and a Study of ¡he Latt-
mty (Chicago 1907), D DE Bruyne RB 26(1909)481 484 (Ex-
cerpta Matrttensia), W HERAEUS [Sammlung vulgarlateinischer
Etena
681
Texte 1] (Heidelber 1908, 4 1939), O Prinz ibid , 1960, E
FRANCESCHINI (Padova 1940), E Franceschini y R Weber
CCL 175(1958)29-103 (índices en CCL 176, la mejor ed )
Traducciones Alemanas H RlCHTER (Essen 1919), H Dau
SEND (Dusseldorf 1933), K VRESTKA (Klosterneuburg
1958) — Españolas P Romero Galindo (Zaragoza 1924), B
AVILA (Madrid 1935), J MONTEVERDE (Buenos Aires 1955),
VJ Herrero Llórente (Madrid 1963) — Francesa H Petre
SCh 21 (1948, 2 1957) (con texto) —Griega K KoiKULIDES Nea
Sion 7(1908)— Inglesas J H BERNARD (London 1891) (con
texto), M L McCLURE y C L FELTOE (London 1919), G E
GiNGRAS ACW 38 (1970), J Wilkinson (London 1971)— Ita-
lianas G MARIONI (Milano 1890), C Di ZOPPOLA (Alba
1966) —Polaca W Szoldrski (Warszawa 1970) —Portuguesa
M da Gloria Novak (Petropohs 1971)— Rusa J Pomja
LOVSKl y M CHOLODNIAK (St Petersburg 1889) (con texto)
Bibliografía En A Bludau, Dte Pilgerretse der Aetheria (Pader-
born 1927), DACL V(1930)552 584 y CCL 175,31-34, y ademas
C BARAUT, Bibliografía Egertana Híspanla sacra 7( 1954)203 2 1 5
yM Starow/ieyski, Bibliografía Egeriana Aug 19( 19^9)297 318
Estudios Antes de 1954 señalamos solo A Bludau, cit , y
E LOFSTEDT, Phtlo/ogiuher Komtnentar zu «Peregri natío Aethertae»
(Uppsala 1936) Desde 1954 A ERNOUT, Aspects du vocabulaire
latín (París 1954) p 199-219, R WEBER, Note sur «Itinerartum
Egeriae»28,4 VC 12( 1958)93-97, J G Davies, The «Peregnna-
tw Egertae» and the «Ascensión», VC 8(1954)93 100, R Ambro
S1NI, // tipo sintagmático «in eo loco» e questioni di principio nello
studio della «Peregrinado Aethertae» Annah della Se norm sup di
Pisa, ser 2 24(1955)97 109, A Pagliaro, Da musa est a musa,
RAL ser 8 10(1955)104 135, E WiSTRAND, Textknttsches zur
«Peregrinatto Aetheriae» (Goteborg 1955) (= Opuscula selecta
(Stockholm 1972] p 263-287), A COPPO, Una nuova ipotesi
sull'origine di «mtssa» EL 71(1957)225 267, R Nicolella, A
proposito della «Peregrmatio Aethertae» Asprenas 5(1958)
187 193 O PRINZ, Bemerkungen zu einer neue Ausgabe des «Iti
neranum Egertae» ALMA 30(1960)143-153, J Mateos, La vi
gile cathedrale chez Egerie OChP 27(1961)281-312, A A R Bas
T1AENSEN, Observations sur le vocabulaire liturgtque dans ¡'«Itinera-
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sur le vocabulaire du «Pelertnage» chez Egerie et chez Antonin de
Platsance (Nijmegen 1965), P Devos, ha date du voyage d'Egerie
AB 85(1967)165-194, ID , Egerte a Edesse ibid , 85(1967)
381 400 D SWANSON, A Formal Analysts of Egena's-Syl-
tta's Voiabulary Glotta 44(1967)177 254 J CAMPOS, Sobre un
documento hispano del Bajo Imperio la «Peregrinatto Egertae» Hel-
mannea 18(1967)273-289, P Devos, Egerte a Bethleem AB
Patrología 3
23
682 Escritores de las Gaitas y de la Península Ibérica
86(1968)87-108, B BAGATTI Ancora sulla data dt Eterta Bibbia
e Oriente 10(1968)73 7 5, C MlLANl, I grecismi nell «Itinerartum
Egertae» Aevum 43(1969)200 234, ID , Studi sull' «Itinerartum
Egertae» L'aspetto classtco della lingua di Egeria ibid ,
43(1969)381 452 S G NlCHOLS, The lnteraction of Life and Lt-
terature in the «Peregrinationes ad loca sancta» and the «Chansons
de Geste» Speculum 44( 1969)3 88 E Bechara A carta de Vale-
rio sobre Eterta Romanitas 6 7(1965)331 337 E DOBLHOFER,
Drei spatantike Reiseschilderungen en Festschrift Vrestka (Heidel-
berg 1970) p 1 22 G E GlNGRAS, Et fu missa ad tertia en Eest-
sihriftj Quasten (Munster 1970) II p 596 603 F Mían, Caput
vallts ad Sinai in Etena Studn Biblia Franciscani Líber Annuus
20(1970)209 223, P DEVOS, «Lecto ergo ipso loco» A propos dun
passage dEgerie ( Itin 3 6) en Zetesis Album E de Strycker (Ant-
werpen 1973) p 646 654, L C Meijer, Some Remarks on Itinera-
rtum Egertae 28 4 VC 28(1974)50 53 K A D Smelik, Ali-
quanta tpstus sancti Thomae VC 28(1974)290 294 Ch MOHR
MANN, Egerie et le monathisme en Corona gratiarum Miscellanea
E Dekkers (Bruges 1975) I p 163-180 G Saunders Egene St Je-
rome et la Btble íbid , p 181 199 J Braga Martino, De qutbus-
dam lineamentts syntaxts verbalts tn «Peregrmatione Aetheriae»
Romanitas 12 13(1974)408 417 B SEGURA RAMOS, La flexión
nominal y verbal en la «Peregrinatto Egertae» Cuadernos de filólo
gia clasica 8(1975)285 301 I Mazzini, Tendenze letterarie nella
«Peregrtnatto» di Egerta Luso del diminttuvo Prometheus
2(1976)267-280 A SZANTYR, Occupo Museum Helveticum
33(1976)101 104, M González Haba, El «Itinerartum Ege-
rtae» un testimonio de la corriente cristiana de oposición a la cultura
clasica Estudios clasicos 20(1976)123 131
OLIMPIO
Olympus, obispo español del siglo IV, autor de un Líber
fidei adversus eos qui naturam et non arbitnum tn culpam
vocant, según refiere Genadio (De vtr til 23) Agustín lo
llama vir magnus in Ecclesta et tn Chnsti gloria (C Jul 1,6) y
cita su sermo ecclestasttcus (PL 44,644-645)
PASTOR
Genadio menciona «un obispo Pastor que compuso un
breve escrito en forma de símbolo, que compendia en po-
cas sentencias toda la fe de la Iglesia Anatematiza otras
opiniones perversas, sin mención de sus autores, con ex-
cepción de los priscilianistas, que condena, designándolos
Severo de Menorca
683
con el nombre de su jefe» (De vtr ill 76) No hay razón
para no identificar este Pastor con el obispo ordenado en
Lugo junto con Siagno, según refiere Hidacio en snCbron
al ano 433 Fue obispo de Palencia (Gams) y muño prisio-
nero en Orleans el 457
Todos los historiadores están de acuerdo en identificar
el símbolo de Pastor con el ltbellus tn modum symbolt, pu-
blicado por Labbe (Conc II 1227-1228), que coincide exac-
tamente con la descripción de Genadio El escrito amplia
el símbolo del primer concilio de Toledo del 400
(PL 39,2191)
Es mas difícil de decidir la relación entre el Ltbellus y el
concilio de Toledo del 447, concilio que probablemente
jamas fue celebrado, a pesar de lo que sostiene J de Al-
dama (Morin, Kunstle) C García Goldaraz piensa que el
sínodo convocado por la carta de León I (Ep 15,17) se ce-
lebro en Aquae Caelenae, hoy Orense (Galicia)
El Ltbellus es el primer testimonio del Fthoque y pro-
fesa con gran nitidez la distinción de las tres personas divi-
nas en la Trinidad
Ediciones PL 84,333 334 K Kunstle, A nttprisctlliana (Frei-
burg 1905) p 43 45, J A DE ALDAMA, El símbolo Toledano I
(Roma 1934) p 29 37 (la mejor edición, con manuscritos), C
García Goldaraz, El códice Lúceme (Roma 1954) p 431-434
(con una excelente discusión del estado de la cuestión en
p434 n8)
SEVERO DE MENORCA
Con el nombre de Severo, obispo de Menorca, nos ha
llegado una extensa carta circular que informa sobre los
sucesos que acompañaron la llegada a la isla de las reliquias
de San Esteban que Orosio llevaba a España En efecto, el
415 un sacerdote de nombre Luciano había hallado en las
cercanías de Jerusalen las reliquias del protomartir, in-
formo a Avito de su descubrimiento, y este las encomendó
a Orosio para llevarlas a España Durante el viaje, el presby-
ter — la carta no dice su nombre — llega a Magona (hoy
Mahon), en Menorca, la comunidad cristiana se entusiasma
ante la presencia de las reliquias de San Esteban y solicita
la conversión de los judíos de la isla Se determina celebrar
una discusión publica con Teodoro, el jefe de la comuni-
dad judia de Menorca, y, en vista de ella, Severo compone
684 Escritores de las Gahas y de la Península Ibérica
un commonitorium La carta, amén de ofrecer valiosas in-
formaciones sobre la isla y sus habitantes, describe los de-
bates entre judíos y cristianos, narra episodios provocados
por tales debates, celebra los prodigios realizados por las
reliquias y cuenta la conversión de 540 judíos
Esta Epistula ad omnem Ecclestam, sin duda auténtica, es
citada por un documento contemporáneo de origen afri-
cano, el De miracuhs S Stephani 2 (PL 41,855) Seguí Vi-
dal ha propuesto identificar un De altercatione Ecclesiae et
synagogae, conservado entre las obras de Agustín, con el
commonitortum — del que, por lo demás, nada se sabe — ,
que compuso Severo en orden al debate de que se ha ha-
blado Díaz y Díaz niega la identidad de autor para la carta
y la altercatto, y, por tanto, la identificación de ésta con el
commonttorium, mas advierte una cierta relación de depen-
dencia de la carta respecto de la altercatto. En ésta, la Igle-
sia (personificada en una virgen) y la Sinagoga (simbolizada
por una viuda) interpretan los pasajes de la Biblia aducidos
por lo común en las discusiones entre judíos y cristianos
La conclusión es, obviamente, la rendición de la Sinagoga a
la Iglesia, como en la carta era la conversión de 540 judíos
Los motivos de fondo de ambos escritos son idénticos y
documentan las relaciones entre judíos y cristianos en la
antigüedad tardía y los debates y posturas culturales de
ambas partes
Ediciones (CPL 576-577) Epistula PL 20,731-746, 41,821-
832, G SEGUI Vidal, La carta-encichca del obispo Severo (Roma-
Palma de Mallorca 1937) p 149-185 (cf B Altaner ThR
38[1939]64s, M Alamo RHE 36[1940] 176s) De altercatione.
PL 42, 1131-1 140, G Seguí Vidal, o c , p 187-202, Id y J Hill-
GARTH, La «Altercatto» y la basílica paleotrtstiana de Son Bou, de
Menorca (Palma de Mallorca 1955) (extracto del Boletín de la So-
ciedad Arqueológica Luhana 3 1[ 1954]
Estudios G MORIN, Deux écrits inedits de pol'emique antique de
la seconde moitie du 7V C siecle d'apres le cod Casin 247 RHE
1( 1900)267-273, M ROTGER, Orígenes del cristianismo en la isla de
Menorca (Palma de Mallorca 1900), J PEREZ DE URBEL, Los monjes
españoles de la Edad Media I (Madrid 1933) p 101-104, G SEGUI
Vidal, o c , B Altaner, Avitus von Braga ZKG
60(1941)45 468 (= TU 83,450-456), B Blumenkranz, Les
auteurs tbretiens du Woyen Age sur les juifs et le judaisme Revue des
etudes ]uives 11(1951-52)5-61, ID , Die Judenpredigt Augustins
(París 2 1973) p 55 (la Altercatio compuesta entre 438-4 7 6),
A OEPKE, Ein bisher unbeaihteter Zitat aus demfunften Buche Esra
Siagrto
685
ZNW 42(1949)158-172 (Sobre la Altenatio p 161-165 y cf
B Botte BTAM VI n 1670), M C Diazy Díaz, De patrutua es-
pañola RET 17(1957)3-46 (sobre la Altercatto p 3-13), F Marti
DHEE IV 2445-2446 (A Di Berardino)
SI AGRIO
Obispo español de mediados del siglo V, del que Gena-
dio (De vtr til. 65) conoce un tratado De fide y siete libros
De fide et regula fidei; éstos, según Genadio, de dudosa au-
tenticidad por la diversidad de estilo Probablemente es el
mismo personaje que Hidacio en su Chron al año 433
menciona junto con Pastor como obispos ordenados con-
tra la voluntad de Agrestio, obispo de Lugo
En 1893, la perspicacia de G Monn identificó como
obra de Siagrio las Regulae definittonum contra haerettcos, de
las que A Mai había publicado un fragmento (PL 13,639-
642) La edición completa se debe a K Kunstle. En el
mismo manuscrito de Reims 295 se leen a continuación
siete textos breves, que no cabe confundir con los siete
libros que Genadio menciona, son sólo una Exbortatto ft-
det, falsamente atribuida a San Ambrosio (PLS I 606-611),
y seis sermones pseudoagustinianos (PL 39,1909-2 188)
Genadio resume el contenido del De fide en estos
términos «El autor muestra que el Padre puede ser lla-
mado ingénito, aunque la Escritura nunca emplee tal tér-
mino, y que engendró, no creó, un Hijo personalmente
distinto, y que profirió (protulisse) de su substancia al Espí-
ritu Santo, personalmente distinto, ni creado ni engen-
drado» dbid , 65)
Edición: K Kunstle, Antiprisalliana (Freiburg 1905)
p 142-159 (= PLS III 132-140), "fragmento en PL 13,639
Estudios G Morin, Pastor et Syagnus RB 10(1893)390-
394, K Kunstle, Anttprtsctlltana p 126-141, E Amann, art
Syagnus DTC XIV 2875-2876
686 Escritores de las G alias y de la Península Ibérica
TORIBIO
Tur(r)ibius, natural de Galicia, realizó numerosos via-
jes antes de ser nombrado, de vuelta a su patria, obispo de
Astorga a mediados del siglo V (BRAULIO, EpAA). Se
opuso netamente al priscilianismo en carta dirigida a dos
obispos de Galicia, Idacio y Ceponius: De non recipiendis in
auctoritatem fidei apocryphis scripturis et de secta Priscillianis-
tarum (PL 44,693-695, ed. Ballerini). Escribió al papa
León I, que le responde con una carta (Ep. 15), cuya auten-
ticidad K. Künstle pone en duda sin motivo (Antipriscil-
liana p.124).
Estudios: M. MENÉNDEZ Y PELAYO, Historia de los heterodoxos
españoles (Madrid 1917) II p.102-103; P. Batiffol, art. Turribius:
DTC IX 240-241; B. DE GAIFFIER, Vie et mirables de T.: AB
59(1941)34-64.
VALERIANO DE CALAHORRA
G. Morin publicó en 1898 (París Jat. 2076) una breví-
sima fórmula de fe que la inscriptio atribuye a un cierto
Valeriano, que no logró identificar. Algunos copistas me-
dievales españoles del De vir. ¿II., de Jerónimo, añaden dos
viri inlustres de Calahorra, a saber, Valeriano y Prudencio
(ed. Richardson, n. 136 y 137 p.56), que pasaron a varios
manuscritos de la obra de Jerónimo (cf. PLS II 26 y
M. ALAMO: RHE 35[1939]753). Valeriano, llamado Cala-
gurritanae urbis episcopus, es tenido por disertissimus y escri-
tor. También Prudencio, en el poema XI del Peristephanon,
en honor de San Hipólito, menciona un Valeriano, muy
estimado por el poeta, y que es, ciertamente, su obispo
(es llamado optime papa: v. 127), pues se considera una de sus
ovejas. Parece, pues, indicado identificar el Valeriano de la
inscriptio con el obispo de Calahorra de principios del si-
glo V. Nada más se sabe de él.
Ediciones (CPL 558a): G. MORIN, La «Vides sancti Valeriani»
du ms. Paris lat.2076. Notes d'ancienne litt'erature chrétienne: RB
15(1898)102-103 (Cf. ID., Études, textes, découvertes [Paris 1913]
p.38); PLS I 1045.
Estudios: A. FEDER, Studien zum Schriftstellerkatalog des hl.
Hieronymus (Freiburg Br. 1927) p. 160- 161; M. ALAMO, Un texte
Valeriano de Calahorra
687
du poete Prudence «Ad Valerianum episcopum» («Perist.» hym.ll):
RHE 35(1939)750-756; J. MaDOZ, Valeriano, obispo Calagurri-
taño, escritor del siglo V: Hispania sacra 5(1950)131-137; ID., Se-
gundo decenio de estudios sobre patrística española (1941-1950) (Ma-
drid 1951) p. 63-64; Id., Valerian, bishop of Calahorra: Folia
5(1951)33-39 (= J. M. F. Marique (ed.), Leaders of Iberean
Christianity 50-650 A.D. [Jamaica Plain (Boston) 1962] p. 157-
163) (estudio completo) (A. Di BERARDINO).
Capítulo IX
ESCRITORES DE ITALIA HASTA
SAN LEON MAGNO
Por Basil Studer
I. Escritores de Italia (siglos IV-V)
FIRMICO MATERNO
La tradición manuscrita atribuye a Fírmico Materno dos
obras latinas de tema bastante dispar, pero ambas del si-
glo IV: los Matbeseos libri VIH (334-337) y el De errore profa-
narum religionum (343-347), escritos a los que se debe todo
lo que sabemos de su autor.
Fírmico Materno nació en Sicilia y vivió, por lo gene-
ral, en Siracusa. Pertenecía a una familia de rango senato-
rial, y debió por ello recibir la acostumbrada formación
retórica y filosófica; sus obras, ricas de reminiscencias di-
rectas o indirectas de la literatura antigua, son buena
prueba de la vasta cultura de su autor. Siendo aún pagano
compuso su Mathesis, que es una especie de manual de
astrología. Deudor, como es obvio, de fuentes griegas y,
sobre todo, latinas, Fírmico nos ha legado la obra que, en-
tre todas las que nos han llegado de argumento afín, más y
mejor informa acerca de las creencias y prácticas astrológi-
cas de la época. Su apología de la astrología profesa una
concepción muy elevada de la divinidad suprema, que le
viene de la tradición aristotélica, y destaca también por las
oraciones y consejos morales, que le vienen de la tradición
neoplatónica (cf. HADOT, 385 s). Su concepción de la divi-
nidad permanece, no obstante, impregnada de ideas pa-
ganas.
En su otra obra, De errore profanarum religionum, com-
puesta, sin duda, después de su conversión al cristianismo,
Fírmico combate el paganismo contemporáneo en dos de sus
formas: la divinización de los elementos y los misterios.
Hereda temas comunes a los apologistas anteriores, pero de
ellos se distingue por el tono agresivo y casi fanático de su
Fírmico Materno
689
defensa del cristianismo: tras haber demostrado la inanidad
e inmoralidad de los mitos y cultos paganos, Fírmico re-
cuerda a los emperadores (Constancio y Constante) el
grave deber de destruir sin miramientos la religión pagana.
La actitud poco tolerante de Fírmico Materno se ex-
plica, en parte, por su carácter, que defendía con el ardor
del nuevo convertido la causa cristiana cuando el cristia-
nismo se había convertido ya en causa victrix y gozaba
de la protección de los mismos emperadores (ZlEGLER,
p.949). No obstante, no se debe exagerar su incomprensión
de la libertad religiosa. Si se prescinde de su retórica
apasionada,, las arremetidas contra las divinidades pa-
ganas son relativamente moderadas; téngase además
en cuenta que su intención es no sólo denunciar los
errores paganos, sino también conducir a los no cre-
yentes a la fe (I. Opelt). A este fin su estrategia no es del
todo convincente, pues erige sus argumentaciones sobre la
autoridad de la Biblia, que, como es obvio, no era aceptada
por sus interlocutores. Su formación teológica es, en todo
caso, singularmente escasa; conoce la Biblia casi exclusi-
vamente gracias a los Testimonia, de Cipriano. Sorprende
la importancia que atribuye al artículo del descenso de
Cristo a los infiernos, descrito como una lucha de tres días
con la muerte (24,2); no menos interesantes sus informa-
ciones, sin exceptuar las de segunda mano, acerca de los
mitos, signos y consignas (symbola) de los cultos secretos
del paganismo.
G. Morin ha propuesto a Fírmico como autor de las
Consultationes Zacchaei et Apollonii, que narran la conver-
sión del segundo al cristianismo después de tres días de
discusión con el primero. La hipótesis del docto benedic-
tino fue acogida con favor por una parte de la crítica, pero
rechazada, no sin brusquedad, por Axelson. La obra parece
depender de las cartas 132 y 137 de San Agustín (P. Cour-
celle). Es ciertamente anterior al siglo VI, pues es citada
por Eugenio, obispo de Cartago desde el 483 (CPL 103).
Sea cual fuere la opinión que se adopte acerca de la data-
ción, la obra no deja de ser interesante por su contenido.
El libro primero replica a las objeciones paganas contra la
fe cristiana en materia, sobre todo, cristológica y soterioló-
gica. El segundo expone la doctrina católica sobre la Trini-
dad y el Espíritu Santo, poniendo en guardia al interlocu-
tor contra el judaismo y algunas herejías. El último libro
hace avanzar a Apolonio, ya convertido, por la senda de la
690
Escritores de Italia hasta San León Magno
doctrina cristiana El autor expone en esta parte, con clari-
dad y fervor, pero también con moderación, la doctrina,
que será clásica, sobre los dos grados de la vida cristiana, la
vida ordinaria de los humihores y la vida perfecta que per-
sigue la profesión monástica, descrita y, aun más, reco-
mendada calurosamente por el autor, que la defiende con-
tra los ataques de algunos cristianos Admite que, por des-
gracia, no siempre los monjes se muestran fieles al ideal,
mas celebra, en todo caso, la elección de este estado con
entusiasmo incondicional En la vida monástica distingue
tres grados los que se limitan a la continencia, que obser-
van viviendo en el mundo y ocupándose de sus menesteres
como los demás, los que viven en comunidad, ejercitán-
dose en la vida ascética y cantando las alabanzas divinas, y,
en fin, los que se retiran al desierto para conducir vida
solitaria dedicada enteramente a la oración y a luchar con
el demonio Con esta ocasión, el autor entona una apología
del canto de los Salmos La obra ofrece una rica documen-
tación, no suficientemente explotada por los historiadores,
sobre el monacato occidental de la primera mitad del si-
glo V
Ediciones (CPL 101-103) 1 Matheseos hbrt VIII W Kroll,
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1956) (con comentario) 3 Consultattones (cf PLS I 1095) PL
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Aponto
691
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relativamente moderada, contra las divinidades paganas), A
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uber dte ntchtchrtstltche Reltgionen tm Traktat «De errore profana-
rum reltgtonum» des lulius Ftrmtcus Maternus Diss (Bonn 1971
72)
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tnvastons germantques (París 3 1964) p 261-275 (cf RHR 146
[1954J174-193)
APONIO
Bajo el nombre de Aponio, considerado romano, acaso
de origen oriental, se ha conservado una Exposttto tn Can-
ttcum Canttcorum, compuesta, según la opinión común, en
Italia, y probablemente en Roma, entre el 410 y el 415
No falta quien la adjudicara a un autor irlandés del sirIo VP
692
Escritores de Italia hasta San León Magno
(cf CPL p43), mas la datacion anterior responde mejor
al modo como el autor combate a los herejes del siglo IV,
a su interés por la iglesia de Roma y, sobre todo, a su
silencio sobre la controversia pelagiana, a pesar de que el
argumento que trata, a saber, la Iglesia sin mancha, no lo
habría dispensado de ocuparse de ella
El autor sigue la tradición ongeniana, conoce el comen-
tario del Cantar atribuido a Hipólito Romano y expone en
los doce libros de su Explanado, escritos en lengua tosca
pero eficaz y siguiendo la Vulgata de Jerónimo, una exége-
sis cnstológica del Cantar, examinado enteramente desde
un punto de vista espiritual y de la historia de la salvación,
poniendo de relieve las relaciones entre Cristo y la Iglesia
desde los comienzos de dicha historia Bajo la evidente
influencia de la exégesis judía que le viene de Hipólito,
Aponio se interesa, asimismo, del destino del pueblo he-
breo en el designio de la Providencia divina y de la conti-
nuidad de las formas veterotestamentanas en el mundo
cristiano. Y así como los exegetas judíos descubrían en el
Cantar las vicisitudes históricas de su pueblo, Aponio des-
cubre la historia de la revelación divina desde la creación
hasta el juicio final y la conversión de Israel (XII 244 PLS
I 1023). Aponio descubre también en el Cantar la unión
entre Cristo y el alma fiel, y no es raro que en el texto
descubra, asimismo, la unión íntima por encima de toda
comparación, entre el Verbo y el alma humana de Jesús
La investigación reciente ha puesto de relieve el interés
que Aponio acuerda a la función representativa de los sa-
cerdotes y doctores (obispos y demás), y en especial del
obispo de Roma, a los que presenta como vicaru de Dios,
de Cristo o de los apóstoles Mas no menos interesante es
la orientación cnstológica de su Explanado, deudora, sin
duda, de Orígenes, que es su principal maestro de exége-
sis. Ningún otro autor de Occidente ha hablado en su
tiempo con tanta insistencia y detalle del alma humana de
Cristo (A. GRILLMEIER, p.385) Aponio, insistiendo en la
función de ésta, hace depender la obra redentora de su libre
decisión (IX 179) PLS I 96 ls) No obstante, a pesar de
hacer suya la idea origeniana de la unión perfecta entre el
Verbo y el alma de Jesús, no hace resaltar el Christus gloriae,
sino el Cristo de la cruz, pues, a su entender, esa unión
pasó a ser indisoluble en el momento de la muerte del
Crucificado (XII 242 PLS I 1020s), cuando Cristo, es decir,
su alma elegida, concedió la paz al mundo reconciliándolo
Amobló el Joven
693
con Dios (XII 236s PLS I 1015) De este modo, la cris-
tologia de Apomo, inspirada mayormente en Orígenes, pero
modelada también por las tradiciones occidentales, pre-
ludia, de algún modo, el Cur Deus homo, de Anselmo de
Canterbury (A GRILLMEIR, p 388) En su Explanado se ad-
vierte, en efecto, una cultura filosófica y teológica forjada
en la confrontación de las enseñanzas de la filosofía profana
con una exegesis de corte neoplatónico (cf P Courcelle)
El influjo de la Explanatio de Aponio no ha podido ser
muy notable La conocían, en todo caso, Gregorio Magno
y Beda, y abreviada comparece, en el siglo IX, en forma de
12 homilías (Bellet)
Ediciones (CPL 194) PLS I 800-1051 (ed G Botono y
G Martini, Roma 1845)
Estudios J WlTTE, Der Kommentar des Apomus zum Hohenliede
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praesens - Vicarius Cbrtsti» Eine kircbengeschichthche Skizze SAB
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V aterkommentare zum Hohenlted. ZKTh 70(1948)393-449, M
MACCARRONE, Vicanus Christi (Roma 1952) p 41-45, P BELLET,
La forma bomilénca del comentario de Apomo al Cantar de los Canta-
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Kmbe in den lateimschen Hoheltedkommentaren des Mittelalters
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einer Geschichte des Hoheliedauslegung des Abendlandes bis um 1200
(Wiesbaden 1958) p 51-53, N REED, Three Fragments of Livy
Concern ing Bri ta in Latomus 32( 1973)766-785 (una cita de Livio
en Apomo XII 237 PLS I 1016), B JASPERT, «Stellvertreter
Chnsti» bei Apomus, einem unbekannten «Magister» and Benedikt
von Nursia ZThK 71(1974)291-334 (Bibl ), A Grillmeier,
Chrtst in Christian Tradition (London 2 1975) 1 p 384-388 Orige-
mst Christology in the West (bibl )
ARNOBIO EL JOVEN
Sobre Arnobio, llamado el Joven para distinguirlo de
su homónimo de Sicca (hacia el 300), nada refieren las
fuentes. Su fisonomía histórica es preciso reconstruirla con
los elementos que cabe deducir de las obras que la tradi-
694
Escritores de Italia hasta San León Magno
ción manuscrita le adjudica. A este fin merece atención
especial el Conflictus cum Serapione, que es, en su mayor
parte, la transcripción de una discusión sostenida hacia el
450 (acerca de la fecha cf. H. DlEPEN, p.537) entre un
monofisita egipcio y el mismo Arnobio, y que cabe atribuirle
con gran probabilidad. Arnobio se presenta como monje,
probablemente procedente de Africa y residente en Roma
desde hacía algún tiempo.
El Conflictus contiene, amén de las actas de la discusión
sobre el acuerdo entre las tradiciones cristológicas romana y
alejandrina, es decir, León y Cirilo, y algunas consideracio-
nes más bien personales del autor, una abundante docu-
mentación patrística en apoyo de la posición de éste. Entre
estos testimonia cabe destacar, ante todo, una carta pascual
de Cirilo (Hom. pasch.ll), un sermón de Agustín sobre la
Navidad y otro atribuido a Celestino I, sin olvidar las refe-
rencias a tres homilías de Nestorio (cf. Loofs) y al Libellus
Leporii. La obra merecería un estudio minucioso, no obs-
tante el que H. Diepen le ha dedicado investigando las
fuentes patrísticas y el problema de fondo del Conflictus.
Habría que examinar, ante todo, la relación de Arnobio con
las tradiciones anteriores, tanto de Roma como de las Galias;
un estudio más esmerado del debatido Deus Passus del Con-
flictus permitiría apreciar mejor en su justo valor la relación
entre las posiciones de León Magno y las tendencias monofi-
sitas orientales. Tal estudio exigiría una previa edición crí-
tica, pues la publicada por Feuardent, y acogida en la Pa-
trología de Migne, deja mucho que desear (cf. H. Diepen,
que sigue el cód. Barberin. 505).
Morin propone atribuir al mismo Arnobio otras cuatro
obras: las Expositiunculae in Evangelium, que son una serie
de scholia o exposiciones breves sobre pasajes de Mt, Le
y Jn; el Liber ad Gregoriam, escrito del género consolatorio
a una noble dama que vivía en una difícil situación matri-
monial; los Commentarii in Psalmos, interpretación espiritual
del Salterio, interrumpida por numerosos excursus anti-
heréticos y de tendencia antiagustiniana, y el llamado
Praedestinatus, compuesto ciertamente después de la muerte
de Agustín, cuya doctrina de la gracia y de la predestinación
combate. No se excluye que Arnobio haya también com-
puesto algunas leyendas hagiográficas, y en particular los
Actos de Silvestre.
Atención especial merecen los Commentarii in psalmos,
no tanto por el modo de entender el texto sagrado en función
Arnobio el Joven
695
de Cristo, de la Iglesia o del alma, que no es muy original;
ni por su preocupación constante de defender la ortodo-
xia, rasgo bastante común en la época, cuanto por las fre-
cuentes alusiones a la liturgia, que hacen de este escrito
una fuente preciosa para el conocimiento de la liturgia
romana del siglo V, con noticias preciosas sobre el año
litúrgico, y en especial sobre la iniciación cristiana (v.gr.:
el símbolo bautismal [Ps. 74: 430D], el canon de la misa
[Ps. 120: 523D;P.f. 118: 516D;Pj. 110: 497B]). Aunque
Morin se ocupó de estas informaciones relativas a la litur-
gia romana, un nuevo estudio que tuviese en cuenta
las investigaciones más recientes en el campo litúrgico
aportaría resultados de gran interés.
La atribución del Praedestinatus, que figura anónimo en
los manuscritos, es más problemática. Actualmente se cree
que sea, más bien, obra de Juliano de Eclana o de uno de
sus secuaces (CPL 243). La obra se divide en tres libros: el
primero expone 88 herejías, tomadas del De haeresibus, de
San Agustín, y les añade dos: el error nestoriano y predes-
tinaciano, las herejías contemporáneas del autor, que des-
tacan por su gravedad, junto a los errores del pasado ya
vencidos. El segundo libro es un sermón que sostiene la
doble predestinación (PL 53,623), doctrina divulgada, se-
gún el autor, con la autoridad de Agustín, en un círculo
restringido de personas, y ahora conocida públicamente
por la indiscreción de una de ellas. El tercer libro contra-
dice detalladamente la doctrina expuesta en el sermón pre-
cedente. Los problemas que plantea el Praedestinatus me-
recerían un nuevo examen. La comparación sistemática de
los resultados que han arrojado las numerosas discusiones
en torno al libro con los estudios más recientes sobre la
cuestión pelagiana, permitirían esclarecer el enigma del
Praedestinatus o al menos mostrar que no es una causa tan
desesperada como algunos estiman.
Ediciones (CPL 239-243): Conflictus: PL 53,239-322 (ed. F.
Feu-ardent, del 1595; ed. muy defectuosa). Expositiunculae: PL
53,569-580 (ed. G. Cousin, del 1543), a completar con G. Mo-
RIN, Anécdota Maredsolana III 3 (Maredsous 1903) p. 129-151
(PLS III 213-220). Lib. ad Gregoriam: ed. G. MORIN, Etudes, tex-
tes, découvertes (Maredsous 1913) p.383-439 (PLS III 221-256).
Commentarii in Psalmos: PL 53,327-570 (ed. L. de la Barre, del
1639); Praedestinatus: PL 53,587-672 (ed. J. Sirmond).
Estudios: B. GRUNDL, Über den Conflictus Arnobii catholici
696
Escritores de Italia hasta San León Magno
cum Serapione Aegyptio: ThQ 79(1897)529-568; H. VON SCHU-
BERT, Der sogenannte «Praedestinatus» [TU 24,4] (Leipzig 1903);
G. MORIN, Pages inédites d'Arnobe le Jeune, la fin des «Expositiuncu-
lae sur l'Évangile»: RB 20( 1903)64-76; ID., Examen des écrits attri-
bu'es a Arnobe le Jeune: RB 26(1909)419-432; Id., Un traite inédit
de Arnobe le Jeune. «Le libellus ad Gregoriam»: RB 27(1910)
153-171; ID., Etude d'ensemble sur Arnobe le Jeune: RB 28
(1911)154-190; Id., Études, textes, découvertes (Maredsous
1913) p. 309-332. 340-382; Id., L'origine africaine d'Arnobe le
Jeune; RevSR 16(1936)177-184; F. LOOFS, Nestoriana (Halle
1905); H. KAYSER, Die Schriften des sog. Arnobius iunior, dogmen-
gescbichtlich und literarisch untersucht (Gütersloh 1912);
J. SCHARNAGL, Zur Textgeschichte des arnobianischen Confliitus:
WSt 38(1916)382ss; 42( 192 1 )75s. 152s; Id., Zur Textgestaltung des
arnobianischen Psalmenkommentars: WSt 38( 191 6 ) 185ss;
42(1921)154-160; 43(1922)198-204; M. Monachesi, Arnobto ti
Giovane ed una sua possibilita agiografica: Bollectino di studi
storico-religiosi 2(1922)66-125; G. BARDY, Le souvenir dArius
dans Arnobe le Jeune: RB 40(1928)256-261 (en el Praedestinatus);
U. MORICCA, Storia de/la letteratura latina cristiana (Torino 1932)
III p. 990-1011; G. BOUWMAN, Des Julián v. Aeclanum Kommentar
zu den Propheten Osee,Joel und Amos. Ein Beitrag zur Geschichte der
Exegese (Roma 1958); H. J. DiEPEN, La pensée christologique d'Ar-
nobe le Jeune. Théologie de l'assumptus homo ou de l'Emmanuel? : RT
59(1959)535-564 (importante para el estudio de las fuentes y de
la doctrina cristológica); P. GLORIEUX, Prénestorianisme en Occi-
dent (Tournai 1959) (relación con Leporio); M. ABEL, Le «Prae-
destinatus» et le pélagianisme: RTAM 35(1968)5-25 (adversario
de Agustín, pero no discípulo de Juliano de Eclana); S. LEANZA,
L'esegesi di Arnobio il Giovane al libro dei Salmi: VetChr
8(1971)223-239; A. Cerveixi, Arnobio il Giovane, in Ps.150: Vi-
chiana, n.s. 1(1972)147-151.
FORTUNACIANO DE AQUI LEY A
Jerónimo refiere (De viris til. 97) que Fortunaciano, de
origen africano, fue obispo de Aquileya en tiempos del
emperador Constancio y del papa Liberio; primero apoyó a
los obispos occidentales que defendían la causa de Atana-
sio, pero luego convenció al obispo de Roma a firmar la
fórmula arriana de Sirmio (357). Falleció, al parecer, poco
antes del 368.
De la obra escrita de Fortunaciano conocemos sólo tres
fragmentos de sus comentarios a los evangelios y las pocas
noticias que nos comunica Jerónimo. Su comentario de
Mateo, utilizado por Jerónimo en su obra homónima
Cromado de Aquileya
697
(praef. PL 26,200 y por él mismo calificado de «margari-
tam de Evangelio» (Ep. 10,3, ed. Labourt I 29), es una de
las más tempranas obras exegéticas en lengua latina.
Ediciones: Cf. CPL 104; A. WlLMART y B. BlSCHOFF: CCL
9(1957)365-370.
Estudios:L. DUCHESNE, Libere et Fortunatien: MAH
28(1908)31-78 (cf. P. GLORIEUX, Hilaire et Libere: MSR
l[1944]7-34); J. LEMARIÉ, Italie. Aquilée: DS 7(1971 )2161s.
CROMACIO DE AQUILEYA
Cromacio, probablemente natural de Aquileya, no más
tarde del 368 formaba ya parte del clero de esta ciudad,
importante centro de vida cristiana y lazo de unión entre
Oriente y Occidente. Rufino y Jerónimo nos hablan con
acentos conmovedores de los ideales de fe y piedad, que
por esos años compartía Cromacio con un grupo de sacer-
dotes, monjes y religiosas (RUFINO, Apol. I 4: CCL 20,39;
JERÓNIMO, Cbron.: PL 27,507s), y en homenaje a la amis-
tad que siempre a él les unió le dedicaron más tarde
algunas de sus obras. Como colaborador estrecho de su obis-
po Valeriano, Cromacio intervino activamente en el concilio
de Aquileya, que condenó el 381, bajo la dirección de
Ambrosio de Milán, a los dos obispos arríanos de Iliria,
Paladio y Secundino, y prosiguió aún después en su opo-
sición al arrianismo occidental (JERÓNIMO, Ep. 7,6, ed.
Labourt I 24). A la muerte de Valeriano a fines del 387,
Cromacio recibió la consagración episcopal de manos de
Ambrosio.
Como obispo de Aquileya, Cromacio desarrolló una
vasta actividad de pastor y de predicador, de la que se hacen
eco tanto Jerónimo como Rufino en los prólogos de las obras
que le dedican (cf. CCL 20,267; 76,379; 76A,5 79). Desta-
ca en ella, ante todo, su solicitud por la concordia ecle-
siástica, de la que son muestras su comportamiento con
sus viejos amigos Jerónimo y Rufino, divididos a la sazón
por una enemistad implacable, y su intervención en favor
de Juan Crisóstomo ante el emperador Arcadio (cf. JUAN
CRISÓSTOMO, Ep. 155: PG 52,70s). Cromacio mismo
expone su programa de pacificación en su Sermo de octo
beatitudinibus (SermAl: CCL 9A,178). En los últimos años
698
Escritores de Italia hasta San León Magno
de su ministerio episcopal hasta su muerte, acaecida
el 407, Cromacio vivió los horrores de la invasión de los
godos de Alarico, y más de una vez hubo de refugiarse
con sus fieles en el vecino puerto de Grado.
Hasta hace unos veinte años, la herencia literaria de
Cromacio era prácticamente desconocida (cf. PL 20,323-
368); pero, gracias a las incansables investigaciones de
R. Étaix y J. Lemarié, disponemos hoy de un patrimonio cro-
maciano de una cierta consistencia, aunque todavía lacu-
noso y fragmentario. Su obra comprende hoy 43(42) ser-
mones y 60 homilías sobre el evangelio de Mateo. Los
sermones, conservados, en gran parte, en estado fragmen-
tario, se dividen en cuatro clases: de scriptura, de tempore, de
sanctis y de diversis (cf. CCL 9A, 609), y se caracterizan por
su estilo sencillo y más bien popular. Los tractatus nos
ofrecen, aproximadamente, la mitad del comentario evan-
gélico, que, con toda probabilidad, Cromacio no acabó. Es-
tas homilías, compuestas después del 398 (fecha del co-
mentario de Mateo de Jerónimo) y de la colección de ser-
mones, exponen el evangelio de Mateo según las reglas
hermenéuticas de la época, con una acentuada predilección
por la interpretación literal. Entre las fuentes de Cromacio,
sermones y homilías, los editores han detectado, sobre
todo, a Ambrosio, Cipriano, Gregorio de Elvira, Hilario de
Poitiers y Tertuliano (cf. CCL 9A, 527-539.643).
El descubrimiento de una obra de tanta consideración
ha provocado, naturalmente, una rica floración de estu-
dios. Los dos afortunados descubridores han contribuido
notablemente con diversos estudios a ilustrar la persona y
la obra de Cromacio (cf. sobre todo SCh 154,14-108).
Otros autores, especialmente compatriotas del santo, han
continuado por la senda abierta por aquéllos. Por el mo-
mento han sido estudiados de forma especial los aspectos
litúrgicos (Corgnali) y exegéticos (Trettel) de su predica-
ción. No obstante la existencia de estudios considerables
sobre asuntos de interés histórico y arqueológico, sería de
desear que la investigación tratara de poner de relieve con
mayor nitidez en qué medida y de qué forma el obispo
más célebre de Aquileya respondió con sus sermones y ho-
milías a las necesidades espirituales de su grey, atribulada
por las herejías y, sobre todo, por las invasiones de los
bárbaros.
Ediciones (cf. CPL 217ss, incompleto): A. HOSTÉ: CCL
Máximo de Turín
699
9(1957)371-447; R. Etaix y J. Lemarié: CCL 9AU974), 9A
suppl. (1977), y cf. J. DoiGNON, Chromatiana. A propos de l'édi-
tion de l'oeuvre de Chromace dAquilée: RSPT 63(1979)241-250.
Traducción: Francesa: H. Tardif; SCh 154.164 (1969, 1971)
(con texto).
Estudios: Desde 1960, numerosos; cf. las bibliografías de CCL
9A, viii y ss.612; SCh 164,115-120 y de los siguientes trabajos:
R. Étaix, Fragments nouveaux du «Commentaire sur Matthieu» de
saint Chromace dAquilée, Diss. (Lyon 1960); I. DANIELE, Croma-
zio: Bibliotheca sanctorum IV(1964)373-375 (anticuado); J. Le-
marié, Italie. Aquilée; DSp Vil (1971)2162-2165; D. CORGNALI,
// misten pasquale in Cromazio di Aquileia (Udine 1979) (bibl.
hasta 19 7 4); G. Trettel, Mysterium e sacramentum in san Croma-
zio [Quaderni del Centro storico-cristiano del Friuli-Venezia Giu-
lia, 5] (Trieste 19 7 9) (en la bibl., otros estudios del autor sobre la
exégesis cromaciana en REAug 20[1974]55-81); SC 102(1974)
3-23 (cf. la presentación del Corpus Chromatianum por el mismo
Trettel en SC 107[ 1979] 148-1 54 y EL 93[ 19791234-242); G. Cus-
C1TO, Cromazio di Aquileia e Veta sua (1980).
MAXIMO DE TURIN
Genadio en su De vir. til. 41 es la fuente principal para
conocer la vida y escritos de Máximo, el primer obispo de
Turín de que se tenga noticia, fallecido entre el 408 y el
423, y, por tanto, distinto de un homónimo fallecido des-
pués del 465, con el que desde Baronio ha sido a menudo
confundido.
La cuestión de la autenticidad de sus escritos, no me-
nos que su misma identidad, ha sido también resuelta sólo
en los últimos años. A. Mutzenbecher, gracias a sus pro-
pios estudios y a las investigaciones de Savio y Pellegrino,
ha logrado establecer de forma definitiva la lista de los
sermones auténticos de Máximo de Turín (CCL 23,1962):
89 sermones, colección recuperada de los manuscritos, y
30 sermones extravagantes.
Los sermones, partiendo de pasajes de la Escritura, ex-
ponen los misterios de las festividades litúrgicas (interesan-
tes, sobre todo, los que tratan de la Navidad) o tratan, en
ocasiones, de los acontecimientos del día. Máximo es un
buen predicador, de estilo claro, fluido y persuasivo; com-
bate el paganismo que se anida aún en su región, condena
algunas supersticiones, como las que acompañan la cele-
bración del año nuevo; consuela a sus fieles durante las
700
Escritores de Italia hasta San León Magno
incursiones de los bárbaros y, ante todo, instruye a su co-
munidad en la doctrina cristiana Su predicación, siempre
actual, constituye un testimonio vivo del ministerio pasto-
ral litúrgico como se ejercía hacia el año 400 en el norte
de Italia, bajo la égida vigorosa de Ambrosio, de quien
depende también Máximo en gran parte, y ofrece a los
historiadores de la cultura de la antigüedad tardía un cua-
dro bastante plástico de aquella región, v gr al apelar al
patriotismo romano de su auditorio (Serm 82), al describir
la situación del paganismo de su tiempo (Serm 63, 48,4,
98, etc ) o al registrar las reacciones de la gente ante los
horrores de las invasiones de los bárbaros La documenta-
ción histónco-litúrgica que Máximo ofrece ha sido objeto
de varios estudios recientes, mas, en nuestra opinión, la
enorme masa de información que sus Sermones ofrecen me-
recería todavía un examen más detenido
Ediciones (CPL 22()-226b, PLS III 351-3 7 9) PL 57,221-760
(ed B Bruñí [ 1 7 84], que exige siempre control), A IVíutzenbe
CHER CCL 23(1962) (óptima ed , con documentada introducción
sobre el autor y autenticidad de los Sermones bibliografía critica)
Traducciones Francesa F Quere-JaULMES, Le mystere de Pa-
ques (París Vitá) —Italiana F GALLESIO (Roma 1975) —Inglesa
G E Ganss, FC 17(1965)
Estudios Los estudios que parten de la identificación de los
dos Máximos o se refieren sin critica a la ed de B Bruñí son
de un valor muy relativo, asi, U MORICCA, Storia della letteratura
latina cristiana III-l (Tormo 1932) p 1023-1032 y E CRO
VELLA Bibhotheca sanctorum IX(1967)68-72, C Benna,
S Massimo di Tormo Rivista diocesana Tonnese 2(1934)
47-50 62-67 102-109 121-124 140-145 185-191, H Rahner,
Gnechische Mythen in christltiher Deutung (Zurich 1945)
(sobre el serm 37 2 Uhses, figura del Crucificado), Id, Sym-
bole der Kirche (Salzburg 1964) passim P BONGIOVANNI,
S Massimo vescovo di Tormo e il suo pensiero teológico (Tormo
1952), G M Rolando EC VIII(1952)311s, A Mutzen-
BECHER, Zur Uberheferung des Maxtmus Taurmensis SE
6(1954)343-372, Id , Besttmmung der echten Sermones des Maximus
Taurinensis SE 12(1961)197-293, ID , Der Eestinhalt von Weth-
nachten und Epipbanie tn den echten «Sermones» des Maxtmus Tau-
rinensts SP V [TU 80] (Berlín 1962) p 109-1 16, M PelleGRINO
Sull' autenttcita d'un gruppo di omelte e di sermoni attnbuttt a s
Massimo di Tormo, Atn della Accademia delle Scienze di Tormo
90(1955-56)1-113, ID , Intorno a 24 omelie falsamente attribuite a
s Massimo di Tormo SP I [TU 63] (Berlín 1957) p 134-141, Id ,
Pedro Crisólogo
701
La tipología battesimale in s Massimo di Tormo l'incontro con la
Samarttana e le nozze di Cana RSLR 1(1965)260-268, I BlFFI,
Dalla predtcaztone pasquale di san Massimo di Tormo Testi e com-
mentt Ambrosius 40(1964)131-139, ID , La cinquantma pasquale
nella predicazione di san Massimo íbid , 324-333, ID , Teología e
spirttualita del «dies beatissimae epyfaniae» in san Massimo di To-
rmo ibid , 517-544, ID , Tempo, temí e spiritualia quaresimale nei
íermoni autentict di s Massimo dt Tormo íbid , 41(1965)129-158,
ID , I temí della predtcaztone nataltzia di s Massimo di Tormo
íbid , 42(1966)23-47, O MAENCHEN-HELFEN, The Date of Maxt-
mus of lurin's Sermo 18 VC 18(1964)1 14s, L BlELER, Corpus
Christtanorum Scriptonum 19(1965)77-83 (entre otras cosas,
observaciones sobre el texto de los Sermones), M C CONROY,
lmagery in the Sermones of Maxtmus, Btshop of Turin [PSt 99]
(Washington 1965), P VlSENTlN, «Chrtstus ipse est sacramentum»
tn S Massimo di Tormo en Mtscellanea G Lercaro (Roma 1967) II
p 27-51, O HEGGELBACHER, Das Gesetz tm Dtenste des Evange-
liums (Bamberg 1960), C E CHAFFIN, The Martyrs of the Val di
Non An Exammation of Contemporary Reaction SP X [TU 107]
(Berlín 1970) p 263-269, G ROSSETTO, La testimontanza litúrgica
di Massimo I, vescovo di Tormo, en Rtcenhe storiche sulla chiesa
Ambrosiana I (Milano 1970) p 158-203, A SAENZ, La celebración
de los místenos en los «Sermones» de S Máximo de Turtn (Buenos
Aires 1970) (cf Stromata 25U9691351-441, 27[1971]6l-103]),
J P BOUHOUT, Note sur trois sermons anonymes REAug 20( 1974)
135-142 (CPL 1157, de Máximo de Tunn)
PEDRO CRISOLOGO
La vida de Pedro, arzobispo de Rávena, llamado Crisó-
logo desde el siglo IX, es mal conocida De él habla el Líber
Pontiftcalts y una biografía poco de fiar, obra de Agnello
de Ravena (siglo IX) Por estas fuentes y por lo que de su
obra se deduce, sabemos que Pedro nació en Imola hacia
el 380, fue nombrado metropolita de Rávena entre el 425
y el 429 (ciertamente, antes del 431, fecha de una carta
que le escribe Teodoreto), estuvo presente el 445 al falle-
cimiento de Germán de Auxerre y tres o cuatro años des-
pués escribió a Eutiques, presbítero de Constantinopla,
que a él había recurrido después de su condenación por
obra de Flaviano, invitándolo a someterse a las decisiones
de León, obispo de Roma quontam beatus Petrus, qui m
propia sede et vivit et praesidet, praestat quarentibus fidei
verttatem (Ep ad Eutychen: PL 54,743). Falleció entre
el 449 y el 458 (fecha de una carta de León a su suce-
702 Escritores de Italia hasta San León Magno
sor Neón), probablemente, el 3 de diciembre del 450,
quizás en Imola
Gracias a las pacientes investigaciones de A Olivar,
hoy es posible conocer con exactitud la producción autén-
tica de Pedro Cnsólogo, que comprende una carta (ya
mencionada), 168 sermones de la Colkctio Feliciana (si-
glo VIII) y 15 extravagantes Otros escritos, como el célebre
Rollo de Rávena, colección de oraciones de preparación a
la Navidad (s. Vil), no pueden ser tenidos por auténticos.
Los sermones, a los que Pedro debe su celebridad, se
distinguen por la esmerada preparación de un rétor dotado
de una cultura discreta y por el calor humano y el fervor
divino de un santo varón La condición peculiar de Rávena,
sede de la corte imperial y ciudad marinera, explica la fre-
cuencia de ejemplos tomados de la vida de la corte y de la
vida militar y marinera, aunque no faltan ejemplos de la
vida rural «Entre los escritores del siglo V, pocos superan
a Pedro Cnsólogo en elegancia», en sus sermones nos ha
legado «páginas de genuina elocuencia, enérgica y eficaz»
(MORICCA, 1021)
El contenido de los sermones es variado, muchos son
homilías sobre textos evangélicos, otros, sobre San Pablo,
los Salmos, el símbolo bautismal, el padrenuestro o en con-
memoración de santos y exhortaciones a la penitencia.
Pedro Cnsólogo, comentando la Biblia o exponiendo los te-
mas que le sugerían las celebraciones litúrgicas, documenta
ampliamente las inquietudes teológicas de su época Su
predicación, en efecto, no refleja sólo la doctrina latina
sobre la encarnación como se profesaba entre Efeso y Cal-
cedonia, sino que es, asimismo, testimonio de la postura
católica en las cuestiones sobre la gracia y la vida cristiana.
Cuando reconoce claramente el primado del obispo de
Roma (además de la carta a Eutiques, cf Serm 78), Pedro
es, sin duda, portavoz del sentir común de los obispos de
Italia Su considerable actividad como predicador nos ha
legado una documentación inestimable sobre la liturgia de
Rávena y sobre la cultura de esa ciudad, etapa obligada
entre Roma y el norte de Italia Ningún obispo de su tiem-
po nos ha facilitado un cuadro tan completo de la celebra-
ción del año litúrgico (Sáenz) Por su actitud contra la resis-
tencia que aún oponía el paganismo en su agonía y por su
polémica contra la comunidad judia de su ciudad, Pedro Cn-
sólogo representa la actitud pastoral del episcopado de la
Iglesia imperial de su tiempo
Pedro Cnsólogo
703
Ediciones (CPL 227-237 y PLS III 153-183 lista de sermones
auténticos y espurios y reedición de algunos textos, como la Ex-
positto fidei, ed A Olivar [1961], PLS V 396-399) PL 52,183-
666 (Coll Feliciana, ed S Paoli, 1750), D DE BRUYNE, Serm
XVIII e cod Vatic 5758 JThS 29(1928)362-368, nueva ed cri-
tica de A Olivar CCL 24(1975) t 1 Serm l-62bis Eptstula ad
Eutychen = ep 25 del epistolario de León Magno PL 52,71 y
54,7^9.744 y en E Schwartz ACO II 3,1 (1935)6-7 y ACO
II 1,2 (1933)45-46 (texto griego)
Traducciones Alemana M HELD BKV (Kempten 1874) y G
BOHMER BKV 2 43 (Kempten 1923) —Italiana A PASINI (Siena
1953)
Estudios F J PETERS, Petrus Chrysologus ais Homilet (Koln
1918), G BOHMER, Petrus Chrysologus Erzbischof von Ravenna ais
Predtger (Paderborn 1919), L BALDISSERI, S Pier Cnsólogo, arci-
vescovo di Ravenna (Imola 1921), J H BAXTER, The Homtltes ofSt
Peter Chrysologus JThS 22( 192 1 )250-258, C JENKINS, Aspects of
the Theology of St Peter Chrysologus Church Quarterly Review
103(1927)233-259, E SCHILTZ, Un tresor oublt'e s Fierre Chryso-
logue comme théologien NRTh 55 (1928)265-276, U MORICCA,
Storia della letteratura latina cristiana (Tormo 1932) III 1
p 101 1-1 123, V GLUSCHKE, Die U nfehlbarkett des Papstes bei Leo
dem Grossen und semen Zeitgenossen (Roma 1938), H KoCH PWK
38(1938)1361-1372, R H McGlynn, The Incarnatton tn the
Sermons of St Peter Chrysologus (Mundelein 1956), G Del Ton,
De s Petrt Chrysologi eloquentia Latinitas 6(1958)177-189, K
Gamber, Eine alt-ravennatische Epistel-Ltste aus der Zeit des hl Pe-
trus Chrysologus LJ 8(1958)73-96, ID , Die Orationen des Rotulas
von Ravenna Eine Feier des Advenís schon zur Zeit des hl Petrus
Chrysologus? ALW 5(1968)354-361, A OLIVAR, Los sermones de
San Pedro Cnsólogo (Montserrat 1962) (fundamental, rica biblio-
grafía, en que figuran vanos otros estudios del autor), ID , La
duración de la predicación antigua Litúrgica 3(Montserrat
1966) 143-184, Id, La consagración del obispo Marcelino de Vo-
ghenza RSC1 22(1968)87-93, ID Bibliotheca sanctorum
X(1969)685-691 (buena síntesis de los estudios del autor), ID ,
Preparación e improvisación en la predicación patrística, en Kynakon
Festschrift J Quasten (Munster 1970) II p 736-767, J P Ba-
rrios, La naturaleza del vínculo matrimonial entre Marta y José se-
gún San Pedro Cnsólogo Ephemendes mariologicae
16(1966)322-335, S Benz, Der Rotulas von Ravenna [LQF 45]
(Munster 1967), F SPEDALIERI, La materntta spirituale di Mana
prima e dopo ti concilio di Efeso, en Miscellanea A Combes (Roma
1967) I p 193-242, R LADINO, La iniciación cristiana en San Pe-
dro Cnsólogo de Ravena (Roma 1969), G LUCCHESI, Stato attuale
deglt studi sut santi della anttca provincia ravennate, en Atti dei
convegnt di Cesena e di Ravenna (Cesena 1969) I p 51-80, F
704
Escritores de Italia hasta San León Magno
MlCHALClK, Doctrina moralis s. Petri Chrysologi (Roma 1969); E.
PAGANOTTO, L'apporto dei sermoni di s. Pier Crisologo alia storia
de/la cura pastorale a Ravenna nel secólo V (Roma 1969); F. SOTTO-
CORNOLA, L'anno litúrgico nei sermoni di Pietro Crisologo. Ricerca
storico-critica sulla liturgia di Ravenna antica (Cesena 197})
(buena introducción a la historia de la liturgia de Rávena; rica
bibliografía).
ANONIMOS
1. En la primera mitad del siglo IV, probablemente
después del concilio de Nicea (325), un cierto Hegemonio
compuso una confutación del maniqueísmo con el título de
Acta Archelai (cf. J. QUASTEN, Patrología II p.373-375),
obra que se ha conservado íntegra en traducción latina de
finales del siglo IV bajo el título de Thesaurus verus sive
disputatio habita in Carcharis civitate Mesopotamiae Archelai
episcopi adversus Manen. El traductor anónimo la publicó en
Roma y él mismo, o acaso otro, añadió un catálogo de he-
rejías titulado Adversus haereses.
Ediciones (CPL 122; CPG II 3570s): PG 10,1429-1528 (L. A.
Zacagni, 1698); CH. H. Beeson: GCS 16(1960); A. Hosté:
CCL 9,325-329 (Adv.haer. = PLS III 143-146).
Estudios.' O. Bardenhewer III 265-269; G. C. Hansen, Zu
den Evangelienzitanten in den «Acta Archelai»: SP VII [TU 92]
(Berlin 1966)p.473-485 (trata también del texto bíblico del tra-
ductor latino).
2. Sobre la correspondencia apócrifa entre Pablo y
Séneca, atribuida a un anónimo romano del siglo IV
(CPL 191), cf. J. QUASTEN, Patrología I p.159-
Ediciones: PLS I 673-679 (C. Barlow).
Traducción: Italiana: M. Erbetta, Gli Apocrifi del NT III (To-
rino 1969) p.85-92 (con introducción y notas); L. Bocciolini PA-
RAGI, // carteggio apócrifo di Séneca e san Paolo (Firenze 1978)
(introducción, texto y comentario).
3. Otro anónimo romano compuso la Collatio Alexan-
dri et Dindimi, que son cinco cartas sobre la disciplina de
los brahmanes.
Edición (CPL 192): PLS I 687-690 (B. Kubler).
Romanos Pontífices desde Siricio a León Magno
705
Estudios: E. LiÉnard: RBPh 15(1936)819-838; A. Kurfess:
Mnem 9(1941)138-152; G. A. CARY: Classica et Mediaevalia
15(1954)124-129.
4. Un archidiácono romano anónimo del siglo IV,
quizá de origen africano, es el presunto autor de las Postu-
lationes III de reconciliandis peccatoribus , discursos litúrgicos
que, con ocasión de la reconciliación celebrada el Jueves
Santo, solicitan del obispo y de los fieles de Roma la
readmisión de los penitentes.
Edición (CPL 238): F. Heylen: CCL 9( 1957)349-363 (con
prólogo sobre el autor).
II. Romanos Pontífices desde Siricio
a León Magno
Introducción
A fines del siglo IV hace su aparición en la literatura
cristiana latina un nuevo género literario: las cartas escritas
en nombre de los romanos pontífices. Si por patrología se
entiende la historia de la literatura cristiana antigua, sería
quizá indicado omitir estos escritos, pues se deben más bien
a la actividad anónima de la cancillería pontificia que a la
iniciativa literaria de determinados autores, con la sola
probable excepción de León Magno (cf. SCHANZ-HOSIUS,
p.597), y, por otra parte, se han conservado principal-
mente en las colecciones canónicas, en las que, junto al
derecho sinodal, representan el derecho pontificio y de-
cretal.
No hay que olvidar, sin embargo, que estas cartas son
de excepcional importancia para la historia de las doctri-
nas, del derecho y de la liturgia de la Iglesia, y en especial
para la historia de la evolución del primado pontificio; que
permiten reconstruir las vicisitudes de muchas cuestiones
relativas, v.gr., a la doctrina agustiniana de la gracia, a la
doctrina sacramentaría y a la cristología; téngase asimismo
en cuenta que este epistolario permite comprender mejor
el contexto teológico y eclesial de varios Padres de la Igle-
sia, como Ambrosio, Juan Crisóstomo, Agustín, Juan Ca-
siano, Cirilo de Alejandría, y de modo especial, como es
obvio, León Magno; que aun bajo el aspecto literario no
706
Escritores de Italia hasta San León Magno
carecen de interés, pues permiten seguir la evolución de la
prosa rítmica, es decir, el paso del ritmo cuantitativo al
ritmo basado en los acentos de la cláusula final, documen-
tan la influencia de la mentalidad político-jurídica romana
en el latín de los cristianos y constituyen, en fin, un caso
típico de adaptación cristiana de un género literario pro-
fano, es decir, la adopción de formas de la legislación im-
perial por la legislación decretal de la Sede Apostólica
No obstante, la presentación detallada de las figuras
que encontraremos en las páginas que siguen pertenece,
más bien, a la historia eclesiástica, que de hecho les re-
serva, sobre todo en los manuales más recientes, por no
hablar de las historias de los papas, un tratamiento privile-
giado.
Ediciones (CPL 163 7 -1655 y p 347-357 sobre las colecciones
canónicas y acerca de los estudios sobre las ediciones Je las cartas
pontificias) PL 13,20-50 (P COUSTANT, 1721), A Thiel, Epistu-
lae Romanorum Pontificum genuinae et quae ad eos scrtptae sunt
(Braunsberg 1867-1868), C MlRBT y K Aland, Quellen zur Ges-
ihichte des Papsttums und des romtschen Katholizismus 1 (Tubingen
"1967)
Traducción Alemana S WENZLOWSKY, Die Briefe der Papste
und die an sie gertchteten Schreiben I-V BKV (Kempten 1875-
1878)
Estudios O SEECK, Regester der Kaiser und Papste fur die Jahre
111-476 nChr Vorarbeit zu einer Prosopographie der chnstlichen
Kaiserzett (Stuttgart 1919), H GETZENY, Sttl und Form der altesten
Papstbriefe (Gunzburg 1922), P BATIFFOL, La Stege Apostolique
359-451 (Pans '1924), Id, Cathedra Petri (Roma 1938), W
VOLKER, Studien zur papstlichen Vikariatspolitik tm 5 Jh 1 Dte
Grundung des Primates von Arles und seine Aufhebung durch Leo l
ZKG 46(1929)355-369, E Caspar, Geschichte des Papsttums von
den Anfangen bis zur Hohe der Weltherrschaft I Romtsche Kirche
und Imperium Romanum (Tubmgen 1930) (todavía fundamental),
U GMELIN, Auctoritas, romischer Princeps und PapsÜicher Primat
(Berlín 1936), F Di Capua, // ritmo prosaico nelle lettere dei Papi e
nei documenti della cancellería romana del IV al XIV secólo (Roma
1937-1939), H WURM, Studien und Texte zur Dekretalensam-
mlung des Dionysius Exiguus (Bonn 1939), M MACCARRONE, Vica-
nus Cbristi Storia del Molo pápale (Roma 1952), J GAUDEMET,
La formatton du droit sécuher et du droit de l'Eglise au 4 C et 5 L stecles
(París 1957), E GR1FFE, La Gaule chrétienne a l'epoque romaine II
L'Eglise des Gaules au V stecle (París 2 1966), H MAROT, Les
concites romains des IV L et V stecles et le développement de la pri-
Cartas de los papas antes de Siricio
707
maute Istina 4(1957)435-462, Id , La collegialité et le tocabu-
laire 'episcopal du V L au VIP stecles Irenikon 36(1963)41-60,
3 _ (1964)198-221, J MEYENDORFF, La primaut'e romaine dans la
tradition canonique jusqu'au concile de Chalcedoine Istina
4(1957)463-482, A RlMOLDl, L'apostolo san Pietro fondamento del-
la Chusa, principe degli apostoli ed ostiario celeste nella Chusa pri-
mitiva dalle origtni al concilio di Calcedonia (Roma 1958), B Kot
TING, Chnstentum und heidnische Opposition in Rom am Ende des 4
Jh (Munster 1961), V GRUMEL, Les origines du Vuanat Apoítoli-
que de Thessalonique, en Actes du X/P Congres Int d'études ^yzan-
ttnes (Ochnde 1961) p 451-461, G Langgartner, Die Gallten-
politik der Papste im 5 und 6 Jh [Theophaneia 16] (Bonn 1964),
G MEDICO, La lollegialite episcopale dans les lettres des pontifet ro-
mains du V L siecle RSPT 49(1965)369-403, G Corti, // papa,
ncario di Cristo (Brescia 1966), G B DALLA COSTA, Concezione
del Primato pápale nelle lettere det Romani Pontefici della prima meta
del V secólo, Diss Laterano (Roma 1966), G Falgoni, Stona dei
Papi e del Papato 1 La nascita del Papato nel declino dell'lmpero
(Roma 1967), A MORETTI, Elections of Bishops from Pope Siricius
(184-189) lo Pope Leo the Great (440-461), Diss Laterano (Roma
1968), R LORENZ, Das vierte bis sechste Jahrhundert, en Die Kirche
in ihrer Geschichte I/C 1 (Gottingen 1970) (esp p 82-87), E
JERG, Vir venerabilis U ntersuchungen zur Titulatur der Btschofe tn
den ausserkirchlichen Texten der Spatanttke ais Beitrag zur Deutung
ihrer offentlichen Stellung (Wien 1970), C ANDRESEN, Die Kirchen
der alten Christenheit (Stuttgart 1971) (esp p 579-601), W
Marschall, Karthago und Rom Die Stellung der nordafrikanischen
Kirche zum apostoltschen Stuhl in Rom (Stuttgart 1971), P BROWN,
Religión and Society tn the Age of St Augustine (London 1972), J
TAYLOR, The Papacy and the Eastern Churches from Damasus to
Innocentl (366-471) (Cambridge 1972), P P JOANNOU, Die Ost-
kirche und die Cathedra Petri im 4 Jahrhundert (Stuttgart 1972),
C PlETRI, Roma christiana Recherches sur l'Eglise de Rome, son or-
ganisatton, sa pohtique, son idéologie, de Miltiade a Sixte III (311-
440) (Roma 1976), O Wermelinger, Rom und Pelagius Die
theologische Position der romtschen Btschofe im pelagianischen Streit
tn den Jahren 411-43 (Stuttgart 1975) (bibl )
LAS CARTAS DE LOS PAPAS ANTES DE SIRIC10
No se han conservado cartas ni de Silvestre (314-335)
ni de su sucesor Marcos (336). Atanasio ha transcrito en su
Apología contra Arlanos (21-35; 52s) dos cartas de Julio I
(337-352), la primera (341), en defensa de la ortodoxia
nicena y con reprimendas a los obispos eusebianos que ha-
bían ignorado a la iglesia de Roma, la segunda (346), de re-
^08
Escritores de Italia hasta San León Magno
comendación en favor de Atanasio, que estaba para volver
a Alejandría Los apolinaristas hicieron circular bajo su
nombre otras cartas
Liberio (352-366) permaneció tres años en exilio por
defender la fe de Nicea (355-358), y sólo pudo volver a
Roma tras separarse de Atanasio y aceptar la comunión
con los obispos orientales Su ortodoxia quedó a salvo gra-
cias al anatema añadido a la tercera fórmula de Sirmio con-
tra todos los que no confesaban la semejanza del Padre y
del Hijo en todo De su correspondencia nos han llegado
fragmentos de 13 cartas, tres enviadas a Eusebio de Verce-
lh y cuatro sobre su exilio La homilía pronunciada por
Liberio en la imposición del velo a Marcelina, hermana de
Ambrosio, es más bien obra de éste (De virg III 1-3) Con
el nombre de Liberio existe un catálogo de los Papas hasta
él. El llamado Epitaphium hibem, inscripción sepulcral
para un papa mártir, puede referirse a Liberio, a Félix II o
a Martín I Sobre Dámaso I, cf supra, p. 323-330.
SIRICIO
Al fin de su larga carrera al servicio de su iglesia, Siri-
cio (384-399) fue elegido obispo de Roma con el consen-
timiento de Valentiniano II Jerónimo, amigo de Dámaso,
no lo tenía en gran estima, y lo calificaba de «demasiado
simple» (Ep 127,9) Aun prescindiendo de parecer tan
subjetivo, Siricio no podía abrigar muchas esperanzas de
imponer su autoridad, pues la dirección efectiva de los
asuntos eclesiásticos de Occidente estaba por entonces en
manos de Ambrosio de Milán No obstante, ha pasado a la
historia por su contribución al afianzamiento del papado,
de la que son prueba las siete cartas que le son atribuidas
La carta a Himerio, obispo de Tarragona (385), con 15
respuestas a otras tantas cuestiones disciplinares presenta-
das antes a Dámaso, es el escrito pontificio más antiguo de
las colecciones decretales Con otras dos (una perdida)
comunica las decisiones del sínodo romano del 386 a los
obispos de Italia que no habían podido asistir y a los obis-
pos de Africa Una carta-encíclica (390) proscribe la doc-
trina de Joviniano sobre la paridad entre matrimonio y vir-
ginidad. Otra a Anisio de Tesalónica (392) critica la posi-
ción de Bonoso de Sárdica acerca de la virginidad de María
Sinno
709
y exige de los obispos de Ilina un parecer sobre el caso,
como les había exigido el sínodo de Capua
En todo su epistolario, Sincio se muestra consciente de
haber sido llamado a ejercer, en conformidad con la tradi-
ción romana, el primado sobre todas las iglesias Como vi-
cario de Pedro, se considera responsable de todas las co-
munidades (Ep 1,1 portamus onera omnium qui gravantur:
quin immo haec portat in nobts apostólas Petrus, qui nos in
ómnibus, ut conftdimus, admimstrattonis suae protegit et tue-
tur haeredes) ha.sollicitudo omnium ecclesiarum (2 Cor 11,28,
cit por primera vez en Ep 6,1), a su entender, no admite
excepciones, aunque de hecho no logró imponer la autori-
dad de la Sede Apostólica en todas las iglesias del Imperio
romano Apoyándose en la Biblia y en la tradición romana,
manifiesta, ante todo, <=n el culto de San Pedro (cf Ep 5,1),
Sincio coloca las decisiones papales en el mismo nivel del
derecho sinodal y las asemeja, por lo demás, a las constitu-
ciones imperiales Al establecer la paridad entre el derecho
sinodal y decretal, no omite subrayar la conformidad del
primero con el segundo A este propósito conviene adver-
tir que Siricio parece referirse por primera vez a la llamada
Collectio romana, es decir, a la tradición que atribuía al de
Nicea los cánones del concilio de Sárdica (cf Ep 5,2)
Ediciones (CPL 1637, con indicación de las ediciones especia-
les de cada carta) PL 1 3,1 131-1 178 (P CoUSTANT), PLS
III 567 S
Estudios E GOLLER, Papsttum und Bussgewalt in spatromisiher
und fruhmittelalterlicher Zeit RQ 93(1931)93-105, G D GOR
D1NI, Forme di vita ascética a Roma nel IV secólo, en Scrtnium theolo-
gtcurn I (Alba 1953) p 7-58, J Janini, S Siricio y las cuatro témpo-
ras (Valencia 1958), lD , La plegaria de S Siriao «ad virgines sa-
cras» SP V[TU80] (Berlín 1960) p 86-103, P H LAFONTAINE,
Remarques sur le pretendu rigorisme penitentiel du pape Sime RUO
28(1958)31-48, lD , Les conditions posittves de l'accession aux ordres
dans la premiere l'egislation ecclésiastique (100-492) (Ottawa 1963)
(en particular sobre Sincio y Zosimo),J MacDonald, Who in-
stttuted the Papal Vuanate ofThessalonica? SP IV [TU 79] (Berlín
1961 ) p 478-482, M S MEO, La verginita di Mana nella lettera di
Papa Sirino al vescovo Anisio di Tessalonica Marianum
25(1963)447-469, V Monachino Bibhotheca sanctorum XI
(1968)1234-1237, G ROCCA, La perpetua verginita di Mana nella
lettera di papa Siricio ad Anisio vescovo di Teualomca Mananum
33(1971)293-306, A LUMPE, Die Synode von Turin vom Jahre
198 Annuanum histonae conciliorum 4(1972)7-25, E GR1FFE, A
710
Escritores de Italia hasta San León Magno
propos du canM du loncile d'Elvire: BLE 74(197 3)142-145 (el ca-
non sobre el celibato y el papa Siricio); Id., La date du concile de
Turin (198 ou 417): BLE 74(1973)289-295.
ANASTASIO
Anastasio I (399-402), más favorable que su predece-
sor a las corrientes ascéticas encabezadas por Jerónimo y
Paulino de Ñola, pronunció el año 400, a instancias de los
antiorigenistas, la condenación del Alejandrino, comuni-
cándola personalmente con dos cartas a la sede de Milán.
Respondiendo a una pregunta de Juan, obispo de Jerusa-
lén, Anastasio, aunque conforme con el anatema alejan-
drino contra Orígenes, no quiso pronunciarse acerca de la
traducción del De principiis por Rufino de Aquileya. El
401 alienta a los obispos africanos en la lucha contra el
donatismo.
Anastasio profesa en sus cartas con toda claridad la
convicción de ser responsable de la ortodoxia de todas las
iglesias (cf. £/>.9,5), mas su autoridad no fue igualmente
aceptada por todos. Por el año 400, en Occidente, y de
modo especial en Africa, la cátedra de Pedro era conside-
rada la sede apostólica por antonomasia, centro de toda la
comunión de fe ortodoxa. En cambio, para Teófilo de Ale-
jandría, la decisión de Anastasio contra Orígenes no pa-
saba de ser una adhesión más a la postura alejandrina
(cf. JUSTINIANO, Libere. Origenem: PG 86,967 y cf. C ASPAR,
287-293).
Ediciones (CPL 1658-1640, con indicación de las ediciones es-
peciales): PL 20,68-80 (P. Coustant); PLS I 790-792.
Estudios: M. VlLLAIN, Rufin d'Aquilée. La querelle autour
d'Origene: RSR 27(1937)5-37.165-197; F. Caraffa: Bibliotheca
sanctorum I(1961)1065s.
INOCENCIO I
Inocencio I (402-417), hijo, quizá, de Anastasio I y
ciertamente perteneciente al mismo ambiente familiar
(cf. JERÓNIMO, Ep. 1 30, 16), fue llamado a gobernar la iglesia
romana en tiempos muy difíciles. Durañte su pontificado
(410), Roma fue saqueada por las tropas de Alarico, acon-
Inocencio 1
711
tecimiento que impresionó profundamente las conciencias
cristianas y paganas. Inocencio, al parecer, optó por obser-
var indiferencia, y en sus cartas alude una sola vez al hecho
(Ep. 36). Por el mismo tiempo, la iglesia latina vive las pri-
meras fases de la controversia pelagiana, y, en una situa-
ción de extrema gravedad, Inocencio se mostró defensor
decidido del primado del obispo de Roma, haciendo suyas
las ideas tradicionales sobre el tema, elaborándolas y, por
primera vez, dándoles formulación precisa. De todo ello es
buena prueba su rico epistolario de 36 cartas, de las que ya
antes de León Magno fueron entresacados y reunidos con
fines canónicos algunos pasajes (cf. LEÓN, Ep.4,5), que
constituyen el fondo principal de las primeras colecciones
decretales (Caspar, 296s).
Entre estas cartas merecen mención especial las dirigi-
das a obispos de Francia e Italia, como Victricio de Rouen
(404) (Ep.2), Exuperio de Tolosa (405) (Ep.6) y Decencio
de Gubbio (416) (Ep.25). Inocencio, además de pronun-
ciarse sobre cuestiones disciplinares importantes, como el
celibato del clero y el bautismo administrado por los here-
jes (Ep.2), la reconciliación de los moribundos (Ep.6), la
lectura de los libros sagrados, la unción de los enfermos y
la confirmación (Ep.25), exige, aunque de forma genérica,
la conformidad de todas las iglesias occidentales con la con-
suetudo de la iglesia de Pedro, origen de todas las comuni-
dades cristianas (Ep. 2,2; 25,2). En la carta a Victricio esta-
blece además que las causae minores sean tratadas por los
sínodos provinciales, pero sin comprometer los intereses
de la iglesia romana, y que las causae maiores, en cambio,
sean deferidas a Roma como a última instancia (Ep.2,5 -6 con
referencia a la función de Moisés en Ex 18,22).
Para reafirmar las mismas prerrogativas de la iglesia
romana frente a las iglesias de la Iliria, Inocencio fundó el
vicariato apostólico de Tesalónica, cuyo obispo recibe, en
las cartas respectivas (Ep.l, 13, 17, 18), el tratamiento de
vicario del romano pontífice y metropolita de los obispos
ilíricos. El deseo de mantener la jurisdicción sobre tales
regiones, a pesar de pertenecer a la parte oriental del Im-
perio, era legitimado alegando la evangelización de esas
regiones por la iglesia de Roma
Respondiendo en enero del 417 con tres cartas
(Ep. 29-51) a otras tantas de los obispos africanos acerca de
la rehabilitación de Pelagio en el sínodo de Dióspolis
(415), Inocencio no dudó en proclamar la autoridad su-
i
712 Escritores de Italia hasta San León Magno
prema de la Sede Apostólica en materia doctrinal
(Ep. 30,2). Mientras los obispos africanos, que reconocían
la gratia maior de la sede de Pedro (cf. AGUSTIN,
Ep. 175,3), habían solicitado sólo la aprobación por parte
de Roma de la condenación que habían emanado contra
Pelagio para que fuese aplicable también en Italia, Inocen-
cio interpretó la iniciativa africana como un recurso a su
juicio de última instancia. Confirmó, por tanto, en virtud
de su autoridad apostólica, la condenación de Pelagio, de
Celestio y de sus secuaces; en lo tocante a la doctrina del
pecado original y de la gracia, dejó abierta la posibilidad de
una ulterior discusión con Pelagio (cf. Ep. 29,9; WERME-
LINGER, p.l28ss).
Inocencio no se contentó con intervenir en los asuntos
de la iglesia latina. Informado por Teófilo de Alejandría
acerca de la deposición de Juan Crisóstomo e interpelado
por éste, se negó a romper la comunión con el depuesto
obispo de Constantinopla; aún más, defendió sus intereses
recurriendo a la legislación nicena, que establecía el orden
jerárquico de las principales sedes apostólicas (Ep.l ,y¡.
Cuando su propuesta de un sínodo ecuménico no obtuvo
favorable acogida, rompió la comunión con Alejandría y
Antioquía. La reanudó con ésta el 413 (Ep. 19), no sin ha-
cer valer en una carta posterior (Ep. 24) el primado ro-
mano, comparando, de algún modo, la situación de Antio-
quía a la de Tesalónica. La comunión con Alejandría y
Constantinopla fue restablecida sólo más tarde.
En la reafirmación del primado romano que caracteriza
toda esta correspondencia de Inocencio, es preciso notar
dos cosas: por una parte, el pontífice sabe siempre variar
de tono, habida cuenta de la condición particular de los
destinatarios de sus cartas; a los obispos del distrito me-
tropolitano de Roma habla como superior inmediato,
dando órdenes con autoridad y reprendiendo con severi-
dad; a los otros colegas en el episcopado presenta, en cam-
bio, sus respuestas o intervenciones en tono más concilia-
dor y diplomático. La diferencia entre las cartas enviadas al
obispo de Tesalónica y las que escribe a Antioquía, que era
sede apostólica, es particularmente significativa (CASPAR,
p.322s). Por otra parte, la justificación del primado no es
siempre la misma; Inocencio se apoya, en primer lugar, en
la tradición romana, según la cual el obispo de Roma es
sucesor de Pedro, príncipe de los apóstoles, y a él corres-
ponde como tal la solicitud de todas las iglesias; en ocasio-
Inocencio I
713
nes recurre a la legislación sinodal, es decir, a los cáno-
nes de Nicea, como eran interpretados en Roma
(cf. Ep. 2,5 ; 7,3; 17, 10; 24, 1; 39). No se excluye en Inocencio
una cierta influencia de la ideología de la Roma aeterna
(WERMEL1NGER, p. 120).
La investigación reciente ha esclarecido aspectos diver-
sos de la teoría primacial de Inocencio (cf. Marschall,
Wermelinger); no obstante, una valoración más exacta de
su doctrina sobre el primado exigiría el previo esclareci-
miento de las ideas contemporáneas sobre la communio fi-
dei, y en especial sobre las decisiones dogmáticas (sententia,
defimtio) y su receptio por parte de todas las iglesias.
Edtctones (CPL 1641-1643, con indicación de las ediciones es-
peciales): PL 20,403-608 (P. Coustant), PL 84,657s (Gonzá-
lez, 1821), R Cabie, La lettre du pape Innocent I a Decenttus de
Gubbto (19 1.416). Texte critique, traductton et commentaire (Lou-
vain 197 3).
Estudios: H Gebhardt, Ote Bedeutung Innozenz l für dte
Entwuklung der papstlicben Gewalt (Leipzig 1901); G MAL-
CHIODI, La lettera di lnnocenzo 1 a Decenzio, vescovo di Gubbto
(Roma 1921); K. Adam, Causa finita est, en Festgabe A Ehrhard
(Bonn-Leipzig 1922) p 1-23 (= Gesammelte Aufsatze [Augsburg
1936] p.216-236), F STREiCHHAN, Dte Anfange des Vikariats von
Thessalontsch- ZSavK 12(1922)355-384, C BaUR, Der hl.Johannes
Chrysostomus und setne Zeit I (Munchen 1929), E GoiXER, Papst-
tum und Bussgeivalt ¡n spatromischer und fruhmittelalterlicber Zeif
RQ 93(1931)105-113, G ELLARD, How Vth-Century Rome Admi-
nutered Sacra ments St Innocent 1 Advises an Umbrian Bishop: TS
9(1948)3-19, O VlGHETTI, / sacramenti della penitenza e dell'or-
■iine nella dottrina giuridua di S lnnocenzo 1 ■ Miscellanea frances-
cana 51(1951)39-61, 52(1952)92-112, B. Capelle, Innocent I et le
Canon de la Messe: RTAM 19(1952)5-16, E. DemouGEOT, A pro-
pos des interventtons du Pape Innocent Ier dans la politique séculiere:
RH 78(1954)23-38, J. MacDonald, Imposttion of Hands in the
Letters of Innocent 1: SP 11 [TU 64] (Berlín 1957) p.49-53, E
GrIFFE, Trois textes tmportants pour l'histoire du Canon de la Messe;
BLE 59(1958)65-72, P Tu, Camelot: Cathohcisme V (1962)
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Decenzio di Gubto, en Richerche sull'U mbria tardoantica e prero-
manica (Perugia 1965) p.21 1-234, G. B Proia Bibliotheca sanc-
torum VII( 1966)840-843, P Andrieu-Guitrancourt, Notes,
remarques et réflextons sur la vie ecclésiastique et reltgieuse a Rouen
íouí le pontificat de s Victrice, en Mélanges J Macqueron (Aix-en-
Provence 1970) p.7-20, C. VOGEL, Vu/neratum caput Posttion
d'lnnocent 7 Lr (402-417) sur la validité de la chirotonu presbytériale
Patrología 3
24
714
Escritores de Italia hasta San León Magno
conferee par un eveque herettque RAC 49(1973)375-384, M R
GREEN, Innocent I, Diss (Oxford 197 3)
ZOSIMO
Zósimo (417-418), ciertamente de origen no romano,
es conocido en la historia de la Iglesia por haber arruinado
la política papal de sus predecesores Sus continuos fraca-
sos se suelen achacar a su carácter impulsivo y precipitado
o a su escasa familiaridad con la situación occidental En
todo caso, no se debe olvidar que se hallaba expuesto a las
presiones de corrientes encontradas existentes en la co-
munidad de Roma Su política eclesiástica persiguió la
reorganización de la jerarquía de las Gallas y la solución
del conflicto pelagiano
Apenas elegido papa, Zósimo, en carta a todos los
obispos de las Gahas (Ep 1 ), otorgaba a Patroclo, obispo de
Arlés, una posición de privilegio, que lo convertía de he-
cho en primado de las siete provincias galas, enfrentándose
de esta suerte con las decisiones del sínodo de Turín del
398 y provocando las protestas de los otros metropolitas
Sus sucesores hubieron de afrontar no pocas dificultades
para restablecer la paz
Frente a la controversia pelagiana, la actitud de Zósimo
fue, en cambio, ambigua En el otoño del 417, y a instan-
cias de Celestio, a la sazón en Roma, y de Pelagio, que le
había enviado su hbellus ftdei, reintegró a ambos en la co-
munión eclesiástica, y comunicó su decisión en dos cartas
(Ep 2 y 3) a los obispos africanos, a los que asimismo pedia
la revisión del proceso celebrado contra ambos Ante la
reacción unánime y enérgica del episcopado africano, Zó-
simo, en la carta Quamvts patrum, de marzo del 418
(Ep 12), retiró, aunque de modo velado, su decisión, no
sin hacer presente la irrevocabilidad de las decisiones
adoptadas por la Sede Apostólica Tras la intervención de
la corte imperial y el nuevo sínodo africano de Cartago,
Zósimo promulgó la carta Tractona, de la que se conser-
van sólo fragmentos, con la condenación de Pelagio y Ce-
lestio Dieciocho obispos italianos se negaron a firmarla y
la misma comunidad de Roma quedó dividida
Zósimo cosechó aún otro fracaso en otro asunto, aun-
que de menor importancia Contra la costumbre de la igle-
sia africana, Zósimo aceptó la apelación de un cierto Apia-
Bontfacio
715
rio, presbítero de Sicca, cuando sus delegados quisieron
defender la causa de Apiano ante Aurelio, alegando, como
Zósimo, los cánones de Nicea (Ep 15), el primado de
Africa se contentó con prometer examinar la causa en otro
sínodo En las cartas de Zósimo encontramos también dos
justificaciones del primado la apostólica (Ep 211) y la si-
nodal (Ep 15,1-2)
Ediciones (CPL 1644 1647, con indicación de las ediciones es-
peciales PLS P96s) PL 20,642 686 (P Coustant) Ep Tracto-
na PL 20,693 694 (cf O Wermelinger, oc, p 307-308) Ep
ad Remtgium ep PLS 1 797 (ed F Maasen, 1870)
Estudios F FLOER1, Le pape Zosime et la doctrine augustinienne
du peche originel en AugMag II p 755 761, E GriFFE, La Gaule
chtetienne a l'epoque romatne (París 2 1966) II, v índice, G BON-
NER, Augustine's Viíit to Caesarea in 418 en Studies in Church
History (London 1964) I p 104 113 (sobre la intervención
de Zósimo), V MONACHINO Bibhotheca sanctorum
XIK1969U493-1497, W Marschaix, Karthago und Rom (Stutt-
gart 1971) p 150-159 166-173, ID , Eme afrtkanische Appelatton
an Gregor den G rosten en Festsihrtft Panzram (Freiburg 1972),
p40 7 -421 (comparación con Zósimo), K WEGENAST PKW j
XIX(1972)841-844 BA 23(1974)784-789, BA 22(1975)9 24,
O Wermelinger, Rom und Pelagius (Stuttgart 1975) p 134 218
(bibl )
BONIFACIO
Bonifacio I (418-422), romano de origen y colaborador
de Inocencio I, fue elegido pontífice por los presbíteros en
oposición a Eulalio, que había sido elegido el día anterior
por los diáconos, pasados unos meses, obtuvo el recono-
cimiento de la corte imperial de Rávena La situación deli-
cada, heredada de Zósimo y complicada aún más durante
los primeros meses del 418, lo indujo a intervenir en favor
de los metropolitas galos contra Patroclo de Arlés (Ep 3 y
12), a aceptar tácitamente la postura del sínodo general de
Cartago del 419 y a defender el vicariato apostólico de
Tesalónica contra las ambiciones de Constantinopla enun-
ciadas en el edicto de Teodosio II (421) (Ep 13-15)
En las cartas sobre Tesalónica, Bonifacio, apropiándose
el lenguaje de Inocencio I, reafirma la solicitud universal
de la iglesia de Pedro y la obligación de todos los obispos,
incluidos los de Oriente, de dirigirse a la Sede Apostólica,
716
Escritores de Italia hasta San León Magno
según la costumbre antigua (Ep 15,5) Reconoce a Alejan-
dría y a Antioquía su rango privilegiado, pero proclama
que sólo la iglesia de Roma es cabeza, mientras que las
demás iglesias son sólo miembros del cuerpo eclesiástico
(Ep 14,1 Hanc ergo eccksns toto orbe dtffusts velut caput suo-
rum certum est esse membrorum. a qua se quisquís absctdit, fit
christianae religionis extoms, cum in eadem non coeperit esse
compage)
Ediciones (CPL 1648 1649, PLS 1 1032-1034) PL 20,750-784
(P CoUbTANT) Ep ad vicarios suos in Africana synodo PL
20,791s y C H TuRNER, Ecclesiae occidentalis monumenta turis an-
tiquissina II 3 (Oxford 193) 565
Estudios F L CROSS, History and Fiction in the African Ca-
nons JThS 12(1961)227-247, F Carafea Bibhotheca sanctorum
111(1963)328-330, C Coeber&h, L'epiphante a Rome avant
sLéon Un índice pour l'annee 419 RB 75(1965)304-307, W
Marschall, Kbarthago und Rom (Stuttgart 1971) p 173-183, O
Wermelinger, Rom und Pelagtus (Stuttgart 1975) p 239-244
CELESTINO I
A la muerte de Bonifacio I, y con una elección rápida y
pacífica, fue elegido Celestino I (422-423), diácono y se-
guidor de Pelagio en otro tiempo. Su política eclesiástica
abrazó dos campos Ante todo, se propuso poner fin a la
cuestión pelagiana en las Gallas, donde la doctrina agusti-
niana de la gracia y la predestinación había provocado una
reacción tenaz, e impedir al mismo tiempo que Juliano de
Eclana y los demás obispos italianos condenados por pela-
gianos encontrasen apoyo en Oriente, donde se habían re-
fugiado Interpelado por Próspero de Aquitania e Hilario,
Celestino, en una carta (431) a los obispos de las Gahas,
defendió la autoridad de San Agustín ante los monjes pro-
venzales, sin pronunciarse sobre los puntos particulares de
la doctrina agustiniana (Ep 21) Los llamados Capitula Cae-
lestini, que figuran junto a esta carta en las colecciones de-
cretales, fueron compilados después de la muerte de Ce-
lestino, probablemente, por Próspero (DS 238-249) Res-
pecto de los obispos italianos que con el apoyo de Nesto-
no y otros buscaban ser rehabilitados, Celestino se atuvo
de forma inflexible a la condenación emanada por Inocen-
cio y Zósimo contra los secuaces de Pelagio y Celestio En
Celestino I
717
este sentido respondió a dos cartas de Nestorio (Ep.li), y,
tras el concilio de Efeso, invitó al nuevo obispo de Cons-
tantinopla, Maximiano, y al clero y fieles de la ciudad a
mantenerse alerta contra los posibles seguidores de Celes-
tio (Ep.24 y 25)
Cuando la controversia pelagiana aún no se habían apa-
ciguado, Celestio se vio envuelto en la polémica nestonana
(desde el 428 en adelante) x^estorio y sus adversarios, y
más tarde Cirilo de Alejandría, solicitaron el parecer de la
iglesia de Roma sobre la cuestión cristológica, y Celestino
interpretó estas iniciativas orientales como apelaciones a la
autoridad de la Sede Apostólica, y, tras haber discutido el
asunto en el sínodo romano de agosto del 430, comunicó a
las grandes iglesias de Oriente su decisión contraria a Nes-
tono, encargando a Cirilo, como legado suyo, tomar las
medidas necesarias contra el obispo de Constantinopla
(Ep 1 1-14) Por ello, cuando Tedosio II convocó un conci-
lio ecuménico en Efeso, Celestino se encontró inespera-
damente en apuros, pues, a su entender, la causa había
sido ya definida No le quedó, pues, otra solución que
aceptar la sentencia del futuro concilio como expresión de
asentimiento a su decisión (cf Ep. 17 y 18) Y no de otra
forma se comportaron los legados, llegados con retraso a
Efeso, al agradecer a los Padres sinodales, como miembros,
su adhesión a la sentencia de la cabeza (cf ACO 1-1,3,58)
Celestino, a su vez, dando su parecer en carta al clero de
Constantinopla sobre la labor del sínodo efesino, asegu-
raba que Pedro nunca los habría abandonado en sus nece-
sidades (Ep 25,9, cf 22,6) Ningún obispo romano había
afirmado hasta entonces la autoridad suprema de la Sede
Apostólica con tanta claridad
Para apreciar en su justo valor esta afirmación conviene
tener en cuenta dos cosas por una parte, que los orienta-
les, a lo más, aceptaron sólo tácitamente esta afirmación
del primado romano, Cirilo, en particular, se preocupaba
poco de la forma jurídica con que la iglesia romana perse-
guía sus intereses, por otra parte, no se debe olvidar que
Celestino, al sostener la función peculiar de Roma, insistía,
asimismo, en la colegialidad de todos los obispos, recor-
dando, p ej., a Nestono que con sus actitud se excluiría a
sí mismo del colegio episcopal (Ep 13,5), tomando él
mismo sus decisiones de forma colegial, es decir, en un
sínodo, y reconociendo singular importancia a la responsa-
bilidad colegial de los Padres reunidos en el concilio de
718
Escritores de Italta hasta San León Magno
Efeso (Ep 18,1). El concepto de la colegiahdad episcopal
debe, a su vez, ser matizado, habida cuenta del comporta-
miento efectivo de Celestino, que exigía a los obispos de
Ilina deferir a Roma las causas importantes (Ep.3), que
imponía a los obispos de Vienne (Francia) y de Narbona el
respeto de los confines metropolitanos (Ep 4) y que trataba
de buscar arreglo a la cuestión de Apiario de Sicca y del
obispo de Fusala (MARSCHALL, p 184-201) Hay que ad-
vertir, en fin, que Celestino, al igual que sus predecesores,
no concedió nunca demasiada atención al examen detenido
de las doctrinas debatidas, la gracia o la cnstología, prefi-
riendo también él proscribir con autoridad los errores de
los pelagianos y de Nestono
Ediciones (CPL 1650-1654, PLS III 18-20) PL 50,417-458
(P Coustant), E Schwartz ACO I 1,7 p 125-137 142s, 12
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des Antiquaires de France 70(1911)1-78, M CAPPUYNS, L'ortgtne
des capitula pseudo-cékstmtens contre le sémtpélagianisme RB
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(1949)5-37 207-244, 24(1950)28-52 235-265, P Grosjean,
Note d'hagiographie celttque AB 70(1952)315-326 (sobre la mi-
sión de Paladio en Irlanda), G Bardy DHG XIK 1953)56-58,
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papa Célestin ler a un concite romain en 430, en Oikoumene (Catama
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Célestin I (422-432) NRTh 96(1964)250-259, J Speigl, Der Pe-
lagianismus auf dem Konzil von Ephesus Annuanum histonae con-
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lidad episcopal en la controversia nestoriana Studium
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lano 1974) p 149-205, A Grillmeier, Christ in Chnsttan Tradi-
tion (London 1975) I p 467-472 (el caso de Nestono visto desde
Roma)
SIXTO III
Favorable al pelagianismo bajo Zósimo, luego hostil
(cf AGUSTIN, Ep. 191 y 194), Sixto III, elegido pontífice a
finales de julio del 432, continuó la política de su predece-
sor, como lo prueban las cartas que de él se conservan.
León Magno
719
Procuró desde el principio favorecer la reconciliación en-
tre Juan de Antioquía y Cirilo de Alejandría (Ep. 1 y 2),
informado sobre el acuerdo alcanzado el 433, se congra-
tuló con los dos obispos reconciliados por el bien de la paz
eclesiástica, aprobando indirectamente el símbolo de unión y
atribuyéndose el éxito a sí mismo, es decir, a la presencia
de Pedro, garante de la fe verdadera (Ep 5 y 6) La mejora
de las relaciones con Constantinopla no le impidió defen-
der los derechos del obispo de Tesalónica contra las pre-
tensiones de algunos obispos de Ilina, apoyados abierta-
mente por Proclo de Constantinopla (Ep. 7-10) Respecto
del pelagianismo, Sixto siguió la política de Celestino, ne-
gándose el 439 a reintegrar a Juliano de Eclana en su dió-
cesis En su sede de Roma, Sixto se aseguró recordación
perpetua restaurando la basílica de los Apóstoles (San Pe-
dro en Vincoli), reconstruyendo la basílica de Santa María
la Mayor y el bautisterio de San Juan de Letran, monu-
mentos que rubrican sus éxitos en la política primacial
Ediciones (CPL 1655, PLS III 22s) PL 50,583-618 (P CüUS
tant), E Schwartz ACO I 1,7 p 143s, I 2 p 107-110
Estudios G BoviNl, / mosaici romani dell'epoca di Sisto III
(432-440) I / mosaici di S Sabina, dell'abside del Batttstero Latera-
nense e di S Pietro tn Vtncoli X Arte Ravennate (Ravenna 1963),
U Ulbrich, Augustinus Briefe zur entscheidenden Phase des pela-
gianischen Streites REAug 9(1963)51-75 235-258, V MONA
CHINO Bibhotheca sanctorum XI(1968)1262-1264, R Kraut
HEIMER, The Architecture of Sixtus III, en Krautheimer Studies
(London 1971) p 181-198, U SCHUBERT, Der politische Primats-
anspruch des Papstes, dargestellt am Triumphbogen von St Mana
Maggtore Kairos 13(1971)194-226, F J DOLGER, Dte Inschrtft
im Baptisterium S Giovannt in Fonte in der lateranensischen Basi-
lika aus der Zeit Xystus III (432-440) u dte Symbolik des Tauf-
brunnens bet Leo d Grossen AC 2(1930, 2 1974)252-257
LEON MAGNO
1 Vida y personalidad
León I (440-461), al igual que Gregorio I, que gober-
nará la iglesia de Roma un siglo después, ostenta el título
de Magno, «Grande», en la historia de la Iglesia. Si Gre-
gorio es el papa vuelto hacia el futuro, León representa,
720 Escritores de Italia hasta San León Magno
más bien, la meta de un período histórico que estaba para
terminar (CASPAR, 558). La posteridad, adjudicándole el
título de Magno, ha querido honrarlo más como heredero
y ejecutor que como descubridor y adelantado (CASPAR,
p.555) León ocupó la sede de Roma en uno de los mo-
mentos cruciales de la historia, cuando la parte occidental
del Imperio se hundía bajo las invasiones de los barbaros y
el Occidente emprendía un nuevo rumbo. Dentro de la
comunidad cristiana, por ese tiempo se impone con vigor
el principio de la ortodoxia tradicional, cobra auge una
vida eclesial con formas litúrgicas y disciplinares que se
atienen a formularios fijos y cánones precisos, mientras la
teología define su posición en cuestiones fundamentales
como la encarnación y la relación entre gracia divina y li-
bertad humana
No obstante la importancia histórica del período que le
tocó vivir, los datos biográficos sobre León, sobre todo an-
tes de su pontificado, son muy escasos, y poco claros los
rasgos personales de su acción como papa Su biografía se
identifica en su mayor parte con los avatares de su acción
pontificia, como emerge de su epistolario Exceptuadas las
pocas noticias recogidas por el Líber ponttficahs (I 236-
241), no existe una biografía antigua que facilite datos
precisos sobre su origen, su carrera o sus relaciones perso-
nales, lagunas que no suple una biografía en griego, que
es, en todo caso, prueba de la veneración que le profesaba
la iglesia de Oriente En sus escritos habla poco de sí, aun-
que revela sus ideales y aspiraciones, su modo de pensar y
actuar.
Nació, probablemente, en Roma, aunque quiza de ori-
gen toscano, a fines del siglo IV. Antes de ser obispo de
Roma ocupó, sin duda, una posición de relieve durante el
pontificado de sus predecesores, como lo documenta Juan
Casiano, que escribe sus Libri Vil de incarnatione a instan-
cias de León (PL 59,9) No se excluye que haya tenido
parte en la compilación del llamado Indiculus sobre la gra-
cia (DS 238-249) El mismo refiere (Ep. 119,4) que Cinlo
se dirigió a él (431) para asegurarse el apoyo de Roma
contra la política de Juvenal. En sentir de Próspero de
Aquitania, León influyó de forma decisiva en la postura de
Sixto III desfavorable a Juliano de Eclana (PL 51,598)
Mientras se hallaba en las Gallas (440) en misión diplomá-
tica para reconciliar a Ecio y Albino, prefecto del pretorio,
le llegó la noticia de su elección a la sede romana. Lo que
León Magno
721
sabemos de su carrera anterior permite vislumbrar las di-
rectrices de su pontificado, que serán la lucha contra la
herejía, el restablecimiento de la paz y la disciplina de la
Iglesia y la política de mediación
El ministerio pontifical, al que León se consagró con
verdadero celo pastoral, comprendía diversos niveles El
fue, en primer lugar, obispo de Roma, y con los sermones
que predicaba habitualmente al clero y a los fieles se es-
forzó por introducir a su comunidad en la celebración de
los misterios de Cristo, invitando a los fieles a vivir el bau-
tismo imitando a Cristo, y por preservarla en su fe del pe-
ligro de las herejías y de las costumbres paganas. La oposi-
ción a la herejía, que fue una de sus principales preocupa-
ciones, no carecía de actualidad, especialmente por lo que
al maniqueísmo se refiere, combatido por León, sobre
todo en los primeros años de su pontificado, con todas sus
fuerzas (cf Serm 9,4, 16,4-6). Se preocupó, asimismo, de la
organización de la liturgia, de la restauración y embelleci-
miento de las basílicas, de la reforma de la vida monástica
y de la acomodación de los peregrinos
Su actividad en favor de la ortodoxia y de la disciplina
eclesiástica como metropolita del centro y sur de Italia,
primado del norte de Italia y patriarca de Occidente, no
fue menos importante Con el sínodo anual de Roma y con
numerosas intervenciones en cuestiones como la fecha de
la celebración de la Pascua (Ep. 16), las condiciones de
vida del clero o la administración de los bienes eclesiásti-
cos, coordinó la vida eclesiástica de las diócesis suburbica-
nas Sus estrechas relaciones con los obispos de Italia sep-
tentrional, en particular Milán, Rávena y Aquileya, se re-
fieren, sobre todo, a la commumo ftdei, es decir, a la lucha
contra el pelagianismo (Ep. 1 y 2) y el maniqueísmo, y la
receptto de la fe de Calcedonia (Ep. 97). Sus intervenciones
en el orden de la disciplina se limitan, por lo general, a
confirmar las decisiones tomadas en los diversos sínodos
locales o a responder a las cuestiones sometidas al juicio
de la Sede Apostólica Lo mismo cabe decir de sus relacio-
nes con las demás regiones eclesiásticas, aunque la diversa
organización jerárquica aquí vigente provocó algunas in-
tervenciones particulares acerca, v.gr , del rango y prerro-
gativas de la sede de Arlés (Ep de la Collectto Arelatensts) ,
del obispo de Tesalónica (Ep. de la Collectto Thessalontcen-
sts) o a causa de los desórdenes provocados por la invasión
de los vándalos en Mauritania (Ep. 12). A esta interven-
722
Escritores de Italia basta San León Magno
ción de carácter disciplinar hay que añadir aún su oposi-
ción al priscihanismo español, que era, a sus ojos, una es-
pecie de maniqueísmo redivivo (Ep 15).
Sus relaciones con las iglesias orientales afectaron casi
exclusivamente a las cuestiones relativas al mantenimiento
de la comunión universal en la fe Con la excepción de
alguna intervención de poco relieve sobre cuestiones dis-
ciplinares o litúrgicas, como la fecha de la Pascua (Ep.2, 3,
121 y 122, etc ), la correspondencia con los orientales
versa sobre la unidad de la fe, es decir, las controversias
que precedieron y siguieron el concilio de Calcedonia
(451) o su celebración (epístolas incluidas en las actas del
concilio) El 448, Eutiques, defensor intransigente de la
cnstología de Cirilo de Alejandría, apela a Roma, pero
León, antes de pronunciarse, decide informarse mejor del
caso por Flaviano, obispo de Constantinopla Desde este
momento se asiste en su correspondencia a un intercambio
incesante de misivas entre Roma y las autoridades eclesiás-
ticas e imperiales, los fieles de Constantinopla, los delega-
dos de Roma en Oriente y las otras sedes episcopales
Esta rica documentación permite ilustrar las diversas
etapas de la actividad de León en favor de la communto fi-
det. Cuando Teodosio II convocó, en la primavera del 449,
un sínodo en Efeso, León mandó sus delegados, aunque no
de buen grado, pues estimaba que la causa había sido ya
decidida en su Epistuía dogmática ad Flavianum. El concilio
de Efeso fue un fracaso para la causa de Flaviano, y León y
el mismo Flaviano lo calificarán más tarde de latrocinium
(Ep.95,2). Instigado por Flaviano, por Eusebio de Dorileo
y, sobre todo, por Teodoreto (Ep.52), trató de obtener del
emperador la convocación de otro concilio verdadera-
mente ecuménico (Ep.4$), sin lograrlo, no obstante el
apoyo de Pulquería y de la corte de Rávena La convoca-
ción del concilio fue posible sólo tras la muerte repentina
del emperador, pero entonces, cuando las autoridades civi-
les y eclesiásticas se habían declarado dispuestas a aceptar
su Tomus ad Flavtanum, León se mostró, más bien, contra-
rio al proyecto. No obstante, y no sin dudarlo, accedió a la
convocación de un concilio en Calcedonia, que se celebró
en el otoño del 451 y se puso de parte de León, conde-
nando a Dióscuro, el triunfador de Efeso Aún más, pre-
sionado por la corte, el concilio promulgó una definición
dogmática en consonancia con las tradiciones cnstológicas
vigentes. León, informado del éxito, se congratuló con la
León Magno
723
corte imperial y con los Padres conciliares y comunicó los
resultados a los obispos de Occidente (cf. Ep. 102-
106,114) No obstante, la paz eclesiástica no fue restable-
cida totalmente, y León no hallará reposo hasta el fin de
sus días, debiendo, por una parte, intervenir continua-
mente en defensa de la fe de Calcedonia, vía media, en su
opinión, entre los errores de Nestono y Eutiques, y, por
otra, combatir el canon 28 del mismo concilio, que, adju-
dicando el segundo rango jerárquico a la sede de Constan-
tinopla, contravenía, a su entender, a los cánones nicenos
Esta doble preocupación, dogmática y canónica, domina
toda su correspondencia posterior con los orientales Entre
estas cartas destacan las que se refieren a los monjes pales-
tinos (452-454), los adversarios mas tenaces de la fe de
Calcedonia (Ep. 123-127), y al restablecimiento de la paz
en Egipto por los años 457-458 (£¿.156-158 164-165)
La lucha por la ortodoxia y la paz de la Iglesia, que
ocupa casi toda la existencia de León Magno, discurre,
asimismo, por el plano político que la condición de la
«iglesia imperial» de su tiempo requería Pero en su inter-
vención en este campo no se limitó a los intereses de la
unidad de la fe, fundamento de la unidad política. El 452,
al tiempo de la invasión de Atila, León Magno formó parte
de la misión imperial enviada por Valentiniano II para ne-
gociar con el rey de los hunos, y, en buena parte, a él cabe
atribuir el éxito de la misión Tres años después obtuvo de
Gensenco la incolumidad de Roma y de sus gentes del
incendio y las matanzas En sus relaciones con la autoridad
civil, la corte de Rávena le reservó un tratamiento de fa-
vor En la controversia con Hilario de Arlés, Valentinia-
no III se pronunció abiertamente en favor del primado del
obispo de Roma (445) (Ep.W) Las relaciones con la corte
de Constantinopla discurrieron por canales bastante diver-
sos León no sólo no se mezcló en los asuntos políticos de
Oriente, sino que incluso en los asuntos eclesiásticos hubo
de dejar en gran parte la iniciativa en manos de la autori-
dad imperial. El mismo reconocía de buen grado una cierta
dignidad sacerdotal a la figura del emperador, es decir, la
responsabilidad de promover la unidad y la concordia en-
tre las iglesias para mayor bien del mismo Imperio, no obs-
tante, cuando Marciano quiso defender el canon 28 de Cal-
cedonia, León no omitió recordarle la distinción entre
Dios y el mundo, entre la religión y el Estado, exigiendo
de este modo que se respetase la libertad de acción de la
724
Escritores de Italia hasta San León Magno
Iglesia, y reafirmando así el primado de la Sede Apostó-
lica, aunque nunca encontró en este punto buena acogida
por parte de la corte de Constantinopla
La acción pastoral de León, tanto a nivel local como
universal, aparece siempre sostenida por un profundo
sentido de la dignidad y de la autoridad, mas, al mismo
tiempo que exigía el reconocimiento de su alta misión al
servicio de todas las iglesias, nunca ofendió la humihtas, es
decir, la convicción de su dependencia de Cristo, verda-
dero Señor de la Iglesia Esta dialéctica, esta moderatto, ca-
racterizó el desempeño de su altísima misión y orientó
toda su existencia Se mostró intransigente con los errores
en la fe y las contravenciones a la disciplina, pero al mismo
tiempo, trató siempre de hacer volver a la senda de la ver-
dad a los que erraban y recuperar a los culpables Se pre-
ocupo, asimismo, de conjugar las responsabilidades de la
Sede Apostólica con las del colegio episcopal En el campo
doctrinal buscó siempre la vía media, oponiendo los erro-
res entre sí y conjugando de forma dialéctica los diversos
aspectos de la verdad
Esta moderatto, sobre todo en el campo dogmático, era
el fruto de su excelente formación Su cultura retórica y su
formación jurídica le guiaban en la búsqueda de la exacti-
tud y equilibrio de la expresión Acaso fue aún más impor-
tante su optimismo cristiano, el convencimiento de que
Cristo nunca abandona a su Iglesia, nunca permite que el
error prevalezca y preserva a los fieles en la santidad bau-
tismal Convencido de ser guiado por Cristo presente en
Pedro, se sentía en el deber de defender su posición. En
cierto sentido, su mismo optimismo lo traicionó, pues no
supo ejercer su moderatto constituyéndose en arbitro entre
antigüedad y progreso, sino que se decidió por el statu
quo, llevado también, sin duda , por el tradicionalismo, que
había heredado de su pueblo romano
A la vista de las directrices principales de la actividad
de León Magno pontífice, no es de extrañar que la investi-
gación histórica se haya ocupado por el momento, sobre
todo, de su política eclesiástica en la coyuntura del concilio
de Calcedonia, con sus implicaciones eclesioiógicas y cns-
tológicas, han sido, asimismo, objeto de asiduo estudio su
contribución al desarrollo del derecho canónico, tanto en
lo referente a las personas como a las comunidades, y la
orientación que imprimió a la liturgia, ha interesado tam-
bién el estudio de su personalidad, especialmente sus do-
León Magno
725
tes de gobierno y su romanidad, aspectos todos puestos de
relieve en los numerosos estudios que se le han consa-
grado Falta, en cambio, una exposición de conjunto de la
obra de este gran pontífice, al día en cuanto a información
y equilibrada en su postura confesional
Estudios generales O BARDENHEWER, Geschichte der altkirchli-
chen Literatur (Freiburg 1924) IV p 617-623, H LlETZMANN
PWK XÍI 2(1925)1962- 1973, P Batiffol DTC
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Dolle, León le Grand, Sermons I [SCh 22bis] (París 2 1964) p 7-55,
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rta patria 89(1966)1-23, G Zannoni Bibhotheca sanctorum
VII (1966)1232 1278 G Bardy, en A Fliche y V Martin,
S torta della Chusa (Tormo '1972) IV p 324-350 (y passtm)
Estudtos sobre puntos particulares de su biografía C VAN DE
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Grande e le tnvastoni dei Goti, Unni e Vandali (Roma 1944), M
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BERG, Papsttum und Reichskirche bei Leo d Grosse ZSavK
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tóricas Eutiques, San León Magno Verdad y vida 10(1952) 367-
382, V MON ACHINO, // lanone 28° di Calcedonia e S Leone
Magno Greg 33(1952)261-291 531-565, A Walz, Papst und
Kaiser m Chalkedon Ang 29(1952)110-129, F HOFMANN, Der
Kampf der Papste um Konzü und Dogma ion Chalkedon von Leo dem
Grossen bis Hormisdas (451-519), en Das Konzü von Chalkedon
(Wurzburg 1963) II p 13-94, C LEPELLEY, S León le Grand et la
Cite Romaine RevSR 35(1961)130-150, ID , S Léon le Grand et
l'Eglise mauretantenne Primaute romaine et autonomie africame au
Vistéele Les cahiers de Tunisie 15(1967)189-204, J Oroz Reta,
San Léon, papa de la romanidad Helmantica 13(1962)163-191
Id , San Agustín y San León Magno frente al destino de Roma Au-
gusnnus 9(1964)175-191, L M Martínez, La restauración de San
Léon Magno en la basílica Ostiense RQ 58(1963)1-27, G LANG-
GARTNER, Die Gallienpohtik der Papste im 5 u 6 Jahrhundert
726
Escritores de Italia hasta San León Magno
Eine Studie über das apostoliscbe Vikariat ron Arles (Bonn 1964); R.
JURDIN, Le Pape chez Attila: Nouvelle Revue Francaise 17 (París
1969) 161-168; A. Lauras, S. Léon le Grand et le Manichéisme
romain: SP XI [TU 108] (Berlín 1972) p.203-209; B. VoiX-
MANN, Prisállianus: PKWSuppl XI V( 1974)485-559.
2. Obras
León Magno, animado por su celo pastoral por la co-
munidad de Roma y por todas las iglesias, nos ha legado
un rico patrimonio de cartas y sermones. Por tratarse sólo
de cartas, que son, más bien, expresión de la cancillería
pontificia, y sermones, es decir, sólo dos géneros literarios,
a menudo se le concede escasa importancia en la historia
de la literatura latina (cf. SCHANZ-HOSIUS). Téngase, no
obstante, en cuenta que el suyo es el epistolario más rico
que poseemos antes de Gregorio Magno y que es, asi-
mismo, el único papa de este período de quien poseemos
aún la mayor parte de sus sermones. Se trata por ello de
una documentación de valor inestimable para el conoci-
miento de la historia de la Iglesia, de la teología y de la
espiritualidad cristiana. Bajo el aspecto literario, son, sin
duda, obras de alto nivel. Sus cartas y sermones se distin-
guen por el estilo refinado, la prosa rítmica, la pureza del
lenguaje, la concisión de la forma y la claridad de las ideas.
Pocos escritores de su tiempo han sabido manejar como
León los recursos de la retórica latina alcanzando tan per-
fecto equilibrio de forma y fondo. Nota típica suya es la
capacidad de acuñar en el troquel romano sus ideas cristia-
nas predilectas. En él, el genio romano se alió de forma
verdaderamente singular con el espíritu cristiano.
1 . Cartas
En la edición de los hermanos Ballerini, reimpresa por
Migne, el epistolario leonino comprende 173 cartas, 143
del papa y 30 a él dirigidas, y cubre un período de casi
veinte años (442-460). La conservación de un número tan
elevado de cartas se explica por la multiplicidad de intere-
ses que sus cartas suscitaron aún en vida y, sobre todo,
después de la muerte del pontífice.
León se preocupó personalmente de difundir lo más
León Magno
727
posible sus cartas de alcance universal. La prueba más cla-
ra de lo dicho es la historia misma de su escrito más
célebre, el Tomus ad Flavianum, que fue difundido por
todo el Imperio. Para promover la communio ficíei, León
envió el 449 una amplia documentación sobre el caso de-
Eutiques a los obispos de las Galias y España, proceder de
enorme importancia, pues esa documentación, transmitida,
asimismo, a los obispos que asistieron al sínodo romano de
ese mismo año, comprendía, al parecer, la colección de
cartas leoninas que más tarde fue incluida en la colección
canónica de Novara (siglo IX). Con intereses dogmáticos,
es decir, en defensa del concilio de Calcedonia, fue compi-
lada en el siglo VI una colección de 72 cartas, conocida con
el nombre de Collectio Ratisbonensis, y en defensa de dere-
chos jurisdiccionales fueron, asimismo, compiladas la Co-
llectio Thessalonicensis (siglo VI), la Collectio Arelatensis y la
Collectio Avellana (siglo VI), que incluyen todas un cierto
número de cartas de León. Otras cartas nos han llegado en
colecciones canónicas, junto a otras decretales papales y
decisiones sinodales, como la Quesnelliana, de origen ita-
liano y de fines del siglo V, y la de Novara citada más
arriba. La carta 28 nos ha llegado también en una colección
litúrgica, el homiliario de la basílica de los Apóstoles,
compilado por Agimundo en el siglo vm.
El estudio de la difusión de las cartas leoninas, caso
típico de la difusión de todas las cartas papales antiguas,
es importante tanto para decidir cuestiones de auten-
ticidad y crítica del texto como para valorar debidamente,
desde un punto de vista histórico, el pontificado de León.
Aun suponiendo que la selección posterior de los docu-
mentos haya, en general, respetado la efectiva importancia
de los datos biográficos, no hay que olvidar que nuestro
juicio sobre ellos está condicionado por los intereses de
los compiladores posteriores. Además, excepción hecha de
alguna que otra pieza procedente de un original de la Co-
llectio Avellana, todas las cartas conservadas proceden del
registro de León, conservado en los archivos de la Sede
Apostólica.
Sobre las cuestiones relativas al valor histórico-literario
y de la transmisión de las cartas leoninas, poseemos sufi-
ciente información, pero quedan aún bastantes problemas
que esperan solución. Urge, ante todo, disponer de una
edición crítica completa que dé cabida a todas las ediciones
parciales tras un minucioso control de los estudios realiza-
728 Escritores de Italia hasta San León Magno
dos hasta ahora. En vista de esta edición crítica es preciso
plantear nuevamente la cuestión de la autenticidad de toda
una serie de cartas (cf. CPL 1656), estudiar mejor la cues-
tión de las fuentes y determinar con más precisión la parte
que Próspero ha tenido en la composición de las cartas de
León. Se requiere, asimismo, un estudio más preciso de las
relaciones entre las cartas y los sermones contemporáneos.
2. Sermones
El legado de sermones, no menos valioso que el de sus
cartas, comprende, en la nueva edición crítica de A. Cha-
vasse, 97 sermones o tractatus (96 según los Ballerini),
dispuestos según el orden del año litúrgico como se cele-
braba en tiempos de León. Poseemos, por tanto, sermones
sobre la Navidad (10), Epifanía (8), Pascua (2), Ascensión
(2), Pentecostés (3), tiempo de Cuaresma (12), Semana
Santa (De passione) (19), para el ayuno de Pentecostés (4),
de septiembre (9) de diciembre (9) y para las colectas (6),
más varios sermones en la festividad de San Pedro y San
Pablo, San Lorenzo y los Macabeos y en la ordenación de
León y en su aniversario.
La edición de A. Chavasse ha conservado la disposición
tradicional, que ordena los sermones según el curso del
año litúrgico, comenzando con el 29 de septiembre y ter-
minando con los sermones para el ayuno de septiembre; y,
dentro de cada grupo, los dispone en orden cronológico.
Este doble criterio, no siempre entendido por los editores
modernos, se remonta a las primerísimas ediciones, prepa-
radas por su autor y colaboradores (cf. las listas de CCL
138 p.CLXXIX y CXCIV).
La conservación del patrimonio homilético de León se
debe en gran parte, aunque no exclusivamente, a su utili-
zación litúrgica a lo largo de los siglos. Gran número de
homiliarios han incluido un número más o menos nutrido
de sermones de León. Entre estas colecciones destacan el
ya citado homiliario de Agimundo (siglo VIII) y el de Paulo
Diácono (siglo VIH), tradición preferida por los Ballerini.
Las colecciones para uso litúrgico no son, sin embargo, los
más antiguos agentes de transmisión de los sermones del
santo; la primera iniciativa se debe a su autor, que ordenó
dos colecciones de carácter dogmático; la primera com-
prendía los sermones de los cinco primeros años (440-445)
León Magno
729
y terminaba con la solución de la controversia con los ma-
niqueos de Roma y con Hilario de Arlés; citas de siete
sermones de esta colección, de tenor marcadamente anti-
maniqueo, se leen en el Tomus ad Flavianum. Amén de los
sermones de la primera en segunda edición, la segunda co-
lección comprendía, ante todo, los sermones sobre la cues-
tión de los monjes palestinos (452-454); de su tendencia
claramente antieutiquiana cabe deducir que su redacción
sea posterior al 454. Hacia el año 600, y con el propósito
de ofrecer juntos todos los sermones de León, un compi-
lador procedió a reunir las dos colecciones, combinando
en un único texto las versiones divergentes del mismo
sermón en una y otra serie (colección triforme). No se ex-
cluye que la tercera colección haya sido emprendida tam-
bién con intereses dogmáticos, acaso en favor de los Tres
Capítulos (CCL 138 p.CXin). La colección de los sermones,
incluso después de su compilación, no sirvió sólo para el
uso litúrgico, sino que comparecen, junto con las cartas, en
las colecciones canónicas; v.gr.: una colección de cartas
que se forma dentro de la colección canónica conocida
como Falsas Decretales, aparece, en compañía de una
forma (A) de la colección triforme, en toda una serie de
manuscritos del siglo XII, con orientación, al parecer, anti-
pelagiana (CCL 138 p.CUl-CVl).
Los trabajos de crítica textual favorecieron por mucho
tiempo a las cartas, con desventaja del patrimonio homilé-
tico de León Magno. Hoy día, gracias a los pacientes estu-
dios de A. Chavasse, se han cambiado las tornas. Actual-
mente disponemos de una excelente edición crítica de los
sermones y consta con seguridad de su autenticidad, y, en
gran medida, también de su cronología. Precisa ulterior es-
tudio la determinación de las fuentes, conocidas sólo en
parte; el nexo entre ciertos sermones y las cartas escritas
por el mismo tiempo y la relación con las oraciones litúrgi-
cas (cf. infra); en especial la exégesis de tipo litúrgico que
caracteriza la forma de la mayor parte de los sermones.
3. Textos litúrgicos, inscripciones y obras no auténticas
León Magno contribuyó a la organización de la liturgia
de la comunidad romana y de las iglesias que de ella de-
pendían (cf. Ep.9; 16; 121,1; 168, etc.). La atribución tra-
dicional del sacramentario más antiguo, el Veronense, a su
730
Escritores de Italia hasta San León Magno
nombre y las numerosas afinidades entre las oraciones de
dicho sacramentarlo y sus sermones, no permiten dudar de
que León haya compuesto textos litúrgicos, aunque no se
pueda demostrar que al menos algunos textos litúrgicos
a los que sus sermones aluden sean obra suya. León en
sus sermones utiliza sin duda otra fuente, y es por ello
menos probable que redactores posteriores de oraciones
litúrgicas hayan adoptado sus fórmulas (CCL 138 p CCXVIII,
CPL 165 7c y los estudios sobre León y el sacramentarlo
Veronense).
San León es el autor de la inscripción Gens sacranda
poli del bautisterio de la basílica Lateranense (CPL
1657b), muy dudosa, en cambio, la atribución de otras ins-
cripciones Se le ha querido atribuir el De vocatione omntum
gentium (CPL 528, PL 51,647-722) y el llamado Indtculus
de gratia (CPL 527, PL 51,205-212), mas es preferible, sin
duda, atribuirlos a Próspero de Aquitania, cuyas relaciones
con León han sido por el momento poco o nada estudia-
das
Ediciones de conjunto (CPL 1656-1661, PLS III 329-350) PL
54-56 (P y G Ballerini, Venezia 1753-1757)
Ediciones parciales A Chavasse CCL 138 y 138A (1973) (97
sermones), E SCHWARTZ, Leonis papae I Eptstularum collectiones
ACO II 1-4 (Berlín 1932), C Silva-Tarouca Textus et docu-
menta ser theologica 9,15,20 y 23 (Roma 1932-1937), W
Gundlach, Epistulae Arelatenses MGH epist III (1892), O
GUNTHER, Collectw Avellana CSEL 35-1(1895), B Vollmann,
Studten zum Prisallianismus (ep 15) (St Ottilien 1965), B
KRUSCH, Studten zur chrtstlich-mittelalterhchen Chronologie, der
vierundachtzigjahnge Osterzyklus undseine Queden (Leipzig 1880)
p 251-265
Traducciones Sermones y cartas Holandesa A Huyg, Smt Leo
de Groóte, Over de menswording van Chnstus Leerstelhge bne-
ven en preeken (Amsterdam 1941) — Inglesa C L Feltoe
LNPF2ndser 12 (1895) — Italiana T Mariucci (Tormo 1969)
(selección) Sermones Alemanas Th Steeger BKV 2 54 55
(Munchen 1927), W HAACKE, Reden uber Petrus (Paderborn
1939), F Faessler, Heilige Festfeier (Luzern 1947) (selec-
ción)— Española M Garrido BONANO, San León Magno Homi-
lías sobre el año litúrgico BAC 291(1969) —Francesa R DOLLE, S
León le Grand Sermons I-IV SCh 22,49,74,200 (París 1949-1973)
(con texto) -holandesa F VROMEN, Leo de Groóte Preeken voor
het hturgisch jaar (Osterhout 1960-1961 ) —Italiana E Vale
León Magno
731
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1965)— Cartas Inglesa E HuNT FC 34( 1957 ) — Alemana S
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y traducciones, cf C H TuRNER, The Collection of the Dogmatic
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7 39, C SlLVA-TAROUCA, Beitrage zur Uberlieferungsgeschichte der
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Grand a-t-il uttlisé des sources liturgiques 3 , en Mélanges B Botte
(Louvain 19 7 3> p 71-74
3. Doctrina
1 Características principales de la teología de León Magno
Pastor solícito del bien de su comunidad y preocupado
por la unidad de todas las iglesias, León Magno profesa
una doctrina tradicional y bastante elemental, muy apro-
piada a los fines prácticos de la catequesis litúrgica y de la
defensa de la ortodoxia, su teología no presenta, pues, las
características de una reflexión personal sobre la fe cris-
tiana Ello explica que no haya sido estudiado en su con-
junto su método teológico, método que, por lo demás,
León nunca se ha preocupado de exponer formalmente.
Existen estudios particulares sobre puntos fundamentales,
como la Escritura, la tradición, el dogma o su formulación
León Magno
733
dogmática, pero no sobre los presupuestos metodológicos
de su teología kengmática, que, en todo caso, merecerían
ser estudiados León expone y explora las profundidades
del mensaje cristiano en un marco muy característico y tí-
pico de muchos otros obispos latinos de su tiempo.
De sus escritos resulta con evidencia que León, con su
ministerio y su acción política, se propuso servir a la unidad
y la paz de la Iglesia. Este fin persiguen su pastoral ordinaria
(v gr . la predicación a los fieles durante las festividades
pascuales) y su pastoral extraordinaria, es decir, sus inter-
venciones para solucionar cuestiones disciplinares (fecha
de la Pascua, fecha de la administración del bautismo, etc.)
y la lucha contra las herejías. Para León, la Iglesia católica
y universal no puede no ser una, con una unidad más pro-
funda que cualquier otra, una unidad que no es sólo com-
munto naturae, sino también consortium grattae, basada en la
encarnación de Cristo, realizada mediante la participación
en la muerte de Jesús gracias al bautismo y la eucaristía,
vivida mediante la profesión de una misma fe y la candad
para con todos, tutelada por la acción común de todos los
obispos y protegida también por el poder civil. Esta unidad
es el centro de esa paz que no es ya sólo romana, sino
cristiana. La unidad exige, ante todo, la verdadera fe en
Cristo, Dios y hombre, pues el cristiano gracias a la fe
comprende el significado de la salvación (ratto sacramentt),
evita el error y el pecado y ejercita las opera pietatts. La
necesidad de la recta fe para la vida cristiana es la razón del
celo que León despliega en su lucha contra las herejías de
su tiempo todo error es dogma scelesttssimum, el peligro
más grave para la comunidad.
La defensa de la ortodoxia para asegurar la paz y la
concordia es tarea primordial de la teología, y no es posi-
ble llevarla a cabo sin un constante recurso a cuantos,
transmitiendo la palabra divina, pusieron los cimientos de
la fe cristiana Este recurso, fundamental en todo tiempo,
fue particularmente activo en tiempos de León, cuando se
elabora la teología de los concilios ecuménicos y se forja la
argumentación patrística, y explica, asimismo, su intensa
participación en el más grande concilio de la antigüedad, el
de Calcedonia, y su insistencia, típicamente romana, en los
ejemplos y costumbres de los antiguos La tradición, al
servicio de la única fe que garantice la paz, es otra nota
característica de la teología de León. A ella recurre en toda
su actividad pastoral, al recomendar la vida ascética, pole-
734
Escritores de Italia hasta San León Magno
mizando con los errores doctrinales o en la defensa de las
reglas monásticas, de la tradición le vienen no sólo las lí-
neas fundamentales de su teología, sino incluso los módu-
los de su pensamiento, que recalcan, con los del símbolo,
ciertas fórmulas y expresiones cnstológicas e incluso viejas
citas, tomadas a la letra Es de notar el creciente recurso a
la tradición durante la controversia eutiquiana, en la que se
pasa de la invocación del símbolo, a la autoridad de Nicea,
a los testimonia de los Padres y, finalmente, a la autoridad
de Calcedonia, equiparada a la de Nicea León se pre-
ocupa, asimismo, de subrayar el consesus omnium, el consen-
timiento actual de todas las iglesias del Imperio, pero se
refiere con preferencia a la antigüedad, a la norma vetusta-
tis, tanto para las sentencias dogmáticas como para los ca-
ñones disciplinares La antigüedad es, según él, la principal
garantía de la apostolicidad de la Iglesia, es decir, de su
conformidad con la tradición apostólica El acuerdo con los
apóstoles y Padres no lo entiende en términos genéricos,
sino que exige, en conformidad con la mentalidad del
tiempo, que se ocupaba de la codificación del derecho y de
los dogmas filosóficos, convergencia hasta la identidad de
las fórmulas de fe En todo caso, su preocupación principal
es la exactitud de la formulación de la fe mas que la ulte-
rior elaboración filosófica de la misma incluso de índole téc-
nica.
Sintiéndose tan íntimamente vinculado a la tradición,
León Magno recurre a la Biblia, alegando auctoritates para
convalidar sus afirmaciones dogmáticas o exponiendo de-
terminados pasajes para hacer comprender los misterios de
Cristo y exhortar a la vida cristiana Por lo general, se
atiene a la interpretación tradicional de la Biblia, sirvién-
dose de los textos que cabria llamar clásicos y apoyándose
en los pasajes que habían atraído siempre la atención de
los predicadores Familiarizado con cierto tipo de exposi-
ción elaborado, sobre todo, por San Agustín, León en su
predicación litúrgica conduce a su auditorio, partiendo de
la realidad histórica (ordo rerum) de la vida de Jesús, a una
comprensión más profunda de su persona y a la ejemplari-
dad de las gestas realizadas, una vez para siempre, por el
Salvador
El esfuerzo constante de León por conducir a sus oyen-
tes a la comprensión del sacramentum et exemplum Cbristi
revela la característica mas notable de su teología, el cris-
tocentnsmo Sería errado pensar que su insistencia en la fe
León Magno
735
en Cristo, Dios y hombre, se explique sólo por la urgencia
de combatir los errores cnstológicos de su tiempo, como
el maniqueísmo, el nestonanismo y el eutiquianismo. En
realidad, su cnstocentnsmo es, doble por una parte, de-
fiende con tenacidad el dogma del único Cristo en dos na-
turalezas, y en particular la realidad de la encarnación, mas,
por otra, no se cansa de hablar de Cristo como Señor y
Salvador El aspecto kerigmatico es, en todo caso, preva-
lente, proclamando sin cesar la presencia salvífica de Cristo
en la Iglesia, no podía por menos de salir en defensa del
Cristo de la Iglesia
2 El fundamento cristológico
La orientación cnstológica de la teología de León es tan
evidente, que a nadie se le oculta Los estudios, sin em-
bargo, por mucho tiempo se han limitado exclusivamente
al aspecto estrictamente cnstológico, es decir, al tema de la
única persona en dos naturalezas. Son numerosos los tra-
bajos consagrados a la intervención de León en la contro-
versia eutiquiana y en el concilio de Calcedonia, la aten-
ción de los estudiosos ha recaído de forma especial sobre
el Tomus ad Flavianum, que es, sin duda, su obra teológica
más importante
Esta limitación de los estudios se comprende fácil-
mente si se tiene en cuenta que la historia de los dogmas
ha estado dominada por mucho tiempo por la cuestión del
único Cristo, Dios y hombre, y que la contribución de
León, Cirilo de Alejandría y de los Antioquenos fue deci-
siva para la elaboración de la fe de Calcedonia, funda-
mento dogmático de la cristología hasta nuestros días No
obstante, esta forma de estudiar la predicación y la refle-
xión leonina sobre el misterio de la encarnación dista mu-
cho de ser completa. Aun prescindiendo de las carencias
en la correcta apreciación del contexto histórico de la cris-
tología leonina, de sus fuentes teológicas y de su modo de
pensar típicamente romano, la investigación llevada a cabo
hasta el momento adolece, sobre todo, de su despreocupa-
ción por la dimensión preferentemente sotenológica de la
cristoltDgía de León Magno.
La misma doctrina de la doble consubstancialidad, nú-
cleo central de la cnstología dogmática de León, es funda-
mentalmente sotenológica Contra el supuesto docetismo
736 Escritores de Italia hasta San León Magno
de Eutiques, León elabora en su carta dogmática (Ep.28) la
doctrina de la gemina in Christo natura. Partiendo de la
afirmación del símbolo apostólico sobre la doble genera-
ción de Cristo, León demuestra la distinción en Cristo de
dos naturalezas, dotadas de sus propiedades y actividad pe-
culiares y unidas en un único sujeto de atribución Aunque
no recurra aún a la fórmula dogmática oriental consubstan-
tialis Patri - Consubstanttalis matri, como hará más adelante,
su pensamiento gira en torno a estos dos conceptos predi-
lectos Cristo nacido de Dios y nacido de María, con for-
mulaciones que se acercan mucho a la consubstancialidad
El uso posterior que León hará de la fórmula antitética con-
substantialts Patri - consubstantiaiis matrt en las cartas pos-
teriores y en su predicación, no permiten dudar del signifi-
cado estrictamente dogmático de la fórmula
Entendiendo por consubstancialidad la unidad e igual-
dad, la inclusión y semejanza, León, al declarar que Cristo
es consubstancial con el Padre y con su madre, no afirma
sólo la naturaleza divina y humana de Cristo, sino también,
y sobre todo, su solidaridad con Dios y con los hombres
Solidario con el Padre, Cristo lo revela al mundo y obra en
su nombre Solidario con nosotros, Cristo sufre y se ofrece
por nosotros al Padre Nadie puede obtener la salvación
si no cree en la doble consubstancialidad de Cristo
(Serm. 30,6). La fórmula aludida insiste en la distinción de
las dos naturalezas en Cristo, mas León no olvida subrayar
la unidad de la persona, fundada en que sólo el Hijo, no el
Padre ni el Espíritu, se ha encarnado (Serm 64,2) Gracias a
esta unidad, Cristo fue obediente hasta la muerte, se sacri-
ficó libremente por el género humano y es el modelo de
nuestra resurrección
La dimensión soteriológica del dogma de la doble con-
substancialidad resulta aún más claramente de su contexto
kengmático. León, que había compuesto su carta a Fla-
viano en gran parte con citas tomadas de sus propios ser-
mones, expone el mismo dogma en su predicación sobre
los misterios de Jesús, y ello es prueba de que la dimen-
sión cnstológica y sotenológica son inseparables.
El sacramentum pascbale preside todos los otros miste-
rios de Jesús que la Iglesia celebra cada año, mas su pre-
eminencia sólo se comprende plenamente a la luz de sus
relaciones con la Navidad y la Ascensión. En la Navidad,
fiesta del nacimiento de Cristo de la Virgen, León pone de
relieve que la nativitas nova revela la divinidad de Cristo y
León Magno
lil
demuestra su pertenencia al género humano, que es por
ello invitado a confesar a Cristo Dios y hombre verdadero
Aunque reconoce a la Navidad un cierto valor sotenoló-
gico, en cuanto commercium mirabile entre Dios y el hom-
bre, modelo de nuestra regeneración y comienzo de la vic-
toria sobre el diablo, León prefiere presentarla, más bien,
como condición de la Pascua Cristo debía nacer para po-
der morir por nuestros pecados y resucitar por nuestra
santificación (Serm 48,1) La intima relación entre Navidad
y Pascua se explica, ante todo, en función del bautismo, al
que el sacramentum paschale confiere su plena significación
Nuestro Redentor debía nacer de Dios y de María, es de-
cir, ser consubstancial a ambos para que nosotros pudié-
ramos morir y resucitar con él en el sacramento del bau-
tismo (Ep 16,3)
Entendiendo la Navidad en función de la Pascua, León
sostiene que la victoria de Cristo sobre el diablo se funda
en su nacimiento virginal de María, pero sería errado re-
ducir su soteriología pascual a la redemptto, comprendida
también la reconcihatto. La obra salvífica de Cristo no con-
siste sólo en una victoria tusta, sino que comprende tam-
bién la lustiftcatto; no es sólo la abohtio peccati, sino tam-
bién initium ad vitam aeternam resurgendt (Serm 48,1, 52,1,
64,3) Este pensamiento se esclarece a la luz de la relación
entre Pascua y Ascensión
El trtumphus victoriae (Serm 67,7) que se celebra en la
Pascua, el transttus ad gloriam de Jesús, es comienzo y
prenda de nuestra glorificación (Serm. 72,6,65,4) Este as-
pecto del misterio pascual resplandece en la luz plena de la
fiesta de la Ascensión la exaltación de Cristo ha sido la
provectio nostra, la glorificación de la Cabeza ha sancionado
de forma dehnitiva la assumptio totius generis humani, fun-
damentada en la encarnación (Serm 63 1, 73,4) El hombre,
admitido a la communio naturae, posee ahora el consortium
gloriae (Serm. 72, 2) El universalismo de la salvación, an-
clado en la solidaridad entre Cristo y los hombres, re-
salta en la doctrina leonina sobre el sacrificio de Cristo.
El sacrificio de la muerte de Jesús es la consumación de
todos los sacrificios del Antiguo Testamento (Serm 59,7,
68,3), y por ser el holocausto no sólo de un hombre
verdadero, sino ademas el don de sí del único hombre
justo — nacido de la Virgen gracias a su filiación divina — ,
su muerte fue el único sacrificio capaz de reconciliar a todos
los hombres con Dios (Serm 64,2-4)
738 Escritores de Italia hasta San León Magno
3 Presencia de Cristo en la comunidad cristiana
La orientación soteriológica de la cristologia de León se
echa aún de ver en el nexo entre la doctrina sobre el mis-
terio de Cristo y la eclesiología En la imaginación del lec-
tor, los sermones de León sugieren fácilmente las figuras
majestuosas de Cristo que resplandecen en los ábsides de
las basílicas romanas, y que simbolizan la presencia del
Dominus Salvator en su Iglesia
La eclesiología de León Magno ha sido objeto de varios
estudios, sobre todo la Iglesia como corpus sacratutn
(Serm 4,1), es decir, en sus aspectos institucionales y en los
aspectos que más tarde convergerán en la teología del
Cuerpo místico Merecería mayor consideración su doc-
trina sobre Christus praesens in Ecclesta.
El tema de la Ecclesta quae est corpus Chnsti ocupa, sin
duda, un puesto central en el pensamiento teológico de
León, a pesar de que los textos que formalmente lo expo-
nen son más bien raros (Ep 53,4) y que los pasajes más
claros sobre el Cuerpo de Cristo pongan de reheve, ante
todo, el aspecto de la unidad orgánica de la Iglesia
(Serm 4,1, Ep. 14,11). No obstante, la idea de la presencia
de Cristo, fuente de la vida cristiana, es un presupuesto
constante de la obra de León.
En este sentido, la Iglesia es siempre, según él, una
commumo sanctorum, es decir, que, a pesar de contener
siempre en sí pecadores y a pesar de estar formada por
cristianos imperfectos, no pierde nunca su mtegritas La
Iglesia es como una continuación de la encarnación de
Cristo León alega a menudo la promesa de Jesús Ecce ego
vobiscum sum ómnibus diebus usque ad consummationem
saecuh (Mt 28,20) (cf Serm. 72,3), y habla constantemente
del consortium o de la unto de Cristo con nosotros o de su
inhabitatio en la Iglesia Toda la vitalidad de los cristianos
dimana de la presencia de la Cabeza en su Cuerpo
(cf Serm 63)
El bien que los cristianos ponen por obra en sus vidas
— la candad, la vida ascética, los sufrimientos — son, en
último análisis, obra de Cristo, que en ellos actúa En vir-
tud de su unión con Cristo, fundada en el bautismo y en la
fe, la pasión del Señor se prolonga hasta el fin del mundo
(Serm.70,5) y se renueva, asimismo, a lo largo de toda la
historia de la Iglesia, la victoria de Cristo sobre el mundo
(Serm. 39,3) Cristo, presente de modo especial en los po-
Leon Magno
739
bres, ofrece a los fieles la ocasión de demostrarle su amor
(Serm 9, etc ) La doctrina de León sobre el hombre, ima-
gen de Dios, debe ser entendida igualmente en este con-
texto La semejanza con Dios, que el hombre recupera con
el bautismo, se realiza, ante todo, imitando el amor de
Dios, que ha enviado al Salvador a este mundo
(Serm 45,2)
La doctrina agustiniana sobre la gracia divina y la liber-
tad humana queda en San León perfectamente enmarcada
en sus perspectivas cnstológicas Elaborando ulteriormente
el tema agustiniano del sacramentum et exemplum, León
afirma continuamente que Cristo no es sólo nuestro mo-
delo, sino también la fuente de todas las gracias (Serm.y),^,
43,1,63,4)
La presencia de Cristo preserva la integridad de la Igle-
sia en cuanto commumo sacramentorum. La Iglesia, mater y
schola veritatis (Serm. 42,5), está llamada, de manera espe-
cial en sus pastores, a mantener viva la fe en sus fieles y a
conducir a los más espirituales a una comprensión más
profunda del misterio de Cristo (Serm 76,1), tarea funda-
mental que realiza gracias a la presencia de Cristo, que
ayuda a los predicadores (véanse, sobre todo, los exordios
de algunos sermones, como el Serm. 52,1), y está presente
en todos los que tienen la responsabilidad de la ortodoxia,
sean eclesiásticos o autoridades civiles (Sera. 34,5, Ep. 29,
60, 102,2, 114,2, 164,1) Por eso, San León considerábala
afirmación de la recta fe en el concilio de Calcedonia como
un triunfo de Cristo (Ep 104,1), una nueva venida del Se-
ñor (Ep 120,2).
Lo mismo cabe decir de la commumo sacramentorum en
cuanto acción santificadora de la Iglesia Cristo, presente
siempre en su Iglesia, sostiene a los predicadores del
Evangelio y a los ministros de los sacramentos (Ep.lGl). Si
Cristo no continuase ejerciendo su sacerdocio, no habría en
la Iglesia, que es su cuerpo, ni sacerdocio ni sacrificio
(Ep. 80,2) Sólo en virtud de su presencia existe el único
sacramentum pontificis en los fieles, en los pastores y espe-
cialmente en el vicario de Pedro (SermA,ls) Cristo mismo
en el bautismo hace a la Iglesia fecunda (Serm. 6$, 6), en la
eucaristía, participando de su cuerpo y de su sangre, somos
transformados en aquello que tomamos (Serm.63,7) Cristo
no cesa nunca de intervenir en la obra de sus ministros, de
ahí que éstos puedan readmitir a los penitentes en la com-
mumo sacramentorum (Ep. 108,2).
740
Escritores de Italia basta San León Magno
San León, además de poner en evidencia la presencia
de Cristo glorioso en la acción sacramental de la Iglesia,
insiste, asimismo, en el hodie de los mismos misterios de la
vida de Jesús, que se hacen de nuevo presentes, sobre
todo, en la celebración de las festividades litúrgicas (cf
Serm. 26,2) y en la administración del sacramento del bau-
tismo (Ep. 16,3, Serm.70,4), y no sólo en la memoria de los
fieles que escuchan las lecturas bíblicas y creen en la ac-
ción salvadora de Cristo (Serm. 36,1) lo que Cristo hizo y
sufrió despliega su eficacia en su cuerpo (Serm 63,6, 66,4)
San León no perfila ulteriormente la manera como la virtus
de esas acciones pasadas pueda hacerse presente, en todo
caso, no admite sólo una virtus divina que actúa hoy en los
fieles como en otro tiempo lo hizo en cuantos encontraron
a Jesús y aceptaron su palabra, sino que piensa en un in-
flujo de Cristo sacerdote eterno, que no cesa nunca de
interceder por nosotros ante el Padre (Ep. 80, 2)
4 La presencia de Cristo en la iglesia de Roma
Sin duda, San León debe el título de «Grande», sobre
todo, a su contribución, teórica y practica, al afianzamiento
del primado de la Sede Apostólica de Roma No sor-
prende, por tanto, que los estudiosos hayan concedido su
atención, sobre todo, a los aspectos jurídicos y políticos de
la cuestión, descuidando su eclesiología No se ha desa-
tendido el contexto ideológico de la Roma aeterna y la
orientación cnstológica de su pensamiento, la trilogía
Cnsto-Pedro-obispo de Roma era demasiado evidente para
que pasase inadvertida No obstante, exige mayor estu-
dio la relación entre primado y colegio episcopal, necesitan
ulterior aclaración algunas cuestiones hermenéuticas, como
el valor de las decisiones papales, urge, asimismo, encua-
drar la doctrina leonina sobre el primado romano en la
perspectiva de la integritas de la Iglesia, a la que la presen-
cia de Cristo garantiza la communio sanctorum y la communio
sacramentorum
San León, apropiándose ideas y fórmulas de sus prede-
cesores, ha conducido la doctrina romana sobre el pri-
mado de la Sede Apostólica a su formulación más perfecta
Su teoría se articula en dos afirmaciones Pedro, vinculado
de modo especial a Cristo, verdadero fundador y verda-
dero pastor de la Iglesia, ejerce aún hoy su primado sobre
León Magno
741
todas las iglesias El obispo de Roma, heredero y sucesor
de Pedro, hace visible ese primado en la comunión de to-
dos los creyentes Así como Cristo ha transmitido per Pe-
trum su misión a los apóstoles, así también la fe y el orden
eclesiástico son garantizados por la sede de Pedro (cf , so-
bre todo, Ep 10,1 y 9)
Esta teoría primacial se basa en los tres principales pa-
sajes bíblicos sobre la función de Pedro en la comunidad
primitiva (Mt 16,16-19, Le 22,31s, Jn 21,15-19) No obs-
tante, es evidente que San León, para explicar estos textos,
echa mano de categorías político-jurídicas, como pnncipa-
tus, dignitas, haeres, vices, tus potestatis, consortium potestatis,
y recurre, asimismo, a conceptos de índole mas bien filosó-
fica, como forma Al mismo tiempo se apoya en la tradición
de sus predecesores y en la tradición sinodal La justifica-
ción principal de sus afirmaciones es, no obstante, fruto de
una reflexión propiamente cnstológica Pedro debe su
primado a su intima unión con Cristo, que lo une a si in
consortium indivtduae unttatis (Ep 10,1) De esta unión
participa también el obispo de Roma San León no lo llama
vicarias Christi, pero si Pedro, bajo la guía suprema de
Cristo, es el verdadero guia de todos los pastores
(Serm 4,2 Omnes tamen propne regat Petrus, quos pnncipah-
ter regtt et Christus), su praesidtum hace presente en su he-
redero la acción de Cristo mismo, pastor de todos los pas-
tores (cf Serm 5,2) Consciente de haber recibido a titulo
especial la misión de cuidar de las ovejas de Cristo, San
León se muestra, asimismo, convencido de poder contar
incesantemente con la acción propiciadora del Sacerdote
omnipotente y eterno (Serm 3,2) Animado por esta con-
fianza, hace suyas, ya en su primer sermón, las palabras de
Jesús Pater sánete, conserva eos in nomine tuo, quos dedisti
mihi (Jn 17 ,11) Serm 1, cf también Sera 3,1, 5,4, E/» 6,5,
104,3) No obstante, San León prefiere identificar su mi-
nisterio con el de Pedro y referir no tanto su acción pasto-
ral a la de Cristo San León, de hecho, habla de la ayuda e
inspiración de Cristo no sólo en referencia a su peculiar
situación, sino que se expresa en términos idénticos al ha-
blar de los demás obispos y del emperador
En línea con su doctrina del primado del obispo de
Roma, San León presenta el orden jerárquico de la Iglesia
en forma de pirámide Así como los apóstoles, que poseían
todos el mismo honor, se distinguían por la potestas, así
también no todos los obispos gozan de los mismos derte-,
742 Escritores de Italia hasta San León Magno
chos Hay simples obispos de una provincia y entre ellos a
uno corresponde la decisión primera, en las ciudades mas
grandes, a algunos corresponde una solhcitudo amplior, y ?
por su medio, el cuidado de la Iglesia universal converge
en la única sede de Pedro, cabeza de todos (Ep 14,11) Si
esta presentación piramidal aparece condicionada por la si-
tuación particular de la Iliria, confiada al obispo de Tesaló-
nica, a quien esta dirigida la carta en cuestión, no obstante,
como en otros escritos condicionados por otras circunstan-
cias particulares, León pretende claramente afirmar de ma-
nera absoluta que la solltcitudo omnium ecclesiarum corres-
ponde a la iglesia de Roma
Para apreciar en su justo valor esta afirmación de indu-
dable alcance universal, es preciso tener presente la di-
versa gradación con que San León ejerce en la practica su
responsabilidad pastoral, como quedó ya dicho al hablar de
la vida del pontífice Se tenga además presente que San
León pone igualmente de relieve las responsabilidades de
los demás obispos dentro de la comunión eclesial univer-
sal La unidad de las iglesias, sostiene San León, depende
de la concordia sacerdotum (Ep 14,11) Mediante la sumi-
sión y la colaboración, los obispos, admitidos por la orde-
nación sacerdotal en el collegtum cbantatis, participan de la
solhcitudo omnium ecclestarum, y son, por tanto, responsa-
bles por su parte de la recta fe (cf. 5,2, 6,1, 12,2) En este
sentido entiende León la función del sínodo, expresión
privilegiada de la colegialidad episcopal León no sólo
toma decisiones importantes en unión con su sínodo ro-
mano (Ep 16,7, 166), sino que reconoce, asimismo, que el
consentimiento de los Padres sinodales de Calcedonia es-
clareció ulteriormente la conformidad de su predicación
con toda la tradición de la Iglesia (cf Ep 104,1, 118,1,
106,1) Por otra parte, negó su aprobación al sínodo de
Efeso (449) y al canon 28 de Calcedonia, no simplemente
en virtud de su autoridad apostólica, sino alegando el de-
recho sinodal (Ep 43, 44, 106,4, etc )
Nótense, además, los siguientes hechos primero, que
León defiende el rango superior de las sedes de Alejandría
y Antioquía, no sólo en virtud del derecho sinodal, sino
haciéndoles extensivo, en cierto modo, el principio pe-
tnno En su opinión, la autoridad de estas sedes se funda
en su vinculación especial con Pedro, príncipe de los após-
toles (Ep 106,5). Segundo, que, si bien al principio, inme-
diatamente después de la celebración del concilio, se
León Magno
743
opuso al canon 28 de Calcedonia, que alteraba el orden de
las grandes sedes, acabó, al parecer, por resignarse ante los
hechos consumados, tolerando las pretensiones de Cons-
tantinopla No cesó, en cambio, de proclamar el primado
de Roma incluso sobre las sedes mayores (cf Ep 9 praef ,
102,4, 119,2), exigiéndoles mantenerse en comunión con
la iglesia de Roma, aunque nunca llegó a precisar en qué
medida la comunión con esas sedes fuese necesaria para
todas las demás iglesias, incluida la romana Por otra parte,
San León en ese mismo contexto reivindica claramente
para la iglesia de Pedro la custodia de la fe y de los cánones
de los grandes concilios (Ep 115,1, 114,2, 119,2s, 149,2,
156,2) Y tercero, que el prinapahter regit Chnstus se
aplica también a los obispos, que son también sacerdotes
Chrnti También a ellos ha sido prometida la presencia de
Cristo, en especial cuando se reúnen en asamblea en unión
con el pontífice (Serm 2,2, 5,3, cf Ep 162,3) Al tratar de
los concilios, San León habla, más bien, de la presencia del
Espíritu Santo (Ep 144, 145,1, 162,3) o, en general, de la
asistencia divina (Ep 146,2, 147,2)
El tema del primado romano, que San León elabora en
su vertiente teológica, tenía, sin duda, repercusiones polí-
ticas Al afirmar las prerrogativas de la Sede Apostólica, y
al recurrir a este propósito a las palabras de Jesús, León no
sólo utiliza categorías políticas, sino que se mueve incesan-
temente en un horizonte político Bajo su doctrina del
primado late la idea de la Roma aeterna, y no fue cierta-
mente el primero en entender la misión de la Iglesia de
Pedro y Pablo en el marco de la capitalidad de Roma, ca-
put orbis y fuente de la paz Las ideas de esta antigua tradi-
ción se respiraban por doquier en el siglo V (cf , sobre
todo, PROSPERO, De ingratis 40ss, De vocat. gent. 2,16,
amén de la constitutio de Valentiniano III Ep. 40). León
fue, acaso, el principal testigo de la transposición de la idea
de la Roma aeterna, caput orbis terrarum, al concepto cris-
tiano de la Urbs sancta. En su célebre sermón sobre Pedro
y Pablo (Serm 82) reconoce la función providencial que la
Roma pagana desempeñó en la evangelización del mundo,
pero insiste, asimismo, en la obra de paz, mucho más glo-
riosa, de la Roma cristiana
En conformidad con esta apreciación, sin duda muy po-
sitiva, de la misión histórica de Roma, San León interpreta
la función «sacerdotal» del emperador romano, atribuyén-
dole un papel decisivo en la lucha contra las herejías y en
744
Escritores de Italia hasta San León Magno
la defensa de la paz eclesiástica y concediéndole en particu-
lar el derecho de convocar y dirigir los concilios universa-
les y confirmar las actas sinodales Advierte, no obstante,
la necesidad de establecer una distinción entre la potestas
impenalts y la auctorttas sacerdotahs (Ep 118,2) y no duda
en hacer presente al emperador que no está en su mano
hacer de la ciudad real de Constantinopla una sede apostó-
lica (Ep. 104,3) Le recuerda que todo lo que favorece la
paz religiosa redunda en beneficio del Imperio (Ep 115,1),
y, por tanto, de la autoridad imperial se espera el respeto
de la liberad de la Iglesia (Ep 146,2, 164,1) Adviértase,
en fin, que la vertiente, que llamaríamos política, de la
doctrina leonina sobre el primado de la Sede Apostólica
no carece de una cierta coloración cnstológica. En León, el
juicio positivo que le merece la colaboración entre el papa
y el emperador nace de la convicción de la soberanía de
Cristo sobre la Iglesia y sobre el Imperio (cf Ep 90,2,
156,3) De ahí que la salvación de las almas, y no menos la
saíus reí pubhcae, en cuanto dimana de la pax christiana
(Cristo es nuestra paz), tiene su fundamento en la encarna-
ción (Serm, 26,5, que cita Ef 2,14)
Aunque esta teología política, heredada de Eusebio de
Cesárea, pueda parecer hoy en su conjunto bastante pro-
blemática, su intención principal era ciertamente religiosa
Pastor más que príncipe, San León no perseguía tanto ase-
gurar una posición privilegiada a la Iglesia de Roma en el
cuadro político de su tiempo cuanto promover esa co-
munión de fe y de caridad que sólo la presencia de Cristo,
único Señor y Salvador, puede asegurar a los cristianos
(cf. Serm 5,2-3).
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PSt (Washington 1952), G CORTI, Pietro, fondatore e pastore pe-
renne della Chiesa 11 pensiero di S Leone Magno e del suo tempo
SC 85(1957)25-58, P Stockmeier, Leo 1 des Grossen Beurteilung
der kaiserlichen Rehgionspolttik (Munchen 1959), ID , lmperium bei
León Magno
747
Papst Leo d Gr SP I [TU 78] (Berlín 1961) p 413 420-, W Ull
MANN, Leo I and the Theme of Papal Primacy JThS 11(1960)25-
5 1 J OROZ RETA, San León Magno papa de la romanidad Hel-
mantica 13(1962)163 191, ID , San Agustín y San León Magno
frente al destino de Roma Augustinus 9(1964)175-191, G Zan
NONl, De romanttate s Leonis Magni Latinitas 3(1964)180 188,
G MEDICO, La collegialtte episcopale dam les lettres des pontifs
romatns du *' s tecle RSPT 49(1965)369 402, A TuiLIER, Le pri-
mal de Rome et la collegialite de l episcopat d'apres la correspondance
des León avec l'Orient ND 15(1965)53 67 G B dalla Costa,
Concezione del primato pápale nelle lettere dei Romani Pontefia della
prima meta del v secólo, Diss (Roma 1966), C Bartnik, Lin
terpretation theologique de la crise de l'empire romain par León le
Grand RHE 63(1968)745 784, V Monachino, // patrocinio
ípeciale di S Pietro Greg 44(1968)75 96, A S McGrade, Two
Piftb Century Conceptions of Papal Primacy Studies ín Medieval
and Renaissance History t (Lincoln University 1970) 1-45, V FA
RAONI, // primato della sede di Pietro nei «Sermones» di S Leone
Magno Palestra del Clero 51(1972)727-734, J H SlEBEN, Zur
Entwicklung der Konzilsidee V Leo der Grosse uber Konzilien und
Lehrprtmat der romischen Stuhles Theologie und Philosophie 47
(1972)358-401, E Quiter, Der Papst ist Petrus Em bildhafter
Vergletch, ein Anachronismus oder eme begrundbare Identitat?
ThGl 62(1972)426-438, A KRUMER, Die Sedes Apostólica der
Stadt Roms tn threr theologischen Relevanz tnnerhalb der abendlan-
dischen Kirche bir Leo I, Diss (Freiburg 1975)
INDICES
/. REFERENCIAS BIBLICAS
ANTIGUO TESTAMENTO
Génesis
1
1,1
1.1-26
1,26
1,26-27
1,27
3,22
3,24
4
12,25
15,9-11
15,13
17,21
19
19,31-38
29,28
37,47
37,6
49
Exodo
3,14
7,3
12,40
14
15
2<U
18,22
20,5
26-31
32
35-40
Levítico
24,17-22
Números
10,32-34
21
35,11
65
66 485
177
65 96 449
575
148
485
100 626
449
179
180
100
139
180
375
379
378
372
184
184 299
485
570
139
372
372
372
711
567 570
372
372
372
221
372
372
182
Deuteronomio
31
21,23
372
611
1 Reyes (Samuel)
1 295
3 Reyes
21
4 Reyes
2,20-22
Job
1-3
1,7
Salmos
1
2
38
41
54,16
72
95
118
136
Proverbios
8,22
8,22-25
30,19
Eclesiastés
3,2-6
185
102
119
120
358
358
187
187
250
187
100
189
358
48 105
125
101
101
750
Cantar
1,4
1,5
Isaías
6
19,12
43,10
45,14
Ezequiel
37,1 4
37,4
Indices
Mateo
3,17
5,15
8,5ss
9,2
11,27
12,46ss
13,24
13,33
15,22
16,16 19
18,15
21,7
22,21
24
24,15-18
24,36
26,20-25
26,52
28,20
Marcos
13,22
Lucas
2,19-32
5,2
13,21
15,12
17,30
22,31-32
22,36-38
22,49-51
139
102
272
140
65
65
102
61
Oseas
1,7
Joñas
3
Baruc
3,36
NUEVO TESTAMENTO
64
58
58
58
66
58
145
217
58
377 741
157
117
72
216
139
66 107
316
217
738
107
316
120
217
116
139
741
217
217
Juan
1,1
1,3
2,1 11
3,13
5,19-30
10,30
14,9-10
14,26
14,28
15,1
15,26
16,15
17,11
21,15-19
65
139
65
66
129 485
154
514
126
67 68 69
69
154
105 155
157
70
70
741
741
Hechos de los Apóstoles
2,1-2
2,36
Romanos
I, 20
2,11
5,12
5,19
7,14-25
8,3
8,29
9,11-21
9,21-24
II, 28
100
105
485
570
460 521 576
521
522 546
610
570
570
570
139
1 Corintios
5,3-5
7
8,6
13,12
15,21
15,22
15,24
15,24-28
15,26
2 Corintios
I Referencias bíblicas
Filipenses
3,17
5,14
11,28
Efesios
5,18-19
5,27
Calatas
3,24
4,22
5,17
157
281
129
549
576
521
148
66
48
163
519
709
301
534
139
87
546
2,6
2,7
Colosenses
2,9
3,16
1 Timoteo
2,14
Apocalipsis
2,19-23
3,9 10 12
7,17
8,2 3 6 12
9,7
10,10
11,4
11,6 13
11,18
12,1 4
20,1 5
87
67
66
301
529
140
140
140
140
140
140
140
140
140
140
140
//. AUTORES MODERNOS
Abad, M 551
Abbott, K M 314
Abel, F 248
Abel, M 589 590 696
Abel, O 616
Abt, A 618 622
Abulesz, P 449
Achery, J l J 690
Ackroyd, P R 235
Acworth, R 425
Adam, A 434
Adam, K 538 539 563 713
Adams, J D 289
Adams, M A 206
Adnes, P 551
Adnaen, M 190 191 258 273 275 276
Agaesse, P 441 449 473
Agterbetg, M 536 540
Alamo, M 350 684 686
Aland, K 234 261 706
Albers, B 202
Albers, M 628
Alcalá Galve, A 550
Alcona, J I 433 551
Aldama, J A de 195 247 676 683
Alders, G 1 D 589
Ales, A d' 165 213 306 443 589 668
Alessandro da Ripabottini 222
Alexander, F 334
Alexander, J S 137
Aleta, E 175
Alexe, S C 224
Alfaric, P 412
Alfoldi, A 174
Alfoldy, G 314
Alfonsi, L 173 286 305 334 339 357 366
424 428 597 607 608 732
Alia, L 496 501
Alimona, T 370
Ahotta, S 284
Aliquo, S 276 473
Allard, G H 496
Allatd, J B 444
Allegretti 175
Allers, R 489 504
Allevi, L 353 428
Allgeiet, A 80
Alhes, M H 440
Almeida, V de 423
Altaner, B 231 239 247 298 386 415 419
442 463 468 573 601 674 684
Altemps, card 618
Alvarez, L 476
Alvarez Turienzo, S 496
Alves Pereita, B 539
Amabrasi, D 603
Amand de Mendieta, E 246 325
Amann, E 80 117 223 353 600 685 718
Aman, G 476
Amati, A 166
Amato, A 407
Amatucci, A G 309 315 339 693
Ambrosmi, R 681
Amelh, A 214 588
Amerbach, J 190
Ameno, F 427
Ameno, R 489
Anastasi, R 456
Anastos, M V 285
Andel, G K van 657
Andrés, S 195
Andresen, C 405 423 707
Andrieu-Guitrancourt, P 671 713
Angeloni, G 209
Anglada, A 159
Antin, P 255 256 258 275 278 284 286
289 582 659 661
Antonelli, M T 483
Anrweiler, A 49
Arand, L A 440
Aranzadi, M de 444 445
Araud, R 222
Arbesmann, R 288 440 447 520 552
Arce, J J , 288 338 341
Arendt, G 222
Arens, E 366
Arevalo, F 317 370 385 396
Argemo, R 335 339 344 347 350 351
362
Anas, L 441
Armas, G 530 540
Armstrong, A H 486
Armstrong, C B 582
Armstrong, G T 57
Arnaldi, F 337
Arnauld, A 635
Amold, F C 150
Arns, E 258
Arostegui, A 484
Arquilhere, H X 435 437
Arts, M R 417
Ashby, T 671
Asioli, L 178
Assendelft, M M van 340
Atchley, C 200
Aubert, R 483 612
Aubineau, M 73
Auer, F 443
Auerbach, E 36
Augello, G 661
Augustyniak, K 423
Austin, R G 341
// Autores modernos
753
Avila, B 681
Aviles Bartina, M 448 476
Axelson, B 689 691
Ayuso Marazuela, T 104 165 234 235
676
Azzi, R 432
Babut, E Ch 161 164 328 329 353 357
655 658 660
Baciero, L 428
Badot, Ph 644
Baer, J 560 561 567
Baehrens, E 321 368 398
Baehrens, W A 269 296
Bagam, B 682
Baguette, C 486
Bailey, D R S 362 381 390
Bailleux, E 513 531
Bajcer, F 745
Bakel, H A van 535
Baker, D, 137
Bakhuyzen, W A van de Sande 295
Baldissern, L 703
Balducelli, R 222 550
Baldwin, B 137
Ballerini, P A 191 192 201
Ballerini, P y G 578 581 635 726 728
730
Balmus, J 368
Balthasar, H U von 446 449 474 536
Baluze, E 606 645 647 649 650 663
Banterlc, G [78 192
Baraut, C 681
Baravalle, G 427
Barbel, J 440
Barbero, G 36
Barbero de Aguilera, A 165
Bardenhewer, O 178 179 180 181 182
183 184 186 192 290 587 704 725
Bardy, G 36 199 212 213 216 230 231
329 334 344 368 374 381 396 415 421
441 470 564 644 649 662 663 671 696
718 725
Bareille, G 106 137 213
Barker, E Ph 432 443
Barkowski, O 398
Barlow, C 704
Barmann, L F 644
Barnard, L W 564
Barnes, T D 268 348 396
Baromo, C card 192 699
Barr, J 288
Barr, R B 434
Barrios, J P 703
Bartalucci, A 336 596 691
Bartehnk, G J M 242 284 285 287
Barth, H 495
Bartnik, C 642 747
Bassi, D 428 429 430 442 451 453
Bastiaensen, A A R 173 386 409 681
Bateley, J M 596 597
Batiffol, P 104 430 535 538 539 581 686
691 706 725
Battenhouse, R W 423
Baudnllart, A 353
Bauer, F 628
Bauer, J B 278 290 296 443 473 551
Baumstark, A 227 663
Baunard, A 173
Baur, Chr 591 713
Bauer, G 530
Baus, K 36
Bavaud, G 515 530 531 536
Bavel, T J van 405 446 473 495 515
537
Baviera, G 217
Baxter, J H 213 471 589 703
Baynes, N H 435
Bayo, M J 349 350
Beato, L 175
Beatnce, P F 344
Bebber, J B van 208
Bechara, E 682
Bechtel, E A 680
Beck, A 49
Beckaert, J A 438
Becker, A 507
Beer, F de 631
Beeson, Ch H 704
Beiarano, V 286
Belche, J P 444
Bell, A B 261
Bellanger, L 389
Bellen H 608
Bellet, P 693
Belli, M 448
Bellini, E 198
Bellini, P 476
Bellissima, G 322
Bellotti, G 428
Belsheim, J 235 452
Benito y Duran, A 426
Benjamín, A S 427
Benna, C 700
Benoit, A 433
Benoit, F 613
Benoit, P 288
Bentworth-Brown, R 430
Benz, E 82 536
Benz, S 703
Berchem, D van 608
Berger, S 676
Bergman, J 334 335 336
Berkhof, H 36
Berkouwer, G C 440
Berlinger, R 436
Bernard, J H 681
Bernard, R 532
Bernardini, A M 718
Bernays, J 656
Bernhart, J 432
Bernsheim, E 437
Bernt, G 305
Berrouard, M F 472 540 552
Berthoud, A 581
Berti, G 633
754
Indices
Bertocchi, P 539
Bertolem, O 725
Bertrand, L 415
Besch.n, G 441
Besnard, A M 551
Bessel, G 470
Besson, M 608 643
Best, H 371
Bettelli Bergamaschi, M 156
Betti, U 620
Beukers, C 470
Beumer, J 535
Beyenka, M M 206 209
Bezancon, J N 486 501
Be2ic, J 426
Bianco, M I 194 195
Bickel, E 281
Bieler, L 701
Biffi, 1 701
Bigelmair, A 149 150
Bignami Odier, J 329
Bihaim, E 256
Bihlmeyer, K 659
Bi)vanck, A W 353
Billanovich, G 176
Billen, A V 235 236
Biolo, S 489
Biondi, B 36
Biraghi, L 207 208
B.rch, H A 156
Birks, E B 678
Birt, T 365 366
Bischoff, B 237 603 697
Bisoffi, G L 347
Blaise, A 49
Blanchard, P 329 552
Blanco García, V 337 417
Blank, O 539
Blasich, G 45
Blasko, G 691
Blatt, F 63 178 189 231 239
Blazquez, N 489
Blein, M 539
Bleuzen, E 464
Bhc, J de 485 500
Bloemen, C 440
Blomgren, S 146 362
Blondel, M 484
Bloomfleld, M W 344 628
Bludau, A 681
Blum, W 650
Blume, C 208 304
Blumenkranz, B 312 469 481 612 684
Bobnnskov, B 538
Bocaccio, Giovanm 242
Bocciolim Paragi, L 704 t
Bodin, Y 289
Bohmer, G 703
Boehrer, L 156
Bogaert, P M 235 245 297 603
Bogan, M I 417 421
Bohlm, T 578 581
Boissier, G 309
Bolandistas 606 608 632
Bolgiani, F 412
Bolisani, E 208 304
Boíl, F 690
Bolwin, M 746
Bona, G card 628
Bonamente, G 204
Bonanno Degam, M G 61
Bonana, M 322 325
Bonavenia, G 327
Bong, W 639
Bongioanni, F M 429
Bongiovanni, P 700
Bonnard, F 615
Bonnefoy, J P 483
Bonner, G 141 291 415 539 557 573 578
715
Boon, A 272
Borchardt, C F A 45
Bordone, E 649
Borella, P, 325 732
Borelli, B 634
Borgomeo, P 476 537
Borleffs, Ph 610
Bornecque, H 645
Bosio, G 634
Bossi, E 339
Bossuet, Jacques Bemgne 666 668
Botte, B 198 199 200 235 355 685
Bottino, G 693
Boublik, V 496 531
Bouby, E 475
Bouchoir, M 304
Bouhoc, J P 121 247 278 590 701
Boularand, E 45 111 193 550 551
Boulluec, A 296
Bouma, J A 361
Bourassa, F 513
Bourgoin, A 381 399
Bourke, V J 407 500 507
Boutet, J 430 438
Bouwman, G 588 589 590 696
Bover, J 676
Bovini, G 719
Boyer, C 406 412 432 461 466 589 491
492 500 504 507 510 517 530 531 539
Boysen, C 239
Boyance, P 231
Brabant, O 516
Bracci, G 504
Braem, E 515 530
Braga Martino, J 682
Brakman, C 312 337 645
Bram, J R 690
Brambilla, A 176
Brambilla, F 551
Brand, CH 622 631 642
Brandes, W 364 393 396
Brandt, S 403
Brassicanus, J A 606 607 643
Braswell, B K 306 340
Bratke, E E 612
Braun, A 393
// Autores modernos
755
Braun, R 600, 601 602 603 639
Braverman, J 276
Bravo, R 495
Brazzale, F 502
Brechtken, j 551
Brenke, U 85
Brennan, J 417
Brenzoni, M 150
Brewer, H 213 306 308 371 373 374 3 7 5
386
Brezzi, P 432 435 437
Bngnoli, F M 286
Bnnktnne, J 227
Bnsson, J P 61 137 306 312 313
Brmo, A M 175
Brochet, J 357
Broglie, A de 173
Broglie, G de 467
Broniesi, A 156
Brookes, E H 435
Brown, G H 618
Brown, M V 44
Brown, P 37 256 415 556 571 707
Browne, H 440 442 445 447 472 473
Brozek, M 334 336 351
Brucculen, A 507
Bruck, E F 647
Bruckmayr, A 457
Bruckner, A 465 562 564 566 569 577
581 583 585 588 589
Brunner, P 436
Brugnoh, G 268 286 389
Brunet, R 551
Brunetiere, F 663
Bruñí, B 117 610 700
Bruning, B 537
Bruyne, D de 164 191 215 235 261 262
283 336 450 471 475 565 580 590 612
674 680 703
Buchanan, E S 234
Bucher, A J 501
Buchheit, V 296 350
Buck, M J A 185
Buck, V de 279
Buckley, F J 104
Budzik, Wl 440 443
Bucheler, F 208 303 322 366 369 395
398 479 614
Bueno Martínez, G 432
Buergi, E 192
Burke, G 357
Bulhart, V 74 75 103 104 273
Bulst, W 208 304 456
Burger, J D 437 461
Burgio, C 745
Burke, E M 745
Burkitt, F C 140
Burleigh, J H S 425 429 430 432 438
455
Buonaiuu, E 164 165 174 221 222 530
571
Burn, A E 75 165 213 223 225 226 227
614
Burnaby, J 421 473 551
Burnam, J M 336 337
Burt, D X 436 536
Bury, J B 563
Busnelh, G 433
Bussoni, A 407
Butler, C 552
Buttell, M F 44
Buytaert, E 245
Buzna, V 62
Cabie, R 713
Cabrol, F 304
Cacioli, M R 322
Cacitn, R 335 348
Cadier, J 530
Caesar, C 386
Cagiano de Azevedo, E 412
Cagin, P 227
Caillau, A B 481
Calcaterra, C 175 437
Caldermi, A 174
Callahan, J F 500
Callebar, L 314
Callens, P 635 638
Callevaert, C 732
Calzecchi Onesti, R 439 440 443 444
Camelot, P Th 435 441 510 538 713
Cameron, A , 286 298 347 365 366 367
Camers, j 395
Campana, A 197 198
Campbell, J M 336
Campenhausen, H von 166 167 169 170
174 178 186 433
Campo del Pozo, F 443 507
Campos, J 434 629 679 681 731
Canah, L 173
Candel, J 386
Candela, S 424
Canfora, F 175
Cannata, P 193
Cannone, G 477
Cantalamessa, R 222 288
Capanaga, V 409 423 424 425 429 438
440 462 467 473 501 530 550 551
Capasso, G 428 429 489
Capelle, B 115 124 146 588 628 713 732
745
Capelle, P 235 236 475 602
Capellino, M 75
Capello, G 407
Capodicasa, M 407
Capone Braga, G 500 504
Capponi, F 467
Cappuyns, M 581 616 636 637 638 642
675 676 718
Caraffa, F 710 716
Caramella, S 500
Carbone, V 530
Carcopino, J 327
Carena, C 173 407 409
Canddi, C 322
756
Indices
Carroll, M B 417
Carrozzi, L 471
Cartón, I 745
Caruso, L 305
Cary, G A 705
Cary-Elwes, C 435
Casacca, N 436 442 443
Casaceli, F 367
Casado, F 432
Casamassa, A 58 60 197 221 406 414
439 455 485 571
Casanoves Armandis, L 350
Casan, G 357 448
Casimasi, E 259
Casim, N 174 347
Caspar, E 706 710 720 725
Caspan, C 106 108 263 560 561 563 564
566
Casotti, M 428
Castaño, L 174
Castelh, E 433 436
Castelli, G 80
Castiglioni, L 189
Castorina, E 313
Castro, T de 467
Catalano, M 337
Cataldo, G B 436 496
Cataudella, Q 304 425
Catraneo, E i 76
Caturelli, A 426
Cavalla, F 507
Cavallera, F 249 255 481 512 610 676
691
Cavalhn, S 400 613 614 615
Cavasin, A 192
Cayre, F 408 412 432 435 437 445 489
492 504 552
Cazzaniga, I 179 194 195 196 226
Cazier, P 141 617
Ceballos, E de 407
Ceccopien, F 153
Ceilher, R 378 399 611
Celletti, M C 354
Centeno, A 463
Cererti, G 80
Cerini, G 435
Cerri, A 337 347 348
Cervelh, A 696
Cesaro, M 178
Chadwick, H 73 162 165 200 293 297
327 328
Chadwick, N K 305 605
Chadwick, O 467 617
Chaffin, C E 701
Chaffin, Y 255
Chaix-Ruy, J 436 500
Champoux, R 495
Chapman, H J 564
Chapman, J 164
Charlet, J L 351
Charlier, A 45
Charlier, C 189 191 564
Charmier, S 324
Chase, A H 361
Chastagnol, A 257 259 263
Chateaubriand, F A de 671
Chatillon, F 501
Chatillon, J 82
Chavasse, A 631 728 729 730 731 732
746
Chavoutier, L 271
Chene, J 467 531 532 628 642
Chevalier, I 512
Chevaher, L 550
Chienci, G 353 354
Chiocchetta, P 436
Chirat, H 463
Chisholm, J H 580
Cholodniak, M 681
Chnst, W 670
Christian, W A 500
Christophe, P 629
Christopher, J 443
Ciappi, L 531
Ciccarese, M P 469 471
Cignelli, L 45
Cilleruelo, L 423 443 444 445 447 471
495 552
Cipolla, C 164
Cipnani, N 464 539 589
Ctrac Estoparían, S i)4
Orillo, P G 284 357
Citterio, B 193
Clancy, K 137
Clark, M T 82 496
Clarke, A K 367 368
Clarke, Th E 541
Claudel, Paul 265
Claus, F 188
Clausen, W 286
Clemence, J 530
Clement, F 378
Clemente VIII, Papa 259
Clercq, V C de 72 73 75 98
Cleveland, R E 425
Clover, F M 395
Clodius, F 465 589
Coccia, A 496
Cochez, J 329
Cock, M 370
Codignani, C 337
Codina, V 629
Coebergh, C 7 16 732
Cola, S 276
Colafemmina, C 664
Colbert, M C 417
Coleiro, J 257
Coleman-Norton, P R 36
Collantes Lozano, J 103 104
Colleran, J M 426 428
Colhns, S T 305 34 1 342
Colombas, G 37
Colombet, F Z 645
Colombo, S 304 327 336 337 339 429
Coman, I 224
// Autores modernos
lil
Combes, G 407 434 440 442 443 444
445 448 473 478 550 678
Comeau, M 417 472
Comeliau, J 578
Compagna, G 746
Comparetti, D 304 322
Conca 194
Concetti 415
Congar, Y M 517 535 536
Conink, L de 247 588
Connolly, R H 188 198 200
Connolly, S 492
Conroy, M C 701
Constantinescu, A S 616
Cooper-Marsdin, A C 615
Coppa, G 178 191 194 200 201 202 203
204 206
Coppens, L 439 471
Coppo, A 681
Corassali, S 429
Corbelhni, C 176
Corbett, B 617
Cordier, M 188
Cordiglia, C J 174
Cordovani, R 443
Corgnali, D 698 699
Corneanu, N 209
Cormsh, C L 430 444 445
Cornu, Y 317 373
Corrigan, F 474
Corsaro, F 354 370 386
Corsini, E 597
Corssen, P 215
Corti, G 707 746
Costa, A da J da 96
Costa, C 432
Costanza. S 305 350 354 361 361
Coster, Ch C 354
Cotogni, L 344
Cotta, S 436
Courcelle, P 36 52 82 175 178 181 182
195 208 221 222 229 231 245 285 286
306 312 313 322 353 354 355 357 362
366 386 390 392 393 399 400 408 412
433 436 437 552 560 603 605 609 611
614 615 622 644 649 689 691 693
Courtois, Ch 36
Cousin, G 695
Coustant, P 54 58 706 709 710 713 715
716 718 719
Coutourier, C 495 500
Couture, L 634
Covi, D 539
Coxe, A C 474
Coyle, J K 453
Cracco Ruggini, L 169 176
Cranz, F E 435
Crecehus, W 478
Cremaschi, G 194
Crespm, R 536 538
Cress, D A 408
Crestan, L 313
Cristian., L 530 605 606 607 613 615
616
Cnstilolc, R 194 195 196
Crombruggt, C van 520
Cross, F L 716 732
Crou/el, H 56 176 222 256 270 287 296
540
Crovella, fc 75 700
Crovmi, M 324
Cruciani, F 476
Cruz Pontes, J M da 288
Cuesta, S 551
Cuevas, E 426
Cugim, A 337
Cunill S 72
Cummings, J T 288
Cumoiu, F 213 221
C unnmgham, J G 471
CuniMiigham, M P 209 305 333 335 336
H« (50
C unt/. O 671
Curru, H McL 389
Cura, t 608 614 643
Curmis, E R 384
Custno, G 699
Cushnun, R E 483
Cusiikju 500
Dahm, P 535
Dahl, A 485
Dale /ios, A 432
Dalla ( osta, G B 707 747
Dalli Molle, L 186
Dalmau, J M 159 467 531
Daly, I J 49
D'Aniato, A 589
Dando, M 375 403
D'Angtlo, A M 424 425
Danick, I 699 718
Dan.cli, M L 194 195
Danulou, J 36 236 237 314 436
Daniels, D A 442
Dassmann, h 176
Dattrino, L 75
Daudin, H 495
Daur, K D 428 429
Daussc, N 668
Davids, J A 165 468 594
Davics, J G 681
Dawson, Ch 434
Deanc, A H 436
De Apoli, G 150
De Capitani, F 501
Deferran, M E 441
Deferran, R J 197 198 199 200 203 204
336 409 439 440 472 596
Dekkers, E 191 231 289 390 474 564
617 679 732
Delamare, J 475 551
Delarue, C 296
Delastre, L A 325
Delehaye, H 36 166 658 659 671
Del Grande, C 428
758
Indices
D Eha, S 37 325
Delisle, L 326 397
Della Volpe, G 552
Dell'Oro, F 209
Delrio, M A 389
Del Ton, G 63 208 256 286 305 437
703
De Luca, G 443
Deman, Th 193 453 531
Demougeot, E 713
Dempf, A 82
Deneffe, A 744
Deniau, F 273
De Nicola, E 440
Denis, A M 237
Denis, H 745
Denis Boulet, N B 328
De Rosa, V 746
De Rossi, G B 326 376 378 397
Desch, W 408
De Vrvo, A 180
Devos, P 284 679 681 682
Dexel, F 337
Díaz, G 530
Díaz de Ceno, F 436
Díaz y Díaz, M C 338 684 685
Di Capua, F 64 329 347 417 706 725
735
Dideberg, D 473
Didier, J C 538
Diehl, E 208 376
Diekamp, F 618
Diepen, H 325 515 694 696 745
Diercks, G F 80
Diench, J 164
Diesner, H J 36 146 435 436 469 471
597 603
Dietnch, E 131
Dietz, I 444 517
Diggs, B J 423
Di Giovanni, A 495 500 551
Dihle, A 289
Dinkler, E 136 141 581
Dittburner, J 289
Div)ak, J 432 451 470
Di Zoppola, C 681
Doblhofer, E 682
Dobschurz, E von 329
Dods, M 432
Dodwell, H 306
Dolger, F J 174 208 300 616 690 719
Dollinger, I 161 668
Dont, E 408
Dome, H 237
Doignon, J 44 45 49 56 57 58 63 150
174 194 202 354 362 424 699 718
Dold, A 633 672
Dolle R 725 730 744 745
Dombart, B 312 431
Domínguez del Val, U 73 96 104 159
318 433 552 628 674 678 731
Donner, H 284
Donnini, M 317 318
Dorival, G 296
Dossetti, G L 243 329
Dossi, I 194
Doutreleau 271 275 276 296
Draseke, J 98 306
Dressler, H 186
Dreves, G M 207 208 304 385
Dubarle, A M 530
Ducci, M S 175
Duchesne, L 327 630 697
Duchrow, U 448 496 536
Duckett, E S 304
Duden, F H 167 174
Dung, W 222
Duff, J W 305
Dufourcq, A 639
Duhr, J 674 676
Duinkerken, A van 424
Du Manoir, H 725
Dumas, A 258
Dumm, D 289
Dumortier, J 591
Du Pin, L E 599
Dupraz, L 608
Durengues, A 98
Du Roy, J B 513 551
Du Roy, O 473 513
Dutoit, A 424
Dutripon, F P 260
Duval, Y M 45 56 63 80 111 146 150
178 243 256 275 276 280 282 287 289
299 381 433 436 582 603 731 744
Dyroff, A 424 425
Eagan, M C 339 341 342 344 347 349
351 445
Ebbinghaus, E A E 131
Eben, A 310 334 371 399
Eborowicz, W 465
Ederle, G 149
Edling, E 164
Eger, H 541
Eggersdorfer, F X 428
Eibl, H 535
Eichenseer, C 477
Eiikenboom, P C J 520
Eizenhofer, L 745
Eklund, S 248
Elias de Tejada, F 596
Ellees, M 436
Ehzalde, M de 629
Ellard, G 713
Eller, M F 421
Ellis, R 389 397
Elter, A 671
Eltester, W 600
Emery, P Y 531
Emmenegger, J E 44
Emmi, B 725
Endres, J A 643
Engelbrecht, A 153 191 298
Engelmann, U von 344
Engels, J 496
// Autores modernos
759
Eno, R B 137 146
Ensslin, E 36
Erasmo de Rotterdam 258 265 290 605
Erbetta, M 704
Erce, G 444 463 464
Erdt, W 354 357
Ermini, F 322 334 350 456
Ernesti, K 443
Ernetti, P M 618
Ernout, A 681
Escobar, N 537
Esposito, A 357
Esposito, M 661
Esser. H H 565
Esser, K 745
Estal, J M del 134 432 447 540
Est.enne, R 259
Etaix, R 119 121 289 605 606 643 698
699
Etchegaray Cruz, A 443
Et.enne, R 393
Evans, C F 235
Evans, E 440
Evans, J M 381
Evans, R F 257 560 564 566 568 569
581
Evely Wh.te, H G 332
Ewald, M L 278 347
Ewig, E 36
Fabbn, P 3 32
Fabbnni, F 597
Fabre, P 352 353 355 357 361 364 655
Fabricius, J A 365 395 396 398 399
Faessler, F 730
Faggin, G 485 690
Fairweather, E R 538
Faivre, A 330
Falcidia Riggio, F 381
Falconi, G 707
Falgueras Salinas, 1 517
Faller, O 167 194 196 197 198 199 200
201 202 203 204 205
Faraoni, V 747
Farges, J 443 448
Fargues, P 365 366
Farner, K 36 647
Fauther, D 606
Faul, D 536
Fausset, W Y 443
Favara, G 535 551
Favez, C 255 353 362 644 661
Favre, R 44
Fayiz, A 450
Feder, A L 44 54 55 56 58 61 62 63 72
111 686
Feltoe, C L 681 7 30
Ferguson, J 581
Fernandez González, J 444 538
Ferrabino, A 436
Ferraiolo, A 435
Ferrari, L 313
Ferrari, L C 408
Ferrari, M 176 336
Ferrari, O 375 380 381
Ferrato, A 327
Ferreira, F A 96
Ferretto, G 324
Ferrini, M 436
Ferron, J 136
Ferrua, A 304 324 325 326 327 335 350
355 731
Festa, A 446
Festugiere, A J 691
Feuardent, F 694 695
Feuriot, L 596
Fevner, P A 137
Ficke, A M 286
Ficker, G 153 326
Fierro, A 45
Figgis, J M 434
Figus, A 80
Filippo da Cagliari 515
Finaert, J [= G ) 417 427 456 457 458
459
Findley, W 450 451
Fingerle, A 462 463 464
Fink, G 596 597
Fischer, Balduinus 478
Fischer, Bonifatius 75 80 165 233 234
241 260 261 479 560 607 608 636 662
675 745
Fischer, H 647 672
Fischtr, J 649
Flacius, M 656
Flammini, F 80
Flechter, G B A 361
Fliche, A 36 725
Floen, F 530 578 715
Florez, E 675
Florez, R 442 495
Flury, P 318 362
Forster, T 179
Foley, R L 45
Folgado Florez, S 537
Folhet, G 63 429 447 471 47 3 541
Fontaine, J 45 63 176 209 305 335 33 /
338 339 362 629 659 660
Forbes, C A 690 691
Forget, J 589
Forlin Patrucco, M 206
Forster, A 461
Forster, K 141 507 536
Forstner, K 178
Fortín, E L 436 486 495
Fox, FE 581
Fraipont, J 103 450 474
Franceschini, E 194 681
Franchi de Cavalien, P 136 327
Frank, G 317
Frank, H 201
Frank, K S 289 447 629
Fransen, I 290 296
Franses, D 601 602 603 613 628
Franzelm, J B 668
Frasca, A 348
760
Indices
Frassinetti, P 86
Frede, H J 215 234 235 239 564
Freixas, A 597
Frend, W H C 137 354
Freyer, J 408
Fnberg, H F 435
Fnck, R 434
Friedlein, G 670
Friednch, Ph 517
Fríes, J 361
Fnsone, A 397
Froger, J 618
Frost, M 227
Frua, P 517
Frutaz, A P 376 378
Frutos Cortes, E 496
Fuchs, H 208 425 433
Fuertes, M 432
Fueyo, A del 476
Fuhrmann, H 613
Fuhrmann, M 339
Funaioh, G 393
Fusi Pecci, P 418
Gabel, W 491
Gage, J 313
Gaggia, G 156
Gagliardi, D 305
Gagny, J de 378 398 399
Gaidioz, J 642 731
Ga.ffier, B de 45 137 165 686
Gailey, J H 263
Gaillard, J 538 746
Galama, A 366
Galán, L 466 515
Galdi, M 389
Galeani, P 434
Gahndo, P 334
Gallagher, D A e I J 453
Gallandi, A 312 389 594 596 632 656
662 675
Gallay, J 47 3
Gallesio, F 700
Galh, R 731
Gallo, G 402
Calmes, L 104
Galuer, P 45 52 329 501 538 745
Gamber, K 61 201 213 223 224 225 226
227 363 633 703
Gamber, S 381
Gambmo, N 589
Gams, B 683
Gamurnni, G F 60 679 680
Gandolfo, E 472
Ganss, G E 700
Gantoy, R 642
García, F 444 450
García, R 718
García Centeno, J 537
García de la Fuente, O 286
García Goldaraz, C 683
García Montano, G 551 552
García Nuno, A 550
García Ochoa, H 531
García Villada, Z 165 672
Gardner, R 671
Gardeil, A 552
Ganglio, A 60 189
Garitte, G 242
Garnier, J 562 566 583 588 599
Garrido Bonano, M 191 730
Garrigou Lagrange, R 531
Garvey, M P 423
Gaselee, S 304
Gastaldi, N J 60
Gastaldo, M 635 638
Gaudel, A 222
Gaudemet, J 36 706
Gavigan, J J 448 541 552
Gazet, A 617 618 620 622
Gebhardt, H 713
Geerlings, H J 430
Geerlings, W 516
Geerard, M 245
Geffcken, J 365 412
Geiger, A J 464
Geisau, H von 398
Gelsomino, R 350 672
Gennaro, S 366 375 377
Gentrii, D 423 424 425 426 427 428
432
Gentili, G 296
Georgi, H 746
Gerosa, P 437
Gerven, J van 496
Gesino, M 597
Gessel, W 539
Gessner, J M 366
Getzeny, H 706
Geyer, P 671 679 680
Ghedini, G 208
Ghellinck, J de 421
Gherardini, B 540
G herró, S 137
Gheyn, J van den 386
Giacchero, M 186
Giacinto Gariboldi, C 607
Gialdini, G 552
Giamberardini, G 44
Giannini, G 492
Giavmi, G 175
Gibb, J 472
Gibson, ECS 618 620 622
Gillet, R 500
Gdligan, T F 425
Gilson, E 432 434 489 491 492 500 504
536
Gimborn, T 44
Gingras, G E 681 682
Giorgi, C 432
Giorgianni, V 435
Girardet, K M 73 80 137
Girod, R 122 239
Girolamo da Prato 656
Guillan, J B C 150
Giustiniani, A 677
// Autores modernos 761
Gladysz, K B 386
Glaesener, H 179
Glaser, P P 98
Globus, L 668
Glorie, F 258 275 286
Glorieux, P 631 696 697
Glover, T G 366
Gluck, A 155
Gluschke, V 703 746
Gmelin, U 706
Gnilka, C 256 337 338 343 344 347
Godel, R 286
Godet, P 75
Goller, E 709 713
Gorgemanns, H 296
Gotte, J 434
Goffinet, E 45 60
Golda, A 146
Goldast, M 662
Goldbacher, A 368 431 439 458 462 470
471
Goldsmidth, R C 355
Golinski, D 628
González, E 510
González, F A 713
González, R 405
González, S 159 675 676
González Haba, M 682
González Quevedo, J 504
Goodspeed, E J 312
Goosen, A B J M 165
Goossens, N 342
Gorce, D 181 183 189 256 354 474
Gordini, G D 174 709
Gon, F 88
Gorla, P 174 415
Gorman, M M 449
Gottardi, G 268
Gottlieb, G 175
Gover, R M 595
Gozzo, S 276
Grabar, A 37
Grabowski, S J 473 492 536
Granata, A 731
Grasmuck, EL 137
Grasso, D 443
Grasso, N 338 342
Gravina, G 443
Grazioli, A 174
Green, M R 714
Green, R P H 362
Green, W B 501
Green, W M 423 424 427 429 447
Greenslade, S 206
Gregoire, J F 645
Gregoire, H 313
Gregoire, R 277 289
Grelot, P 222
Greshake, G 531 554 561 578 581
Gnbomont, J 260 266 293 294 659
Gnffe, E 327 328 393 399 400 613 615
616 630 631 632 644 648 649 659 667
669 671 706 709 710 713 715
Grilli, A 552
Grillmeier, A 692 693 718 745
Gnsart, A 267
Grosjean, P 563 614 661 718
Gross, J 530
Grossi, V 530 556 573 582
Gruber, A 610
Gruber, A 158
Grundel, R 284
Grutzmacher, G 173 255
Grumel, V 174 657 707
Grundi, B 695
Grynaeus, S 675
Gryphe, S 401 601
Gryson, R 175 201
Guardini, R 408 412
Gudeman, A 422
Gunther, O 106 730
Guerard, L 389
Guignebert, C 332
Guillaume, A 745
Guillen,; 336 339 341 342 344 347 349
351 732
Guilloux, P 415
Gundlach, W 730
Gunermann, H H 425
Gussen, P J G 61
Gutenberg, J 259
Guy, J C 432 616 618
Guzzo, A 423 428 582
Haacke, W 730
Haarhoff, T 304
Habitzky, A 443 477
Hackstaff, L H 427
Haddan, A W 441
Hadot, P 82 85 86 88 91 181 182 188
191 245 423 486 513 688 691
Hanng, N M 538
Haffner, F 131
Hagan, W M 82
Hagenbuckle, O 636
Hagendahl, H 36 259 286
Hager, F P 486
Hagemann, W 288
Hahn, A 106
Hahn, T 141
Haider, F 496
Haigt, R D 582
Halliwell, W J 731
Halm, C 479 645 647 649 650 657 659
660 661 690
Halporn, J W 63
Hamblenne, P 256
Hamilton, R W 672
Hamman, A G 36 186 199 560 597 644
Hammond, C P 292 296
Hand, T A 446 551
Handler, G 174
Hanley, S M 334
Hanna, R 344
Hansen, G C 704
Hanson, R P C 744
762
Indices
Hanssens, J M 117
Hansson, H 317 318
Hantsch, H 628
Hardy, R P 473
Haringen, J H van 174
Harl, M 295 296
Harnack, A von 215 371 373 374 409
421 611 612 639 693
Harper, J 629
Harnngton, D J 237
Harns, R R 339
Harrison, O 732
Hartberger, M 164 165
Hartel, W 80 354 358 363 364 373 375
376 400 403 639
Hartmann, C 541
Hartmann, N 551
Hartmann, R 671
Hasenhor, G 432
Haslehurst, R S T 561
Hass, W 371 373 374 375
Hassel, D J 441 510
Hauck, A 353
Hauler, E 155
Haupt, M 235 398
Haureau 649
Haussleiter 104 277
Havercamp, S 595 596
Haverfield, F 389
Havet, J 632
Havet, L 364 389
Hazelton, R 550
Healey, J 432
Hebgin, S 474
Heck, E 314
Heer 308
Heerinckx, J 444
Hefele, K J 580
Heggelbacher, O 222 701
Heimann, D F 281 286
Held, M 703
Helm, R 365 366 634 636 637
Helou, J 473
Hench, L 344
Hendnkx, E 284 434 441 536 552
Henggeler, R 608
Hennetke, E 96
Henry, P 85
Hensellek, W 417 418
Hensen, P J 677
Heraeus, W 681
Herbert 656
Hermann, J P 344
Hernández Martin, J F 288
Herrera Benes, A 424
Herrero Llórente, V J 305 681
Herrmann, L 197 308 312 313
Herval, R 671
Herve de l'Incarnation 745
Herzog, R 164 306 318 322 337 381
387
Hesbert, R 540
Hessen, J 491
Heuten, G 690
Heurtley, C A 663
Hey, O 373
Heylen, F 153 705
Hidalgo, J 435
Hilberg, I 283
Hill, E 442 448
Hillgarth, J 684
Hiltbrunner, O 193 248
Hinschius 629
Hippel, E 434
Hitchcock, F R M 198 389
Hoare, F R 409
Hoberg, G 235
Hocedez, E 538
Hoch, A 616
Hok, G 550
Hoelle, P C 278
Hoeppfner, A 324
Hoffmann, A 471
Hoffmann, E 431
Hofmann, F 47) 517 535 536 725 746
Hoheisel, K 691
Hohenhole, C 217 218
Holl, A 451
Holl, K 419
Holland-Smith, J 37
Holman, M J 417
Holmes, P 461 462 463 464 466 467
Holste, R 296
Holstein, H 434 536
Holte, R 507
Honigmann, E 591
Homngs, B 539
Honselmann, K 606 618
Hoppenbrouwers, H 242 309 313
Horn, C V von 435
Horney, H H 381
Hornstein, H 428
Hosius, C 726
Hospital, B 409
Hoste, A 698 704
Hoven, R 213
Hovmgh, P F 378 380 381
Howorth, H H 329
Hntzen, J H 259
Hubaux, J 436 541
Hudon, G 746
Hudson-Williams, A 305 337 362 381
389
Hubner, W 150
Huegelmeyer, C T 446 636
Humer, A 361
Humer, J 315 317 321 322 385
Humpfner, W 446
Hunermann, H 538
Huftier, M 473 484 496 551
Huglo, M 243 298
Hugo, J J 539
Huhn, J 182 186
Huismann, H 471
Hultgren, G 550
Humeau, G 474 478
// Autores modernos
Hunt, E D 256 731
Hurst, D 276
Husson, P 269
Huyg, A 7 30
Hylten, P 656 657 659 660
lammarrone, G 495
lanelli, M 649
Ignace, J C 649
Ihm, M 180 183 192 326 366 295
lodice, S 451
Innes, J 472
Isichei, E A 649
Istace, G 448
Izarny, R d' 195
Jackson, B D 478
Jacobs, A D 45
Jacobs, J W 45
Jacquin, M 642
Jager, A 434
Jager, F 361
Jantsch, J 222 581
Jaftee, J 442
Jalics, F 629
Jalland, T 725
Janich, P 501
Janini, J 709 732
Jannacone, S 256 281 286 325 334 470
603
Jansemo, Cornelio 590
Janssen, O 366 646
Janssens, L 539
januel, H 150
Jasinski, M 332
Jaspers, K 486
Jaspert, B 693
Jaubert, A 296
Jauss, H R 344
Jay, P 256 288
Jedm, H 36
Jeep, L 366
Jenkins, C 471 703
Jepson, J J 450
Jerg, E 707
Jess, W G von 484 501
Jiménez Delgado J 318 731
Joannou, P P 707
Jodice, V 353
Johannesson, R 551
Johanny, R 175
Johnston, C 393
Jolivet, R 423 424 453 454 455 485 486
501 504
Joñas, H 582
Joner, C P 286
Jones, A H M 36 37
Jones, Ch W 670
Josi, E 327
Jossua, J P 520 744
Jouai, L 332
Jourjon, M 174 455
Juhcher, A 75 156 234 588 663
Jurgens, H 407
Jugie, M 725
Julhan, C 649 658 659
Jungandreas, W 386
Jungmann, J A 82 227
Junod-Ammerbauer, H 362
Jurdin, R 726
Jurent, PC 153
Juret 321 375
Juvanon du Vachat, P 80
Kahler, E 227 691
Kalin, B 504
Kaiser, C B 50
Kaiser, H J 501
Kalb, A 431
Kalkmann, R G 603
Kamer, S A 437
Kaminiek, R 644
Kamlah, W 434 535
Kamecka, M S 173
Kannengiesser, C 44 45 57 82 475
Kappelmacher, A 603
Kar, A van 620
Karpp, H 296
Karrer, O 412
Karrer, S 597
Kartshoke, D 306
Katscher, R 344
Kattenbusch, F 614
Katwijk, A F von 312
Kauer, R 158 610
Kauffmann, F 113 117 121 122
Kavanagh, D J 423 450 476
Kayser, H 696
Keenan, M E 471
Kegley, C W 551
Kehnscherper, E 435
Keil, H 478
Kellner, J B 179 181
Kelly, J N D 255 299
Kelly, T A 203
Kemmer, A 628
Kenii, K 453
Kerstan, L 672
Keseling, P 442 445 453
Kevane, E 412 448
Keyes, G L 436
Kievits, H H 317
Kim, H 237
Kinder, E 536
King, J R 456 457 458
King, N Q 325
Kinnavey, R 44
Kirmer, I 561 567
Kirsch, J P 351
Kiss, A G 435
Kissling, W 746
Kalros, R M 597
Klauser, T 222
Klein, M 178
Klein, R 56 173 205 206 348
Klinkenberg, H M 536 725
Indices
Kloeters, G 259
Klopsch, P 305
Klostermann, E 267 268
Knacksteot, J 327
Knappe, K C 155
Knappitsch, A 317
Knauer, N G 408
Knoll, P 407 421 423 424
Koch, H 104 153 213 565 581 663 668
703
Koch, J 366
Kochs, E 461
Kock, E A 131
Konig, F 746
Koep, E 746
Koetschau, P 295
Kotting, B 36 672 707
Kohlhund, K 618 620 622
Koikulides, K 681
Kolon, B 613
Koopmans, J H 471 573
Kopp, S 461 466 467
Kornprobst, J 362
Kornyljak, P V 538
Kosters, L 435
Kozik, I S 278
Krabbe, K C 568 636
Kraft, B 178
Kraft, H 72 73
Krappe, A H 381
Kraus, P L 361
Krautheimer, R 719
Krebs, E 405 415
Kremer, J 520
Krestan, L 373
Knschker, E 272
Kroll, M J 337
Kroll, W 690
Kroon, M de 481
Krueger, A F 520
Kruger, G 80 334 398 405 443 600
Krumer, A 747
Krasch, B 608 609 632 670 730
Kubicki, W 432
Kubitschek, W 671
Kudhen, F 350
Kubler, B 704
Kunstle, K 106 164 334 614 683 685
686
Kunzle, P 327 350
Kuhnmuench, O J 304 386
Kuijper, D 373
Kunzeimann, A 476
Kurfess, A 237 334 357 705
Kusch, H 408
La Barre, L de 695
Labbe, P 683
La Bigne, M de 375
La Bonnardiere, A M 256 442 466 472
474 535 539
Labourt, J 284 697
La Bnere, Y de 434
Labnolle, P de 177 193 306 312 332 357
407 408 425 426 433 663
Lacroix, B 597
Lacy, J A 173
Ladana, L F 50 60
Ladino, R 703
Ladner, G 36
Ladomerszky, N 539
Lafaurie, J 603
La Fontaine, P H 329 709
Lagarde, P A de 22 258 267 268 274
Lagarngue, G 645 647 649 650
Lagrange, M J 215 322 421
Lahargou, P 389
Laistner, M L W 222
Lamacchia, R 322
Lamben, A 374 676 679
Lamben, B 259 283
Lambot, C 456 470 475 476 478 481
603
Lamirande, E 405 432 5 17 536
Lamotte, J 432
Lampe, G 656
Lampey, E 500
Lana, I 334
Lanata, G 278 279
Lancel, S 136 137 458
Landsberg, L 408
Lang, A 732
Lagaña, F 317
Lange, D 433 436
Langgartner, G 73 707 725
Langlois, P 332
Lameros, M 435 455 463
Lanzoni, F 376 377
Laporte, J 659
Lapotre, A 374 676
Lardet, P 282
Largent, A 173
Lari, O 620
Lassandro, D 637
Latouche, R 36
La Tullaye, J de 462 463
Laugier, J 628
Lauras, A 434 725 726 744
Laurita, L 289
Lavarenne, M 205 335 337 339 341 342
344 347 349 351
Lavendm, Jean de 620
Lavertujon, A 657
Lawler, T C 284 330 476
Lawson, A C 676
Lazzati, G 177 200 206 304
Leanza, S 690
Lebeau, J 649
Lebeuf, J 671
Le Blond, J M 408 412
Le Bonmec, H 348
Lebourher, J 467 531
Lebreton, J 512
Le Brun des Marettes, J B 354 602 635
Lechner, O 500
Lecler, J 649
II Autores modernos
765
Leclercq, H 164 304 324 326 329 353
377 378 393 581 672
Leclercq, J 242 296 297 725
Lecorgier, G 539
Lecuyer, J 288 520 718
Lee, G N 313
Leeb, H 189
Leeming, B 215 222 538 571
Le Fevre, N 54
Lefevre, Y 288
Lefort, L T 272
Lehaut, A 541
Lehmann, J 647
Leisegang, H 434
Leiay, R 306 334
Le Landais, M 472 474
Lemarie, J 697 698 699
Lenicque, P 495
León XIII, Papa 419
Leoner, J M 444 540
Lepelley, C 725 744
Lepper, J de 481
Lepinsky, A 355
Lepka, A 589 600
Leonardj, C 629 644
Leroy, J 629
Lesousky, M A 467
Lesne, E 647
Letter, P de 636 637 638
Letuna, P de 436
Lewalter, E 541
Lezius, F 164
L'Huillier, A 156
Lidman, S 432
Liebaert, J 80 745
Liebeschutz, W 578 582
Lienard, E 705
Lienhard, J T 75 354 362
Lietzmann, H 304 471 725
Lippold, A 113 256 325 596 597 603
Lipsms, RA 151
Llorca, B 73
Lo Bue, F 140
Locher, A 82 85 88
Lods, M 541 669
Loebe, R 202
Loffler, P 49
Lofstedt, B 149 150
Lofstedt, E 150 215 248 681
Lohrer, M 483 484 513
Low, G 732
Lof, L van der 111 141 340 421 440 443
539 650
Logi, E 284 474 476
Lohse, B 436 542
Loi, V 476
Lombardi, F V 428
Lombardo, G 439
Lo Menzo Rapisarda, G 206
Lomiento, G 269
Lommatzsch, E 303
Longobardo, L 50
Longpre, A 318 373 393
i Loofs, F 72 573 581 694 696
López, E 461 467
López Caneda, R 165
Lo Porto, F G 334
Lorenz, R 405 433 531 541 642 707
Lorenzoni, A 672
Lorie, T T 242
Lortz, J 668
Lot, F 36 395
Loth, J 386
Lowe, E A 632 672
Loyen, A 395 396 649 659
Lubac, H de 296 427
Lucas de San Juan de la Cruz 334
Lucas, J R 582
Lucassen, L H 282
Lucchesi, E 177 206
Lucchesi, G 703
Ludwig, E 312
Luelfing, H 386
Lutcke, K H 426
Lmselh, B 390 669
Lumpe, A 199 709
Lundstrom, S 245
Luongo, G 408
Luque, V 425
Lutz, G 60
Luveley, E 745
Lyonnet, S 288 530
Maassen, F 715
Macali, L 501
McAuliffe, C 159
McCallm, J A 433
Maccarrone, M 222 693 706
McClure, M L 681
McDermott, J M 45
McDonald, A D 386
McDonald, M F 430 445
McDonald, J 709 713
McGann, M J 661
McGlynn, R H 703
McGovern, L J 746
McGrade, A S 747
McGuire, M 185 202
Macholz, W 334
McHugh, J F 44
McHugh, M P 181 182 183 184 401
402
Macias García, M 165
Maclnnery, H 676
McKenna, S 49 441
McMahon, J J 426
MacMullen, R G 476
McQuade, J 444
McQueen, D J 496 629
Madec, G 82 175 202 423 427 428 434
516
Madoz, J 96 165 561 609 610 628 663
667 668 675 676 687
Madurini, G 473
Maenchen-Helfen, O 701
Maes, B 175
766
Indices
Maestre Yenes, M A H 350
Maffei, Scipione 58 116
Magazzu, C 333 344
Magne, J 731
Mahoney, A 337
Mai, A card 120 122 123 124 380 478
481 612 685
Maier, J L 631
Maigret, F 333 353
Malchiodi, G 713
Malingrey, A M 591
Mallardo, D 354
Maiunowicz, L 44 174
Malunowiczowna, L 146
Mamone, G 206
Mandouze, A 408 415 437 552 649
Manfredini, T 489
Manganaro, G 397 398
Mangeant, L U 635
Mangenot, E 213 565 602
Mamtius, M 347 365 641
Mann, M E 44
Mannelh, G 351
Manmx, M D 204
Mannucci, U 412
Manrique, A 446
Mantón, G R 386
Mará, J A 175
Mará, M G JS5
Marcehc, J J 175
Marcello, P M 80
Marchesi, C 304 349
Marchi, G P 150
Marchioro, R 201
Marcocchi, M 284
Marechal, J 552
Margene, B de 513
Mariani, U 417 437
Mane, J 745
Marín, D 354
Marín, M 2~ 7 6
Manner, S 313 338
Manoni, G 681
Mariotti, G M 155
Manque, J M F 73 318 325 334 374
677 687
Manucci, T 474 730
Markiewicz, P 446
Marks, J H 287
Markus, R A 433 436 496
Marmorstein, A 612
Marot, H 325 706 707
Marotta, E 201 647
Marrou, H I 36 291 302 415 428 436
478 479 485 500 573 589 597 615 617
Marschall, W 582 707 715 716
Marsiglio, R 191 472
Marsili, S 618 628
Martene, E 370 612
Marti, F 685
Marti, P 582
Martianay, J 258 290
Maruja, E 337
Martimort, A G 36
Martin, G 366
Martin, Josef 165 304 306 308 310 312
313 331 332 333 369 445 447 674
Martin, Jules 507
Martin, L C 607
Martin, Ph 361
Martin R 432
Martin, V 36 725
Martín Pérez, B 447 449 451 473 474
Martindale, J R 37
Martinetto, G 556 567 571
Martínez, A 495
Martínez, M 159
Martínez, Manuel 428
Martínez Fazio, L M 725
Martínez Gazquez, J 354
Martínez Pastor, M 294
Martínez Sierra, A 45 111 159
Martim, C 213 215 216 217 218 562
Martini, G 693
Martino, P 332
Martins, D D 597
Martins, M 676
Martroye, M F 718
Marucchi, O 324 327
Marx, F 151 153 155
Marzi, G 427
Aíarzioni, C 429
Marzullo, A 425
Masai, F 486 597 617
Mascia, G 513
Masnovo, A 491
Masón, A J 304
Mateos, J 629 681
Mathon, G 412
Matt, G 175
Mattei Cesaroh, L 235
Matthews, J F 256 398
Matzkow, W 234
Maur, H auf der 189
Mausbach, J 507
Maxsein, A 444 445 46l 463 489
Mayer, A 645
Mayer, C P 448 496
Mayer, F G 437
Mayer Baer, K 428
Mayor, J E B 373
Mayr, F 746
Mayr, P T 386
Mazal, O 237
Mazieres, J P 206
Mazorra, E 104
Mazzanno, S 36 37 171 172 314 348 365
366 397 398
Mazzeo, P 501
Mazzini, 1 682
Meagher, L 430 445
Medico, G 707 747
Medina Pérez, F 194
Meer, F van der 419
Meershoek, G Q A 286
Mehat, A 296
// Autores modernos
767
Mehlmann, J 631
Meijer, L C 682
Meister, R 672
Melardi, A 344
Melchior a Sancta Mana 745
Melchiorre, V 496
Mellet, M 441 473 552
Melh, R 435
Memoli, A F 286 293
Menager, A 616 628
Menasce, P J de 412
Mencucci, A 354 361 363 364
Menendez Pelayo, M 686
Mengarelli, A 582
Mengts, C 336
Menna, P 362 639
Meo, M S 709
Meo, O 408
Mercati, G card 164 208 216 217 317
326 590
Merino, L 462
Merm, H D 336 386
Merk, A 80
Merkel, H 452
Merkle, S 616
Merlin, N 552
Merlo, F 293 294
Mersth, E 535
Mesa, C E 725
Meslin, M 44 111 112 113 114 122 123
124 167 170 237 239 589 630 663
Messenger, H K 645
Messenger, R E 334
Metzger, M D 381
Meulenbroek, B L 417 422
Me>er, G 336
Meyer, H 552
Meyer, W 361 386
Mían, F 682
Michalcik, F 704
Michalski, M 213 581
Michel, A 325 611
Michel, K 373 374
Michels, T 149 535
Michel, E J , ir 344
Mierow, C C 255 279 284
Miguel, P 629
Mikat, P 746
Milam, C 680 682
Millar, F X 435
Miller, F L 507
Miller, M W 556 573
Minuti, R 191 278 472 474
Mirbt, C 706
Misch, G 393
Mitterer, S 440 443 447
Modrzejeroski, J 424 428
Moennich, C W 659
Mohlberg, L C 633
Mohrmann, C 27 190 199 200 201 208
248 302 305 332 417 476 541 682
Moingt, J 50 441
Molina, M A 423
Momigliano, A 36 597
Mommert, C 6^1
Mommsen, Th 217 298 397 398 633 638
670
Mommsen, T E 468 597
Monachesi, M 696
Monachino, V 175 709 713 715 719 725
747
Monceaux, P 137 164 400 412 434 455
471 552 659 661
Moneta Cagho, E 174
Monnot, P 432
Montanan, P 421 425 427 441
Montauzan, G de 605
Montcheuil, Y de 465 589
Montefiore, H 657 659
Montes Moreira, A 97
Monteverde, J 681
Montfaucon, B de 118 618
Montgomery, W 407
Monti, S 395
Monti, U 312 339
Montini, G B 174
Moon, A A 455
Moral, T 61 1
Moran, C 539
Moran.J 423 432 513 517 532 538 550
Morawski, K 337
Moreau, J 501
Moreau, L 409
Moreau, M 47 1
Morel, B 622 631
Morel, Ch 471 551
Morel, F 370 374 397
Morelli, C 361 363 369 398
Morelh, I 355
Morera Rubio, M 663
Moreschini, C 197
Moretti, A 707
Moretus, H 184
Morgan, R 175
Moncca, U 72 353 369 389 397 398 411
552 649 693 696 700 702 701 725
Monck, D 463 464
Morra, G 74 99 104 121 158 162 16)
164 165 198 200 211 213 218 221 226
227 258 271 274 277 278 452 470 4/1
475 476 479 481 560 561 566 56/ IH'J
590 601 602 610 632 637 618 646 64/
675 676 683 684 685 686 689 690 694
695 696
Monno, C 175
Monson, S 325
Morra, G 437
Morris, J 37 560 561 567 5/M
Morris, R E 664
Moschetti, A M 424
Mountain, W J 441 479 661
Mourant, J A 423 426
Mouret, F 655
Moussy, C 392 393
Moxon, R S 663
Mozeris, D 745
768
Indices
Muckle, J T 193
Muenter, F 690
Muhlenberg, E 424
Muhlsteiger, J 225
Mulder, W J M 434
Muldowney, M S 417 442 447 476
Muller, A 535 690
Muller, F S 517
Muller, G 470
Muller, K 535 563
Muller, L 371
Muller, M 312
Muller, M.chael 539
Muller, M M 409 731
Muller, W H P 425
Mundle, W 211 213 215
Mundo, A 674 675 676 677
Munier, C 630
Munke, B 615
Munz, P 628
Muñoz Alonso, A 432 495
Muñoz Vega, P 412, 552
Mura, A 428 443
Muraton, L A de 354 363 675
Murphy, F X 60 292 354 374 676 746
Muscolmo, L 473
Musset, L 671
Mmzenhecher, A 4iS 441 450 699 700
Muys, A P 357
Myers, J H 473
Myers, W N 63
Myres, J N L 578
Naldini, M 403 404
Nardi, B 428 443
Nardo, D 393
Nash, E 146
Nat, P G van der 305 318
Nautin, P 86 111 118 122 156 238 239
252 256 268 269 282 284 286 287 289
294
Nazano de Santa Teresa 433
Nazzaro, A V 178 328
Nebreda, E 405
Nedoncelle, M 412 512
Negri, G C 443
Nellesen, E 236 564
Neno, A 429 453
Nen, B 424 451
Nesi, E 356
Nestler, H 317 386
Neveut, E 538 582
Newman, A H 453 455
Newman, H card 668
Nichols, S G 682
Nicolae, G A 225
Nicolás de Cusa 633
Nicolás, M J 745
Nicolella, R 681
Niederhuber, E J 178 191 192 194 199
204
Niehbur, B G 365 394
Nikolash, F 520
Nock, A D 603
Norregaard, J 412
Nohe, A 189 235
Nolte, V 471
Noonan, J T 540
Norberg, D 209 305 456
Norcock, C R 156
Nons, E card 401 581 590 667
Norton, M A 318 325
Novak, M da G 681
Novan, G 193
Nozik, 1 S 289
Ntedika, J 541 542
Nutrimento, L 423
Nygren, A 550
Nygren, G 531
O ates, W J 453 455
Oberti Sobrero, M 175
O'Connell, R J 408 427 486 495
O'Connor, W 663 667 669
Odoardi, G 201
O'Donnell, J R 637
Oennerfors 149
Oepke, A 535 684
Ogara, F 351
Oggioni, E 483
Oggioni, G 44} 444 4$} 539
O'Grady, J F 433
Ohly, F 551 693
Olaios, Th 395 396
Olivar, A 702 703
Olivetti, A 322
Ohvier, C 259
Olphe Galhard, M 552 616 628
O Meara, J J 408 412 422 423
Ongaro, S 475
Oost, S 1 395
Opelt, 1 80 280 286 289 314 318 320
322 338 350 387 397 408 607 608 644
689 691
Orabona, L 193
Orbe, A 165 191
Orbe, R 539
O'Reilly, M V 477
Oreion Calvo, A 317
Orella, J L 165
Orlandi, A 150
Oroz Reta, J 408 415 417 423 433 437
443 448 725 747
Ortega Muñoz, J F 433
O'Sullivan, J F 645
Oteo, J 444 445
Outler, A C 440
Overbeck, M 137
Pablo VI, Papa 419
Packard, D W 150
Padovani, U A 432 4.36 437
Paes Leme, O 432
Paganotro, E 704
Pagliaro, A 681
Paíssac, H 515
// Autores modernos
769
Paladini, M D 455
Palanca, L 150
Palanque, J R 36 168 169 171 173 174
178 179 180 181 182 183 184 186 188
192
Palestra, A 202
Palla, R 318 338
Palmero Ramos, R 537
Palmien, M 444 446
Palmien, P 495
Paluszak, A B 417
Pannarz 258
Paolucci, H 440
Papini, G 415
Paredi, A 166 167 174 175 256
Parker, T 536
Parodi DArenzano, B 174
Paronetto, V 334 350 415 471
Parsons, W 471
Pasca), C 339 347 381 389 403
Pascual, J A 746
Pascual Torro, J 335
Paschke, F 299
Paschoud, F 36 257 649
Pasini, A 703
Pasquetto, S 175
Pastens, E 178
Pastormo, A 332 393 669 690
Patane, L R 428
Pat.n, W A 223
Patoprsty, M 432
Pattist, M J 332
Pauly, F 600 645 646 647 649
Pavan, M 257
Pavan, V 284
Pedersen, J 453
Pedraz, J 337
Peebles, B M 334 440
Pegón, J 429 430 439
Pegueroles, J 436 449 501 531
Peiper, R 332 370 373 375 376
Pelikan, J 450
Pelland, G 449 540
Pelland, l 642
Pellegr.no, M card 63 173 339 350 365
408 409 417 455 471 517 536 603 644
646 648 699 700 732 745 746
Pelloux, L 501
Penna, A 288 325 452
Peñamana de Llano, A 45 57 557
Pepin, J 178 433 449 478 495 496
Perago, F 589
Pergamo, B 483
Peretto, M 404
Pérez de Toledo, A 350
Pérez de Urbel, J 165 676 684
Pen, V 325
Pencoli Ridolfini, F S 659
Perl, C J 407 421 424 425 426 427 428
429 430 432 435 438 443 449 453
Perler, O 150 200 208 414 415 422 550
Pernoud, R y M 255
Perret, J 309 313 474
Pertusi, A 197 199
Pesce, D 434
Pestalozza, V 174
Peters, F J 703
Peters, J 539
Peters, M 412
Peterson, E 36 435
Petit, F 200
Petre, H 681
Petschemg, M 188 189 399 456 457 458
459 618 619 620 622
Peultier 260
Pfligersdorfer, G 408 423
Philippp, M 355
Phihppart, G 150
Ptuhppson, R 422
Philips, G 501 515
Photiades, P 213
Pianezzolla, E 339
Piault, B 571 581
Piccari, T M 732
Piccolo, G 175 181
Pichery, E 618 620 622, 628
Pichón, R 361
Pickman, E 580
Picone, G 398
Piemontese, F 504
Pietrangeíi, C 377
Pietn, Ch 255 325 330 355 707
Piganiol, A 36
Pighi, G B 150 208 304 305 337
Piha, S 80
Pillinger, R 350 35 1
Pinborg, J 478
Pincherle, A 137 141 146 191 213 408
409 415 439 448 468
Pintard, J M 466 467
Pío XI, Papa 415 419
Pío XII, Papa 263
Piolanti, A 515 536 539
Pippidi, D 224
Pirenne, R 581
Pithou, P 668
Pitra, J B card 309 310 312 370, 642
Piva, F 80
Pizzolato, L F 176 177 188 189 193 210
259 355 417
Plaetse, J van der 470 477
Plagmeux, J 441 461 463 475 581 621
622 642
Planella, J 349
Plater, W E 260
Phnval, G de 380 388 393 401 402 452
462 463 496 554 560 561 563 564 567
568 578 581 584 587 589 611 637 638
642
Plumpe, J C 541
Poschl, V 437
Poizat, A 304
Poirel, R M J 599 668
Polato, D 746
Pollastri, A 214
Polman, A D R 433 492
770
Indices
Polo, G 746
Pomjalovski, J 681
Pontet, M 472 475
Pontifex, M 427
Popa, J 447
Popescu-Fratilesn, G 353
Poppi, A 536
Poque, S 473 475 476
Porebowicz, E 334
Portahe, E 406 481
Portalupi, F 182 183
Portolano, A 186
Poschmann, B 538
Pouget, A 258
Poujoulat, F 471
Pozzi, G 199
Pratola, V 423 489
Preaux, J 286 437
Prete, S 354 355 357 362 400 568 581
589 600 657 659
Pricoco, S 289 327 605 606 607 614 615
Prieto, S 595
Prieto, T 453 472
Pnni, P 436
Primmer, A 465
Pnnz, F 617
Pnnz, O 679 681
Probst 193
Proia, G B 713
Przydalik, C 443
Pschmadt, J 731
Puccioni, G 286
Puech, A 165
Puech, H Ch 191
Pughese Carratelli, G 313
Purser, L C 389
Quacquarelh, A 433
Quadlbauer, F 318
Quasten, J 74 199 200 267 268 269 270
271 2^7 294 296 297 298 374 704
Quecke, H 272
Queirolo, A 174
Quere-Jaulmes, F 186 700
Quesnel, P 578 630 635 638
Quicherat 321 322
Quiles, 1 424 425 504
Quinn, J M 501
Quinot, B 136
Quirer, E 747
Rabanal, V 472
Raby, F J E 304
Raeithel, G 425
Raes, A 305
Raffa, V 363
Rahner, H 36 305 434 537 700 725
Rahner, K 441
Rambach, W 535
Rambaldi, A 377
Ramos-Lisson, D 191 201
Ramos Loscertales, J M 165
Ramos Motta Capitao, M A. 437 597
Rand, E K 173 334
Rank, R G 341
Rapallo, U 235
Rapisarda, C 334 389
Rapisarda, E 334 335 336 337 341 344
347
Rasi, P 403
Ratzinger, J card 141 434 437 492 536
Rauer, M 270
Rauschen, G 178 180 183 199 200 365
663
Ravicz, M E 500
Raymond, I W 596
Raynald, D 137
Reardon, B M G 484 510
Reatz, A 691
Receñía, V 284
Reed, N 693
Refoule, F 291 530 534 550 573 582
589
Regina, F 104
Regout, P 435
Regul, J 239
Rehm, B 299
Reilly, W S 668
Reinelt, P 357
Reiter, S 258
Remark, P 425
Remondon, R 36
Remy, G 516
Restrepo, F 443
Reuter, A 540
Revay, J 306 310 347
Reveillaud, M 536
Reynolds, G 417
Reynolds, R 214
Riber, L 407 432
Riber, M 745
Ribera, M G 435
Riben, A M 662
Ricaud, L 655
Riccardi, D 444 540
Ricci, M L 194 202 322
Ricci, R 428
Richard, G 350
Richard, M 199 324 329 731
Richardson, E C 268 686
Richter, H 681
Richter, K 646
Riedinger, R 214
Riedinger, U 691
Riedlmger, H 693
Riese, A 208 303 321 322 366 369 395
398 479 614
Riga, P J 746
Rigault, N 309
Riggenbach, E 565
Riggi, C 332
Rigobello, A 405 495 501
Riley, H M 201
Rimoldi, A 707
Rinaldi, G 471
// Autores modernos
7^1
Rmetti, P 536
Ring, T G 175
Rintelen, F von 500
Ripanti, G 496
Riposati, B 479
Rippinger, J 629
Rist, J M 532
Riton 656
Rivera, J F 745
Riviere, J 222 438 440 520 578 745
Rizza, G 353 355
Robbers, H 443
Robbins, FE 381
Roben, U 235
Robcrti, G 435
Roberto Bellarmino, San 401 668
Roberts, D E 42 3
Robertson, D W 448
Roca-Puig, R 403 404
Rocca, G 709
Rochus, L 646
Roda, S 206
Rodrigues Amado, J A 472 473
Rodríguez, H 430
Rodríguez, I 334 336 339 341 342 344
347 349 351
Rodríguez, L 412
Ronsch, H 235
Roethe, G 324
Roey, A van 325
Rohde, H 443
Rohmer, J 507
Roland-Gosselin, B 443 453 455 507
Rolando, G M 191 700
Rolfe, J C 365
Rollero, P 191
Román de la Inmaculada 550
Romaniuk, K 256
Romano, D 347 366 368 398
Romer, J 201
Romero Galindo, P 681
Romero Pose, E 141
Romestin, H de 192 194 197 199 201
202 204 206
Ronconi, A 287
Roncorom, A 375 402 403
Roncorom, F 398
Rondeau, M J 45 63 153
Rondet. H 291 434 435 471 474 530 531
532 550 556
Rordorf, W 433
Rosadoni, L 186
Rosato, D 82
Rosini, R 150
Ross, B R 285
Ross, D J A 596
Rossetto, G 701
Rosweyde, H 297 639
Rotger, M 684
Rothenhausler, M 616 628
Rotta, P 429
Rouge, J 279
Rouselle-Esteve, A 629
Rousseau, O 269 629
Rousseau, Ph 629
Roux, R E de 500
Rouzies, U 378
Rowell, H T 286
Ru, G de 530
Rubio Fernandez, L 158 159
Rudberg, S Y 247
Rueger, H P 273
Ruegg, S D 478
Ruggiero, A 362
Ruhe, M 444 445
Ruiz Bueno, D 283 447 473
Ruiz Jurado, M 629
Rusch, W G 50
Russell, R P 424 427 428 438 443 446
465
Russo, A 357
Ruts, C 446
Ruysschaert, J 328 350
Ryan, J K 435
Saarnivaara, U 530
Sabatier, P 234
Sabatini, M T A 350
Saburo, 1 427
Saddington, D B 224
Saenz, A 701
Sage, A 446 504 530 531 532 539 553
Sagi-Bunic, T 136 146
Sainte Mane, H de 259
Saint-Martín, J 445 447
Saint-Yves, B 481
Samz Rodríguez, P 165
Salavern, J 537
Salemme, C 398
Salín, E 434
Salmón, P 239
Salmond, S D F 443
Salsa, A 80
Saltet, L 80 117 731
Salvati, M 194 195 196
Salvatore, A 307 308 312 313 314 326
334 337 339 342 357 362
Samek Lodovici, E 405 539
Sánchez Ruiz, V 407
Sanchis, D 552
Sanday, W 49 52 60
Sanders, G 256 296
Sanders, HA 141
Sandri, G 425
Sanford, E M 339
Sansegundo, L M y P M 618 620
Santamarta, S 432 457
Santos Otero, A de 165
Saumagne, C 657
Saunders, G 682
Sauser, E 536 538
Savage, J J 178 179 671
Savio, F 202 699
Savon, H 176 177
Saxer, V 146
Says, E 165
772
Indices
Scalfati, I 725
Scano, E 515
Scardigli, P 131
Schadel, E 428
Schafer, A 649
Schafer, E 327
Schaublin, C 284 448
Schaff, Ph 450 451
Schaffner, O 551
Schanz, M 178 179 180 183 184 187 217
726
Scharnagl, J 696
Schatkin, M A 273
Schaub, W 407
Scheel, O 440 515 520
Schefs, N 385
Scheidweiller, F 329
Schelkle, K H 222 495
Schenkl, C 177 178 179 180 181 182
183 184 185 186 187 188 190 191 321
322 331 332 378 379 380 399 400
Schenkl, H 190 191
Schepens, P 74 75 213 312 602
Schepss, G 161 163 164 594 675
Schermann, T 197 200 374
Schiel, H 407
Schierman, M B 417
Schildenberger, J 236
Schille, G 304
Schilling, O 434 435 647
Schils, L 312
Schiltz, E 703
Schindler, A 406 433 442
Schiro, G 305
Schlachter, G 440
Schmalz, J H 645
Schmaus, M 439 441 512
Schmid, J 445 471
Schmid, R 153
Schmid, W 305 322 337 362 365 366
369
Schmitt, A 450 476
Schmitz, J 176 201
Schmolz, F M 436
Schneemelther, W 237
Schneider, H 304
Schneider, R 520
Sehoenbauer, E 672
Schondorf, K A 596
Schoenemann, C T G 663
Schopf, A 489
Scholz, H 443
Scholz, O 213
Schopp, L 424 425
Schreyer 596
Schroder, A 432
Schroeder, G 296
Schubert, H von 580 590 696
Se hube rt, U 719
Schutz, A 433
Schulte, F von 600
Schumacher, M A 465
Schumacher, W N 334
Schuster, F X 334
Schuster, I card 174
Schuster, M 663
Schwartz, E 243 291 298 328 588 599
600 615 616 670 703 718 719 730
Schwartz, J 289
Schwarz, R 495
Schwarz, W 424
Schwarz-Kirchenbauer, 1 424
Schwierholz, W 213
Sciacca, M F 405 406 415 433 440 489
491 495 513
Scipioni, L I 718
Scmto, F 339 390 635 663
Seeck, O 36 170 706
Seefelder 398
Segalla, P 175
Segur Vidal, G 596 678 684
Segundo de Jesús 495
Segura Ramos, B 682
Seidel, B 434
Seijas, E 427
Seipel, 1 647
Seioume, P 412 427
Seldmayer, H S 218
Semple, W H 287 325
Semphcio, B 206
Serra Zanetti, P 287
Serratosa, S 72
Sesim, U 305
Sestili, 1 491 504
Sgarlata, F 390
Shafer, K Th 88 564
Shaw, J F 440 448
Sheed, F J 407
Sheed, W G T 441
Shepherd, M H 325
Sherlock, R B 44
S.chard, J 290 647
Sieben, H J 121 409 448 537 629 669
747
Siegmund, A 229 231 23^ 241 245
Sigerson, S 383 385 386
Sigwalt 308
Sihler, E G 433
Silva Tarouca, C 630 730 731
Silvagni, A 208
Silvestre, H 111 146 191 297 313 336
381
Simón, M 312
Simón, P 415 440
Simone, U 496
Simonis, W 537
Simonetti, M 49 57 58 63 75 80 82 86 97
103 104 106 108 111 113 121 122 167
168 169 173 184 197 207 208 209 210
225 227 292 294 295 296 299 300 305
313 341 409 468 476 513 601 603 677
Simpson, W J S 412 461
Sinclair, T A 304
Siniscalco, P 443
Sirago, A V 313 395
Sirmond, J 369 590 630 631 639 695
//. Autores modernoí
Sima, F G 355 363 364
Sixto V, Papa 259
Sizoo, A 440 448 451 477
Skibbe, M 582
Skutella, M 407
Skutsch, F 690
Smalley, B 437
Smelik, K A D 682
Smet, J de 353 361
Smith, A J 221 564 582
Srmth, H 23
Sm.th, M 344
Smolak, K 63 341 373 381 390 391
Smulders, P 49 50 513
Soden, H von 236 374
Solan, A 36
Solen, G 433 501
Sohgnac, A 183 408 425 449 486 501
530
Sollazzo, L 208
Solmsen, F 347
Somers, H 504
Sontag, F 496
Soos, M B de 746
Sordi, M 313
Soria, F 496
Soteaux 401
Soto, J M 176
Soto, M 436
Sottoc ornóla, F 704
Souter, A 88 155 211 212 213 215 216
222 560 561 562 564 565 566 571
Spaccapelo, N 440
Spagnolo, A 117
Spanedda, G 535
Sparks, H F D 261
Specht. T 472
Spedahen, F 703 745
Speenkenbrink, B 520
Speigl, J 582 718
Spmdeler, A 745
Spitzmuller, H 304
Squire, A 428
Srawley, 1 H 199
Staat, A 380
Staehlin, E 535
Staffner, H 530
Stakemeier, E 433
Stam, J 342
Stangl, Th 153
Stanislaus, A 322 332
Slarburk, C C 425
Starnes, C 409
Starowieyski, M 681
Steeger, Th 730 731
Steenberghen, F van 405
Stegemann, V 434
Stegen, G 343
Stegmuller, F 237 290 643 669
Steidle, W 348
Steier, A 207 208
Stein, E 36
Stemmann, J 255 265
Sicpuinth, M 150
Stirnhtrg, G 644
Sitr/i, A G 649
Sitttintr, R 336
Siiglmayr, J 408 441 588
Siotkintier, P 746
Stokowska, M 441
Sios/ko, I 483
Niothtrr, R 453 454
Sir.unondo, G 347
Siraub, J 437
Sirctkcr, K 374
Strnthhan, F 713
Strcitbcrg, W 131
Strohtker, K F 36 395
Strzclttki, L 318 337
Stryckcr, E de 237
Studer, B 287 293 469 516 531 578 659
744 745
Stuibcr, A 122 211 213 601
Stummtr, F 235
Stutztnberger, A 371 373
Sullivan, P A 159
Sulhvan, T 448
Sureda Blanes, S 72
Sunnger 321
Suter, R 501
Svcnnung, S 165 595
Svoboda, K 427
Swanson, D 681
Swanson, R A 386
Swete, H B 247 564
Sweynheyn 258
Swiderek, A 424 425
Switalski, B W 485 677
S-witek, G 629
Szabo, F 175
Szantyr, A 646 682
Szelestei Nagy, L 209
Szoverffy, J 305
Szoldrski, W 178 182 183 201 681
Szjmusiak, J M 441
Tablino, P 473
Taillez, M 312
Takahashi, W 424 428 437
Tahaferro, R C 427
Talmont, L 164
Tamietti, G 192
Tamilia, D 677
Taormina, L 347
Tarchier, L 539
Tardif, H 699
Tarulh, V 444 445 472 474 476
Tavard, G 437
Taylor, J 325 707
Taylor, J H 449
Tea, E 304
Teixidor, L 435 550
Tengstrom, E 137
Ter Haar, T G 430
Terraneo, C 175
Tescan O 256 407
774
Indices
TeSelle, E 291 433 434 556
Testare), M 193 256 413 486 744
Testi-Rasponi, A 395
Test.ni, P 327
Tettamanzi, D 175
Tezzo, G 49
Tham.n, R 192
Theiler, W 469
Thelamon, F 299
Thibaut, A 263
Thibaut, J B 616
Thiel, A 329 670 706
Thiele, W 234 236 564
Thierry, J J 256 284
Thimme, W 407 412 415 429 432
Thornell, G P 80
Thoma, H 318
Thomas, P 334 389
Thomassin, L 35
Thompson, E A 131
Thompson, T 199
Thomson, J J 335 339 341 342 344 347
349 351
Thonnard, F J 427 428 432 433 462 464
495 496 504 532 539 550 589
Thorsberg, B 289
Thouvenot, R 433 644
Thraede, K 305 313 335 337 350
Tibiletti, C 287 387 540 617
Tidner, E 243
Tietze, W 56 80
Tillemont, S Le Nain de 180 182 183 185
187 581 609 615 630
Tinnefeld, F H 215 564
Tischendorf, C von 235
Tischoll, J 589
Tissot, A 550
Tissot, G 190 191
Tjader, J O 612
Tobin, M D 389
Todde, M M 80
Tolley, W P 491
Tolotti, F 327
Tomaszewski, M 426
Tonna-Barthet, A 333 440 472 550
Tordeur, P 338 392
Torres Rodríguez, C 165 597
Torti, G 337
Toscani, G 175
Toscano, A P 377 378
Toscano, B 377 378
Tosatti, Q 435
Tougard, A 671
Tournier, F 437
Tourscher, E F 424 426 435 446
Trape, A 406 408 413 415 419 427 444
446 465 486 489 495 513 531 532 536
540 552 578 631
Trehorel, E 407
Tremblay, R 512
Trettel, G 698 699
Tria, L 610
Trillitzsch, W 286
Trisoglio, F 156 286
Tnthemius, J 382
Troeltsch, E 437
Trombala, A 427
Trompeo, P P 208
Truyol y Serra, A 435
Tuiher, A 322 747
Turbessi, G 298 446
Turcan, M 256
Turcio, G 365 366
Turkowska, D 426 427
Turner, C H 72 75 117 164 213 216 226
243 324 329 716 731
Turner, H E W 520
Turrado, A 459 530 551
Uhlfeder, M L 306
Ulbnch, H 471 564
Ulbnch, U 719
Ullmann, W 747
UUrich, 306
Urba, C F 192 461 462 463 464
Ussam, V 182 218 239
Vaca, C 501
Vacandard, E 324 671
Vatcan, A 82 180 263 278 290 291 326
471 475 479 562 587 588 589
Vagaggini, C 551
Valderrama, G 746
Valentín, L 401 402 568 635 636 638
Valentín, M D 614
Valentín, P 423
Valentini, R 633
Valeriano, E 730
Vallarsi, D 258 588 609 610 669
Valsecchi, A 222
Vanderlmden, E 674
Vandeven, A 647
Vanneste, A 530 531 538
Vasey, V R 186
Vassall-Phillips, O R 146
Vattioni, F 235 287 288
Vaugham, H 607
Vaz de Carvalho, J 597
Vecchi, A 177 429 432 507
Vecchi, G 305 646
Veer, A C de 146 464 476 578 584
Vega, A C 96 99 103 104 317 334 391
407 409 432 446 550 677
Vega, G E de 466
Verbraken, P P 476 481
Verde, F M 501
Verdiere, R 348
Verdu, P L 435
Veremans, J 338
Vergara, J 82
Verges, S 537
Verhees, J 513 537
Verheiien, L 407 417 446
Vermeer, G F M 681
Vermeylen, J 538
Vermuyten, F 443 449
// Autores modernos
775
Vernet, F 373
Vetter, J 539
Viard, P 156 632
Victonus, M 258
Vidal, J L 322
Vighetti, O 713
Vignier, J 632
Villain, M 292 298 300 353 710
Villam, L 332 357
Villar, J 159
Ville de Mirmont, H de la 369
Villegas, M 551
Viller, M 36 628
Villette, L 538
Vincent, A I H 428
Vineis, E 235
Viñayo González, A 425
Visconti, L 193
Visentin, P 701
Visintainer, S 289
Vismara, S 437
Vismara Chiappa, P 476
Visser, A J 314
Vitali, C 407
Vitelh, C 284
Vives, J 324 327 334
Vivona, F 317
Vizmanos, F de B 194 195 444
Vizzmi, G 197
Volker, W 706
Volkl, L 222 327
Vogel, C 632 713
Vogels, H J 22 213 214 215 236 260
261 147 564
Vogt, J 313 691
Vogue, A de 289 329 629
Voigt, K 746
Vokes, F E 150
Vollmann, B 165 726 730
Vollmer, F 365 394 395
Vona, C 104
Vorst, C van de 725
Vooght, P de 501 502
Voss, R B 423
Vossius, G j 590 667
Vrestka, K 681
Vromen, F 199 200 7 30
Vroom, H 456
Wachtel, A H 433 436
Wagner, M 408
Waldram, J 746
Walker, G S M 73
Wallace-Hadrill, D S 267
Wallach, L 214
Walhs, E R 461 462 463 464 466 467
Walpole, A S 63 208 257 304 339 385
Walsh, G C 22 3
Walsh, P G 354 357 362
Walter, G 434 647
Waltzing, J P 646
Walz, A 725
Ward, M C 344
Warnach, V 504
Waszink, J H 201 204 247 339 677
Watkin, E I 552
Weber, C F 478
Weber, H 474
Weber, H O 628
Weber, R 234 235 237 259 260 261
681
Weerenbeck, B H J 417
Wegenast, K 150 715
Weigel, G 428
Weihnch, F 451 452
Wei]enborg, R 631
Weijland, H B 536
Weiler, 1 657
Weis, A 354
Weiss, J P 643 661 662
Weissengruber, F 457
Weiskotten, H T 409
Welldon, J E C 431
Weller, P T 476
Welsersheimb, L 693
Wenger, A 237
Wenzlowsky, S 706 731
Wermelinger, O 554 577 578 581 707
715 716
Wessel, K 229 231
Weyden, P van der 396
Weyman, C 185 189 304 306 322 327
332 353 357 361 369 386 389 588 589
600 668
White, H I 260 261
Whitt, P H E 393
Wicki, N 541
Widman, H 317
Widand, W 362
Wiesen, D S 286
Wiesner, W T 182
Wi|devtld, G 428
Wikstrom, T 690 691
Wilbrand, W 174 181 186 206
Wikox, T 444
Wilkinson, J 268 681
Wilks, M J 437
Wille, W 58
Willems, R 472
Willer, M V 291
Williams, A L 612
Wilhnger, E 408
Wilhs, G C 140
Willwoll, G E 746
Wilmart, A 55 56 60 96 98 99 104 106
131 146 174 242 247 290 296 297 361
669 671 697
Wilpert, G 324
Wilson Kastner, P 531
Wiman, G 362
Winden, J C van 677
Winkelmann, F 231 287 293
Winstedt, E O 336
Wirtz, R 174
Wisen, D S 322
Wischmeyer, W K 88
776
Indices
Wistrand, E 681
Wistrand, W 150
W.t, J de 317 318 656
Witke, C 305 337
Witte, J 693
Wm.g, J 153 155 213 217 324
Wolfflin, E 645
Wohlfahrt, K A 425
Wolfskeel, C W 426
Wolfson, H A 483 578
Woodruff, H 336
Wordsworth, I 260 261
Wotke, K 606 607 608 609 614 618 642
650
Wnght, D F 472
Wnght, F A 304
Wnght, J C 354
Wrobel, J 677
Wríol, L 628
Wunderle, G 408
Wundt, M 408
Wurm, F 706
Wurm, H 578
Wutz, F 239 268
Wytzes, J 174 205 432 437
Xiberta, B M 492
Yarnold, E J 199 201
Yonng, J J 638
Zacagni, L A 704
Zacher, A 449
Zagenmeister, K 591 595 596
Zahn, Th 213 216 217 329
Zalba, M 539
Zamora, G de 260
Zannom, G "305 721 747
Zappacorta, V 348
Zappala, M 222
Zaragueta, j 435
Zarb, S 472 474
Zavagbo, A 174
Zedda, C 80
Zeijden, A van der 551
Zeiller, J 113 117 168 224 468
Zeller 306
Zelzer, K 193
Zelzer, M 205 206 214 237 465
Zelzner, M 368
Zeoli, A 439
Zeou, A 531
Zepf, M 408
Zeuschner, H 213
Ziegenaus, A 82
Ziegenfuss, W 433
Ziegler, J 680
Ziegler, K 633 689 690 691
Ziehen, J 369
Zimara, C 433
Zimmer, H 213 563 565
Zimmermann, H 236
Zincone, S 185
Zingerle, A 44 60
Ziwsa, K 136 146 150
Zmire, P 537
Zucchetti, G 633
Zucher, L M 186
Zuidema, S U 425
Zum Brunn, E 489 492 500
Zumkeller, A 446 467 531 532 539 553
578
Zycha, J 192 429 430 438 439 440 442
444 445 447 449 450 453 455 460 461
462 463 464
///. INDICE
ANALITICO
Abdias, profeta 272 274 275
abecedarios, poemas 403 456
Abel 179 343
Abelardo, Pedro 22
Abrahan, abad 619
Abrahan, patriarca 60 102 148 179 180
343
Acab, rey de Israel 78
Acacio de Cesárea 274
Acaya 381
acrósticos 308 3 1 1
Acta Archelai 704
Acia disputattoms Acacn 240
Acia Pauh el Theclae 207 373 374
Ad quendam senatortm 295
Adamando 295
Adán 60 610 V Pecado original
Adeodato 412 413 428
Adimanro, maniqueo 454
Adrasto de Afrodisia 677
Adriano, emperador 345
adulterio 445
Aecio, amano 1 10
Aelius Donatus 249
Africa 6 132-133 708 710 71 1 714 721
Agen 9^ 637
Ageo, profeta 275
Agimundo 277 727 728
Agnello de Ravena 701
Agrecius de Sens 390
Agrestio 685 590-39/
Agrestio de Tours 390
Agnpino 107
Agrycius de Sens 650
Agustín de Aquileya 559 577
Agustín Hibernicus 480
Agustín de Hipona 4 5 6 8 9 10 11 12 16
17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28
29 30 31 33 34 35 36 70 81 93 96 1 12
114-115 123 134 135 136 138 141 150
151 167 190 191 201 207 212 215 217
230 233 236 242 245 246 249 254 262
264 270 277 302 303 308 315 354 356
365 367 368 380 383 401 403 40.5-533
554-603 607 612 620 621 626 627 630
631 634 635 636 637 638 639 641-642
648 662 663 666 667 668 673 675
677-678 682 684 685 689 694-695 696
705 712 716 718 734
Alanco 11 123 698 710
Albina 463 557
Albino 720
Alceo 301
Alamo 370
Alcuino 94 382 628
Aldelmo 382
Patrología 3
alegoría v Biblia, interpretación
Alejandría 39 364 716 742
Alejandro de Alejandría 47
Alejo, San 312
Alepo 250
Ahpio de Tagaste 367 413 559
alma humana 161 181 340 426 453, espi-
ritualidad 487, inmortalidad 425 487
493, ordenada al cuerpo 493, origen
294 462 463 485 493 556 571 584 594
V Hombre
A/tercalio Heracltani 106-108
Altmum 249
Amando de Burdeos 352 355
Ambrosia, virgen 195
Ambcostaster 8 87 21 1 222 238 244 274
480 555 564 567 570
Ambrosio de Milán 6 8 9 10 11 13 15 18
19 20 23 24 26 27 28 29 30 31 32 33
34 35 41 57 61 75 94 100 101 105 112
114 123 146 153 160 ¡66-211, 217 229
230 236 238 244 245 246 270 271 281
295 299 303 315 345 348 352 380 407
411 413 438 607 610 653 654 670 685
697 698 700 705 708
Amiano Marcelino 16 19
Amiens 658
amor 506 507 512 V Caridad
Amos, profeta 275 586
Anastasio, Papa 254 282 294 457 710
Anemio de Sirmio 168
Amano de Celada 246 590-591
Anisio de Tesalonica ?08
Anonymm in Iob 119-120 121
Anselmo de Canterbury 693
Antioquia 712 716 742, cisma de — 76 172
241 251 323
Antonio, abad 241 242 278 622 660
Antonio, padre de Dámaso 323
Aper 650
Apiano de Sicca 715 718
Apocalipsis, Libro del 140 276-277 306
480
apocatastasis 541
apócrifos 162 236-237 239 329 675 686
Apolinar de Laodicea, apolinansmo 19
105 128 129 149 156 210 251 273 664
708
Apolinar Sidonio 7 12 365 378 393 607
632 642
apologética 116 303 310 340 345-347 360
363 369 397-398 429-437 452 593
651 652 688-689
Apomo 691-69}
Apuleyo 484
Aquila 263
778
Indices
Aquiles de Spoleto 376 377-378
Aqmleya 31 229 230 249 291 555 721 V
Concilios y sínodos.
Aquisgran 376
Ara de la Victoria 168 169-170 205 345-
347
Arbogaste 172
Arcadio, emperador 153 320 346 697
Arcadio, mártir 147 149
ArcaviLa 6
Aristón de Pella 245 611
Aristóteles 81 274 415 484 688
Arles 7 28 74 306 604 612 613 661 721
Arnobio de Sicca 693
Arnobio el Joven 12 21 590 631 693-696
Amamsmo 3 5 11 33 38-41 42-44 47 48
52-56 60 62 64-71 73 76 81 148 152
155 162 167 168-169 170 171 172 179
183 187 196 204 205 206 210 230 231
241 301 323 382 384 468 511 521 602
604 610 656 658 664 670 673 696 697
707-708
arte cristiana 26
artes liberales 426 478 479
Asarbo, priscilianista 163
Ascensto haiae 123
Ascensión 116 728
Asclepio de Gaza 39
Asterio, Turcio Rufo 382
astrologia 116 161 162 164 224 379 401
675 688
Atalo 391
Atanasio de Alejandría 5 8 9 31 39 42 49
52 56 63 67 69 71 72 73 75 76 77 79
93 94 95 97 108 109 196 197 198 225
229 231 241 244 250 301 604 631 657
658 696 707 708
Atanasio de Anazarba 123
Atarbio 253
Ataúlfo 123
Aula 632 723
atomismo 379
Augusto, emperador 345
Aulio Geho 484
Aurelia, gens 166
Aurelio, amigo de Sulpicio Severo 660
Aurelio de Cartago 134 141 559 572 715
Ausomo 7 15 17 32 168 319 330-333 352
358 366 371 392 393 604 612
Auspicióla, hija de Salviano 644
autobiografía 390-391 406-409
Autun 396
Auxencio de Dorostorum 112 122 123
170
Auxencio de Milán 44 53 54 73 109 151
167 204 280
avaricia 186 343 646-647 652-654
Avito 7 240 290 370 375 382 390 402
591 673-674 683
Avila 160
Axio Paulo 319
ayuno 338 477 728
Baleares 678
Baquiano 32 374 674-677
Baruc, profeta 266
Basilio de Ancira 40 83 84
Basilio de Cesárea 9 10 13 18 20 41 105
168 177 185 186 188 196 197 198 210
231 241 245 246 293 295 297-298 323
382 587
Basula, suegra de Sulpicio Severo 655 657
660
bautismo 134 135 136 138 144 147 157
158 199 200 210 394 456 459 460 464
465 568 602 611 733 737 739, — de los
herejes 144 280 664 7 1 1 , — de los niños
522 533 537 556 571 576 580 582 583
586
Bazas 391
Beato de Liebana 140
Bebiano, Veno 364
Beda el Venerable 140 190 290 562 643
669 670 693
Belén 249 253 291 615
Belisario, Liberio 382
Benévolo 153
Benito de Nursia 620 627
Bernabé 244
Betica 394 674
Biblia autoridad 447 508 587 664-667
689 734, canon 162 329 509, libros
deuterocanonicos 265-266, estudio y
lectura de la — 18 22 543 623-624 711,
inerrancia 508, interpretación 23 24 57
59 60-61 78 86-88 95 101-102 116-117
119 120 121 138-140 148 154 163 176
190 214 246 251 275 288 447 508 563
586 602 607 664-667 675 734, manus
critos bilingües 233, paráfrasis poéticas
19 350 351 358 371-373 374-375
379-380 383-385 V Juvenco, Proba,
Sedulio, Victono, Cipriano Poeta, De
Sodoma, De Joña, Prudencio, quaestiones
et responstones 215-216 238 274 607-608
643, texto hebreo 265, texto griego
232 264 267, Hexaplas 262-263 273
287 677, traducciones latinas 21 59 79
214 231-236 247-248 255 259-266 291
317 324 371 474 508 563 587 608 680
692, traducción gótica 7 131, Antiguo
Testamento 22-23 27 28 101 163 147-
148 152 154 469 475
Bibliotecas Arezzo 60 679, Autun 617,
Barcelona 403, Berna 646 650,
Boulogne-sur-Mer 184, Bruselas 633,
Gottingen 22 Leiden 331, Lyon 398,
Londres, Bntish Museum 310, Lenin-
grado 151, Montecasino 566 617 679,
Milán, Ambrosiana 120 123 216 675,
Orleans 177, Paderborn 606 618, París
114 185 203 370 374 375 396 398 401
619 629 632 639 647 650 668, Reiche-
nau 641, Reims 685, Ripoll 663 675,
Roma, Vallicelliana 376, Roma, Vati-
77/ Indice analítico
779
cana 123 185 320 375 599 612 639
675, Sankt Gall 260 395 566 641 671
672 675, Tunn 140, Venecia, Marciana
382, Verona, Capitolare 115 328, Viena
618 643, Wurzburg 161
bienaventuranzas 450
binionitas 162
biografía 241-242 278-279 360-361 409
657 659
Blesila 273
Bolonia 31 172
Bonificacio, comes 114 481
Bonifacio, Papa 377 419 464 559 715-
7/6
Bonoso de Aqmleya 250 251
Bonoso de Sardica 172 195 205 708
Braga 591
brahmanes 704
Braulio 686
Brescia 151 153 371 374
Bretaña 557
bucólico, genero 369
Buculo 369
Burdeos 330 351 391 392 604 654 671
Caería Cypriant 371 373 574
Caín y Abel 61 179 343
Calahorra 333
Caladlo 245 677
Calas 250
Caligono 183
Cali meo 171 205
Calventia, virgen 376
Candido, amano 83-84
canon de la misa 200
Cañones apostolorum 243
Cantar de los Cantares 100 102 181 193
203 262 264 269 295 692
canto eclesiástico 170 226 446
caridad 440 473 510 543 544-545 547
Carlomagno 228 376
Carlos el Calvo 374
Carmen contra paganos 397-398
Carmen de prmndentta 380 387 400-402
639 648
Caro, diácono de Hipona 558
Carpo, Pailo y Agatonice, mártires 240
Cartago 25 30 230 232 391 410 446 474
555 557 582 584 596 600, conferencia
de — del 411 134 135 414 458 470
V Concilios y sínodos.
Carteno 280
Casiano, mártir 349
Casiano, Juan 7 8 31 236 242 248 388
604 605 607 614 6/5-629 630 631 634
637 644 666 705 720
Casiciaco 367 413 423
Casiodoro 46 190 225 591 615 620
Castor de Apt 616 617 618 619
Catalogas Libertanus 708
catequesis 27 224 225 443 477 601
Cattura 650
Catulo 301 372
i Cecihano de Cartago 132 133 1 36 142
Celestino, Papa 9 25 419 559 634 635
637 666 694 7/6-7/8 719 V lndnulus
Caelesttni
Ctlestio 9 460 462 463 469 554 555 556
557 558 559 561 571 572 573 574 575
579 582-584 586 598 599 712 714 716
717
Celso 611
Celso, doxografo 484
Celso, hijo de Paulino de Ñola 352 359
centones 302 318-323 391
Ceponius, obispo galo 686
Cerasia, virgen 609 610
Cerdena 6 73 415
Ceretius de Grenoble 643
Cesárea de Palestina 272
Cesáreo de Arles 480 614
Chelidonius de Besancon 613
Cibeles, culto de 376 397
Cicerón 18 21 22 81 86 177 192 229 249
285 355 401 410 484 505 610 645
Cillemus 630
Cimiez 661
Cipriano de Cartago 18 30 114 116 136
144 15 7 201 232 243 280 306 307 370
374 402 415 456 533 611 689 698
Cipriano Galo, v Cipriano Poeta
Cipriano Poeta 19 315 317 370-376
Cipriano de Tolón 371
circuncisión 64 609
Cirilo de Alejandría 224 694 705 716 719
720 722 735
Cirilo de Jerusalen 244
Ciro 596
cisma 34 142 152
Citerio 359
Claudiano 364-367 368 371 385 395
Claudiano Mamerto, v Mamerto, Cl
Clemente de Alejandría 301 302 620 627
Clemente Romano 244 299
clero 16 18 19 283 653 658 670, celibato
del — 282 711
Clodio Adelfio 319
colecciones canónicas 629 670 705 711
727 729
colegiahdad episcopal 717 718 740-741
742
Collatio Alexandrt et Dmdimi 704
Collectto Avellana 16 170 727
Collectio Arelatensts 721 727
Collectto Novartensis 727
Collectto Quesnelltana 727
Collectto Romana 709
Collectto Thessalontcensts 721 727
Colonia 644
combate espiritual 343-344 623 V Per-
fección cristiana
Comodiano 236 306-314
concilios y sínodos 25 243 324 329 533
664-667 711, Alejandría (362) 73 76
79, Alejandría (392) 172, Angers (453)
629, Antioquia (417) 255 283, Aquileya
780
Indices
(381) 112 114 169 205 697, Arles (314) i
133, Arlés (353) 39, Arles (455) 643
661, Arles (473) 579 580, Beziers (356)
42 53 55, Burdeos (384) 160 161 162,
Calcedonia (451) 7 702 722 723 724
733 734 735 739 742 743, Capua (392)
172 709, Cartago (398) 17, Cartago
(404) 134, Cartago (418) 558 559 570
571 576-577 578 583, Cartago (419)
714 715, Cesárea (393) 172, Constanti-
nopla (360) 40 53 113, Constanunopla
(381) 246 251, Donatista (c 380) 138,
Efeso (431) 17 559 583 598 666 667
702 717, Efeso (449) 722, Elvira (c
310) 7, Hipona (393) 438, Jerusalen
(415) 271 283, Milán (355) 39 42 52 74
76 77, Milán (393) 172, Milevi (416)
577, Nicea (325) 25 33 38 71 108 243
317 704 709 734, Orange (441) 605
643, Orange (525) 419 642, Orense
(Aquae Caelenae) 683, Orleans (541)
669, París (361) 43, Quiercy (853) 528,
Riez (439) 661, Rimini (359) 5 40 43
50 52 53 54 55 79 84 94 95 97 99 100
103 108 109 110 236 243 Roma (313)
142, Roma (377') 328, Roma (382) 169
329, Roma (386) 708, Roma (449) 727,
Sardica (343) 5 52 55 71 72 135 243
709, Seleucia (359) 43 50 53 123 243,
Singidunum (366) 109, Sirmio (357) 40
71 84 94 95 97 98 103 108 110 696,
Sirmio (358) 40 83, Sirmio (359) 40 84
708, Sirmio (377/78) 169, Tiro (335)
39, Toledo (c 400) 162 683, Toledo
(447) 683, Toledo IV (633) 61, Tremo
(1545-1563) 419 523 525, Tunn (398)
714, Vaison (442) 643 661, Vaticano I
(1868-1870) 419 665 668, Vaticano II
(1962-1965) 419, Zaragoza (380) 32
159
concordia 249 291
concupiscencia 464 465 522-523 538
586-587
confirmación 200 7 1 1
conocimiento 487 502-504
Consencio 677-678
consolatorio, genero 202 359 660 694
Constancio, emperador 3 5 30 33 38 39
40 42 43 52 53 71 73 76 77 78 95 100
108 110 167 168 230 319 323 689 696
Constancio, patricio 593
Constancio de Clotema 205
Constante, emperador 38 39 108 133 143
145 689
Constantino, emperador 3 4 14 25 28 30
38 39 71 72 119 133 314 346 396
Constanunopla 583 616 679 712 715 723
743 744
Constanza (Rumania) 230
Constttutwnes apostohcae 231 301
contemplación 548
continencia 445 V Virginidad
Corintios, Cartas a los 86
Conpo 315
Cornelio, Papa 229
corrección fraterna 466
Consultationes Zacchaei et Apollomi 612
689-690
creación 177 219 379 396 449 468 484-
485 488 497-502 576 585, — y rallo-
nes seminales 498
Cresconio 34 134 135 457
Cromacio de Aquileya27 31 118 238 250
292 697-699
Crónicas, Libros de las 262 263
cruz 203 402
cuaresma 728
cultura clasica y cristianismo 17-22 152
284-285 331-332 356 365 366 383
610
Dámaso, Papa 8 9 20 24 41 79 162 166
211 212 230 231 252 257 260 262 269
272 275 280 323-330 365 708
Daniel, abad 619
Daniel, profeta 147 148 266
David, rey de Israel 187 301 343 440
De ealesia 321
De Joña 374-375
De lapsu vtrpnis 226
De hgno cructs 402-403
De miraculis s Siephani 684
De stmilttudine carnts peccati 158
De shu hterosolymtlanae urbis 607
De sodoma 374-375
De Veril tncarnattone 321
De vocatwne omntum gentium 634 635 638
640-641 730
Decencio de Gubbio 711
Decimio Hilanano 2 1 1
Decio, emperador 53 240
Decretum Gelasianum 236 239 307 315
320 328-329 380 382 596 615 620 627
673
Decretum Cratiant 17 641
Delfín, amigo de Paulino de Ñola 352 355
356
Demetriade 445 566 567 635
demonio 140 155 210 219 220 430 520
derecho canónico 243 705-706 708-709
derecho romano 217 706
Desiderio 657 660
desierto 606
Deuteronomio, Libro del 295 372
Dextro o Diestro 156 211
diálogos 399 422-428 619-620 660-661
Dictinio, pnscilianista 678
Didache 244
Didascaha apostolorum 243
Didimo de Alejandría 8 196 197 210 244
245 253 270 273 275 291
difuntos 440
diluvio 60 180 379
Diocleciano, emperador 3 4 71 132 136
166 247 348
Diodoro de Tarso 251
/// Indice analítico
Dionisio de Lidda 271
Dionisio de Milán 109 167
Dionisio el Cartujo 620
Dionisio el Exiguo 669
Dios posibilidad de conocer a — 491
502-503, existencia de — 427 487
490-491, inmutabilidad de — 489, pro-
videncia 356 401 424 431 595-596
648-640 651-652, — ser, verdad y bien
sumo 487-488 491 V Trinidad
Dioscuro 722
Dioscuro, mártir 240
docetismo 67 162 210
Donato, donatismo 5 9 15 34 132-141,
232 301 306 323 455-460 470 477
479 508 532 556 664 710
Donato, monje 6
dogma, progreso del 664-667
domingo 28
Donaciano de Telepte 559
dones del Espíritu Santo 450
Draconcio 382 395
Dulcicio 459
Ecio, general romano 387 394 720
Eclesiastes, Libro del 262 264 643 645
Eclesiástico, Libro del 232 265 266 273
educación 17 19 283 302-303 319 424
428 506
Eclana 555
Efesios, Carta a los 86 88 2 73
Efeso 583 V Concilios y sínodos.
Efren Siró 242
Egena 8 678-682
Egipto 403 679 723 V Monacato.
Egon 369
Eladio, amigo de Casiano 619
Elena, emperatriz 203 252 403 657
Eleuteropolis 74
Elias, profeta 78 606 622
Elíseo, profeta 606 622
elogios fúnebres 203 283
Elpidio Rustico 7 395
Elusum (Elsonne) 655
Elvira, diócesis 99 V Concilios y síno-
dos
Emento, donatista 459
Emeterio y Celedonio, mártires 349
Emilio de Benevento 584
encratismo 234
Endelequio 369-370
Enodio 382
épico, genero 303 314-317 343-344
Epifanía 116 145 385 728
Epifanio de Salamina 150 151 152 245
252 253 271 279 281 469
Eptgramma Paulmi 379 398-400
epistolar, literatura 204-206 283 328-330
355-357 470-471 605-606 609-610
635-636 650 659-660 661 675-676
683-684 705-719 726-278
Epístolas católicas 613
Epístolas papales 705-71') /Jfi.7JI, \
Dámaso
Epistula Clementis ad laiobum ¿W
epitalamio 359
Epilaphium Libern 708
Eros, obispo 557 574 593
Esau 139
escatologia 211 311 342 540 541
escepticismo 423 487
Escete 615 619
Escitopolis 7 3
esclavitud 14 15 32 653
Esdras 59
Esdras, Libros canónicos de 264
Esdras, Libros 111 y IV 182 260
España, v Península Ibérica.
esperanza 444
Espes de Spoleto 376-377 378
Espíritu Santo 46 69-70 91-92 129-H0
154 197 224 439 441 511-512 523 534
689 V Trinidad.
Estacio 316
Esteban, manir 116 240 331 673 683 68 I
Esteban, Papa 280
Ester, Libro de 264 265 266
Estere! 614
Estihcon, general romano 172 173 364
estoicismo 20 662
Estndon 249
Eteria, v Egena.
Eteno 378 379
eternidad 49 7
eternidad de las penas 54 1
eucaristía 26 144 199 200 210 32 1 446
537 739
Eucrocia 160
Eufonio, obispo galo 632
Eugenio, emperador 172 205
Eugenio de Cartago 689
Eulalia, mártir 349
Eulalio, antipapa 377 715
Eulalio de Arles 614
Eunomio 110 113 124 129 130
Euplo de Catania, mártir 240
Euqueno de Lyon 32 33 605-609 6-1 1 dll
614 618 619 633 642 643 644 650 W.l
663
Eusebio, amigo de Sulpicio Severo 660
Eusebio, padre de Jerónimo 259
Eusebio de Bolonia 195 205
Ensebio de Cesárea 38 73 190 231 246
253 263 266 267 268 274 285 293 298
638 657 680
Eusebio de Cremona 276
Eusebio de Donleo 722
Eusebio de Emesa 244 273
Eusebio de Nicomedia 38 83 111
Eusebio de Vercelli 6 39 40 43 44 52 53
55 73-75 76 79 109 708
Eustacio de Antioquia 39 246 382
Eustasio, obispo galo 632
Eustoqmo 251 252 255 270
Eustoquio de Tours 629
782
Indices
Eutiques 701 702 722 723 727 736
Eutiquio, Papa 229
Futropio 158 560 561 573 609-611
Evagno de Antioquia 172 211 241 248
250 251 252
Evagno Galo 611-612
Evagno Potinco 231 241 242 254 296 297
298 555 618 623 627
Evangelios 116-117 260 314-317 451
Evangeltum hebraeorum 276
Evodio, prefecto 160
Exodo, Libro del 154 203 295 372
Exupeno de Tolosa 7 1 1
Ezequiel, profeta 264 269 275
Facundo de Hermiana 631
Fastidio 560 561 566 567
fatalismo 356 566 567 570 571
Faustino, lucifenano 41 79 104-106 211
Fausto de Milevi, maniqueo 34 410 454
Fausto de Riez 7 580 627
fe 481-483 510 664-667, exposiciones de
la — católica 224 311 320-321 331 384
390-391 429 438 439-440 442 480 675
682-683 685, fe y obras 439, fe y razón
346 429 430 481-484 587
Febadio de Agen 41 64 70 72 94 95 97-98
100 103 123
Feliciano, amano 480
felicidad 183 424 504-507
Felicísimo 307
Felipe, presbítero 7 290, 562
Felipe de Heraclea, mártir 240
Félix, antipapa 323
Félix, maniqueo 454
Félix, Papa 666 708
Félix de Aptungi 132 133 143
Félix de Ñola 30 352 360-361
Filastrio de Brescia 6 1)0-153 155 374
469
Fileas de Thmuis, mártir 240
Filemon, Carta a 273
Vilioque 683
Filipenses, Carta a los 86
Filocalo, Furio Dionisio 326
Filón de Ale|andria 167 176 177 178 179
180 182 184 231 237 245 267 274
filosofía 484-507 509
Filostorgio 168
Firmico Materno 5 22 675 688-691
Firmiliano de Cesárea 243
Flacila, esposa de Teodosio 104
Flaviano 172 701 722
Flaviano, V Nicomaco 397 398
Flavinius Dynamius 612
Flavio Josefo 120 183 217 237-238
Florencia 172 196
Florencio, magister offtciorum 11
florilegios 231 636 638 641 663 672
Floro de Lyon 641
Focio de Constantinopla 10 617 618 641
Fortunaciano de Aquileya 238 696-697
Fortunato, mantqueo 453
Fotino 90 93 108 149 179 218 664
Fragmenta amana 123-124 124-131
Frejus 661
Frigia 43
Fructuoso, Augurio y Eulogio, mártires
349
Fulgencio, donatista 136
Fulgencio de Ruspe 480
Fusala 718
Gala, esposa de Euqueno 605
Gala Placidia 601
Galatas, Carta a los 86 87 139 273
451
Galeno, emperador 132
Gahas 7 387 400 401 604-672 714 727
Galicia 391 674 679 686
Gaudencio, donatista 459
Gaudencio, hijo de Ecio 394
Gaudencio de Brescia 27 151 153-156
238 244 292 299 670
Gayo, Papa 8 229
Gaza 308
Gelasio de Cesárea 253
Genadio de Marsella 27 104 134 138 224
242 290 296 299 307 310 363 378 379
380 382 387 566 592 596 605 609 615
619 630 632 633 644 645 646 647 648
654 655 656 662 663 664 669 674 675
682 683 685
Genesio, San 400 613
Génesis, Libro del 27 47 177 178 264 274
295 317 319-320 372 379 448-449 606
645
Genezareth 120
Genova 637
Gensenco 600 723
Germán, amigo de Casiano 615
Germán de Auxerre 25 632 701
Germanicia de Siria 76
Germinio de Sirmio 55 56 73 106-108
109 110 223
Geroncio 561 609
Gervasio y Protasio, mártires 30 170 205
Gestidio 358
gnosticismo 92 159 162
Godescalco 527
gótica, literatura 13 1
gracia 220 401 438 494 460-461 463
524-527 546 556 572 573 574-575
578-580 586 594 625-626 634 640 667
702 739
Graciano, emperador 160 168 169 170
171 187 196 197 198 205 330 557
Gregorio de Elvira 7 41 55 69 74 79
99-104 105 106 164 238 244 299 611
673 698
Gregorio Nacianceno 18 20 41 100 231
245 251 252 269 295 297 V Padres
Capadocios
Gregorio Niseno 41 246
Gregorio Magno 643 693 719 726
/// Indice analítico
783
Gregorio de Tours 33 396 613 615 659
griega, lengua 8 9 228 229 230 231
Habacuc, profeta 275
Hadrumeto 460 466-467 579
Haemona 249
hagiografía 136 239-240 248 278-279 604
657-661 694
Hegemonio 245 704
Hegesipo 217 237
Hehodoro, amigo de Jerónimo 250
Helvidio 260-281 675
Henoc, patriarca 148
Heptateuco, Libros del 373 450
Herachano 106-108 109
Herachdes de Oxirinco 106
Heraclio, emperador 295
herejías 34 142 150-152 301 324 340-342
509-510 652 664-667
heresiologica, literatura 150-152 328 469
Hermas 244 627
Hexaplas, v Biblia.
Hidacio, cronógrafo 1 14 390 393 394 399
683 685
Hidacio de Menda 159 160 162
Hilario, v Ambrosiaster
Hilario, diácono luciferiano 211
Hilario de Arles 7 19 25 32 402 605 606
612-614 631 633 644 661 723 729
Hilario de Marsella 34 467 558 569 620
634 716
Hilario Je Pavía 2 1 1
Hilario de Poitiers 5 7 8 9 10 18 19 20 21
22 23 34 35 36 40 41 42-71 72 73 74 75
78 93 94 97 98 103 105 109 110 123
147 162 190 196 217 229 238 243 248
250 280 295 303 388 604 656 658 679
698
Hilario de Siracusa 573
Hilario, Claudio Calixto 211
Hilarión de Gaza 279
Hllaro, Papa 669
Himeno de Tarragona 32 708
himnos 20 30 61-62 85 135 206-208 301
338-339, 348-349 360-361
Hincmaro de Reims 402 641
Hipólito Romano 150 151 177 184 244
299 349 639 692
Hipona 19 114 413 414 446 453 584
historia concepción cíclica de la — 485
505 540, teología de la — 345-347 431
506-507 524 595-596 641 651-652
Historia augusta 251
Historia monachorum tn Aegypto 297 555
historiografía 266-267 298 595-596 638
656-657 669
hombre 219 449 485 610, alma y cuerpo
485 492-493, concepción pelagiana 567
575, imagen de Dios 148 489 493-494
523 543 575 739, imagen de la Trinidad
96 220 499 511 512, imagen de la
unionhipostática514 V Alma humana
Homero 22 274 315 318 364
homiletica, literatura 27-28 95 99-100 1 1 6
147-149 153-154 163 176 238 269-270
277-278 472-473 474-478, 645 662
698 699 702 726-729
homihanos 27 244-245 277 632 727 728
homeos 84 93
homeousianos 42 43 49 64 69 83 84 93
homotos 40
homoiousios 40 42 50 51 52 69
homoousios 40 50 51 52 69 84 90 91 92 93
98 100 103 108 110
Honorato, mamqueo 584
Honorato de Arles 32 33 605 606 612
613 614-615 619 631 644
Honorato de Cartago 460
Honorato de Marsella 613
Honorio, emperador 5 134 153 172 173
203 345 346 347 364 454 457 559
Horacio Flaco, Quinto 301 302 339 349
368 372 400
Hormisdas, Papa 419
humildad 545-546-
Hypomnesticon 480 580 599
hypostasis 61 105
Idacio, obispo gallego 686
Iglesia amor y servicio a la — 543 549,
bienes de la — 16, credibilidad de la —
482-483, cuerpo de Cristo 138-139 474
534 738, difusión 3 6 25 32-33, figuras
de la — 61 100 139, necesidad de la —
459, notas de la — 135 138 143, rela-
ciones entre Oriente y Occidente 8-10
741-743, santidad de la — 138 139 145
157 533-534 692 738, unidad de la —
157 532-533 733, universalidad 457,
Iglesia e Imperio romano 3-6 10-13 72
133 143 205 345-347 507 649 651-652
723-724, — y el emperador cristiano
743-744, — y Mana Santísima 517, — y
sinagoga 684, doctrina de Agustín 532-
535, y León Magno 738-744
Ignacio de Antioquia 244
Ildefonso de Toledo 6
Iliria 41 108 111 114 711-712 718 719
742
Imola 349
impecabilidad, impecantia 283 462 557
572 573 574-575 586 594
impuestos 13 14 133 653
Indiculus Caelestim 559 716 720 730
Inés, mártir 193 349
infieles 465 518 525
infierno 54 1 V Eternidad de las penas.
Inglaterra 25
initium fidet 438 467 522 527 625-627
innatismo de las ideas 502-503
Inocencio, Papa 223 558 559 560 566 576
577 583 584 592 598 616 670 674
710-714 715 716
inscripciones 166 207 208 229 248 325
326 394
784
Indices
Instancio, obispo pnsciliamsta 159 160
161
interioridad 486 487
invasiones germánicas 10 15 33 34 112
223 255 360 387 391 392 399 401 592
604 630 644 648 698 700 720
Irene, hermana de Dámaso 323
Ireneo de Lyon 103 150 151 152 210 244
301 315 604 627 666
Ireneo de Sirmio 240
Irlanda 25 382
Isaac abad 619
Isaac, mdaeus 211 217 238 323
Isaac, patriarca 60 148 181
Isaías, profeta 95 191 269 271 275
Isidoro de Sevilla 72 99 302 320 382 383
387 641 673
Itacio de Ossonoba 159 160
Italia 6 382 708 714 716
Ittnerartum Burdigaknse 67 '1-672
Jacob 60 139 147 148
Jeremías, profeta 264 269 275 649
Jerónimo 4 7 8 9 1 1 12 18 19 20 21 22 23
24 31 33 35 42 44 46 53 55 58 59 60
61 62 73 76 81 94 97 99 101 102 118
134 135 141 142 146 151 156 161 163
177 190 226 230 231 233 237 238 241
242 245 247 248 249 289 290 291 292
294 295 314 315 320 323 324 326 329
354 355 356 371 373 382 390 462 555
556 557 560 561 562 574 581 583 590
591 592 595 608 609 657 658 660 674
675 680 686 692 696 697 698 708 710
Jerusalen 253 291 555 557 574 671 673
679 680 683
Jesucristo 218-219 365 395 396 anun
ciado en el AT 60 61, natividad 736-
737, misterios de su vida 315 317 321
384 404 740 bautismo 142 tentaciones
62, pasión y muerte 62 611 728, des-
censo a los infiernos 689, resurrección
737, ascensión 736 737, imagen del Pa-
dre 64 divinidad 340 611, humanidad
real y perfecta 67 101 105 128 129 161
340 692, unión hipostatica 128 129 198
210 513 514 621 630 631 692 735-
736, communtcatto idiomatum 514, fi
guras y títulos de — 120 138 225 389
mediador 518-519 579 sacerdote y sa
crificio 519-520, cabeza de la Iglesia
138 139 692 738 739, presente en sus
ministros 739, — y el alma 181 542 543
692 V Trinidad
Job, Libro de 63 117 119 148 187 239
262 264 290 343 450 561 586
Joel, profeta 275 586
Joñas, profeta 147 148 275 375
José, abad 619
José, hijo de Jacob 102 139 147 148 184
372
Josué, Libro de 61 77 148 295 372
Joviniano 172 205 281 444 521 544 555
567 568 570 708
Jovmiano de Lenns 619
Jovio 352 356 359 363
Juan, abad 619
Juan de Antioquia 719
Juan Bautista 194 358 606 622
Juan Cnsostomo 13 28 29 34 118 153
231 242 246 254 277 587 591 616 620
621 626 627 654 666 697 705 712
Juan de Fecamp 675
Juan de Jerusalen 9 231 253 255 271 281
291 557 558 574 592 594 673 710
Juan II Papa 419 631
Juan Cartas de San 473
Juan, Evangelio de San 93 126 130 316
330 472 473 549 643 694
Juda, patriarca 148
ludaismo 87 116 148 151 205 221 308
310 311 340 363 469 610 611 612
683 684 689 692 702
Judit Libro de 265 266 657
Jueces, Libro de los 295 372
jueves santo 705
juliana, madre de Demetnade 196 445
Juliana, madre de Juliano de Eclana 584
Juliano amano 168
Juliano, emperador 3 19 40 43 73 76 134
168 212 221 374
Juliano de Eclana 6 9 34 346 359 414 460
464 466 522 554 559 562 568 577 579
583 584 590 591 598 599 696 716 719
720
Julio, Papa 8 38 39 72 666 707
justificación 88 220 523-524 V Gracia
Justina, emperatriz 170 187
Justiniano, emperador 7 10
Justino, maniqueo 93 158
Justino, mártir 150
Juvenal 610
Juvenal de Jerusalen 720
Juvenco 7 19 314 318 358 370 372 375
379 384 396 673
Kyd ones, Demetrios 641
Lactancio 21 22 101 147 232 236 380
388 555 645 653
latina, lengua 8-9 248 V Traducciones
al latín
Latroniano, priscihanista 163
Laudes Domim 317 396 397
Laurentia, madre de Dámaso 323
Lázaro 95
Lázaro de Aix 557 574 593
Lea y Raquel 549
leccionarios 232
lenguaje 494
León de Bourges 629-630
León I Magno, Papa 11 17 27 118 246
585 613 616 621 630 631 634 635 638
640 643 661 666 683 686 694 701 703
705 711 719-747
111 Indice analítico
785
Leoncio, hermano de Casiano 619
Leoncio de Lenns 619
Lepono 621 630-631 694
Lenns 32 579 604 605 606 614 631 634
642 643 644 661 662 667
Levitico, Libro del 101 295 372
Lex Del uve Mosaicarum et Romanarum le
gum collatto 211
ley eterna 505 mosaica 139 221 461 na
tural 401
Libellus fidei 590
Líbelluí precum v Faustino
hibellui scintillarum 641
Líber pontifuahs 323 701 720
Libeno Papa 27 41 55 56 76 83 166 323
696 708
libertad 139 378 380 427 464 494 524
557 565 566 570 572, — y gracia 220
466 525 527 574 575 577 578 580 V
Imtmm fidei
Licencio 367 368
Lictorio 387
Lietberto de Lille 669
Liguge 658
Limenius 650
limosnas 646 647
Lisboa 94
liturgia 26-27 211 230 301 338 525 632
645 679 695 702 729
Livia, esposa de Augusto 345
Livio, Tito 401
Lorenzo, mártir 12 349 "28
Lorenzo el Melifluo 7
Lot 342 343 372 375
Lucano 385 667
Lucas, Evangelio de 120 189 190 238 270
404 451 694
Luciano, amigo de Avito 673 674 683
Lucido 580 581
Lucífero de Cagliaria, lucifenanos 6 16 40
43 52 53 55 72 73 74 75 76-80 99 103
104 105 106 168 280 323
Lucila 132
Lucino 283
Lucrecio 326 372 380 401 635
Lugo 390 683
Lupo de Troyes 605 614 631-632
Lutero, Martin 385
Lyon 604
Macabeos, Libros de los 154 183 265
266 728
Macario, legado de Constante 133 134
145
Macedonio 381 383 384
Macón 631
Macrobio 229
Macrobio donatista 134
Madaura 410
magia 159 160 161
Magníficat 226
Magnus 17 18
Mahon 683
Majencio 319
mal, origen y naturaleza del — 342 411
424 427 453 455 498-499 522 651
652 V Maniqueismo
Malaquias, profeta 275
Maleo, ermitaño 279
Mamerto, Cl 27 201 365 605 606 633
maniqueismo 101 139 154 160 162 178
245 410 452 455 463 464 477 493 494
497 498 499 508 521 532 570 571 584
585 595 610 639 704 721 722 729 734
Marcela 23 2
Marcelina, hermana de Ambrosio 164 170
171 183 193 205 708
Marcelino, diácono de Cartago 558
Marcelino, luciferiano 105
Marcelo de Ancira 39 93
Marciano 290 723
Marcion, marcionitas 142 154 156 218
323 342 469
Marcos, Evangelio de 277 317
Marcos, Papa 707
Marculo, marrir donatista 136
Mana Santísima 193 195 2 1 1 226 343 40 1
516-517, concepción inmaculada 516
517 maternidad divina 516 621 Til
virginidad 154 195 516 610 611 70H
— y la Iglesia 517
Mario Victorino 22 33 41 63 67 68 <<■>
81 94 96 101 158 229 230 236 238 1 15
273
Maroma 2 "7 9
Marsella 3 2 392 460 466-467 604 61 ti
630 634 644
Marta y MCana 549
Martin de Tours 30 31 33 160 242
356 360 611 655 661 670
Martín de Braga 225
Martin, Papa 708
mártires 12 29 116 136 143 149 .' I '
241 282 326 348 349 440 544 6111
670 671 673 683 684 V Reliquia»
Mateo, Evangelio de 27 57 58 117 II 1 )
238 244 276 277 316 317 384 404 45 I
452 591 643 694 696 698
matrimonio 154 161 194 205 444 441
464 465 538 544 568 577 585 70M
Mavorcio 3 21 322
Maximiano de Constantmopla 7 1 7
Maximiano e Isaac, mártires donmUM»
136
Maximino, amano 8 112 11 i 117 M J
122 123 124 131 468
Maximino, donatista 457
Maximino, emperador 53
Máximo, emperador 160 169 170 I ' I IH
413
Máximo de Tunn 6 27 1 15 238 < 0 ' i '
707
Mayonno cié Cartago 132 1M
Melania setz ior 291
Melania tun- tor 231 253 254 2<)< ,,
557
786
Indices
Melecio de Antioquía 76 251 323
Melibeo 320
Melicio 152
Melqmsedec 60
Memor, padre de Juliano 584
memoria 492
Menorca 673 683
Mensuno de Carrago 132 136
mentua 442 620
Mano Mercator 22 34 557 562 572 573
581 584 585 588 597-600 668
méritos 281 466 527 555 568 573-574
Merobaudes, cónsul 394
Merobaudes, poeta 365 366 393-396
Mesina 295
Mesopotamia 679
metempsicosis 485
milagros 360 396 483 501-502 658
Milán 30 31 166 410 413 721 V Conci-
lios y sínodos
Miloades, Papa 133 142
milenarismo 148 216 540
Minervio de Lenns 619
Miqueas, profeta 275
mitología 302 315 368 373 397
Moisés 77 78 148 606
Moisés, abad 615 619
monacato 30-33 282 283 555 567 610
617-625 679-680 690, en Africa 409
413 414 446-447 544, en Egipto 271-
272 297 605 615 658 660, en las Ga-
llas 604 614 616 658 660 670, en Pales-
tina 297-298 615 660, en la Península
Ibérica 674-675
monástica, literatura 241-243 278-279
446-447 606-607 616-620 661
monarquianismo, v Sabelio, sabelia-
nismo.
Momea, madre de Agustín 30 410 413
481
monofisismo 694 734-735
muerte 181 182 572-573 576 582 585
mundo, renuncia al 15 182 411-412 607
623 631 644 654-655
Museo de Marsella 27 27 632-633
música 427
N abor, mártir 479
Naboth 185
Nahúm, profeta 275
Ñapóles 6 28 600
Narbona 718
navidad 29 154 385 699 702 728
Nazario y Celso, mártires 166 173 207
Nectario de Constantinopla 290
Neón de Ravena 702
neoplatonismo 81 89-91 229 245-246 247
411 483 484 497 505 509 540 546 688
693
Nepociano 283
Nerón, emperador 53 657
Néstor, abad 619 624
Nestorio, nestorianismo 9 382 598 621-
622 630-631 636 663 664 694 695
716-718 723 735
Nicecio de Trevens 223 226
Nicetas de Aquileya 223
Nicetas de Remesiana 7 27 32 34 211
223-227 238 244 359
Nisibis 18 279
Nilo (pseudo-) 618
Noe 60 100 148 169 179
Ñola 30 352 358-360 555
Novaciano, novacianos 48 49 64 67 68
103 156 157 162 201 323
Numenio 245
Números, Libro de los 295 372
Nundinario, diácono africano 142
Obispos 16-17 25 173 680 692 V Cole-
gialidad.
Océano 593
Octateuco, Libros del 264
Odas de Salomón 302
Olimpio 682
onomástica bíblica 238 267-268 608
ontologismo 502-503
Optato de Milevi 134 135 138 141-146
Optato de Thamugadi 146
Opus tmperfectum in Matthaeum 117-119
124 124-131 238
oración 200 302 331 525 546-547 559
571-575 623-625
Oracula chaldaua 89
Oráculo sibyllma 12
oráculos 672
Orattones Cyprtani 373-374
Orencio 7 11 315 331 387-390
Orígenes, ongenismo, controversia orige-
niana 8 9 18 24 42 56 58 59 63 86 89
99 100 102 117 119 130 176 177 181
188 190 193 203 210 211 231 237 238
242 245 246 252 253 254 261 262 263
267 269-271 272 273 274 275 276 281
282 284 287 290 291 292 293 294-295
297 301 415 419 463 468 541 555 557
570 592 594 615 620 624 627 660 664
675 677 692 693 710
Orleans 683
Orosio, Paulo 7 11 12 34 307 365 390
468 557 575 577 581 590 592-397 673
683
Oseas, profeta 275 586
Osio de Córdoba 5 6 7 72-73 74 106 673
677 (>)
Ostia Tiberina 413
Ovidio 302 316 367 372 380 385 401 635
667
Pablo, apóstol 12 21 30 93 116 155 163
211 214 239 246 331 345 346 349 411
529 555 561 570 587 591 664 665 702
704 728 743
Pablo, ermitaño 278 622
Pablo, obispo español 573
III Indice analítico
787
Pablo de Tecla 262
Paciano de Barcelona 7 156 159 2 1 1 610
673
paciencia 445 569
Pacomio 255 271-272
padrenuestro 200 384 440 702
Padres Capadocios 9 18 75 246 621 654
Padres de la Iglesia 35-36 167 329 522
587 621 664-667 734
Pafnucio, abad 615 619
paganismo 221 345-346 39 7 398 688-689
699 700 702
Paladia, esposa de Salviano 644
Paladio de Ratiana 7 110 113 114 123
151
Paladio de Helenopohs 242 297
Paladio de Irlanda 697
Palencia 683
Palestina 30 356 615 671 678-680 V
Monacato
Pamaquio 30 291
Panefisis 619
panegíricos 394
Panfilo 264 282 294
Panonia 41
Papas, v Roma, sede apostólica,
papiros 403
Parmemano 134 2 5.5 137 138 141 142
145 456
participación (filosofía) 487-488 502
Pascencio, amano 481
pascua 28 29 116 145 147 148 154 163
366 669 680 72 1 722 728 733 736-737
pasiones 494-495
Passio Acaunensmm martyrum 606 608
609
Pastor 390 391 682-683 685
patnpasianismo 340
Patroclo de Arles 614 714
Patrofilo de Escitopohs 74
Paula 252 255 257 264 270 272 279
Pauliniano, hermano de Jerónimo 249 253
281
Paulino de Antioquía 251 253 280 328
Paulino de Aquileya 577
Paulino de Beziers 399
Paulino de Milán 173 168 171 273 555
572 573 582 598 599
Paulino de Ñola 7 15 18 21 22 27 30 32
33 172 173 205 223 227 293 303 315
320 330-331 351-364 368 369 372 393
398 399 400 401 440 558 584 604 605
607 609 610 639 650 654 655 657 670
710
Paulino de Pella 7 315 331 358 391-393
Paulino de Periqueaux 7 382 658
Paulino de Tiro 83
Paulo, legado de Constante 133
Paulo Diácono 387 679 728
Pavía 173 415
pecado original 178 219 341 342 379 460
462 463 465 493 499 519 521-523 556
571 572 573 575 577 582 585 586
594-595 626 671 712
Pedro, apóstol 4 30 116 147 155 217 346
349 377 483 549 701 709 712 719 728
740-742 743
Pedro de Antioquía 323
Pedro Cnsologo 6 19 27 238 701-704
Pelagio, pelagianismo 9 25 34 35 87 212
217 239 246 254 255 261 277 282 284
290 356 388 401 460-467 469 470 480
499 508 520-529 544 354-582 621
625-626 632 636 637 673 695 711-712
714 716-718 719
Pella 391 392
Península Ibérica 7 672-687 727
penitencia (sacramento) 156-158 201 210
308 537 674-675 705 711
Pentateuco 265
Pentecostés 728
peregrinaciones 30 353 356 360 678-682
Peregrino, obispo 163
Peregnnus, pseudónimo de Vicente de
Lenns 664
Peregnnus episcopus 675
perfección cristiana 189 542-550 609-610
646-647 617-625 690
Perpetua y Felicidad, mártires 136 240
Persecuciones 3 132 307
perseverancia 467
Persio 372
Persona 67 69 70 92 98 103 105 210
Petiliano 134 2 15-136 457 458
Petovio 168
Physiologus 246
Piamon, abad 619
Pindaro 301
Piniano 463 557
Pinieniola, esposa de Lupo 63 1
Pinufio, abad 619
Piorno, mártir 240
pitagorismo 92
Platón 245 274 415 484 645 677 V
Neoplatonismo
Plauto 316
Pimío 301
Plotino 81 167 231 245 484 570 V Neo-
platonismo.
Plutarco 274
pobreza 15 569
poesía 19-20 307-404 635-637 673 V los
diversos géneros
Poitiers 42 604
Polemio Silvio 633
Policarpo de Esmirna 240
Pompeyano, G B 397
Pomponio, poeta 320-321
Poncio de Cartago 126
Porfirio 81 89 221 245 274 285 430 484
Posidio de Calama 114 406 409 413 420
421 446 452 457 477
Posidomo 677
Postulattones de reconclhandts peccatoribus
705
788
Indices
Postumianus 660
Potamio de Lisboa 7 41 94-97 í>8 164 246
673
Praedesttnatus 580 590 694 695
Prailo de Jerusalén 558
Praxeas 97 142
predestinación 467 480 527 567 570-571
579 640 667 695
Pretextara, V Agorio 397
Pnmasio 140 561
Ptvrmario, dcmat\sta 457
Pnmuliacum 655
Pnsciliano, priscilianismo 7 9 27 34 101
159-165 170 187 236 390 468 592 594
655 656 673 674 675 676 678 682-683
686 722
Proba, Petronia 319-323
Proclo de Constantinopla 719
Proculo de Marsella 19 630
Profetas 264 265 274-276 V bajo el
nombre de cada uno
prólogos marcionltas 88
propémptico, genero 359
Propercio 319
prosa 303 706
Prospero de Aquitatua 7 22 34 249 401
402 467 568 577 580 583 584 601 621
625 633-642 663 667 716 720 728 730
743
Protoevangeltum lacobt 404
Protógenes de Sárdica 72
protréptico, género 388
Proverbios, Libro de los 262 264 643
Prudencio Clemente, Aurelio 7 11 12 15
32 33 170 303 313 333-351 365 370
372 378 380 387 395 397 401 402 673
686
Psalmus responsonus 403-404
pseudoclementina, literatura 116 153 292
299
Pulquería 722
purgatorio 541
purificación interior 546-547
Queremón, abad 619 625
Quintiliano 20
Quirino, manir 349
Quodvultdeus de Cartago 469 477 586
600-603 639 645
Rábano Mauro 628
Rahab 61
Ravena 394 702 721
Ravennius, obispo 661
Rebeca 181
redención 128 129 158 210 219-220 460
518-520 692 736-737
refrigerium 29
Reggio Calabria 252 295
Regula magtstri 627
reliquias 356 670 673 683-684
Restituto de Numidia 559
resurrección 294 540 593 610
Reticio de Autun 396
Reyes, Libros de los 77 263 438 606
Reverentius 613
riquezas 13 154 185 186 312 342 569
646-647 652 654
Rimini 230 V Concilios y sínodos
Roboam 78
Rodanio de Tolosa 42
Rollo de Ravena 702
Roma 30 164 230 248 333 345-347 410
426 555 557 5% b\b 723, monumen
tos 324 633 719, Roma aeterna 11 12
345 347 593 700 713 743, ruma de —
4 11 255 311 400-401 431 477 557 567
592 593 595-596 648-649 710-711
Roma, Sede apostólica cartas de los papas
705-719, comunión con — 711 712 713
743, primado 25 143 329 377 533 702
705 707-708 711-713 715 716 717
740-744, recurso a — 613 718, respon
sable de la ortodoxia 710 712 742
Román, mártir 349
Romaniano 368 410
Romanos, Carta a los 86 139 295 438
451
Romulo Augustulo 11
Rouen 31 604 670
Rufino, pseudónimo 669
Rufino de Aquileya 6 8 100 102 116 153
168 173 230 231 240 242 245 246 247
248 250-25 1 253 254 264 269 270 281
282 285 291-299 350 555 588 607 636
675 697 710
Rufino de Constantinopla 254
Rufino el Siró 254 291 555 556 564 572
573
Rufo de Tesalonica 585
Rustico 642
Rut, Libro de 342
Sábado 611
Sabelio, sabelianismo 38 39 40 42 50 65
68 91 93 97 100 103 105 130 142 161
162 164 179 311 340 382 511 521
sabiduría 483 505
Sabiduría, Libro de la 232 265 266
Sabino 178
Sacramentartum Gelastanum 363
Sacramentartum Veronense 729-730
sacramentos 144 533 567 739
Salmón, monje 399
Salmos, Libro de los 23 27 58-60 73 77
146 187 188 261-263 264 274 277 293
295 301 403 474-475 508 586 624 634
637 669 690 694 702
Salomón 78
Salona 230
Salomo de Ginebra 7 605 607 642-643
646 647 650 662
Salustio 655 657 667
salvación, universalidad 640-641
Salviano, pnscilianista 159 160
/// Indice analítico
789
Salviano de Marsella 7 12 13 14 33 307
370 604 605 606 614 644-654 662 663
Salvio de Octodorum 608-609
Santiago, pelagiano 565
Santiago, Carta de 452
Sátiro hermano de Ambrosio 168 202
207
Saturnino de Arles 42 43 52
Saturnino, Dativo y Félix, mártires 136
Saúl 78
Secundiano de Singidunum 112 114 151
Secundino, amano 697
Secundino, maniqueo 455
sedes patriarcales 712 723
Seduho 321 331 381-387
semipelagiamsmo 380 527 578 580 627
634 636 667
Séneca 21 484 662 704
Serapion, abad 619
Sereno 301
Sereno, abad 619
Sergio, gramático 302
Sermo arfianorum Í23 124-131
Sermón de la montaña 450
Servacio de Tongres 9 7
Sevenno de Nonco 17 34
Severo de Menorca 593 596 683-685
Severo de Ñapóles 204
Sexto pitagórico 292 296 297
Siagno 390 391 683 685
Sicilia 584 688
Sidonio Apolinar, v Apolinar Sidonio
SigebertO de Gembloux 382
Sigisvulto 114 468
Silvestre, Papa 5 707
Silvia, v Egena.
Simaco, Q Aurelio 11 166 169 170 205
345-346 397
Símaco traductor de la Biblia 263
símbolo de la fe 198 299 477 509 533 601
602 613 682 683 686 702
Simón Mago 469
Simonidís 301
Simpliciano de Milán 18 81 167 205 438
Simproniano 157
Sincleticcs 382
Siracusa 230 555
Sincro Papa 32 142 252 254 281 324 328
356 708-7/0
Sirmio 106 166 168 V Concilios y síno-
dos
Sixto III, Papa 31 585 666 718-719 720
bocrares 645
Sócrates Escolástico 19 168 17 3
Sodoma y Gomorra 375 378
Sofonias, profeta 275
Sofronio de Pompeyopolis 12 3
Sortes Sangallenses 672
Soter, mártir 166
SozifaneS. macedoniano 123
Sozomenos 168 173
Spoleto 377
substantt» 67 98
Suetonio 268 358
Sulpicio Severo 43 55 159 161 242 352
356 360 568 604 611 654-66/ 670
Susana 147 148
Tácito 655 657
Tagaste 367 410 413 427 429 448
Talasio 330 392
Talasio de Angers 632
Tamar 148
Te Deum 226-227
Tebaida 73
temor de Dios 545
Teodocion 262
Teodoreto de Ciro 6 170 173 199 701
722
Teodoro, abad 619
Teodoro, judio 683
Teodoro, sacerdote de Sirmio 107
Teodoro de Lenns 619
Teodoro Mopsuesteno 231 237 246 564
586 588 591 599
Teodosio 11, emperador 3 4 6 25 41 104
105 112 114 119 156 169 171 172 182
188 203 205 223 251 354 369 378 381
393 592 715 717 722
Teodosio de Constantinopla 118
Teodulfo de Orleans 262 266
teofanias del Antiguo Testamento 47 48
65 511
Teófilo de Alejandría 253 271 281 710
712
Teófilo de Antioquia 254 660
Teófilo de Gothta 33
Teognides de Nicea 123
teología 507-508 733
Teonas, abad 619
Teotimo de Tomi 34
Terasia, esposa de Paulino de Ñola 352
353 358
Terencio 229 302
Tertuliano 10 12 42 49 64 67 68 70 97 98
103 107 130 147 151 164 201 232 236
240 244 280 301 302 309 318 319 370
374 402 415 576 610 611 631 645 664
666 698
Tesalonica matanza de — 6 171 205, vica-
riato de — 711 712 715 719 721 742
Tesbon, monje 399
Tiberiano, pnscilianista 163
Ticia, esposa de Juliano de Eclana 359
584
Ticonio 22 135 137-141 211 236 277
tiempo 66 497 499 500
Timasio 565
Timoteo, pseudónimo de Salviano 646
Timoteo de Constantinopla 238
Titiro 320 369
Tito, Carta a 273
Tobías, Libro de 186 264 265 266
Tolosa 330, batalla de — del 440 648
Tomas de Aquino 420 512 620
Toribio de Astorga 686
790
Indices
Tours 19 30 31 604 657 661
trabajo manual 446-447
tradición 508-509 587 664-667 733-734
Traditio apostólica 243
traditores 132 142
traducciones al griego 618
traducciones al latín 73 117 228-248 293
295, v Biblia, traducciones latinas.
Tres capítulos 729
Trevens 160 166 170 229 230 250 330
630 644
Trinidad 62 168 196 210 218 294 340
388 441 479 480 484 487 511 512 542
543 566 685, 689, Hilario 64 71, Euse-
bio de Vercelh 74-75, Lucífero 78-79,
Mano Victorino 88 94, Potamio 95-96,
Febadio 98 99, Gregorio de Elvira 103,
arríanos 107 108-110 124-131, Donato
135, Zenon 149, Pnsciliano 163-164,
Agustín 511 513
tmiitas 130
Tnumphui Christi, v Laudes Dommi
Troyes 632 ,
u ncion de enfermos 711
Ursacio de Singidunum 7 55 108 109 1 10
111
Ursino, antipapa 323
LTrsus de Troyes 632
usura 14 186
Uzala 673
Valente, emperador 41 141 230 592
Valente de Mursa, amano 7 55 108 109
110 111
Valentmiano I, emperador 15 54 76 109
141 167 168 203 204 319 330
Valentmiano II, emperador 153 167 168
170 171 172 187 188 204 205 345 708
723
Valentmiano III, emperador 15 378 381
393 394 559 723 743
Valentino, valentimanos, gnósticos 142
323
Valeriano de Aquileya 250 697
Valeriano de Calahorra 686-687
Valeriano de Cimiez 661-662
Valerio, prefecto en las Gallas 607
Valerio de Ravena, comes 34 584 585
Valerio Flaco 316
Varron 367 426 484
Venancio, hermano de Honorato de Arles
614
Venancio Fortunato 46 387 659
Veneno 632
Verano, hijo de Euquerio 605 642 643
662
Vercelli 19 73 173 205
verdad 486-487 502-503
Verdun 604
Verana 31 146 147 230 371 374
Versus ad gratiam Del v Pomponio.
Verus 650
Vicente, mártir 30 349
Vicente de Constantinopla 269 270
Vicente Galo 32 669
Vicente de Lerins 7 599 605 640 644
662-669
Vicente Víctor 463
vicios 343 344
Victorino de Petovio 216 277
Victono de Aquitania 378 669-670
Victono de Le Mans 629
Victono, Claudio Mano 7 3 15 371 372
378-382 396 398 402
Victncio de Rouen 35 670-671 711
Vidal, mártir 376
Vienne 230 718
Vigilancio 282
Vigilio de Tapso 480
Vigiho de Tremo 205
Virgilio, Pubho 21 22 86 17"» 184 186
190 229 249 250 285 302 315 316 318
319 320 322 325 326 343 364 368 369
372 380 382 385 391 396 610 615 635
645
virginidad 195 281 283 326 376 544 555
566 567 568 569 573 574 609 708, tra-
tados sobre la — 72 193-194 196 226
326 444 563 645
virtudes 343-344 V Perfección cris-
tiana
visión de Dios 439 541
Vital y Agrícola, mártires 172
Vitelio, donatista 134
viudez 194 283 444-445
Voconio de Castellum 27
Volusiano, R Antonio 363 367
Walafrid o Strabon 637
Wulfila, amano 7 1 1 33 41 111-113 1 14
122 123-124 124-131
Zacarías, profeta 255
Zaragoza 30 349
Zenon de Verana 6 27 101 146-150 232
238 374
Zosimo, Papa 459 464 558 559 571 576
577 578 583 584 586 598 599 613 709
714-715 716 718
ACABOSE DE IMPRIMIR ESTE VOLUMEN TERCERO DE
LA .PATROLOGIA» DE LA BIBLIOTECA DE AUTORES
CRISTIANOS, EL DIA 30 DE ABRIL DE 1981, FESTI-
VIDAD DE SAN PIO V PAPA, EN LA IMPRENTA
FARESO, S A PASEO DE LA DIRECCION, 5
MADRID
LAVS DE0 V1RGIN1QUE MATR1